El precio de fijación promedio de esta industria maltera fue de US$ 290 por tonelada; el 80% del volumen tuvo bonificación por proteína y el rechazo se ubicó en 6%
La campaña de invierno anterior dejó un resultado positivo en Uruguay, tras haberse registrado un incremento del área global y también en los volúmenes de producción. “Fue una campaña que nos dejó a todos sorprendidos”, dijo a VERDE la gerente agronómica de Ambev, Mariángeles Antenucci.
Si bien la compañía no alcanzó el objetivo de área de cebada que se había planteado, que era de unas 115.000 hectáreas, recibió un volumen de materia prima más que suficiente para atender la demanda de sus malterías.
“Existía una preocupación por la sequía que se había implantado desde el invierno, cuando comenzamos a analizar la posibilidad de importar cebada, pero los resultados se dieron vuelta y se alcanzaron rendimientos extremadamente buenos, que nadie esperaba”, recordó.
Esto le permitió a Ambev recibir unas 390.000 toneladas de cebada y con ese volumen abastece las necesidades industriales de Maltería Uruguay y Maltería Paysandú, y a además le queda un saldo exportable de 15.000 toneladas.
La relación entre temperatura y radiación fue determinante para los rindes. “El coeficiente fototermal que hubo se da una vez cada muchísimos años, lo que impactó favorablemente en la productividad y en calidad”, explicó. Además, el rendimiento agronómico promedio fue de 4.300 kilos por hectárea (kg/ha), “muy cercano al récord alcanzado en la zafra 2020/21, cuando llegó a 4.500 kg/ha. En tanto, el rinde de recibo fue de 4.000 kg/ha”, detalló.
Calidad y rechazos
La gerente agronómica de Ambev informó que la media general marca que se tuvo “una muy buena” calidad en la cebada recibida, aunque hubo variaciones según la zona. Además, los micromalteos también muestran que habrá “buena calidad” de malta, confirmó.
Por otra parte, comentó que el norte no tuvo problemas de calibre, “pero sí niveles de proteína más bajos”, porque el productor “no fertilizó pensando en cosechar 4.200 kg/ha”. Por otro lado, al agricultor que realizó aplicaciones de nitrógeno “la sequía le restó eficiencia. Y en otros casos, con la seca instaurada, se resolvió no realizar las correcciones correspondientes. Esos factores, y en un año en que la cebada rindió más de lo que se esperaba, hubo un impacto en la proteína”, acotó.
Al sur del río Negro, si bien los niveles de proteína fueron más altos, se vieron cebadas de menor calibre, pero “nada extremo”, y lo cosechado “estaba en línea con lo esperado”, dijo.
La media de proteína en la zona norte se ubicó en 10,6%, pero en los últimos años “no ha estado por debajo de 11%”, señaló; mientras que el sur culminó “con un promedio de proteína de 11%”. Las condiciones comerciales marcan que el rango óptimo de proteína se ubica entre 10,5% y 11,5%.
Sobre el nivel de rechazo, dijo que alcanzó el 6%. “Comenzó siendo más alto en el norte, pero luego se fue acomodando”, comentó. En esa línea, señaló que debido a las condiciones previas a la cosecha, Ambev decidió ajustar su estándar comercial a la realidad del productor.
“Esto le permitió recibir 15% más volumen, de lo contrario el nivel de rechazo habría alcanzado el 21%, y se hubiera focalizado en la zona norte, donde estuvieron los niveles más bajos de proteína”, graficó.
Precios y bonificaciones
Desde el punto de vista comercial dijo que “fue un año complejo, ya que durante la siembra se alcanzaron valores récord para la cebada, por encima de US$ 400 por tonelada. El productor fue cauto y no fijó demasiado”, puntualizó.
Luego los valores “comenzaron a caer”, aunque reconoció que –de todas formas– “siempre estuvieron por encima de la media de los últimos años”. Señaló que “durante todo el ciclo del cultivo estuvo en torno de los US$ 300 por tonelada, lo que permitió que la media general fuera buena”.
“Sobre el final de la cosecha los valores ajustaron a la baja”, al contrario de lo que ocurre normalmente, llevando a que entrando marzo todavía quede un “volumen abierto, que se ubica en torno del 10%”, comentó.
Antenucci recordó que se llegó a cosecha con un volumen de fijación de precios cercano al 40%. “En cosecha se avanzó fuerte, pero aún queda ese porcentaje de producción abierto. En esta zafra. El precio de fijación promedio de la cebada recibida fue de US$ 290 por tonelada, unos US$ 30 por encima de la media de la zafra anterior”. A eso hay que sumarle “el plus de proteína en los casos que aplicó” y también remarcó que en esta zafra los descuentos por residuos totales fueron “mínimos, casi insignificantes”.
En esa línea, sostuvo que el 80% de la cebada recibida tuvo bonificación por proteína, “un volumen importante”, dijo. Señaló que los materiales nacionales, que “habitualmente no reciben bonificaciones porque no llegan o se pasan de los valores de proteína comprendidos, este año las recibieron en un volumen importante”. En tanto, las variedades europeas “si tienen una proteína que ingresa dentro de los parámetros establecidos, siempre bonifican”.
El plan comercial de Ambev en 2022 marcaba que para la cebada nacional la bonificación en proteína comenzaba en US$ 4 por tonelada y podía llegar hasta un máximo de US$ 7,5 por tonelada; mientras que las variedades europeas comenzaban con una bonificación de US$ 5 y el máximo podía llegar hasta US$ 17 por tonelada, acotó.
Sostuvo que la zafra pasada fue “muy particular” por las condiciones climáticas, porque “si bien hubo productores que no alcanzaron la bonificación, no fue por falta de fertilización o mal manejo”.
