Jornada de PGG Wrightson mostrará el potencial de las pasturas para aumentar la producción ganadera

By Ruben Silvera,

En el establecimiento Montegrande, en la zona de zanja honda, cerca de la ciudad de Rodríguez, en el departamento de San José, se realizará la jornada de pasturas de PGG Wrighston Seeds el próximos jueves 28 de octubre.

El tambo tiene “40 años de historia”, se fue “ajustando a los requerimientos” técnicos y actualmente cuenta con 450 vacas en ordeñe en un predio de unas 140 hectáreas, dijo el titular de ese establecimiento lechero, José Torterolo, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y revistaverde.com.uy.

Comentó que la productividad del predio es de 15.000 a 16.000 litros de leche por hectárea, tras un “crecimiento constante” en el manejo del pasto y los animales, algo que requirió “muchos años para afinar” el sistema. “Todavía se puede superar un poco más” ese nivel de producción, afirmó.

Torterolo se refirió a la importancia de “acompañar el proceso de parición con la producción de pasto”, y en años secos tener la menor cantidad de vacas en ordeñe. “Hay que tener un manejo financiero” como “plan de contingencia” para comprar alimentación para las vacas, señaló.

Indicó que el 60% de la dieta de las vacas es pasto en cosecha directa, otro 15% son reservas y se suma un 25% de concentrados, “esa es la distribución que tiene la alimentación del rodeo lechero”. En este momento “se están consumiendo directamente 9.000 kilos de pasto directo con la vaca, eso nos marca que estamos produciendo 12.000 kilos de pasto”, acotó.

Adelantó que en la jornada se podrá ver el manejo de las mismas, desde la implantación, la fertilización hasta el manejo herbicidas, como también el tipo de pastoreo.

El slogan de la jornada es: El pasto adelante de la vaca, “por lo cual hay que brindarle todas las condiciones para expresar el potencial, porque no podemos tirar una semilla sino está todo ajustado para que produzca lo que tiene que producir. Sino es como comprar una ferrari y echarle kerosen”.

Tips para el evento

La edición 2021 de Pasturas será el 28 de octubre desde las 8:30hs, en el establecimiento de José Torterolo, sobre la ruta 11 cerca de la ciudad Rodríguez (San José) y en formato presencial.

¿La inscripción tiene costo? No. Se trata de un evento gratuito.
¿La inscripción es obligatoria? Sí. La inscripción es obligatoria por protocolo sanitario y será con cupos limitados.
¿Hay algún requisito sanitario para participar? Sí. Se vuelve al campo y se busca hacerlo de forma ordenada y segura. Para ingresar se solicitará certificado de vacunación (con 14 días desde la segunda dosis). Una semana antes del evento enviaremos el protocolo sanitario a los inscriptos.

Escuche a José Torterolo

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El proyecto Ferrocarril Central permitirá trasladar un 50% más de carga y descomprimir la ruta 5, dijo Falero

By Ruben Silvera,

El ministro de Transporte y Obras Públicas, José Luis Falero, visitó la planta de soldadura de los rieles del proyecto Ferrocarril Central, ubicada en el departamento de Florida, donde se lleva efectuado el 47% de la producción definitiva.

Allí señaló que se espera culminar la vía hasta la planta de UPM a mediados de 2023, lo que permitirá trasladar un 50% más de carga y descomprimir el flujo actual de la ruta 5, dijo.

Falero consideró que esta obra tendrá un impacto en el desarrollo y la perspectiva del Uruguay. Explicó que, gracias al ferrocarril, se trasladará un 50% más de carga, lo que descomprimirá la red vial de la ruta 5, que está saturada. De todas formas, recordó, se trabaja en la futura doble vía de esa carretera, en el tramo que une Canelones y Durazno.

Acompañaron a Falero en la recorrida el subsecretario de la cartera, Juan José Olaizola, el intendente de Florida, Guillermo López, y otras autoridades del ministerio.

Falero destacó la calidad de los materiales utilizados para la construcción de la nueva infraestructura del Ferrocarril Central y de la maquinaria de primer nivel, que no se consigue en Uruguay o no hay disponibilidad suficiente de ella. Al finalizar la obra, esta herramienta permanecerá en el país, a fin de garantizar el mantenimiento de la nueva vía férrea.

Fuente: Presidencia

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ADP Zone planteó propuestas de valor y cambios para mejorar los rindes y la eficiencia productiva

By Ruben Silvera,

La 7a edición de ADP Zone, realizada el jueves 14 en la sede de la Agropecuaria de Dolores, retomó la participación del público y al mismo tiempo permitió el seguimiento de la misma en forma virtual.

El objetivo fue plantear “propuestas de valor” y de “cambios hacia adelante”, usando “información histórica de la empresa que es cada vez robusta”, dijo el director de Agronegocios del Plata (ADP), Marcos Guigou, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y revistaverde.com.uy.

Comentó que la idea es proponer decisiones que no necesariamente implican incrementar los costos, sino recurrir al manejo agronómico para encontrar soluciones a los desafíos de malezas, la productividad o la secuencia de cultivos.

Una de las charlas destacadas en ese evento fue la del consultor privado y docente de la Facultad de Agronomía, Sebastián Mazzilli, quien mostró que se bajó un 30% el uso de herbicidas en el peor escenario moviendo algunos jugadores y seleccionando mejores decisiones.

Acotó que en ese caso se observó que había desde US$ 30 y hasta US$ 100 de inversión por hectárea en herbicidas y “eso nos hizo pensar que no podíamos gastar más en productos químicos que en fertilizantes”. Esas cosas “se resuelven con el uso de la agronomía a fondo”, enfatizó.

Dijo que poner la colza en el sistema de cultivos favorece la sanidad del suelo y repercutió en la productividad de la soja de segunda y también del trigo siguiente. “Ahora nos está pasando algo similar con el maíz de segunda”.

Esos movimientos “se fueron dando para mejorar los rindes en soja”, hoy se observa que la soja sembrada luego de maíz de segunda, “rinde un 15% más, esto se logra en un año bueno pero también en los complejos”.

Indicó que el maíz es cultivo que se utiliza cada vez más en la producción, “con lo cual podemos llegar a tener en los próximos años la mitad del área de segunda con maíz y toda la soja que venga después tendrá más rinde”.

Con esas medidas de manejo y otras como en el encalado que no dependen de insumos importados, “podemos mejorar la productividad del cultivo de soja que está por debajo de los rindes de EE.UU. o Brasil”, señaló.

Otro tema es el del uso de la genética, “hoy hacemos una soja defensiva y no ponemos lo máximo genética en las áreas de alta productividad, que son muchas. Ese manejo con una rotación correcta nos permitiría levantar los promedios”, recalcó.

Planteó que en varios cultivos como cebada, trigo y maíz, “al ver el monitor de rendimiento en plena cosecha se observan picos de rindes muy altos y despegados del promedio, pero eso en soja no se ve”.

