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Al Grano

Sebastián Da Silva: “Hay que usar los institutos sólidos económicamente para cumplir objetivos”

19 de octubre de 2021

La institucionalidad agropecuaria, “debe reformularse”, aunque “sea un tema difícil”, porque “genera mal humor y se tocan muchos intereses”, dijo el legislador

En un mundo que “demanda cada vez más proteínas”, Uruguay “debe aumentar los índices de procreo, es mi obsesión”, dijo en esta entrevista con VERDE el senador Sebastián Da Silva, del Partido Nacional. El diagnóstico “está claro, se sabe dónde están los altos y bajos porcentajes de preñez”, comentó sobre la ganadería de cría. Agregó que “muchas veces no atacamos la problemática porque los recursos se fueron a otro tema abordado por tres organismos diferentes”. 

El parlamentario consideró que hay un contraste sustantivo en los recursos del eje rector de la política agropecuaria, que es el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) frente otros organismos de la institucionalidad agropecuaria. “El que fija las reglas es el Poder Ejecutivo y hoy tiene que fijar objetivos y mandatar a los institutos a que los cumplan. No podemos estar en el diálogo circular donde no se baje una línea de dónde queremos ir”, sostuvo.

Da Silva también dijo que “los uruguayos tenemos que agradecer todas las noches la existencia del sector agropecuario, porque nos ha permitido tener una marcha menos traumática de la economía”.

Sobre la oposición, señaló que en el Frente Amplio “salvo quejarse, no plantea una línea que se pueda considerar válida. Y está en un proceso de renovación de liderazgos, que siempre son largos”

Además, dijo que “no le gusta un gremialismo rural primo hermano del ministro de turno, prefiero un gremialismo que nos exija a los gobernantes, porque a todos cuando nos exigen trabajamos mejor”.

¿Cómo evalúa la marcha del gobierno?

En toda la entrevista te voy a responder como legislador y productor. El gobierno está enfrentando la pandemia con vicisitudes nuevas, como la cepa P1 (del Covid-19), con cosas impensadas como lo sucedido con Jorge Larrañaga, donde se debe tratar de mantener en alto la parte emocional de la población, y haciendo de tripas corazón para que la llama de la economía no se apague. Para eso se han definido más de 100 medidas para atender la emergencia sanitaria, social y económica. Y otras tantas medidas que brindan certeza y competitividad a los sectores que no se han apagado, que están cinchando del carro, como el campo uruguayo. El gobierno está muy concentrado, 24 x 7 (las 24 horas del día, siete días a la semana), pero tiene que enfrentar vientos huracanados, y todos los días los contamos como si fueran los últimos. Eso genera cierta frustración porque, utilizando términos futbolísticos, el gobierno ha sido muy bueno defendiendo pero no ha podido atacar. Queremos terminar, esto para salir rápidamente al ataque, porque tenemos muy buenos jugadores para eso, como el diseño de un nuevo país y todo lo que dijimos en la campaña electoral.

Una vez que se den las condiciones para atacar, ¿cómo se imagina el escenario?

Tengo una visión muy optimista sobre el desempeño del Uruguay el día después de la pandemia. Los indicadores de manejo pandémicos serán similares a los del primer mundo y se observará al Uruguay como un país  que va a terminar la pandemia de una forma trascendente, sana y donde hay un marco muy atractivo, tanto para invertir como para vivir. En paralelo, el mundo demanda cada vez más proteína y en Uruguay el motor generador de proteínas no paró. Es más, redobló las revoluciones y tenemos al pilar fundamental de la economía nacional muy firme, renovando la apuesta e incrementando las áreas de cultivos de invierno. Hay inversiones en genética, hay récord de inversiones en pasturas, hay una lechería que sigue afirmándose, los arroceros expandiéndose y la forestación que es otro sector importante, está pujante. Los uruguayos todas las noches tenemos que agradecer la existencia del sector agropecuario porque nos ha permitido tener una marcha menos traumática de la economía. La tragedia está en tener sectores apagados, como el turismo y el comercio, ese es el punto a resolver. La pandemia no tiene consecuencias totales en la economía, por suerte no afecta a todos los sectores como la crisis del 2002 que arrasó con todo. Ahora hay sectores que empujan el carro para ayudar a los otros.

