El empresario Haroldo Ensslin señaló que el sector viene golpeado de los últimos ocho años, por efecto de los menores valores en el mercado internacional y el alto costo país
En 2020 el precio del arroz empezó a subir en el mercado internacional, y “hoy tenemos una expectativa alcista, que ayudaría a mejorar los negocios del sector”, dijo a VERDE el empresario Haroldo Ensslin. Agregó que “el arroz continúa intentando superar los problemas de años anteriores, pero creo que tendremos un 2021 bastante mejor. Se ve un panorama alentador”.
Remarcó que más del 95% del arroz se exporta, y que el mercado internacional ha reaccionado “bastante bien. Uno de los principales destinos siempre fue Brasil, pero desde hace cuatro o cinco años casi no estuvo comprando, en 2020 volvió y con precios interesantes”.
Destacó que la diferencia del arroz uruguayo es la calidad industrial. “Tenemos un rendimiento muy bueno y se está trabajando muy bien en la clasificación y segregación de las diferentes variedades. Uruguay no mezcla variedades, y esa es una gran fortaleza”, subrayó.
Sostuvo que la relación entre el productor y la industria “es bastante buena”, y destacó que la industria financia a la mayoría de los productores, y es su principal fuente de recursos.
Ensslin admitió que, después de estos años de dificultades, “el sector quedó atrasado en maquinaria”, pero en otras tecnologías “avanzó bastante”; en ese sentido destacó la tecnología satelital. “Los trabajos de preparación de suelos, o la siembra, ya casi no se hacen con banderilleros, con tecnología satelital, que permite eficientizar el trabajo”, remarcó.
Por otra parte, reconoció que este año el área de arroz no aumentó por La Niña, y sostuvo que el fenómeno climático está instalado desde el otoño. “Las lluvias en invierno fueron muy inferiores a lo normal, por lo tanto, los caudales de los ríos y represas son muy bajos, principalmente en nuestra zona”, comentó.
Diversificación y productividad
Para Ensslin, la forma de enfrentar las situaciones difíciles, como la que atravesó el arroz en los últimos ocho años, depende de cada productor. “En mi caso, consideré que la mejor solución era reducir el área, para que las pérdidas no fueran tan grandes, e intentar mejorar la producción en todos los aspectos; hacer todo de la forma más eficiente posible”, comentó.
Dijo que los sistemas fueron buscando diferentes alternativas, más forraje para los animales entre cada ciclo de arroz, también incluyeron a la soja, porque además permitía recuperar el suelo, y dejaba el laboreo prácticamente pronto para el cereal.
Cuando cayó el precio, la soja perdió área, “pero ahora esa situación se está revirtiendo, el precio viene bien; los precios de la ganadería también han sido buenos, y todo esto motiva a que los arroceros diversifiquen”, consideró.
El empresario no tiene dudas de la importancia de la diversificación, “porque eso significa buscar soluciones alternativas”.
Repasó que en momentos de crisis se buscó mejorar la eficiencia. En ese sentido, mencionó “el movimiento de la tierra, las semillas, cuidar más la chacra y todo eso también ayudó a aumentar la producción, por eso el país tiene más de 8.000 kilos por hectárea de promedio.
Trayectoria
Ensslin recordó que el grupo Waldemar y Haroldo Ensslin empezó a sembrar el cereal en el año 1968, en La Querencia. Esos inicios fueron junto con su padre Lorenzo Ensslin.
Recordó que “en aquel momento el área de arroz en Uruguay venía en aumento. Después empezamos a trabajar en El Tigre, arrendamos una parte, y posteriormente compramos el establecimiento, que era de Humberto Cassarone. Plantaban en sociedad con nosotros Santiago, Felipe y Marcos Ferrés. En El Tigre todavía sigue nuestra familia. En 1975 me vine a Río Branco, donde empecé a construir una planta de recibo y secado de arroz”.
Señaló que, a lo largo de los años, “pasamos varias crisis, tuvimos problemas de producción, de seca, de inundaciones, pero siempre salimos adelante, con mucho trabajo. En los últimos ocho años el sector arrocero sufrió por el precio en el mercado internacional, y también por el costo país. Por eso muchos productores tuvieron que abandonar el rubro, porque no era rentable”.
