El Instituto de Biotecnología Agrícola (INBIO), presentó el informe de superficie sembrada durante la zafra agrícola de invierno 2023, donde se resalta de nuevo un descenso considerable en el área destinada a trigo. Luego de tres años de sostenido descenso, en el año 2022 el cultivo tuvo un repunte, pero en 2023 mostró una nueva caída.
En la campaña de invierno, se sembraron 416.951 hectáreas de trigo, unas 34.479 hectáreas menos que el año anterior, cuando el área había alcanzado las 451.430 hectáreas. En el año 2023 el área destinada al trigo tuvo un leve repunte, luego de cuatro años sostenidos de disminución. De los últimos seis años, el 2018 fue el de mayor área destinada a este cultivo, alcanzando las 485.574 hectáreas.
Respecto al cultivo de canola, el informe del INBIO revela que en el año 2023 el área de siembra llegó a 91.993 hectáreas, unas 13.805 hectáreas más que en 2022, cuando el área llegó a 78.189 hectáreas. Este cultivo en 2023 logró un récord de siembra.
Por otra parte, el análisis del INBIO aborda el área destinada a cobertura verde, alcanzó 1.293.647 hectáreas, unas 234.391 hectáreas menos que el año anterior, cuando el área totalizó 1.528.038 hectáreas. En cuanto al área de cobertura seca, el informe indica que en el 2023 fue de 1.324.713 hectáreas.
La Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab) de Brasil estimó el volumen de la cosecha brasileña de granos para el ciclo 2023/24 en 306,4 millones de toneladas (Mt), de confirmarse habría una reducción de 13,5 Mt. Ante condiciones climáticas inestables, con lluvias escasas y mal distribuidas combinadas con altas temperaturas en la región central del país, además de fuertes lluvias en la región sur, la Conab marca que aún hay muchas incertidumbres sobre la presente campaña.
La estimación para la producción de soja llegó a 155 Mt, en línea con lo que publican consultoras privadas. En 2022/23, el país cosechó 154,6 Mt.
En el caso del maíz , la Conab recortó la estimación de producción y la ubicó en 117,6 Mt una reducción del 10,9% respecto al ciclo anterior. La caída es un reflejo de una menor superficie plantada y de un empeoramiento de los rendimientos esperados de los cultivos.
La Conab informó que el arroz debería totalizar una cosecha de 10,8 Mt, un 7,2% más que en el último ciclo. Se estima que el consumo interno se mantendrá en 10,3 Mt. La recuperación productiva y la menor oferta de importantes países exportadores posiblemente resulten en un aumento de 2 Mt el volumen exportado por Brasil. Se prevé que el volumen importado se mantenga en 1,5 Mt, debido a la necesidad de restablecer el suministro nacional. Las existencias deberían permanecer cercanas a la estabilidad, estimadas en 1,7 Mt.
En el caso del frijol, la Conab espera una producción estable, con 3,03 Mt. En cuanto al algodón, la Conab espera una caída de la producción del 2,3% para llegar a 3,1 Mt.
Las cifras de cosecha de trigo marcan una producción de 8,1 Mt, pero los problemas climáticos impactaron en la calidad y será necesario importar más trigo con pH panificable, lo que generó un ajuste en la cantidad de importaciones, pasando de 6 Mt a 6,2 Mt, indica la Conab.
“Si la industria se muestra activa, demandante y genera una oportunidad de negocio, el sector responderá rápidamente”, consideró el director de Aupcin, Álvaro Ferrés
El 2023 fue “el segundo peor año de la historia” para la producción de engorde a corral, indicó Álvaro Ferrés, director de la Asociación Uruguaya de Productores de Carne Intensiva Natural (Aupcin). Aseguró que fue un año de grandes pérdidas para el sector, pero avizoró un 2024 más optimista. “Si la industria se muestra activa, demandante y genera una oportunidad de negocio, el sector responderá rápidamente”, enfatizó.
Para Ferrés este fue el segundo peor año para el negocio a corral, solo superado por la crisis de la aftosa, ya que en aquel momento los ganados estaban encerrados y no había precios. “Este año tuvimos un precio muy malo, por lo que no había margen positivo en el negocio”, afirmó. Además, puntualizó que las razones que explican las dificultades del negocio fueron los bajos valores del ganado, el alto precio de la comida y los niveles elevados de la reposición.
En cuanto al alimento, recordó que en el primer semestre del 2023 el maíz llegó a valer US$ 360 por tonelada, al cierre del año se acercaba a los valores donde habitualmente se mueve el maíz en Uruguay entre los US$ 180 y US$ 200 por tonelada, con una tendencia bajista si se consolidan las áreas previstas. A su vez, la reposición, si se compara con el valor que recibió el productor por el ganado gordo, también fue costosa para los corrales.
