Se anunció la creación del Grupo de Trabajo en Resistencias, con el fin de dar respuesta al desafío más crítico de la agronomía, para diagnosticar y monitorear nuevos casos.
El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) anunció la creación del Grupo de Trabajo en Resistencias, una iniciativa que busca dar respuesta al desafío más crítico de la agronomía: el avance de las malezas resistentes.
El responsable del programa de investigación en manejo de malezas en sistemas agrícola-ganaderos de INIA Uruguay, ingeniero agrónomo Alejandro García, explicó que el objetivo central es mapear la problemática en el país mediante una plataforma digital —con sitio web y aplicación— que permitirá diagnosticar y monitorear en tiempo real dónde surgen nuevos casos de resistencia y cómo evolucionan en el espacio y en el tiempo, “para poder actuar más rápidamente”.
“Queremos construir una base de información sólida, que sirva tanto para la detección temprana como para el manejo de la resistencia. Será un centro de referencia que contendrá cursos de capacitación, publicaciones y recursos técnicos disponibles para productores y asesores”, señaló García, en el marco de la jornada anual de la empresa Proquimur, realizada en Mercedes (Soriano), el pasado jueves 21 de agosto, cuyo lema fue: Conectar para transformar – Uniendo la ciencia con la experiencia.
Allí el especialista subrayó que la resistencia de malezas “es el problema que manda en la agronomía, reconocido tanto a nivel nacional como internacional”, y destacó que esta iniciativa se basa en la colaboración de múltiples actores: gobierno, academia, asociaciones de productores, gremiales y técnicos.
“Está demostrado que la transferencia vertical ha fracasado en el manejo de la resistencia a nivel mundial. Por eso presentamos públicamente este grupo de trabajo, porque la única forma de avanzar es a través de una construcción colectiva, donde todos los actores estén embarcados desde el inicio”, afirmó.
El proceso ha requerido tiempo y coordinación para integrar a los distintos sectores, con el objetivo de que el grupo tenga desde el comienzo una base representativa, acotó.
INIA prevé que hacia fin de año se conforme la mesa representativa que canalice las distintas posiciones y la gobernanza del grupo. “No solo depende de INIA, estamos en contacto con las nuevas autoridades de ministerios y direcciones, este grupo debe integrar a todos los actores involucrados. Desde el comienzo lo tenemos que construir, manejar y usar entre todos”, indicó.
El responsable del programa de investigación en manejo de malezas en sistemas agrícola-ganaderos de INIA agregó que los sistemas de producción en Uruguay vienen replicando lo que ocurre en otros países respecto a la aparición de malezas resistentes, aunque a nivel local se cuenta con ventajas diferenciales.
“En Uruguay, la superficie es chica, los actores son bastante conocidos, nuestro paisaje agronómico cuenta con pendientes, quebradas y bajos, provocando que las extensiones no sean tan grandes como en Australia, Brasil o Argentina, donde la presión de los herbicidas se da en áreas muy importantes. Esas características debemos capitalizarlas para enfrentar de mejor forma esta problemática”, opinó García.
Evolución de malezas resistentes
El investigador de INIA La Estanzuela, especializado en biología y manejo de malezas, ingeniero agrónomo Tiago Kaspary, explicó que los problemas de resistencia a herbicidas en Uruguay comenzaron a registrarse en 2006-2007, con los primeros casos de raigrás resistente a graminicidas en la zona este del país, “especialmente en semilleros de pasturas leguminosas”.
En 2008, en zonas agrícolas del oeste, esa especie de maleza presentó los primeros indicios de resistencia a glifosato. Desde 2011 se sumaron nuevas especies: carnicera, rábano y yuyo colorado, “autóctonos e introducidos desde el exterior”. En 2019, surgen los primeros casos de brassicas de difícil control, y más recientemente los capines.
Kaspary señaló que hoy existen muchas consultas y reclamos por malezas “supuestamente resistentes”, pero advirtió que en varios casos “se trata de confusión entre resistencia real y aplicaciones tardías de herbicidas”, sobre todo en gramíneas como echinochloa. “Para tener certezas es necesario comprobar cada sospecha con rigor técnico”, remarcó.
El investigador destacó que la resistencia evoluciona en Uruguay, pero a un ritmo “un poco más lento” que en otros países de la región, donde se han detectado biotipos con resistencia múltiple a herbicidas de distintos modos de acción.