Antenucci destacó que, a nivel general, “el productor utiliza cada vez mejor la tecnología y es más eficiente”. A su vez, “conoce mejor las variedades, y sabe cuándo es el mejor momento para aplicar, lo que redunda en mejores resultados productivos. Y todo esto se ve reflejado en los rendimientos que se van logrando”.
La próxima zafra
Por último, la gerente agronómica de Ambev dijo que aún no está definida la política comercial para esta nueva zafra, y adelantó que “el objetivo es llegar a mediados de marzo con la propuesta en el mercado”.
Sobre la superficie proyectada para la nueva zafra, indicó que la compañía tiene un área base de referencia, que se ubica en 115.000 hectáreas. “Con eso aspiramos a lograr una producción de cebada que permita satisfacer la demanda de las dos malterías. De allí para arriba no hay un tope, porque Uruguay es competitivo para producir y contamos con malterías en la región que pueden absorber ese excedente de cebada”, concluyó la gerente agronómica de Ambev.
La empresa pone su foco en la inocuidad, invirtiendo en la seguridad de las operaciones; se espera la extensión de la concesión para que las inversiones proyectadas sean viables
Terminales Graneleras del Uruguay (TGU) “apuesta a ser una terminal donde la inocuidad de los productos sea uno de los principales focos”, dijo a VERDE el gerente general de esa empresa, Fabrizio Solía. Anunció que “se está invirtiendo mucho en la seguridad de las operaciones, incluyendo los procesos y las personas, para que el grano que ingresa salga en las condiciones que tiene que salir”. A su vez, afirmó que TGU realizó inversiones orientadas a la modernización de toda la estructura de la red de protección de incendios, que demandaron más de US$ 2 millones.
Solía indicó que existen proyectos cuya viabilidad está supeditada a la extensión de la concesión hasta el 2042. “Ese expediente ya fue presentado en 2020 y estamos esperando las etapas finales del proceso”, dijo. La concesión actual va hasta el año 2029, pero esa prórroga –de concretarse– “nos aportaría el empuje final para poder realizar inversiones cuyo repago demanda de un tiempo más largo”, acotó el ejecutivo.
En 2020 TGU pasó a ser controlada por Neltume, empresa conformada por Ultramar, de Chile (60%), que opera varias terminales portuarias en Latinoamérica, y ATCO (40%), una compañía canadiense también vinculada al sector. El paquete accionario de TGU ahora se compone por Neltume (54%), Cofco (36%) y Barraca Erro (10%). “Ese cambio en el accionista mayoritario implicó modificaciones en la gestión, buscando apostar más a la calidad de servicios y a la seguridad de las operaciones, con un perfil de crecimiento vinculado a proyectos”, puntualizó.
Entre los proyectos se encuentra la construcción de una terminal destinada exclusivamente a granos para consumo humano, que estaría en la explanada sur del muelle de la Administración Nacional de Puertos (ANP). Dicha terminal “brindará condiciones de inocuidad y automatización únicas en Uruguay. La inversión alcanzaría los US$ 15 millones. La autorización de ese proyecto depende del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP), pero aún no hay novedades”, dijo Solía. A la vez, indicó que TGU tiene en vista otras inversiones para modernizar y crecer dentro de la instalación actual de la planta.
La capacidad de acopio de TGU es de 80.000 toneladas. Detalló que “en promedio, la capacidad alcanza para llenar dos buques de soja que cargan de 40.000 a 44.000 toneladas; o casi tres de trigo, que salen con 30.000 toneladas. Para la evolución del mercado y los buques que llegan a Nueva Palmira se cuenta con poca capacidad para una terminal de este tipo, por lo cual nuestro desafío es hacerla rotar la mayor cantidad de veces posible”.
Recordó que los tiempos de carga por buque se han mejorado muchísimo y que actualmente cuenta con dos cintas, una de 1.000 toneladas por hora (ton/hora) y otra de 1.200 ton/hora. TGU recibe convoyes de barcazas procedentes de Paraguay, esos granos se acopian y luego se carga a buques oceánicos. Por lo cual, que “las cintas sean de dos sentidos es una ventaja para lograr buenos tiempos de carga y descarga. Estamos aptos para atender todo tipo de granos”, afirmó.
Entre la importación, exportación y tránsitos, TGU ha movilizado un promedio de 1,1 a 1,2 millones de toneladas (Mt) por año en los últimos cuatro años. “Los tránsitos son fundamentalmente de mercadería paraguaya, puntualmente soja y maíz. En años normales pueden representar hasta el 40% del movimiento de TGU. Por eso nos preocupa el hecho de que Argentina quiera imponer peajes a las cargas que bajan por la hidrovía, porque le saca competitividad al complejo portuario de Nueva Palmira”, resaltó.
El ejecutivo destacó la diversificación de los granos recibidos. “Hace unos años el 75% del negocio era soja y hoy es el 50%. Con esto vamos evitando la estacionalidad y diversificamos el riesgo, ya que por cuestiones climáticas hay grandes diferencias de volumen entre una zafra y otra”, explicó.
Además de la soja, el negocio se compone en un 25% de cebada malteada procedente de Ambev, que se exporta a otras plantas de dicha compañía en Sudamérica. El trigo representa un 20% del volumen, y en este último año se sumó la canola. A propósito, dijo que “sabemos que es un cultivo que está creciendo, y diversificarnos nos lleva a estar preparados para abastecer las demandas del mercado”.
Solía confirmó que, por temas de infraestructura, TGU hoy no está apto para cargar fertilizantes, pero “teniendo en cuenta estratégicamente la opción de crecer y presentar nuevos proyectos, es algo que siempre está sobre la mesa y se analizan diversas opciones”.
