Márgenes interesantes en cultivos de segunda; principalmente en girasol y maíz, según Sofoval

By Cristina Fumero,

Las estimaciones de costos para los cultivos de segunda en esta zafra marcan que en el caso de la soja a un precio de US$ 362 por tonelada, y para tres escenarios productivos, con un rinde de 1.500 kilos por hectárea el margen neto es “negativo” en US$ 50,  con un rinde de 1.800 kilos el margen pasa a ser de US$ 39 y con un rendimiento de 2.000 kilos aumenta a US$ 100 por hectárea. Así lo detalló el técnico de Sofoval, Carlos Ramírez, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en verdenews.com.uy.

La Sociedad de Fomento Rural de Valdense realiza con frecuencia una serie de cálculos y estimaciones sobre los diferentes cultivos, para que los productores tengan la información necesaria a la hora de tomar decisiones.

El “rinde de equilibrio” para los tres casos mencionados varía “entre 1.640 kilos por hectárea y 1.730 kilos por hectárea”, respectivamente, de acuerdo a los datos publicados por Sofoval en su sitio web. Los costos analizados “no incluyen ningún tipo de rentas”, sino que se limitan a insumos, labores, logística y seguros, aclaró Ramírez.

Indicó que en el caso del girasol de segunda registró un incremento en el área en la zona de influencia de esta cooperativa, si bien no se trata de extensiones “muy significativas”.

Considerando los “premios por (contenido de) aceite” en girasol y un precio de US$ 512 la tonelada, para los rindes de 1.500, 1.800 y 2.000 kilos por hectárea, el margen neto estimado es de US$ 130, US$ 262 y US$ 350, respectivamente, y el “rinde de equilibrio” varía entre 1.250 y 1.320 kilos por hectárea.

En cuanto al maíz de segunda, Sofoval estimó que con un precio de US$ 200 la tonelada y rindes previstos de 4.500, 5.500 y 7.000 kilos por hectárea, el margen neto es de US$ 2, US$ 180 y US$ 425, respectivamente, con rindes de equilibrio que van de 4.500 a 4.900 kilos por hectárea.

Escuche a Carlos Ramírez

 

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Uruguay pasa a ser “observatorio de producción sostenible” financiado por Fundación Gates

By Cristina Fumero,

“Las vacas emiten menos (gases de efecto invernadero) que las minas de carbón y los pozos de petróleo”. Ese es uno de los principales conceptos que suele plantear el vicepresidente del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Walter Baetghen, en diferentes ámbitos como una manera de defender a la ganadería uruguaya, ante las acusaciones por el impacto negativo en el medio ambiente.

Hay una “presión muy fuerte, organizada y sofisticada”, que incide en “la gente de las ciudades que vive lejos de la producción”, afirmó Baethgen en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en verdenews.com.uy.

Dijo que “el mensaje es: hay una actividad que genera el 75% de los gases de efecto invernadero y hay otra que genera alrededor del 5% (de las emisiones), y para detener el problema del cambio climático hay que terminar con esa genera 5%”.

Por lo que se trata de un mensaje “irracional, ilógico” y que “sin embargo, es lo que está pasando», porque “la gente que no conoce mucho los sistemas de producción dice: que para combatir el cambio climático es fundamental comer menos carne”.

Esto “es de locos” porque “nadie dice nada” del sector que genera el 75% de las emisiones de estos gases, consideró.

Baethgen, quien además es investigador del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés), habló sobre estos temas en el marco de la conferencia titulada Nuevos atributos de la cadena cárnica, desafíos y oportunidades, organizada en días pasados por la Sociedad de Criadores de Aberdeen Angus. Así lo informó este jueves 28 el suplemento Agro de Búsqueda, en un artículo que profundiza en el asunto en cuestión.

El vicepresidente del INIA se refirió además al resultado de la invitación que hizo el ministro de Ganadería, Fernando Mattos, al empresario estadounidense Bill Gates (cofundador de Microsoft) para que venga a conocer cómo se produce carne en Uruguay.

Tras la recorrida que hicieron emisarios de este reconocido hombre de negocios norteamericano en el campo uruguayo, “hace unos 20 días se firmó un acuerdo formal para que Uruguay sea un observatorio de producción de carne sostenible, financiado por la Fundación Gates”, destacó.

Escuche a Walter Baetghen

 

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Mejoran cuentas de Conaprole y precio al productor; Brasil ya no es el principal mercado

By Cristina Fumero,

A las recientes lluvias registradas en zonas de la cuenca lechera, el panorama para la lechería uruguaya muestra perspectivas favorables considerando el incremento en los precios de los lácteos en las licitaciones de Fonterra y en el tipo de cambio en la plaza local.

Esto incide en una mejora “en el precio de leche al productor y en la economía de la cooperativa”, porque en los “últimos tiempos mejoraron las cuentas” por un aumento en los valores de los mercados internacionales, valoró el vicepresidente de Conaprole, Alejandro Pérez Viazzi, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en verdenews.com.uy.

Dijo que “el mercado internacional está activo y la oferta (de lácteos) es escasa”, por lo que Conaprole lleva vendido productos prácticamente todo “el primer trimestre de 2025” a “buenos valores”.

“En los últimos tres años esta empresa exportó a 74 países” para cartera algo superior a los 400 clientes, que tiende a ampliarse, afirmó.

Sobre el tipo de cambio, este ejecutivo se refirió al impacto que tuvo el resultado de las recientes elecciones presidenciales en Estados Unidos en el fortalecimiento del dólar.

Hubo un “aumento en el kilo de grasa y de la proteína del 3,5%” en los precios básicos, que suma al incremento de octubre en el “cambio de la bonificación estacional”, y que representa 0,50 centésimos de peso y en total significa un 1,2 pesos de aumento a partir de noviembre en el precio al productor del litro de leche, comentó.

Acotó que el precio de la leche al productor queda “16,47 pesos” por litro para noviembre, en caso de cumplir con los parámetros de 3,83 de grasa y de 3,47 de proteína, que son los valores históricos en la cooperativa.

