La empresa de alimentos vegetales Beyond Meat registró una fuerte caída en sus resultados del segundo trimestre, afectada por la baja demanda de sus productos en Estados Unidos.
Los ingresos trimestrales retrocedieron casi 20%, hasta US$ 75 millones, y la compañía reportó una pérdida de US$ 0,43 por acción. Además, anunció el despido de 44 empleados en su operación norteamericana como parte de un plan para reducir costos.
Beyond Meat retiró a principios de mayo su proyección de ventas anuales, atribuyéndolo a la volatilidad macroeconómica. La empresa enfrenta un escenario de consumo desfavorable, con una demanda en declive por parte de los consumidores estadounidenses, marcada por el escepticismo hacia el sabor, el nivel de procesamiento y el precio de la carne vegetal.
La incertidumbre económica también ha reducido el gasto en este tipo de productos, llevando a muchos consumidores a optar por proteínas animales más económicas.
La tensión internacional que se generó a partir de la guerra arancelaria que planteó Estados Unidos hizo que países importadores de alimentos, como los del sudeste asiático, empiecen a buscar nuevos proveedores. Esto “creo que ha provocado una sensibilización de los países, se dieron cuenta de que tienen que empezar a mirar todas las opciones, y tener otros mercados abiertos, por si hay problemas con el principal socio”, analizó la embajadora de Uruguay en Indonesia, Filipinas y la Asean, Cristina González.
“Creo que es un momento importante para nosotros, y veo que hay muchas posibilidades”, enfatizó al recibir a un grupo de empresarios uruguayos del sector agrícola –la delegación uruguaya más grande que ha llegado a Filipinas–, que realizó una gira por Asia.
La diplomática dijo a VERDE que representa al país desde hace un año y medio en esa región del mundo –asumió en enero de 2024–. Comentó que se encontró “gratamente sorprendida por todas las oportunidades que ofrece el sudeste asiático, que no han sido todavía exploradas en todo su potencial por Uruguay”.
“Estoy muy contenta de estar acá para poder aportar mi granito de arena, ir abriendo camino para que nuestro país se conozca más, y que los productos uruguayos puedan tener acceso a esta área tan importante del mundo”, dijo.
Filipinas
A propósito de las relaciones entre Uruguay y Filipinas, González destacó que “este año estamos celebrando no solo 50 años de relaciones diplomáticas, sino también la apertura del mercado para dos productos muy importantes de Uruguay: la carne y los cítricos”.
Agregó que “eso muestra el interés de Filipinas de abrirse a los productos importados”. Consideró que “es una gran oportunidad para Uruguay”, al tratarse de un mercado de 115 millones de personas, “con el cual tenemos una muy buena relación”, donde Uruguay “no tiene una presencia importante”, sostuvo.
La embajadora admitió que el intercambio comercial entre ambos países “es bajo”, y que “no ha desarrollado todo su potencial”. Las cifras del comercio total del año pasado fue de unos US$ 25 millones. Uruguay le exportó básicamente productos lácteos, mientras que Filipinas le vendió textiles y productos electrónicos. “Si bien no tenemos un déficit comercial, el potencial para ambos países todavía resulta inexplorado”, remarcó González.
“Filipinas es un país que importa alimentos, porque no puede producir una cantidad suficiente para su población, por razones climáticas, entre otras. Es ahí a donde Uruguay tiene el potencial de incrementar el comercio, y de explorar para nuevos productos”, detalló.
Los lácteos son los principales productos de exportación de Uruguay a Filipinas, recientemente se abrieron los mercados de la carne y cítricos, pero “también podemos pensar en soja y trigo, que son productos que Filipinas importa, inclusive de algunos países de la región (Mercosur)”, planteó la embajadora.
También consideró que se deberían explorar oportunidades en otros sectores. “Filipinas es un país que exporta semiconductores y productos electrónicos, podemos buscar algunos mecanismos que nos permitan ver qué otras oportunidades hay, pero para eso tenemos que acercarnos más al sector privado. Todavía nos queda mucho camino por recorrer”, reconoció.
