Economía y clima marcan el compás en la búsqueda de la sostenibilidad, mediante la diversificación, la tecnología y una integración efectiva con la producción ganadera
La agricultura en el litoral-norte se adapta a los cambios económicos y climáticos, buscando la sostenibilidad mediante la diversificación, la tecnología y una integración efectiva con la ganadería. “Ya no tenemos una agricultura que pretende sostenerse sola, sino que es consciente que no puede hacerlo en forma continua en todos los potreros. En esa zona, los cereales de invierno son los que tienen más margen para crecer, aunque para la definición final de la próxima campaña invernal faltan algunas semanas, explicó a VERDE el ingeniero agrónomo Pablo Montenegro, director de la consultora Agrosandú, que opera en los departamentos de Río Negro, Paysandú y Salto.
Luego de los bajos precios registrados desde 2014 y 2015 hasta la pandemia, los sistemas en litoral-norte volvieron al doble cultivo, otorgándole mayor dinamismo y sostenibilidad al sistema, desde lo empresarial y ambiental. “Cuando llegaron los precios altos luego de la pandemia, los sistemas ya habían incorporado la diversidad de cultivos. Trigo, cebada y colza estaban en la rotación, al igual que el maíz y la soja, que siguen siendo los principales cultivos”, indicó Montenegro.
Afirmó que tras la importante sequía el sistema “pudo seguir funcionando, con algunos problemas, pero continuó gracias a su robustez, a partir de la parte financiera, una mayor diversificación de cultivos, los aspectos tecnológicos y la diversificación de rubros, entre otros”. Hoy, en respuesta a los bajos precios, “no se plantean grandes cambios en la rotación, como tampoco la intención de bajar el área de invierno. Los productores están esperando a ver qué pasa con los precios y las propuestas comerciales previo a la siembra sobre fines de marzo o abril, para tomar la decisión”, comentó.
Montenegro sostuvo que “no se observa mucha intención de hacer puentes verdes de bajo costo”, sino que “muchos están optando por un verdeo” en los casos que no se haga un cultivo. De todos modos, afirmó que “hasta el momento no se observa que exista voluntad de bajar el área de invierno”.
Los cultivos de servicios, realizados específicamente para mejorar el suelo, “no se han incrementado significativamente en estos últimos años, tal vez porque el área de invierno se ha fortalecido en cultivos para cosecha”.
Producto del atraso en la siembra, y de que algunas chacras debieron resembrarse por exceso de lluvias, con porcentajes más altos están al norte de Paysandú, Montenegro señaló que la zafra de verano “viene con un retraso de 10 a 15 días, y eso también hace que el área de invierno aún no esté bien definida”, comentó. Este escenario “no cambiará en el corto plazo, ya que la soja (al 5 de marzo) está transitando las etapas críticas”, por lo que no hay necesidad de definir qué es lo que se va a hacer luego de la cosecha. “Juega hasta lo psicológico, porque las decisiones en muchos casos comienzan a tomarse cuando la soja arranca a amarillear. Se está analizando el mercado y las perspectivas climáticas”, apuntó.
El director de la consultora Agrosandú remarcó como fortaleza la integración que tuvo la agricultura con la ganadería, cuando hace 10 o 15 años eso no ocurría. “Ya no tenemos una agricultura que pretende sostenerse sola, sino que es consciente de que no puede hacerlo en forma continua en todos los campos. Eso le ha dado la fortaleza de tener que rotar con pasturas, la ha hecho diversificarse y ha obligado al productor a generar una infraestructura mínima para la ganadería, dándole sostenibilidad a la producción”, analizó.
A su vez, destacó los cambios en los aspectos contractuales. “El sistema ya incorporó ciertas necesidades de ambas partes, entendiendo que la agricultura continúa, pagando la máxima renta, no era sostenible”, valoró el ingeniero agrónomo.
Sobre el relacionamiento entre el agricultor y el dueño del campo, sostuvo que si bien los contratos “no son tan largos, por la vía de los hechos se da que el productor permanece más tiempo en el campo”, ya que “el agricultor tiene muchas veces el compromiso de sembrar y en algún momento dejar alguna pastura implantada para él o para el dueño del campo”.
A su vez, valoró que “el dueño del campo tiene la pastura para entregar y que luego se allí se haga agricultura en algunas zafras, todo eso hace que la relación sea sostenible y que no se haga agricultura hasta que no se pueda más. Ha disminuido la rotación de agricultores en los campos, lo que es positivo desde el punto de vista de la productividad y también desde lo financiero”.
Para el director de Agrosandú “el aspecto financiero también mejoró. A partir de una mayor capacidad de financiamiento con las ventas anticipadas, el acceso a créditos, ya sea con bancos como con empresas de insumos o exportadoras, le permite al productor ir sobrellevando situaciones en las cuales los ingresos no son los esperados”.
En relación a las debilidades del sector, aseguró que los seguros “son una necesidad”, pero reconoció que “las pruebas que se han hecho dan un marco bastante difícil para que las empresas aseguradoras actúen con fuerza en Uruguay”.
Recordó que el plan piloto se llevó a cabo “con una situación climática muy adversa, lo que dificultará que las empresas estén dispuestas a actuar”. Por lo tanto, entiende que “el camino es la diversificación de los sistemas de cada empresa”.
Montenegro consideró que el sistema productivo ha ido sumando cada vez más tecnologías vinculadas con el control de malezas o los eventos biotecnológicos para el control de insectos, pero “se incorporan como herramientas integradas a la planificación, que también muchas veces tiene una rotación con pasturas para encarar el control de malezas, uno de los problemas que más tensión ha generado durante los últimos tiempos”.
Marcó que hace algunos años los mayores problemas fueron los insectos o alguna enfermedad fúngica, pero hoy las malezas “son uno de los principales problemas que tiene la actividad”, lo cual demanda de mucha inversión, ya sea en materiales genéticos y biotecnológicos como en agroquímicos.
En ese sentido, resaltó la importancia de la rotación con pasturas, las cuales en muchos casos ayudan a cortar el ciclo y combatirlas. “Plantar una festuca cuando hay problemas de carnicera o yuyo colorado con una estrategia adecuada permitirá que esa chacra vuelva limpia a la fase agrícola”, ejemplificó.
Sobre la evolución en productividad, aseguró que en el caso de los cultivos de invierno se observan “mayores crecimientos”, mientras que en verano “en rendimientos máximos estamos creciendo lento”. El maíz, tanto en siembras tardías como tempranas, “ha encontrado un piso de rendimiento más alto frente a lo que pasaba hace 10 años”. Y en cuanto a los techos de rinde, explicó que en años normales, tanto en soja como en maíz, “difícilmente se logren productividades más elevadas de las que se están alcanzando actualmente”.
Por su parte, remarcó que en trigo “se logran con relativa frecuencia 4.000 kilos por hectárea (kg/ha), lo cual “hace un tiempo no era tan fácil”. Hoy “no es raro alcanzar esos rindes”, y el manejo “se va ajustando para eso”.
Resaltó que en cereales de invierno “se están viendo incrementos” en producción. “Sostenidamente desde hace cuatro o cinco años se vienen consiguiendo rendimientos que para la zona, y a nivel histórico, se puede decir que son altos. Eso es una fortaleza de los cereales a la hora de planificar el invierno”.