A ciencia cierta no se puede afirmar el final de la pandemia, pero pensando en ese día después, ¿piensa en una rápida recuperación?

Sí, fundamentalmente vamos a ser una manzana sana en un barrio entreverado. También, al tener a nuestros vecinos complicados, mucha gente pensará en instalarse en el país. Son familias de alto poder adquisitivo que pueden ayudar a generar fuentes de empleo. 

¿Cuáles son las principales limitantes que impiden expresar un mayor dinamismo en cada rubro agropecuario?

Tenemos el desafío de incrementar el stock vacuno en 1 millón de cabezas en el quinquenio. A partir de ese objetivo, debemos trabajar hacia dentro de los establecimientos. En ganadería, además de la baja de aranceles en los principales mercados y de la inserción internacional, la obsesión que personalmente tengo es aumentar los índices de procreo. Hay que ir y dirigir el mundo de plata que tiene dispuesta el Estado uruguayo para la institucionalidad agropecuaria. El diagnóstico está claro, se sabe dónde están los altos y bajos porcentajes de preñez.

¿Qué falla allí? ¿Qué se debería ajustar en la institucionalidad?

La coordinación. Los institutos no son autónomos. El que fija las reglas es el Poder Ejecutivo y hoy tiene que fijar objetivos y mandatar a los institutos a que los cumplan. Hay institutos ricos y tenemos un MGAP pobre. La realidad es que el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y el Instituto Nacional de Carnes (INAC) son más robustos económicamente, por eso hay que usar los institutos sólidos económica y financieramente para cumplir los objetivos. Pero no podemos estar en el diálogo circular en donde no se baje una línea de hacia dónde queremos ir. 

¿Están dadas las condiciones para bajar línea y marcar un camino una dirección?

No gobernamos para que las condiciones se den, gobernamos para hacer las cosas.

¿Y se están haciendo?

Yo quiero que se hagan. Lo que nos ha quitado tiempo es la pandemia y además se tuvieron que declarar dos emergencias agropecuarias. Naturalmente eso trastocó mucho la rutina, pero el MGAP tiene presupuesto aprobado y es hora de que fluyan las prioridades. Mi desvelo en ganadería es el procreo, aumentar las cabezas de ganado de este país. Para eso hay que bajar línea. Otra preocupación es la competencia por la tierra, que por suerte hoy tiene jugadores muy agresivos, como la forestación y la agricultura, que buscan ampliar su actividad. Ahí tenemos, si y sólo si, un damnificado que es el sector lechero. Entonces, hay que hacer un uso correcto del banco de miles de hectáreas que tiene el Instituto Nacional de Colonización (INC). Al día de hoy no entiendo cómo no se han terminado de adjudicar y tampoco entiendo por qué no se auditan las pésimas compras que se hicieron en el pasado. 

¿Y cuál es la razón qué impide que se hagan auditorías en el INC?

No sé. La pandemia y el teletrabajo generan alguna distorsión en las oficinas públicas. Estoy esperando que esto se normalice para reclamarle al directorio que empiecen con las auditorias. Tenemos constatadas 12 compras con inconvenientes desde todo punto vista. Las auditorías son un compromiso de quienes recorremos el país pidiendo el voto. Queremos decirle a la gente los motivos por los cuales se compraron campos en Canelones con el 92% del área inundable en las costas del río Santa Lucía a precio de campo normal.

En esa preocupación que le genera la competencia por la tierra, ¿qué tan inocua puede ser para el libre mercado la intervención del INC para favorecer a un determinado sector?

