La antigüedad promedio de la flota de buques graneleros subió a casi 13 años

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La última gran ola de desguace ocurrió en 2015-2016, con cerca de 30 millones de ton de peso muerto retiradas; desde entonces la cifra rara vez superó los 10 millones de ton.

La flota global de graneleros atraviesa un proceso acelerado de envejecimiento. Según datos de AXSMarine, la edad promedio de los buques pasó de 8,6 años en 2018 a casi 13 años en 2025, reflejando el fuerte ingreso de naves en la década pasada y la limitada renovación de unidades en los últimos años.

El bloque de naves de 11 a 15 años creció con fuerza y superó a los segmentos más nuevos. En paralelo, los buques de 16 a 20 años casi se duplicaron, de 870 en 2018 a unos 1.800 en 2025. En contraste, los barcos de menos de cinco años se redujeron de más de 3.500 en 2018 a unos 2.300 en 2025.

Desguace en mínimos históricos

Uno de los factores que explica el fenómeno es la escasa salida de buques del mercado. La última gran ola de desguace ocurrió en 2015-2016, con cerca de 30 millones de toneladas de peso muerto (dwt) retiradas. Desde entonces, la cifra rara vez superó los 10 millones, y en 2023-2024 se ubicó apenas en 3-3,5 millones. “Muchos buques que antes habrían sido retirados se han mantenido en servicio”, señaló AXSMarine. Precios bajos de chatarra, oportunidades en rutas menos exigentes y márgenes comerciales favorables alentaron a los armadores a prolongar la vida útil de sus naves.

Órdenes de construcción insuficientes

El ritmo de nuevas construcciones tampoco compensa el envejecimiento. Tras los picos de 2007, 2010 y 2013, las órdenes cayeron con fuerza. Desde 2017 la actividad se mantiene entre 400 y 700 buques por año, con un ligero repunte en 2024, niveles insuficientes frente al gran bloque de entregas entre 2010 y 2012, que ahora se aproxima a los 15 años de edad.

La incertidumbre tecnológica es otro freno. La falta de consenso sobre el combustible del futuro –LNG, metanol, amoníaco u otros– lleva a muchos armadores a extender la vida útil de los buques existentes antes que apostar por una tecnología que aún no se consolida. También pesan las restricciones financieras y la capacidad limitada de los astilleros, que en los últimos años priorizaron portacontenedores y metaneros.

Menor velocidad en la flota mundial

A este panorama se suma un informe de Veson Nautical, que advierte una desaceleración en la flota mundial de graneleros. La reducción de la velocidad media se explica por la antigüedad de la flota, la aplicación de normativas ambientales más estrictas y cambios en la dinámica del sector.

Los buques construidos antes de 2013, cuando entró en vigor el Índice de Diseño de Eficiencia Energética (EEDI, por su sigla en inglés), redujeron significativamente su velocidad respecto a los modelos más recientes. “Estos buques, más antiguos y menos eficientes, enfrentan nuevas restricciones regulatorias para operar a toda máquina”, explicó Oliver Kirkham, analista senior de la consultora.

El informe señala que esta brecha generacional es cada vez más evidente, en particular con la flota construida en la década de 2000, impulsada por el auge del crecimiento chino, que hoy enfrenta dificultades para cumplir con las exigencias actuales.

La menor disponibilidad de grandes graneleros modernos en el mercado de compraventa es una evidencia de su ventaja competitiva, ya que cumplen con normativas ambientales y obtienen mejores condiciones de fletamento. En cambio, las naves más antiguas se concentran en rutas menos exigentes, con mayores riesgos operativos y reputacionales.

Riesgos y proyecciones

El peso desproporcionado del segmento de 11 a 15 años marca un punto de inflexión: en los próximos cinco a siete años buena parte superará los 20 años, lo que podría detonar una ola de desguace si el mercado se debilita o se endurecen las exigencias ambientales.

Para los armadores, mantener buques de más de 15 años sigue siendo viable, aunque los costos regulatorios y de eficiencia energética aumentan. Para los inversionistas, una flota más vieja restringe la oferta y puede sostener tarifas de flete, pero también anticipa grandes necesidades de capital para renovación.

La tendencia indica que la antigüedad promedio seguirá subiendo hasta 2027, cuando podría superar los 13,5 años. El verdadero punto de inflexión llegará cuando el bloque de buques entregados entre 2010 y 2012 supere los 20 años, forzando un mayor nivel de desguace. “Un escenario de mayor claridad en estándares de combustibles, sumado a condiciones de mercado que incentiven la renovación, podría estabilizar la edad promedio hacia fines de la década”, concluye AXSMarine.

Nota de Revista Verde N° 123

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Maíz con riego alcanzó un promedio récord de 13.600 kilos por hectárea

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El máximo fue de 18.200 kilos por hectárea; Regadores Unidos del Uruguay espera medidas del gobierno que impulsen la tecnología, como se comprometió en campaña.

El cultivo de maíz con riego logró un rendimiento promedio récord de 13.600 kilos por hectárea en la zafra 2024-2025, según informó Regadores Unidos del Uruguay (RUU) en su jornada anual realizada en Mercedes, Soriano. “El promedio del año pasado fue muy bueno, récord histórico, con gran diferencia”, destacó a VERDE el coordinador técnico de RUU, Gastón Sebben. El técnico recordó que el promedio histórico se ubica entre 10.000 y 11.500 kilos por hectárea, dependiendo del año. 