En colza, además de la productividad, la variabilidad del rendimiento es otro aspecto que la perjudica. “A veces te sorprenden los rendimientos altos mientras que en otros momentos se obtienen 1.500 kilos por hectárea, una cifra menor a la presupuestada”, señaló.
Para Montenegro esta variabilidad responde al clima, que no le permite alcanzar buenos rendimientos, y no al manejo. “La colza es sensible a los eventos climáticos que tenemos en Uruguay, que son bastante irregulares, como la presencia de heladas en la implantación, el exceso de lluvia o algún pasaje sin lluvias en primavera. Nunca sabemos si va a llover, ni cuánto va a llover, y el cultivo que ha demostrado más vulnerabilidad a esos eventos es la colza, incluso más que los cereales, que obviamente tampoco salen ilesos de estos problemas”, comentó.
Para que el área de colza crezca “se necesita un buen precio y una mejora en productividad, además de las necesidades que surjan en la rotación, pero ella por sí sola no tiene una gran fuerza. Permanecerá entre 10% y 15% del área de invierno, salvo que haya un pico de precios”, estimó.
El ingeniero agrónomo informó que los rendimientos promedios de los últimos años en la zona rondan los 4.000 kilos por hectárea en cebada y trigo, mientras que en colza oscilan entre 1.400 y 1.500 kilos por hectárea. El maíz temprano está en el eje de 6.000 a 7.000 kilos por hectárea, los tardíos rondan los 6.000 kilos por hectárea y los de segunda promedian 5.000 kilos por hectárea.
En soja de primera el rendimiento está entre 2.400 y 2.500 kilos por hectárea, la soja de segunda alcanza los 1.800 kilos por hectárea, y “en algunos años puede rendir más”. Pero “ha costado mejorar el rinde de soja”, aseguró Montenegro, señalando que “la relación clima-suelo le impide poder explorar más potencial de rendimiento” en esa región del país, donde “a veces tenemos escasez de precipitaciones y en otros momentos excesos”. Esos promedios generalmente “no se dan”, porque “se construyen a partir de picos para arriba y picos para abajo”, agregó.
El cambio de ciclo ganadero en el país vecino debería empezar a reflejarse en una menor oferta de haciendas para frigorífico en la recta final de este año, según analistas
Brasil es el segundo productor mundial de carne vacuna, detrás de Estados Unidos, y primer exportador colocando 1 de cada 4 toneladas de carne vacuna que se comercializan en el mundo. Por lo tanto, lo que ocurre en sus niveles de producción impacta en las tendencias de los precios internacionales.
Con datos preliminares del Instituto Brasileño de Estadísticas (IBGE), el nivel de faena muestra para 2023 unos 33,9 millones de cabezas sacrificadas, cifra 13,2% superior a la registrada en 2022 y cercana al récord de 2013, con un muy fuerte incremento durante el último trimestre del año, según un reporte de María Julia Aiassa, del mercado ganadero Rosgan, de Argentina.
El análisis marca que el dato más llamativo es la elevada participación de hembras que se registró a lo largo del año. Según el IBGE, las vacas y vaquillonas representaron más del 40% del total en varios meses, alcanzando el 49% en marzo, período en el que se produce el pico estacional de faena para estas categorías.
Si bien la sequía influyó mucho, al igual que en gran parte de la región, en el caso de Brasil también jugaron en contra los bajos precios que se vienen registrando por los terneros, lo que impulsa a muchos productores a descartar una mayor cantidad de hembras. En efecto, esta tendencia de precios en baja para los teneros se viene registrando en los últimos tres años, perdiendo casi un 20% en dólares desde febrero de 2021 a la fecha.
Como consecuencia de la alta extracción de hembras, que se registró con más fuerza en el último año, se espera que reduzca la producción de terneros en 2024, impactando en una menor oferta de hacienda de 2025 en adelante.
Esto marcaría un punto de quiebre en el ciclo ganadero de Brasil, a medida que los precios comiencen a reflejar una reducción en la oferta alimentando, a su vez, una mayor retención de hembras. En efecto, muchos analistas brasileños consideran que la fase de liquidación ya ha tocado un piso dentro del ciclo, a partir del cual Brasil debería comenzar a mostrar señales de mayor retención.
De momento, para el presente año, las proyecciones siguen marcando un nivel de producción muy fuerte, pero a diferencia del año pasado, una ligera recuperación del mercado interno, producto de un nivel de inflación más controlado, que restaría cierta presión sobre sus saldos exportables pese a que seguirán siendo elevados, al menos durante la primera mitad del año.
De acuerdo con las últimas proyecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), publicadas en enero de este año, en 2024 Brasil incrementaría su producción de carne vacuna en unas 275.000 toneladas anuales, alcanzando los 10.835 millones de toneladas (Mt). Sin embargo, el consumo doméstico absorbería 198.000 toneladas de dicho crecimiento, incrementando solo 77.000 toneladas su saldo exportable a unos 2.975 Mt.
En 2023 la producción ganadera brasileña marcó un nuevo récord por segundo año consecutivo. De acuerdo a la evaluación de investigadores del CEPEA (Centro de Estudios Avanzados en Economía Aplicada), de la Universidad de San Pablo, los datos preliminares de faena y producción publicados por el (IBGE) confirman la percepción de que en 2023 la oferta efectivamente resultó superior a la demanda, lo que determinó el comportamiento predominantemente bajista de los precios del ganado y de la carne a lo largo de todo el año.
De acuerdo con esas estadísticas, el volumen de carne producido en 2023 aumentó en 900.000 toneladas respecto de 2022, mientras que las exportaciones aumentaron apenas 23.000 toneladas. Por tanto, este “excedente” se volcó al mercado interno, generando un importante ajuste por precios. Según el Indicador de Ganado en Pie CEPEA fue del 12%.
Brasil representa el 60% de las exportaciones totales que salen del Mercosur, por lo que la mayor o menor presión que pueda generar en el mercado de exportación resulta sumamente relevante. Los valores para el novillo pesado tipo exportación muestran que Brasil es sumamente competitivo.
Desde el comienzo de año a la fecha, la referencia para el novillo gordo en San Pablo retrocedió 6% en dólares, para ubicarse en torno a US$ 3,13 por kilo en gancho y consolidarse con el valor más bajo de la región.
Con 14 nuevos materiales incorporados en este 2024, Agrofuturo amplía su paleta de productos y consolida un portafolio desarrollado para atender la demanda uruguaya
El ingeniero agrónomo Pablo Civetta, director de Agrofuturo destacó a VERDE, la importancia de estabilizar la producción de forraje mediante la combinación de especies que cubran diferentes nichos de producción, resaltando la utilización de genética nacional y del exterior, fundamentalmente de Australia.
Agrofuturo tiene varias líneas de trabajo, dentro de las que se incluyen los bio- estimulantes, los productos para control biológico, la línea de semillas de cultivos de verano con la representación de Advanta Semillas y las especies forrajeras para las siembras de otoño.
En forrajeras, “la estrategia ha sido seleccionar lo que se entiende es mejor para las condiciones de los sistemas pastoriles de Uruguay, basados en la experiencia de más de 20 años de Agrofuturo trabajando en el mercado. Ya sea con genética nacional, de la región, o de zonas más lejanas”. En este sentido destacó que se busca genética australiana ya que, por el clima y el ambiente, tiene muchas similitudes con Uruguay, así como las de mejor adaptación de Nueva Zelanda, Europa y EEUU.
