Se trata del NS 7621 Viptera 3 y del NS 7921 Viptera 3 CL, destacados por sus altos rendimientos, muy buena sanidad y agronomía, con recomendaciones de la marca
Nidera lanzó en Uruguay dos nuevos materiales, uno recomendado para siembras tempranas y otro para ambas fechas de siembra, con alta tecnología y destacados rendimientos, además de buena sanidad y agronomía, según destacó a VERDE el líder en Extensión para la zona sur de Argentina, Ricardo Ollua.
En primer lugar se refirió al NS 7921 Viptera 3 Clearfield (CL), “que ya se mostró el año pasado pero había poco volumen, por eso hicimos un relanzamiento este año. En Argentina siempre lo presentamos como el único material ganador, rendidor y que además tiene tecnologías asociadas”, destacó.
Aseguró que “es único en el mercado. Tiene la tecnología CL, por un lado, que es la tolerancia a imidazolinonas, que le permite al productor hacer aplicaciones de Onduty Plus o Interfield. Esto le da la posibilidad de estar protegido para una amplia gama de malezas de hoja ancha y gramíneas, que también son difíciles de controlar en un cultivo de maíz”.
Y por otro lado, dijo que “en el mismo chasis tenés la mejor biotecnología de protección contra insectos, de la familia de los lepidópteros, que son las orugas, que es el Viptera 3. Así que estás protegido desde la siembra y durante el avance del cultivo. Es una biotecnología muy interesante, sobre todo cuando se hacen planteos de siembra tardía, cuando uno tiene que dejar que pase el invierno para que seque el cultivo, esperando la primavera. En esas situaciones se necesita una espiga que esté bien protegida de los insectos. Por eso Viptera 3 es muy buscada para esos planteos de siembra tardía”.
Agregó que es un material 108, “un día más corto que el 7818, el más sembrado en Uruguay, que también es Viptera 3. El fenotipo es unos 20 centímetros más alto”, con la posibilidad de usarlo como doble propósito.
Señaló que otra diferencia es que el 7818 focaliza toda la producción en una sola espiga por planta, en cambio el 7921 se puede ajustar en la generación de rendimiento, de acuerdo al ambiente. Genera una espiga principal y a su vez busca generar otras espigas cuando el ambiente y la densidad lo permiten, en una espiga secundaria, por prolificidad en el tallo principal o en espigas, a través de macollos, cuando la densidad es muy baja o se buscan planteos de ultrabaja densidad.
Además, remarcó que es de alto peso de 1.000 granos. “Comparado con el 7818, está en 20 o 30 gramos arriba. También está la diferencia en el perfil sanitario, que es muy equilibrado, muy bueno, tiene algún punto más de tizón o roya que el 7818 pero siempre en niveles muy bajos”, describió.
Agronómicamente dijo que “es impecable”, y agregó que “es nuestro material más destacado en quebrado, que es importante también para un planteo tardío”.
Y en rendimiento “el 7921 es 2% o 3% superior en siembras tardías y tempranas. Es ganador en rendimiento, con la mejor biotecnología para problemáticas de malezas e insectos”, sintetizó.
Pero remarcó que su posicionamiento “es para siembras tardías, por todas sus ventajas. El rendimiento frente al 7818 es superior, sobre todo en siembras tardías o de segunda. Porque en tempranas tenemos mejores híbridos. Son portafolios ganadores, pero en siembra temprana hay mejores materiales”.
Para siembras tempranas
Además, Nidera presentó el NS 7621 Viptera 3, “el más ganador que tenemos para siembras tempranas; es notable. El eje que teníamos para siembras tempranas era el AX 7761, que viene en la versión VT Triple Pro, que además se destaca por tener una estabilidad tremenda; lo llevas a un ambiente de bajo potencial y sigue respondiendo en rendimiento. El NS 7621 es su remplazo, porque es superior al 7761 en prácticamente 350 kilos, que es muchísimo. Y comparado con muchos competidores del mercado, está en 550 kilos o 600 kilos arriba”, aseguró Ollua.
Destacó que “es ganador en todos los ambientes, en todas las condiciones, contra una amplia gama de genotipos que fuimos probando, e incluso contra el 7761 que es uno de los más ganadores que tenemos en el portafolio de siembras tempranas”.
Señaló que en un programa de mejoramiento se busca siempre mejorar el rendimiento, mejorar ganancias genéticas, y “este chasis ganador también vimos que tiene bondades como un buen perfil sanitario y buena agronomía”.
A propósito, dijo que “tiene buena nota en vuelco, en quebrado tiene una nota más intermedia, por eso lo posicionamos más en siembras tempranas que en tardías. En términos de quebrado el 7921 es el mejor de todos, sin dudas”.
Agregó que el perfil sanitario “es bastante equilibrado, bueno, con alguna nota más en tizón y roya, pero siempre con niveles bajos. Tener un producto perfecto es muy difícil, pero insisto que los niveles son bajos, inferiores a la media”.
Cuando a este material lo llevamos a siembras tardías cambia; allí se destaca el 7921. “Por eso elegimos al 7921 para siembras tardías y el 7621 para tempranas”, resumió.
Por último, Ollua informó que tanto el 7921 como el 7621, “permiten usar una bala de plata, que es el glufosinato de amonio, otro principio activo para el control de malezas. No es un glifosato sino un quemante del estilo del Heat. Es otra molécula, que tiene muy poquita sistemia en planta, pero es un quemante que se puede usar arriba del cultivo, en estadíos vegetativos tempranos, v4 o v6, y podés hacerlo pensando en un control de malezas muy chicas o en un doble golpe, cuando tenés un escape de Amaranthus, por ejemplo”, señaló.
Programa de mejoramiento
Nidera cuenta con una amplia red de desarrollo de materiales, con cerca de 200 puntos de ensayos, desde el noroeste y noreste argentino (NOA y NEA) hasta el suroeste y sureste de la provincia de Buenos Aires.
“Analizamos datos de todo tipo, tanto rendimiento como agronomía y perfil sanitario. A su vez, en esa misma red hacemos los ajustes de las curvas de densidad, que es el valor más importante que podemos generar, aparte de un chasis ganador y del rendimiento”, destacó el líder en Extensión en la zona sur de Argentina.
Detalló que se busca dar la información de la performance de un material específico, en un ambiente determinado, ante ciertas condiciones climáticas, por ejemplo. Estiman un rendimiento futuro, recomendando “la mejor densidad”, pero no desde el punto de vista biológico sino económico. “Esto se construye a través de la relación de precios, entre el grano cosechado, puesto en el campo,y el costo de la bolsa de semillas. Dentro de esa curva de densidad buscamos maximizar el beneficio por hectárea, para lograr mayores márgenes”, explicó Ollua.
La red de Nidera también abarca entre 15 y 20 localidades por año en Uruguay. “Lo bueno es explorar distintos ambientes, porque muchas veces el productor quiere saber cuánto rindió un material en su zona. Si bien ese es un dato valioso, hay que contextualizarlo con muchos otros aspectos. Por eso, cuando a un dato le agregas otros 200, te da la robustez de poder decir que un material anda bien en siembras tempranas, en siembras tardías, en ciertas condiciones y densidades”, explicó.
A su vez, Nidera cuenta con un sistema de manejo variable. “Conociendo los datos de densidad, podemos empezar a manejar de forma variable los ambientes en un lote. Después de cuatro o cinco años de trabajar las curvas de densidad y de tenerlas bien ajustadas, desembarcamos en el sistema de manejo variable, que es un servicio más. Pensamos en genética y a su vez en el servicio asociado a esa genética”, subrayó.
También comentó que la empresa agregó ensayos de nutrición. “Hace tres años que estamos probando la performance de los materiales en distintas densidades y en siete niveles de nutrición, desde 0 kilo de nitrógeno (N) hasta 300 kilos de N elemento por hectárea, con el objetivo de conocer la eficiencia del uso del N y la relación entre N consumido y kilos producidos por híbrido», concluyó.
