Se han “acortado los ciclos y se han logrado lanzar híbridos más versátiles, con más rinde y adaptables a diversas condiciones y fechas de siembra tempranas como tardías”, destacó a VERDE el gerente de Extensión de NK Semillas, Andrés Caggiano, al referirse a la evolución del portafolio de la compañía. El ejecutivo también destacó que “hay un salto importante en agronomía y sanidad”.
En esa línea, resaltó el lanzamiento de “NK842 Viptera 3, un material de alto potencial de rendimiento, tanto en fechas tempranas como tardías, con buena agronomía, sobre todo en quebrado, un elemento clave por los planteos tardíos”. Todo eso, “acompañado con menos ciclo, 123 días a madurez relativa”.
Destacó que “es un híbrido muy bueno”, que “rompe el techo” respecto a híbridos anteriores en siembras de primera. También dijo que “se han lanzado materiales como NK 870 Viptera 3 y NK 835 Viptera 3, “el híbrido con ciclo más corto, 121 días a madurez relativa”.
Caggiano subrayó que “hay una gran red” de evaluación, que “nos ha permitido lanzar varios productos” durante las últimas tres zafras, “con una marcada evolución”. También destacó que NK “viene con un salto en rendimiento, los datos muestran que estamos evolucionando año a año en ganancia genética”. Acotó que “si bien en Uruguay “habíamos marcado un techo alto con SYN 979 Viptera 3, todo lo que se está presentando está por arriba”.
Indicó que NK cuenta con herramientas de posicionamiento que tienen “mucha potencia”, a partir de la base de datos e información de la compañía, que está disponible a través de Yalfín. Dicha propuesta “le permite al productor, a partir del ambiente donde está ubicado, marcar la densidad óptima de siembra desde el punto de vista biológico; y también económica, acompañada con la recomendación nutricional”.
Informó que durante los últimos años “fue creciendo mucho” la inversión en maíz, la presión de selección, al igual que la red de ensayos en Argentina y Uruguay. Todo eso nos permite poder cazar las diferencias que existen en el germoplasma, y logar materiales con más rinde y más adaptabilidad”. Caggiano señaló que “se siguen buscando híbridos con buen comportamiento” en ambientes de baja, media y alta productividad, productos versátiles, con más tecnología, como CL Viptera, para el control de algunas malezas difíciles.
Con respecto a la chicharrita, destacó la importancia del clima en el control de la plaga. “Venimos con inviernos fríos y secos, condiciones que no son buenas para la reproducción y supervivencia del vector, esa pulseada casi la tenemos ganada”, afirmó.
Para Caggiano esto “debería impactar positivamente en la próxima zafra”. “Para fechas de primera me animo a decir que no habrá problema”, y “la decisión de siembra no debe estar marcada por la chicharrita”, dijo. En cambio, sostuvo que “son otros los factores productivos que deben ser tenidos en cuenta por el productor, como el margen, la rotación o la necesidad de consumo”.
Para las fechas tardías “la decisión se debería tomar con la información generada y la que se va generando junto con las herramientas disponibles”, planteó. En esa línea, resaltó la importancia de los curasemillas, y adelantó que de cara a las siembras de segunda se reforzará la dosis de tiametoxam, porque el curasemillas es la protección más eficiente para comenzar los planteos. Este enfoque ofrece una protección adicional en los primeros estadios de crecimiento del maíz, que son los más críticos (desde emergencia hasta V2).
EL MANEJO DE CARA A LA ZAFRA 2024-2025
“No hay que mirar la evolución de la chicharrita solo en Uruguay” también hay que observar “la situación en Argentina”, ya que es una problemática regional, dijo a VERDE el responsable del área de desarrollo de Yalfín, Pablo Leiva, en el marco del 12º Simposio de Maíz, de Yalfín y NK Semillas.
En Uruguay se creó una red oficial de monitoreo para la chicharrita, liderada por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), donde participa el sector privado, que aporta trampas en varios puntos del país. Funciona de manera similar a la red argentina, donde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) realiza un seguimiento detallado a través de trampas instaladas.
Para Leiva ese trabajo permitirá obtener datos “más precisos” sobre la evolución de la plaga en el país. “Aunque aún no se puede predecir con certeza cómo evolucionará la población de chicharritas, existen indicios de cómo viene la población, gracias al monitoreo y la observación de las condiciones actuales”, comentó el integrante de Yalfín.
Destacó que un aspecto positivo fue el frío de este invierno, que ha contribuido a reducir sensiblemente la población, un factor clave, ya que “a la chicharrita no le gusta el frío”. Además, las heladas eliminan los maíces guachos, que “son el hábitat donde esta plaga se reproduce en el invierno”.
Sobre las estrategias de manejo, Leiva subrayó la importancia de tratar de “concentrar las siembras” en menos tiempo, y el “control de los maíces guachos”, como medidas preventivas “fundamentales”. La elección de híbridos de mejor comportamiento, la utilización de curasemillas y la aplicación de agroquímicos sobre el cultivo a la presencia de la plaga, también son medidas a tomar.
Desde el punto de vista genético, Leiva destacó que entre los híbridos “templados” del portafolio de Yalfín, se encuentra el NK 842 Viptera 3, de ciclo intermedio y de “muy alto potencial de rendimiento”, que ofrece “la mayor tolerancia” al achaparramiento del maíz y “ha demostrado un muy buen desempeño frente a otros competidores”.
A la vez, destacó el híbrido subtropical SYN 126 Viptera 3, “un material que lleva algunos años a nivel comercial, de ciclo corto, adaptado a todo el Uruguay, mostrando la mayor tolerancia a los efectos de la chicharrita”.
Como lanzamiento, Leiva mencionó el híbrido NK 835 Viptera 3, “material con el ciclo más corto dentro del portafolio”. Si bien “no ha mostrado una tolerancia destacada a la enfermedad, para esta zafra va recomendado para la siembra de primera, cuando se esperaría una menor incidencia de Dalbulus”.
El responsable del área de desarrollo de Yalfín señaló que la empresa también cuenta con SYN 979 Viptera 3, “un híbrido doble propósito, de ciclo largo, que permite la obtención de altas producciones de materia seca y grano, lo que genera un silo de alta calidad”.
El presidente de la compañía que representa a John Deere en el país planteó que los altos costos se pueden compensar con mayor eficiencia, a través de la tecnología
Uruguay “sigue dando lindas alternativas para invertir”, destacó Julio Blanco, gerente general y director de Interagrovial, empresa que representa en exclusividad a la marca John Deere en el país. En entrevista con VERDE, el empresario destacó la estabilidad política y económica de Uruguay, que es valorada por los inversores locales y extranjeros, algo que se está reflejando en el mercado de campos, a pesar de ser un año electoral.
Entre las dificultades que enfrenta el sector agroindustrial exportador, señaló el tipo de cambio. Y enfatizó que una alternativa para compensar el atraso cambiario y las dificultades del negocio pasa por la tecnología, que ayuda a mejorar la eficiencia productiva, sobre todo a nivel del Centro de Operaciones de John Deere, una plataforma que “aún tiene mucho margen para crecer y avanzar”.
Sobre el mercado de maquinaria expresó que “no pasa por un buen momento”, efecto de la sequía de 2022-2023. Pero destacó el incremento de las ventas de repuestos originales, sobre todo de sembradoras, luego de una promoción que generó mucho interés de los productores. A su vez, la empresa sigue con el foco en mejorar sus servicios, luego de realizar importantes inversiones en logística, distribución y tecnología.
¿Cómo observa el escenario para el negocio agrícola?
