Al Grano

Alfonso Álvarez: “En los seguros agrícolas el MGAP no solamente no ha aportado, sino que ha entorpecido”

7 de junio de 2024

El ingeniero agrónomo Alfonso Álvarez, director de la consultora de Agrofocus, analizó la evolución de la agricultura en Uruguay, desde los puntos de vista agronómico y empresarial, el avance tecnológico y su integración con la ganadería, entre otros temas. En esta entrevista con VERDE Álvarez fue profundamente crítico por la falta de avances en los seguros de rendimiento, y apuntó a los problemas de comunicación de las aseguradoras para transmitirle la situación a las reaseguradoras, así como a la “falta de liderazgo” del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP).

¿Cómo observa al sistema agrícola en Uruguay?

La agricultura cambió mucho en los últimos 10 años. Hubo actores que fueron importantes para la expansión del área y en su gran mayoría ya no están. En la actualidad tenemos productores individuales, muchos de ellos de gran escala, y una nacionalización de la producción. La superficie sembrada por uruguayos es muchísimo mayor a la que teníamos, lo que ha generado un sistema más estable, incluso desde el punto de vista técnico. El sistema nos exige rotaciones estables y permanentes, por lo que vemos un crecimiento del área de invierno, que responde a la sustentabilidad agronómica y económica de los sistemas. La necesidad de doble cultivo pasó a ser algo indispensable. Se fue avanzando hacia ese esquema con buenos resultados, donde el aporte de rastrojo es sumamente importante. Se están achicando las áreas de cultivos de primera sobre coberturas; obviamente, eso es diferente en zonas donde los campos son más mixtos, donde los cultivos de cobertura tienen un componente de pastoreo. Los cultivos forrajeros se fueron incluyendo en las rotaciones, tanto los anuales como los bianuales, en combinación con la ganadería, que permite sumar kilos de carne y genera un muy buen valor. Otro cambio importante es el desarrollo y la intensificación de la ganadería, con la producción de carne en base a granos, ya sea a través de corrales de engorde o suplementación. Hay una interacción muy grande entre ambas actividades, lo que abrió la puerta para estabilizar el área de gramíneas, fundamentalmente la de maíz, un cultivo que al mismo tiempo fue ganando estabilidad. Los planteos son más sostenibles, con una rotación intensa que incluye gramíneas de invierno y de verano que nos han demostrado que tienen un aporte importante. 

¿La gestión de la agricultura tiene una mirada más empresarial?

El gran cambio se comenzó a originar hace 20 años, con las empresas más grandes y los pooles de siembra, que ayudaron a profesionalizar al sector. Hoy el productor tiene una gestión empresarial y son muy pocos los que llevan adelante la actividad con un enfoque menos profesional. A la vez están siendo asistidos desde el punto de vista técnico y comercial por empresas de insumos o cooperativas. Hay puntos por mejorar y avanzar en la gestión, pero también es cierto que lo productivo no puede quedar atrás y la primera decisión siempre es productiva, que también involucra decisiones empresariales.

¿Qué compleja se vuelve la toma decisiones con márgenes más ajustados?

Venimos de varias zafras con números justos, el sector asumió que trabaja con márgenes ajustados. Incluso, una medida paliativa para ese escenario ha sido la integración vertical de las empresas con la ganadería dentro del proceso productivo. Las empresas que eran netamente agrícolas hoy tienen su ganadería. Además, son cada vez menos los productores que contratan el 100% de los servicios, se han ido incorporando algunos eslabones de esa cadena que forma el sistema de producción. Tenemos claro que el productor tiene que ser propietario de alguno de los medios de producción, ya sea la tierra, maquinaria o parte de los insumos, como la semilla. El hecho de tener uno de los puntos de la producción dentro del sistema, es el buffer que permite afrontar estos escenarios de menores márgenes. 

¿Cómo evolucionó la gestión agronómica?

En el sector hay dos versiones sobre el manejo de los cultivos, una productivista, donde la exigencia tecnológica es cada vez mayor y la productividad es el principal objetivo. Y hay otro donde se trabaja con escala y no tanto sobre la optimización productiva. Ninguno de los dos es discutible, porque cada uno tiene claro su objetivo y no va en desmedro del resultado.

¿Con cuál de estas dos visiones se siente más identificado?

