A esta altura del año la demanda de servicios de drones agrícolas sigue “firme”, tras el cierre de la zafra de soja se hizo “raigrás y alguna colza sobre soja”, se continuó con “raigrás y algunas praderas”, y ahora empieza la aplicación de “herbicidas en campo natural”, dijo el director de Kelpie, Julio Nin, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en verdenews.com.uy.
Señaló que esas aplicaciones de herbicidas se realizan para “limpiar algunos bajos con hojas anchas o pajonales” para que pueda crecer el pasto y no aparezcan malezas.
En esta zafra la siembra de colza se hizo en “menor medida”, mientras que el año pasado que fue muy lluvioso en la zona centro se sembró “bastante colza” con drones, pero ahora ya que mejoraron las condiciones y se pudo ingresar con sembradoras a los campos, sostuvo.
Nin comentó que otro de los servicios que realizan en este momento es la aplicación de cebos para hormigas en plantaciones forestales en diferentes puntos.
Kelpie comenzó a operar hace poco menos de dos años, cuenta con drones y superó las 15.000 hectáreas trabajadas, en un contexto en el que el productor tiende a apostar cada vez más a esta tecnología.
En un comunicado público, la Federación Rural comparó la situación del agro uruguayo con la fábula de la rana hervida, advirtiendo que el sector se encuentra sumido en un problema estructural debido al atraso cambiario que afecta la competitividad desde hace tres años.
“La rana no salta del agua si la calentamos lentamente, y eso es lo que pasa con el campo frente a un dólar atrasado”, señala el texto, que pone el foco en una caída sistemática del tipo de cambio real que impacta con especial fuerza sobre los productores agropecuarios.
La gremial sostiene que, si bien hubo períodos de compensación, desde 2022 se quebró el patrón de corrección que históricamente ajustaba los desvíos del tipo de cambio, lo que genera un “atraso acumulado” que hoy afecta al corazón productivo del país.
Según la Federación Rural, en los últimos tres años los productores asumieron un sobrecosto estimado en US$ 1.000 millones, debido al manejo discrecional del tipo de cambio nominal. Esa cifra no incluye los incrementos de costos internos en dólares —como transporte, logística y tarifas portuarias— que agravan aún más la situación.
Como ejemplo, menciona el aumento de 13% en dólares de las tarifas del Puerto de Montevideo (agosto de 2023), que implicó mayores costos sin ningún tipo de compensación.
A su vez, la gremial calcula que el desvío cambiario significó un sobrecosto de aproximadamente US$ 180 por cabeza en el sector ganadero, considerando el desajuste acumulado y la pérdida del poder adquisitivo en moneda extranjera.
La situación se agrava con la baja en los precios internacionales de los productos exportables. En el caso de la soja, se indica que el precio descendió 28% entre enero de 2022 y junio de 2025, mientras que el índice dólar/UI cayó 22% en el mismo período. Esa doble pérdida representa un deterioro del 42% en términos reales para los productores.
El endeudamiento del sector ganadero también refleja este escenario: mientras entre 2014 y 2021 el promedio fue de US$ 670 millones, en los últimos tres años aumentó hasta superar los US$ 1.100 millones.
La Federación Rural reclama “una gestión más cuidadosa, predecible y transparente del mercado de cambios”, y exhorta a implementar políticas compensatorias y regulatorias que permitan preservar la competitividad y la sostenibilidad del sector.
“El daño será irreversible si no se actúa con rapidez”, concluye el documento, que busca instalar en la agenda pública un reclamo histórico del agro: corregir el tipo de cambio para sostener la producción y el empleo rural.
En un giro estratégico, la industria australiana de carne vacuna decidió abandonar su ambicioso objetivo de ser carbono neutral para 2030 (CN30), planteado en 2017. El cambio quedó plasmado en una actualización del plan “Red Meat 2030”, publicada por el Consejo Asesor de Carne Roja (RMAC), tras seis meses de consultas con actores del sector.