La selección genética se hace buscando productos que se destaquen por su producción y calidad. “No necesariamente tiene que ser el que más materia seca produce, ni el que más calidad tiene. Puede ser una combinación de ambos, buscando cubrir los nichos”. Agregó que tratan de “correr esos picos de producción donde todas las forrajeras producen”, buscando producciones más tempranas en otoño-invierno, o especies largas para cuando, por ejemplo, “las festucas pierden calidad por su pasaje a estado reproductivo”.
Puntualizó que “hay algunos raigrases de genética australiana que están verdes hasta fines de diciembre. Buscamos tener ese tipo de herramientas combinadas, para tratar de estabilizar la producción de forraje”.
La base genética nacional está compuesta por Achicoria INIA Nova; la alfalfa INIA Charrúa, destacada por su mayor relación hoja/tallo y la avena sativa de pastoreo INIA Capella, con un ciclo muy largo no común en este tipo de avenas.
Dentro de la base australiana remarcó que desde el 2024 hay en el mercado dos festucas y un dactylis, al tiempo que estimó que el próximo año se sumarán algunos raigrases. De Nueva Zelanda cuentan con dactylis, raigrás perenne y festulolium, mientras que de Europa destacó una festuca de ciclo muy largo, que “mantiene mucha calidad, aún en épocas en donde las festucas tradicionales se endurecen; todo esto sin hipotecar su producción invernal”. Y de EEUU se trabaja en raigrás y festucas.
Previo al lanzamiento de los materiales, Civetta sostuvo que se testea todo bajo pastoreo en el campo experimental El Lucero que posee Agrofuturo en Colonia Valdense (Colonia). “Se pastorea permanentemente con ovinos, generando situaciones complicadas para lograr producción y persistencia”. Agregó que lo que buscan son especies perennes que performen bien pero que también duren “un poco más de lo que estamos acostumbrados”.
Subrayó que de esta forma fue que encontraron la festuca mediterréanea Charlem, que tiene una excelente producción invernal y una supervivencia destacada. Además, resaltó la festuca Pastoral, una variedad continental que se ha destacado luego de los veranos secos.
“Uruguay mira mucho a Oceanía y ahí hace mucho foco en Nueva Zelanda, donde son muy buenos con las especies forrajeras y los sistemas pastoriles, pero con condiciones bastante más frescas que las nuestras y lluvias más regulares, sobre todo en la Isla Sur”. Remarcó que por eso Agrofuturo hizo una apuesta fuerte en Australia donde las condiciones son más similares a las de Uruguay en temperatura y lluvias.
Si bien en el área de forrajeras la empresa tiene una apuesta importante en el mercado doméstico, desde la concepción de la división forrajeras de Agrofuturo, se pensó en el mercado exterior, con exportaciones de productos y con contratos de multiplicación específicos. “La exportación depende de los años y de los productos, por lo que va variando, pero es una unidad de negocios programada ya que se hace bajo contrato de producción. Se traen las semillas madre exclusivamente para multiplicar, y toda la producción se va para el país de destino”.
En la búsqueda de soluciones al productor, la empresa está desarrollando Blends Forrajeros que son mezclas de especies que se ofrecen bajo una denominación particular, “es una mezcla homogénea, tratada y embolsada. Si bien algunas pueden ser hechas por el productor en el campo, con esta solución el productor se libera de esta tarea y recibe el producto terminado y listo para sembrar”. Dentro de la propuesta “tenemos Beef Mix, que es una festuca continental con dactylis, y Milk Mix, que es una mezcla de falaris y dactylis”.
La información de la evaluación de cultivares y el promedio nacional muestra que hay espacio para seguir subiendo la productividad; manejo y genética son relevantes
Hay posibilidades de “seguir aumentando los rendimientos promedios” del trigo en Uruguay, porque “al analizar la productividad que surge de la Evaluación de Cultivares INIA-Inase versus el rinde promedio nacional se observa una brecha de 40%”, dijo a VERDE, el ingeniero agrónomo Marcelo Ferreira, gerente de Semillas de Barraca Erro.
El invierno pasado el cultivo logró un récord, al superar los 4.500 kilos por hectárea. “Los últimos cuatro años del trigo fueron los de mayor productividad de la historia, lo que nos lleva a pensar en un nuevo ciclo de aumento de los rendimientos”, acotó.
Ferreira señaló que una buena referencia para estimar los potenciales son los ensayos oficiales, donde se realizan las mejores prácticas de manejo en un ambiente controlado. Allí los cinco materiales de mayor rinde “logran potenciales de 10.000 kilos por hectárea y un rinde alcanzable de 8.000 kilos por hectárea”, sostuvo. “Si lo comparamos con el rendimiento promedio país de la zafra 2023, estaríamos con un diferencial de rendimiento en torno al 40%, datos que también coinciden con nuestra red interna de ensayos”, agregó.
Explicó que en Uruguay “hubo muchos productores que cerraron con promedios de 6.000 y hasta 7000 kilos por hectárea”. Señaló el caso de una chacra de 280 hectáreas que alcanzó los 8.100 kilos, de muy buena calidad panadera, con la variedad DM Catalpa. En esos casos la brecha “es mucho menor”, sin duda hay espacio para seguir aumentando la productividad a nivel país.
Consideró que uno de los principales desafíos del cultivo es “seguir trabajando para disminuir esa brecha de rendimiento mediante la incorporación de variedades de alto potencial y prácticas de manejo en un mayor número de productores, para seguir escalando en los rindes y subir la media país”.
El ingeniero agrónomo recalcó que la fertilización nitrogenada “es una práctica de manejo de alto impacto”, porque se trata de “una inversión que paga con kilos y calidad”. Es algo que “se debe seguir ajustando, quedó evidenciada su importancia en la zafra anterior”, dijo.
La sequía del verano y la pérdida de cosecha provocó condiciones favorables para la mineralización de los suelos, que “generaron un plus de nitrógeno, beneficiando a todas las áreas de cultivo y también a los productores que siguen una estrategia de menor fertilización nitrogenada. Se demostró que la inversión en nitrógeno es muy rentable, porque aumentan los rindes y la calidad”, señaló.
Ferreira indicó que durante la zafra pasada “si bien el clima acompañó, hubo otros factores que permitieron capitalizar en mayores rendimientos las buenas condiciones climáticas, que si bien fueron favorables, no escapan a la tendencia histórica”. Allí sobresale el progreso genético, que sumado a mejoras en el manejo del cultivo asociado a la fertilización, especialmente al uso de mayores cantidades de nitrógeno “han permitido capitalizar en mayores rendimientos. Sin duda hay mejores variedades y un mejor manejo asociado”, sintetizó.
LA CAMPAÑA
La zafra de invierno 2023-2024 “fue buena –en términos generales–, hubo cultivos por encima y por debajo de las expectativas como ocurre habitualmente en Uruguay”, dijo. La diversificación de cultivos de invierno con trigo, colza y cebada “es una de las grandes fortalezas de las últimas zafras”, resaltó.
Explicó que “es muy beneficioso desde el punto de vista agronómico, por la rotación, el control de malezas, el aporte de volumen y tipo de rastrojo, el cambio de sistemas radiculares que minimizan los problemas de compactación, erosión, mejoran la infiltración y bajan los riesgos sanitarios”. Además de “jugar un papel sumamente importante desde el punto de vista económico”.
