Las cinco más destacadas fueron: Barraca Pastorini, de Quebracho; Garmet Mercedes; la Sociedad Fomento de Tarariras; Myrin Paysandú; y Copagran de Ombúes de Lavalle.
Cinco plantas de acopio fueron premiadas en la tercera edición del Reconocimiento Ambev, actividad realizada en Carmelo, Colonia. Las plantas de mayor adherencia al programa de gestión BWO (Barley Warehouse Operations) 2024 fueron: Barraca Pastorini (de Quebracho, Paysandú), Garmet Mercedes, Soforuta (Sociedad Fomento de Tarariras), Myrin Paysandú y Copagran de Ombúes de Lavalle. Estas cinco plantas tuvieron una adherencia mayor al 93% del programa.
El gerente de logística de Ambev, Ricardo Long, comentó a VERDE que el programa de gestión BWO 2024 está vinculado con “las tres áreas de enfoque que nos asocian con los acopios: originación y recibo, aireación y termometría de la cebada, nivel del servicio y fluidez durante la zafra, todos relacionados con la parte agronómica; conservación, calidad de entrega de la cebada, problemas de germinación y clasificación de la cebada en el momento del retiro, que tienen que ver con la calidad; y los aspectos operativos desde el punto de vista logístico, como despacho, disponibilidad de la cebada, incidencia de insectos y documentación”.
En 2024 fueron 30 las plantas que le brindaron servicios a Ambev, desde Quebracho hasta Colonia Valdense (Colonia), y “todas se miden con los mismos criterios y las mismas herramientas”, dijo Long.
El ejecutivo destacó que hubo “una gran evolución en estos años, cada vez tenemos más plantas en categoría A, y también va permeando a nivel de toda la planta, desde niveles gerenciales hasta operativos”. Valoró que en la premiación “nos acompañaron gerentes, dueños de empresas, operadores y encargados”.
Al comparar las plantas por zonas, el ejecutivo señaló que “vemos una mayor adherencia en la zona norte, con un 88% de las plantas en categoría A”. Destacó que “desde que se inició el programa fue la zona con mayor adherencia”. Además, la zona centro “tuvo una buena evolución, pero aún tenemos un 50% en categorías B y C”, dijo. Y al inicio del programa “la que tuvo una adherencia más baja fue la zona sur, pero luego mostró una muy buena evolución llegando hoy a tener un 80% en categoría A”, valoró.
El programa de gestión de Ambev tiene cinco años y la empresa también reconoció a tres plantas que se mantienen en categoría A desde 2020. Fueron reconocidas como Embajadoras del Programa BWO las plantas de Barraca Pastorini, Garmet Young y Garmet Mercedes.
Las categorías del programa son tres. Para estar en la categoría A la adherencia debe ser igual o mayor al 80%; para ser categoría B tienen que lograr valores entre 69% y 80%; y para la categoría C entre 55% y 69%.
“En las zonas norte y sur la mayoría está en la categoría A, y en el centro está el 50% en categoría A, 42% en categoría B, y en la categoría C nos queda una sola planta”, comentó.
El gerente de logística de Ambev confirmó que el programa impacta mucho en el producto final, porque “lo visualizamos desde el punto de vista de la disponibilidad de la mercadería y de la conservación”. Admitió que “en algún momento fue complejo planificar los retiros, en base a la calidad, especificación, presencia de insectos y costos operativos”, y “esto nos ayudó mucho a ordenar esa interacción entre el acopiador y las malterías, para garantizar el abastecimiento”. En definitiva, destacó que el programa “nos ayudó a establecer reglas más ordenadas en esa relación acopiador-maltería, y que para cada actor estén claras las pautas para la ejecución de los servicios”.
El programa BWO inició en Uruguay y ya este año se está implementando en algunas plantas de Brasil y en Argentina, informó.
La zafra y la exportación
Consultado sobre la cosecha de cebada, Long respondió que “previo al comienzo realizamos entrenamientos de laboratoristas, recibidores y supervisores de la zafra, en Paysandú y en Nueva Palmira”. Antes del arranque se realizaron las inspecciones de las 33 plantas de acopio que recibieron cebada para la compañía. Dichas plantas totalizan una capacidad estática que se acerca a las 500.000 toneladas.
Long también informó que por primera vez Ambev exportó cebada en plena zafra y ese fue un “hito histórico” para la compañía, ya que realizó este primer embarque en plena zafra, y no como ocurre tradicionalmente, en poszafra. Fue un “desafío” que se asumió entre setiembre y octubre por parte de la empresa, recordó.
El volumen exportado fue de 25.500 toneladas, que se gestionó en depósito en el puerto; 21.000 toneladas en la terminal de TGU y el resto del volumen para completar la carga fue directo en camión a Nueva Palmira, comentó. El mercado de destino fue Brasil, para las malterías que tiene Ambev en ese país, específicamente para las de Passo Fundo y Porto Alegre, indicó.
Long destacó la “oportunidad” de esta ventana de exportación, ya que en enero y en febrero el volumen generado en Argentina copa los negocios. Ambev exportó unas 77.000 toneladas de cebada de la zafra anterior, y recientemente realizó la primera exportación de la presente zafra.
La experiencia de la empresa Abuelo Paulino SRL, que riega 400 hectáreas en Durazno y proyecta duplicar el área; comenzó a encalar hace seis años y la práctica se mantiene.
Con el maíz “casi no teníamos experiencia antes del riego”, comentó a VERDE el productor Andrés Fernández, uno de los directores de la empresa agrícola-ganadera Abuelo Paulino SRL, ubicada en Durazno. El empresario recordó que había hecho una chacra puntual de maíz en secano y terminó haciendo silo, porque fue el año de la seca y el cultivo no evolucionó como se esperaba. Por lo tanto, la primera experiencia cosechando granos de maíz fue la del año pasado, que también fue la primera campaña con el riego.
En esa parte del establecimiento San Benito la empresa tiene unas 600 hectáreas de agricultura. Allí se construyó una represa para regar unas 400 hectáreas, aproximadamente. “Las otras áreas son de desperdicio o áreas donde no llega el pivot. Después vamos a ver si da para hacer alguna prueba para regar por goteo en algún córner de los pivotes”, comentó el productor.
Y en el otro lado del establecimiento hay un proyecto para instalar otros ocho equipos de riego, para 450 hectáreas, con otra represa del mismo volumen, de aproximadamente 1,5 millones de metros cúbicos de agua.
“El plan final apunta a regar 850 hectáreas. No queremos hacerlo todo junto, pero sí incorporar al menos un equipo de riego por año, para tratar de llegar a ese gran objetivo”, señaló Fernández.
