La ubicación de West Texas A&M University no es casual, en la ciudad de Amarillo, en el Panhandle de Texas, se encuentra en el centro de una de las regiones ganaderas más importantes del planeta. En esa zona se concentra una de las mayores densidades de hacienda del mundo y la mayor capacidad de procesamiento frigorífico de Estados Unidos, en un entramado donde conviven feedlots, frigoríficos, centros de investigación, empresas de genética, compañías farmacéuticas y universidades estrechamente vinculadas con el sector.
La gira de productores y técnicos que realizaron Nutex y Teknal Argentina por Estados Unidos, donde participó VERDE, visitó el laboratorio de Meat Science de West Texas A&M University, que funciona como un verdadero frigorífico en miniatura al servicio de la formación, la investigación aplicada y la industria cárnica. Se trata de una instalación diseñada para que los estudiantes trabajen con herramientas, equipos y procedimientos idénticos a los que se utilizan en las plantas comerciales, lo que permite una formación directamente alineada con las exigencias del negocio. De hecho, muchos de los egresados terminan desarrollando su carrera profesional en frigoríficos.
Las instalaciones están concebidas para operar durante todo el año, lo que posibilita realizar prácticas y ensayos en cualquier época. La infraestructura fue pensada con un diseño completamente flexible, que puede reorganizarse según las necesidades de cada actividad académica o de investigación. El sistema está preparado para trabajar con 30 a 35 novillos gordos, aunque también se realizan prácticas con cerdos y ovinos.
Uno de los aspectos más destacados es el diseño del piso de las mangas, inspirado en los principios desarrollados por Temple Grandin. Mientras el modelo original plantea canaletas de aproximadamente 2,5 centímetros, en esta instalación se optó por una profundidad de 1 centímetro, ya que se comprobó que funciona mejor para el desplazamiento del ganado. Las mangas y corrales fueron desarrollados por el doctor Ty Lawrence, responsable del área de Meat Science, con un diseño específico, adaptado a las necesidades de enseñanza y manejo.
El complejo recibe animales de las tres especies, que luego son utilizados tanto en las prácticas de los estudiantes, como en proyectos de investigación. La faena se concentra en una sola jornada cada tres semanas, cuando se reúne la cantidad de animales necesaria para las actividades académicas. El laboratorio está habilitado e inspeccionado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés), por lo que trabaja bajo los mismos estándares sanitarios que la industria. En la línea de proceso la carne se lava con agua caliente y luego se aplica ácido láctico, un procedimiento habitual para reducir la carga bacteriana.
La inversión realizada para construir esta instalación fue de US$ 44 millones, en una obra concretada antes de la pandemia. Según explicaron en la universidad, si hoy se levantara un proyecto similar, el costo sería aproximadamente el doble, debido al fuerte incremento de los costos de construcción y equipamiento. Entre los aspectos más complejos de este tipo de plantas aparece el manejo y tratamiento del agua, un recurso crítico en los procesos de faena.
En el diseño sanitario del establecimiento se utilizan rieles de acero inoxidable, lo que evita la oxidación y la eventual caída de partículas de hierro sobre las carcasas, una solución que cada vez más frigoríficos están incorporando. El laboratorio también cumple un rol relevante como centro de recolección de carcasas a nivel nacional, generando información útil para estudios sobre calidad de carne, rendimiento y características de las reses.
La relación con la industria es muy estrecha. La universidad trabaja con frigoríficos, feedlots y compañías farmacéuticas, y cuenta con tres investigadores que pueden desarrollar proyectos sobre prácticamente cualquier tema, siempre que exista financiamiento privado. Actualmente, por ejemplo, se llevan adelante dos investigaciones vinculadas al proceso de aprobación de nuevos principios activos veterinarios para su llegada al mercado.
El centro realiza faena convencional y halal, aunque no kosher, por las particularidades del sacrificio requerido para esa certificación. Además de formar estudiantes, también capacita a funcionarios de plantas frigoríficas, consolidándose como un espacio clave para la formación técnica de la cadena cárnica.
En total, alrededor de 30 estudiantes de grado y posgrado trabajan en el laboratorio, lo que lo convierte en uno de los espacios que más empleo genera dentro del campus. Muchos de ellos participan en tareas operativas, incluso en los intervalos entre clases, en algunos casos para ayudar a financiar el costo de sus estudios. A su vez, la instalación recibe entre tres y cinco grupos de visitantes por día, razón por la cual buena parte de las áreas de proceso cuenta con ventanas y espacios de observación, que permiten seguir el funcionamiento de la planta sin interferir en la operativa.