Perspectivas para 2024
Ferrés se mostró “muy optimista” para el año que inicia, asegurando que hay buenas perspectivas de que el negocio se recupere, por varios motivos. Aseguró que la oferta de alimentos “está sensiblemente más barata”, con la cebada a un precio que arrancó en torno de los US$ 170 por tonelada y luego fue cediendo precio, bajando sensiblemente el costo de producción. Si bien la reposición sigue estando en niveles altos, la situación forrajera está provocando una fuerte demanda, lo que generó una corrección en los precios.
Auguró mejores señales del exterior, lo que la industria traduce en mayor demanda y mejores precios. De hecho, “hubo señales de un piso en el precio del ganado”, comentó el director de Aupcin.
Sostuvo que la industria es consciente que el 2024 será un año complejo desde el punto de vista de la oferta ganadera, ya que por la sequía hubo una menor parición, y en consecuencia una menor oferta de terneros.
A su vez, destacó que este año actuó muy bien la exportación de ganado en pie. Analizando la extracción en 2023, graficó que la faena cerró en 2,3 millones de cabezas, a lo que hay que sumar los más de 300.000 animales exportados en pie. Por lo tanto, para mantener los niveles de faena el próximo año la industria deberá necesariamente recurrir a los corrales de engorde. “Van a haber oportunidades de negocio”, consideró.
Sobre el panorama para el sector criador en 2024, el director de Aupcin opinó que “habrá más escasez de ganado en Uruguay como consecuencia de la sequía y va a haber una alta extracción por la exportación de ganado en pie, que va a estar más fuerte. Por lo tanto, veo un sector criador que va a tener de vuelta una valorización de los terneros, capaz que superior a lo esperado, y además veo un mercado internacional que seguirá demandante”.
A su vez, a nivel internacional se mostró optimista con la posibilidad de que se abran nuevos mercados para Uruguay. “El país tiene que empezar a mostrar las cartas de valor diferencial que tiene frente a otros países”, reclamó. Opinó que “puede haber una oportunidad de agregarle valor a nuestra carne. Soy optimista que en el año 2024 eso va a pasar”.
Además, opinó que en tiempos en que el mundo mira cada vez más los aspectos ambientales, el país debe “ocuparse” de este tema y demostrar las oportunidades de valor que tiene. Agregó que, a diferencia de lo que cree la mayoría, “cuanto más intensivo es el sistema de producción, menor es la huella de carbono”.
Por eso, graficó que si Uruguay quiere diferenciarse por la huella de carbono en los sistemas intensivos tiene un gran aliado. “Si respetamos las normas medioambientales, sanitarias y demás, creo que hay una gran oportunidad, y cuando se es un país chico, esa posibilidad de valoración que tiene la carne la tenemos que aprovechar”.
Los precios
Al cierre del año mencionó que la industria ofrecía por el novillo de corral “entre US$ 3,50 y US$ 3,70”, lo que equivalía al precio de equilibrio, y por lo tanto no hay margen, pero “es un negocio que empieza a mostrar señales de cambio”. Explicó que al menos con estos precios el productor dejó de perder, al tiempo que hay otros que han hecho su propia comida y con estos valores piso el negocio cambia.
Por otro lado, se observa que la industria está transmitiendo un mensaje más optimista para adelante. De todas formas, opinó que “no veo el negocio a corral con grandes márgenes para el futuro. Creo que seguirá con los márgenes a los que estamos acostumbrados o menores”.
Si bien las recrías se habían enlentecido, con las nuevas señales habrá una reactivación. consideró que el sector tiene capacidad de respuesta para abastecer con recría a los corrales de manera “rápida”. Con un piso en los valores del ganado gordo, la cadena “cincha”, generando estímulos al resto de los eslabones.
Sobre la proporción de animales en la faena provenientes de corrales, Ferrés sostuvo que, en términos absolutos lo importante no es que hayan bajado sino que no hayan aumentado. “Veníamos de un proceso de crecimiento”, puntualizó, “la faena podría haber sido de 2,5 millones de cabezas, pero no lo fue, porque hubo un sector de la producción que no empujó debido a que estaba perdiendo plata”.
Si bien consideró que a partir de lo ocurrido este año el sector será “más cauteloso”, afirmó que hay capacidad de respuesta.
“Creo que el sistema puede recuperarse, pero dependerá de las señales de la industria. Encerrar para ver qué pasa va a suceder cada vez menos, porque las pérdidas fueron muy importantes”, consideró.
El integrante de Aupcin explicó que mientras el costo del novillo rondó los US$ 1.000, se vendió a entre US$ 800 y US$ 900. “Con los valores actuales hay que remontar esos US$ 200 de pérdidas”, planteó. Por eso insistió en que, si la industria se muestra activa, demandante y genera una oportunidad de negocio, el sector responderá rápidamente, porque “los que tenemos una estructura armada para engordar queremos producir”.