Escuche a Marcos Guigou

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Fucrea dio el puntapié inicial para medir indicadores ambientales en el agro

By Ruben Silvera,

Con el objetivo de medir los impactos de la actividad agropecuaria en el medio ambiente, a partir de una encuesta entre productores, la Federación de Grupos Crea (Fucrea) organizó el lunes 18 y el martes 19 un Simposio sobre

Gestión del Ambiente y la Producción: Medir para Mejorar. Agua, suelo, biodiversidad y atmósfera fueron algunos de los temas aborados y en los que se deben basar los indicadores, señaló el coordinador de Fucrea, Martín Aguirrezabala, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y revistaverde.com.uy.

Destacó que el evento “dejó una cantidad de certezas” en cuanto a diversos asuntos vinculados al agro y su incidencia en el uso del agua, de los suelos, entre otros aspectos.

Además de “la necesidad de seguir profundizando en los análisis de los indicadores ambientales” a desarrollar, comentó. Acotó que el inicio de este tipo de talleres representa un primer paso en ese sentido.

Planteó que hoy en la producción agrícola podría ser posible elaborar esos indicadores, que luego se aplicarían igualmente a la producción lechera, la ganadería y otras.

Respecto a los resultados económicos y productivos de los productores de Fucrea, el coordinador adelantó que el análisis abarca un período amplio de un ejercicio no solamente el momento del precio del novillo a más de US$ 4 por kilo. El resultado ganadero será algo similar al del año anterior, dijo.

En otros rubros también se notará la situación de mejora, como por ejemplo en la agricultura donde impactó el resultado positivo de los de los cultivos de invierno y el precio de los granos, como la soja y el maíz, valoró.

Escuche a Martín Aguirrezabala

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“Hay que sacar la política de adentro de las distintas instituciones agropecuarias”, dijo Vázquez Platero

By Ruben Silvera,

Entrevista con Roberto Vázquez Platero, consultor privado, exministro de Ganadería y expresidente del INAC, quien analizó la actualidad del sector y planteó el camino que se debería recorrer pensando en el futuro del país.

El exministro de Ganadería, Agricultura y Pesca y expresidente del Instituto Nacional de Carnes (INAC), Roberto Vázquez Platero, analizó el inicio de la actual gestión de ambas instituciones, además de hacer foco en el resto de la institucionalidad agropecuaria, con una mirada crítica y planteando el camino que se debería recorrer. En esta entrevista con VERDE, el actual consultor privado, planteó qué debe hacer Uruguay para posicionar su carne con diferenciación en los mercados de alto valor, y dejó varias frases polémicas. 

Vázquez Platero enfatizó que los institutos deben tener una menor participación pública, y que deben ser dirigidos por productores que hayan demostrado capacidad para hacerlo, lo que no quiere decir dejarlos en manos de las gremiales, explicó. En ese sentido, puso como ejemplos los organismos cárnicos de Australia, Estados Unidos y Nueva Zelanda; y a nivel local destacó el funcionamiento de FUCREA. 

¿Qué lectura hace del cambio de ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca?

Conozco mucho mejor a Fernando Mattos que a (Carlos María) Uriarte. Con Fernando estuve varios años en la junta del INAC. Sé cómo piensa, sé que si puede llevar adelante las ideas en las que cree, las cosas van a andar muy bien. También creo que es importante que haya cambios, porque el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) no ha encarado cambios importantes. Por supuesto que hay que enmarcarlo dentro de esta pandemia que es complicada. Pero creo que es importante llevar adelante algunas reformas, sobre todo cuando venimos de 15 años de gobierno del Frente Amplio, cuando no se hicieron una cantidad de cosas que se tendrían que haber hecho y las que se hicieron fueron malas. A pesar de eso los resultados fueron buenos, mientras los precios de los productos del campo fueron buenos. En los últimos años, a nivel de país, no solo en el sector agropecuario, se complicó mucho la situación económica, las tasas de crecimiento fueron muy bajas, o sea que la economía llegó a la pandemia en una situación muy frágil y es necesario encarar una nueva etapa. 

¿Qué análisis hace de esos 15 años pensando en el sector agropecuario?

Uno tiene que ver al país en su conjunto. Fueron años en los que el gobierno gastó exageradamente, se endeudó e invirtió mal. Sobran los ejemplos de inversiones inútiles y no se hicieron las inversiones que hubieran servido al sector agropecuario. El gobierno de las instituciones fue muy pobre a pesar de la abundancia de recursos y los cambios de políticas fueron en general en la dirección equivocada. Estuvimos muy cerca de que se interviniera en los mercados de haciendas y carnes. Los mercados tuvieron precios extraordinariamente buenos, sobre todo hasta el 2012 o 2013, y al amparo de esa bondad se hicieron grandes disparates, como por ejemplo una ley de biocombustibles, que votaron todos los partidos alegremente y hoy estamos pagando las consecuencias. En lo que refiere al acceso a mercados, el país estuvo paralizado mientras nuestros competidores hacían acuerdos de libre comercio que les permitían cobrar mucho más por sus productos. No hay nada que uno pueda rescatar como cambios muy positivos de esos 15 años. Entonces, hoy uno mira para adelante y dice: ¿Hacia dónde estamos yendo? ¿Vamos a seguir en lo mismo? Uno espera cambios importantes y creo que Uriarte tuvo un período muy complicado con la pandemia. Fernando es un hombre que tiene las ideas muy claras.

¿Falta un plan para el agro?

No creo que sea cuestiones de planes; hay que mirar a futuro. No se puede gobernar esperando que los productores nos digan lo que hay que hacer. Mirar el futuro quiere decir mirar el país para adelante y construir cosas que  sirvan más allá de la coyuntura. Siempre traté de hacer las cosas mirando al futuro. La Ley Forestal, normalmente se dice que es una política  de Estado. Lo que no se dice es que la forestación en 1985 en este país era caótica, que después de veinte años con varias leyes se plantaban 2 o 3 mil hectáreas por año y había 170.000 hectáreas forestadas de pobre calidad maderera. No había madera ni para cubrir la demanda interna. En seis meses hicimos una ley, que entró al Parlamento en noviembre de 1985, mediante la cual se crearon los estímulos que permitieron la transformación del sector y llegó a ser el que todos hoy conocemos. Hubo técnicos que nos mostraron un camino, nos mostraron una situación muy mala en la forestación nacional, pero había buenas perspectivas y posibilidades. Hicimos una ley y un plan de créditos acorde a la forestación, y las cosas anduvieron bien. En materia ganadera, y con el invalorable apoyo y conocimiento del doctor Carlos Correa, decidimos que este país tenía que erradicar la fiebre aftosa. Se inició un plan de erradicación y a los cinco años Uruguay no tenía más focos, después de haber pasado por años con 300 y 400 focos. Y como esas tantas otras cosas. Ahora tenemos que mirar para adelante. El mundo del 2020 no es el mundo del 2000. Entonces, tenemos que mirar en carne, en lácteos, en granos, en frutas, lo que el mundo está consumiendo y ver los cambios de actitudes y comportamientos que esperamos para el futuro. Hoy miro el mundo de la carne y digo: Uruguay está bien en la situación de hoy, pero es una situación en la que seguimos dependiendo mucho de China, Europa y Estados Unidos. ¿Tenemos una estrategia clara? ¿Hacia dónde vamos si mañana nos falta alguna de esas patas? No tenemos la respuesta. En el mundo se está desarrollando y poniendo foco en lo sostenible, en la ganadería sostenible. Australia, está al lado de China, pero no es su principal mercado; es el nuestro que nos queda a miles de kilómetros. 

