China lidera el desarrollo agroquímico global y refuerza su apuesta por productos biológicos e inteligentes. En el 12° Foro Internacional de la Asociación de la Industria de Protección de Cultivos de China (Ccpia), realizado en la ciudad de Rizhao, en la provincia de Shandong (China), el representante de dicha asociación, Li Zhonghua, reveló datos clave sobre la capacidad productiva, transformación tecnológica, desarrollo de nuevos ingredientes activos y políticas de promoción para productos de bajo impacto.
Indicó que desde 2006 China es el mayor productor de agroquímicos del mundo, con una producción anual que supera los 2 millones de toneladas. De ese volumen, aproximadamente dos tercios se destinan a la exportación, alcanzando más de 180 países y representando alrededor del 50% del comercio global. La industria china cuenta con una cadena integrada que abarca desde ingredientes técnicos hasta formulaciones, pasando por innovación científica y provisión de materias primas e insumos intermedios.
En 2024 el país alcanzó una producción de 2,3 millones de toneladas de ingredientes activos equivalentes, con un crecimiento interanual del 24%. El mayor dinamismo se observó en los insecticidas (+28,5%), seguidos por reguladores de crecimiento (+27,6%), herbicidas (+24%) y fungicidas (+19%).
Ese crecimiento se apoya en un ecosistema con más de 1.700 empresas, una inversión total que supera los 3 billones de yuanes (más de US$ 400.000 millones), y una creciente sofisticación tecnológica, acotó.
El proceso de modernización incluye el uso de tecnologías como big data, 5G, blockchain e internet de las cosas, así como la incorporación de equipos de síntesis biológica, monitoreo en línea, reactores microfluídicos y “fábricas oscuras”, con operación automatizada.
En el gigante asiático también se desarrollaron equipos específicos para formulaciones, como suspensiones concentradas (SC), dispersión en aceite (OD), granuladas dispersables (DF), entre otras.
En cuanto al desarrollo de nuevos ingredientes activos, China se consolida como potencia innovadora. Ha registrado más de 50 moléculas propias y en 2024 obtuvo la aprobación internacional de ocho nuevos compuestos, de los cuales seis fueron creados por empresas chinas. El país cuenta con más de 748 ingredientes activos registrados en su territorio.
Desde 2020 China estableció un mecanismo de registro “solo exportación” (Ex) para productos que no se comercializan en su mercado interno. Hasta mediados de 2024 ya había más de 800 productos con ese registro, lo que facilita las ventas a mercados como América Latina.
AUGE DE LOS BIOPESTICIDAS
La presentación de Li Zhonghua también dedicó un apartado al auge de los biopesticidas, que experimentan un crecimiento acelerado. China ya registró más de 2.000 productos biológicos, entre ellos 1.479 formulaciones simples y más de 500 productos combinados con compuestos químicos u otros biológicos. En 2024, el 47% de los nuevos registros correspondió a biopesticidas, todos desarrollados en el país.
Se destacaron varias líneas de trabajo con alto potencial: productos microbianos (basados en bacterias, hongos y virus), RNAi (interferencia por ARN), péptidos inductores de defensa, feromonas de insectos, y combinaciones químico-biológicas. El crecimiento del sector está respaldado por políticas específicas, como la simplificación de los requisitos de registro, canales rápidos de aprobación, incentivos fiscales y subsidios.
En términos regulatorios China actualizó en 2017 su reglamento de gestión de agroquímicos, estableciendo normas que se equiparan con las de países desarrollados. La prioridad actual es aumentar la proporción de productos de baja toxicidad y reducir al mínimo el uso de sustancias altamente peligrosas. En 2024 el 96% de los nuevos registros correspondieron a productos de toxicidad baja o moderada.
Para Uruguay y América Latina este panorama refuerza el rol clave que juega China, no solo como proveedor de agroquímicos tradicionales, sino también como actor central en la transición hacia productos más seguros, eficientes y adaptados a las nuevas exigencias regulatorias y ambientales, concluyó el integrante de Ccpia.
MERCADO URUGUAYO
En el mismo foro, el ingeniero agrónomo Juan Bonilla, representante de la Cámara Nacional de Fertilizantes y Fitosanitarios (Canaffi), presentó una radiografía detallada del sector en Uruguay, incluyendo registros, categorías, orígenes y evolución de las importaciones.
Según datos de la Dirección General de Servicios Agrícolas (DGSA), del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, en Uruguay hay 121 empresas con registros activos, el 26% tiene más de 10 registros, y el 44% integra Canaffi. El mercado se distribuye en cuatro grandes categorías de empresas: la categoría uno se compone de 86 empresas, con entre uno y 10 registros (286 en total); la categoría dos se integra con 21 empresas, que poseen entre 11 y 50 registros (562 en total); la categoría tres es de siete empresas, que tienen entre 51 y 100 registros (596 en total); y la categoría cuatro cuenta con cuatro empresas, que superan los 101 registros (484 en total).
En Uruguay existen 1.891 registros de productos fitosanitarios distribuidos en 53 categorías. Los herbicidas representan la mayor proporción, son 787 registros (41,6%), seguidos por otros productos (429), fungicidas (367) e insecticidas (308).
La distribución entre las empresas de Canaffi es diferente: 75% de los productos registrados por sus asociadas son de origen chino, y solo el 25% restante se produce en Uruguay, India y otros países latinoamericanos.
En cuanto al origen de los productos registrados en Uruguay, China representa el 46,4% (878 registros), 17,9% (340) son uruguayos, 8,6% (163) argentinos, de Estados Unidos es el 5,8% (110), de India 4,4% (84) y de otros orígenes 16,7% (316).
La evolución de las importaciones, medida en dólares CIF, muestra una trayectoria ascendente desde 2005, destacando tres momentos clave. En 2007 superó por primera vez los US$ 100 millones; en 2013, 2014 y 2022 se superaron los US$ 200 millones; y el promedio anual (2012-2022) se sitúa en US$ 196,4 millones.
Los herbicidas lideran ampliamente el valor CIF promedio (2016-2022) con US$ 127,9 millones, seguidos por los fungicidas (US$ 28,6 millones), insecticidas (US$ 23,6 millones) y otros productos (US$ 16,3 millones). El 61,1% del valor total de las importaciones entre 2016 y 2021 provino de China (US$ 119,9 millones promedio anual), y el resto (38,9%) corresponde a otros países (US$ 76,4 millones).
En mayo de 2024 se firmó un acuerdo entre la Ccpia y Canaffi, que reconoce a las organizaciones agremiadas y establece tres pilares para la industria: seguridad, que garantiza la identificación del exportador, previniendo fraudes y productos falsificados; trazabilidad, que permite seguir el origen y ruta de los productos; y tecnología, cooperación con las principales empresas chinas para el desarrollo de nuevas moléculas y estándares de calidad, promoviendo la sostenibilidad del sector.
REGISTROS EN URUGUAY
Por su parte, Agustín Giudice, director de la DGSA, presentó el sistema de regulación de fitosanitarios y bioinsumos de Uruguay, destacando su marco normativo, los procedimientos diferenciados y el enfoque hacia una agricultura más sostenible. Resaltó el impulso institucional al uso de bioinsumos, declarado de interés nacional por la Ley N.º 20.212, y el desarrollo del Plan Nacional de Bioinsumos.
