El productor Alessandro Mietto tuvo pérdidas totales de la oleaginosa y del 60% del tubérculo sembrado en diciembre, que le ocasionaron un gran impacto económico
El productor agrícola Alessandro Mietto, integrante de la empresa familiar Vicentina, indicó que en la zona se tuvo una zafra de verano para el olvido. La sequía le ocasionó pérdidas totales del cultivo de soja y una importante merma en la producción de papas. Resaltó a VERDE que por primera vez en la historia las sojas en la zona de Libertad (San José) tuvieron rendimiento “cero, ni un grano sacamos”. Confirmó que su empresa sufrió cuantiosas pérdidas, pero ya piensa en pasar la página y plantea la necesidad de que el precio de las semillas no “se vaya a las nubes” y que los proveedores “acompañen al productor” a salir de esta crisis.
Mietto confirmó que en la zona de Libertad este fue el tercer verano seco y el invierno anterior a este verano también fue deficitario en lluvias. Estuvimos dudando de esos cultivos de invierno que, al final, por la amplitud térmica que hubo, rindieron bastante bien”.
Recordó que incluso tomó una fotografía de una grieta en la chacra de cebada. “Plantamos totalmente en seco los cultivos de segunda”, porque el cultivo de invierno “había extraído todo lo que quedaba de humedad”, señaló. Recordó que a fines de diciembre llovieron unos 35 milímetros, lo que permitió que se implantara la soja. “De ahí en adelante prácticamente no llovió más, hasta marzo”, agregó.
Mietto describió que normalmente la soja en los campos que se siembra sobre rastrojo de trigo o cebada, nace entre las pajas y cuando supera esa altura se despliega en la hoja y se empieza a ver el campo más verde. Pero en esta zafra observó que la soja incluso “empezó a decrecer, se volvió a meter dentro del rastrojo”, dijo.
Agregó que poco tiempo después se empezaron a encontrar plantas muertas, hojas deshidratadas y quemadas. «Hasta principio de febrero se anunciaban lluvias, y teníamos esperanza, pero siguió totalmente seco y por primera vez en la historia los cultivos de verano tuvieron rendimiento cero. Ni un grano sacamos”, lamentó. Y comentó que no sembró maíz por los pronósticos de sequía.
Señaló que en su empresa toda la soja que sembró fue de segunda, sobre colza, cebada y trigo. Y que los resultados de la soja de primera en esa zona de San José «fue un poco mejor», pero los rendimientos de todas formas fueron “muy escasos” y “la mitad es de mala calidad”. Entonces también fue malo para la soja de primera. En el caso nuestro era todo soja de segunda, sobre colza, cebada o trigo”.
Explicó que la soja que se sembró después de la colza no produjo “nada” y lo que se hizo sobre trigo o cebada “se pudo enfardar”. El productor precisó que en su zona “los campos son muy buenos y habitualmente se esperan más de 3.000 kilos por hectárea, incluso en los años buenos se pueden obtener hasta 4.000 kilos, pero este año fue cero”.
Zafra de papa
La empresa de Mietto también es productora de papa, cultivo que no soportó la ola de calor de tres o cuatro días por encima de 40 grados. “Era algo que no habíamos visto, y no hay planta ni persona que aguante esa temperatura”, sostuvo el productor.
Agregó que la papa que se sembró en diciembre, si bien tenían riego por goteo, “después de cierta temperatura no tuberiza”, y ese cultivo tuvo un rendimiento que fue “40% de lo esperado”. Sobre el potencial productivo de ese cultivo dijo que puede alcanzar los 30.000 kilos por hectárea, pero este año se obtuvieron solamente 12.000 kilos.
También señaló que las altas temperatura generaron las condiciones para que ocurra “un ataque de trips” que fue “impresionante”, además de insectos de suelo, que “perjudicaron la calidad de la papa”. Y fue enfático al señalar que la cosecha de papa “fue un fracaso”.
Costos y pérdidas
Consultado sobre el costo de una hectárea de papa, Mietto respondió que depende si la semilla es importada o no, del riego y algunas prácticas de manejo. Pero indicó que los costos se ubican entre US$ 8.000 y US$ 12.000 por hectárea. Y estimó que las pérdidas de este año para muchos productores rondaron los US$ 6.000 por hectárea.
En el cultivo de soja las pérdidas también fueron importantes. “Con los fardos que salieron por hectárea algo se moderó, pero es un año complicado”, reconoció el productor. Y agregó que “lo peor es el poco ánimo que teníamos por la seca, ver los cultivos cada vez peores, no ver un horizonte claro de mejoría. En marzo llovió algo y a esa altura ya habíamos dado por perdida la soja. Los campos se habían mineralizado, tenían mucho nitrógeno, y con poca lluvia reverdeció todo. Al ver los campos verdes nos dio ánimo, pero en realidad la situación no había cambiado nada”.
Afirmó que “la seca no terminó, no hay una aguada que se haya recuperado, están totalmente secas, como en enero o febrero. Sobre principios de mayo estamos regando la papa, porque falta agua. Estamos sembrando 50 hectáreas de colza y haciendo un laboreo superficial, para hacer cama de siembra, tratando de captar toda la humedad disponible”.
Dar vuelta la página
Pero el productor reflexionó que a los agricultores “no nos queda otra que seguir. Por suerte la agricultura da revancha en períodos relativamente cortos. En seis meses tienes la oportunidad de tener un resultado mejor. Lamentablemente los precios actuales de colza y cebada han bajado y no son tan atractivos. Lo más cerca que tenemos es plantar algo de invierno para tratar de llegar a fin de año y tener algo de ingreso”.
Consultado sobre si esta situación lo llevará a cambiar el área de siembra de cada cultivo, respondió que “venimos con una rotación bastante estable. En papa andamos en unas 200 o 250 hectáreas por año. En cultivos de verano depende si arrendamos un poco más o menos, pero sembramos unas 700 u 800 hectáreas de soja y maíz, de acuerdo a las perspectivas del año”.
Agregó que desde 2002 en invierno “hacíamos puente verde o cultivo de servicio, pero hace unos años los estamos cambiando por cultivos de invierno, que al menos pueden rentar algo, por eso estamos haciendo cebada, colza y el año pasado hicimos trigo”. Aunque explicó que “este año no vamos a hacer trigo, porque vamos a priorizar recibir los rastrojos antes; y esperar que tengamos posibilidades de conseguir semillas de soja o variedades probadas en Uruguay”.
Oferta de semillas
El productor también se refirió a la decisión del Instituto Nacional de Semillas (Inase) para bajar los niveles de germinación, a pedido de los semilleristas. Mietto dijo que espera “que se puedan obtener semillas con buen poder germinativo, de variedades probadas, y que no se recurra a importar lo que haya de donde sea, sin saber cómo es la variedad”. Algo que podría determinar otro “fracaso”, advirtió.
También planteó que espera que los precios de las semillas de soja y maíz “no se vayan a las nubes”, aunque reconoció que “es difícil que los precios se mantengan bajos, porque también Argentina sufrió la seca”, y la menor oferta suele hacer que aumenten los precios”.
Planteó que será un año complicado para toda la cadena y que es de interés para todas las partes que esta situación se revierta rápidamente. “El productor va tener que trabajar el tiempo necesario para recuperar las pérdidas, pero también los proveedores van a tener que acompañar al productor. Las regalías también sería interesante que acompañaran. Uruguay es el país de la región que más respeta la propiedad intelectual, pero me parece que se va un poco de las manos lo que pretenden cobrar por tecnología que en muchos casos va perdiendo trascendencia”, sostuvo.