Australia se propuso el desafío de que en 10 años su carne sea carbono neutro. ¿Cree que en Uruguay tenemos una línea clara en ese sentido?

Vi hace poco que empezamos a medir, lo que Australia comenzó a realizar hace 10 años. Por ahora no creo que los consumidores dejen de comer carne por cuestiones ambientales. Pero sí observo que los supermercados como Ahold, Tesco o Costco, los grandes abastecedores y vendedores de alimentos en el mundo, empresas como Nestlé, Danone y Unilever, tienen una gran preocupación por la sostenibilidad. Eso nos tiene que hacer reflexionar. Hay supermercados que tienen prohibida la venta de carne de Brasil, por problemas de deforestación. Esas son pequeñas puntas que hay que empezar a mirar. Y además, veo que competidores nuestros, como Australia y Nueva Zelanda, ya hace 10 años que están trabajando en el tema. Lo primero que hay que hacer es medir esa huella de carbono. Ya lo tendríamos que tener, porque además no le faltaron recursos a nuestros organismos vinculados al agro. Tendríamos que tener perfectamente bien medida la huella de carbono de nuestra ganadería, cuánto emiten y cuánto secuestran nuestros sistemas productivos.

¿Cómo ve las oportunidades y desafíos de la carne vacuna?

Primero miremos cómo hacen las cosas los que son líderes realmente, como Australia o Nueva Zelanda. Hace 50 años Argentina era el primer exportador y Australia el segundo. Cuando se creó la Unión Europea,  la Comunidad Económica en ese momento, Australia se quedó sin el Reino Unido que era su gran mercado, y tuvo que cambiar el rumbo. Estados Unidos empezaba a demandar carne y Australia fue su gran abastecedor. En ese momento tomaron gran fuerza los feedlots, lo que determinaba que el mercado de Estados Unidos iba a necesitar carnes magras, que los países de Oceanía abastecieron inmediatamente con carne de vaca. Pero después empezaron a descubrir oportunidades en Asia: Japón y Corea. Esos son sus principales mercados hasta hoy, a pesar de que tienen a China al lado. El cuarto mercado de Australia son los segmentos de alto valor de países asiáticos. Australia ya cambió su estrategia. Ya no es un tema de países, sino que cuenta con muy buen acceso a muchos mercados y en cada uno de ellos se posiciona y vende en el segmento de más alto valor, y su producto es destacado. Eso contrasta notablemente con lo que hace Uruguay, que vende siempre a los mismos mercados y segmentos. En el año 2000 había una cifra preocupante, Uruguay le estaba vendiendo el 75% de su carne a Estados Unidos. No es bueno tener tanta concentración en un solo mercado. A Estados Unidos siempre le vendimos carne congelada fundamentalmente, para industria. No era bueno aquello y no es bueno lo que está pasando con el actual esquema, porque si mañana tuviéramos un problema o producimos mucha más carne ¿a quién le exportamos? El gran desafío cuando uno produce más es seguir vendiendo a precios  altos. Entonces, miremos lo que hacen otros. 

¿Cómo inciden temas como la sostenibilidad o la calidad del producto en el posicionamiento de la carne uruguaya?

Hoy para la gente no es el factor clave, porque todavía no dejan de consumir por temas ambientales, pero sí hay una gran preocupación entre quienes compran la carne, de los supermercados, de las empresas vendedoras de alimentos, de los restaurantes. McDonald´s, por ejemplo, tiene una política especial en materia de sostenibilidad. En la demanda vemos que esos vendedores de carne, por distintos motivos se preocupan, y tienen una política de sostenibilidad cada vez más exigente. Algunos lo hacen como una estrategia de marketing; otros porque realmente están preocupados por el cambio climático y el futuro abastecimiento de materias primas; otros lo hacen porque notan que hay una preocupación a nivel consumidores, pero sea por lo que sea, la demanda está moviéndose en esa dirección. Es muy fácil encontrar estándares, protocolos y requerimientos. Con el tiempo vamos a ver que será cada vez más importante, no se va a desinflar. Por otro lado, nuestros competidores también se mueven. Australia hace 10 años que está trabajando en esto y hace unos cinco o seis años que tiene un marco, especialmente en el tema carne sostenible. Lo mismo en Nueva Zelanda. Creo que son temas en los que hay que trabajar seriamente. Nos hemos dejado estar. En los últimos 15 años no se hizo prácticamente nada importante. La trazabilidad que tenemos, implementada por un buen gobierno en el período 2000 a 2005, después de la aftosa, es un gran valor y absolutamente necesaria para cualquier tipo de diferenciación, incluida la sostenibilidad. Pero Uruguay tiene que desarrollar mucho más la capacidad de medir los impactos de nuestros sistemas de producción. Me imagino un futuro en el que siempre va a haber oportunidades de vender carne, por más que haya competencia, pero cuanto más la diferenciemos y adecuemos a lo que los consumidores quieren, mejor. Eso quiere decir que vamos a tener que medir los atributos propios de la carne y una cantidad de procesos vinculados al sistema de producción. Entre esos procesos está la huella de carbono y también la calidad de la carne. Tenemos que saber y comunicar con precisión cuán lejos o cuán cerca estamos de lo que el consumidor espera de nosotros.

Hay que acercarse más al consumidor para saber qué percepción tiene de nuestro producto.

Es absolutamente necesario conocer al consumidor en todos los mercados. Si queremos diferenciarnos, ese es un camino importante para recorrer en el futuro. Si queremos tener más valor por nuestra carne, ese es el camino que tenemos que recorrer. Es lo que hace Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, tratar de diferenciarse. Nosotros nos hemos diferenciado en alguna medida. Somos un país que tiene mucho mejor confianza, sobre todo a nivel de intermediarios y agentes comerciales. Uruguay se ha ganado la confianza en muchos mercados, pero ahora tiene que lograr que el consumidor, cuando come carne, sepa que está comiendo carne uruguaya, que la prefiera y la elija frente a otras. Ese es un camino en el que hay que trabajar mucho. Esa diferenciación de mercados, de cliente, termina con una valorización del producto. 

¿Entiende que se está trabajando para alcanzar ese objetivo?

Creo que se está trabajando poco y no con la fuerza que se debería trabajar. Hay que ver quién se ocupa de cada cosa en otros países. Creo que los que tienen que trabajar en esto son los productores, y ahí vamos al tema de las instituciones. Las instituciones en otros países son manejadas por los productores. Los frigoríficos se dedican a faenar, a veces son también exportadores, y otras veces son los exportadores y no los frigoríficos los que están más en contacto con el mercado. El rol del productor es muy importante porque nadie puede diferenciar algo si no hay una cadena armónicamente organizada, y el factor más importante es la producción.

Pero acá, en general, se espera que lo haga el gobierno.