Cuanto más productivista sos, más tecnología incorporas y te preocupas por los kilos. Ese sin dudas es el camino. Entrás en un ciclo de más rotación de activos y más riesgo. Los planteos tecnológicos de punta para sacar más kilos requieren de más inversión, los sistemas caros implican un riesgo financiero mayor. 

¿Pero no abaratan el costo de la tonelada producida?

Siempre y cuando logres la tonelada producida, pasas a ser muy dependiente del factor climático. Hay que buscar el punto de equilibrio, esa es la dificultad y es un tema de análisis permanente. Cuanta más tecnología y maquinaria se incorpora para estar a la vanguardia, hay que ver si eso repercute favorablemente en el número final. La tecnología vinculada a los insumos es inevitable. Los cultivos bien fertilizados, con macro y micronutrientes, incluso con manejo hormonal y genética, responden y brindan estabilidad productiva, a diferencia de lo que pasa con un cultivo hecho más o menos. Ahí no hay dudas, tenemos que ser productivistas. Pero hay un montón de elementos tecnológicos, maquinaria, plataformas o software de gestión, donde no está tan claro el impacto en kilos.

¿Cómo evalúa la evolución de los rendimientos en Uruguay?

Venimos en una escala ascendente. Somos productivistas. Más allá de que dependemos del clima, año tras año venimos superando récords. Hace 14 o 15 años, cuando ADP (Agronegocios del Plata) planteaba llegar a un rendimiento en trigo de 6.000 kilos por hectárea (kg/ha), nos parecía que estábamos hablando de un número muy difícil de alcanzar. Hoy tenemos que pensar en un trigo de 6.000 kg/ha para tomar la decisión de sembrar; ya pasó a ser un rendimiento normal. Ese es un ejemplo muy claro de que venimos subiendo el promedio de rendimientos. Sacando los avatares de las zafras particularmente complicadas, la información muestra que venimos subiendo. Hace 10 años pensábamos que 6.000 kg/ha de trigo era la panacea, y hoy pretendemos que ese rendimiento sea moneda corriente. 

¿En soja cuesta un poco más?

Venimos subiendo. Hace 15 años pensábamos que tener una soja de primera de 2.200 a 2.400 kg/ha era válido y muy aceptable. Hoy todos sabemos que una soja de primera de 2.500 o 2.700 kilos es condición necesaria para el empate. Obviamente hemos corrido la mira mucho más arriba y si todos estamos corriendo la mira es porque es lograble. Quizás la evolución no ha tenido la misma velocidad y el resultado ha sido más errático, pero hemos subido los rendimientos. La realidad es que hoy tenemos materiales y manejo que nos permiten pensar que lograr 3.000 kg/ha o más es posible, después influye el clima.

¿Cómo está la agricultura puertas afuera de la chacra?

La logística que tenemos es muy buena, el sector privado ha realizado un esfuerzo excepcional. La capacidad de almacenaje y acondicionamiento de granos es muy buena y con tecnología de punta. En cuanto al transporte, creo que también tenemos una flota fantástica. En el furor de la zafra siempre tenemos quejas sobre la logística, pero en realidad es un tema de manejo. Tampoco podemos estar sobredimensionados. Durante los 20 días de zafra siempre queremos más, pero también eso es un problema. Cada vez más pretendemos concentrar toda la cosecha en 20 días y la siembra en 15 días. Lógicamente eso genera ciertos cuellos de botella, pero la actividad tiene que ser viable para todas las partes. No podemos pretender que haya camiones para hacer la zafra en 20 días y sembradoras para sembrar todo en 10 días. Como productores y técnicos debemos tener un poco más de cintura y adaptarnos a lo razonable, a lo lógico. Sinceramente creo que no tenemos limitantes desde el punto de vista logístico, ni desde el punto de vista de la infraestructura. Sí considero que deberíamos gestionar mejor, tanto los usuarios como los que nos proporcionan los servicios. 

¿Por dónde pasaría esa mejora?

Es un tema de comunicación. En el momento del furor de la zafra todos estamos pensando en nuestro negocio, pero tenemos que ser un poquito más efectivos y entender que el otro también tiene que hacer su negocio. También pueden influir las zafras ajustadas de los últimos tiempos. Cuando los márgenes son ajustados y las condiciones son extremas todos queremos salvar nuestro pellejo. Por eso entiendo que sucede como consecuencia de los escasos márgenes que venimos teniendo.

