Cousa apuesta a crecer en girasol y presentó dos propuestas comerciales

By Cristina Fumero,

La última zafra del cultivo de girasol dejó como resultado un rinde promedio de 1.800 kilos por hectárea de acuerdo a los datos oficiales.

Alejandro Young, integrante del área comercial de Cousa señaló en el programa Punto de Equilibrio en Carve y revistaverde.com.uy, qué en la zafra 2021-22 la empresa por segundo año consecutivo tuvo un plan comercial de girasol y originó un volumen de 15.000 toneladas, a pesar de la disparidad de los rindes.

Dijo que los precios del girasol fueron buenos, considerando el impacto de la guerra entre Ucrania y Rusia, y los productores pudieron captar valores favorables.

“El rendimiento de materia grasa de esa oleaginosa confirmó un 53% de promedio, lo que brinda una bonificación de 15% en promedio sobre el precio de la soja”, destacó.

Comentó que se realizaron algunas operaciones de exportación de aceite de girasol, debido a la valorización y a la demanda impulsada por el efecto del conflicto bélico en Europa.

Este año Cousa tiene previsto “seguir creciendo” en sus planes de producción de girasol en Uruguay, que es un cultivo “rústico y más económico”, indicó.

Adelantó que la propuesta comercial para la campaña 2022-23 será más “flexible” al incrementar la ventana de fijación anticipadas, dado que se podrán ejecutar negocios a partir de noviembre.

Young indicó que para la presente zafra también se presenta un plan de girasol alto oleíco con una bonificación de US$ 20 por tonelada, puesto en el acopio de Cousa en Palmitas.

En ambos casos el precio del girasol copia el 100% del valor de la soja, que surge de lo informado por la Cámara Mercantil, allí se realiza un promedio de las cotizaciones que tiene la exportación y la industria. La base de materia grasa se toma en 42% y luego hay una bonificación de dos puntos hasta llegar a 47% y a partir de allí, es uno por uno, detalló.

Y aclaró que “en la última zafra el promedio de materia grasa llegó a 53% materia grasa, con lo cual la bonificación se ubicó entre 15% y 16%”.

Escuche a Alejandro Young

 

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Las experiencias y desafíos de padre e hijo como productores socios

By Cristina Fumero,

Tienen muchas cosas en común, además de compartir la misma sangre se llaman igual, Alfredo Furtado, comparten la dirección de la empresa y la obsesión por la prolijidad

Alfredo Furtado, padre e hijo, trabajan juntos desde el año 2002 en la empresa de su propiedad, ubicada en Cebollatí, en el departamento de Rocha. Allí producen arroz y carne, con ganadería de ciclo completo, en un área de 4.200 hectáreas.“Cuando cumplió 16 años me dijo que me quería dar una mano, yo siempre andaba con las cosechadoras, y desde ese momento seguimos trabajando hasta ahora”, recordó el padre.

Si bien los dos se dedican tanto a la ganadería como a la agricultura, el padre se enfoca más en la producción animal y el hijo en el arroz. “Es un orgullo que mi hijo continúe en esta actividad. Hace 20 años que estamos juntos y todo lo que hace está bien hecho. Siempre lo apoyo y nos consultamos antes de hacer algo”, destacó el padre a VERDE.

Agregó que este recambio de generación también significa “una seguridad para mí, que tengo 62 años, porque cuando no estoy él hace las cosas como yo o incluso mejor”, valoró.

La prolijidad fue el principal legado que Furtado le transmitió a su hijo, admitieron ambos. “El estado de la manguera, de un tractor, las cuentas. Siempre que vamos a invertir tenemos que tener respaldo, nada de hacer locuras grandes. Y hasta que no terminamos de pagar algo no hacemos otra inversión”, dijo Alfredo hijo. Al tiempo que su padre confirmó: “me gusta tener todo impecable, y él es igual, gracias a Dios”. 

En la empresa trabajan unas 15 personas, y cuentan con el asesoramiento de un veterinario y un ingeniero agrónomo. Siembran entre 800 y 1.000 hectáreas de arroz, “dependiendo de los cortes que nos den los campos. Como hacemos laboreo de verano tenemos que manejarnos con esas áreas para mantener la ganadería”, explicó el padre. 

Y la ganadería se realiza sobre praderas, con el objetivo de terminar novillos gordos a los dos años. 

El arroz

Los altos costos son el principal desafío que se presenta de cara a la próxima zafra arrocera. “Habrá que sacar, como mínimo, 180 bolsas secas (de arroz por hectárea) para poder empatar los costos”, calculó el mayor de los productores de la zona de Cebollatí.

Agregó que “los costos que se pueden ajustar se ajustan, pero hay cosas que no se pueden reducir o eliminar. Si se escatima en insumos para el arroz se pierden 20 o 30 bolsas de rinde, que puede llegar a ser la ganancia. En tecnología se achica lo que se puede, pero hay cosas que no se pueden recortar. Para regar el cultivo de arroz se precisa mantener personal, por ejemplo, y eso no se puede recortar”. 

“Pero es importante ser cauto, vamos cubriendo los costos porque vamos sacando buena producción, aunque el precio no subió como los demás granos. En ese momento, cuando aumentaron los precios de todos los granos, pensé que el arroz también subiría, que valdría al menos US$ 13”, dijo el padre.

Consultado sobre la productividad del arroz, Furtado hijo respondió: “venimos muy bien. Hace dos años que pasamos los 10.000 kilos por hectárea. Hoy en día se hace todo mucho más prolijo”. Su padre agregó que “al tener la disponibilidad de los campos se hacen las cosas mucho antes. La soja permitiría dar otro paso en ese sentido”.

El hijo comentó que desde que está en la actividad, el negocio del arroz ha sido “una cajita de sorpresas. Hay que producir y después ver qué precio se logra. Hay que seguir fuerte con la ganadería, estamos apuntando mucho a la cría y a terminar rápido” animales para faena.

Rotación arroz-soja

En la región este de Uruguay crece la rotación arroz-soja, y consultados sobre la posibilidad de incorporar la oleaginosa al sistema, respondieron que el hijo está más convencido que su padre en hacerlo, de todos modos este último no lo descartó. Pero antes de dar ese paso necesitan solucionar el drenaje del agua en las chacras, que se tornó un problema importante. 

El mayor planteó que hay variedades nuevas de soja, que se comportan mejor en los campos arroceros, y que este cultivo tiene la ventaja de dejar el campo pronto para sembrar, algo que también calificó como positivo. “El único tema es que tenemos un periodo intermedio, porque el laboreo tiene que ser más adelantado”, dijo el padre.

Además, también valoró que la soja permite sembrar raigrás un poco más temprano, antes de la cosecha. Su hijo, por su parte, dijo que si se incorpora la soja “sería la misma rotación, lo único que hay que adelantar son los laboreos”. Pero enfatizó que “la soja es importante para sumar productos a la empresa, diluir costos y mejorar los campos”.

Furtado padre comentó que estaría dispuesto a probar con la oleaginosa en un área menor, de unas 100 hectáreas, y ver qué resultado tiene. “Creo que con las variedades nuevas tal vez podría andar”, volvió a plantear. Al tiempo que advirtió que en esa zona los suelos “son más apretados”, distintos a los suelos arenosos “donde se pueden desarrollar mejor las raíces”, puntualizó.

