Frigoríficos significaron 11% del valor agregado industrial del Uruguay en 2024, según estudio de Exante

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El economista Pablo Rosselli, director de Exante, señaló que la industria frigorífica uruguaya es una de las ramas más dinámicas y determinantes dentro del sector manufacturero nacional. En 2024 representó 11% del valor agregado industrial, sin contemplar encadenamientos, ubicándose como la cuarta actividad más relevante después de la producción de celulosa y papel (12%), el concentrado de bebidas y alimentos diversos (12%) y el conjunto del resto de las manufacturas (38%).

Por detrás quedaron ramas históricas como la refinería de petróleo (9%), la panificación (7%), la farmacéutica (6%) y la láctea (5%), lo que reafirma el peso estratégico del negocio cárnico en la economía del país.

Ese protagonismo se sostiene en una red de 32 plantas de faena habilitadas y en actividad, distribuidas a lo largo del territorio. Canelones es el departamento con mayor concentración de plantas (seis), seguido por Montevideo (cuatro), Durazno (tres) y una serie de departamentos con dos plantas cada uno (Paysandú, Tacuarembó, Rivera, Cerro Largo, Lavalleja, San José y Soriano). Otros como Rocha, Colonia, Río Negro, Flores, Florida y Treinta y Tres cuentan con una planta cada uno.

En conjunto, estas instalaciones procesaron en 2024 alrededor de 2,2 millones de cabezas bovinas y 970.000 ovinas, lo que derivó en unas 460.000 toneladas de carne que fueron exportadas, y 108.000 toneladas se destinaron al consumo interno.

En el marco de la presentación del estudio “Impacto económico de la industria frigorífica en el Uruguay”, realizado por la consultora Exante, Rosselli sostuvo que la faena bovina aumentó 45% en los últimos 45 años, al pasar de promedios de 1,5 millones de cabezas en la década de los años 80 a unos 2,2 millones anuales en las últimas décadas, con picos que superaron los 2,5 millones en 2006 y 2021. Este crecimiento estuvo apalancado por una mayor tasa de extracción en relación al stock total, que pasó de promedios del 15% entre 1980 y 2000, a valores sostenidos de 18% a 20% en los últimos 20 años, con picos superiores a 22%.

El stock bovino nacional se mantuvo relativamente estable en torno a 11 millones de cabezas, con momentos de expansión por encima de los 12 millones a partir del 2000, y una estabilización reciente entre 11 millones y 11,5 millones. Sin embargo, con un mayor peso promedio por animal, el crecimiento de la faena medida en toneladas fue aún más marcado: pasó de promedios de 650.000 toneladas en pie en los años 80 a más de 1,050 millones de toneladas (Mt) entre 2010 y 2024, lo que implica un salto del 60%. En años puntuales, como 2022, se superó 1,2 Mt de toneladas.

Acotó que el rubro ovino mostró una trayectoria muy distinta. La faena tuvo fuertes oscilaciones, con picos de más de 2 millones de cabezas en la segunda mitad de los años 90 y en 2009, pero también desplomes por debajo de 800.000 cabezas a comienzos de los 2000, y mínimos cercanos a 1 millón en 2015 y 2024.

Esto estuvo asociado a la drástica caída del stock ovino, que pasó de más de 25 millones en 1991 a apenas 5,5 millones en 2024, es decir, sufrió una reducción de casi 80% en tres décadas. Pese a esa contracción, la tasa de extracción se duplicó, al pasar de un promedio de 9% en los 90 a cerca de 17% en los últimos 20 años, con picos de más del 25% en años de liquidación.

Más carne, con menos horas de trabajo

La industria frigorífica logró un notable aumento de productividad en los últimos 35 años. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el índice de volumen físico de la producción se multiplicó por 2,5 veces desde fines de los año 80 (+145%), a una tasa anual de 2%. En paralelo, las horas trabajadas cayeron 10%, lo que derivó en un incremento del 175% en el índice de productividad, equivalente a un crecimiento anual del 2,8%.

Es decir: hoy se produce mucho más, con menos horas de trabajo, gracias a mejoras tecnológicas, organizativas y de eficiencia, informó el director de Exante.

Exportaciones

Agregó que el motor de esa expansión fue el comercio exterior. Entre 1994 y 2024 el volumen exportado se multiplicó por 4,4 veces, al pasar de 104.000 toneladas a 458.000 toneladas. En ese período el crecimiento anual promedio fue de 5% en volumen y de 8% en dólares corrientes, lo que permitió que desde 2021 las exportaciones superaran consistentemente los US$ 2.000 millones anuales –en dólares constantes de 2024– por tonelada carcasa. A la vez, desde el año 2000 al 2024 el precio promedio de la tonelada exportada subió 22%, para llegar a los US$ 5.300.

La composición también cambió. En 1994, el grueso correspondía a carne bovina congelada (64%) y enfriada (21%), con un 11% de carne ovina y apenas 4% de despojos. Tres décadas después la carne bovina congelada representa 67%, los despojos 21%, con una menor participación de la carne enfriada (10%) y una virtual marginalidad de la carne ovina (3%).

En 2024 las exportaciones frigoríficas representaron casi 20% del total de bienes del país, apenas por debajo de la celulosa (20%) y muy por encima de la soja (9%), lácteos (6%), bebidas concentradas (6%) y arroz (4%). En conjunto, el rubro aportó US$ 2.250 millones, dentro de los US$ 13.000 millones que exportó Uruguay en bienes.

China es volumen, EEUU y UE precio

El estatus sanitario y la alta reputación de la industria cárnica uruguaya han representado un diferencial clave para el sector, asegurando acceso fluido a los principales mercados internacionales. En los últimos años el ingreso de la demanda china dio un impulso extraordinario a las exportaciones, cambiando de manera estructural la inserción comercial del país, consideró.

En el año 2000 el país asiático no figuraba como destino y en 2024 absorbió 233.000 toneladas, equivalente al 51% del volumen total. Estados Unidos aumentó de 16.000 toneladas en 2000 a 96.000 toneladas en 2024 (21% más), la Unión Europea pasó de 24.000 a 37.000 toneladas (8% más), y el Mercosur mostró la tendencia inversa, al descender de 50.000 toneladas a 14.000 toneladas (3% menos), mientras que el resto del mundo demandó 17% en 2024, explicó Rosselli, basándose en los datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC).