Agregó que “hay mucho desconocimiento de ambas partes, nos vemos lejos, no nos conocemos bien, no tenemos vínculos tradicionales, comerciales. Uruguay se ha dedicado más a Europa, a Estados Unidos. El principal socio comercial de Filipinas es Estados Unidos, pero comercia mucho con la zona”.
Recordó que ese país integra la Asean (Asociación de Naciones de Asia Sudoriental), “un mecanismo de integración que también tiene acuerdos con otros países de la región. Ellos son parte del Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por su sigla en inglés), un mega acuerdo que une a los a países de la región con sus socios”, en referencia a China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda.
Aranceles
González indicó que los productos que exporta Uruguay pagan aranceles “bajos”, de entre 5% y 10%, “pero no olvidemos que nuestros competidores entran con arancel cero, porque tienen acuerdos con Filipinas”, puntualizó. “No quiere decir que eso nos deje afuera del mercado, porque por suerte los aranceles no son muy altos, pero al momento de sumar el flete por la distancia y todo eso, no competimos en las mismas condiciones”, dijo.
También describió que la clase media en Filipinas aumenta su poder adquisitivo. “Eso es muy importante, porque es una población muy grande, y eso hace que demanden productos importados. La oportunidad por esa vía es muy clara”, consideró.
Agregó que Filipinas tiene un vínculo económico “muy importante” con Estados Unidos, y hay que ver cómo reacciona a la política arancelaria del país norteamericano. De todos modos, destacó que “tiene una gran capacidad de diversificarse y de rehacerse”.
Destacó que la economía filipina ha crecido en los últimos años a niveles “muy importantes”, de alrededor del 7%. “Ahora bajó un poco, al 6% o 5%, pero es una economía que está en pleno desarrollo, con un gran potencial por delante, y con una población joven. Tiene mucho para seguir creciendo”, afirmó.
Y resaltó que la demanda de productos con más calidad “va de la mano con el aumento del poder adquisitivo de la clase media, y de una población joven, que es más globalizada y que demanda productos extranjeros”.
Indonesia
Indonesia es la primera economía del sudeste asiático y la 16ª a nivel mundial, con 280 millones de habitantes. “Es un país enorme, de gran potencial, con mucha riqueza”, destacó la embajadora uruguaya. Explicó que ese país tiene características diferentes a las de Filipinas. “El 80% de la de la población es islámica, entonces, cuando hablamos de acceso a mercado, es importante el rito halal”, comentó.
El año pasado Uruguay obtuvo la certificación halal para la carne y lácteos, algo que “fue un gran avance”, resaltó. Y ahora “nos queda pendiente la parte sanitaria para esos productos, pero estamos trabajando en temas de acceso al mercado”, dijo.
El comercio entre Uruguay e Indonesia “no es muy importante, no ha desarrollado su potencial, entonces tenemos mucho trabajo por delante”, afirmó. Y agregó que también hay potencial para las exportaciones de soja y trigo.
“Son productos que Indonesia no produce en suficiente cantidad, tiene que importar, entonces estamos tratando de apuntalar de alguna manera que Uruguay se posicione como un socio estratégico de Indonesia, para la seguridad alimentaria de este país”, comentó.
Agregó que el nuevo gobierno de ese país, que empezó en octubre del año pasado, tiene como uno de sus programas faros otorgarle comida gratuita a los niños y a las mujeres embarazadas. “Los niños en Indonesia son 82 millones. Ahí vemos que Uruguay podría ser un socio estratégico, por ejemplo con lácteos”, enfatizó.
A propósito de la carne uruguaya, analizó que al tratarse de un producto alta calidad, sería para otro segmento de la población. “Es más para un mercado de nicho, pero con esta cantidad enorme de personas, el nicho es grande”, planteó. “Estamos trabajando para que esa oportunidad se transforme en una realidad, pero no es fácil”, dijo la diplomática.