“Esto ocurre probablemente debido a la naturaleza de los sistemas productivos uruguayos, que en muchos casos integran la agricultura con la ganadería”. Además, “las menores extensiones de un mismo cultivo reducen la presión de selección generada por el uso masivo de un único herbicida o de un número limitado de ellos”.
En el caso de las malezas de invierno, el raigrás continúa siendo el principal problema, aunque en los últimos años “cobraron relevancia” las brassicas, como la nabolza (Brassica spp.). En verano los casos más preocupantes corresponden a los yuyos colorados (Amaranthus hybridus, A. tuberculatus y A. palmeri), además de echinochloa y otros capines que han ganado importancia.
Un aspecto clave fue la introducción de especies resistentes “a través de maquinaria usada importada desde Estados Unidos”, que ingresó al país sin la limpieza adecuada. Así llegaron al Uruguay Amaranthus tuberculatus y Amaranthus palmeri, “ya con biotipos resistentes a glifosato, inhibidores de ALS, como diclosulam, clorimuron y imazetapir, entre otros herbicidas”.
Entre 2019 y 2023 se registró la entrada de otra maleza resistente, en este caso un híbrido entre canola y Brassica rapa, que dio origen a una nueva maleza: “la nabolza, resistente a glifosato, inhibidores de ALS y con resistencia confirmada a hormonales”.
En Uruguay están reportadas oficialmente en el portal Weed Science cinco especies resistentes, pero se estima que en los próximos años “se sumarán entre cinco y seis más, además de ampliarse los casos de resistencia múltiple” a otros herbicidas en las especies ya registradas.
Kaspary explicó que la confirmación de resistencia es un proceso largo, que puede demorar al menos dos años. “Se recibe la semilla del material sospechoso, se trabaja en invernáculo durante un ciclo, se seleccionan plantas y se dejan producir semilla para iniciar un nuevo ciclo donde es repetido el testeo. Solo si la resistencia se transmite a la siguiente generación se confirma el caso”. De lo contrario, “puede tratarse de un error de manejo y no de un fenómeno de resistencia propiamente dicho”, aclaró.
La participación de Alejandro García y Tiago Kaspary en la jornada anual Proquimur 2025 fue parte de un bloque donde se analizó el escenario de malezas en Uruguay. Allí también participaron las ingenieras Luciana Rey y Juana Villalba, de la Facultad de Agronomía.
Manejo de enfermedades foliares en soja
La investigadora de Embrapa Soja especializada en epidemiología y control de enfermedades, ingeniera agrónoma Claudia Godoy, participó por primera vez en Uruguay como conferencista en esta jornada anual de Proquimur. En su exposición destacó que el manejo de enfermedades foliares sigue siendo uno de los principales desafíos para la producción de soja en Brasil, el mayor productor mundial de esta oleaginosa.
La investigadora explicó que la clave para reducir el impacto de las enfermedades está en la combinación de distintas estrategias: el mejoramiento genético para contar con variedades resistentes, el manejo adecuado del suelo, la siembra temprana y el monitoreo de las condiciones climáticas. “La herramienta química es lo que tenemos cuando el resto no funcionó”, señaló.
Además, advirtió que la práctica común de sembrar soja en suelos que ya tuvieron soja en la campaña anterior es un problema serio. “No hacemos rotaciones, hacemos sucesión de cultivos, soja y luego maíz safrinha. En otros casos se incluye algodón”, pero ese cultivo sufre las mismas enfermedades que la soja, indicó.
“El manejo sanitario no viene mejorando en Brasil, al contrario, la falta de rotación de cultivos genera una mayor presión de enfermedades y aumenta la dependencia del control químico. Cada vez usamos más fungicidas, lo que termina en la generación de hongos resistentes. Hoy la resistencia es un tema importante”, sostuvo.
En la región del Cerrado brasileño la mancha anillada es el principal problema, seguida por cercospora. En tanto, en el sur de Brasil la roya es la enfermedad más relevante, ya que la soja se siembra más tarde en esa región del país vecino.
Godoy remarcó que existen pocos activos químicos con alta eficacia, lo que complica el control. En este contexto, el uso de fungicidas multisitio está aumentando, como estrategia frente a la resistencia creciente que muestran los hongos. “La rotación de activos y la inclusión de multisitios son fundamentales para lograr controles eficaces”, subrayó.