El presidente de RUU, Juan Baroffio, admitió que le sorprendió este resultado. “Siendo honestos, era muy difícil pronosticar mejoras tan significativas en los rendimientos promedios, como los que venimos teniendo”, dijo. 

Agregó que lo positivo es que eso “no es fruto de la casualidad, sino de un trabajo que está dando muy buenos resultados de parte del equipo técnico de RUU y de otras instituciones, que también trabajan en el desarrollo de tecnologías de riego”. Valoró que “se han identificado limitantes y trabajado sobre ellas, se ha generado información, en campos de productores y con tecnologías de productores”.Destacó que los productores “han incorporado esta información a sus planteos tecnológicos. Y con la aplicación de esas tecnologías estamos viendo estos resultados”. 

Señaló que el contexto del año “acompañó, fue bueno en términos de condiciones climáticas, lluvias y temperaturas”. Pero, al mismo tiempo, indicó que los productores “están haciendo manejos muy adecuados y eso está dando sus frutos”, porque esos 13.600 kilos de rendimiento promedio se dieron en una “base grande, con crecimiento del área y muchos más productores”. 

Agregó que eso implica que haya productores nuevos en el manejo de la tecnología, y como toda tecnología tiene una curva de aprendizaje. “Ver que los rendimientos promedios, máximos y mínimos mejoran en ese contexto, es toda una satisfacción”, expresó el presidente de RUU. 

Sobre las particularidades del año pasado, Sebben comentó que “ayudaron las lluvias en diciembre, pero después hubo que regar mucho”. Más adelante agregó que “hay años que el clima acompaña un poco mejor”, pero destacó que esto “se viene dando de forma sostenida” y, por lo tanto, “la mejora en el paquete de manejo está mostrando su efecto”.

Señaló que una forma de analizarlo es ver cómo evoluciona el promedio del grupo y ciertos percentiles, y otra es analizar cómo evolucionaron las empresas de forma individual. Allí es donde se ve más claramente la evolución positiva que se ha tenido a lo largo de los años en el rendimiento. 

Destacó que el promedio de rendimiento del maíz con riego el año pasado fue semejante al percentil 90 de hace cuatro o cinco años. Y actualmente el percentil 90 está arriba de 16.000 kilos por hectárea. 

Si bien el rango de rendimientos del maíz regado fue bastante amplio en la reciente zafra, en todos los casos los resultados fueron considerados buenos. En la zafra 2024-2025 hubo pisos de 11.000 kilos por hectárea y techos de percentil 90, “una forma estadística que la venimos siguiendo a lo largo de los años, que está en 16.000 kilos, con un máximo de 18.000 kilos por hectárea”, indicó Sebben.

Analizó que los primeros “seguramente tuvieron algunas deficiencias hídricas en momentos puntuales, y los últimos falta de deficiencias, además de un ajuste de manejo muy interesante”. 

Máximos y mínimos

El rendimiento máximo en esta zafra fue de 18.200 kilos por hectárea, pico que también fue récord. El máximo anterior fue de 17.200 kilos por hectárea. “¡Son casi 1.000 kilos más!”, destacó Sebben. También apuntó que “algo muy interesante, que no lo veíamos en años anteriores, fue una regionalización de esa gama de rendimientos, para ver si se concentran los más altos en algún punto del país o en otro, o si eso ocurre con los rendimientos más bajos”. 

Comentó que los rendimientos más bajos tienen en común deficiencias hídricas. Y el diseño del sistema de riego tiene “al menos parte de la responsabilidad de eso”, sostuvo. Agregó que “puede ser la dotación de agua que tenga el sistema para regar; o por la movilidad de los equipos antes de que llegue a madurez el maíz, eso le pasa cierta factura”. 

Si bien Uruguay es un país bastante chico en área, hay diferencias climáticas. “No es lo mismo producir al sur que al norte del río Negro, y el potencial tiene diferencias más sutiles”, señaló el coordinador técnico de RUU. Si bien sostuvo que estos buenos rendimientos “se pueden lograr en todas las latitudes de Uruguay, hay diferencias de unos 1.000 kilos por hectárea entre los puntos más al sur y los que están más al norte”.

Factores determinantes

Baroffio sostuvo que el manejo del agua sigue siendo el principal factor que determina los rendimientos de los cultivos bajo riego. Señaló que en la zafra pasada se verificó uno de los máximos en volumen de riego utilizado en el cultivo de maíz, y eso va de la mano con los buenos rendimientos obtenidos. 

“El manejo del riego va de la mano con el diseño de los sistemas, con la cantidad de agua que tienen planificados los cultivos, y el manejo de evitar roturas, mantenimiento y todo lo que conlleva aplicar agua a los cultivos. Generalmente no podemos dimensionar sistemas que agreguen cualquier cantidad de agua, estamos limitados. Por lo tanto, cuándo y cómo regar es muy importante”, enfatizó.

