Las compañías de seguros pagarán US$ 150 millones por la sequía

By Cristina Fumero,

El fuerte impacto del evento climático obligará a que las empresas revean su oferta de coberturas; el área asegurada para esta zafra de invierno se multiplicó por siete

La sequía que afecta al Uruguay provocó las mayores pérdidas que un evento climático haya generado en la historia del país. En zonas donde normalmente se deberían cosechar en promedio 3.000 kilos de soja por hectárea difícilmente se llegue a 800 kilos por hectárea. En este marco, los seguros agrícolas tienen un rol sin precedentes. 

Se estima que las 300.000 hectáreas que están aseguradas en Uruguay implicarán a las empresas aseguradoras pérdidas de US$ 150 millones, de los cuales US$ 95 millones corresponden al Banco de Seguros del Estado (BSE), siendo este el mayor siniestro de la historia de la entidad. Si bien para muchos productores el seguro ya forma parte del costo de producción, este evento llevará a reevaluar los límites de la cobertura de rendimiento y los costos.

El seguro, como toda herramienta aplicada a la producción, debe ser utilizado de manera correcta, pero está claro que para quienes no tenían un seguro de rendimiento será muy difícil recuperarse del mal resultado que dejó esta campaña de verano.

Gonzalo Gutiérrez, suscriptor de seguros en Sura, explicó que las aseguradoras son compañías financieras de colocación de dinero que deben otorgar a sus accionistas una rentabilidad superior al costo del capital. Por lo tanto, “tenemos que velar por la solvencia técnica de nuestros productos, eso quiere decir que tenemos que cubrir eventos que se puedan cubrir, cobrando tasas razonables, para lograr un producto adecuado”. 

Con el desarrollo de la agricultura aparecieron problemas estructurales, dijo Gutiérrez, por lo cual los seguros agrícolas “están en un proceso de adaptación a esas nuevas realidades, donde lo que se busca es mantener la sustentabilidad técnica de una relación costo- beneficio adecuada, de manera tal que los eventos climáticos estén cubiertos. Sin embargo, eventos sistémicos, como esta sequía, “son muy peligrosos”, afirmó. 

En la misma línea, Andrés Gunert, integrante del Departamento Agronómico del BSE, agregó que el seguro es fundamental en la inversión, como quedó demostrado en este evento. De todas formas, recordó que en los últimos 20 años hubo 10 zafras con resultados desfavorables para el seguro, en las cuales se indemnizó por diferentes eventos como exceso hídrico, granizo o sequía. 

“En los últimos años el sector asegurador ha sido muy golpeado, por lo que es necesaria una recalibración de qué coberturas brindar y con qué alcance, para hacerlo sustentable”, explicó. Agregó que la calibración es compleja y se hace año a año, y que en situaciones como esta, cuando hubo un evento catastrófico, “se lleva mucho premio”.

Señaló que los productores con pólizas del BSE están cosechando 400 kilos de soja por hectárea, en promedio. “Este es uno de esos años en los que el seguro muestra realmente el tipo de herramienta que es”, recalcó.

Gutiérrez reconoció que “pagar siniestros es nuestra razón de ser”, de todas formas sostuvo que están ajustando las condiciones de suscripción porque “vamos aprendiendo de los errores que nos va mostrando la agricultura”. 

Puntualizó que en su opinión la resiembra es una cobertura que no debería existir, se observa que empieza a generar pérdidas cada vez más significativas, y obliga a ajustar los criterios de suscripción para hacerla cada vez más rentable. “El agricultor es el primer defensor de una buena agricultura”, añadió. Pero aclaró que no solamente Uruguay es el que tiene este problema sino la región, por lo cual es aún más difícil negociar con las reaseguradoras. 

En la misma línea Gunert explicó que para establecer el precio del seguro lo que se hace es considerar una serie de años, y corregir para que la siniestralidad esté dentro de la sostenibilidad. “Cuando pongamos este año catastrófico en la serie de años seguramente el dato que arroje será un aumento de precios considerable, pero estamos intentando que el mercado reasegurador no contabilice este año en una serie de 10, porque es algo que puede pasar cada 50 años”, indicó. Pero, agregó que el problema es que las reaseguradoras sostienen que, con el cambio climático, estos eventos están pasando con mayor intensidad y de manera cada vez más frecuente.

Crecimiento del área asegurada

El integrante del BSE consideró que es claro que para algunos productores los seguros son un insumo más, pero hay otros que se están dando cuenta que es una herramienta potente, y que eso quedó evidenciado en el crecimiento que registró el mercado en los últimos cuatro años, que fue de 40% en área. 

“Hay un crecimiento del seguro y vamos a tener que darle cobertura, más capital”, para atender “a esos productores que lo desean”, afirmó. A continuación planteó que las empresas aseguradoras deberán salir a buscar capital en un mercado de reaseguradoras, donde “las tasas de interés que da la Reserva Federal son mucho más atractivas, con muchos menos riesgo, mientras que nosotros tenemos que ofrecer este negocio, que es muy riesgoso y con mucho capital expuesto”. 

Por eso, sostuvo que la negociación con las reaseguradoras es compleja. “El costo del reaseguro tiende a subir y eso hay que trasladarlo”, explicó. Si bien sostuvo que el BSE, por el capital que tiene (US$ 700 millones) y su solvencia, tiene posibilidades de salir del reaseguro, “en agro estamos hablando de US$ 500 millones expuestos entre todas las coberturas, lo cual es muy riesgoso”, reconoció.

A su vez, consideró que el productor tiene que “gestionar todo lo que esté a su alcance” para obtener los mejores resultados. Comentó que hay agricultores que están dentro de una condición de tarifa y otros que salen de esa línea, porque aplican más tecnología, otras medidas de manejo y tienen un historial de rendimiento diferente. 

En el caso de las aseguradoras privadas, Gutiérrez sostuvo que el mercado reasegurador está siendo más selectivo, por las subas de las tasas de interés y por los eventos climáticos cada vez más frecuentes e intensos. “Las compañías privadas estamos tratando de adaptarnos a ese mundo, intentando trasladar los cambios del mercado de la mejor manera posible”, afirmó. 

Analizó que el mercado “va en una trayectoria de recomponer técnicamente las coberturas y comenzar a pensar en coberturas nuevas. Hay un universo de desarrollos posibles dentro de la industria del seguro, que tienen que buscar reconocer esa realidad de tecnología aplicada al sector, desarrollando seguros paramétricos y buscando crear la consciencia en el agricultor de que cuanta más información se le dé a la industria aseguradora mejores productos se van a poder lograr”.  Agregó que la sequía mostró la exposición que tiene el sector, valorizando el seguro, y mostrando que este tiene que estar todos los años. 