Una de novedad es el IS 799 VT3 Pro, que “aporta 10% más rinde” que su antecesor; y el otro es IS 782 VIP3, con amplia adaptabilidad de zonas, ambientes y fechas de siembra
Apostando a las diferentes tecnologías, Illinois presenta en su híbrido de mayor potencial de rendimiento la tecnología VT3 Pro: IS 799 VT3 Pro, posicionado para buscar los mayores potenciales en siembras tempranas y tardías, con excelente perfil sanitario y agronómico.
“Este material aporta 10% más rinde que su antecesor, el IS 797. Por lo cual, el IS 799 VT3 Pro es un híbrido que viene con muy buenos resultados en la región y en el país. Hoy está con tecnología VT3 Pro, pero en el corto plazo también estará disponible en su versión Trecepta”, dijo a VERDE el gerente de Illinois, Agustín Pontacuarto.
Asimismo, se suma al portafolio un nuevo producto, “de excelente potencial de rendimiento, estabilidad, muy buen comportamiento sanitario y tecnología Viptera3: IS 782 VIP3, que brinda amplia adaptabilidad de zonas, ambientes y fechas de siembra. Estos lanzamientos nos permitirán seguir afianzando los vínculos con los productores”, resaltó.
Completan el portafolio: IS 550 VT3P-RR2 “el hiper precoz que con solo 104 días de madurez relativa nos da la máxima versatilidad de manejo, pudiendo hacer dos cosechas en una misma campaña, realizar un maíz primicia, utilizarlo en fechas de siembras extremas, de segunda detrás de cebada o hacer una cosecha anticipada pensando en recargar el perfil para una pastura”, señaló.
Pontacuarto explicó que “nuestro objetivo es tener productos que se destaquen en rendimiento, estabilidad, y buen perfil agronómico, sumado a una amplia opción de tecnologías, para que los productores que incorporan niveles de tecnología altos y medios elijan híbridos de Illinois. Esta campaña vamos a tener dos productos que nos brindan la máxima protección contra las principales plagas del cultivo en siembras tardías”.
“Con un amplio y renovado portafolio, Illinois aporta genética de elite acompañada de la información de manejo agronómico en relación con el ambiente productivo, en busca de maximizar el resultado final: el rendimiento”, concluyó sobre la oferta de productos.
Desde hace seis años Illinois es una marca del Grupo Don Mario (GDM) y desde su incorporación se nutre del programa de mejoramiento de maíz de GDM, que cuenta con una base en Argentina y otra en Brasil. “La base de trabajo es la misma que en soja y trigo, somos mejoradores de genética, y el foco está puesto en híbridos de alta productividad, con la biotecnología de vanguardia, pero manteniendo la independencia. Adoptamos lo que demanda el productor y por eso tenemos acuerdos con diferentes proveedores de biotecnología”, comentó Pontacuarto.
En tanto, Illinois “refuerza su compromiso con el productor y presenta nuevos híbridos, adaptados a los diferentes planteos productivos”, señaló Matías Venece, coordinador de Desarrollo de Illinois.
Agregó que “una vez seleccionados nuestros híbridos, son testeados en fechas de siembras tempranas y tardías, con distintos niveles de densidad, que van desde las 3,5 plantas (pl) por metro cuadrado (m2) hasta las 11 pl/m2”. Esto se realiza “en todos los ambientes productivos, ensayos de fungicidas y ensayos ambientados, que además de las densidades suman distintos niveles de nitrógeno (N0 – N150 – N270), con el objetivo de ser cada vez más precisos a la hora de recomendar nuestros materiales”, explicó.
Según Venece, “conocer el ambiente donde estamos parados (tipo de suelo, presencia de napa, fertilidad, presencia de tosca), entre otras, y poder predecir como vendrá la campaña (Niño, neutro o Niña) nos va a permitir ser más precisos en la recomendación del híbrido ideal para ese ambiente determinado”.
Con foco en investigación y desarrollo, inversiones y alianzas estratégicas, Illinois trabaja para cumplir con los cinco parámetros fundamentales de selección: rendimiento, tecnologías, estabilidad y adaptabilidad, perfil sanitario y características agronómicas.
El investigador Andrés Berger plantea que existe un aumento importante en el potencial de rendimiento de variedades del cultivo disponibles en Uruguay
El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) planteó cinco recomendaciones para aumentar el rendimiento del trigo en Uruguay, a través de un trabajo publicado por el investigador Andrés Berger. El planteo se realizó considerando que existe un aumento importante en el potencial de rendimiento de variedades de trigo existentes en el país. Para poder capitalizar este potencial y lograr altos rendimientos, el ingeniero agrónomo señala que es necesario que el manejo del cultivo disponga de los recursos necesarios. Y agrega que, tanto desde el punto de vista ambiental como económico, conviene avanzar hacia altos rendimientos por unidad de superficie (eficiencia productiva).
La primera recomendación tiene que ver con la fecha de siembra, de forma temprana, señalando el momento óptimo entre el 15 y el 30 de mayo para ciclos intermedios.
El documento de INIA sostiene que los mayores rendimientos se obtienen con siembra en la segunda quincena de mayo para cultivares de ciclo intermedio y van gradualmente decreciendo con el retraso de la fecha de siembra.
La segunda recomendación está vinculada con lograr poblaciones promedio de 240 a 280 plantas viables en un metro cuadrado, lo que equivale a entre 40 y 55 plantas en el metro lineal de siembra.
Se explica que varios de los cultivares de alto potencial tienen un peso de semilla muy alto (40-45 mg), que requieren aumentar los kilos por hectárea (kg/ha) sembrados para lograr la misma población.
La tercera recomendación consiste en asegurar una fertilización adecuada desde la siembra. Corregir fósforo (P) y potasio (K), pero asegurar buena disponibilidad de nitrógeno (N). Los niveles mínimos deberían ser N-N03 a la siembra 18 ppm. En la enorme mayoría de los casos, en situaciones de campos agrícolas y rastrojo de soja, se requiere aplicar 40-45 kg/ha de N (por ejemplo 100 kg de urea) a la siembra, detalla la publicación.
Además de corregir y chequear niveles de P y K, frecuentemente deficientes y para los que la respuesta es alta, y asegurarse corregir N, se suele aplicar fertilizante en la línea para corregir P, con formulaciones que no aportan suficiente N (ejemplo: 18-46-0, 7-40-0 o 12-52-0).
Tanto en relevamientos de chacras, como a nivel experimental se observa muy frecuentemente que en chacras con rastrojo de soja y sin historia reciente de pasturas (Grupo A en Fig1) el nivel de nitratos en el suelo es inferior a 10 ppm, por lo que se recomienda aplicar 45 kg/ha de N a la siembra, y este debe ser aplicado al voleo o separado de la línea de siembra para evitar mermas en la implantación causadas por el efecto salino o toxicidad de NH3 a las plántulas.
Lo recomendable es hacer una aplicación independiente de la fertilización de siembra (normalmente fertilizantes sólidos), ya sea con una fuente líquida (UAN) o sólida (por ejemplo Urea), que complemente el N agregado en la línea (si es que se aplica en la línea), totalizando 45 kg/ha de N.
Retrasar la aplicación de N más de 15 días postsiembra, o no hacerla, implica que el cultivo se inicie con deficiencia, tenga crecimiento inicial lento y comprometa de forma permanente el rendimiento (lo perdido no se puede revertir). Es frecuente observar saltearse la corrección a la siembra y aplicar en Z21 (un macollo), lo que generalmente produce pérdidas irreversibles como se mencionó anteriormente.
El uso de análisis de suelo para recomendar necesidades de azufre (S) es errático. INIA puntualiza que generalmente es recomendable que el cultivo reciba al menos 20-30 kg/ha de S, lo cual puede aplicarse todo a la siembra. Por ejemplo: con super fosfato de calcio (0-21-0+12S) u otra fuente; parte a la siembra y parte con fuentes N+S (por ejemplo urea azufrada) o todo con fuentes N+S.