A propósito, se refirió al caso del maíz. “Antes la semilla valía US$ 100 por bolsa, después vinieron los eventos y cada vez que aparece uno nuevo le ponen US$ 30 o US$ 40 arriba. Eso hace que se inflacione el precio. Pagas por resistencia del glifosato y el glifosato es cada vez menos eficiente. A la resistencia a insectos hay algunos que se les escapan. En definitiva, el productor está pagando por una acumulación de eventos que al productor le dan poca cosa. Estaría bueno que cuando salga un evento nuevo lo cobren, pero cuando deja de funcionar no lo cobren más”, concluyó.
Elizabeth Misa, directora de frigorífico Las Moras, analizó el panorama de los mercados, destacando el rol de la cuota 481 y de EEUU, y cuestionando a la exportación de ganado
El panorama de los mercados para la colocación de la carne uruguaya, los vaivenes de precios, las tendencias de la demanda, la exportación de ganado en pie y un nuevo emprendimiento vinculado con los suelos regenerados fueron algunos de los temas a los que se refirió la directora del frigorífico Las Moras, Elizabeth Misa, en diálogo con VERDE. Señaló que “el mercado de la carne no escapa a la realidad mundial”, por la “variabilidad” de precios, que es como “un gran sube y baja”.
Misa consideró que “China aprendió la lección de no depender de pocos proveedores”, y estuvo concentrada en “ampliar la cartera” de abastecedores de carne para sus consumidores. “Abrió la puerta para que entraran más jugadores”, y “ahora hay que competir en diferentes situaciones”, porque “no todos los proveedores tienen las mismas condiciones”, especialmente en los costos industriales y de la materia prima, entre otros, comentó.
La ejecutiva recordó lo sucedido en febrero pasado, cuando Brasil tuvo un caso de la enfermedad conocida como vaca loca, justo cuando varios exportadores uruguayos participaban de la feria internacional Gulfood, en Dubai, Emiratos Árabes Unidos.
Los operadores chinos que estaban en esa exposición “en ningún momento perdieron la calma”, tenían stock y “no salieron a comprar”, salvo algunos días puntuales, pero “hoy están comprando de forma mesurada” y con precios “parecidos” a los de 2018 y 2019, “no están en la montaña rusa de valores de los últimos dos años”, y “tienen otros proveedores”, explicó.
En 2022 China representó el 55% del monto total de las exportaciones, con US$ 1.767 millones, mientras que en volumen abarcó un 63% del total, lo que supuso unas 338.166 toneladas embarcadas hacia ese destino, según datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC).
DESTINOS
Respecto a otros mercados, Misa dijo que Europa estuvo “bastante deprimida”, luego tuvo un momento en el que los precios de los cortes dentro de la cuota Hilton aumentaron y después bajaron nuevamente, pero está “muy afectada por la guerra” entre Ucrania y Rusia, especialmente en los costos de la energía, lo que repercute en varias aristas.
La empresaria destacó la importancia de poder contar con un cupo exclusivo para la exportación al viejo continente de carne uruguaya producida a grano. “Les gusta ese producto, lo defienden, creo que es lo único en lo que le ganamos a Argentina en popularidad, pero no tenemos un cupo exclusivo”, ya que la cuota 481 es compartida con otros países y se reduce cada vez más el volumen, debido a que Europa resolvió darle mayor cantidad a Estados Unidos, dijo. Recordó que eso se debió a la compensación que tuvo que hacer la Unión Europea a los exportadores estadounidenses, tras un acuerdo entre ambas partes en 2019, que supone un incremento anual en la participación de Estados Unidos en el total.
Con la evolución de los corrales de engorde en Uruguay, “el tipo de producción y el quiebre de stock que tenemos”, un ingreso exclusivo en Europa “sería una buena salida para todos, pero con la Unión Europea es un camino difícil de recorrer, porque hay mucho proteccionismo”, consideró.
Otro factor que juega en la demanda europea es la tendencia a no comprar carne de Sudamérica, con el argumento de evitar el mayor consumo de combustibles fósiles que son requeridos para el transporte, ya sea en aviones o en barcos, señaló la directora de Las Moras.
Sobre el mercado norteamericano, Misa señaló que Estados Unidos fue el único destino que “no tuvo estridencia en ningún momento”, y actualmente sigue con “estabilidad” en su demanda y precios. Estados Unidos es “un buen mercado, tenemos un tema de cuotas y gran parte se termina exportando fuera de cupo, algo que nos resta competitividad” frente a otros proveedores.
Los exportadores de carne uruguaya tienen acceso preferencial en ese país, mediante un cupo con rebaja arancelaria para un volumen anual de 20.000 toneladas. Por fuera de ese cupo se debe pagar 26,4% de arancel aduanero.
Brasil ingresa al mercado estadounidense a través de la cuota denominada Otros países, que totaliza 65.000 toneladas. Argentina cuenta con una cuota de 20.000 toneladas, Nueva Zelanda tiene 213.000 toneladas de cuota y Australia cuenta con un cupo de más de 448.000 toneladas, pero a diferencia de otros proveedores, Australia cuenta con un tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos y no paga aranceles por fuera de cuota.
El bloque compuesto por Estados Unidos, Canadá y México se ubicó en el segundo lugar entre los principales mercados para las exportaciones cárnicas de Uruguay en 2022, con un 15% del monto total, lo que sumó unos US$ 485 millones, indican los registros del Instituto Nacional de Carnes (INAC).
Misa recalcó su visión respecto a que los precios de la carne tenderán a una “estabilidad” este año, lo que es “más saludable para todos” los actores del sector, en el entendido de que no es lo adecuado cuando se dan situaciones de cambios bruscos en los valores, acotó.
Un asunto que en los últimos años generó discusión entre los distintos actores del sector ganadero y cárnico es la exportación de ganado en pie. Los productores defienden ese negocio como una alternativa comercial a la demanda de la industria frigorífica local, mientras que los industriales advierten del impacto negativo que tiene la falta de materia prima para mantener su actividad y atender la demanda de carne.
Al respecto, Misa declaró: “no puedo creer que prefiramos exportar (ganado) en pie”, en lugar de “generar recursos y agregar valor en el país”, que representa “mucho más divisas para el Ministerio de Economía y el derrame que genera dentro de la economía” uruguaya. “No quiero ni pensar en 15.000 personas en el seguro de paro, lo que puede significar” para Uruguay, advirtió.
GANADERÍA REGENERATIVA
Recientemente el frigorífico Las Moras emprendió un desafío innovador que implica el desarrollo de un sello de certificación de carne producida en suelos regenerados, para posicionar el producto en el mercado europeo, como una respuesta a los reclamos de los consumidores sobre la sustentabilidad ambiental y el calentamiento global.
Junto con la empresa Pampa Oriental y el instituto Savory, el frigorífico inició un programa de suelos regenerados para lo cual invitó a productores ganaderos que ya trabajan en la producción de carne orgánica, comentó.
Dijo que en este trabajo se miden ciertos aspectos del suelo y la biodiversidad y se contrastan con “resultados reales”, lo que incluye el estudio de la retención de agua en los suelos, de la captura de carbono y el control de las emisiones de metano, entre otras características del lugar. El productor que decide apostar a este tipo de emprendimientos requiere de algún tipo de “retorno”, porque “esto es por plata”, indicó.
Misa destacó que el proyecto ha tenido “bastante suceso”, aunque aclaró que “no son muchos kilos” y que “hoy no tiene una diferencia de precio”. Además, reconoció que más adelante este emprendimiento deberá tener un diferencial de precio para el productor y la firma comercializadora del producto de origen netamente pastoril, respetando los ciclos y los tiempos de la naturaleza. “Hoy se faenan novillos o vacas, no es como el cupo Hilton” que limita las categorías de vacunos y los cortes de carne, sostuvo.