Mirando adelante

Gunert señaló que el BSE hizo rápidamente la tarifa de cultivos de invierno, vendiendo las coberturas más sensibles. Mientras que el año pasado la cobertura por seguro de rendimiento –en este caso por exceso hídrico– fue de 4.500 hectáreas aproximadamente en el BSE, este año la cobertura superó las 32.000 hectáreas. Esto quiere decir que “hay una mayor prospección del riesgo”, aseveró. 

De todas formas, ambos explicaron que las negociaciones se dan sobre pronósticos de años Niña o Niño, que tanto los productores, las compañías de seguros y las reaseguradoras conocen. “Es como hacer un seguro de un auto que ya sabes que va a chocar”, graficó Gunert.

Está claro que el seguro es una herramienta que le da estabilidad al sistema. En el caso de aquellos productores que ya lo utilizan, difícilmente lo dejen de hacer, mientras que estiman que la tendencia será a que más productores lo incorporen. 

Por otro lado, dijo que “si bien tenemos las herramientas tecnológicas para desarrollar un seguro catastrófico agropecuario, nos faltan los datos. No tenemos información de calidad y en cantidad suficiente para llegar a situaciones peculiares que contemplen el tamaño correcto”, lamentó Gutiérrez. 

A propósito, agregó que la voluntad de trabajar con las autoridades siempre está, señalando que forman parte del proyecto que impulsa el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). Cabe recordar que este piloto se planteó con tres años de duración (de 2021/22 a 2023/24), y está financiado por el MGAP a través del proyecto Sistemas Agroecológicos Resilientes del Uruguay (SARU), del Banco Mundial. 

El proyecto comenzó a implementarse en julio de 2021, con el lanzamiento de una convocatoria a aglutinadores de productores, que aportan datos de rendimientos georreferenciados de cultivos de secano (verano e invierno) al sistema de información desarrollado en este proyecto, con el fin de contribuir a la mejora de la oferta de seguros de rendimiento.

“Es un comienzo para tener información relevante”, sostuvo Gunert. El seguro se nutre de información y datos históricos, pero “vamos a necesitar muchos años más para poder usar esa base de datos”. 

Gutiérrez, por su parte, consideró que el plan piloto será exitoso en la medida que los productores se convenzan de que tienen que compartir esa información de rendimiento, para rediseñar los productos con coberturas más eficientes. Pero sostuvo que actualmente las compañías aseguradoras cuentan con más información que la que dispone el MGAP”.

Nota de Revista Verde N°107

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Más proveedores de carne le suman competencia a Uruguay en China

By Cristina Fumero,

Elizabeth Misa, directora de frigorífico Las Moras, analizó el panorama de los Mercados, destacando el rol de la cuota 481 y de EEUU, y cuestionando a la exportación de ganado

El panorama de los mercados para la colocación de la carne uruguaya, los vaivenes de precios, las tendencias de la demanda, la exportación de ganado en pie y un nuevo emprendimiento vinculado con los suelos regenerados fueron algunos de los temas a los que se refirió la directora del frigorífico Las Moras, Elizabeth Misa, en diálogo con VERDE. Señaló que “el mercado de la carne no escapa a la realidad mundial”, por la “variabilidad” de precios, que es como “un gran sube y baja”.

Misa consideró que “China aprendió la lección de no depender de pocos proveedores”, y estuvo concentrada en “ampliar la cartera” de abastecedores de carne para sus consumidores. “Abrió la puerta para que entraran más jugadores”, y “ahora hay que competir en diferentes situaciones”, porque “no todos los proveedores tienen las mismas condiciones”, especialmente en los costos industriales y de la materia prima, entre otros, comentó.

La ejecutiva recordó lo sucedido en febrero pasado, cuando Brasil tuvo un caso de la enfermedad conocida como vaca loca, justo cuando varios exportadores uruguayos participaban de la feria internacional Gulfood, en Dubai, Emiratos Árabes Unidos.

Los operadores chinos que estaban en esa exposición “en ningún momento perdieron la calma”, tenían stock y “no salieron a comprar”, salvo algunos días puntuales, pero “hoy están comprando de forma mesurada” y con precios “parecidos” a los de 2018 y 2019, “no están en la montaña rusa de valores de los últimos dos años”, y “tienen otros proveedores”, explicó.

En 2022 China representó el 55% del monto total de las exportaciones, con US$ 1.767 millones, mientras que en volumen abarcó un 63% del total, lo que supuso unas 338.166 toneladas embarcadas hacia ese destino, según datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC).

DESTINOS

Respecto a otros mercados, Misa dijo que Europa estuvo “bastante deprimida”, luego tuvo un momento en el que los precios de los cortes dentro de la cuota Hilton aumentaron y después bajaron nuevamente, pero está “muy afectada por la guerra” entre Ucrania y Rusia, especialmente en los costos de la energía, lo que repercute en varias aristas.

La empresaria destacó la importancia de poder contar con un cupo exclusivo para la exportación al viejo continente de carne uruguaya producida a grano. “Les gusta ese producto, lo defienden, creo que es lo único en lo que le ganamos a Argentina en popularidad, pero no tenemos un cupo exclusivo”, ya que la cuota 481 es compartida con otros países y se reduce cada vez más el volumen, debido a que Europa resolvió darle mayor cantidad a Estados Unidos, dijo. Recordó que eso se debió a la compensación que tuvo que hacer la Unión Europea a los exportadores estadounidenses, tras un acuerdo entre ambas partes en 2019, que supone un incremento anual en la participación de Estados Unidos en el total.

Con la evolución de los corrales de engorde en Uruguay, “el tipo de producción y el quiebre de stock que tenemos”, un ingreso exclusivo en Europa “sería una buena salida para todos, pero con la Unión Europea es un camino difícil de recorrer, porque hay mucho proteccionismo”, consideró.

Otro factor que juega en la demanda europea es la tendencia a no comprar carne de Sudamérica, con el argumento de evitar el mayor consumo de combustibles fósiles que son requeridos para el transporte, ya sea en aviones o en barcos, señaló la directora de Las Moras.

Sobre el mercado norteamericano, Misa señaló que Estados Unidos fue el único destino que “no tuvo estridencia en ningún momento”, y actualmente sigue con “estabilidad” en su demanda y precios. Estados Unidos es “un buen mercado, tenemos un tema de cuotas y gran parte se termina exportando fuera de cupo, algo que nos resta competitividad” frente a otros proveedores.