Admitió que “todos estos años fueron difíciles, porque tuvimos un costo financiero muy alto, y un precio internacional bajo. La suma de esos factores hizo que la producción arrocera se volviera negativa. Hubo momentos más difíciles, pero en general duraban uno o dos años, eran períodos cortos. Sin embargo, esta última etapa de crisis fue mucho más larga, nos golpeó durante ocho años. Por eso venimos con una dificultad muy grande”.
El agricultor comentó que se siente “comprometido con la actividad productiva y tengo un gran agradecimiento a mi familia por el apoyo que me ha dado en esta aventura de mi vida. Hice lo que más me gusta, y tuve como legado lo aprendido por mis antecesores, que fueron mis abuelos y mis padres”.
Señaló que sus abuelos comenzaron a plantar arroz en Tranqueras, en el departamento de Rivera, en la década de 1940, y luego llegaron a la 7a sección de Treinta y Tres. “Mi agradecimiento también a la familia Ferrés, cuyos integrantes fueron pilares importantes en el sector arrocero y agrícola”, concluyó.
El productor Carlos Torterolo dijo que hay que solucionar el endeudamiento y adoptar tecnología, para crecer en productividad y escala, y así poder diluir los altos costos.
El futuro de la lechería “se puede ver con optimismo”, dijo a VERDE Carlos Torterolo, productor de San José. Destacó fortalezas del rubro, como la ubicación de Uruguay en la región, la demanda mundial y las posibilidades de incrementar la productividad. No obstante, señaló que “habrá que sortear las dificultades del clima, el endeudamiento y la falta de inversión en tecnología”, y consideró que esos dos últimos factores “son los que más tendrá que acomodar la lechería uruguaya”.
Torterolo aseguró que “el endeudamiento es preocupante para muchos productores”, pero que le preocupa en la misma medida “el atraso en inversión y en tecnología”, que para muchos tambos “es incluso más importante que el endeudamiento”.
Sostuvo que la productividad “está muy asociada al manejo, a la gestión, pero también a la inversión. Y el atraso tecnológico genera que muchos establecimientos pierdan competitividad. Si le sumamos el nivel de endeudamiento, y combinamos ambos elementos con las escala promedio de los tambos uruguayos, la problemática no es sencilla de resolver”.
En su caso particular, apuntó a gestionar de la mejor forma todos los recursos, tratando de capitalizar las ventajas. Indicó que “hay un elemento muy importante para trabajar y proyectar, que es el crecimiento sin límites. En Uruguay no hay restricciones para incrementar la producción, se puede producir toda la leche que uno logre, aceptando desafíos y comprometiéndose, endeudándose, incorporando tecnología y tratando de lograr la escala”, aspecto que consideró “muy importante”, pero admitió que “no es sencillo”.
Torterolo explicó que el sistema cooperativo uruguayo, que es donde se canaliza la mayor parte de la producción, “hasta ahora no marcó restricciones en el recibo de leche. Ese es un elemento central en la búsqueda de la escala, para luego mejorar la competitividad”.
Sobre la gestión, dijo que “en el país hay ejemplos de inversiones muy importantes que no funcionaron porque no se podía estar encima de todos los detalles”. Por eso, recalcó que la gestión de todos los recursos de los establecimientos es fundamental y en eso influye todo el arraigo de la lechería familiar, el conocimiento y el traspaso de generación en generación. Es un combo muy trascendente en Uruguay y una fortaleza del sistema”.
Planteó que el incremento de la producción de leche “está sustentado en la mejora de la escala”, y en la eficiencia de los procesos que logran las empresas cuando crecen. Mencionó “la inversión en tecnología, máquinas de ordeñe, pasturas, fertilización, maquinaria, que ha sido muy fuerte en las últimas décadas; y el productor que tiene escala logra diluir todas estas inversiones y el costo operativo”.
