Se destaca el crecimiento de 100.000 hectáreas en el área de colza y de 18% en el área de trigo; en el verano pasado el cultivo de maíz alcanzó un volumen récord en Uruguay
El proceso de intensificación y diversificación por el que transita la agricultura uruguaya se va confirmando en cifras. De acuerdo a lo informado por la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA), del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), la intención de siembra de cultivos de invierno fue estimada en 756.522 hectáreas, 17% más que en la zafra anterior, cuando se sembraron 648.000 hectáreas; y es la mayor superficie desde la zafra 2011/12.
El área de trigo se estimó en 287.710 hectáreas, 18% más que en la campaña anterior, cuando se sembraron 244.000 hectáreas. Para la cebada se estimó un área de 182.000 hectáreas, unas 42.000 hectáreas menos que en la siembra del invierno anterior. En tanto, la colza continúa con su proceso de crecimiento en superficie sembrada, estimándose un área de 267.000 hectáreas para ésta zafra, 100.000 hectáreas más que en el invierno anterior.
Se ha informado erróneamente que la actual superficie de invierno es la mayor en 70 años, pero para analizar el movimiento de las áreas se deben tener en cuenta las diferencias que existían entre DIEA y OPYPA a la hora de presentar la información.
Tal es así, que en el anuario de Opypa de 2012 se señalaba lo siguiente: “las estimaciones de producción de DIEA-MGAP en el pasado reciente han mostrado inconsistencias respecto de otros indicadores, por ejemplo la información aportada por las estadísticas de existencias (REOPINAGRA, MGAP) y las de comercio exterior de trigo y harina de trigo (Dirección Nacional de Aduanas, MEF). Esto podría indicar que habría una subestimación de los volúmenes producidos. Es posible que las diferencias se originen en la subestimación de la superficie sembrada y sean producto de las dificultades impuestas a la metodología (encuesta) por una agricultura especialmente dinámica en el pasado reciente. El análisis a fondo del tema y sus posibles causas excede los alcances de este artículo”.
Fue por eso que OPYPA “entendió relevante estimar la evolución de las últimas cosechas, complementando la información generada por DIEA con la de otras fuentes mencionadas”. Con eso, OPYPA estimó que “la superficie de trigo de la zafra 2011/12 se ubicó en 782.824 hectáreas”. Y en esa zafra el área de cebada llegó a 105.000 hectáreas. Con lo cual, para Opypa la superficie total de invierno llegó a 887.824 hectáreas, superando en 131.302 hectáreas a la presente zafra.
Inicialmente, en el anuario de OPYPA de 2011, se informaba que “teniendo en cuenta las peculiares condiciones en que debió realizarse (en ese año) la Encuesta Agrícola por parte de DIEA, que pueden reducir su precisión, a efectos de este informe se asume una superficie de siembra de 605.000 hectáreas”, lo fue corregido el año siguiente a 782.824 hectáreas.
Esas diferencias con el paso del tiempo fueron quedando atrás, y en la actualidad los datos de DIEA sobre el área de invierno van en línea con las estimaciones del sector privado, y lo mismo ocurre con la información de productividad.
Pero aún permanecen las grandes diferencias en la superficie de soja, ya que para el sector privado se siembran unas 100.000 hectáreas más que lo marca el límite superior de DIEA para la oleaginosa, que se ubica en 1.065.918 hectáreas.
LOS RINDES DEL VERANO
El rendimiento promedio nacional de soja a nivel nacional fue estimado en 2.799 kilos por hectárea (kg/ha), 49% más que el rendimiento de la zafra anterior, cuando se alcanzaron unos 1.881 kg/ha sembrada, según la encuesta de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA) del MGAP.
Para el maíz se estima que se sembraron con destino a grano seco unas 152.359 hectáreas, con un rendimiento promedio de 5.753 kg/ha, unos 400 kg/ha más que en la zafra 2020/21.
El área regada de maíz se estimó en 21.431 hectáreas, unas 2.000 hectáreas más que en la zafra anterior. Y el rendimiento promedio del maíz con riego se estimó en 10.286 kg/ha para los cultivos de primera.
DIEA señaló que la producción de maíz fue récord al llegar a 878.020 toneladas, 14% más que el estimado para la zafra anterior, cuando se cosecharon 770.000 toneladas. A su vez, el área sembrada de sorgo para grano seco se estimó en 19.416 hectáreas, con un rendimiento promedio de 4.346 kg/ha. En tanto, el rendimiento de girasol llegó a 1.817 kg/ha.
Durante la conferencia Pioneer Sin Límites, organizada por Corteva y Rutilan, se llevó a cabo el lanzamiento de las tecnologías Power Core Enlist y Power Core Ultra Enlist
En el marco de la conferencia Pioneer Sin Límites organizada por Corteva y Rutilan, se realizó el lanzamiento de las tecnologías Power Core Enlist y Power Core Ultra Enlist en maíz; al tiempo que se remarcó la fortaleza de Enlist en soja.
Se trata de dos sistemas de control de malezas considerados herramientas muy útiles para el productor, que permiten minimizar su impacto en ambos cultivos; sobre todo teniendo en cuenta la problemática de resistencia que hoy se da en prácticamente todas las regiones dedicadas al maíz y a la soja.
Rafael Frene, líder de Investigación y Desarrollo de Corteva, aseguró a VERDE que la problemática de resistencia tiene un peso muy importante en las zonas templadas como Uruguay y Argentina, donde se ha observado una curva ascendente con la aparición permanente de nuevas especies resistentes a los herbicidas utilizados.
A su vez, sostuvo que dentro de una especie van apareciendo poblaciones con resistencias múltiples, “provocando que sea cada vez más complejo manejar las malezas en los cultivos sin que impacte en el rendimiento”.
La tecnología Enlist, como sistema de control de malezas, propone un manejo racional enfocado en la sostenibilidad y durabilidad de la tecnología para brindar soluciones “hasta que lleguen otras innovaciones de la industria, modos de acción y plataformas biotecnológicas como la de Enlist”. Pero estimó que ese proceso “puede demorar 10 o 12 años más”.
Por lo tanto, sostuvo que “lo que tenemos son muchos modos de acción, muchos herbicidas que los usábamos antes de la soja RR y que vuelven a ser utilizados”. Apoyados en una plataforma como la de Enlist, “se pueden diseñar programas de control muy fuertes, con mucha diversidad de modos de acción, lo que permitirá que al menos se retarde la aparición de la resistencia en todos los ambientes”, destacó.
Frene aseguró que esta tecnología está teniendo una gran aceptación de los productores en el mercado, pero insistió en que su correcto manejo es fundamental.
Explicó que la plataforma Enlist tiene tres componentes. Por un lado, está el evento biotecnológico que brinda tolerancia a distintos herbicidas, tanto en soja como en maíz. El segundo componente, es el herbicida Enlist Colex D, cuya tecnología de formulación nos permite explotar todos los beneficios del herbicida 2.4 D para el control de malezas, minimizando casi a cero los riesgos de deriva física o volatilidad. Y el tercer componente son los programas de control que propone la tecnología.
“Nuestra propuesta va de la mano de un manejo efectivo de la resistencia, que implica combinar esa diversidad química que propone el programa de control Enlist con diversidad agronómica”, señaló.
El líder de Investigación y Desarrollo de Corteva indicó que las tácticas agronómicas tienen que ver con la rotación de los cultivos y con la utilización de cultivos de cobertura, lo que permite diversificar la presión de selección y minimizar la propagación de genes de resistencia de una generación a otra.
Corteva pone el foco en que el productor use la tecnología de forma responsable, entendiendo que va a funcionar a mediano plazo. “Esto es lo que le va a dar a la tecnología sostenibilidad en el tiempo”, enfatizó.
En el caso de Enlist maíz, Frene explicó que es un evento biotecnológico que le brinda al cultivo tolerancia al 2.4 D (Enlist Colex D) y a los herbicidas FOPs, que se suman a la tolerancia a glifosato y glufosinato de amonio, que ya traía la tecnología PowerCore.