La directora de frigorífico Las Moras también valoró el “entusiasmo” generado en este trabajo, más allá del impacto provocado por la sequía entre fines del año pasado y los primeros meses de 2023.
De hecho, Las Moras fue una de las empresas pioneras del sector cárnico en tomar la determinación de generar un plan productivo en ese sentido, mediante la certificación con el sello denominado Land to Market para la marca Morus. Este trabajo fue divulgado por el frigorífico en noviembre del año pasado, en conjunto con Pampa Oriental, que a su vez forma parte de la red global del instituto Savory.
El gerente de Garmet analizó el panorama productivo que dejó la sequía para la soja, se refirió a las próximas zafras agrícolas y a la evolución logística y tecnológica de la empresa
Ruben Silvera ruben@infoagro.com.uy
las empresas agrícolas “tenemos un desafío enorme para los próximos 12 o 24 meses”, sostuvo el gerente comercial en Garmet, Santiago Morelli, durante esta entrevista con VERDE. Al analizar la situación que dejó la sequía, afirmó que “no está en discusión que estamos ante el peor año productivo para la soja en el país”. Asimismo, señaló que el desafío estuvo en poder cumplir con los compromisos de exportación a China. Sin embargo, dijo que al agro es necesario mirarlo “en modo película, no como una foto”. En tal sentido, sostuvo que “es importante entender que este negocio es de largo plazo”.
Para Morelli “la forma de salir de esto es produciendo” y sostuvo que “estamos sufriendo, porque estamos en el mismo barco que el productor; por eso siempre buscamos soluciones empáticas”. Admitió que en Garmet “la cantidad de lotes que llegaron con malezas cuarentenarias nos generó ciertos desafíos logísticos y un incremento de costos”.
A propósito de la zafra de invierno que inicia, consideró que “se va a consolidar una caída del área de canola, por el retraso que tuvo la cosecha de soja” y por “el cambio en los precios”. Analizó que “el pronóstico de año Niño puso en duda la siembra de algunos lotes de cebada, por su posible impacto en la calidad”, y consideró que “el área de trigo va a crecer, como el año pasado”, algo que calificó como “lo más lógico, por la rusticidad del cultivo”.
Por otra parte, visualizó que “gran parte” del área de cultivos de verano que se pueda sembrar, “por rotación irá a maíz, y el resto a soja de primera”, señalando que habrá récord de importación del cereal y subproductos, para la alimentación animal.
¿Cuál es su percepción sobre la zafra de verano que está terminando?
Se terminó consolidando lo que veíamos que iba a pasar. No fue novedad lo que pasó cuando entraban con las cosechadoras en los campos. Aún es temprano para tener el balance final por lo retrasada que se dio la cosecha. En los primeros días de mayo se estimaba un avance de cosecha del 25%, cuando en años normales en esa fecha se supera el 60%. Los cultivos estaban muy desparejos, con chauchas verdes y otras secándose. Eso motivó que dentro de una misma chacra se recortaran las partes más parejas, maduras, dejando para cosechar después el resto. Y en otros casos se atrasaba el ingreso a la chacra para esperar que se terminaran de formar todos los granos. A nivel país se está consolidando una campaña muy mala, con promedios que –dependiendo de la zona– rondan los 800 o 1.000 kilos por hectárea. Pero ha sido importante hacer doble clic a quienes hemos estado consultando, para saber si dentro de los rendimientos estimados están incluyendo el área no cosechada, que este año ha sido muy importante con relación a otros. No es lo mismo que nos digan que rindió 1.200 kilos cuando no se cosechó el 15%, que nos digan ese mismo kilaje con una superficie no cosechada por encima de 30%. Eso es importante para saber dónde estamos parados. Estamos dimensionando el problema, tanto de volumen, calidad y lo que ha sido el cumplimiento de contratos y la recompra de los contratos de aquellos que no pueden cumplir con el volumen que tenían vendido. Estamos ante el peor año de rinde en el país.
El atraso de cosecha agregó más costos logísticos, ¿cómo se fue trabajando con esas complejidades?
Fue una cosecha desafiante por los problemas que se tuvieron que resolver. La soja recibida está dentro del estándar Anec 41, con un nivel justo en calidad, pero ha permitido cumplir con el estándar. Con el avance de cosecha se pudieron generar las mezclas y cumplir los compromisos de exportación.
Y las malezas, pensando en China, ¿no terminaron generando un inconveniente desde el punto de vista logístico?
Es un problema que no lo teníamos tan claro al principio. Esta soja, que tiene menor nivel de inversión, porque las chacras estaban un poco más abandonadas por la baja expectativa del rinde, hizo que la presencia de malezas fuera mayor. Tuvimos un problema en la cantidad de lotes que llegaban con malezas cuarentenarias, y ahí lo separo en dos problemas. Tenemos las malezas cuarentenarias que son limpiables, que generan más costos, ya que en promedio estuvimos prelimpiando dos veces, por lo que encima se generaron mayores mermas y servicios a nivel de acopio, que no los podemos trasladar al productor. Además, estamos con un porcentaje alto de malezas no prelimpiables (cepas, abrojos) y esos lotes directamente no son pasibles de ir a China. En un momento, cuando avanzaba la cosecha, el desafío pasaba por lograr el volumen necesario para cumplir con los compromisos de exportación a China, para después ver posibles destinos para estos lotes que no son pasibles de ser exportados al país asiático, como por ejemplo Argentina.
¿Qué volumen se tiene a nivel país?
De 700.000 a 800.000 toneladas, y hubo un área muy importante que no se cosechó. Mientras que los compromisos de venta hacia China estaban en torno de las 550.000 toneladas.
¿Cuántos kilos por hectárea tenía comprometido el productor que trabaja con Garmet?
No teníamos un alto nivel de compra. Eso generalmente es malo, pero este año no fue tan malo, porque no tuvimos que resolver un volumen muy alto de recompra de contratos con productores. Los que hubo, se compensaron con los volúmenes que ingresaron libres, que no estaban vendidos, esos fueron los que se utilizaron para recomprar esos contratos. En Garmet a esas situaciones las pudimos resolver internamente, entre lo que recibimos de más y lo que teníamos comprado y no llegaron a cumplir. Es decir que no tuvimos que recomprar posiciones por fuera.
¿Cómo viene la evolución de la compañía en la originación de los diferentes granos? Sin tener en cuenta este año, que es una excepción.
Venimos muy bien. Desde hace cinco años venimos con la estrategia de no apuntar tanto al market share como objetivo (hacer volumen) sino apuntar a los lotes afluentes a nuestros acopios propios, donde realmente le agregamos valor al productor. También hemos crecido en originación de cultivos de invierno, en una estrategia de desestacionalizar el negocio, logrando bajar la incidencia relativa de la soja en los presupuestos.
¿Cuál es ese valor agregado?
Primero que nada, somos productores, entonces empatizamos mucho más con los problemas del productor. No somos un trader que está viendo cómo en esta zafra se cosechan apenas 800 o 1.000 kilos por hectárea. Estamos sufriendo, porque estamos en el mismo barco que el productor; por eso siempre buscamos soluciones empáticas. Tenemos que dar soluciones, más en esta zafra que en las otras, cuando agregamos valor. Garmet agrega mucho valor en el área logística, en las soluciones de futuros y opciones. Hacemos opciones con muchos clientes, tenemos una cartera que utiliza estas herramientas y nos genera una relación de más largo plazo.