El empresario manifestó su convencimiento sobre la utilidad de esta herramienta. “El riego es el futuro, no lo digo yo, lo dicen todos los técnicos. Estamos convencidos de que ese es el camino. Desde el primer día que hicimos agricultura dijimos que sería muy bueno contar con un equipo de riego, algo que lo veíamos muy distante y pensamos que seguramente nunca llegaríamos a realizar. En ese momento parecía algo muy complejo, por el alto costo y el manejo”, comentó.
Pero destacó que “hoy en día, con las herramientas de los proyectos de inversión, además de las tecnologías que hay, que son de muy fácil manejo, dan ganas de seguir adelante con el riego, porque el cultivo necesita agua, sino no anda. El agua es vital para el productor que quiere hacer agricultura”.
“Quizás se use mucho o se use poco, pero lo bueno es que esté disponible y funcione cuando realmente se precisa. El año pasado fue muy bueno en cuanto a lluvias, pero en un año que viene complicado el riego hace la diferencia”, afirmó el productor.
Encalado
El encalado fue otra tecnología que implementó la empresa, aunque “nos costó un montón, nos quitó el sueño muchos años”, dijo Fernández. Recordó que “hace seis años encalamos por primera vez, y fue complejo, porque no había máquinas apropiadas, y cuando teníamos máquina no conseguíamos la cal, o había viento y no se podía aplicar. Era muy complicado”.
Comentó que luego probaron con diferentes maquinarias, que no eran las más adecuadas, pero “cuando afrontas estas inversiones querés que quede bien o lo mejor posible”. Con el paso del tiempo “se nos ocurrió traer la cal, dejarla disponible en Durazno, para que fuera más fácil la logística, y compramos la máquina adecuada para la aplicación. Y hoy es una práctica similar a la fertilización, es muy fácil y rápido de implementar”, señaló.
Describió que cuando se encaló la primera chacra “estábamos con 4,6 de pH, eran niveles muy bajos y no se podía hacer agricultura”. Indicó que aplicaron 2.000 o 2.200 kilos de cal dolomítica y el pH pasó a 5,4. “Así volvimos a hacer sojas de 2.500 kilos y más”, destacó.
Luego elaboraron un proyecto “con gente que sabía de suelos, para encalar 300 o 400 hectáreas todos los años, y hoy en día hacemos 500 hectáreas de encalado, sin problema, y los pH no bajan de 5”, resaltó. Y este “fue el primer año que reencalamos los campos”, comentó.
Al contar con disponibilidad de cal y con la maquinaria, la empresa también está brindando servicios a otros productores. “Como vimos que era muy engorroso el sistema, de los camiones, dónde acopiar la cal, la máquina, pensamos en ofrecer el servicio integral, llave en mano”, dijo. Y explicó que el precio del servicio depende de los kilos que se quieran aplicar.
Sistema agrícola
La empresa cuenta con 4.000 hectáreas, donde el 50% se destina a la agricultura, que es gestionada por Andrés, y el 50% a la ganadería, que está a cargo de su hermano Guillermo. “En estos años que estamos trabajando juntos nos hemos complementado muy bien, y tenemos ambiciones de seguir adelante, siempre con mucho respeto y ganas de trabajar, defendiendo la relación familiar”, dijo Andrés.
En las 2.000 hectáreas agrícolas la empresa siembra unas 500 hectáreas con gramíneas –sorgo y maíz– y unas 1.500 hectáreas de soja de primera, y esa área va rotando cada año.
Luego de la cosecha de soja se siembra avena para el pastoreo del ganado en invierno, y eso también les permite contar con las chacras temprano, para volver a sembrar soja de primera, que “es lo que mejor anda en estos campos”, explicó.
La avena se siembra en mayo, cuando empiezan a caer las primeras heladas, y es cuando compran ganado a buenos precios, para que entre en esas avenas. Además, cuando empieza a faltar la oferta de ganado gordo para los frigoríficos “es cuando empezamos a tener ganado pronto y hacemos una diferencia”, señaló.
Fernández también comentó que los campos de la empresa “son muy dóciles”, porque “no son de greda”, sino “arenosos” y “no hay compactación. Explicó que “con un rastrón, con un rombo colonizador, herramientas que sean fáciles de pasar, logramos una cama de siembra espectacular”.
Señaló que “en un año normal la soja de primera rinde unos 2.500 kilos por hectárea, de ahí para arriba”. En un año bueno “llegamos a 2.800 o 3.000 kilos, y en un año malo de 1.800 a 2.000 kilos por hectárea”, indicó.
El legado
La firma Abuelo Paulino SRL está integrada por Andrés y Guillermo Fernández, además de su madre y su tía. El nombre es en homenaje a su abuelo, de quien siguen el legado de “trabajar muchísimo, pasando de generación en generación la cultura del trabajo y la tenacidad, que nos permite llegar a los objetivos”, dijo Andrés.
Recordó que, desde que eran muy chicos, su abuelo les insinuó que lo acompañaran en el campo y a comprar ganado en las ferias ganaderas de Tacuarembó, Rivera y otros departamentos, a las que incluso los venían a buscar en avioneta. “Siempre me gustó, en vacaciones veníamos a trabajar el campo”, comentó.
Agregó que luego de estudiar y recibirse de técnico en Administración de empresas “me puse de lleno a trabajar con él; en ese momento también tenía carnicerías”. Dijo que en ese momento vio que en el campo “había un futuro muy grande y había que desarrollarlo”.
“Vimos que había otra forma de hacer las cosas, que no era solo la ganadería. Así empezamos a hacer algo de agricultura y un corral de engorde. Empezamos con un área chica, de 50 hectáreas, y el abuelo siempre quería hacer más. Fuimos aprendiendo, creciendo y llegamos a la superficie actual”, valoró.
Jornada técnica demostró los beneficios del riego y su impacto en la rentabilidad
En el establecimiento San Benito, de la familia Fernández Martínez, se llevó a cabo la jornada Maíz bajo riego, organizada por Deltariego, con la participación del docente de la Universidad Nacional de Río Cuarto en Córdoba, Argentina, Gabriel Espósito, y del director de Deltariego, Sebastián Casanova.
Tras el encuentro, Casanova dijo a VERDE que “nos vamos con mucho trabajo por delante, no solo en riego, sino en el manejo general del cultivo”. En la jornada quedó evidenciada la importancia de considerar las características de los diferentes ambientes y ajustar el manejo a eso, para lograr mejores resultados.
La propuesta de Deltariego siempre ha sido la de acompañar al productor y aportar valor en los aspectos que consideren necesarios. “San Benito es una empresa que nos permite realizar muchas acciones conjuntas. Asesoramos y cuantificamos medidas de manejo de riego para optimizar la variable que manejamos: el agua”, acotó Casanova.
Además, durante la actividad, se habló sobre estaciones meteorológicas, telemetría y sondas para medir humedad, temperatura y salinidad. “Desde nuestro lugar, buscamos contribuir a optimizar los recursos, con el fin de mejorar el margen bruto de los cultivos. Nuestro objetivo es lograr un costo operativo altamente eficiente”, comentó.