No creo que sea el gobierno el que lo vaya a hacer. Veamos los casos de éxito, ¿cómo han evolucionado las instituciones en otras partes del mundo? Si miramos la evolución es bien clara. Primero eran organismos del Estado que fundamentalmente regulaban el comercio exterior; después empezaron a ser instituciones del Estado, pero no tan reguladoras sino que controlaban y promovían; y luego pasaron a ser instituciones de los propios productores, que son quienes tienen que hacer el gran trabajo. 

¿Usted ve a los productores de Uruguay con el esfuerzo y la tenacidad para encarar un proceso de estas características?

Hoy no los veo. Hay dos trabajos diferentes. Una cosa son las asociaciones de productores, que desarrollan la actividad gremial en defensa de los intereses del sector, cosa que hacen muy bien, pero que por su propia naturaleza atiende temas de coyuntura. Otro trabajo muy distinto es la  capacidad de organizar organismos para proyectar el futuro. Esto último en Uruguay no está ocurriendo. De hecho, hemos tenido en muchos casos organismos públicos y  paraestatales manejados por productores y no han funcionado muy bien. El hecho de ser productor no da garantías de que el organismo vaya a andar como uno quisiera que anduviera. Puede ser que haya productores que lo hagan muy bien y otros muy mal. Claramente a este tema no lo va a hacer el gobierno solo, ni los frigoríficos solos. El rol del productor es absolutamente esencial en este tema. Y el manejo de las instituciones agropecuarias por productores no nos ofrece las mejores garantías.

¿INAC es quien debe encarar ese trabajo?

INAC tiene un rol, pero hay cosas que van para atrás y para delante. No es bueno que la orientación institucional cambie con cada gobierno. En nuestra época tratamos de que fuera un organismo pequeño, muy concentrado y dirigido hacia el mercado externo, con mucha capacidad de investigar, conocer los mercados y transferir esa información hacia atrás en la cadena, ayudando a que los productores hagan su trabajo. Los últimos años no se han caracterizado por eso.  INAC se ha convertido en un organismo mucho más grande de lo que era, con una visión ideologizada de los mercados y una tendencia a trabajar en el mercado interno. No comparto la línea, y muchísimo menos comparto la línea de lo que se propuso en la Ley de Urgente Consideración en este gobierno. No podría estar más en desacuerdo con un organismo como INAC, que en vez de tener su prioridad puesta en mirar ese futuro, la sostenibilidad, cómo podemos valorizar mejor la carne, se dedique a controlar las carnicerías del interior. Es absolutamente incompatible una cosa con la otra. Tampoco estoy de acuerdo con la creación de nuevos organismos como el Instituto de la Granja y el Instituto de Bienestar Animal. Ni quienes los propusieron saben bien para qué los quieren. Agregan burocracia a una institucionalidad que ya tiene demasiada. 

¿Entonces INAC sería la institución para trabajar en la diferenciación de los productos, inteligencia de los mercados y demás?

Tiene que haber una institución que haga mucho en ese sentido, pero no necesariamente es el INAC como lo tenemos hoy. El Poder Ejecutivo nombra a un presidente, que un día va para un lado y al siguiente cambia el rumbo en cuestiones sustanciales. Hay que mirar al mundo. Los productores en otros países se sienten más dueños de los organismos. Hoy le sacaría a INAC todas las actividades de contralor que tiene y que no agregan mucho al trabajo de la cadena, derogaría los impuestos de aporte y transferiría a los productores la responsabilidad de financiar con sus propios recursos, gobernar y decidir qué organismo quieren proyectar hacia el futuro. No estoy seguro de que necesariamente la industria tenga que participar. La figura que tiene INAC hoy, con una ley que lo obliga a hacer cosas que desde mi punto de vista no son las que tiene que hacer, no es la mejor. Pero eso no quiere decir que no haya lugar para un organismo moderno y pequeño que sea capaz de crear valor para toda la cadena. Al analizar lo que ha logrado el MLA (instituto australiano de la carne y el ganado), el USMEF (Federación de Exportadores de Carne de Estados Unidos, por su sigla en inglés), resulta evidente que hay un trabajo a desarrollar y que un organismo con esas características debe existir. Esa es la gente que creó valor e hizo que por cada dólar que la cadena invirtió en investigación y promoción, el retorno se multiplique por siete u ocho. La línea evolutiva en el mundo ha ido en ese sentido, pero tiene que haber un compromiso muy fuerte para mirar hacia adelante y, en función de eso, tomar las mejores decisiones para la cadena; pero no lo hemos visto hasta el momento. El MLA es radicalmente diferente al INAC, porque es propiedad de los productores y el Beef & Lamb New Zealand es parecido. Esas cosas han evolucionado mucho en el mundo y tenemos que pensarlas. La política se ha metido demasiado. Además, hay cosas que son difíciles de entender, como lo que hizo este gobierno en apoyo de reclamos de nadie sabe quién. ¿De dónde sale la urgencia de que un organismo pase a controlar las carnicerías del interior? ¿Esa es la visión de futuro que tenemos de la carne en Uruguay? Tiene que haber organismos que se dediquen a controlar el abigeato, pero no se lo pidamos a INAC que lo haga, porque va a terminar haciendo muchas cosas y todo mal.

¿Cómo observa la discusión global entre la carne producida a corral y a pasto?

No tenemos que mirarlas como excluyentes una de otra. Cada una tiene su espacio de mercado y lo importante es aprovechar todas las oportunidades. En general la carne de corral es considerada de mayor calidad. En Uruguay nos estamos acostumbrando a comer carne de corral. La carne a pasto tiene otras características que determinados segmentos de consumidores prefieren, acá y en todo el mundo. No tiene por qué competir una con otra. Lo que tenemos que tener claro es que en algunos mercados vamos a vender carne a pasto y en otros de feedlot. ¿Qué pasa en otros países? Cuando le van a vender a Japón hacen un producto que está diseñado para ese mercado y tiene muchísimo grano, pero hay otros mercados donde el mismo país vende carne grass fed (a pasto). No hay una mejor que la otra. Hay consumidores  que se preocupan mucho por la grasa y quieren carne de pasto y a quienes no les importa. Tenemos que conocer hacia dónde van los consumidores, y que la cadena tenga la capacidad de responder a cualquiera de las alternativas. 

¿Cree que hay que reformular la institucionalidad agropecuaria?