Las enfermedades tienen un fuerte impacto económico. Según la integrante de Embrapa, la roya puede provocar pérdidas de hasta 50% de la producción, mientras que otras enfermedades, como la mancha anillada o la cercospora, generan reducciones de entre 10% y 20% en los rendimientos.
En paralelo al manejo agronómico, todas las compañías semilleras trabajan en sus programas de mejoramiento genético para detectar variedades resistentes. Sin embargo, todavía no existen genes disponibles para todas las enfermedades. Actualmente se avanza en el desarrollo de resistencia a mancha ojo de rana, incorporando tecnologías de edición génica, una alternativa más económica que los transgénicos. Embrapa también participa activamente en este proceso, en el marco de su programa de mejoramiento para soja.
La intensificación de la producción de carne, con los corrales de engorde, aseguran la demanda de maíz; y el cultivo aporta importantes beneficios en las rotaciones.
Agricultura y ganadería están en una “sinergia total”, con el maíz como insumo de los corrales de engorde, destacó a VERDE el asesor agrícola-ganadero Gerardo Núñez. Analizó que la “geografía, suelos tan heterogéneos y clima de Uruguay, provocan que esta sinergia entre rubros –como agricultura y ganadería– sea una realidad y marque un sello de modelo productivo para nuestro país”. Y agregó que este es “un momento desafiante en todos los rubros”, al tiempo que planteó la “necesidad de profesionalización en cada una de las actividades”.
Describió que parte de su actividad profesional la realizó en ganadería y desde hace 20 años está relacionado con los corrales de engorde. “Me tocó trabajar con empresas que vieron esta sinergia de forma muy temprana. Hoy hay todo un camino recorrido y las empresas que logran conjugar las dos actividades consiguen una sinergia fantástica, que se está dando y es clarísima”, valoró.
Agregó que, “en un escenario de altísimos rendimientos, bajos costos de producción de la tonelada de maíz, que son transformados en carne a través de un corral o de una recría”, generan “resultados espectaculares para las empresas”.
Analizó que el productor uruguayo, “fundamentado por los precios y las tecnologías, ha sabido desafiar y crecer en rendimientos agrícolas, pero también se ha profesionalizado mucho en la producción de carne en los corrales”. A propósito, señaló que “está a la vista la cantidad de corrales de engorde que hay, produciendo de forma muy eficiente. Es algo sumamente bienvenido, porque es una sinergia que para las empresas es muy saludable”.
Explicó que la decisión de incorporar un corral “es empresarial”, incentivada por los altos precios de la carne, que además son sostenidos y “con muy buenas perspectivas”. Afirmó que el mercado ganadero está “sólido”, a diferencia de lo que ocurrió hace algunos años, cuando también hubo picos de precios, que fueron “muy buenos, pero no eran tan claros ni tan sostenidos como ahora”.
El asesor agrícola-ganadero valoró que este contexto favorable “abre la posibilidad de la utilización del maíz”. Y destacó que, “cuando el maíz entra en la rotación, los campos se transforman”. También señaló que, de los sistemas que tienen 15 o 20 años de agricultura, “que son la mayoría, aquellos que rotaron con maíz tienen otra salud y mejores índices productivos”.
“Quienes lo hicimos desde el inicio, porque conjugamos las dos actividades, vemos que la diferencia es abismal”, expresó sobre la comparación entre los campos que rotan con maíz y los que no incorporan ese cultivo. Fue, por lo tanto, una decisión empresarial que se terminó transformando en una solución agronómica. “Es muy saludable para todo el sistema agrícola que la ganadería y los corrales de engorde vivan esta situación”, subrayó.
Núñez también destacó que la ganadería se beneficia mucho con la agricultura. “Sin dudas que el principal motor es el precio, que le impone desafíos al productor ganadero”, dijo.
Comentó que hace unos días recorrió la ruta 20 (Río Negro), que “era una zona casi cimarrona hace unos años, y hoy ves esquemas con unidades de recría, con toda la estructura para suplementar, algo que no se veía hace siete años atrás”.
Observó que “hubo un desafío que se trasladó al sector ganadero, y ojalá siga esta sinergia, porque está aumentando la cantidad de carne que produce y exporta Uruguay. Y todo esto se debe, en parte, a la sinergia entre los dos rubros”.