El director general de Unicampo Uruguay dijo que en este período hubo una expansión del área y cambios en la estructura y productividad de los cultivos del sistema
La expansión del área agrícola y los cambios en la estructura y la productividad de los cultivos del sistema fueron destacados por el director general de Unicampo Uruguay, Esteban Hoffman, al ser consultado por VERDE. Enfatizó que en el sector agrícola “se observan transformaciones productivas muy significativas, que van desde el crecimiento y expansión del área hasta cambios en la estructura y la productividad de los cultivos que integran el sistema”.
Señaló que “en los últimos 15 años la superficie agrícola de Uruguay se multiplicó por tres y en lo que va de este siglo se multiplicó por seis”. Planteó que “15 o 20 años en la historia de un país no es nada, pero sin dudas hemos asistido a una modificación profunda del sistema agrícola”.
A su vez, Hoffman destacó que el crecimiento del área fue acompañado de una gran expansión de la superficie, y que se comenzó a realizar agricultura en zonas donde habitualmente no se hacía. “Detrás del crecimiento y la expansión del área creció un conjunto de servicios, sin los que ese proceso no sería posible”, señaló.
Recordó que el comienzo de la expansión fue “de la mano de empresas de capitales argentinos (básicamente), que comenzaron a cambiar rápidamente el régimen de relacionamiento con la tierra, desplazando velozmente el régimen de medianería dominante. El cambio en la tenencia de la tierra vino junto con el crecimiento de los valores de los arrendamientos y de la escala de producción”, puntualizó.
El director de Unicampo Uruguay, sostuvo que se empezaron a ver agricultores de gran escala “donde antes no existía la agricultura, y surgieron productores que no estaban en el rubro, que comenzaron a incorporarse al sector con este cambio veloz de la agricultura en el país, de la primera década del siglo XXI”.
Calificó ese crecimiento como “muy vertiginoso”, hasta alcanzar el pico de área agrícola en la zafra 2013/14 (ver Figura 1). En ese momento, hace 10 años, “definitivamente habíamos dejado de laborear y de rotar” con pasturas, “para crecer en área, algo que era imposible hacer laboreando”. Aclaró que “para no meternos o tentarnos a decir bajo un sistema de siembra directa, simplemente decimos que se creció no laboreando”.
El ingeniero agrónomo describió que el cambio del paisaje “fue evidente”, con el surgimiento y crecimiento de las empresas de servicios, las plantas de acopio, con nuevos sistemas de secado, carga y descarga, cambios en el transporte, en la dotación y tipo de maquinaria.
Además remarcó “la gran demanda de ingenieros agrónomos, donde algunos no llegaban a egresar recibidos de Facultad de Agronomía (Fagro)” y ya ingresaban al mercado laboral. “La propia matrícula de ingreso de Fagro se vio fuertemente impactada por este fenómeno de agriculturización”, recordó.
Con la soja como principal cultivo, “la agricultura se fue haciendo más intensa, pero en 2014/15, cuando superamos 1,6 Mhas agrícolas, la situación económica de los agricultores empezó a deteriorarse”, recordó.
A propósito, explicó que “sumamos dos zafras que no fueron las mejores en cuanto al clima, y comenzamos la rampa descendente de los precios, que comenzaron a bajar de manera significativa”.
Eso provocó, en primera instancia, una caída del área sembrada en verano, y luego la de invierno. “Durante un período corto la soja comenzaba a quedarse nuevamente sola”, dijo Hoffman. En esta etapa también “se desandaba el camino” de la expansión y en forma acelerada “comenzó a caer el área agrícola en los lugares a donde llegó por último, en el extremo opuesto del litoral oeste; en suelos de menor aptitud agrícola, que se deterioraban más rápidamente con el sistema de agricultura continua, donde se hacía muy pesado mantener la productividad, sumado a sus mayores cotos por estar más lejos de los centros de acopio”, acotó.
Así fue que en cuatro o cinco años “desaparecieron 450.000 hectáreas de la zona extra litoral, según el Observatorio de Oleaginosas (de la Mesa Tecnológica de Oleaginosos – MTO). Con eso la agricultura quedó circunscripta en pocos departamentos del litoral (Paysandú, Río Negro, Soriano y Colonia) y algunos departamentos de la zona centro y centro-sur de Uruguay (Flores y San José). En el momento de menor área durante la segunda década del siglo XXI, el 85% de la superficie agrícola se concentró en esos departamentos”, puntualizó.
Para Hoffman la nueva etapa (la actual) “comenzó en 2016/17, cuando nuevamente empezó a crecer el área agrícola, sobre todo de la mano de los principales cultivos de invierno (trigo y cebada), y surgió el otro gran y nuevo cambio agrícola, que nos diferencia en la región, cuando vimos alzar vuelo al área del cultivo de colza-canola, que comenzó su remontada en esa zafra”.
Si bien comenzaron a notarse “tímidamente” las pasturas en los grandes números del área agrícola, “el cambio concomitante y significativo de la ganadería está dado por el crecimiento del engorde a corral en interacción con la agricultura”, ya que ese planteo “demanda granos y reservas, sobre todo en el litoral oeste”, comentó.
También destacó que esta etapa “se caracteriza por el crecimiento del área de maíz, sobre todo la sembrada tardíamente, llevando a un fuerte crecimiento del área cosechada por año y por tanto a una mayor intensificación del sistema”.
Hoffman resaltó que en esta zafra 2022/23, “se batirá un récord de área total sembrada en un año”, aunque “lamentablemente no se cosechará en su totalidad”. Explicó que “surge a partir de las más de 900.000 hectáreas de invierno y le suma el área de verano que se ubicó entre 1,4 y 1,5 Mhas”.