Explicó la clasificación de productos, los requisitos de registro, las restricciones a principios activos riesgosos y el avance hacia la digitalización del sistema. También detalló la normativa específica para agentes de control biológico, coadyuvantes y el sistema de gestión de aplicaciones, orientado a mejorar la trazabilidad, el uso responsable de agroquímicos y la sostenibilidad ambiental.
Joaquín Labella nació en Mercedes, Soriano, es contador, con formación en finanzas. A los 25 años se fue a vivir a Londres, Inglaterra, y hoy vive en Lisboa, pero viaja con mucha frecuencia a Uruguay. “La mitad de mi tiempo la paso en Uruguay, por mi empresa, pero además porque toda mi familia y mis amigos siguen en Mercedes, sigo muy arraigado”, comentó a VERDE.
Con Francisco Roque de Pino, de origen suizo, hace 10 años fundaron The Land Group, una compañía que se especializa en la gestión de activos, focalizada en las producciones ganadera y agrícola. “Administramos campos en nombre de inversores institucionales, individuales o familias del extranjero (de Norteamérica, Europa y Brasil). Somos básicamente su brazo ejecutor. No manejamos fondos, sino que administramos por cuenta de ellos”, explicó.
Durante estos años la empresa ha administrado, comprado, vendido y participado en 140.000 hectáreas. Actualmente administra 20.000 hectáreas en Uruguay, en siete campos, y 20.000 hectáreas en Paraguay. Y tiene como objetivo expandirse a Argentina, Brasil y Portugal en el corto plazo.
Inversión de europeos en Uruguay
“Creo que los inversores europeos tienen una predilección por Uruguay, y eso va a seguir estando”, consideró Labella. El empresario sostuvo que “sigue habiendo interés de inversores extranjeros” en el país, que lo ven “estable”, desde lo institucional y jurídico.
Comentó que en su trabajo diario “me levanto y me acuesto vendiendo el Uruguay, y me encanta que sea así, porque confío mucho en lo que estoy vendiendo”. Creo que todo inversor cuando tiene su portafolio, su patrimonio, siempre tiene una locación, un porcentaje, a lo que es inversiones en agricultura, que cada vez está creciendo más con los años, y va a ser mucho más importante dentro de 10 o 15 años. Lo que busca son activos resilientes al clima, a las crisis globales que cada vez vemos más. Y un rendimiento estable a largo plazo.
Es el ser dueño de algo que el día de mañana, pase lo que pase, sabes que vas a ser dueño. Y por eso en Uruguay es tan importante la estabilidad jurídica, porque sabes que lo que compras tus nietos lo van a tener. No hay chance de que no sea así.
The Land Group
“Nos hicimos un lugar en este sector, a través de la transparencia, de darle confianza y seguridad a un inversor que está a 12.000 o 15.000 kilómetros de distancia del Uruguay, que tal vez no habla el idioma, y que está a cuatro o cinco horas de diferencia de huso horario”, comentó el empresario.
Agregó que “vinimos a eliminar ese problema de asimetría de información entre el productor local, o el agente local, y el inversor extranjero”.
“A los inversores les proponemos encargarnos del 100% de la administración de los activos, desde la identificación de la oportunidad, la compra, la producción y administración durante la vida de la inversión, hasta la venta. O sea, nos encargamos del 100%, obviamente con agentes terceros, como un estudio contable, una empresa auditora, asesores fiscales y legales”, detalló.
También dijo que su socio habla cinco idiomas, y “eso nos permite llegar a la mesa de muchos inversores de reputación en el mundo”.
La empresa gestiona establecimientos en Soriano, Río Negro, Paysandú, dos campos en Salto y uno en Tacuarembó. “Vendimos uno en Rivera, y en los próximos seis o 12 meses vamos a seguir ampliando los campos que administramos”, anunció.
Indicó que los siete campos son de tres grupos de clientes diferentes. “Donde lo permite el activo hacemos ganadería de ciclo completo, algo que nos interesa mucho para impactar en la genética y eliminar el riesgo de salir a buscar reposición, sino hacemos simplemente recría”, explicó.
También comentó que el 100% de la ganadería la gestiona la propia empresa. Y ahora siembra el 50% del área agrícola, que antes era 100% arrendada a terceros.
Producción regenerativa
La ganadería y agricultura regenerativa es una bandera que sostiene The Land Group en los predios que administra.
“Es justo decir que hoy en el mercado hay muchas empresas que pregonan esto. Muchas de ellas realmente están tratando de hacer lo que dicen, y otras simplemente usan ese nombre, porque queda mucho más atractivo”, comentó Labella.
Señaló que en el caso de su empresa surgió a través de la conversación con los clientes. “Creemos que realmente hay un valor agregado, que ya no es simplemente producir las tierras convencionalmente a cualquier costo, sino tratar de hacerlo de una forma sustentable, regenerativa”, opinó.
“Buscamos que el patrimonio suelo, que es el 90% de lo que administramos, sea sustentable, permanezca y aumente su valor en el largo plazo. O sea, no simplemente medir en el día a día, sino a largo plazo”, remarcó.
Por tanto, el empresario enfatizó que tanto la ganadería como la agricultura regenerativa “son parte central de nuestras operaciones”. Y sostuvo “un rechazo, aunque sea un poco conflictivo o polémico, al monocultivo”. Comentó que “los campos que hemos adquirido venían con poca rotación de cultivos y sin la inclusión de pasturas en los últimos 20 años”.
“Creemos que se puede trabajar con la naturaleza y no en contra de ella. Las ganancias anuales vienen muchas veces influidas por los precios de los commodities, o por el clima en un año puntual. Pero también está el largo plazo, la valorización de los activos a través de factores endógenos, generados dentro del sistema, de los campos, y no simplemente esperando que el precio suba por oferta y demanda”, argumentó.
Sostuvo que los retornos de la producción de alimentos son “muy bajos” si se los compara con lo que paga un bono a 30 años en Estados Unidos, que es 5%. “Si no vemos esto como un activo a largo plazo, con una valorización de la tierra, creo que no es viable”, planteó.
A propósito de la implementación de esa producción regenerativa, explicó que hay dos procesos, en dos ámbitos, uno con el equipo interno, y otro es con los arrendatarios en los casos que aplique.
“No lo hemos hecho de un día para el otro, sino de forma progresiva. Administramos siete campos en Uruguay desde 2018, y a medida que fueron pasando los años fuimos poniendo algunos campos en operación, implementando estas prácticas regenerativas”, dijo el director de The Land Group.
“Hoy, seis de los siete campos ya están bajo nuestra propia operación, con nuestra política de producción técnica. Y el año que viene entrará el campo que resta. Entonces, es algo que no se hace un día para el otro, lleva mucho tiempo, no hay una verdad única”, admitió.
Señaló que las prácticas regenerativas “son algo que lleva a discusiones, no es algo absoluto, no es que sos 100% regenerativo o no lo sos. Es algo progresivo, y los cambios son relativos”.
Afirmó que “si cada año uno puede ser más consciente de implementar prácticas que le hagan mejor al suelo, de mejor manejo, aplicar menos químicos, rotar mejor el campo, que donde antes se hacía un monocultivo ahora se haga una rotación con pasturas, creo que ahí ya estamos haciendo un cambio regenerativo”.
Puntualizó que “no es como lo orgánico, que va de 100 a cero, es todo o nada”, sino que aquí “hay algo que se puede hacer de forma progresiva, incremental”.