Agricultura por ambientes
Núñez consideró que en momentos de costos altos y precios bajos es cuando más hay que adoptar tecnología, para optimizar cada uno de los recursos“La ecuación de costos es realmente difícil en este escenario de precios”, afirmó.
Señaló que es especialmente importante considerar la nutrición de los suelos. “Todo lo que apunta a un manejo más eficiente de la nutrición es lo que hoy está marcando la adopción de tecnología. Partiendo de la problemática de bajo pH o acidificación de los suelos. Esa es una preocupación constante, que demanda hacer planteos para convivir de la mejor forma con este problema”, sostuvo.
Agregó que “si bien todos discutimos los costos”, porque “realmente son altos” y además la logística “es complicada”, “hay situaciones que reclaman atención”, indicó.
Y afirmó que el encalado “es un paso a dar”, y consideró que “es inevitable”. Pero señaló que “hay estrategias intermedias”, como aumentar las dosis de los distintos nutrientes.
“Los costos de los fertilizantes son altos, venimos de una zafra con rendimientos récord y la extracción de nutrientes fue muy significativa. Los rendimientos promedios de maíz fueron históricos. En soja habíamos tenido campañas similares, pero en maíz creo que nunca habíamos logrado estos valores. Y además el área era muy grande”, describió el ingeniero agrónomo.
El asesor agrícola-ganadero comentó que actualmente prácticamente todas las empresas agrícolas consideran la ambientación de los distintos lotes. “Se busca conocer en profundidad cada uno de los ambientes donde toca producir. Ahí aparece toda una batería de tecnologías que brindan soporte”, dijo. Y después vienen las estrategias de cada empresa, de acuerdo a costos y a la impronta que le pone cada una, agregó.
Subrayó que la visión de la tecnología de la agricultura por ambientes está en optimizar recursos, para lograr el mayor rendimiento posible en cada uno de los ambientes, que se van identificando a través de datos.
“El cometido final, que es lo que baja costos, es maximizar el rendimiento en cada situación de producción. Entonces, en la medida que se maximice el rendimiento, hacés un uso más eficiente de los recursos, sobre todo de la fertilización y también de la densidad de los cultivos, y así la unidad de costos de producción es menor. En eso están trabajando mucho todas las empresas. Hay mucha gente joven, que es bienvenida, tratando de aportar soluciones”, valoró.
Año desafiante
Por todo esto, Núñez analizó que este es un año “desafiante”. Repasó que los precios de los granos plantean un escenario “realmente difícil”. Y en cuanto al clima, dijo que se comporta de forma distinta año a año en Uruguay. “Este fue un año muy distinto a los últimos tres. Comenzamos bien, pudimos sembrar algo temprano, pero después hubo complicaciones climáticas y la siembra en general terminó atrasada”, describió.
Sobre la situación de los cultivos de invierno agregó que “se ha visto un crecimiento bastante bajo y lento. La situación preocupa, en colza, trigo y cebada, por la baja biomasa que hay”.
La Comisión Europea anunció que está considerando posponer por un año la entrada en aplicación de la Regulación de Productos Libres de Deforestación (EUDR), cuya entrada en vigor estaba prevista para el 30 de diciembre de 2025. De concretarse, la nueva fecha sería en diciembre de 2026.
La decisión se debe a que las pruebas realizadas al sistema informático que soporta la EUDR mostraron un riesgo elevado de sobrecarga, lo que podría causar lentitud extrema o incluso interrupciones prolongadas. Dicho sistema es la herramienta a través de la cual los operadores deben registrar sus declaraciones de diligencia debida, cargar la información necesaria para las autoridades y cumplir con las obligaciones de trazabilidad de los productos.
Entre los factores que llevaron a esta reevaluación se encuentran el mayor volumen de operaciones esperado, las obligaciones para operadores aguas abajo que siguen siendo complejas, el alto flujo de pequeños envíos que ingresan a la UE y los tiempos de respuesta que implican los controles internos de la Comisión y de los Estados miembros.
Según la comisaria europea de Medio Ambiente, Jessika Roswall, el objetivo de la postergación es evitar incertidumbre para las autoridades y dificultades operativas para las empresas, tanto dentro de la Unión Europea como en países exportadores, y garantizar que el sistema esté plenamente operativo antes de su aplicación obligatoria.