Furtado recordó que “en el arroz ya llevamos 43 zafras, pero en esto vamos a arrancar ahora. Para nosotros sería de gran ayuda, pero también es difícil arrancar así, sin tener solucionado el drenaje”.

Enseguida comentó que “me gusta más el sorgo que la soja, porque es más aguerrido, por lo que he visto. La ventaja de la soja es la limpieza de los campos, además se aprovecha el manejo de los drenajes que se usan para el arroz y las praderas”.

Los Furtado también se refirieron a la experiencia de un amigo, “que trabaja muy bien y que está haciendo soja, y él nos incentiva a arrancar”, dijo el padre. Pero consideró que “los campos de él probablemente escurren mejor el agua, están contra el arroyo San Luis, cerca de la laguna Merín. Acá los campos son más apretados, la greda está más cerca”. 

Pero a la vez insistió en la confianza que le generan las nuevas variedades de soja, “nos dicen que han mejorado, fueron avanzando, como en el arroz. Antes sacábamos 95 bolsas y el negocio cerraba bien, ahora sacas 200 bolsas y da justo”.

Drenaje hacia el río Cebollatí

Furtado padre señaló que “todavía hay productores que trabajan con represas y barches, para juntar agua en verano, pero es algo que ya no corresponde, porque se ensucian los desagües y se forma una gran represa. Eso le termina sacando mucha área productiva a los establecimientos que están más arriba, por eso estamos tratando de sacar el agua hacia el cebollatí y no hacia la laguna, que sería lo natural. La mayoría de los arroceros tenemos ese problema, algo de que cuesta creer”.  

Por eso están tratando de solucionar el drenaje, evitando que el agua se tranque en su salida hacia la laguna Merín. La alternativa es llevar el agua hacia el río Cebollatí, algo que algunas empresas ya lo están haciendo. 

De no solucionarse esta situación “no podemos hacer pradera, ni cultivos en el 100% del campo. El año pasado perdimos 300 hectáreas de pradera por no tener aceitado el drenaje para sacar el agua rápido”, lamentó el joven. 

Agregó que en esa zona el 90% de los arroceros tienen ese problema, “porque limpian para sembrar, después se tranca y cosechan adentro del agua”. 

La empresa cuenta con campos en ambos lados de la ruta, por eso explicó que la idea es incrementar los caños del pasaje del agua que está bajo la ruta 15, que pasarían de tener 1 a 3 metros de diámetro, lo que permitiría sacar un mayor volumen de agua y más rápido. El padre confirmó que esto significa “una inversión importante”, porque “el drenaje ideal es por el curso natural, o sea hacia la laguna; pero lamentablemente venimos a contrapelo”. 

Su hijo agregó que “tuvimos que hacer toda una obra y esto también requiere mantenimiento, a diferencia del drenaje natural que se limpia solo”. Esto les permitiría sembrar 300 o 400 hectáreas de soja, según estimaron. “El arroz se puede seguir haciendo así, porque está acostumbrado a convivir con el agua”, admitió el productor.  

Señaló que si se logra terminar la obra se podría sacar el agua “en dos o tres días”. De lo contrario “seguiremos demorando alrededor de 10 días”. Además, también permitiría que los campos queden aprovechables en un 100%, ya que actualmente se pierde entre 20% y 30% del campo. “Esas partes quedan inaprovechables si vas a hacer pradera o algún cultivo de secano”, puntualizó. 

Ganadería

En ganadería los Furtado entoran unas 700 vacas pero trabajan con 800 o 900 terneros, y engordan novillos que envían a frigorífico. “Queremos producir todo con mejoramiento, nos quedan 300 hectáreas por mejorar, en un campo arrendado. Lo demás es arroz, pradera y ganadería”, explicó el padre. 

Agregó que el porcentaje de preñez supera el 80%; y las vacas que fallan son extraídas del rodeo. Además, destacaron que la buena disponibilidad de agua en verano también ayuda a la ganadería. También tienen previsto incorporar un corral de engorde después de solucionar los problemas de drenaje, que “es clave para todo lo demás”, dijo Furtado hijo. Agregó que “hoy cualquier lluvia es de 200 milímetros, en verano o invierno, y para trabajar con eso hay que estar preparado”. 

Campos propios

Furtado comenzó sembrando 27 hectáreas de arroz en la zafra 1979/80. Al año siguiente pasó a 77 hectáreas y así siguió creciendo, siempre en campo arrendado. “En 2004 empezamos a comprar campo. No queríamos recibir el Fondo Arrocero, pero como era obligatorio lo tuvimos que sacar. Si bien en su momento fue una medida necesaria para el sector, entre la reducción de la superficie a nivel país, la salida de productores, y en nuestro caso con crecimiento de área, hemos pagado varias veces los fondos arroceros”, lamentó. 

 En su momento ese crédito se invirtió en la compra de campos. Primero fueron 300 hectáreas, después pasaron a 600 hectáreas y más adelante concretaron otros negocios. Actualmente la empresa cuenta con unas 2.000 hectáreas propias, que representa alrededor del 50% del área que explota.

Nota de Revista Verde N°103

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Voraxor: el nuevo herbicida de BASF

By Cristina Fumero,

Uruguay es el quinto país del mundo en lanzar el producto, que está posicionado para barbecho en soja, maíz, trigo y cebada; se puede aplicar hasta un día antes de la siembra

En el contexto de una creciente problemática de malezas, BASF realizó en el Sheraton de Colonia el lanzamiento de Voraxor, un herbicida que se caracteriza por su “aplicación en presiembra”, que “presenta un muy buen efecto preemergente y posemergente en malezas de hoja ancha”, destacó a VERDE el responsable comercial de BASF Uruguaya, Martín Píriz.

Voraxor es un herbicida para barbecho en soja, maíz, trigo y cebada, para un “contundente y rápido” control de malezas y con un excelente efecto de persistencia sobre las malezas de hoja ancha que aún no emergieron. Por su excelente selectividad, se puede aplicar hasta un día antes de la siembra, informó la compañía en la presentación.

Uruguay es el primer país de Latinoamérica en el que se lanza Voraxor, debido a la “generación de conocimiento en ensayos, en parcelas demostrativas y en chacras de productores”, afirmó Píriz. Eso permite ofrecer un producto “con la certeza correspondiente en posicionamiento, mezclas, momentos y dosis de aplicación”, entre otros aspectos, indicó.

“Complementa muy bien nuestra paleta de productos en estos cultivos. Realmente, es una solución que venimos desarrollando junto a la mezcla con otros productos”, remarcó. 

Hasta ahora Voraxor se aplicó en forma comercial en trigo y cebada, y para la primavera llegará para barbechos de soja y maíz. Voraxor está disponible comercialmente en Canadá, Estados Unidos, Australia y ahora en Uruguay. Píriz confirmó que en la plaza uruguaya hay stock del producto para atender la demanda.

 Además, señaló que para BASF “es un hecho histórico comenzar a comercializar este producto en el mercado. Desde hace años la compañía tiene el compromiso de generar innovación, creando nuevos productos que brinden soluciones. El desarrollo de Voraxor llevó seis años de investigación y testeo”. 

Por su parte, Manuel Pérez, técnico en Desarrollo de mercado de BASF Uruguaya, consideró que el trabajo de investigación en microparcelas permitió validar el producto en los distintos ambientes y generar una recomendación robusta. Esos resultados “nos dicen que podemos usar el producto hasta un día antes de la siembra de soja, trigo, cebada y maíz. Llevamos unos tres años trabajando en parcelas de 10 hectáreas en campos de productores, donde estamos tratando de llenar esos baches de conocimiento, siempre existentes, por la variabilidad del campo uruguayo”, comentó. 