¿Cómo ve la evolución del negocio agrícola en Uruguay? ¿Cómo se sobrelleva este golpe productivo?
Le pido prestada una frase a un amigo, que dice: Al agro hay que mirarlo en modo película, no como una foto. Es importante entender que este negocio es de largo plazo; tenemos años como este y de los otros. Está claro que nadie imaginó lo que estamos viendo hoy. Es muy compleja la situación financiera y la situación general. Tenemos un desafío enorme como productores para los próximos 12 o 24 meses. Pero no olvidemos que el sector entró a este año bastante saneado, lo que nos posiciona en una plataforma diferente para afrontar esta problemática. El sector agropecuario uruguayo cuenta con una muy buena credibilidad, tanto en el sector financiero como en el gobierno y en otros sectores. Lo veo a largo plazo. Hay que terminar de cerrar el ejercicio 2022/23, resolver la situación, pasar la página y volver a producir. Porque nuestro ADN es la producción agropecuaria, somos productores en Uruguay y en Argentina, y la forma de salir de esto es produciendo. Con cautela, ordenados en la operación y en la administración, pero produciendo.
¿Cómo ve la próxima zafra de invierno?
Estamos tratando de entender qué parte de la intención de siembra que veíamos en la Expoactiva se va a terminar consolidando. Los productos tienen situaciones distintas. Creo que se va a consolidar una caída del área de canola, por el retraso de la cosecha de soja. Por otro lado están las señales de precios en el mercado. El precio Matif febrero 2024 ha oscilado entre los US$ 460 y 520 US$ por tonelada, con las primas del mercado queda en US$ 400 o US$ 460 al productor, esto también pone en tela de juicio el área del cultivo en esta zafra.
¿Es difícil sostener una superficie de 200.000 hectáreas de canola?
Me cuesta ver menos de 200.000 hectáreas, porque el cultivo se ganó un lugar en la rotación, hay muchos productores que vienen sembrando y hay buenos planes. Pero el precio no está dando buenas señales, y no es culpa de los planes, sino que responde al comportamiento del mercado mundial de aceites. Hay que ver cómo sigue evolucionando la cosecha de soja y el clima. En Garmet, como hace cinco años, vamos a tener el plan de consumo humano de Estados Unidos, que generalmente tiene un premio frente a los otros que hay en el mercado, porque siempre decimos que no es un commodity, es una producción que lleva una certificación, que la hacemos con nuestro equipo, pero además con traza cero de pesticidas. Es un plan de nicho, con un área muy limitada y con un premio versus otros planes.
¿Qué premio tiene por tonelada?
Estamos con un premio de US$ 15 a US$ 20 por tonelada en la prima de este año. Además, en esta zafra incorporamos el plan de Fadisol-Agrotop hacia Chile, para consumo animal. Entendemos que es una solución para resolver toda la logística a nivel de acopio, recibo y camiones.
¿Cómo está el panorama para la cebada?
En Garmet estamos apuntando a la misma superficie del año pasado, que fue buena. Hay un 15% o 20% del área que todavía no se definió, y entiendo que es porque los productores estaban metidos en la cosecha de soja. Por otro lado, el pronóstico de año Niño pone en duda la siembra de algunos lotes de cebada, por su posible impacto en la calidad; por ahí los productores los terminan pasando a trigo.
¿ El trigo puede ser el gran ganador de esta zafra de invierno si el clima lo acompaña?
Sin duda, es hacia donde van a migrar las áreas de siembra que no se concreten con otros cultivos. Entendemos que el área de trigo va a crecer, como el año pasado; es lo más lógico, por la rusticidad del cultivo. El trigo es más histórico y el productor lo siembra sin ningún plan, y queda con la libertad de cosecharlo y después lo comercializa.
¿Cuánto puede crecer?
No creo que el área de trigo supere las 350.000 hectáreas.
¿Qué pasará con las áreas que no se siembren?
Dependerá de la rotación. El maíz de primera en un año Niño es una buena opción. Este año nos fue muy mal con el maíz, va a haber récord de importación de maíces, subproductos y otras forrajeras para alimento animal. Habrá necesidad de producción de maíz temprano; gran parte del área que se pueda sembrar, por rotación, irá a maíz, y el resto a soja de primera.
¿Cómo ha evolucionado la capacidad logística de la empresa?
En los últimos tres años parte de la estrategia fue crecer en acopios. Alquilamos una planta en Young, con un sistema llave en mano, y nos ocupamos de toda la operación, lo tomamos como acopio propio. En junio del año pasado también adquirimos una planta de silos en Nueva Palmira. Venimos creciendo. Hoy contamos con una estructura de tres plantas de silos de operación propia, en Young, Mercedes y Nueva Palmira. En otros centros de originación tenemos acopios o espacios subcontratados. Lo importante es que en toda nuestra zona de originación o producción estamos posicionados con activos propios, estructuras logísticas y subcontratos de camiones para atender a nuestros clientes y seguir apuntando a la excelencia en la logística de originación.
¿Cuánto impactó la adquisición de la planta en Nueva Palmira en la operativa logística de la compañía?
Es un activo que está muy bien en cuanto a diseño y mantenimiento. Nunca habíamos tenido un acopio en Nueva Palmira, siempre contratábamos. La idea fue enviar allí toda nuestra producción que iba a Nueva Palmira. Eso nos permite priorizar la descarga del camión y la atención al productor. Ese modelo de atención es distinto, prioriza el servicio. Después que estuvimos posicionados en Nueva Palmira, con activo propio, aparecieron otras oportunidades de negocios, que las fuimos capturando. Por ejemplo: le estamos dando servicio a las malterías en Nueva Palmira, algo que no estaba dentro de la cuenta original.
¿Qué rol juega la tecnología en los servicios que brinda la empresa?
Desde el boom agrícola, Uruguay viene creciendo en las estructuras duras. Ha ido resolviendo el dimensionamiento de la logística para las cosechas. Los volúmenes de las cosechas de verano e invierno pasadas fueron excelentes, y las pudimos resolver sin ningún problema, por lo que claramente la estructura está bien dimensionada. Entendemos que donde sí hay mucho trabajo por hacer es en la sistematización y digitalización de la logística. Hace dos años que estamos trabajando fuerte en la adopción de tecnología para avanzar en ese sentido, y estamos invirtiendo en el desarrollo de un software que resuelve toda la interacción entre los tres actores de la cadena logística, y gestiona toda la logística de originación, de ejecución y envío a puertos. Se trata de una aplicación para el transportista, otra para productores y un sistema digital para el equipo de logística. Eso viene funcionando muy bien, las devoluciones de productores y transportistas son excelentes. Empezamos nuevos caminos para seguir agregando funcionalidades. Hoy tenemos dos grandes líneas de trabajo con este software. La primera tiene que ver con la regionalización de la solución, apuntando más que nada al mercado argentino. En la próxima cosecha de invierno vamos a hacer una prueba controlada en el norte argentino, con Molinos Agro, que es el trader del grupo Pérez Companc en un par de acopios. El objetivo es que la utilicen para empezar a entender las barreras locales, qué cosas no tenemos resueltas, y la lógica de la cultura argentina, entre otros aspectos. La segunda línea de trabajo es la automatización del proceso. Cuando los productores nos piden los camiones por la aplicación nos aparece automáticamente en todos los sistemas. También tenemos automáticamente todos los camiones que están libres, la distancia entre el origen y el destino, qué camión hace más tiempo que está esperando, entre otros datos. Consideramos un montón de variables y desarrollamos un algoritmo para la asignación de viajes. Este algoritmo viene funcionando desde hace ocho meses, está parametrizado y lo seguimos afinando. En la asignación automática el sistema propone una matrícula como la más apta para ese pedido. Abrís el menú y te muestra las 10 mejores en orden decreciente. Es un proyecto importante, que estaría activo para la próxima campaña de invierno, apuntando a que un porcentaje de los camiones que piden los productores se asigne automáticamente, o que al menos la proposición del sistema sea la correcta. Es súper importante que empiece a generar eficiencias en los equipos logísticos. Si en los cuellos de botella, que son los picos de cosecha, gran parte de los viajes los asigna un sistema, elimina el cuello de botella y libera tiempo al operario logístico para resolver temas que necesitan sentido común, que es algo que no me lo puede dar un algoritmo. Ahí es donde realmente las personas agregan valor; ese es el objetivo. Después de terminar estos dos proyectos, que no son menores, la idea es hacer una revisión interna de qué partes del proceso de originación o del negocio podemos seguir agregándole. Ya estamos haciendo contratos con firma electrónica, vía correo electrónico. Creo que pueden ir por estos sistemas donde el productor ya tiene su usuario, su aplicación y después puede incluir otras cosas. También la preliquidación de fletes que vayan por sistema, y que todo eso facilite el negocio. Digitalizar todos los procesos administrativos, repetitivos, es lo que más fácil se agrega.