Sin embargo, al mirar los ingresos la foto cambia. De los US$ 2.250 millones generados en 2024, China representó 34%, Estados Unidos 26%, la Unión Europea 17%, el Mercosur 5% y el resto del mundo 18%. Esto se explica por la brecha de precios. Mientras China paga US$ 3.600 por tonelada en promedio, con una caída de 8% en dos décadas, Estados Unidos llega a US$ 6.000 por tonelada (+56%) y la Unión Europea a US$ 10.000 por tonelada (+37%), gracias a las cuotas Hilton y 481, que demandan cortes de máxima calidad.

Más kilos, menos edad

Las mejoras de productividad en el campo se tradujeron en más carne por hectárea. La dotación de ganado subió 25% entre 1996 y 2024, pasando de 0,55 a 0,70 unidades ganaderas por hectárea (UG/ha), mientras que la producción por hectárea se duplicó desde 1984, al pasar de 45 kilos a más de 90 kilos, sostuvo.

El peso medio de faena también aumentó, de unos 470 kilos por animal en los años 90 a más de 525 kilos en 2024 (+11%). Paralelamente, la edad de faena bajó de forma significativa. Los novillos de dos y cuatro dientes pasaron de representar 30% en 2001 a más del 65% en 2024, mientras que los de ocho dientes cayeron de 60% a 20%.

La terminación a grano, impulsada por la cuota 481, tuvo un crecimiento explosivo: de menos de 2% de la faena en 2012 a 16% en 2024, con más de 350.000 cabezas procesadas en ese sistema.

Rentabilidad y márgenes: negocio de riesgo

A pesar de los volúmenes y la relevancia exportadora, la industria frigorífica opera con márgenes de Ebitda muy reducidos y volátiles. En los últimos 20 años, entre los ejercicios contables 2005-2006 y 2023-2024, el margen promedio fue de 2,8%. En ese período hubo ejercicios con fuertes pérdidas (2012-2013 y 2019-2020), en torno de US$ 40 millones y de US$ 80 millones, respectivamente. Y otros con ganancias excepcionales (2013-2014 y 2020-2021), en torno a US$ 200 millones, con márgenes de 8% a 10%. En los últimos ejercicios, los márgenes se estabilizaron, aunque en niveles reducidos. En 3% en 2022-2023, y ceca de 5% en el ejercicio 2023-2024.

Impacto económico y social

En 2024 la industria frigorífica en Uruguay facturó US$ 3.300 millones, de los cuales US$ 730 millones correspondieron a valor agregado directo, y US$ 2.350 millones a valor agregado indirecto. Esto supone una contribución directa e indirecta del 4% del producto interno bruto (PIB). Si se suman los impactos inducidos (US$ 1.200 millones), el aporte total alcanza los US$ 4.300 millones, equivalentes al 5,3% del PIB.

La industria frigorífica pagó en 2024 de forma directa remuneraciones (líquidas, antes de IRPF) por un total de US$ 320 millones, y las contribuciones a la seguridad social (patronales y personales) suman unos US$ 130 millones adicionales. Los costos salariales equivalen a algo más del 60% del valor agregado directo en el sector, indicó Exante.

Considerando impactos directos, indirectos e inducidos, la industria genera remuneraciones brutas por más de US$ 1.900 millones en la economía: US$ 1.370 millones de remuneraciones líquidas (antes de IRPF) y US$ 565 millones de contribuciones a la seguridad social

El sector genera casi 98.000 empleos: 13.650 directos en nómina, 2.000 tercerizados en planta, 63.600 indirectos en la cadena (ganadería, transporte, proveedores) y 19.000 inducidos por el consumo derivado. Esto equivale al 6% del total de ocupados en el país. Además, el 95% de los más de 16.000 trabajadores frigoríficos formales se desempeñan en el interior, con particular concentración en Canelones (6.003), Durazno (1.422), Tacuarembó (1.523), Colonia (2.335) y Flores (392).

En Durazno la ocupación en la industria frigorífica representa el 6,3% del empleo privado, la incidencia relativa más alta del país. Lo siguen: Tacuarembó (4,3%), Colonia (4,1%), Flores (3,9%) y Canelones (2,3%).

En términos salariales, el rubro se posiciona por encima del promedio. En 2024 el ingreso líquido mensual en frigoríficos fue de $ 54.415, 20% más alto que el promedio nacional ($ 48.423) y casi 30% superior al de los privados ($ 45.238).

Un sector estratégico y competitivo

La industria frigorífica uruguaya combina tres atributos centrales: peso económico, impacto social y relevancia exportadora. Aporta más del 5% del PIB, genera casi 100.000 empleos, paga salarios por encima del promedio y sostiene a miles de familias en el interior del país, resaltó el director de Exante.

En un contexto donde la faena bovina creció de forma muy significativa en los últimos 45 años, alcanzando un promedio de 2,2 millones de cabezas anuales y picos superiores a 2,5 millones. Y en un proceso con más intensificación de la producción que genera mayor peso de faena, menor edad de los animales y más terminación a grano.

Con todo, se trata de un negocio de márgenes bajos y muy expuesto a la volatilidad internacional, lo que obliga a las empresas a invertir en eficiencia, integración y diferenciación.

El estatus sanitario y la reputación internacional de Uruguay han permitido acceso fluido a los principales mercados. La cadena cárnica tiene una marcada orientación exportadora, con China, Estados Unidos y la Unión Europea como destinos claves, concluyó.

Nota de Revista Verde N° 124

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La eficiencia en el uso de insumos “es clave” para la construcción de los márgenes, según Pagani

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Agustín Pagani explicó en ADP Zone que su equipo adoptó un modelo de trabajo “muy intensivo” para entender cómo varían los lotes de producción en cada establecimiento.

¿Puede la agricultura de precisión mejorar el negocio agrícola? Esta pregunta fue respondida por el productor agropecuario, docente e investigador independiente en dos universidades argentinas, el doctor Agustín Pagani, en ADP Zone. 

Pagani, quien además es director de Clarion, empresa que brinda asesoramiento en Argentina y Uruguay, sostuvo que las tecnologías de precisión pueden ser aliadas clave para “hacer mejor las cosas” dentro del negocio agrícola, incluso “en contextos de márgenes ajustados”.

A partir de su experiencia académica en Estados Unidos, explicó que su equipo adoptó un modelo de trabajo “muy intensivo” para entender cómo varían los lotes de producción dentro de cada establecimiento. 

“Hay que hacer un esfuerzo más grande y es más costoso, pero hacerlo bien la primera vez nos ha demostrado que es una buena forma de empezar a implementar un planteo de agricultura de precisión”, señaló.