¿Cómo se está gestionando esta zafra?

Por ahora con serenidad. Es una zafra complicada, porque no hemos podido avanzar. A principios de junio vamos a pasar raya y nos daremos cuenta de que, con sudor y lágrimas, se hizo. Es lo que pasa siempre. Son condiciones extremas, pero este estrés es mucho mejor que el del año pasado. Ahora la preocupación es juntar los kilos que tenemos, pero en la zafra pasada no teníamos nada para juntar. La gran conclusión que dejan estos dos años es que pasamos a los extremos y nos sigue faltando el componente de estabilidad o de seguridad. Por eso insisto en un punto básico, que son los seguros de rendimiento. Esa es, sin dudas, la herramienta que nos está faltando. Un buen ejemplo es la agricultura estadounidense, que produce muy bien y que cuenta con un componente que afecta a la estabilidad emocional de las empresas, que es el seguro de rendimiento. Contar con un seguro brinda tranquilidad, y cuando el productor está tranquilo toma mejores decisiones. Lamentablemente lo veo cada vez más lejos. Hace tres años lo veíamos como algo que se venía, pero ahora creo que hemos dado varios pasos para atrás. Se ha manejado muy mal de parte de prácticamente todos los actores involucrados. Por el lado de las aseguradoras entiendo que quizás no han logrado transmitir lo necesario de manera adecuada a las reaseguradoras, que hoy son en definitiva las que están frenando la posibilidad de que se desarrolle el negocio de los seguros de rendimiento. Creo que han comunicado muy mal lo que nos pasa. Los productores estamos muy dispuestos a que el seguro sea una herramienta continua. Hoy la mayoría de los productores están dispuestos a pagar un seguro de rendimiento. Eso habla muy bien de la decisión empresarial, porque se prefiere invertir en esto buscando tener cierta tranquilidad. El seguro de rendimiento no debería estar visto solamente como un seguro que cubre un orden de kilos, sino también debería cubrir pérdidas de calidad, tener un gatillo para condiciones adversas de cosecha y demás. Lo que se ofrece hoy en plaza es totalmente insuficiente. La coordinación de esto, que ha sido del gobierno, no fue buena. El Ministerio (de Ganadería, Agricultura y Pesca) no solamente no ha aportado, sino que ha entorpecido. Creo que este proceso no ha sido liderado correctamente. Los seguros deberían ser parte de una política agropecuaria y creo que ha sido muy tibio el papel del Estado en este punto. 

¿Faltó una decisión política clara y contundente en este tema?

Sin duda, y también faltó liderazgo. Quizás la decisión política estuvo, pero faltó un liderazgo claro de alguien que tome el tema sin querer tener réditos políticos y que mire el resultado del sistema. Sinceramente pienso que por falta de conocimiento esto no ha sido evaluado correctamente. No se ha medido correctamente el impacto que puede tener un seguro de rendimiento bien logrado. Si lográramos estabilizar el área productiva, o incluso aumentarla, porque tenemos posibilidad de hacerlo, los resultados serían otros. No sé si alguien ha medido o evaluado el impacto económico de estabilizar la producción de invierno en torno a 1 millón de hectáreas y la de verano en 2 millones de hectáreas, o incluso algo más. El efecto derrame que tendría sobre las ciudades, las empresas, los servicios, sería brutal.

Cuando el MGAP instrumentó el plan piloto se argumentó que era difícil que el productor aportara la información necesaria, ¿qué opina sobre esto?

No lo comparto; no creo que sea así. Probablemente al productor le cueste entregar información al Estado porque siempre existe el temor de que, no solo no te den nada, sino que te terminen pidiendo más. Pero si estuviera la decisión política, la información sería fácil de recabar. Hay empresas de seguros que tienen muy buena información y hay algunos procedimientos de las compañías aseguradoras que han logrado información muy confiable. 

¿La información no sería una excusa para avanzar?