Sí, definitivamente y para empezar hay que dejar de crear nuevas instituciones paraestatales y cerrar algunas que ya no cumplen ninguna función relevante. Tenemos muchas más de las que necesitamos. Lo primero que uno tiene que preguntarse cuando está frente a una institución es: ¿qué pasaría si esta institución no existe? Uno de los ejemplos más claros es el del Instituto Nacional de Colonización. ¿Para qué lo tenemos? Lamentablemente ha sido fuente de acomodos y entregas de campos para los amigos y políticos. Son cosas que tenemos que terminar. Después de eso tenemos que asegurar una buena calidad de gobierno y gestión de aquellas instituciones que si son necesarias, como es el caso del INIA. En 1985 la investigación y extensión eran  parte del MGAP. El Estado concentraba tres roles: decidía la estrategia, financiaba la investigación y realizaba en sus propias estaciones toda la investigación. Eso cambió, trabajamos en una ley basada en la separación de las tres funciones y, a partir de allí, se creó un organismo. Primero, la financiación no tenía por qué hacerla solo el Estado, entonces los productores empezaron a pagar un impuesto para financiarlo y una parte equivalente era aportada por el Estado. En segundo lugar, la parte estratégica no solo era del Estado sino también de los propios productores, que participaban en el gobierno institucional a través de la junta directiva, donde fui responsable de insistir que FUCREA la integrara. Y la investigación, no tenía por qué hacerse exclusivamente en las estaciones experimentales, sino que se le asignaron recursos al INIA para que financiara investigaciones de terceras instituciones, mejor capacitadas para investigar algunos temas. Ese fue el origen de los FPTA que apuntaban a la existencia de un sistema de investigación en lugar de un organismo aislado. El INIA también debe tener la mirada en la investigación a futuro. Hoy no estoy convencido de que se hayan hecho todas las cosas de la mejor manera, pero la única forma de saber es con evaluaciones para ver cómo funcionan los organismos. Creo que es importante que el INIA exista, por su cometido esencial de investigar y generar conocimiento. Y es importante la presencia del Estado, por la naturaleza de bienes públicos en muchos de sus productos. Pero debe tener prioridades bien definidas, mirando a los mercados para transferir conocimiento hacia las distintas cadenas productivas. Hay que pararse en el camino, mirar cómo anduvo el INIA desde hace 30 años, cuando contó con muy buen financiamiento y ver cuáles fueron los resultados. Recordemos que la revolución sojera vino más de afuera que de adentro. Y, además, las instituciones no pueden durar 100 años. El Instituto Nacional de Colonización fue creado en 1948. El INIA y el INAC fueron creados en los años 80. Hay muchas cosas para cambiar, pero lo importante es cambiarlo de una forma que nos aseguremos que el manejo quede en manos de gente capaz y con esa mirada profesional de futuro, de mirar hacia adelante, y que la institución se anticipe a los desafíos.

¿Y sacarle la participación política?

 Sí, sobre todo hay que sacar la política de adentro de las instituciones agropecuarias. 

¿Usted reclama un sector productivo mucho más pujante en todos estos temas?

Sí, pero eso no quiere decir gremiales. El ejemplo de FUCREA tendríamos que mirarlo con atención. Se trata de una institución de primera línea, creada, gobernada y gestionada por productores, que están muy comprometidos con el trabajo institucional; quizás puede ser el modelo para modernizar otras instituciones.

El gremialismo rural no asegura éxito en una gestión.

Exacto. El gremialismo rural no asegura el éxito de las instituciones. Tiene que ser un compromiso de productores, tiene que ir mucho más allá. No es darle las instituciones a las gremiales agropecuarias, porque con eso no vamos a ganar absolutamente nada. Porque en las gremiales puede haber gente formidable y gente que no sirva. Ahí está la clave. Pero el sector productivo tiene que tener mejor capacidad de elegir los líderes para estas instituciones, más que el sector político, porque muchas veces toma decisiones muy poco felices.

¿Y el gobierno qué rol jugaría?

El gobierno tiene que estar, naturalmente, porque muchas veces esto requiere de leyes, decretos o de alguna normativa, que cree el ámbito para que se trabaje. También es imprescindible que haya una coparticipación entre públicos y privados en el manejo institucional. Además, hay áreas que son claramente responsabilidad del Estado, como las negociaciones internacionales y muchas otras. Pero lo que tiene que haber es un gran compromiso. La clave es cómo conseguimos la gente que esté pensando en ese futuro. ¿Por qué hay países que lo logran y otros no? ¿Por qué el MLA en Australia tiene esa capacidad de tener un pensamiento estratégico hacia adelante? Porque ellos mismos invierten y tienen oficinas en los países donde quieren vender carne, porque son los que están preocupados por la sostenibilidad de la producción de carne. Si hay otros que lo hacen, también tenemos que poder hacerlo nosotros.

Y esa inversión da resultados.

Muchísimos. Los estudios que hay sobre la inversión de la promoción marcan que el resultado es formidable. 

Acá, en muchos casos, se ponen recursos pero no se miden resultados.

Así es, no tenemos mucha vocación de evaluar y analizar la relación costo-beneficio de lo que hacemos. Existe una inercia de seguir haciendo lo mismo sin saber si vamos bien o no.

¿Cómo ve a la agricultura uruguaya?

Creo que fue formidable lo que cambió la agricultura en Uruguay. Se ve un cambio extraordinario cuando se compara la agricultura de hace 20 años con la del presente. Hubo una gran transformación y fue mérito de los productores. Saben manejar sus campos, lo hacen muy bien. Lo que decíamos sobre las instituciones no aplica porteras adentro. Es un cambio irreversible y además necesario, porque los precios de la soja no van a ser siempre fantásticos. Serán un poco mejores o peores porque el mundo tiene mucha capacidad de producir alimentos, la tecnología ha cambiado mucho, y esa tecnología tenemos que utilizarla permanentemente. Pero la transformación ha sido exitosa y es muy importante para el país. 

¿Y el sector público acompaña?

Veo que si bien el empujón vino de afuera, está andando muy bien internamente. La agricultura tiene una cantidad de regulaciones que tal vez haya que revisar. Un gobierno puede actuar fundamentalmente a través de tres áreas: regular a través de políticas (decretos, leyes, resoluciones), que desde mi punto de vista, cuanto menos interfieran en el sector privado mejor; tiene que invertir, y eso es muy importante que se haga y que se haga bien; y el tercero es el tema institucional, donde hay unas cuantas cosas para mirar y mejorar. .

¿Es momento de empezar a privatizar algunas cuestiones vinculadas al MGAP?

No creo que sea cuestión de privatizar solamente. Se trata más bien de tener organismos que sean necesarios y, sobre todo, que sean muy bien gestionados. Cuando se creó el INIA salieron 800 personas del Estado y pasaron a ser funcionarios de un organismo que se manejaba por otra normativa, por fuera del Estado. El caso de los Servicios Ganaderos e Industria Animal es un ejemplo de algo que debe permanecer dentro de la esfera pública. Estos servicios actúan por delegación de los servicios de otros países, y tienen que hacer muchos trabajos a pedido de esos países, sino ellos tendrían que estar acá haciendo esa cantidad de cosas. Entonces, es muy difícil privatizar. No creo que sea una prioridad, pero lo importante es que se trabaje bien. Creo que en este país hubo un gran trabajo en ese sentido. A eso hay que reconocerlo. Uruguay es reconocido internacionalmente como un país serio. Para empezar nunca hemos mentido con respecto a las enfermedades y lo hemos manejado muy bien. La confianza la tenemos. Los mercados confían en las instituciones públicas uruguayas vinculadas con el comercio internacional, y sería muy bueno que eso siga siendo así.