También se refirió a Riego Ok, la aplicación diseñada por RUU, un proyecto que contó con el apoyo de la Agencia Nacional de Desarrollo (Ande). Se trata de un modelo que permite tomar decisiones con datos. “Generamos un balance hídrico utilizando estaciones meteorológicas, información satelital de los cultivos. Esa información es utilizada por los productores socios, y les permite decidir cuándo empezar a regar sus cultivos y cuándo parar de regar, y así pueden ser más eficientes”, detalló Baroffio.

Para obtener estos resultados productivos no solo es importante el riego sino también el manejo agronómico, como la correcta selección de los híbridos, la población adaptada a cada híbrido y la dosis de nitrógeno necesaria para que el maíz exprese su potencial. 

“En los rendimientos máximos que estamos observando, que superan los 17.000 y 18.000 kilos por hectárea, cada vez es más difícil seguir pronosticando crecimientos. Pero hoy preferimos no pensar en el techo, sino en seguir trabajando para ajustar algunas otras variables a mejorar”, comentó el presidente de RUU. Admitió que “seguramente iremos a menor ritmo, porque esto tiene un tope ambiental, pero estamos convencidos de seguir en esa línea de trabajo”. 

Baroffio también admitió que en los diseños de los sistemas de riego “hay una variabilidad enorme”, porque “hay tantos sistemas de riego como empresas regantes”. Informó que RUU está tratando, desde este año, de empezar a generar una caracterización. 

“En nuestra anterior jornada trabajamos en caracterizar los sistemas, qué volumen de agua disponible tienen por pivote, por área de riego, si los pivots son fijos o móviles, la potencia que contratan, entre otras características. Estamos relevando y caracterizando”, comentó. 

Compromiso político

Durante la pasada campaña electoral hubo un fuerte compromiso de todos los partidos políticos con el desarrollo del riego en Uruguay. “Eso nos había entusiasmado”, porque “creemos que el riego tiene un papel muy importante a jugar en el desarrollo del sector agropecuario y de la economía del país”, comentó Baroffio. Destacó que los datos muestran que se duplica la productividad, que puede saltar de 6.500 kilos a casi 13.500 kilos de maíz por hectárea. “No dimensionar ese potencial es cerrar los ojos”, enfatizó. 

“Veíamos con mucho entusiasmo que todos los sectores políticos hablaban del riego como una herramienta para hacer crecer al país, y estamos esperando. Entendemos que el nuevo gobierno está en etapa inicial, pero no vimos los movimientos que esperábamos”, comentó. 

“En RUU estamos abiertos a aportar nuestro grano de arena, con empresas con experiencia en riego. Confiamos en que en los próximos meses podamos tener avances. Tenemos la expectativa de que en este período de gobierno el riego cobre más protagonismo”, planteó.

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Para la exportación de carne hay una “demanda importante y exigida a nivel no arancelario”, dijo técnico del INIA

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Hay una “demanda importante y exigida a nivel no arancelario” por temas de “sostenibilidad y bienestar animal”, que Uruguay para seguir posicionándose en la exportación debe ir acompañando ese proceso, dijo el técnico del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Gustavo Brito, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en verdenews.com.uy.

Brito realizó ese y otros comentarios en el marco del Congreso de la Asociación Uruguaya de Producción Animal (AUPA), que se desarrolla entre el 22 y el 24 de septiembre en Punta del Este.

La producción de carne es “cada vez más eficiente” en cuanto a la emisión de gas metano, “tratando de llegar a animales más jóvenes”, lo que “va a redundar en la calidad” del producto, señaló.

El técnico del INIA sostuvo que otro “desafío” pasa por la mirada del consumidor a ser tenida en cuenta a la hora de armar un negocio.

Y a modo de ejemplo, el investigador aludió a las cuotas Hilton y 481 para exportar carne a Europa, que fueron generadas “por acuerdos” y “muchas veces no estaba atrás el consumidor”, pero hoy aparecen “movidas” con ciertas “exigencias” de brookers .

“Uruguay puede argumentar fácilmente” la no deforestación, para adecuarse a los requisitos europeos, y en temas como la emisión de gases y en la eficiencia de conversión se genera “información nacional” que permitirá “ajustar indicadores a las certificaciones”, comentó.

Escuche a Gustavo Brito

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Girasol: genética, manejo y precios impulsan el crecimiento de la superficie de cara a la zafra 2025/26

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El año anterior tuvo resultados productivos sólidos, mejoras de manejo y diversificación de riesgos; se proyecta que el cultivo superará las 20.000 hectáreas en este verano.

El cultivo de girasol afirma las señales de retorno al campo uruguayo, tras varias zafras en las que el agricultor decidió dejar de sembrarlo. Mientras empresas del sector agrícola avizoran un incremento en el área de siembra para la próxima campaña, y destacan ciertos números del negocio, resulta oportuno analizar algunas sugerencias técnicas y agronómicas.

Respecto a las cuestiones agronómicas y tecnológicas, la “variable número uno es la elección de los híbridos, es lo más importante que podemos hacer”, comentó a VERDE el asesor técnico argentino Pablo Calviño, en el marco de una serie de jornadas técnicas que realizó la empresa Yalfín, representante de los híbridos de maíz y girasol de NK Semillas.

Dijo que en este cultivo, “al revés de los otros”, hay que mirarlo a mediano plazo, porque en Uruguay “está el cuco” de la enfermedad phomopsis, que fue la causante de que el girasol desapareciera por más de 10 años, y “lo ideal es mantener libre de inóculo al país”.