Dentro del complejo también funciona una carnicería, donde se comercializan los productos obtenidos en las prácticas de faena y procesamiento. Si bien el objetivo principal del laboratorio es la investigación y la formación académica, el esquema busca ser sustentable también desde el punto de vista económico. La venta de carne y productos procesados, junto con distintos servicios brindados a la industria, permite generar fondos para sostener parte de la operativa y financiar actividades del programa.
Durante la visita también se abordó uno de los procesos que más está creciendo en la producción de carne de Estados Unidos: el sistema beef on dairy, basado en el cruzamiento de vacas lecheras, principalmente Holando, con toros de razas carniceras como Angus.
Desde el punto de vista comercial las diferencias entre un animal Holando y uno Angus existen, especialmente en la forma y longitud de algunos músculos. En los cruzamientos beef on dairy los cortes suelen ser algo más largos, aunque en la práctica resultan prácticamente idénticos para el consumidor final.
Uno de los factores que impulsó el crecimiento de este sistema es el acceso a los programas de carne certificada, especialmente Certified Angus Beef. El Holando puro no puede ingresar a ese programa, pero los cruzamientos con Angus, al presentar cuero negro, pueden cumplir con los requisitos fenotípicos y acceder a esa certificación. El diferencial económico puede rondar los US$ 15 por animal, según el mercado y el momento.
La industria cárnica estadounidense está fuertemente apoyada en la raza Angus, que incluso en las ferias suele recibir un plus de precio. Las razas compuestas, como Brangus negro, también pueden acceder a certificaciones vinculadas a Angus, siempre que cumplan determinados requisitos, entre ellos, que la joroba no supere los cinco centímetros, y que los animales alcancen niveles mínimos de calidad de carne, como la categoría Choice.
En términos generales, alrededor de 50% de los animales evaluados puede entrar en los parámetros del programa Angus, mientras que en el caso específico de animales Angus puros la proporción que logra ingresar a Certified Angus Beef ronda 75%. Sin embargo, los especialistas remarcan que la clave no pasa solo por la raza, o por los programas de certificación, sino por la adaptación de cada genética al ambiente y al sistema de producción.
Desde el punto de vista de la calidad de carne, el objetivo de los sistemas de engorde es alcanzar la categoría Choice, directamente asociada al nivel de marmoleo o infiltración de grasa intramuscular.
En los últimos años hubo un crecimiento significativo en la proporción de animales que alcanzan la categoría Prime, el escalón más alto del sistema de clasificación estadounidense. Ese avance responde a la combinación de mejor genética, alimentación más precisa, más días de terminación en los feedlots y premios de precio para las categorías superiores.
Hace algunas décadas se pensaba que llegar masivamente a esos niveles iba a demandar al menos 50 años, pero los avances en genética, nutrición y manejo aceleraron este proceso.
Allí se informó que en Estados Unidos los frigoríficos están perdiendo entre US$ 200 y US$ 300 por cabeza. El rodeo estadounidense se encuentra en niveles históricamente bajos luego de varios años marcados por sequías y altos costos de producción, lo que desplazó el poder de negociación hacia los productores.
Al mismo tiempo, este contexto genera presión política para moderar el precio de la carne al consumidor, y en ese marco gana peso la discusión sobre facilitar importaciones desde Sudamérica para ampliar la oferta. De todos modos, el comportamiento del mercado sigue respondiendo a la lógica básica de oferta y demanda: con menos hacienda disponible el valor del ganado sube y mejora la rentabilidad de los sistemas de engorde.
El laboratorio de Meat Science de West Texas A&M University cumple una función central dentro del ecosistema de la carne en Estados Unidos. No solo forma profesionales, sino que también prepara a futuros líderes de la industria, combinando formación académica, investigación aplicada, servicios a la cadena y una conexión directa con uno de los núcleos ganaderos más dinámicos del mundo.
La Chocleada, el Banco de Alimentos Uruguay y la Fundación Sentires configuran un ecosistema donde el agro actúa como motor que genera impacto positivo en la sociedad.
La actividad agropecuaria puede ser mucho más que producción. En el caso de Billy Battro, director de la empresa agrícola El Cabelludo, ese potencial se traduce en un entramado de iniciativas que conectan el campo con la acción social, generando impacto concreto en la alimentación e inclusión de sectores carenciados.
Ese camino tiene como eje central a La Chocleada, una propuesta que nació en Argentina, impulsada por Sebastián Deym, y que Battro ayudó a consolidar en Uruguay, transformándola en una experiencia que hoy articula voluntariado, empresas, instituciones y organizaciones sociales.
