Marcos Guigou planteó este desafío en ADP Zone; explicó que sería alcanzable con sustento en la agronomía, la ciencia, la nutrición y la logística, entre otros aspectos
Aplicando “ciencia, conocimiento, más neuronas por hectárea y más convicción, la agricultura será cada vez mejor”, dijo Marcos Guigou, director de Agronegocios de Plata (ADP).
El empresario entiende que el sector agropecuario tiene una gran responsabilidad. La población mundial es de 7.750 millones de personas, y por año suma más de 75 millones, “es como tener la población de Uruguay multiplicada por 20 todos los años. Esas personas demandan más alimentos, más servicios, más tecnología. Toda esa situación le imprime al mundo una velocidad impresionante, mientras que Uruguay avanza a otro ritmo”.
Pero planteó que “en Uruguay hay muchas cosas que se dan como naturales, y que en el mundo no lo son; es más, están siendo limitantes. Esto nos debe de servir para tener una mirada de largo plazo”.
Al respecto, señaló que “prácticamente se puede producir en todo el país, hay pasturas, hay agua, la producción está cerca de los puertos, tenemos un relieve ondulado, llueven 1.200 milímetros y si no capturamos el agua para transformarla en granos, para producir, se va al mar”.
Además, dijo que el hecho de que llueva “no es una característica destacable por sí misma». Señaló que en la India llueve mucho más que en Uruguay, pero las perspectivas muestran que para el año 2030, el agua no les alcanzará para la producción que tienen que generar y tendrán que optar sobre el uso que le darán al agua, si la usan para producir carne, granos, productos industriales o la utilizan para beber.
Por lo tanto, en India y en China, los dos países con más población en el mundo, existe esa clase de restricciones, pero para Uruguay “son una oportunidad gigantesca”, dijo.
Si en Uruguay se utiliza el agua de la lluvia, “habrá menos erosión y menos riesgo de que los nutrientes vayan a los cursos de agua. Contamos con un clima templado para sembrar dos cultivos por año. Por supuesto que hay años cuando llueve menos y tenemos problemas, pero salvando esos aspectos, se tienen ventajas ambientales para la producción”.
Comentó que en ADP “nos hemos puesto un objetivo: producir una tonelada de grano cada 100 milímetros de lluvia, y aspiramos a lograr 10 toneladas de granos por hectárea y por año”.
Guigou fue más allá, al señalar que si ese objetivo se lleva a nivel nacional, sobre 2 millones de hectáreas agrícolas “estamos en condiciones de producir 20 millones de toneladas de granos, sustentado en aporte de la agronomía, la ciencia, la nutrición y la logística, entre otros aspectos”.
Eso permitiría producir prácticamente cuatro veces más que hoy, con una superficie algo superior a la que se siembra en la actualidad.
Explicó que esa superficie agrícola estimada es la que el país puede alcanzar pensando en una “agricultura de altísima calidad, en muy buenos suelos, pero más dispersos”, ya que la producción se concentró cerca de los puertos, por los costos relacionados con el transporte.
Esa superficie “puede generar 20 millones de toneladas, con una intensificación realmente destacable, que también sería favorable desde el punto de vista ambiental. Además, estaríamos exportando el doble, generando un impacto tremendo en la ganadería mediante los corrales de engorde, pero una agricultura más dispersa en el país impactaría también de forma positiva en los sistemas ganaderos pastoriles”.
El nivel que tiene la producción de terneros es uno de los temas a mejorar en Uruguay, “y eso no está influenciado por la genética, sino por la nutrición. Entonces, mediante modelos productivos más integrados, aparecen soluciones. Si la vaca de cría tuviera una suplementación cuando está amamantando, se preñaría más, y se lograrían porcentajes de preñez y de destete más altos”.
Agregó que si se induce el desarrollo de esos terneros con ración, la integración cobra sentido. “Con una logística bien diseñada, produciendo y consumiendo cerca, se genera un consumo de granos bien interesante, sin pensar en ir a una producción de cerdos o pollos. ¿Se imaginan una agricultura intensa, al lado de un área pasturas, más cercana, más integrada, más potente? Ese es el camino para dar un salto en cada una de las producciones del país” resaltó Guigou.
También señaló que lograr 1 millón de hectáreas forestales “genera un impacto enorme, muy positivo para un país que no tenía un área forestal de esa magnitud. Es algo que permite capturar carbono para mitigar el efecto invernadero, mejorando los aspectos ambientales”.
El empresario sostuvo que van apareciendo nuevas alternativas como la producción de cerdos o la de biogás, “que deben analizarse”.