Vemos que Uruguay es un país que sigue dando lindas alternativas para invertir. Tiene estabilidad desde el punto de vista macroeconómico y político, siempre se destaca y se ha fortalecido. Es algo que además pasa de gobierno a gobierno, que los inversores ven con muy buenos ojos. En nuestro negocio muchos de los inversores son extranjeros, importantes, además de los uruguayos. Sin dudas, tenemos un escenario desafiante, por lo que representan los costos de Uruguay. El país tiene equilibrios muy importantes a nivel social, de estabilidad y demás, pero tiene como contrapartida costos que son altos, como el déficit fiscal de los gobiernos, lo que provoca que de alguna manera esas cuentas se tengan que pagar. En ese contexto hay sectores que pagan más que otros o con diferentes relaciones. El tipo de cambio presiona sobre los costos de producción del sector agropecuario a nivel interno y de la exportación. Y dentro del agro a algunos sectores los presiona más que a otros, sobre todo a la carne, el arroz y los lácteos, que son los que tienen las industrias más grandes. Es una realidad que presiona y hace que los productores tengan que ser resilientes. Pero no todo es malo. Uruguay nos brinda una muy buena posibilidad de incorporar tecnología, porque es un mercado muy abierto. En el caso de la maquinaria agrícola el país está abierto a la importación de productos nuevos y usados, prácticamente desgravado y con planes de inversión que lo apalancan. Algunos productores antes que otros han incorporado y adoptado mucha tecnología, que viene siendo creciente, y eso sí que es disruptivo, y posibilita que las unidades productivas sigan siendo rentables y sustentables en escenarios desafiantes como este. Hacer agricultura o cualquier rubro intensivo de producción en Uruguay es desafiante, pero por suerte tenemos algo disruptivo, que es la tecnología. El país también tiene un gran incentivo fiscal y también cuenta con costos financieros que son muy buenos, de los mejores de la región, fruto de la estabilidad. Esas condiciones permiten que sea rentable incorporar tecnología.
¿El tipo de cambio es la mayor preocupación a nivel empresarial?
Es un componente. Se manifiesta que la competitividad no solo se consigue con tipo de cambio, y estoy de acuerdo con eso, pero es un componente que presiona. La agricultura y la ganadería han cambiado mucho, está ese componente tecnológico, y es lo bueno que tiene, que se puede invertir para sobreponerse a una realidad como esta. En los últimos 10 años ha cambiado la forma de producir en agricultura, la diferencia en tecnología es abismal. Y la respuesta a estos problemas está por allí.
¿Cómo evalúa la tasa de adopción de tecnología de los sectores productivos?
Para las nuevas herramientas que hay disponibles, la tasa de adopción es baja. Hoy tenemos la posibilidad de incorporar automatismos, sistemas de guiado con precisión, que nos permite repetir operaciones de un año a otro. Tenemos guiado de implementos, formas de hacer las prescripciones a partir de datos generados en el campo a través del Centro de Operaciones John Deere, aunque el uso de esa plataforma todavía es muy bajo a nivel país. Hay más productores que la están utilizando, algunos la usan mucho, va entrando a un ritmo que no es malo, pero todavía es baja la adopción.
¿La adopción de tecnología puede contribuir a mejorar la competitividad de las empresas?
Sí, totalmente. Creo que el mejor lugar del mundo para vivir es Uruguay. El país tiene un montón de equilibrios macroeconómicos, que permiten que estemos como estamos, y nuestra composición social como país, territorial, la inclusión, determinadas políticas, generan que el gobierno tenga que moverse de determinada manera. Me encantaría que el dólar estuviera mucho más alto que ahora, pero no es algo que depende de mí. Entonces, tengo que ver cómo hago para poder ser rentable y sustentable dentro del ambiente en que me muevo. Creo que la solución es la tecnología, que nos permite aumentar rindes bajando costos, de una manera creciente en el tiempo. Son cosas que no se dan a corto plazo, hay que proyectar a mediano plazo. Nuestros sistemas productivos, como está pasando en los países más agrícolas del mundo, van por ese camino. Hay países que tienen otros problemas, otros costos, que están en otro lado, y tienen la misma respuesta: la solución está en la tecnología; es lo disruptivo.
¿Cómo está el mercado?
Después de la pandemia, los años 2021 y 2022 fueron buenos, en 2023 –por la sequía– empezó a bajar la demanda, y este año siguió bajando. El mercado está mostrando una reducción de casi 25% respecto a 2023. Creo que el coletazo de la seca siguió impactando en las inversiones.
¿Esta situación es pareja para los distintos segmentos?
Sí, es bastante pareja. Lo atribuyo a la seca y a los números del sector. Sin embargo, veo que las áreas se siguen sembrando, hay rubros que no han tenido la misma evolución, como por ejemplo el arroz, que ha tenido buenos años de producción y precios. Pero el resto del mercado ha pasado por esa realidad. También eso coincide un poco con el endeudamiento del sector agropecuario, que es un tema a seguir de cerca.
¿El sector arrocero superó el rezago tecnológico que le generaron los años de crisis?
Creo que aún no, todavía falta, hay productores que necesitan reponer equipos, y en muchos casos hay que actualizarlos tecnológicamente. Algunos lo hicieron primero y otros lo están haciendo. Creo que hay bastante lugar para que se actualice el parque de maquinaria y la tecnología.
¿Y en la agricultura de secano?
Ahí es distinto. En Uruguay hay buenos equipos, hay tractores, cosechadoras, hay disponibilidad, no hay urgencia de cambiar un equipo o que no haya una máquina. Por un lado o por otro, la mayoría de las veces se consigue. Lo que es muy incipiente es la utilización del paquete tecnológico completo y actual que se puede aplicar en agricultura. En nuestro caso todo el ecosistema conectado, que es el Centro de Operaciones de John Deere, todavía tiene pocos productores que lo están usando. En las máquinas de los últimos siete u ocho años se pueden hacer las actualizaciones, sin necesidad de cambiar la máquina, para que el equipo quede totalmente al día con el paquete tecnológico. Esa es una gran ventaja de John Deere.
¿Con qué objetivos viene trabajando Interagrovial?
Estamos tratando de atender mejor al cliente, ser más rápidos, es algo que estamos buscando todos. Se ha invertido mucho en logística, en una bodega central de repuestos, para llegar más rápido a todos los puntos de venta. Hubo una readecuación y se ha focalizado en algunos sectores, como por ejemplo la siembra, donde se lanzó una promoción de repuestos que ha sido muy exitosa. Hemos logrado arrimar el precio del repuesto original al del paralelo, a una diferencia muy chica, además de ofrecer financiación de 180 días o más, y esto ha hecho que el productor vuelva a preferir el repuesto original. Estamos creciendo muchísimo en el mercado de repuestos de siembra frente al año pasado. Se vienen haciendo varias cosas como esas. Intentamos que los productores encuentren más soluciones de calidad y cumplir con la demanda, siendo más rápidos.
¿Cuánto pesan los repuestos y servicios en el negocio de la compañía en un contexto donde baja la venta de equipos nuevos?
Son muy importantes y un poco nuestra razón de ser. Estas son empresas de servicio y además se están convirtiendo en un brazo tecnológico fuerte. Esa parte es lo que hace sentido y no se puede ver separada de la venta de maquinaria. Pero el servicio es lo que lleva a un cliente a elegirte, por eso es lo más importante. Hay que hacerlo bien, invertir, transformarse, preparar a la gente para que puedan darse esas respuestas que hoy necesita la agricultura.
¿Hay terreno tecnológico por recorrer para mejorar en el servicio posventa?
Sí, muchísimo. Esto recién empieza. La tecnología avanza a gran velocidad y nos transforma. Esto impacta muchísimo en las empresas. Además, estamos incorporando perfiles que no teníamos. Esa es una transformación muy grande. Interagrovial tiene una estructura a nivel país que se ha ido adaptando al tipo de servicio que tenemos que dar desde ahora hacia el futuro.
¿El año electoral afecta el clima de inversión en Uruguay?