A nivel de aplicación, Voraxor tiene un rango de dosis de 100 a 200 cm3. Según explicó Manuel Pérez a VERDE, las dosis dependen mucho del objetivo del planteo productivo. “Mencionamos tres dosis, una de 100 cm3 por hectárea, si solo queremos un quemado o una desecación posemergente de la maleza. Si apuntamos a un residual, medio o largo, tenemos que trabajar con dosis de 150 a 200 cm3 por hectárea. Y también tenemos que tener una consideración, aplicar con menos del 30% de materia verde, porque el producto es retenido en la materia verde, que son plantas vivas, emergidas; si ese porcentaje es mayor debemos aplicar Heat”, detalló. 

El responsable de Desarrollo de mercado de BASF Uruguaya, señaló que están trabajando en el área cerealera de secano de Uruguay, desde Salto hasta Colonia. Y en total, en los dos últimos años, llevan realizados 45 ensayos en 70 macroparcelas, lo que muestra la calidad y cantidad del trabajo. 

“Estamos muy conformes con la densidad de muestras y con los resultados. Estamos aprendiendo mucho, tenemos un equipo de técnicos dedicados a seguir la experiencia y al agricultor, campo a campo, para ir aprendiendo y dar una garantía del producto en el correr de la zafra de invierno” indicó Pérez. 

Por su parte, Rodolfo Viana, consultor de Marketing de BASF en Paraguay, Bolivia y Uruguay, explicó que el buen recibimiento que tiene el producto parte de sus atributos. Mencionó la “alta performance en desecación para el control posemergente de malezas de hoja ancha; la buena persistencia o la residualidad, que permite un excelente control en preemergencia de las principales malezas; y el manejo anti resistencia, porque tiene un innovador principio activo (Tirexor), que controla malezas que son resistentes a otros inhibidores de la PPO”. 

También destacó que Voraxor es altamente compatible con otros herbicidas que hay en el mercado, como glifosato, graminicidas y hormonales. Y, por último, se refirió a la alta selectividad, ya que “se puede usar en presiembra, hasta un día antes de la siembra”.

Asimismo, Viana señaló que si se observan las importaciones del período 2020/21, de acuerdo a datos del Ministerio de Agricultura Ganadería Pesca (MGAP), se puede ver cómo los herbicidas selectivos, quitando el glifosato, ocupan un porcentaje muy importante del mercado total. “Esto nos da una pauta, no es que esté disminuyendo la utilización del glifosato, sino que está aumentando la resistencia de malezas a ese herbicida específico, y el agricultor opta por otros herbicidas selectivos. Estos son herbicidas residuales, con persistencia de control para poder atacar la problemática de la maleza desde la semilla o el banco de semillas. Por eso es importante participar en el mercado con un producto innovador y sustentable”, indicó el técnico de BASF. 

LA INVERSIÓN EN I+D

Santiago Monteverde, responsable de Marketing para Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay, dijo a VERDE que la innovación es parte del ADN de la compañía. “Mirar que la agricultura sea autosustentable, que haya innovación para incorporar productos cada vez más seguros para el medioambiente, de más fácil uso para el agricultor y que resuelva la problemática que tiene hoy el campo, es el objetivo”. 

Agregó que BASF invierte el 10% de las ventas totales de toda la corporación en investigación y desarrollo. “Y gran parte de esa inversión, el 40% o casi 1.000 millones de euros, va hacia el área agrícola”, informó. 

Asimismo, la apuesta consiste en generar productos que impacten lo menos posible en el medioambiente. “Es una exigencia de la sociedad, que seguimos y defendemos, a través de una búsqueda constante de productos más seguros”, dijo.

También informó que un nuevo producto demanda entre 10 y 12 años de desarrollo, y requiere de una inversión que supera los 250 millones de euros.

Nota de Revista Verde N°103

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Agricultura: El rol de la tecnología en la productividad

By Cristina Fumero,

Protagonistas de distintos sectores analizaron los factores que podrían impulsar el desarrollo productivo y económico del país 

Una de las ventajas competitivas del sector productivo uruguayo es su capacidad de adopción de tecnología, destacó el empresario Jorge Erro, director de Barraca Erro, durante la conferencia denominada “La agricultura uruguaya y su proceso de consolidación e integración productiva”, organizada por VERDE, en la Expo Prado 2022. 

Allí, Erro también advirtió que Uruguay tiene una estructura que resulta cara frente a la de países competidores, como Paraguay, Brasil o Estados Unidos. Pero valoró el muy buen nivel de interacción entre productores y técnicos que hay en Uruguay, que logra sorprender a los especialistas extranjeros que visitan el país. “Tenemos un intangible en el sector y no nos damos cuenta, no tenemos que dejarlo pasar, y abrirnos a la adopción de nuevas tecnologías validadas”, sostuvo.

En tal sentido, destacó que se están cumpliendo 25 años de una herramienta que están usando 17 millones de productores en el mundo: la biotecnología, que “en Uruguay fue importantísima”. 

El panel que cerró esta conferencia estuvo integrado, además, por el subsecretario del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Juan Ignacio Buffa; Marcelo Secco, director ejecutivo de Grupo Marfrig en Uruguay; Daniel Rubio, directivo de la Asociación Rural del Uruguay (ARU) e integrante de Regadores Unidos del Uruguay; y Felipe Algorta, director de UTE. Previamente expuso el consultor Sebastián Mazzilli, sobre “La evolución de los sistemas agrícolas. De la expansión a la diversificación ecoeficiente”; Fabián Dávila, de la Dirección de Recursos Naturales del MGAP, sobre “El valor de la información en la política de seguros agrícolas”; y Bernardo Mendiola, asesor de empresas ganaderas, sobre las oportunidades de la interacción agrícola-ganadera. 

Erro consideró que “vendrán cosas nuevas y más rápido, como las ediciones génicas”. Y destacó que la tasa de aporte de tecnología ha servido para crecer 2% o 3% anual. “Si no adoptamos esas nuevas tecnologías perdemos competitividad frente a los otros países”, dijo. 

Advirtió que podría llegar el momento en que los mercados “se saturen”, y que “la demanda se tranquilce”, y en ese momento “tenemos que ser competitivos”, para que “nadie se funda o la pase mal”.  Sintentizó que “hoy lo que pongas sobre la mesa te lo llevan, pero las épocas cambian”, y “debemos prepararnos”. 

El riego como elemento dinamizador

Daniel Rubio destacó el importante crecimiento productivo en agricultura y ganadería. Pero señaló que “ninguno de los cultivos actuales puede generar tasas de crecimiento por encima del 5%”, lo que daría bienestar al conjunto de la economía. 

Agregó que las proyecciones no marcan que la economía pudiera crecer a más del 3%, que la forestación tuvo ese impacto y lo tendrá aún más con la segunda planta de celulosa de UPM, que “será una contribución muy significativa”. Pero “vemos que no tenemos herramientas a simple vista para superar esa situación. El riego es el driver que permite generar un segundo plan forestal, por su impacto económico, y en todo sentido, y permite medir e intuir el retorno de la inversión. Ese es un gran desafío”, planteó Rubio. 