Sobre la propuesta en el establecimiento de la familia Fernández Martínez, Casanova explicó que “implica un crecimiento significativo en la superficie bajo riego, con una tasa de adopción que sorprende”.
Explicó que “siempre planteamos los proyectos en etapas, con una hoja de ruta clara y luego vamos ejecutando cada fase”.
El director de Delta Riego comentó que también se está analizando la posibilidad del riego por goteo enterrado. “Es una tecnología que manejamos, representamos a un líder mundial: Rivulis. En Argentina, según Gabriel Espósito, es muy utilizada. Y en San Benito, estamos muy cerca de iniciar un lote experimental en 20 hectáreas, para validarla en Uruguay”, informó.
Casanova indicó que “es notable la curva de adopción tecnológica”. Señaló que hay empresas que comienzan con uno o dos pivotes y que en muchos casos la instalación del tercero se hace al año siguiente, tras solo una campaña de riego. “Esto se debe a los rendimientos obtenidos, que impactan favorablemente en la rentabilidad, a los incentivos fiscales, el flujo de fondos y el repago de los proyectos”, señaló.
Durante el recorrido, se observó la sala de bombeo, las tuberías, la parte eléctrica y el sistema de fertirriego, donde el ingeniero agrónomo Francisco Bianco apuntó a un diseño enfocado a la nutrición del maíz y no solo a la aplicación de nitrógeno.
Al analizar los costos, Casanova explicó que, con un diferencial de 6.000 kilos de maíz validado por Regadores Unidos del Uruguay, y un riego suplementario de 250 a 300 milímetros en un cultivo de maíz, el costo del milímetro se acerca a US$ 0,48.
“Estos números demuestran el beneficio del riego y la rentabilidad que se puede lograr”, concluyó.
La marca argentina, con 97 años de trayectoria, se prepara para competir con grandes compañías en su mercado, luego de que el gobierno de Milei abriera las importaciones.
La marca de tolvas Cestari cumplió 30 años en el mercado uruguayo, donde trabaja representada por Corporación de Maquinaria (Comasa). La compañía argentina, con 97 años de trayectoria, se destaca por productos “de calidad” que sobresalen por su “muy buena capacidad de descarga”, comentó a VERDE su director, Néstor Cestari. El empresario también se refirió al momento de la política argentina y a la apertura de la economía, que lo obligará a competir con productos de grandes compañías en el mercado interno.
“Es un orgullo para nosotros estar desde hace 30 años en Uruguay. Fue nuestro segundo destino de exportación, el primero fue Paraguay, y enseguida Uruguay. Permanecer 30 años en Uruguay fue un desafío importante, porque el productor uruguayo está acostumbrado a la tecnología, porque desde el primer día importa del primer mundo, y es muy exigente”, destacó Cestari.
El empresario le agradeció a Comasa por el trabajo de estos 30 años, y sostuvo que “el vendedor representa un 50%” del éxito, y el otro 50% “es el producto”. Afirmó que “podés tener un buen vendedor y un mal producto, y no funcionará, y si tenés un mal vendedor y un buen producto tampoco funciona”.
Las tolvas Cestari tienen fuerte presencia en los cultivos de secano y están incursionando en el arroz, aunque “es muy difícil”, admitió el empresario argentino. Explicó que la tolva “es un producto secundario” respecto a una cosechadora, un tractor, un pulverizador autopropulsado o incluso una sembradora, que “son actores protagónicos” del parque de maquinaria. Sin embargo, la tolva “es un producto que acompaña a esa tecnología”. Comentó que en el caso del sector arrocero en Uruguay “está muy metido el producto brasileño, porque en general se trabaja cerca de la frontera con Brasil”.
Agregó que si bien Cestari tiene un buen producto y no está tan mal en precio para competir, el arrocero “está muy acostumbrado a productos brasileños”.
Señaló que tiene tolvas para arroz y planteó que la cosecha de ese cereal tiene una exigencia que “es el doble que en la agricultura de secano” y “se tira con tractores de mucha potencia”, por lo tanto los acoplados “son cada vez más grandes, la torsión es más grande y si no son de buen material se termina arrancando la estructura. Allí Cestari hace la diferencia”.
Productos con “muy buena descarga”
Cestari destacó que “mecánicamente tenemos un producto que tiene una muy buena descarga, con bajas revoluciones, menos desgaste, menos rotura de granos, que es totalmente abulonado, se puede cambiar parte por parte”.
Dijo que hay marcas que tienen tolvas que “succionan del medio, que son más baratas, porque evitan un cierre de piso”, pero “la nuestra lleva hacia adelante” la carga de granos y luego la levanta. “Eso hace que sea mucho más rápida para descargar, y que la máquina sea más eficiente“, porque las cosechadoras “van creciendo de manera importante”, comentó.
El industrial recordó que “antes teníamos máquinas más chicas, con tractores más chicos, pero las cosechadoras y los tractores van creciendo cada vez más, también van creciendo las potencias de tirado, crecen los kilos que llevan en la tolva y la fuerza”.
Destacó que las tolvas que fabrica son “totalmente abulonadas, para tener torsión”. Sostuvo que “si no cambias la manera de descargar y te adaptas a ser un cadete de la máquina, más eficiente, esta pierde productividad, porque está parada hasta que la tolva llega y se demora descargando”. Señaló que eso “es algo que lo podemos demostrar, lo ve la persona que hace muchas hectáreas”.
Explicó que “no podés pasear tantos kilos dentro del campo, pero sí podés ser más eficiente a la hora de descargar”. Señaló que “no importa cuántos kilos llevas, sino en cuánto desagotas a la cosechadora para que siga trabajando, ese es nuestro objetivo”.
Dijo que hay empresas que pretenden hacer tolvas de 60.000 kilos y tener el récord de la tolva más grande, pero “lo que se necesita es una tolva que aporte eficiencia a la cosechadora, cuanto menos pare la máquina y menos tiempo pierda, más logras el objetivo”.
La industria argentina
Cestari comentó que Argentina “siempre se caracterizó por tener muchas fábricas de máquinas de menor escala, mientras que Brasil tuvo menos fábricas de mayor escala”, sin embargo Brasil es cuatro veces más grande y “la posibilidad de trabajo es bastante más amplia”.
Ante la inminente apertura de la economía argentina, que llevará a que la industria local tenga que competir con productos importados, analizó cómo están posicionados los diferentes rubros de maquinarias para esa competencia. Señaló que “hay máquinas que están más obsoletas y otras que están actualizadas”. Planteó el ejemplo de las cosechadoras. “En los años 60 las mayores fábricas de cosechadoras de Sudamérica estaban en Argentina, hoy tenemos algo pero no está a la altura de competir con lo que se fabrica en el mundo; y en tractores tampoco tenemos la tecnología que hoy se ofrece”, dijo.