¿Cómo está la compañía en Uruguay y qué proyectos tiene?
El modelo de negocios sigue siendo el mismo. Seguimos apuntando a las eficiencias en esta integración en los próximos dos años. Entendemos que estar integrados en la cadena nos genera eficiencia y ventajas, que también significa darles ventajas a los productores, al generar ahorros y eficiencia en la cadena. Esas son ventajas competitivas con el resto. No estamos planteando que el grupo vaya a tomar caminos diferentes o buscar una alternativa diferente a lo que tenemos. Estamos fuertes con el equipo de frigorífico San Jacinto. Garmet creció en acopios, en adquisiciones, en alquiler de estructura. En los próximos dos años tenemos que consolidar este crecimiento, trabajar en eficiencias, procesos, procedimientos y ordenarnos. Goyaike/Del Carmen sigue siendo un productor importante, muy bueno a nivel país, y todo crecimiento que se plantee será bienvenido para Garmet.
¿En qué consiste el programa Jefas al volante que impulsa Garmet?
Jefas al volante es un programa que surge desde el área logística de Garmet, que tuvo pleno apoyo en toda la empresa. Es un proyecto de responsabilidad social empresarial que apunta a dar herramientas para generar cambios reales a una parte de la comunidad, generando impactos a largo plazo. Se trata de la capacitación a mujeres jefas de hogar para la conducción de camiones de carga. Las jefas de la primera generación demostraron que la idea es muy buena, que es por ahí el camino. Ellas se sacrificaron, estudiaron en horarios nocturnos, tomaron la oportunidad y la aprovecharon. Estamos muy contentos con el proyecto y estamos evaluando cómo seguir para que no sea solo un impulso, es importante que sea un programa, que tenga continuidad. Algunas de ellas están trabajando en camiones subcontratados por Garmet, que están en la cosecha. Cuando las veo pasar me llena de orgullo. Ahora lo que necesitamos es que más empresas se animen a contratarlas, a darles una oportunidad para terminar este cambio, porque no hemos hemos podido colocar al 100% de las que se recibieron. La sequía nos jugó en contra para su inclusión laboral, pero estamos muy contentos por el impacto que tiene este programa a nivel de los equipos internos, de ellas y de toda la comunidad.
Tarjeta Personal
Santiago Morelli es gerente comercial de Garmet y gerente comercial de Goyaike (plataforma agropecuaria de Pérez Companc) para Uruguay y Argentina desde marzo de 2018. Es licenciado en Gestión y producción agrícola ganadera de la UCUDAL, y magíster en administración de negocios del IAE, además tiene un posgrado en Negocios de la cadena cárnica, y un Advance Management Program (AMP) del IEEM.
El fuerte impacto del evento climático obligará a que las empresas revean su oferta de coberturas; el área asegurada para esta zafra de invierno se multiplicó por siete
La sequía que afecta al Uruguay provocó las mayores pérdidas que un evento climático haya generado en la historia del país. En zonas donde normalmente se deberían cosechar en promedio 3.000 kilos de soja por hectárea difícilmente se llegue a 800 kilos por hectárea. En este marco, los seguros agrícolas tienen un rol sin precedentes.
Se estima que las 300.000 hectáreas que están aseguradas en Uruguay implicarán a las empresas aseguradoras pérdidas de US$ 150 millones, de los cuales US$ 95 millones corresponden al Banco de Seguros del Estado (BSE), siendo este el mayor siniestro de la historia de la entidad. Si bien para muchos productores el seguro ya forma parte del costo de producción, este evento llevará a reevaluar los límites de la cobertura de rendimiento y los costos.
El seguro, como toda herramienta aplicada a la producción, debe ser utilizado de manera correcta, pero está claro que para quienes no tenían un seguro de rendimiento será muy difícil recuperarse del mal resultado que dejó esta campaña de verano.
Gonzalo Gutiérrez, suscriptor de seguros en Sura, explicó que las aseguradoras son compañías financieras de colocación de dinero que deben otorgar a sus accionistas una rentabilidad superior al costo del capital. Por lo tanto, “tenemos que velar por la solvencia técnica de nuestros productos, eso quiere decir que tenemos que cubrir eventos que se puedan cubrir, cobrando tasas razonables, para lograr un producto adecuado”.
Con el desarrollo de la agricultura aparecieron problemas estructurales, dijo Gutiérrez, por lo cual los seguros agrícolas “están en un proceso de adaptación a esas nuevas realidades, donde lo que se busca es mantener la sustentabilidad técnica de una relación costo- beneficio adecuada, de manera tal que los eventos climáticos estén cubiertos. Sin embargo, eventos sistémicos, como esta sequía, “son muy peligrosos”, afirmó.
En la misma línea, Andrés Gunert, integrante del Departamento Agronómico del BSE, agregó que el seguro es fundamental en la inversión, como quedó demostrado en este evento. De todas formas, recordó que en los últimos 20 años hubo 10 zafras con resultados desfavorables para el seguro, en las cuales se indemnizó por diferentes eventos como exceso hídrico, granizo o sequía.
“En los últimos años el sector asegurador ha sido muy golpeado, por lo que es necesaria una recalibración de qué coberturas brindar y con qué alcance, para hacerlo sustentable”, explicó. Agregó que la calibración es compleja y se hace año a año, y que en situaciones como esta, cuando hubo un evento catastrófico, “se lleva mucho premio”.
Señaló que los productores con pólizas del BSE están cosechando 400 kilos de soja por hectárea, en promedio. “Este es uno de esos años en los que el seguro muestra realmente el tipo de herramienta que es”, recalcó.
Gutiérrez reconoció que “pagar siniestros es nuestra razón de ser”, de todas formas sostuvo que están ajustando las condiciones de suscripción porque “vamos aprendiendo de los errores que nos va mostrando la agricultura”.
Puntualizó que en su opinión la resiembra es una cobertura que no debería existir, se observa que empieza a generar pérdidas cada vez más significativas, y obliga a ajustar los criterios de suscripción para hacerla cada vez más rentable. “El agricultor es el primer defensor de una buena agricultura”, añadió. Pero aclaró que no solamente Uruguay es el que tiene este problema sino la región, por lo cual es aún más difícil negociar con las reaseguradoras.
