El mercado para la carne ovina, especialmente Brasil, registra un “problema mundial” vinculado al covid y hay “temor político” por “algunas trabas” en la otorgación de licencias “en el Ministerio de Agricultura brasileño”, además “los camiones demoran en pasar”, señaló el bróker Jorge Dimu, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en revistaverde.com.uy.
Dijo que su empresa está preparando “algunas cargas” de carne ovina de unas “140 a 150 toneladas” para exportar al país norteño, para lo que faltan algunos detalles requeridos en la comercialización del producto.
“Hubo problemas de papeleos en la frontera y para sacar los permisos de importación para los brasileños, por lo que en su momento se juntó “mucho stock”, se lamentó.
El mercado de Estados Unidos está “quieto” y China registró una leve mejora en los precios para la colocación de ese tipo de carne, mientras que en el brasileño mantiene los valores tal vez “algo menos”, pero la demanda es “menor” a la de años anteriores debido a factores internos, comentó.
Precisó que el precio de la carne ovina para su exportación al gigante asiático pasó de US$ 3,40 a US$ 3,80 el kilo, si bien en su momento se llegó a vender a US$ 5 el kilo, lo que muestra que se va a “reactivar” y el próximo año será “muy bueno” para las carnes.
Indicó que a Brasil se venden “corderos pesados” con “mucho valor agregado”, no carcasas como se exportan al mercado chino, que se destina a la comercialización en restaurantes de “alta calidad” y “la demanda está” aunque “más lenta” que antes en el mercado internacional.
“Los sistemas bajo riego son bastante particulares” y representan unas “35.000 hectáreas”, siendo un “3% del área total” de cultivos agrícolas lo que es “poco”, de todas maneras los rendimientos muestran “incrementos de 200% respecto al maíz de secano” y en años como el afectado por la sequía esa diferencia “puede multiplicarse por cuatro”, destacó el asesor agropecuario y de la organización Regadores Unidos, Santiago Arana, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en revistaverde.com.uy.
Se refirió a estos temas en el marco del XI Simposio de Maíz organizado por Yalfín y NK Semillas el martes 8 en Colonia, donde hizo hincapié en la estabilidad de los sistemas agrícolas bajo riego y a la baja disponibilidad de agua por las tres sequías consecutivas que perjudicaron a la producción del agropecuaria en Uruguay.
Los rindes bajo riego “solamente bajaron un 10%” en ese contexto, alcanzando un promedio de 11.500 kilos por hectárea, que fue “el más bajo de los últimos siete años”, mientras que los de secano llagaron a un promedio de 1.450 kilos. Se “derrumbaron” a “resultados ruinosos” respecto a los rendimientos históricos de maíz, comparó.
Arana dijo que todos los ensayos y la base de datos se hace a partir de los resultados de las chacras de productores que en total abarcan unas 18.000 hectáreas de maíz y permiten hacer un contraste con las de secano.
Informó que “el 10% de las chacras que más rinden promedian los 14.000 kilos” por hectárea, además hay chacras “puntuales” que llegan a los 18.000 kilos por hectárea.
Señaló que el área de riego se divide en dos: el de los sistemas fijos que están en una posición y riegan un cultivo por año, y los pivotes móviles que riegan una posición temprana que por lo general es maíz, luego se mueven para una posición tardía para regar otro cultivo, que es soja.
Con esa distribución, en Regadores Unidos la relación maíz-soja total “tiende a emparejarse”. En la última zafra “el área de riego de maíz alcanzó las 18.000 hectáreas y la de soja fue de unas 20.000 hectáreas”, detalló.
El cultivo de maíz bajo riego registra un “punto de equilibrio” que depende de ciertos factores vinculados al manejo particular que impactan en el costo y también a las diferencias en su cálculo, pero se puede estimar en unos “6.000 kilos” por hectárea, estimó.
De cara a la próxima siembra, advirtió que la “enorme mayoría de las represas está en el eje del 10% de su capacidad de almacenamiento de agua”, debido al déficit hídrico de los últimos años. Si no se registran lluvias en los próximos meses “es posible que se reduzca significativamente el maíz temprano con tecnología de riego” por lo cual habrá “un ajuste razonable y necesario” en la siembra de cultivos de verano bajo riego.
Este año el panorama de los cultivos de invierno, específicamente de trigo, cebada y colza, marca el impacto de la sequía en el sur de Soriano y Colonia, lo que afectó a las implantaciones de colza, que tuvieron un problema “grande” de hormigas y bicho bolita, y algunas se pudieron resembrar y otras que pasaron a trigo o se van a destinar a la siembra de soja de primera, pero las chacras de trigo y cebada se ven “bastante lindas”, dijo el productor agrícola ganadero Alejandro Solsona, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en revistaverde.com.uy.