Según FAO, en Uruguay se pueden regar 1,6 millones de hectáreas. Rubio afirmó que la tecnología se puede extender a 300.000 hectáreas, “sin violentar principios ambientales”. Enseguida planteó que “si hay otras opciones que permitan ese crecimiento, además del riego, serán bienvenidas; pero no las veo”. 

Señaló que “los modelos que estamos trabajando implican pasar de 30.000 a 300.000 hectáreas de riego, con una inversión de US$ 1.000 millones. Y si los predios ganaderos de 1.000 hectáreas incorporan 100 hectáreas de riego, serían otros US$ 1.000 millones de inversión. Esos US$ 2.000 millones de inversión generarían una multiplicación de US$ 6.000 millones en la economía. Además de los incrementos de la productividad, que serán muy relevantes. Por eso justifica una política de Estado, que involucre a UTE y al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF)”.

El productor también calificó como “imprescindible” la presencia de la Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones (Comap) y créditos de largo plazo. Como la inversión es muy alta, requiere de financiación; pero enfatizó que “es muy rentable”. 

En ese sentido, enfatizó que “es importante aportarle información a los productores, que piensan que el riego le puede traer dolores de cabeza”. Y sostuvo que el gran desafío “es para UTE”, al tener que “darle soporte a un crecimiento de esa magnitud, que multiplicaría sus problemas”. 

Rubio destacó “una actitud muy abierta” de parte del ente, pero también lamentó que recientemente hubo un aumento de 18% en la tarifa de la potencia contratada. “Son costos fijos” que significan “un tiro en el pie”, algo “contradictorio”, señaló. 

Rubio comentó, además, que este proceso de inversión en riego en Uruguay le generaría US$ 45 millones de recaudación extra a UTE, algo que “justificaría levantar las restricciones”. Además, planteó que no deberían tomarse decisiones cada año, como el descuento del 15%, sino que la empresa estatal tendría que apuntar al mediano y largo plazo, y tomar decisiones alineadas con una política de Estado.

UTE y el sector regante

Algorta destacó que desde que asumió el actual gobierno, UTE se propuso buscar las maneras de potenciar la producción. Dijo que tras mantener reuniones con el sector regante, entre otros, el año pasado se aprobó el riego productivo, quitando el horario de punta. 

“Era algo que la Asociación Cultivadores de Arroz venía reclamando desde hace un largo tiempo. En ese intento de ser socios, en una relación ganar-ganar, seguimos trabajando con los técnicos del sector. Vimos que había posibilidades ciertas de sacar el horario de punta, que dicho por el presidente de ACA, fue la medida de impacto más importante para el sector arrocero el año pasado”, comentó Algorta. 

Antes de eso, los productores se veían obligados a apagar bombas, y eso afectaba el nivel de tensión de energía en ciudades y pueblos de la zona, señaló el director de UTE. “Ahora estamos en vísperas de análisis de esta medida, pero creo que ha sido excepcional para el sector. Entendemos que hay que hacer algunos ajustes, como solicitarle a algunos productores que, por ejemplo, dejen conectados los condensadores al apagar motores, porque de lo contrario se generan problemas”, explicó. 

De todos modos, Algorta afirmó que “trataremos de renovar, porque ha sido una medida muy beneficiosa”.  

Semestre histórico para la carne

La propuesta de VERDE en la Expo Prado también tuvo espacio para la carne. Por esos días justo ocurrió una baja muy importante del precio del ganado para faena, motivado por una escasa demanda de carne por parte de China. Marcelo Secco comentó que “nos mal acostumbramos al ciclo del primer semestre de este año”, por la demanda firme y precios récord; pero aseguró que “el panorama sigue siendo muy bueno”. 

Comentó que Uruguay sigue siendo un país productor de muy poco volumen, con necesidad de foco en nichos y temas de agenda en los que se está trabajando. “El Poder Ejecutivo tiene muy claros esos problemas, que le permitirían a Uruguay eliminar restricciones para mejorar su nivel de acceso”, comentó. 

El industrial también reconoció la gran dependencia de un solo mercado (China), con sus vaivenes. Pero analizó que, en general, el escenario y la capacidad de poder potenciar los sistemas ganaderos, “siguen siendo muy buenos”. Agregó que la relación de precios es “muy cuidadosa” y que en la producción de carne a grano “se trabaja mucho sobre el riesgo”.  

Aporte agrícola a la producción de carne

El director ejecutivo de Marfrig Uruguay reconoció que la agricultura permite acelerar la producción ganadera. Analizó que este aspecto, así como el mercado, “fueron los elementos dinamizadores más fuertes de la ganadería. Nos permitió acceder a ligas donde no estábamos, tener una competencia frontal con Australia, sin ventajas arancelarias, posicionando productos de primera línea en Japón y Europa”. 

“No tengo dudas de que hay que seguir trabajando en la conjunción de ese matrimonio (agricultura-ganadería), que vino para quedarse y que tiene un desafío agrícola y de interacción, en un país que tiene un potencial de crecimiento muy interesante”, afirmó. 

Sobre los beneficios de esta sociedad entre ambos rubros, destacó que “hay un crecimiento intrínseco, una aceleración de la recría, buen destete precoz. Herramientas que la agricultura permite y que son muy interesantes. Incluso hay un elemento de homogeneización en el uso de concentrados, algo muy importante para lograr el producto final”. 

Agregó que los elementos de crecimiento “no son antagónicos”, y que la relación grano-carne en el mundo “es permanente”. 

Por otra parte, se refirió al “desafío del costo de acceso diferencial”, y planteó que “hay una oportunidad de crecimiento implícito en los sistemas esencialmente forrajeros, con el aporte de la suplementación”. 

“Estamos transitando procesos de ajuste en la relación grano-carne en el mundo. Lo geopolítico pasó a tener un papel preponderante. Son momentos de transición. Uruguay tiene demanda asegurada y hay un camino interesantísimo. Recuerdo reuniones como esta  hace 15 o 20 años atrás, cuando los temas eran otros”, recordó Secco. 

De la agricultura destacó el profesionalismo y la gestión por indicadores, algo que debería imitar la ganadería. 

Parámetros de gobierno

Por su parte, Buffa, sostuvo que en un contexto de volatilidad, como el actual, es más importante tener parámetros claros desde el gobierno. “Este gobierno tomó la decisión macroeconómica de cuidar cada peso que el Estado gasta. Y eso es condición trascendental para generar competitividad. La competitividad que no va a erosionar los aspectos macroeconoómicos tiene que ser velada por el Estado, con una conducta fiscal como la de esta administración. Esto cruza a todos los sectores de la economía”, sostuvo. 

A continuación, planteó que “la segunda dimensión son las cosas que tiene que hacer el Estado, vinculado con la agricultura, con una firme promoción de inversiones. En junio de 2020 se generó una modificación del decreto de la Comap, con 960 proyectos, bajo condiciones de inversión promovida, que significan US$ 560 millones, el 80% de ellas asociadas al riego. Esto es algo que Uruguay debe seguir apuntalando para aumentar la productividad”. 

A propósito, agregó más adelante que un productor que tributa por Imeba, con la firma del MGAP, puede descontar el IVA en todo proyecto de inversión en agua. Aclaró que ese beneficio no solo está disponible para los productores que tributan por IRAE.