En la misma línea Gunert explicó que para establecer el precio del seguro lo que se hace es considerar una serie de años, y corregir para que la siniestralidad esté dentro de la sostenibilidad. “Cuando pongamos este año catastrófico en la serie de años seguramente el dato que arroje será un aumento de precios considerable, pero estamos intentando que el mercado reasegurador no contabilice este año en una serie de 10, porque es algo que puede pasar cada 50 años”, indicó. Pero, agregó que el problema es que las reaseguradoras sostienen que, con el cambio climático, estos eventos están pasando con mayor intensidad y de manera cada vez más frecuente.
Crecimiento del área asegurada
El integrante del BSE consideró que es claro que para algunos productores los seguros son un insumo más, pero hay otros que se están dando cuenta que es una herramienta potente, y que eso quedó evidenciado en el crecimiento que registró el mercado en los últimos cuatro años, que fue de 40% en área.
“Hay un crecimiento del seguro y vamos a tener que darle cobertura, más capital”, para atender “a esos productores que lo desean”, afirmó. A continuación planteó que las empresas aseguradoras deberán salir a buscar capital en un mercado de reaseguradoras, donde “las tasas de interés que da la Reserva Federal son mucho más atractivas, con muchos menos riesgo, mientras que nosotros tenemos que ofrecer este negocio, que es muy riesgoso y con mucho capital expuesto”.
Por eso, sostuvo que la negociación con las reaseguradoras es compleja. “El costo del reaseguro tiende a subir y eso hay que trasladarlo”, explicó. Si bien sostuvo que el BSE, por el capital que tiene (US$ 700 millones) y su solvencia, tiene posibilidades de salir del reaseguro, “en agro estamos hablando de US$ 500 millones expuestos entre todas las coberturas, lo cual es muy riesgoso”, reconoció.
A su vez, consideró que el productor tiene que “gestionar todo lo que esté a su alcance” para obtener los mejores resultados. Comentó que hay agricultores que están dentro de una condición de tarifa y otros que salen de esa línea, porque aplican más tecnología, otras medidas de manejo y tienen un historial de rendimiento diferente.
En el caso de las aseguradoras privadas, Gutiérrez sostuvo que el mercado reasegurador está siendo más selectivo, por las subas de las tasas de interés y por los eventos climáticos cada vez más frecuentes e intensos. “Las compañías privadas estamos tratando de adaptarnos a ese mundo, intentando trasladar los cambios del mercado de la mejor manera posible”, afirmó.
Analizó que el mercado “va en una trayectoria de recomponer técnicamente las coberturas y comenzar a pensar en coberturas nuevas. Hay un universo de desarrollos posibles dentro de la industria del seguro, que tienen que buscar reconocer esa realidad de tecnología aplicada al sector, desarrollando seguros paramétricos y buscando crear la consciencia en el agricultor de que cuanta más información se le dé a la industria aseguradora mejores productos se van a poder lograr”. Agregó que la sequía mostró la exposición que tiene el sector, valorizando el seguro, y mostrando que este tiene que estar todos los años.
Mirando adelante
Gunert señaló que el BSE hizo rápidamente la tarifa de cultivos de invierno, vendiendo las coberturas más sensibles. Mientras que el año pasado la cobertura por seguro de rendimiento –en este caso por exceso hídrico– fue de 4.500 hectáreas aproximadamente en el BSE, este año la cobertura superó las 32.000 hectáreas. Esto quiere decir que “hay una mayor prospección del riesgo”, aseveró.
De todas formas, ambos explicaron que las negociaciones se dan sobre pronósticos de años Niña o Niño, que tanto los productores, las compañías de seguros y las reaseguradoras conocen. “Es como hacer un seguro de un auto que ya sabes que va a chocar”, graficó Gunert.
Está claro que el seguro es una herramienta que le da estabilidad al sistema. En el caso de aquellos productores que ya lo utilizan, difícilmente lo dejen de hacer, mientras que estiman que la tendencia será a que más productores lo incorporen.
Por otro lado, dijo que “si bien tenemos las herramientas tecnológicas para desarrollar un seguro catastrófico agropecuario, nos faltan los datos. No tenemos información de calidad y en cantidad suficiente para llegar a situaciones peculiares que contemplen el tamaño correcto”, lamentó Gutiérrez.
A propósito, agregó que la voluntad de trabajar con las autoridades siempre está, señalando que forman parte del proyecto que impulsa el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). Cabe recordar que este piloto se planteó con tres años de duración (de 2021/22 a 2023/24), y está financiado por el MGAP a través del proyecto Sistemas Agroecológicos Resilientes del Uruguay (SARU), del Banco Mundial.
El proyecto comenzó a implementarse en julio de 2021, con el lanzamiento de una convocatoria a aglutinadores de productores, que aportan datos de rendimientos georreferenciados de cultivos de secano (verano e invierno) al sistema de información desarrollado en este proyecto, con el fin de contribuir a la mejora de la oferta de seguros de rendimiento.
“Es un comienzo para tener información relevante”, sostuvo Gunert. El seguro se nutre de información y datos históricos, pero “vamos a necesitar muchos años más para poder usar esa base de datos”.
Gutiérrez, por su parte, consideró que el plan piloto será exitoso en la medida que los productores se convenzan de que tienen que compartir esa información de rendimiento, para rediseñar los productos con coberturas más eficientes. Pero sostuvo que actualmente las compañías aseguradoras cuentan con más información que la que dispone el MGAP”.
Surcos y Agromil presentaron en Uruguay el herbicida Dedalo Duo, compuesto por la mezcla de glifosato con 2.4D, formulado con nanotecnología y ambientalmente amigable
Surcos y Agromil presentaron en Uruguay el herbicida Dedalo Duo, que contempla la mezcla de glifosato con 2.4D formulado con nanotecnología. Sebastián Parola, responsable de marketing de Surcos para la región, señaló a VERDE que el herbicida Dedalo Duo se incorporó a la gama de productos elite de la compañía. “Es una novedad que revolucionará el mercado uruguayo, porque está apuntado a las necesidades que tiene el productor para el control de malezas dentro de su sistema productivo”, consideró.
Señaló que Dedalo Duo tiene en su practicidad de uso “una de sus mayores ventajas”. A su vez, destacó que “minimiza el impacto ambiental, algo cada vez más demandado por la producción y la sociedad”. Las empresas “tenemos que aportar desde nuestro lado herramientas para que los productores sean mucho más sustentables”, recalcó Parola.
El producto está posicionado para el control de malezas, tanto de hoja ancha como de hoja fina. Dedalo Duo es una mezcla que contiene glifosato y 2.4 D, y en ambos casos están formulados con nanotecnología, “lo que genera beneficios desde el punto de vista de la compatibilidad, la volatilidad y brinda la posibilidad de aplicarlo hasta siete días antes de la siembra de soja”, acotó.
Recordó que se puede mezclar con varios productos y en este caso, con Dedalo Duo “sumamos al glifosato, que en su versión tradicional tiene ciertos problemas de incompatibilidad, por ejemplo, con preemergentes. Sin embargo, con Dedalo Duo por el tipo de formulación que tiene, se evitan ese tipo de problemas. Por lo tanto, “estamos contando con una combinación de beneficios que contribuye al control de malezas en el sistema del productor”.
Sobre las ventajas ambientales, el responsable de marketing de Surcos indicó que el Dedalo Duo tiene una menor cantidad de ingrediente activo y eso le permite “ser más eficiente”. También destacó “el beneficio económico” que aporta el producto al poder mezclarse con graminicidas como el Gramini Elite, permitiendo que el productor se ahorre una aplicación.
El producto “Aporta varios beneficios” y está posicionado básicamente para aplicaciones previas a la siembra de pasturas, cultivos de invierno y de verano. La dosis recomendada se ubica entre los 4 y 5 litros por hectárea.Parola agregó que ofrece “ventajas logísticas”, porque “hay dos productos en uno”, y “no necesita aceites, ni tensoactivos, ni correctores de agua”.