Los mercados se caracterizan por su “alta variabilidad, no solo entre años sino también dentro de la misma zafra, como se vio recientemente. Hay mucha volatilidad de precios, es clave tener un precio objetivo y en los momentos que llegue la oportunidad capturarlo, por lo menos para ir cubriendo los costos del cultivo. En esta zafra hubo muy buenos precios, que en algunos casos se lograron capturar”, acotó.
Ferreira recordó que en el comienzo de 2023, cuando se analizaba el plan de siembra, “se pronosticaban condiciones climáticas que no eran tan buenas para los cereales de invierno, por la presencia de lluvias durante la primavera, algo que finalmente no ocurrió y tuvimos muy buenos rindes de los trigos”.
LOS MATERIALES
Ferreira comentó que para analizar el mercado y la preferencia de los productores “tenemos una muestra que representa más del 30% del área del país, son unas 100.000 hectáreas sembradas con variedades Don Mario, que es la genética más sembrada de Uruguay”. Al elegir una variedad los productores “priorizan el potencial de rendimiento, pero sin descuidar la calidad” panadera, porque “sino las opciones comerciales disminuyen y se ve afectada la rentabilidad del negocio”.
Dentro de los lanzamientos aparece DM Araucaria, una variedad de ciclo intermedio-largo, que se siembra en mayo. “Es un ciclo que no teníamos en nuestra oferta y permite arrancar la siembra más temprano, sin detrimento en rendimiento ni en calidad”, explicó. También se suma DM Catalpa, “un ciclo intermedio que lideró la red oficial en rendimiento y tiene una excelente calidad panadera; es una variedad Urutrigo”, agregó.
Además, dijo que se sumó DM Aromo, un ciclo intermedio corto, que “viene a sustituir a Ceibo, uno de los materiales intermedios más sembrados del país. Sanitariamente se estaba complicando y era necesario encontrar una variedad con las mismas características pero con mejor sanidad”.
La paleta se completa con DM Pehuén, “un ciclo intermedio, con alto potencial y estabilidad en gran diversidad de ambientes”. En tanto, DM Audaz “está pensado para cerrar los planes de siembra, es el ciclo corto de más potencial, con calidad panadera Urutrigo”.
COLZA
Ferreira sostuvo que durante la zafra de invierno anterior la colza “no tuvo buenas condiciones de siembra, hubo falta de humedad, presencia de insectos y hoy no tenemos opciones insecticidas para el tratamiento de semillas. Hubo un carry de herbicidas aplicados en los cultivos de verano, al no llover su persistencia en suelo fue mayor, y todo esto impactó negativamente en la implantación del cultivo”.
Desde el área de investigación y desarrollo (I+D) de Erro “tenemos medido que si no se logra una buena implantación del cultivo se compromete el potencial desde el arranque, se hace muy difícil que logre compensar durante su desarrollo”. A esto se suma que el otoño-invierno fue “relativamente más caliente y afectó principalmente a las colzas invernales que venían con una escalada de rendimiento versus las primaverales. Esto se vio reflejado en desórdenes fisiológicos que provocaron una floración despareja y tardía. El panorama se agudizó por la presencia de un nuevo virus (TuYV). Toda esa situación hizo que se atrase la cosecha, se llegó a cosechar a mediados de diciembre, con caída en rendimiento y porcentaje de aceite”.
“No fue un año colcero, hubo alta variabilidad, de 600 a 3.000 kilos por hectárea, con un promedio entre 1.600 y 1.700 kilos. Le tocó todo en contra a la colza, como en otros años le tocó al trigo y/o la cebada”, describió.
De todos modos, Ferreira consideró importante mantener la diversificación e incluir la colza en el sistema, por los beneficios que genera en la rotación, al tener un “mercado transparente y una demanda que firme”.
Informó que Erro presentará dos materiales invernales: Duke y Beatrix CL. “Son híbridos superadores en rendimiento y tecnologías asociadas, como la PSR, que permite una cosecha directa, sin pérdidas por desgrane e inocua, por no tener la necesidad de utilizar herbicidas precosecha, además de resistencia al virus TuYV y mayor protección con Phoma”, comentó.
De la mano del crecimiento del maíz de primera “vemos a las colzas invernales como un gran socio. Hay una oportunidad y un espacio para aprovechar en esos planteos generados”, dijo.
En primaverales el portafolio se compone por los híbridos ya sembrados en el país, como Hyola 575 CL, Curry CL y se suma Hyola130, un ciclo corto, “de altísimo potencial de rendimiento”, señaló. Destacó que Curry CL “es una muy buena alternativa para comenzar la siembra de las primaverales a mediados de abril, sin correr riesgo de daño por heladas tardías en floración”, concluyó.
El productor agrícola-ganadero planteó que el panorama “es de precaución” y “más que nunca tenemos que ser muy cuidadosos con las decisiones que vamos tomando”
El sector agropecuario se enfrenta a un momento que hay que transitarlo con “precaución”, donde el enfoque debe estar en la gestión eficiente, la innovación tecnológica y la sostenibilidad ambiental, afirmó en esta entrevista con VERDE el presidente de Fucrea, Pablo Sánchez. Agregó que cuando se habla de gestión, no solo debe ser económica y financiera sino incluir a las personas y el manejo de las emociones del empresario. Además, enfatizó sobre la importancia de proyectar y simular escenarios, además de tomar decisiones en tiempo real para modificar situaciones adversas.
¿Cómo analiza el contexto actual para el sector agropecuario? El panorama es de precaución, donde más que nunca tenemos que ser muy cuidadosos con las decisiones que vamos tomando. En lo productivo hemos dado pasos muy importantes. El trabajo se ha reflejado en los resultados físicos. A excepción del año pasado, cuando la seca nos golpeó muy duro, si uno analiza los resultados ve que todos los años vamos batiendo récord de rendimiento de cultivos y de producción de carne por hectárea. Cada año vamos dando un pasito tecnológico para ir acentuando esas mejoras. Pero hay un montón de otros aspectos que tenemos que empezar a mirar y esos son los temas más amenazantes, que son básicamente los precios y los aspectos ambientales que nos empiezan a jugar de una manera trascendental como para hacer a nuestras empresas más viables. Más que nunca entendemos que la gestión de los recursos que estamos utilizando es la base para tener empresas firmes, que puedan captar márgenes cuando se nos den, y eso significa tener empresas más saludables. Sobre todo cuando sabemos que los resultados económicos van a ser flojos. Por eso digo que el panorama es de precaución, de mucho análisis y de tratar de tener toda la información para tomar buenas decisiones. Es fundamental tener los sistemas de producción lo más saneados posible y listos para dar saltos productivos o captar márgenes favorables en los momentos que se puedan dar.
¿Cómo están los sistemas en Fucrea? A pesar de que terminamos el ejercicio pasado con pérdidas, si bien hay una gran variabilidad de resultados, la información recabada nos muestra que la mayoría de las empresas están fuertes financieramente. Eso se dio debido a que el año previo a la seca tuvimos un resultado excepcionalmente bueno, y como sabemos, cuando hay tenemos que guardar para cuando no hay. Lo podemos guardar de muchas maneras, ya sea en capital, en cabezas de ganado, en el banco o en inversiones que hacemos a lo largo de nuestro sistema productivo. Esas reservas nos permitieron seguir adelante. Inclusive tener la posibilidad de ir al banco a pedir dinero es sano también para las empresas. Dos por tres precisamos que el sistema financiero nos dé una mano, ya sea para crecer o para pasar un trago amargo, y si tenemos empresas fuertes eso lo podemos hacer.