Los exportadores de carne uruguaya tienen acceso preferencial en ese país, mediante un cupo con rebaja arancelaria para un volumen anual de 20.000 toneladas. Por fuera de ese cupo se debe pagar 26,4% de arancel aduanero.

Brasil ingresa al mercado estadounidense a través de la cuota denominada Otros países, que totaliza 65.000 toneladas. Argentina cuenta con una cuota de 20.000 toneladas, Nueva Zelanda tiene 213.000 toneladas de cuota y Australia cuenta con un cupo de más de 448.000 toneladas, pero a diferencia de otros proveedores, Australia cuenta con un tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos y no paga aranceles por fuera de cuota.

 El bloque compuesto por Estados Unidos, Canadá y México se ubicó en el segundo lugar entre los principales mercados para las exportaciones cárnicas de Uruguay en 2022, con un 15% del monto total, lo que sumó unos US$ 485 millones, indican los registros del Instituto Nacional de Carnes (INAC).

Misa recalcó su visión respecto a que los precios de la carne tenderán a una “estabilidad” este año, lo que es “más saludable para todos” los actores del sector, en el entendido de que no es lo adecuado cuando se dan situaciones de cambios bruscos en los valores, acotó.

Un asunto que en los últimos años generó discusión entre los distintos actores del sector ganadero y cárnico es la exportación de ganado en pie. Los productores defienden ese negocio como una alternativa comercial a la demanda de la industria frigorífica local, mientras que los industriales advierten del impacto negativo que tiene la falta de materia prima para mantener su actividad y atender la demanda de carne.

Al respecto, Misa declaró: “no puedo creer que prefiramos exportar (ganado) en pie”, en lugar de “generar recursos y agregar valor en el país”, que representa “mucho más divisas para el Ministerio de Economía y el derrame que genera dentro de la economía” uruguaya. “No quiero ni pensar en 15.000 personas en el seguro de paro, lo que puede significar” para Uruguay, advirtió.

GANADERÍA REGENERATIVA

Recientemente el frigorífico Las Moras emprendió un desafío innovador que implica el desarrollo de un sello de certificación de carne producida en suelos regenerados, para posicionar el producto en el mercado europeo, como una respuesta a los reclamos de los consumidores sobre la sustentabilidad ambiental y el calentamiento global.

Junto con la empresa Pampa Oriental y el instituto Savory, el frigorífico inició un programa de suelos regenerados para lo cual invitó a productores ganaderos que ya trabajan en la producción de carne orgánica, comentó.

Dijo que en este trabajo se miden ciertos aspectos del suelo y la biodiversidad y se contrastan con “resultados reales”, lo que incluye el estudio de la retención de agua en los suelos, de la captura de carbono y el control de las emisiones de metano, entre otras características del lugar. El productor que decide apostar a este tipo de emprendimientos requiere de algún tipo de “retorno”, porque “esto es por plata”, indicó.

Misa destacó que el proyecto ha tenido “bastante suceso”, aunque aclaró que “no son muchos kilos” y que “hoy no tiene una diferencia de precio”. Además, reconoció que más adelante este emprendimiento deberá tener un diferencial de precio para el productor y la firma comercializadora del producto de origen netamente pastoril, respetando los ciclos y los tiempos de la naturaleza. “Hoy se faenan novillos o vacas, no es como el cupo Hilton” que limita las categorías de vacunos y los cortes de carne, sostuvo.

La directora de frigorífico Las Moras también valoró el “entusiasmo” generado en este trabajo, más allá del impacto provocado por la sequía entre fines del año pasado y los primeros meses de 2023. 

De hecho, Las Moras fue una de las empresas pioneras del sector cárnico en tomar la determinación de generar un plan productivo en ese sentido, mediante la certificación con el sello denominado Land to Market para la marca Morus. Este trabajo fue divulgado por el frigorífico en noviembre del año pasado, en conjunto con Pampa Oriental, que a su vez forma parte de la red global del instituto Savory.

Nota de Revista Verde N°107

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ADP sube su apuesta a la interacción agrícola-ganadera en el noreste

By Cristina Fumero,

La empresa invirtió US$ 1,2 millones para instalar una planta de raciones en Caraguatá, que tendrá como principal objetivo abastecer a su corral de engorde ubicado en esa zona

Agronegocios Del Plata (ADP) inauguró una planta de raciones en la zona de Caraguatá, al sureste del departamento de Tacuarembó. La inversión fue de US$ 1,2 millones, y la nueva planta cuenta con una capacidad de producción de 10 toneladas por hora. Allí se producirán raciones para cría, recría, destete, mantenimiento y engorde, que tendrán presentaciones en bolsas de 25 kilos y big bag de 500 kilos.

El director ejecutivo de ADP, Marcos Guigou, dijo a VERDE que el noreste de Uruguay es una zona “distinta” a la del litoral-sur, donde hay una “aspiradora” de granos en el puerto y la industria cárnica “está cerca”, porque “hay frigoríficos en Durazno, Montevideo, San José y Colonia”. Sin embargo, en esta región, que tiene “muy buenos campos” para instrumentar un modelo agrícola intenso o similar “al que nos gusta”, hay que “crear más condiciones”, porque la demanda está lejos y el costo de los fletes “se incrementa mucho”.

En Caraguatá ADP instaló en 2010 una planta de acopio de granos para 23.000 toneladas. En 2020, en el mismo predio, dejó operativo un corral de engorde con una capacidad instantánea de 5.000 animales. Y recientemente inauguró esta planta de raciones, “un objetivo que teníamos hace bastante tiempo”, expresó el empresario. 

A propósito, dijo que “a veces las cosas no se pueden hacer al ritmo que uno las imagina, pero acá se va consolidando un polo que consume 15.000 toneladas de granos forrajeros, transformados en ración para el corral propio, y en un escenario no muy optimista se pueden sumar para terceros de 5.000 toneladas a 7.000 toneladas por año”.

Destacó que de esta forma se va “creando un polo que agrega valor y a su vez permite hacer otras cosas”, posibilitando “ampliar” el espectro de negocios en esa zona. En la medida que “nos podamos integrar a otras cadenas, como la cárnica, pero pensando en la cría y la recría de animales, van a aparecer cosas para hacer”, consideró. 

En tal sentido, afirmó que “al cambiar la lógica del negocio, y al sacarle a la producción de granos la necesidad de hacer 560 kilómetros para llegar al consumo, se desatan un montón de cosas nuevas”.