Más allá de los cambios en logística, en parque de maquinaria que sigue transformándose, en los actores y las asociaciones que forman parte del sector, además de un fuerte ingreso de capitales uruguayos a la agricultura, Hoffman marcó otro fenómeno: “por primera vez en la historia del Uruguay el cultivo más sembrado en invierno ya no es un cereal, sino una oleaginosa”.
En los cultivos de verano “cambiamos rápidamente, con un crecimiento significativo en el área de maíz de segunda y una soja de segunda que cobran mayor protagonismo. Hoy tenemos por lo menos cinco componentes importantes en la estructura agrícola (sin contar a los cultivos de servicio como uno), que son, fundamentalmente dos cultivos de verano y tres fuertes de invierno”. En la misma línea se refirió a “la mínima área del sorgo, cultivo que ha quedado relegado fundamentalmente a los establecimientos lecheros o ganaderos”.
Hoffman afirmó que los cambios en la productividad en los cereales también han sido muy importantes. “Uruguay es un país que muestra una elevada productividad en cereales, ya no solo en trigo y cebada, sino también comienza a registrase en el cultivo de maíz, a pesar de nuestras condiciones agroecológicas no tan favorables”, comentó. Y remarcó que “la tasa de crecimiento del rendimiento nacional del maíz en Uruguay “actualmente es de las más altas del mundo”.
El director general de Unicampo Uruguay explicó que toda esta evolución “ha sido acompañada por el cambio drástico en el material genético, con eventos que se iniciaron con el RR en soja, seguido por la resistencia a insectos y hoy a otros herbicidas. Por ese camino transita actualmente el maíz”, acotó.
Agregó que el vademécum de fitosanitarios “se ha multiplicado y se ha hecho muy complejo, exigiendo mayor conocimiento y actualización de los ingenieros agrónomos”. Además, remarcó que los problemas emergentes, que caracterizan a esta fase que transita el sistema agrícola en la tercera década del siglo XXI, pasan por el lado de la nutrición.
“A las deficiencias de potasio, que son evidentes desde hace 10 años, ahora las acompaña la de zinc, e ingresamos necesidades de corrección de la acidez”, indicó.
También señaló que abarcan a las malezas, que en muchos casos han generado resistencia a distintos productos. Y en cuanto a plagas dijo que “han surgido algunas que antes eran integrantes beneficiosos del sistema”.
El asesor Juan Domenech analizó la evolución de ese sistema de producción, que tuvo como impulso el negocio de la cuota 481 y el papel protagónico de los frigoríficos
La evolución de los corrales de engorde como sistema de producción que hizo más eficiente a la ganadería, al tiempo que se convirtió en un destino importante de la producción de granos, con el papel protagónico de la industria frigorífica, fue analizado por Juan Domenech, asesor en producción intensiva de carne, directivo de la Asociación Agropecuaria de Dolores y director de Campo Shop.
Domenech comenzó su análisis diciendo que en el año 2007 “las dimensiones de los corrales eran mucho menores a las de hoy. Dietas y manejo se tomaron de otros países, como Argentina, pero con la diferencia que acá se utilizaba mucho sorgo, la dieta era más ineficiente que la de hoy. Luego “se empezó a usar mucho más maíz y las eficiencias se ubicaron de 7,5, 8, 8,5 a 1 (kilos de alimento para producir 1 kilo de carne), dependiendo de la categoría. No solo era un tema manejo, sino que fue cambiando el negocio, que hasta ese entonces era de cambio de categoría, y cuanto más kilos entraban mayor categorización del precio se daba a esos kilos”, explicó.
La cuota 481
Domenech recordó que “cuando apareció la cuota 481 cambió el negocio y fue donde se empezó incorporar el maíz, por la exigencia de calorías”. Además, señaló que “la cuota le dio previsibilidad de precios al negocio”.
A propósito, sostuvo que “en lugar de especulaciones” y de ser un negocio de cambio de categoría, “se empezaron a hacer negocios en donde había un precio a futuro y se hicieron más inversiones. Los corrales empezaron a crecer, también los corrales de la industria, y comenzaron a bajar los precios de los granos”.
Domenech agregó que, eventualmente, en años como el 2010, los granos de invierno se destinaron al uso forrajero, “porque perdieron calidad”. Recordó que se usó mucho trigo en las dietas de ese entonces. “El quiebre de precios ocurrió en la zafra 2014/15, sobre todo en la soja”, motivó que el agricultor tuviera que valorizar sus granos en carne. Ese fue un catalizador y hubo un incremento de los corrales de agricultores”, señaló.
Así “aparecieron muchos agricultores para transformar los granos en carne, con todos los beneficios que esto tenía para el país. Con un corral, los maíces de segunda se podían cosechar bastante antes, sino tenías que esperar hasta setiembre para cosecharlo”, recordó.
Bienestar animal
Domenech admitió que “el bienestar animal está muy sobre la mesa y ha evolucionado, sobre todo, dentro del corral, para darle confort a los animales, con los metros que necesitan”. Agregó que “hoy los corrales ya tienen una guía del metraje cuadrado que deben tener los animales para estar bien, y que no se genere el problema de barro que se da en invierno, porque la mayoría son a cielo abierto”.
También destacó la mejora de los corrales, tanto en verano como en invierno, porque “todo el mundo hace mantenimiento, no solo por bienestar animal sino porque al mantener los corrales durante el año se gasta menos”.
Recordó que “hace 15 o 20 años atrás los encierros eran muy estacionales, eran más de otoño, invierno y primavera, pero en verano ya no había casi animales encerrados. Eso evolucionó, y hoy se ven encierros continuos, que no paran, y durante el verano se les da cada vez más sombra dentro de los corrales”. También destacó que “hay regadores”, para refrescar al ganado”, y que se utiliza “más o menos 1,5 metros cuadrados de sombra por animal”.