El gobierno argentino anunció el lunes 22 de septiembre la ampliación de la política de retenciones 0% para la exportación de las carnes bovina y avícola hasta el 31 de octubre próximo, al igual que para los granos y subproductos.
Este tema se sumó a la falta de noticias sobre la presencia de China en el mercado norteamericano de soja, lo que “preocupa” a los productores de Estados Unidos (EEUU), considerando el factor “bajista” de estos asuntos en el precio de la oleaginosa, dijo el analista privado Gonzalo Gutiérrez, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en verdenews.com.uy.
Señaló que la eliminación de las retenciones a las exportaciones de granos en Argentina es bajista porque el productor argentino tendrá un precio 30% más alto, lo que “estimula a vender” la soja, el maíz y el trigo que tenga y eso “empuja más abajo” el valor.
“El mundo sabe que hay mucho maíz y EEUU va rumbo a una cosecha gigantesca” de este grano, aunque “posiblemente sea un poco menos” de lo previsto por el impacto de la sequía de agosto, comentó.
Gutiérrez advirtió que en el caso del trigo la situación es “peor” porque Argentina tuvo una “muy buena cosecha” en la pasada zafra y tiene un stock de unas 3 millones de toneladas, que se sumará a la producción de este año en el que aumentó el área sembrada.
Será una zafra «pesada» de cultivos de invierno para la agricultura uruguaya, sólo «salva la papas la canola», por su precio favorable respecto al trigo y la cebada, sostuvo.
Las importaciones de carne vacuna fresca y congelada de Estados Unidos alcanzaron 1,18 millones de toneladas (peso embarque) hasta el 13 de septiembre de 2025, un incremento de 14,5% respecto al mismo período de 2024, según datos del USDA analizados por Steiner Consulting Group.
Entre los principales proveedores se destacó Australia, que colocó 317.008 toneladas, un aumento de 33,3% interanual. Brasil registró un fuerte crecimiento de 68,8%, con 196.051 toneladas, mientras que Uruguay envió 87.948 toneladas, un 34,4% más que en 2024.
También se observaron incrementos en los envíos desde Nicaragua (+11,1%), Costa Rica (+39,1%), Argentina (+27,3%) y Paraguay (+266,3%), este último fuera del reporte semanal oficial del USDA.
Por el contrario, Canadá redujo sus colocaciones en 17,8% y México en 2,6%, mientras que Nueva Zelanda mantuvo volúmenes estables (+0,9%).
Al 18 de septiembre de 2025, Australia ha utilizado el 81,7% de su cuota de exportación de carne vacuna a EEUU, con 366.366 toneladas enviadas de un total de 449.482 toneladas disponibles.
En el caso de Uruguay, el informe de Steiner muestra que lleva utilizado el 65% de su cuota (13.097 toneladas sobre un total de 20.000 toneladas). Argentina presenta un uso del 62%, mientras que Nueva Zelanda ha consumido el 69% de su contingente arancelario.
El reporte elaborado para el MLA recuerda que, si bien la carne australiana entra sin arancel en el marco del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, existe un mecanismo de salvaguarda que puede activarse si los precios minoristas caen más de 6,5% en relación con el promedio de los últimos 24 meses.
Salvo que haya un evento de magnitud no prevista en el radar, que afecte al mercado, los precios no van a ceder; contratos con los corrales de engorde son una oportunidad.
Si bien en Uruguay los números de los frigoríficos están exigidos –el índice Novillo Tipo 2.0 del Instituto Nacional de Carnes de agosto indica que el valor agregado industrial fue US$ 298, 17% del valor total, algo que me gusta llamar la zona incómoda para la industria, y más con un dólar a la baja y planchado–, la carne sigue con un mercado sostenido, y semana a semana va ganando centavos mirando la evolución del ganado gordo.
Teniendo buen clima y precios, y con relaciones flaco-gordo favorables para la recría e invernada, es muy importante ver todo lo que puedan hacer las empresas ganaderas para capturar un muy buen primer semestre del ejercicio, que les permitirá ponerle un piso muy bueno al resultado económico.
En los números que se proyectan para diferentes empresas ganaderas, si concretan el plan de ventas hasta diciembre a los valores actuales, estamos viendo que los resultados del año que viene –sin una desvalorización de la hacienda que sea mayor al 15%– serán mejores que los de este año.