Explicó que las habilitaciones tienen dos partes, la religiosa (halal) y la sanitaria. “Tenemos la esperanza de que este año tal vez se pueda hacer alguna auditoría en Uruguay”, dijo González.
Cuotas
La embajadora explicó que muchos de estos productos también están cuotificados. “O sea que una vez terminada la parte sanitaria, hay que pasar a negociar la cuota, porque la agricultura en Indonesia es muy protegida. El gobierno es el que provee algunos alimentos, no son los privados los que los negocian libremente. Entonces, al haber esa intervención gubernamental, fijan esa cuota para el ingreso de los productos, que también se producen en Indonesia, como una manera de protección a los productores locales”, describió.
El volumen de importación de cada producto se establece cada año, dependiendo del nivel de la producción local. “Los aranceles son bajos, porque tienen necesidad de importar. Lo que es difícil es el proceso de habilitación y el acceso al mercado. Hay muchas trabas no arancelarias desde hace mucho tiempo”, explicó.
Ganado en pie
La embajadora confirmó que Indonesia tiene como objetivo desarrollar su propia producción lechera y ganadera, por lo cual “tienen sumo interés en la importación de ganado en pie”, algo que ya le han planteado a Uruguay.
Hay muy pocos países que están habilitados para venderle ganado en pie a Indonesia. Uno de ellos es Australia, y el año pasado Brasil también obtuvo esa habilitación. “Para ellos es una política estratégica de Estado, y el nuevo gobierno lo está promoviendo fuertemente”, insistió la embajadora uruguaya.
Destacó que Indonesia “es un país que está en transformación, en crecimiento, que tiene un potencial enorme”. También remarcó que “tiene muchos desafíos”. Señaló que “pretende entrar a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), está en el proceso de membresía, es el único país del sudeste asiático miembro del G20, y acaba de entrar a Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica)”.
Asean
La Asean “inició como un proceso político hasta que los países se sintieron con confianza suficiente para desarrollar el aspecto económico, y ha sido un éxito”, destacó González sobre el bloque que integran 10 países del sudeste asiático, al que recientemente se sumó Timor Oriental.
También valoró que “tienen una agenda diversa de temas, es un proceso de integración profundo, con acuerdos de libre comercio con todos los países de la región, como China, Nueva Zelanda y Corea”. “Y además tienen procesos de diálogo y de cooperación, con países que ellos llaman socios estratégicos, que son muchos y van creciendo”, destacó.
“Con Malasia tenemos muy buenas relaciones, también con Vietnam, con Tailandia, pero hay otros países con los que todavía no hemos desarrollado mucho el vínculo, pero tenemos que dedicarle recursos humanos, tiempo y animar al sector privado, que es fundamental”, propuso la embajadora.
Comentó que para que el sector privado pueda hacer negocios necesita que el gobierno continúe trabajando en el acceso. “Tenemos que empezar a mirarnos para ver el potencial, y ahí encauzar las medidas para que eso suceda”, planteó.
Alcoholes del Uruguay (ALUR) completó una operación inédita de exportación de aceite crudo, con envíos a Chile y Bangladesh que totalizaron unas 11.000 toneladas.
La carga se realizó de forma continua durante seis días, despachando dos buques desde el complejo industrial de Capurro y la planta de COUSA, a un ritmo récord de 150 toneladas por hora. El negocio representó ingresos cercanos a US$ 11 millones y se realizó en julio.
El embarque a Bangladesh incluyó 4.000 toneladas de aceite de soja para consumo humano, mientras que el destino a Chile fue de 7.000 toneladas de aceite de canola destinadas a la formulación de alimento para peces.
Según informó la empresa, la operación implicó el trabajo coordinado de los equipos de Logística, Operaciones Capurro y Materias Primas y Mercados, cumpliendo con estándares internacionales de logística y calidad.
“El seguro agrícola no es un gasto, es una herramienta que estabiliza ingresos y dinamiza la economía”, dijo a VERDE el director de Vigía Seguros, Santiago Ibáñez. Y por eso “es importante la búsqueda de mecanismos para incentivar” el uso de seguros a nivel fiscal.