Hay un buffer de miles de hectáreas sin adjudicar. En el Uruguay hubo una seca pavorosa, los campos estaban arrasados y había campos del INC enchircados, verdes y vacíos. Eso no se puede permitir. Si el INC tiene campos para adjudicar y el tambero necesita imperiosamente solucionar algo tan importante como el acceso a la tierra, no puede ser que se sigan viendo campos del INC sembrados por empresas grandes como hoy existe. El INC heredó miles de hectáreas sin adjudicar y para que los campos no se ensucien se lo dan a cooperativas o empresas grandes para ir ganando tiempo y que se mantengan en buenas condiciones. 

¿Falta resolución en el INC?

Una rápida resolución. Porque los campos del sur que tiene vacíos el INC, no los del basalto donde hay compras inentendibles, pueden servir de buffer para los tamberos. La expansión agrícola se va a dar, y cuando la agricultura se expande los perjudicados son mayoritariamente los tamberos, porque las rentas comienzan a valer más. Quedan fuera de mercado porque el tipo de suelo que sirve para sembrar trigo, maíz o soja, o hacer una pradera de achicoria o de alfalfa.

Se menciona permanentemente la falta de recursos humanos en el MGAP, ¿es partidario de la privatización de algunas tareas?

No habría que ser tan radical. Hoy tenemos institutos que cuentan con personal y conocimiento. Nombro los más paradigmáticos: INIA e INAC. Son institutos poderosos desde el punto de vista económico, que cuentan con financiamiento de los productores. El contraste es significativo entre los recursos humanos de INAC y el INIA versus los Servicios Ganaderos del MGAP. Y a los Servicios Ganaderos se les exige cada día más controles y terminamos no pudiendo controlar la brucelosis, la garrapata, la tuberculosis y ahora tenemos que ver el control de las jaurías de los perros. Tenemos institutos que son una maravilla, que son ejemplo de las cosas bien hechas, como INIA e INAC, entonces a estos temas los tenemos que poner arriba de la mesa, porque funcionarios del gobierno son todos, el de INIA, el veterinario del MGAP de la regional Guichón o el de INAC. 

¿Apunta a una mayor interacción del MGAP con esos institutos para paliar la falta de recursos humanos que se marca en el MGAP?

Hay un conjunto de miles de familias que viven de la institucionalidad agropecuaria de fondos públicos y privados provenientes de productores y cadenas industriales, en un país que está atravesando una pandemia enorme, que implica no poder aumentar el gasto y que tiene un horizonte muy venturoso por delante. Estas son cosas que debemos articular. Es difícil porque los estamentos estancos en el Uruguay explican gran parte de las reformas del Estado que no se ha podido hacer. Hay un contraste sustantivo en los recursos humanos del eje rector de la política agropecuaria, el MGAP y otros institutos de la institucionalidad agropecuaria. Para mí los institutos son parte del eje rector de la política agropecuaria, no son autónomos.

¿Hay que reformular la institucionalidad agropecuaria?

Sí. Nos cansamos de ver jornadas con más asesores que productores, asesores de diferentes organismos, cada uno con su vehículo oficial. Eso es un desperdicio de dinero y recursos humanos, por eso lo queremos cambiar. 

¿Hay un camino a seguir en la nueva institucionalidad del agro?

Son temas que están en carpeta y que explican nuestras prioridades. El ejemplo más claro es el debate que hay sobre la mosca de la bichera. Yo creo que si tenemos al Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) tenemos que utilizar el marco que da el SUL y fortalecerlo con los técnicos que sea necesario para implementar el plan de control la mosca de la bichera y no crear un nuevo instituto. Una posición similar tengo con el INIA y el Instituto Plan Agropecuario (IPA), que muchas veces abarcan los mismos temas. También pasa en parte de la investigación que realizan INIA y Facultad de Agronomía. Hay recursos humanos maravillosos, en investigación, manejo y productividad de pasturas naturales, donde los uruguayos somos los campeones mundiales. Pero hay expertos en ese tema, diseminados a lo largo de la institucionalidad agropecuaria. En muchas ocasiones no abordamos, por ejemplo, los entores en secciones judiciales donde ya se sabe que hay problemas. Ya sean problemas culturales, económicos o de idiosincrasia, pero no se atacan porque los recursos se fueron a otro tema abordado por tres organismos diferentes.