Por eso señaló que, “más allá de la competencia que podemos tener los productores en el país, una lechería exportadora como la nuestra debe mirar, en toda la cadena láctea, la competencia del resto de los países exportadores. Por eso, hablamos de la escala y la inversión para bajar costos y seguir en carrera”.
Torterolo entiende que las oportunidades para el sector son buenas, “porque estamos en un país productor de alimentos, que cuida sus recursos y enfrenta una demanda global creciente y sostenida”. En ese contexto, “la lechería tiene una historia de evolución con más de 80 años en Uruguay, cuenta con muy buena genética, inversión, recursos naturales, capacidad de gestión, conocimiento, información y un clima que, si bien es bastante variable de un año a otro, brinda buenas posibilidades”.
Agregó que el sector tiene mucha innovación y tecnología para incorporar, pero es muy amplio el rango de adopción de los productores. “En el país ya funcionan tambos modelos, con robots de ordeño; la fertilización también nos da oportunidades; el uso del fósforo; nitrógeno; fertilizantes foliares; micronutrientes; y la incorporación de efluentes, que impactará fuerte en la producción de pasturas”, enumeró.
Consideró que el manejo del agua “es un gran tema pendiente de Uruguay. El avance y el desarrollo del riego en el sistema lechero es un elemento que impactaría muy positivamente en la productividad. Eso demanda inversión y tecnología, pero es una de las diferencias que puede tener este país”.
Planteó que “Uruguay debe mantener competitividad a nivel mundial, porque estamos compitiendo con jugadores muy fuertes”.
Si bien en Uruguay se habla de lechería pastoril, “eso no es sinónimo de un buen aprovechamiento de la pastura”, aclaró. Argumentó que “la tendencia de los últimos años ha sido incrementar la cantidad de reservas y el concentrado en la dieta y, por ende, baja la participación del pasto”.
“Los productores que van por este camino muestran muy buenos resultados; han estabilizado la productividad estabilizando la alimentación. Varios tambos de punta incrementan carga animal por hectárea y mantienen esa tendencia donde la pastura representa menos del 50% de lo que comen las vacas”.
“Debemos seguir construyendo una lechería sustentable, competitiva, exportadora y de base familiar, convencidos de que estamos en una tarea noble, produciendo alimentos para el mundo, riqueza para nuestro país y bienestar a nuestra gente”, concluyó.
El sector observa con preocupación el proyecto de limitar la producción de madera, mientras destaca la recuperación de los mercados en la última etapa del año 2020.
El sector forestal observa con preocupación las limitaciones que se pretenden imponer a la producción del rubro, porque “atentan contra las reglas del juego y puede ser un factor crítico, que se sume al principal desafío que tiene Uruguay, que es el de los costos, que siguen sin muchos cambios”, dijo a VERDE Francisco Bonino, director de AF (Agroempresa Forestal), y directivo de la Sociedad de Productores Forestales.
Bonino subrayó que tras varios años de actividad en el país, el sector “va madurando y empieza a posicionarse como un generador de desarrollo importante”.
Agregó que, “a pesar de lo que parece, la forestación no está creciendo tanto en área, y la superficie está bastante estabilizada. Se cosecha mucho, y para crecer hay que plantar más de lo que se cosecha. Hoy la tasa de crecimiento no es como la de principios de los años 2000. Sucede que la visualización del proyecto UPM 2 puede llevar a conjeturas erróneas”.
Escenario para 2021
Dijo que para el arranque de 2021 ve un mercado más tonificado en precios y demanda. “Si el mundo logra enfrentar de buena forma la segunda ola del Covid-19, el comienzo de 2021 presenta buenas expectativas”, aunque “la recuperación de valores de la celulosa ha demorado un poco más”.
Bonino sostuvo que “el cambio más importante está vinculado al precio de los fletes en contenedores y en barco completo. El costo de los contenedores fue muy alto en 2020, porque hubo escasez global, muchos quedaron atrapados en distintos lugares por la caída del comercio, mientras que los fletes de barco completo tuvieron precios competitivos”.
Para 2021 se visualiza una estabilidad en el precio de los contenedores “pero en un nivel más alto al que teníamos hace un par de años, y también comienza a aparecer más oferta”. En el caso de los fletes de buque completo, los precios se han incrementado hasta en un 50%.