Pero, por otro lado “hay máquinas como las de embolsar, las sembradoras y las tolvas, donde podemos competir”. Destacó que Cestari hace siete años que expone en Agritechnica (Alemania) y en EIMA (Italia). “Ahí vamos a competir. Empezamos a exportar tolvas a Europa en 1999. En esa época no había tolvas, se manejaban los granos de otra manera. Hoy tenés que competir con Estados Unidos, con Francia, con Alemania, con Italia”, dijo.
Si bien admitió que el productor europeo prefiere una tolva alemana o inglesa, “tenemos unos cuantos años de trabajo, de presentar credenciales y mostrarnos, hay gente que confía en lo nuestro, y hay clientes de muchos años”, destacó el fabricante.
También señaló que un productor europeo cosecha 350 hectáreas por año con su cosechadora, mientras que en Argentina un contratista hace 6.500 hectáreas por año. “Nuestras tolvas están probadas en estructura, en agilidad, en resistencia”, enfatizó.
Apertura a las importaciones
Sobre la apertura de las importaciones por parte del gobierno argentino, dijo que “es como agarrar un león doméstico y largarlo a la selva”. Consideró que el país “va a sufrir mucho esa apertura, porque no está acostumbrado a recibir competencia”, ya que no son muchas las fábricas que se dedican a exportar.
Advirtió que “no solo van a competir con las multinacionales conocidas”, sino también con productos “chinos y turcos, que valen la mitad”. “Si tenés materias primas más caras, una alta carga impositiva, si estás en el sur del sur, tenés un flete caro para llegar a Europa, no tenés el ejercicio firme de exportación. Es como un equipo que está acostumbrado a jugar el campeonato regional que lo manden a jugar en la Champions League, seguro que se va a golpear”, analizó.
Los 97 años de Cestari
Cestari cumplió 97 años. “Mi abuelo fundó la empresa en 1927, mi padre pasó de taller a una fábrica, y yo, como ocurre en toda empresa familiar, me tuve que buscar un lugar, porque mi padre era el mandamás y hacía todo”, recordó Néstor Cestari. Así fue que desarrolló el área comercial de la empresa, “dejando de esperar que la gente venga acá” y saliendo a vender, comentó.
“A los 19 años empecé a andar en la calle, recorrí la Argentina agrícola, empecé a buscar vendedores, distribuidores, y en 1993 o 1994 empezamos a exportar. En 1999 llegamos a Europa, después a Australia y Nueva Zelanda, también fuimos a Rusia y Centroamérica, con tolvas más chicas”, describió.
La empresa produce alrededor de 30 tolvas por mes. “Si logramos exportar 90, 100 o 110 tolvas es asegurarle trabajo para nuestra gente durante tres o cuatro meses”, explicó. También señaló que la empresa es la “única del mundo” que se dedica exclusivamente a hacer tolvas autodescargables. “Es muy difícil vivir de un solo producto, esa es la contra que tenemos, pero la ventaja es que nos esforzamos mucho para salir de Argentina. Tal vez una debilidad nos dio una fortaleza”, analizó.
Actualmente sus cuatro hijos trabajan en la empresa, y son la cuarta generación de Cestari. “Lo hacen porque les gusta, porque si en la vida no haces lo que querés estás complicado”, concluyó el empresario.
La inversión privada más grande de Paraguay, específicamente en el sector forestal y celulósico, tendrá algunas derivaciones en Uruguay, como es el caso de la instalación de una terminal portuaria en Soriano y la probable participación de inversionistas uruguayos, en la producción de madera para ese emprendimiento.
El proyecto en cuestión corresponde a la empresa Paracel, que está integrada por el grupo paraguayo Zapag y Girindus Investment, de Suecia, entre otros inversores internacionales, y prevé la construcción de una planta de producción de pasta de celulosa en el departamento de Concepción, a unos 400 kilómetros de la capital paraguaya de Asunción.
El emprendimiento ya está en marcha y las obras se mueven en el terreno físico y en el de los mercados de capitales, para lo cual diferentes actores realizan gestiones y movimientos en busca de potenciales proveedores de masa forestal.
Para este proyecto los costos totales estimados, incluidos costos financieros, gastos de capital de la planta y de forestación, se ubican en unos US$ 3.600 millones, según datos de BID Invest, miembro del grupo Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Este organismo prevé que el financiamiento se concretará con una “combinación de capital y deuda de largo plazo”, y en este sentido autorizó un “préstamo de US$ 200 millones” a Paracel, con el objetivo de otorgarle “financiamiento para la construcción de un proyecto de planta de celulosa integrada verticalmente, la plantación de eucaliptos renovables y la generación de energía con biomasa”.
La cartera de tierras de Paracel comprende una extensión total de “190.000 hectáreas de antiguas fincas ganaderas” en suelo guaraní, que concretamente están ubicadas en los departamentos de Concepción y Amambay, que serán “parcialmente convertidas” en plantaciones forestales, para proveer de madera a la fábrica en los próximos años, y “el resto se conservará”, indica BID Invest.
La empresa proyecta la producción de 1,8 millones de toneladas de celulosa anualmente, la plantación de 162 millones de árboles (hasta marzo de 2024 se plantaron 46.829 hectáreas), la generación de 8.000 empleos indirectos durante el pico máximo de construcción de la planta industrial y de 4.000 empleos directos en los componentes forestal, industrial y logístico, según lo que divulgó la compañía en su sitio web.
Para tener una idea de la dimensión de este emprendimiento resulta oportuno cotejar los datos con los correspondientes a las plantas de pasta de celulosa que operan en este momento en Uruguay, que tienen una capacidad de producción de 3,4 millones de toneladas anuales en el caso de UPM (1,3 millones en Fray Bentos, Río Negro y 2,1 millones en Paso de los Toros, Tacuarembó) y de 1,4 millones de toneladas anuales en el caso de Montes del Plata.
Terminal Portuaria.
Con un monto de inversión que está previsto sea de “US$ 250 millones”, Paracel tiene decidida la instalación de una terminal portuaria en Soriano, que generará una “importante” demanda en mano de obra para la construcción, señaló el intendente departamental, Guillermo Besozzi, en el programa Punto de Equilibrio, que se transmite por Carve y verdenews.com.uy.
Se refirió a algunas “novedades” sobre este proyecto porque se realizó un “llamado” a empresas interesadas en realizar las labores de “movimiento de tierra” en el predio, y complementariamente “la Intendencia de Soriano presentó un proyecto al Ministerio de Transporte y Obras Públicas”, para hacer trabajos de arreglo de la caminería rural.