“La verdad que hacer estos eventos nos deja el corazón agrandado”, señaló Battro, al describir una jornada en la que confluyen actores de distintos ámbitos con un objetivo en común: generar alimentos para quienes más lo necesitan.
La mecánica es simple, pero su impacto es profundo. Cada año se siembra una hectárea de maíz. Meses antes de la cosecha se coordina la ubicación de la chacra, la semilla, labores y fertilización, y luego se realiza una cosecha manual, con cientos de voluntarios.
Luego, esa producción se destina íntegramente a organizaciones sociales. “Esto no arrancó hoy. Hay mucho trabajo previo, mucha gente involucrada para que este día suceda”, explicó el agricultor.
En cada edición participan más de 300 voluntarios y decenas de centros beneficiarios. Pero lo más relevante es que La Chocleada no quedó como un evento puntual, sino que fue el punto de partida para desarrollar soluciones estructurales.
Banco de Alimentos Uruguay
A partir de la necesidad de organizar la distribución de los alimentos cosechados surgió el Banco de Alimentos Uruguay, que hoy funciona como una plataforma logística que conecta excedentes de alimentos con organizaciones sociales en todo el país.
“Era un gran problema cómo repartíamos los choclos. Ahí nació la idea de armar un banco de alimentos”, recordó Battro durante su diálogo con VERDE.
Lo que comenzó como una solución puntual evolucionó hacia un sistema profesionalizado, con centro de distribución, red de donantes y estructura de control.
Actualmente el Banco de Alimentos canaliza más de 750.000 kilos de alimentos al año, abasteciendo a organizaciones en Montevideo, Canelones y el interior. Su funcionamiento se basa en tres pilares: recuperación de alimentos aptos para consumo que no serán comercializados, distribución eficiente a organizaciones sociales registradas y la trazabilidad completa de cada entrega.
“Tenemos el 100% de la trazabilidad de los alimentos que entregamos”, destacó Battro, subrayando el nivel de control del sistema.
Las organizaciones que reciben los alimentos deben cumplir requisitos formales, registrarse y atravesar un proceso de validación. Esto asegura que los recursos lleguen a estructuras organizadas, con capacidad de distribuirlos correctamente.
A su vez, el modelo incorpora alianzas con empresas del agro y la industria alimentaria, que aportan productos y logística, integrando así toda la cadena en un esquema de impacto social.
Inclusión con base técnica
El segundo eje del trabajo de Battro es la Fundación Sentires, una iniciativa enfocada en el acompañamiento de personas con síndrome de Down y sus familias. “Hoy tenemos más de 40 niños y estamos trabajando para llevar este modelo al interior”, comentó.
A diferencia de otras propuestas más informales, Sentires se posiciona como un espacio de atención integral, con un enfoque técnico y profesional. El trabajo incluye diagnóstico temprano, acompañamiento terapéutico, desarrollo de habilidades, apoyo a familias y la formación de equipos en el interior.
Uno de los diferenciales de la fundación es su articulación con redes internacionales especializadas, lo que le permite incorporar metodologías y conocimientos actualizados.
“Lo que vemos es que en el interior hay grupos de padres organizados, pero muchas veces falta el apoyo profesional. Ahí es donde queremos aportar”, señaló Battro.
El objetivo es construir un modelo replicable a nivel nacional, que permita mejorar la calidad de atención y generar oportunidades de desarrollo para las personas con síndrome de Down.
Red que conecta producción y comunidad
La integración entre La Chocleada, el Banco de Alimentos y Fundación Sentires configura un ecosistema donde el agro actúa como motor de impacto social. En ese esquema la producción no se limita a generar valor económico, sino que se transforma en una herramienta para abordar problemáticas concretas, como el acceso a alimentos y la inclusión.
“La consigna es dejar las obligaciones y cuestiones personales por un rato y dedicarle tiempo a la acción social”, resumió Battro. Ese componente humano es clave. La participación directa, al cosechar, clasificar y cargar los choclos genera un vínculo distinto con la realidad social y fortalece el compromiso de quienes participan.
“Todos los voluntarios que participaron dedicaron una mañana a algo distinto. Esas cosas quedan para toda la vida”, afirmó.
Modelo con potencial de escala
Uno de los aspectos más relevantes de esta experiencia es su capacidad de replicarse, ya que no requiere estructuras complejas en su origen, sino voluntad de articulación. “Todos tenemos una Chocleada para hacer al lado nuestro”, planteó Battro.