“Sería clave poder descontar la inversión en seguros una vez y media del IRAE (Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas), como ya se hace con la semilla certificada o con la contratación de servicios profesionales. Eso haría mucho más viable que el productor contrate seguro todos los años”, afirmó.
Ibáñez también indicó que la experiencia del productor y los antecedentes recientes, como la sequía de 2023, pesan cada vez más en la decisión de contratar coberturas agrícolas. “El productor ya no se guía tanto por si el año va a ser Niño o Niña. Sabe que el clima es impredecible, y que tener el seguro le da tranquilidad para encarar la zafra”, analizó.
La estrategia comercial de Vigía Seguros comienza temprano. Las compañías establecen plazos y carencias que obligan al productor a contratar con antelación. “El seguro de resiembra para invierno, por ejemplo, tiene una carencia de siete a 10 días, por lo que hay que contratarlo antes de empezar la siembra. Eso hace que las ventas se concentren entre abril y mayo”, indicó el operador.
Ibáñez también observó que el rol del corredor ha evolucionado en línea con esa necesidad de asesoramiento técnico y personalizado. “Nuestro trabajo es llevar a las compañías lo que realmente necesita el productor, ajustar productos, cambiar formas de peritar, o armar nuevas coberturas. Pero también acompañar cuando hay un siniestro, ir al campo, estar con el productor y con el perito para lograr una indemnización justa”, sostuvo.
El balance del ciclo 2024/2025
Aunque la zafra de verano dejó resultados récord para muchos productores, no fue igual de positiva para las compañías aseguradoras. Dos eventos de granizo –uno en febrero, en el litoral, y otro en abril, en el sur– generaron daños importantes y elevaron las indemnizaciones, afectando los balances de las empresas. Ibáñez “esas dos granizadas marcaron el año”.
La primera ocurrió los días 13 y 14 de febrero, e impactó con fuerza en zonas de los departamentos de Río Negro y Paysandú, mientras que la segunda, el 17 de abril, afectó desde Colonia y Canelones hasta Lavalleja. “La del sur pegó más al Banco de Seguros del Estado, porque golpeó la zona de granja: invernáculos y cultivos intensivos”, explicó.
A pesar de las buenas condiciones climáticas durante el desarrollo de los cultivos de verano, que en muchos casos no activaron coberturas por rendimiento o inversión, las pérdidas por granizo incidieron de forma decisiva. Ibáñez comentó que esas situaciones determinaron que el resultado general para las compañías fuera neutro, o incluso negativo, dependiendo del portafolio de cada una.
En cuanto al área asegurada, la cobertura de rendimiento e inversión alcanzó aproximadamente 250.000 hectáreas, lo que refleja “una adopción creciente” de este tipo de herramientas. “El 90% de nuestros clientes lo toma como parte de la estructura de costos del cultivo de verano”, señaló.
En ese marco resaltó que el seguro ya es parte integral del modelo productivo para muchos agricultores. “Hoy el productor sabe lo que es pasar una seca sin seguro, y también sabe lo que significa tener cobertura y cobrar una indemnización”, afirmó.
El seguro de rendimiento funciona como un adicional a la póliza de granizo e incendio. Requiere contratar primero esta cobertura base y luego sumar el componente de rendimiento, que protege frente a déficit o exceso hídrico.
En cambio, el seguro de inversión incorpora todas las coberturas: granizo, incendio, viento, falta de piso, déficit y exceso de lluvias. “Es una cobertura más completa, que incluye todos los adicionales. Por eso también en algunos casos tiene un costo mayor, pero es la que más se está utilizando entre nuestros clientes”, apuntó.
Los valores de esas coberturas varían según el aforo elegido por cada productor y las garantías ofrecidas. En el caso de la cobertura de inversión, Ibáñez indicó que los precios por hectárea oscilan entre US$ 45 y US$ 100, dependiendo del cultivo y del nivel de riesgo cubierto. “Todo depende del paquete tecnológico. Si un productor invierte US$ 800 o US$ 1.000 por hectárea, la cobertura tiene que acompañar esa inversión, y el costo del seguro es un porcentaje de ese aforo”, explicó.