Uno de los pilares de ese enfoque es el muestreo de suelos en grilla, bien intenso, práctica en la que Pagani pone especial énfasis. En un escenario de márgenes bajos los productores tienden a recortar costos que consideran secundarios, y en ese contexto invertir en caracterización ambiental, como prefiere llamarlo, “puede sonar contradictorio”. 

Sin embargo, aseguró que “justamente cuando la relación insumo-producto es más desfavorable, es cuando más se paga conocer qué parte del campo no requiere, por ejemplo, fósforo o potasio, y ahí se puede ahorrar, pero hay que estar muy seguros para eso”.

Remarcó que la actualidad exige ser extremadamente eficiente en el manejo de insumos, especialmente en fertilizantes –fósforo, nitrógeno y potasio– y en la semilla, en el caso del maíz. 

Afirmó que una caracterización ambiental detallada de los lotes, con variabilidad, permite ahorrar significativamente en insumos innecesarios, en comparación con un planteo tradicional, sin diagnóstico intensivo. “También nos permite delinear con mayor precisión las áreas más productivas, que a veces necesitan más insumos, y donde una agricultura uniforme puede sacrificar rendimiento”, agregó.

La tecnología de dosificación variable juega un papel decisivo en esa estrategia, al permitir maximizar las áreas de mayor potencial. 

En maíz, ejemplificó, la cantidad de semilla debe acompañar el potencial productivo. “Hay que poner más plantas donde el cultivo tiene más recursos para expresar una buena espiga”, enfatizó el ingeniero agrónomo. 

Sin embargo, advirtió que los indicadores de potencial productivo no siempre se asocian a los niveles de fósforo o potasio del suelo, sino a la disponibilidad efectiva de esos nutrientes.

En Uruguay, luego de haber realizado unas 3.000 hectáreas de muestreos en grilla, Pagani asegura que la variabilidad espacial de fósforo, potasio y otros nutrientes –incluso el pH, para determinar requerimientos de encalado– “es muy alta”. 

Por eso, considera que “vale la pena invertir, aunque sea una sola vez, en un muestreo denso, porque se paga en el corto y mediano plazo, a través de una fertilización más eficiente”.

Sobre la frecuencia recomendada, sugiere una relación costo-beneficio equilibrada. “No hace falta repetirlo todos los años. Lo ideal es invertir bien la primera vez y luego, cada cuatro o cinco años, hacer chequeos más laxos en zonas representativas de los lotes, para validar el comportamiento del balance de nutrientes”, explicó.

Respecto al ahorro en insumos, Pagani evitó las generalizaciones. “La respuesta es sitio-específica. Hay chacras muy homogéneas, donde no se justifica la dosificación variable. Un manejo uniforme bien diagnosticado puede ser la mejor opción. Pero cuando hay variaciones en elevación del terreno, la profundidad del suelo, la textura o la disponibilidad de nutrientes, ahí sí hay que actuar sobre esa variabilidad”, sostuvo.

En esos casos, detalló que se van sumando pequeños aportes. “Un poco de ahorro por fósforo, otro por potasio, un aumento por manejar mejor las densidades y, si ajustamos dinámicamente el nitrógeno, también ganamos eficiencia”, afirmó. 

En Uruguay se observaron mejoras de entre US$ 30 y US$ 50 por hectárea, sin mayores dificultades, pero insistió que no se deben extrapolar resultados sin un diagnóstico preciso.

Pagani destacó, además, que el parque de maquinaria en Uruguay es “impresionante”, con un nivel tecnológico “superior al de Argentina”. Valoró que “la mayoría de los productores tiene sembradoras capaces de hacer dosificación variable y los prestadores de servicios también pueden hacerlo”. También destacó que “hay monitores de rendimiento bien calibrados y en buen estado”. Comentó que la capacidad “está instalada” y “solo falta convencerse de que las ventajas superan a las desventajas”.

Pero, al mismo tiempo, reconoció que iniciar el proceso no es sencillo. “El que diga que es fácil no entiende la complejidad de los sistemas. Si uno aplica insumos cada 10 metros cuadrados, necesita herramientas que respalden esas decisiones”, dijo. De lo contrario, “una dosis variable mal sustentada puede ser peor que aplicar una dosis promedio”, advirtió.

Por eso, destacó el rol de la investigación aplicada y la colaboración entre productores y técnicos. “INIA (Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria) está generando cosas muy buenas en Uruguay, pero también hay mucho que deben validar los propios productores. Hoy una cosechadora con monitor de rendimiento puede medir con un error menor al 5%, lo que permite instalar ensayos y pruebas dentro de los campos productivos”, señaló.

Según Pagani, aún hace falta más capacitación en manejo de datos, aunque subrayó que “cada vez hay más agrónomos involucrados en la ciencia de los datos, y los softwares son cada vez más amigables para analizar bases complejas”.

Durante su presentación, Pagani mencionó que para avanzar con estas tecnologías se requiere la utilización de herramientas específicas, que permiten conocer en detalle la variabilidad del suelo y del cultivo. 

El profesional describió que el proceso comienza con un relevamiento topográfico realizado con un GPS de alta precisión (un equipo RTK de doble frecuencia), que permite obtener información altimétrica con exactitud centimétrica. 

A esto se suma la elaboración de un mapa de conductividad eléctrica aparente, fundamental para identificar diferencias en textura, profundidad efectiva y contenido de humedad del suelo. 

Posteriormente, se realiza un muestreo de suelo en grilla, que posibilita analizar los principales nutrientes y propiedades edáficas. Por ejemplo: una muestra compuesta por 10 submuestras cada hectárea. 

A la vez, el análisis de productividad agrícola se completa mediante el estudio de múltiples mapas de rendimiento y de índices de vegetación obtenidos a partir de imágenes satelitales de varias zafras, lo que permite interpretar cómo responde el cultivo en distintas condiciones y ambientes dentro de la misma chacra.

Finalmente, Pagani planteó una reflexión ambiental: “a medida que aumentamos la eficiencia en el uso de los insumos, especialmente del nitrógeno, reducimos las pérdidas que pueden contaminar agua o aire”. 

La inversión “en tiempo y recursos para entender y manejar la variabilidad espacial y temporal de los cultivos nos ha demostrado ser muy conveniente para el Manejo Sitio Específico de la Nutrición (MSEN)”, concluyó. 

