En su 30° aniversario, Urupov promueve designar el 5 de marzo como el Día Nacional del Fitomejoramiento, por la importancia de esa técnica en el desarrollo de la actividad agropecuaria, en homenaje a la llegada del doctor Alberto Boerger a Uruguay
Dr. Alberto Artola (*). En apoyo a la iniciativa de Urupov
El año 1914 está asociado significativamente con la investigación agronómica en Uruguay. Por primera vez el método científico era empleado en un programa de investigación biológica. El responsable de dicho hito histórico fue el brillante científico alemán doctor Alberto Boerger. En ese año inició un programa de mejoramiento genético en trigo en La Estanzuela, donde las tareas de investigación se rigieron por métodos y técnicas derivadas de la genética como disciplina científica. A partir de este momento la investigación agrícola en Uruguay se transformó en pionera en América del Sur, al generar información a través del empleo de la genética vegetal aplicada. Este es un centenario que debemos recordar todos aquellos vinculados con la creación de cultivares y producción de semilla de calidad.
PRÓLOGO
El doctor Alberto Boerger nació el 4 de noviembre de 1881 en el pueblo de Foerde (Westfalia, Alemania). Hijo de Teodoro Boerger y María Kersling, de oficio agricultores. En 1902 inició sus estudios superiores en ciencias naturales e ingeniería general en la Universidad de Hannover. Luego cursó Agronomía y Economía Política en la Academia Real Prusiana de Agricultura, de la Universidad de Bonn, donde se especializó en fitotecnia. Sus estudios de doctorado en filosofía de la ciencia los llevó a cabo en la Universidad de Giessen.
Luego de obtener su doctorado comenzó a trabajar como director técnico de una empresa semillera sajona. En 1910 ingresó en la cátedra de Suelos y Cultivos de la Universidad de Bonn, donde fue catedrático el doctor Theodor Remy, eminente genetista; ingresó como ayudante en el área de fitotecnia. En 1911 se dictó el primer curso de fitotecnia en dicha cátedra, donde Enrique Klein fue uno de los cincos alumnos admitidos. En ese momento se inició la vinculación científica y personal entre ambos, que se prolongaría en el Río de la Plata.
En este mismo año formó parte de una misión oficial del gobierno alemán, destinada a estudiar pasturas y producción forrajera en Austria, Dinamarca, Hungría, Suiza y Suecia.
A sus 30 años de edad (1911), el doctor Alberto Boerger fue contratado por el gobierno uruguayo, durante la segunda presidencia de José Batlle y Ordóñez, por recomendación del alemán doctor Alejandro Backhaus (decano de la Facultad de Agronomía), por un período de 10 años. Sus funciones eran desarrollar actividades de investigación agropecuaria, organizando un servicio de genética vegetal aplicada, fundamentalmente en el área de creación de cultivares de trigo y multiplicación de semilla de pedigrí.
El 5 de marzo de 1912 arribó a Uruguay procedente de Alemania, junto a su alumno y coterráneo el ingeniero agrónomo Enrique Klein, quién también fue contratado por 10 años. Sus primeras actividades las desarrollaron en el Vivero Nacional de Toledo (Canelones) y al año siguiente sus trabajos continuaron en la estación agronómica de Bañado de Medina (Cerro Largo).
El 5 de marzo del año 1914 se trasladaron a La Estanzuela (Colonia), donde los dos científicos alemanes se instalaron definitivamente. Se creó el Instituto Fitotécnico y Semillero Nacional La Estanzuela, siendo el doctor Alberto Boerger su primer director, cargo que conservó hasta su muerte, en 1957.
Para que un genotipo humano brillante se exprese en un fenotipo brillante se deben dar las condiciones ambientales adecuadas. En otras palabras, existe el refrán popular que expresa que hay que estar en el lugar adecuado y en el momento preciso para triunfar en la vida. El doctor Alberto Boerger pertenece a este grupo.
Durante la primera década del siglo XX ocurrieron hechos trascendentales en el área de las ciencias que hoy conocemos como genética y mejoramiento genético de plantas. Fue cuando el doctor Boerger desarrolló sus estudios universitarios hasta lograr el doctorado. En dicha década comenzó la construcción del edificio conceptual de la genética como ciencia del siglo XX, que constituye una de las aventuras intelectuales más apasionantes y prodigiosas de la mente humana.
En el año 1900 se produjo el redescubrimiento de las leyes de Mendel por parte de Hugo de Vries (holandés), Eric Von Tschermak (austríaco) y Karl Erich Correns (alemán). La historia de la ciencia encontró en la herencia mendeliana el primer hito en la evolución de la biología. Esta teoría aportó a los estudios biológicos las nociones básicas de la genética moderna.
Se produjo una integración inmediata de los estudios genéticos y citológicos. En 1903, el danés Johannsen condujo sus experimentos que lo llevaron a acuñar los términos fenotipo, genotipo y gen, para luego desarrollar el concepto de líneas puras, que provee la base genética del método de selección de plantas individuales.
En el mismo año, T. Boveri y W. Sutton se percataron, de forma independiente, de la existencia de un estrecho paralelismo entre los principios mendelianos recién descubiertos y la conducta de los cromosomas en la meiosis. De esa forma surgió la teoría cromosómica de la herencia, la cual establece que los genes forman parte de los cromosomas. El trabajo posterior de Morgan y colaboradores (en 1910), basado en estudios sobre Drosophila melanogaster, consiguió que la teoría fuera aceptada universalmente.
A mediados de la década, el inglés Bateson creó los términos homocigoto, heterocigoto, alelo y genética. Entre 1904 y 1905 el sueco Nilsson-Ehle desarrolló el concepto de herencia cuantitativa. Los caracteres cuantitativos estaban determinados por muchos genes mendelianos, con efectos pequeños, aditivos e influenciados por el ambiente.
Paralelamente al trabajo experimental, en 1908, los matemáticos desarrollaron el marco estadístico de la herencia cuantitativa. Se formuló la ley de Hardy (inglés) y Weinberg (alemán), que relaciona las frecuencias génicas con las genotípicas en apareamientos al azar.
En el mismo año, Shull y East propusieron la hipótesis de la sobredominancia para explicar el vigor híbrido. Simultaneamente Devenport desarrolló la hipótesis de la dominancia, con similar fin. Dichas hipótesis dieron origen al maíz híbrido y su aplicación agrícola.
En las siguientes décadas, cuando el doctor Alberto Boerger comenzó a trabajar en Uruguay, la genética y la genotecnia vegetal siguieron desarrollándose paralelamente a pasos agigantados. En 1913 Alfred Sturtevant elaboró el primer mapa genético, donde los genes aparecen ordenados linealmente en los cromosomas. En 1914 G.H. Shull empleó por primera vez el concepto de heterosis en vigor híbrido. El inglés Ronald Fisher (1918) presentó los postulados básicos de la herencia cuantitativa. Jones, en 1917, desarrolló el primer híbrido comercial de maíz. Hays y Garber (1919) desarrollaron la idea de la selección recurrente y sugirieron el uso de variedades sintéticas a nivel comercial en maíz. Entre 1918 y 1932, Ronald Fisher, Sewal Wright y J. B. S. Haldane llevaron a cabo la síntesis del darwinismo, el mendelismo y la biometría, y fundamentaron la teoría de la Genética de Poblaciones.
El ruso Vavilov (1926) postuló la ley de las series homólogas y los centros de origen de las especies. Morgan y colaboradores (1931) introdujeron los conceptos de recombinación genética, entrecruzamiento cromosómico y ligamiento de genes. Hermann Muller (1927) descubrió la inducción artificial de mutaciones por radiaciones ionizantes. Descubrimiento que inmediatamente será utilizado para crear variabilidad genética en plantas.
Goulden, C.H (1939) fue el primero en sugerir el uso del método de single seeddescent en generaciones avanzadas de especies autógamas. En 1940 Harlan empleó el método masal en genotecnia vegetal. En el mismo año Jenkins describió el método de selección recurrente.
Jensen, en 1952, fue el primero en sugerir el uso de cultivares multilíneas en avena. Jean Brachet (1933) demostró que el ácido desoxirribonucleico (ADN) se encuentra en los cromosomas y que el ARN está presente en el citoplasma de todas las células. Tatum y Beadle (1941) establecieron el concepto “un gen una enzima”: los genes son elementos portadores de información que codifican enzimas. Avery, MacLeod y McCarty (1944) comprobaron que el ADN es la molécula portadora de la información genética. Rosalind Franklin (1952) obtuvo la llamada fotografía 51, la primera imagen del ADN realizada mediante difracción de rayos X.