Planteó, como ejemplo, que hay trabajos que muestran que un camión a biogás neutraliza tres camiones y medio con combustible fósil. “Eso es tremendo. Como país podemos imaginarnos cosas mucho más intensas y mejores”, remarcó.
Guigou entiende que, con una agricultura potenciada, se logra un país más activo y más rico. “¿Por qué no pensar en que el país pueda, eventualmente, donar alimentos a países que atraviesen problemas? Podemos hacerlo junto con la imagen de alguno de nuestros grandes futbolistas, que son personas conocidas a nivel mundial. Esas son cosas que sirven, para que nos conozcan como grandes y confiables productores de alimentos, así debemos posicionarnos en el mundo. Si hoy nos damos cuenta, podemos generar nuevas conexiones, nuevas cosas, una revolución para el país”.
ESCAPAR DE LOS COSTOS
La exposición de Marcos Guigou en el encuentro anual ADP Zone, realizado en Dolores, prosiguió con un análisis de la situación de los costos en Uruguay. “Todos sentimos que estamos en un país caro y realmente lo es. Desde que estoy en la actividad agrícola, el combustible en Uruguay siempre ha sido más caro que en la región. No sé si eso podrá cambiar, pero no tengo muchas expectativas”, admitió.
Agregó que en un momento, “apareció la siembra directa, y los agricultores tuvimos un gran cambio en el ahorro de combustible, pasando de utilizar 60 litros de gasoil por hectárea a 18 litros por hectárea. El gasoil no bajó de precio, pero el negocio cambió totalmente; además del resto de las ventajas de la siembra directa, que fue la base para el crecimiento agrícola del Uruguay”.
La siembra directa fue, en su momento, “la forma de escapar de la realidad de costos”. Luego de varios años, cuando la actividad agrícola creció fuerte en Uruguay, “nos encontramos con la caída brusca de precios, en la zafra 2014/15. La soja pasó de valer casi US$ 500 por tonelada a cerca de US$ 350, y en las últimas dos zafras el precio ha sido aun menor”.
En este escenario “empezamos a buscar cosas en el interior de las empresas, tratando de manejar lo que depende de nosotros, y adaptarnos al nuevo marco, de costos altos y precios agrícolas bajos”.
Fue así que en ADP se apuntó a la búsqueda de sistemas más competitivos. “Con la integración de nuestros granos a la ganadería, logramos que uno de los principales problemas del país, que es el de tener una logística cara, no fuera tan relevante, porque ahora la producción está cerca del consumo. Lo que movemos son vacunos, porque valen mucho más e impactan menos el flete”, explicó.
Esa lógica “debemos tenerla todo el tiempo presente, porque podemos trabajar años sobre la productividad, pero si después, porteras afuera no entendemos cómo funciona la economía y la lógica de estas cosas, tendremos un problema”.
El empresario se mostró encantado con el momento que atraviesa la ganadería, “pero cuando las hectáreas agrícolas pasan a ganadería y no hay ganado, presionamos y presionamos sobre un factor que es inelástico. Sube el precio pero no por eso podemos comprar más terneros”.
Por otro lado, dijo que “pasamos a producir pasto en lugares donde podríamos tener una agricultura pujante, y ese pasto vale muy poco por tonelada, por lo tanto, si no lo consumimos en ese lugar no se podrá mover”.
En esa línea, agregó que cuesta más trasladar una tonelada de maíz, trigo, cebada o sorgo, “que una tonelada de soja o de colza cuando el flete representa 10% del precio; en los granos forrajeros es 20%; pero en un forraje supera el 50%, por lo que mover pasto es inviable”.
Analizó que “Uruguay tiene un área pastoril que es la mayoritaria en superficie, y si todavía el sistema productivo apunta a más pasturas sobre áreas agrícolas, sin saber cómo será el consumo de ese forraje, seguramente estemos sobre un producto sin valor. Ese es un tema para analizar”.
LOS DEBERES AMBIENTALES
La agricultura es capturar energía solar, dióxido de carbono (CO2) y agua, “¿pero cuánto usamos?, ¿cuál es nuestra huella? Las plantas no toman ni el 1% de la energía solar y con solo 90 minutos en el año tendríamos toda la energía que consume la población mundial”, ejemplificó Guigou.
Sostuvo que la agricultura realiza una utilización minúscula de algunos recursos. Además, según datos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), la producción ganadera en ese país solo genera 3,9% de los gases de efecto invernadero y la producción agrícola 4,7%, y agregó que “ambas producciones en Uruguay son mucho menos intensas”.
La agricultura y la ganadería son responsables de la generación del casi 9% de los gases de efecto invernadero, “por eso hay que relativizar las cosas. No nos podemos dejar poner etiquetas sin discusiones científicas”, reclamó.