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Determinantes de la proteína en soja: qué está afectando a Uruguay y qué líneas de acción se proponen

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La soja “transformó de forma permanente” el potencial productivo agrícola del país, “nos guste o no”, comenzó diciendo el director de Sistemas Agrícola-Ganaderos del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Sebastián Mazzilli, en la presentación titulada: ¿Cuáles son los posibles determinantes de los niveles de proteína en la soja uruguaya?

Durante el 14° Encuentro de la MTO señaló que el porcentaje de proteína en soja “muestra una caída sostenida”, y en la zafra 2023-2024 “se marcó un piso histórico en Uruguay, por debajo de Argentina”. La baja es global, pero “la magnitud local exige acción, aún con causas no claras”, sostuvo.

Como “los años generan variaciones, no era algo que llamara la atención” y fueron “los exportadores los que nos trajeron el tema”, dijo Mazzilli. Es que Uruguay comenzó a perder la ventaja respecto a Argentina, y con eso los premios por calidad que se registraban en los precios. Además, algunos compradores redujeron la participación de soja uruguaya.

El Observatorio de Oleaginosos señala que los niveles de proteína tienen una “variación enorme” entre zafras, y “pocas diferencias” entre regiones del Uruguay. “No encontramos relación entre proteína y rinde, a nivel país no hay dilución”, dijo Mazzilli.

La investigación informaba proteína “en base seca”, mientras que el comercio “la reporta en base tal cual (con 13% de humedad), y ese corrimiento diluye la proteína”, acotó.

En el contexto actual, a la soja uruguaya se le hace difícil cumplir con los niveles de suficiencia (33% base tal cual). En 2012, el porcentaje de proteína estaba por encima de 34% base tal cual. “Los contratos marcan que una soja con proteína en 32,4% no es aceptada, entre 32,5% y 32,9% hay descuentos en el precio”, explicó un operador comercial.

El equipo de INIA desarrolló una revisión bibliográfica para ubicarse y surge que, en Estados Unidos, donde los estudios son exhaustivos, series largas muestran rendimientos medios en ascenso desde los años 80 y proteína que cae “de 36% a 34%”. La lectura rápida sería que existe dilución, pero eso “no es así, hay otros factores”.

Además, mencionó un trabajo que relaciona la latitud con la proteína: “Cuanto más lejos del Ecuador, baja la proteína”, un vínculo que Mazzilli asocia con “la temperatura y las condiciones del llenado de grano”, y elementos que “calzan muy bien” con la información regional.

En Argentina, los trabajos, también muestran que “el efecto año es muy grande”, una dispersión entre zonas “muy importante” y una variabilidad “enorme” dentro del mismo año, lo que “nos da alguna esperanza”, porque “podemos ir a buscar qué pasó o pasa en esos lugares con más proteína”, acotó.

Otro análisis mostró que, en los años de altos rendimientos, “la cantidad de nitrógeno que se debe absorber es muy alta; con sojas de 4.000 kilos (por hectárea) se precisan de 250 a 270 kilos de nitrógeno (N)”. El ingeniero agrónomo señaló que eso implica “mucha fijación biológica y un suelo bastante bueno o vivo, que nos ayude con ese N”.

E indicó que eso “abre una hipótesis: si los suelos están degradados, el aporte de N será menor; lo mismo si no estamos inoculando como se precisa”. Ese trabajo mostró que el ambiente explicó cerca del 50% de la variación en la proteína, el genotipo un 18% y la interacción genotipo por ambiente ronda el 11%, lo que marca que existe un efecto genotipo.

Mazzilli describió que la evaluación de cultivares reporta aceite, pero “no mide” proteína (solo en los testigos). Y desde la zafra pasada, luego de ajustes con la evaluación de cultivares del Instituto Nacional de Semillas (Inase), se empezó a reportar proteína en todos los materiales en el sito de Dolores (Soriano). Según un análisis de los cultivares testigos, realizado en Young (Río Negro) y La Estanzuela (Colonia), el 70% de la variabilidad de la proteína la marcan el año y la localidad.

“Hay que identificar qué cosas de los años son las que más impactan. También empiezan a verse variedades que están en el mercado y que fueron testigos en la evaluación, que tienen un mejor comportamiento, y que son aspectos que se deben explorar”, dijo.

En la presentación, marcó que Barraca Erro “compartió sus datos y tampoco aparece una relación lineal entre rinde y proteína”. Agregó que “conviven sitios de rinde bajo con proteína alta, y lotes que logran rinde alto con proteína por encima de lo esperado”.

Explicó que los factores ecofisiológicos y de manejo que determinan el nivel de proteína de soja son: genéticos; ambientales (que son los que más están influyendo), como agua y temperatura durante el ciclo; luego nutrición e inoculación; y el manejo agronómico. “Los tres primeros son los que más están impactando”, confirmó.

El ingeniero agrónomo mostró un comparativo entre sitios con y sin riego: “En el 68% de los casos con riego no hubo trade-off”, indicó. Además, señaló que el rendimiento subió y la proteína se mantuvo o incluso aumentó. “El problema lo estamos teniendo en la interacción de los cultivares que tienden a tener un poco menos de proteína en los ambientes donde hay factores de estrés, que generan o problemas en la inoculación o la nodulación que altera la fijación biológica y/o que –cuando pierdo hojas por sequía– la retranslocación de nitrógeno –que mayormente está en el área foliar– no termina siendo tan efectiva”.

“Si yo riego el cultivo no tengo inconvenientes. El problema práctico es de escala, con solamente cerca de 6% del área nacional con riego, el resto debe gestionar ventanas térmicas e hídricas, y elegir materiales que sostengan proteína a igual rinde”, explicó.

Agregó que la sequía “manda”, porque durante el llenado de grano “tiene el efecto negativo más consistente y fuerte sobre la proteína del grano”. Explicó que “limita la absorción de N, la fotosíntesis y la movilización de asimilados hacia la semilla”.

Otro elemento es la sensibilidad a la temperatura, donde las “subas moderadas pueden aumentar proteína, pero el beneficio se anula si hay sequía o golpes de calor mayores a 32° C, sobre todo si coinciden con R5-R7 (llenado/fin de ciclo)”.

Sostuvo que la radiación solar tiene “un papel menor y más variable, una radiación alta en floración puede bajar proteína, posiblemente por efectos en el cuajado y el desarrollo temprano de la semilla”.

Sobre la dinámica fuente-fosa indicó que “los genotipos de alta proteína amortiguan mejor el estrés, porque muestran mayor N foliar al inicio del llenado; más removilización de N desde tallos; semillas más pesadas, en menor número; y mejor balance fuente-fosa con fotosintatos limitados”.