¿Cómo ha sido la inversión? Los sistemas agrícolas o los agrícola-ganaderos han hecho saltos de inversión relativamente buenos. Hubo un cambio tecnológico muy fuerte en los últimos años. La capacidad de maquinaria, de siembra y de cosecha que hoy tenemos es muy grande, y es sostenido por un cambio tecnológico fuerte. Hubo algunas inversiones en agua, en riego o agua para el ganado, que nos han permitido dar saltos de producción o estabilizar los sistemas. Nos queda mucho por hacer, pero los datos muestran que los sistemas han sido buenos para captar. Y también hubo datos de mejoras en carga animal, por ejemplo. Eso implica más kilos de carne arriba del campo y es más capital. Esos saltos tecnológicos nos permiten tener más amortiguadores para los años complicados o, como lo vimos en el invierno pasado, tener rendimiento récord de cosecha de trigo o de cebada. Eso no es azar. Es una suma de aspectos tecnológicos que dan muy buenos resultados.
¿Eso es parejo en los diferentes cultivos? ¿Se puede trasladar a la ganadería? Sí, claro. En cultivos te diría que es parejo, porque hoy ya no hablamos, por ejemplo, de problemas por siembras temprana. Hoy la fecha de siembra es determinante y todos siembran temprano, porque tenemos capacidad de acceder a maquinaria con buenos contratistas o maquinaria propia de muy buena calidad. Eso se ve en los resultados físicos. No es azar que estemos batiendo los récords continuamente. Ni que hablar en los sistemas ganaderos. La mejora de la base forrajera, el aumento del área, de la suplementación, los sistemas de encierro y demás, son inversiones que buscan estabilizar kilos arriba del campo. Con tecnología e inversión le damos estabilidad al sistema.
¿Es consistente el incremento en la producción de carne por hectárea y la preñez en las empresas de Fucrea? Sí. Entendemos que tenemos herramientas tecnológicas para que la gráfica sea más inclinada. Los saltos de año a año deberían ser más grandes. Eso es manejo, más ajustes, más carga, es ponerle tecnología y mucha cabeza. Pero los resultados son consistentes. Venimos dando pasos hacia una mayor productividad permanentemente.
¿Eso también es gestión, más allá de la inversión? Sí, sobre todo ahora. En Fucrea nuestro caballito de batalla es la gestión, porque entendemos que los datos tecnológicos los podemos ir a buscar a muchos lados. Hay muchas empresas trabajando en tecnología y vamos absorbiendo todo lo que podemos. Pero en gestión ya no tenemos tanto, y lo tenemos que crear, por eso ha sido nuestra herramienta de discusión permanente en los grupos. Eso es capacidad de análisis, y para eso tenemos que registrar cada día más. Tenemos una base de datos muy fuerte, pero ahora entendemos que tenemos que ir a un análisis diferente, y por suerte ahí también la tecnología nos empieza a dar una mano.
¿Por qué un análisis diferente? Hacíamos fuerte hincapié en el análisis post mortem, mirando cómo nos había ido y cuáles eran las variables que más impacto tenían en el año. Ahora queremos proyectar. La idea es tener capacidad de análisis que permita proyectar con mucha más precisión y plantear cómo nos iría, considerando tres o cuatro escenarios diferentes. Esos son modelos de simulación de resultados, en donde nos planteamos qué pasaría si tomáramos determinadas medidas. ¿Qué pasaría si cambiara el valor del producto final, la carga, las inversiones en pasturas o la rotación agrícola? Esa capacidad de análisis, de tratar de ver para adelante, imaginar escenarios y simularlos es lo que nos va a permitir tomar mejores decisiones y en tiempo real. Es ver qué vamos a hacer ahora para que nos vaya mejor. No es necesariamente el que imagine mejor el futuro. Hay modelos que ya predicen qué ocurre cuando se hacen estas cosas, y los estamos llevando a la práctica. Además aparecen otras herramientas como la inteligencia artificial, que nos va a dar una mano muy grande si aprendemos a usarla. Tiene que estar de nuestro lado. En CREA vamos a empezar a capacitar la inteligencia artificial para sacarle el jugo a esta herramienta con el objetivo tomar mejores decisiones. De hecho, en Agro en Punta hicimos un seminario entero sobre innovación y los cambios que se vienen. Pusimos el ejemplo de la inteligencia artificial arriba de la mesa, tenemos que empezar a capacitarnos, aunque su uso aparentemente es mucho más simple de lo que pensamos. Me parece que por ese lado podríamos dar respuestas un poco más rápidas, porque uno de los problemas que tenemos es la velocidad de reacción. Vamos tomando decisiones muy lentamente y los cambios son mucho más rápidos de lo que esas decisiones nos permitirían. Por lo tanto, vamos a tener que ir un poquito más rápido, y ahí la innovación necesariamente nos tiene que dar una mano. También debemos poder tomar decisiones en tiempo real, más allá de lo que se proyecta para el resultado, para alterar lo que está sucediendo, cambiar o mejorar. Cuando decimos innovación no estamos hablando de grandes cambios, pueden ser solo algunos tips, combinaciones de pequeños cambios que terminan haciendo a una empresa mucho más eficiente. Más allá de que pueda haber grandes innovaciones, el solo hecho de que nos permitan tomar decisiones más rápido, más a tiempo, eso ya tendrá un impacto muy grande.
¿Considera que hay un cambio en la visión del empresario agropecuario? ¿Se miran más los aspectos en los que puede incidir, como la gestión, y menos donde no tiene incidencia? Sí, sin duda. Siempre añoramos y rezongamos cuando baja la soja o aumenta el gasoil, pero a la par de eso estamos haciendo cosas para compensar permanentemente esas malas noticias. Básicamente la forma fue mejorando la productividad y la calidad. Ahora lo que estamos considerando más es la gestión de los recursos que manejamos, buscando que sea más eficiente su uso. Esto implica la gestión de todos los recursos, es decir, de los pesos que tenemos, de la tierra y de los recursos humanos. Las cosas no se hacen por azar. Los lindos equipos de trabajo son los que terminan diseñando mejores sistemas y ejecutando un mejor resultado. Es hacer un buen uso del mismo factor. También es importante cómo gestionamos nuestro recurso emocional como empresarios.