El nuevo enfoque reconoce que la neutralidad de carbono total para 2030 “no es alcanzable”, aunque reafirma el compromiso con la reducción de la intensidad de las emisiones por kilo de carne producida. Así lo expresó John McKillop, presidente del RMAC, al explicar que la revisión busca adaptarse al entorno cambiante y las prioridades productivas de los próximos cinco años.
Cambio de rumbo basado en evidencia científica
Según McKillop, desde 2019 hubo importantes avances en la comprensión de las emisiones ganaderas, especialmente las de origen biogénico como el metano. Este tipo de emisiones, propias de sistemas ganaderos estables, tienen un comportamiento muy distinto al de las provenientes de combustibles fósiles, pero son tratadas de forma similar en las métricas internacionales actuales.
Científicos como Myles Allen (Universidad de Oxford) y Frank Mitloehner (Universidad de California-Davis) advierten que los sistemas contables globales sobredimensionan el impacto del metano ganadero, y que la métrica de “neutralidad climática” es más apropiada que la de “carbono neutral” para fuentes biológicas.
En ese contexto, Adam Coffey, vicepresidente de Cattle Australia, indicó que seguir apuntando a CN30 implicaba mantener a la industria en una exigencia de cero emisiones netas en menos de cinco años, un objetivo que aún está lejos: se ha avanzado un 10% y resta un 90% para alcanzarlo, según los cálculos actuales. En cambio, bajo la medición de neutralidad climática, la ganadería australiana ya muestra avances: las emisiones netas del sector se redujeron en casi 78% respecto al nivel base de 2005, según un estudio del CSIRO.
Coffey calificó el anuncio como “un reinicio significativo”. “Nuestras ambiciones de reducción de emisiones no cambian, simplemente dejamos de perseguir una meta que es inalcanzable y envía un mensaje equivocado. Como productores de ganado a pasto, estamos cerca de la neutralidad climática, no contribuimos a un mayor calentamiento global”, afirmó.
Nuevas prioridades: productividad, rentabilidad y sostenibilidad
El plan Red Meat 2030 actualizado pone el foco en aumentar la productividad, reducir la intensidad de emisiones y mejorar el almacenamiento de carbono en el paisaje. También se compromete a realizar una auditoría de necesidades de capacitación para asegurar la fuerza laboral del futuro, y a diseñar estrategias de acceso a mercados regionales.
Entre las acciones ya en marcha, se destacan:
Investigación en genética de animales con menor emisión de metano.
Estudios sobre captura de carbono en suelos bajo pasturas.
Desarrollo de aditivos alimenticios para reducir emisiones.
Capacitación a productores mediante talleres, calculadoras y módulos online.
Inversión en energías limpias y tecnologías más eficientes.
McKillop resaltó que, pese al cambio de rumbo climático, la industria tuvo un desempeño récord. Solo en 2024, Australia exportó más de US$ 20.000 millones en carne vacuna y ganado, posicionándose como segundo exportador mundial de carne bovina y primero en carne ovina y caprina.
“El plan ahora se orienta a duplicar el valor de las ventas, priorizando la rentabilidad más que el volumen. Seguiremos construyendo sobre bases sólidas para mantener el liderazgo mundial en sostenibilidad y calidad”, concluyó.
En los próximos cinco años, el crecimiento de la demanda global de soja y maíz ya no estará liderado por China, sino por los mandatos crecientes de biocombustibles, según un informe de la consultora Veeries citado por The AgriBiz.
En el caso del biodiésel, en Brasil el aumento progresivo del porcentaje obligatorio de mezcla —que apunta a llegar al 20% en 2030— impulsará un fuerte crecimiento del consumo interno de aceite de soja. Según las proyecciones, la demanda de biodiésel pasará de 9.800 millones a 15.400 millones de litros en ese período. Esto implicará una demanda adicional equivalente a 63 millones de toneladas (Mt) de soja, con un crecimiento anual estimado de 9,6%.
A la par, se espera que la demanda de soja por parte de China crezca un 3% anual en el mismo período, lo que se traduciría en unos 20 millones de toneladas adicionales. Sin embargo, esa expansión quedaría por debajo del empuje generado por las políticas de biocombustibles.