Labella también comentó que han mantenido conversaciones con compañías certificadoras, pero “lo hacemos porque estamos convencidos de que va a aumentar el valor de nuestros campos, y no simplemente para tener una certificación, o para decir que lo hacemos”. Además confirmó que “no hay un valor adicional en la venta de nuestros productos por hacer esto”, y “el costo fijo anual que tiene certificar este tipo de prácticas es bastante alto, y hay que renovar”.
“Preferimos poner esa inversión dentro de los campos, ya sea en alambrados, en red de agua, pasturas o animales, antes que simplemente certificar para tener un lindo sello en la página institucional”, comentó.
Demanda de los consumidores
Al vivir en Europa, y estar cerca del consumidor final, Labella confirmó que se percibe “una conciencia total en tratar de consumir alimentos más sustentables”. Y si bien actualmente no hay un pago adicional, consideró que “vamos a llegar ahí”. “Creemos que este es un camino a largo plazo. De todas formas, vamos a tener un rédito económico”, afirmó.
Agregó que la sociedad europea “es cada vez es más consciente de qué y cómo consume”, y planteó que Uruguay “se puede posicionar como uno de los principales productores de alimentos sustentables en grandes extensiones”.
“No tengo ninguna duda de que mañana alguien sentado en un restaurante en Suiza o en Austria va a querer buscar la trazabilidad de ese alimento, dónde se produjo y de qué forma. Creo que en eso va a haber un diferencial tremendo en el futuro en los precios”, expresó.
Analizó que eso significará un valor agregado que lo puede generar el propio productor con estas prácticas. “Uno puede mejorar la eficiencia, puede producir más por hectárea, y al final en el bolsillo te va a quedar más dinero. Pero en el famoso PxQ (precio por cantidad), creo que con estas prácticas hoy la ganancia está más por Q que por P”, analizó.
“Lo que sí te puedo asegurar es que cada vez vemos mejores a los campos, vemos mejor la producción, vemos una producción mucho más estabilizada. Hoy, con el cambio climático y con los vaivenes de los precios, creemos que estamos llegando a una resiliencia que nos está dando mucha más estabilidad, y nos va a dar más producción a largo plazo”, finalizó sobre este punto.
Riego
Labella confirmó que las posibilidades de riego que tenga un campo “pesan en las decisiones de inversión”.
A propósito, destacó que Uruguay “tiene un potencial enorme” y se diferencia de otros países, por ejemplo de Europa, donde “no está permitido” desarrollar el riego. “En Uruguay hay un potencial que es enorme y a veces no nos damos cuenta, por la cantidad de agua que hay, y por el impacto que tiene sobre la producción, más allá de los beneficios fiscales, que creo que son realmente buenos”, señaló.
En tal sentido, comentó que “ya estamos invirtiendo en riego en dos campos, y estamos evaluando hacerlo en otros dos, porque creemos que el impacto, y sobre todo la sustentabilidad y estabilidad que te da la producción es muy importante”.
El agro uruguayo
Labella consideró que el sector agropecuario uruguayo “es muy capaz, con gente muy preparada, con ganas de innovar”. Y sostuvo que “el tiempo solo depura y hace que queden los mejores”. Afirmó que aquellas compañías que “gestionan el riesgo, que cumplen, dan confianza y manejan muy bien sus inversiones van a seguir existiendo, y tienen mucho para aportar al Uruguay”. Y enfatizó que “el fútbol y el agro son los mejores embajadores” del país.
El mercado de carne vacuna en Estados Unidos registró esta semana un respiro para los procesadores, que venían lidiando con altos costos de insumos y bajo interés minorista. Tres semanas consecutivas con faenas inferiores a 550.000 cabezas, junto con una mejora en la demanda previa al Día del Trabajo, redujeron las pérdidas, según datos de The Cattle Report del Ag Center.
En el sur, la mayoría de las ventas de ganado en pie se concretaron en US$ 5,18/kg, con operaciones puntuales a US$ 5,23/kg. En el norte, el comercio en vivo se ubicó entre US$ 5,34 y US$ 5,40/kg. El ganado terminado se negoció entre US$ 8,38 y US$ 8,49/kg.
El menor volumen de oferta permitió que el corte selecto subiera casi US$ 0,40/kg en la semana. Los minoristas ya enfrentan escasez y mayores costos, aunque el consumidor aún no se ha topado con precios de etiqueta que reflejen plenamente el incremento en el ganado. Se espera que el alza llegue pronto a las góndolas. La faena semanal fue de 536.000 cabezas, 1.000 más que la semana anterior pero 52.000 menos que un año atrás.
Para los procesadores, reducir la faena no es una solución definitiva, ya que volúmenes demasiado bajos no permiten un uso eficiente de las plantas. Los engordadores no siempre pueden participar en nuevas rondas de venta por falta de oferta, mientras que los minoristas anticipan que la disponibilidad de carne vacuna podría disminuir aún más si se restringen las importaciones brasileñas.
En el mercado de futuros, los precios cayeron entre US$ 0,11 y US$ 0,13/kg en la mayoría de los contratos, revirtiendo parte de las ganancias de la semana anterior. La volatilidad se ha incrementado, en parte por la interacción entre grandes órdenes computarizadas y operaciones de menor volumen. Algunos analistas señalan que el ciclo de recuperación aún está lejos de una escasez marcada, que podría llegar cuando más novillas se retengan para cría.
El USDA reportó que el peso promedio de la canal en la última semana fue de 414,5 kg, 0,45 kg más que la semana previa y 9,07 kg por encima del año pasado, con una clasificación de calidad del 84,4%.
En el plano comercial, las ventas por fórmula —históricamente predominantes— están cediendo terreno frente a acuerdos negociados, con primas y descuentos definidos pero precio base pactado.
China compró la semana pasada alrededor de 28 cargamentos de soja de la cosecha vieja de Brasil con premios elevados, lo que impulsó en US$ 11 por tonelada las posiciones principales. La semana anterior, ya había adquirido 26 cargamentos, generando un aumento de US$ 5,5 por tonelada en los premios, según informó Eduardo Vanin, analista del complejo de soja y director de Agrinvest Commodities.
En la Bolsa de Chicago, los precios de la soja cerraron con una nueva baja semanal: el contrato septiembre finalizó en US$ 355,59 por tonelada y el de noviembre en US$ 362,85. En Brasil, en cambio, los premios continuaron firmes y el viernes 8 la soja se negoció en el puerto de Paranaguá a US$ 421 por tonelada, de acuerdo con datos de Cepea.
Los premios alcanzan los niveles más altos desde 2018, favorecidos por la fuerte demanda china. “La cobertura de China para septiembre está completa y octubre supera el 40%, y sigue sin compras de soja estadounidense. Las bases en Brasil y Argentina siguen siendo altas, mientras que los márgenes de trituración en China comienzan a empeorar”, señalaron los analistas de Agrinvest Commodities. “La situación actual ya es insostenible”, advirtió Vanin.
El escenario también preocupa a la industria procesadora brasileña, cuyos márgenes de molienda atraviesan un momento difícil. Los precios de la harina de soja están en mínimos históricos, mientras que el valor de la soja se mantiene alto, en parte por los premios históricamente elevados. Esto podría derivar en una molienda menor a la estimada inicialmente en Brasil.