¿En qué sentido? Entendemos que las empresas tienen que empezar a ser más disfrutables. Muchos ya las tenemos o tratamos de tenerlas, pero empezamos a poner sobre la mesa la importancia de disfrutar de esta empresa que estamos desarrollando. Para eso tenemos que hacer lo que nos gusta, con gente a nuestro lado que se desarrolle con nosotros, con una familia que también disfrute de lo que se hace. Debemos trabajar cuidando los recursos que estamos usando, manejándolos de una forma más sustentable. Queremos poner arriba de la mesa, además de los resultados económicos y financieros, un montón de aspectos que hacen a nuestra salud como empresarios. Esto implica analizar la gestión de las emociones, poder decir que no estoy contento o que sí lo estoy, y ver cómo nos pueden ayudar los que están a nuestro lado y colaboran con nosotros. También implica poder integrar otra gente a nuestra empresa, lo que quizás nos permitiría dar el salto de crecimiento que no hemos podido dar por algunas limitaciones. Debemos empezar a medir por lo que tenemos y no por lo que nos falta. Ese es el desarrollo de las empresas que queremos y en el que los grupos CREA están comenzando a trabajar. Queremos ver cómo vamos a gestionar esos recursos para tratar de generar modelos de mejor decisión, tratar de darle herramientas a los miembros CREA, para que puedan tomar decisiones más rápidas, a través de mejores asesores, más capacitados, con herramientas que puedan dar respuestas más rápidas a sus problemas. Todo eso se tiene que poner arriba de la mesa, sin temores, sin miedos. Así es como gestionamos en CREA nuestras empresas; todos los días ponemos nuestros problemas arriba de la mesa, y los compartimos con el resto del grupo, que nos da ánimo para realizar los cambios que no nos animamos a hacer y nos pone el freno cuando vamos a cometer algún error. Pero insisto, el disfrute de las empresas es un valor que queremos que se tome en cuenta, y los miembros CREA lo van a mencionar cada vez más. Es un camino innovador. Ya no es todo tecnología, es también un aspecto de gestión humana.
¿Las empresas agrícolas y agrícola-ganaderas están mejor preparadas para trabajar con precios más bajos? Sí, estamos mejor preparados para todo. El salto tecnológico se dio con resultados físicos que están a la vista. No es el mejor momento para que se dé una caída de precios y no captar rentabilidad, pero sí es cierto que podemos con esos cambios. Con esas estructuras de sistema de producción que hoy tenemos, que están siendo más estables, podemos alcanzar niveles de productividad que permiten amortiguar golpes grandes. El doble cultivo es un ejemplo. La gran mayoría del área de cultivos está bajo ese sistema, que permite mayor productividad y bajar los riesgos. Porque si nos va bien en el invierno, como sucedió en esta zafra, podemos amortizar una caída de precios en la soja. Está claro que los sistemas son mucho más intensivos y han incorporado aspectos más sustentables, como el maíz o la interacción con la ganadería. Esto es un hecho de la mano del feedlot. Estamos en condiciones de poder diseñar sistemas que viren rápidamente, porque tenemos mucho maíz en el campo, gran capacidad de hacer pasturas de altísima calidad y tenemos capacidad humana. Los sistemas de producción están más adaptados a cambios y a poder desarrollar amortiguadores, captando también negocios de mediano plazo.
¿Por dónde entiende que pueden pasar las oportunidades de mejora para un establecimiento agropecuario? Me parece que tenemos que levantar ese escalón en los niveles de inversión. Creo que hay oportunidades de captar capital para desarrollar empresas más eficientes y con capacidad de generar más márgenes. Debemos ser capaces de desarrollar lo que queremos hacer, que puede ser un feedlot, el riego, comprar tierra o desarrollar nuestra empresa a una mayor escala. No debemos tener miedo a proponernos esas cosas. Estamos en un negocio que tiene algunos aspectos diferentes al resto de las inversiones, porque es al aire libre y tiene más variabilidad, pero generalmente tiene una rentabilidad mayor. Hay capitales que están dispuestos a invertir, y de hecho ya lo han hecho. Creo que es una oportunidad que no deberíamos dejar pasar. El desarrollo de las empresas que tengo está hecho así, de pequeños capitales. Con resultados, hemos convencido a gente de que estamos en un negocio que es interesante. Por supuesto que todos van a captar parte del margen, así es como funciona este sistema, pero entendemos que puede ser una gran oportunidad para desarrollarnos. La otra oportunidad es acelerar en algunos aspectos. Creo que este es el año para pasar todo el maíz a carne, y quizás sea una mayor capacidad de encierro. Tendremos que animarnos o asociarnos con alguien que ya lo haga. ¿Por qué no pensar en hacer toda la recría y ofrecer el maíz, y que otro nos haga el encierro? Me parece que sumar capacidades desarrolladas es una de las oportunidades que tenemos que aprovechar. Hay gente que es buena haciendo ciertas cosas, solamente tenemos que juntar las partes.
¿Los temas ambientales son una amenaza o una oportunidad? Son una realidad. Tenemos que pensar en que debemos tener sistemas que sean sustentables, con un uso cuidadoso de los recursos naturales, como el suelo, el agua y el aire, pero también de los recursos humanos y de los pesos. Tenemos que cuidar todos esos recursos de la mejor manera. Todos tienen que ser usados sustentablemente. Es una realidad y ya no la manejamos como un temor. Ya entendimos que tenemos que hacerlo y tenemos herramientas con las cuales podemos trabajar sin tener grandes impactos negativos en nuestros márgenes. Debemos generar mucha más información, y para eso tenemos que medir. En CREA estamos desarrollando un proyecto ambiental, tratando de tener los primeros indicadores de sustentabilidad arriba de la mesa, para ver dónde estamos parados y cómo se mueven; es decir, si se están deteriorando o si los estamos mejorando. Nos gusta ver este tema como una oportunidad. Con la información que tenemos podríamos certificar la producción carbono cero de la leche CREA.
¿Ese puede ser un diferencial para Uruguay en el mundo, sumado a las características del proceso de producción? Sin duda, porque además es creíble. Una de las ventajas que tenemos es que a Uruguay le creen. Yo sé que después no se nota en los bolsillos, porque no terminamos vendiendo más caro, pero nuestras puertas siempre estuvieron abiertas. Hemos captado inversiones gracias a que la gente nos cree, y esta va a ser una línea de trabajo en la que tendremos que seguir, siendo muy confiables en cuanto a la información que estamos dando. No es solamente poner una etiqueta que diga que somos sustentables, no hay que parecerlo, sino que hay que serlo, y además estamos convencidos de que lo somos. Ni que hablar que hay que hacer ajustes. No estoy diciendo que seamos perfectos, pero en Uruguay tenemos un sistema que no ha deteriorado los montes nativos, hemos incorporado rotaciones que son mucho mejores e incorporado tecnologías de fertilización variable, por ejemplo, que impiden grandes derivaciones al resto de los sistemas. Esos detalles son buenos. Estas herramientas se vienen desarrollando muy fuertemente, y las tenemos que poner arriba de la mesa para generar valor.
TARJETA PERSONAL
Pablo Francisco Sánchez Durán tiene 56 años, es ingeniero agrónomo desde 1992 (Udelar). Posgrado en “Agronomía del Cultivo de Trigo: Su Investigación y Transferencia de Tecnología” INTA- CIMMYT; “Programa en Agronegocios” (ORT); “Programa de Alta Dirección en Agronegocios” (UBA). Productor agrícola-ganadero en el litoral-sur, asesor de empresas y CEO en Agropampa. Miembro del Grupo CREA La Maroma y actual presidente de Fucrea.
En un conversatorio organizado por la Cámara de Comercio bilateral, con autoridades y empresarios de ambos países, se resaltó que el gigante asiático duplicará su clase media
Mauro Florentín Redacción
El paso a la categoría de “alianza estratégica integral” en las relaciones entre Uruguay y China resulta estimulante para integrantes de los gobiernos de ambos países y para el sector empresarial, debido a la potencialidad de negocios y de mayor cooperación de cara hacia el futuro.