Ferrés comentó que los márgenes históricos para la actividad rondan entre US$ 50 y US$ 80 por cabeza. Y a su entender al productor criador y recriador le han servido los corrales de la industria. “Cuando los corrales de la industria salen a comprar ganado de reposición forman la referencia del mercado, y los productores que tenemos ganado de reposición utilizamos esa referencia para vender ganado”, planteó. Por eso, consideró que los corrales de la industria no inciden en el precio, sino que brindan señales favorables para la reposición.
El productor señaló que para evitar los altos riesgos que tiene el negocio y tener la previsibilidad que requiere en cuanto a precios, cada vez menos productores venderán su ganado en el mercado spot (en el momento). Consideró que “se buscará que se genere un acuerdo con precios piso, o un piso y un techo, o precios fijos. Lo que necesitamos es previsibilidad y que nuestro riesgo sea productivo”.
Sobre la posible venta de tres frigoríficos de Marfrig (La Caballada, Colonia e Inaler) a Minerva, Ferrés sostuvo que “siempre es mejor tener la mayor cantidad posible de opciones de venta, ya que esto permite manejar diferentes precios y oportunidades de negocio. Creo que lo mejor para el mercado uruguayo es que estén operando la mayor cantidad de industrias de diferentes dueños”.
La expectativa pasa por una mejora de los márgenes agrícolas luego de un ejercicio “extremadamente malo”, dijo en entrevista con VERDE el gerente de Ingleby Farms & Forests, Juan Baroffio. Valoró el avance que muestra la productividad de los cereales de invierno y también en los cultivos de verano, influenciados por el riego. Sobre el negocio ganadero indicó que la producción de carne por hectárea defenderá los márgenes en un escenario de precios bajos frente a los que había hace un tiempo atrás. Agregó que la empresa está abocada a la producción, porque “entendemos que es la forma de cuidar nuestro negocio”.
Ingleby Farms & Forests es una empresa internacional con 25 años de trayectoria, con sede en Dinamarca. Está presente en siete países, donde abarca un total de 100.000 hectáreas, pero su mayor área de producción está en Uruguay, donde opera desde 2009 y actualmente cuenta con 27.217 hectáreas distribuidas en siete establecimientos ubicados en Paysandú, Río Negro, Soriano, Flores y Durazno. En esos campos realiza agricultura y ganadería pastoril, cada vez más especializada, sustentada en las pasturas naturales y en la raza Angus.
También tiene su propia marca de carne, que se ofrece en la plaza local y en los principales mercados internacionales. La empresa cuenta con varias certificaciones destacándose: Carne Natural con aprobación del USDA; en Bienestar Animal, con el sello Certified Humane; y la certificación Never Ever 3.
Ingleby Farms & Forests empezó su actividad en Estados Unidos, produciendo pistachos, y después se expandió a Australia, Nueva Zelanda, Rumania, a los Países Bálticos, Argentina, Uruguay y Perú. Baroffio destacó la inversión en riego y la apuesta al crecimiento porteras adentro, con un fuerte foco en el cuidado de los recursos naturales.
¿ Cómo se define el sistema de producción que lleva adelante Ingleby en Uruguay?
La empresa lleva adelante un sistema agrícola-ganadero típico, o ganadero-agrícola por la superficie utilizada, adecuado a los campos que se explotan. Los suelos que tienen potencial agrícola están en agricultura con rotaciones. Mientras que campos agrícolas de menor aptitud, si estaban en agricultura pasaron a una fase de pasturas más larga. El campo natural se conserva como tal, resguardando y protegiendo ese ecosistema. En toda esa área de campo natural y de pasturas se realiza ganadería de ciclo completo. A la vez, el sistema de producción incluye en el área agrícola una rotación que contempla la diversificación de cultivos que el Uruguay permite y tiene, incluyendo cultivos invierno, de verano, de renta y de servicio.
¿ Cómo definen el esquema de rotaciones?
Si bien tiene ciertas variaciones, en promedio en torno al 20% o 25% del área agrícola está en rotación con pasturas, a veces varían según la duración, pero en líneas generales es así y se mantiene bastante estable.
¿Qué evolución muestra la productividad de los cultivos?
Hemos mejorado los niveles de productividad, sobre todo en los cultivos de verano como maíz y soja, de la mano de la incorporación y la expansión del riego en nuestro sistema de producción. En los cultivos de invierno venimos de dos zafras excelentes que permiten augurar una buena tendencia de mejora de los rendimientos. En cebada, la zafra 2022-2023 fue la mejor de nuestra historia, la 2023-2024 se estuvo por debajo, pero en los últimos tres años el promedio productivo se ubicó en 5.000 kilos por hectárea (kg/ha). En trigo, la última zafra fue mejor que la 2022-2023, y en los últimos tres años la media productiva está por encima de los 5.000 kilos por hectárea. En colza la productividad ha sido más errática, el rendimiento de la zafra pasada fue flojo y promedió 1.500 kg/ha.
¿Cómo encaja la colza en el sistema de producción de la empresa?