Sobre el corral de engorde en Caraguatá, Guigou valoró que en la zona se está “rodeado” de criadores y recriadores, “entonces siempre vas a tener ganado disponible”. En ADP cuando se ingresa a una fase de compra, “porque sacaste mucho ganado, el primer corral que se llena es el de Caraguatá. Esa es una ventaja competitiva muy grande”.

Señaló que el modelo ganadero de ADP ha sido diseñado para que consuma los granos de la agricultura, “pero podemos llegar a tener un cambio, vamos a necesitar más agricultura de tipo forrajero, que expandirá el consumo y allí pueden aparecer otros negocios como la hotelería para productores ganaderos”.

El empresario comentó que ADP, con la planta de raciones se amplía la capacidad de interacción con diferentes actores “para entender las necesidades de los productores de la zona” y también para explorar “nuevos modelos” de trabajo.

Resaltó la evolución de la ganadería y el rol que está jugando la producción agrícola. “Mientras no se tienen los granos, que son la energía del sistema, no se avanza”, sostuvo. Y afirmó que al introducir la agricultura al sistema de producción, la velocidad “sube”. En tal sentido, consideró que la ganadería a pasto es un sistema “más barato”, pero también “muy dependiente” del clima.

Recordó que hace unos años ADP planteó el modelo de “hacer la reserva de granos para el ganadero que le arrienda el campo, pero no dio resultado; quizás ahora sea una opción viable”. En esa zona hay un espacio enorme “para expandir” la producción agrícola, pero irse lejos para muchos agricultores “genera restricciones”, advirtió.

Hasta el noreste de Uruguay –integrado por los departamentos de Rivera, Tacuarembó y Cerro Largo– llegó la expansión agrícola que se desarrolló durante los primeros años de la segunda década de este siglo. Luego, por el incremento de los costos, fuertemente influenciados por la inflación en dólares y la caída de los precios de la soja en la zafra 2014/15, el área agrícola allí tuvo un fuerte descenso. 

Pero desde hace tres zafras se observa una tendencia alcista en la superficie sembrada. El área agrícola en Tacuarembó se acerca a las 20.000 hectáreas, mientras que en Cerro Largo superó las 30.000 hectáreas y se siembran 10.000 hectáreas en Rivera. 

En verano, en esa zona también se planta sorgo y maíz, mientras que en invierno se realizan cultivos de cobertura, con destino a forraje. Este proceso está influenciado por la intensificación ganadera, que demanda gran parte de los granos que se producen en esa región, además de la recuperación de los precios agrícolas, entre otros factores.

En el noreste el modelo agrícola de ADP marca que la soja ocupa cerca del 70% de la superficie de verano, mientras que sorgo y maíz abarcan casi el 30% del total. En esa región la producción agrícola de ADP también comprende la siembra de maíz de segunda luego de trigo o cebada forrajera y maíz tardío. “Antes era casi todo soja. Por más que se pueda desplazar un poco más a la soja y hacer más sorgo y maíz, la solución pasa por expandir un poco más el área y la producción. Porque tanto en el corral como en la planta de raciones hay un consumo permanente de granos, que va sacando stock”, señaló el director de ADP. 

Además, explicó que “nos ha cambiado la lógica. Antes utilizábamos a la planta de acopio como reservorio y movíamos los granos fuera de zafra para bajar fletes”.

Guigou también resaltó que esa zona “está llena” de campos con represas que se utilizan en parte para regar arroz, pero que “ahora ven la posibilidad” de regar otros cultivos. En otros lados “estamos desafiados” para utilizar el riego y “acá la fuente de agua está resuelta”, lo que se debe hacer es “ajustar un poco el modelo”, que está diseñado para arroz, y la demanda para esas situaciones puede ser “enorme”.

Nota de Revista Verde N°107

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El ping pong soja-arroz se vuelve más fuerte en el este de Uruguay

By Cristina Fumero,

La complementariedad entre la oleaginosa y el cereal, brinda más  competitividad a los cultivos. Manejo, genética y tecnología, son las claves para consolidar un proceso virtuoso

Luego de una fuerte caída del área de soja en la zona este del país, que la llevó a unas 60.000 hectáreas, el cultivo encontró un lugar en los sistemas arroceros y a partir de allí, la superficie de soja en rotación con arroz siempre creció. Operadores del sector marcan que en esa región, cerca del 25% del área arrocera se encuentra rotando con soja, una práctica que se realiza desde hace varios años en Río Grande del Sur (Brasil) y en regiones arroceras de Estados Unidos. 

Con ese contexto, se lleva adelante el proyecto de investigación denominado Geotecnologías para cultivos y pasturas regadas en sistemas arroceros, con la participación del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Consultora del Este, Barraca Erro y el apoyo de la Agencia Nacional de Investigación e

Innovación (ANII). “Ahora arranca una nueva fase, que permitirá recabar más y mejor información, con apoyo ANII e INIA, y un mayor alcance, para extenderlo a más localidades en la región y a otros cultivos y pasturas regadas”, dijo a VERDE, el integrante de Consultora del Este, Roberto Lima.

La inclusión de la soja en la rotación del arroz “impacta en la baja de costos, por ejemplo del laboreo de verano, bajando por lo menos US$ 60 o US$ 70 (por hectárea)”. También valoró que la oleaginosa “reduce las necesidades de operación, porque se cosecha en seco o con huelleo mínimo. Lo único que hay que hacer posteriormente son las taipas”.

En el marco de una jornada de actualización técnica sobre soja en sistemas arroceros, realizada en Vergara, Rincón de Ramírez y Río Branco, Lima explicó que “en los últimos 5 o 6 años el nivel tecnológico ha mejorado mucho y se van adoptando buenas prácticas”.

Aseguró que eso “llevó a que la soja en el este dispute los mejores puestos de productividad a nivel país”. “Tal vez no esté en las productividades extremas, pero sí en promedio, porque en las zonas bajas está mostrando una estabilidad bastante interesante en los últimos años”.

Describió que para aquellas sojas que se toman los recaudos de drenaje y las buenas prácticas, como siembras en fecha y con buena maquinaria, “se logran 2.500 kilos por hectárea”, mientras que aquellas que se realizan con geonivelación y riego logran “más de 3.000 kilos por hectárea”.

Explicó que en las zonas bajas los dos problemas claros a solucionar tienen que ver con la “topografía y el drenaje”, porque cuando llueve hay que sacar rápido el agua de las chacras. A diferencia del arroz, si la soja permanece más de un día inundada se muere, “esto es algo que ha venido mejorando mucho”.