Creo que no, lo veo como una de las grandes fortalezas del país. Está lindo Uruguay, lo veo interesante para invertir en proyectos, para crecer. La campaña política puede tener algunas asperezas, confrontaciones, pero eso es normal en una contienda electoral. Son alternativas políticas diferentes, algunas más deseables que otras, pero en el fondo tenemos un país estable, donde se puede invertir. La prueba está en cómo se ha dinamizado el mercado de campos y tierras en un año electoral. Veo que el clima de inversión es muy bueno.
TARJETA PERSONAL
El contador Julio Blanco Vicente es el gerente general y director de Interagrovial, empresa fundada por su padre, Julio Blanco Durán, en 1967, que representa a John Deere en Uruguay desde 1984. En el año 2000 comenzó con la maquinaria vial y en 2010 con los equipos forestales. Lidera Ganadera Barracas, empresa con campos en Tacuarembó y Canelones, donde producen genética Angus y Hereford y realizan ganadería de ciclo completo.
El sector perdió US$ 30 millones por problemas de “manejo” y “bienestar animal”, según la Auditoría de Calidad de Carne, realizada en conjunto por integrantes de INIA e INAC
MAURO FLORENTÍN
Unos US$ 30 millones fueron las pérdidas registradas en el sector cárnico por “problemas de calidad” en los procesos de producción de la carne, especialmente en el “manejo” y el “bienestar” de los animales, indican los resultados de la Cuarta Auditoría de Calidad de Carne Bovina y Ovina de Uruguay, según un artículo publicado en el suplemento Agro de Búsqueda (edición N° 32, publicada el 8 de agosto).
El informe señalan que de ese monto total, US$ 15 millones corresponden a novillos, US$ 13 millones a vacas y US$ 2 millones a vaquillonas, debido mayormente a problemas de pH y cortes oscuros (US$ 13 millones), y a hematomas (US$ 9 millones).
La auditoría en cuestión corresponde al período 2022-2023, y fue conducida por integrantes del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y el Instituto Nacional de Carnes (INAC).
En esta ocasión las pérdidas, medidas en dólares corrientes, registraron una “disminución” de US$ 1 millón respecto al cuantificado en la auditoría anterior, que fue de US$ 30,7 millones, en 2013; mientras que en las dos primeras auditorías el monto perdido fue estimado en US$ 32,2 millones (en el año 2007-2008) y US$ 47,1 millones (en 2002-2003), según estos trabajos.
Los investigadores también observaron que si el cálculo de las pérdidas se realiza en dólares constantes, su evolución registra incrementos de US$ 18 millones (2007-2008), US$ 25 millones (2012-2013) y US$ 29,7 millones (2022-2023).
Con el objetivo de caracterizar y determinar la calidad del ganado, de las canales y de la carne en Uruguay, desde 2002 y casi que cada cinco años, INIA e INAC realizan el trabajo de investigación denominado Auditoría de Calidad de Carne.
Este proyecto se enmarca en una línea de investigación de cooperación de INIA con la Universidad de Colorado, Estados Unidos (EEUU), que aportó la metodología de trabajo. Luego de la segunda auditoría realizada en el período 2007-2008, y de la tercera realizada en 2013, la cuarta edición fue implementada con retrasos a causa de la pandemia, y corresponde al período 2022- 2023.
Lo positivo y lo preocupante
Por otra parte, una encuesta divulgada en el marco de estos estudios señala que “todos los actores de la cadena cárnica valoran de forma muy positiva la calidad general” de la carne uruguaya, “siendo los consumidores los más críticos”.
A excepción de los frigoríficos, en los demás segmentos especializados, la mayoría opina que esta calidad evolucionó “favorablemente” en el último quinquenio, sostiene.
Considera que en lo que tiene que ver con las categorías de calidad más apreciadas, “cada eslabón valora un atributo diferente, acorde al producto que adquiere del eslabón previo”.
El relevamiento en planta de faena de bovinos “denota el avance o mejora de muchas variables que hacen a la calidad” de la cadena de producción de carne, mientras que “otras variables importantes, como los hematomas, permanecen con una incidencia similar”, indica el documento.
Puntualiza que “esta variable es muy relevante, tanto desde la perspectiva ética (bienestar animal), como desde la económica, por las pérdidas que implica”. “Los hematomas, junto al pH inadecuado y los cortes oscuros, continúan implicando más del 75% de las pérdidas totales”, resalta, a modo de conclusión.
El estudio realizado por INIA e INAC advierte que hay una “gran preocupación por el incremento en la incidencia de abscesos en bovinos, producto de inyectables mal administrados y su posible relación con la presencia de residuos en carne”.
“Casi la totalidad de las pérdidas de la cadena cárnica vacuna del Uruguay (95%) están asociadas al manejo y bienestar de los animales, tanto en el predio como en los momentos prefaena”, por lo cual “es fundamental darle a este tema la relevancia que amerita, y continuar trabajando en la capacitación de los diferentes actores de la cadena cárnica uruguaya”, plantea.
Respecto a los ovinos, el INIA indica que “en las cuatro auditorías las variables que representaron las mayores pérdidas de calidad fueron las mismas: hematomas, decomisos de hígados y heterogeneidad de canales”.
No obstante, “la importancia relativa de estas variables en cada una de las auditorías fue diferente, incidiendo en la valoración final de las pérdidas globales de la cadena cárnica ovina”, consigna.
Según el organismo, al igual que en la auditoría anterior (2013), “la heterogeneidad de canales constituyó el principal factor de pérdida económica” en esta última auditoría.
La opinión de los participantes de la mesa ovina en el taller marca “la necesidad de mejorar la escala del negocio ovino” y “la promoción de sus bondades”, mediante “estrategias coordinadas” entre los diferentes actores de la cadena.
Otra tema que habitualmente se plantea en el sector, y que figura en este trabajo, es que “la articulación con la institucionalidad público-privada y otros actores será fundamental para continuar trabajando en la sensibilización e internalización de estos temas tan relevantes para la sostenibilidad de nuestros sistemas productivos y de la economía” uruguaya.
Tendencias y consumidores
En esa instancia se presentó una encuesta tercerizada, que se encargó a la empresa Equipos Consultores, que en lo referido a consumidores tuvo un alcance “sensiblemente mayor” a las de auditorías anteriores, con una muestra de 700 casos en el mercado local. Su resultado comprueba una “tendencia a considerar: la calidad del producto como uno de los factores más relevantes”, especialmente en los sectores más cercanos al consumidor (carnicerías (71%), supermercados (73%) y restaurantes y hoteles (62%).
“Esta tendencia no se expresa tan plenamente en el propio sector consumidor (29%), en el que existen otros atributos como el precio, que en promedio tiene más peso al adquirir el producto”, destaca.
Los resultados de la encuesta muestran que “el 36% consideró que el precio es el principal factor” y “el 29% aludió a la calidad”, en tanto que como “tercer factor” de peso se mencionó el “lugar de compra o comercio”.
Además, “al desglosar las respuestas por nivel socioeconómico se comprueba que en los niveles más altos esta tendencia se invierte”, indica el estudio.
En otro capítulo de esta consulta, cuando a los productores se los consultó sobre los atributos que valoran al comprar sus animales de reposición, “se enfocan en la genética (55%) y la historia y prácticas (53%) asociadas al ganado”; mientras en el eslabón siguiente de la cadena, “los frigoríficos consideran que el atributo notoriamente más relevante a la hora de valorar los insumos de su negocio es el peso y tamaño de los animales (83%)”.