“Será un reto para la molienda en Brasil hasta finales de año”, dijo Gilberto Leal, ejecutivo de materias primas de Granel Corretora. “Y otro reto que enfrentamos es la calidad de la soja que tenemos para satisfacer la demanda china en septiembre y octubre. Es un desafío enorme”.
Vanin añadió: “Si China sigue comprando solo aquí y el ritmo se mantiene, incluso superior al de venta de los agricultores, sumado a la escasez de soja de exportación en el Arco Norte y considerando también Santos, los premios seguirán subiendo y la soja estadounidense no se moverá. Esto supondrá un margen muy negativo para nuestra industria: habrá escasez de petróleo y de biodiésel. En resumen, una enorme distorsión. La solución sería que China también incluyera la soja estadounidense en su oferta”.
Uruguay corre el riesgo de convertirse en “una máquina de frustración” si no equilibra la generación de capacidades con su aprovechamiento real en el agro, la industria y la sociedad, consideró en esta entrevista con VERDE el presidente del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Miguel Sierra. El jerarca, designado en marzo de este año por el Poder Ejecutivo, abordó los desafíos de articular ciencia y producción, el rol estratégico de los polos de innovación, las tensiones presupuestales que enfrenta el instituto y la necesidad de construir un sistema más equilibrado, que permita atraer y potenciar talento y transformar conocimiento en impacto.
A INIA se le suele criticar por su lentitud para responder a los desafíos del agro, y la respuesta ha sido que su visión es de largo plazo. ¿Qué se está haciendo para no quedar atrás?
Gestionar la tensión entre el mediano y largo plazo y la urgencia es, en cierta forma, el arte de la gestión en institutos como este, que combinan también la gobernanza y la financiación de aportes privados y del Estado. En ese marco es necesario mantener simultáneamente una mirada de largo alcance y una capacidad de respuesta inmediata. No podemos permanecer inactivos solamente atendiendo al mediano y largo plazo. Y el otro riesgo es estar constantemente resolviendo emergencias sin desarrollar capacidad de prospección y anticipación. Es sencillo decirlo, aunque difícil de implementar, pero de eso se trata. Cuando se planifica –ahora estamos en el plan estratégico– se trata de ampliar la perspectiva. Hay líneas de investigación que son de mediano y largo plazo, especialmente en institutos como el nuestro, que trabajan generalmente con ciclos biológicos. Y luego hay instrumentos, tanto de INIA como ANII (Agencia Nacional de Investigación e Innovación). Por ejemplo, el instrumento Desafíos, que tiene la ANII , que pretende resolver problemas más inmediatos. Considero que ambas dimensiones son necesarias, porque en la urgencia también se demuestra cercanía, preocupación por los problemas sentidos, y se generan relaciones de confianza que permiten pensar el futuro juntos. De lo contrario, la prospección a futuro queda desvinculada de la realidad. Pero esa es la tensión que hay que gestionar. No debe dominar la coyuntura, ni tampoco debe preocupar exclusivamente la perspectiva de largo plazo. Se deben combinar ambas. En algunas áreas considero que estamos respondiendo, en otras quizá hay problemas, aunque también son dificultades que existen a nivel país. En el tema ganadero, por ejemplo, considero que hay que fortalecer el sistema de extensión, coinnovación o transferencia, porque hay bastantes resultados a nivel de INIA, de la Universidad de la República (Udelar). Pero el tema es cómo se acompaña a los productores, a la familia rural, a los técnicos, para que puedan conocer y apropiarse de esas soluciones y la implementen de la mejor manera. Entonces, es una cuestión más amplia. En la urgencia hay que responder, pero no solo con investigaciones, todo un ecosistema debe activarse. Es la transferencia o coinnovación, y posiblemente también integrar el tema de los seguros, las distintas tasas de financiación o incentivos que puedan ofrecer distintos bancos para impulsar determinadas soluciones o paquetes tecnológicos, que resulten más sostenibles y saludables para el ambiente, los ciudadanos y los consumidores. Ese conjunto de actores y políticas, actuando coordinadamente, permiten que la adopción sea más rápida y que se aborden las urgencias que a veces enfrentamos, que aumentarán con el cambio climático. Enfrentar temas de sequía, de inundaciones, hay plagas que están modificando su comportamiento debido al cambio climático, y se requiere una respuesta tanto para cultivos como para enfermedades animales; así como aprovechar oportunidades o ventanas de mercado en el mundo. Es un nuevo escenario global, que exige respuestas coordinadas y dinámicas.
En varias oportunidades ha mencionado la falta de actores que funcionen como puente entre la generación de conocimiento y su adopción en el campo. ¿Qué papel debe asumir INIA para cerrar esa brecha tecnológica, especialmente en rubros con oportunidades en la adopción, como la ganadería?
Ahí lo primero es observar el sistema con otros actores. Tiene que haber actores más vinculados a la transferencia o la coinnovación, y hay que fortalecer sus capacidades, como el Instituto Plan Agropecuario, fundamentalmente en el sector ganadero. También hemos analizado todo lo que implica la metodología de coinnovación, que consiste en pensar las soluciones desde el inicio junto con los usuarios. No se trata de generar soluciones desde los centros de investigación para luego buscar la forma de acercarlas al productor y a los técnicos, sino de involucrarlos desde las fases iniciales. Que ellos también aporten en la identificación de los problemas y en la construcción de las soluciones. Que esas soluciones se adecúen a los recursos disponibles en cada contexto, a las capacidades humanas, agroecológicas y también a las capacidades de los proveedores. Y que sean soluciones factibles de implementar, con todos los actores capacitados para hacerlo de manera adecuada. Es necesario pensarlo más como sistema. Considero que en Uruguay hemos puesto, y seguimos poniendo, mucho énfasis en la generación de conocimiento, pero dedicamos mucho menos esfuerzo al uso, aprovechamiento y valorización de ese conocimiento. Ese es un tema que estamos discutiendo en Uruguay Innova (programa de Presidencia de la República para la promoción de ciencia, tecnología e innovación). Hay que equilibrar esa parte del sistema de ciencia, tecnología e innovación, porque sino seguimos fortaleciendo la generación de capacidades y formando cada vez más estudiantes con alto nivel científico, pero el sistema, como tal, no aprovecha ni utiliza esas capacidades. Se siguen generando capacidades y conocimientos, pero no se están aprovechando en el país, entonces el sistema está desbalanceado, y si no se corrige, va a generar frustraciones. Estamos formando personas que eligen emigrar, porque no se han creado espacios adecuados en el ámbito privado o público para que esas capacidades se integren y fortalezcan el vínculo de la ciencia y la tecnología nacional con los problemas relevantes del país.
Se está promoviendo que las estaciones experimentales se transformen en polos de innovación abiertos a empresas. ¿Qué criterios se están manejando para asegurar que esa apertura genere sinergias reales y no derive simplemente en cesión de espacio sin retorno al sistema público?