Por otra parte, “cuando el verano es muy fuerte, el suelo tiene poca capacidad de retención de agua, entonces la geonivelación aporta la posibilidad de ensayar distintas modalidades de riego que se vienen llevando adelante con éxito”, destacó.

Señaló que se está trabajando “con los camellones, que cumplen una doble función: mejoran el drenaje de la parcela y colocan a la soja unos centímetros por encima del nivel normal del suelo. Se siembra con tierra movida, lo que permite un desarrollo radicular muy bueno, además de contar con riego por surco. Esto hace que la soja pase muy bien cuando llueve mucho y también cuando faltan las lluvias”. 

El único costo que agrega es “la pasada” de la camellonera, que es “como pasar una rastra rápida, “no es de las labores más pesadas, se hace con la tierra bastante afinada y solo cuesta unos pocos dólares de gasoil”, acotó. 

En esos casos los rendimientos “se han estabilizado por encima de 3.000 kilos por hectárea, llegando a 3.500 kilos por hectárea, dependiendo de la fecha de siembra. Llegar a 3.500 kilos es un objetivo para quienes siguen este tipo de sistemas y la estrategia apunta a lograr altos rendimientos de forma estable”.

El punto de equilibrio dependerá del valor que “se le asigne al agua”.  Generalmente “se usa muy poca agua”, por lo tanto “le cuesta poco” al productor. Si el costo de producción de un cultivo de soja en secano se ubicó entre los US$ 700 y US$ 800 por hectárea, el costo de una soja con riego en camellones “puede situarse en los US$ 1.200 por hectárea, incluyendo renta, riego y demás”.

Esta modalidad requiere de un “laboreo mínimo”, pero los suelos quedan con “muy buenos drenajes” y con la posibilidad de “entrar a sembrar” arroz en fechas tempranas, que permiten lograr “los mejores rendimientos” superando los 10.000 kilos de arroz por hectárea.

Lima indicó que otra modalidad de riego apunta a una “estrategia defensiva”. Se está ensayando el riego por manto, “ayudado por taipas que están salteadas en relación a las taipas que se usan para arroz, por eso en soja se utiliza la mitad de las taipas que se emplean para arroz, con un intervalo vertical mayor”. Pero después “se usa toda la infraestructura de riego del arroz”. 

Esta modalidad “va muy bien en campos” con geonivelación, que hayan superado las interrupciones en el flujo del agua. Este “es un riego suplementario”, que en función de las lluvias se aplica o no. “Hay bastante experiencia, porque hay productores arroceros que lo tienen como un seguro de producción”. En esos casos la productividad “se ubica en 2.500 kilos por hectárea”, y en esas situaciones “la chacra queda prácticamente armada para el arroz que se siembra posteriormente”. En este caso los costos de producción “no tienen una gran diferencia” frente a los que tiene una soja en condiciones de secano. “Venimos en un proceso de aprendizaje”, pero “consideramos que las tecnologías disponibles son totalmente escalables”, por eso creemos que “seguirán creciendo la zona este”, acotó.

EN LA CHACRA

El gerente de Casarone Agroindustrial, Daniel Gonnet, explicó que la empresa tiene una rotación arroz-soja durante cuatro años y después cuatro años de pasturas. “Queremos integrar la fase de pasturas para la sustentabilidad del sistema”, comentó.

Confirmó que la oleaginosa se incluyó en “una escala importante”. Recordó que en la zona este la rotación tradicional era arroz-ganadería. “Se hacía laboreo en el verano previo a la siembra de arroz, pero ahora tratamos de utilizar el tiempo de ese laboreo de verano con soja, y así se da una complementariedad”, valoró.

El ingeniero agrónomo consideró que fueron varios los factores que favorecieron la incorporación de la soja al sistema arrocero. “Una fue la mejora genética, adaptada a estos suelos que tienen características particulares, como la escasa profundidad (15 o 20 centímetros); ahora hay una genética con adaptación a ese tipo de ambiente, con rendimientos buenos; después hubo un factor precio; además de un aprendizaje de los productores”, detalló.

Afirmó que la soja “es un cultivo que en estos suelos planos ahora también tiene un éxito productivo que remunera económicamente, además de los beneficios que genera para el arroz”. La complementariedad “es muy importante” y en el arroz “ya tenemos una infraestructura de riego, drenaje, caminería, y al agregarle otro cultivo suma competitividad”.

Gonnet indicó que la tecnología RTK para la geonivelación de las chacras permitió mejorar el manejo y ser mucho más precisos en el drenaje, aumentando la capacidad de sacar el agua del suelo, “porque hace un relevamiento planialtimétrico del suelo, permite identificar las depresiones y diseñar los drenajes con una precisión muy alta”. 

Para regar “lo que hacemos es geonivelar el suelo, que es una intervención posterior a tener un relevamiento RTK. Consiste básicamente en sacar suelo de las áreas altas y llevarlo hacia las depresiones. Con eso tenemos una pendiente que sigue siendo variable pero definida, y permite que el agua transcurra de una manera franca, sin acumularse en pozos”. 

Gonnet indicó que al riego y al drenaje “los pudimos ver en escala comercial, con muy buenos resultados, porque si vienen períodos de excesos hídricos la capacidad de sacar agua es muy superior, y cuando tenemos déficit podemos regar con diferentes tecnologías. Se pueden hacer camellones, regar por inundación, siempre sobre esa plataforma que permite que el agua transcurra de una manera eficiente, en una dirección, y no se acumule o no llegue a los lugares altos”. 

Para el gerente de Casarone, el avance que muestra el complemento entre soja, arroz y ganadería “puede provocar una valorización de los campos en la zona. Los campos se valorizan por la capacidad de producir. Tradicionalmente se usaba un indicador indirecto, que reflejaba un momento productivo, que era el Índice Coneat (IC). Los campos arroceros tienen un IC bajo, y en la medida que uno los promueve con arroz, la producción ya deja de tener relación con el IC. Entonces, lo mismo que pasó con el IC al producir un alto de valor con arroz, si le agregó una soja que tiene precios interesantes y rinde 2.500 kilos, el valor de la tierra sube, porque produce más”. 

Soja en el este

“Si trazamos una línea de Vichadero (Rivera) a Maldonado, todo lo que está al este, tiene un área aproximada de 160.000 hectáreas de soja en esta zafra. Todavía no hay

números oficiales, pero tenemos contacto con cada productor y es una estimación bastante clara”, dijo a VERDE, Carlos Collares, responsable de Barraca Erro en esa región.