En el negocio forestal la logística “es súper importante, y en eso la pandemia también jugó a favor del sector, porque en 2020 el puerto estaba menos congestionado. En años anteriores teníamos serios problemas para atracar los barcos, desde la primavera había congestión con los cruceros. Esa competencia se redujo”.
Bonino consideró “muy bueno” que el puerto proyecte una profundidad de 14 metros y que se siga desarrollando, “porque es crítico en los costos”. Recordó que en 2019 la logística se favoreció porque otros países no querían exportar, pero ahora, con todos los países exportando, quedarán los más eficientes”.
Mencionó un estudio de la Unión de Exportadores, que muestra que Uruguay tiene costos de servicios portuarios fuera del rango normal y está muy lejos de todos sus competidores, algo que “afecta a todos los sectores”.
Recordó que la cadena forestal debe gran parte de su valor a la logística, “y si existen problemas y altos costos, se afecta directamente a la competitividad del sector”.
Entre los principales destinos para la colocación de pino aparece China, que se lleva el 60%, e India con el 40%. Para el eucaliptus la diversificación de mercados es interesante: China, Vietnam, Camboya, Malasia, India, Corea del Sur y otros países de Asia.
El covid y su impacto en 2020
Bonino dijo que el Covid-19 en el sector forestal tuvo distintas etapas. “En los primeros meses de pandemia mercados como China, Vietnam y otros países de Asia estaban parados. Teníamos un problema antes que el resto de los sectores, y en ese momento no teníamos claro su alcance ni la dimensión”, señaló.
Luego, la pandemia se fue globalizando, pero en los mercados donde comenzó el coronavirus la situación se fue normalizando, y eso fue favorable para algunos productos del sector forestal. “Sobre fines de marzo y principios de abril, los mercados comenzaron a demandar, y la exportación se reactivó”, repasó.
Agregó que la demanda por eucalipto para madera aserrable tuvo un proceso gradual. “Se empezó a recuperar de a poco, y terminó el año con un volumen superior al de 2019, aunque con menor precio”, indicó.
Las exportaciones de troza de pinos también se vieron influenciadas por la pandemia. “Comenzamos el año prácticamente sin ventas, porque los precios estaban muy bajos en abril. Nueva Zelanda ingresó en un cierre muy estricto y, siendo la principal fuente de suministro de China, nos abrió las puertas y subieron los precios. A partir de allí se comenzó a exportar con buen dinamismo”, valoró.
Explicó que no todos los productos forestales tuvieron el mismo comportamiento. “Las exportaciones de chips se pararon y no retomaron; y el precio de la celulosa estuvo muy influenciado por la pandemia, aunque sobre fin de año empezó a recuperarse”, dijo.
Por último, señaló que en los mercados de madera aserrable hubo varios meses de incertidumbre, porque los países demandantes no estaban consumiendo. “Recién desde julio o agosto se retomaron las ventas, y como Uruguay estaba abierto para exportar, se pudo vender a diversos mercados”, destacó.
La agricultura arranca el año con un hándicap importante; la lechería seguirá estable, basada en la gestión; y se espera una caída de la ganadería por el descenso de los precios.
Probablemente el resultado del actual ejercicio agrícola “sea muy superior al que esperábamos”, admitió el coordinador general de Fucrea, Martín Aguirrezabala. Al ser consultado por VERDE, admitió que “hay una gran incertidumbre” para la segunda parte del ejercicio 2020/21. Destacó que los productores hicieron esfuerzos importantes para contratar seguros de rendimiento, al tiempo que valoró que los precios de los granos están muy tonificados, y planteó que “tendría que pasar una catástrofe climática para borrar lo que pasó en la muy buena zafra de invierno”.
Recordó que en la zafra 2019/20 de los grupos Crea agrícolas, se constató una tendencia muy fuerte en los mejores resultados, que se obtuvieron con doble cultivo.