Esta Intendencia debió hacer una “recategorización de la tierra” porque el predio “era rural y si era rural no se podía llevar adelante el emprendimiento”, se tuvo que “transformar” mediante un trabajo que se hizo en conjunto con Ordenamiento Territorial, comentó.
El jefe comunal se mostró optimista respecto al avance del emprendimiento en cuestión, al señalar que “esta carpeta (de este proyecto de inversión) anda muy bien” y “en dos años vamos a tener una nueva terminal portuaria” que será “la primera”.
La ubicación prevista del puerto a construir está a entre “dos a tres kilómetros de la playa de la Agraciada al norte”, donde “hay dos proyectos en marcha”, éste de Paracel y otro de la firma PTP, sostuvo Besozzi.
Y consideró que Paracel prevé producir celulosa en Paraguay, transportar la producción de la misma en barcazas hasta el nuevo puerto en Uruguay y desde allí exportar, además de embarcar otros productos desde territorio guaraní.
PTP Group, que es un holding de capitales privados que opera en servicios lógisticos en la región, solicitó la concesión de una “zona franca” en su predio para la exportación de productos, y en caso de ser otorgada la autorización sería la “primera” en Soriano, aseguró.
A partir de 2019 esa empresa tiene permiso para realizar actividades en el puerto comercial más importante de Uruguay, el de Montevideo, otorgado por la Administración Nacional de Puertos.
Esta película ya la vimos.
Además del proyecto de inversión para instalar un puerto en las costas del río Uruguay, concretamente a unos tres kilómetros de la playa de la Agraciada, donde desembarcaron los 33 Orientales, el emprendimiento de la firma sueco-paraguaya tendrá otras implicancias para Uruguay.
Eso es lo que visualizan algunos empresarios de ambos países, considerando el interés de seguir de alguna manera el modelo de desarrollo forestal y la posibilidad de captar interés de eventuales inversores uruguayos, para forestar en campos paraguayos.
De hecho, hay más de un millón de hectáreas en Paraguay que son propiedad de capitales uruguayos, principalmente en la región Occidental o Chaco de ese país.
“Imaginamos el Uruguay de hace 30 años” cuando arrancó el proceso de desarrollo de la forestación, aunque “ahora con otra tecnología, con plantas modernas”, graficó el empresario uruguayo radicado en Paraguay hace unos 25 años, Rodrigo Artagaveytia, quien es director de Everdem.
Esta firma que opera en el rubro agropecuario de ese país organizó una conferencia titulada Nuevos rumbos para la inversión en Paraguay, realizada el jueves 9 de noviembre en una de las salas del Movie Montevideo.
“La forestación (en el agro paraguayo) recién está comenzando”, hay “muchas hectáreas para plantar, por encima del millón, millón y medio de hectáreas” y algunos “hablan hasta de dos millones de hectáreas”, dijo este empresario en el programa Punto de Equilibrio, que se transmite por Carve y verdenews.com.uy.
Respecto al proyecto de Paracel y a las inversiones uruguayas en el agro guaraní, Artagaveytia sostuvo que “las oportunidades están y lo que en su momento fue la atracción por invertir en tierras y en ganadería”, luego se fue “diversificando con un aumento de la inversión en agricultura que a su vez potencia a la ganadería”, y “ahora la forestación” se presenta como un “rubro nuevo”.
Respecto al desarrollo forestal “sabemos lo que pasa”, porque “ya vimos la película acá” en Uruguay y además “Paraguay tiene potencial de producción”, por lo que “nos parecía que aquellas personas que tienen la posibilidad (de invertir) puedan ver de primera mano las oportunidades” que hay en este país de la región, comentó sobre la conferencia.
Sostuvo que en las tierras paraguayas hay un “interesante” resultado en productividad de madera para celulosa, ya que al comparar que hay índices de “28 metros cúbicos de madera en Uruguay” mientras que en Paraguay es de “35 metros cúbicos y llega hasta 50 metros cúbicos”, además hay otros factores favorables se vinculan al “costo país” y al “menor valor” de los campos agropecuarios.
“La forestación está caminando, la planta de celulosa está en proceso de construcción y la productividad está demostrada” al igual que la “competitividad” del país, por lo que se trata de un “tren que ya está marchando”, enfatizó.
Recalcó que “Paraguay es un país de oportunidades y lo seguirá siendo” en este rubro con una “enorme cantidad de hectáreas de altísima fertilidad”, que es un “león que tiene memoria” y “se va recuperando cada día más”.
Artagaveytia tiene una vasta experiencia en los negocios agropecuarios, especialmente en la captación de inversores uruguayos en la compra de tierras en el Chaco paraguayo y en el desarrollo de planes productivos en ganadería y en producción agrícola, algo que en su momento generó un boom de llegada de capitales de Uruguay en el agro guaraní.
Y actualmente con la forestación reconoció que es un “proceso similar” al que ocurrió en el campo uruguayo, desde la aprobación de la ley 15.939 a fines de 1987, que dispuso una serie de beneficios e incentivos a las plantaciones de bosques para su posterior transformación.
En esta conferencia también expuso el presidente y cofundador de Paracel, Per Olofsson, quien se refirió al potencial de crecimiento forestal paraguayo y avizoró que la celulosa pasará a ocupar el primer lugar en el podio del ranking de rubros de exportación de Paraguay en unos 10 a 15 años.
En tanto que el economista paraguayo Hugo Royg, a su turno, habló del peso proyectado que tendrá esta inversión en el Producto Interno Bruto de Paraguay y de algunos indicadores favorables como la inflación controlada y al grado inversor alcanzado por este país, entre otros factores.
Por otra parte, en 2022 Paracel firmó un contrato con el gobierno paraguayo para la instalación de una zona franca, como parte de la “inversión privada más grande de Paraguay”, de unos US$ 4.000 millones, según la empresa.
Señala que entre los principales grupos inversores de esta compañía figura Heinzel Holding, que tiene su sede en Viena y que es líder en la industria de la celulosa y el papel, con centros de producción en Austria, Alemania y Estonia, además de contar con una red de ventas global especializada en los mercados emergentes.
En el caso del grupo Zapag se trata de un conglomerado empresarial paraguayo que es líder en el sector de la distribución de combustibles, la producción de etanol, la logística fluvial y el negocio inmobiliario, indica.
El desarrollo de emprendimientos agropecuarios, industriales y logísticos derivaron en fenómenos dinámicos en la economía uruguaya, que significaron transformaciones en el paisaje rural y en la conformación de la estructura productiva.
Es por eso, que resulta probable que la apuesta forestal y celulósica en Paraguay de alguna manera busque replicar ese mismo camino, pero para eso se requerirá la superación de varias etapas y años de trabajo.
Redacción: Mauro Florentín – Nota de Revista Verde N°119
La tecnología ya no se discute y afirman que “se aprendió mucho”; actualmente se irrigan unas 80.000 hectáreas e inversores buscan campos con capacidad de riego.