En función de eso, “si se detecta que en determinado año hubo un foco, lo recomendable es que ahí no se haga más girasol, por lo menos por tres o cuatro años”, explicó. Y agregó que es importante adoptar esa medida, “no solo en esa chacra, sino alrededor”.

Sobre la distancia recomendada para tomar esta precaución, Calviño comentó que esto “no está muy medido, porque depende del viento de cada año, pero hay que calcular que las ascosporas pueden trasladarse entre 10 y 20 kilómetros”.

Destacó que “la genética ha mejorado para enfrentar esta situación”, que “cambió muchísimo”, y si bien “no hay híbridos resistentes, sí hay híbridos tolerantes” a esa enfermedad. “Cuando un híbrido susceptible, los comunes, tiene 70% de plantas afectadas, estos híbridos tolerantes tienen un 7% a 8% o nada de afectación” por la phomopsis, explicó.

Consultado sobre la importancia de la rotación de los cultivos en este tema en particular, el asesor argentino dijo que “el cultivo de girasol, por la época que se cosecha, es el mejor antecesor de todos los cultivos de invierno, ya sea de colza o de trigo o de cebada”.

Puntualizó que en el caso de la colza “hay algo de riesgo de enfermedades, pero si el cultivo estuvo sano no hay ningún tipo de inconvenientes”.

En cuanto a malezas, el cultivo de girasol tiene “una paleta bastante completa como para que no haya problemas”, pero “si a vos se te escapa”, por ejemplo, el yuyo colorado en soja, se pueden utilizar muchas alternativas, y en el girasol “si se te escapa eso no es posible”. Por lo cual, es necesario que el control de malezas “se haga con prevención y una buena diagramación, asociada a los herbicidas y las malezas objetivo”, consideró.

Calviño resaltó que siempre se precisa “entrar al campo con el cultivo puesto en cero”, porque el lote tiene que estar bien limpio. Y a partir de ahí, la sugerencia es “trabajar con herbicidas preemergentes, que controlen fundamentalmente el yuyo colorado, porque las gramíneas y el resto de las malezas se pueden controlar en el cultivo, pero el cuco es el yuyo colorado”, afirmó.

Sobre la fertilización del girasol, el asesor técnico planteó que este cultivo “necesita nutrientes, pero tiene poca respuesta”, ya que “se las rebusca por su forma de explorar el suelo, porque acompaña las temperaturas con la mineralización y es muy eficiente en obtener los nutrientes del suelo”. En muchos ensayos, en diferentes partes del mundo, la conclusión muestra que “responde a cantidades bajas” de nutrientes.

El nitrógeno “ingresa por flujo masal, va diluido con agua”, y el girasol “es una bomba extractora”, porque “puede tomar donde otros no toman”, detalló Calviño. Y eso impacta en una respuesta a valores más bajos de nitrógeno, a pesar de que tiene alta extracción, según la información de varios investigadores, acotó.

“La respuesta, a deficiencia de fósforo, es baja en girasol”, dijo. Si bien “igual siempre conviene hacer una fertilización de base con fósforo, porque ayuda al crecimiento inicial del cultivo, para que crezca más rápido”, recomendó.

También comentó que, “en la medida que el cultivo crece más rápido, le da menos posibilidad de ataque de plagas”, y “lo más importante” es que “hace un sombreado más rápido”, y ese sombreado “es el que hace que después no vengan las malezas”.

El asesor técnico argentino indicó que el micronutriente más común, que tiene deficiencias para el girasol, es el boro, y la deficiencia de boro se da fundamentalmente en suelos con baja materia orgánica, y suelos arenosos.

“Hoy en Uruguay hay varios de esos suelos que han tenido mucha extracción, son suelos arenosos, donde es probable que haya deficiencia de boro”, comentó. También señaló que “hay que mirar con ojos bien abiertos lo que ocurre con el potasio”. Aconsejó que, en todos los casos, los productores consulten a un técnico local.

Calviño mostró información de Argentina, donde la media de los productores “tiene una pérdida de 30% entre semillas sembradas y plantas logradas, al tiempo que los productores prolijos tienen una pérdida menor al 5%”. Por lo cual, cada productor tiene que lograr “su coeficiente de pérdidas para poder diagramar la densidad en función de eso”, indicó.

Sobre los ataques de pájaros, indicó que, “en los lugares donde el cultivo está volviendo, responde entre otras cosas al cambio en la posición de capítulo generado por el mejoramiento genético”. Se busca que desde la madurez fisiológica en adelante, la planta “quede mirando para abajo”, y de esa manera “la paloma tiene barrera física”, detalló.

Agregó que, “cuando queda de costado o mirando a la planta de al lado, la paloma se hace un picnic comiendo la mitad del capítulo”. Por lo tanto, resaltó que “lo primero es genética, que el capítulo mire para abajo, no totalmente, porque si no acumula agua”, y lo otro “es la aplicación de desecantes para adelantar la cosecha”.

El avance y los datos

Cuando el girasol regresó a la agricultura uruguaya, “entre 2020 y 2021 básicamente iba todo a primera, pero luego empezó a crecer el área de segunda”, dijo a VERDE el responsable del área de desarrollo de Yalfín, Pablo Leiva.