En micronutrientes (Zn), se recomienda utilizar los niveles críticos en suelo (0.5-1 ppm DTPA-Zn) y tener en cuenta que la alta respuesta no es generalizada, como lo es con N P y K, limitándose generalmente a suelos con características particulares (suelos de textura liviana, muy bajos niveles de materia orgánica, pH alto y demás).
Es recomendable para la fertilización con P y K considerar el sistema productivo en su conjunto, teniendo en cuenta que hay varias oportunidades en el año para realizar la fertilización utilizando los niveles críticos en suelo y extracción de cada cultivo como referencia.
La recomendación número cuatro consiste en planificar la aplicación de N en macollaje. Por lo general en chacras sin historia de pasturas y rastrojo de soja es necesario aplicar N en macollaje, Z22 (dos macollos) adicional al aplicado a la siembra.
El análisis de nitratos en suelo es un buen indicador de las cantidades necesarias (ver Fig. 2). Al igual que en el momento de la siembra, retrasar o permitir que el cultivo tenga deficiencias de N compromete el rendimiento en forma irreversible.
No es recomendable aplicar más de 45 kg/ha de N, ya que esto excedería la capacidad de uso del cultivo entre Z22 y Z30, promoviendo un uso menos eficiente del N y dejando niveles residuales que, si bien serían aprovechados en parte luego de Z30, no alcanzarán para cubrir la demanda una vez que se inicie la encañazón, ya que esta aumenta muy rápido.
En quinto lugar se recomienda presupuestar las necesidades de N del cultivo. Hasta Z30 las necesidades de N del cultivo están definidas por el contenido inicial de N en el suelo y cuánta materia orgánica se puede mineralizar.
En la mayoría de los casos hay poca variación en cuanto a los requerimientos, como se ha mencionado, y se deben recomendar las dosis máximas (por ejemplo 45 kg/ha de N a la siembra + 40 kg/ha de N a Z22).
En Z30, en cambio, comienza a tener mayor relevancia el rendimiento esperado del cultivo y la demanda proyectada de N. Esto incluye el estado del cultivo, la ocurrencia de otras limitantes al rendimiento, que no se logró controlar, aspectos económicos del cultivo y la expectativa de rendimiento del productor.
Es importante, desde la siembra, prever la necesidad probable de N, considerando estos aspectos y el total de N agregado al cultivo.
A modo de guía, en la Fig 3 se presenta el rendimiento en función de la absorción total de N. Se debe considerar que la eficiencia de absorción de N podría ser de 0.8-0.9 de lo disponible (suma de aplicaciones a siembra y refertilización, más 5-10 kg/ha de N que había en el suelo a la siembra). En general, la necesidad total de fertilización está en el rango de 150 a 200 kg/ha de N agregado para rendimientos de 6.000 kg/ha.
La previsión de necesidades de N se irá ajustando, y concretando en dosis a aplicar, una vez que el cultivo alcance Z30 y hasta no más de Z40 (embuche) como último momento recomendable para hacer aplicaciones de N.
La fertilización nitrogenada paga
En el gráfico de análisis de costos INIA estimó la variación del producto bruto y costos para diferentes escenarios de precios en una curva de respuesta típica a la aplicación de N.
Se puede observar que a la dosis económicamente óptima de N (DEON) el rendimiento esperado es muy superior al rendimiento de equilibrio, incluso si ocurrieran escenarios de precios de N y trigo menos favorables, con una importante diferencia en el Producto Bruto, otorgando un amplio margen ante la eventualidad de no alcanzarlo.
También se observa el cambio en el rendimiento de equilibrio ante incrementos en la aplicación de N con tasa menor a la del rendimiento esperado hasta alcanzar el rinde óptimo, revirtiéndose luego. Esto permite estimar la pérdida resultante de aplicar una dosis de N superior o inferior a la óptima (DEON).
El dirigente analizó la actualidad y perspectivas del rubro, desde el punto de vista productivo, comercial, financiero, industrial y logístico, entre otros vinculados al sector
La crisis de los últimos años “fue la más difícil que enfrentó el sector” arrocero, aseguró el presidente de la Asociación Cultivadores de Arroz (ACA), Alfredo Lago, durante esta entrevista con VERDE. El dirigente repasó la situación que atravesó ese sector productivo durante seis años, que le generó un importante endeudamiento, que se revirtió con las últimas dos zafras, que fueron récord. En la reciente campaña se sembraron 163.800 hectáreas y se cosecharon 1,5 millones toneladas de arroz cáscara.
Al analizar el momento que atraviesa el sector desde el punto de vista financiero, destacó que en dos años se saldará la deuda del Fondo Arrocero, pero planteó que posiblemente esta sea la última vez que se utilice esa herramienta, porque genera “muchísimas inequidades y castiga el esfuerzo”. [um_loggedin]
Sobre la actualidad del negocio arrocero, dijo que “si bien tenemos márgenes positivos, son bastante ajustados”, que la productividad de los últimos años “fue excelente” y que incluso los “sorprendió”. Sin embargo, los márgenes del rubro dista del que ofrecen otros, como la soja, que atrae a muchos arroceros.
Destacó que en la actualidad el productor arrocero “es mucho más eficiente que hace cinco años”, pero llamó a tener cautela, por la inestabilidad que vive el mundo. En ese sentido, destacó que “hoy el productor arrocero tiene más capacidad de diversificar”.
¿Cómo quedó el sector arrocero después de la larga crisis de los últimos años?
Tuvimos que sortear una serie de años muy perjudiciales para la ecuación económica del productor, que trajo como primera consecuencia la reducción de la superficie de siembra y, por tanto, los volúmenes totales producidos fueron muy menores a la capacidad instalada que tiene el país. Hubo consecuencias negativas en la interna del sector, productores que se quedaron en el camino, que fueron ajustándose en una especie de retracción en su tamaño empresarial. Y después las consecuencias en las empresas molineras. Muchas tuvieron que cerrar algunas unidades, tuvieron que reestructurarse y eso también trajo efectos en todas las economías regionales de los lugares donde estamos presentes. Hubo menos servicios contratados, menos mano de obra. Fue la crisis más difícil que enfrentó el sector, porque fue la que más se alargó en el tiempo. Fueron entre cinco y seis años, dependiendo de la situación de cada productor, con una ecuación económica negativa o de resultado cero. Eso también generó un alto endeudamiento a los que se mantuvieron en la actividad, asumiendo esas pérdidas, y algunos endeudamientos directos con las industrias, que son la fuente del 60% del financiamiento de los productores. Los bancos también cooperan, el Banco República (BROU) básicamente, pero también los bancos privados. En ese proceso hubo que armar el cuarto Fondo Arrocero, que todavía seguimos pagando.
¿En la zafra 2019/20 se empieza a revertir el panorama?
Sí. En esa zafra el área de arroz fue la más baja de los últimos 20 años, se sembraron 135.000 hectáreas. El arroz fue de los primeros commodities agrícolas en reaccionar a la emergencia sanitaria en el mundo. El precio provisorio estaba en torno a los US$ 10 por bolsa, luego, con el avance de la pandemia y el impacto que generó en los precios del arroz, los valores se fueron consolidando en el segundo semestre. En la conformación del precio definitivo se dio el mayor incremento en comparación al provisorio, subió más de US$ 1 por bolsa, algo que nunca había pasado. El sector entiende esto, el productor mejora su ingreso y también mejora la estructuración de costos. Además fue cuando más subió el dólar. Entonces, de cara a la siguiente campaña, la siembra se daría en una situación muchísimo más favorable, y así fue que en la zafra 2021 hubo un incremento de unas 10.000 hectáreas. Esto sirvió para revertir la tendencia y empezamos a recuperar parte de nuestro tamaño. Incluso no se hizo más área por la disponibilidad de agua de las represas. En el primer semestre de 2021 se consolidó la fortaleza de los precios del arroz y empezamos a ver que los otros rubros marcaban más diferencias. Se despegaron los precios de la soja, del trigo, de la carne. En el segundo semestre de 2021 el arroz empezó a sufrir el costo logístico. Más del 60% del producto se exportaba en contenedores, pero los contenedores empezaron a faltar. Todo eso erosionó parte de las pretensiones de precio que teníamos para la zafra 2020/21.