El jerarca también sostuvo que “el acceso a mercados es ineludible para el MGAP”, al que “nadie lo puede sustituir en su rol, catalizado por el sector privado, con esfuerzos que sean significativos para el sector”. En tal sentido, destacó “un fuerte impulso de esta administración, con la exportación de colza a Europa, que promovió un crecimiento espectacular” de ese cultivo, gracias a “una articulación público-privada muy fuerte”. 

También dijo que se busca la apertura de mercados alternativos, como México, y que China “está por firmar el protocolo de sorgo”, la que sería “una gran oportunidad para los grandes campos overos, que tendrían “una alternativa más”. 

Comentó que “cuando la agricultura se queda sin alternativas es un problema, pero hoy tiene alternativas en verano y en invierno”. 

El integrante del Poder Ejecutivo también destacó que en esta gestión se puso sobre la mesa la mejora de los seguros de rendimiento, en acuerdo con el sector privado. En ese sentido, recordó que la variable que faltaba era la información, y con ese foco se empezó a trabajar. 

“Así se generó este sistema de apoyo a los productores, para que accedan a un seguro de rendimiento a través de los aglutinadores, que son quienes negocian las condiciones con las aseguradoras, y aportan información”, señaló. 

“Queremos llegar a 300.000 hectáreas de seguro”, afirmó, pero sostuvo que “no vamos a avanzar sin la información” que aporten los productores. “Una vez que tengamos la información analizaremos cómo escalarla y masificarla para todos los productores. Lo estamos haciendo con el compromiso de todo el sector y un fuerte apoyo económico”, remarcó. 

Por otra parte, Buffa destacó que la agricultura tiene un entramado social en los pueblos, “que queremos proteger como herramienta”. 

Acumulación institucional

Buffa destacó que en Uruguay “se nota la acumulación institucional”, y que “se ve claramente en el MGAP”. Dijo que cada gobierno podrá poner más énfasis en algún tema específico, pero que el acceso a mercados desde el punto de vista sanitario “es algo heredable y recurrente”. 

Comentó que se está trabajando en la exportación de soja a China y a Bangladesh, temas que son parte de la agenda medular de la Dirección General de Servicios Agrícolas (DGSA). Y también comentó que se está tratando de sumar algún otro mercado para el trigo. 

Por otra parte, afirmó que la productividad “está en el cerno de la gestión de todo el gobierno”, y destacó que “cuando el sector agropecuario plantea algo al MGAP se lo plantea al gobierno, porque se trata de articular con otros organismos del Estado”. En tal sentido, planteó el ejemplo del trabajo con UTE. 

En relación a la competitividad, Buffa planteó que la agricultura “necesita de un activo importante: la capacitación. La Dirección General de Servicios Agrícolas dictó más de 600 capacitaciones en todo el país, con la ayuda del sector privado, y estamos haciendo punta de lanza en eso”. 

Gestión de la información

El subsecretario advirtió que “cuando las discusiones no se dan sustentadas en ciencia, se dan a partir de creencias, y eso es lo peor que le puede pasar al sector agropecuario. Porque los relatos no están respaldados en datos, que es a lo que tenemos que abrazarnos”. 

Señaló que “casi todos los rubros tienen una agenda para aumentar su volumen de producción, mejorando su competitividad. Un segundo escalón es mejorar los atributos del producto. Y el tercer agregado de valor es lo intangible, la institucionalidad, la forma en que hacemos las cosas, donde el potencial es enorme”. 

A propósito, sostuvo que la discusión ambiental “en el fondo es de gestión de la información. Tenemos que poner en valor lo que hacemos. Cuando tenemos un Plan de uso y manejo de suelos renovado, más amigable con los usuarios, el plan piloto de los seguros. Con los sistemas de información sabemos cómo producimos, avanzamos con la ciencia, ponemos en valor ambiental a partir de los sistemas de información, y eso nos da los bienes públicos de carácter general”.

Valoró que Uruguay, al ser “un país muy chico”, puede tener una plataforma donde todos los productores estén integrados, y agregar valor sobre una base común. “Estos elementos llevan a tener sistemas de información a los que todos los productores accedan, y agreguen valor ambiental o del tipo que sea”, propuso.

Aprobación de nuevos eventos

Buffa admitió que en biotecnología “seguimos rezagados” en relación a los demás países de la región, pero destacó que la mitad de las aprobaciones de nuevos eventos biotecnológicos corresponden a esta administración. 

En relación a los registros de agroquímicos, dijo que “estamos dando una batalla para darle celeridad a las aprobaciones”, pero sostuvo que el proceso “es un bien público que tenemos que cuidar”. A propósito, dijo que “no podemos flexibilizar” el proceso de aprobaciones, porque “tenemos que tener todas las salvaguardas que garantizan que lo que se aplica cuenta con estudios previos que son serios”. 

Agregó que “hay una nueva agenda que está en plena discusión parlamentaria, donde el sector tiene que estar presente. Esta administración no se va a cercenar ninguna posibilidad de mejorar la competitividad, mientras se cumplan los aspectos de seguridad que deben darse”. 

Buffa planteó que “para que aumente la productividad se tienen que dar cuatro cosas a la vez: previsibilidad, “Uruguay hizo de una cultura la previsibilidad, que es un sello que lo distingue”, dijo el gobernante; en segundo lugar tienen que haber relaciones de precios atractivas; la tecera es un panorama tecnológico superador; y la cuarta es la gente. 

Sobre este último punto, el subsecretario dijo que “si los actores no quieren cambiar, no habrá estímulo que lo cambie”, tanto desde el sector privado como desde el público, para catalizar esas inversiones. Por último, Buffa sostuvo que “nuestro insumo de trabajo son las críticas”, animando a que los productores realicen sus planteos a los gobernantes.

Impacto del agro en la economía del país

Un estudio realizado por la consultora Exante, a iniciativa de la dirección de Estudios Agronómicos de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), confirmó que el valor de producción de los agronegocios ascendió a unos US$ 11.000 millones en 2021, de los cuales US$ 6.600 millones corresponden a valor agregado directo (en el agro o la agroindustria).

El informe indica que al considerar los impactos directos, indirectos e inducidos, el agro contribuye con US$ 12.400 millones de valor agregado a la economía uruguaya, lo que equivale a más de 20% del producto interno bruto (PIB) del país. A la vez, el impacto del sector es particularmente importante para la economía del interior, donde es la base de casi 40% del PIB total. 

Daniel Rubio, directivo de ARU e integrante de Regadores Unidos del Uruguay, dijo en la conferencia organizada por revista VERDE en la Expo Prado, que a partir del agro “se generan unos 270.000 empleos, que es 17% del total. Por cada unidad de valor agregado en el campo se generan otros dos en la economía. Cada dólar que se invierte en los predios, se multiplica por 3 en la economía. Esto es más de lo que multiplica la construcción, hotelería y demás. Aporta US$ 1.900 millones a la recaudación tributaria y tiene una multiplicación de 2×1 sobre el empleo. Eso muestra el resultado de invertir en el agro como política pública”.

Sistemas agrícolas: de la expansión a la diversificación ecoeficiente

“La evolución de los sistemas agrícolas; de la expansión a la diversificación ecoeficiente”, se denominó la presentación de Sebastián Mazzilli, consultor privado, en la conferencia organizada por VERDE en la Expo Prado 2022.

El ingeniero agrónomo describió que este año se sembraron cantidades similares de trigo y cebada, y aumentó el área de colza y brásicas. Recordó que cuando comenzó a investigar en colza, en la zafra 2008-09, no había mercado para el cultivo, y luego se presentó la demanda de ALUR. “Hoy tenemos tres cultivos de invierno, de forma importante, y son de renta”, destacó. 