El año pasado se sembraron unas “11.500 hectáreas”, y “en los últimos cuatro a cinco años estuvo entre 6.500 y 19.000 hectáreas”, y este año se prevé un “aumento para llegar a unas 20.000 hectáreas”, avizoró.

Leiva dijo que en la zafra 2024-2025 desde Yalfín se relevaron 42 casos, que abarcaron un total de 7.006 hectáreas, lo que representa el 61% del área sembrada con girasol. La siembra se concentró mayoritariamente en fechas tempranas, “el 70% del área fue de siembra de primera, realizada entre el 30 de setiembre y el 10 de noviembre, mientras que el 30% restante correspondió a siembras de segunda, concretadas entre el 25 de noviembre y el 23 de diciembre”, indicó.

Las chacras evaluadas se ubicaron principalmente en suelos de menor potencial productivo, arenosos y del grupo 5.02b. La distribución geográfica mostró que el 47% del área estuvo en la zona de Río Negro, el 43,7% en el sur y el 9,3% en el norte, acotó.

Según el relevamiento, el rendimiento promedio físico fue de 2.189 kilos por hectárea (kg/ha), con un máximo de 3.100 kg/ha. El contenido de aceite promedió 56%, lo que permitió alcanzar un rendimiento bonificado de 2.801 kg/ha.

Leiva informó que el girasol de primera tuvo un promedio de aceite de 52% a 58%, y en segunda estuvo entre 50% y 56%. El análisis de los datos mostró que, a medida que la fecha de siembra se atrasa, baja el porcentaje de aceite.

En todas las chacras relevadas se obtuvieron niveles de aceite que permitieron acceder a bonificaciones superiores al 16%, considerando que por cada punto de aceite por encima del 42% la industria bonifica dos por uno. El promedio de bonificación alcanzó el 28%, acotó.

Leiva informó que el porcentaje de aceite se mantuvo estable entre años, y está fuertemente determinado por la genética de los híbridos utilizados, que en su mayoría fueron de NK.

Mercado

“Venimos acompañando el resurgimiento del girasol”, que comenzó hace unos cinco años, con un grupo de productores de Río Negro, recordó a VERDE el integrante del departamento comercial de Cousa, Alejandro Young.

En este contexto de impulso a la producción de girasol, la empresa presentó en su momento un esquema de precios vinculado a la soja, y luego pasó a una fórmula de precios directamente influenciada por el girasol, que se compone por la “referencia del mercado regional, que surge de la Bolsa de Comercio de Rosario, Argentina”, con 34% de aceite, 58% de harina y una prima de US$ 62 por tonelada para asumir el costo del proceso industrial. Después “eso se bonifica en función de la materia grasa, una base de 42%”, detalló.

En la zafra anterior el precio del girasol fue de unos US$ 420 por tonelada que, con una bonificación cercana al 30%, terminó por encima de US$ 500 por tonelada. “El margen para el productor estuvo”, destacó.

Además, señaló que el valor de referencia del girasol en Uruguay ha oscilado en torno a US$ 510 por tonelada, por lo cual se considera un negocio atractivo para el productor.

Esta propuesta comercial está vinculada con la necesidad de satisfacer la demanda del mercado uruguayo. Si bien hay mercados de exportación, tanto de aceite, harina y grano, “lo complejo del girasol, a diferencia de la soja, es que hay pocos lugares y momentos donde arbitrarse; pero hay que empezar a construir negocios de exportación”, opinó Young.

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Albanell (El Yunque): velocidad en la intensificación ganadera y el “acelerador” de los corrales

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El premio al Gran Campeón de la raza Aberdeen Angus y el precio récord en remate de ese ejemplar (US$ 37.000 por el 50%) fueron los principales logros alcanzados por la firma El Yunque, en la reciente Rural del Prado. En la pista de esta exposición, Angus es “cada vez más competitiva y profesional” con un nivel “muy alto”, destacó el director de El Yunque, Enrique Albanell, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en verdenews.com.uy.

Dijo que el ejemplar premiado es un animal “muy moderado, con mucho sello racial, profundo, petiso, bien ancho y se desplazaba bien”. Complementariamente, el animal marcó datos “top en crecimiento, en área de ojo de bife, en grasa” y otros vinculados al EPD (Diferencia Esperada en la Progenie), señaló.

Albanell valoró la situación actual del negocio ganadero en Uruguay, que hace un año viene con un clima “espectacular” en régimen de lluvias y temperaturas.

Además, hace unos “ocho a diez meses que los precios (del ganado) son muy buenos y cada semana son mejores”, y “todos los eslabones están pasando por un buen momento”, sostuvo.

Advirtió que se registran inversiones en el sector que inciden en la “velocidad de intensificación”, como el caso del crecimiento de los corrales, lo cual es un “acelerador” de la cadena.

Escuche la entrevista completa a Enrique Albanell

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INIA anunció la creación de una plataforma colectiva para enfrentar malezas resistentes en Uruguay

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Se anunció la creación del Grupo de Trabajo en Resistencias, con el fin de dar respuesta al desafío más crítico de la agronomía, para diagnosticar y monitorear nuevos casos.

El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) anunció la creación del Grupo de Trabajo en Resistencias, una iniciativa que busca dar respuesta al desafío más crítico de la agronomía: el avance de las malezas resistentes.