El etanol, particularmente el elaborado a partir de maíz, también jugará un rol clave. Se estima que el nivel de mezcla en Brasil se incrementará del 27% al 30%, lo que llevará el consumo total de etanol de 38.000 millones a 48.000 millones de litros. Dentro de ese volumen, el etanol de maíz crecería de 9.000 a 16.000 millones de litros, generando una demanda adicional de 38 Mt de maíz, con una tasa de crecimiento anual del 12%.
Este auge en la producción de biocombustibles plantea nuevos desafíos para la cadena, en especial por el aumento en la generación de subproductos como harina de soja y DDGS (granos secos de destilería). Según Veeries, será necesario encontrar destino para unas 12 Mt adicionales de harina para evitar un desbalance de mercado.
También será clave ampliar la capacidad logística e industrial. En Brasil, se estima que las exportaciones de granos podrían crecer en 50 Mt adicionales en cinco años, alcanzando las 225 Mt, lo que requerirá inversiones en transporte, almacenamiento y puertos.
Además, se proyecta la necesidad de construir unas 20 nuevas plantas procesadoras de soja, 15 de biodiésel y 20 de etanol, junto con una expansión del área agrícola en 9,5 millones de hectáreas y una inyección de al menos R$ 40.000 millones en financiamiento rural.
Este nuevo escenario confirma que los biocombustibles dejaron de ser actores secundarios para convertirse en el principal motor de crecimiento del complejo agrícola brasileño. A medida que avanzan las metas de mezcla obligatoria en Brasil (B15 y B20 para biodiésel, E30 para etanol), el mercado interno cobra cada vez más protagonismo como factor clave en el futuro de los commodities agrícolas.
La Comisión de Promoción y Defensa de la Competencia (Coprodec), del Ministerio de Economía y Finanzas, resolvió pasar a segunda fase la evaluación de la concentración económica entre ATHN Foods Holdings S.A.U. (grupo Minerva) y Marfrig Global Foods S.A., tras identificar posibles riesgos para la competencia en el mercado de la carne vacuna en Uruguay.
La operación, presentada en febrero de 2025, involucra la adquisición del 100% de las acciones de Establecimientos Colonia S.A., Inaler S.A. y Presctott International S.A., tres frigoríficos actualmente propiedad de Marfrig. Como parte del proceso, se propuso un “remedio estructural” mediante el cual Minerva vendería Establecimientos Colonia a un nuevo operador. En forma subsidiaria, Minerva se compromete a vender la planta de San José a un tercero en un plazo máximo de 24 meses luego de concretada la operación.
Sin embargo, el análisis técnico advierte posibles efectos negativos en la competencia, como un aumento del poder de compra de ganado, la consolidación de una posición dominante en el mercado, y distorsiones en precios, inversiones y acceso a canales de comercialización. Se señala además que más del 70% de la faena nacional quedaría concentrada en un pequeño grupo de agentes económicos.
Uno de los puntos clave es la necesidad de evaluar si el operador propuesto para asumir Establecimientos Colonia, identificado como Asim Allana, cuenta con las capacidades operativas, comerciales y financieras necesarias para competir de forma efectiva en el largo plazo. También se revisará la independencia de este grupo respecto a Minerva y Marfrig, para garantizar que efectivamente se actúe como un actor nuevo y competitivo.
El análisis considera además dos mercados relevantes: el de ganado bovino destinado a faena y el destinado a exportación en pie. En ambos casos, la concentración podría alterar las condiciones actuales de competencia.
Coprodec también resolvió dar vista de las actuaciones a distintos organismos públicos y actores del sector, entre ellos el Ministerio de Ganadería, la Asociación Rural del Uruguay, la Federación Rural, la Asociación de Consignatarios de Ganado y gremiales de la industria cárnica, para incorporar sus opiniones al análisis.
En la semana del 15 al 21 de junio de 2025, Uruguay exportó 4.741 toneladas de carne vacuna en peso canal, con un precio promedio de US$ 5.286 por tonelada, según datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC). El volumen fue menor al de la semana anterior (5.641 toneladas), pero el precio promedio volvió a superar los US$ 5.200, consolidando uno de los niveles más altos del año.