Sobre los cultivos de verano, señaló que el área de maíz pasó de 90.000 a 150.000 hectáreas; que la soja se estabilizó entre 900.000 y 1 millón de hectáreas; y que se riegan unas 3.000 hectáreas de estos cultivos. Valoró que en la actualidad “hay mejores herramientas” para que los agrónomos puedan armar “secuencias de cultivos”.

Recordó que en los primeros años de este nuevo ciclo de la agricultura en Uruguay la intensidad era de 1,5 cultivos por año, dominada por trigo y soja, algo que “era poco sostenible por un tema sanitario”. 

Esa situación se mantuvo por un período largo, bajando incluso a 1,3 cultivos por año, considerando la rotación de soja con cultivos de cobertura o de servicio, para la fijación biológica de nitrógeno. 

“Me gusta más una rotación agrícola, con dos cultivos por año, para cosechar de forma más frecuente, con una serie de ventajas agrícolas. Por eso hoy la situación es mejor que la de hace unos años”, consideró. 

Sobre la colza, dijo que mantiene rendimientos bajos y estables, mientras crece el área. Dijo que “el potencial es mucho más alto”. Analizando la correlación energética entre trigo y colza concluyó que “el rendimiento medio de colza podría ser el 50% del trigo”. 

Y agregó: “No pongamos en un presupuesto 3.000 kilos de colza por hectárea, porque si no se sacan 6.000 kilos de trigo, no es algo consistente. Es un tema de la energía capturada en el período”.  

Mazzilli sostuvo que “hay variabilidad y cambio climático”. Advirtió que “la temperatura va a subir y eso implica que nuestros sistemas tengan que adaptarse”.

En tal sentido, dijo que hay que usar toda la información disponible, “para ser parte de la mitigación, logrando capturar más carbono del que emitimos. Eso hay que medirlo, primero adaptarse, medir y después intentar capturar. Debemos demostrar que hacemos las cosas bien, medir y comunicar”.

La degradación de los suelos y la disminución de la capacidad productiva de los sistemas son problemas que siguen existiendo, pero que ahora ocurren de forma más lenta. 

Llamó a “pensar en cómo manejar malezas, plagas y enfermedades”, y a usar las herramientas sin considerarlas como una solución definitiva a los problemas. Porque “los problemas vienen cada vez más rápido y las soluciones son más complejas”, por eso la diversidad de cultivos de Uruguay “puede ser una fortaleza en ese sentido”. 

También planteó que es necesario el conocimiento para lograr el desarrollo sostenible del sistema agrícola nacional; conocer los factores que determinan las brechas de producción; y los impactos ambientales y sociales asociados al cierre de esas brechas de rendimiento. 

Así como la generación de información tendiente a la mitigación del impacto de la variabilidad climática (manejo de cultivo, diseños de seguros y demás). 

Sostuvo que “no hay relación entre el impacto ambiental y la alta productividad, según un estudio realizado hace algunos años por INIA y Fucrea. 

Explicó que los sistemas más productivos, con más cultivos, dejan escurrir menos agua, y eso es importante ambientalmente. Dijo que hay que esforzarse más en la transferencia de conocimiento, considerando que cada productor puede tener un potencial, en función de su zona. 

“Con la energía disponible podemos aumentar entre 1.500 y 1.600 kilos por hectárea el potencial de rendimiento en 10 años aproximadamente”, sostuvo. 

Señaló que hay una brecha por nutriente, que requiere agregar más potasio, fósforo, entre otros; y también hay una brecha de degradación de la tierra. “Agregar nutrientes mejora la eficiencia. Saber más de un sistema permite saber cuánto fertilizar para solucionar los problemas. La fecha de siembra también cambia el rendimiento y la fertilización”, señaló. 

Mazzilli afirmó que “casi nadie piensa en el período crítico”, y planteó la importancia de diversificar las fechas de siembra. “Hay muchos modelos que permiten diversificar, la información de cultivar es muy útil pero hay que trabajarla, para elegir mejor”, planteó. 

Dijo que no hay que apuntar al máximo de rendimiento sino al máximo ambientalmente sostenible. “Ver cómo ser más eficientes, hacer más con lo mismo. Hay una cantidad de nutrientes que no estamos utilizando, de feedlot, tambos, lodo de celulosa. Buscar alternativas de uso del fósforo, y cómo lo aplicamos”, comentó. 

La oportunidad de la ganadería para aumentar la extracción

Hay “una oportunidad histórica para el negocio ganadero”, planteó Bernardo Mendiola, asesor de empresas ganaderas, al concluir su charla durante la conferencia organizada por VERDE en la Expo Prado. El ingeniero agrónomo señaló que “el rubro está atravesando un proceso de transformación, y hay un desafío de aumentar la extracción para aprovechar la oportunidad que genera la demanda y el mercado”. 

Comentó que “los efectos de la agricultura se están alineando con las necesidades de una ganadería que necesita intensificar y aumentar la extracción”. 

Destacó que “existe una complementariedad más clara entre rubros, áreas de pastoreo de calidad, fuente de alimento, promueve la intensificación en los sistemas y sustentabilidad. Hay oportunidades para que ambos rubros puedan capitalizar esta interacción, alejando los fantasmas de la competencia”. 

Está claro el aporte de la agricultura a la producción ganadera, pero esta última le aporta a la producción de granos las rotaciones con pasturas, además de demandar sus productos. Por lo tanto, suma a favor de una agricultura más sustentable y brinda la posibilidad de diversificar ingresos.

Mendiola consideró que el corral “es un excelente socio”, y destacó su impacto sobre la variable de extracción. Señaló que hay países donde el ganado de corral tiene alta incidencia en el total de la faena. En Australia entre 50% y 55% de los novillos y vaquillonas faenados se remiten desde corrales y en Estados Unidos entre 90% y 95% .En Uruguay, según cifras del año pasado, alrededor del 15% de los animales se terminan en corrales. 

Por otra parte, señaló que en 1 hectárea de pastura se pueden engordar entre 1,5 y 2,5 cabezas por año; mientras que a campo natural solo se pueden producir entre 0,5 o 1 cabeza por año. 

Agregó que una hectárea de maíz, con un rendimiento de 6,5 toneladas, permite engordar cinco animales; un sorgo, con 5 toneladas de rendimiento, permite engordar cuatro animales; mientras que la cebada, con 4 toneladas por hectárea permite engordar tres animales. 

Sobre el impacto del crecimiento de la agricultura en la ganadería dijo que “la primera impresión fue que la agricultura se quedó con 500.000 hectáreas, comparando la superficie agrícola del año 2000 con la de 2021; y la forestación y otras actividades 500.000 hectáreas más”. 

Así fue que la ganadería se encontró con menos área y varios desafíos. “Pero las buenas noticias fueron que, a pesar de haber perdido 500.000 hectáreas por la agricultura, esta dejó mayor área de pasturas sembradas. De 2003 a 2020 hay un área 28% mayor de praderas y 10% más de verdeos”, remarcó.

Señaló que este fenómeno quedó claro con el avance y posterior repliegue de la agricultura en zonas tradicionalmente ganaderas; además de modelos de producción que involucran rotaciones de cultivos con pasturas. 