El responsable del programa de investigación en manejo de malezas en sistemas agrícola-ganaderos de INIA Uruguay, ingeniero agrónomo Alejandro García, explicó que el objetivo central es mapear la problemática en el país mediante una plataforma digital —con sitio web y aplicación— que permitirá diagnosticar y monitorear en tiempo real dónde surgen nuevos casos de resistencia y cómo evolucionan en el espacio y en el tiempo, “para poder actuar más rápidamente”.

“Queremos construir una base de información sólida, que sirva tanto para la detección temprana como para el manejo de la resistencia. Será un centro de referencia que contendrá cursos de capacitación, publicaciones y recursos técnicos disponibles para productores y asesores”, señaló García, en el marco de la jornada anual de la empresa Proquimur, realizada en Mercedes (Soriano), el pasado jueves 21 de agosto, cuyo lema fue: Conectar para transformar – Uniendo la ciencia con la experiencia.

Allí el especialista subrayó que la resistencia de malezas “es el problema que manda en la agronomía, reconocido tanto a nivel nacional como internacional”, y destacó que esta iniciativa se basa en la colaboración de múltiples actores: gobierno, academia, asociaciones de productores, gremiales y técnicos.

“Está demostrado que la transferencia vertical ha fracasado en el manejo de la resistencia a nivel mundial. Por eso presentamos públicamente este grupo de trabajo, porque la única forma de avanzar es a través de una construcción colectiva, donde todos los actores estén embarcados desde el inicio”, afirmó.

El proceso ha requerido tiempo y coordinación para integrar a los distintos sectores, con el objetivo de que el grupo tenga desde el comienzo una base representativa, acotó.

INIA prevé que hacia fin de año se conforme la mesa representativa que canalice las distintas posiciones y la gobernanza del grupo. “No solo depende de INIA, estamos en contacto con las nuevas autoridades de ministerios y direcciones, este grupo debe integrar a todos los actores involucrados. Desde el comienzo lo tenemos que construir, manejar y usar entre todos”, indicó.

El responsable del programa de investigación en manejo de malezas en sistemas agrícola-ganaderos de INIA agregó que los sistemas de producción en Uruguay vienen replicando lo que ocurre en otros países respecto a la aparición de malezas resistentes, aunque a nivel local se cuenta con ventajas diferenciales.

“En Uruguay, la superficie es chica, los actores son bastante conocidos, nuestro paisaje agronómico cuenta con pendientes, quebradas y bajos, provocando que las extensiones no sean tan grandes como en Australia, Brasil o Argentina, donde la presión de los herbicidas se da en áreas muy importantes. Esas características debemos capitalizarlas para enfrentar de mejor forma esta problemática”, opinó García.

Evolución de malezas resistentes

El investigador de INIA La Estanzuela, especializado en biología y manejo de malezas, ingeniero agrónomo Tiago Kaspary, explicó que los problemas de resistencia a herbicidas en Uruguay comenzaron a registrarse en 2006-2007, con los primeros casos de raigrás resistente a graminicidas en la zona este del país, “especialmente en semilleros de pasturas leguminosas”.

En 2008, en zonas agrícolas del oeste, esa especie de maleza presentó los primeros indicios de resistencia a glifosato. Desde 2011 se sumaron nuevas especies: carnicera, rábano y yuyo colorado, “autóctonos e introducidos desde el exterior”. En 2019, surgen los primeros casos de  brassicas de difícil control, y más recientemente los capines.

Kaspary señaló que hoy existen muchas consultas y reclamos por malezas “supuestamente resistentes”, pero advirtió que en varios casos “se trata de confusión entre resistencia real y aplicaciones tardías de herbicidas”, sobre todo en gramíneas como echinochloa. “Para tener certezas es necesario comprobar cada sospecha con rigor técnico”, remarcó.

El investigador destacó que la resistencia evoluciona en Uruguay, pero a un ritmo “un poco más lento” que en otros países de la región, donde se han detectado biotipos con resistencia múltiple a herbicidas de distintos modos de acción.

“Esto ocurre probablemente debido a la naturaleza de los sistemas productivos uruguayos, que en muchos casos integran la agricultura con la ganadería”. Además, “las menores extensiones de un mismo cultivo reducen la presión de selección generada por el uso masivo de un único herbicida o de un número limitado de ellos”.

En el caso de las malezas de invierno, el raigrás continúa siendo el principal problema, aunque en los últimos años “cobraron relevancia” las brassicas, como la nabolza (Brassica spp.). En verano los casos más preocupantes corresponden a los yuyos colorados (Amaranthus hybridus, A. tuberculatus y A. palmeri), además de echinochloa y otros capines que han ganado importancia.

Un aspecto clave fue la introducción de especies resistentes “a través de maquinaria usada importada desde Estados Unidos”, que ingresó al país sin la limpieza adecuada. Así llegaron al Uruguay Amaranthus tuberculatus y Amaranthus palmeri, “ya con biotipos resistentes a glifosato, inhibidores de ALS, como diclosulam, clorimuron y imazetapir, entre otros herbicidas”.

Entre 2019 y 2023 se registró la entrada de otra maleza resistente, en este caso un híbrido entre canola y Brassica rapa, que dio origen a una nueva maleza: “la nabolza, resistente a glifosato, inhibidores de ALS y con resistencia confirmada a hormonales”.