“El objetivo es combinar residuales con el manejo de otros dos herbicidas, lográndose resultados muy buenos a problemáticas como los capines y amaranthus”, comentó.
A su vez, remarcó la importancia de utilizar los programas de control de manera correcta y “no caer en la tentación” de utilizar repetidamente solo productos como el 2.4 D (Enlist Colex D) o Verdict Max para defenderse de las malezas.
Frene señaló que tanto en soja como en maíz no hay un número de programas de control, sino que existe una estrategia de manejo del productor en cada ambiente. “Para cada problemática, con la versatilidad que tiene la tecnología, se puede diseñar una combinación de herbicidas de forma inteligente, construyendo un programa de control para cada situación en particular. Sobre esa premisa, la tecnología Enlist está brindando soluciones a toda la problemática de malezas y con muy buenos resultados”, aseguró.
Manejo del maíz
Por otro lado, es claro que el cultivo de maíz se ha visto favorecido por una constante renovación del portafolio de híbridos, el avance de la mejora genética, la biotecnología y ajustes de manejo.
Lucas Borrás, investigador de Corteva, destacó a VERDE que aspectos como la cantidad de nitrógeno, la densidad de siembra, el uso de fungicidas, la elección de genotipo o la fecha de siembra, son claves para obtener buenos resultados. “Esas variables están y se manejan en función del ambiente que tengamos”, dijo.
Sobre los momentos de siembra, sostuvo que las posibilidades varían de acuerdo con la situación de cada chacra y con la búsqueda del agricultor, pero remarcó que en la zona centro de Argentina hay un 60% del área total sembrada con maíz tardío, algo que no sucedía desde hace 20 años.
A su vez, 30% del área de ese maíz tardío tiene un fungicida foliar aplicado, mientras que hace 10 años eso representaba solo un 5%. “Muchas de las prácticas de manejo se fueron modificando durante el tiempo y van adaptándose de acuerdo a las respuestas productivas. El sistema se va optimizando”, enfatizó.
En el caso de los maíces de segunda hay que considerar que, al ser sembrados luego de un rastrojo de invierno, parte sin agua y nitrógeno (N), con lo cual se debería pensar en un aporte de ese nutriente. Pero también Borrás destacó que se recomienda no sembrar enseguida de la cosecha, a principios de diciembre, sino esperar un tiempo y hacerlo sobre fines de ese mes. Con eso, el período de floración se da en febrero, un mes “con más lluvias y con menos demanda hídrica”.
En los cultivos de primera sostuvo que la variable clave es la calidad ambiental. “Si eso está, va un maíz de primera”, remarcó. A su vez, sostuvo que deben analizarse las perspectivas climáticas de año Niña o Niño.
“Debemos analizar qué calidad de suelo tenemos, con qué cantidad de agua almacenada contamos en setiembre y el pronóstico de lluvias, y a partir allí definimos si vamos a usar ese lote con un cultivo de primera en setiembre-octubre, o si lo vamos a retrasar para minimizar riesgos”, planteó.
Borrás sostuvo que los genotipos modernos tienden a tolerar más densidad de siembra que los viejos, por lo que el recambio de genotipo viene asociado a una mayor tolerancia en la densidad. De todas formas, puntualizó que no siempre conviene aumentar la densidad de plantas. “Podemos pensar en poner más plantas en un maíz temprano, sembrado en setiembre-octubre y en un buen ambiente; que en uno sembrado sobre trigo, en diciembre, cuando tenemos un ambiente con un potencial menor”, explicó.
Sobre la fertilización nitrogenada, dijo que la productividad –en función del ambiente y las perspectivas climáticas– es la que determina la dosis de N a aplicar. También recalcó que incide más la cantidad que la distribución de N.
Borrás enfatizó que la calidad de siembra paga en rendimiento y remarcó la importancia de la variabilidad espacial y temporal. “Cómo quedan las plantas distribuidas, y la uniformidad de la emergencia en el surco, impactará en el rendimiento final. Que todas las plantas emerjan al mismo tiempo es fundamental para el éxito de un cultivo de maíz”, afirmó.
El ejecutivo de Corteva consideró que el maíz dejó de ser un cultivo utilizado solo por los agricultores de punta. “Aumentó el rinde potencial, la estabilidad y los agricultores han adaptado las prácticas de manejo para expandir la frontera productiva”, valoró.
Para Borrás, eso sucede en un contexto donde aparecen genotipos más rendidores y con mayor tolerancia a distintos tipos de estrés. “La genética avanzó muchísimo. Hoy se siembra en la zona núcleo de Argentina un genotipo moderno, que rinde 13.000 kilos por hectárea (kg/ha), mientras que en ese mismo ambiente, con un genotipo de hace 50 años, se sacarían entre 5.000 y 6.000 kg/ha”, señaló.
Consideró que la inversión en mejoramiento genético ha sido fundamental para que esto suceda. En esa línea, informó que en 50 años el rendimiento del maíz de primera ganó 113 kilos por año, y el tardío ganó 114 kilos por año.
El investigador de Corteva marcó los elementos claves que más impactan en el rinde de un maíz de primera: densidad, N, precipitaciones, azufre (S), fósforo (P) aplicado, agua a la siembra y fecha de siembra.
La información marca que en la zona núcleo de Argentina, en un ambiente “sin restricciones, poner 10.000 plantas menos reduce el rinde entre 1.500 y 2.000 kg/ha”, a la vez que se logran 28 kilos de maíz por unidad de N disponible.
Para un maíz tardío, los elementos determinantes son: precipitaciones, fungicidas, fósforo del suelo, nitrógeno, día de siembra, agua en la siembra, densidad y azufre. En este caso, “si nos pasamos en 10.000 plantas perdemos 200 kg/ha, en tanto que se logran 10 kilos de grano por unidad de N disponible. A la vez, la hipótesis marca que para un maíz de segunda las claves pasan por: N, precipitaciones, fungicidas, densidad baja (45.000 a 50.000 plantas por hectárea). Mientras que aparecen otras variables, como el N incorporado –cuanto más profundo mejor–, fecha de siembra (cuanto peor es el ambiente mejor es retrasarla), P aplicado, azufre y zinc.
Indicó que la utilización de fungicida generaría un impacto de 1.044 kilos, según los predictores. Pero en promedio, sobre un trabajo de Corteva y Aapresid, el efecto se acerca a los 500 kilos, aplicado entre v8 y v12. En Estados Unidos la proporción de maíces con fungicidas se acerca al 50%.
EN URUGUAY
En la misma línea, el representante comercial de Corteva en Uruguay, Ignacio Vago, sostuvo que desde la compañía se ha renovado el portafolio de híbridos y se ha sumado tecnología para ampliar la frontera productiva del maíz. Este camino va desde la genética, “donde hemos ido renovando casi todo el portafolio de híbridos de maíz –con híbridos más adaptados a cultivos de segunda y con mejor perfil sanitario– hasta la biotecnología”, señaló.
En ese sentido, Vago sostuvo que la aprobación de la biotecnología PowerCore Enlist –para el control de malezas– y PowerCore Ultra Enlist –para el control de plagas y malezas– le brinda a los productores uruguayos la posibilidad de contar con las mismas herramientas que tienen otros países, como Argentina.
Por otro lado, Diego Sorrondegui, director de Rutilan, se refirió al proceso de recambio del portafolio de híbridos que ofrece Pioneer. Destacó que en los últimos cuatro años se recambió el 100% de los híbridos. “Apuntando a las necesidades de nuestro mercado, se renovó el portafolio”, dijo.
Aseguró que el uruguayo es un mercado con una gran proporción de maíz de segunda, muy desafiado por la presión sanitaria y con una proporción de primera que tiene “factores de estabilidad a cuidar mucho, ya que está muy desafiado por el clima”.
Sorrondegui destacó la cercanía con el sistema productivo y el trabajo de desarrollo que se lleva adelante en Uruguay, con una red de ensayos locales, con todos los híbridos potenciales y los principales que se venden en plaza.