En la zafra de verano pasada, más allá de los daños por granizo, no se activaron otras coberturas. “No hubo siniestros por falta de piso, ni por resiembra, salvo casos puntuales. El productor contrató seguro, pero el clima acompañó, y eso evitó usar muchas de las coberturas”, detalló.
Zafra de invierno 2025/2026
En el caso del invierno la situación ha sido distinta. Las lluvias al comienzo de la campaña complicaron las siembras, en especial en colza, donde se concentraron las principales denuncias y siniestros de resiembra.
“Esa es la cobertura más demandada del invierno, junto con granizo e incendio. También se contratan bastantes coberturas contra heladas, sobre todo en trigo, y contra viento para colza”, apuntó el corredor.
Si bien en verano existe mayor uso de seguros de rendimiento e inversión, en invierno el productor se limita mayormente a cubrir daños directos. “Se ha mejorado mucho la oferta de seguros de rendimiento para invierno, pero siguen siendo poco contratados”, reconoció el director de Vigía Seguros.
El costo de los seguros invernales también varía según el nivel de inversión. Para paquetes tecnológicos de alto valor, como cebada o colza con aforos de US$ 800 a US$ 1.000 por hectárea, el costo de un seguro medio puede estar entre US$ 50 y US$ 60 por hectárea, según la cantidad de coberturas incluidas.
El costo de instalación de un equipo de riego es casi 25% más bajo en dólares constantes en un campo de Uruguay respecto a 12 años atrás, según un estudio realizado por Regadores Unidos del Uruguay (RUU). “En dólares corrientes no ha variado demasiado el costo de la instalación de un sistema de riego a lo largo de los últimos 12 años”, confirmó a VERDE el ingeniero agrónomo Santiago Arana, asesor técnico de RUU. Aunque señaló que el costo ajustado por la inflación de Estados Unidos, en dólares constantes “es casi 25% menor”.
El profesional explicó a VERDE que el análisis sobre los costos de instalar riego en Uruguay se basó en datos de proyectos reales, realizados desde 2012 a 2024, en dólares corrientes. La fuente de información fueron empresas instaladoras y proyectos realizados por socios de RUU.
Para poder analizarlo en mayor detalle, se agruparon los costos en seis componentes: bombas, electricidad, represas, obra civil, tuberías y equipos de riego.
La evolución “ha sido dispar”, dijo Arana. Explicó que mientras la represa y las obras civiles ligadas a costos nacionales aumentaron, las bombas y la parte eléctrica bajaron, y los equipos de riego y tuberías se mantuvieron estables.
Para poder realizar comparaciones de distintos sistemas de riego con cifras actuales, se proyectó “un diseño ficticio sobre una situación real”, que incluyó pívots de distintos tamaños, fijos y móviles. Los costos actuales para los sistemas más baratos con pívots móviles oscilan “entre US$ 3.200 y US$ 3.600; hasta un sistema más caro con pívots chicos y fijos, que puede estar en US$ 4.600 por hectárea, aproximadamente”.
¿Instalar riego o comprar más campo?
Arana también comparó estos costos con el valor de la tierra, práctica habitual porque “en buena medida explica también las posibilidades, o el interés cada vez mayor de incorporar un sistema de riego”. Indicó que un sistema con pívots móviles equivale a aproximadamente el 40% del valor de una hectárea agrícola, mientras que uno con pívots fijos puede costar algo más de media hectárea. Y subrayó que ese cálculo no toma en cuenta los beneficios de la Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones (Comap), ni ningún otro tipo de beneficio o estímulo a la inversión.
Dado que los márgenes de la producción agrícola con riego “más que duplican a los del secano, resulta más rentable invertir en regar una hectárea propia que comprar media hectárea”, concluyó.