¿Se pudo solucionar parte del endeudamiento?
Sí. En parte había quedado en el Fondo Arrocero. Después teníamos acreedores en la industria, en los bancos, y eso se fue solucionando. Recordemos que una de las medidas que tuvo más impacto cuando tomó posesión el nuevo directorio BROU fue reestructurar el endeudamiento. Se hizo una refinanciación, con tasas de interés muy adecuadas, porque este fue un período de bajas tasas de interés en el mundo y pudimos captar eso. Así extendimos los plazos de la deuda con el BROU. Todo eso le dio solución a esas deudas bancarias y con los molinos. También hubo algún banco privado que generó mecanismos para el productor. Esto es muy básico: cuando el acreedor ve que su deudor tiene posibilidades de pago, le genera las condiciones para que pueda pagar.
¿El endeudamiento ya no es un problema?
No. El Fondo Arrocero fue por US$ 50 millones. Tenemos la capacidad de amortizar US$ 10 o US$ 12 millones por año, porque es lo que se genera en las exportaciones. Por tanto, entendemos que en dos años y poco estaríamos terminando de pagarlo; y sería el último. Esta directiva de ACA está convencida de que es una herramienta que brindó oportunidades en un momento, pero ya no. Creemos que condiciona mucho, porque es una estructura fija y no importa qué ha pagado cada productor, porque es solidaria y genera muchísimas inequidades.
¿El sector ha invertido en tecnología?
Sí. En 2021 se generó una fuerte actualización de esa tecnología. Cuando hablamos de tecnología en el arroz no es solo la maquinaria. Tenemos una sistematización que está relacionada con esa forma de cultivar, bajo riego, en rotación. En los años anteriores se estaba tratando de generar solo un mantenimiento básico, y el año pasado se vio reinversión en los sistemas de riego, acondicionamiento de infraestructura, con la caminería, canales, drenaje. Esa fuerte inversión también fue parte del sostén de este año, de un verano muy seco. Si bien hubo problemas, no fueron de la magnitud que podrían haber sido si no se hubieran adecuado los sistemas de riego. Pero también vimos una inversión importante en la renovación del parque de maquinaria y una mayor incorporación de otras tecnologías. Pero la opinión de la directiva de ACA es que hay que tener mucha cautela, porque no tenemos un rubro con niveles de precios tan altos como otros; si bien tenemos márgenes positivos, son bastante ajustados.
¿En qué niveles se ubicó el margen promedio en las últimas tres zafras?
En la zafra 2019/20 se llegó a US$ 320 por hectárea; en la zafra 2020/21 fue US$ 487; y en la 2021/22 estaría en US$ 234. Hubo una caída de casi 50% en el margen. En esta última zafra no se llegó a un acuerdo por el precio provisorio y se tuvo que aplicar la cláusula que marca el contrato. Eso ha generado molestia en los productores. Si bien no se pudieron mantener los precios del primer semestre de 2021, se esperaba una señal por parte de la industria, porque este año el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) informó que el consumo estará superando a la producción. La industria tomó demasiadas coberturas y entendemos que no estuvo a la altura de lo que ha sido la historia del precio convenio. Esto provocará una caída en el área de siembra.
¿Y cuánto se perdió en la crisis de esos cinco o seis años?
En esos seis años veníamos con un promedio negativo de US$ 200 por hectárea. Por lo tanto, se generó un endeudamiento de US$ 1.200 o US$ 1.300 por hectárea. En ese momento teníamos el 70% del valor de una zafra. Cuando iniciamos nuestra siembra, en la primavera de 2019, debíamos prácticamente toda esa zafra, considerando el endeudamiento acumulado.
¿Cómo está el productor hoy?
Tuvimos dos años de excelencia en productividad, cuando marcamos guarismos que si bien eran alcanzables, nos han sorprendido. Fueron 9.400 kilos el año pasado y algo más de 9.200 kilos este año. Hoy el productor arrocero, porteras adentro, tiene mejores eficiencias de las que tenía hace cinco años. Pero esto tiene que trasladarse a márgenes, a la ecuación económica, porque el productor necesita generar rentabilidad. No es un proceso de un solo año. El productor arrocero, quizás más que otros, siempre tiene como búsqueda de justificar su actividad mirar a un plazo más largo. Pero al mirar el escenario hacia adelante se generan muchas dudas, por eso es que la cautela debe estar más que nunca a la orden del día. Entendemos que el productor va a pensar con más profundidad qué tipo de actividad realizar. Seguramente su base siga siendo la producción arrocera; pero el productor ha podido incursionar en otras actividades; aunque todavía queda el arrocero neto, arrendatario.
¿Es la mayoría?
Sí, sigue siendo la mayoría. Pero también estamos tratando de trabajar con distintos proyectos, con distintas formas de llegar al productor, para darle herramientas y que tenga otras opciones. Tenemos la interacción histórica con la ganadería, pero reconocemos que es muy difícil que ese productor arrendatario pueda ser parte del negocio ganadero, menos aún en este momento, cuando el ganado vale. Pero vemos que otros granos pueden incorporarse al sistema. La posibilidad que ofrece la soja de poder posicionar el negocio a futuro, saber a cuánto puedo vender la cosecha, es interesante; eso no existe en el arroz. Entendemos que hoy el productor tiene un poco más de capacidad para diversificar. Hay varios que están incursionando en el sorgo, por ejemplo, que se adapta muy bien a los suelos bajos. Creemos que el sorgo puede tener una gran oportunidad en China. Por más que somos ACA, una gremial arrocera, deseamos que la defensa del productor también venga a través de otras opciones. Y creo que el productor hoy está más preparado que hace algunos años atrás. En muchos casos ya tiene la capacidad, porque ha ido probando, o sino está la posibilidad de analizar, de consultar, de asesorarse con técnicos que están trabajando y que conocen la forma de plantar soja en los campos arroceros. Además, con un porcentaje muy bajo de su parque de maquinaria, puede hacer un área de otro cultivo de verano, porque tenemos una capacidad instalada muy alta en maquinaria. El arroz debe estar en cuatro o cinco veces más HP por hectárea de lo que tiene un cultivo de verano de secano. Allí también se generan ciertas posibilidades con el dueño del campo, porque en esa búsqueda de mantener integrada a la ganadería con la fase agrícola, ir incorporando cultivos de secano también ayuda a la producción de pasturas. Hoy es la soja la que corre con ventaja, porque tiene un mercado de futuro, tiene la posibilidad de colocación y hay puja de los acopiadores para adquirirla.
¿Hay coincidencia de toda la cadena arrocera en esa visión de incorporar más rubros?
Sí. Los productores lo tenemos muy claro, como objetivo de generar mejores posibilidades. Si bien en la crisis anterior bajó mucho la superficie, tras seis años de pérdidas, igual seguimos plantando arroz. Primó siempre el razonamiento de que no tengo otra posibilidad, no tengo otra cosa por hacer. Hoy queremos transmitir que el productor no está más atado a eso, no es que no tenga otra opción además del arroz. Creemos que tiene otras opciones, que lo posicionan mejor en cuanto a las capacidades decisivas. La industria también entiende estas cosas, porque esto le da la posibilidad de mantener la mayor cantidad de área y de volumen de arroz.
¿Cuál es la mayor fortaleza del sector arrocero?