“Brasil sigue con demanda, con algunos clientes que son estables” para Conaprole, y si bien hay “ventas programadas” para varios meses, “hoy no es el principal mercado” ya que Argelia pasó a ocupar ese lugar, indicó.

Pérez destacó la importancia de Rusia como destino para las exportaciones de manteca y de quesos “duros”, entre otros mercados.

Escuche a Alejandro Pérez

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El 11° Encuentro Nacional de Pastos visitó Flores, Colonia y Tacuarembó

By Cristina Fumero,

La actividad anual organizada por Gentos llevó el título “Transformando para producir más, de forma más sostenible” y recorrió dos establecimientos ganaderos y uno lechero.

La 11a edición del Encuentro Nacional de Pastos, organizado por Gentos, llevó por título “Transformando para producir más de forma más sostenible”, y consistió en una visita a tres sistemas de producción en tres zonas de Uruguay. Esta es una de las características principales de los encuentros de Gentos, que propone recorrer diferentes zonas, porque cada una tiene su particularidad especial. La empresa semillerista destaca que una de sus características es tener una solución adaptada a cada sistema de producción y a cada objetivo del productor agropecuario.

En esta oportunidad se visitaron los establecimientos: San Ramón, en Flores, de producción intensiva de carne, gestionado por la empresa Apeo; La América, en Paso de los Toros, con un alto porcentaje de campo natural, que está transformando en más intensivo, donde las pasturas juegan un rol fundamental; y El Maugi, de la familia Cecilia, en Tarariras, una empresa lechera con nuevas opciones para aumentar la producción en litros por hectárea. 

San Ramón

En la visita al establecimiento San Ramón hubo muy buen marco de público. La jornada fue sumamente técnica, con mucha información relevante para el sector. La empresa se caracteriza por un sistema ganadero-agrícola, con dos rotaciones que tienen objetivos muy claros: pasturas perennes sembradas atrás de soja, donde la agricultura permite pasar de campo natural a pasturas y realizar control de malezas, y pasturas perennes sembradas temprano, con raigrás itálico Selva como antecesor. 

Los raigrases en el establecimiento juegan un rol fundamental en la producción de carne y en el rol que ocupan en los pastoreos. Bill Max, al ser un raigrás que entrega más del 50% de su producción en otoño-invierno, aporta forraje como cabeza de rotación y a través de las coberturas entre soja y soja. Es clave su aporte temprano para mantener carga en otoño e invierno. Por otro lado, el raigrás Selva, caracterizado por su ciclo largo y alta producción en primavera y primavera tardía, entra en el sistema para soportar la carga que se libera de las coberturas en octubre. Además, hoy en día es el responsable del 32% de la producción anual de carne en el establecimiento.

San Ramón se destaca por presentar una diversidad de especies y variedades que permite disminuir los riesgos climáticos, además de posibilitar un mejor manejo del pastoreo. 

Las festucas que allí se siembran son Royal Q200, Malma y Taita, además de otras especies como Dactylis Poseidón, Bromus parodii Cóndor y cebadilla Jerónimo. Este año se incorporó a la rotación la mezcla de Alfalfa y Blend Premium Gold I (Med 100 y Poseidón). 

Allí se destacó la superficie de campo natural, que es clave en los meses de verano, cuando se cierran las pasturas base gramínea, porque soporta gran parte de la carga del sistema.

Datos de Gentos confirman que las pasturas perennes sembradas en fechas tempranas –con antecesor raigrás Selva– producen más de 450 kilos de carne por hectárea en su primer año de vida, mientras que las sembradas tarde –con antecesor soja– no superan los 150 a 200 kilos de carne por hectárea en ese primer año. 

Los técnicos de la empresa sostienen que esas diferencias se deben a la producción y el aprovechamiento del primer año de la pastura (dos o tres pastoreos versus cinco o seis pastoreos). 

El establecimiento San Ramón está logrando producciones de 11.625 kilos de materia seca por hectárea (kg MS/ha) en la mezcla de alfalfa con Blend Premium Gold I sembrada temprano, lo que se traduce en más de 500 kilos de carne por hectárea. 

A su vez, la incorporación de la alfalfa le permitirá al sistema contar con una base forrajera en verano. Se prevé que estas pasturas soporten parte de la carga de verano y aumenten la producción de carne en estos meses que hasta la fecha son los de menor producción.

Gentos pretendió mostrar la diversidad de especies, el manejo del pastoreo en parcelas de tres hectáreas y la incorporación del agua en la parcela, que es clave para lograr altas producciones de carne. A su vez, se vio cómo cada especie tiene un rol en el sistema, permitiendo –a través de la diversificación realizar– manejos diferenciales para cada especie, y balancear a lo largo del año la producción de forraje que será la responsable de la producción de carne y el retorno económico. 

La jornada finalizó con una ponencia a cargo de la consultora Apeo, donde se mostraron los resultados productivos y económicos del sistema, con un mensaje claro sobre la sistematización, el agua en la parcela, el ajuste del manejo y la elección de las especies adecuadas para lograr alto impacto.

El Maugi

El Maugi es un establecimiento lechero con gran trayectoria en el sector, a cargo de Luis, fundador de la empresa, y de su hijo Mauricio. En ese marco Gentos enfatizó que cuenta con un equipo de desarrollo dedicado a evaluar a campo todas las especies que surgen de su programa de breeding ubicado en la región. Y este año se sumaron a los desafíos del sistema, instalando un ensayo on farm (en el establecimiento, en inglés) de raigrás perenne, con el objetivo de lograr una pastura de alta producción y de rotación corta, que aporte forraje de calidad en momentos clave del año. 

Además de ver las diferencias que existen entre variedades de una misma especie, se discutió sobre la importancia de la rápida implantación, el aporte invernal y se destacó la “excelente sanidad” que tiene el raigrás perenne Quatro Max, que es “el único seleccionado bajo pastoreo en nuestras condiciones”. 