En Uruguay están reportadas oficialmente en el portal Weed Science cinco especies resistentes, pero se estima que en los próximos años “se sumarán entre cinco y seis más, además de ampliarse los casos de resistencia múltiple” a otros herbicidas en las especies ya registradas.

Kaspary explicó que la confirmación de resistencia es un proceso largo, que puede demorar al menos dos años. “Se recibe la semilla del material sospechoso, se trabaja en invernáculo durante un ciclo, se seleccionan plantas y se dejan producir semilla para iniciar un nuevo ciclo donde es repetido el testeo. Solo si la resistencia se transmite a la siguiente generación se confirma el caso”. De lo contrario, “puede tratarse de un error de manejo y no de un fenómeno de resistencia propiamente dicho”, aclaró.

La participación de Alejandro García y Tiago Kaspary en la jornada anual Proquimur 2025 fue parte de un bloque donde se analizó el escenario de malezas en Uruguay. Allí también participaron las ingenieras Luciana Rey y Juana Villalba, de la Facultad de Agronomía.

Manejo de enfermedades foliares en soja

La investigadora de Embrapa Soja especializada en epidemiología y control de enfermedades, ingeniera agrónoma Claudia Godoy, participó por primera vez en Uruguay como conferencista en esta jornada anual de Proquimur. En su exposición destacó que el manejo de enfermedades foliares sigue siendo uno de los principales desafíos para la producción de soja en Brasil, el mayor productor mundial de esta oleaginosa.

La investigadora explicó que la clave para reducir el impacto de las enfermedades está en la combinación de distintas estrategias: el mejoramiento genético para contar con variedades resistentes, el manejo adecuado del suelo, la siembra temprana y el monitoreo de las condiciones climáticas. “La herramienta química es lo que tenemos cuando el resto no funcionó”, señaló.

Además, advirtió que la práctica común de sembrar soja en suelos que ya tuvieron soja en la campaña anterior es un problema serio. “No hacemos rotaciones, hacemos sucesión de cultivos, soja y luego maíz safrinha. En otros casos se incluye algodón”, pero ese cultivo sufre las mismas enfermedades que la soja, indicó.

“El manejo sanitario no viene mejorando en Brasil, al contrario, la falta de rotación de cultivos genera una mayor presión de enfermedades y aumenta la dependencia del control químico. Cada vez usamos más fungicidas, lo que termina en la generación de hongos resistentes. Hoy la resistencia es un tema importante”, sostuvo.

En la región del Cerrado brasileño la mancha anillada es el principal problema, seguida por cercospora. En tanto, en el sur de Brasil la roya es la enfermedad más relevante, ya que la soja se siembra más tarde en esa región del país vecino.

Godoy remarcó que existen pocos activos químicos con alta eficacia, lo que complica el control. En este contexto, el uso de fungicidas multisitio está aumentando, como estrategia frente a la resistencia creciente que muestran los hongos. “La rotación de activos y la inclusión de multisitios son fundamentales para lograr controles eficaces”, subrayó.

Las enfermedades tienen un fuerte impacto económico. Según la integrante de Embrapa, la roya puede provocar pérdidas de hasta 50% de la producción, mientras que otras enfermedades, como la mancha anillada o la cercospora, generan reducciones de entre 10% y 20% en los rendimientos.

En paralelo al manejo agronómico, todas las compañías semilleras trabajan en sus programas de mejoramiento genético para detectar variedades resistentes. Sin embargo, todavía no existen genes disponibles para todas las enfermedades. Actualmente se avanza en el desarrollo de resistencia a mancha ojo de rana, incorporando tecnologías de edición génica, una alternativa más económica que los transgénicos. Embrapa también participa activamente en este proceso, en el marco de su programa de mejoramiento para soja.

Nota de Revista Verde N° 123

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Se hace más evidente la “sinergia total” entre agricultura y ganadería, resaltó el asesor Gerardo Núñez

By ruben-adm,

La intensificación de la producción de carne, con los corrales de engorde, aseguran la demanda de maíz; y el cultivo aporta importantes beneficios en las rotaciones.

Agricultura y ganadería están en una “sinergia total”, con el maíz como insumo de los corrales de engorde, destacó a VERDE el asesor agrícola-ganadero Gerardo Núñez. Analizó que la “geografía, suelos tan heterogéneos y clima de Uruguay, provocan que esta sinergia entre rubros –como agricultura y ganadería– sea una realidad y marque un sello de modelo productivo para nuestro país”. Y agregó que este es “un momento desafiante en todos los rubros”, al tiempo que planteó la “necesidad de profesionalización en cada una de las actividades”.

Describió que parte de su actividad profesional la realizó en ganadería y desde hace 20 años está relacionado con los corrales de engorde. “Me tocó trabajar con empresas que vieron esta sinergia de forma muy temprana. Hoy hay todo un camino recorrido y las empresas que logran conjugar las dos actividades consiguen una sinergia fantástica, que se está dando y es clarísima”, valoró. 

Agregó que, “en un escenario de altísimos rendimientos, bajos costos de producción de la tonelada de maíz, que son transformados en carne a través de un corral o de una recría”, generan “resultados espectaculares para las empresas”. 