Con estos nuevos datos, las exportaciones acumuladas en 2025 totalizan 252.536 toneladas, lo que representa un aumento de 5,1% respecto al mismo período del año anterior. En términos de ingresos, se alcanzaron US$ 1.216,9 millones, con una mejora interanual de 24,6%. El precio promedio acumulado es de US$ 4.819 por tonelada, frente a los US$ 4.062 de 2024, lo que implica una suba de 18,6%.
Estados Unidos se mantiene como el principal destino de la carne vacuna uruguaya. En lo que va del año, ese mercado importó 95.516 toneladas, un 33,9% más que en igual período de 2024, generando ingresos por US$ 501,1 millones (+58,2%). El precio promedio por tonelada fue de US$ 5.248, frente a los US$ 4.441 del año anterior (+18,2%).
China continúa cediendo participación. Las exportaciones hacia ese país suman 82.212 toneladas, con una caída interanual de 12,7%. Sin embargo, el precio promedio subió de US$ 4.209 a US$ 4.840 por tonelada (+15%), lo que moderó la baja de ingresos, que se redujeron apenas 1,5%, hasta US$ 397,9 millones.
La Unión Europea (UE-27) aumentó sus compras en un 41,5%, con un total de 32.597 toneladas, por las que pagó US$ 275,4 millones, lo que representa un crecimiento de 56,8%. El precio promedio se ubicó en US$ 8.447 por tonelada, frente a los US$ 7.627 del año anterior (+10,7%).
Israel recibió 7.970 toneladas, un 32,5% menos que en el mismo período de 2024. No obstante, los ingresos sumaron US$ 51,7 millones, con una caída de solo 7,2%, gracias a un precio promedio de US$ 6.489 por tonelada, frente a los US$ 4.715 del año pasado (+37,7%).
Japón, por su parte, importó 4.684 toneladas de carne vacuna uruguaya en lo que va del año, lo que representa un aumento de 7,3% frente a 2024. Los ingresos totalizaron US$ 33,6 millones, con una suba interanual de 12,6%, y el precio promedio se ubicó en US$ 7.172 por tonelada.
Para analizar la demanda de granos en el ciclo 2025/26 hay que dividir en dos etapas: una primera vinculada a un eventual “mundo más ordenado”, en el que se arregla el conflicto en Medio Oriente y la guerra entre Rusia y Ucrania, lo que supondría una demanda “sostenida”, que crece más que la oferta, dijo el director de Nóvitas, Diego de la Puente, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en verdenews.com.uy, en el marco del simposio de Maíz de Yalfín y NK Semillas.
Señaló que “si el mundo está más complicado es probable que la demanda no crezca en el dato anual pero sí que se acelere en algún momento, como sucedió en la pandemia” del Covid.
Si estos conflictos escalan, “muchos países que son netamente importadores que están en el norte de África, en el Medio Oriente y en el Sudeste Asiático, van a preferir tener la mercadería en puerto de destino que en puerto de origen”, sostuvo.
Avizoró que “la demanda puede ser la misma, pero no con la misma velocidad de compra”, lo que “puede tener impactos” en el mercado de granos.
Esos impactos varían para los tres principales granos, como por ejemplo en el caso del trigo norte de África y Medio Oriente son “muy fuertes” y después está lo que es soja, harina de soja y maíz en el Sudeste Asiático, comentó.
De la Puente aludió a lo que pasó en los últimos días con una “fuerte reacción” en el precio del trigo, algo que no sucedió en maíz y en soja, y “ahora hay una fuerte reacción negativa en el trigo porque supuestamente hay un cese al fuego” entre Israel e Irán.
Esta es una campaña en la que “cambia” la situación, y “la soja tuvo para la campaña 2024/25 un escenario bajista pero no tiene el mismo panorama para la 2025/26”, afirmó el director de Nóvitas, en alusión a una expectativa más optimista.
El precio de la soja, en términos reales, está entre los más bajos de la historia, entonces en ese contexto le costaría bajar, dijo.