El ejecutivo recordó que el registro de Dedalo Duo salió sobre mediados del año pasado, y a partir de ese momento tanto Surcos como Agromil “comenzamos a delinear la llegada al productor”, que ya había incluido la primera etapa de ensayos precomerciales, con referentes de Uruguay, “en donde empezamos a definir las dosis y otros elementos”. Y posteriormente “pasamos a una etapa de ensayos a campo, en donde varios de los productores y técnicos pudieron probarlo y visualizar los beneficios”, comentó.
Por su parte, Diego Marsiglia, responsable de la unidad de negocios de Surco para Latinoamérica, dijo a VERDE que Dédalo Duo es un producto estratégico dentro del plan de crecimiento de la empresa. “A nivel global Surcos viene con un plan estratégico, donde es pionera en nanotecnología y apuesta mucho a la escala regional, invirtiendo recursos a nivel global”, describió.
El ejecutivo anunció que la empresa está trabajando en un cronograma con nuevos lanzamientos. “Tenemos un portafolio que está creciendo año a año, con muchos proyectos que van a venir en la misma línea que Dedalo Duo. Nuestra finalidad es tratar de solucionar las nuevas problemáticas que enfrenta el productor de forma sustentable y ágil. También, que pueda mejorar sus beneficios y los costos de rentabilidad”, sostuvo.
Syngenta y Macció realizaron la conferencia Manejo y Sanidad en cultivos de invierno dónde diversos especialistas analizaron las herramientas disponibles y las estrategias de control de enfermedades para minimizar riesgos.
Syngenta y Macció realizaron la conferencia Manejo y sanidad en cultivos de invierno, dónde diversos especialistas analizaron las herramientas disponibles y las estrategias de control de enfermedades para minimizar riesgos. Allí la conclusión fue que el monitoreo, el diagnóstico correcto y la rotación de principios activos son las claves para no perder kilos.
Lucrecia Couretot, fitopatóloga del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), de Pergamino, Argentina, dijo a VERDE que hay algunas claves a tener en cuenta para el control y manejo de enfermedades tanto en trigo como en cebada. A propósito, mencionó la sanidad, la calidad y el tratamiento de semilla, la historia clínica de los diferentes lotes, rotaciones, ya sea agronómicas como de activos, el perfil sanitario de la variedad y el monitoreo para llegar al diagnóstico correcto y diferenciar bien los tipos de royas.
La especialista indicó que tiene que haber un “control oportuno”, dentro del umbral necesario, “para evitar” las pérdidas de rendimiento por retrasar el control de las enfermedades foliares. En referencia a la roya amarilla en trigo advirtió que “se puede perder hasta 70 kilos por hectárea por cada 1% de severidad”, y que sin control “puede llegar a comprometer al 60% del rendimiento”. En roya de la hoja las pérdidas pueden llegar a 30% y en manchas de 15% a 20%.
Puntualizó que en trigo la enfermedad que más pérdidas genera es roya amarilla, pero la más difícil de controlar es mancha amarilla. Couretot comentó que el control químico “viene bien” y recomendó el uso de carboxamidas “para proteger las hojas cercanas a las espigas”, que son las que más van a aportar en el llenado de granos.
Comentó que “hasta el momento el comportamiento de los fungicidas es bueno, muy bueno y excelente, dependiendo del manejo de la enfermedad, el monitoreo y la capacidad de ir rotando activos para evitar los problemas de resistencia”. Aunque reconoció que «ya hubo registro de resistencia en mancha amarilla y en roya de la hoja en trigo, y mancha en red en cebada”.
Agregó que en cebada las enfermedades que más están afectando en la región son: escaldadura, mancha en red –común y spot– y ramularia. “En ese cultivo hay más presencia de manchas que de royas”, confirmó. Y señaló que el control químico “debe ser más exhaustivo”, preferentemente con activos que controlen manchas, “donde se destacan las carboxamidas”.
Manual de buenas prácticas para colza
Sebastián Mazzilli, director del sistema Agrícola Ganadero del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), realizó una puesta a punto sobre el cultivo de colza, en un año en que la superficie será menor porque se viene de un pico de área y también juegan los precios. “El área de equilibrio en Uruguay está por debajo de lo sembrado en la zafra pasada, no sabemos cuánto bajará, pero una reducción sería saludable para la secuencia de cultivos”.
Recordó hay cosas “básicas” de manejo como “no sembrar colza sobre colza, pensar muy bien los herbicidas, sobre todo luego de un año seco”, ya que “cualquier herbicida que aplicamos sobre soja se puede haber degradado menos que un año normal”. Hay cosas que “se discuten todos los años”, pero “hay información que avala” que la menor distancia entre hileras aporta mayor potencial de rendimiento”. Advirtió que “sembrar materiales primaverales en abril es exponerse a heladas y no se gana en rinde”, las invernales “ya tienen su fecha de siembra definida”, enfatizó.
El investigador dijo que en INIA van a “priorizar ensayos con materiales invernales; es un área nueva donde no había información”. Señaló que los materiales invernales tienen “un nicho que llega al 15% del área, porque se desarrollan en un período crítico diferente. El desafío es generar información, porque los productores lo están pidiendo”.
Recordó que los materiales invernales se deben sembrar “desde abril y como tarde hasta mitad de mayo», y planteó que “adelantarse a marzo no lo veo conveniente”, porque se estira demasiado el período vegetativo y la única ganancia es tener al cultivo en el campo durante más tiempo”; y señaló que “se pierde la oportunidad de controlar malezas más temprano”.
Mazzilli adelantó que la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) aprobó un proyecto de articulación académica con el sector productivo a través de la Mesa Tecnológica de Oleaginosos, que va a generar una guía de buenas prácticas de manejo para colza.
Anunció que se trabajará sobre aspectos agronómicos y los límites máximos de residuos (LMR), generando información sobre los productos que se podrán aplicar, a qué dosis y cuánto tiempo antes, para estar seguro de que los exportadores no tendrán problemas. Este proyecto se comenzará a ejecutar en 2024 y demandará tres años. A la vez, sumará indicadores ambientales del cultivo.
Las novedades químicas para colza
Nicolás Faggi, del área de investigación y desarrollo de Syngenta Uruguay, informó a VERDE que hubo una ampliación de etiqueta de Amistar Top para la colza, lo que permite el control de Phoma, Mildui y mancha negra.
“Los resultados de tres años de ensayos marcan que el producto funciona excelente y se recomiendan aplicaciones tempranas, pero es verdad que no hemos tenido en estos últimos años situaciones sanitarias tan complejas en colza. En la medida que comience a llover, recomendamos estar atentos para usar estas herramientas” subrayó.
Sobre las dosis, se recetó una aplicación de 400 centímetros cúbicos (cm3) y si el cultivo está más enfermo, la dosis se puede subir al máximo que son 500 cm3. “Para la zafra 2024/25 el control sanitario en colza contará con Miravis Duo, una carboxamida de Syngenta que aumentará la persistencia para el control de las enfermedades”, indicó Faggi.
El avance de las carboxamidas
José Inciarte, gerente de Ventas y Marketing de Syngenta, señaló a VERDE que Amistar Top ya está disponible comercialmente para esta zafra. Lo describió como “un fungicida a base de Azoxistrobina y Difenoconazole, que tiene excelentes resultados en el control de manchas foliares de la colza”. Agregó que el Difenoconazole ha demostrado ser el mejor triazol para el control de manchas”.