Uruguay “tiene buenas condiciones para regar” y “en casi todas las fincas se puede construir un reservorio con mejor o peor eficiencia” para el uso de agua en la producción agrícola, y esto permite almacenar agua, dijo a VERDE el director de HG2, Gabriel Baccino. El empresario agregó que otro aspecto a destacar es que entre soja y maíz se cultivan alrededor de 1,4 millones de hectáreas y “cuando se diseñan los proyectos de riego se observa que entre el 35% y el 40% del área de cada finca es apta para ser regada”.
Indicó que en el país “hay una superficie potencial de riego por pivot de unas 500.000 hectáreas agrícolas”, y que actualmente se riegan unas 80.000 hectáreas con esa tecnología y, por lo tanto, “el potencial es enorme”.
Baccino también destacó que “cambió la concepción acerca del riego” y hoy “no tiene discusión”, a diferencia de lo que sucedía anteriormente, cuando “se hablaba mal del riego y se decía que no servía”. En la actualidad “muchas de las fincas son buscadas por los empresarios en función de si se pueden regar o no”, afirmó.
Agregó que en Uruguay “se sabe regar, se aprendió mucho de la mano de técnicos especialistas” y recordó que la Facultad de Agronomía siempre ofreció la materia de forma opcional. “Todos los años, casi el 80% de los estudiantes toman esta opción”, lo que implica que salen con buena formación, valoró.
En una reunión con clientes, Baccino informó que HG2 lleva desarrollados proyectos de riego para 75 empresas, correspondientes a 98 establecimientos de diferentes puntos del país.
País pujante
“Uruguay ha sido un país muy pujante, con un gran crecimiento en los últimos cinco años”, destacó a VERDE Luis Méndez, gerente para América Latina de la compañía estadounidense Lindsay Corporation, que representa HG2. Si bien consideró que “se esperan años complicados”, por los precios de los commodities, “tenemos confianza en el país, por el empuje de los empresarios y los beneficios” que tiene la tecnología a la hora de invertir.
Agregó que “la construcción de los equipos ha llegado a un nivel óptimo, y desde hace 10 años el foco de la compañía está en la tecnología y la conectividad de los equipos, buscando que sean cada vez más autogestionados, mediante sensores que aportan información para la toma de decisiones a distancia”.
Méndez también destacó que técnicas como el riego de precisión o fertirriego permiten incrementar la producción y, por ende, aumentar la rentabilidad, ya que logra “distribuir los recursos de mejor forma”.
Aplicación de agua más uniforme
Nelson Irrigation Corporation es otra empresa estadounidense que trabaja con HG2 y que está presente desde los inicios del riego en Uruguay, aportando soluciones como fabricante de algunos de los elementos esenciales para distribuir el agua, como aspersores, cañones, válvulas de control, entre otros accesorios que forman parte del riego por pivot. Ignacio del Campo, responsable técnico-comercial para Latinoamérica, destacó a VERDE que “en los últimos 10 años hemos mejorado entre 10% y 15%, ya que el foco principal de la compañía ha estado en hacer más uniforme la aplicación del agua al suelo”.
Señaló que el cultivo “toma el agua del suelo” para poder expresar su máximo potencial y, por lo tanto, “la forma en que se pone el agua en el suelo es muy relevante”. Sostuvo que “debe ser uniforme” para que el agua se infiltre correctamente en el perfil del suelo, y que no se escurra, se pierda y provoque degradación.
Del Campo agregó que herramientas como el fertirriego son “muy relevantes”, ya que los aspersores del pivot no solamente ponen agua en el suelo, sino que están acompañados de un programa nutricional. Por lo tanto, “tienen que estar en óptimas condiciones para entregarlos de manera precisa”, dijo.
La experiencia de regar
En 2013 Ingleby Uruguay presentó al directorio de la empresa “un ambicioso proyecto” para implementar un sistema de riego con un objetivo claro: superar las limitantes de rendimiento y estabilizar la producción.
“Con suelos de alta calidad agrícola y con la posibilidad de crear una fuente de agua eficiente en uno de los establecimientos, el plan consistió en aprovechar los excesos de lluvia, almacenarlos en represas y distribuirlos durante el verano mediante sistemas de riego, recordó a VERDE el ingeniero agrónomo Rafael Leguisamo, quien en ese momento lideraba la gestión de la empresa en Uruguay.
La meta inicial para el maíz bajo riego era alcanzar un rendimiento promedio de 10.500 kilos por hectárea (kg/ha), en aquel entonces “un objetivo que parecía ambicioso”. Sin embargo, “el tiempo demostró que no solo era alcanzable, sino que se podía superar”. En la actualidad el rendimiento promedio ronda los 12.500 kg/ha, con áreas que superan los 14.000 kg/ha o más, explicó.
El riego permitió aprovechar al máximo el potencial genético de los cultivos. “Nuestra combinación de clima, suelos y luz, al eliminar la restricción de agua, permite obtener rendimientos mayores y de manera consistente”, destacó. Además, afirmó que ese nivel de estabilidad “es clave para cualquier empresa agropecuaria”, ya que “reduce la incertidumbre climática y garantiza resultados de forma sistemática”.
A partir de esa experiencia exitosa, la superficie bajo riego en Ingleby Uruguay fue creciendo progresivamente. Se sumó una segunda represa y continuó expandiendo el riego en otros campos. Actualmente la empresa riega aproximadamente el 40% de su superficie agrícola. “Se llegó a ese nivel por las condiciones de cada campo y la disponibilidad de agua”, acotó Leguisamo.
El ingeniero agrónomo admitió que la inversión en riego “es importante y requiere un período de amortización prolongado, por lo que siempre debe evaluarse en un contexto de largo plazo”, así “cómo se inserta en el flujo de fondos de la empresa”.
De cara al futuro la tecnología del riego en Uruguay promete seguir evolucionando, hoy existen desarrollos avanzados, como los sistemas de pivotes con dosis variables de agua, según la capacidad productiva de cada parte de la chacra, aunque “aún son tecnologías costosas, apuntan a una mayor eficiencia en el uso del agua”, comentó.
El riego se complementa con prácticas de agricultura de precisión, como el manejo localizado de malezas y la fertilización por zonas específicas, maximizando los resultados. “También abre nuevas oportunidades de negocio, como la producción de semillas y cultivos de mayor valor. Al garantizar la disponibilidad de agua, se asegura el cumplimiento de contratos y se incrementa la rentabilidad del negocio”, puntualizó.
Debut con buenos resultados
Tomás Molina, director de Agrícola TM, incorporó al riego en el ejercicio 2021-2022, luego vino la zafra de la seca, y regó por primera vez en el verano pasado. “Los resultados fueron muy buenos. El maíz alcanzó unos 11.000 kg/ha, y la soja tocó los 4.000 kg/ha”, comentó el agricultor.