Creo que no. En Agrofocus, con Gonzalo (Ducós), somos de la idea de que la información de rendimiento, en realidad debería ser del campo. Eso aportaría muchísimo al sistema y permitiría tomar una serie de decisiones muy importantes. Si pudiéramos saber cuánto se produjo en un campo, en un determinado padrón, se valorizaría mucho el activo, permitiendo tomar decisiones sobre los valores de las rentas y también a quienes financian el cultivo. Se tendría una medida de riesgo sobre un pedazo de tierra donde sabemos que un productor está produciendo cierta cantidad de kilos. Saber la productividad real del padrón ayudaría mucho para tener un seguro. Pero insisto, la única forma de que esto ocurra es que venga de la mano de una política agropecuaria donde estén involucrados el Estado y los productores. Para lograr tener un seguro de rendimiento debemos tener información. No estoy tan de acuerdo sobre que los productores no la quieren dar, el problema es a quién se la dan y para qué. Pero es claro que debemos generar más información.

Con todos los elementos tecnológicos que hoy están disponibles no debería ser complejo acceder a la información.

Exactamente. Los mapas de rendimiento podrán tener un determinado grado de error si las máquinas no fueron bien calibradas, pero son problemas menores versus la alternativa de no tener información. Hoy tampoco hay impedimento para que las máquinas tengan un monitor de rendimiento. Voy a ser franco, creo que el problema es que el sector político no tiene representantes de la agricultura. Los grandes avances que se han logrado en los últimos cuatro o cinco años para el sector agrícola se han hecho a partir de planteos de la Asociación Agropecuaria de Dolores, en conjunto con un montón de actores privados. Nos falta dentro del sistema político gubernamental, en definitiva, dentro del Ministerio, liderazgo para cambiar. Tenemos líderes empresariales que han puesto sobre la mesa 2 millones de ideas, pero el tema es que después hay que concretarlas. 

¿Cómo ve al riego?

Lo veo fantástico. Es un complemento muy bueno, que aporta estabilidad al sistema, pero no hay que hacerse la película de que es la solución a todos los problemas de falta de agua. Más allá de que es una herramienta bárbara, Uruguay tiene ciertas limitantes para el riego, por problemas de topografía, de relieve o de infiltración, que hacen que no tenga el mismo resultado que tiene en otros lugares. De todas formas, se avanzó mucho y cada vez más, es condición necesaria. Ahí sí hay que quebrar una lanza, porque todo lo que refiere al modelo de promoción de inversiones y de proyectos de inversión han sido elementos fabulosos del gobierno y de los anteriores, permitiendo que se invierta y se desarrolle el riego. Tenemos un mercado donde el valor de los campos sigue subiendo y de forma importante. Seguimos siendo un lugar buscado para invertir, porque en Uruguay hay condiciones que hacen que los extranjeros nos miren con buenos ojos. Brasil es un caso claro de inestabilidad política y social. A Uruguay lo ven como un país seguro, por lo que vienen a comprar campos acá. Los europeos también lo ven atractivo y eso hace que el mercado esté demandado, subiendo los valores de los campos. Hoy vale más la pena invertir dentro del campo que afuera. Siempre fuimos muy críticos con el riego cuando los campos eran baratos. Entendíamos que era preferible comprar una hectárea de al lado antes que invertir en torno a US$ 4.000 por hectárea para incorporar el riego. Hoy es más difícil comprar la hectárea de al lado, ya sea porque no está a la venta o porque es más cara, mientras que el riego viene bajando. Por eso creo que esa herramienta seguirá creciendo.

¿Cada vez hay más gente interesada en entrar al negocio agropecuario uruguayo?

No te voy a decir que cada vez haya más gente, pero sí hay muchas consultas. Cuando tenemos algún cliente que está pensando en invertir y vemos qué opciones hay en el mercado, observamos que está muy movido. En el último año y medio o dos años hubo muchas consultas, y de hecho en los últimos meses se han cerrado muchos negocios de volúmenes importantes. El denominador común es la búsqueda de campos buenos. Más allá de las condiciones que ofrece el país desde lo jurídico, social, político y demás, la búsqueda es selecta.

Tarjeta Personal

Alfonso Álvarez es ingeniero agrónomo formado en la Universidad de la República y tiene un MBA en la Ucudal. Es director de la consultora Agrofocus, que opera desde 2001, gerenciando proyectos de producción agropecuaria de terceros, con capital de origen nacional y extranjero. Además, cuenta con una rama de producción agrícola-ganadera propia y servicios de maquinaria. Desde 2018 es consultor ANII para proyectos de innovación. 

Nota de Revista Verde N°114 – Sección Al Grano

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