En Bement (Illinois) una hectárea vale alrededor de US$ 50.000 y los rindes promedios son de 16.500 kilos de maíz por hectárea y 6.000 kilos en soja, con gran estabilidad
José Álvarez, conocido en redes sociales como Bumper Crop, es argentino y llegó a Estados Unidos en 2014. Tuvo una primera aproximación y alguna intención de invertir en ese país ya en 2002, después de la crisis en Argentina, pero en ese momento los precios de la tierra respecto a su país de origen, considerando calidades similares, hizo frenar la decisión.
Después de unos años, al mantenerse las condiciones de producción adversas en Argentina, tomó la decisión de realizar su primera inversión productiva en la zona centro-oeste de Illinois en 2014.En ese momento, el precio de los campos era entre un 30% y 40% inferior al promedio actual. En la actualidad opera unas 270 hectáreas.
En su diálogo con VERDE, en el marco de la visita del Farm Tour de la Asociación Agropecuaria de Dolores, comentó que esa es una de las zonas más productivas de Estados Unidos, y una de las que tiene un período más amplio de crecimiento de los cultivos, porque allí no hay temperaturas extremas.
Esa es una zona netamente agrícola, con suelos muy profundos que son de los mejores del planeta con 60 o 70 ppm de fósforo (P) y 200 ppm de potasio (K), casi no se ve ganadería. El 50% del área se dedica a la producción de maíz y el 50% soja, donde un porcentaje menor corresponde a soja no transgénica que tiene un premio de US$ 75 por tonelada; todo se hace en labranza vertical y muy poco en siembra directa.
Drenaje
Los suelos pueden acumular unos 300 mm y por la nieve arrancan con el “tanque lleno”. Pero la zona es muy plana y requiere de ingeniería para resolver el impacto de los 600 mm que llueven en el periodo de cultivo. El sistema de drenaje consiste en una red de canales, diseñados a nivel estadual, controlados a nivel municipal y ejecutados en parte por el sector privado y en parte por el Estado, que llegan a un lago donde se vierten los excesos, que terminan en algún afluente y luego en el río Mississippi. Dicho sistema de drenaje tiene unos 100 años.
Informó que “se trata de una red de caños cribados, paralelos, que siguen la pendiente. De acuerdo a la necesidad, se pueden colocar a 40, 20 0 10 metros de distancia entre sí, con más pendiente, más separación. Generalmente la pendiente es menor a 1%. Son suelos 100% agrícolas, ninguno sufrió una cantidad de años de exceso de humedad como para cambiar sus propiedades físico-químicas o tener acumulación de sodio o sales. Es por eso que es tan útil tenerlo drenado. El deterioro, el consumo de materia orgánica, es mucho más lento. Al recorrer los campos se ven muy pocos lotes con errores”, describió el productor.
Detalló que “esos caños con agujeros, ante una presión de agua que se traduce por exceso en el perfil, tiende a entrar, venciendo las resistencia que tienen esas cribas, porque tienen siete capas de membranas. Cuando esa presión es suficientemente fuerte entra al caño, por gravedad sin bombeo, y esos caños primarios van hacia otros de mayor tamaño, que después se unen a uno más grande, que termina vertiendo todo ese exceso de humedad a un canal que termina en un lago”.
Explicó que el Estado diseñó y construyó los canales primarios y el lago, teniendo en cuenta la opinión de los productores, pero las obras porteras adentro fueron hechas por los productores. “Acá siempre se dice que esta es la inversión que más dinero recupera, hoy para la misma se utiliza toda la tecnología disponible”, comentó.
Esta inversión en drenaje es de unos US$ 2.500 por hectárea, que coincidentemente es muy similar a la del riego, y “dura muchísimos años”, confirmó Álvarez.
Además, dijo que es difícil que ocurra alguna rotura por labranza profunda, ya que los caños están dispuestos a 90 centímetros de profundidad, y “no hay herramienta que llegue”. Tampoco suele haber árboles en esos campos, por lo que es difícil que ocurran roturas por raíces.
Pero cuando hay alguna rotura, que generalmente ocurre por cuestiones de vida útil de los materiales, “se cambia alguna sección y listo. De hecho está el plano que indica por dónde están los caños”.
Elproductor sostuvo que “se están comenzando a implementar medidas para filtrar residuos de nutrientes, así no terminan en los ríos”.
Consultado sobre el precio de una hectárea de los mejores campos de la zona, Álvarez señaló que ronda los US$ 50.000 y el alquiler entre US$ 1.000 y US$ 1.250 por hectárea al año.
Manejo
Sobre el manejo de los cultivos de soja y maíz, explicó que todo arranca con una labor primaria, vertical, profunda, con subsolador a 40 o 60 cm.Hay una aplicación de nitrógeno de base con estabilizador. Además del encalado en los años y con la frecuencia que requiere el suelo, cuando se llega a un pH de 6,3 se lleva 6,7, en el otoño previo a la próxima siembra.
Dijo que después, a la salida del invierno también hay una labor vertical, de terminación, con un cultivador. Luego está la aplicación de P y K en cobertura total, que puede estar incorporada o no. Más adelante viene la siembra, la aplicación de N en maíz, que también se divide. Puede ser líquida, antes de la siembra, o posterior a la siembra y en preemergencia. El control de malezas se hace con preemergentes y cuando hay necesidad se utilizan posemergentes. En soja se siembran materiales grupo 3.5, en algunos casos con tecnología Enlist y a 76 centímetros. Dependiendo de la necesidad, después se puede hacer control de insectos o de hongos, que en esta zona no son tan frecuentes como en Argentina o Uruguay, así que en eso es más simple.
Señaló que el objetivo de densidad son 90.000 plantas de maíz y 320.000 de soja “Acá se suele sobrefertilizar, para maíz se aplican entre 400 y 600 kilos de equivalente a Urea, según el rendimiento objetivo y el ambiente”.
En ocho zafras “el rendimiento medio de maíz en secano es de 16.500 kilos por hectárea, con picos de 18.000 kilos y mínimos de 15.000 kilos por hectárea. Y en soja el promedio es de 5.500 kilos por hectárea, con un techo de 6.000 kilos y un piso de 5.000 kilos. “Hay muy poca variación interanual”, destacó el empresario.
En esta zafra, en soja espera estar en el promedio y en maíz un 10% por debajo. El margen bruto en esta zafra en ambos cultivos promediará los US$ 3.000 por hectárea. Los costos productivos, sin renta, se ubican en US$ 1.400 por hectárea para maíz y el de soja llega a US$ 800 por hectárea.
Álvarez indicó que no utiliza agricultura de precisión porque no hay variaciones intralote por encima de 10%, tampoco utiliza riego porque no hay una variación anual de 20% o 25% en los rindes.
El rol del Estado
“Acá, a diferencia de Argentina, el Estado se mete donde tiene que meterse y no se mete donde no le corresponde. Es lo que uno desearía para cualquier Estado”, valoró Álvarez.
Agregó que la financiación del Estado “es consecuencia de la actividad económica y no al revés”. Valoró que en ese país “el Estado deja que las empresas crezcan”, y las reinversiones se deducen del impuesto a las ganancias. “De hecho es muy simple, porque se paga es el impuesto a las ganancias.Una parte al gobierno estatal y otra al federal. Se hace un solo cálculo y dos cheques. Después está el impuesto inmobiliario. Pero no hay impuestos al patrimonio, ni ningún otro impuesto”, detalló el empresario argentino.
Consideró que el nivel de impuesto a las ganancias “es manejable de acuerdo al nivel de reinversión que tengas. Podés reinvertir más y bajar de categoría. A nivel general, el impuesto a las ganancias se redujo en la administración anterior, de 24% a 15% a nivel federal, y después depende de cada estado. En el caso de Illinois es 9%. Se totaliza un 24% del ingreso neto, que a su vez es deducible con reinversiones”.
Por otra parte está el impuesto inmobiliario, que “es caro, porque tiene correlación con el valor de la propiedad, pero se observa una gran inversión en rutas y caminos rurales. El 99% de los caminos son pavimentados y están en excelente estado. Las rutas y autopistas son privadas, pero también están muy bien”, destacó Álvarez.