Explicó que el impacto del riego en los márgenes depende de si se toma en cuenta o no el costo de oportunidad de la tierra. En maíz sostuvo que los rendimientos respecto a secano “más que se duplican, y en soja aumentan más de un 60%”. Y añadió que muchos costos son “parecidos” entre riego y secano, especialmente en soja.
Admitió que en maíz “hay algún costo más asociado a fertilización y al riego”, pero aun así “los márgenes de riego son casi tres veces más por hectárea”; y en el caso de la soja “por lo menos el doble”.
Comentó que, tras relevar 80 sistemas de socios de RUU, se elaboró un “índice de satisfacción hídrica”, que indica cuántos años y cuánta agua faltó. Un 60% de los sistemas está bien provisto, 20% relativamente bien, pero entre 10% y 15% enfrenta problemas estructurales graves. Precisó que estas deficiencias suelen estar en la cuenca, el tamaño de la represa o el área que se pretende regar, generando años con falta de agua en la mitad o más del tiempo.
Consideró que estos sistemas son “peligrosos”, ya que implican altos costos al planificar cultivos, que luego no reciben el agua necesaria, lo que eleva gastos sin lograr el aumento de rendimiento esperado.
Arana afirmó que se están diseñando sistemas más confiables de los que se lograban con la antigua metodología, basada en promedios de escurrimiento por hectárea.
Y explicó que el diseño se apoya en “un análisis dinámico de cuál es la probabilidad de escurrimiento y cuál es la probabilidad de demanda de una serie muy larga de años”. Durante la jornada Sistemas Regados, los ingenieros civiles de Doing mostraron la metodología actual de diseño de represas, que permite estimar en términos dinámicos cómo se comporta una obra en un sistema de riego.
Variabilidad de situaciones
El riego en Uruguay refleja “una variabilidad muy amplia de situaciones”, dijo a VERDE el asesor técnico de RUU, ingeniero agrónomo Gastón Sebben. Aunque el diseño permite definir múltiples aspectos, aclaró que hay factores definidos por el campo, como “el área de la cuenca y la eficiencia con la que podemos hacer un embalse, por ejemplo, en relación al movimiento de tierra necesario con respecto al agua que vamos a embalsar”.
Calculó que cerca del 65% de los sistemas dispone de agua suficiente para años complicados, mientras el 35% restante enfrenta limitantes de agua que son importantes. Indicó que los sistemas más estables son los que cuentan con “un tamaño de embalse bastante grande en relación a las demandas promedio” y cubren los años más extremos de la demanda. Y al menos debe tener una relación cuenca-área regada mayor a uno.
Sin embargo, advirtió que incluso con cuencas grandes “no se puede ser demasiado optimista en bajar el volumen a embalsar”, ya que las represas se llenan en invierno y se consumen en verano, y si no llueve “tampoco aumenta el agua en el embalse en verano”.
Consideró que los sistemas con poca agua enseñan lecciones para el futuro. Mejorarlos puede implicar reducir el área regada desde cada embalse, o buscar apoyo en cursos de agua. Aunque “ese curso no se tiene que secar en verano”, planteó, porque “cuando se secó la represa, no resulta sencillo”, advirtió.
También recomendó ajustar la rotación de cultivos para equilibrar oferta y demanda hídrica, y en campos con escasez no conviene planificar grandes áreas de cultivos exigentes, recomendó, porque “es probable que el agua disponible no sea suficiente, dependiendo del pronóstico de cada año”.
Además, aclaró que no siempre los proyectos más recientes son los más eficientes, ya que dependen de las características de cada campo. Precisó que el riego en Uruguay está dominado por sistemas monoprediales, con indicadores diferentes a los multiprediales, que presentan otras limitantes. Reconoció que “no somos los más eficientes ni para generar fuentes de agua, ni sistemas que no tengan limitantes”.
Sostuvo que las represas multiprediales “son más eficientes en cuanto a la generación de la fuente de agua”, aunque exigen resolver el traslado de ese recurso a mayores distancias, lo que “no quiere decir que no sea lograble”, puntualizó. Sin embargo, afirmó que obliga a diseñar sistemas distintos a los actuales, pensados campo por campo.