La idea no es solamente abrir espacio a las multinacionales, sino también a empresas nacionales. INIA tiene una relación sólida con el sector cooperativo también. Hay muchos resultados de investigación que se están generando en las universidades e INIA, especialmente soluciones digitales, bioinsumos y salud animal, por ejemplo vacunas y kit de diagnósticos. Consideramos que esos actores también necesitan un espacio donde interactuar con las capacidades de INIA y Udelar existentes en los campus y en las estaciones experimentales. Los campus inicialmente eran estaciones de INIA, luego en algunos casos se transformaron en campus con la Udelar, más tarde se instalaron oficinas del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y de la institucionalidad agropecuaria, como el Instituto Nacional de Semillas (Inase), el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), entre otros. Y ahora entendemos que el paso siguiente es que se conviertan en polos de investigación, desarrollo e innovación, con participación de actores privados, que realicen I+D (investigación y desarrollo), y que validen o desarrollen soluciones tecnológicas, interactuando con las capacidades de INIA y de la Udelar presentes en varios campus. También está la intención de que esto sea parte de un círculo virtuoso con la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU) y la Universidad Tecnológica (UTEC), de aprendizaje y formación de nuevos profesionales y técnicos a todo nivel. Están surgiendo capacidades muy interesantes en otros actores en los territorios. El objetivo es crear un espacio donde los actores privados se vinculen con la ciencia y la tecnología nacionales, facilitar un lugar de encuentro. En Uruguay los núcleos críticos son generalmente pequeños, por lo que compartir un espacio y reflexionar juntos sobre una problemática puede incrementar su tamaño crítico, y la riqueza de miradas y aportes para solucionarlos. Debe ser un ámbito donde prime la confianza. No se trata tanto de compartir una superficie o metros cuadrados, sino de compartir proyectos, ideas y proximidad, que permitan cultivar relaciones de confianza para generar soluciones que agreguen valor. Ese es el desafío. Se trata de tender puentes con el sector privado. En Uruguay las capacidades de formación y atracción de talento están muy vinculadas a la academia. El 80% de quienes egresan con titulación universitaria están vinculados con la Udelar. La idea es crear cada vez más espacios con empresas privadas, y quizás con otras modalidades que puedan surgir, como unidades mixtas entre institutos de investigación y empresas. En ese sentido el escenario está abierto. Siempre existe el riesgo de que el poder se concentre en pocos actores, pero ese es un proceso en el que hay que intervenir para evitar que ocurra de la forma más perjudicial. Se trata de lograr un sistema más equilibrado, que no quede concentrado en pocas manos. Eso no se evita quedando al margen de estos polos, sino participando activamente y promoviendo políticas que incluyan a los actores de mediano y pequeño tamaño. Es posible incorporarlos en distintas propuestas y dinámicas. Esa es la idea. El riesgo de la hiperconcentración existe, pero el objetivo es crear instrumentos y dinámicas que permitan la inclusión de esos otros actores.
El modelo de articulación público-privado desarrollado en el sector arrocero ha sido destacado como referencia en el país. ¿Es extrapolable a otros rubros?
Considero que es muy difícil de extrapolar, por las características del sector arrocero, la integración de la cadena, la cantidad de actores y su historia de relacionamiento, pero siempre se puede aprender. El arroz generó, sin dudas, antecedentes que estuvieron en la base de la creación de INIA. Pero ahora contamos, por ejemplo, con un consorcio citrícola, con un consorcio forestal, con un consorcio de lanas ultrafinas, una red tecnológica láctea, y el grupo Génesis en trigo y soja, entre las cooperativas y el INIA. Existen múltiples experiencias. Es cierto que la dinámica en el arroz es muy valorada, pero hay otras dinámicas virtuosas en Uruguay, que también sirven de ejemplo para lo que estamos proponiendo.
Usted fue director de Innovación antes de asumir la presidencia de INIA, ¿qué aprendizajes le dejó ese rol?
Considero que, sobre todo, me permitió comprender la particularidad de INIA, que es única en el mundo. Un instituto cofinanciado y cogobernado entre el sector privado y el público no es habitual. No predomina únicamente la lógica pública, y tampoco se trata de una empresa privada convencional. Lo más desafiante es gestionar esa tensión. Somos un instituto que genera bienes públicos, pero también bienes protegidos, bienes club, e interactúa con empresas nacionales e internacionales. Existe también el desafío de no apartarse de la calidad científica y de las soluciones tecnológicas de alta calidad, que deben pasar ciertos controles de calidad exigentes, con evaluación de terceros, y al mismo tiempo lograr valorizar lo que se produce. Porque aquí hay una vocación por solucionar problemas concretos, y por lograr que lo desarrollado tenga aplicación práctica. Ese conjunto de factores diría que es único. Cuando uno dialoga con actores de la región y del mundo, reconocen la complejidad de INIA. Porque si se tratara de una empresa, se optaría por la solución más rentable económicamente y punto. Aquí se deben contemplar múltiples intereses. A su vez, se trata de un instituto público no estatal. Es necesario considerar que los actores nacionales no se vean perjudicados, y que la solución beneficie al sistema de ciencia y tecnología, así como el sistema agroalimentario uruguayo. Es posible que en alguna alianza o solución determinada algún actor se vea afectado, pero si se observa en conjunto, puede resultar favorable para el país. Ese es el desafío. Considero que eso es lo más complejo de INIA. A su vez, contamos con cinco estaciones experimentales, cada una con su impronta y entorno cultural y productivo, muy distintos entre sí. Colonia no es igual que Tacuarembó, ni que Treinta y Tres, Salto o Las Brujas. Es un instituto heterogéneo en su interior, y hay que gestionar también esta diversidad interna. Es necesario saber trabajar con esa heterogeneidad interna y también con la existente en los sectores que se vinculan con el instituto. En este sentido, algunos sectores generan divisas y aportan al Imeba (Impuesto a la Enajenación de Bienes Agropecuarios) que financia al INIA, y otros tienen como foco la alimentación saludable para Uruguay, y quizá no hacen un aporte financiero a INIA, pero son actores clave –como el sector hortifrutícola– en el abastecimiento de alimentos saludables a la población. Existen sectores que aportan más en términos financieros y, naturalmente, solicitan mayor dedicación de INIA hacia ellos; y otros que aportan menos, pero que desde una mirada pública son muy relevantes. Es necesario gestionar esas tensiones. Diría que eso es lo más desafiante. Esas tensiones creativas forman parte de la originalidad de INIA y también de su fortaleza. No es casual que haya perdurado 36 años y que los actores del entorno lo critiquen, pero también lo valoren positivamente. Esa tensión hace que algunos no estén conformes, pero en el balance –y en la evaluación de impacto, de las cuales ya realizamos dos, una en 2011 y otra en 2024– se concluye que el retorno social de INIA es relevante para el país. Existen áreas donde se ha contribuido significativamente a la productividad y a los aspectos ambientales de Uruguay: en arroz, ganadería vacuna y ovina, horticultura y fruticultura, cítricos, bioinsumos, control integrado de plagas en durazno y manzana, control y seguimiento de plagas en forestación, generación de variedades en boniato, frutilla, y ahora también en tomate, la promoción de sistemas de producción con rotaciones entre agricultura y pasturas para mejorar la conservación y salud del suelo. Hay numerosos rubros en los que INIA ha tenido un rol muy significativo. Es necesario continuar cultivando ese papel de instituto que aporta soluciones y que mantiene un vínculo directo con la realidad del país y sus problemáticas.
El nuevo plan estratégico menciona la agroecología y la bioeconomía circular como enfoques emergentes. ¿En qué medida estos modelos están siendo incorporados a la agenda institucional? ¿Hay un desfasaje entre rubros?