El año 1953 fue el momento culminante de la genética. James Watson y Francis Crick interpretaron los datos generados hasta la fecha y concluyeron que la estructura del ADN es una doble hélice 3-D. El fenómeno genético era, por fin, inteligible. No debe sorprender que el descubrimiento de la doble hélice se considere el más revolucionario y fundamental de todos. Había ocurrido el segundo hito en la evolución de la biología. La estructura del ADN se considera tan importante como la teoría de Darwin sobre la evolución de las especies.
Esa fue la última década en que el doctor Alberto Boerger desarrolló sus actividades como fitotecnista y director del Instituto Fitotécnico y Semillero Nacional, ya que falleció el 28 de marzo de 1957.
En resumen, el doctor Boerger fue testigo presencial e hizo uso de los formidables avances logrados en genética y genética vegetal aplicada durante los primeros 60 años transcurridos desde el redescubrimiento de las leyes de Mendel. Estuvo en el lugar adecuado y en el momento preciso para que se expresara su mente brillante.
(*) Ing. Agr. Dr. Alberto Artola. Inició sus tareas de fitomejorador en 1971 en La Estanzuela, con el cultivo de sorgo. Actualmente desarrolla sus actividades en el sector. Las especies con las que ha trabajado son: sorgo, maíz, trigo, forrajeras templadas y canola.
Celebración de los 30 años de Urupov
En el marco de la celebración por el 30° aniversario de la Asociación Civil Uruguaya para la Protección de los Obtentores Vegetales (Urupov), se están desarrollando varias actividades y propuestas relacionadas con el mejoramiento genético vegetal (fitomejoramiento), con el objetivo de dar a conocer esta práctica de triple impacto (social, económico y medioambiental).
Entre las propuestas, se encuentra la iniciativa de crear el Día Nacional del Fitomejoramiento, a celebrarse todos los 5 de marzo, en honor la fecha en la que arribó al Uruguay el doctor Alberto Boerger, fitotecnista alemán que inició en el país los primeros programas de mejoramiento genético en trigo y otros cultivos de relevancia (ver nota principal).
“Queremos destacar la importancia del fitomejoramiento en el desarrollo del agro y la sociedad en general”, dijo a VERDE el director ejecutivo de Urupov, Diego Risso.
La institución agradece a todas las organizaciones y productores que apoyaron esta iniciativa y que generosamente compartieron conocimientos, experiencias, recuerdos y anécdotas de lo que ha sido el mejoramiento genético vegetal en el Uruguay.
Urupov está conformada por las principales empresas e instituciones dedicadas a la investigación, desarrollo, producción y comercialización de nuevas especies vegetales. Desde 1994 aboga por los derechos de los obtentores vegetales, fomentando la investigación de nuevas variedades y contribuyendo al desarrollo del sector a través de una agricultura innovadora, competitiva y sostenible.
Una de cada cuatro hectáreas ya está en un ambiente acidificado; la respuesta que surge del proyecto liderado por la AAD arroja un incremento destacado de la productividad
Cuando un suelo se acidifica “hay que encalar, y el problema en general no se arregla con dos toneladas por hectárea cada cuatro o cinco años”, enfatizó el ingeniero agrónomo Esteban Hoffman, director general de Unicampo Uruguay, la empresa responsable del área técnica (*)del Proyecto Encalado que lleva adelante la Asociación Agropecuaria de Dolores (AAD).
En diálogo con VERDE agregó que “la información que surge del proyecto nos está diciendo que con eso no se frena el problema cuando estamos en valores bajos de pH en suelo”. Y aclaró que “en base a los primeros resultados del proyecto, serían necesarias de 4 a 5 toneladas de cal para realmente sacar chacras de una situación de pH ácido”.
En el primer cultivo “después de tres meses de encalado, no en micro parcelas sino en grandes franjas, en chacras que funcionan como campos experimentales portantes, los resultados para cultivos de soja mostraron que en la mitad de esos campos, cuando el pH estaba por debajo 5.4 hubo una respuesta en promedio de 25% en el rendimiento. Con lo cual aproximadamente 1.000 kilos (kg) de grano estarían dejando de ser producidos en cultivos sin grandes limitantes hídricas, cuando se cultivan en ambientes acidificados”.
La respuesta “es increíble; el primer tiro al arco fue al ángulo”. A su vez, mencionó que en el segundo cultivo la respuesta también fue “increíble”. En el 86% de los campos la respuesta en cultivos de invierno fue de 30% más de grano por encalar.
El proyecto de la AAD comenzó en setiembre de 2021. “Es un gran proyecto, a cinco años, que tiene ocho campos donde se busca evaluar el impacto del encalado, hasta llegar a la posible fase de reencalado”. A Unicampo Uruguay “le han estado llegando trabajos sobre esa temática y hoy estamos trabajando en cinco proyectos vinculados al encalado, fundamentalmente evaluando fuentes, pero la iniciativa madre es la que lleva adelante con la AAD”.
Comentó que en 2021 la AAD “hizo una convocatoria a varias empresas para comenzar a trabajar en este tema. Se logró un gran apoyo económico, sin el cual no se hubiera podido generar la información que se está generando, dado que son proyectos muy costosos, por el peso del muestreo y los análisis químicos”. Las empresas que participan son: Agroterra, ADP, Ambev, Cargill, Cementos del Plata, Erro, Grupo Macció, Goyaike, Maltería Oriental, MegaAgro, Lage-Lallemand, Nutrien, Resiter, Tafirel y la empresa contratista de Andrés Sosa.
El investigador explicó que el proyecto contempla situaciones donde el pH no es ácido, para poder evaluar que realmente el problema está cuando el pH está por debajo de 5,4, así como el impacto del encalado.
ESTADO DE SITUACIÓN
Hoffman indicó que “una de cada cuatro hectáreas en Uruguay, el 25% del área, está en un ambiente que se puede considerar ácido”. La información surge de un trabajo llevado adelante en conjunto con el Laboratorio Analítico Agro Industrial (LAAI), Unicampo Uruguay y de la Red Agrícola Uruguay, donde se configuró una base de datos de dos zafras consecutivas, 2021-2022 y 2022-2023, donde hay 16.909 muestras purificadas, que contemplan todos los departamentos del Uruguay, que reflejan la magnitud del problema”.
Aclaró que esta información “casi no considera los suelos naturalmente ácidos, sino que concentra datos de los departamentos con uso más intensivo del suelo. En Paysandú, Río Negro, Soriano, Colonia, Flores, Florida y San José, un 27% de las chacras está con 5,4 de pH o menos, y en el promedio de esas chacras el suelo tiene un valor de pH de 5,2. Definitivamente un ambiente acidificado”.
Agregó que otro 25% de las chacras tienen valores entre 5,4 y 5,7 de pH y “seguramente se vayan acidificando lentamente, dado que la tendencia no tiene ninguna perspectiva de cambiar. La mediana arroja un valor de pH de 5,7 mientras que hace 25 años era de 6,2 a 6,3”, explicó Hoffman.
EL PROCESO
El director de Unicampo señaló que se le empezó a llamar proceso de acidificación o suelos acidificados “para separarlo de lo que le pasa a Brasil y Paraguay, donde ya se convive con suelos que son naturalmente ácidos, y donde es muy conocido que si no los encalan no pueden producir. Este no es el caso de Uruguay, que tiene suelos que son naturalmente ácidos, en Rivera, en Tacuarembó, en parte de Cerro Largo, Artigas y Salto, pero allí hay poca agricultura de secano”.
Explicó que una baja lenta del pH “no hay que pensarlo como el resultado del mal uso del suelo, sino al uso intensivo”. En Unicampo Uruguay “se muestrea el 100% de las chacras desde hace más de 20 años y siempre incorporamos el dato de pH, porque los valores nos pueden obligar a cambiar el diagnóstico de las necesidades de fósforo y potasio. Desde 2013 se comenzó a observar una frecuencia, al comienzo baja, de chacras con pH bajo, tendencia que crecía lenta pero sistemáticamente”.
En 2015, a partir de los datos de los clientes directos e indirectos, “ya teníamos entre 13% y 14% de las chacras por debajo de 5,4 de pH, un valor que la literatura universal considera ambiente ácido. Con escasa información contemporánea, en realidad no estábamos haciendo nada en cuanto al encalado”, comentó el ingeniero agrónomo.
“Desde hace unos cuatro años comenzó a ser llamativo el nivel de pH que mostraban las chacras. La información que teníamos fue generada básicamente en Facultad de Agronomía, por Omar Casanova, quien desarrolló los trabajos hace más de 20 años, sobre todo en el sur del país, centrado en la alfalfa, un cultivo muy sensible a los niveles de pH del suelo”, recordó.