El área de riego frente al área total de la empresa representa un porcentaje menor, pero “se piensa seguir creciendo para darle estabilidad” al negocio, señaló el agricultor, ya que “es la forma de ponerle un piso y darle sustentabilidad económica a la empresa”.
El empresario también valoró que en la actualidad “existen herramientas que permiten tener un riego eficiente más rápido”, ya que “hay mucha investigación y técnicos trabajando en el tema”.
Por último, Molina comentó que en campos propios tiene “tres proyectos en marcha” y espera que en 2025 puedan empezar a regar. Admitió que “aún es una dificultad el riego en campos arrendados, ya que los contratos deberían ser más largos para solventar la inversión”.
El objetivo de elevar el promedio nacional del cultivo se puede lograr en base a estas herramientas, según planteó el responsable de I+D de Erro Semillas, Fernando Segú.
Aplicando tecnologías, utilizando híbridos adecuados y ajustando el manejo se puede mejorar el rendimiento promedio nacional de la colza, dijo a VERDE el responsable del área de Investigación y Desarrollo (I+D) de Erro Semillas, Fernando Segú. A su entender, “aún existe una brecha genética entre lo que puede dar la colza y lo que obtiene el productor, por lo que aún hay muchas mejoras posibles para influir en la productividad”.
Actualmente el rendimiento promedio a nivel nacional se ubica entre 1.500 y 1.600 kilos por hectárea (kg/ha), con algunas excepciones donde se logran hasta 3.000 kg/ha con primaverales. “En nuestros ensayos, así como en los ensayos oficiales de Inase (Instituto Nacional de Semillas), observamos que la productividad de la colza podría ser mayor”, afirmó.
Segú señaló que “muchas veces ese potencial genético no se refleja en el rendimiento”, y “es necesario identificar cuáles son las deficiencias que estamos teniendo, ya sea en la siembra, en el manejo del nitrógeno-azufre, la cosecha o en el uso de herbicidas residuales en todo el sistema de producción, que puedan estar afectando silenciosamente la producción de colza”. Con eso resuelto, “podremos aprovechar al máximo el potencial genético de los híbridos”, afirmó.
Si bien, como se mencionó, a nivel país el rendimiento “está estancado en 1.500 o 1.600 kg/ha, seleccionando las chacras, los híbridos y el manejo adecuado, se podría aspirar aumentar el rendimiento nacional en 200 o 300 kg/ha y, a su vez, que sea estable durante los años”. Por eso, plantéo que “debemos seguir trabajando y ajustando para ir reduciendo la brecha existente”.
El responsable del departamento de I+D de Erro Semillas consideró que en colza el potencial genético “está marcado por los híbridos” y “sobre todo por las tecnologías asociadas a esos híbridos”, que permiten mitigar y enfrentar varias problemáticas que afectan a los productores en sus chacras.
Puntualizó que esos rendimientos no contemplan las colzas invernales, que brindan otro nivel de productividad, pero “tienen otra ubicación geográfica en el país, un nicho reducido dentro de los planes de siembra, y el área de siembra es significativamente menor que el de las primaverales”.
Investigación y Desarrollo
Sobre el trabajo que realiza Erro en su área de I+D, Segú sostuvo que desde hace años la empresa evalúa la línea de híbridos con genética Advanta, de origen australiano, que tiene “muy buena adaptación a estas latitudes”. Además, comentó que se trabaja con genética europea de DSV. “Los dos semilleros año a año realizan una evaluación y selección de los híbridos que mejor se adaptan a las regiones donde se siembra colza en Uruguay”, señaló.
En las líneas invernales, en las que han incursionado desde hace algunos años y que tienen un nicho muy específico en Uruguay, el portafolio de Erro contempla dos híbridos: Beatrix CL y Duke.
A su vez, destacó que está trabajando en cruzas de híbridos invernales con primaverales. “Los vamos a presentar en la zafra que viene”, adelantó, destacando que “vienen con muy buenos” resultados. De esa forma “podemos aprovechar toda la tecnología que nos brinda un híbrido invernal sobre resistencia a phoma, desgrane en la cosecha, aporta la tecnología Clearfield y suma atributos de un híbrido primaveral, como una menor exigencia al frío”, describió.
Segú también explicó que eso “es fundamental”, dadas las condiciones agroclimáticas de Uruguay, ya que ofrece “mayor estabilidad y seguridad al productor a la hora de brindar una recomendación”.
En esa línea, destacó que Apolo CL es un híbrido invernal-primaveral con todos estos atributos, pensado para siembras en abril y con el “requerimiento de frío ya cuantificado para posicionarlo y darle seguridad al productor a la hora de sembrarlo”.
Además, informó que se lanzaran dos nuevos híbridos primaverales de la genética Advanta. Se trata de los materiales Equinox CL, de ciclo intermedio, para siembras a partir del 5 de mayo; y Continuum CL. Ambos con tecnología Clearfield.
“Necesitábamos un reemplazo genético para Hyola 575 CL, que es muy conocido, pero ya tenía varios años en el mercado. Con este nuevo material con tecnología Clearfield, mantenemos y sumamos el potencial de rendimiento frente a Hyola 575”, detalló.
También adelantó que dentro de las líneas convencionales se lanzará Hyola 130, que ofrece “un muy buen potencial de rendimiento y está destinado a aquellos productores que no necesitan utilizar la tecnología Clearfield”.
Segú destacó que estos lanzamientos implican una “renovación importante” del portafolio, con materiales que “superarán a los que teníamos disponible, cubriendo todo el rango óptimo de fechas de siembra, tanto para colzas invernales como para primaverales”.
En una jornada sobre manejo del maíz bajo riego, el experto argentino Gabriel Espósito abordó la importancia del pH de los suelos en la biodisponibilidad de nutrientes.
El nivel de acidez que están mostrando los suelos “es como el cáncer, un problema que no se ve a simple vista, progresa silenciosamente y cuando se detecta el daño puede ser casi irreparable”, dijo a VERDE el doctor Gabriel Espósito, docente de la Universidad Nacional de Río Cuarto en Córdoba (Argentina) en una jornada de campo organizada por Deltariego, en el establecimiento San Benito, en Durazno, actividad que estuvo focalizada en el manejo de maíz bajo riego.
Espósito también planteó que en muchas regiones del mundo “encalar el suelo es como sembrar, acá tenemos que empezar a acostumbrarnos”. Consideró que es “crucial” monitorear los suelos para mantenerlos en un rango adecuado. “Si el pH del suelo está entre 6,5 y 7, se tiene la máxima biodisponibilidad de nutrientes. Si baja de 6 hasta 5,7 o 5,8 es una señal de advertencia, y si el pH cae por debajo de 5,5 la luz es roja y hay que intervenir de inmediato”, detalló.