Huella ganadera y aspectos ambientales
Al analizar el tema de la huella de la ganadería en sistemas pastoriles, en el marco de la jornada organizada por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) a fines de julio en su estación experimental de Tacuarembó, la investigadora de ese organismo, Verónica Ciganda, señaló que las oportunidades para tener la “mejor carne del mundo” pasan por algunos aspectos como el hecho de que “la producción ganadera de Uruguay es a cielo abierto y está ligada fuertemente a nuestras pasturas naturales”. En tal sentido, enfatizó que “es necesario destacarlas, protegerlas y recuperarlas”.
“La mejora de los índices productivos y reproductivos van de la mano de la sostenibilidad productiva” y la “relevancia de incluir dimensión de bienestar animal en la huella ganadera” fueron otros puntos recomendados por Ciganda.
Afirmó que hay “posibilidades de mejora de la sostenibilidad de nuestros sistemas ganaderos a través del manejo y de la aplicación de medidas ambientales”.
La investigadora de INIA destacó que en el campo uruguayo hay una “alta” proporción de ambientes naturales: 51% de pastizales naturales, 5,3% son bosques nativos y 3,2 % humedales, valoró.
Y también planteó la importancia de contar con una “mayor” superficie dedicada a la ganadería y hábitats naturales, principalmente pastizales.
Las “áreas dedicadas a la ganadería presentan menor área con pérdida de servicios ecosistémicos respecto a áreas no ganaderas”, sostuvo en la jornada donde se presentó la Cuarta Auditoría de Calidad de Carne Bovina y Ovina de Uruguay.
En su exposición, la investigadora del INIA hizo referencia a algunas posibles estrategias de manejo para aumentar el secuestro de carbono, con el ajuste de la dotación animal, la inclusión de leguminosas, la fertilización, el manejo del pastoreo y la recuperación de pasturas degradas.
Marcó el “importante nivel de saturación y la pérdida de suelo por erosión”, el “transporte de nutrientes”, específicamente de nitrógeno y fósforo, “sustancias químicas tanto al suelo como al agua” y la “gestión de residuos”, como “aspectos ambientales relevantes a atender en el sector primario de la producción”.
El gerente general de la empresa, Álvaro Platero, destacó el buen momento del sector, pero advirtió que si el precio baja la rentabilidad puede comprometerse, por los costos
Nos llena de orgullo pertenecer a una empresa tan añeja y pionera en muchas cosas” dentro del sector arrocero, y también representa “una responsabilidad conducir sus destinos productivos”, dijo a VERDE el gerente general de Arrozal 33, Álvaro Platero, quien demostró su “alegría” al celebrar los 90 años de la firma.
Fue en un encuentro con empleados de administraciones anteriores y otros extrabajadores, en una jornada “emotiva”, de camaradería ya que además participaron representantes de empresas que acompañaron durante “mucho” tiempo al emprendimiento y algunos que la apuntalaron en los “años difíciles”, como las instituciones bancarias, señaló.
Respecto a los puntos a destacar de las nueve décadas de esta empresa, Platero sostuvo que la historia tiene tres administraciones que duraron tres décadas cada una, por simplificarla, pero todas con un mismo hilo conductor, con un “objetivo común”, “sin tener nada que ver una administración con la otra”.
El “avance tecnológico” ya se marcó en 1934, cuando se creó la empresa y se ideó el sistema de riego, a cargo de personas con una “cabeza muy adelantada”, ya que se trata del “mismo sistema” que hasta hoy perdura”, valoró Platero.
Comentó que en la construcción del sistema de riego “llegaron a trabajar 2.000 personas”, que hicieron “a pala un canal que unía la laguna Merín con el segundo levante”, que “estaba pensado que funcionara como primer levante” en aquella época. “Pasaron los años y la empresa, ya en aquel entonces, por publicaciones que hizo”, advirtió que “estaba preocupada por las rotaciones, por el cuidado del agua, por el ambiente” y otras “problemáticas de aquella época”, indicó. Eso transcurrió hasta los años 60.
En esa década la familia Sanguinetti tomó la dirección de la empresa, con Jorge Sanguinetti a la cabeza, un empresario de fuste, que promovió la investigación en el sector arrocero, cediendo hasta campos de Arrozal 33 para que aquella vieja Estación Experimental del Este, que dependía del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) investigara.
Y “fue artífice de crear el convenio con las otras empresas arroceras, para que se destinaran fondos para comenzar a investigar en arroz”, dijo.
En relación a ese asunto, Platero valoró que a los técnicos de aquella época los hacía viajar a Estados Unidos para traer tecnologías que se empleaban en el sector arrocero norteamericano. A fines de los 80 y en los 90, asumió la actual administración un empresario brasileño con “muchas hectáreas de arroz y conocimiento en Brasil”, con un “amor por la tierra y por el cultivo”, que “trajo un empuje de maquinaria y de capital para terminar de consolidar grandes innovaciones”, como la “siembra directa, los glifosatos de otoño y una cantidad de cosas que marcaron verdaderos jalones”, y determinaron “el avance del sector arrocero”, sostuvo.
Período de cambios
Arrozal 33 mantiene su rol de “avanzada” en la producción arrocera uruguaya, lo que “enorgullece mucho” a Platero, quien destacó las “buenas perspectivas” de la compañía.
Sobre la evolución y los cambios en los sistemas arroceros, el gerente de la empresa comentó que las diferentes administraciones tenían “distintas rotaciones, de acuerdo a lo que había en la época”. Empezó con una rotación agrícola-ganadera, ya en 1959 se trajo técnicos del exterior y “mucho antes de que se generaran las praderas sobre rastrojos de arroz, Arrozal 33 había descubierto que había que rotar con leguminosas y con gramíneas”; esas “fueron las primeras praderas”, recordó.
Y continuó con la reseña: “después fue evolucionando, con la presencia del INIA (Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria) o de la estación experimental del Este se generalizó el uso de praderas sobre rastrojos de arroz y, por lo tanto, una ganadería más intensiva”.
Comentó que “se engordaban muchas cabezas de ganado, me acuerdo que en la administración de Sanguinetti ese era un foco importante. Hoy estamos con una rotación más intensa y generadora de recursos”.
Actualmente el “100% del área agrícola de la empresa realiza una rotación arroz-soja o arroz-sorgo”, por lo que “hay unas 12.000 hectáreas que son el área agrícola, podemos decir sin riesgo, sin ir a las zonas bajas”, y esa superficie “está sin ganado y con un ping pong, un año se planta la mitad de arroz y al otro año se siembra soja o sorgo”, explicó. Esa actividad la “hace Arrozal 33 o terceriza”, señaló. Detalló que “algunas hectáreas, en el caso del sorgo lo terceriza todo y la soja parte la hacemos nosotros y parte se terceriza”.
Otro aspecto relevante de la historia de esta empresa es la evolución que alcanzó en la productividad, tanto en arroz como en soja. “Nos mantenemos en la punta de la tabla”, siempre ahí, dependiendo de las características de cada uno de los años, ya que “este año se culminó con 9.200 kilos” de arroz por hectárea, pero el año pasado (2023) fueron “9.800 kilos en las 8.000 hectáreas” destinadas al cultivo, y “el otro año (2022) siempre arriba del umbral de las 180 o 185 bolsas (de 50 kilos)”, puntualizó.
Para Platero, esas rotaciones “bien manejadas, bien fertilizadas, controlando las variables de nutrientes en el suelo, incorporándole el encalado que estamos haciendo ahora, mantienen los suelos con un nivel de producción por demás satisfactorio”.
Del CTI a la mejor rentabilidad
Pero como en toda historia, y más aún cuando comprende esta cantidad de décadas, nunca faltan los momentos complicados y este caso no es la excepción. “Es como aquel que estuvo en el CTI y estaba consciente de lo que le pasaba”, y “tuvimos algunos años, cuatro o cinco, cuando estuvimos por debajo de la línea de flotación”, dijo el gerente de Arrozal 33. Y consideró que eso estuvo “agravado”, porque la empresa “había perdido sus campos y pasó a ser 100% arrendadora”.