Puntualizó que “durante todo el siglo XXI la acidificación de los suelos no fue un problema serio de la agricultura uruguaya”. Pero hace cuatro años “comenzamos a discutir cada vez más fuerte este tema, y fueron surgiendo preguntas vinculadas con los impactos y las pérdidas, preguntas que no podíamos responder porque incluso la información era escasa, inclusive ausente para algunos cultivos”, reconoció Hoffman.
Las chacras con bajos niveles de pH “fueron creciendo y es por esto que la necesidad de generación de información, desemboca en el oportuno proyecto de la AAD”, resaltó el director general de Unicampo Uruguay.
LOS MOTIVOS
El proceso de acidificación se origina por “la intensidad agrícola y por la muy fuerte extracción de bases que lleva la agricultura, con cultivos anuales de elevada productividad como los que tenemos en Uruguay. Esto va seguir aumentando lentamente, aunque creo que mucho más rápido de lo que la mayoría piensa, y es por eso que llegó la hora de ocuparnos de un problema que consideramos emergente”, advirtió.
Hoffman consideró que “en un sistema de agricultura intensivo, si no contemplamos esa situación y no hacemos cosas específicas para sortear y detener la caída del pH, va a continuar cayendo. Para frenar esa caída, detener la baja de materia orgánica en el suelo es clave, algo que no se está dando a nivel general”.
Agregó que “sí ocurre en esquemas muy intensivos de agricultura con riego, con altos niveles de productividad, pero en los esquemas de agricultura con niveles de productividad que no son elevados, aún con riego, está pasando lo contrario”.
El director general de Unicampo Uruguay consideró que en primera instancia “se podría empezar con estrategias, no del encalado típico, que capaz es el que se está imaginando mucha gente, también pueden ser enmiendas de menor volumen, que evitan entrar en la zona de encalado convencional”.
La compañía francesa junto a Greising y Elizarzú proyectan lanzar materiales generados a nivel regional; la colza por virtudes agronómicas cuida su lugar en el invierno
Al analizar opciones para la próxima campaña de invierno, Vittorio Riani gerente comercial de Greising y Elizarzú (GyE), informó a VERDE que la empresa, con la francesa RAGT, avanzan para incrementar el portafolio invernal, incluyendo trigo, cebada, colza y arveja. En trigo destacó la evolución de la variedad Quiriko, “con la que tuvimos una excelente experiencia en el segundo año comercial”, con un destacado comportamiento en rendimiento y calidad. Es un trigo de RAGT, de Francia, desarrollado en Europa.
Este año se comenzarán a generar materiales nuevos, de cruzamientos ya hechos en Argentina. “Hace cuatro años que están trabajando fuerte en cruzamientos en base a Argentina y Uruguay, Tarariras es uno de los puntos de testeo del criadero regional. Estamos generando información para lograr nuevos materiales en el corto plazo, y que sigan aportando rendimiento”, comentó.
También señaló que Quiriko, “por ser un material relativamente nuevo, tiene un muy buen comportamiento desde el punto de vista sanitario”. Se trata de un trigo de ciclo intermedio-largo. “Si bien no es mejorador en cuanto a calidad de grano, ha estado por encima de la media en calidad”, indicó.
Riani afirmó que el potencial de rendimiento “ha sido fantástico, con reportes extremadamente buenos. Fue su primer año con un volumen importante de siembra, gracias a la confianza de productores que apostaron por este material”.
COLZA
GyE importa y distribuye las canolas híbridas invernales con genética RAGT, “un reconocido criadero de Francia, que se estableció hace unos años en Argentina para generar materiales para la región”, comentó. Si bien las canolas híbridas vienen de Europa, “calzaron muy bien en los sistemas de la región”, dijo.
Agregó que los materiales disponibles son híbridos invernales, uno con tecnología CL. “Dentro de los híbridos invernales son de los más cortos, apostando a canolas de muy alto potencial de rendimiento. En general tienen un potencial algo mayor que los primaverales, con siembras acotadas que van del 20 de marzo a todo abril como fecha ideal”, describió.
Los materiales que se vienen sembrando hace tres años son Muzzical y Cuzzco, “ambos con muy buen potencial de rendimiento, a los que se suma RGT Nizza CL”. Agregó que las especies con tecnología CL vienen aumentando su área, y estimó que en el corto plazo “al menos el 50% del área de canola será cubierta” por materiales con esa tecnología”. Sobre la densidad de siembra, explicó que no es necesario mucho más de 3,5 a 4 kilos de semillas por hectárea, y “por eso la semilla tiene una baja influencia en los costos de producción”.
Riani destacó que tanto Niza como Cuzzco son materiales “excelentes desde el punto de vista sanitario”, y “muy sembrados” en Europa. “Tenemos expectativas de que, si bien el mercado de canola está un poco planchado, por un tema de rotación, diversificación y para tener otras opciones el área mínima debería rondar entre 130.000 y 140.000 hectáreas. Ahí creo que las invernales tienen por lo menos 20% o 30% de ese mercado”.
CEBADA
En cebada Riani destacó a Attika, que “tuvo un plus tremendo”, ante los problemas sanitarios la zafra pasada, ya que prácticamente tuvo un solo tratamiento, logró mucho rendimiento, con una calidad muy buena para exportación”.
Agregó que mucha de la cebada que comercializa GyE tiene como destino la exportación, que “muchos productores no entran en el plan cerrado, sino que esperan el momento de la cosecha, allí definen y terminan cerrando negocios con la exportación”. Por otro lado, los productores lecheros la siembran para forraje.
A su entender, la mayoría de la cebada que se exporta está fuera del plan de siembras, sin un contrato previo. Estimó que el área de cebada no maltera ha crecido, ronda las 50.000 hectáreas y “buena parte se siembra con nuestras variedades”, señaló.
Este año GyE testeó materiales de cebada en microparcelas y la idea es empezar a incrementar cebadas de RAGT este invierno, también para forraje. “Muchos tienen calidad maltera, pero seguramente entren en un circuito de exportación. Aún así, nos cuesta superar Attika, que se ganó su mercado y seguirá siendo la variedad más sembrada del país”.
ARVEJA
Riani se refirió a la arveja, especie que “no es nueva para nosotros”. Recordó que en 2010 la compañía había realizado algunas pruebas propias y con una empresa argentina que estaba establecida en el país, pero “por no tener una punta comercial clara no se pudo avanzar”. Sin embargo, afirmó que este año se retomará el trabajo con esta especie, adelantando que se traerá un camión de semillas para que los productores que han consultado puedan empezar a probar. “Se podría hacer una exportación vía Argentina, de un volumen chico, para hacer una prueba”, comentó.
La trayectoria coincidió con cambios revolucionarios en la agricultura; la empresa nació con la unificación de la representación de la marca de semillas Dekalb y del herbicida Roundup
Los 25 años de Agroterra han coincidido con varios cambios revolucionarios en la agricultura del Uruguay, comentó a VERDE la directora general de esa empresa, Alma Aznárez. A propósito, señaló la siembra directa, el control de la gramilla en las pasturas y la incorporación de los cultivos RR. En ese contexto, “la empresa siempre se ha posicionado en estar cerca del productor, para brindar las repuestas a las necesidades de los sistemas”.
En 2024 también cumplen los 50 años de Dekalb en Uruguay. Antes de la creación de Agroterra los fundadores operaban con la empresa Reylan, y habían introducido las semillas de sorgo Dekalb, en una primera etapa como licenciatarios de Dekalb Estados Unidos en la producción de semillas, y luego como distribuidores Dekalb de semillas de sorgo, girasol y maíz”, recordó Aznárez.
Dekalb “es la marca de semillas que nos identifica, está asociada con la historia de Agroterra, a todos los pasos que se fueron dando y a la filosofía de la empresa, que apunta a introducir innovación, soluciones y avances tecnológicos para los productores. Los 50 años son un hito”.
EL ORIGEN: DEKALB Y ROUNDUP
Agroterra surgió de la unión de la representación de las semillas Dekalb y la distribución del Roundup, de Monsanto. En Uruguay, la empresa “logró la unión de ambos productos”, antes de que Monsanto adquiriera Dekalb sobre fines de 1990. “Por eso, la transición en Uruguay fue muy sencilla, porque trabajábamos con las dos marcas”, recordó Aznárez.
“Éramos una empresa semillerista, con un equipo de agrónomos focalizados en la producción de semillas y en el soporte técnico hacia los productores en esa especialidad. Así pasamos a formar Agroterra, que incorporó el Roundup, ya con un esquema más de distribución de productos”, acotó.
En ese momento y en ese contexto “fuimos testigos de un cambio disruptivo para el agro en Uruguay, que fue la posibilidad de utilizar el Roundup. Los primeros impactos se observaron en el manejo del control de la gramilla en las pasturas y en el rejuvenecimiento de praderas, que fue un elemento muy importante en la producción de leche”, destacó.