Lo ambiental evidentemente tiene cada vez más protagonismo en la agenda de investigación de institutos como INIA. Seguramente no estuvo priorizado en 1989, porque las preocupaciones eran otras, y el enfoque estaba más centrado en la productividad, en el marco de la revolución verde y todo su contexto. Ahora lo ambiental llegó para quedarse y tiene un rol clave. Considero que existe un régimen dominante en INIA y en Uruguay, que es la intensificación sostenible: producir más, con el menor impacto ambiental posible. Y hay dos dinámicas de nicho: una es la agroecología y las transiciones agroecológicas; y la otra es la bioeconomía circular, que está ganando cada vez más terreno. Pero es necesario generar evidencia científica y casos concretos que acerquen esos conceptos al sector productivo y a la sociedad. De lo contrario, muchas veces se perciben como ideas demasiado abstractas. Existen experiencias de transición agroecológica, que actualmente se encuentran en todos los sectores: ganadería, lechería, hortifruticultura, entre otros. Pero quizá falta mayor evidencia científica. Se está avanzando en ese camino, identificando buenas prácticas y construyendo evidencia de cara a los productores, los técnicos y la sociedad. Lo que está más consolidado es la intensificación sostenible, con el uso de biotecnología, tecnologías digitales, riego, pero en sistemas que suelen ser monocultivos. Por lo tanto, la agroecología y la bioeconomía circular proponen otras formas de producción, más resilientes y con abordajes integrales, que están adquiriendo mayor protagonismo, aunque siguen siendo marginales frente al enfoque dominante. Considero que sigue predominando la intensificación sostenible, pero en los distintos rubros hay experiencias diversas. Sin embargo, existe una conciencia ambiental creciente, tanto en Uruguay como en los mercados de destino. Los compradores y la normativa internacional son cada vez más exigentes en temas ambientales.
Visitó dos veces China en el último año, ¿qué oportunidades identifica allí para Uruguay, más allá de los acuerdos comerciales? ¿Considera que falta dar un salto?
Ayer escuchaba una entrevista con Álvaro Padrón (asesor del gobierno y analista internacional), y decía básicamente que le estamos vendiendo agua envasada a China, en forma de soja, carne, celulosa y arroz. Eso implica un riesgo, ya que corremos el peligro de avanzar hacia una primarización excesiva, ofreciendo productos naturales en estado casi primario. Ese riesgo está presente en todas las relaciones. Lo mencionábamos antes respecto a los polos de innovación. Los procesos no están determinados de antemano, hay que involucrarse, participar activamente y negociar, cada parte debe defender sus intereses. Considero que debemos pensar en la incorporación de otras dimensiones además de vender materias primas. Está la dimensión de ciencia y tecnología, por ejemplo. Estamos desarrollando un laboratorio conjunto en soja con China, que lidera INIA por Uruguay, que está identificando materiales genéticos con alto contenido proteico para consumo humano; la Udelar está creando un laboratorio en bionanofármacos con actores de Qingdao; estableceremos también un laboratorio conjunto en ganadería en Jilin. La idea es que estos espacios no se limiten a la investigación, sino que también incluyan embriones uruguayos, y que funcionen como plataformas para vender ciencia, tecnología y asistencia técnica de Uruguay. Existen oportunidades, pero debemos saber cómo posicionarnos. Hay muchas acciones que deben visualizarse desde una perspectiva regional. Deberíamos avanzar de manera coordinada con Argentina y Brasil fundamentalmente, ya que Paraguay tiene vínculos estrechos con Taiwán. Creo que hay margen para hacer mucho más de lo que estamos haciendo. Es necesario diversificar nuestra matriz de cooperación con China. En la feria de SIAL, en Shanghai –la más grande de Asia–, Uruguay tenía un excelente stand de INAC, con foco sobre todo en carne congelada, y en menor medida empresas que vendían suero y equinos. En cambio, los stands de Argentina y Brasil incluían alfajores, mermeladas, miel, pasta. Como comentaba el embajador uruguayo en China, Fernando Lugris, China no nos primariza, nos primarizamos solos. Ese es el punto. China tira de la demanda en soja y carne, pero depende de nosotros decidir si innovamos en productos, diversificamos más nuestra oferta exportadora y aún en los commodities incorporamos más valor agregado con ciencia y tecnología, tanto nacional como generada en laboratorios conjuntos con China. En Uruguay tenemos una debilidad importante en la parte industrial, especialmente en lo agroindustrial. Nos faltan capacidades. Contamos con mucha capacidad en INIA para la fase primaria, y luego se salta al LATU (Laboratorio Tecnológico del Uruguay) para certificación y análisis. Pero entre esos dos momentos no existen actores dedicados a la innovación en productos, en envasado, en formulaciones innovadoras. Tampoco podemos pretender exportar lo que nos gusta, es necesario estudiar las preferencias del consumidor chino en sabores, formatos y canales de comunicación. La oportunidad está, pero debemos crear el entramado, el ecosistema de ciencia, tecnología e innovación necesarios para aprovecharla. De lo contrario, son oportunidades que se pierden.
En un contexto de transformación digital, ha advertido sobre los riesgos de la autocomplacencia y la necesidad de avanzar en ciencia de datos e inteligencia artificial (IA). ¿Qué lugar ocupa hoy la IA en la estrategia institucional del INIA, y qué capacidades se están desarrollando en esa línea?
Tenemos que fortalecer una unidad que se dedique a la ciencia de datos y la IA. Estamos con un grupo interno de INIA, pero hay que fortalecerlo. Y se ha puesto como un eje transversal también en Uruguay Innova, con Agesic (Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento) y todos los demás actores (Ceibal, ANDE, ANII, entre otros), los datos y la IA pasaron a ocupar un rol central. La interoperabilidad de los datos es fundamental. Se trata de datos que posee INIA, pero también Opypa (Oficina de Programación y Política Agropecuaria, del MGAP), la DGI (Dirección General Impositiva), distintos organismos del Estado y cámaras privadas. El mayor valor está en cómo aprovechamos toda esa información de manera interoperable, inteligente y reflexiva. No se trata de automatizar procesos sin contemplar un espacio de interpretación, análisis y orientación política. No se puede automatizar de forma acrítica. Es necesario incorporar juicio.
La decisión del gobierno anterior de suspender el aporte comprometido de Rentas Generales marcó un precedente en la historia del INIA. ¿Qué implicancias tiene este episodio en términos de autonomía institucional? ¿Qué herramientas pueden garantizar una planificación más estable, ajena a las prioridades coyunturales del ciclo político?