Para nosotros la colza es un cultivo más entre las opciones de cultivos de invierno. Obviamente que tenemos la flexibilidad de haberle dado un poquito más de área el año pasado, porque era tentador el precio y la ecuación, pero en la zafra pasada le dimos menos superficie, y eso fue positivo porque no fue un buen año para la colza. En la superficie de invierno sembramos cultivos de renta y cultivos de cobertura o de servicio. Entre las áreas de cultivos de renta la colza tiene presencia, lo que varía es la proporción. En la campaña 2023-2024 ocupó un 25%, el trigo 50% y la cebada 25% del total. En otras campañas el área de dichos cultivos ha sido más equilibrada.
¿Qué superficie está bajo riego?
Actualmente estamos finalizando la ejecución de obras del quinto proyecto que suma 540 hectáreas, con el que llegaremos a 3.000 hectáreas bajo riego. No de forma instantánea, porque son sistemas de equipos móviles, pero permite tener riego en el período crítico de cada cultivo, según la adecuación de las fechas de siembra y la rotación. Sobre fines de diciembre casi todas las represas estaban completas, excepto una, cuya relación cuenca y área regada es mucho más baja y no se alcanzó a captar el volumen de área necesario. De nuestra capacidad de almacenaje de agua llegamos a un nivel de 90% de acumulación.
¿En maíz y soja qué muestra la evolución productiva?
En ambos cultivos el incremento de la productividad responde a la influencia del riego. El maíz es el cultivo que ha mostrado más ajustes tecnológicos que se han ido incorporando al manejo. Hay un trabajo muy fuerte de Regadores Unidos del Uruguay (RUU) donde se han explorado variables a ajustar para mejorar y estabilizar la productividad. El manejo del agua durante el riego ha sido una variable muy importante, porque un manejo incorrecto puede llevar a no lograr las respuestas en rendimiento esperadas y en consecuencia un uso ineficiente de los recursos. Se han ajustado los temas operativos para llegar con el riego en tiempo y forma. También el manejo del nitrógeno ha sido otra variable que ha permitido potenciar el cultivo. Es decir, adecuar la oferta de nitrógeno al potencial y a la demanda del cultivo. En tercer lugar, posicionar la oferta de híbridos, los materiales para cada situación y su respectivo manejo, ese fue otro aspecto que permitió potenciar al maíz. Dichas variables han motivado una mejora de la productividad.
¿Qué promedio se está logrando?
Dejando de lado la zafra anterior, cuando no pudimos completar riegos por el déficit de agua en las represas, en promedio estamos por encima de 12.000 kg/ha, lo que nos deja muy conformes porque lograr promedios tan altos en áreas grandes es un desafío. El maíz también está incluido en los planteos de secano, porque creemos que es un componente muy importante en la rotación, por la diversificación y el aporte agronómico. Más allá de las cuestiones económicas que a veces van y vienen, o de las expectativas de resultado económico-productivo que pueden ser mejores o peores según varían los precios o los pronósticos climáticos, el maíz ha estado siempre en nuestras rotaciones.
¿Cuál es la situación de la soja bajo riego?
En soja, como muestran los datos de Regadores Unidos del Uruguay, ha sido más difícil ajustar las variables que se relacionan directamente con mejoras de productividad. Hay una línea de trabajo vinculada con la fecha de siembras más tempranas, con grupos de madurez más cortos. Hay un tema con la implantación de los cultivos en fechas de siembra temprana, suelos fríos, problemas sanitarios, excesos de agua, entre otros. Vemos que en algunas situaciones se obtienen excelentes rendimientos que alientan bastante esa práctica, pero en otras zafras vemos que aparecen todos estos problemas, que terminan limitando el potencial. A nivel sanitario y nutricional se viene trabajando sin tanta claridad para identificar las medidas de manejo que nos permitan una diferenciación mayor en rendimiento. Si bien los rindes son buenos, vemos que la brecha a nivel experimental y en los modelos de simulación frente a lo que pasa en el campo es más grande de lo que debería ser. Hasta ahora no hemos podido superar consistentemente la barrera de los 4.000 kg/ha, salvo en algunas chacras excepcionales que con esa estrategia se han alcanzado 5000 kg/ha.
¿Cómo evolucionó la productividad en secano?
En maíz está bastante estabilizado. Si uno mira una serie larga de años encuentra pocas zafras con muy buenos rendimientos de maíz con fechas de siembras tempranas. Hay que aclarar que sembramos en planteos de primera y no de segunda. Con fechas de siembra en setiembre vemos que hay pocos años en los que se obtuvieron muy buenos resultados y varios años en los que se lograron promedios entre 5.000 y 6.000 kg/ha. En esa secuencia histórica hay varios años secos y muy duros. Hacemos más maíz de primera que de segunda por una definición que marca la rotación, buscamos diversificar el momento crítico de los cultivos, porque en soja ya sea de primera o segunda la definición de rendimiento está en febrero y marzo. El maíz de segunda también tiene su etapa crítica en esa fecha, por eso se busca diversificar el riesgo climático con la rotación y aprovechar la oferta de lluvias de diciembre o enero. Del área de maíz de primera se realiza 40% o 50% bajo riego y el restante 50% o 60% en secano. Aunque eso depende de cada zafra, pero generalmente no tenemos menos del 40% bajo riego.