“No somos dueños de la tierra y eso nos quitó espalda, sumado a la coyuntura del arroz, los costos eran altos, la bolsa valía poco, tuvimos muchas dificultades”, además de una “renovación del contrato que no estaba en el mercado, que no se veía la luz” al final del túnel, graficó. Acotó que incluso se llegó hasta el punto de estar cosechando el arroz en una zafra, pero “no saber si tenías otra zafra de futuro por delante”.
Sin embargo, esa etapa se superó y hoy la empresa está en un “esquema de producir y no industrializar el arroz, porque la industria también fue parte de esos años, que además de ser de baja rentabilidad eran sumamente conflictivos con los recursos humanos”, y se tuvo que “reestructurar”, porque la industrialización del arroz “le quitaba valor a la bolsa” del cereal, planteó.
Afirmó que la empresa “exportaba arroz blanco, como cualquier otro molino, pero llegó un momento que industrializar el grano le quitaba valor a la bolsa” y por eso debió “cerrar la parte industrial”, lo que significó dejar personal “por el camino”.
Después de llegar a tocar un piso, la empresa se levantó y pasó a un nuevo “período de bonanza”, que ya viene de unos “cuatro a cinco años”, este año en particular con “muy buena rentabilidad”, admitió.
Los costos
Respecto al escenario del negocio arrocero, Platero se refirió a la decisión de los directores y la gerencia de la empresa en cuanto a tratar de “aprovechar estos años buenos para invertir” y “quedar armados”, porque “los años difíciles van a volver a existir”. Informó que “estamos invirtiendo en maquinaria agrícola, en equipamiento de soja y con algunos proyectos interesantes”.
Sostuvo que “el objetivo es armarse para los años embromados, que van a venir”, se pueda “seguir trabajando como hasta ahora”. “Estamos en un año excepcional, pero con costos muy altos, la hectárea de arroz la cerramos casi con US$ 2.200”, advirtió el ejecutivo.
Explicó que “hoy la bolsa de arroz vale US$ 17, y si sacamos 185 o 186 bolsas por hectárea”, hay una rentabilidad “de casi US$ 900 por hectárea”, pero “si la bolsa vuelve a US$ 12 y se producen 185 bolsas, estás empatando”.
Advirtió que estos son momentos “excepcionales”, pero si pasa cualquier cosa en el mundo, como una decisión política de India, una guerra u otro acontecimiento, y “volvemos a los niveles normales (de precios), el cultivo de arroz que plantás es para que te vean”.
Insistió en que si el productor arrocero logra producir 185 bolsas y las vende a US$ 12, la rentabilidad se ubica en tres o cuatro bolsas, “con el riesgo” que eso implica por el costo por hectárea que demanda el arroz.
En ese contexto, Platero resaltó la necesidad de “ser muy eficientes en el uso de la mano de obra, de los mantenimientos, siempre ajustando para no gastar un litro de gasoil más, ni una hora extra inútil”. Planteó que hay que “estar siempre corriendo para que el negocio cierre”, por lo que es imprescindible “estar alerta”, dijo.
El maíz bajo riego en la zafra 2023-2024 tuvo una productividad promedio de 11.794 kilos por hectárea, la más alta de la serie histórica de Regadores Unidos del Uruguay
Hay un paquete de manejo que “permite regar con menos incertidumbre y lograr altos rendimientos”, dijo el asesor técnico de Regadores Unidos del Uruguay (RUU), el ingeniero agrónomo Gastón Sebben, en diálogo con VERDE. El maíz bajo riego en la zafra 2023-2024 tuvo un rendimiento promedio de 11.794 kilos por hectárea, el más alto de la serie histórica de RUU. El técnico destacó que “vienen aumentando los rendimientos máximos todos los años” y eso es lo que explica “el aumento del promedio”.
Son 38 los socios de RUU, que riegan un área que supera las 44.000 hectáreas. La zafra 2023-2024 de maíz bajo riego en Uruguay fue de desafíos y aprendizajes, con resultados que reflejan la importancia de una gestión hídrica adecuada en un contexto de condiciones climáticas impredecibles. El ingeniero agrónomo ofreció un análisis exhaustivo de la temporada, destacando los logros y las áreas que requieren atención en futuras campañas.
Es importante considerar que el aumento de rendimiento esconde una considerable variabilidad entre los diferentes sistemas y regiones. Según Sebben, “el rango de rendimientos fue amplio”, con picos que superaron los 16.000 kilos por hectárea en los sistemas más eficientes, y mínimos cercanos a los 9.000 kilos por hectárea, casos que enfrentaron mayores limitaciones hídricas.
Este rango tan amplio evidencia que la disponibilidad de agua sigue siendo el factor clave que define el éxito o el fracaso en la producción de maíz bajo riego. “El agua es lo que marca la diferencia”, afirmó Sebben.
Las diferencias en la gestión del recurso hídrico explican gran parte de la dispersión en los resultados obtenidos. Indicó que, si bien los rendimientos máximos han mostrado una tendencia al alza en los últimos años, los mínimos continúan siendo altamente dependientes de las condiciones climáticas y la gestión del agua. Al analizar el promedio se debe tener en cuenta el aumento de área bajo riego, ya que a pesar de que hay rindes más altos, es difícil que el rendimiento por área mejore a la par.
Aunque se han logrado avances en tecnología y prácticas de manejo, la gestión del agua sigue siendo el desafío más grande para los productores. La diferencia entre los que logran rendimientos excepcionales y los que enfrentan dificultades radica en la capacidad de gestionar eficientemente el agua disponible, especialmente en años con condiciones climáticas adversas.
La ventaja del riego
Una de las conclusiones más reveladoras de la zafra 2023-2024 es la marcada diferencia en rendimientos entre los cultivos bajo riego y los de secano. A pesar de que las precipitaciones fueron relativamente favorables hasta diciembre, los cultivos bajo riego mostraron un rendimiento promedio 60% superior al de los cultivos en secano. “Incluso en un año con buenas precipitaciones iniciales el riego hizo una diferencia significativa”, destacó Sebben.
Enfatizó sobre el papel crucial que juega el riego en asegurar altos rendimientos, particularmente en las etapas críticas del desarrollo del maíz.
La soja es el principal cultivo bajo riego, ocupando alrededor del 55% del área de los productores de RUU. El resto es ocupado mayormente por maíz y un área residual de pasturas. La mayor proporción del área regada se concentra en el litoral centro-oeste, en los departamentos de Soriano y Río Negro. También hay áreas con riego, en menor proporción, en Colonia, Durazno, Florida y algo en el este de Uruguay.
Desafíos climáticos y manejo
La zafra 2023-2024 comenzó con un panorama complicado, marcado por la escasez de agua en las represas, debido a las represalias de la sequía del año anterior. “Las represas estaban muy afectadas por la seca”, comentó el integrante de RUU, lo que obligó a los productores a ajustar sus estrategias de siembra desde el inicio.
Muchas explotaciones optaron por reducir la superficie sembrada y disminuir la densidad de las plantas, anticipando que la disponibilidad de agua sería limitada a lo largo de la temporada. Algunas represas comenzaron la siembra con un 20% del agua que podían almacenar.
Enero resultó particularmente desafiante, con temperaturas elevadas y precipitaciones escasas, que aumentaron de manera significativa la demanda de riego. “Un cultivo de maíz puede llegar a tener 200 o hasta 300 milímetros de demanda de agua en el mes de enero”, explicó el ingeniero agrónomo. Un cultivo de secano que no tenga suficiente agua para cubrir esa demanda “puede asumir pérdidas importantes”, planteó.