En este sistema, como en muchos otros, los tiempos de barbecho y de implantación son períodos clave, que hay que tratar de reducir, en pos de buscar mayor superficie pastoreable durante todo el año. A su vez, se busca que esa oferta forrajera sea de calidad en los meses de febrero, marzo y abril, cuando se concentra gran parte de los partos y la demanda en calidad de forraje es clave. A raíz de ese desafío, se vieron diferentes opciones de mezclas, que “aportan forraje de calidad en esos meses críticos”, aseguraron los técnicos de Gentos. 

Por un lado la alfalfa Latte 920 en mezcla con Bromus parodii Cóndor. Esta mezcla, dentro de sus características, cuenta con la alfalfa “de máxima producción y persistencia del mercado, seleccionada bajo pastoreo, lo que le permite tener mayor tasa de rebrote y de bocado de calidad, dada su relación hoja-tallo, que la diferencia del resto de las alfalfas seleccionadas para corte que se comercializan en el país”, se remarcó. 

Además, se describió que es una alfalfa “sin latencia, que produce todo el año con excelente sanidad y tolerancia a insectos”. Acompañada por una cebadilla perenne, que se destaca por “su alta producción durante todo el año, excelente calidad y mayor persistencia vegetativa que las cebadillas comunes del mercado”, se indicó. 

Por otro lado, una mezcla de alfalfa con Blend Premium Gold II, una mezcla lista para sembrar, de Falaris Mate y Dactylis Poseidón. Tanto Luis como Mauricio contaron su experiencia con Falaris, una especie mediterránea, con latencia estival, que se complementa “de manera excelente con alfalfa”. 

Indicaron que su experiencia fue “muy buena”, y que tuvieron aumentos de 2 litros de leche por vaca al pastorear esta pastura. Dicha especie “tiene excelente palatabilidad, muy buena calidad y mucha producción de forraje invernal, que sumado a su alto vigor inicial hacen una pastura con mucha preferencia por parte del animal”, destacaron desde Gentos.

Fue la primera vez que el Encuentro Nacional de Pastos visitó un tambo, marcando la clara intención de Gentos en llevar sus soluciones al sector lechero. 

La América

La América es un establecimiento criador ubicado en la zona de Peralta, en Tacuarembó, bajo la dirección de Juan Martín Borches. Hace algunos años la empresa inició un cambio en su forma de producir pasturas sembradas, pasando de realizar únicamente verdeos de invierno con raigrases diploides a integrar raigrases tetraploides, como Bill Max, y distintas mezclas de pasturas perennes. 

Allí se utilizan diferentes variedades de festuca, como Royal Q200, lanzada al mercado hace pocos años, que “mostró a campo lo mismo que se veía en la Evaluación Nacional de Cultivares, un 20% más de producción de forraje total y en el invierno, respecto de sus competidores”, señalaron los técnicos de Gentos. Y festuca Taita, con Trébol blanco Apolo y Lotus corniculatus Nilo. 

Además, se han implementado mejoras en el campo natural, utilizando Lotus INIA Basalto. Esta combinación, junto con un manejo adecuado del campo natural, permite mantener una curva de producción de forraje prolongada a lo largo del año.

La actividad se centró en destacar la importancia de diversificar las especies forrajeras y combinar el manejo del campo natural con el uso de pasturas como herramientas para asegurar una producción continua de pasto durante todo el año. Los participantes tuvieron la oportunidad de recorrer diferentes pasturas, observar diversas especies en crecimiento y compartir conocimientos sobre las prácticas de manejo adecuadas para optimizar la producción de forraje.

A su vez, la jornada permitió entender el papel fundamental de las pasturas perennes en el sostenimiento de la producción ganadera en todas las estaciones del año. Estas prácticas ofrecen un apoyo significativo en la producción y calidad del forraje durante el invierno y la primavera, lo que permite reducir la carga ganadera en los campos naturales y reservar forraje para el verano.

Este enfoque, que utiliza pasturas y verdeos como herramientas para potenciar la producción de los campos naturales, “ha generado un impacto positivo en las comunidades de especies nativas, mejorando la calidad y el aporte de forraje durante todo el año”, señalaron desde la empresa semillerista.

Concluyeron que la jornada “facilitó un valioso intercambio entre los participantes, el equipo del establecimiento y los técnicos de Gentos, dejando claro el mensaje de seguir mejorando los manejos del campo natural mediante la utilización de pasturas sembradas para potenciar su producción.

Nota de Revista Verde N°118

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CUSA advierte negocio “ajustado” y que es difícil actualizar maquinarias

By Cristina Fumero,

El nuevo presidente de la gremial, Enrique Erlatz, apunta a que se mantenga como una “institución responsable y referente de los precios de servicios agrícolas y forrajeros”.

El negocio de las empresas prestadoras de servicios agrícolas es “ajustado”, como ocurre en otras áreas del sector agropecuario, afirmó el nuevo presidente de la Cámara Uruguaya de Servicios Agropecuarios (CUSA), Enrique Erlatz. Agregó que para mantener la rentabilidad es necesario trabajar grandes superficies, mientras que la incorporación de tecnología “es clave para mantenerse competitivo”. 

Planteó que para cubrir los costos de producción y obtener rentabilidad “es fundamental lograr que las máquinas trabajen muchas hectáreas” y, a su vez, contar con clientes confiables. De todos modos, consideró que esa “es un arma de doble filo”, ya que “la confiabilidad también lleva a contener los precios”, lo que significa que “no se cobra por el servicio lo que realmente debería cobrarse”.

Erlatz comenzó a brindar servicios agrícolas en 2005, sembrando soja y arroz en Tacuarembó. “De ahí no paré más”, comentó. Luego el contratista amplió sus servicios a cosecha, siembra, fumigación, fertilización, laboreo convencional, molienda y embolsado de grano (maíz, sorgo y cereales de invierno). 

Actualmente, opera en cuatro departamentos: Soriano, Río Negro, Durazno y Tacuarembó. Y emplea a 14 personas, y supera las 20 personas en los períodos de siembra y cosecha. Sus principales clientes se dedican a la agricultura y a la producción forrajera, que apuntan a los corrales de engorde o a la lechería intensiva.