TARJETA PERSONAL

Roberto Vázquez Platero es ingeniero agrónomo, y se desempeña como consultor senior con experiencia en negociación, planificación de negocios, economía agrícola, estrategia de marketing y agricultura. Es un destacado profesional en consultoría, con un doctorado (PhD) enfocado en Economía Agrícola en la Universidad de Texas A&M. Fue ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, diputado por el Partido Colorado y presidente del INAC.

Sección: Al grano, revista VERDE N°94

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El uruguayo Antonio Carrere será el líder de John Deere en América Latina

By Ruben Silvera,

John Deere anunció cambios en la estructura ejecutiva para Brasil y América Latina. El actual presidente de John Deere Brasil y vicepresidente de la compañía para América Latina, Paulo Herrmann, se jubilará en enero, después de 22 años en la empresa.

A partir de esa fecha la vicepresidencia de la compañía para América Latina, el principal cargo de John Deere para dicha región, será ocupada por el uruguayo Antonio Carrere, actual director de Planificación Estratégica para América Latina.

Antonio Carrere, está en John Deere desde 2001. El ejecutivo comenzó como representante de marketing para la sucursal de Atlanta (EE. UU.) Y luego se mudó a Moline (EE. UU.) para unirse a John Deere Seeding como especialista en productos.

Después de esa experiencia, regresó a Atlanta y ocupó diferentes puestos, incluido el de gerente de territorio en Virginia y el de gerente de territorio en Greenville, Carolina del Norte.

Luego, Carrere llegó a Brasil para asumir el rol de gerente de desarrollo de distribuidores. En 2009, regresó a Sacramento, California para convertirse en Gerente de Ventas de la región.

En 2014, Carrere fue nombrado Director Comercial de Hispano América, pasando en 2018 a Director de Marketing. Desde 2020, el ejecutivo ha liderado el desarrollo de Concesionarios y fue responsable de la Planificación Estratégica para América Latina.

Foto: Archivo.

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Sebastián Da Silva: “Hay que usar los institutos sólidos económicamente para cumplir objetivos”

By Ruben Silvera,

La institucionalidad agropecuaria, “debe reformularse”, aunque “sea un tema difícil”, porque “genera mal humor y se tocan muchos intereses”, dijo el legislador

En un mundo que “demanda cada vez más proteínas”, Uruguay “debe aumentar los índices de procreo, es mi obsesión”, dijo en esta entrevista con VERDE el senador Sebastián Da Silva, del Partido Nacional. El diagnóstico “está claro, se sabe dónde están los altos y bajos porcentajes de preñez”, comentó sobre la ganadería de cría. Agregó que “muchas veces no atacamos la problemática porque los recursos se fueron a otro tema abordado por tres organismos diferentes”. 

El parlamentario consideró que hay un contraste sustantivo en los recursos del eje rector de la política agropecuaria, que es el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) frente otros organismos de la institucionalidad agropecuaria. “El que fija las reglas es el Poder Ejecutivo y hoy tiene que fijar objetivos y mandatar a los institutos a que los cumplan. No podemos estar en el diálogo circular donde no se baje una línea de dónde queremos ir”, sostuvo.

Da Silva también dijo que “los uruguayos tenemos que agradecer todas las noches la existencia del sector agropecuario, porque nos ha permitido tener una marcha menos traumática de la economía”.

Sobre la oposición, señaló que en el Frente Amplio “salvo quejarse, no plantea una línea que se pueda considerar válida. Y está en un proceso de renovación de liderazgos, que siempre son largos”

Además, dijo que “no le gusta un gremialismo rural primo hermano del ministro de turno, prefiero un gremialismo que nos exija a los gobernantes, porque a todos cuando nos exigen trabajamos mejor”.

¿Cómo evalúa la marcha del gobierno?

En toda la entrevista te voy a responder como legislador y productor. El gobierno está enfrentando la pandemia con vicisitudes nuevas, como la cepa P1 (del Covid-19), con cosas impensadas como lo sucedido con Jorge Larrañaga, donde se debe tratar de mantener en alto la parte emocional de la población, y haciendo de tripas corazón para que la llama de la economía no se apague. Para eso se han definido más de 100 medidas para atender la emergencia sanitaria, social y económica. Y otras tantas medidas que brindan certeza y competitividad a los sectores que no se han apagado, que están cinchando del carro, como el campo uruguayo. El gobierno está muy concentrado, 24 x 7 (las 24 horas del día, siete días a la semana), pero tiene que enfrentar vientos huracanados, y todos los días los contamos como si fueran los últimos. Eso genera cierta frustración porque, utilizando términos futbolísticos, el gobierno ha sido muy bueno defendiendo pero no ha podido atacar. Queremos terminar, esto para salir rápidamente al ataque, porque tenemos muy buenos jugadores para eso, como el diseño de un nuevo país y todo lo que dijimos en la campaña electoral.

Una vez que se den las condiciones para atacar, ¿cómo se imagina el escenario?

Tengo una visión muy optimista sobre el desempeño del Uruguay el día después de la pandemia. Los indicadores de manejo pandémicos serán similares a los del primer mundo y se observará al Uruguay como un país  que va a terminar la pandemia de una forma trascendente, sana y donde hay un marco muy atractivo, tanto para invertir como para vivir. En paralelo, el mundo demanda cada vez más proteína y en Uruguay el motor generador de proteínas no paró. Es más, redobló las revoluciones y tenemos al pilar fundamental de la economía nacional muy firme, renovando la apuesta e incrementando las áreas de cultivos de invierno. Hay inversiones en genética, hay récord de inversiones en pasturas, hay una lechería que sigue afirmándose, los arroceros expandiéndose y la forestación que es otro sector importante, está pujante. Los uruguayos todas las noches tenemos que agradecer la existencia del sector agropecuario porque nos ha permitido tener una marcha menos traumática de la economía. La tragedia está en tener sectores apagados, como el turismo y el comercio, ese es el punto a resolver. La pandemia no tiene consecuencias totales en la economía, por suerte no afecta a todos los sectores como la crisis del 2002 que arrasó con todo. Ahora hay sectores que empujan el carro para ayudar a los otros.

A ciencia cierta no se puede afirmar el final de la pandemia, pero pensando en ese día después, ¿piensa en una rápida recuperación?

Sí, fundamentalmente vamos a ser una manzana sana en un barrio entreverado. También, al tener a nuestros vecinos complicados, mucha gente pensará en instalarse en el país. Son familias de alto poder adquisitivo que pueden ayudar a generar fuentes de empleo. 

¿Cuáles son las principales limitantes que impiden expresar un mayor dinamismo en cada rubro agropecuario?

Tenemos el desafío de incrementar el stock vacuno en 1 millón de cabezas en el quinquenio. A partir de ese objetivo, debemos trabajar hacia dentro de los establecimientos. En ganadería, además de la baja de aranceles en los principales mercados y de la inserción internacional, la obsesión que personalmente tengo es aumentar los índices de procreo. Hay que ir y dirigir el mundo de plata que tiene dispuesta el Estado uruguayo para la institucionalidad agropecuaria. El diagnóstico está claro, se sabe dónde están los altos y bajos porcentajes de preñez.