Los ensayos de fertilización y las revisiones colocan al azufre “de la mano de los niveles de proteína” y “aún no sabemos cuánto se debe agregar”, admitió Mazzilli. También “es claro que no se va a arreglar con la aplicación de N” y, a la vez, “el exceso puede inhibir la fijación biológica y bajar proteína, al tiempo que fósforo y potasio ofrecen efectos irregulares sobre el porcentaje proteico, aunque ayudan vía raíces, nodulación y estabilidad de rinde”, detalló. “Varios micronutrientes suman por su vínculo con la fijación biológica, más que por impactos directos en proteína”, afirmó.

Inoculación de semillas

La otra razón central está en el inoculado, donde “lo dimos por hecho”, pero “existen oportunidades de mejora”, agregó. INIA realizó una encuesta nacional, coordinada por Juan Parentelli, donde las principales variables relevadas fueron: que utiliza un 43% de semilla propia y 57% es comprada a terceros o empresas. La forma de inoculación es 51% en el predio y 48% es preinoculada industrial (pretratada), y en chacras con historial soja, que no se inoculan, representan el 1%, señaló.

Sobre las condiciones de almacenamiento de la semilla una vez inoculada, surge que el 72% de las semillas inoculadas queda en galpones, donde el tiempo y el calor elevan el riesgo. A la vez, hay 12% que invierte la secuencia (inoculante primero y curasemilla y agroquímico después), cuando debería ser al revés.

El 48% de la semilla preinoculada se siembra en menos de 24 horas, 43% entre uno y tres días y 9% supera ese plazo. Mazzilli lo redujo a que “cada día que pasa tengo más riesgo” y, si luego de la siembra “no tengo agua en el suelo, va a estar más días”. Para la inoculación en el predio, el patrón repite: “mayoría dentro de 24 horas, pero una fracción extiende la espera”.

De cara al futuro

El director del Sistema Agrícola-Ganadero de INIA adelantó que la institución “está trabajando en la variabilidad genética, que proviene de fuentes no tradicionales de genes con más proteína”. INIA “está en fases de cruzamiento”, gracias a los acuerdos con China, y espera “segundos ciclos” para “mejorar la proteína”, con “traits (características heredables) bien identificados para que otro semillero lo pueda utilizar” o, si conviene, lanzar cultivares propios de INIA, describió.

Dentro de los testigos locales ya asoman materiales que “tienden a tener más proteína, sin cambiar demasiado el rendimiento”, una pista operativa para el corto plazo, señaló.

A la vez, Mazzilli informó que “la idea es trabajar con la Asociación de Comerciantes de Granos (ACG), presentar un proyecto de articulación” y, mientras corre la aprobación, “INIA empezará con acciones este año” y podrá “licitar fondos FPTA (Fondo de Promoción de Tecnología Agropecuaria)”.

Las líneas de acción marcan: la recolección y análisis de datos de proteína de acopios, empresas exportadoras y registros de investigaciones para identificar rangos de variación de la proteína y factores asociados; muestreo en lotes comerciales y registro de todas las prácticas de manejo, incluyendo condiciones para la inoculación; y la estimación de indicadores sinópticos.

También se realizarán análisis de calidad y efectividad del inoculante y su impacto en la fijación y proteína, e integración y análisis de datos para identificar factores que explican la variación en proteína de soja.

Se busca generar diferentes impactos. Económico: incrementar la competitividad de la soja uruguaya evitando descuentos y mejorando precios de exportación. Social: generar conocimiento y capacidades, involucrando a productores, asesores y mejoradores; y promover la innovación en prácticas agrícolas. Y ambiental: optimizar el uso de recursos, contribuir a la adaptación al cambio climático y reducir emisiones asociadas a la producción.

Nota de Revista Verde N° 124

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Tierra vendida por uruguayos en 25 años equivale al área de campos de cinco departamentos 

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En los últimos 25 años las compraventas de campos alcanzaron una “extensión total de 9,9 millones de hectáreas”, de las cuales “el 62% fue vendido por propietarios uruguayos” y “el 39% de esta superficie fue adquirida por personas de nacionalidad uruguaya”, según datos del Anuario de la oficina Estadísticas Agropecuarias (DIEA), divulgados en el suplemento Agro de Búsqueda este jueves 13 de noviembre.

Indica que eso representa un “saldo negativo” para los dueños de tierras uruguayos de “2,2 millones de hectáreas” al hacer la relación entre lo vendido y lo adquirido en estos registros.

El área total de campos de la que se desprendieron los titulares uruguayos, que fue de unas “6 millones de hectáreas” en ese período, equivale a la suma del área de suelos agropecuarios de los departamentos de Artigas, Salto, Paysandú, Río Negro, Soriano y San José, conforme con el artículo periodístico.

Para tener una idea de la dimensión del área en cuestión, al mirar el mapa departamental de Uruguay esto abarca el litoral norte y oeste, sumado a todos los suelos agropecuarios maragatos, grafica.

Destaca además que en los últimos años, específicamente desde 2021 hasta el presente año el precio promedio de la tierra retomó la tendencia al alza, alcanzando un valor “récord de US$ 4.070 por hectárea” en el primer semestre de 2025.

En los negocios de compraventas de tierras se destinaron “US$ 19.371 millones entre 2000 y los primeros seis meses de este año”, y para tener una referencia de la importancia de este dato se puede tener en cuenta que el monto anual de las exportaciones de Uruguay en 2024 fue de casi US$ 13.000 millones, se compara.

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Tamberos defienden reasignación de fondos del LATU para Inale; hay mayoría de senadores del FA que los apoyan

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El tema del financiamiento del Instituto Nacional de la Leche (Inale) sigue en discusión entre actores del sector, partidos políticos e integrantes del Poder Ejecutivo.

“Se sigue trabajando”, hay “contactos a todos los niveles” y hay un “concepto claro” respecto a que “el Inale precisa un financiamiento propio, tener autonomía para desarrollarse, hacer lo que hace y otras cosas que hoy no hace por falta de recursos”.

Así lo señaló el directivo de la Agremiación de Tamberos de Canelones, Justino Zabala, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en verdenews.com.uy.

En la edición del suplemento Agro de Búsqueda de este jueves 13 de noviembre, un artículo ahonda en este asunto y sostiene que el Partido Nacional y el Ministerio de Ganadería apoyan la iniciativa de las gremiales lecheras, en cuanto a “reasignar fondos” generados por las exportaciones de lácteos del Laboratorio Tecnológico de Uruguay (LATU) al Inale.