En cuanto a la incorporación de tecnología en el rubro, Erlatz sostuvo que el contratista “no puede quedar rezagado”. Comentó que “para ser sustentable en el tiempo, la maquinaria debe tener tecnología de punta”. También afirmó que “tenemos que ofrecer un servicio diferenciado, como el uso de un monitor de rendimiento en una cosechadora, que le brinda al productor la información sobre cuánto rindió su chacra, metro a metro”. Y  señaló que “lo mismo sucede con las aplicaciones y fumigaciones”, que requieren “el uso de dosis variables, corte en la barra para no desperdiciar productos, máquinas con piloto y siembra variable en maíz”. “Hay que jugar en punta”, sostuvo el presidente de CUSA.

Pero también planteó que el costo de las tecnologías “es elevado” y que, para acceder a ella las empresas “deben trabajar una gran cantidad de hectáreas”. Así como el agricultor “habla de sus costos en kilos de productos, a nosotros comprar una máquina nos cuesta determinada cantidad de hectáreas de trabajo”. 

De todos modos, dijo que “aunque cuesta adquirir tecnología, no es imposible”, y “aquellos que no pueden acceder a equipos nuevos van incorporándole tecnología a sus máquinas, para no quedarse fuera del mercado”.

Comentó que el hecho de trabajar en varias zonas le ha permitido mantener estable la cantidad de hectáreas en las que brinda servicios. Sin embargo, señaló que, a nivel general, “cada vez se hacen menos hectáreas por máquina”, porque si bien “el área que se planta en Uruguay se ha mantenido relativamente estable, todos los años se incorporan máquinas al mercado, nuevas o usadas, a las que se les añade tecnología”. 

Recordó que en la anterior cosecha de soja las condiciones climáticas, obligaron a cosechar en pocos días, y hubo que recurrir a máquinas “muy antiguas”, “porque había necesidad de trillar y los equipos no daban abasto”, y  eso motivó que las máquinas más nuevas no pudieran cumplir con el área objetivo”.

Erlatz sostuvo que no todos los contratistas han podido “subir el escalón” incorporando tecnología. “Esto depende, en gran medida, de la zona en la que trabajen, ya que también hay una cuestión de escala”, analizó. Agregó que “hay contratistas que no han podido adquirir máquinas nuevas debido a los costos” y, “si no cubren una gran área, es difícil” realizar esas inversiones. Por eso “van reparando los equipos y, si se repara, no se cambia lo que va generando un rezago tecnológico”.

Las empresas prestadoras de servicios que operan en zonas agrícolas “deben estar a la altura de sus competidores o de sus clientes”, opinó, porque de lo contrario “rápidamente quedarán afuera del negocio”. Afirmó que “sin tecnología” y “sin estar actualizado vas perdiendo terreno”, porque el cliente, “cuando nos contrata, quiere una solución y no un problema”. 

Eso significa que “se debe cosechar en el menor tiempo posible, evitar pérdidas en la cosecha y obtener un grano de la mejor calidad posible”, y “para eso se requiere de la última tecnología”, y al que es “netamente contratista” se le hace “difícil”, explicó. Agregó que “es complicado comprar máquinas nuevas” y la alternativa es “comprar máquinas usadas de primera mano a productores que las van reemplazando”, y también “se importan equipos usados”.

El empresario también valoró que, con el paso de los años, “el mercado se ha ido purificando”, y quienes “hacían malos trabajos ya no tienen área”. Analizó que la presencia de técnicos en los establecimientos “ha incrementado el control” y lo considera algo “positivo”. “Si vemos que hay problemas, tenemos que buscar soluciones, porque una buena siembra permite que el cliente tenga una buena cosecha. Con eso el negocio se vuelve sustentable para las dos partes. El contratista que solo se enfoca en hacer hectáreas tiende a desaparecer”, advirtió.

Erlatz sostuvo que “el desafío es mantener a CUSA como una institución responsable y referente de los precios de los servicios agrícolas y forrajeros”. La institución también apunta a incorporar nuevos socios. “Hay un recambio generacional, por lo que queremos que se acerquen nuevos contratistas”, dijo.

Reconoció que este año “será difícil” debido a la rentabilidad de los sistemas, los costos y el clima, por lo que considera fundamental que CUSA “funcione plenamente”, porque “somos la referencia que tienen las empresas agropecuarias para elaborar un presupuesto”. Agregó que en el negocio agrícola se consideran tres aspectos: la tierra, los insumos (cultivos) y los servicios.

Para establecer los precios de los servicios, en CUSA se consideran variables como el precio de la maquinaria, el valor promedio del dólar en el período, los salarios en pesos, el combustible y los utilitarios. Los valores de los servicios agrícolas se calculan dos veces al año: de agosto a febrero y de febrero a agosto, mientras que los forrajeros se fijan una vez al año, de agosto a agosto, en ambos casos antes del inicio de las zafras.

En la última fijación las tarifas agrícolas bajaron 2,47%, debido a un aumento del 0,5% en el tipo de cambio; los salarios se mantuvieron en pesos y bajaron 0,5% en dólares; el combustible bajó 2,73% en dólares y 3,2% en pesos, mientras que la maquinaria y los utilitarios se mantuvieron. Al tiempo que las tarifas de tareas forrajeras aumentaron 5,6%.

Nota de Revista Verde N°118

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Molinos Arroceros Río Branco: 50 años de pasión por la agricultura

By Cristina Fumero,

La empresa fundada en 1974 por Lorenzo Ensslin y sus hijos Waldemar y Haroldo, creció junto al arroz uruguayo, producto que “siempre fue reconocido” a nivel mundial.

En los 50 años de Molinos Arroceros Río Branco SA “hubo muchas tempestades”, pero “fuimos funcionando” y “estamos seguros de que tuvimos más momentos de alegría y de placeres que de problemas”, dijo a VERDE el empresario Haroldo Ensslin, uno de los directores de esa empresa, que fundó con su hermano Waldemar y su padre Lorenzo, en 1974. Los tres integraron el primer directorio y fueron los impulsores para que la empresa llegara hasta donde está, sumando a las nuevas generaciones de la familia, que preservan la pasión de sus antecesores por la agricultura.