Esa idea resume una visión estratégica: el impacto no depende de grandes inversiones iniciales, sino de la capacidad de conectar actores y generar procesos.
En un contexto donde el agro está cada vez más vinculado con criterios de sostenibilidad y responsabilidad social, este tipo de iniciativas muestran un camino donde es posible producir, colaborar y organizarse.
Estas no son acciones separadas, sino partes de una misma lógica: generar valor que trascienda el negocio y llegue directamente a la sociedad.
Como “un optimista preocupado”, se definió el exembajador uruguayo Guillermo Valles, “visualizando un futuro que creo que lo tenemos”. Su vasta experiencia diplomática, en la que destacan sus gestiones como embajador de Uruguay en China, en la Unión Europea y más recientemente en Brasil, lo califica para analizar y profundizar en la situación política mundial y en las relaciones comerciales internacionales.
Atendiendo a estos antecedentes, Valles participó de la disertación titulada La actualidad geopolítica y su incidencia en el agro uruguayo, en la que el coordinador general de la Federación Uruguaya de Grupos Crea (Fucrea), Martín Aguirrezabala, entrevistó al ex diplomático.
Esta actividad se registró en el marco de la VIa Jornada Nacional de Cultivos de Invierno de Fucrea, realizada el miércoles 8 de abril. En 2026 esta gremial celebra 60 años desde su fundación.
Valles puso énfasis en algunos conceptos y temas, especialmente el de Estados Unidos, China y la ruptura del multilateralismo en las relaciones comerciales del mundo, y consideró que es necesario “ser pragmático” y “seguir protegiendo las normas comerciales que tanto nos costaron”.
Advirtió, además, que el sistema internacional de comercio tiene que ser “reformulado”, y que en ese escenario “hay oportunidades diplomáticas” e iniciativas internacionales, pero “Uruguay no puede seguir perdiendo tiempo”, considerando que es uno de los países que no tienen poderío militar, entre otros factores.
El exembajador comentó que ante consultas del actual gobierno, su posición fue la de tener presente que lo primordial es “la paz” y “la postura de unidad uruguaya”. “Son demasiado graves las cosas que suceden para estar peleándonos entre nosotros, con cuestiones políticas”, aconsejó Valles, palabras más, palabras menos.
Y en ese sentido, el diplomático destacó que “el gran debate del país no es el transporte desde el obelisco hasta el puerto de Montevideo”, sino que es la “marginalidad” que “aumenta” desde el punto de vista social, lo que es preciso “atacar” y que requiere de “educación”.
“Hace 16 años un presidente (José Mujica) planteaba que la prioridad era la “educación, la educación y otra vez la educación”, y “no sé lo que pasó, pero no podemos seguir con esto”, recalcó.
El diplomático recomendó trabajar en la mejora de la competitividad. “Y competitividad se llama en buena medida logística”, que es un área en la que “Uruguay puede hacer la diferencia”, sostuvo.
Y consideró que alcanzar ese objetivo “está en nosotros, no en países internacionales”.
“Son los dragados que tenemos que hacer, los puertos que tenemos que tener, y la posición con respecto a nuestras hidrovías”, alentó. Al tiempo que valoró esa “magnífica hidrovía”.
“Fui negociador del Mercosur, coordinador nacional del Mercosur, participé en las negociaciones del arancel externo común, de las excepciones” al mismo, recordó.
Dijo que “todo eso está muy bien, en lo político y comercial, pero la infraestructura, la columna vertebral del Mercosur es la hidrovía”. Eso recalcó en alusión al “potencial del litoral-oeste para el futuro, y el Puerto de Nueva Palmira”.
Tras 50 años de experiencia en labores diplomáticas, Valles se jubiló en 2025, según consta en una resolución de abril del año pasado, en la que se lo adscribe al Ministerio de Relaciones Exteriores.
Resiliencia y ansiedad
“Cuando el presidente de la principal potencia militar, económica y tecnológica del mundo, (Donald Trump) habla de borrar una civilización de un día para el otro, estamos en horas dramáticas de la historia”, advirtió Valles.
Y planteó que frente a esta realidad “es importante este ejercicio de pensar en qué cosas están cambiando, que son un poco más permanentes”.
También aludió a discursos de algunos mandatarios del mundo y de la presidencia del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, respecto a la “natural ansiedad” y a que “hemos pasado por el Covid, hemos pasado por ciclos económicos importantes, y en definitiva, el sistema va mostrando una resiliencia”.