Al respecto, agregó que hay muchos trabajos que marcan el año 2050 como meta. “Hay uno que habla de la agricultura regenerativa, la misma requiere una enorme cantidad de subsidios para que sea viable en los Estados Unidos, y plantea una mejora ambiental formidable. En el calentamiento global, el agro no es el problema mayor, pero puede mejorar su performance”, admitió.
Repasó que la base de la agricultura regenerativa es: labranza cero, diversos cultivos de cobertura, fertilización del propio establecimiento y no utilizar nutrientes externos, la no utilización de agroquímicos y fertilizantes sintéticos, y la múltiple rotación de cultivos
“De esos cinco puntos, hay tres que ya se hacen en Uruguay de forma excelente y desde hace mucho tiempo, sin subsidios ni aportes externos. El 60% de la agricultura regenerativa que plantea Estados Unidos como la opción del mundo, en Uruguay ya se hace. Ahora, hay que pelear el 40%, pero ya partimos de una excelente posición”, resaltó Guigou.
Agregó que “queda trabajar en la fertilización interna del establecimiento, pero los sistemas intensivos, que incluyen ganadería, brindan posibilidades de reciclar nutrientes. No me imagino una agricultura sin agroquímicos, pero sí podemos trabajar sobre las dosis mediante la agricultura de precisión”.
Según el director de ADP, el agricultor tiene una muy buena argumentación para enfrentar los cuestionamientos que surgen hacia la actividad agrícola. “Estamos por el buen camino, debemos sentirnos orgullosos”, dijo.
Recordó que en la evaluación de la última zafra de verano, “Sebastián Mazzilli (consultor) nos dijo que en fósforo tenemos balance cero, ponemos lo mismo que sacamos. Eso no fue buscado, pero en la medida que se van ajustando los procesos, eso se va logrando, eso va en el camino de una mayor eficiencia, mayor protección del ambiente”.
¿Qué es la agricultura para ADP?
Guigou sostuvo que la agricultura no está en su mejor momento. “Cuando nuestro negocio pierde fortaleza, nos volvemos más creativos y se gestan más opciones. El valor de continuar es lo importante. En esto los equipos de trabajo juegan un rol muy destacado. Hoy ADP genera más valor en carne que en granos, pero todo eso es posible porque el corazón está en la agricultura, sin esa actividad sería muy difícil desarrollar el negocio ganadero y otros negocios que hoy son más interesantes”, admitió.
La agricultura para ADP “es la oportunidad de avanzar hacia nuevas y renovadas cadenas de valor (proteína, energía, bioplásticos). Es escapar de lo que no manejamos gracias a la concentración energética de los granos y el conocimiento aplicado. Es generar trabajo de valor, más conocimiento por hectárea producida, lo que permite que podamos vivir mejor. La agricultura de hoy no solo está integrada por agrónomos y productores rurales, sino que es multidisciplinaria”, dijo.
El director de ADP señaló que “los próximos aprendizajes saldrán de nuestros propios campos, a través de la agricultura digital. En nuestro caso, detectamos en su momento que el orden de los factores altera el producto, no es como en matemática. Vimos que ordenando de diferente forma los cinco cultivos, en la rotación de tres años, mejorábamos la productividad entre 5% y 7%, y tenemos un caso de 10% de mejora”.
Consideró que hay un diseño renovado de las cadenas de valor, que incluye lo productivo porteras adentro y la asociación porteras afuera, donde la tecnología actúa.
“Estamos rompiendo algunos paradigmas, quizás nos llevemos algunos problemas. Venimos trabajando hacia la industria con la carne con marca, hemos despertado aptitudes y conocimiento en la interna y hacia afuera, algo que nos permite ser optimistas. Este camino es promisorio, porque el consumidor quiere datos, y nosotros los tenemos. Aparecen interacciones mediante la tecnología que hace 10 años no estaban”, destacó.
Informó que sobre mediados de este año la empresa definió la inversión en un nuevo corral de engorde, que estará operativo a principios de 2020. Se está construyendo al lado de la planta de silos que tiene la compañía en Caraguatá, Tacuarembó.
“Sigue el modelo que tiende a priorizar el uso, la tecnología y el conocimiento para alimentar ganado con granos producidos cerca del corral, para bajar los costos de logística. Hacer todo esto en un lugar nuevo es un desafío para ADP, pero entendemos que es algo que se puede extender en esa zona. La producción de carne a corral le puede dar viabilidad a zonas agrícolas que tienen todo para realizar una buena agricultura. Ahí llueven 200 milímetros más que en el sur, pero esa región está entrampada en un país caro”, concluyó.