Destacó que “muchos productores asimilaron esa estrategia, en la que se insistió mucho en los grupos Crea, en los talleres de gestión y jornadas de cultivos” y, en consecuencia, se hizo mucho cultivo de invierno. Señaló que esa estrategia fue muy exitosa este año, porque los cultivos de invierno rindieron bastante más que el promedio, y hubo buenos precios.
Panorama general
En términos generales, Aguirrezabala estimó que en el ejercicio 2020/21 “la ganadería va a perder pie con respecto a cómo venía, cuando estaba creciendo y mejorando. Con mucho esfuerzo se podría llegar a empatar. La lechería seguiría creciendo lentamente, en base a esa devoción por el gerenciamiento, por hacer bien los números, hacer las cosas lo mejor posible y gastar muy bien”.
El sector agrícola-ganadero se basa en una muy buena cosecha de invierno, remarcó el coordinador general de Fucrea, y “cerraremos un ejercicio que difícilmente sea peor que el anterior”, consideró.
Estrategia de largo plazo
Mirando el largo plazo, Aguirrezabala –quien fue subsecretario y ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca entre los años 2000 y 2005– dijo que Uruguay debe profundizar su estrategia de producir alimentos de calidad, además de mejorar su productividad.
“Me refiero a profundizar todo lo que tiene que ver con la inocuidad, con cadenas que certifiquen cosas interesantes, como el atributo de los productos. Es muy importante que Uruguay pueda certificar los procesos de calidad ambiental, de sustentabilidad”, señaló.
A propósito, dijo que ve por delante “un camino muy importante. Sustentabilidad ambiental es cuidar el suelo, cuidar el agua, la biodiversidad y la atmósfera en cuanto a la emisión de gases de efecto invernadero. En los tres primeros puntos (suelo, agua y biodiversidad) Uruguay está muy bien, aunque tiene muchas cosas para hacer y aprovechar esa ventaja. Pero tiene que hacer más en la calidad de la emisión de gases de efecto invernadero y en la captura de carbono”.
En cuanto a la productividad, destacó el planteo del Instituto Nacional de Carnes (INAC), de ir a 1 millón de toneladas de carne exportada. “Duplicar la capacidad de exportación de carne es una muy buena estrategia, eso requiere de un fuerte impulso de las negociaciones internacionales, para bajar los aranceles, pero también de la productividad, para usar mejor las tecnologías existentes, cerrar mejor la brecha entre los mejores productores y el promedio en materia de destete de terneros, recría y demás. Hay mucho para hacer en ese sentido, y también en la integración entre la agricultura y la ganadería, y en la incorporación de una mayor proporción de corrales. Uruguay ha hecho muchas cosas, y esas cosas permiten seguir construyendo”, enfatizó.
Pero también llamó a “construir puentes para llegar a la competitividad”. En ese sentido, destacó que “el gobierno está haciendo esfuerzos muy importantes para bajar los costos del Estado, pero mientras tanto los que más sufren son los sectores exportadores”.
Propuso que, mientras tanto, hay que “mejorar el costo del financiamiento, las condiciones de competencia”, además de aprovechar las mejoras de precios. “Son instrumentos importantes para que en el mientras tanto las cadenas sigan produciendo e incrementando su productividad”, afirmó.
Advertencia
Aguirrezabala también se refirió a las iniciativas de limitar la producción forestal. A propósito, dijo que “hay que tener cuidado con algunas formas de pensamiento”.
“Estas cosas son negativas. Creo que la forestación le hizo un bien bárbaro al Uruguay, a la ganadería misma, porque significa un sostén muy importante del precio de la tierra, y eso genera un impulso muy importante de la productividad. Cuando uno tiene un precio de la tierra más alto se favorecen y facilitan las inversiones sobre la tierra, lo que incrementa fuertemente su productividad y, por lo tanto, genera un círculo virtuoso”, argumentó.
Además, sostuvo que las estrategias de manejo del campo natural y el incremento de las áreas forestales generan la posibilidad de certificar la captura de carbono. “Hay muchas sinergias, y prohibir o limitar la forestación sin una consideración técnica razonable, no es la solución”, concluyó.