Pero incluso en las represas que abastecían los sistemas bajo riego “no había suficiente agua para cubrir toda la demanda que se generaba”, explicó Sebben. En algunos casos se hicieron ajustes sobre la marcha y en otros hubo pérdidas inevitables. Durante febrero se pudo recomponer parte de la recarga de la represa, lo que ayudó al cultivo de soja a evitar “una parte importante” de las pérdidas.
Zafras anteriores
Al comparar la zafra 2023-2024 con campañas anteriores, Sebben destacó una mejora significativa en los rendimientos, con un incremento de casi 2.000 kilos por hectárea respecto a la zafra 2022-2023, marcada por la sequía severa que afectó a todo el país. “La zafra anterior fue extremadamente dura, con un rendimiento promedio casi 2.000 kilos (por hectárea) por debajo”, recordó. A pesar de que aquella temporada inició con buenas reservas de agua, la sequía prolongada agotó rápidamente los recursos hídricos, lo que impidió regar adecuadamente los cultivos y redujo drásticamente los rendimientos.
Este contraste evoca la importancia de una gestión hídrica adaptativa, capaz de responder a las fluctuaciones climáticas. La zafra 2023-2024, aunque desafiante por la falta de agua al inicio, demostró que, con una gestión adecuada del agua y la adopción de prácticas de manejo ajustadas a las condiciones específicas, es posible alcanzar altos rendimientos, incluso en contextos adversos.
Lecciones y ajustes tecnológicos
La zafra 2023-2024 ofreció valiosas lecciones para los productores, especialmente en lo que respecta a la importancia de ajustar las prácticas de manejo en función de la disponibilidad de agua. Sebben destacó que la “densidad de siembra” fue uno de los primeros ajustes realizados. Muchos productores optaron “por poblaciones más bajas” para reducir el riesgo en caso de que el agua fuera insuficiente, comentó.
El asesor técnico de RUU indicó que otros aspectos del manejo, como la fertilización y la elección de materiales genéticos, también fueron adaptados en función de la disponibilidad de agua y las expectativas climáticas. “Las mejoras en fertilización y materiales están siempre ligadas a la gestión del agua”, afirmó, sugiriendo que estos ajustes permitieron a los productores maximizar la eficiencia del riego y obtener mejores resultados.
En una escala de prioridad, los sistemas bajo riego están sumamente condicionados por la densidad de siembra elegida y la fertilización. Respecto a esta última, el ingeniero agrónomo comentó que “es crucial” contar con una fertilización adecuada, haciendo especial énfasis en comenzar a nutrir el cultivo desde etapas iniciales.
“Deficiencias tempranas de nitrógeno (N) no pueden ser levantadas con fertilizaciones más tardías’’, advirtió. Sostuvo que “es fundamental” corregir deficiencias nutricionales “entre los estadios V4 y V6, y seguir la curva de absorción de N del cultivo con respuestas al N hasta R2 inclusive”.Comentó que la densidad “fue ajustada desde el inicio”, anticipando que el agua podría ser un factor limitante.
Sebben mostró cómo a nivel estadístico, juega un papel “no menor” el hecho de que llueva en diciembre, ya que está directamente ligado al agua disponible en la recarga y que se pueda realizar la lámina de riego adecuada.
De cara al futuro, Sebben se mostró optimista sobre la capacidad de los productores para continuar mejorando sus rendimientos mediante la adopción de tecnologías avanzadas y la optimización de las prácticas de manejo. No obstante, subrayó que la gestión del agua seguirá siendo el principal desafío en la producción bajo riego.
“El agua sigue siendo lo fundamental”, enfatizó, y reiteró que “la clave para el éxito en futuras campañas radicará en la capacidad de los productores para gestionar eficientemente este recurso escaso”.
Riego: el conocimiento como capital
Regadores Unidos del Uruguay (RUU) es un grupo de productores con una “función clave” en la generación de información que “está haciendo una diferencia importante en el desarrollo de la tecnología”, comentó a VERDE el ingeniero agrónomo Juan Baroffio, presidente de esa institución.
Agregó que el conocimiento generado por RUU “es fundamental” para los productores incipientes en sistemas de riego. Según Baroffio, la información se vuelve determinante para “mejorar la performance de los cultivos y los resultados productivos”, aspecto que se considera “una inquietud muy genuina e importante de las empresas que incorporan el riego».
En un año electoral el riego cobra lugar en la agenda pública. El presidente de RUU afirmó que estar “en articulación” entre los sectores público y privado es “uno de los objetivos”, ya que “estamos convencidos” de que el riego “le hace bien al sistema de producción, a las empresas y al país en general”.
Afirmó que el riego “es un esfuerzo privado”, que requiere de “ciertas condiciones para que pueda desarrollarse bien”. A la vez, mencionó que la institución viene realizando «gestiones ante organismos públicos», que son necesarias para la mayor eficiencia de los proyectos, abarcando aspectos como el suministro eléctrico, la calidad del suministro, tarifas y descuentos.
RUU también ha participado exitosamente en concursos y ha ganado proyectos de investigación financiados por la Agencia Nacional de Desarrollo (ANDE). Un ejemplo de ello es el proyecto Riego Ok, una aplicación que “está en pleno desarrollo”.
La caída del stock en EEUU impulsó la demanda de carne en ese país y genera altas expectativas; el planteo de un impuesto al metano en Dinamarca enciende una alerta
Dos de los mayores productores ganaderos de Australia han proporcionado una evaluación optimista de hacia dónde creen que se dirigen los precios del ganado, al tiempo que expresaron su confianza en que el sector de procesamiento puede manejar un mayor número de cabezas de ganado en el futuro, a medida que el ganado de Australia regresa a niveles históricamente altos.
Peter Hughes y Tim Roberts Thomson dijeron en el Foro Mundial de Alimentos de Australia, en Brisbane, que la dinámica de la oferta y la demanda mundial apunta a precios más altos en el futuro para los productores ganaderos australianos. El resumen de la presentación de ambos fue publicada por Beef Central de Australia.
Peter Hughes y su familia son propietarios de Hughes Pastoral Group y Georgina Pastoral Company, que en total abarcan 3,6 millones de hectáreas en el Territorio del Norte y Queensland, donde crían 200.000 cabezas de ganado Wagyu, en su mayoría de raza pura.
Tim Roberts Thomson forjó una exitosa carrera corporativa como accionista fundador del gigante de las telecomunicaciones Hutchison Australia y construyó TRT Pastoral Group con su familia durante los últimos 30 años, que comprende una importante cartera de propiedades en Victoria, Tasmania y King Island con 30.000 cabezas de ganado Angus puro y un rodeo lechero.
Tanto Hughes como Roberts Thomson se refirieron a la enorme reducción del ganado vacuno estadounidense, que ha caído a un mínimo de 73 años, llegando a 83 millones de cabezas, como un probable impulsor del aumento de la demanda de carne vacuna australiana en los próximos años. Hughes afirmó que los repuntes en los precios de exportación de carne vacuna congelada a Estados Unidos fueron una señal positiva. “El dinero que están pagando es muy importante, y cuando surge algo, generalmente el mercado lo acepta”, remarcó.
De todos modos, consideró que los repuntes de precios “se han dado de una forma más lenta a la esperada, pero todo el mundo sabe lo que está pasando y las perspectivas para la producción ganadera son bastante positivas”.
A la vez, Roberts Thomson dijo que se espera que Estados Unidos entre en un proceso de reconstrucción de su rodeo y también hay señales de que Brasil seguirá este mismo camino. “Creo que habrá muchas cosas positivas para la industria de la carne vacuna en los próximos años”, analizó.
El rodeo vacuno de Australia ha vuelto a su nivel más alto en 10 años, al totalizar 29 millones de cabezas, y está volviendo a niveles cíclicamente altos. En ese contexto, Hughes señaló que, si bien era poco probable que el número de ganado aumentara considerablemente, los avances agrícolas en el norte podrían conducir a aumentos sustanciales en la producción de carne vacuna a partir del rodeo existente. “Cada establecimiento de engorde con el que hablamos está expandiéndose y duplicando su capacidad”, dijo.