Romeo Volonté, gerente del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), dijo que recientemente se reunieron las instituciones interesadas en el control y erradicación de la mosca de la bichera (MGAP, INIA, IPA, Federación Rural, ARU, CAF, CNFR y SUL), a pedido del ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Enzo Benech.
Explicó que el plan ha tenido avances “significativos” y se le entregó al ministro “un documento con todos los antecedentes del país sobre la problemática que impone la mosca de la bichera”.
Dentro de los avances mencionados se destaca que “se pudieron determinar las pérdidas que causa la mosca de la bichera”. Las mismas tienen “un piso de US$ 41 millones por año” que está compuesto por la pérdida de animales (ovinos y vacunos), la mano de obra y los tratamientos con curabicheras.
Volonté diferenció que el número que se había manejado anteriormente, de US$ 200 millones por pérdidas, lo que hacía era ponderar pérdidas futuras de producción. “Hay una cantidad de aspectos que generan pérdidas que son difíciles de cuantificar, por eso se habla de un “piso de pérdidas”.
De los US$ 41 millones de pérdidas, la mortandad asignada a la mosca de la bichera en ovinos representa algo más de US$ 5 millones y en vacunos la cifra se acerca a US$ 1 millón.
El gerente del SUL dijo que “el mayor impacto es el tiempo que el productor debe dedicar a este tema, la cantidad de actividades que se deben planificar en función de la presencia de bichera y las cosas que se dejan de hacer por atender esto”.
En la reunión con el jerarca del MGAP también se analizó una propuesta de la Agencia Internacional Nacional de Energía Atómica, que define un plan para la erradicación de la mosca de la bichera en América del Sur, en el que la primera etapa está contemplada la campaña de erradicación en Uruguay.
Volonté indicó que “el grupo evaluó la factibilidad de dicho proyecto, que plantea la introducción de moscas estériles que se producen en una planta de Panamá y podría abastecer la cantidad necesaria que precisa Uruguay”.
Tomás Friedman, corresponsal de Radio Carve en la Unión Europea, dijo en el programa Punto de Equilibrio que el nuevo acuerdo entre EEUU y la Unión Europea (UE) por el contingente 481 de carne de alta calidad “fue enviado para su aprobación al parlamento europeo”.
En el parlamento europeo asumieron nuevas autoridades y comenzará con sus actividades el 5 de enero de 2020, por tanto, el acuerdo “será ratificado en los primeros días del próximo año”.
Agregó que “la comisión de agricultura del parlamento europeo seguramente apruebe sin ningún tipo de reparos lo acordado con EEUU por la cuota 481”. Recordó que eso se alcanzó en Washington (EEUU), por representantes de ambas partes en agosto pasado.
Mediante el nuevo acuerdo, de la cuota actual de 45 mil toneladas unas 35 mil serán exclusivas para EEUU, en un proceso progresivo de siete años. Las 10 mil restantes se reparten entre el resto de los países que participan del contingente.
Friedman comentó que si bien Uruguay podría apelar esta decisión, “el país lo analizó y entendió que no sería conveniente” ya que “podría generar un parate en las exportaciones del cupo 481”. Además, “sería el único que apelaría” porque el resto de los países que utilizan la cuota no apelaran”.
Benjamín Bourse, director General de Control Union para Latinoamérica, destacó a VERDE el potencial de la carne uruguaya y oportunidades para el cannabis; y admitió que hay programas de sustentabilidad que son medidas paraarancelarias
Las certificaciones tienen una demanda creciente en el mundo, sobre todo para productos que se consumen en mercados de alto poder adquisitivo, como Estados Unidos y Europa. Las principales marcas del mundo tienen una clara política de certificaciones, que apuntan fundamentalmente a la sustentabilidad e involucran a sus proveedores de materia prima en los procesos de certificación.
En esta entrevista, Benjamin Bourse, director general de Control Union para Latinoamérica, aseguró que las certificaciones son consideradas por los consumidores un valor agregado, y hay quienes no solo pagan más, sino que consumen únicamente productos certificados.
Control Union es una compañía internacional privada, creada en Holanda en 1920. Tiene presencia en más de 70 países, con oficinas, operaciones y laboratorios y ofrece una red global de servicios de logística, control de calidad, gestión de garantías y certificaciones.
Dicha área fue creada en el año 2002, cuando Control Union adquirió la compañía holandesa Skal International, una rama de auditoría de la fundación Stichting Skal.
Lo que comenzó como una empresa conjunta, con el paso del tiempo pasó en su totalidad a Control Union y ha seguido expandiendo su ámbito de actividades. En la actualidad cuenta con más de 100 programas de certificación, que son demandados por diferentes empresas y países del mundo.
En esta entrevista con VERDE, Bourse señaló que el medioambiente, la no desforestación y aspectos sociales son los temas más relevantes en las certificaciones que realizan.