Reconoció que con los “veranillos” que se dieron y “algunas lluvias” los cultivos de colza “empezaron a producir más materia seca y se ven con más follajes” y “alguna flor”.
La pasada zafra de verano le significó un “golpe duro” a la empresa de Solsona que tuvo un rendimiento promedio de entre 550 y 600 kilos por hectárea de soja, y principalmente las de primera se pudieron cosechar con unos 900 kilos por hectárea y las de segunda no se cosechó un 50% del área, comentó.
En aquel momento el productor, que también se dedica a la ganadería de carne y ovinos, decidió “comprar vaquillonas” que tenían “buen precio” y hacer un “negocio corto” aprovechando la soja que no se iba a vender como grano, con el objetivo de comercializar los vacunos a un precio mayor al que se ofrece en el mercado de haciendas, pero igualmente “queda un margen que ayuda a apaciguar la pérdida”, dijo.
Se refirió a que en la zafra de invierno se mantuvo más o menos la rotación, considerando el pronóstico climático de año Niño, aunque “bajó bastante el área de colza” y “mucha área de trigo y cebada se pasó a semilleros de gramíneas y leguminosas anuales”, para “diversificar la primavera lluviosa” prevista.
Calculó que el rendimiento tiene que llegar a un “punto de equilibrio” de unos 3.400 kilos por hectárea de trigo y cebada, incluyendo la renta, y de unos 1.700 kilos para la colza, lo que representan rindes “altos” para lo que es el promedio.
El negocio de compartimento ovino hacia EEUU no está activo “desde hace seis meses”, porque es más bien “coyuntural”, pero sí se hace “invernada de corderos”, si bien este año “bajó bastante” el número de animales para esa actividad, porque está “muy trancada” la venta de corderos y los precios están “muy planchados”.
De todos modos, consideró que pese a ello el negocio de la carne ovina tiene futuro, aunque en este momento no da para mantener operativo el esquema de compartimento.
Con el argumento de que “los políticos son la representación de la sociedad, y nosotros somos la mitad de la población de Uruguay”, el presidente de la Asociación Rural de Uruguay (ARU), Patricio Cortabarría, afirmó que “el sector agropecuario tiene que generar más políticos”. “Tal vez nosotros mismos tengamos que estar más presentes en la actividad política, poder llevar nuestros intereses, nuestras ideas y que sean bien recibidas”, planteó el ruralista, en una entrevista publicada este jueves 10 de agosto en el suplemento Agro de Búsqueda.
Para esa gremial, entre de los principales temas de atención figuran la menor producción, la baja de precios de los productos agropecuarios y del dólar, que conforman “una tríada compleja que se está sintiendo”, y las empresas ganaderas “las van a seguir sintiendo, por lo menos un año o dos más”.
El titular de la ARU también habló de los desafíos para el agro vinculados al impacto ambiental, entre otros. “Los productores en lugar de estar tratando de defendernos de lo que se pueda estar haciendo, tenemos que salir de frente y decir cuáles son los compromisos ambientales, cómo los vamos a hacer y demostrarle a toda la academia internacional que Uruguay es un país exportador”, dijo. Y sostuvo que “la base de la economía está en el agronegocio y buscar el equilibrio entre lo ambientalmente sustentable y ser productivo, generando riqueza para el país, con trabajo y crecimiento”.
Para la próxima zafra de verano el rinde de equilibrio en soja está “casi igual” que la pasada, con la “única diferencia” de una baja en los costos y el precio de la soja está en US$ 440 y en la zafra pasada estaba en US$ 510, entonces termina quedando el mismo rendimiento, dijo el director de la consultora Cuatro Hojas, Emiliano Uribe, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en revistaverde.com.uy.
Destacó además el “menor riesgo al invertir menos” y tener “más por ganar” en caso que llegue a subir el precio de la oleaginosa, así como si se concreta el pronóstico de una primavera llovedora.
Con un “rinde de equilibrio de 2.300 kilos” para la soja de primera y de 5.000 kilos por hectárea para maíz, este año puede ser un “poco más atractivo” el maíz, pero “eso va a pasar en una parte mínima del área”, porque hay muchos productores que tienen más ajustado el manejo en el cultivo de soja, comentó.
El rendimiento de equilibrio para la soja de segunda está entre los 1.700 y 1.800 kilos por hectárea. El de maíz de segunda llega a 3.700 kilos por hectárea, lo que representan rindes “más alcanzables” para la empresas del sector, sostuvo.
La productividad promedio de las empresas asesoradas por Cuatro Hojas en el caso del maíz de segunda es de “5.000 a 6.000 kilos” y el de soja de segunda se ubica entre los 2.100 y 2.200 kilos por hectárea.