La agricultura también aportó un aumento de la producción de granos forrajeros, promoviendo la producción a corral, como un actor fundamental para conectar las dos actividades, tanto en recría como engorde. 

Ahora hay mayor disponibilidad de granos forrajeros en zonas tradicionalmente ganaderas, que se utilizan para suplementación sobre pasturas o en corrales, aumentando rápidamente el volumen de ganado a faena. 

Por otro lado, ofrece la oportunidad de terminar animales a corral en un área limitada de pasturas, liberando pasturas sembradas para recría, lo que también permite acelerar ciclos, valoró Mendiola.

Nota de Revista Verde N°103

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Se afianza la rotación arroz con soja y pasturas en los campos del este

By Cristina Fumero,

La diversificación permite diluir costos y cubrir riesgos productivos; estos sistemas aportan competitividad a las empresas y son fomentados desde la industria molinera

El productor de arroz “es el mejor sojero para sembrar en campos bajos, porque maneja el riego, el drenaje y la caminería rural, entre otros aspectos”, destacó a VERDE el gerente agronómico de la empresa Casarone, Daniel Gonnet, en el marco de una jornada organizada por Barraca Erro en Treinta y Tres.

“La integración es el motivo por el que estamos trabajando hoy; salir del monocultivo. Y en esta zona el productor arrocero tiene las competencias que le permiten plantar arroz y a su vez hacer otras cosas”, señaló. 

En otros momentos eran empresas agrícolas sin perfil arrocero las que impulsaban las siembras de la oleaginosa en esa zona, pero desde hace un tiempo la apuesta es realizada mayoritariamente por los productores del cereal. 

El sistema se plantea diferentes modalidades, ya sea en asociación con el propietario del campo o sembrando directamente. A eso se suma la complementación con la producción ganadera en ese esquema productivo, comentó.

Calculadora en mano

La producción de arroz tiene un costo promedio de US$ 2.150 por hectárea, según datos de la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA). Pero “cuando se hace ese mismo arroz arriba de un rastrojo de soja, el costo es de US$ 1.870 por hectárea, lo que significa una reducción de 13%”, en el entendido de que al hacer dos actividades se reparten los costos, explicó.

La competencia en el mercado de los arrendamientos de campos también se convirtió de una debilidad a una fortaleza para el productor que realiza ambos cultivos.

Casarone “en sus campos propios está haciendo una rotación” entre esos dos cultivos y “con ganadería, haciendo praderas arriba de los rastrojos de soja, lo que mejora las implantaciones”, comentó el gerente agronómico.

Gonnet planteó que “para hacer buena soja en estos suelos es necesario cumplir algunas premisas ineludibles, que si no se cumplen es como recibir una tarjeta roja. Estas son: la sistematización de suelos, los drenajes, la calidad de siembra y cosecha”.

Agregó que “la salida del productor que no domina esas cosas se dio naturalmente, y ocupó su lugar el productor arrocero, que sí los domina. Lo que nos falta es convencernos de eso y darle un poco más de velocidad”. 

A su parecer, la clave pasa por salir de un sistema solamente arrocero y entrar en una combinación complementaria de rubros agrícolas, que incluya a la soja. Consideró que esto “se está empezando a dar”, aunque tal vez de forma “un poco lenta para algunos”. De todos modos, destacó que “hay señales fuertes” para seguir apostando a ese esquema. Aclaró que en ese sentido va el mensaje de la industria, porque “lejos de competir con el arroz”, la diversificación “viabiliza” el cultivo. “Esa complementariedad le va a dar sustentabilidad futura y fuerza”, aseguró.

Con respecto a los datos de productividad en el sistema agrícola, el gerente de Casarone destacó el incremento del rendimiento productivo, ya que uno de los pilares históricos del arroz es el manejo cuidado, y “el sector puede estar orgulloso de los rindes alcanzados, que pueden competir con los de cualquier parte del mundo”.

En el caso de la soja valoró que “hay genética nueva y cambios tecnológicos importantes, con sistemas de nivelación de suelos, que permiten drenar con una precisión mayor a lo que se hacía anteriormente”. Además, destacó que “hay un espacio muy grande para ganar en manejo y acercarnos al potencial” de rinde.

Agua y tecnología

En cuanto al manejo del agua, Gonnet se refirió especialmente al drenaje, con el “cambio principal” que representa el sistema georeferenciado RTK (Real Time Kinematics), que implica un esquema satelital que “tiene una precisión mucho mayor en la altura de los desniveles del suelo”. Eso permite “mayor densidad de drenajes, mejor dimensionamiento y mayor capacidad de sacar agua en un período de tiempo determinado”, valoró.

Otro punto clave en ese sentido es el trabajo en sistemas de riego, pero “no en la búsqueda de alcanzar los máximos potenciales sino de realizar riegos defensivos, para subir los pisos” de rinde. “Eso es muy importante, porque si uno tiene un instrumento de cobertura de precios y esas seguridades de rendimientos, se ubica en escalones más seguros para encarar ese rubro”, señaló.

Por otra parte, el técnico se mostró optimista respecto a la posibilidad de que el potencial de rendimiento de la soja en la zona este “pueda llegar a los 3.000 kilos” por hectárea.

“Regando por surcos y en suelos geonivelados. Esa es otra tecnología que se está impulsando para corregir las imperfecciones del suelo, mejorar la capacidad de drenar y los riegos, con un costo muy económico en relación a la capacidad de rentabilizarlos. Es un trabajo que cuesta US$ 100 por hectárea”, indicó.

Además, destacó que eso puede tener una vida útil de unos tres a cuatro años, al “sacar suelo de las partes más altas para rellenar las más bajas”.

Para replicar los sistemas de complementariedad de arroz con soja, utilizando los esquemas productivos mencionados, en otras zonas arroceras del país habría que analizar diversos aspectos y diferencias existentes. “El problema de otras cuencas arroceras, en comparación a la del este, es que la topografía es diferente, los costos de flete son mayores, especialmente en el norte, entre otras particularidades”, argumentó.

Con una mirada hacia el futuro próximo el gerente agronómico de Casarone manifestó su postura a favor de la incorporación de más cultivos en las chacras del este uruguayo, como el maíz, el sorgo y otros. “La soja es lo que hoy estamos capitalizando”, pero “el sorgo es una alternativa muy válida” para su uso en la alimentación del ganado, además de explorar cultivos de invierno, como la colza y el trigo, avizoró.

La expansión y la genética 

La soja puede crecer hasta 20% en la región este de Uruguay, pasando de 130.000 hectáreas en 2021 a 150.000 hectáreas en la próxima zafra de verano. El gerente de Barraca Erro en Treinta y tres, Carlos Collares, dijo a VERDE que en esa zona se obtuvieron buenos resultados productivos en las últimas dos zafras de soja, “lo que genera entusiasmo en los productores”.

En ese marco, Barraca Erro organizó una jornada técnica en Treinta y Tres, con el propósito de profundizar en los diferentes aspectos que implica la rotación de los cultivos de soja y arroz. Collares resaltó la importancia del trabajo de investigación y desarrollo, tanto a nivel de variedades como en fitosanitarios específicos, con el objetivo de volcar a los productores la información que se va recabando, con el objetivo de potenciar a los sistemas productivos y favorecer el desarrollo de la soja, un cultivo en crecimiento en la zona. 