El impuesto inmobiliario se paga por acre, este año se incrementó. Los distritos que están drenados tienen un costo mayor, ronda entre US$ 100 y US$ 150 por hectárea, indicó el agricultor.
Además, señaló que “hay muy buen acceso al ferrocarril, con estaciones cada 10 kilómetros, de norte a sur y de este a oeste. Hay caminos pavimentados de norte a sur y de este a oeste cada 1.600 metros. Las escuelas en el interior son estatales y tienen una infraestructura de primera línea”.
Por otra parte, destacó que “el nivel de seguridad también es altísimo, está autorizada la tenencia de armas, algo que a algunos les gusta y a otros no, pero es una de las explicaciones de por qué a nadie se le ocurre meterse en la propiedad del otro. La salud también es de primera calidad. Incluso en el interior todo el mundo accede, porque tienen trabajo y allí está incluido el seguro”.
¿Producción subsidiada?
Se suele afirmar que la producción agropecuaria en Estados Unidos está altamente subsidiada, pero Álvarez dijo que eso “tiene mucho de mito”. Comentó que “muchos de afuera creen que la ayuda es importante, pero es mínima, porque el sector tampoco lo necesita. El sector de producción y procesamiento es inmensamente superavitario, hoy ronda los US$ 1,2 billones (en castellano), probablemente este año lo supere por el aumento de los precios. Con eso, el agro aportaría en impuestos, en el peor de los casos, el 25% de esa cifra, y lo que se recibe de subsidios se ubica en unos US$ 23.000 millones, o sea menos del 10% de lo que aportaría en impuestos, en definitiva sería una devolución de impuestos”.
En la actualidad los programas más importantes impulsados por el USDA están la conservación de suelos, fundamentalmente por la protección a la erosión, se paga por algunas vías de avenamiento. Estos “son lugares por donde escurre el agua, que están parquizados para que el agua fluya por encima de un suelo que no se siembra, que está con pasto y por eso no se erosiona”. Otro programa apunta a lotes que se reservan y no se siembran, “porque tienen mucha pendiente. Eso se da en zonas más marginales”, explicó.
Y planteó como “lo más importante de todo” el 50% del costo del seguro de rendimiento que es soportado por el Estado, “que sirve para controlar que no quiebre el sistema. Se buscan evitar los severos problemas que pueden generar las sequías”. El seguro “se basa en un rinde histórico para cada condado corregido por un factor de manejo de cada productor”.
Sintetizó que “todo eso suma US$ 23.000 millones por año, y el aporte del sector en impuestos supera 10 veces dicha cifra”.
Álvarez destacó que en Estados Unidos la información para los seguros “fluye naturalmente”. Aseguró que allí “la información sobra y cualquiera tiene acceso. Podés ver el historial de producción de cualquier parcela con solo tener el número, es todo público. No es necesario que nadie lo declare y no hay necesidad de ocultar ninguna información”.
El valor de la genética
Álvarez dijo que “no hay discusión por la semilla de uso propio ni por la propiedad intelectual, las compañías invierten fuertemente y eso impacta en la aparición de eventos y el avance genético. Resaltó que en Estados Unidos hay alrededor de 15 eventos biotecnológicos disponibles para el cultivo de soja, además de los que se han desechado con los años; mientras que en Argentina hay dos, tendiendo a uno, porque el otro ha quedado en desuso.
Consideró que ese es uno de los factores que marca que la producción en Estados Unidos “no para de aumentar todos los años”. Este año, “será un poquito menor por la sequía y las altas temperaturas en junio y julio, pero todos los años venía batiendo récords de producción con un clima normal. Hay una respuesta muy clara a la mejora genética, que viene desde 1960. Son 60 años de aumento sin pausa, desde la Revolución Verde hasta hoy, además del manejo, sobre todo en fertilización, que tiene muchísimo que ver”.
Reflexionó que así “es la evolución de la producción de alimentos. Hay que tener en cuenta que hace 100 años el 90% de la población mundial, que era casi una octava parte de la actual, pasaba hambre. Y hoy, dejando de lado la distribución, que tiene que ver con las decisiones de cada país y con las libertades que da a sus sociedades para producir y comerciar, se produce 40% más de alimentos de lo que requeriría en términos de energía y proteína la población mundial entera”.
A propósito, agregó que “se producen alimentos para 12.000 millones de habitantes y somos 7.900 millones. Y eso es producto del trabajo de los productores, de la investigación de las empresas y el respeto a la propiedad intelectual, de la propiedad privada, la capacidad de capitalizarse, tanto de los productores como de las empresas”.
Además, señaló que esta evolución también “depende de que los estados tomen el rol que tienen que tener y no otros. Deben proteger a la sociedad, sentar las bases para la justicia, para la defensa, para tener cierta educación y salud garantizada para todos, y que el progreso surja a partir de la iniciativa privada, y no de las ideas de 10 personas que se reúnen alrededor de una mesa”.
“Nada es mayor fuente de progreso que la libertad de educarse, de trabajar, de producir y de comerciar que tienen los individuos”, concluyó sobre este punto.
Agenda ambiental
Álvarez se definió como “bastante crítico” de la agenda ambiental, aunque admitió que “es necesario tener conciencia ambiental y que nadie puede estar a favor de que se tiren o quemen residuos”.
Dijo que mucha gente se ocupa de medir las emisiones del sector productivo, pero se olvida que de los cientos de actividades económicas que existen, las únicas tres dependientes del ser humano que secuestran carbono de la atmósfera son las producciones agrícola, ganadera (a través de las pasturas) y forestal.
“Este lote de maíz de donde estamos hablando, partió hace cinco meses de una bolsa de 15 kilos de semillas. Ahora tiene un rendimiento que puede ir de 15.000 a 18.000 kilos por hectárea, con el 50% de índice de cosecha, lo que quiere decir que tiene 30.000 kilos de materia seca. Todo eso a partir de 15 kilos de semilla”, subrayó.
Agregó que “toda esa cantidad de materia seca vino del ambiente y el 55% es carbono fijado, que después tiene una utilidad: la alimentación. Al lado tenemos un monte, que debe de tener más de 100 años, que también es carbono fijado, a una tasa infinitamente menor que un cultivo, y que no tiene una utilidad más allá de la sombra. Y después la otra actividad que secuestra carbono es la ganadería, a través de las pasturas”.
Planteó que al ser estas las únicas tres actividades que secuestran carbono, deberían ser las que menos estén restringidas por regulaciones. “El transporte, que es indispensable, la calefacción y muchas otras industrias, son las que realmente emiten y tendrían que ser mucho más eficientes. Pero la nuestra (el agro) es eficiente solo con el mercado”, sostuvo el agricultor argentino.
Enfatizó que el agro es una actividad generadora de riqueza como pocas, y advirtió que “por un capricho o prejuicio, tratar de restringirlas terminará generando escasez, poco menos se está cometiendo un crimen contra la humanidad”.
Si bien la cosecha de soja de la zafra 2021-22 tuvo resultados positivos, en términos generales, esto no significó la ausencia de varios desafíos, en un año con pronóstico Niña
La zafra de soja 2021-22 fue muy buena a nivel productivo y también permitió llegar a conclusiones importantes a nivel de ensayos. Pero aunque el resultado final fue muy positivo, también se plantearon desafíos. “En la zafra pasada fue todo un desafío lograr instalar los cultivos por parte de los productores y en los ensayos también”, dijo a VERDE la ingeniera agrónoma Lucía Camelo, encargada del área de Investigación y Desarrollo (I+D) de la empresa Erro.
Comentó que los cultivos se planificaron en base a un año Niña, en cuanto a las variedades a elegir, grupo de madurez (GM) y fecha de siembra. “La información que venimos generando es contundente y más en ese escenario. Había que concentrar las siembras en noviembre, no sembrar en octubre, y optar por variedades dentro del GM VI, como la DM 66R69 STS, DM 67i70 STS y no podía faltar la DM 60I62”, señaló.
Sobre esta última, dijo que “es una variedad todo terreno, que luego de siete zafras y más de 90 ensayos siempre está por encima de la media explorada, en promedio 5,1%, como bien mostramos en la jornada de este año”, subrayó la investigadora.