Las precipitaciones fueron “bastante dispares”, y “al comparar diciembre de 2020 con la serie histórica de lluvias, es posible ver que los registros fueron menores al promedio, salvo en la zona noroeste del territorio”. Así lo señaló la investigadora adjunta de la Unidad de Agroclima del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Guadalupe Tiscornia, el miércoles 6 en el programa Punto de Equilibrio por Carve y por revistaverde.uy.
Dijo que luego de las lluvias ocurridas en el último mes del año, en la región noroeste el porcentaje de disponibilidad de agua en los suelos está en el entorno de 60% y casi de 70% en algunos lugares, pero en el resto del país los valores son inferiores al 60% y en el sureste es menor al 40% y hasta 20%.
Al comparar los registros acumulados anuales se advierte un déficit en todo el país, que van de valores de 400 milímetros en ciertos puntos, y no hay puntos en los que la lluvia registrada haya llegado ni siquiera al promedio histórico, explicó.
Indicó además que las perspectivas climáticas para el primer trimestre de 2021 muestran una mayor probabilidad de que las lluvias sean inferiores al promedio histórico para ese período.
Eso se nota principalmente en la zona noroeste, no tanto en el sur, acotó. El fenómeno conocido como La Niña, que implica un registro menor de precipitaciones, entraría a debilitarse en ciertas zonas del territorio.
El camino más corto para enfrentar los altos costos “es incrementar la productividad, y eso demanda los últimos avances tecnológicos”, destacó el agrónomo Roberto Robino
Roberto Robino se autodefine como un “ingeniero agrónomo en retirada”, que dedicó prácticamente toda su vida a la producción agrícola, principalmente al cultivo de cebada, luego a la soja y a otros granos. Durante 15 años participó del proyecto empresarial de la firma Greising y Elizarzú (GyE), lo que significó “un proceso muy fermental” y “un trabajo muy lindo”, según dijo a VERDE.
Actualmente continúa como asesor de esa empresa, aunque ya “a cuenta gotas, para atender algún tema puntual”, según comentó. En los últimos dos años esa la empresa realizó una renovación de su personal, ya que “el 60% de los que estábamos nos jubilamos”, explicó.
El ingreso de Carlos Dalmás como gerente general de GyE, y de Vittorio Riani como gerente comercial, representan a “la sangre nueva” que hoy conduce la empresa, indicó.
GyE es un emprendimiento familiar originario de Tarariras, departamento de Colonia, una empresa que ha estado vinculada a la producción de semillas desde su fundación, en 1974. Hace 10 años lanzó Sojas Cardinal y, posteriormente, Cardinal se transformó en la marca de semillas de GyE.
Robino recordó los años de trabajo en Maltería Oriental. En 2005 dejó la empresa pero continuó ligado al cultivo de cebada cervecera y a los desafíos que presentó el negocio agrícola en aquel momento. Durante 14 años también fue asesor en logística de Garmet.
Los cambios
Desde 2002, luego de una severa crisis que había comenzado sobre fines de los años 90, la producción agrícola local fue introduciendo el sistema de siembra directa; además de la llegada de empresarios argentinos, con una manera diferente de manejar el negocio. Esos factores “motivaron cambios importantes”, comentó.
En el año 2000 Malteria Oriental “cambió el seguro mutual por otra cobertura que incluía granizo, helada, viento y exceso hídrico. Fue brindada por el Banco de Seguros del Estado (BSE), con un costo muy bueno para el productor. Eso fue clave para mantener el gallinero en pie durante dos años, que fueron terribles para cultivos de invierno, que eran el sostén de la agricultura uruguaya”.
Agregó que “el gallinero estaba armado pero sin gallinas, luego le pusimos los primeros pollitos adentro, y se retomó la actividad”.
Opinó que mejoraron los distintos materiales genéticos, y con el arribo del inversor argentino y la tecnología aplicada “se perdió el miedo a la agricultura”.
Al rememorar la manera en que los productores adaptaron su sistema productivo y dar un impulso a la agricultura, Robino consideró que eso “se logró de la mano del capital, del esfuerzo, de los créditos, de los arrendamientos de tierras, del entendimiento entre el propietario del campo y el productor”.