¿Qué falla allí? ¿Qué se debería ajustar en la institucionalidad?

La coordinación. Los institutos no son autónomos. El que fija las reglas es el Poder Ejecutivo y hoy tiene que fijar objetivos y mandatar a los institutos a que los cumplan. Hay institutos ricos y tenemos un MGAP pobre. La realidad es que el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y el Instituto Nacional de Carnes (INAC) son más robustos económicamente, por eso hay que usar los institutos sólidos económica y financieramente para cumplir los objetivos. Pero no podemos estar en el diálogo circular en donde no se baje una línea de hacia dónde queremos ir. 

¿Están dadas las condiciones para bajar línea y marcar un camino una dirección?

No gobernamos para que las condiciones se den, gobernamos para hacer las cosas.

¿Y se están haciendo?

Yo quiero que se hagan. Lo que nos ha quitado tiempo es la pandemia y además se tuvieron que declarar dos emergencias agropecuarias. Naturalmente eso trastocó mucho la rutina, pero el MGAP tiene presupuesto aprobado y es hora de que fluyan las prioridades. Mi desvelo en ganadería es el procreo, aumentar las cabezas de ganado de este país. Para eso hay que bajar línea. Otra preocupación es la competencia por la tierra, que por suerte hoy tiene jugadores muy agresivos, como la forestación y la agricultura, que buscan ampliar su actividad. Ahí tenemos, si y sólo si, un damnificado que es el sector lechero. Entonces, hay que hacer un uso correcto del banco de miles de hectáreas que tiene el Instituto Nacional de Colonización (INC). Al día de hoy no entiendo cómo no se han terminado de adjudicar y tampoco entiendo por qué no se auditan las pésimas compras que se hicieron en el pasado. 

¿Y cuál es la razón qué impide que se hagan auditorías en el INC?

No sé. La pandemia y el teletrabajo generan alguna distorsión en las oficinas públicas. Estoy esperando que esto se normalice para reclamarle al directorio que empiecen con las auditorias. Tenemos constatadas 12 compras con inconvenientes desde todo punto vista. Las auditorías son un compromiso de quienes recorremos el país pidiendo el voto. Queremos decirle a la gente los motivos por los cuales se compraron campos en Canelones con el 92% del área inundable en las costas del río Santa Lucía a precio de campo normal.

En esa preocupación que le genera la competencia por la tierra, ¿qué tan inocua puede ser para el libre mercado la intervención del INC para favorecer a un determinado sector?

Hay un buffer de miles de hectáreas sin adjudicar. En el Uruguay hubo una seca pavorosa, los campos estaban arrasados y había campos del INC enchircados, verdes y vacíos. Eso no se puede permitir. Si el INC tiene campos para adjudicar y el tambero necesita imperiosamente solucionar algo tan importante como el acceso a la tierra, no puede ser que se sigan viendo campos del INC sembrados por empresas grandes como hoy existe. El INC heredó miles de hectáreas sin adjudicar y para que los campos no se ensucien se lo dan a cooperativas o empresas grandes para ir ganando tiempo y que se mantengan en buenas condiciones. 

¿Falta resolución en el INC?

Una rápida resolución. Porque los campos del sur que tiene vacíos el INC, no los del basalto donde hay compras inentendibles, pueden servir de buffer para los tamberos. La expansión agrícola se va a dar, y cuando la agricultura se expande los perjudicados son mayoritariamente los tamberos, porque las rentas comienzan a valer más. Quedan fuera de mercado porque el tipo de suelo que sirve para sembrar trigo, maíz o soja, o hacer una pradera de achicoria o de alfalfa.

Se menciona permanentemente la falta de recursos humanos en el MGAP, ¿es partidario de la privatización de algunas tareas?

No habría que ser tan radical. Hoy tenemos institutos que cuentan con personal y conocimiento. Nombro los más paradigmáticos: INIA e INAC. Son institutos poderosos desde el punto de vista económico, que cuentan con financiamiento de los productores. El contraste es significativo entre los recursos humanos de INAC y el INIA versus los Servicios Ganaderos del MGAP. Y a los Servicios Ganaderos se les exige cada día más controles y terminamos no pudiendo controlar la brucelosis, la garrapata, la tuberculosis y ahora tenemos que ver el control de las jaurías de los perros. Tenemos institutos que son una maravilla, que son ejemplo de las cosas bien hechas, como INIA e INAC, entonces a estos temas los tenemos que poner arriba de la mesa, porque funcionarios del gobierno son todos, el de INIA, el veterinario del MGAP de la regional Guichón o el de INAC. 

¿Apunta a una mayor interacción del MGAP con esos institutos para paliar la falta de recursos humanos que se marca en el MGAP?

Hay un conjunto de miles de familias que viven de la institucionalidad agropecuaria de fondos públicos y privados provenientes de productores y cadenas industriales, en un país que está atravesando una pandemia enorme, que implica no poder aumentar el gasto y que tiene un horizonte muy venturoso por delante. Estas son cosas que debemos articular. Es difícil porque los estamentos estancos en el Uruguay explican gran parte de las reformas del Estado que no se ha podido hacer. Hay un contraste sustantivo en los recursos humanos del eje rector de la política agropecuaria, el MGAP y otros institutos de la institucionalidad agropecuaria. Para mí los institutos son parte del eje rector de la política agropecuaria, no son autónomos.

¿Hay que reformular la institucionalidad agropecuaria?

Sí. Nos cansamos de ver jornadas con más asesores que productores, asesores de diferentes organismos, cada uno con su vehículo oficial. Eso es un desperdicio de dinero y recursos humanos, por eso lo queremos cambiar. 

¿Hay un camino a seguir en la nueva institucionalidad del agro?

Son temas que están en carpeta y que explican nuestras prioridades. El ejemplo más claro es el debate que hay sobre la mosca de la bichera. Yo creo que si tenemos al Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) tenemos que utilizar el marco que da el SUL y fortalecerlo con los técnicos que sea necesario para implementar el plan de control la mosca de la bichera y no crear un nuevo instituto. Una posición similar tengo con el INIA y el Instituto Plan Agropecuario (IPA), que muchas veces abarcan los mismos temas. También pasa en parte de la investigación que realizan INIA y Facultad de Agronomía. Hay recursos humanos maravillosos, en investigación, manejo y productividad de pasturas naturales, donde los uruguayos somos los campeones mundiales. Pero hay expertos en ese tema, diseminados a lo largo de la institucionalidad agropecuaria. En muchas ocasiones no abordamos, por ejemplo, los entores en secciones judiciales donde ya se sabe que hay problemas. Ya sean problemas culturales, económicos o de idiosincrasia, pero no se atacan porque los recursos se fueron a otro tema abordado por tres organismos diferentes.

¿Quién le pone el cascabel al gato? ¿El presidente de la República? ¿El ministro?

El Poder Ejecutivo a través del MGAP y los actores que formamos parte del campo uruguayo. Son reformas que tienen que estar arriba de la mesa, son difíciles, generan mal humor, tocas intereses. 

¿Cuáles son las limitantes de los sectores agrícolas?