Capitalizar el estiércol de los corrales
Consultado sobre cómo ha evolucionado el manejo de residuo de los corrales, cuando también se comienza a utilizar el biofertilizante en las chacras, Domenech dijo que “estamos con un seguimiento y ensayos, poniéndole bastante número al uso del estiércol de los corrales en las chacras. Muchos productores lo vienen utilizando sin tener el número exacto, porque se dan cuenta que sirve mucho”.
Comentó que antes el estiércol “era un gran problema”, pero “hoy ya no se lo ve como un problema, porque es un mejorador del campo. Es un fertilizante orgánico, con mucha materia orgánica, y los productores ya se han dado cuenta de todo su aporte; también por eso se hace un mantenimiento mucho más periódico”.
Domenech confirmó que el uso de estiércol de corral permite economizar en fertilización química, pero aclaró que todavía falta un poco de formación de los contratistas en este tipo de aplicaciones, porque “es lo más engorroso de todo esto”.
A propósito, agregó que es “muy voluminoso y no dan abasto, porque el tiempo para hacer esa aplicación en el barbecho es muy corto. Capaz que está faltando un poco de infraestructura, o que los corrales empiecen a comprar esas máquinas”.
Planteó los ejemplos de países donde este aspecto ha avanzado. “Si vas a Estados Unidos ves que todos los corrales tienen uno, dos o tres camiones estercoleros; en Argentina todos los corrales grandes tienen estercoleras y dan servicio a los vecinos que le compran por kilo; y en Brasil se vende, hay un mercado muy interesante”, destacó.
Capacidad estática y el futuro
Domenech estimó que la capacidad estática de los corrales en Uruguay “está en 291.000 cabezas, casi un 30% es de la industria”.
Sobre el futuro de esta herramienta, el asesor dijo que el sistema “vino para quedarse” y que “la prueba es que ha crecido muchísimo”. Señaló que el corral es una gran herramienta para enfrentar una seca dentro de un establecimiento ganadero, ya que permite “utilizar mucho mejor las pasturas, manejando carga, para poder preñar mucho más vaquillonas y vacas de segundo entore”.
Y agregó que también es “una herramienta para la industria”, que “es la pata más grande de los corrales”. A propósito, sostuvo que “los corrales más grandes que hemos visto en el mundo son o pasaron a ser de la industria. Para mí el ganado va a ser de la industria, después van a quedar los corrales de una estancia o el agricultor, que va a transformar el grano en carne. En algún momento le servirá transformar el grano en carne y en otros, como hoy, podrán vender el grano a buenos precios”.
También consideró que “el corral de los agricultores puede pasar a ser una herramienta para la industria. ¿Te imaginas el corral de un agricultor cuando hay precios interesantes para la carne y bajos precios para los granos? Allí hay una valorización de la producción agrícola”. Y por otra parte, cuando los precios de los granos son altos, “podrá brindar servicios para la industria” con el corral, dijo.
Demanda importantísima
Domenech consideró que toda la capacidad estática de los corrales ya “genera una demanda importantísima, de una categoría que ya es súper interesante para producir a pasto, que necesita llegar a 350 kilos, como mínimo, porque las carcasas que se piden son cada vez más pesadas”. Consideró que el sistema “se tendrá que seguir profesionalizando”, y que “va a haber más demanda de esa categoría de muy buen peso para llevar a pasto, incluso suplementando. Al haber demanda habrá buenos precios por esa categoría”.
Domenech recordó que hace 10 o 15 años “nos pedían un mínimo de 240 kilos” de carcasa para la exportación de carne. “Cuando empezamos a encerrar vaquillonas, hace 14 o 15 años, probamos un poquito para el abasto y mercado interno y obviamente eran carcasas de 200 kilos, de menos de 200 kilos. Después empezamos a dejar vaquillonas para la exportación, llegando a carcasas de 240 kilos, y hoy existe un porcentaje grande de vaquillonas en los corrales. Eso empezó a pasar por la falta de novillos para corral”, recordó.
La importancia de la genética
En cuanto al aspecto genético de los animales, Domenech comentó que “el importador se acostumbró a que cada vez le fueran entregando cortes más grandes. Obviamente que ese es un tema de costos fijos, pero también de calidad, por cómo se ve el bife en el plato”.
Señaló que la evolución fue de “por lo menos 20 o 30 kilos de carcasa, y se dió en el corral. No porque uno quiera y le guste, sino por la exigencia del mercado. En algún momento se había pedido carcasas que para nosotros eran súper pesadas, de 280 a 285 kilos, y hoy tenemos carcasas de más de 300 kilos. Esos son los negocios que no solo van por peso de carcasas, sino también calidad”.
Finalmente Domenech dijo que se está “estudiando mucho la alimentación. Podés darle 300 días de dieta con alta concentración de granos y hay animales que van a marmorear y otros que no. Ahí ya entra un tema genético, además de la alimentación desde el inicio, fetal, cría y recría”.
La competencia entre los exportadores, así como las exigencias de los consumidores finales en los mercados de alto valor, impulsan la demanda de este tipo de sellos
Las certificaciones de los productos agropecuarios de diferentes rubros, tanto en su etapa a campo como en el proceso industrial, se incrementan en Uruguay y el mundo, atendiendo las exigencias de la competencia y la demanda de los consumidores finales en los mercados de alto valor. También hay una evolución en los estándares de certificación, que empiezan a considerar otros factores, como el aspecto regenerativo y la huella de carbono.
Control Union Certifications ha centrado sus esfuerzos en desarrollar servicios entorno a la sostenibilidad de las cadenas de suministro de la industria, y tiene presencia en más de 70 países. Su función consiste en proporcionar garantías de que un producto, proceso, servicio u organización cumple los requisitos de la inspección o un estándar de certificación.