“Y a medida que nos adentramos en el norte con Kimberley, una vez que la agricultura madure y tengan desmotadoras de algodón allí, y obtengamos alimento a partir de esa agricultura y se comience a engordar, entonces habrá una oportunidad de construir una planta de procesamiento en esa área”, indicó.
CAPACIDAD DE LOS CORRALES Y LA INDUSTRIA
Ambos productores consideraron que la capacidad de procesamiento de Australia, que desde hace tiempo viene reportando problemas de disponibilidad de mano de obra, sería capaz de afrontar el desafío de manejar la mayor producción de carne vacuna, generado por un rodeo más grande, y capitalizar al máximo las oportunidades de demanda que están surgiendo para la carne vacuna australiana.
“Por lo general, cuando el sector industrial se enfrenta a esto, normalmente lo afronta, encuentra formas y es innovador en la forma de hacerlo. Creo que lo que nos frena en este momento es el problema del que hablan, vinculado con la mano de obra, pero estoy seguro de que lo superarán”, dijo Hughes.
Thomson analizó que las recientes inversiones y expansiones de las plantas frigoríficas del sur han creado capacidad adicional para 3.500 cabezas por día. “Eso es positivo, porque recientemente hemos tenido momentos en los que esperamos de seis a ocho semanas para conseguir un espacio en la planta procesadora”.
Un informe de Beef Central marca que los aumentos en la capacidad de procesamiento en Victoria, Australia del Sur y las regiones del sur de Nueva Gales del Sur están contribuyendo fuertemente a la creciente faena nacional de este año, que en julio se situaba en torno de las 140.000 cabezas por semana.
A la vez, informó que desde el año pasado se han llevado a cabo al menos seis grandes proyectos de modernización, remodelación, reconstrucción y reutilización de plantas frigoríficas en una región que se extiende desde la parte oriental de Australia del Sur, pasando por Victoria y las regiones meridionales de Nueva Gales del Sur.
Algunos ya se han completado, otros han finalizado sus primeras etapas en un proceso de varias etapas, y otros todavía están un poco lejos. Agregó que no se trata necesariamente de negocios nuevos, muchas son plantas que no han funcionado durante algunos años, ya sea por la baja oferta de ganado en el sur, malas condiciones comerciales, daños por incendios u otras razones.
Thomson, en el marco del Foro Mundial de Alimentos de Australia, consideró que potencialmente también se necesitarían aumentos en la capacidad de los corrales de engorde, ya que los feedlots de Australia alimentan de forma instantánea a 1,2 millones de cabezas de ganado y están prácticamente llenos.
INTEGRACIÓN VERTICAL
Hughes dijo que no había planes para integrar verticalmente el negocio de su familia en el procesamiento y producción de carne con marca. “Creo que es más complicado, estoy acostumbrado al lado pastoril. Una vez que pasamos a la fase industrial y al engorde en corrales, se convierte en un negocio completamente nuevo y requiere tantos recursos y mucho más esfuerzo que, por lo general, algo tiene que ceder. Cuando pasa eso, generalmente los establecimientos ganaderos no reciben el cuidado ni la atención que deberían recibir”, sostuvo el ganadero.
Y agregó que, cuando “se avanza más en el camino, siempre se requiere una enorme cantidad de dinero para superar el obstáculo, y ahí es donde el aspecto pastoril generalmente queda fuera”.
En tanto, Thomson dijo que teniendo en cuenta que las propiedades en King Island tenían una reputación y procedencia fantásticas, estaba abierto a la idea. “Lo hemos investigado, todavía no hemos hecho nada al respecto, pero nos encantaría avanzar en la cadena de valor para dejar de ser un tomador de precios como lo es el productor. Pero en este momento no estamos preparados para dar ese paso”, aseveró.
EL IMPUESTO AL METANO
Hughes expresó su preocupación por las medidas para introducir impuestos al metano del ganado en algunos países. Dinamarca anunció sus planes de introducir un impuesto por un valor de casi US$ 100 por vaca y por año. Afirmó que si un impuesto de ese tipo se introdujera en Australia “destruiría a la ganadería pastoril”. Opinó que “no sería justificable” y admitió estar “muy preocupado por ello”. El productor llamó a “luchar duro por nuestra industria” y afirmó que “si el gobierno actúa en ese sentido, contribuirá a destruir al sector”.
“La industria pastoril se ha desarrollado a lo largo de muchos años, es exclusiva de Australia, nadie más cuida el aspecto pastoril como la gente que ha estado en ese sistema, y esto contribuiría en gran medida a destruirla”, advirtió Hughes.
El productor agregó que “cuando eso sucede, los valores de la tierra bajan, nadie quiere invertir en ella y se convertirá en una operación de recolección y cosecha donde el cuidado del medio ambiente y de los animales pasará a un segundo plano”. “Sería un desastre si eso ocurriera”, sentenció.
LA BIOSEGURIDAD COMO PRIORIDAD
Thomson dijo que “la bioseguridad sigue siendo una amenaza prioritaria para la industria ganadera”. Argumentó que “tenemos 63.000 establecimientos ganaderos, personas involucradas en la industria de la carne vacuna en Australia, que cubre aproximadamente el 43% de la masa continental australiana. Hay 188.000 personas empleadas directamente y unas 240.000 empleadas indirectamente, lo que hace un total de 430.000. Si existiera un riesgo de bioseguridad por el ingreso de algo a este país, sería un desastre”.
“Vimos que cuando apareció en los titulares la fiebre aftosa, cuando se detectó un caso en Indonesia, los pedidos se suspendieron de inmediato, por lo que sería un desastre absoluto”, sostuvo.
LA ESCALA
Cuando se le preguntó cuál se consideraba la “escala ideal” para proporcionar el equilibrio óptimo entre costos, eficiencia y rentabilidad en sus respectivas regiones, Hughes dijo al foro que hubo un tiempo en que 6.000 cabezas de ganado era la cantidad necesaria para ser viable. “Todo depende de cada empresa en particular”, señalando que “las empresas familiares suelen ser las más eficientes, porque son todos muy capaces y hacen un gran trabajo. Es la forma más eficiente de hacerlo”.
Thomson, en tanto, dijo que el “punto óptimo” era un objetivo en movimiento. “Ahora estamos obteniendo los precios que obtuvimos en 2014-2015, por lo que hemos retrocedido nueve o 10 años. Por eso, en nuestro análisis creemos que ahora el tamaño de nuestro rodeo debe ser aproximadamente cuatro veces mayor que lo que era para tener un negocio sustancial o exitoso”, consideró.
Plantean que se conozcan mejor y se difundan los cultivos de servicio en Uruguay, con investigaciones que van desde los estudiantes de Agronomía hasta las instituciones
Hacen falta extensionistas para lograr la transferencia tecnológica de la academia a los productores. En esto se embarca día a día el coordinador de la Asociación Uruguaya pro Siembra Directa (Ausid), y docente ayudante en el Grupo Disciplinario de Sistemas de Producción del departamento de Producción Vegetal en la Estación Experimental Mario A. Cassinoni (Eemac) de la Facultad de Agronomía, el Ing. Agr. Msc Santiago Álvarez. El profesional trabaja en Facultad de Agronomía como investigador desde que se recibió, hizo su maestría bajo la tutela del Ing. Agr. PhD. Oswaldo Ernst, destacado investigador en el área de suelos de la Eemac.
Cuando Ausid comenzó un Fondo de Promoción de Tecnología Agropecuaria (FPTA) junto al Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), perfilado a la difusión de tecnología, Álvarez entendió necesario integrar el trabajo con lo que tiene para ofrecer la Eemac, sede de la Universidad de la República (Udelar), en Paysandú. Desde entonces promueve que muchos tesistas de grado contribuyan a conocer de primera mano los sistemas productivos, lo cual muchas veces escasea en la formación de los estudiantes.