Repasó que en la zafra 2012/13 la superficie de soja en el este “tuvo un pico máximo de 330.000 hectáreas, en 2013/14 cayó por el aumento de costos del cultivo, los grandes grupos tuvieron ciertas dificultades, y en 2014/15 –con el quiebre de precios de la soja– el área se redujo mucho”. 

Indicó que el piso de área de soja en la región “estuvo en el orden de 60.000 hectáreas” y “más de 160 productores dejaron de sembrar”. Pero “desde entonces el área creció en 100.000 hectáreas”, subrayó.

Cuando se redujo el área de la oleaginosa en la zona, “unos 90 productores locales siguieron sembrando, pero en menores áreas, integrándola con sus sistemas de producción, en esquemas de rotaciones, en campos propios o arrendados, con ganadería y/o arroz”. A propósito, destacó que “en todos estos años, después de una gran caída, el área de soja en rotación con arroz siempre creció”.

Estimó que “hay unos 200 productores de soja en el este”. Analizó que el área de soja “ha crecido empujada por los precios, que son determinantes en esto, pero también porque se descubrió un conjunto de sinergias con el arroz,

que ayudan a ese cultivo y reducen los costos del sistema”. Valoró que “el laboreo para el arroz se hace antes, se siembra y cosecha la soja, y no se realiza otro laboreo para el arroz, además de controlar malezas”. Concluyó que “esta integración resultó muy beneficiosa”.

Integración público-privada

La integración de los sectores público y privado en el proyecto de investigación sobre geotecnología para cultivos y pasturas regados en sistemas arroceros “nos permite seguir avanzando en trabajos primarios” sobre “esta nueva manera de sistematizar las

chacras”, destacó el investigador del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, Álvaro Roel.

El ingeniero agrónomo destacó la posibilidad de integrar otros cultivos con requerimientos de riego diferentes al del arroz. “Esto nos tiene muy entusiasmados, 

porque es una solución agronómica, que no necesita agredir al suelo, pero nos evita tener años sin cosecha, que es lo que el productor quiere evitar”, remarcó.

Para Roel “está el desafío futuro” de integrar al maíz e incluso el riego praderas para integrar a la ganadería. “Qué diferente podría haber sido este año con praderas regadas”. Por lo tanto, “vemos otras alternativas”, concluyó. 

 

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Los 10 conceptos jurásicos de manejo y su impacto en el ambiente

By Cristina Fumero,

El consultor argentino Carlos Becco planteó que, al menos por ahora, la agricultura es uno de los pocos sectores donde los líderes digitales aún no desplazaron a los analógicos

Mauro Florentín
Redacción

“Soy un viejo lobo de mar, tengo 40 años en el sector agropecuario” y “a lo largo de este período he visto una tremenda transformación” en la producción, dijo el consultor privado argentino Carlos Becco, en una charla organizada por la empresa Fadisol, en la Expoactiva Nacional, bajo el título La revolución digital en el agro.

Para el desarrollo de su presentación, el profesional hizo un repaso de ciertos hechos históricos. Aludió al “primer concierto benéfico en la historia del rock”, que se realizó en 1971 para ayudar a los refugiados de Pakistán.Ese evento se denominó Concierto para Bangladesh y fue organizado por el exbeatle George Harrison y el músico indio Ravi Shankar.

En aquel momento “el gran problema para la humanidad era el hambre”, y “no sabíamos si los campos iban a dar para producir” los alimentos requeridos por la creciente población mundial, recordó Becco. Y luego contó que “gracias al concierto de Bangladesh, hace 50 años, decidí estudiar agronomía”.

Al hacer el ejercicio de pensar en cómo será la transformación del agro en los próximos años, Becco planteó su convencimiento en que “el futuro está en el campo”.

Los 10 jurásicos

En otro momento de su presentación, cuando volvió a enviar algunos mensajes a los presentes, Becco pasó enumerar 10 conceptos “jurásicos” que tradicionalmente se manejan en el agro. El primero que nombró fue la “dosis por hectárea”, el segundo es que “solo un 10% de los fitosanitarios aplicados llega a destino”, y el tercero es que “solo 50% de los nutrientes llega a la planta”, al referirse a la eficiencia en el uso de fertilizantes.

También indicó que “usamos 60% más agua que la que podemos reponer”, como un cuarto concepto que empleó para alertar sobre el impacto de la producción en los recursos naturales y el medio ambiente. “No supervisamos, hacemos autopsias”, consideró.

Otros conceptos planteados por el consultor argentino refieren al promedio de (carga ganadera) de 0,6 terneros por hectárea, que “compramos sin conocer la calidad”; y que “prestamos dinero sin saber dónde se usa”. “Utilizo más información para alquilar un cuarto de hotel que para vender mi producción”, graficó en tono irónico.

Becco, quien en un comienzo de esta parte de su charla reconoció que seguramente algunos le van a pegar por sus comentarios, cuestionó que el empresario o productor agropecuario no conoce el impacto ambiental de su actividad. “Estuve 20 años dedicándome a vender glifosato y estoy cansado de ser visto como el villano de la película”, admitió a los productores y técnicos del público que seguían la presentación.

Al tiempo que reconoció que “el agro puede ser parte de la solución al problema del cambio climático”. Pero advirtió que “cuando uno va caminando hacia un precipicio no alcanza con caminar más lento, porque igual va terminar cayendo, lo que se debe hacer es cambiar la dirección, hacer otra cosa”.

Ese fue uno de los comentarios finales de su charla en Expoactiva, en un nuevo intento por incentivar a la reflexión y a la toma de decisiones para cambiar algunas prácticas y manejos del agro, pensando en el futuro y en la revolución digital.

El arado y la locura de las pantallas

La genética, los insumos y los fertilizantes fueron los conceptos básicos de la revolución verde, que se dio en un primer momento, consideró el consultor argentino. Seguidamente, repasó algunos de los principales cambios en la agricultura mundial. “Inventamos la siembra directa, lo que modificó la manera de producir”, señaló. Y valoró que, con eso, “despedimos el arado”, que “destruía a los suelos”.

Destacó además el descubrimiento de la soja y de la biotecnología, aludiendo a un encuentro “secreto”, organizado por la empresa Monsanto, en el que le mostraron “por primera vez lo que era una soja transgénica”. “Hoy en día una hectárea produce cinco veces más que hace cinco décadas”, enfatizó Becco, para dar una dimensión del avance productivo.

En paralelo, el consultor argentino se refirió a la revolución tecnológica y a la “locura de las pantallas”, específicamente al teléfono móvil, que permite comprar, vender, viajar y relacionarse entre personas. Usando este aparato “nos separamos y nos encontramos”, acotó.