Creo que la mayor fortaleza es, sin duda, la resiliencia del productor arrocero, que siempre está buscando alternativas y generando acciones para poder enfrentar las situaciones complejas. Tiene mucho conocimiento de su actividad, lo que provoca excelentes niveles de productividad, con bajo impacto ambiental, buscando un uso racional de los recursos. Si bien hoy existe malestar por no haber logrado un acuerdo por el precio provisorio de la zafra 2021/22, en niveles satisfactorios para el productor, la integración entre productores y la industria a través del sistema de precio convenio ha permitido que en momentos de crisis se mantenga la actividad y un volumen, pequeño pero volumen al fin. Esa integración brindó la posibilidad de responder cuando las señales del mercado son buenas. La institucionalidad del sector es otro elemento destacado.
¿Y en el promedio cómo quedan frente a los productores independientes, que están fuera del precio convenio?
En el promedio de una serie larga de años estamos muy parecidos. Uno ve que el sistema independiente ha sido muy variable, hay productores que logran desarrollarse en un momento, pero después vienen dificultades, porque los mercados son bastante inestables, muy rotativos. A veces tenemos Medio Oriente, a veces tenemos México, otras veces Europa, y si un productor independiente, con menor volumen, desarrolla un mercado y ese mercado por distintas razones deja de estar, queda mucho más expuesto. Desde el punto de vista de ACA, y en lo personal, deseamos que cuantas más opciones se generen mejor, porque eso también fortalece al sistema convenio, y le da más opciones al que quiera salir para tener otra vía de comercialización que le sea más rentable. Porque, en definitiva, si a ese porcentaje que está por fuera le va bien, empuja y también exige al sistema convenio. La fortaleza del sistema convenio es su estabilidad, pero también genera ineficiencias en el proceso de la industria, porque es un esquema que el productor le reconoce los costos e inclusive le cede una utilidad que está pactada por contrato. La industria está cubierta, entonces el desafío siempre es mejorar la eficiencia del proceso industrial.
¿Hoy es eficiente el proceso industrial para los productores?
Parece una respuesta hecha: siempre hay cosas para mejorar. Pero si uno analiza el proceso industrial en Uruguay frente a otros países del mundo, o incluso lo compara con el costo que tiene un productor sojero para el traslado de su cultivo hasta el acopio y luego al puerto, vemos que no está tan mal. Más si consideramos que se trata de un proceso industrial, que le agrega valor a nuestro producto. También es cierto que viene creciendo la exportación arroz cáscara, que cada vez se hace más fuerte. Eso marca que existen procesos industriales más eficientes y baratos para el arroz. México y países de Centroamérica, incluso aparecen jugadores que no estaban en el radar, vienen a comprar arroz con cáscara. Todo esto cuestiona a la industria tradicional y a la estrategia de agregar valor en Uruguay. Las industrias vinculadas al precio convenio también exportan arroz cáscara, pero las empresas que exportan por fuera del sistema tienen estructuras más livianas y, por ende, ofrecen un mejor precio.
¿Qué debería mejorar la industria?
Las cosas que están relacionadas con la eficiencia; también tiene un gran impacto la logística. Ahí hay cosas para hacer, algunas propias de la industria. A veces cuesta adaptarse al cambio de contenedores por bodega de buque, esas cosas generan ciertas complicaciones. Pero también es cierto que gran parte de ese tema logístico es un problema estructural del Uruguay, que exceden las definiciones de la propia industria. Gran parte de la producción arrocera del país está más cerca del puerto de Río Grande (Brasil) y no tenemos salida de arroz por allí.
¿Se puede generar un cambio importante con la hidrovía de la laguna Merín?
Sí, pero se debe estructurar todo. No es solo generar el drenaje para la instalación de la hidrovía, sino que el puerto de Río Grande también tiene que estar preparado para recibir a esas barcazas. En definitiva, esto es por costos, tiene que ser más atractivo que venir con un camión al puerto de Montevideo.
¿Los bitrenes y tritrenes que empieza a usar el sector forestal también serían importantes para el arroz?
La sensación es que estamos relegados en esas decisiones. Las hemos planteado hace poco al ministro (José Luis) Falero. También le planteamos cuáles son las rutas que entendemos necesarias. Estas son básicamente las que todavía tienen un flujo de contenedores a destinos importantes, como el parbolizado de Arrosur, de Treinta y Tres, que sale hacia Europa. Esta carga viene en un contenedor con 25 toneladas de arroz, en camión. Solicitamos que vengan bitrenes con dos contenedores de 25 toneladas. Eso cambia radicalmente el costo logístico. Esto fue algo que ya se lo planteamos al gobierno anterior. Más allá de los beneficios fiscales que tiene la planta que se está instalando (UPM 2), que no entro a discutir, hay un montón de otras resoluciones que se le van dando a la cadena forestal, que no se le da a las otras cadenas; ahí perdemos competitividad.
¿Cree que se está generando más competitividad para el sector forestal?
Sin dudas. La oportunidad de plantear todas las cosas las tuvieron los forestales, porque vienen armando unidades industriales grandes, y eso les generó la posibilidad de negociar con el gobierno de turno, condiciones que no tuvimos cuando una industria arrocera se instaló en 1930 o 1940. El sector arrocero nunca llegó diciendo que va a hacer una mega planta de molinado de arroz, pidiendo beneficios y una zona franca. Seguramente que si hubiera pasado eso, cualquier sector hubiera logrado estos beneficios. Pero planteamos corregir esas inequidades que se generaron. Seguramente es imposible hacerle una zona franca para cada uno de los 30 molinos arroceros que hay en Uruguay, pero entendemos que sería bueno generar posibilidades en esas otras cosas que no le cuestan nada al país. Más allá de que haya que analizar las rutas y los puentes, creemos que no habría muchos problemas en ese sentido. El bitren o el tritren no tiene más carga por eje, al contrario, el impacto en el puente es menor. Históricamente el arroz salió por tren, tanto es así que todas las plantas arroceras están al lado de la vía. Hoy no se mueve ni 1 kilo de arroz por la vía. El arroz fue el principal cliente de AFE y hoy vemos, con una desazón tremenda, que hasta un paso nivel de la vía está alambrado, porque la gente tiene hasta animales en las vías, que están totalmente abandonadas. Uno pide que también se habilite eso, porque tiene un impacto en la logística, y no vemos definiciones en ese sentido. Falta el famoso tramo entre Salto y Tacuarembó. Podríamos llevar arroz de Tomás Gomensoro a Salto, y de ahí bajarlo por tren. Hay un montón de cosas que están a medio hacer y no se toman decisiones. Ese es el debe que tiene el Uruguay. Sigue faltando conectividad transversal en el país. Lo mismo si uno mira la caminería rural. Estamos con la misma caminería de hace 100 años. ¿Cuándo vamos a pensar como país en generar otro nivel de rutas o de caminos en esos lugares más profundos? Obviamente que el país tiene una capacidad limitada, no hay duda, y no queremos que el déficit fiscal sea cada vez mayor, pero no se puede salir a decir que no se precisa.
¿Cómo está viendo al gobierno?
Al gobierno lo veo con una capacidad de escuchar mucho mayor a lo que hemos tenido en gobiernos anteriores. Está actuando sobre decisiones sectoriales puntuales, con capacidad de atender. Hemos tenido buenas instancias con Ancap, con UTE y con el BROU. En acciones puntuales, particulares, lo veo muy bien. Pero falta una visión macro de país. Creemos que la liberación de la importación de combustibles tiene que mantenerse como uno de los objetivos, y cambiar toda la estructura de la cadena de combustibles. Tenemos la distribución primaria y terciaria que sigue siendo igual. Se ha hablado muchísimo, el tiempo pasa y en poco viene la época electoral y no se va a poder hacer. Entendemos que se tendrían que generar reformas estructurales. El tema de la tasa de cambio, el dólar nos está pegando y vemos al gobierno o al Banco Central muy pasivos. Hay medidas que tienen como objetivo parar la inflación, pero que han afectado al dólar y no se toma ninguna medida para generar competitividad. Es cierto que la mayoría de los rubros de exportación está con valores fuertes. En ese sentido estamos con la misma política económica macro de toda la vida. Creo que las cosas grandes, que entendemos que debían de profundizarse o acelerarse, están totalmente iguales.