Chiara Perdomo es la responsable del área de Certificaciones de Control Unión Uruguay. Al ser consultada por VERDE sobre este tema, comentó que si bien “en Uruguay no es el área más importante de la compañía”, esta tiene un crecimiento “exponencial”, principalmente en el área textil, “rubro en el que somos líderes, más allá de las nuevas certificaciones que se están desarrollando”.
Dijo que la explicación se basa en que “aquí empezó más tarde, por las condiciones de producción del país, su tamaño y la confianza que los compradores del exterior tienen en Uruguay”.
Comentó que en Europa “hace muchos años que se está trabajando muy fuerte en certificaciones, así como en Estados Unidos, Canadá, Centroamérica y Perú. Ellos tienen una cantidad de sellos y esquemas de certificación desde hace mucho tiempo; están mucho más adelantados”.
Lanas certificadas
Perdomo comentó que “a finales de 2016 en Uruguay comenzamos con el RWS (Estándar de Lana Responsable, por su sigla en inglés) y en 2017 empezamos con el primer cliente, que fue Lanas Trinidad, y un grupo de productores”.
La ejecutiva recordó que “al principio el mercado no te pedía RWS, pero hoy en día sí, desde Europa y otras industrias te solicitan comprar lanas certificadas. Hoy en día en Uruguay, tenemos certificado por Control Union, industrias y barracas que cumplen con los requisitos de RWS y la cadena de custodia. Hay más de 800 campos certificados. El año pasado se exportaron unas 4.700 toneladas de lanas certificadas”.
El próximo paso de este sello será el aspecto regenerativo, dado que Textile Exchange el creador del estándar RWS, apunta a reducir las emisiones de CO2 de la producción de fibras y materiales textiles en un futuro.
La responsable del área de Certificaciones de Control Unión Uruguay explicó que “RWS tiene tres capítulos que son: bienestar animal, manejo de los suelos y responsabilidad social, seguido de todo lo que corresponde a cadena de custodia (segregación y trazabilidad una vez la lana sale del campo)”.
Perdomo remarcó que “cuando quedamos aprobados como RWS vino Textile Exchange invitado por Lanas Trinidad. Hicimos todo el recorrido y aprobaron el primer auditor en Uruguay para poder hacer RWS. Ese auditor fue el que después calificó en Australia, Sudáfrica y otros países”. Agregó que “acá manejamos certificaciones o hacemos auditorías en otras partes del mundo, como por ejemplo Estados Unidos, Inglaterra, las Islas Falkland, China, Argentina y Chile”.
Producción agrícola sustentable
Sobre las certificaciones en otros sistemas de producción, como la agricultura, Perdomo indicó que están trabajando en “producción sustentable”, que es “lo que pide Europa para lo que es producción de aceite o biocombustible, con el sello 2BSvs (Esquema Voluntario de Sostenibilidad Biomasa Biocombustibles)”. A propósito, informó que en Uruguay se está certificando colza, soja y girasol.
También se refirió a otro sello, que también es para Europa, el ISCC (Certificación Internacional de Carbono de Sostenibilidad, por su sigla en inglés), que considera el grano (2BSvs) y la etapa de procesamiento.
En cuanto a los requisitos para cumplir con ese estándar, detalló que “mayoritariamente la exigencia es deforestación cero”. Indicó que el estándar “pretende conservar las áreas que tienen alto contenido de carbono. Entonces, establece una fecha de corte, en este caso el año 2008 y en base a la misma se analiza el cumplimiento, que es uno de los requisitos de la certificación”.
A través de las imágenes satelitales se puede comprobar si las empresas certificadas están cumpliendo con las fechas de corte. Esto permite que no se requiera de una auditoría en el campo. “Esa es la ventaja que tiene 2BSvs frente a ISCC, que sí requiere auditoría en campo”, explicó.
Además, destacó que “lo bueno que tiene 2BSvs es el cálculo de los gases de efecto invernadero que se emiten en la producción, tanto en el cultivo, transporte y en la parte de almacenamiento en el caso de acondicionamiento en silos. Se exporta como sustentable con un valor de emisiones de efecto invernadero que emite cada cultivo en particular”.
“También trabajamos con certificación en agricultura responsable, para productos con fines como el biocombustible según los requisitos solicitados por Estados Unidos que tiene su propia normativa”, acotó.
Regenagri
Perdomo anunció que se está desarrollando el área de Regenerativo, otra certificación cuyo sello se denomina Regenagri. Se trata de un estándar desarrollado por Control Union en Inglaterra, que considera todo el manejo que se realiza en el campo, como también la cadena de custodia hasta el producto final.
En cuanto a las aplicaciones, “se hace un plan para reducir las emisiones y aumentar lo que se capta. En Uruguay tenemos tres empresas que están testeando para empezar a hacerlo. En otras partes del mundo ya hay certificados emitidos en agricultura, ganadería y fibra”, informó.
Agregó que se trata de un estándar que está muy asociado a la huella de carbono. “La certificación es por tres años, y en ese período tenés que mejorar los resultados, en base a planes de acción”.
La huella de carbono
La demanda de certificaciones de huella de carbono se está incrementando en Uruguay, confirmó Perdomo. “Nos consultan mucho, ya que puede encontrarse en distintos esquemas. Puede ser como la ISO 14064 o la ISO 14067, dependiendo el alcance requerido, si es el producto o la organización, señaló sobre este asunto.
Detalló que “siempre en los primeros pasos de la certificación se puede hacer la verificación, y cuando se calculó y hay seguridad de que todo está correcto, el ente certificador verifica, comprueba y certifica que ese cálculo está bien. Desde ahí ya se puede comenzar a comercializar”.