El asesor técnico de RUU destacó que la experiencia acumulada en “12 años” de trabajo de RUU ha permitido decidir de a cuerdo a la información disponible. El análisis histórico, dijo, permite saber “qué diseño me deja expuesto a tener deficiencias y cómo afecta a los cultivos cuando las tengo”. Aseguró que cuando es posible contar con agua suficiente, “lo más lógico” es diseñar sistemas que permitan cultivos de alta renta.
Además, señaló que “hay una tendencia mundial a aumentar el área regada con equipos fijos y a reducirla con equipos móviles”, algo que también se refleja en Uruguay desde 2018, aunque aún predominan los pívots móviles, confirmó el ingeniero agrónomo.
Advirtió que en zonas con limitaciones hídricas no siempre conviene invertir en sistemas fijos, porque “eventualmente igual te vas a quedar sin agua en un alto porcentaje de los años”.
Subrayó la importancia de no decidir “en forma aislada”, sino de analizar cada caso, para definir si conviene mantener equipos móviles, sobre todo cuando hay otras limitantes y no se prevé mayor retorno en pívots fijos. Indicó que equipos fijos y móviles implican distintos costos por hectárea, pero que es “un buen punto de partida” para decidir.
Comentó que en los sistemas actuales de riego “lidera el maíz”, aunque aclaró que la diferencia con la soja es pequeña, ya que gran parte del área bajo riego corresponde también a ese cultivo. En tal sentido, sostuvo que, aunque el maíz es el que más responde al riego, no se puede dedicar toda la superficie a ese cultivo, por necesidad de rotación, ni regar toda el área a la vez.
Subrayó que “la diferencia en el margen entre un cultivo de maíz de alta productividad y una soja de productividad intermedia también es muy grande”, y calificó al maíz regado como “un traccionador muy importante” de estos proyectos. En cuanto a la soja, admitió que “tenemos la brecha más grande”, ya que el maíz es prioridad y la soja enfrenta más limitantes. En sistemas móviles, precisó que se pierden “700 u 800 kilos de soja” por hectárea –en promedio– cuando se riega el maíz y no soja.
Aclaró que en sistemas fijos, con agua suficiente, esa pérdida no se compara, pues permite sembrar “una soja bastante más temprano, con un ciclo bastante más corto, y una soja de mucho mayor potencial”, lo que suma hasta “1.000 kilos” en soja de ciclo corto y acerca los rendimientos a “2.000 kilos arriba de la soja regada de primera con un pívot móvil”.
Aunque reconoció que los actuales precios no permiten que la soja alcance el margen del maíz, destacó que “empieza a ser más competitiva”, con rendimientos muy altos en pívots fijos. El especialista advirtió que, sin sistemas móviles, no es posible comparar soja corta y soja de primera, ya que “esa soja corta ocuparía el mismo espacio que el maíz”, y consideró que sería “muy mala estrategia poner una soja corta en segunda posición”.
Minerva S.A. (BEEF3), líder sudamericana en exportación de carne bovina y subproductos, alcanzó en el segundo trimestre de 2025 los mejores resultados de su historia para un período trimestral. La compañía registró ingresos netos por R$ 13.917,9 millones (US$ 2.455 millones al cambio promedio de R$ 5,67/US$), lo que supone un incremento interanual de 81,6% y una mejora de 24,3% frente al trimestre anterior.
El EBITDA ascendió a R$ 1.302,5 millones (US$ 230 millones), un alza de 74,9% interanual y de 35,3% trimestral, con un margen de 9,4%. La utilidad neta fue de R$ 458,3 millones (US$ 81 millones), creciendo 380% respecto al 2T 2024.
El volumen total de bovinos faenados fue de 1,49 millones de cabezas, un 35,6% más que un año atrás, mientras que el volumen total de ventas alcanzó 507,1 mil toneladas, subiendo 39,8% interanual. El 60% de la facturación bruta provino de exportaciones, que generaron R$ 8.832,5 millones en el trimestre (+76,3% interanual).