¿O sea que imagina un gobierno que culminará sin grandes cambios?
Este es un año bisagra para poder hacer eso. Estoy convencido de la necesidad de esos cambios, no sé si quienes conforman la coalición, y que en definitiva generan los votos para poder lograr eso, están con esa misma visión. El tema de la seguridad social es un cambio. Todo el mundo sabe que si no hay una reforma de la seguridad social vamos a tener problemas en el futuro. Otro aspecto a destacar, que la ACA acompaña, es es el proceso que apunta a generar nuevos acuerdos comerciales. Pero cuesta generar acciones, porque hay una cuantificación político-electoral que termina primando. Se da la discusión, básicamente en Un solo Uruguay, que para poder generar cambios hay que ser parte del sistema político; yo estoy convencido de que no es así. Pero no es fácil incidir o cambiar el rumbo de la política. Me parece que no se están generando cosas que impacten en el mediano y largo plazo. No desconocemos cómo estaban las cuentas fiscales y como veníamos con el PBI el 1° de marzo de 2020; ni podemos dejar de computar todo el tema sanitario que vivió el mundo en este periodo. Esto le sacó dos años de acción al gobierno, que priorizó la salud y creemos que lo hizo muy bien. Pero pensamos que se nos gastó un poco la nafta con todo eso.
¿Cuánto va a invertir el sector en la próxima siembra?
Estimamos un costo directo de chacra de US$ 2.200. Si asumimos un área similar a la del año pasado, serían unos US$ 360 millones de inversión directa. Pero veremos cuánto se termina sembrando, porque habrá un ajuste a la baja en la superficie de siembra. Y después hay una inversión, que no es anual, en infraestructura en maquinaria, en instalaciones de riego, que seguramente esté en US$ 500 millones.
Tarjeta personal
Alfredo Lago tiene 56 años, es productor agropecuario desde 1987 y se considera “arrocero por excelencia”. Inició en la actividad gremial en la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA) en 1994. Estuvo durante tres períodos en la comisión directiva, 1994 a 2006, 2012 a 2014 y desde 2016, asumiendo la presidencia en 2017. En 2021 fue presidente del Fondo Latinoamericano de Arroz de Riego, y actualmente es el vicepresidente. [/um_loggedin]
En la jornada anual de Dufour Commodities se puso foco en los desafíos que genera esa problemática que afecta a la producción, y en las perspectivas del mercado de granos
La evolución en el manejo de malezas y las perspectivas del mercado de granos, fueron los temas destacados en la jornada anual de Dufour Commodities. Allí, el ingeniero agrónomo Pablo Kalnay, gerente regional de Investigación y Desarrollo (I&D) de Rainbow y especialista en malezas, señaló que en los últimos 70 años “todos los integrantes vinculados con la producción agrícola hemos aprendido mucho, pero ahora tenemos que terminar de entender que las malezas evolucionan”.
Sostuvo que “no podemos hacer siempre el mismo tipo de control y tener buen resultado. Eso es algo del pasado, que se dio durante poco tiempo con la tecnología RR. Ahora debemos entender que si no cambiamos los sistemas y no los adaptamos más rápido de lo que las malezas pueden evolucionar, vamos a tener malos resultados a mediano plazo. No importa lo que estemos haciendo”.
En esa línea, el objetivo es aplicar otros métodos de control, con varios tipos de herbicidas, y así transformarlo en manejo. “Todos sabemos que la problemática de las malezas resistentes seguirá creciendo. La entrada de nuevas moléculas ahora es mucho más lenta, pero por suerte tenemos moléculas que se habían dejado de usar, porque en su momento se consideraron superadas. Sin embargo, no están superadas, las podemos combinar y usar bien, de forma inteligente. Tenemos que alternar las combinaciones de moléculas, no utilizar siempre las mismas; hay que cambiar el chip”, indicó el gerente de I&D de Rainbow.
Kalnay señaló que se le está prestando mucha atención a la yerba carnicera, al yuyo colorado, especialmente si es Amaranthus palmeri, y al Lolium sp. resistente.
Pero señaló que “al mismo tiempo tenemos que mirar hacia el costado. Tenemos que tener visión periférica, porque si hacemos algo para controlarlas estamos ejerciendo una fuerza sobre el proceso evolutivo, y hay otras malezas o biotipos de estas, que van a evolucionar en las grietas que estamos dejando”.
En este momento Rainbow está apuntando a la planificación y al monitoreo con énfasis en los herbicidas preemergentes. “El preemergente me da una segunda oportunidad, puedo usar el posemergente y controlar lo que se escapó. Si es Amaranthus palmeri la tenemos que controlar cuando es chiquita, de esa forma estamos controlando la vida del sistema que estamos utilizando. Y al mismo tiempo tengo que pensar que para el año siguiente hay que cambiar la combinación de herbicidas que estoy utilizando”, explicó.
Además, en esta estrategia es importante la rotación de cultivos, que abre la posibilidad a la utilización de otros herbicidas. En este sentido, dijo que el productor ha tomado conciencia de la situación, porque es parte de la realidad diaria, y eso implica a su vez rediseñar la estrategia. “El tema es que veníamos de una época que no se va a repetir, cuando nos habíamos olvidado de cosas como la fitotoxicidad, por ejemplo. Ahora hay que acostumbrarse a otro manejo”, acotó Kalnay.
Por otra parte, José de Miquelerena, integrante del área de Desarrollo de Rainbow, dijo a VERDE que la idea de la empresa es brindar soluciones de acuerdo al contexto, la rotación o el trabajo que se desarrolla en cada chacra. “Hay que entregar una solución que no tiene que ser un agroquímico en particular. El objetivo es analizar cada caso”, indicó.
En esa línea, “las soluciones pueden ser utilizadas en determinado momento y para determinado lugar. Aún teniendo la misma maleza en otra chacra, se puede recomendar otra estrategia de control, en función de las características del planteo productivo”, dijo.
Para la zafra de verano, Rainbow cuenta con una paleta fuerte de preemergentes. El foco está puesto en Sunzone Plus (Sulfentrazone más Metribuzin), en Sunzone (Sulfentrazone), Sungain Xtra (Flumioxazin) y en S-Maspor (S metolaclor).
De Miquelerena informó que también se está incorporando un preemergente para maíz. Se trata de Rainsima Plus (Simazina más Mesotrione). Dentro de las opciones disponibles para el mercado uruguayo, “nos estaba faltando la última bala de la secuencia. Ahora sumamos un posemergente que cumple el rol de rescatista”.
En esa línea, De Miquelerena indicó que “este año lanzamos Fomeflag Plus (benazolin-etil y fomesafen), que es nuestra última bala para el cultivo de soja. Es un producto que está posicionado para controlar el yuyo colorado, y creemos que es la mejor opción. El producto tiene su efecto dentro de la maleza y, de hecho, se ve un control diferente al que había hasta ahora”.
ERIZE: HAY UN ESCENARIO OPTIMISTA
Enrique Erize, presidente de la consultora Novitas, comentó a VERDE que es optimista para 2023 en materia de precios, aunque existe una serie de factores bajistas. “Por ahora hay que bancarse la realidad, en la foto de hoy se suman factores bajistas. Pero los fundamentos del mercado son alcistas, y eso tarde o temprano, a medida que avancemos en el calendario, se va a notar”, afirmó.
El consultor argentino también señaló que la producción de soja debe pasar el mercado climático en Estados Unidos, y luego la presión de cosecha.
A la vez, en Sudamérica “Brasil sigue yendo para delante, pero dependerá del clima. Si el clima viene bien, eso indudablemente le pondrá paños fríos a los precios”, planteó durante su análisis.