Y en una zafra con régimen hídrico deficitario, como fue la 2017/18, “nos levanta muchísimo los pisos de rendimiento, a un 11,7% (son aproximadamente 170 kilos por hectárea). O en caso contrario, si el año acompaña desde el punto de vista hídrico (como fue la zafra 2016/17), ese valor escala al 9,4% (son más de 200 kilos por hectárea). Por eso esta es de las variedades que no pueden faltar en el plan de siembra, y de las pocas que se adaptan a todas las regiones agrícolas del Uruguay”, enfatizó la ingeniera agrónoma.
En cuanto al número de sitios evaluados, dijo que “si bien perdimos algunos por la falta de agua en el momento de la siembra, aun así logramos instalar una red de 20 ensayos comparativos de rendimiento. Eso nos permitió testear las variedades dentro de rendimientos medios que fueron bien variables”.
A continuación planteó algunos ejemplos. En Salto, zona muy golpeada por el calor y la falta de lluvias durante el período crítico de la soja, la media registrada se ubicó en torno a 2.000 kilos por hectárea (kg/ha); en Durazno estuvo en 2.700 kg/ha; en el litoral-oeste y sur los rendimientos fueron en aumento, registrándose potenciales de más de 4.700 kg/ha en la zona de Dolores, Colonia y Rodríguez (San José), informó.
En la zona este señaló que se obtuvieron rendimientos récords, de más de 3.700 kg/ha en los suelos bajos. “Mucho de esto se explica por el grado de especialización que los productores de soja y arroz están obteniendo, al optar por genética adaptada a esas condiciones de suelos con mal drenaje, como es el caso de DM Garra y DM 60i62. Así como todo el ingenio que aplican para lograr sistematizar el agua, lo que les permite sacar los excesos de las chacras o bien regar en caso que puedan hacerlo”, destacó.
También dijo que la problemática de malezas, ya sea por Amaranthus, Conizas, Echinochloa o capines, “es una realidad creciente en todas las zonas”. Si bien el uso de estrategias químicas, como el uso de preemergentes son una alternativa muy válida, “no siempre termina siendo la solución más efectiva, ya que inevitablemente necesitan de lluvia para que se activen en suelo y cumplan su rol; por eso son tan variables y erráticos los controles”, dijo la investigadora.
Explicó que, en chacras muy complicadas por Amaranthus, por ejemplo, gracias a los ensayos de manejo de la tecnología Enlist “pudimos valorar pérdidas cercanas a los 1.400 kg/ha versus el mejor tratamiento Enlist; cuando el estrés para el cultivo estaba dado por la alta competencia de las malezas, sumado a las bajas precipitaciones durante el período crítico del cultivo, con tan solo 127 milímetros en la zafra 2020/21”.
Para esta zafra, en la misma situación de enmalezamiento pero con más agua en el período crítico (400 milímetros), “el cultivo colaboró mucho más y la diferencia entre la mejor estrategia Enlist versus glifosato más fomesafen fue de 330 kg/ha más. Si bien es menor, no es para nada despreciable”, señaló.
Elementos que se consolidan en el manejo
Camelo destacó que se va consolidando información muy importante. Planteó, como ejemplo, el conocimiento de las variedades, cuál es el mejor rango de fecha de siembra, la población óptima, entre otras características. “Siempre nos gusta decir que es de costo cero y de gran impacto”, comentó.
A propósito, agregó que “esto explica por qué tenemos un portafolio de más de 12 variedades para ofrecerles a nuestros clientes. Se debe a la diversidad de ambientes, cada una con sus limitantes, además de los objetivos productivos de cada empresa, que así lo exigen”.
En tal sentido, planteó varios ejemplos. Dijo que si es una producción en secano, en la zona del litoral-norte, sin problemas de malezas, se quiere comenzar con siembras a partir del 1° de noviembre, se puede optar por DM 66R69 STS o 67i70 STS.
Pero si se quiere mantener esa misma fecha de siembra, y además hay problemas de malezas, se optaría por la nueva variedad DM 64E64 STS, que permite controlar esas malezas sin perder rendimiento.
Otro caso puede ser el de suelos con presencia de tosca o calcáreo, donde se pretenden realizar siembras tempranas. Allí la opción es 67i70. Pero si se decide comenzar a sembrar a partir del 10 o 15 de noviembre, se puede optar por DM 55R20 STS o DM 60E60 STS, que son dos nuevas variedades que se agregan a 6.2i, “con un excelente comportamiento en suelos de tosca”, remarcó.
En ambientes donde el objetivo es maximizar los rendimientos de soja, superando los 5.500 kg/ha, donde se dispone de riego exclusivo para ese cultivo, se puede optar por una variedad de GM IV medio, como DM 46I20 STS; en fechas de siembra temprana, desde el 15 de octubre hasta los primeros días de noviembre. “Esto nos va a maximizar la productividad en kilos por milímetros regados, además de adelantar la fecha de cosecha en unos 15 días versus una siembra de un GM VI”, detalló sobre este aspecto.
Pero también planteó que el universo de riego es amplio, y que en la gran mayoría de los casos la prioridad la tiene el maíz de primera. “En ese caso recomendamos DM 60I62, con fecha de siembra de mediados de noviembre, de manera de ubicar el período crítico a fines de enero o primeros días de febrero, que es cuando seguramente ya no necesite regar el cultivo de maíz”, señaló.
Camelo resumió que “de esa forma vamos pensando diferentes estrategias, para las que son necesarias distintas piezas, para poder armar ese rompecabezas que es el plan de siembra de una empresa, con todas las complejidades que nos podemos encontrar”.
En cuanto al ajuste de la densidad objetivo, luego de 10 años de hacer ensayos de población para los diferentes grupos de madurez, “logramos modelizar las curvas de población por ambiente productivo. La siembra de precisión y un tratamiento profesional de semillas nos permite ajustar aún más la población a lograr, aumentando entre 12% y 20% el coeficiente de logro, mejorando la velocidad y uniformidad de implantación, optimizando el número de semillas por hectárea”, explicó.
El manejo de las variedades con la tecnología Enlist fue otro elemento que concentró la atención del área de I+D de Erro, que en las últimas dos zafras llevó adelante más de 10 ensayos, con el objetivo de valorar el aporte de esta tecnología.
“Nos enfrentamos a problemas de enmalezamientos bien complejos, y eso nos permite recomendar estrategias ajustadas a cada realidad y obtener resultados excelentes. Logramos proteger el potencial que las variedades nos permiten lograr, siempre haciendo mucho foco en el cuidado de esta tecnología, para que sea sostenible en el tiempo y evitemos la generación de malezas resistentes”, comentó la integrante de la empresa Erro.
Brechas productivas y cómo achicarlas
“Las brechas productivas en Uruguay son de las más altas de la región, superando el 30%. Esto quiere decir que hay una gran caja negra que se nos lleva mucho del potencial que la genética nos permite lograr”, planteó Camelo.
Decisiones como la selección de la variedad correcta y su fecha de siembra, “se puede reducir ese margen 14% en Uruguay; es un valor muy positivo, pero queda más por hacer”, sostuvo la ingeniera agrónoma.
Agregó que “este año, gracias al proyecto Optimus Beta de GDM, pudimos llevar adelante y evaluar si la combinación de genética dentro de una misma chacra nos permitía agregar valor, entendiendo cuáles eran las variables ambientales que hacían diferente cada ambiente de la chacra y cuáles atributos de las variedades se ajustaban bien en cada caso. Esto lo llevamos a cabo en unas 416 hectáreas para esta zafra en Uruguay”.
Planteó el ejemplo de una chacra de 70 hectáreas, ubicaba en Soriano, con zonas de manejos bien diferenciadas. “En la zona de media a baja productividad (ambientes con tosquilla), posicionamos a DM 55R20 STS; y en la zona de alta productividad fuimos con DM 52R19. El resultado fue positivo para las zonas de media a baja productividad, en donde DM 55R20 STS agregó valor en el orden de 392 kg/ha. Eso significó un aumento del 15%, marcando una interacción positiva de la combinación de la genética por ambiente intra chacra. Si bien esto fue exploratorio, marca un antecedente y la idea es seguir profundizando”, comentó.