¿Quién le pone el cascabel al gato? ¿El presidente de la República? ¿El ministro?

El Poder Ejecutivo a través del MGAP y los actores que formamos parte del campo uruguayo. Son reformas que tienen que estar arriba de la mesa, son difíciles, generan mal humor, tocas intereses. 

¿Cuáles son las limitantes de los sectores agrícolas?

En agricultura tenemos que poner al potasio arriba de la mesa. Es un nutriente que tiene que tener la misma tributación que el fósforo, que descuenta 1,5 veces en el IRAE. Así el productor tendrá un incentivo para corregir los niveles que luego impactan favorablemente en los rindes. También estamos tratando de modificar los incentivos a las inversiones, que se pueda incorporar como inversión productiva a todas las mejoras que se hagan en el suelo, tanto en puentes verdes como pasturas, y que tengan una mayor premiación cuanto más polifíticas sean. También se incluirá a todo el universo de actividades que sean regenerativas del suelo, como los PRV, fertilizantes biológicos y demás. Si se logra avanzar con éxito en ese proyecto, el arroz tiene mucho para beneficiarse, porque las rotaciones tendrían un resultado formidable, sobre todas las de descanso de las parcelas arroceras. Me considero un productivista, por eso estoy mirando hacia adentro de los predios. Resulta curioso que desde el Estado se promueva toda la inversión que está arriba del suelo y nada para lo que está abajo, que es fundamental y lo más rico para el país. 

¿Cómo ve a la producción agrícola?

Es importante el crecimiento del doble cultivo. Debemos evitar los errores que se cometieron anteriormente, como los pooles de siembra que pagan rentas altas y no terminan de completar las rotaciones, que son fundamentales para la sustentabilidad  de la producción agrícola. Hoy hay un paquete tecnológico conocido por el productor, las fechas de siembra, el manejo de herbicidas para el control de malezas y demás. 

¿Y al riego?

 Lo veo caro, lamentablemente. Lo veo justificado sólo por los valores altos de los granos.

¿No visualiza un crecimiento en la utilización de esa tecnología?

Mientras tengamos estos costos de electricidad y no podamos darle sentido productivo al costo fijo de regar, no veo un impulso grande. 

¿Se puede trabajar para buscar algún mecanismo que lo haga viable desde ese punto de vista?

Estamos trabajando con UTE para que entienda que los maíces se tienen que regar en el proceso de floración. No podés pagar el mismo costo fijo en julio o en diciembre, pensando en un maíz de primera. Es difícil que avance mientras el costo fijo de la electricidad se mantenga, no me refiero a los costos variables.

¿Esa es la principal limitante? Porque los productores destacan el beneficio tributario que tiene la inversión en riego.

Sí, pero el riego no es para todos los productores. El que accede a niveles de irrigación normales es un productor que tiene que tener una espalda que no es el común denominador en el país, tanto para hacerlo como para mantenerlo.

El gobierno llegó a ese lugar por el peso del interior, usted se embanderó con la causa del campo, ¿eso sale naturalmente? ¿Es estrategia personal o del gobierno?