¿Y en soja?
En soja la mayoría se hace en secano. Veníamos con una curva ascendente en los rendimientos, pero creo que estos últimos tres años hay que relativizarlos, porque fueron muy contrastantes, sobre todo las últimas dos zafras. Hay que aclarar que la zafra 2021-2022 fue excelente y pasamos a una extremadamente malo, lo que altera los resultados. Estábamos observando un crecimiento en la productividad, debido a los ajustes en las variedades, grupos de madurez, fechas de siembra y demás.
¿ Cómo se visualiza el negocio agrícola en este ciclo 2023-2024 con la primera parte del ejercicio ya finalizada?
En cultivos de invierno los resultados fueron muy cambiantes, lo que provocó que algunos márgenes que podrían haber sido muy buenos finalmente no lo fueran. Probablemente sigan siendo positivos, pero no como esperábamos, como en el caso de la colza. Los resultados en trigo son positivos y en cebada también, pero el número está más relacionado con la calidad de lo cosechado y los precios logrados. Los cultivos de verano, a pesar del alto nivel de resiembra, en términos generales se están instalando de manera correcta. Los precios todavía son bastante inciertos. Aún es difícil poder afirmar si será un muy buen ejercicio. Sin dudas será mejor que el anterior y eso alivia, pero todavía hay que manejarse con cautela.
¿Qué área ocupa la agricultura continua y qué nivel de intensidad tiene?
Estamos con 7.000 hectáreas de agricultura, y la intensidad se ubica entre 1,7 y 1,8 cultivos por año, donde se incluyen los de renta y los de servicio.
¿Qué estrategia tiene la gestión del riesgo, ya sea de precios o clima?
No especulamos mucho con los precios. Tratamos de defender lo mejor posible los precios que obtenemos por nuestra producción, pero sin un uso muy sofisticado de herramientas como las coberturas y demás. Estamos muy abocados a la producción, porque entendemos que es la forma de cuidar nuestro negocio. Para el riesgo climático nuestra estrategia pasa por la diversificación de cultivos y fechas de siembra. Y sobresale la inversión en riego, una herramienta que es fundamental para mitigar los riesgos en los años secos, y en los extremadamente secos es un desafío porque es muy difícil que los rindes se vean imperturbados. Pero en las zafras medianamente secas se pueden estabilizar muchísimo los resultados, los rendimientos y el ingreso de las empresas.
¿Piensan seguir incrementando la superficie bajo riego?
Sí, en la medida que los proyectos sean viables es una estrategia definida.
¿Cómo está viendo al negocio ganadero?
Está con los precios planchados, lo cual no permite visualizar un bueno resultado, pero somos optimistas y sabemos que productivamente los campos y las pasturas sembradas están mostrando una excelente performance y eso defenderá los márgenes de la producción de carne en nuestros sistemas. Obviamente nos gustaría ver algún precio más parecido a los que tuvimos en otros momentos para tener un mejor resultado.
¿Qué producción de carne por hectárea tiene el sistema pastoril de Ingleby?
En nuestro ciclo completo, dejando de lado el año anterior, cuando la sequía tuvo grandes consecuencias, la producción venía estabilizada entre 115 y 120 kilos de carne por hectárea. El sistema se caracteriza por tener una presencia mayoritaria de pastoreo sobre campo natural, con una estrategia cautelosa en cuanto a cargas para asegurarnos de no degradar ese recurso.
¿Cómo ven el clima de negocios?
En Uruguay hay estabilidad y las reglas son claras. Es un país donde se hacen negocios con reglas transparentes y constantes en el tiempo, y eso se valora mucho.
¿Los planes de inversión apuntan a más superficie o crecer porteras adentro?
Estamos en una muy buena escala para trabajar. Hoy el objetivo es consolidar la fase de crecimiento porteras adentro, con riego y mejoramiento de los campos.
TARJETA PERSONAL
Juan Carlos Baroffio tiene 37 años, es ingeniero agrónomo egresado de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República en el año 2008, cuenta con un posgrado en Alta Dirección en Agronegocios y Alimentos de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en Argentina. Es gerente de Ingleby Farms & Forest Uruguay desde setiembre de 2019, compañía en la que trabaja desde el año 2010.