Para dar una idea al público que escuchaba la charla del grado de relevancia que tiene la telefonía celular y la tecnología en la vida de cada uno, Becco recalcó que “hoy todo pasa por las redes sociales y por lo digital”, sino “no pasa”.

Repasó que la digitalización en el agro comenzó en 1998, en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Manfredi, ubicado en la provincia de Córdoba (Argentina), donde lograron transmitir digitalmente por primera vez los datos de un campo.

Contó que los técnicos de ese lugar se subieron a la cima de un molino, para así lograr que funcionara la conexión con un teléfono celular de esa época.

Desde ese momento, y hasta 2018, la historia de la agropecuaria fue de “consolidación”, en un proceso en el que “el pez grande se fue comiendo al pez chico”, en el entendido de que miles de pequeños emprendimientos fueron adquiridos por grandes compañías.

“Durante todo este tiempo el agro fue un baile de pueblo”, graficó el consultor, aludiendo a que todos se conocían y casi nunca llegaba alguien de afuera. Argumentó que “a nadie del mundo de la inversión se le ocurría venir a invertir en el agro”, porque era un sector considerado “muy conservador, muy riesgoso y no se lo entendía”.

Afirmó que durante “muchos años nadie del sector financiero invertía” en la agropecuaria, pero “en 2010 eso empezó a cambiar”. Y agregó que la situación en la actividad productiva pasó “del baile de pueblo a la fiesta tecno”.

La inversión en negocios vinculados con el agro fue de US$ 30 billones en 2022, destacó. Y mostró un gráfico que representaba una especie de “mapa digital mundial”, donde figuraban cientos de emprendimientos, que representan proyectos, tecnología y aplicaciones vinculadas a una amplia diversidad de servicios.

“Eso es lo que llamo la revolución digital en el agro”, que es un “rejuvenecer de oportunidades, de soñadores”, señaló. Debido a esos cambios, “en poco tiempo ya hay unicornios que representan empresas con valor de US$ 1 billón”, en ciertos casos “algunos son argentinos, otros colombianos y pronto habrá uruguayos”, avizoró.

Confesó que uno de los gráficos que le producen “escalofríos” es el que muestra el avance de los grupos empresariales líderes digitales en las distintas actividades de la economía mundial. “La agricultura es uno de los pocos sectores donde los líderes digitales aún no desplazaron a los analógicos”, advirtió. Para luego plantear la interrogante: ¿hasta cuándo eso se mantendrá así?

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Complementariedad entre lechería y agricultura salió a luz con la sequía

By Cristina Fumero,

El productor Carlos Torterolo, de San José, remarcó que los tambos asociados con la producción de granos logran 50% más leche que los sistemas exclusivamente pastoriles

Si bien desde la lechería se ha visto a la agricultura como una amenaza, sobre todo en la competencia por la tierra, la crisis que generó esta sequía permitió una complementariedad entre ambos rubros. Tanto como fuente de fibra como por los servicios asociados a la producción de granos, la agricultura ha sido un gran aliado para mantener los sistemas lecheros funcionando, aseguró a VERDE el productor Carlos Torterolo. 

El empresario explicó que “la alimentación de la vaca lechera en Uruguay depende cada vez más de la agricultura”, y agregó que los sistemas que están más asociados con esta producción tienen una mayor eficiencia de conversión, ya que por cada kilo de alimento producen 1,5 litros de leche”. 

Torterolo destacó los cambios que se dieron en el sector agrícola en los últimos 20 años, que permitieron aumentar no solamente el área sino también la producción, permitiendo un gran desarrollo de los servicios. “Los productores lecheros estamos aprovechando esos servicios para revertir la situación”, admitió.

La sequía golpeó muy fuerte a la cuenca lechera tradicional, razón por la cual Torterolo entiende que la inmensa mayoría de los tambos van a registrar fuertes pérdidas económicas, que les dejarán secuelas a futuro. Agregó que los números del sector hoy son “muy malos”, y que el negocio “no es atractivo”. 

Si bien aseguró que el productor con más escala tiene otras herramientas para salir de esta crisis, el pequeño no tiene otra alternativa que seguir produciendo. Recordó que el 80% de los productores remiten el 20% de la leche, por lo que “no tienen muchas opciones productivas mejores que la lechería”. Consideró que ese espectro de productores es el que saldrá resentido de esta crisis, con implicancias en su vida familiar. “Hay una diferencia notoria sobre las posibilidades de gestionar una crisis, según el estrato de los productores”, enfatizó.

En este contexto complejo, Torterolo destacó el rol de la agricultura, asegurando que hoy hay muchos tamberos trabajando con contratistas agrícolas, facilitando la capacidad de reconstruir las pasturas. 

A estas ventajas logísticas se suma la fuente de alimento. Si bien los costos son elevados, los cultivos se transformaron en fuente de fibra para los establecimientos lecheros. En la última zafra y por los efectos de la sequía “utilizamos los maíces y las sojas que no rindieron”, puntualizó el productor. Si bien reconoció que esa fibra no es de gran calidad y se compró a un costo elevado, permite mantener los sistemas productivos funcionando, algo que es indispensable en la lechería. 

Torterolo recordó que, en esta sequía, considerada una de las más severas por las condiciones de temperaturas, humedad y falta de agua, muchos tamberos de sistemas pastoriles o mixtos, comenzaron a encerrar sus ganados ya sobre fines del año pasado, utilizando estos recursos de la agricultura. “Es una sequía que está pegando muy duro en el sector lechero”, razón por lo cual entiende que muchos productores podrían incluso quedar por el camino. 

“Esto va a dejar secuelas en todo el sistema”, afirmó, al tiempo que estimó que habrá un fuerte endeudamiento del sector y “no todos están dispuestos a sobrellevarlo”. También consideró que para aquellos que estaban transitando el final de su ciclo como productores esta crisis puede ser determinante para “acelerar la decisión” de dejar la producción láctea.

El productor del departamento de San José comentó que si bien se registraron algunas lluvias entre abril y mayo, se hizo muy complejo llegar a los “dos pastoreos diarios” y continuar con el plan de alimentación que se realiza en la empresa, “donde la pastura rondaba el 50% de la dieta de la vaca”.

Como datos positivos en este contexto se destacan los buenos precios que se han obtenido por la leche y también por la carne, además del endeudamiento que hasta el momento era bajo. El empresario también remarcó que “se mejoraron muchos aspectos vinculados con la logística, la granelización de las raciones, permitiendo manejar volúmenes más importantes, la automatización y el equipamiento de los tambos”. Aseguró que estos aspectos posicionan al productor en una “situación diferente”, para poder sobrellevar la adversidad y “quedar mejor preparados” para escenarios similares que pueden llegar en el futuro.