O sea, tendríamos una muy linda posibilidad de asegurar resultado ganadero en las empresas, capturando estos precios hasta fin de año. Todo indica que, salvo que haya un evento de magnitud no prevista en el radar, que afecte al mercado, los precios no van a ceder.
En el mundo no hay suficiente carne bovina para abastecer la demanda actual. Se esperaba que la carne vacuna no entrara en el aumento de los aranceles de Estados Unidos al Brasil, sin embargo, como nos tiene acostumbrados Itamaratí, en seis semanas abrió los mercados del sudeste asiático, que representan casi la mitad de la población de China y tiene aranceles más bajos que los que le impuso Estados Unidos.
Y lo que se ve en el mercado es que sigue subiendo la importación de carne CL90-10, que son los bloques de carne magra para cortar con el exceso de grasa de los animales americanos de corral para la elaboración de hamburguesas.
Nótese como en el gráfico de la evolución de la cotización del CL90-10 importado desde Estados Unidos sigue de a poco subiendo de precio, según el gráfico del Meat & Livestock Australia (MLA). Y si uno mira la evolución del enfriado en Europa la tendencia es la misma, subiendo semana a semana.
A los precios que estamos recibiendo por la hacienda, y con un escenario futuro bueno por unos meses más, entendemos que hay que trabajar para captarlo de la mejor manera.
Con la demanda actual por ganados de todas las categorías, ya sea para industria, corrales o la exportación, y las relaciones de precio que existen actualmente, al ternero le caben bastantes centavos más, algo que ya se vio en los remates virtuales de agosto y setiembre.
El ternero tendría que valer más cerca de US$ 4 por kilo que de US$ 3 por kilo. Consideremos lo que esto podría llegar a impactar en el sector ganadero y en la economía del país. Y con estos precios, lo interesante es que la exportación se ha retirado de la compra, algo que puede dejar más terneros que aumenten en algo la oferta de novillos de 1 a 2 años en 2026.
Por otro lado, los corrales de engorde están planteándoles a los recriadores la posibilidad de tener contratos a futuro sobre el novillo cuota. Nunca vimos, y de manera tan extendida, interés por asegurarse los novillos y vaquillonas para encerrar como en estos tiempos.
Podemos tener acuerdos de entrega de novillos y vaquillonas a los corrales con precios acordados hasta marzo, algo nunca visto, y nos permite tener previsibilidad en el negocio, que es sumamente positiva. La necesidad de tener la clara certeza de disponer de novillos para encerrar nos hace prever un precio sostenido.
Por otro lado, los productores ganaderos venden sus novillos a US$ 1.200 al bulto, y pueden considerar qué negocio alternativo tienen más allá de eso. Porque si tiene 500 novillos, que en vez de venderlos con 500 kilos los venden con 400, es un montón de kilos de carne que el sistema no produce. Entonces, la diferencia de precio no tapa esa diferencia de facturación, y hace que los sistemas tengan que aumentar el número de bultos que vende para igualar los kilos totales vendidos; todo un desafío para llevar adelante.
Por lo tanto, la alternativa que queda es armar un sistema que tenga más novillos de 400 kilos para vender. Y considerando lo que vale un ternero, y lo que va a valer, es mucho dinero involucrado. Además, hay que considerar la base forrajera para que eso funcione bien.
Hace unos días me encontré con un colega y amigo. Su frase me quedó en la cabeza: “por favor, en este momento en que todo está tan bien, que no aparezca ningún político entendido a querer modificar nada”. Debemos tener mucho cuidado y recordar la mentada frase atribuida a Guillermo Stabile: “equipo que gana no se toca”. No es momento de innovar desde un escritorio burócrata.
Banco do Brasil es la entidad más expuesta, tiene cerca del 50% del mercado de crédito agrícola; su cartera es de US$ 74.981 millones y unos 20.000 clientes están en mora.
El sector agropecuario brasileño enfrenta un escenario complejo, marcado por el aumento de la morosidad, una ola de solicitudes de recuperación judicial y nuevas reglas contables que presionan al sistema financiero. El panorama se agrava, pese a que las proyecciones productivas apuntan a una cosecha récord de maíz y un incremento significativo en la soja para 2025.
Según un artículo de Globo Rural, firmado por el periodista Rafael Salomón, la fase más aguda comenzó con la caída de los precios internacionales de las materias primas, que redujo los márgenes de productores ya muy apalancados tras haber accedido a créditos en los años de tasa Selic en mínimos históricos (2020 y 2021).