Por regiones, NAFTA fue el principal destino (33% de las exportaciones), seguido por Asia (27%), Américas (13%), Medio Oriente (10%), Unión Europea (8%), CIS (6%) y África (3%). China recuperó protagonismo y representó el 17% de las exportaciones trimestrales, frente al 11% del primer trimestre.
En Brasil, el negocio generó R$ 8.227,8 millones (+120,6% interanual), con el 63% de esa facturación dirigida a exportaciones. Uruguay registró en el trimestre ingresos brutos por R$ 1.568,8 millones (unos US$ 277 millones), un aumento interanual de 72,6% y un alza de 37,9% frente al primer trimestre.
El volumen comercializado fue de 58,1 mil toneladas, creciendo 36% respecto al mismo período de 2024 y 69,6% sobre el trimestre inmediato anterior. Las exportaciones uruguayas se concentraron principalmente en Estados Unidos, que representó el 33% de los ingresos, seguido por China (26%) y Países Bajos (12%).
Argentina, pese a una leve caída en ingresos (-3,3%), aumentó 56,9% sus ventas en volumen. Paraguay, Colombia, Australia y Chile también contribuyeron al incremento global.
En cuanto al panorama sectorial, las cifras corresponden al total exportado por cada país y se expresan en toneladas peso embarque. En el segundo trimestre de 2025, Brasil exportó 701 mil toneladas (+14% interanual) por US$ 3.663 millones (+33%), con un precio promedio de US$ 5.200 por tonelada. China concentró el 50% de las compras, seguida por Estados Unidos (12%) y México (6%).
En el caso de Uruguay, las exportaciones nacionales alcanzaron 100 mil toneladas (+8%), por US$ 684 millones (+31%), con un precio promedio de US$ 6.840 por tonelada, y con Estados Unidos como principal destino (33%), seguido por China (26%).
La compañía redujo su ratio de deuda neta a EBITDA ajustado a 3,16 veces, apoyada en la cancelación anticipada de bonos por US$ 309 millones y un aumento de capital privado por R$ 2.000 millones, con potencial de ampliar hasta R$ 3.000 millones en tres años. El efectivo al cierre de junio ascendió a R$ 12.500 millones.
El CEO, Fernando Galletti de Queiroz, destacó que el desempeño refleja “la resiliencia y consistencia del modelo de negocios, así como el avance en la integración de los activos adquiridos, que ya generan sinergias operativas significativas incluso en un escenario global volátil”.
Pensando en la próxima campaña de maíz, actualmente hay un escenario “diferente” y “mejor” para este cultivo, tras el impacto negativo de la chicharrita, dijo el gerente general de Limagrain en Argentina, Tomás Reynal, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en verdenews.com.uy.
Sobre el programa de mejoramiento genético en maíz de la empresa, que en Uruguay es representada por la firma 3Agro y cuyos materiales tienen la marca LG, Reynal recordó que Limagrain comenzó con la investigación y el desarrollo para la región en el año 2010.
Hoy “a 15 años” de ese comienzo “se empiezan a ver los resultados”, con “hibridos que compiten a la par con los mejores materiales del mercado. Se nota un avance del germoplasma de LG y en la utilización de tecnologias. Limagrain trabaja con Bayer y Syngenta, eso nos abre puertas”, sostuvo.
En el marco del lanzamiento de la campaña de maíz de LG realizado en Mercedes, Reynal indicó que «hay un trabajo conjunto con 3Agro para ir definiendo y seleccionando los materiales que se iran lanzando en Uruguay, que van superando a los anteriores”.
Comentó que Limagrain es una cooperativa francesa que opera a nivel global, está cumpliendo 60 años y concentra unos 1.300 productores asociados, con una inversión en investigación anual de 300 millones de euros, lo que representa entre 15% y 20% de la facturación total de la empresa, que cuenta con casi 10.000 empleados.