De todos modos, Erize indicó que el ciclo 2022/23 terminará con stocks bajos en Estados Unidos y Sudamérica. “Hay que imaginarse el escenario para marzo-abril. En ese momento creo que vamos a tener un mercado nervioso, y eso tarde o temprano se reflejará en los precios”, opinó.
SOBRE DUFOUR COMMODITIES
Davy Dufour, director de Dufour Commodities, destacó a VERDE la gran presencia de público que tuvo la jornada organizada por la empresa. En ese marco, dijo que “ha sido un buen año para el sector agrícola, lo que se evidencia en el ánimo de los productores y en el nivel de inversiones que realizan”.
El ADN de Dufour Commodities es la compra de granos, la venta de insumos, la financiación, entre otros rubros, pero también gana participación en el área ganadera. “Venimos creciendo en otras unidades de negocios, como la financiación de maquinaria, a pagar con granos en una o más cosechas”, acotó.
También destacó que el área técnica “es muy importante, porque está directamente ligada al aspecto comercial y a la financiación”; y además resaltó el sistema de registro de datos de cultivos, de gestión y productivos con los que cuenta la empresa. Otra unidad de negocios con mucho dinamismo en Dufour Commodities es la de arrendamientos y ventas de campos.
“Intentamos brindar un servicio integral, donde el productor pueda operar con confianza, y así lograr la fidelidad. Venimos creciendo y tenemos un gran equipo, con mucha gente joven”, destacó Dufour.
La empresa adquirió una chacra de 5 hectáreas cerca de Dolores, donde estará el área de insumos, las nuevas oficinas y se proyecta una planta de acopio. Dufour Commodities también cuenta con una sucursal en Palo Solo, y “este año también recibimos soja en el este del país”, informó el empresario.
El objetivo de la compañía es atender las necesidades de repuestos en una región donde se desarrollan múltiples rubros productivos, donde la marca tiene muchos clientes
Interagrovial abrió las puertas de su John Deere Express en San José. Se trata de un proyecto muy anhelado por la compañía, que demuestra el compromiso de la empresa de estar presente “en aquellos lugares donde están los clientes. San José es una zona que tiene una actividad agropecuaria muy diversificada, con agricultura de secano, lechería, ganadería, horticultura, entre otros rubros”, destacó a VERDE Juan Olascoaga, gerente general de la División Agro de Interagrovial.
A su vez, Olascoaga resaltó que la nueva sucursal en San José se trata de un John Deere Express, que contará con una oferta muy variada de repuestos, para brindar respuesta a los diferentes equipos que operan en el área de influencia. También tiene la potencialidad de incorporar taller, para brindar servicios.
El ejecutivo recordó, además, que la empresa tiene presencia en todos los puntos relevantes para el sector agropecuario a lo largo y ancho del territorio uruguayo, y cuenta con 16 puntos de venta.
Informó que John Deere e Interagrovial “están muy centradas en la tecnología, agricultura de precisión y todo lo relacionado con la sostenibilidad y sustentabilidad del negocio”. El propósito “es brindar servicios y soluciones para que todos los ciclos productivos generen rentabilidad y sustentabilidad a los clientes. Más allá de los esfuerzos para tener cercanía física, estamos transitando un proceso de transformación digital, renovando nuestros procesos y apostando a la logística”.
Olascoaga dijo que John Deere, además de ser una compañía que fabrica y comercializa maquinaria, se viene transformando en una empresa de tecnología. “Hoy las grandes máquinas permiten estar conectadas en tiempo real con un centro de operaciones de John Deere, que a su vez, es abierto a otras plataformas y brinda gestión de chacras, respaldo en temas de mantenimiento y soporte digital, con datos en tiempo real, que se transforman en información para tomar mejores decisiones”.
Adelantó que se avanza de forma importante en las obras del Centro Logístico de Interagrovial en Montevideo, que tendrá “un altísimo nivel para Uruguay”, y que se sigue “acompañando la dinámica de un sector muy desafiante, sobre todo desde el área tecnológica”.
EL AÑO
Ignacio Mattos, gerente de Ventas de Interagrovial, resaltó a VERDE el gran dinamismo existente, donde todos los sectores “están traccionando” la demanda de equipos y tecnologías. Más allá de los precios, “que son favorables, vemos que hay beneficios para la inversión y existen condiciones de financiación”. Esos factores “le permiten al productor amortizar las inversiones a largo plazo, con tasas destacables”.
Por lo tanto, “vemos que el año es muy bueno, no solo por los precios, sino porque hay una coyuntura adecuada, que nos favorece y que obviamente genera un gran dinamismo en el sector”.
A su vez, resaltó la demanda creciente en aquellos sectores que estaban más rezagados desde el punto de vista tecnológico, como la lechería o el arroz. “Hay una demanda creciente por tecnología y John Deere lidera en esa área. La escalada de costos que ha tenido el agro hace que sea inminente la necesidad de invertir en tecnología, ser más eficientes y reducir esa ecuación insumo-producto que afecta tanto el día a día. En ese proceso John Deere tiene propuestas tecnológicas que aportan soluciones para reducir el consumo de combustible o la utilización de fitosanitarios o fertilizantes”, ejemplificó.
LAS INVERSIONES
En estos últimos tiempos la inversión que se está dando en el sector agropecuario, y particularmente en la agricultura, apunta a la eficiencia, la sustentabilidad de la empresa y el ambiente. En esa línea, Álvaro Venturini, gerente de la Unidad de Negocios Agrícolas de Interagrovial, consideró que ya sea por los cambios generacionales o reconversiones de los propios productores, actualmente “existe una profesionalización muy fuerte e importante en el sector agropecuario, que implica la búsqueda de asesoramiento para crear proyectos de inversión que sean eficientes, que persigan la rentabilidad y la sustentabilidad ambiental”.
Explicó a VERDE que los planes de inversión contemplan el cuidado de los planes de uso y manejo de suelos y también la normativa sobre la aplicación de fitosanitarios, “características fuertes que tiene el Uruguay para diferenciarse”. Para acompañar esas demandas, “Interagrovial y John Deere aportan equipos, tecnologías y datos agronómicos, entre otros”.
Venturini dijo que Uruguay “puede aprovechar la intensificación productiva, teniendo en cuenta los aprendizajes que han tenido otros mercados que se intensificaron sin tener en cuenta a los temas ambientales. El productor uruguayo viaja, observa, analiza y está abierto a la incorporación de las tecnologías y propuestas para mejorar las operaciones dentro de la empresa y también para enfrentar los desafíos ambientales”.
CLASE MUNDIAL
En tanto, Fabiana Franco, gerente de Desarrollo de Concesionarios de John Deere para los países del Cono Sur y el Caribe, señaló a VERDE que la red de concesionarios de la compañía debe entregar a los clientes la mejor experiencia con las soluciones que cuenta en la actualidad, y “no solo pensado en maquinaria sino en todo lo que implica la marca John Deere”.
La red “tiene que estar lista, disponible, con toda la capacitación posible, para entregar la mejor experiencia. Siempre estamos mirando al cliente y sus necesidades”, enfatizó.
Dijo que el rol del equipo de Desarrollo de Concesionarios “es pensar en la estrategia que debemos implementar con cada uno de los distribuidores en cada país, para alcanzar la expectativa del cliente”.
Franco indicó que “todo eso se va monitoreando y evaluando con diferentes programas globales. Uno de ellos es el denominado concesionario Clase Mundial, que considera varios elementos donde se incluyen: experiencia del cliente, marketshare y resultados financieros, entre otros”.
En esa línea, informó que Interagrovial en 2021 fue uno de los concesionarios Clase Mundial de la región. Además, Franco señaló que Interagrovial tiene mucha relevancia para la compañía, al igual que Uruguay. “Para nosotros Uruguay representa una figura importantísima en términos de segmentación. Aquí tenemos los más distintos segmentos de clientes y rubros productivos. Cuando pensamos en atención al cliente, Uruguay tiene todo, hay productores chicos, medianos y grandes, que operan en agricultura, lechería, ganadería, granja, viñedos, entre otros rubros”, puntualizó la ejecutiva de John Deere.