¿Cómo es la evolución de los procesos de certificación que hoy se están demandando a nivel global?
Estos procesos tienen una clara tendencia creciente. En mercados como el europeo o el estadounidense es algo palpable, allí los consumidores están demandando productos con diferentes certificaciones. De las unidades de negocios de Control Union, certificaciones es la que más crece. En las empresas privadas se observa nítidamente, sobre todo en las que tienen una marca con posicionamiento fuerte, como Coca-Cola, PepsiCo o Unilever. Estas empresas tienen una clara política de certificaciones, que apuntan al concepto de sustentabilidad, y además involucran a sus cadenas de suministro. Por otra parte, hay varios gobiernos con programas de sustentabilidad que terminan siendo barreras paraarancelarias. Si los productos a importar no están certificados no pueden ingresar. Control Union cuenta con acreditaciones gubernamentales y de organismos industriales de acreditación a nivel global. Hoy tenemos más de 100 programas de certificación, y operamos en varias industrias: bienestar animal, silvicultura, acuicultura y pesca, biocombustibles y biomasa, alimentación animal, seguridad alimentaria, buenas prácticas agrícolas, agricultura orgánica, sistema de gestión de calidad, cumplimiento y seguridad social, sostenibilidad, textil, agua, entre muchas otras. Todo eso va creciendo y complejizándose, porque el consumidor final busca conocer más detalles del proceso de producción del producto que va a consumir.
¿Observan que el consumidor juega un rol preponderante?
Sin dudas, y le da un valor agregado. Las empresas quieren vender el producto con ese valor agregado, dado que aumenta la cantidad de consumidores que compran únicamente ese tipo de productos. Por ejemplo, ya se ven cadenas importantes en Estados Unidos que solo venden productos orgánicos, y otras cadenas que únicamente comercializan productos certificados. En el portafolio de clientes de Control Union tenemos a las principales compañías del mundo alimenticio, donde la certificación ha crecido mucho, pero también hay grandes cadenas de supermercados que buscan auditar y certificar a toda su cadena de abastecimiento y distribución.
¿Esto es demandando solamente por la industria alimenticia o se observa también en otras industrias?
No, abarca a todos los productos. Control Union, por ser una empresa muy ligada al agronegocio, ha crecido mucho en el sector agrícola, pero vemos que muchos productos buscan certificar procesos de sustentabilidad. Uno de nuestros clientes está en Uruguay y produce lana sustentable. Es un programa que a nivel mundial es dirigido por Piero Gelmini (gerente de Control Union Uruguay). Las lanas sustentables son comercializadas a las principales empresas de la moda mundial. La certificación no solo está en la industria alimenticia, sino que también crece en la cadena de commodities, en la industria energética, automotriz, textil y en muchas otras. Allí somos muy fuertes, sobre todo en Asia, donde está la mayoría de estas industrias. Ahora también aparece en los servicios, hay muchas instituciones financieras que tienen una política crediticia muy ligada con la certificación. Si el cliente de ese banco cumple con algunas certificaciones tiene un descuento en la tasa de interés, por ejemplo. Los procesos de certificación y sustentabilidad ya están ligados, no solo al agro o al consumo, sino a todas las actividades económicas.
¿Qué tipo de certificación se demanda?
Depende de las industrias y de los intereses, hay muchas. Cuando hablamos de países, ingresa el aspecto social y ambiental. Las grandes compañías conjugan la demanda de los clientes y la protección de marca, allí se apunta a prevenir el trabajo infantil, la esclavitud y los problemas ambientales. Los supermercados buscan estas instancias para evitar reclamos de sus clientes. Hoy los supermercados tienen sus propias marcas, que son muy importantes por la rentabilidad de esas empresas, entonces, la certificación ingresa como mecanismo de protección. Todo eso depende de lo que busque el interesado. A nivel general se puede decir que estos son los temas más relevantes: medioambiente, la no deforestación y todo lo vinculado con lo social.
¿Lo ambiental es lo que viene creciendo de forma más importante?
Vemos un equilibrio. Depende de la industria. Si apuntamos, por ejemplo, a certificar soja, el objetivo es lo ambiental y la no deforestación, por encima del trabajo social o la esclavitud. En cambio, en la industria textil, donde por ejemplo no hay deforestación, el foco está en lo social, trabajo infantil, esclavitud o en las condiciones aptas para trabajar. La demanda se va moviendo de acuerdo al producto, de acuerdo al commodity con el que se trabaja, es muy puntual, no hay un género específico. Pero sí hay protocolos, como el de Ecuador, que realmente marcan políticas de sustentabilidad que deben seguirse. Hay muchos indicadores, sobre esto a nivel mundial, y después hay muchos trabajos serios realizados por distintas ONG. Hay, por ejemplo, un ranking donde están las mayores empresas del mundo, con sus fortalezas y debilidades. Eso es bueno para realizar comparaciones entre empresas, y a partir de eso tomar acción para mejorar. Dentro de lo ambiental también van apareciendo nuevos procesos a certificar, como las huellas de dióxido de carbono (CO2), agua, energía, entre otros.