Analizó que el productor uruguayo, “fundamentado por los precios y las tecnologías, ha sabido desafiar y crecer en rendimientos agrícolas, pero también se ha profesionalizado mucho en la producción de carne en los corrales”. A propósito, señaló que “está a la vista la cantidad de corrales de engorde que hay, produciendo de forma muy eficiente. Es algo sumamente bienvenido, porque es una sinergia que para las empresas es muy saludable”. 

Explicó que la decisión de incorporar un corral “es empresarial”, incentivada por los altos precios de la carne, que además son sostenidos y “con muy buenas perspectivas”. Afirmó que el mercado ganadero está “sólido”, a diferencia de lo que ocurrió hace algunos años, cuando también hubo picos de precios, que fueron “muy buenos, pero no eran tan claros ni tan sostenidos como ahora”.

El asesor agrícola-ganadero valoró que este contexto favorable “abre la posibilidad de la utilización del maíz”. Y destacó que, “cuando el maíz entra en la rotación, los campos se transforman”. También señaló que, de los sistemas que tienen 15 o 20 años de agricultura, “que son la mayoría, aquellos que rotaron con maíz tienen otra salud y mejores índices productivos”. 

“Quienes lo hicimos desde el inicio, porque conjugamos las dos actividades, vemos que la diferencia es abismal”, expresó sobre la comparación entre los campos que rotan con maíz y los que no incorporan ese cultivo. Fue, por lo tanto, una decisión empresarial que se terminó transformando en una solución agronómica. “Es muy saludable para todo el sistema agrícola que la ganadería y los corrales de engorde vivan esta situación”, subrayó. 

Núñez también destacó que la ganadería se beneficia mucho con la agricultura. “Sin dudas que el principal motor es el precio, que le impone desafíos al productor ganadero”, dijo. 

Comentó que hace unos días recorrió la ruta 20 (Río Negro), que “era una zona casi cimarrona hace unos años, y hoy ves esquemas con unidades de recría, con toda la estructura para suplementar, algo que no se veía hace siete años atrás”. 

Observó que “hubo un desafío que se trasladó al sector ganadero, y ojalá siga esta sinergia, porque está aumentando la cantidad de carne que produce y exporta Uruguay. Y todo esto se debe, en parte, a la sinergia entre los dos rubros”.

Agricultura por ambientes

Núñez consideró que en momentos de costos altos y precios bajos es cuando más hay que adoptar tecnología, para optimizar cada uno de los recursos“La ecuación de costos es realmente difícil en este escenario de precios”, afirmó. 

Señaló que es especialmente importante considerar la nutrición de los suelos. “Todo lo que apunta a un manejo más eficiente de la nutrición es lo que hoy está marcando la adopción de tecnología. Partiendo de la problemática de bajo pH o acidificación de los suelos. Esa es una preocupación constante, que demanda hacer planteos para convivir de la mejor forma con este problema”, sostuvo.

Agregó que “si bien todos discutimos los costos”, porque “realmente son altos” y además la logística “es complicada”, “hay situaciones que reclaman atención”, indicó. 

Y afirmó que el encalado “es un paso a dar”, y consideró que “es inevitable”.  Pero señaló que “hay estrategias intermedias”, como aumentar las dosis de los distintos nutrientes. 

“Los costos de los fertilizantes son altos, venimos de una zafra con rendimientos récord y la extracción de nutrientes fue muy significativa. Los rendimientos promedios de maíz fueron históricos. En soja habíamos tenido campañas similares, pero en maíz creo que nunca habíamos logrado estos valores. Y además el área era muy grande”, describió el ingeniero agrónomo. 

El asesor agrícola-ganadero comentó que actualmente prácticamente todas las empresas agrícolas consideran la ambientación de los distintos lotes. “Se busca conocer en profundidad cada uno de los ambientes donde toca producir. Ahí aparece toda una batería de tecnologías que brindan soporte”, dijo. Y después vienen las estrategias de cada empresa, de acuerdo a costos y a la impronta que le pone cada una, agregó. 

Subrayó que la visión de la tecnología de la agricultura por ambientes está en optimizar recursos, para lograr el mayor rendimiento posible en cada uno de los ambientes, que se van identificando a través de datos. 

“El cometido final, que es lo que baja costos, es maximizar el rendimiento en cada situación de producción. Entonces, en la medida que se maximice el rendimiento, hacés un uso más eficiente de los recursos, sobre todo de la fertilización y también de la densidad de los cultivos, y así la unidad de costos de producción es menor. En eso están trabajando mucho todas las empresas. Hay mucha gente joven, que es bienvenida, tratando de aportar soluciones”, valoró.

Año desafiante

Por todo esto, Núñez analizó que este es un año “desafiante”. Repasó que los precios de los granos plantean un escenario “realmente difícil”. Y en cuanto al clima, dijo que se comporta de forma distinta año a año en Uruguay. “Este fue un año muy distinto a los últimos tres. Comenzamos bien, pudimos sembrar algo temprano, pero después hubo complicaciones climáticas y la siembra en general terminó atrasada”, describió. 

Sobre la situación de los cultivos de invierno agregó que “se ha visto un crecimiento bastante bajo y lento. La situación preocupa, en colza, trigo y cebada, por la baja biomasa que hay”.

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