A la vez, señaló que irrumpieron con fuerza “la siembra directa y los cultivos RR (Roundup Ready)”, permitiendo “el crecimiento excepcional de la agricultura, que fue un cambio tecnológico relevante e importante para el sector. La siembra directa y la tecnología RR generaron una revolución determinante para los avances posteriores y para la adopción de tecnologías, proceso que no para y sigue evolucionando”.
De la mano de Dekalb y Monsanto en 2003 se logró la primera aprobación de un evento biotecnológico de maíz en Uruguay, que “también fue un hito superimportante”, sostuvo.
La empresaria resaltó que ese “fue el primer paso de los cambios que ha tenido el cultivo durante los últimos 25 años”. Luego se fueron incorporando “todos los avances en tecnología, en genética, con el desarrollo de híbridos que sumaron rendimiento y estabilidad, factores que junto con el manejo de los productores han provocado un crecimiento muy importante del cultivo, que hoy encontró un espacio en las rotaciones” agrícolas, señaló.
LA MIRADA AL SISTEMA
Todos estos cambios “implicaron una modificación en el enfoque de la empresa, se pasó de las semillas al sistema, se mantuvo la fortaleza del equipo agronómico”, porque “siempre priorizó estar cerca del productor, buscando generar valor a través de soluciones innovadoras, tratando de entender las problemáticas y de ayudar al éxito de las empresas agropecuarias”, señaló Aznárez.
Con esa evolución Agroterra pasó de mirar la semilla a considerar todo el sistema. “Tuvimos un cambio de visión, comenzamos a levantar la mira hacia el mediano y largo plazo, buscando también la sustentabilidad de los sistemas, porque las tecnologías no son infalibles”, dijo. Por eso, “la clave del crecimiento de la empresa siempre ha sido su equipo técnico-agronómico, que está cerca del productor. Las soluciones, las ideas para contribuir y generar valor siempre nacen de la chacra, por eso nuestro equipo es muy importante, al igual que la capacitación”, destacó.
LAS UNIDADES DE NEGOCIOS
Agroterra ha tenido una vocación “muy fuerte” hacia Dekalb, hacia el maíz, que es el “buque insignia” de la empresa. Pero a lo largo del tiempo se ha incorporado un portafolio que incluye: protección de cultivos, semillas, soluciones financieras y comerciales, “una propuesta integral, que nos ha permitido crecer en el mercado”.
En esa línea, Aznárez describió que las unidades de negocios están compuestas por semillas de maíz (Dekalb), soja (Asgrow) y una línea de trigo, además de comercializar semillas de otros cultivos como canola y cebada.
En protección de cultivos el foco ha estado en el manejo de malezas como uno de los pilares fundamentales. “Las malezas se han transformado en una de las principales problemáticas que tienen los productores. Para su control, no solo es importante rotar cultivos, sino también rotar los principios activos y buscar alternativas de manejo diferentes”, afirmó.
Otra de las unidades de negocio de Agroterra es la comercialización de granos, además de las soluciones financieras y la logística. “Si bien no son nuestros principales negocios, son fundamentales para brindar soluciones integrales”, dijo Aznárez. Explicó que estas unidades acompañan a la visión de aportar alternativas “para lograr la sustentabilidad de los sistemas”. Sostuvo que “no hay que quedarse parado en un solo producto sino buscar soluciones específicas para las diferentes problemáticas. Cada cliente es distinto y necesita un enfoque particular”.
LA BÚSQUEDA DE SOLUCIONES
La gerente general de Agroterra destacó el trabajo que se hace a nivel interno, buscando opciones, capacitándose, analizando las problemáticas del productor, porque “el objetivo es brindar competitividad y producir más usando de manera más eficiente los recursos”.
Resaltó el trabajo que se está realizando en maíz, con la fertilización, el uso del nitrógeno, y el manejo de malezas. A todo esto, “lo vamos testeando junto con nuestro equipo interno, las empresas que representamos y también en campo de productores; nos gusta trabajar con los productores”, dijo.
Agregó que allí se evalúan diferentes materiales, fechas de siembra, uso de nitrógeno, entre otros aspectos. En el control de malezas destacó el “fuerte trabajo con Amalia Belgeri´, que ha desarrollado una red de ensayos en distintas zonas del país. La búsqueda de información es muy importante para las recomendaciones que se generan para cada sistema y para cada cliente”, sostuvo.
Agroterra cuenta actualmente con cobertura a nivel nacional, con centros de distribución en Nueva Helvecia (Colonia), Dolores (Soriano), Young (Río Negro), Durazno, Ombúes de Lavalle y Montevideo. “Y próximamente tendremos un punto logístico en Treinta y Tres”, anunció.
El equipo agronómico está compuesto por 24 técnicos. “Para nosotros el equipo es clave”, dijo Aznárez. “Los técnicos que formaron la base agronómica inicial de Agroterra, desde hace 25 años, permanecen en la empresa, incluso hay personas que continúan luego de haber estado en Reylan”, comentó.
También remarcó que los distribuidores y productores se han mantenido, demostrando que más allá de todos los cambios que hubo en el sector, con la llegada y posterior salida de productores extranjeros, los uruguayos “son productores que permanecen, por lo cual nos parece importante estar cerca de ellos y de las generaciones que vienen detrás”.
LA MIRADA AL FUTURO
Aznárez sostuvo que más allá de que algunas problemáticas permanecen, como la necesidad de mejorar los niveles de productividad, la competitividad o los altos costos, la agricultura “es un rubro muy cambiante y que está en constante evolución”.
Por eso, consideró que “es importante tratar entender qué es lo que está pasando y tener la mirada abierta hacia el futuro, viendo lo que sucede acá, pero también en la región. Observando los requerimientos de la demanda y tratando de ser flexible”.
Afirmó que el desafío más grande de Agroterra pasa por “tener la capacidad de adaptarnos y de brindar soluciones”, tratando de estar un paso adelante de los problemas. “La digitalización es una realidad, la trazabilidad será cada vez más importante, así como el uso responsable de los recursos y la sustentabilidad del sistema, por lo cual el uso de productos biológicos y poder medir el impacto del uso de recursos será fundamental”, concluyó.
Diego Rodríguez, responsable de abastecimiento y desarrollo de Procampo Semillas, resaltó la importancia de tener un portafolio adaptado a las condiciones de Uruguay
Los diferentes sistemas demandan productos más versátiles. Diego Rodríguez, responsable de abastecimiento y desarrollo de Procampo Semillas, resaltó la importancia de un portafolio adaptado a las condiciones de producción que tiene Uruguay. Señaló que Procampo “viene realizando un gran esfuerzo en selección y segregación de nuevos productos para el mercado uruguayo, trabajando en renovar una paleta que se ha ido consolidando con el paso del tiempo”.
Hoy, por la evolución de los diferentes sistemas de producción, “estamos haciendo foco en la versatilidad”, dijo. Eso implica que “los cultivares que vamos presentando al mercado sean los más adaptados a las diferentes condiciones productivas del Uruguay”, agregó. También explicó que “debemos tener versatilidad dentro del portafolio, que nos permita incorporar productos superadores”.
Rodríguez destacó que la empresa está “muy firme” con su paleta de festucas, “siguiendo la línea de calidad, de estabilidad y de rusticidad”. Como novedad, destacó a la festuca de origen europeo denominada Rosparon, “con gran aporte invernal y primaveral, con la particularidad de que su tasa de inducción floral es sumamente baja y con excelente rendimiento en materia seca total”. Así como Ranchero, que sigue la misma línea. En cuanto a la oferta de avenas, destacó las de triple propósito, como La Plata, para producción de forraje, ensilaje de planta entera o cosecha de grano.
En raigrás, “también cumpliendo con una paleta de productos que cubre todos los aspectos que se nos demandan”, ya sea diploides “con un diferencial de producción”, como Rodillo; o tetraploides, “con un buen vigor de implantación” como Big Boss. A su vez, resaltó el raigrás Madonna, “con un ciclo más largo”; y los raigrases italianos, que “se han impuesto de forma importante en el sector lechero y en la ganadería intensiva”, porque “también tienen ciclo extendido y eso nos da la posibilidad de consorciarlos, ya sea con achicoria como con trébol rojo y mejorar ampliamente el aporte estival de esa pastura”, acotó.
Respecto a las leguminosas, aseguró que Procampo también está en el camino de la selección. “Cabe destacar que este trabajo se hace en equipo, contemplando lo que el equipo comercial transmite de cada uno de los clientes, siguiendo por el gran conocimiento técnico que Alfredo Silbermann aporta, y poniendo en la balanza cada uno de los aspectos relevantes de las especies y cultivares”.