Contrariamente, el Ministerio de Industria se opone a esta alternativa, en defensa del rol que cumple el LATU para el sector industrial.

Lo que transfiere la lechería uruguaya al LATU en concepto de impuesto a las exportaciones del rubro es de unos “US$ 2 millones anuales”, pero “el presupuesto anual” de ese laboratorio es de “US$ 60 millones”, afirmó Zavala.

Planteó que en este tema “prime la cordura, que las cosas se ordenen” y que “un sector no financie a otro que no le aporta nada”.

“La mayoría de los senadores del partido de gobierno (Frente Amplio) están respaldando la propuesta de las gremiales”, y “hay un artículo redactado” sobre el punto para ser incorporado al Presupuesto, sostuvo.

El lunes 17 de noviembre las autoridades del MGAP comparecerán a la comisión de Presupuesto del Senado, donde abordarán éste y otros temas.

Escuche a Justino Zavala

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Tendencia a consumir menos carne y el “gran” desafío de comunicar, según AgResearch

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Redacción
Mauro Florentin

Los jóvenes “están más abiertos a la reducción del consumo de carne y a incorporar cambios en su dieta”, dijo a VERDE la investigadora del AgResearch (Centro público de investigación de Nueva Zelanda), Carolina Realini, al ser consultada sobre diferentes aspectos de las tendencias en los hábitos de los consumidores.

Además, formuló algunas reflexiones y comentarios que tienden a derribar ciertos mitos y creencias respecto a los caracteres sensoriales y al impacto en los costos productivos de adecuarse a los requisitos de calidad, de bienestar animal y del medio ambiente.

Consideró que hay diferencias “bastante grandes” en cuanto a las preferencias de los consumidores y los renglones etarios en Europa, Oceanía y Sudamérica.

“Los principales cambios se dan en la población joven”, como puede ser en los hábitos de “flexitarianismo”, en cuanto al patrón alimentario de la “reducción del consumo de carne e incorporación de otras alternativas, como en las fuentes vegetales en el consumo”, sostuvo.

Realini expuso sobre estos temas en la XXVIII Reunión de la Asociación Latinoamericana de Producción Animal (ALPA) y el 8º Congreso de la Asociación Uruguaya de Producción Animal (AUPA), encuentro titulado “Producción responsable de proteínas y fibras de origen animal: de América Latina al mundo”, realizados los días 22 al 24 de setiembre en Punta del Este.

También, “hay un aumento en vegetarianos y veganos en este estrato social, y sobre todo en países con mayor nivel educativo”, comentó. Y planteó el ejemplo de Europa Occidental, que es donde pesan más estos atributos de la carne relacionados a la sostenibilidad, al bienestar animal, también a la preocupación por la salud, debido al elevado consumo de carnes rojas y procesadas en estos países, incluyendo muchos países de Europa, donde se empiezan a dar estas tendencias”, analizó.

Advirtió que “la gente joven, y en particular las mujeres, también tienen una mayor preocupación por atributos como salud, bienestar animal y sostenibilidad”.

Realini es una profesional uruguaya que vive hace ocho años en Nueva Zelanda, donde trabaja en AgResearch, en áreas específicas de calidad de carne y en el aspecto sensorial y la ciencia.

Las características sensoriales

Un determinante del consumo de carne en el mundo está en las “características sensoriales, que son las características intrínsecas y propias de la carne”, pero más recientemente lo que está aumentando por parte de la demanda del consumidor son las características extrínsecas, que son aquellas que se relacionan con la producción animal”, señaló.

El mercado demandante mira con especial atención si “ese animal fue producido en base a pasturas, a corral, cuál es el precio de la carne, también aspectos medioambientales, de sostenibilidad, de producción a pastoreo, orgánica, certificaciones sobre bienestar animal, certificaciones sobre sostenibilidad”, enfatizó Realini.

Y planteó que “todos estos factores están determinando la decisión de compra de algunos consumidores”. Sin embargo, destacó que “hay una brecha grande entre la intención y la decisión práctica” del cliente. Es decir que, desde el punto de vista práctico, “estos factores están adquiriendo importancia, pero no significativamente, ya que el consumidor va, mira las etiquetas, observa, lee, pero todavía está comprando lo que compra habitualmente”, consideró.

Sostuvo que “la mayoría de los consumidores compran por precios y la principal razón por la que consumen la carne es por las características sensoriales”. Ahora, “hay gran diferencia entre el consumo de carne entre países”, aclaró.

La investigadora uruguaya observó que “Europa Occidental está disminuyendo el consumo de carne” y, además, “adquieren importancia estos factores extrínsecos de la carne”. “Están mirando aspectos de bienestar animal, de sostenibilidad, pero en otras partes del mundo el consumo sigue estable”, comentó Realini. En ese sentido, señaló que en Norteamérica, en muchas partes de Latinoamérica, incluso en Uruguay y también en Oceanía (Australia y Nueva Zelanda), “el consumo de carne es elevado y estable, debido a una asociación de la carne a aspectos culturales, sociales”, que tienen un “gran valor” para estos países y regiones del mundo.

“Hay mucha tradición y apego, y hay un alto consumo”, afirmó. Dijo que en estos países también se tienen en cuenta los aspectos de bienestar animal y de sostenibilidad ambiental, que “van creciendo, pero muy lentamente”, puntualizó.

Estrategia, redes y jóvenes

Al plantear la necesidad de una estrategia destinada a considerar las tendencias del consumo y las nuevas generaciones, la investigadora del AgResearch dijo que “uno de los puntos de información para los consumidores llega a través de la etiqueta de los productos, pero los consumidores destinan muy pocos segundos a leer etiquetas en un supermercado”.

“Aquellos que tienen un interés específico sí que irán a buscar más información”, indicó. Además, planteó que “hay que utilizar distintos medios de comunicación para llegar a los distintos segmentos de consumidores”. Y enfatizó que “no existe una estrategia única, sino que hay que adaptar la estrategia al contexto”.

Comentó el caso de los consumidores jóvenes, que principalmente utilizan la información que les llega a través de las redes sociales, o ahora, por ejemplo, que “está muy de moda el uso de los podcasts u otros medios de comunicación”. Sostuvo que “la ciencia también tiene que estar ahí, pero no con un lenguaje científico, sino con un lenguaje adaptado”.