¿Qué pasa en otros mercados? Con el consumidor asiático, por ejemplo.
Claramente el consumidor europeo o norteamericano está mucho más maduro, y exige un producto sustentable, diferente al de otros países. Además, si bien existen mercados más avanzados, cuando las empresas multinacionales marcan sus compromisos socioambientales, estos rigen para todos los países en los que actúan, ya sea en Asia, América, África o Europa. Unilever, por ejemplo, compra de una forma sustentable en todo el mundo, y ha elegido a Control Union para que lo ayude a cumplir ese objetivo. El que mueve a Asia es China, y en ese país muchos de los habitantes que tenían condiciones de vida muy básicas, en los últimos años cambiaron, producto del crecimiento de la economía china. Ha crecido y seguirá incrementándose la clase media china, y eso motiva cambios en el patrón de consumo. Les llevará un tiempo la adopción de productos orgánicos, pero desde hace varios años se observa una preocupación por la inocuidad alimentaria y el medio ambiente. Por otro lado, las principales marcas textiles de moda, de producción de alimentos y de productos electrónicos, están en Asia exigiendo muchas certificaciones, de todo tipo. Eso da la pauta de que las condiciones de trabajo en Asia están cambiando. Y ese es el proceso inicial de los cambios en la exigencia del consumidor.
¿Qué exigen las certificaciones de un producto orgánico?
Es un producto que no lleva contaminantes y que es producido orgánicamente. Hay diferentes normativas sobre los orgánicos, cada país tiene la suya. Hay algunas para la Unión Europea, para Japón o Estados Unidos, donde se determina qué productos están habilitados para utilizarse en el ciclo productivo, qué fertilizantes, qué herbicidas se pueden usar y cuáles no. Para poder plantar, cosechar y certificar ese producto, el suelo tiene que estar limpio por más de tres años. No puedo, por ejemplo, producir un orgánico en un campo que haya tenido un cultivo que haya utilizado fertilizantes o herbicidas no aprobados para la producción orgánica.
¿Qué pasa con las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA)?
Se está trabajando muy fuerte. Hay diferentes programas y productos para certificar buenas prácticas agrícolas, como: Global Gap, RTRS, FSA-SAI, ISCC, entre otros. De acuerdo a las necesidades de cada una de las empresas se eligen diferentes tipos de programas de certificación, pero eso se enfoca plenamente a los productos agrícolas. En esta entrevista hablamos de la parte textil, que es sumamente industrial, o del rubro electrodomésticos, donde entra otro tipo de certificaciones para atender a mercados que no van alineados con el agronegocio. En la actualidad la producción de cannabis, por ejemplo, certifica buenas prácticas agrícolas.
¿Cómo ve el futuro de la carne orgánica, la carne natural?
Si hay una marca diferenciada, como puede ser una carne natural o un auto de elite, hay un mercado que lo paga y cada vez lo pagará más. Los clientes siguen buscando ese tipo de diferenciación en carnes, sobre todo en el mercado europeo y norteamericano. Realmente pagan un diferencial por carne certificada, pero no olvidemos que Uruguay es un ejemplo en el posicionamiento de su carne, tiene un sello de calidad y un marketing espectacular, asociado a la marca Uruguay Natural. La carne uruguaya está en un escalón diferente y el consumidor mundial la quiere. Hemos participado en algunas ferias y veo con alegría el posicionamiento de la oferta uruguaya, lo hablo como argentino, que sufrimos la pérdida de ese estatus. Argentina siempre fue un país con un nombre muy fuerte en carnes, pero por diferentes cuestiones políticas eso se ha perdido. Los uruguayos hicieron un trabajo excepcional y han posicionado la marca en un escalón muy alto.
Comentó sobre la certificación de BPA en la producción de cannabis, ¿Uruguay tiene potencial en ese segmento?