“A menos que sea de una imprudencia y una irresponsabilidad muy grande, esta señora nos habla justamente de lo que (Fucrea) nos convoca a pensar, es decir, de las cosas que perduran”, comentó.
Por otra parte, el sistema internacional “en su conjunto, no solo de comercio, está siendo fuertemente sacudido y estamos frente a algo lleno de incertidumbres, de políticas, y de política económica”, dijo.
Acotó que “mañana puede ocurrir absolutamente cualquier cosa”, por lo que “la verosimilitud de lo irrealizable, de lo que uno podría pensar que esto es un mundo de ficción, no, la verosimilitud de que nos llamen y nos digan: viste que pasó tal cosa, eso ya genera un clima para inversiones, para imaginar el futuro muy difícil”.
“Pero también en materia de comercio, para salir del plano más filosófico al más terrenal, nuestro comercio está sacudido por estas decisiones de política, en particular del constructor del sistema internacional de comercio, que ha sido Estados Unidos, desde 1945 en adelante, unos años antes si se quiere”, reflexionó.
Valles cuestionó que “el impulsor de ese sistema es el que socava sus fundamentos”.
Y analizando lo que pasa con la Organización Mundial de Comercio (OMC), “¿qué porcentaje de mi comercio y mis relaciones, para irme al otro extremo, siguen siendo regidas por ese sistema?, buena parte”, planteó.
Si bien esa organización acaba de tener “otro fracaso”, en una reunión ministerial realizada en Camerún, el diplomático valoró que hubo una “investigación en China por salvaguardas”, lo que implica que ese gigante asiático “se vio en la necesidad de aplicar medidas de salvaguarda para supuestamente proteger de un grave daño a su industria cárnica”.
“¿Qué procedimiento siguió?, al pie de la letra, yo fui uno de los que critiqué esa medida, porque entendía que no había ese daño, o la probabilidad de ese daño estructural como para cerrar el comercio y que no se justificaba esta investigación; pero lanzada la misma, China siguió todos los procedimientos, los tiempos y las reglas”, reconoció.
Y consideró que en ese caso lo que sucedió fue que “el Ministerio de Agricultura de China, que promovía la medida por razones de su competencia, se contrapuso un equilibrio de fuerzas con el Ministerio de Comercio Exterior chino en particular, y en las más altas esferas políticas”.
Para Valles, de este episodio en concreto “Uruguay no salió mal”, considerando que “el principal actor económico hoy en día para nuestros intereses comerciales se rige por las reglas de la OMC”.
El comercio y la certidumbre
Siguiendo la línea de análisis, el diplomático se basó en una gráfica que mostraba la evolución del comercio mundial y su relación con el crecimiento de la economía, específicamente en un período de unos 200 años, para mostrar cómo las exportaciones ganaron importancia en el comercio internacional.
En una primera etapa, que comenzó en 1827 y duró básicamente unos 120 años, la característica fue un sistema unilateral de relaciones comerciales, a lo que le siguió una fase de multilateralismo, repasó.
Luego, comentó que a partir de 1945, en las reglas del comercio en el sistema internacional, “las políticas comerciales de cada uno de los países se rigen no por la voluntad de ellos mismos, o de acuerdos bilaterales, que siempre son asimétricos, sino por un acuerdo de conjunto”. “Los aranceles no son aquellos en los que dos países se ponen de acuerdo, sino los que un conjunto conviene en aplicar”, indicó.
Posteriormente, desde 1995 el organismo rector en esta materia pasó a ser la OMC, y ya no el viejo GATT. “Eso fue gracias a una ronda de negociaciones lanzada en 1986, en Punta del Este, que poco a poco se va olvidando, pero este año vamos a cumplir 40 años” de eso, y es lo que “refuerza ese multilateralismo”, valoró.
Por entonces, Valles recordó que “el comercio se duplicó en 120 años como proporción del Producto Bruto” mundial, y “de 1945 a 1994 casi se cuadruplicó la participación del comercio”.
Esto significa que “no es el sistema internacional, sino el sistema de normas, lo que explica el crecimiento del comercio”, y también “por la reducción de otro tipo de costos, como los del transporte, de logística, porque el mundo se achica en términos de comunicaciones, de espacio y de tiempo”, dijo.
El exembajador uruguayo sostuvo que a “todos los acuerdos internacionales que se concretaron hay que sumarles todos los desarrollos tecnológicos” registrados, “pero lo importante es que ese mundo no tiene vuelta atrás”. “Esa es mi certidumbre”, afirmó.