Portafolio con novedades
En el portafolio de semillas de Erro, representante en Uruguay de la marca Grupo Don Mario (GDM), se destacan como novedades las variedades con la tecnología Enlist, “que nos permite armar una buena estrategia para el control de las malezas, y con esto cuidar cada kilo y que la productividad no se caiga”, destacó.
La empresa está lanzando para esta zafra un grupo VI medio-largo, que es DM 64E64 STS. Se trata de una variedad “con un altísimo potencial de rendimiento, con un ciclo más largo, que nos permite arrancar las siembras de primera a principios de noviembre”, describió.
Se suman DM 65E65 STS y DM 60E60 STS en el GM VI medio-corto; DM 52E21 STS, “como una opción de muchísimo potencial en el GM V”, remarcó.
En las tecnologías Intacta y RR1 se ofrecen ocho variedades, que van del GM V al VI. “Tenemos una excelente oferta varietal y tecnologías que nos permiten flexibilidad y adaptabilidad a la hora de armar un plan de siembra, sin perder potencial de rendimiento”, concluyó.
La actual administración de Uruguay autorizó un total de 20 transgénicos de soja y maíz, para diferentes usos, como el comercial, ensayos, investigación y exportación
El tratamiento de las solicitudes de aprobación de nuevos eventos genéticamente modificados por parte del Gabinete Nacional de Bioseguridad (GNBio) fue uno de los temas que generó discrepancias en los últimos años, principalmente durante las administraciones del Frente Amplio.
El sistema oficial de bioseguridad registró algunos cambios en los años recientes, además una serie de transgénicos fueron aprobados para diferentes objetivos y usos, ya sea para evaluación, investigación o exportación. El actual gobierno, con el mismo soporte técnico y siguiendo los cometidos que tiene el marco legal vigente, también agilizó la liberación comercial y para ensayos de eventos de soja y maíz.
¿Cuál es el proceso requerido para obtener la autorización oficial de nuevos productos biotecnológicos en Uruguay? El decreto 353 de 2008 estableció la creación de la estructura orgánica del Sistema Nacional de Bioseguridad, que comprende varias instancias para la evaluación del evento en diferentes aspectos.
La empresa interesada debe presentar la solicitud correspondiente, con toda la documentación en el sitio web www.gub/snb, específicamente sobre ensayos, estadísticas y otra cantidad de datos que se ponen a consideración de un comité de evaluación de riesgos. Así lo señaló la directora general de Inocuidad y Bioseguridad del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP); Virginia Guardia, en declaraciones a VERDE.
El GNBio está integrado por los ministros de Ganadería, Agricultura y Pesca, quien lo preside; Salud Pública; Economía y Finanzas; Ambiente; Relaciones Exteriores; e Industria, Energía y Minería.
A su vez, la Comisión para la Gestión del Riesgo (CGR) tiene representantes de cada uno de esos ministerios, con el objetivo de asesorar al Poder Ejecutivo en esta política y ejecutar el sistema en cuestión.
El Comité de Articulación Institucional (CAI) es una instancia auxiliar del proceso de Evaluación del Riesgo, integrado por las máximas jerarquías o quienes éstos designen de los siguientes organismos: Ministerio de Salud Pública; Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP); Ministerio de Ambiente; Ministerio de Educación y Cultura (Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable); Universidad de la República; Laboratorio Tecnológico del Uruguay; Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria; Instituto Nacional de Semillas (INASE); e Instituto Pasteur.
Son profesionales de diferentes ramas especializadas, que comprenden un conjunto de “científicos de altísimo nivel”, como si fuera “nuestro GACH (Grupo Asesor Científico Honorario)”, destacó Guardia, aludiendo a la comisión de expertos creada en la pandemia.
La jerarca valoró la importancia de la labor de los especialistas encargados de hacer el análisis y la evaluación de los eventos tecnológicos.
Análisis y diferencias
En el total de los distintos grupos de estudio de las solicitudes de esa estructura hay “33 técnicos”, afirmó la titular de Inocuidad de Ganadería. Explicó que cada grupo tiene una función determinada, como la evaluación de la “caracterización molecular”, para “comprobar que hay un transgénico”, e “identificar dónde está ubicado en la secuencia molecular del material”.
Otra instancia analiza si ese evento tendrá alguna incidencia en un “organismo no blanco”, que “por ejemplo puede ser un insecto”, al que no se tiene el objetivo de combatir o controlar. El “flujo génico” es otro aspecto que se evalúa. Se trata de la “capacidad de supervivencia o interacción con otras plantas”, para que “no haya cruzamientos”, contó.
También se refirió a que hay un área de inocuidad, de salud humana y animal que estudia los impactos vinculados a la “toxicidad”. Se trata de un grupo de análisis estadístico que ayuda a verificar que la información proveída sobre cada evento es sólida.
Cada grupo ad hoc eleva su informe a la instancia de Evaluación de Riesgo, que luego va a consulta pública. Previamente se hace un estudio por parte del CGR.
Justamente, a fines de mayo la Comisión para la Gestión del Riesgo del Sistema Nacional de Bioseguridad puso a consideración de la ciudadanía los informes elaborados en la instancia de análisis técnico-científico sobre los eventos: maíz 3272XBT11XMIR162XGA21 para ensayos de INASE y soja SYHTOH2 para uso comercial.
Sobre ese evento tecnológico en soja, el informe del CAI concluyó que en cuanto a la seguridad ambiental, “no se identifican modificaciones en sus características reproductivas, de diseminación o supervivencia respecto a su contraparte convencional, que permita establecer una hipótesis de riesgo vinculada a la capacidad de transformarse en una maleza o planta invasora de hábitats naturales”.
“No se identifican posibles modificaciones a las características del flujo vertical u horizontal de genes de soja, así como al vínculo con organismos no blanco”, indicó. Y planteó que “la soja es una especie esencialmente autógama, con bajos porcentajes de polinización cruzada”. Añadió que “en caso de ser necesario la aplicación de medidas de coexistencia, es posible la aplicación de medidas de aislamiento físico y/o temporal”.
Indicó que esas medidas “deben ajustarse en función de: las condiciones ambientales y el umbral de tolerancia de presencia de eventos transgénicos autorizados, lo cual dependerá de cada situación”.
Otra de las conclusiones de ese informe es que “no existe evidencia que puedan tener efectos adversos a la salud humana y animal en ninguna de las características estudiadas (aspectos nutricionales, de alergenicidad y de toxicidad) en comparación con la planta no modificada”.
“Se caracteriza un riesgo no significativo en cuanto a la inocuidad del uso de este evento para la producción y uso comercial para consumo directo o transformación”, sostiene.
Guardia hizo una aclaración relevante en cuanto a las diferencias en el tratamiento y la evaluación de los eventos transgénicos, dependiendo del objetivo y el uso de los mismos.
Cuando se trata de semillas genéticamente modificadas para su exportación en régimen de contraestación “no se requiere del estudio sobre impacto en salud humana y animal”, porque el destino del producto no es el mercado uruguayo, aclaró.
Acotó que si una empresa solicita la autorización de ese mismo evento para su liberación comercial en Uruguay, lo que implica la producción, comercialización y consumo, entonces sí se deberá realizar la evaluación correspondiente respecto a eventuales efectos en salud humana y animal.
Si los técnicos de los grupos ad hoc encuentran que la forma en que se introdujo el gen no es seguro, entonces a ese nivel ya se detiene el proceso de evaluación, enfatizó.
Sobre el proceso posterior a la consulta pública, la directora de Inocuidad y Bioseguridad del MGAP señaló que la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa) es la que elabora un informe socioeconómico sobre el evento aprobado. Ese trabajo es elevado a la instancia superior del GNBio, que es de carácter político y considera si aprueba o no el evento.
Hay casos en los que el mismo sector productivo toma una posición respecto a la conveniencia o no de la utilización de semillas genéticamente modificadas, como sucedió con la producción arrocera.