Nota de Revista Verde N° 112 – Sección AL GRANO: Juan Baroffio, gerente de Ingleby Farms & Forest Uruguay
El rendimiento promedio en chacra fue de 4.700 kilos por hectárea, pero por problemas de calidad recibió solo 230.000 toneladas, necesita entre 280.000 y 300.000 toneladas
La zafra de cebada 2023-2024 “fue desafiante”, de esas que “nos hacen pensar” y “planificar cosas para el futuro”, dijo a VERDE el supervisor de Semillas y Granos de Maltería Oriental SA (MOSA), Vladimir Bentancor. Durante el ciclo del cultivo se tuvieron condiciones que permitieron rendimientos en chacra en torno de los 4.700 kilos por hectárea, sin embargo la cebada maltera para el abastecimiento de la planta industrial tuvo un rendimiento promedio significativamente inferior, de 2.700 kilos; en la zafra 2022-2023 había rendido 3.800 kilos.
Bentancor confirmó que la producción de esta campaña no alcanzará para cubrir las necesidades de MOSA. “Buscaremos la cebada que nos falta en los mercados regionales o de otros países. Lo recibido estará en el orden de las 230.000 toneladas de cebada industria y se precisan de 280.000 a 300.000 toneladas”, señaló.
El porcentaje de rechazo se ubicó entre 30% y 32%, cuando normalmente ronda entre 10% y 15%. “Este nivel de rechazo tan alto se dio sobre todo al inicio de la cosecha y estuvo provocado principalmente por el parámetro de calibre, también hubo rechazos por niveles altos de proteína”, acotó.
El supervisor de MOSA explicó que un nivel de rechazo más elevado era esperable, pero fue mayor al estimado en un principio. Las dificultades de calibre están asociadas a siembras más tempranas y “a cultivos que no se llevan tan bien con estas siembras”.
A medida que fue avanzando la cosecha, el porcentaje de rechazo fue bajando. “Se encontraron los mejores cultivos y el calibre fue mejorando”, describió. Sin embargo, en la recta final de la cosecha, debido a las lluvias, comenzaron a surgir nuevos problemas asociados al pregerminado y al falling number, como también le pasa al trigo, y “generalmente los materiales de origen europeo son más sensibles al pregerminado”, dijo.
En cuanto al calibre, dijo que es un parámetro “más complejo”, que está asociado a varios aspectos como elementos varietales y sanitarios. En esta zafra hubo problemas con mancha en red que afectaron al cultivo a lo largo de todo el ciclo, con una alta correlación con los problemas de calibre, sostuvo.
Bentancor recordó que el sector venía de tres años muy buenos, en la zafra 2021-2022 se registró un récord de rendimiento. “Veníamos de años favorables a nivel de la producción y de la calidad de recibo, pero en esta zafra El Niño causó problemas importantes al final de la cosecha”, comentó.
El integrante de MOSA afirmó que la compañía sigue apostando “a las 100.000 hectáreas de siembra, que son las que demanda el abastecimiento del complejo industrial que cuenta con tres malterías que trabajan al mismo momento”, y que forman parte del proceso de expansión que se inició hace unos años.
El programa de mejoramiento de MOSA busca materiales, sobre todo de origen europeo, que se adapten a las condiciones que tenemos en Uruguay. A su vez, remarcó que trabajan con la Mesa de Cebada, con materiales de origen nacional, que promueve el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) con un alto grado de adaptabilidad a nuestros sistemas.
Bentancor explicó que la proporción varietal de los materiales europeos ocupa entre el 25% y 30% del área de influencia de MOSA, y los nacionales entre el 75% y 70% del total. “Lo que buscamos es estabilidad en la producción y en el rendimiento, que nos permita proyectarnos en el mediano y en el largo plazo, porque es la forma de mejorar el negocio agrícola”, indicó.
Precios, ventas y parámetros de recibo
El plan comercial de MOSA se lanzó en marzo y “hubo fijaciones a precios muy buenos”, y luego “se fue dando un ajuste a la baja”. Agregó que el precio promedio de la primera liquidación, que comprendió un volumen total de 210.000 toneladas, promedió US$ 225 por tonelada.
Debido a los problemas de calidad en esta zafra, a mediados de noviembre MOSA anunció flexibilizaciones en los parámetros de calibre, pasando del 85% al 74%. Posteriormente se anunció que se recibirían materiales europeos con un calibre de hasta el 70%, mientras que los materiales de origen nacional se mantuvieron en 74%. Esas flexibilizaciones permitieron captar un volumen mayor de cebada.
A pesar de las flexibilizaciones, la calidad se pudo mantener en niveles aceptables, acorde a lo que requiere el complejo industrial. “Así como tenemos parámetros de cebada, los compradores tienen parámetros para la malta, que lógicamente están correlacionados”, comentó.
El área de Insumos de la compañía se integra además con granos y subproductos, semillas y fertilizantes; lanzó nuevas variedades, destaca el lupino y el Plan Fosforita
Megaagro está relanzando la marca Solaris, que será el paraguas de la línea de protección de cultivos de la empresa, que comprende toda la línea de fitosanitarios, tecnologías de aplicación y explora el camino de los productos biológicos, informó a VERDE el ingeniero agrónomo Santiago Raffo, responsable del departamento de Insumos de Megaagro.