A esto se sumaron los efectos de la Resolución 4.966 del Banco Central, que introdujo el concepto de “pérdida esperada” en las provisiones bancarias, y la reciente decisión del presidente estadounidense Donald Trump de aplicar nuevos aranceles contra Brasil, algo que añade más incertidumbre al sector.
Con una participación de mercado cercana al 50% en el crédito agrícola, Banco do Brasil es la entidad más expuesta. Su tasa de morosidad trepó a 3,94%, desde 2,45% un año atrás y 0,96% a fines de 2023. La cartera asciende a 404.900 millones de reales (US$ 74.981 millones), con unos 20.000 clientes en mora, el 74% de ellos sin antecedentes de incumplimientos previos. Según el banco, el 52% de los impagos se concentra en el centro-oeste y el sur, y la mitad corresponde a la producción de soja, maíz y ganado.
En Río de Janeiro, 808 clientes acumulan una cartera de 5.400 millones de reales (US$ 1.000 millones), aprovechando un fallo del Supremo Tribunal Federal que desde 2020 habilita a grandes productores a solicitar recuperación judicial como personas físicas.
Banco do Brasil denuncia “litigios predatorios”, impulsados por bufetes que promueven campañas para atraer clientes, y evalúa medidas legales contra ellos.
El crédito rural totalizó en junio 539.800 millones de reales (US$ 99.963 millones) para personas físicas (7,5% más interanual) y 9.300 millones de reales (US$ 18.389 millones) para jurídicas (9,4% más). La morosidad en personas físicas pasó de 1,5% a 3,5% en un año.
Según Serasa Experian, las solicitudes de recuperación judicial en el agro fueron 389 en el primer trimestre, un alza de 21,5% frente al trimestre anterior y 44,6% respecto a inicios de 2024. “Muchos productores enfrentan altos costos, mayores exigencias de garantías y dificultades para renovar deudas, lo que presiona el flujo de caja”, señaló Marcelo Pimenta, director agrícola de la consultora.
Entre los bancos privados, Santander cuenta con una cartera de 22.400 millones de reales (US$ 4.148 millones) en líneas de crédito rural. Su director general, Mario Leão, admitió que la morosidad seguirá bajo presión durante algunos trimestres.
Itaú, con más de 130.000 millones de reales (US$ 24.074 millones) en cartera agropecuaria, destacó que solo un 5% de sus clientes figura en solicitudes de recuperación judicial gracias a una gestión más diversificada y con garantías sólidas. “Es la parte más difícil del ciclo agrícola, pero en algún momento se revertirá”, afirmó Milton Maluhy Filho, director general. En tanto, Bradesco aseguró que su exposición está controlada, con líneas rurales por 79.400 millones de reales (US$ 14.704 millones).
En el sistema cooperativo, Sicredi confirmó un aumento de la morosidad, con distinta intensidad, según la región, y advirtió sobre el uso estratégico de la recuperación judicial que puede “perjudicar la cadena de producción y la disponibilidad de crédito”.
El gobierno anunció que el Plan Zafra 2025-2026 tendrá un valor de 594.400 millones de reales (US$ 110.074 millones), con 516.200 millones de reales (US$ 95.593 millones) destinados a medianos y grandes productores, y 78.800 millones de reales (US$ 14.593 millones) a la agricultura familiar. El incremento frente a la zafra anterior es de apenas 1,69%, dado que en 2024-2025 fue de 584.500 millones de reales (US$ 108.241 millones), algo que los analistas consideran insuficiente frente a la alta deuda y las tasas de interés.
El director agrícola de Santander, Carlos Aguiar, advirtió que la situación fiscal afecta la política de compensación en un momento crítico para el mercado endeudado. Además, el retraso en el lanzamiento del Plan Cosecha 2024-2025 genera que muchas operaciones venzan entre julio y setiembre, manteniendo la presión sobre los índices de morosidad en el tercer trimestre.
Ante este contexto, Banco do Brasil endureció su estrategia: reemplazó garantías tradicionales (como prendas e hipotecas) por transferencias fiduciarias de ejecución más rápida, reforzó su cartera de cobros y aumentó los procesos judiciales. “El banco era conocido por no ejecutar garantías y buscar soluciones dialogadas; eso está cambiando”, reconoció su director financiero, Geovanne Tobias.