“Ese es el gran desafío, porque normalmente hay que tener en cuenta la fuente” de información y también, por ejemplo, “los referentes cercanos, incluso los productores, son mucho más creíbles que una fuente científica directa”, recomendó. E insistió que “el lenguaje científico no es el más adecuado para comunicar estos parámetros”.

Para eso es preciso “trabajar conjuntamente con otros integrantes de la cadena de valor y comunicar de acuerdo a los requerimientos de cada segmento, a sus valores y creencias”, recalcó. Planteó hacerlo utilizando los canales en donde está esa audiencia. “Si están en las redes sociales, pues hay que ir a las redes sociales, con un mensaje adecuado para ese contexto”, afirmó.

Calidad y no cantidad

Sobre el consumo de carne en el mercado europeo, Realini consideró que “no se puede empaquetar a toda Europa con una categoría única, pero lo que sí podemos decir es que la tendencia es a reducción del consumo de carne”.

Aconsejó que en ese mercado “hay que apuntar más a calidad que a cantidad, es decir, menos pero mejor; apuntar a productos premium con certificaciones de bienestar animal y sostenibilidad”.

Al ser consultada respecto a si adecuarse a esos requerimientos supone más costos para el sector cárnico, la investigadora reconoció que hay un “encarecimiento”, pero que también esa inversión “se recupera con un producto de mayor valor”.

Aclaró que “tampoco quiere decir que a Europa solo se puede enviar carne de primera calidad, o carne con programas de certificación, porque dentro de ese mercado también tenemos varios segmentos de consumidores”, debido a los “aspectos sociodemográficos” y “hay consumidores que compran básicamente por precio”. Indicó que esos parámetros que tienen que ver más con la sostenibilidad o el bienestar animal todavía no se están generalizando”. E insistió en que “hay que comunicar de forma muy transparente, clara, simple, y así construir confianza”, planteó.

La investigadora valoró que la carne de calidad de Uruguay se produce en “sistemas pastoriles, que se valoran positivamente en muchos mercados del mundo”.

“Uruguay se vende bien, porque tiene las condiciones”, es decir “tenemos producción a pastoreo, con razas británicas, se ha bajado mucho la edad de faena, con lo cual el producto es de calidad”, describió.

También destacó que “se está trabajando mucho en investigación, tanto del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) como por la Universidad de la República, en aspectos de bienestar animal y de sostenibilidad”. Por otra parte, mencionó el rol del Instituto Nacional de Carnes (INAC), en la promoción a nivel doméstico e internacional, con presencia en las ferias alimentarias del mundo y el marketing que desarrolla.

Declaración

En la declaración divulgada por ALPA y AUPA, al finalizar el congreso en Punta del Este, se destacó el “compromiso con una producción animal sostenible y ética, basada en ciencia y tecnología, que responda a las demandas de los consumidores y a los desafíos ambientales, sociales y económicos” de la región y del mundo.

Latinoamérica, por su base productiva, social, comercial y ambiental, está “en condiciones de aportar de forma significativa al suministro responsable de proteínas y fibras de origen animal, siempre con foco en la sostenibilidad y la equidad social”, señaló.

Y planteó “reforzar significativamente la inversión pública, privada y la cooperación internacional en ciencia, tecnología e innovación para la producción animal, orientándola a las áreas de mayor impacto en sostenibilidad, resiliencia climática, productividad, ética productiva, y equidad social”.

Nota de Revista Verde N° 124

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Para el CEO de Minerva: “Uruguay es la llave de acceso de Sudamérica al mundo”

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Fernando Galletti de Queiroz, CEO de Minerva Foods, planteó que los países del Mercosur deberían buscar acuerdos bilaterales y sostuvo que Uruguay es la “llave de acceso” de Sudamérica al mundo. 

“En todos los países de Sudamérica tenemos que estar más preparados para la apertura de mercados”, planteó. Y agregó: “es preferible no abrir sanitariamente si no tenemos acceso comercial”. sostuvo.

El empresario enfatizó que los ministerios de Economía, de Relaciones Exteriores y de Agricultura “tienen que ir a negociar juntos”, acompañados por el sector privado. “Creo que tenemos que estar juntos, no solo los gobiernos, el sector privado también tiene que participar, porque podemos hablar para hacer cosas que los gobiernos no pueden, y viceversa. Somos complementarios, por eso tenemos que estar juntos”, insistió.

El industrial brasileño también sostuvo que los países del Mercosur deberían negociar de forma bilateral, y no en bloque. “Imagínense si Lula y Milei se van a sentar para arreglar algo. Eso no va a pasar jamás. Ni se saludan. Tenemos un bloque heterogéneo, y eso es muy malo para la negociación”, planteó. 

Sobre Brasil, dijo que, al ser un productor muy grande, “asusta a los compradores”, y por eso “es la última opción”. “Si Brasil entra” a un mercado “va a generar problemas en la producción local, donde quiera que sea”, reconoció.

Sin embargo, destacó que Uruguay “no tiene ese problema”. “En mi opinión deberíamos tener negociaciones bilaterales y no multilaterales. Para Uruguay es vital tener acceso a un cupo más grande en Estados Unidos. Uruguay puede ser un poco más protagonista”, alentó el empresario. 

Por otra parte, señaló que “uno de los mercados más importantes, donde hay oportunidades, es el Reino Unido”. Recordó que cuando ocurrió el Brexit (salida del Reino Unido de la Unión Europea) “se nos dijo: bueno, ahora vamos, porque estamos compitiendo con los irlandeses y franceses, que no tienen competitividad en ningún producto agrícola”. Pero comentó que “los ingleses dijeron: para negociar con el Mercosur, Argentina tiene que reconocer las Islas Falkland (Malvinas)”, por lo tanto, “olvídense, eso no va a pasar”. 

Por otra parte, Galletti de Queiroz, analizó que la posibilidad de que China negocie con el Mercosur tampoco es una opción, porque Paraguay reconoce a Taiwán como Estado independiente. 

“Tenemos que cambiar la forma de pensar, y ser osados. Decir: el Mercosur tiene un papel, pero somos muy heterogéneos, por nuestra política, no como pueblo, no como culturas. Con un bloque así de heterogéneo es imposible negociar, porque los intereses son distintos. Por eso, creo que tenemos que tener a los países haciendo mucho más por la negociación bilateral”, remarcó. 