La zafra de cultivos de invierno este año arrancó “muy bien, salvo algunas chacras de colza y carinata que se perdieron; algunas se resembraron”, pero en general los cultivos están “muy lindos”, más allá de que se nota la falta de lluvias en ciertas zonas, dijo el gerente técnico de Agroenfoque, Rafael Pastorino, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en revistaverde.com.uy.
Señaló que se empezó con “poca fertilización de base”, considerando que los análisis de suelos daban niveles importantes de nutrientes, pero “ahora en macollaje se notan deficiencias de nitrógeno, en algunos casos también de fosforo, potasio y micronutrientes. Hoy tenemos problemas de desequilibrios en nuestros cultivos, entonces la estrategia pasa por complementar ese arranque con fertilizaciones”.
Para lograr esto “podemos usar la fertilización a través del suelo/raíz o aplicar por hoja para aumentar la eficiencia de los nutrientes, por esa vía se está incorporando nitrógeno, fósforo, potasio y micronutrientes”, comentó.
La corrección de los nutrientes se toma en función del diagnóstico donde se incluyen varios elementos, como el estado y la historia del cultivo, las perspectivas del productor y los análisis de suelo y foliares, entre otros aspectos. “Cuanta más información tengamos, mejor será la recomendación”, destacó.
Agroenfoque tiene varias propuestas que se adaptan a las “necesidades de cada productor a lo largo de todo el ciclo del cultivo” que van “desde fertilizantes granulados para ser aplicados en el suelo hasta fertilizantes líquidos que se pueden aplicar directamente sobre las hojas de los cultivos o fertilizantes líquidos para suelo, incluso la aplicación pura de los productos mediante drones”, entre otras soluciones diferentes, según Pastorino.
Se refirió a la eficiencia de los nutrientes que provee la empresa pensando en “mejorar el margen del productor” y también “mejorar la sustentabilidad ambiental”, porque “si hay una mejora de eficiencia obviamente hay una mejora ambiental”.
Destacó las nuevas tecnologías, como por ejemplo el producto Coron, nitrógeno líquido de aplicación foliar de “muy baja salinidad”. Con el cuál podemos aplicar nitrógeno foliar en “grandes cantidades” sin tener “ningún problema de fitotoxicidad” en los cultivos. “Llegando a ser 10 veces más eficiente que una aplicación tradicional de urea”.
“Lo más importante es que hay una batería de productos para poder aplicar a los cultivos en cualquier etapa”, y “hoy podemos aplicar el nutriente o los nutrientes que el cultivo necesita en el momento preciso. Eso es un cambio relevante”, afirmó.
La zafra de cultivos de invierno “viene bien, se cumplió con el plan de intención de siembra de trigo, colza y cebada”, incluso en fechas “tempranas y óptimas”, considerando que “las chacras estuvieron disponibles antes de lo normal”, porque los cultivos de verano culminaron antes de tiempo, al no llegar a cosecha, dijo el gerente técnico de Cradeco, Franco Malán, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en revistaverde.com.uy.
Señaló que “el nivel de fertilidad destacable y atípico, ha sido una constante durante la siembra y en el desarrollo de los cultivos donde los niveles de nitrógeno son altos”, tan es así que las aplicaciones de nitrógeno han bajado en promedio “un 30% respecto a un año normal”.
Debido a estos factores como a las escasas lluvias, el desarrollo de los cultivos es “espectacular” tanto en colza, como cebada y trigo. Este año se registró un aumento del área sembrada de los cereales y una disminución de la oleaginosa, enfatizó.
Acotó que el área de siembra de colza fue menor incluso a la prevista, porque “cuando se constataron implantaciones que no cubrían las expectativas a mediados de mayo se decidió resembrar esas chacras con trigo o cebada”.
Hubo “un conjunto de cosas en las chacras y la colza no se pudo implantar bien, hubo daños generados por hormigas y bicho bolita”, además de un “efecto más difícil de confirmar” que está vinculado a la “falta de agua” dado que no hubo niveles homogéneos de humedad al momento de la siembra, comentó.
Malán se refirió también a la próxima siembra de cultivos de verano, en la que habrá un “desbalance bastante grande” hacia siembras de segunda y “muy poca” área de primera, lo cual en esta zona (de Colonia) “no es raro”, porque tenemos habitualmente un “70% de segunda”, pero este año habrá un “90%”, lo que representa un “desafío logístico” para los productores.
En la zona hay una capacidad “importante” de siembra, pero “por más grande que sea la sembradora si está lloviendo no se puede sembrar”, por lo que el clima es un factor relevante, dijo.
Estimó que el área de verano registrará un incremento en la siembra de maíz, como en los años recientes, y este año hay “más necesidad de comprar de semillas” de soja, por lo que se piensa apostar más al maíz en la próxima zafra.
Malán dijo que en la zona de influencia de Cradeco, la soja se siembra hasta el 15 de diciembre y luego queda la capacidad de siembra disponible para sembrar el maíz de segunda hasta fin de año.