Para el técnico eso contribuye a la sostenibilidad de los planteos arroceros o ganaderos. Además, señaló que la soja, luego del pico anterior, se fue integrando a los sistemas agrícola-ganaderos, específicamente con arroz y pasturas, en los departamentos de Cerro Largo, Lavalleja, Rocha, Maldonado y la región este de Tacuarembó y Rivera.

Collares recordó que los grandes grupos que sembraban en esa zona fueron saliendo, que tenían sistemas frágiles desde el punto de vista de la estabilidad frente a situaciones de crisis; y esos espacios fueron ocupados por productores de la región, que se fueron diversificando.

Complementariamente, el técnico de Erro, Rodrigo Aiello, describió las diferentes variedades de soja que ofrece Barraca Erro. Destacó específicamente la variedad DM Garra, con buen potencial de rendimiento, muy buen porte agronómico y muy adaptada a suelos de bajos. Ese material es ideal para enfrentar situaciones de “estrés hídrico” y “anegamiento”, acotó.

Otro material recomendado por el técnico fue DM 60i62 que tiene la misma adaptabilidad de DM Garra en los campos bajos. Además de la variedad DM 66R69, para zonas bajas y laderas. A la vez, DM 67i70 y DM 62R63 completan el paquete de variedades de soja recomendadas para esa región del país.

Aiello resaltó el trabajo de investigación, de ensayos y la recopilación de información que ya tiene 12 años. “Todo eso es la base para el posicionamiento y la recomendación de los diferentes materiales para esa región el país, en función los planteos productivos que allí se realizan. Lo que es acompañado con recomendaciones de manejo”.

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Frigoríficos se alinean en la presión a la baja en precio del ganado gordo; también disminuyen valores en la reposición

By Cristina Fumero,

Esta semana hay varias industrias del sector de los frigoríficos que siguieron presionando a la baja los valores del ganado gordo en el mercado local, dijo el integrante de la empresa AgroOriental, Christopher Brown, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y revistaverde.com.uy.

Señaló que los valores que ofrecen las firmas dedicadas a la faena de vacunos varían en US$ 3,45 por kilo de la vaca y de US$ 3,70 por el novillo.

La falta de lluvias incide en el estado actual del ganado, específicamente en su terminación, debido a la menor disponibilidad de pasturas para su alimentación, comentó.

Se refirió a que la propuesta de precios por el ganado es menos variada entre los frigoríficos en relación a lo que sucedía en semanas anteriores. Ahora “están más alineadas” en los valores que están dispuestos a pagar, afirmó.

Planteó que esa situación también se refleja en las categorías de ganado de reposición, “salvo en el caso de los terneros”, con una “baja de entre 5% y 15%” dependiendo de cada categoría, aunque la colocación de los animales llegó al 82% en el remate de Plaza Rural.

Escuche a Christopher Brown

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Cervecerías europeas utilizan malta y cebada uruguaya en su producción

By Cristina Fumero,

Por primera vez Maltería Oriental concretó dos exportaciones al viejo continente, una a Bélgica y otra a Holanda; la oportunidad se generó por la guerra y las malas cosechas

Redacción: 
Mauro Florentín

Su espuma es consistente, su sabor es peculiar, a veces de un color algo turbio o tradicionalmente rubia y con una sensación refrescante. Esas son algunas de las primeras ideas que se asocian a la cerveza, además de ser una bebida que mundialmente se la vincula con el continente europeo.

Los pioneros agricultores que en algún momento decidieron sembrar cebada cervecera en los campos de Uruguay seguramente no se imaginaron que un día ese grano, o el resultado de su procesamiento en malta, serían exportados a las cervecerías europeas.

Pero al parecer la producción agrícola uruguaya alcanzó niveles de producción con calidad y otras condiciones que la hacen más competitiva a la hora de posicionarse en ciertos mercados. Y si bien se trata de negocios puntuales, por ahora lo cierto es que este año hubo embarques de malta y de cebada cervecera que fueron adquiridos por industrias de Bélgica y de Holanda, que emplearán esos insumos en la fabricación de esa espumosa bebida.

El caso inédito registrado recientemente comprendió a la compañía Maltería Oriental (MOSA), que a fines de mayo envió unas de 25.000 toneladas de malta con destino al mercado belga. En la segunda quincena de junio la carga llegó a los puertos correspondientes, y desde allí fue distribuida a varias cervecerías de Bélgica.

Sobre ese hito de la cadena agrícola, específicamente de la cebada, la gerente de aseguramiento de calidad de Maltería Oriental, Mercedes Sayas, habló con VERDE para profundizar y proyectar el potencial de ese negocio.

Por “la coyuntura internacional y temas de stock” salió esa venta del producto a Europa, lo que “parecía impensado, por lo menos hasta fines del año pasado”, señaló esa ejecutiva.

Reconoció que “las especificaciones de calidad del producto eran inalcanzables”, lo que parecía una “dificultad mayor”, especialmente por “temas de inocuidad alimentaria” de la Unión Europea respecto a los residuos de productos fitosanitarios. Sin embargo, la empresa apostó a cumplir los requisitos necesarios y contrató a un laboratorio belga especializado en hacer los estudios necesarios, para garantizar que el producto se adecuaba a las normas europeas.

Como parte de otro hecho histórico, MOSA realizó en julio el embarque de cebada cervecera para exportar unas 28.000 toneladas a Holanda, destacó Sayas, al manifestar entusiasmo por ese negocio. El embarque llegó a Holanda en la primera semana de agosto, sin problemas, acotó.

Comentó que esa cantidad de cebada estaba prevista para exportar a China, pero “sobre la marcha” surgió la posibilidad de comercializarla en Europa, considerando las dificultades generadas por “la guerra” entre Ucrania y Rusia, a lo que se sumaron las “malas cosechas” en el norte europeo.

Respecto al futuro de eventuales exportaciones de malta al mercado europeo, Sayas consideró que se trata de “una excepción”, que “no sabemos cuánto durará, si esto vino para quedarse y luego va a desaparecer, o si el canal se instrumentará y será viable”.

En los últimos años la cebada sumó al mercado chino, que se transformó en un destino importante, y significó una nueva oportunidad de negocios para la cadena agrícola.

Altibajos y rindes

La evolución del cultivo de cebada en el campo uruguayo muestra ciertos altibajos en cuanto a la superficie de siembra y el rendimiento productivo, ya que en los años 90 hubo zafras en las que se superaron las 100.000 hectáreas (y en las que bajó a unas 54.000 hectáreas (1999/2000), según registros de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA).

En la zafra 2009/2010 el cultivo alcanzó unas 140.000 hectáreas y a la siguiente cayó a 62.000 hectáreas. Pero luego de llegar al máximo histórico de 190.000 hectáreas en la zafra 2016/2017, el área de siembra se mantuvo por encima de las 150.000 hectáreas, y este año marcó un récord de 218.000 hectáreas.

En cuanto al rinde de cebada, los datos de DIEA señalan que en la zafra 2020/21 llegó al pico de 4.791 kilos por hectárea, que representa la mayor cosecha promedio en el país. En la zafra 2021/22 el promedio llegó a 4.102 kilos. 

La productividad de ese cultivo tuvo un crecimiento en las últimas décadas, al pasar del escalón de algo más de 2.000 kilos por hectárea (kg/ha) a superar los 3.000 kg/ha, e incluso acercarse a los 4.000 kg/ha. En la zafra 2015/16 el promedio fue 3.840 kg/ha y en la 2018/19 se produjeron 3.813 k/ha.

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