La adquisición de Solaris le sumó a Megaagro más de 40 registros y 40 proveedores en China. “Luego de importar los distintos productos y ver que todo funciona correctamente, tanto a nivel local como en China, estamos relanzando la marca Solaris, porque tiene un know how muy fuerte y muy buenos productos y activos”, confirmó. En el portafolio de productos se destaca la línea de glifosatos Star, Clethomax (Clethodim), Sulfentrazone, Glufosinato de Amonio, Flumioxazim, Metribuzim, Diquat, Fomax (fomesafen), entre otros.
“Ahora estamos con los nuevos eventos biotecnológicos que se están sembrando en soja y maíz, que tienen tolerancia al glufosinato de amonio. Desde Solaris tenemos una alternativa súper interesante, por ser una molécula que bajó su cotización a nivel internacional y realiza un gran aporte en el control de malezas”, resaltó.
Raffo puntualizó que la participación del mercado de fitosanitarios “no es algo nuevo” para la empresa, recordó que Megaagro hace más de 10 años “viene sumando registros de fitosanitarios y trabajando en protección de cultivos con proveedores de China e India”. Al tiempo que continúa la búsqueda de nuevos productos y registros, “sin descuidar a las tecnologías de aplicación, por esa razón se incorporó la representación de la Spraytec, que tiene vasta trayectoria a nivel regional y global”, indicó.
También consideró que se debe apuntar a ser más eficiente, y “para eso es clave la utilización de las moléculas y las dosis adecuadas en el momento justo”. En ese marco, señaló que la empresa “transita permanentemente el camino del cuidado del ambiente y la protección de los suelos, algo que está en la agenda del sector, y al ser parte de él venimos realizando nuestros aportes, lo que nos lleva a trabajar con productos biológicos y a explorar su potencial en los sistemas productivos del Uruguay”.
Semillas
Por otra parte, en la unidad de Semillas de la empresa está el área de forrajeras, donde se trabaja con Calvase y Barenbrug, “pero también estamos trabajando desde Megaagro en lanzar una unidad de Semillas más enfocada hacia los cultivos para los sistemas agrícolas”. En ese sentido, puntualizó que se lanzaron nuevas avenas, cebadas, colzas y una variedad de lupino, algunos materiales que ya estaban disponibles en el mercado y otros estarán para la próxima zafra de invierno. Incluso destacó que “ya hay reservas de esas semillas”.
El responsable de Insumos de Megaagro señaló que continúan trabajando para identificar las diferentes necesidades de los sistemas. “En colza se buscaron determinados ciclos y alternativas para el manejo de herbicidas. En cebada forrajera se está sumando una variedad con alto potencial y en avena los resultados vienen siendo muy buenos”, valoró.
Lupino
En el caso del lupino, recordó que se incorporó Coyote, una variedad que ya hace dos años está disponible a nivel comercial, que “levanta una restricción importante que tenía el cultivo, que era la parte sanitaria. Nos encontramos con una variedad que nos está dando muchas satisfacciones”. Agregó que esa leguminosa “es un cultivo muy bueno para incluir en las rotaciones, pensamos que es el cuarto cultivo de invierno que se adapta a todo el Uruguay”. De todas formas “es importante elegir correctamente las chacras”, en un contexto que “tiene una tecnología desarrollada, permitiendo que el lupino deje de ser un cultivo de servicio para pasar a ser uno de renta”.
Sobre los números del lupino, el ejecutivo indicó que la empresa finalizó la cosecha de más de 60 chacras distribuidas desde Artigas a Rocha, pasando por el litoral, donde se lograron rendimientos en el eje de los 2.600 kilos por hectárea. Los resultados son “muy interesantes” y además “deben sumarse los números de la sustentabilidad” ambiental, un tema que “hoy está arriba de la mesa y seguirá estando”.
En esa línea, destacó que el lupino “entrega nitrógeno” y deja “un rastrojo espectacular”, se le aporta “muy poco” fertilizante, a la vez que “permite utilizar herbicidas de verano, pero en invierno”. Todas esas posibilidades motivan a que “sume mucho a las rotaciones”, y si además “logramos tener un producto valioso y que sea rentable, mucho mejor”.
Al analizar las bondades del lupino como materia prima para la producción animal, Raffo puntualizó que en Australia se siembran más de 500.000 hectáreas y se utiliza todo lo producido, ya que es un grano con un gran nivel de proteína y de energía.
Hoy en Uruguay “le estamos proveyendo lupino a más de 10 empresas de raciones, que lo están probando, algunas operan en el sector lácteo. Hay mucha información generada por la Unidad de Producción de Carne Intensiva (Upic) de la Facultad de Agronomía y por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA). Hay que calibrar los valores y las raciones en función del destino que tendrán, si es para lechería, recría vacuna o engorde. Tenemos sistemas de destete precoz que están usando el lupino producido con muy buenos indicadores”.