Tras la zafra 2014/15, cuando el sector agrícola entró en una fase de caída de los precios de los granos y altos costos de producción, “el productor aprendió a no hacer agricultura en zonas donde no debía, ya que las condiciones de los suelos no eran aptas”, reconoció.
Recordó que se plantó en regiones alejadas del corazón agrícola, ubicado en el litoral oeste, porque la soja valía US$ 500 por tonelada, y luego quedó maquinaria sin utilizar, advirtió.
Luego del repliegue agrícola, “quedó maquinaria para sembrar pasturas en zonas donde se fue achicando la agricultura. Pero en las zonas agrícolas no quedaron campos disponibles y a la vez los campos ganaderos que se habían sembrado se valorizaron, porque se podía producir sobre la base de generación de forraje en esos lugares”, analizó.
También dijo que “aprendimos a administrarnos, a manejar mejor los campos, a rotar los cultivos y a cuidar los suelos. Aparecieron los planes de uso y manejo de los suelos. Pero también aprendieron los proveedores de insumos a financiar y a cobrar”.
Sostuvo que en ese momento los proveedores “fueron clave” para el sistema, pero “el productor respondió, en mayor o menor dificultad, en más o en menos tiempo. Habrá quedado algún clavito”, admitió Robino en alusión a deudas impagas por algunas empresas o productores, “pero ninguna empresa cerró por eso”, acotó.
“Al sector hoy lo veo bien, con gente muy capacitada, contratistas con mucha tecnología y el productor está apostando a la productividad. Hay que aprender de los tamberos, para incrementar la productividad, que no sé cómo hacen pero, cuando se les complican las cosas producen más leche”, valoró.
El hoy y el mañana
Con una mirada hacia al futuro pero sin dejar de dar su visión sobre el presente del negocio de los granos, Robino cree que “el sistema agrícola uruguayo está estable en las áreas y en los operadores del sector”.
Da la sensación de que “menos de 1 millón de hectáreas de soja y 220.000 hectáreas de trigo no sembramos”, estimó.
Pero, a la vez, “el maíz superó largamente las 100.000 hectáreas, cuando estuvo varios años en torno de las 80.000 hectáreas. Por el incremento de la capacidad de Maltería Oriental, crecerá el área de cebada. Y el crecimiento en la extensión destinada a la siembra de colza y carinata, para ubicarse este año en unas 110.000 hectáreas, es otro de los destaques en ese sentido.
“Ya no se da eso de juntarse un grupo de amigos y ponerse a plantar”, dijo en relación a los actores del negocio respecto a lo que ocurrió durante el auge de la soja. Eso ocurrió desde 2009 hasta 2014, cuando el área sembrada de soja pasó de 853.000 hectáreas a 1,3 millones de hectáreas, según datos de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA).
Guiándose más que nada por el factor climático, Robino señaló que “el panorama presenta desafíos, por el nivel de precipitaciones y el productor está esperando el agua para continuar con la siembra de soja de primera”.
Sostuvo que este año “se estará emparejando la siembra de soja de primera y la de segunda”. Al mismo tiempo, se refirió al beneficio de las temperaturas bajas, que “alargaron los cultivos de invierno e hizo aumentar los kilos a cosechar, así como la calidad en el sur”.
Otro aspecto destacado por el empresario es la posibilidad de la producción agrícola de mantener su actividad sin parar, a diferencia de lo que ocurrió con otros sectores de la economía, que debieron suspender sus operaciones debido al impacto del Covid-19.
La diversificación de cultivos que ha logrado la agricultura lleva a explorar diferentes caminos. Sobre las alternativas comerciales para la cebada forrajera, Robino consideró que “hay interés de los exportadores, de los ganaderos y de los tamberos, lo que debería llevar a los productores a tener en cuenta esta posibilidad”. Y calculó que este año se sembraron “entre 15.000 y 20.000 hectáreas de cebada forrajera”.
Sobre los planes de negocios de G y E en este contexto, Robino comentó que además de las diferentes variedades de semillas de soja, avena y cebada con la marca Cardinal, que ya están en el mercado, la empresa explora la comercialización de semillas de trigo, maíz y canola.