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La diferenciación “es plata” en Europa
“Cualquier diferencial que pueda poner Uruguay sobre la mesa para un mercado como el europeo es plata”, sostuvo la vicecanciller Valeria Csukasi durante una conferencia realizada en la reciente edición de la exposición Rural de Melilla.
La actividad fue organizada por Verdemedia y Oriental Agropecuaria. También participaron el coordinador de la Unidad de Negociaciones Comerciales y Política Comercial del Ministerio de Economía y Finanzas, Gabriel Arimón, y la directora de la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, Verónica Durán.
La subsecretaria agregó que “de los cuatro países del Mercosur, en carne bovina, Uruguay es el único que estaría en condiciones de cumplir los estándares europeos (de no deforestación) desde mañana”.
Si bien reconoció que estos estándares “no son justos”, y que son “protecciones encubiertas al comercio”, destacó que Uruguay “siempre ha sido el primero en cumplir”, y ese es un diferencial que le puede jugar a favor.
“Si lo sabemos aprovechar desde una autocertificación de libre de deforestación, tiene una oportunidad de colocación, de nicho, de valor agregado, que para mí es enorme”, enfatizó.
A propósito, la jerarca recordó sellos y certificaciones que se diseñaron para Europa, Estados Unidos y otros mercados.
Aún no se sabe cuándo comenzará a aplicarse la reglamentación de la Unión Europea de no deforestación. La propuesta ha generado mucho rechazo, no solo de los importadores europeos que son los responsables de que se cumpla, sino también de sectores de la industria alimenticia de esa comunidad económica, que sienten que podrían quedarse sin insumos básicos como el cacao para la elaboración de productos como el chocolate, o incluso el café.
De todos modos, Csukasi insistió en que si Uruguay sabe aprovechar la posibilidad de autocertificación de libre de deforestación tiene la oportunidad de colocar sus productos en nichos de alto valor agregado.
Una gira técnica organizada por la empresa Nutex por la zona de Castro, en el estado de Paraná, Brasil, dejó en los participantes la impresión de una lechería «altamente» intensificada, con productividades que duplican y triplican los promedios uruguayos y rentabilidades «sostenidas» por encima del 22% anual. Así lo describió el integrante de la consultora GGR, Alexis Rinaldi, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Contextualizó que la ciudad de Castro concentra cuatro veces más vacas lecheras que todo Uruguay y que la cooperativa Castrolandia es el motor del sector en la región, con tres rubros —lechería, agricultura y cerdo— y una estructura de gobernanza que rota la presidencia y vicepresidencias cada tres años sin reelección en la misma rama, evitando que ningún sector domine a los demás. La cooperativa cuenta con un equipo técnico propio de veterinarios e ingenieros que no solo asesora a los productores, sino que evalúa e incorpora innovaciones, como un sistema de collares para monitoreo de transición, producción, confort y reproducción desarrollado por egresados universitarios.
El dato más impactante fue la evolución del sistema: hace 15 años el 50% de la producción era extensiva, hoy ese porcentaje bajó al 5% dentro de la cooperativa. Los tambos visitados promediaban entre 44 y 47 litros por vaca por día, con cargas de 5 vacas por hectárea y producciones de 60.000 a 65.000 litros por hectárea por año, con aspiraciones a llegar a 80.000. El precio de la leche cerró 2025 en un promedio de US$ 0,60 por litro. «Si tuviéramos los mismos costos y ese precio, en Uruguay sumaríamos un 20% más de rentabilidad», señaló Rinaldi.
Un factor clave es la calidad del forraje: silos de maíz con entre 35% y 42% de almidón, producciones de 80 a 90 toneladas de materia verde por hectárea y precipitaciones de entre 1.800 y 2.300 mm anuales, muy distribuidas a lo largo del año. «La calidad de forraje es impresionante; es lo mismo que vimos el mes pasado en Río Grande», afirmó. A nivel nutricional, los silos superan el 60% de digestibilidad y alcanzan el 22-23% de proteína, lo que sustenta producciones de lotes de 65 a 70 litros diarios.
Rinaldi destacó además un modelo de negocio emergente: asociaciones entre agricultores —dueños de la tierra— y lecheros que aportan el manejo y las vacas, con la tierra valuada en torno a US$ 45.000-50.000 por hectárea. El precio del silo se fija en función del potencial de chacra menos el costo de cosecha, multiplicado por el valor del grano al momento de cosechar. Algunos tambos generan hasta el 40% de sus ingresos con la venta de vaquillonas recién paridas —entre 20 y 30 días de lactancia— a precios de entre US$ 3.000 y US$ 4.000 por cabeza. «Esa asociación le da al agricultor la posibilidad de hacer una tercera cosecha, que en este caso es el poroto negro», explicó.