Lo más preocupante fue que el año pasado fue la primera vez en la historia que no llegó la parte de Rentas Generales. Siempre había llegado, a veces con retraso. En 2016 se había fijado un aporte fijo de Rentas Generales, de $ 600 millones, pero ese aporte en 2024 no se recibió. Está llegando en cuotas en 2025. Durante los primeros seis meses se está pagando la deuda de 2024, y en los seis meses siguientes se pagaría lo correspondiente a este año. Eso genera una gran incertidumbre. Y, sobre todo, existe una disonancia entre declarar que se quiere un país agrointeligente, que apueste a la competitividad, y a la vez recortar la financiación. Hoy la competitividad sin ciencia, tecnología e innovación no existe. Por lo tanto, no hay coherencia entre el discurso y los recursos asignados. Venimos de una pandemia donde la ciencia demostró claramente su utilidad y aplicabilidad. INIA lo ha demostrado históricamente, y la nueva evaluación de impacto también lo evidencia. Esta situación genera incertidumbre y afecta el clima interno. Si los fondos no están, surge la pregunta de si realmente se valora el rol de INIA. A futuro, la intención es mantener un seguimiento atento del tema financiero. La junta está muy activa, con presencia de los delegados de las gremiales y del Poder Ejecutivo. Debemos mantener una comunicación fluida con los parlamentarios y argumentar con propuestas. No comparto la idea de pedir fondos sin fundamento. Por eso me preocupa que el plan estratégico avance y que se definan ejes concretos para presentar en la discusión presupuestal. También está la idea de impulsar los polos de innovación en las estaciones. Algunas personas lo ven como una propuesta novedosa que justifica inversión, con la expectativa de que se genere riqueza y oportunidades. INIA tiene que ser un catalizador de procesos de desarrollo en el país. Este episodio deja en claro que hay que estar siempre atentos. En Uruguay existen múltiples prioridades y tensiones respecto a dónde invertir los recursos públicos. Eso será constante. Nos corresponde defender de la mejor manera posible la inversión en ciencia, tecnología e innovación. Pero para eso es necesario contar con propuestas, evaluaciones rigurosas de impacto, demostrar resultados y una gestión profesional.
TARJETA PERSONAL
Miguel Sierra es ingeniero agrónomo (Universidad de la República), magister y doctor (PhD) en Tecnología de Alimentos (Universidad Politécnica de Valencia). Fue presidente del Consejo Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología (Conicyt) entre 2018 y 2021. En INIA fue gerente de Vinculación Tecnológica, gerente de Innovación y Comunicación, director de Relaciones Corporativas, y en marzo de 2025 asumió la presidencia del instituto.
En su chacra de Salinas, Fernando Muñoz combina lombrices y larvas para producir un abono líquido vivo, y prepara la que podría ser una de las primeras harinas proteicas de insectos en Uruguay. Su método no busca resultados inmediatos, ni depende de inversiones grandes: trabaja con lo que hay, respetando los tiempos de los organismos y ajustando el sistema a escala predial. “No se puede empujar a la lombriz”, resume.
Aunque la mayoría de sus clientes son horticultores, el producto ya se aplica en praderas chicas, barras con micropotrillos y tambos que dosifican el bioinsumo con estiercolera. En esos casos no se trata de probar algo nuevo, sino de resolver una necesidad concreta con lo disponible: transformar residuos en un insumo útil, sin riesgo de quemas, ni sobrecarga de patógenos.
Muñoz no habla de promesas, habla de resultados que ya vio en el campo. Lo que hoy parece un insumo marginal puede funcionar como parte de un sistema trazable, circular y más simple de lo que parece.
Cómo funciona LombriPlus
El sistema que propone LombriPlus se basa en dos organismos que trabajan en cadena: la larva de Hermetia illucens (mosca soldado negro) y la lombriz roja californiana. “Dos bioreactores naturales”, dice Muñoz.
Explicó que la larva actúa primero, en “condiciones ácidas extremas, con pH que puede llegar a 2 o 3”. Luego entra la lombriz, que trabaja “entre pH 5 y 8”. El trabajo de ambas especies es complementario, y al final, “lo que la larva destrozó, a la lombriz ni trabajo le da”, afirma el empresario.
La larva degrada la materia orgánica inicial y produce un frass –el residuo sólido que dejan las larvas tras alimentarse– cargado de ácidos grasos, como el láurico, mirístico u oleico. Eso reduce la carga de patógenos y transforma el sustrato en un alimento accesible para la lombriz, que completa el proceso al pasarlo por su sistema digestivo. El resultado son turrículos –las heces de la lombriz– ricos en microbiota, con alta humedad y propiedades antifúngicas.
Muñoz insiste en que “no es lo mismo compost que vermicompost”. El primero depende de temperatura y manejo, puede fermentar mal o terminar seco y sin vida. El segundo es un sistema biológico vivo. “Estoy aburrido de ver gente que vende humus seco. Si se seca, se murió”, sostuvo.
El empresario afirma que cada parte del ciclo aporta algo. La larva descompone y limpia; la lombriz estabiliza y enriquece. El producto final no necesita enriquecimiento ni aditivos, es abono líquido vivo, con trazabilidad biológica y uso directo en el campo.
Potencial en ganadería
El abono líquido producido con lombrices está ganando peso en sistemas diversos a nivel internacional. Muñoz lo ve funcionando especialmente en praderas chicas y tambos, donde la disponibilidad de fertilizantes industriales es baja y los residuos abundan. “En un tambo, en un período de cría, esa es la clave de todo”, dice. El producto puede aplicarse “con estiercolera”, sin “cambios de infraestructura”, y encaja en momentos clave del manejo, sin “alterar el esquema del productor”.
El potencial está en zonas con animales, materia orgánica disponible y necesidad de reducir insumos comprados. “Lo usan en la barra con micropotrillos”, cuenta. Esa seguridad lo vuelve una opción para predios ganaderos que buscan trazabilidad sin depender de tecnologías complejas.
Planteó que el diferencial está en que no se trata de compost ni de lixiviados oscuros cargados de patógenos, sino de un “bioinsumo vivo”, donde la larva limpia y la lombriz estabiliza. En lugar de insumos externos, el propio campo cierra el ciclo. “A medida que lo vas aplicando, él se está reproduciendo, porque está vivo. Y el campo lo va aceptando”, indicó.
Vía hacia la certificación triple B
Para Muñoz el valor del abono vivo no está solo en lo que aporta al suelo, sino en cómo reposiciona la producción. “Tu producto vale distinto”, afirma. Si un productor que hacía fardos de alfalfa comienza a inocular con bioinsumo y logra certificarlo como orgánico, accede a otro nivel comercial: “pasa a ser empresa B, triple impacto, con otro costo, pero también otro mercado”, destacó.
El modelo apunta a predios que quieren reducir insumos externos y cerrar el ciclo productivo dentro del mismo campo. No requiere grandes escalas, ni inversiones complejas, pero sí asumir que la trazabilidad y la circularidad son parte del manejo. “No juegues a cantidad, jugá a calidad”, afirma. En un país que no compite por volumen, tener un insumo logrado, estable y con vida útil puede ser una vía para “diferenciarse”, sostiene.
“¿Por qué no tener todo lo que sirve? Y me va a servir para siempre, o al menos me va a mantener un nivel de calidad para siempre. ¿Por qué no hacerlo?”, se preguntó. No se trata solo de certificarse, sino de sostener un estándar productivo que no dependa “de la importación de insumos, ni de la especulación con los precios”, afirmó.
Insistió en que demostrar una producción circular permite acceder a “otro mercado”. Y “uno que empieza a valorar lo que antes parecía marginal: residuos bien gestionados, abonos vivos y procesos biológicos simples, pero trazables”, describió.
La ración proteica como parte del círculo
LombriPlus desarrolla una línea de harina proteica a partir de larvas de mosca soldado negro, orientada a la alimentación animal. “Ya hemos producido una primera muestra con un contenido de proteína cercano al 63%”, afirmó Muñoz. Ese lote inicial se elaboró a partir de gallinaza, aunque la empresa proyecta utilizar como sustrato principal el bagazo de cerveza artesanal, por ser más estable, seguro y fácilmente trazable. “El objetivo es lograr productos de alta calidad, a partir de insumos limpios y controlados”, señaló.