De cara al futuro, Rodríguez aseguró que la empresa maneja dos agendas, una de corto y mediano plazo, “que la venimos cumpliendo, segregando algunos de los materiales que ya tenemos e incorporando varios más”. En este sentido sostuvo que al momento de seleccionar materiales, “estos tienen que ser superadores” a los que se estaban manejando, y “cumplir con algunos requisitos que nos planteamos a la interna, contemplando lo que el productor nos cuenta en el día a día”.
A largo plazo Procampo trabaja con KWS en remolachas forrajeras, centenos híbridos y otras especies, “porque creemos que en una agenda ambiental posiblemente jueguen un rol muy importante”, recalcó.
Procampo utiliza el campo experimental Los Nietitos, en Soriano, como jardín de introducción donde se están probando constantemente nuevos materiales, mezclas, aspectos agronómicos, entre otros. Es un campo en el que se testean cultivos de verano, como maíz y sorgo. A su vez, en invierno “testeamos varias especies forrajeras, cultivos de invierno y especialidades que vemos con buenos ojos”, comentó Rodríguez. Allí se valida la información que luego se derrama a distribuidores, técnicos y productores.
“Venimos con un verano contrastante respecto al año pasado, con lluvias que si bien siempre son necesarias en mayor volumen, las que se fueron registrando desde febrero han permitido un buen desarrollo de la zafra”, afirmó Rodríguez. También comentó que se ha avanzado en el “despacho de semillas, aguardando que se concreten las expectativas climáticas previstas para poder seguir con las siembras” en marzo.
El integrante de Procampo Semillas agregó que la logística y la cosecha de todas las especies implicó un “desafío importante”. Señaló que “hubo áreas muy afectadas por excesos hídricos, provocando magras cosechas”, sobre todo en avena y raigrás, lo que hizo mermar la oferta, pero de todas formas la empresa podrá cumplir con la oferta nacional y los compromisos de exportación que tenía pactados. “Estamos en el último esfuerzo respecto al procesamiento de semillas para su entrega en tiempo y forma, pero vemos que el abastecimiento será bueno en casi todas las especies”.
Rafael Sosa, director de Austrey, describió el sistema productivo de la empresa que está radicada en Durazno, y que maneja 22.000 hectáreas entre agricultura y ganadería
Austrey es una empresa agrícola-ganadera que está instalada en Durazno. Se fue desarrollando primero en agricultura y después en ganadería. La base de su área agrícola en los últimos años oscila en torno a 14.000 hectáreas físicas, con un desarrollo muy importante de la ganadería en los últimos dos o tres años, con un corral y un sistema de cría a campo natural. El área ganadera es de unas 7.000 hectáreas.
“La idea es aumentar el área, pero es difícil conseguir campo”, comentó a VERDE el director de la empresa, Rafael Sosa. De todos modos, destacó que “hemos logrado construir relaciones de largo plazo con los propietarios de los campos. Antes pasaba que te cambiaban por otro que ofrecía más kilos de soja, pero hoy se los puedo dar o por las condiciones que le ofrezco nos mantenemos. Son muy pocos los campos que salen de la empresa, pero también son pocos los que entran. Hoy en día hay mucha menos rotación”.
El empresario explicó que el negocio agrícola y el ganadero “son muy diferentes en los tiempos, en la dinámica, pero después de estabilizar la parte agrícola, es relativamente sencillo poder combinar los rubros, ya sea por producción de granos o de forraje”.
Comentó que “para Austrey destinar 1.000 o 1.500 hectáreas de forraje a la ganadería no es una complicación. En ese volumen de siembra pasa muy desapercibido. A un ganadero quizás le podría costar mucho hacer comida para el ganado, pero a nosotros nos resulta relativamente sencillo”.
De todos modos, admitió que “hoy en día los números están justos por todos lados, pero se logra una sinergia interesante” entre agricultura y ganadería. “Son producciones que hay que mirarlas a largo plazo, con distinta dinámica. Cuando uno mira las empresas más grandes, más desarrolladas, ve que combinan agricultura y ganadería”, señaló.
Explicó que esta combinación “surge de la renta de campos agrícolas-ganaderos, donde se hace agricultura y tenés que hacer sí o sí los dos rubros. Esto nos brinda una ventaja competitiva. Aunque también lleva otra estructura de trabajo, porque el manejo de la parte ganadera debe estar aceitado. Los dueños de campo nos comentan que es mejor tener un solo arrendatario”.
El productor afirmó que “no hay campos para arrendamiento” y por eso “la prioridad tiene que ser seguir mejorando campos agrícolas”, y cuando se encuentra un campo agrícola con área ganadera, sigue siendo un área ganadera inferior. No encontramos una estancia completa para decir que en estos buenos campos recrío o hago praderas, por lo general ya están en agricultura. Y la apuesta es buscar algún campo donde se pueda hacer una recría a campo, con praderas”.
Detalló que los campos donde produce tienen partes buenas, que se usan para agricultura, y “en el resto se termina haciendo cría, que es lo que tenemos en campo natural, porque allí no se pueden hacer mejoras, praderas o verdeos”.
En esas áreas se aplica un sistema de destete precoz, donde la vaca cría el ternero solo por dos meses y medio. “Creemos que es la forma de optimizar ese tipo de suelos. Actualmente la empresa cuenta con 3.500 vacas de cría. De ahí los terneros pasan directamente al corral, de acuerdo al mercado, al momento o la comida, o se apunta mucho al abasto o a la exportación”, detalló.
Sosa comentó que, de acuerdo a lo que ocurrió en los últimos años con la suba de precios en el mercado de reposición, “para el corral un aspecto importante es poder abastecerse de ganado propio”. Dijo que eso todavía no lo logró, por eso tiene la idea de aumentar el rodeo de cría.
Confirmó que la compra de reposición “muchas veces se torna riesgosa, los negocios de los últimos tiempos lo han demostrado”. Y planteó que “así como existe un seguro agrícola, en lo referente a ganadería, un buen seguro es tratar de producir en un corral con un 60% o 70% de reposición propia”, porque “muchas veces pasa que comprás reposición y a los dos meses no sabés si compraste bien o mal”.
Agregó que aplicando el sistema de destete precoz “puede hacerse algo de recría en algún puente verde, o en algún campo que va ingresando, y la primera cabeza de rotación es un verdeo para poder aprontarlo para agricultura, así se le da mucho dinamismo a la ganadería, que tiene tiempos mucho más lentos que la agricultura. Con eso se aceleran los procesos”.
Comentó que están vendiendo novillos con cortes de exportación al “año y medio de vida, o un poco más. También hay que considerar que una recría a corral no es un costo menor, pero se va afinando y se va logrando”.
EL CORRAL
El corral de Austrey tiene capacidad para 3.000 animales de forma instantánea, aunque “no ha estado completo, se ha utilizado mucho como herramienta (para aumentar kilos) y no tanto para terminación”, explicó Sosa.
Está operativo hace dos años, “es relativamente nuevo, es una parte de la empresa que genera un porcentaje importante de los ingresos. Con el tiempo hay que darle estabilidad a la ganadería y a la agricultura, y eso sería fundamental para tener volúmenes, mantenerse y proyectarse”, comentó Sosa.
Agregó que “han entrado vaquillonas para llegar a los kilos de entore, este año como la primavera vino un poco seca llegué a hacer la inseminación en el corral. Después que el ganado sabe estar encerrado es muy fácil encerrarlo un par de meses y lograr los objetivos”.
Explicó que “en estos últimos años el costo de tener un animal encerrado fue muy alto. Es muy interesante cómo en esos períodos puntuales logras darle kilos que le dan a la categoría o al objetivo un sostén en el tiempo”. A propósito, destacó que esa herramienta permite recriar vaquillonas para que lleguen a la inseminación con los kilos necesarios.
En el caso de los machos comentó que “es diferente”, porque “prácticamente no salen del corral, van del destete precoz directo al encierro, hasta su terminación”. Aunque “el objetivo es poder recriar afuera, algo que hoy no estamos haciendo, dándole el dinamismo para que dentro de un año y medio o dos años salga un novillo gordo”.
LAS RENTAS
Sosa planteó que “hay muchas medidas que buscan estabilidad, y se termina resignando rentabilidad”. En tal sentido, señaló que “recriar a corral es muy costoso, pero sigue siendo más eficiente que producir un ternero a campo natural, en un área muy inferior al promedio en Uruguay, cuando las rentas son de 50 kilos de carne por hectárea. Hace 10 años 40 kilos de carne por hectárea ya era una muy buena renta”.
Agregó que “lo mismo ocurre con la renta agrícola, en Durazno se pagaban 400 o 500 kilos (de soja por hectárea) y hoy se habla de 600 kilos”. Por eso, sostuvo: “no veo que las rentas vayan a ser un factor de corrección económica, ni en una ecuación ganadera ni en una agrícola”.