La agenda diplomática y comercial bilateral está bien cargada, principalmente por la posibilidad latente de avanzar en las negociaciones de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Uruguay o con el Mercosur, para lo cual en noviembre de 2023 el presidente Luis Lacalle Pou viajó al gigante asiático junto a otros integrantes del gobierno y representantes del sector privado.
Con ese telón de fondo y en el marco de la celebración de 36 años de relaciones diplomáticas entre China y Uruguay, la Cámara de Comercio bilateral organizó un conversatorio a fines de febrero, con la participación del ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Fernando Mattos, el embajador chino, Huang Yazhong, y el embajador de Uruguay en ese país asiático, Fernando Lugris.
Entre los primeros comentarios que hizo Mattos aludió a la gestión del embajador Lugris, quien lleva entre “siete u ocho años de misión” y que tuvo un “rol muy importante” en las cifras de crecimiento económico, inclusive en un período “muy complejo” para todos, que fue el tema de la pandemia Covid-19.
La importancia de China es “estratégica” y respecto al desempeño del intercambio comercial, el ministro señaló que los números de 2022 fueron “excepcionales”, con casi US$ 7.000 millones de intercambio comercial, y una caída que se esperaba para 2023, cuando se llegó a estar cerca de los US$ 5.000 millones, lo que es un “desempeño igual muy importante”, considerando varios factores, entre ellos la caída de la producción física, especialmente en el rubro agrícola, con la soja como principal capítulo. Uruguay redujo la producción respecto a 2022 de casi 3 millones de toneladas a poco más de 700.000 toneladas, comentó. Y acotó que ese fue el “gran impacto, no solo en el comercio con China sino en la economía uruguaya”.
“No es solo un tema de la producción física sino que hubo una retracción de los precios” de nivel internacional, planteó el secretario de Estado. Además, advirtió que hay factores que también coadyuvaron a que los resultados fueran un “poquito más modestos”, ya que hay un “debilitamiento” de la moneda china (yuan), que en casi un año está en torno del 13% en relación al dólar y eso también es un “factor de ajuste” a considerar.
“Pensando en lo que viene, no nos tiene que distraer el hecho de una reducción puntual, donde la evolución del comercio pasó del 30% a 33%, y aún así China sigue siendo el principal socio comercial”, enfatizó.
A su turno, el embajador chino destacó que “para 2025 la población de clase media” en su país “se duplicará”, al pasar “de 400 millones a 800 millones”, lo que equivale al total de la población de clase media del mundo. Eso supondrá más oportunidades para las exportaciones de productos uruguayos, así como para ampliar la canasta exportadora con otros rubros.
El diplomático se refirió a la posibilidad de avanzar en negociaciones para concretar un “acuerdo comercial más abierto”, como puede ser un TLC entre China y Uruguay o con el Mercosur. “Estamos haciendo gestiones con Brasil, no solo China sino también el gobierno de Uruguay, para ver cómo podemos arreglar este asunto”, declaró Yazhong a VERDE.
La cazuela y un traspié
Mattos se refirió a los productos del agro, y planteó el caso del mondongo, que tal vez es “mucho más significativo que el monto adicional que pueda generar” en el comercio, del orden de US$ 50 millones por año. Y avizoró que ese negocio de exportación tenderá a crecer y “no va a quedar un mondongo en Uruguay que no se vaya para China”.
“Para la cazuela vamos a tener que traer de Brasil, o no sé de dónde, pero el mondongo uruguayo se va a ir todo para allá”, graficó.
Del potencial de exportaciones uruguayas al mercado chino, que se ubica entre US$ 2.500 y US$ 3.000 millones, esos US$ 50 millones no pesan mucho, pero sí pesa ser “el primer país de Sudamérica con el estatus de libre de aftosa con vacunación que es reconocido” sanitariamente para exportar mondongo.
Al hablar de “construir confianza” y de la “seriedad” de Uruguay, el ministro aseguró que el MGAP está realizando una “rigurosa cadena de auditorías planta por planta” de faena que pretenda exportar al mercado chino, además se tiene que registrar y demostrar que el protocolo sanitario de exportación para China, que es “muy riguroso”, se “cumple a cabalidad” y “tiene que dar plenas garantías de inocuidad”.
Debido al “pasaje de un estatus diferente de una alianza estratégica integral”, es posible que las visitas pueden significar la aprobación de “otros protocolos”, para aumentar las exportaciones uruguayas al gigante asiático.
El ministro aconsejó a los empresarios que visiten y descubran China, no concentrarse solo en la capital Beijing (Pekín), sino explorar provincias, que en algunos casos tienen 100 millones de habitantes, porque hay diferentes patrones de consumo, todo tipo de clima y condiciones de establecer relaciones con las intendencias.
En referencia a la política implementada por China y a las tendencias en cuanto a matriz energética y sostenibilidad, Uruguay también puede “capitalizar” el tema ambiental para mejorar su posicionamiento en el mercado chino, consideró.
Y se refirió, a modo de ejemplo, al promedio de productividad del trigo que fue de 5.000 kilos por hectárea en la zafra de cultivos de invierno pasada, en lo que la tecnología jugó un rol clave.
El titular del MGAP adelantó que en breve el Poder Ejecutivo aprobará un decreto vinculado con las nuevas técnicas de biotecnología y la edición génica. “Estamos a un paso” de hacer un “gran anuncio”, lo que significará que esas tecnologías estarán “aprobadas en Uruguay”, eso permitirá que las empresas puedan desarrollarlas, como es el caso de la edición génica, valoró.
Planteó que la edición génica determina que se “intervenga en el genoma de un individuo, pero sin la discusión ética de introducirle un factor externo a ese individuo”, sino que es como una “mutación dirigida”, para “mejorar la calidad del producto, la resistencia a una enfermedad o combatir una determinada plaga”.
Sobre otros asuntos, Mattos admitió: “tal vez esté en el cargo como consecuencia de un traspié que tuvimos con China, (que fue) el famoso tema de las etiquetas (en las cajas de carne exportadas por el frigorífico) BPU, que no cumplía el protocolo”.
Advirtió que “todo eso partió de una situación muy tensa en la que estuvimos a punto de perder la habilitación (para exportar a China) del país, no de la planta (de faena), por la clara detección de un incumplimiento que era un detalle”.
El episodio al que aludió Mattos se vinculó a la decisión del presidente Luis Lacalle Pou de destituir al entonces ministro de Ganadería, Carlos María Uriarte, al igual que a ciertos jerarcas de la Dirección de Servicios Ganaderos del MGAP, debido a los problemas generados en las exportaciones de carne al mercado chino.
Entre otras cosas, en la conferencia Mattos anunció una próxima visita a China en mayo, con la participación de una delegación de empresas privadas, para afianzar el vínculo y concretar más negocios que permitan efectivamente subir el escalón.
En ese sentido, el ministro de Ganadería dijo que China dejó en claro que “está pronta” para “acelerar los procesos” hacia la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC), pero que para ello es necesario tener en cuenta los cambios y el contexto del Mercosur, como el caso del nuevo presidente del gobierno argentino, Javier Milei.
“Tenemos visiones que a veces difieren radicalmente”, reconoció. Aludió a las posiciones opuestas de los gobiernos de Brasil y de Argentina en asuntos de política internacional, como los conflictos en Ucrania y en Gaza.