El procedimiento implica una fase de fermentación anaeróbica, que mejora las propiedades del sustrato antes de su consumo por las larvas. Estas se recolectan en su etapa óptima de desarrollo, cuando aún no han formado quitina, lo que permite conservar un perfil nutricional más completo.
“La recolectamos a los 11 días, con alto contenido de grasa y sin quitina. Una vez secada en horno, el perfil de aminoácidos y la concentración de nutrientes se potencian”, explicó el empresario.
El producto fue analizado con instrumental de alta precisión en laboratorio. “Se utilizó un cromatógrafo de última generación, que no se había estrenado, y los resultados confirmaron su calidad”, destacó.
Su comercialización se encuentra en espera de aprobación por parte del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. “Contamos con dos interesados, uno de raciones para perros, y otro de alimentación de terneros”, indicó.
Muñoz comentó que el uso de frass ya está consolidado en otros países. “En Sudáfrica y Namibia se utiliza como ingrediente en raciones para terneros, y fue presentado recientemente en Alemania”, señaló.
En LombriPlus este frass es reintroducido en los lechos de lombrices, lo que da lugar a una segunda etapa de bioconversión, que refuerza su valor como enmienda y permite combinar propiedades del vermicompost con las del residuo de larva. “Lo que obtuvimos no fue solamente un frass ni un humus convencional, sino un producto nuevo, que combina ambas digestiones biológicas”, explicó.
El suministro de bagazo proviene de cervecerías artesanales locales, en volúmenes que oscilan entre 300 y 400 kilos. La empresa prevé aumentar la escala una vez que se concrete un acuerdo con un polo cervecero en desarrollo en Parque del Plata (Canelones), lo que garantizaría una fuente regular y suficiente de materia prima. La harina de larva forma así parte de un sistema integrado de aprovechamiento de residuos orgánicos, con proyección a corto plazo.
La escala de lo posible
El modelo que combina lombrices y larvas para transformar residuos orgánicos en bioinsumos ya se industrializa en otros mercados, como “Galicia, Texas, Francia, Noruega y Finlandia”, donde empresas especializadas desarrollan instalaciones de gran escala. “Conocí empresas que venden enormes volúmenes de vermicompost en Europa”, comentó. En Estados Unidos,el modelo avanza aún más hacia el servicio personalizado: “En vez de venderte el bioinsumo, te mandan un móvil con un camioncito o cisterna, te lo preparan en el lugar y te hacen el fertirriego”, describió.
Sin embargo, consideró que Uruguay debe buscar otro camino, menos enfocado en volumen y más centrado en calidad. “Acá no podemos tener cantidades. No competís con China, ni con Estados Unidos, pero sí podés tener un producto de altísima calidad, concentrado”, afirmó. A propósito, opinó que existe una oportunidad de diseñar sistemas pequeños, adaptables y eficaces, capaces de integrarse a escala predial. “Apuntar a algo súper espectacular, pequeñito, pero fuertísimo”.
Esa estrategia se alinea con experiencias que ya comienzan a consolidarse en el país. A través de un proyecto apoyado por la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE), LombriPlus está armando una planta en Montevideo que permitirá caracterizar distintas biomasas disponibles y generar insumos adaptados a cultivos específicos. “Todos los vermicompost van a ser caracterizados uno por uno, para saber cuál sirve para frutilla, y cuál para alfalfa”, señaló.
La conversión in situ es parte de ese modelo. Frente a las restricciones para desechar residuos, varios productores ya incorporan soluciones dentro del predio. “Antes lo tiraban, ahora se hacen unidades de conversión en el mismo lugar”, explicó. En esos casos el bioinsumo no solo resuelve un problema de descarte, también queda disponible para usar en praderas, pasturas o cultivos propios. El empresario afirma que esto puede adaptarse a sistemas ganaderos o lecheros. Se evita logística, reduce costos y agrega valor. “El campo queda orgánico in situ, y usted se olvida de los problemas”, aseveró.
En ese marco, LombriPlus plantea una bioeconomía adaptada al país, sin depender de grandes inversiones ni estructuras complejas. “Lo que se puede hacer acá es poco, pero espectacular”, aseguró.
La empresa saudí Salic International Investment Company (SIIC), subsidiaria de propiedad absoluta de Saudi Agricultural and Livestock Investment Company, afirmó ante el Consejo Administrativo de Defensa Económica (Cade) de Brasil que es un accionista minoritario pasivo en BRF y Minerva, sin capacidad para influir en sus decisiones.
El inversor —dueño del 11,03% de BRF y del 24,49% de Minerva— aseguró que “no posee ningún derecho político que le permita interferir o influir en la independencia y el curso normal de los negocios y la gestión” de ambas compañías. La declaración responde a un pedido formal de información del Cade en el marco de la propuesta de adquisición de BRF por parte de Marfrig.
La operación fue aprobada el martes por los accionistas minoritarios de ambas empresas, mientras que Salic se abstuvo de votar y no participó en las negociaciones. El Cade había autorizado la transacción en junio, pero Minerva impugnó la decisión y pidió un análisis más exhaustivo, argumentando que la fusión implicaría que Salic pasara a tener influencia en las decisiones comerciales de tres competidores: Minerva, Marfrig y BRF.
El organismo respondió aceptando una revisión más prolongada. Según el presidente del Cade, “los presuntos hechos, de comprobarse, podrían indicar una posible alineación de intereses e intercambio de información sensible entre competidores”. La decisión será evaluada por un panel virtual el 11 de agosto.
Por ley, el Cade dispone de hasta 240 días, prorrogables por 90, para investigar fusiones complejas. Si se aprueba, MBRF Global Foods Company —nombre de la nueva firma— operará plantas en América, Medio Oriente y Asia.
Diferencias de Minerva entre Brasil y Uruguay
Mientras en Brasil Minerva argumenta ante el Cade que la presencia de Salic como accionista de MBRF es un riesgo para la competencia, en Uruguay sostuvo lo contrario. Según una nota de The AgriBiz, en presentaciones de 2024 ante el Ministerio de Economía y la Comisión de Promoción y Defensa de la Competencia, los abogados de la empresa aseguraron que la participación simultánea de Salic en BRF —controlada por Marfrig— y en Minerva no implicaba riesgo de colusión.
Textualmente, indicaron que “Salic no tiene ningún control sobre Minerva” y que “posee únicamente una participación minoritaria en BRF, con lo cual difícilmente podría tener una influencia significativa”. Con la fusión, Salic seguirá siendo minoritario, con cerca del 10% de MBRF.
En Uruguay, Minerva intenta obtener la aprobación para comprar tres frigoríficos de Marfrig, operación que ya fue vetada por concentración excesiva, y propuso vender uno o dos de ellos para lograr el visto bueno. La empresa sostiene que la situación es distinta a la brasileña, ya que Minerva y BRF operan en mercados diferentes (carne bovina frente a aves y cerdos).
Accionistas aprueban fusión
La asamblea de BRF aprobó con más del 84% de votos la incorporación a Marfrig, consolidando un portafolio de carne bovina, aviar y procesados, con operaciones en América Latina, Estados Unidos, Europa, Medio Oriente y Asia. El cierre del proceso está previsto para comienzos de 2026, sujeto a aprobaciones regulatorias.