Sin querer criticar a los sistemas pastoriles, Torterolo aseguró que la alimentación de la vaca lechera en Uruguay depende cada vez más de los sistemas agrícolas. “El 50% de la alimentación depende del pasto, mientras que el resto depende del sistema agrícola”, con un 25% del alimento que previene de concentrados y un 25% de reservas de sorgo o maíz, detalló. 

La presencia de la agricultura en la alimentación de la vaca ha ido creciendo en los últimos años, y “esta tendencia no muestra señales de revertirse”, consideró. 

El productor agregó que muchos establecimientos lecheros están incursionando en sistemas estabulados o de cama caliente, que demandan más producción agrícola, lo que está asociado a una mayor eficiencia de los recursos. “ A la hora de producir alimento los sistemas agrícolas se muestran más eficientes que los sistemas pastoriles”, puntualizó, y agregó que a su entender la producción animal en general dependerá cada vez más de la agricultura. 

Torterolo consideró que esta es la chance que tienen los pequeños productores de crecer. Graficó que en los sistemas pastoriles, por cada kilo de materia seca se logra 1 litro de leche; mientras que en los sistemas más dependientes de la agricultura, por cada kilo de alimento se obtiene 1,5 litros de leche. “Estamos hablando de una mayor eficiencia de conversión”, remarcó, lo que a su entender es una oportunidad para aquellos productores que quieran impulsarse y crecer. 

Otro factor importante al que se refirió Torterolo está asociado con la alta inversión y los riesgos. Recordó que el 50% de la lechería uruguaya se realiza en área arrendada, algo que eleva los riesgos y los costos, razón por la cual entiende que se debe tender a sistemas de producción estabulados.

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Uruguay comienza a producir colza para la industria de salmón en Chile

By Cristina Fumero,

Agrotop y Fadisol celebraron un acuerdo que permitió contratar 30.000 hectáreas a productores uruguayos, con el objetivo de exportar 60.000 toneladas de la oleaginosa

Con el objetivo de proveer de alimento a la industria chilena de salmón, las empresas Agrotop (de Chile) y Fadisol (de Uruguay) celebraron un acuerdo que les permitirá contratar 30.000 hectáreas de colza a productores uruguayos, aspirando a la exportación de 60.000 toneladas de la oleaginosa.

La industria chilena de salmón suele importar más de 200.000 toneladas de colza, fundamentalmente desde Canadá, sin embargo  Uruguay puede ofrecerle una ventaja logística, con ahorro en fletes.

Esa industria chilena produce 751.000 toneladas de salmón, equivalente a US$ 6.600 millones. El gerente de Administración, Finanzas y Abastecimiento de Agrotop, Carlos Sandoval, dijo a VERDE que en Chile hay una demanda insatisfecha y por eso “la necesidad de acercarse a Uruguay”.

Destacó que el salmón “es nuestra segunda industria exportadora, después del cobre”, y que Chile “es el segundo exportador mundial de salmón, después de Noruega”. Esa actividad demanda “el equivalente a US$ 1.700 millones” en insumos para la elaboración de alimentos, “con un impacto global en la demanda interna de Chile de US$ 3.600 millones entre proveedores”, detalló.

El gerente señaló que “el déficit estructural se complementa con importación de aceite de colza, en un volumen equivalente a 219.000 toneladas de granos”. En ese sentido, dijo que “hay espacio para que Oleotop (empresa aceitera de Agrotop) pueda suplir lo que abastece Canadá”. 

Juan Foderé, integrante del directorio de Fadisol, destacó este acuerdo comercial. “Se trata de un destino diferente y creemos que el beneficio es para todos”, dijo. Consideró que el sector productivo se tiene que sentir “muy alegre de tener otro mercado que no tiene tanta exigencia como el europeo, que se lleva gran parte de la producción uruguaya”.

Foderé dijo que el plan comercial contempla 30.000 hectáreas y el contrato de producción marca dos alternativas comerciales: un precio fijo que se actualiza semana a semana, entre fines de abril y principios de mayo osciló entre los US$ 465 y US$ 445 por tonelada, donde el productor puede fijar hasta 500 kilos por hectárea previo a cosecha.

La otra alternativa es la referencia: colza febrero 2024 del mercado Matif (Francia), que en el momento en que se redactó este artículo tenía una prima de US$ 67 por tonelada y “no hay límites” en los volúmenes a fijar. En ambos casos los precios son base acopio y no puesto en el puerto de Montevideo o Nueva Palmira. Esto tiene “una ventaja de flete”, indicó.

Las condiciones de entrega de la producción marcan un nivel de  humedad 8% en el recibo y contempla bonificación por materia grasa.

La exportación de colza uruguaya a Chile tiene contemplados dos períodos de despacho. “Como nuestra cosecha es a partir de enero, vemos muy atractivo poder llevar la colza en noviembre y diciembre. La primera etapa se enviará vía terrestre, pero el siguiente volumen va a ser vía marítima, ya sea desde Nueva Palmira o Montevideo, dependiendo de los volúmenes”, detalló Sandoval. 

En Chile Agrotop compra la producción de cerca de 30.000 hectáreas de colza, que equivalen al 65% o 70% de toda la superficie del cultivo en ese país, que significan unas 135.000 toneladas”, dijo. La empresa también opera con maíz, lupino y otros granos. En total, origina unas 350.000 toneladas por US$ 145 millones. “Hoy día, como grupo consolidado, tenemos ventas que superan los US$ 290 millones”, indicó el ejecutivo.

Sandoval explicó que Agrotop es “líder en la industria de colza y de avena” en Chile, donde “tenemos aproximadamente el 70% de participación en la superficie de siembra de colza y 40% de avena, para consumo animal y humano”. Agregó que la colza les permite elaborar aceite y concentrados proteicos, y que el principal mercado es el de la alimentación animal y la industria del salmón. 

Agrotop exporta a más de 27 países y es el principal proveedor de Pepsico para su marca Avena Quaker, y a través de esa empresa ha exportado a Estados Unidos y Asia. 

Sandoval puntualizó que Agrotop “no es un trader sino la industria final, y eso nos da una ventaja competitiva”. Explicó que el grano es para consumo animal y, por lo tanto, “no hay restricciones de trazabilidad”. Indicó que la colza “no debe ser transgénica”, pero destacó que en Uruguay no se siembra colza genéticamente modificada.

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