La responsable del área de Certificaciones de Control Unión Uruguay también se refirió al sello FSA – SAI (Evaluación Sostenible de Establecimientos – Iniciativa Agrícola Sostenible, por sus siglas en inglés). Lo describió como “un estándar de sustentabilidad, que en Uruguay lo estamos aplicando para arroz, viñedos, azúcar y lechería”. Refiere a “prácticas sustentables”, y la certificación “siempre atiende a toda la cadena, desde la producción a campo hasta la industria.
“En la parte de campo es bienestar animal, manejo de suelos y responsabilidad social. Hay distintas categorías de lo que se cumple y se da un premio: bronce, plata y oro. Y el cliente decide a quién le compra, sabiendo cómo están evaluados”, detalló. En ese sentido, sostuvo que, “debido a la competencia, todos necesitan estar certificados para tener mejores posibilidades de ingresar al mercado”.
TGM, con 13 metros de profundidad, permite cargar 66.000 toneladas o incluso más, dependiendo del buque; la empresa inaugura un nuevo muelle con acceso desde tierra
El aumento gradual del calado del puerto de Montevideo “le permitió a la Terminal de Graneles de Montevideo (TGM) posicionarse como puerto de completamiento (top off) de la hidrovía Paraná-Paraguay-Uruguay-Río de la Plata, favoreciendo la carga de buques Panamax e incluso los PosPanamax”, dijo a VERDE Agustín Idoyaga, gerente general de esa compañía. Agregó que los clientes “han apostado a la alternativa de almacenar y embarcar por TGM, porque brinda más eficiencia a la exportación de granos del Uruguay”.
Actualmente el puerto de Montevideo llegó a un calado de 13 metros, tanto en el canal de acceso como en el puesto de atraque. Con esa profundidad “los exportadores de granos pueden hacer contratos de 66.000 toneladas más–menos un 10%”.
Previo a este escenario, los contratos se hacían por 57.000 toneladas más-menos 10%, “lo que implicaba alcanzar en el mejor de los casos un máximo de 63.000 toneladas”. Hoy, de entrada se puede llegar a cargar 9.000 toneladas adicionales, alternativa que está disponible a partir de este año.
“Esto le brinda al vendedor del barco la posibilidad de ingresar al tipo de contratos más tradicionales y difundidos que tiene el negocio de granos a nivel internacional. Esto favorece la comercialización de cada tonelada uruguaya”, porque el charteador puede “diluir los costos del flete en más toneladas, adquiriendo así un mejor precio”, comentó.
Idoyaga recordó que hasta hace poco tiempo atrás “los barcos debían completarse en Bahía Blanca y Necochea (Argentina)”, pero hoy se puede cargar en Nueva Palmira y completar en Montevideo, por lo cual se puede vender “soja full uruguaya”.
Agregó que un buque Panamax completo carga unas 66.000 toneladas de granos, y que el ingreso de estos barcos le permite a Uruguay competir con los puertos de referencia en top off, como Bahía Blanca, Necochea y el sur de Brasil, “prácticamente que de igual a igual”.
Sostuvo que actualmente también “hay barcos que cargan en Argentina y completan en Uruguay”, algo similar a lo que ocurre con la producción uruguaya “que puede cargar en la terminal de Nueva Palmira y completar en Montevideo”.
Idoyaga sostuvo que este nuevo nivel de calado en el puerto de Montevideo, junto al incremento de la producción, motivó que “durante 2022 TGM superara 1 millón de toneladas cargadas, que es un volumen récord”.
El ejecutivo también destacó la diversificación de productos que ha incorporado la agricultura, lo que repercute en la actividad de la terminal, que inicia el año con trigo, cebada y canola, luego sigue el arroz –que representa un 20% del movimiento– y a partir de mayo se comienza a embarcar la soja; después vuelve el arroz y los cultivos de invierno. “Es un trabajo continuo y la operación es totalmente sustentable”, valoró.
Sobre la posibilidad de contar con el ferrocarril en TGM, explicó que “se cuenta con un diseño que contempla esa posibilidad”, pero “hasta el momento las plantas de acopio cercanas a la vía no tienen la infraestructura para cargar en ferrocarril”.
De todos modos, Idoyaga adelantó que ya fue presentado en la Administración Nacional de Puertos (ANP) un plan para construir un ramal, con la instalación del equipamiento para ese tipo de descarga, pero el avance y las inversiones dependerán de los volúmenes para un negocio apropiado”.
NUEVO MUELLE
Por otro lado, Idoyaga explicó que TGM finalizó la construcción de otro muelle (TGM 2), dragado a 13 metros de profundidad, con acceso desde tierra. “Permitirá cargar y descargar todo tipo de productos, menos contenedores, algo que antes no se podía realizar, por las características del muelle de TGM 1, que está en la bahía de Montevideo. Esto nos abre un abanico muy interesante de negocios, porque se podrá operar con fertilizantes, madera, celulosa, algunos productos líquidos y todo el abanico de graneles”.
Martín Secco, ex CEO global de Grupo Marfrig, destacó el incremento de los terneros, la baja de la edad de faena, el rol de los corrales y la mayor dinámica comercial
El ex CEO de Marfrig a nivel global, Martín Secco, destacó a VERDE que en Uruguay hubo “un cambio muy importante a nivel de productividad”. Planteó estar convencido que la forma de ser sustentable para enfrentar la matriz de costos “es con mucha producción”, y que en los últimos tiempos se ha dado un aumento de esa productividad, que se ve en algunos indicadores relevantes. En ese sentido, marcó el ejemplo de la edad de faena y el aumento de la producción de terneros.
Al respecto puntualizó que “seguramente este año vamos a tener un retroceso por razones climáticas, pero hubo una cantidad de factores que han sustentado ese crecimiento, como mayores oportunidades de comercialización. Si ese era un factor negativo para el productor en el pasado, hoy las alternativas comerciales son muy importantes”.