Es un poco de todo. Yo no soy la voz del interior, capaz que soy la voz del campo. Que el gobierno piensa en el interior se ve en los vacunatorios, pueblo a pueblo, o las antenas de Antel llegando a lugares de 80 personas. El gobierno tiene un presidente que recorrió 350 localidades y que les está cumpliendo. La producción agropecuaria tiene sus especificidades y en esa actividad hace 20 años que estoy. Mis charlas son un monólogo, cuando no hablo de novillo, hablo de soja, arroz o leche, cuando eso llega al Palacio Legislativo trasciende. El Partido Nacional es el partido del campo, no de los estancieros. Yo represento al campo cuando pido una atención para el potasio como  cuando pongo arriba de la mesa la negociación futura de los Consejos de Salarios para los trabajadores rurales, que a mi entender tiene que ser diferente a otros sectores, porque en el campo estamos mejor que el turismo, por ejemplo. Creo en el campo como una cadena, empresarios, trabajadores, gomeros, torneros, veterinarias, exportadores, entre otros. Ese es el campo, el que multiplica por seis o por siete porteras afuera. En toda esa cadena me siento incluido, y en el Parlamento estos temas no tienen opinión pública. Por lo tanto, mi deber es doble.

¿A la oposición como la ve?

Tuvimos un cambio de planes con el covid y la oposición creo que también. Además, está en un proceso de renovación de liderazgos que siempre son largos. Eso está visible porque, salvo quejarse, no hay una línea que uno pueda considerar válida. Antes la izquierda tenía un modelo alternativo de país y hoy eso no está en su plataforma. Lo que hace es oponerse a tal o cual cosa y en algunos casos muestra una queja casi adolescente. Eso se da porque no tienen referentes firmes. Hay un arco de referentes donde algunos hablan más alto y otros gritan más fuertes, no un liderazgo. Conseguirlo lleva tiempo. Al Partido Nacional le llevó muchos años encontrar un Lacalle Pou o, en su momento, un Jorge Larrañaga. 

¿Qué la oposición no tenga un liderazgo marcado facilita o dificulta la actividad del gobierno?

Un proceso así complejiza al gobierno, porque no hay un interlocutor firme del otro lado, con quien te podrás poner de acuerdo o no, pero al menos sabes con quién hablar. Hoy no sabes si hay que hablar con el Pit-Cnt, el MPP, la izquierda Cris Morena, los moderados que están cada vez más afónicos en el Frente Amplio o los llamados colectivos, que llevan a situaciones ridículas como la de juntar firmas contra la Ley de Urgente Consideración (LUC). Dicha Ley tiene, al menos, seis artículos que están dentro de los que se buscan derogar que fueron aprobados por el Frente Amplio. Pienso que sería mejor tener una oposición dura pero previsible, y no una que está juntando firmas contra algo que votó o que quiere eliminar artículos que incrementaron las penas a los femicidas y violadores, cuando el combate a esas cosas siempre ha sido una retórica de la izquierda.

Los actuales precios y el escenario del sector amortiguan el discurso de las gremiales del campo ¿cómo observa al gremialismo rural?

El gremialismo rural tiene que defender sus intereses y el trabajo del campo. Como no me gusta el Pit-Cnt, primo hermano del Frente Amplio, no me gusta un gremialismo rural primo hermano del ministro de turno. Prefiero un gremialismo que nos exija a los gobernantes, que pida por favor que adjudiquen los campos del INC, por ejemplo. Campo Unido es una excelente herramienta que tiene muchos ángulos. La Asociación Rural del Uruguay es muy tradicional en su accionar; la Federación Rural está en una disyuntiva sobre la línea que terminará prevaleciendo; las Cooperativas Agrarias Federadas están muy bien, se nota el trabajo; la Asociación Cultivadores de Arroz tiene un norte definido; y las gremiales leheras marcan su posición. Las gremiales tienen que exigir, todos trabajamos mejor si estamos exigidos. 

TARJETA PERSONAL

Sebastián Da Silva es senador del Partido Nacional. Desde el año 2000 hasta la actual legislatura había alternado como titular y suplente en la Cámara de Diputados y en la de Senadores. En la actividad privada fue asesor de Frigorífico La Caballada y es director de Da Silva Agroinmubles, CEO de Don Augusto Agro (Empresa agrícola-ganadera) y productor ganadero, agrícola y hortícola. Es Licenciado en Relaciones Internacionales.

Entrevista central de Revista Verde N°93 (Edición: Abril-Mayo)
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