Bayer y Agroterra presentaron la campaña Dekalb 2022-23 con el foco en siembras tardías y de segunda; además realizaron el prelanzamiento de la tecnología Trecepta
Un gran diferencial de Dekalb en Uruguay y la región es “la generación de información”, destacó a VERDE el ingeniero agrónomo Mateo Peluffo, de Bayer Uruguay. Agregó que de esa forma “posicionamos los híbridos para cada ambiente, algo muy importante”. Y recalcó el concepto “híbrido por ambiente, con una recomendación de densidad, de fertilización, para cada situación”.
El sistema Dekalb es el paraguas que engloba el manejo general del cultivo, cuyos “dos grandes pilares son el rendimiento y la estabilidad; esa es nuestra bandera”, remarcó.
“La estabilidad es muy importante, sobre todo en Uruguay, donde tenemos mucha variabilidad ambiental, básicamente por tipo de suelos y clima, que impacta en los rindes. Tener un germoplasma estable es clave”, acotó.
Sobre la construcción de esa estabilidad, Peluffo indicó que apunta a expresar el potencial que ya tiene la genética Dekalb, para lo cual las recomendaciones agronómicas híbrido-especificas, con su manejo en cuanto a fechas de siembras, malezas, densidad, fertilización, entre otras, son un elemento fundamental para ese objetivo. “Gran parte del éxito está en el manejo agronómico”, enfatizó.
Agregó que la plataforma de germoplasma de Dekalb “es muy potente, con un portafolio de materiales que a nivel regional es muy amplio”. Al tener “más información sobre los ambientes que hoy tiene el maíz en Uruguay, se pueden integrar: manejo, posicionamiento y tecnologías, entre otros puntos”.
Uruguay es un país con una superficie agrícola pequeña, si se compara con la región, pero a la vez también posee una variabilidad de ambientes muy grande. “Eso implica un desafío importante, pero tenemos un gran soporte genético, tecnológico, humano y técnico para marcar las recomendaciones para cada híbrido”, sostuvo Peluffo.
Agregó que un eje estratégico de Bayer es la digitalización. En esa línea gana espacio la aplicación Cultivio, que “es un apoyo técnico para el posicionamiento de los materiales”; y adelantó que en el corto y mediano plazo se presentarán más plataformas tecnológicas.
En función del tipo de suelos, las perspectivas climáticas, el rendimiento histórico de ese lote, la aplicación Cultivio ofrece una serie de recomendaciones de híbridos, con densidad de siembra y fertilización. “Es algo muy práctico para el productor o el técnico”, resaltó Peluffo.
Señaló que el puntapié inicial de la campaña de maíz de Dekalb, Bayer y Agroterra se realizó en la chacra y con foco en los planteos tardíos y de segunda, “para mostrar los atributos de la marca en esas épocas de siembra”.
Este año el lanzamiento de la zafra de Dekalb se realizó a campo, “donde más nos gusta”, dijo el integrante de Bayer Uruguay, “luego de haber tenido que ir ajustando las actividades en función de la pandemia. Primero fue la virtualidad y luego un mix con la idea de los autocines”, recordó.
Agregó que el área de segunda viene ganando terreno y que Dekalb también lo viene haciendo, “ha crecido fuertemente la participación de la marca en ese segmento”, porque “consideramos que tenemos la mejor propuesta del mercado”, y por eso “queremos mostrarla”.
Recordó que, previo al lanzamiento, “hubo una instancia donde participó el equipo técnico comercial de Agroterra, el de Bayer Uruguay y el de Bayer Cono Sur”. Consideró que esa instancia les permitió “afirmar la sinergia, interactuar sobre los desafíos y las oportunidades que tiene el cultivo en el país. También para conocer las necesidades que van sumando los sistemas de producción de Uruguay y seguir ajustando la recomendación de manejo para híbrido; para después mostrar las novedades y el concepto del sistema Dekalb”.
Con ese marco, Peluffo resaltó que el año pasado “nos enfocamos con un gran título: derribando mitos, y eso de a poco está pasando. El cultivo tiene mucho para explorar en Uruguay y siguen teniendo mucho potencial de crecimiento. La genética moderna ha dado mucha plasticidad”. Al tiempo que “el productor ha incorporado mucho conocimiento”, afirmó.
Y más allá del cultivo “como negocio y la interacción con otros rubros (ganadería, lechería, avicultura). Hoy sembrar maíz agrega mucho desde la variabilidad agronómica para el control de malezas, cuidado de los suelos”, concluyó.
LOS MATERIALES
El ingeniero agrónomo Oscar Rodríguez, integrante del área de Investigación y Desarrollo (I+D) de Bayer Uruguay, dijo a VERDE que está en la etapa de prelanzamiento de Trecepta, una nueva biotecnología que aportará herramientas muy interesantes para el control de insectos. Y se destaca el control total de los insectos que comen la planta y la espiga del maíz.
Informó que en esta zafra, al ser un prelanzamiento, Trecepta estará en el material DK 73-30, pero de cara al futuro el porcentaje de participación de dicha biotecnología aumentará hacia el resto de los híbridos. El prelanzamiento se está desarrollando al mismo tiempo en Uruguay y Argentina.
Rodríguez remarcó el concepto “un híbrido para cada ambiente”, porque “en base al ambiente sumamos el conocimiento para explotar las prácticas agronómicas y así obtener un mejor resultado”.
Sobre el portafolio de Dekalb, indicó que para los ambientes de menor aptitud está: DK 69-10 y DK 72-10 VT3 Pro. A medida que “subimos la expectativa productiva, posicionamos a DK 72-27 y DK 73-30 VT3 Pro”. Y para los ambientes de mayor productividad están: DK 72-70 y DK 72-27 VT3 Pro.
Además, destacó que “es interesante remarcar el papel que juega la aplicación Cultivio, que permite marcar cuál es el mejor híbrido para determinado ambiente, en función del historial productivo y de las tendencias climáticas”. A partir de allí surge la recomendación de manejo, donde enumera elementos como densidad y fertilización. El ambiente es el que manda, para luego seleccionar el material y su manejo correspondiente, insistió el integrante del área de I+D de Bayer Uruguay.
También señaló que desde la compañía se dividen las recomendaciones en base al ambiente productivo, que pueden ser en secano y/o riego. Y destacó que en los ambientes de altísimo potencial aparece el riego, cada vez con mayor participación.
Sobre el trabajo de desarrollo en maíz del área de I+D, dijo que Bayer Uruguay toma los materiales en fase experimental o precomercial, analizados en Uruguay y Argentina, generalmente en la provincia de Entre Ríos o en el centro-norte de Córdoba y Santa Fe, donde los ambientes son similares a los de Uruguay.
Con el transcurso de los años “se define si esos materiales pasan a la etapa comercial, si son experimentales o si se traen a Uruguay como híbridos precomerciales.
“Después de esos ensayos –que también se realizan para soja– en unas 20 localidades por año, tratamos de distribuir situaciones: diferentes fechas de siembra, ambientes, para conocer cuál es el material que mejor se adapta a los niveles de productividad existentes en Uruguay. También se realizan ensayos con la tecnología del productor, y todos los materiales pasan por todos los niveles de variabilidad”, detalló.
En esos ensayos se coloca al material que tienen los mejores datos para cada situación productiva, y se testean con los que van llegando. “Para ser lanzado, un material debe ser superior al que está en el mercado, tanto en rinde como en estabilidad”, acotó.
En el caso del maíz, “el híbrido pasa unos tres o cuatro años en el área de breeding, y cuando pasa a la unidad de I+D transita otros dos o tres años. En promedio, un híbrido demanda unos seis o siete años para llegar al mercado”, concluyó Rodríguez.