Advirtió que si Brasil continúa esta trayectoria y se convierte en exportador de leche, el impacto sobre los mercados regionales podría ser significativo. «Ojalá que no pase como con la carne (vacuna) y que sean exportadores de leche», consideró.
Los detalles técnicos completos de la gira se publicarán en el próximo boletín conjunto de GGR y Mercoláctea.
En la semana del 17 al 23 de mayo de 2026 se faenaron 43.554 vacunos en Uruguay, lo que representa una caída de 7,7% respecto a la semana anterior, cuando la actividad había alcanzado las 47.174 cabezas, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Carnes (INAC). A pesar de la corrección semanal, el volumen continuó ubicándose en niveles elevados dentro del comportamiento observado en 2026.
Los novillos continuaron liderando la actividad industrial con 24.673 cabezas, equivalentes al 57% del total semanal, seguidos por las vacas con 12.903 cabezas (30%) y las vaquillonas con 5.308 animales (12%), manteniéndose una fuerte participación de ganado pesado y terminado dentro de la operativa semanal.
Entre las plantas más activas se destacó Frigorífico Tacuarembó, con 6.678 cabezas (15,3%), seguido por Frigorífico Las Piedras con 3.780 (8,7%), Pulsa con 3.707 (8,5%), Frigorífico San Jacinto–Nirea con 3.320 (7,6%) y Breeders Packers Uruguay con 3.299 cabezas (7,6%). En total operaron 25 establecimientos, manteniéndose un elevado nivel de actividad industrial.
En el acumulado de 2026, la faena bovina asciende a 797.915 cabezas, lo que representa una caída de 18,7% frente al mismo período de 2025. Los novillos explican 49% de la actividad anual, las vacas 34% y las vaquillonas 15%.
En el mercado, los valores volvieron a mostrar nuevas mejoras en todas las categorías. El novillo se ubicó en US$ 5,63 por kilo en cuarta balanza (+US$ 0,06), la vaca alcanzó US$ 5,28 (+US$ 0,03) y la vaquillona llegó a US$ 5,47 (+US$ 0,04), manteniéndose la firmeza general del mercado. Además, el valor promedio móvil de exportación de carne vacuna alcanzó US$ 6.078 por tonelada peso canal, reforzando el escenario favorable para los valores de la hacienda.
Desde la Asociación de Consignatarios de Ganado (ACG) señalaron que el mercado está “firme, con disparidad de valores según categoría entre plantas. Faena de buen volumen explicado por los ganados de los corrales”, reflejando un mercado que continúa mostrando «solidez» en los precios, con diferencias entre industrias y una «fuerte» incidencia de los animales provenientes de sistemas intensivos.
El director general de Servicios Ganaderos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Marcelo Rodríguez, regresó de la 93ª Sesión General de la Asamblea Mundial de Delegados de la OMSA en París con buenas noticias en materia sanitaria: Uruguay validó su estatus como país libre de las principales enfermedades y la auditoría de la Unión Europea (UE) dejó una «buena impresión», con observaciones menores. Así lo indicó este jerarca del MGAP, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Destacó la amplia delegación uruguaya en París, que incluyó al presidente de ARU, Rafael Ferber, representantes de la Facultad de Veterinaria, INAC, INIA y el MGAP. La agenda incluyó reuniones bilaterales con Indonesia, Singapur, Japón, México, Noruega y Malasia, con el objetivo de destrabar accesos sanitarios para carne bovina, carne ovina con hueso, lengua y productos genéticos como semen y embriones. «No es lo mismo un correo que tener al delegado en frente en una reunión de 20 minutos; esas conversaciones son fundamentales», señaló.
Destacó como señal positiva el interés de Noruega en importar material genético uruguayo y anticipó que el expediente de Indonesia para habilitación de carne bovina podría cerrarse en su parte técnica en 2026.
Sobre la auditoría de la UE —culminada el 15 de mayo antes de la partida a París— Rodríguez informó que el informe oral fue «positivo», con observaciones «menores» vinculadas a procedimientos en frigoríficos y manejo de caravanas. «Por el momento son buenas noticias; estamos a la espera del informe final», indicó. Advirtió que en agosto o septiembre se realizará una nueva auditoría europea, esta vez enfocada en residuos, para la que el MGAP ya está preparando respuestas.