Analizó que “el motivo es que sigue habiendo mucha demanda de empresas a las que no se les ve el verdadero anclaje en el sector. Las empresas grandes siguen con visión de crecimiento, a las chicas se les está haciendo bastante más complicado. Cuando digo chicas me refiero a empresas con menos de 1.000 o 1.500 hectáreas. La economía de escala está pesando mucho”.
Afirmó que “el que puede blindarse es el productor grande, y blindarse implica más costos de producción, pero que dan más estabilidad, al momento de vender o de comprar insumos”. Aseguró que “el entorno está mirando mucho más eso. Una empresa que está solvente, que es grande, por la economía de escala, por el volumen que trabaja, logra otras cosas que el productor chico lamentablemente hoy no puede lograr”.
Por otra parte, Sosa consideró que “hoy es muy difícil proyectar márgenes, en ganadería y en agricultura. El clima tiene una preponderancia que cada vez es más importante, ya hay anuncios de una primavera seca, y esa planificación muchas veces la puede llegar a lograr o ejecutar quien planifica con mucho tiempo, o quien tiene espalda para poder hacerlo. El productor chico tiene que ir sí o sí cultivo a cultivo, buscando financiarse, y eso lleva muchas veces a que pueda equivocarse”.
EL MOMENTO
El empresario comentó que en la región centro de Uruguay los cultivos de invierno son básicamente trigo y colza, ya que prácticamente no se siembra cebada, “por problemas de implantación”.
Al analizar los números, estimó que “el área de invierno debería bajar, pero quiero ver si realmente bajará. Primero hay que ver cómo se cierra el cultivo de verano de este año y cómo afecta a cada empresa, porque en muchos casos se precisará buscar un agente financiero. Analizando el panorama, el área de invierno debería bajar, pero no tanto, porque no creo que todos puedan resignar área de invierno para irse a un cultivo de verano”.
Señaló que “este año no se aprovechó como se debía las oportunidades de venta en soja o de maíz. El tema es que venimos con la foto del año anterior, una experiencia que te queda muy marcada y está muy presente. Eso afectó la toma de decisiones del productor y perdimos oportunidades de tomar precios que fueron muy importantes”.
Recordó que “el año pasado no hubo soja, en muchos casos se comprometió un volumen físico y al no poder entregar el grano tuvo que pagar un washout, pero hay una cantidad de herramientas que permiten ir captando precio sin comprometer la entrega de producto físico. Pero ahí volvemos al mismo tema, esas herramientas están disponibles para los productores más grandes. A mí, que soy un productor un poco más grande, me llaman cinco para ofrecerme esas herramientas, pero quizás al productor chico no se las ofrecen”.
Por eso, el director de Austrey insistió en que “al productor chico se le está volviendo cada vez más difícil generar un margen, y eso lo obliga a arriesgarse más en las decisiones. Y este es un sistema muy sensible, cuando alguien no puede cumplir con las obligaciones, los eslabones en agricultura o en ganadería son muy cortos, y cuando revienta uno repercute en todos lados”.
Opinó que “dentro de un mes (fines de marzo) tendremos resuelto cómo seguimos. No habrá nada seguro, ni rentabilidades, ni de cómo será la próxima primavera desde el punto de vista climático”.
LA REALIDAD DE LOS NÚMEROS
“Muchas veces escucho que salen ganados de los puentes verdes, pero me parece que eso ya casi no se hace, porque compromete al cultivo siguiente. El puente verde comienza a producir en setiembre u octubre, que es cuando los animales realmente ganan peso, y ahí ya tendrías que estar con un barbecho pronto”, comentó Sosa.
El director de la empresa destacó que “la estabilidad del trigo con respecto a otros cultivos de invierno en esta zona es notoria”. Recordó que “se produjo mucho trigo el año pasado, pero fue un cultivo de mucho movimiento y poco margen. Quedó mucho trigo en las plantas, los molinos no van a presionar y por eso le tengo miedo al verdadero valor del trigo el año que viene”.
También planteó que “el punto de equilibrio es muy alto, porque los insumos no creo que sean un factor de corrección tan importante como para que el número cierre. Si hablamos de un punto de equilibrio de 4.500 kilos (por hectárea), tiene que ser un año muy bueno, con un paquete tecnológico muy desarrollado y ofensivo para lograr ese promedio”.
Sobre la colza, dijo que la debilidad del cultivo es su “inestabilidad”. Comentó que “si bien es un cultivo que se ha ido conociendo, se sigue aprendiendo, y se han logrado resultados interesantes, no tenemos la certeza de obtener 2.000 o 2.500 kilos (por hectárea), productividad que aportaría un número un poco más atractivo”. Agregó que su empresa siembra colza y “ha logrado esos rindes, pero ha costado estabilizar esa productividad”. Y señaló que el atractivo de la colza “sigue siendo la oportunidad de implantar el cultivo de verano en una fecha mucho más certera que después del trigo”.
También marcó una diferencia entre las colzas invernales y las primaverales, que “no son lo mismo”. Planteó que “la colza invernal es otro cultivo, otro paquete tecnológico. Tenemos mucho por aprender, se han visto resultados muy interesantes, como los de la zafra 2022-2023. La seguridad de lograr un número en la colza invernal no está, porque tiene más costo, y no ofrece la seguridad del trigo”.
Comentó que “al manejo se le agarró la mano, pero en los híbridos todavía no, y ese es un tema a tener en cuenta, porque un error en el paquete puede significar un golpe importante. A lo que pasó en la zafra pasada hay que mirarlo con atención”.
LA MIRADA A LARGO PLAZO
Sosa insistió en la importancia de mirar el largo plazo, más allá de la rentabilidad. “Quizás no tengamos un buen número, pero tenemos que mirar las bondades de un rastrojo de trigo, de maíz o de colza, porque sabemos que nos va a favorecer el año que viene o el otro. Cuando no tenés un buen número tenés que mirar las otras bondades; sino tenés que darte vuelta y no hacer nada”, dijo.
Si bien –como mencionó anteriormente– aún no definió el área de siembra de la próxima zafra, Sosa estimó que sembrará lo mismo o 10% menos que el año pasado. El área de doble cultivo de Austrey ocupa 40% del total. “En los últimos años el resultado venía siendo superior, ahora hay que ver la parte climática. La contra del doble cultivo es el riesgo de la implantación del cultivo de segunda”, comentó.
Los cultivos que siembra son: colza invernal y primaveral, trigo, algo de cebada para el corral, maíz de primera y de segunda, y soja. Comentó que el maíz se produce para el corral y para terceros, porque “Durazno se ha convertido en un núcleo de mucha demanda de maíz, para corrales y tambos”.
Agregó que eso “nos ha permitido enfocarnos como cabeza de rotación. Barbecho, subsolador, maíz de primera, luego colza –invernal o primaveral–, maíz de segunda y después soja. Lo encaramos como cabeza de rotación, básicamente por el subsolador, que es una herramienta que se está usando muchísimo, que mejora muchas condiciones”.
En verano el maíz ocupa entre 20% y 25% del área. La empresa siembra unas 13.000 hectáreas de verano, donde hay 10.500 hectáreas de soja y el resto es de maíz, entre cultivos de primera y de segunda.
LA EVOLUCIÓN PRODUCTIVA
El productor remarcó que “se nota una evolución de la productividad de los cultivos. La genética en algún cultivo llama la atención, sobre todo en trigo y maíz, siempre acompañado de un paquete tecnológico interesante”.
Sobre el trigo, dijo que “cerramos campos con más de 7.000 kilos por hectárea, algo que nunca se había visto acá. Ya el año anterior había sido muy interesante. No vemos que el trigo se caiga en rendimiento”.
Sin embargo, “en soja se ve un desarrollo en la parte sanitaria y de malezas, pero no hay variedades que aseguren un aumento del rendimiento. Es muy dependiente del clima y aquí en la zona andan entre 2.300 y 2.700 kilos por hectárea, no se sale de eso”.
Insistió que “en otros cultivos se ve una evolución de los rendimientos. En trigo hace 10 años sacábamos 3.500 kilos y era espectacular, pero hoy en día si no rinde 5.000 o 5.500 kilos ya es un rendimiento bajo. Lo mismo con el maíz. El año pasado, con una seca muy importante, se lograron 4.500 kilos de promedio. Hace unos años, en estas circunstancias, se producían 2.000 kilos o nada”.