Entendemos que para Uruguay la producción de cannabis tiene un potencial enorme. Control Union también está teniendo un rol importante a nivel mundial en la certificación de ese producto, a través del estándar CUMCS (Control Union Medical Cannabis Standard). Uruguay tiene una legislación vigente sobre cannabis, que debería aprovecharla muy bien en el mercado internacional. Sobre todo pensando en la exportación hacia países donde lo pagan muy bien, como Alemania; tanto en su uso medicinal, como en el recreativo. Uruguay, desde mi punto de vista, tiene una oportunidad para abastecer a ese mercado. Además, Uruguay tiene seguridad jurídica, una buena imagen internacional, exporta productos de calidad, esos elementos también le juegan a favor para posicionarse en el mercado internacional del cannabis medicinal. Vemos que es una industria que viene creciendo muchísimo, que se viene desarrollando muy fuerte en todo el mundo, a la que los principales países y empresas están apostando. Ya se comienza a hablar de los beneficios médicos del cannabis, y ahí Uruguay tiene para crecer y mucho, y todo ese proceso que atraviesa el cannabis puede certificarse.
¿Lo están haciendo en otros mercados?
Sí, hicimos el programa de certificación para Israel; también hemos hechos programas de certificación para otros países, adecuándonos a las diferentes demandas. Para poder exportar cannabis desde Uruguay el mercado exige una certificación como CUMCS, que garantice la calidad y buenas prácticas agrícolas. Lo estamos haciendo para varias empresas y varios países en el mundo. Estamos muy fuertes en Estados Unidos, Canadá, ahora tenemos un equipo recibiendo un entrenamiento y certificando un laboratorio medicinal canadiense en Colombia, que está haciendo su primer desembarco en Latinoamérica. Entendemos que Uruguay será el próximo destino de varias empresas. En los próximos días participaremos de la feria más grande de cannabis del mundo, que se realiza en Las Vegas, Estados Unidos.
¿Cómo proyectan a mediano plazo al área de certificación de procesos en Control Union?
Entendemos que será el área con más crecimiento dentro de Control Union, habrá más demanda por los diferentes programas de certificación, por la exigencia o demanda de los consumidores, que buscan cada vez más datos sobre lo que consumen, ya sea un alimento, un automóvil, un cosmético o un abrigo. Además, se van abriendo en diferentes abanicos y son muchos programas. En Argentina certificamos un volumen importante de soja y en Perú lo hacemos con quinoa, que son productos totalmente diferentes, pero están englobados dentro del proceso de certificación, que también puede ser puntual para cada uno de los países.
TARJETA PERSONAL
Benjamín Bourse es argentino, desde febrero de 2014 es el director general de Control Union para Latinoamérica. Trabaja en la compañía desde mayo de 1990, fue gerente comercial en Argentina y gerente general de la empresa en Brasil. Es licenciado en Comercio Exterior, por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires; y tiene un MBA en Gerenciamiento y Administración de Empresas del IAE Business School.
Alexis González, gerente de producción de la empresa Dalmás Agro, señaló que en el sur del país la cosecha de cultivos de invierno “avanza rápido”. En trigo y cebada “se ha cosechado entre 40-50%”. Los datos responden a la zona sur del país (Colonia, San José, Soriano y Canelones).
González dijo que hasta el momento los rendimientos promedio para trigo y cebada están en 4.200 y 4000 kg/ha respectivamente. Sostuvo que estos rendimientos están “algo por debajo a lo que se esperaba para los cultivos tempranos”.
Explicó que hubo “problemas de implantación que fueron más graves de lo estimado, sumado a las lluvias de octubre”. Esto terminó generando “impactos en el rendimiento”. Pero destacó que “hasta el momento no han tenido problemas de calidad ni en trigo ni en cebada”.
Recordó que “en un fin de semana de octubre llovieron 200 mm y eso fue bastante complicado”. Además “luego de esas precipitaciones hubo días con lluvias intermitentes y días feos que no permitieron ingresar a las chacras para hacer las aplicaciones indicadas”.
Dalmás Agro siembra en campos alquilados y apunta a planteos de alta tecnología, para este esquema “el rendimiento de equilibrio en cebada se ubica en 4.300 kg/ha y 4.500 kg/ha en trigo”. González indicó que ese punto de equilibrio incluye el 50% del arrendamiento y la fertilización de la rotación.
Agregó que este año la empresa sembró unas 600 hectáreas de carinata, “de las que llevamos cosechadas el 30% con un rendimiento promedio de 1.900 kg/ha”. La colza aún no se ha cosechado “porque se sembró tarde”.
Carlos Molina, integrante del Plan Agropecuario, dijo que el comienzo del ejercicio 2019/20 “ha sido favorable” y que “parecería que las variables siguen comportándose positivamente”.
Explicó que “casi sin darnos cuenta llevamos la mitad del ejercicio 2019/20 jugado” y que “para los productores ganaderos han sido cinco meses de un comportamiento favorable de las variables que determinan los resultados”.