En Uruguay y en la región pampeana argentina “una alta proporción de suelos ya está en el nivel de luz roja”, aseguró. Y sostuvo que la intervención “debe comenzar con la corrección del pH, lo que implica reponer calcio o una combinación de calcio y magnesio”.
Explicó que el carbonato de calcio (calcita) o el carbonato de calcio y magnesio “tienen una percolación lenta en el suelo, lo que marca un desafío importante si queremos mantener la siembra directa y evitar el laboreo”.
En esos casos dijo que “puede ser necesario combinar con sulfato de calcio, que es más soluble y acelera su ingreso al suelo”. También dijo que, “en donde sea posible se puede mover ligeramente el suelo para facilitar la incorporación del carbonato de calcio, o aplicar métodos que semiincorporen el material”.
El especialista afirmó que “en cualquier caso hay que hacerlo” y que “en muchos casos las aplicaciones pueden superar las 2 toneladas por hectárea, dependiendo de las características de cada lote”.
Para Espósito esta “es una tarea ineludible para evitar daños mayores”, porque “si un suelo no tiene suficiente calcio o atraviesa un proceso de acidificación muchos nutrientes dejan de estar disponibles” para las plantas. Señaló que “uno de los más afectados es el fósforo, que se inmobiliza en suelos ácidos”. A la vez, el zinc (Zn) mejora su biodisponibilidad en estos suelos, pero el boro “la empeora”, lo que genera “un desbalance de nutrientes, que afecta gravemente al cultivo”. Planteó que “eso es lo grave, porque el cultivo necesita una nutrición balanceada”.
El calcio es el principal responsable de la floculación, un proceso físico-químico que le permite al suelo agregarse y estructurarse. Al perder calcio se afecta la formación de macroporos, responsables de que el agua de lluvia ingrese. Por eso, mantener un nivel adecuado de calcio “es vital para conservar la estructura del suelo y su funcionalidad”, enfatizó.
FECHA DE SIEMBRA VARIABLE
En Uruguay y en gran parte de Argentina “los suelos son muy variables y presentan diferentes capacidades” productivas, comentó. Detalló que en los años Niño “la siembra temprana funciona bien, mientras que en años Niña no es la mejor opción”. Mientras que en años normales definir la mejor fecha de siembra del maíz “es complejo” y la clave está en “analizar la calidad del suelo”.
Un suelo más profundo, fértil y con mayor capacidad productiva “permite una siembra temprana” para maximizar el rendimiento, indicó. Mientras que en suelos de menor calidad la siembra tardía “resulta más adecuada”, dijo. En ese contexto, “dividir el lote y sembrar en dos fechas distintas se convierte en una estrategia interesante”, tanto desde el punto de vista económico como productivo, explicó Espósito.
En Argentina, según los datos estudiados, la fecha de siembra variable genera una mejora del margen de US$ 100 y hasta US$ 300 por hectárea, dependiendo de factores como la magnitud del rendimiento, la calidad y la territorialidad de cada ambiente. “Por eso es fundamental realizar estudios de todo lo que marca la agricultura de precisión”, indicó.
La densidad de siembra está directamente vinculada al rendimiento objetivo, que depende de la calidad del ambiente o de la disponibilidad de agua, indicó. Por eso, dijo que “el primer paso es definir el nivel de rendimiento esperado del maíz”, y a partir de esa decisión, y de la genética del maíz que se utilice, se determinará la cantidad de plantas necesarias para alcanzar ese objetivo, detalló.
Luego, se considera la distancia entre hileras, un factor que influye en la eficiencia y disposición del cultivo. “Ese enfoque jerárquico permite adaptar las prácticas de manejo a las condiciones ambientales y los recursos disponibles, optimizando así el rendimiento del cultivo”, sostuvo.
FERTILIZACIÓN
El principal problema del nitrógeno (N) es la pérdida de eficiencia al realizar la aplicación acorde a la demanda del cultivo en una sola dosis, algo que impacta en la productividad del maíz e influye directamente en la economía, “ya que maximizar la eficiencia de uso equivale a optimizar la rentabilidad del fertilizante”, señaló. Además, dijo que “el N que la planta no absorbe se queda en el ambiente, con el riesgo de contaminar el agua, el suelo o el aire”.
En los planteos bajo riego la utilización del fertirriego para dosificar el N maximiza la eficiencia, mejora la renta y reduce el impacto ambiental. También permite la distribución en cinco, siete y ocho aplicaciones a lo largo del ciclo del cultivo, “garantizando eficiencia y un manejo sanitario adecuado para maximizar el potencial productivo”, afirmó.
Espósito indicó que los nutrientes esenciales, como fósforo (P), azufre (S) y Zn “tienen la ventaja de depender más del suelo que del rendimiento objetivo del cultivo”, pero “su ausencia puede impactar gravemente en los niveles productivos”. Por eso, sostuvo que “es fundamental realizar análisis de suelo y diagnósticos precisos, utilizando modelos calibrados para cada región, para ver si los niveles de P disponible están por encima o por debajo de los niveles críticos”.
Agregó que el azufre es “especialmente” limitante, debido a la pérdida de materia orgánica en los suelos agrícolas. Las curvas de saturación han demostrado en Argentina “respuestas positivas” a aplicaciones de 15 a 20 kilos de S. Sin embargo, “el continuo deterioro de la materia orgánica sugiere que será necesario aumentar las dosis para satisfacer las necesidades del cultivo”, sostuvo.
Señaló que el Zn es otro “nutriente crítico”, cuya deficiencia es común en muchas regiones. La estrategia óptima sería incorporarlo al suelo con la sembradora, porque si eso no ocurre “el manejo del Zn dependerá mayormente de fertilizantes foliares y probablemente en más de una aplicación”, comentó.
Afirmó que el Zn “es un nutriente esencial”, por su papel en la producción de la hormona de crecimiento, que actúa como la “usina” de desarrollo de la planta; una planta deficiente en Zn no crece. Otra función vital del Zn “es la participación en la producción de enzimas asociadas al metabolismo del oxígeno, cruciales para afrontar condiciones de estrés, ya sea hídrico (por exceso o déficit), de temperatura o de radiación”, explicó.
Por lo tanto, si la planta no dispone de suficiente Zn, no puede metabolizar estos problemas, haciéndola mucho más sensible al estrés y aumentando la probabilidad de pérdida de producción.
Otro nutriente fundamental es el potasio (K), sobre el cual el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), con aportes destacados de la doctora Mónica Barbazán, “avanzó significativamente”, señaló. El manejo del K “está estrechamente” ligado a las condiciones físicas del suelo, explicó. “Si hay compactación, la deficiencia se agrava, porque ese nutriente migra hacia capas más profundas, donde el maíz no puede recuperarlo”, dijo, y por lo tanto “hay que combinar estrategias de fertilidad física y química”.