También destacó que los paquetes tecnológicos “están al alcance de la mano” y que las empresas están viendo que “la mejor opción es producir muchos kilos por hectárea, aunque cueste más y el precio no sea bueno”. Agregó que la mayoría de las empresas agrícolas arriendan los campos donde producen, y que “el propietario ve que el campo se cuida cuando se hace mucha rotación de cultivos, y se hacen muchos cultivos en un corto período; esa es la mejor defensa para el sistema”.
“Las ecuaciones se van acomodando, pero lo complicado es cuando no tenés producción de kilos por hectárea, no tenés dinamismo de rotación o cultivos que te aporten. Pero hoy están los paquetes tecnológicos al alcance de la mano, la información, los vendedores de insumos y de semillas se han profesionalizado mucho”, valoró.
Sosa opinó que la profesionalización “fue de las cosas más interesantes y rápidas que se han dado”, algo que es más evidente en la agricultura que en la ganadería, por su dinamismo.
Reconoció que en muchos aspectos la ganadería “sigue siendo muy tradicional”, pero señaló que “se han incorporado herramientas como el corral o el mejoramiento genético”. En esa línea, comentó que “vas por la ruta y ves que el ganado es muy bueno, puede haber algo inferior, pero es más por falta de comida que por genética”.
Lo mismo ocurre con la maquinaria, donde la tecnología que hay en Uruguay “es llamativa con respecto a la región”, destacó Sosa. Afirmó que “Uruguay ha hecho una apuesta muy grande. Por eso nos pesan mucho los costos, pagar servicios y a veces no tenés señal de internet. Hoy podés controlar siembra y cosecha sentado en una oficina y el resultado es 100% exacto”.
“La tecnología está, la falta de personal nos lleva a aumentar el tamaño de las máquinas, a pesar de los problemas de conectividad que hay en el país, que no permite utilizar todas sus prestaciones. A veces no podés hacer una fertilización variable por este tipo de problemas”, comentó.
LO QUE PUDO SER Y NO FUE
Austrey viene trabajando “desde hace mucho tiempo con seguros de inversión en cultivos, que generan un costo que no tiene sentido”, comentó su director. Agregó que las empresas que financian a un agricultor mediano le exigen ese seguro, que “es más para ese financista que para el productor” y, por lo tanto, “ese seguro no es parte del sistema”.
“He cuestionado mucho al sistema en general. Esos US$ 35 o US$ 50 (por hectárea) son muchísimo para un productor chico, y es solo para el que financia los insumos, ahí no está incluido el dueño del campo, el panadero, el tornero, ni el productor”, dijo.
“Este es el sexto año que aseguramos. La apuesta siempre fue tratar de blindar la mayor cantidad de actores del sistema, al dueño del campo, al que nos vende los insumos, a nosotros mismos, resignando rentabilidad. Ha costado muchísimo, pero el tamaño nos ha permitido que el seguro de inversión vaya al 100%. Eso lo logré el año pasado, pero después de lo que ocurrió (por la sequía) este año no lo conseguí. Ahora contratamos un seguro importante, pero con un costo muchísimo más alto, el respaldo bajó 35% y el costo subió 20% o 25%”, detalló.
Sosa advirtió que “si no se encaran estos problemas, con la agricultura pasará lo mismo que ocurrió con la producción ovina, rubro en el que hubo productores con muchísimo peso hace 30 años. No hubo una apuesta a un rubro que es espectacular. Faltó visión. Algo similar está ocurriendo con las políticas de seguros”.
Fue enfático al señalar que “está pasando gente con incidencia a nivel político y termina siendo intrascendente. Cuando tenés un cargo y un tema que está ardiendo sobre la mesa, como es este, deberías haber ido mucho más al hueso para lograr avanzar en estas cosas y eso no ocurrió. Y pasó un año, como el anterior, cuando las aseguradoras salieron a decir lo que habían perdido, pero no salieron los años anteriores o este año a decir lo que ganaron”.
“Faltó quién agarrara ese fierro caliente. Hubo intenciones, reuniones, pero en definitiva no quedó nada sobre la mesa. El año pasado no llegábamos a un tercio de los productores asegurados, veníamos de dos años muy buenos. Pero si llega a pasar lo mismo en el verano que viene, impacta primero en el pueblo de 5.000 personas, después en las capitales departamentales, y cuando llega a Montevideo ya estamos embarcados en otra zafra”, agregó.
Reclamó que se tomen medidas porque “la economía del país se resiente”. Dijo que la agricultura “es un rubro muy importante en el dinamismo del interior”. Reconoció que “todos los sectores están demandantes, que hay miles de problemas, miles de prioridades”, pero afirmó que “el interior funciona en base a la ganadería y la agricultura”.
RECURSOS HUMANOS
Otro aspecto que preocupa a Sosa es la falta de recambio generacional en los recursos humanos. “Hay un tema que para mí será clave. No veo recambio generacional de operarios”, dijo. Y analizó que no se trata de un tema económico, de remuneración o capacitación, sino que “se requiere de algo más, y no sabemos qué es”.
Dijo que el sistema que aplica la forestación, donde se ofrecen traslados en un micro, que lleva y trae a sus operarios al campo, para que vuelvan todos los días a la ciudad, “es algo que en la agricultura nos resulta muy difícil, porque hay lugares y momentos que no nos permiten volver todos los días”.
Señaló que “en una zafra hay momentos muy intensos, cuando una hora es mucho. Se rompen máquinas y hay que tener repuestos al lado, hay que resolver los problemas enseguida, sino se pierde producción”.
“Veo con orgullo el desarrollo de los muchachos que trabajan con nosotros, gente que venía en bicicleta y hoy tiene un auto, una linda casa, a los hijos estudiando. Pero no encuentro recambio, son los mismos de hace 10 o 15 años. No hay gente de 20 años, si aparece alguno invertís en capacitarlo y después no quiere seguir”, dijo el director de Austrey, empresa donde trabajan unas 50 personas.
El director para el Cono Sur del área de certificaciones de Control Union, Diego Cybulka, planteó que esto es algo que todos “tenemos que entender, sino el golpe será más duro”
El mundo está “commoditizando la sustentabilidad”, dijo a VERDE el director para el Cono Sur del área de certificaciones de Control Union, Diego Cybulka. Agregó que “eso es algo que tenemos que entender, sino el golpe será más duro, y las oportunidades se nos van a ir de las manos”.
Explicó que “cuando hablamos de determinados atributos, requisitos o protocolos siempre pensamos en algo muy especial, cuidado, medido y aislado del resto. Parece que tiene altos costos, demasiado trabajo, esfuerzo y poco beneficio, pero la verdad es que el mundo está commoditizando la sustentabilidad, está diciendo que esto es parte de la línea base de lo que necesitamos tener”.
Advirtió que “el mundo se puso de acuerdo a nivel global” sobre sus exigencias a “todo tipo de industrias para todo tipo de destinos, y si no lo entendemos podemos tener un impacto comercial y operativo fuerte”.
Cybulka detalló que la sustentabilidad “se convirtió en una definición mucho más compleja” que la inocuidad, ya que esta última tiene que ver con un atributo físico. “Tomás un producto, vas a un laboratorio, lo analizas y es blanco o negro, pero la sustentabilidad es intangible”, explicó.
Llegó el momento
El integrante de Control Union dijo que “al final llegó el momento” de las certificaciones. Recordó que hace 15 o 20 años atrás, cuando venían requisitos internacionales hablando de la inocuidad de la mercadería, solicitando información sobre cómo se producía la carne, los granos, “nos hablaban de eso y no lo terminábamos de entender”.
Agregó que “hoy hay un abanico de requisitos enorme, y eso significa que el consumidor asiático, europeo, estadounidense, necesita saber qué consume. Y eso va desde la producción primaria hasta el producto puesto en el supermercado. Que no haya habido deforestación, cómo trabajamos la tierra, qué huella de carbono tenemos, no solo la inocuidad. Es algo mucho más complejo, pero si uno entiende cómo trabaja y cómo se conecta la cadena, hay muchas oportunidades comerciales”.
También confirmó que actualmente estos temas “ya están en la agenda de China”. Señaló que “el europeo es el que marca esa agenda dura en regulaciones. Como es un mercado con buen poder adquisitivo está dispuesto a pagar un poco más por el valor agregado de estos productos. El estadounidense, si bien tiene otra cultura, también lo hace, con otras reglas, a veces más laxas y otras más exigentes, dependiendo del producto”.
Si bien se piensa que Asia es un mercado menos exigente, “ya no es así”, aseguró. “Tengo dos agendas importantes, en abril y en mayo, en Tailandia y en Indonesia. Allí se toma como base al modelo europeo y norteamericano. Esto tendrá una evolución natural, en términos de qué se exige, cómo se exige y cómo se paga, es parte de un contrato comercial, pero hoy está en la agenda”, confirmó.