El orgullo de producir alimentos

“Somos buenos en la producción agrícola, pero tenemos que tener orgullo de eso”, enfatizó más adelante el CEO de Minerva. “Nos terminamos quedando porteras adentro. Tenemos que estar juntos (la industria y los productores) para demostrar el valor que tiene la producción agrícola de esta región del mundo”, agregó el industrial. 

Enfatizó que la seguridad alimentaria “es uno de los temas más complicados y estratégicos en la mayoría de los países”. Señaló que el 50% del presupuesto de una familia en un país en desarrollo, en el sudeste asiático, Oriente Medio, o en el norte de África, “se va en alimentación”. Y cuando hay inflación de alimentos “se caen gobiernos”. 

Sin embargo, “nosotros somos los responsables de tener alimentos competitivos y estabilidad, pero tenemos que ser un poquito menos tímidos y estar juntos, presionando para tener acceso real a los mercados”, sostuvo. 

Comentó que si bien Uruguay tiene abierto el mercado de Japón, tiene que pagar 38% de aranceles. “No vamos a producir 38% más barato que los australianos. Si queremos reglas más claras tenemos que estar juntos”, insistió.  

“Muchas veces estamos peleando por un 2% entre la industria y los ganaderos. Medimos, tenemos los costos de producción, sabemos cuánto cuesta producir y cuánto podemos pagar. El márgen no está en la pelea entre nosotros. Los supermercados gringos están teniendo un margen de 40%. ¿Cuándo nos vamos a juntar para tener un precio más justo en el mercado internacional?”, planteó.

Agregó que eso se logra “peleando, demostrando, presionando, para que los aranceles se tornen más justos y más equilibrados”.  

Explicó que “todos saben cuánto cuesta la soja en el mercado internacional, con el maíz pasa lo mismo, pero miren la asimetría que hay en los precios de la carne vacuna”. Señaló que “hay más de US$ 2.000 y US$ 3.000 por tonelada entre los lomos que se venden en Estados Unidos y los que se venden en Uruguay”. “Estoy hablando del precio del producto final. La diferencia es de más del 20%, con aranceles”, dijo. 

Y remarcó que, “por eso tenemos que estar más juntos, del mismo lado de la mesa, presionando a los gobiernos, pero también ayudándolos a hacer, a negociar”. “Las gremiales tienen que estar juntas, tenemos que tener una cadena que se mueva junta, con prioridades”, expresó.

Exportación en pie

El CEO de Minerva también se refirió a la exportación de ganado en pie. “Se van casi 400.000 cabezas (al año) para Turquía. Está bien tener exportación de ganado vivo, pero tenemos que tener la carne, porque si no tenemos carne nos quedamos en una situación de desindustrialización”, afirmó. 

Agregó que, de este modo, los invernadores “quedan presionados en sus márgenes”, y “no podemos ser una estancia criadora para los turcos”. 

Por otra parte, subrayó que la ganadería “tiene una oportunidad única, que ya la tuvo la soja, que la tuvo el maíz y otras commodities”. Opinó que “es el momento de mejorar nuestra posición”, y por eso, “en Minerva estamos buscando aprender cada vez más sobre lo que está pasando localmente; tenemos que trabajar para ganar competitividad”. 

Vacunación

“Creo que es un error gigante”, dijo Fernando Galletti de Queiroz sobre la decisión de dejar de vacunar contra la fiebre aftosa en Brasil. “La misma discusión estamos teniendo en Paraguay. Estuve en la OIE, en París. Los productores de cerdo y de pollo están buscando volver a la vacunación, porque la velocidad de cambio de los virus, de las cepas, es gigante. La forma de proteger la producción es con vacunación”, enfatizó. 

Comentó que en Brasil “nos opusimos a dejar de vacunar, porque es un riesgo que no vale la pena correr”. Y agregó: “No somos Suiza. Tenemos frontera con Bolivia, con todo respeto a Bolivia”. 

Además, sostuvo que la diferencia entre el riesgo de sacar la vacunación y los beneficios, “son prácticamente cero”, y por eso “en Minerva sostenemos que no vale la pena correr ese riesgo”. 

Minerva

El empresario también repasó brevemente la historia de la compañía, así como su presente y objetivos a futuro. “Minerva comenzó en 1957, la inició mi padre (Edivar Vilela de Queiroz), haciendo transporte de ganado. Primero tuvo un camión, después dos, 10 camiones, y trabajaba por todo Brasil. Y toda la inversión que hacíamos era en ganadería y en camiones. Así que sabemos cuáles son los desafíos y las dificultades que tenemos como productores”, comentó.

Comentó que el cambio ocurrió cuando “comenzamos a ver la oportunidad de mirar para afuera”. “Tenemos que tener orgullo y fuerza para ocupar los espacios que tenemos que ocupar. Y Uruguay es el ejemplo más grande de esto. Con la sanidad, con la trazabilidad, están haciendo todo lo que los gringos piden, por lo tanto, que lo paguen”, dijo. 

También sostuvo que Minerva “es líder en precio futuro para garantizarle al productor el márgen en el momento que compra los terneros y la comida”. Valoró que “esto le saca volatilidad y riesgo a los mercados”, que “lo podemos hacer juntos, porque estamos en los mercados internacionales”. 

Afirmó que en la compañía se busca “valorizar lo que podemos hacer mejor, para que seamos cada vez más competitivos”. “Nos preguntamos: ¿cuál es la región del mundo que tiene mayores ventajas competitivas para producir carne vacuna? Elegimos estar en los países más competitivos, donde hay ventajas para producir ganado de forma natural, sana y con acceso a cualquier parte del mundo. Lo hicimos despacio, y así logramos estar en Brasil, Uruguay, Paraguay, Colombia, Argentina, Chile y Australia”, destacó. 

Galletti de Queiroz durante su reciente visita a Uruguay, cuando participó de la exposición Rural del Prado, señaló que de esa forma la compañía pudo “mitigar riesgos, porque tenemos riesgos sanitarios, cambiarios, de mercados, de tarifas”. Y así pudo tener “fuerza en las ventas, para lograr los mejores precios y trasladarlos a toda la cadena”. 

Además, comentó que Minerva Foods solo trabaja con carne vacuna y de cordero, “no nos dedicamos ni a la carne de cerdo, ni de pollo, porque creemos en la especialización de lo que hacemos”. 

“Así pensamos en Minerva, para poder impulsar a la ganadería sudamericana, especialmente a la uruguaya, que es siempre la llave de acceso del mapa mundial. Por eso, no somos solo un proveedor de un commodity”, aseveró el empresario.

Nota de Revista Verde N° 124

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