Los cultivadores de arroz y las industrias del rubro resolvieron no implementar el uso de transgénicos, considerando que las exportaciones de ese grano tienen un mejor posicionamiento en los mercados sin semillas genéticamente modificadas.
Certezas y rezago
Respecto a si el actual sistema genera certezas para las empresas interesadas en el desarrollo y comercialización de eventos tecnológicos, Guardia dijo que en algún momento, cuando estaban los informes técnicos, el GNBio no se reunía o no aprobaba las solicitudes.
Actualmente, el presidente de esa instancia, que es el titular del MGAP, Fernando Mattos, planteó la necesidad de tener una “previsibilidad” en cuanto a la aprobación de “dos eventos por año”, atendiendo a las siembras de cultivos de invierno y de verano.
El objetivo es que “no se extiendan los plazos más de dos años, como mucho. Aunque existen algunos retrasos, se está marcando otro ritmo” de evaluación, reconoció.
La actual administración autorizó un total de 20 eventos transgénicos, para diferentes usos, como comercial o ensayo e investigación. Para uso comercial y exportación de semillas hay un total de 43 eventos aprobados, por lo que algo más de 45% fue autorizado entre 2020 y 2021, detalló.
La jerarca repasó que hoy el sistema de bioseguridad tiene tres eventos en maíz para uso comercial, que están en proceso de estudio; en soja hay siete para comercialización y cinco para investigación –en algunos casos son los mismos eventos apilados–; y en algodón hay dos para uso comercial y uno para producción de semillas.
En cuanto a la situación de Uruguay en este tema, en comparación con los países de la región, la jerarca del MGAP destacó que si bien hay un cierto “rezago”, el mercado uruguayo se posicionó en el mismo lugar que Paraguay, con algo más de 40 eventos aprobados; mientras que Argentina y Brasil tienen unos 65 transgénicos autorizados.
Para los productores agrícolas locales es clave disponer de la mayor cantidad de alternativas tecnológicas, que les permitan mejorar el resultado de los cultivos.
Ante la aparición de diferentes problemas, como el avance de las malezas y otras plagas, que genera impactos severos en la producción, una de las soluciones pasa por contar con tecnologías que aporten herramientas para enfrentar de mejor forma ese tipo de situaciones.
Comasa y New Holland expusieron la CR 10.90, un equipo que cuenta con 700 HP y posee el récord mundial de cosecha de trigo, logrando 797,65 toneladas en ocho horas
La cosechadora CR 10.90, con un cabezal MacDon de 50 pies, fue presentada en la Expo Prado por Corporación de Maquinaria (Comasa) y New Holland. Se trata de un equipo de 700 HP, que posee el récord mundial de cosecha de trigo, con 797,65 toneladas levantadas en ocho horas. “Es la única cosechadora clase 10 del mercado, que combina comodidad, capacidad, eficiencia y tecnología de alta gama”, dijo a VERDE Gustavo Candellero, ejecutivo de New Holland.
Es la máquina más grande del mercado, que figura con el récord Guinness como “la cosechadora con más capacidad de trabajo”. Eso marca que “es productiva, pero también es la que menos granos pierde y la que menos daña al grano en cosecha”. Cuenta con la tecnología Automation, que permite que toda la máquina se pueda regular desde la cabina, ya sea de forma automática o manual, “con lo cual el operador puede pasar de un cultivo a otro” sin demoras, acotó.
Señaló que la tecnología que presenta la CR 10.90 “es el resultado de muchos años de investigación y desarrollo para cumplir con los requisitos” del negocio agrícola actual. Con un cabezal de 50 pies, “tiene una capacidad de trabajo y de recolección, por encima de la media”.
Además, la cosechadora posee “el conocido doble rotor, que le permite realizar una separación centrífuga en toda su longitud, grano a grano, con una trilla eficiente y una división continua y perfecta, que facilita enormemente la capacidad de la actividad del operador”.
Otra de las características es su transmisión de dos velocidades de marcha Common Ground Drive, que brinda al operador un mayor rango de velocidad, sin necesidad de cambiar la marcha durante la cosecha, a la vez que mantiene el torque y el bajo consumo de combustible. Asimismo, destacó que las regulaciones automáticas permiten establecer parámetros y prioridades, “como velocidad, menor pérdida, o la máxima limpieza, además de la humedad del cultivo”, ejemplificó.
El ejecutivo destacó la gran evolución productiva de la ganadería uruguaya en los últimos años y planteó los desafíos a superar para que estos niveles se consoliden
Daniel de Mattos, asesor del directorio del frigorífico Breeders and Packers Uruguay (BPU), que pertenece a la empresa japonesa NH Foods, analizó la evolución de la producción de carne durante los últimos años en Uruguay, en todos los eslabones de la cadena. Durante esta entrevista con VERDE planteó que la sociedad entre ganadería y agricultura “seguirá siendo muy buena y con mucha potencia, porque es necesaria para lograr estos niveles de extracción tan altos”.
A propósito, valoró que Uruguay se va acercando al 28% o 30% de extracción que tienen las ganaderías más desarrolladas, como las de Australia y Estados Unidos. Al tiempo que enfatizó que tener carcasas más pesadas agrega bastante eficiencia a la industria frigorífica.
¿Cómo analiza lo que está pasando con la ganadería uruguaya?
Está demostrando el potencial que tiene en todo sentido. Hay tres o cuatro cosas que son muy destacables. La primera es la capacidad de gestión y el conocimiento que tiene el productor uruguayo para poder invertir y aumentar su capacidad de producción. Eso no es menor, porque es una capacidad que no existe en cualquier lugar del mundo. Varios países intentaron dar un salto productivo, cuantitativo y cualitativo, y no han podido por una falta de capacidad de gestión a nivel productivo. Otra cosa es el gran potencial genético que tiene Uruguay, en cuanto a calidad y capacidad de generar productos que se adapten a los mercados mundiales de forma muy flexible. Y tercero las condiciones del Uruguay en cuanto al marco normativo existente, a la calidad de las instituciones y el prestigio sanitario del país, que nos permite acceder a los mercados. Todo esto ha generado esta revolución productiva que nos lleva cada vez más cerca a las ganaderías de primer mundo, muy desarrolladas. Consideremos que la tasa de extracción, incluyendo la exportación en pie y faena, cerró el año agrícola arriba del 25%, fue históricamente alta para Uruguay.
¿Están dadas las condiciones para consolidar este 25% de extracción y apuntar al 28%?
Las condiciones de mercado están. Tienen alguna luz amarilla por la altísima dependencia de un solo mercado (China), y cualquier cosa que haga variar la demanda o los niveles de precios puede llegar a afectar esta curva de crecimiento enorme que tiene la ganadería. Pero Uruguay está dando pasos para mejorar su acceso a los mercados, que viene de la mano de un probable tratado de libre comercio (TLC) con la Unión Europea. Además es probable que se firme un TLC con China, y lo más destacado es la voluntad que tiene Uruguay de unirse al Tratado Transpacífico.
¿Esa dependencia de China se basa en que es el mercado que paga más?
Es un tema de precios, pero no solo eso. Ese mercado tiene dos condiciones más: no está cuotificado y no tiene pico arancelario. Esas dos condiciones son, quizá, más importantes que el precio, porque puedo tener muy buenos precios en el mercado europeo o en el mercado estadounidense, pero estoy cuotificado. Y por encima de esa cuota que tengo asignada, tengo que pagar aranceles que varían entre el 26% y el 40%. Por lo cual, el hecho de que se generen mejores precios en los mercados alternativos no es una condición suficiente y tiene que darse también una mejora de acceso.
¿Por eso es fundamental que Uruguay pueda concretar el ingreso al Tratado Transpacífico?
Este acuerdo está integrado por países que serían mercados estratégicos. No hay que olvidar que también se está integrando el Reino Unido, que ya está Canadá y probablemente también accedan países como China y Corea. Son cosas muy definitorias, que pueden acelerar los procesos productivos de la ganadería.
¿Cómo visualiza la demanda de carne vacuna en los próximos años?