La historia productiva de la familia y de su afianzamiento en el cultivo de arroz se concentró en tierras del este y noreste uruguayo, específicamente en Cerro Largo y en Treinta y Tres, donde comenzaron a sembrar arroz en 1968, en el establecimiento La Querencia.

“En 1974 empezamos a analizar la posibilidad de instalar un molino, pensando en la exportación a Brasil desde Río Branco, para no tener que ir a Montevideo y luego a Brasil”, comentó el empresario. Fue en ese entonces que surgió la oportunidad de comprar el actual predio de la empresa, donde ya había un molino. Recordó que “en aquella época no se podía importar, tenía que pasar por la Comisión Sectorial del Arroz, lo solicitamos y fue trancada” la solicitud, “entonces compramos esa parte y ahí ya podíamos importar maquinaria industrial”.  

En los primeros meses de 1975 se formó la primera dirección de la empresa. El presidente fue Lorenzo Ensslin, el vicepresidente fue Waldemar Ensslin y el director ejecutivo fue Haroldo Ensslin. A la actividad que “teníamos le sumamos el arroz de productores de la zona, que eran cinco bancarios”, comentó el empresario.

En esos tiempos “había capacidad ociosa en nuestra planta”, pero Coopar “tenía mucho arroz en la región y no tenía molino”, y “llegamos a un acuerdo que consistía en llevar arroz cargo directamente a Montevideo en vez de llevarlo a Lascano”, y “así fuimos trabajando y desarrollando esa modalidad de brindar servicios a terceros”, acotó.

Al proseguir con el relato del emprendimiento familiar, comentó que entre 1976 y 1977 la empresa hizo un acuerdo con Saman, el que perdura hasta la actualidad, por lo que esa industria “siempre ocupó la capacidad ociosa total nuestra y desde allí trabajamos con ellos”. A medida que fueron pasando los años, la producción arrocera de Río Branco iba aumentando y “para poder prestar servicio a Saman y a los productores de esa empresa fuimos ampliando la planta”, señaló.

“Enseguida vimos que estábamos con problemas de depósito y secado, porque la producción había aumentado mucho. Y en 1981 se realizó la primera ampliación, que terminó en 1983”, detalló. La capacidad total de secado en la zafra era “muy chica, de 5.000 a 6.000 toneladas” y con la ampliación se llevó a “12.000 toneladas”, y posteriormente, a los dos años, fue necesario volver a ampliarla. Actualmente la planta 1 tiene una capacidad estática de 35.000 toneladas, con un nivel de recibo en torno a las 2.000 toneladas por día.

Ensslin comentó que el acuerdo con Saman era una sociedad “muy fuerte”, y que “fuimos trabajando muy firme”. Hasta que llegó un momento en que la planta quedó “chica”, y por eso en 1988 se resolvió “avanzar en la planta 2”. Puntualizó que esa decisión fue de “común acuerdo con Saman, en aquella época el presidente era Ricardo Ferrés, un ídolo”.

El empresario indicó que al principio esa planta tenía una capacidad estática de 25.000 toneladas y a los dos años siguientes “tuvimos que ampliarla y sumarle 10.000 toneladas” de capacidad estática, llegando a un total de 35.000 toneladas. Fue en ese momento que Saman y la producción de los Ensslin alcanzaron un récord de recibo en una zafra en Río Branco, que fue de “100.000 toneladas” de arroz verde chacra, destacó.

En 2007 hubo otro período de cambios en el sector arrocero, cuando se concretó la venta de Saman a la brasileña Camil. Para Ensslin el traspaso de la propiedad de esa industria fue un “proceso normal”, que permitió mantener el contrato de arrendamiento vigente, que se habían establecido con los anteriores titulares, y cuando se vencieron esos acuerdos fueron renovados, y así “seguimos trabajando muy bien”.

Recordó que “en esa época la región sembraba arroz”, y había “muy poca soja o prácticamente nada”. En 2010 se hizo la ampliación de la planta 2, donde se alcanzó una capacidad estática de 40.000 toneladas”. 

Al sistema de producción arrocero de la zona se le sumó el cultivo de soja, y la planta “hoy está recibiendo soja de varias empresas en las dos plantas”. En 2024 ingresaron a planta unas “22.000 toneladas” de la oleaginosa, que se transporta hasta el puerto de Río Grande, en Brasil.

El empresario señaló que “si analizamos el movimiento logístico, el flete al puerto de Río Grande debe recorrer unos 200 kilómetros contra 400 kilómetros a Montevideo”, comparó. Pero a la hora de la definición de a qué puerto enviar la producción “también juegan otros elementos, como la frontera internacional, los costos de cada puerto, entre otros”, comentó.

En el grupo de empresas de los Ensslin trabajan de 60 a 65 operarios, sin contar los que se desempeñan en las plantas, porque están arrendadas a Saman, que trabaja con su propio personal.

La capacidad estática total de Molinos Río Branco llega a 75.000 toneladas. Ensslin dijo que hay una previsión con Saman de que en la presente zafra arrocera se utilizará “toda la capacidad de depósito y de secado”. El volumen de arroz recibido en la zona anterior fue menor, “por la falta de agua en las represas, que limitó la superficie de siembra”, pero en la zafra actual se prevé un incremento de la producción, afirmó.

Cambios y relevo

Entre las principales transformaciones que hubo en el cultivo de arroz, el empresario consideró que la generación de nuevas variedades, la innovación tecnológica comprendida en las maquinarias agrícolas y los avances en el recibo y secado, significaron los cambios más resaltantes en las últimas cinco décadas. 

El sector arrocero uruguayo “siempre fue reconocido” a nivel internacional por su “calidad” y por el “sistema de trabajo”, expresó. Explicó que además hay una diferencia “muy grande” respecto a otros países, ya que “Uruguay maneja en cosecha variedad por variedad, y no se mezclan” como en otros países productores. Opinó que ese “es un punto fundamental para que el arroz uruguayo tenga el nombre internacional que tiene, porque cada arroz tiene un tipo de cocción, un tipo y una medida de grano”, señaló.