Raffo consideró que la demanda “es importante, ya que Uruguay es deficitario” en ese tipo de granos. “Si lo producimos a nivel local seremos muy eficientes y estamos frente a un cultivo que así lo está demostrando”.
Granos y subproductos
En el caso de granos y subproductos de Megaagro, se trata de una unidad creada hace 5 años, con el gerenciamiento de Luis Pedro Olaso, y el soporte logístico y comercial de la empresa en las diferentes regiones productivas del país. El responsable de Insumos de Megaagro informó que dicha área cerró el año de una manera “muy favorable”, con un movimiento que rondó las 90.000 toneladas y “superó las expectativas planteadas al inicio” de las operaciones. Este año, producto de la seca, “se trabajó mucho y se llegó a diario con la logística adecuada a todos los puntos del país, ya sea desde Paraguay, Argentina o mediante los convenios internos de suministro de cebada forrajera, lupino y otros granos”.
En cuanto al área de fertilizantes, dijo que en el último año alcanzó un movimiento que superó las 100.000 toneladas, que incluyen todos los nutrientes, “para el mercado uruguayo entendemos que es una cifra potente”.
Plan fosforita
Se está desarrollando el Plan Fosforita, de Megaagro. “Si bien es un momento con mucho pasto, en Megaagro siempre hablamos de la importancia de planificar y pensar que en algún momento faltará, por lo que hay que potenciar a esas pasturas”, comentó el responsable de Insumos de la compañía, Santiago Raffo.
Agregó que el plan “tiene su historia y viene funcionando bien”, se cuenta con 12 equipos de aplicación en todo el país y “venimos sumando más área, porque es el fósforo más competitivo y eficiente”. Informó que este año también se buscará potenciar todo lo relacionado con las enmiendas y el encalado de suelos. “Se viene trabajando mucho, formamos parte del Proyecto Encalado, que lidera la Asociación Agropecuaria de Dolores, donde los primeros resultados muestran que hay un impacto positivo y un espacio importante para trabajar en los sistemas agrícolas”, destacó.
Ese marco que traza la búsqueda de la eficiencia y la sustentabilidad de los sistemas productivos mediante un ordenamiento en la utilización de los recursos, Raffo agregó que están trabajando con yeso, “que viene mostrando resultados espectaculares”, y “también fósforo líquido”.
Está ubicada en Dolores, Soriano, y se presentó como un punto de encuentro clave para recibir a clientes, brindar servicios mejorados y ser un espacio adecuado para el equipo
Corporación de Maquinaria (Comasa) celebró con entusiasmo la inauguración de la primera sucursal de riego Valley en Uruguay. Este nuevo espacio representa un hito significativo en la apuesta continua por el sector de riego y la sólida colaboración entre Comasa y Valley, que ha perdurado desde 1997, acumulando casi 30 años de trabajo ininterrumpido.
La nueva sucursal de riego, ubicada en la ciudad de Dolores, Soriano, se presenta como un punto de encuentro clave para recibir a clientes, brindar servicios mejorados y proporcionar un espacio adecuado para el equipo de trabajo en constante crecimiento. La unidad de riego dentro de Comasa ha evolucionado para convertirse en una pieza fundamental, permitiendo ofrecer servicios más completos y especializados.
El evento de inauguración contó con la distinguida presencia de destacados representantes de Valmont, incluyendo a Dimas Rodrigues, gerente de Ventas para Latinoamérica; María Beis, gerente de Marketing de Valley Argentina; e Iñaki Garitano, gerente de Ventas de Tecnología Latam. También participaron en la inauguración de la nueva sucursal socios estratégicos que desempeñan un papel fundamental en la realización de proyectos como Llave en mano.
Durante el discurso inaugural, Juan José Erro, director de Comasa, expresó su gratitud por la presencia de todos los participantes y subrayó la importancia del evento. “Para nosotros era un desafío enorme, porque es la primera sucursal de riego en Uruguay, marcando un hito que refleja la gran apuesta por el riego y por Valley en Comasa”, afirmó.
Felipe Lecueder, gerente de la Unidad de Riego de la empresa, reafirmó el crecimiento sostenido de la unidad, recordando un año exitoso y proyectando un futuro de expansión. “Es imposible no nombrar a Ramón (Erro) en este momento, quien fue el ideólogo de esto”, agregó Lecueder.
Dimas Rodrigues destacó la importancia de los distribuidores como el “brazo fuerte de la fábrica” y expresó su agradecimiento a Comasa, así como a los productores y trabajadores locales. “Los distribuidores solo pueden prosperar donde hay gente que trabaja, gente que produce, que va adelante”, enfatizó.
La sucursal de riego Valley en Uruguay representa un logro significativo y consolida la posición de Comasa como actor clave en el desarrollo agrícola y de riego en la región.