Vemos que la demanda está creciendo en cantidad y en calidad en Asia, y eso hace aún más importante mejorar el acceso a esos mercados.
¿Cuál de los indicadores de la ganadería tiene mayor potencial para mejorar?
Creo que la ganadería uruguaya no tiene ninguna limitante tecnológica por la cual no pueda desarrollar su tasa de reproducción, su velocidad de crecimiento o calidad de producto. Esas cosas están solucionadas o en vías de solución, y no son la restricción más importante. Lo que necesitamos, y quedó demostrado en estos dos o tres últimos años, es acceso a mercados y volumen. Con eso se soluciona todo. El productor sabe adoptar tecnología, se adapta rápidamente, y aumenta todos los indicadores en cualquier nivel de la cadena.
¿Se cayó el mito: a mayor producción, menor valor?
Sí. Ese mito se cayó porque hoy no tenemos un mercado cuotificado y todo lo que se produce se vende. La importancia de acceder a China es esa, no estar limitado en cantidad ni arancelariamente. De todos modos, un acuerdo arancelario sería muy importante, porque hay competidores de Uruguay que no pagan el 12% como lo pagamos nosotros. El mercado chino derriba ese mito de mayor producción-menor precio. Eso hoy no existe, se sacó la tapa de la olla a presión, y eso hizo que la ganadería se desarrolle.
¿Cómo analiza la interacción agrícola-ganadera y el crecimiento de los corrales de engorde?
Este es un proceso que tiene muchísimos años en Uruguay y que siempre ha tenido una limitante que ha sido la cuota 481. Ese cupo fue muy beneficioso, transformó la ganadería uruguaya, y aprovechó la interacción con la agricultura. Ese cupo se está cayendo, cada vez tenemos menos acceso en cantidad y cada vez nos estamos limitando más en las semanas en que podemos acceder a través de esa ventana. Sin embargo, ya se están desarrollando negocios de más largo plazo, con acuerdos importantes en los países asiáticos, por lo que esa sociedad entre ganadería y agricultura seguirá siendo muy buena y con mucha potencia, porque es necesaria para lograr estos niveles de extracción tan altos.
¿Qué le aporta la carne producida a corral a la industria frigorífica?
Previsibilidad, calidad de producto, homogeneidad y más que nada tener planificada las faenas con animales que sabemos que vendrán con determinados parámetros de calidad, que son importantes.
¿Cuánto juega la producción de carne a corral en el aumento de la extracción ganadera?
Cada vez se hace más importante, pero no solo la producción de carne a corral es la que puede capitalizar una asociación con la agricultura sino también las otras etapas del ciclo de producción. Llegar a tasas de extracción tan altas requiere de un aumento de la cantidad de energía que se consume en la cría, en la recría y en el engorde. La utilización de destetes temporarios, destetes precoces, creep feeding y recrías más aceleradas es muy necesario para todo esto. Entrar al corral con novillos diente de leche o máximo dos dientes, con 400 kilos, y lograr carcasas que se acerquen a los 300 kilos, como tienen esas ganaderías, es un paso que se está viendo consolidado.
¿Ese tipo de animal también le agrega eficiencia a la industria?
Le agrega mucha eficiencia. No hay que olvidar que en Uruguay nos enfrentamos a costos muy altos de procesamiento, tanto a nivel primario como industrial, pero especialmente a nivel industrial. En Uruguay tenemos un uso intensivo de mano de obra, con costos salariales altos y productividad baja. Eso nos pasa cuando comparamos a Uruguay con países de la región pero también con países como Australia, donde el costo de mano de obra por kilo procesado es menor, a pesar de que los salarios son comparables o incluso más altos. Por lo tanto, tener carcasas más pesadas agrega bastante eficiencia.
¿Hoy cómo se divide la torta de mercados del ganado terminado a corral?
La cuota 481 tiene una participación cada vez menor, lamentablemente es así. Miramos cada vez más a mercados como Asia. Y en ese mercado tenemos que competir con Estados Unidos y con Australia, ganaderías que procesan animales bastante más pesados, y para competir tenemos que pensar en un aumento de los pesos de carcasa.
¿Cómo viene la tendencia en peso de carcasa?
Venimos en un aumento significativo. En el primer semestre de este año, que tuvo una faena acelerada, presentó animales un poco más livianos, pero fue algo coyuntural.
¿Hacia dónde debe apuntar la diferenciación de la carne uruguaya para posicionarse en los diferentes mercados? ¿Hay una marca construida o hay que trabajar en ese proceso?
Este es un proceso continuo. Uruguay tiene un muy buen nombre en el mercado europeo, en el mercado estadounidense y en el mercado asiático estamos empezando. Cuando comenzamos a vender en el mercado japonés nos decían que lo primero que teníamos que hacer era que se conozca el país, después el desarrollo de marcas privadas y penetración de mercado. Asia es una región muy vasta, y requiere de inversiones importantes para posicionar la marca país como una marca diferenciada. En cuanto a las estrategias, el mercado asiático nos permite valorizar cortes que tradicionalmente no estábamos acostumbrados a valorizar. Antes los cortes que se valorizaban era el bife, el lomo, el cuadril, y lo demás era industrial.
¿Cómo está posicionado Uruguay en el tema de la huella ambiental de la producción de carne?
Uruguay tiene ventajas comparativas muy importantes con respecto a los países de la región y también frente a los grandes competidores en el mundo. Es un país donde todavía prima mucho el campo natural, donde en lugar de deforestar para producir más aumentamos el área forestada; incluso se está agrandando el área de monte nativo. Si se suma la Ley de Conservación de Suelos y las formas responsables de producción que tiene Uruguay, creo que estamos muy bien posicionados. Eso es algo que lo empezamos a trabajar, tanto a nivel oficial como de las empresas para poder diferenciarnos en el mercado internacional.
¿Cómo vienen trabajando con la producción de carne carbono neutro?
Es un proceso muy lento, que implica un trabajo a nivel primario para caracterizar los sistemas de producción, luego certificarlos, y cuando se empieza a tener volumen posicionar esas marcas en los mercados. Ese posicionamiento requiere de un volumen grande y continuo de animales certificados y un trabajo de hormiga a nivel de procesadores como de consumo final en supermercados.
¿Cómo está la competitividad de la industria frigorífica?
Está bastante amenazada. Tenemos costos muy altos, baja productividad, un tipo de cambio que nos está amenazando continuamente. Y por otro lado existe una capacidad de producir mucho más de lo que hoy tenemos. Eso también impone costos adicionales que no se ven. Pero como ventaja Uruguay tiene una industria de muy buen nivel, que está posicionada y reconocida a nivel de todos los mercados.
¿A qué nivel de capacidad han estado operando en estos dos últimos años en BPU?
BPU tiene más o menos 70% de la capacidad utilizada en este momento, con algunos altibajos, pero tenemos capacidad de crecer un poco más.
Hubo un fuerte ajuste en los precios del ganado ¿Que se puede esperar para fines de 2022 y el arranque de 2023?
El mercado estará más calmado que en el primer semestre. Está incidiendo lo que pasa con nuestro gran demandante, que es China, que viene con stock altos de carne. Espero una demanda más lenta, por las restricciones de China por el Covid. Todo eso ha bajado el consumo y ha enlentecido la cadena de pagos, algo que estamos sufriendo con esta baja del precio y de los volúmenes demandados.
Tarjeta personal
Daniel de Mattos es ingeniero agrónomo (Udelar), con maestría en Ciencia Animal y Lechera (M.Sc.) y doctorado (Ph.D.) en Cría y Genética Animal (Universidad de Georgia, EEUU). Es asesor del directorio NH Foods Uruguay (BPU), representa a la Asociación de la Industria Frigorífica del Uruguay (ADIFU) en la junta directiva del INAC. Fue gerente general de BPU y miembro del Consejo de Administración de NH Foods Australia; gerente de la Sociedad Criadores de Hereford y de Carne Hereford del Uruguay; asesor técnico de empresas agroindustriales; y jefe del Programa Nacional de Investigación en Ganadería de INIA.