En agricultura tenemos que poner al potasio arriba de la mesa. Es un nutriente que tiene que tener la misma tributación que el fósforo, que descuenta 1,5 veces en el IRAE. Así el productor tendrá un incentivo para corregir los niveles que luego impactan favorablemente en los rindes. También estamos tratando de modificar los incentivos a las inversiones, que se pueda incorporar como inversión productiva a todas las mejoras que se hagan en el suelo, tanto en puentes verdes como pasturas, y que tengan una mayor premiación cuanto más polifíticas sean. También se incluirá a todo el universo de actividades que sean regenerativas del suelo, como los PRV, fertilizantes biológicos y demás. Si se logra avanzar con éxito en ese proyecto, el arroz tiene mucho para beneficiarse, porque las rotaciones tendrían un resultado formidable, sobre todas las de descanso de las parcelas arroceras. Me considero un productivista, por eso estoy mirando hacia adentro de los predios. Resulta curioso que desde el Estado se promueva toda la inversión que está arriba del suelo y nada para lo que está abajo, que es fundamental y lo más rico para el país. 

¿Cómo ve a la producción agrícola?

Es importante el crecimiento del doble cultivo. Debemos evitar los errores que se cometieron anteriormente, como los pooles de siembra que pagan rentas altas y no terminan de completar las rotaciones, que son fundamentales para la sustentabilidad  de la producción agrícola. Hoy hay un paquete tecnológico conocido por el productor, las fechas de siembra, el manejo de herbicidas para el control de malezas y demás. 

¿Y al riego?

 Lo veo caro, lamentablemente. Lo veo justificado sólo por los valores altos de los granos.

¿No visualiza un crecimiento en la utilización de esa tecnología?

Mientras tengamos estos costos de electricidad y no podamos darle sentido productivo al costo fijo de regar, no veo un impulso grande. 

¿Se puede trabajar para buscar algún mecanismo que lo haga viable desde ese punto de vista?

Estamos trabajando con UTE para que entienda que los maíces se tienen que regar en el proceso de floración. No podés pagar el mismo costo fijo en julio o en diciembre, pensando en un maíz de primera. Es difícil que avance mientras el costo fijo de la electricidad se mantenga, no me refiero a los costos variables.

¿Esa es la principal limitante? Porque los productores destacan el beneficio tributario que tiene la inversión en riego.

Sí, pero el riego no es para todos los productores. El que accede a niveles de irrigación normales es un productor que tiene que tener una espalda que no es el común denominador en el país, tanto para hacerlo como para mantenerlo.

El gobierno llegó a ese lugar por el peso del interior, usted se embanderó con la causa del campo, ¿eso sale naturalmente? ¿Es estrategia personal o del gobierno?

Es un poco de todo. Yo no soy la voz del interior, capaz que soy la voz del campo. Que el gobierno piensa en el interior se ve en los vacunatorios, pueblo a pueblo, o las antenas de Antel llegando a lugares de 80 personas. El gobierno tiene un presidente que recorrió 350 localidades y que les está cumpliendo. La producción agropecuaria tiene sus especificidades y en esa actividad hace 20 años que estoy. Mis charlas son un monólogo, cuando no hablo de novillo, hablo de soja, arroz o leche, cuando eso llega al Palacio Legislativo trasciende. El Partido Nacional es el partido del campo, no de los estancieros. Yo represento al campo cuando pido una atención para el potasio como  cuando pongo arriba de la mesa la negociación futura de los Consejos de Salarios para los trabajadores rurales, que a mi entender tiene que ser diferente a otros sectores, porque en el campo estamos mejor que el turismo, por ejemplo. Creo en el campo como una cadena, empresarios, trabajadores, gomeros, torneros, veterinarias, exportadores, entre otros. Ese es el campo, el que multiplica por seis o por siete porteras afuera. En toda esa cadena me siento incluido, y en el Parlamento estos temas no tienen opinión pública. Por lo tanto, mi deber es doble.

¿A la oposición como la ve?

Tuvimos un cambio de planes con el covid y la oposición creo que también. Además, está en un proceso de renovación de liderazgos que siempre son largos. Eso está visible porque, salvo quejarse, no hay una línea que uno pueda considerar válida. Antes la izquierda tenía un modelo alternativo de país y hoy eso no está en su plataforma. Lo que hace es oponerse a tal o cual cosa y en algunos casos muestra una queja casi adolescente. Eso se da porque no tienen referentes firmes. Hay un arco de referentes donde algunos hablan más alto y otros gritan más fuertes, no un liderazgo. Conseguirlo lleva tiempo. Al Partido Nacional le llevó muchos años encontrar un Lacalle Pou o, en su momento, un Jorge Larrañaga. 

¿Qué la oposición no tenga un liderazgo marcado facilita o dificulta la actividad del gobierno?

Un proceso así complejiza al gobierno, porque no hay un interlocutor firme del otro lado, con quien te podrás poner de acuerdo o no, pero al menos sabes con quién hablar. Hoy no sabes si hay que hablar con el Pit-Cnt, el MPP, la izquierda Cris Morena, los moderados que están cada vez más afónicos en el Frente Amplio o los llamados colectivos, que llevan a situaciones ridículas como la de juntar firmas contra la Ley de Urgente Consideración (LUC). Dicha Ley tiene, al menos, seis artículos que están dentro de los que se buscan derogar que fueron aprobados por el Frente Amplio. Pienso que sería mejor tener una oposición dura pero previsible, y no una que está juntando firmas contra algo que votó o que quiere eliminar artículos que incrementaron las penas a los femicidas y violadores, cuando el combate a esas cosas siempre ha sido una retórica de la izquierda.

Los actuales precios y el escenario del sector amortiguan el discurso de las gremiales del campo ¿cómo observa al gremialismo rural?

El gremialismo rural tiene que defender sus intereses y el trabajo del campo. Como no me gusta el Pit-Cnt, primo hermano del Frente Amplio, no me gusta un gremialismo rural primo hermano del ministro de turno. Prefiero un gremialismo que nos exija a los gobernantes, que pida por favor que adjudiquen los campos del INC, por ejemplo. Campo Unido es una excelente herramienta que tiene muchos ángulos. La Asociación Rural del Uruguay es muy tradicional en su accionar; la Federación Rural está en una disyuntiva sobre la línea que terminará prevaleciendo; las Cooperativas Agrarias Federadas están muy bien, se nota el trabajo; la Asociación Cultivadores de Arroz tiene un norte definido; y las gremiales leheras marcan su posición. Las gremiales tienen que exigir, todos trabajamos mejor si estamos exigidos. 

TARJETA PERSONAL

Sebastián Da Silva es senador del Partido Nacional. Desde el año 2000 hasta la actual legislatura había alternado como titular y suplente en la Cámara de Diputados y en la de Senadores. En la actividad privada fue asesor de Frigorífico La Caballada y es director de Da Silva Agroinmubles, CEO de Don Augusto Agro (Empresa agrícola-ganadera) y productor ganadero, agrícola y hortícola. Es Licenciado en Relaciones Internacionales.

Entrevista central de Revista Verde N°93 (Edición: Abril-Mayo)

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