También señaló que “hay una dinámica muy importante en la comercialización del punto de vista de los remates de pantalla, exportación de ganado en pie, los negocios entre productores, que son mucho más dinámicos. Estos son algunos de los aspectos de avances. Racionar y suplementar animales en edades tempranas fue un factor que se incrementó mucho en los últimos años”.
La genética como sostén
Secco, quien en la actualidad se desempeña como empresario agropecuario, consideró que a pesar de que Uruguay tiene en su ganadería una base “extremadamente sólida y reconocida”, el principal sostén es la genética.
Puntualizó que “la ganadería es un proceso de pocos cambios, porque el negocio es muy tradicional. No obstante eso, en Uruguay hubo algunos elementos positivos que fueron importantes en los últimos años, que demuestran un crecimiento en muchos aspectos”.
Destacó especialmente que “la genética está siempre en progreso en Uruguay, a pesar de tener una base extremadamente sólida y muy reconocida”, al tiempo que planteó: “creo que es el principal sostén de nuestro reconocimiento en el mundo”.
Lo que queda en el debe
Secco indicó que “para el futuro me gustaría ver un cuadro sanitario más estable del que tenemos hoy a nivel del rodeo en general. Uruguay ha hecho un trabajo fantástico a nivel de la fiebre aftosa, pero en otras enfermedades nos queda mucho por transitar. A pesar de los esfuerzos públicos y privados todavía tenemos cosas que compiten contra nuestra productividad, tanto en el sector vacuno como en el sector lanar”.
El empresario dijo que tiene “una gran expectativa en el proyecto de erradicación de la mosca de la bichera. Ese sería un salto extremadamente positivo para la producción agropecuaria”.
Con relación a los desafíos que se plantean a futuro para las carnes que produce Uruguay, Secco dijo que “el sector ovino enfrenta más problemáticas, fundamentalmente por los temas de acceso a mercados. No tengo un panorama claro para saber cómo se va a dilucidar esa situación comercial, pero si no mejora afectará al rubro en forma significativa”. En vacunos, consideró que “más allá de un segundo semestre muy confuso durante el año pasado, creo que las cosas están dadas para seguir creciendo en producción, faena y en volumen de exportación, y por ende en divisas para el país”.
Secco comentó que otro aspecto a resaltar es el aumento del área mejorada y una gran asociación con el sector agrícola, ya sea en la rotación de los cultivos o para el consumo interno de productos agrícolas, sector al que veo extremadamente estable y muy sólido”.
Consultado sobre cuál es la imagen que tiene Uruguay a nivel global, analizó que “el país es visto como un caso un poco atípico por las grandes empresas de la carne del mundo. Minerva, por ejemplo, anunció su intención de ampliar su producción en Uruguay, y no es por el volumen. Para producir volumen las empresas apuntan a Estados Unidos, Brasil, Paraguay pero desde el punto de vista del prestigio, de la calidad, Uruguay es muy llamativo, así como desde el punto de vista de la seriedad institucional. Las autoridades sanitarias uruguayas son muy reconocidas y eso es algo que los clientes valoran y reconocen”.
La importancia de las certificaciones
Agregó que Uruguay es un lugar de atracción para esas inversiones. “los productores avanzaron en algunas certificaciones que son muy importantes al comercializar en el mundo, tanto de carbono neutro, certificaciones orgánicas o certificaciones de producción natural. Porque, más allá de la creencia que puedan tener las personas de un producto carbono neutro, hay muchos consumidores a los que esos sellos les dan una garantía adicional al origen y a la trazabilidad, y eso no sucede en todas las ganaderías del mundo”.
Secco confirmó que “tanto el consumidor como los agentes que comercializan el producto, por ejemplo los supermercados, son cada vez más exigentes en algunos aspectos que lo vuelven a Uruguay atractivo frente a otros países exportadores de carne”.
Dijo que certificar procesos “es una ventaja”, sobre todo porque se puede hacer “de manera muy uniforme”. Planteó que “quizás otros países tienen alguna región que lo puede hacer, pero no a nivel nacional. La desventaja de tamaño y de volumen se compensa con esos desafíos que pueden ser cumplidos en Uruguay. Todo eso le da valor agregado, diferenciación en precio, y esos son márgenes adicionales que toda la cadena productiva retiene”, enfatizó.
La expansión de Minerva
Sobre la reciente compra del frigorífico BPU por parte de Minerva Foods, Secco dijo que “no es una preocupación” la concentración de la industria frigorífica. “Si uno ve los lugares en donde la industria tiene más competencia, más libertad, es donde está altamente concentrada, como por ejemplo Estados Unidos; por eso no veo que sea un problema”, sostuvo.
De todos modos, dijo que “por supuesto hay que tener un límite, pero no lo veo como un problema. Lo que veo como un problema para la industria es que tiene una capacidad instalada que es bastante superior a la oferta, y que ha estado realizando inversiones para ampliarla cuando veíamos números alentadores del stock. Lamentablemente este año eso se va a cortar, pero soy optimista”.
Los corrales
Sobre las perspectivas de la producción de carne en corrales de engorde, Secco indicó que “ese sería otro punto a destacar como uno de los cambios de estos últimos años para el aumento de la productividad. Hemos tenido ahora un parate, pero creo que es una herramienta fundamental, que vino para quedarse, bajando la edad de faena y aumentando la extracción”.
Agregó que, “más allá de que la industria y los productores están buscando un nicho de calidad para esos cortes, el corral ha sido una herramienta fantástica y que seguramente se va a seguir expandiendo, tanto a nivel de encierros importantes, con gran número de animales, como también a nivel de productores que tienen un corral o un semiencierro, para aumentar la velocidad de su producción”.