El relevo generacional es otro factor clave en la familia Ensslin. Felipe tiene 28 años, es nieto de Haroldo, y dijo a VERDE que se siente “orgulloso” de formar parte del emprendimiento y de sentir “amor por la agricultura”.

“Pertenezco a la “cuarta generación de la empresa, y desde niño ya andaba con el abuelo para arriba y para abajo. Llegaba de la chacra entre las siete y las ocho de la noche, él quedaba en el molino y después nos quedábamos hablando hasta las 11 de la noche”, recordó.

“Hay una historia de mucho suceso en la familia, y es un orgullo muy grande, tengo a mi líder (por Haroldo), del que intento seguir aprendiendo día a día. Actualmente, soy un productor independiente de la empresa, produzco arroz para Saman”, comentó.

El joven ingeniero agrónomo detalló que en su sistema se siembra “el doble de área de soja que de arroz”, con unas 600 hectáreas de la oleaginosa y alrededor de 340 hectáreas arroceras. Comentó que después cosechar la soja se prepara el terreno para el arroz, “enseguida que se cosecha ya hacemos las taipas, dejamos todo pronto para que a fin de setiembre, cuando se den las condiciones, entremos a sembrar”.

La soja en rotación con el cultivo de arroz genera una “ganancia”, por la “fijación biológica del nitrógeno”, y se plantea aplicar “un poco menos de urea a las chacras que vienen de rastrojos de soja” y, consecuentemente, “se gana en la respuesta de la producción”, dijo. 

El agricultor agregó que esto también permite tener “la chacra más limpia, porque el manejo de herbicidas que se lleva en soja determina una reducción muy alta de malezas como arroz rojo y negro”. Sostuvo que ese ping-pong “permite ganar en eficiencia y bajar costos” productivos, y se alcanza un rendimiento extra en la cosecha de arroz.

Por otra parte, Felipe Ensslin sostuvo que el impacto climático fue negativo en los años recientes, especialmente por las abundantes precipitaciones en la zona, que afectó el rendimiento de la soja. Comentó que “se hicieron todos los trabajos de drenaje, pero la lluvia superó todo lo previsto y no daba tiempo de realizar trabajos adicionales”, señaló que hubo sojas que estuvieron “unos 15 días bajo el agua”. 

Para graficar esa situación comentó que el arranque de cosecha en las primeras 100 hectáreas “marcaba rindes de 4.300 kilos” por hectárea, y a medida que fue lloviendo esa productividad “cayó fuertemente y se terminó cosechando entre 1.000 y 1.200 kilos” por hectárea. 

Mencionó que lo vivido en la última cosecha “nunca se había dado”, pero que “no es opción rendirse”. La superación de obstáculos y de momentos difíciles forma parte de la tradición de estos agricultores.

Al respecto, su abuelo, Haroldo, quien cumplirá 80 años en 2025, no deja de subir a la cosechadora, a un tractor o a un camión para no perder la costumbre de sentirse cerca de la chacra y del arroz. Y resaltó que la “única manera de salir adelante es con la unión entre todos”. Recordó que cuando atravesaron situaciones complicadas, “mi padre, mi hermano y yo estuvimos muy juntos y con el apoyo de la familia”. Por eso insistió en que “estar juntos en estas situaciones resulta clave”. 

En tal sentido, aludió a dos expresiones populares: “siempre que llovió paró” y “después de la tempestad viene la bonanza”. Sostuvo que en los momentos difíciles, de crisis, “hay que crear alternativas, porque siempre la solución está ahí al lado”. Por eso, los Ensslin quieren mantener vivo el legado de volver a sembrar, a cosechar y a transmitir entre los suyos la pasión por la agricultura y la tierra, sumando conocimientos y estudios.  

Nota de Revista Verde N°118

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Marcos Soto: “Productividad, inclusión social e inserción internacional son los tres pilares clave”

By Cristina Fumero,

Marcos Soto, decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Católica del Uruguay, destacó que los agentes de inversión “han internalizado que en Uruguay los principales actores políticos, en algunos temas, han alcanzado consensos”.

Productividad para ser más competitivos; inclusión social para mitigar tensiones y aprovechar un crecimiento futuro; e inserción internacional para mejorar la colocación de productos y atraer inversiones, “deberían ser los pilares clave para Uruguay”, sostuvo el decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Católica del Uruguay, Marcos Soto. En entrevista con VERDE, el académico analizó que los agentes de inversión “han internalizado que en Uruguay los principales actores políticos en algunos temas han alcanzado consensos”. Señaló que algunos de esos temas son: los equilibrios macroeconómicos, la disciplina fiscal, el cuidado de los recursos públicos, el control de los niveles de deuda y su gestión, y el respeto a las reglas de juego para evitar incertidumbre o inestabilidad. “Esto explica por qué Uruguay ha tenido una trayectoria económica y social diferente de la región”, valoró.

En cuanto a la atracción de inversiones y a la generación de un clima de negocios razonable, consideró que Uruguay “tiene varios aspectos por mejorar”. A propósito, señaló que “muchas regulaciones han perdido vigencia y continúan generando distorsiones y sobrecostos”. Y que el país “debería priorizar la simplificación de trámites, evitar la duplicación de requisitos entre ministerios y avanzar en el uso de tecnología”. 

Soto también analizó los alcances de un impuesto global a la renta promovido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y las economías desarrolladas. 

¿Cómo estuvo el clima de negocios en este año electoral?