Otro asunto que despertó interés entre los presentes en el conversatorio fue el tema de la logística, específicamente el contacto mantenido entre el ministro de Ganadería y la compañía naviera china Cosco, respecto a la posibilidad de contar con “un barco non stop” desde Montevideo hasta los puertos chinos, lo que permitiría reducir en una semana el tiempo de traslado de los embarques de productos uruguayos al mercado chino.
Recuperación
Tras destacar el “impulso” del sector privado para “seguir consolidando una excelente relación económico-comercial”, el embajador de Uruguay en China, Fernando Lugris, dijo estar “convencido” de que “2024 va a ser un año de recuperación del camino del crecimiento sostenido” del comercio bilateral y también de la “profundización” de las relaciones en todas las áreas.
El año pasado fue “clave”, porque sesionaron las consultas políticas entre los dos gobiernos, la comisión mixta económico, comercial y una “histórica” visita del presidente Lacalle Pou a China, señaló.
Valoró que hay “más de 26 acuerdos suscriptos” y “hoy tenemos que comenzar su implementación entre los acuerdos que hemos logrado cerrar” durante esa misión oficial, como algunos “muy importantes”, que habilitan “nuevos productos” a exportar al mercado chino y ahora hay un “proceso de implementación lo más rápido posible”, para que los actores comerciales puedan realizar su trabajo de “forma eficiente”, dijo.
Comentó que se logró identificar áreas como los servicios, como las inversiones de “alta” calidad para ponerlas en el centro del diálogo bilateral y hacer “buenos” negocios con actores chinos.
Entre otros acuerdos establecidos en esa oportunidad figura un “plan quinquenal de cooperación en materia agropecuaria” y la “estrategia de la franja de la ruta”, que “da oportunidades para seguir aumentando el comercio, las inversiones para posicionar al Uruguay como un nodo logístico y de servicios en América del Sur”, consideró.
Planteó la posibilidad de que “las empresas chinas conozcan y reconozcan las bondades de nuestro país, de sus puertos, de sus zonas francas, de su aeropuerto en régimen libre” y así “poder construir nuevas asociaciones estratégicas entre los centros privados y públicos de ambas partes”.
Buscando cambiar una cultura que estaba más enfocada en la producción de materia seca en el invierno, Gentos viene desarrollando su proyecto “La revolución de la Alfalfa”
La calidad y producción de forraje ponen a la alfalfa en el menú local. Buscando cambiar una cultura que estaba más enfocada en la producción de materia seca en el invierno, Gentos viene desarrollando su proyecto denominado La revolución de la alfalfa. Juan Pedro Martínez, gerente de Abastecimiento, Investigación y Desarrollo de Gentos, informó a VERDE que la empresa puso en marcha un programa genético enfocado en alfalfa, basado en tres premisas: persistencia, sanidad y calidad.
“Con las técnicas de manejo actuales, la alfalfa se ha vuelto más accesible y rentable para los productores, ofreciendo beneficios significativos en términos de calidad y producción de forraje a largo plazo”, comentó. Un diferencial de Gentos respecto a otras empresas del mundo y de la región “es la selección genética, que se hace siempre sobre pastoreo, algo que tiene un impacto muy significativo en el resultado que se obtiene”.
Planteó que “si comparamos alfalfas seleccionadas por corte, como por ejemplo la Chaná, vemos que no persisten más de dos o eventualmente tres veranos”. Sin embargo, “con el progreso genético y la selección sobre pastoreo, se logra mucha más estabilidad y persistencia a lo largo de los años. Con un nivel de supervivencia en el cuarto verano muy por encima de Chaná”, confirmó.
“Es un gran diferencial, que impacta en el bolsillo del productor, porque se abarata sustancialmente el kilo de materia seca producido y a nivel país la producción de carne o leche puede aumentar significativamente”, aseguró.
En Uruguay Gentos cuenta con Nobel 620, una alfalfa de grupo 6 y Latte 920, un grupo 9, sin latencia invernal. “En el primer año ninguna de las dos se despega en producción de materia seca respecto a los mejoramientos locales seleccionados por corte. El despegue en producción y persistencia se observa a partir del tercer y cuarto año, ahí es evidente. Son materiales muy sanos y no tienen problemas frente a insectos como el pulgón”, confirmó Martínez. Además, destacó que el programa “es muy robusto y consistente”, por lo cual se irán sumando materiales superadores frente a los que están en el mercado”.
Gentos está haciendo foco en el manejo del pastoreo. “En alfalfa estamos llevando a cabo el sistema 8-14, donde pastorea a 8 nudos, salvo en otoño, cuando la recomendación es de 14 nudos. La alfalfa en otoño genera sus reservas y las lleva a la raíz”, explicó. Por eso, dijo que “se precisa ese descanso, para que el cultivo pueda acumular reservas, mantenerse durante todo el año o salir de la latencia”. Al manejar la alfalfa por nudos y no por porcentaje de floración “estamos levantando la eficiencia de cosecha y la calidad del bocado”, detalló.
El gerente de Gentos puntualizó que “muchas veces se piensa que es mejor dejar pasar la alfalfa, para comer un poco más de tallo y evitar problemas de meteorismo, pero cuando se ven los remanentes de una alfalfa comida que está pasada, lo que se observa es solo tallo que el animal rechazó”.
Sostuvo que “el animal siempre va a comer comida de calidad y cuando uno pasa a comidas de entre 7 y 9 nudos, también está comiendo tallo de calidad e indirectamente reduciendo la posibilidad de meteorismo”.
Con la alfalfa en la base forrajera del Uruguay, “históricamente el país ha buscado solucionar los problemas del invierno, por lo cual se cuenta con raigrases y festucas de altísima producción y calidad”, agregó Martínez. “Pero ahora los veranos nos están complicando. Por esta razón Gentos está poniendo mucho esfuerzo en tratar de mitigar el impacto y aumentar la producción de fotosíntesis en el verano. Las pasturas se mueren por temperaturas altas, independientemente de si llueve o no, la única que resiste más esas condiciones es la alfalfa”, dijo.
En la medida que “se la agregue al sistema, independientemente de que sea lechero o ganadero, el potencial que se genera a nivel del productor e incluso a nivel país es altísimo”, sostuvo.
Explicó que el proyecto Alfalfa de Gentos “busca cambiar una cultura que estaba muy enfocada en la producción de materia seca en invierno, equilibrándola con más producción en verano”. Señaló que esto “no significa que haya que usar alfalfa pura, porque obviamente es un riesgo. Hay mezclas sumamente productivas y muy buenas, que incluyen dactylis, festucas mediterráneas o incluso falaris, que generan un complemento muy bueno. Gentos es pionero, porque desde hace 10 años comercializa blends con estas mezclas”.
Martínez dijo que la frontera del uso de la alfalfa también se está corriendo. “Cada vez hay más productores tecnificados y con más frecuencia se habla del pastoreo en franjas o rotativo, así como del agua en la parcela. En la medida que eso se vaya expandiendo, el factor riesgo del meteorismo, que quizás puede causar un poco más de temor, irá disminuyendo. Hoy existen más herramientas que facilitan el uso de la alfalfa. La inversión en semilla, que es un costo menor en una pradera, se paga en el primer año por aumento de producción, y se diluye muchísimo su persistencia”, concluyó.