La tecnología y la información
“Veo al productor apostando a incorporar mucha tecnología, ya que quedó en el pasado eso de poner dos bolsas de cebada y dos de fertilizantes por cuadra”, dijo Robino entusiasmado por el rol del nuevo productor y las herramientas tecnológicas a disposición.
En cuanto a la investigación local vinculada a la agricultura, el agrónomo reconoció que avanza, y destacó que en el sector privado “hay técnicos jóvenes que vuelan, que generan mucha información en las chacras, con el productor, y eso es maravilloso”.
Por otra parte, en tono crítico, planteó que “a veces el productor no se arrima a ver las jornadas en las que se presentan nuevas tecnologías o ajustes de manejo, entonces es necesario provocarlo para que participe”.
Remarcó que a nivel privado “se genera mucha información y, de alguna manera hay que transferirla, pero el productor también tiene que ir a buscarla”. Y consideró que “ya no se está en tiempos de llevarle (la información y la tecnología) a la casa del productor”.
En esa línea de razonamiento, Robino dijo que sin dejar de reconocer la importancia de encontrar soluciones para bajar los costos de los insumos, de los combustibles, entre otros factores, “el camino más corto es incrementar la productividad”, y eso se logra “incorporando tecnología y conocimiento”.
Consultado sobre la política pública implementada por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca para el sector agrícola, Robino prefirió no hacer una evaluación, considerando la dificultad que implica administrar en tiempos de pandemia.
“En un negocio a cielo abierto, con un clima como el nuestro, donde una lluvia hace la diferencia y la variabilidad de suelos es muy importante, incluso en 100 hectáreas, la estabilidad pende de un hilo”, advirtió.
A propósito, dijo que “tener un seguro que haga que el productor tome riesgos y no se funda, para mantener el gallinero armado, es fundamental. El seguro está en momentos que el productor precisa que le cuide las espaldas, pero no es un servicio barato”, reconoció.
No obstante, señaló que las firmas aseguradoras están trabajando en ese aspecto. “Si logramos meterle más cabeza entre todos al tema de los seguros agrícolas, vamos a ayudar mucho”, afirmó.
Robino también se refirió a la importancia del mejoramiento genético y a la incorporación de eventos genéticamente modificados para el mercado agrícola local.
“Hay un gran aporte de la genética en las diferentes especies y hay competencia entre los diferentes proveedores, ya sean nacionales o extranjeros. Eso ha motivado una mejora de los rendimientos, por más que la brecha tecnológica señala que se deben seguir ajustando cosas para tener más rinde”, comentó.
Entre otros temas, el agrónomo recalcó la reputación que tiene la producción local en relación al respeto de las regalías de los derechos de propiedad de las empresas semilleristas. “El productor agrícola no compra lo más barato, pelea el precio pero de un producto específico”, señaló, porque reconoce que esa semilla le representará una mejora en su productividad.
Con la entrada en el primer mes del año y tras varios meses de registros inferiores de lluvias en gran parte del campo uruguayo, los productores ganaderos advierten el impacto negativo de esa situación en el estado de sus rodeos.
En ese sentido el entore de los vacunos este año se complicará, afirmó el productor agrícola ganadero de Rocha, Rafael Graña, el jueves 7 en el programa Punto de Equilibrio por Carve y por revistaverde.uy.
Comentó que la zona más complicada en ese departamento está hacia Rocha, San Carlos y Castillos en adelante, donde “la seca es grande y hasta ahora no llovió nada”, a diferencia de otros puntos de la región Este.
El estado de los vacunos “es bueno en general, pero en ciertos casos puntuales hay problemas por la falta de pasto” para alimentar al ganado, dijo.
Enfatizó que “se viene arrastrando un déficit hídrico desde octubre del año pasado, especialmente en esta zona y en otras” del país.
“Pese a aplicar herramientas de manejo, como el destete precoz y otras, será difícil obtener un porcentaje de preñez que pueda mover la aguja”. Contó que entre las medidas adoptadas en los predios este año decidió “achicar el período de entore”.