Durante un proceso electoral siempre hay expectativas sobre lo que pueda suceder. Sin embargo, hemos comenzado a acostumbrarnos –y creo que es una buena costumbre– a que los agentes han internalizado que en Uruguay los principales actores políticos en algunos temas han alcanzado consensos, aunque no lo expresen abiertamente, porque necesitan diferenciarse para captar votos. Estos consensos implícitos se refieren principalmente a los equilibrios macroeconómicos, disciplina fiscal, al cuidado de los recursos públicos, al control de los niveles de deuda y su gestión, y el respeto a las reglas de juego para evitar incertidumbre o inestabilidad. Creo que estos consensos reflejan aprendizajes de los últimos 20 o 25 años, que explican en parte por qué Uruguay ha tenido una trayectoria económica y social diferente de la región. Esto también se alinea con las ideas de Daron Acemoğlu, reciente Premio Nobel de Economía, quien sostiene que el desarrollo económico y social está estrechamente vinculado con la calidad institucional. En tiempos en que a veces se cuestiona el valor de las instituciones republicanas y las democracias, es importante reivindicar los consensos entre los principales bloques ideológicos uruguayos. La alternancia en el poder y los acuerdos sobre el rol del Estado, donde a algunos eso les gustará más o menos, ha generado certezas sobre el marco en donde los inversores toman decisiones. 

¿Para el inversor hoy queda de lado el sesgo ideológico de quién esté al frente del gobierno?

Sí, creo que sí. Tanto los analistas como los formadores de opinión debemos transmitir tranquilidad a los agentes a partir de lo que ha ocurrido en la práctica durante los últimos años. Por supuesto, existen diferencias en énfasis, prioridades y formas de ejecución, ya que no todo es idéntico, y no creo que todo sea igual. Sin embargo, esos consensos generan estabilidad y certeza en el accionar del país.

¿Para los inversores el país viene haciendo los deberes para generar un marco interesante y fluido?

En cuanto a la atracción de inversiones y a la generación de un clima de negocios razonable, Uruguay tiene varios aspectos por mejorar. En el análisis los inversores suelen considerar varios niveles, por un lado está la estabilidad económica, jurídica y social, que es el pilar básico, y eso está garantizado en Uruguay. Un segundo escalón está vinculado con la carga tributaria, que siempre es un factor decisivo y afecta a cualquier plan de negocios. En ese aspecto podrían surgir novedades en el próximo quinquenio, debido a cambios y nuevas tendencias en el mundo, como el impuesto global corporativo mínimo del 15% a la renta, impulsado por la OCDE y los países desarrollados. Eso de algún modo hackea a aquellos países que han tenido a los beneficios tributarios como herramienta de promoción de inversiones. 

¿Este tipo de lineamientos llegan y hay que incorporarlos independientemente del gobierno de turno?

Sí, hay que incorporarlos. Incluso el gobierno liderado por Luis Lacalle Pou, que podría considerarse contrario a estas corrientes, ha modificado sustancialmente el régimen tributario uruguayo, que se basa en el principio de la fuente y territorialidad, gravando solo las actividades realizadas en el país por los activos localizados en Uruguay. Sin embargo, en este quinquenio, por presiones de la OCDE, esa idea se ha perforado y en algunos extremos las empresas quedan sujetas a impuesto a la renta aún por las actividades que realizan en el exterior. Así como llegó eso, también vendrán por este impuesto global.

¿Qué impactos puede generar un impuesto global a la renta?

No es que haya que asustar a la gente, pero hay que analizar bien este tema. Que haya un impuesto global a las empresas no significa que Uruguay termine por amputar toda su política de beneficios tributarios y fiscales para promover la inversión. Hay que entender y comprender la tendencia global, aunque será muy difícil escaparle. Esta norma está diseñada para las grandes corporaciones y grupos multinacionales con un nivel de facturación muy elevado, por encima de los US$ 800 millones por año. Hay tres tipos de empresas. Las grandes multinacionales, que si bien están en Uruguay son las menos, a las cuales les podría caer este impuesto global y, por lo tanto, el país debería tener algún tipo de respuesta, por lo menos para poder capturar parte de esos recursos y que no sean tributados en la casa matriz. Luego están las empresas regionales, muchas de ellas no llegan al nivel de facturación requerido y quedarían por fuera del impuesto, por lo cual Uruguay podría mantener un sistema tributario flexible, donde los beneficios fiscales sean un motor o un incentivo a invertir. Y por último está el gran entramado empresarial uruguayo, que son las pequeñas y medianas empresas, la gran mayoría de capitales nacionales, que también usufructúan los beneficios fiscales, pero tampoco les afectaría este impuesto. 

¿Esto puede llevar a una revisión de los beneficios tributarios que se aplican?

Ese cambio global efectivamente puede afectarnos y forzar una revisión de nuestros regímenes, pero hay que caminar despacio y entender bien el entramado empresarial que tiene Uruguay. También está el gasto tributario, que es la recaudación a la que el Estado está renunciando por los beneficios fiscales. Después es válida la discusión generada a partir de los beneficios fiscales, porque sin ellos no habría un alto nivel de inversión y, por lo tanto, de recaudación. Ese es un ejercicio que hace la DGI (Dirección General Impositiva). El 60% de las medidas que generan el gasto tributario tienen más de 30 años de vigencia, por lo tanto, marcar que Uruguay no tiene nada para revisar sobre el gasto tributario es al menos muy audaz. Posiblemente haya cosas para revisar, y posiblemente haya cosas que actualizar. Puede pasar que estemos incentivando actividades o sectores que ya no lo necesitan, y ese gasto tributario se puede redirigir para incentivar a otros que lo pueden estar necesitando. Hay que luchar contra algunos statu quo y revisarlos. Esta revisión no implica perjudicar a los sectores empresariales productivos, sino garantizar que los incentivos fiscales sean eficientes y estén alineados con las necesidades del país. Es un desafío administrar recursos limitados de manera estratégica y efectiva.

¿Qué velocidad pueden tomar estas tendencias globales en función de los cambios políticos que se están dando? Por ejemplo, con el retorno de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos.