A la vez, adelantó que Miravis Dúo está en proceso de registro para colza y estará disponible para el invierno del año que viene. “Es un fungicida que permitirá un control superior de todas las enfermedades. Es un salto tecnológico muy importante, porque su base es la carboxamida Adepidyn”.
En relación a Miravis Triple Pack, describió que el producto “tiene un excelente posicionamiento en cebada, por el control de mancha en red como de ramularia” y que en los últimos años “viene creciendo su utilización en el cultivo de trigo”.
Sobre Elatus Ace acotó que tiene “muy buen nivel” de uso en trigo, sobre todo por el control de roya y por ser la carboxamida “más económica” del mercado.
El responsable de operaciones de Agropecuaria del Litoral analizó que los cambios de la agricultura le aportaron mayor madurez para enfrentar los momentos complejos.
Los cambios en el sector agropecuario lo volvieron “más maduro para enfrentar las dificultades” comentó a VERDE el responsable de operaciones de Agropecuaria Litoral, Federico Frick. El ingeniero agrónomo analizó las transformaciones a nivel productivo, pasando de una visión “más empresarial”, a una más “productivista”, sin descuidar ningún detalle de todo el proceso productivo.
Recordó que el auge agrícola comenzó con el foco puesto en el crecimiento y la expansión en área, buscando acaparar grandes volúmenes de superficie, basado en empresas muy grandes, que se dedicaban a la agricultura en campos de terceros, “a expandir la frontera agrícola”. Agregó que “eso dejó muchas enseñanzas, positivas y negativas, muchas de los cuales permanecen hasta el día de hoy”.
Acotó que el negocio agrícola, con el paso de los años y con los movimientos en los precios de los granos, fue registrando un proceso de transformación, que incluyó “un cambio en el perfil de los actores”, que fueron absorbiendo conocimiento y lo complementaron con otras habilidades, “para llegar a ser un mejor productor o empresario agrícola”.
Frick explicó que los actores que en su momento le dieron mucho crecimiento a la agricultura, dejaron lugar a otro perfil, como empresas familiares o personales, pero fundamentalmente de empresarios locales, que generaron “otros vínculos, más estrechos” con la zona de influencia.
Adicionalmente, sostuvo que el cambio de actores introdujo una mayor diversificación en los sistemas productivos, apuntando a una agricultura más integrada con la ganadería, así como “a la propia diversificación de los cultivos que conforman el subsistema agrícola”.
Todos estos movimientos trajeron aparejados que el sector comenzara a trabajar de una forma “diferente y mejor”. Más enfocado en el sitio específico, estando “más arriba de las cosas, y con actores más afianzados”. Se impuso un sistema distinto a aquel que tenía como objetivo expandir la frontera productiva y “la consecuencia inevitable era cometer muchos errores, como es factible que suceda cuando se produce un crecimiento de semejante envergadura”, sostuvo.
Frick afirmó que el productor comenzó a “hilar más fino” en sus procesos, permitiendo que hoy el sector agrícola sea más sólido en todos los eslabones de la cadena. “Los sistemas productivos son más complejos y diversos, incluyendo también la importancia del cuidado del ambiente, la erosión del suelo, la necesidad instalada de hacer puentes verdes –llamados cultivos de servicio– e incrementando la rotación de cultivos. Con maquinaria y tecnologías de última generación; si la tecnología sirve y aporta, hay una rápida adopción y mucha inversión”, dijo.
El ingeniero agrónomo entiende que “hay una apuesta a lo productivo y no al bajo costo por hectárea”. Si bien admitió que “obviamente los costos son muy importantes cuando se producen commodities, no se puede sesgar la mirada únicamente al bajo costo, sino equilibrar con lo productivo y eso es lo que está pasando; apuntando al menor costo por tonelada producida y no por hectárea”.
A propósito, aclaró que eso significa “necesariamente invertir mejor, tomar mejores decisiones, con racionalidad, lo que implica estudiar y profundizar para conocer mejor las respuestas esperables. Esto permitió levantar los pisos de rendimientos y consolidar zonas productivas con otros niveles de estabilidad”.
Además se avanzó mucho a nivel comercial, “con un mercado más maduro, donde hay confianza” en la cadena. “Hoy el mercado está equilibrado, su funcionamiento es sencillo pero confiable y formal, algo que quizás no pasa en todos los rubros. Esto permite que sea sencillo hacer negocios con granos”, valoró.
Puntualizó que esa sencillez implica que “se encuentren los actores para comprar y vender, cerrándose los acuerdos de palabra para luego formalizarlos. Hoy todo el negocio fluye naturalmente, porque hay confianza en la cadena”.
En cuanto al cuidado del ambiente, sostuvo que si bien es un proceso más reciente, “hay una tendencia incipiente a especializarse para producir un commodity certificado a partir de determinadas normas, y con origen, que aseguren la calidad del producto con conciencia ambiental, buscando la diferenciación”.
A su vez, resaltó la mayor interacción de la agricultura con otros rubros, como la ganadería. “Hoy esos planteos son mucho más frecuentes que hace 10 años atrás”, dijo, al tiempo que lo calificó como algo “muy sano, tanto para el suelo como para las empresas”, ya que “permite diversificar” riesgo brindando “mayor robustez al sector, posibilitando absorber mejor los momentos complicados”.
Asimismo, señaló que la ganadería “también creció”, con sistemas intensivos, primero en base a corrales y luego a pasto. “Se va en camino a levantar los pisos, apuntando a producciones cada vez más altas, con calidad y precios diferenciales a partir de procesos certificados”, subrayó.
Frick sostuvo que la madurez que alcanzó el sector en estos años se está viendo reflejada en este momento. Recordó que la zafra 2021/22 fue “extremadamente buena”, pero empezó “con cierta incertidumbre por el clima, que luego se fue normalizando, permitiendo altos niveles de productividad”.
Recordó que si bien los costos comenzaron siendo bajos, luego subieron, pero lograron compensarse con buenos precios internacionales y rendimientos elevados. Así se redondeó un año que “difícilmente se repita”, pero destacó que en el rubro “no había euforia, como había pasado antes” con situaciones similares.
“Hubo mesura”, porque “con la rentabilidad del año pasado los distintos actores de la cadena pudieron solucionar dificultades que venían arrastrando de zafras anteriores. Y además reinvirtieron y guardaron para años complicados, como este que estamos transitando”.
En tal sentido, afirmó que “se nota la madurez” del sector. “Creo que hoy nos encuentra mucho mejor preparados para soportar las dificultades que tiene esta actividad, frente a lo que pasaba hace cinco o 10 años atrás”.
De cara al futuro, el responsable de operaciones de Agropecuaria Litoral imagina que la agricultura transitará “hacia una mayor intensificación, con más cuidado de todos los componentes del proceso, entendiendo que la mayor inversión requiere a su vez de una mayor participación en cada una de las etapas que contempla la producción. El sistema es más complejo y la tendencia marca que se complejizará más”.
Además, consideró que las demandas ambientales “seguirán creciendo”, no solo por la sociedad y las demandas de los consumidores, sino también porque “es una preocupación de los productores cuidar recursos tan valiosos como el suelo y el agua”.
Frick resaltó que la agricultura está frente a un nuevo empuje del riego, “una tecnología que trae aparejado otros cambios”, porque “levanta al sistema, ya que viabiliza producciones que antes no eran posibles y cambia los horizontes”. Dijo que esto “no significa es solamente hacer un cultivo y sacar más productividad, implica cambiar el sistema productivo, y las necesidades técnicas son diferentes, pero posiciona al sector un escalón más arriba, porque se pueden hacer otros cultivos y producciones, con otro valor”.