“Nos dicen que necesitan entender cómo fue la transición, desde el origen, desde la producción de carne o grano, cómo evolucionaron los requisitos de los países. Y por otra parte miran el aspecto regulatorio, cómo pasaron de 0 a 100 en la exigencia, y están tomando esos ejemplos”, insistió.
Además, señaló que esos países “tienen la ventaja de ver cómo evolucionaron estos temas en los últimos 10 o 15 años, qué se hizo bien, qué se hizo mal, pero lo pusieron en su agenda. Piden que el origen de la materia prima sea de campos que no fueron deforestados, qué huella de carbono tiene el producto y sus atributos”.
En ese sentido, afirmó que “Uruguay tiene una gran ventaja comparativa para trasladar la información en la cadena, desde la producción primaria hasta el producto final, y eso implica desarrollar la definición de trazabilidad. Es muy importante generar ese contexto para que eso suceda”.
Contexto favorable para Uruguay
Cybulka opinó que “Uruguay está en un contexto muy favorable en términos geopolíticos, con las prácticas que ya se desarrollan en el país y las costumbres propias de las cadenas. Cuenta con buena investigación y con muy buenas prácticas del productor primario”.
Consideró que “la parte más débil tiene que ver con animarse a buscar mercados, a encontrar ese valor y salir a ser oferta antes de que aparezca la demanda”.
Analizó que “en los últimos dos años Uruguay empezó a ser una alternativa, porque hubo actores que se animaron a preguntarse: ¿qué pasa si esto se genera en Uruguay?, o ¿qué pasa si formo parte desde Uruguay en un flujo comercial de una cadena más compleja o más larga que intervenga en varios países?”.
Dijo que “un ejemplo es la recolección de los aceites usados, el residuo de la industria uruguaya. Ese es hoy un mercado internacional enorme, porque el mundo busca que todos los residuos o el impacto ambiental que se pueda generar por los deshechos que vuelvan a ser parte de esa cadena y entremos en combustibles de aviación, en una cadena mucho más compleja, que tiene que ver con los combustibles que consumimos, las materias primas que utilizamos”.
Coordinación público-privada
Cybulka afirmó que “cuando los sectores público y privado entienden que son parte del mismo país y del mismo ecosistema comercial las cosas suceden, en términos de facilitarle la vida al productor, a que se comercialice mejor y que los procesos fluyan”.
Explicó que “esto tiene que ver con la regulación, qué documentación se utiliza, qué se registra y para qué, qué es obligatorio y qué es voluntario. Cuando entregamos un producto, ya sea más o menos elaborado, qué información contiene ese producto”.
El ejecutivo confirmó que en estos temas “el que pega primero siempre va a tener una ventaja, va a poder aprovechar comercialmente, porque es el que decide hacer el esfuerzo y puede cometer errores”.
Agregó que esa decisión “tiene una doble vara”, porque “tiene la chance de captar oportunidades comerciales importantes, pero también hay que ser consciente del sobrecosto que puede significar un cambio en el producto o en el proceso, y eso no debe afectar el negocio”.
También aclaró que “si algo no es económicamente viable no es sustentable”. Dijo que “generalmente es un concepto que lo asociamos con las buenas prácticas, de que es algo amigable con el ambiente y la sociedad, pero la parte económica es clave”. A la vez reconoció que “la otra cara de la moneda es que en el transcurso del tiempo pasa a ser una condición que quita margen comercial”.
De todos modos, afirmó que “si el sector privado y el público hacemos las cosas bien, esos costos que en principio pueden ser más elevados, tienden a bajar, porque se los ayuda con el ecosistema completo”.
Hay tantos sellos como productos
El director para el Cono Sur del área de certificaciones de Control Union dijo que “hay tantos sellos como productos se te ocurran a nivel mundial. En mi agenda manejamos 300 programas de certificación. Obviamente que depende del país, del producto y subproducto de la industria que estemos tratando. Hoy en día hay sellos que se ajustan hasta a un eslabón particular de la cadena, pero si vamos a hablar de la agenda particular de Uruguay y la región, en ganadería, soja, maíz o canola, no hay tantos esquemas”.
Destacó a RTRS, que “es un esquema propio de la producción de soja sostenible a nivel global, que vino para quitarle la demonización”. Recordó que “desde hace muchos años atrás la soja, o la palma en el mercado asiático, son los grandes responsables de la deforestación, y este protocolo permite demostrar que eso no es así, o al menos evita que así sea”.
Y en términos más amplios, no solo de soja, destacó la plataforma de SAI, que “toca un montón de aspectos de sustentabilidad, que son los que marcan la agenda”.
Pero también señaló que “hay una agenda paralela, que tiene que ver con iniciativas propias de las compañías. Hay multinacionales que son mercados per sé, y son tan grandes como un país. Cuando los protocolos no se ajustan estas compañías desarrollan un esquema propio, progresivo, que hace que se logren estos requerimientos, tanto en mercados de destino, como políticas propias, que también se ajustan al país”.
Cybulka también planteó que “muchas veces se comete el error de bajar un protocolo, con una vara muy alta, que está pensado y escrito para la realidad de un país completamente distinto al nuestro. No es lo mismo la realidad de Uruguay, que la de Paraguay, Brasil o Nicaragua”.
“Los esquemas que mencioné son los que han marcado la agenda internacional. Estos esquemas, y los privados, están tratando de imponernos –en el buen sentido– la base mínima de requerimientos que los mercados y la cadena necesita cumplir: no deforestar, entender cuáles son nuestras emisiones, en términos prácticos y de la cadena. El tema del carbono está en una curva críticamente ascendente, es algo que se va a terminar de entender en los próximos años”, afirmó.
Después dijo que “hay algo que está mucho más trillado, donde hay una franja que fluctúa muchísimo, que tiene que ver con las buenas prácticas agrícolas y el impacto social que esto tiene, no solo en el productor o en el trabajador sino en la sociedad”.
Señaló que “ahí hay un abanico más, que fluctúa, porque hay aspectos que se exigen grados muchos más altos y otros a niveles básicos, como el cumplimiento legal del país; parece absurdo, pero simplemente se requiere que cumplamos con la legislación local. Esa es la línea base que se exige hoy en el mundo, no solo en Europa o Estados Unidos, sino también en el mercado asiático”.
Cultivos
El ejecutivo planteó que la cebada, la canola y la soja tienen buenas oportunidades. “Hay que ver con qué trazabilidad contamos en movimiento de puertos, pero hay mercados totalmente distintos, donde Uruguay está creciendo y tiene oportunidades”, dijo.
Específicamente sobre soja, señaló que hay dos caminos. “Uno es la certificación sobre el productor, ese sello tiene hoy una demanda internacional fuerte, por el consumo de alimento animal. De hecho la producción de Uruguay forma parte de una cadena, y la industria puede estar en cualquier lugar del mundo, pero se puede integrar la cadena, y eso exige trazabilidad y que tenga ese tipo de requisitos cumplidos”, describió en relación al primer camino.
El otro es “un esquema que debemos considerar, que no es menor. Las grandes compañías productoras y comercializadoras de soja y todos los productos que se les ocurra, empezando por el poroto, tiene una política internacional que tenemos que cumplir. Es indistinto si termina en China, Holanda o en Estados Unidos”.
Dijo que “hoy las compañías que mueven productos tienen compromisos al 2025, al 2030, y piden que el origen esté controlado. Que no haya deforestación, que haya trazabilidad. Hoy el consumidor necesita saber si el producto que tiene en sus manos tiene componentes de Brasil, India o de cualquier otro país. Eso es georeferencia”.
“Y después quiere saber el camino que recorrió el producto. Uruguay tiene un contexto muy favorable, al no deforestar, como ocurre en el Chaco argentino o en el Amazonas brasileño. Ahí sí hay problemas y ahí es donde Uruguay se tiene que hacer fuerte”, dijo.
Cybulka consideró que “en granos hay que buscarle un poco más la vuelta, porque es algo totalmente implementable en Uruguay. La soja es la mejor punta de lanza, para lo bueno y para lo malo, siempre marcó exigencias y beneficios, pero atrás puede venir cualquier cultivo”.
Comentó que “a nivel global y para sorpresa de muchos, el arroz entró en esta conversación. FSA SAI es una mesa donde se sentaron las 100 compañías más importantes del mundo a entender cómo hacen para pedir todos lo mismo, teniendo productos totalmente distintos. Para que todos le exijan lo mismo a sus proveedores. En el arroz se tomó como prioritario esto”.
Informó que “el mercado asiático está desarrollando protocolos específicos sobre sustentabilidad”, y que “Argentina y Paraguay están muy atentos a esto para dimensionar cuáles serán estas exigencias específicas para el arroz”. En ese sentido, planteó que “Uruguay tiene una buena oportunidad”.