En lo que respecta al impuesto global, el regreso de Trump no tendría un impacto directo, ya que su implementación está en marcha y no hay manera de frenarla. Existe un amplio consenso en la OCDE, y entre las economías desarrolladas para llevarlo adelante, y es difícil que se revierta. Es cierto que el gobierno de Trump está promoviendo una reducción significativa de impuestos corporativos, donde la tasa bajaría de 21% al 15%. Este cambio, que probablemente se apruebe debido a las mayorías en el Congreso, apunta a compensar el impacto que genera la suba de aranceles. La idea detrás de esta reforma es compensar los costos adicionales derivados de la mayor protección a ciertos sectores estratégicos, lo que puede generar sobrecostos para empresas y consumidores. Sin embargo, estas políticas no cambiarán la tendencia global hacia el impuesto mínimo corporativo que ya está vigente. De hecho, algunas empresas instaladas en Uruguay, particularmente en zonas francas, que usufructúan de la exoneración full de impuestos en el país, comenzarán a pagar impuestos en los países de origen por las rentas generadas aquí. Algunas de estas empresas ya están planteando la posibilidad de pagar algo de impuestos en Uruguay para evitar hacerlo en sus casas matrices. Este fenómeno afecta a un número reducido de empresas –entre 50 y 100 de las 120.000 registradas en Uruguay–, lo que permite un margen de diálogo al próximo gobierno para llegar a un consenso y aplicar las normativas de manera que sean funcionales a los intereses del Uruguay, sin amputarnos las piernas ni aislarnos del mundo. 

Hablaba de los escalones a la hora de evaluar el clima de inversiones, ¿qué tan competitivo es Uruguay?

Muchos agentes tienden a medir la competitividad a través del tipo de cambio. Sin embargo, debemos entender que el tipo de cambio es solo un precio más en la economía, y no es un valor administrado. En Uruguay el Estado ha renunciado a intervenir de manera directa en el mercado cambiario, aunque hay intervenciones indirectas, como el manejo de la tasa de interés. Uruguay debe buscar la competitividad por fuera del tipo de cambio y eso es sano, porque es la competitividad de largo plazo que debe contemplar otros factores claves como alcanzar tarifas públicas más competitivas, que surjan de una gobernanza de las empresas públicas mucho más profesional y transparente. Contar con infraestructura acorde. Una política tributaria que sea consistente con un modelo productivo y exportador. Alcanzar una inserción internacional que permita colocar nuestra producción de forma eficiente. Poseer reglas de juego claras en torno a las relaciones laborales, así como la inversión en innovación y desarrollo. La innovación no debe percibirse como algo abstracto. En Uruguay ya hay sectores productivos y exportadores que han mejorado su competitividad al incorporar tecnología. Hay que bajar a tierra el concepto innovación para que no parezca humo, porque significa pasar a caminos diferentes mediante la automatización de procesos, la tecnificación y la profesionalización, que aporten más eficiencia y mejores resultados. Corrigiendo algunos de esos aspectos que engloban la competitividad de largo plazo, rápidamente se podría estar un escenario similar al de un dólar de $ 50, porque en ese contexto no importará el valor del dólar sino lo que queda al pasar raya y ver los números.

¿Se debe revisar la regulación en determinadas áreas, que generan sobrecostos y atentan contra la competitividad?

Sin duda. Muchas regulaciones han perdido vigencia y continúan generando distorsiones y sobrecostos. Algunas fueron justificadas en su momento y nadie cuestiona para qué se pusieron, y siguen hasta el día de hoy. Todo eso genera distorsiones, costos, pérdida de tiempo. Uruguay tiene la oportunidad de mejorar en este aspecto gracias a su tamaño y alto nivel de digitalización, algo en lo que ha hecho bastante. El país debería priorizar la simplificación de trámites, evitar la duplicación de requisitos entre ministerios y avanzar en el uso de tecnología. La digitalización no solo facilita la operativa, sino que reduce tiempos y costos para las empresas, mejorando la competitividad. Las regulaciones se definen con objetivos de contralor o estadísticos, sin embargo también pueden tener efectos colaterales, como beneficiar a unos pocos en detrimento de la economía en general. Por eso, es fundamental revisarlas y adaptarlas para fomentar un entorno más eficiente y productivo. 

¿Qué proyecta para Uruguay en los próximos cinco años?

Espero que Uruguay logre ser más productivo. Esto significa alcanzar mayores niveles de eficiencia en la producción, lo que requiere inversiones en innovación, tecnología y desarrollo. Por otro lado, Uruguay debe trabajar en generar una mayor inclusión social. Tenemos una sociedad fragmentada y cada vez más violenta, eso es algo que me preocupa profundamente. Además, el país debe esforzarse por abrirse al mundo, lo que implica movilizar las estructuras del Mercosur y aprovechar coyunturas regionales favorables. Es crucial impulsar cambios profundos en el bloque, que permitan su apertura. Productividad para ser más competitivos; inclusión social para mitigar tensiones y aprovechar un crecimiento futuro; e inserción internacional para mejorar la colocación de productos y atraer inversiones deberían ser los pilares clave para Uruguay. Cada uno de estos pilares requiere de un nivel de profundización. Por ejemplo, para abordar la fragmentación social es imprescindible enfocarse en la educación. Actualmente la tasa de egreso de la educación secundaria es muy baja, la mitad de la población no finaliza el liceo. Esto limita gravemente el nivel de desarrollo al que podemos aspirar, ya que una parte significativa de la fuerza laboral potencial tiene una formación insuficiente. El crecimiento económico se basa en agregar valor a los recursos, pero si una gran parte de la población no está adecuadamente formada, el desarrollo se vuelve muy difícil. Además, muchos niños nacen y crecen en situaciones complejas, lo que afecta etapas claves de su desarrollo intelectual y vital. Esto no solo fragmenta a la sociedad, sino que también condena a comunidades enteras a la exclusión y la pérdida de potencial. Uruguay también enfrenta un desafío demográfico, con una caída en la tasa de fecundidad que se traduce en una población cada vez menor. Esto implica menos niños, menos población activa en el futuro y, en consecuencia, menores niveles de mercado y desarrollo. Este desafío debe ser entendido y abordado como parte de una estrategia integral. Por eso, cada dimensión debe trabajarse en profundidad. Estos tres pilares constituyen un trípode esencial para el desarrollo del Uruguay.

Redacción: Ruben Silvera
Nota de Revista Verde N°118 – Sección Al Grano

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