Recordó que el ejercicio pasado las empresas ganaderas mostraron una mejora en sus ingresos producto de la mejora de algunas variables como el tipo de cambio, el precio de las haciendas, la inflación y el clima.
No obstante, Molina advirtió que “esto no quiere decir que este ejercicio va a tener buenos resultados”, ya que “todavía falta y habrá que ver en qué medida los productores pueden capturar ese ambiente favorable que estamos viendo”.
De todas maneras confirmó que “las variables se están comportando de manera favorable para los productores ganaderos”.
El integrante del Plan Agropecuario destacó que en estos cinco meses hubo mejora de los factores que hacen la composición del ingreso de las empresas. Dijo que “el clima es favorable” y por ende hay pasto, “el dólar sigue aumentando respecto del peso uruguayo (15%), la inflación se mantiene (8,5%) y los precios de las haciendas son inéditos (valorización de 30% en dólares constantes)”. Por eso razonó que con buenos precios de los productos y un dólar alto versus una inflación estable, “los productores han podido licuar los costos de producción que están en pesos”.
Señaló que según el monitoreo de campos naturales del Plan, “la primavera está atrasada” y eso se observa porque “el crecimiento del campo natural está levemente inferior del promedio de los últimos 19 ejercicios”, aunque subrayó que “no quiere decir que no haya pasto”.
Carlos Molina agregó que desde el Plan Agropecuario hacen el análisis de empresas para conocer los resultados económicos pero “también para ver qué es lo que hacen los productores”. En ese sentido destacó la capacidad de adaptación de los sistemas, necesaria para “capturar buenos ingresos cuando hay años como el 2018/19”, o para “resiste mejor cuando no es tan favorable”.
Explicó que en el ejercicio 2018/19 “se repite que hay características vinculadas al productor como la capacidad de gestión de los procesos” que son “imprescindibles para llegar a un buen resultado”. Por eso subrayó que “hay que apostar a generar empresas con condiciones de adaptación”.
Dijo que “trabajar con pasto es la llave para empezar a tener éxito” a lo que sumó “tener una carga segura y manejar la condición corporal de las haciendas”, también “planificar y decidir con información para poder anticiparse”. Todos esos elementos “gestionados por un productor que está presente, hacen que ese productor pueda armar un sistema con gran capacidad de adaptación a un ambiente cambiante”, indicó.
En el ejercicio 2018/19 las empresas ganaderas que monitorea el Plan Agropecuario, registraron aumentos en sus ingresos de capital.
Las de Ciclo Completo del norte y litoral norte de tuvieron un ingreso promedio de US$/ha 122, las del noreste y centro de US$/ha 114.
Las empresas criadores del norte y litoral norte tuvieron un ingreso promedio de US$/ha 65 y las del noreste y centro de US$/ha 95.
Si desea ver el resultado económico de las empresas ganaderas en el ejercicio 2018/19, haga clic aquí.
Pablo Chapuis, productor lechero del departamento de Salto, mostró el sistema de cama caliente que implementó en su establecimiento. Dijo estar “convencido” del buen funcionamiento que tiene esa herramienta, pero reconoció que cada establecimiento y cada zona “son mundos distintos”.
Explicó que decidió realizar la inversión y pasar todo su rodeo al sistema de cama caliente porque “en la zona en la que estamos el calor es muy intenso”. Por eso, primero “comenzamos encerrando y generando sombra para el ganado”.
Indicó que mediante está forma, “el ganado tiene más eficiencia en la producción de leche y se cosecha más pasto”.
Actualmente son 1.050 vacas las que están en el sistema de encierre y comen en comederos. “La dieta es ensilaje y pasturas frescas”, indicó.
Chapuis dijo que “el encierro es todo el año y lo único que varía es la definición del pastoreo” que cambia dependiendo de la época del año, “pero nunca es más de ocho horas”.
Sostuvo que dependiendo el momento, “hacemos un pastoreo de seis horas en el que se da 80% de la comida en comederos y el resto fuera de ellos”, explicó.
La inversión en estos sistemas depende del objetivo buscado, Chapuis sostuvo que realizó una inversión de US$ 150 por vaca para, a lo que debe sumarse el mantenimiento. Para el próximo año proyecta encerrar entre 1.400 y 1.500 animales.
Afirmó que pasar a este sistema de cama caliente “permitió bajar costos” por la liberación de áreas que explotaba bajo el sistema de arrendamiento.
Además, señaló que “se gana mucho en la eficiencia por la recolección del pasto”, logrando más kilos de pasto por hectárea y por año. El promedio de producción del establecimiento está en 29 mil litros diarios.
Chapuis dijo que “el aumento de producción mediante este sistema dependerá de la inversión que se defina. Pero, es un sistema que permite lograr la producción de leche que el productor se plantee”.