Además de los trabajos de tesis, los estudiantes de cuarto año pueden hacer una pasantía “para ser ellos mismos” quienes muestreen indicadores que incluyen “enemigos naturales”, “enmalezamiento”, “disponibilidad” de nutrientes, entre otros tantos.
Seguir mejorando los cultivos de servicio
¿Cómo repercute la rotación en la brecha de rendimiento de un cultivo? “Incorporar pasturas mejora o mantiene la calidad del suelo”, afirmó Álvarez. Su mayor línea de investigación intenta profundizar en ello. Bajo el FPTA que financia el trabajo de Ausid con INIA y la Udelar “se han recibido muchos estudiantes” y sirve de base para “generar información”.
Las áreas que se abordan en Facultad de Agronomía no se limitan únicamente a la técnica del manejo del cultivo y sus servicios ecosistémicos sino también al área social. La información generada con los estudiantes permite “crear un diagnóstico del uso de los cultivos de servicio, limitantes en su adopción, posibles estrategias a seguir para mejorar la difusión o para mejorar estrategias de investigación que permitan una mejor adopción”, explicó. Todo este conocimiento se suma al generado en los ensayos realizados en las parcelas de la Eemac y el INIA.
Perspectivas y resultados
VERDE le consultó a Álvarez sobre cómo ha cambiado la concepción de los cultivos de servicio. Una reciente encuesta a productores permitió concluir que “haber perfilado” el proyecto hacia la difusión “dio resultados”, destacó. A propósito, señaló que hubo productores que “se embanderaron con cultivos que tradicionalmente no se hacen”, como Vicia villosa, una leguminosa con buenos resultados en términos de fijación de nitrógeno, que además ha funcionado muy bien en siembras al voleo en precosecha en comparación con otras leguminosas.
Los productores están exigiendo información validada sobre nuevas especies o en métodos de siembra, lo que da pie a la generación de nuevos proyectos. Entre ellos, está uno que busca valorar más servicios ecosistémicos que pueden proveer los cultivos de servicio y ponerle números. Por otra parte, se busca el ajuste de la densidad de siembra en cultivos de servicio de base leguminosa, con métodos de siembra al voleo en precosecha. Álvarez explicó que “hoy vemos una brecha grande de poder incorporar (cultivos de servicio) en sojas de segunda o maíces de segunda”.
Por último, se busca que la tecnología apunte a poder estimar con precisión la producción de materia seca en la rotación agrícola. En el campo la producción de materia seca varía significativamente, lo que genera desconfianza entre los productores. “En un mismo lote podemos encontrar áreas con cuatro toneladas, otras con una tonelada y algunas con seis toneladas de materia seca”, comentó. Para resolver esta variabilidad se propone un proyecto que utilice imágenes satelitales para estimar la producción de materia seca de manera específica en cada sitio. Esto permitirá a los productores tomar decisiones más informadas sobre el manejo de sus cultivos y considerar la agricultura por ambiente.
Otros objetivos
Consultado sobre cuáles son aquellos objetivos –más allá de la productividad– que se persiguen con los cultivos de servicio, Álvarez respondió que los productores están viendo que “hay que ser más eficiente”. Incorporar cultivos de servicio permite controlar malezas, lo que reduce la necesidad de herbicidas, y fijar nitrógeno, disminuyendo el uso de fertilizantes como la urea. Según Álvarez, “enriquecer la materia orgánica del suelo genera una caja de ahorro de nutrientes”. Se traduce en un ahorro de costos, con sistemas “menos susceptibles al cambio de precios”.
Si bien Álvarez manifestó que prefiere enfocarse en los beneficios porteras adentro, reconoció que la valoración que el mercado le da a estas formas de producir se puede traducir en beneficios a los productores. Sostuvo que “está cada vez más latente” la posibilidad de “acceder a mercados” que valoren la sostenibilidad y la “incorporación de carbono”, lo que representa una oportunidad económica futura. No obstante, el ingeniero agrónomo aclaró que “no hay que saltearse etapas” y enfocarse en que “los sistemas más resilientes en el tiempo son los más eficientes”.
Niveles de adopción
Álvarez resaltó que Uruguay “ha sido un ejemplo” en la adopción de cultivos de servicio, “en parte debido a la política pública de los planes de uso y manejo del suelo”. A propósito, destacó que el área cubierta por cultivos de servicio “nunca ha sido menor a 200.000 hectáreas”. Sin embargo, esta adopción ha fluctuado según los precios de los commodities. Aunque se han mantenido niveles importantes de cultivos de servicio, Álvarez indicó que aún falta ver estos cultivos como “una inversión” y no solo “como un costo”.
En comparación con Argentina, Uruguay tiene un porcentaje mayor de área destinada a cultivos de servicio, incluso con “cultivos que no se estaban haciendo”, como Vicia villosa. No obstante, en Argentina hay una mayor investigación sobre estos cultivos, dada su mayor escala. “Nuestro mayor problema es que no adoptamos los cultivos de servicio por necesidad sino por obligación. Esto lleva a prácticas subóptimas, como densidades de siembra y niveles de fertilización bajos”, explicó Álvarez.
A su vez, dijo que “cuesta elegir sembrar leguminosas”, porque tienen un mayor costo de implantación que las gramíneas. Sin embargo, en Argentina, al hacerse por voluntad, los cultivos presentan un mejor manejo. “Hasta que los productores no vean el valor real de los cultivos de servicio seguirán siendo subutilizados”, concluyó sobre este punto.
Unir esfuerzos
A más de 10 años de su implementación, los planes de uso y manejo de suelos resultan una “excelente herramienta”, pero “podrían mejorar”, ya que “se enfocan únicamente en la erosión”, además de penalizar económicamente por incumplimiento, pero no premia, planteó.
En tal sentido, el docente de Facultad de Agronomía sugirió que sería beneficioso incorporar herramientas adicionales, como modelos de simulación de carbono y el uso de imágenes satelitales. “Esto permitiría evaluar la productividad y contribuir a posicionar a Uruguay como un país con sistemas agrícolas carbono neutro o positivo”, explicó. Al cumplir con estos nuevos criterios, se podrían abrir mercados internacionales que valoren la sostenibilidad.
El ingeniero agrónomo sugirió que el balance de carbono y la promoción de sistemas que generen carbono podrían “posicionar” a Uruguay. Y que el Estado podría “certificar ante organismos internacionales” que ciertos sistemas tienen “un balance de carbono positivo”, explicó. Esta medida podría crear “otra dinámica” en el sector agrícola, que cambie el paradigma actual sobre el plan de uso y manejo de suelos.
Por otra parte, Álvarez resaltó la necesidad “de un instituto de extensión”, que integre a las instituciones para mancomunarse detrás de “un grupo de extensionistas” que se ocupen “de difundir información que ya existe”. El docente consideró necesario “transferir toda la investigación que se hace a los verdaderos usuarios”. Los avances en la investigación han permitido conocer “lo buenos que son” los cultivos de servicio, pero opinó que “es necesario seguir haciendo énfasis en la transferencia de tecnología”.
El investigador consideró que “no son suficientes las jornadas de difusión”, sino que se debería realizar “extensión real”, un concepto natural para la Udelar, pero complejo de llevar a cabo con una estructura mayor.
Álvarez reconoció que “es necesario trabajar con los productores”, algo que “se perdió” por la mutación “del sistema” que daba a las cooperativas este rol difusor. Pero al mismo tiempo planteó que “esto es una oportunidad de trabajo que implica a todo el conocimiento generado por la investigación en general y no únicamente a los cultivos de servicio”.