Respecto a la monensina —ionóforo cuyo uso en bovinos está bajo escrutinio europeo tras los problemas de Brasil— Rodríguez fue cauto y señaló que en la auditoría reciente el tema no fue planteado y que Uruguay no tomará medidas sin antes conocer el resultado de la auditoría de residuos. «Vamos orejeando la situación a ver qué viene y cómo nos tendríamos que preparar ante una eventualidad parecida a la de Brasil», sostuvo.
Sobre los residuos en carne con destino a China, el jerarca comentó que la visita del subsecretario Matías Carámbula a Beijing «anduvo bien» según la información disponible, con recorridas a puntos de entrada de productos uruguayos y visitas a laboratorios. Valoró la señal que transmite la presencia en terreno. «Más allá de lo que hagamos en el país, es muy importante la señal que estamos dando hacia el mercado y la preocupación de tratar de resolver los problemas», dijo.
Finalmente, Rodríguez destacó que la OMSA solicitó a Uruguay una presentación sobre el seguro de enfermedad prevalente —que combina cobertura estatal y sector privado— como modelo de gestión sanitaria poco frecuente a nivel mundial. «Cuando uno habla con colegas de todo el mundo, se da cuenta de que no es normal la forma en que funciona nuestro seguro; fue bastante valorado», afirmó.
La Jornada Anual de Lechería 2026 del Grupo Lechería de la Estación Experimental Mario A. Cassinoni (EEMAC) dejó «buenas» noticias en materia ambiental —Uruguay tiene emisiones de metano «muy bajas» comparadas con la literatura internacional— y una «alerta» sobre la rentabilidad de los sistemas de menor productividad. Así lo señaló el ingeniero agrónomo de la Facultad de Agronomía, Pablo Chilibroste, en el programa Punto de Equilibrio en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Explicó que la jornada, desarrollada el jueves 21 en la EEMAC de Paysandú con fuerte presencia de productores, técnicos y estudiantes, combinó una actividad de campo y una de salón. En el campo el foco estuvo en un proyecto FPTA que compara dos sistemas de producción: uno que combina pastoreo con cama caliente —con estabulación de cuatro a cinco meses en otoño-invierno y pastoreo intensivo en primavera-verano— y otro que evalúa la «cama a cielo abierto», una infraestructura con chips en superficie, piedra filtrante y drenaje subterráneo que captura heces y orina para recircularlos.
El segundo sistema apunta principalmente a resolver el balance de nutrientes y la concentración de contaminantes en puntos críticos del predio. «Estamos anticipándonos y explorando opciones donde la concentración de nutrientes en puntos calientes se capture y se recircule hacia otros lugares», dijo.
En el salón se presentaron dos trabajos destacados. El primero mostró que el sistema lechero uruguayo —mixto, con pastoreo y suplementación— tiene emisiones de metano muy bajas medidas por vaca, por litro de leche y por hectárea, posicionándose favorablemente frente a 20 años de literatura internacional. «Uruguay está muy bien posicionado; emite poco metano y tiene una huella de carbono muy baja comparada con sistemas intensivos», valoró.
El trabajo está en proceso de publicación internacional. El segundo trabajo evaluó la reducción de la frecuencia de ordeñe de dos a uno por día al final del período de espera voluntaria, con resultados que mostraron una caída transitoria de producción durante la semana de cambio pero sin efecto residual a los 60, 90 o 200 días, acotó.
En el cierre de la jornada, Chilibroste planteó la situación de los productores con productividades por debajo de los 400 kilos de sólidos por hectárea —o de 6.000 a 7.000 litros por hectárea— como el desafío central de la lechería uruguaya.
Estimó que entre el 20% y el 50% de los tambos se ubica en esa franja, donde los modelos actuales no muestran rentabilidad. «No vemos soluciones económicamente rentables con baja productividad; el aumento de la productividad es un camino ineludible», sostuvo.
El investigador llamó a los actores del sector a sentarse juntos a buscar políticas de acompañamiento sostenido en el tiempo, tomando como referencia modelos internacionales —como Nueva Zelanda— que han logrado reducir la pérdida de productores con esquemas más articulados de apoyo.
Respecto al relevo generacional en la investigación, Chilibroste —ya jubilado de la Facultad de Agronomía hace dos años— confirmó que el liderazgo del área de lechería quedará en manos de Gabriel Meneguzzi, Carolina Dorado y Catalina Rival, quienes están completando sus doctorados. «Hay un equipo joven que está tomando la posta y liderando el proceso de investigación; eso es una muy buena señal», destacó.