El productor agrícola-ganadero Julio Gugelmeier lidera un establecimiento de 870 hectáreas, ubicado en la ruta 52, a pocos kilómetros de Nueva Helvecia, en el departamento de Colonia. “Dependiendo del año se destinan a la agricultura entre 450 y 500 hectáreas, mientras que en las restantes se hace recría e invernada”, explicó durante su diálogo con VERDE.
El predio está ubicado en una zona donde antes había muchos establecimientos lecheros, que últimamente pasaron a la ganadería y a la agricultura. “No son los mejores campos agrícolas, porque tienen un poco de pendiente, y no son muy profundos, pero son buenos”, indicó Gugelmeier, quien trabaja con dos colaboradores. “Cuando mi padre se retiró, el año pasado, me arrendó los campos y me vendió la maquinaria y el ganado”, comentó.
Más de la mitad del área del establecimiento se dedica a la agricultura, donde en verano se realiza soja en dos tercios del área y maíz de segunda en el tercio restante. A la vez, en invierno, “mayoritariamente se siembra trigo, algo de cebada y colza, por rotación”, acotó.
Explicó que el área que sale de la soja es la que normalmente se destina a cultivos de invierno, mientras que en las chacras donde se hace maíz de segunda se destinan a soja de primera. En el área de cultivos de invierno luego se siembra soja de segunda y maíces de segunda. Así está establecida la rotación. La inclusión de pasturas es muy pequeña, y se utiliza en las chacras más cercanas al área ganadera, mientras que en las más alejadas “se hace una rotación agrícola continua e intensiva”.
Consideró que “la productividad agrícola viene subiendo, por la mejora genética, el manejo y el avance biotecnológico de algunos cultivos como el maíz”, que incorporó la tecnología Enlist y mayor protección contra insectos. Esto permitió que el maíz de segunda “sea un complemento muy interesante para el área de soja”, por “su aporte a la rotación y a la mejora del campo, con muy buenos resultados”.
En años normales el piso de rendimientos se ubica en 6.500 kilos por hectárea (kg/ha), con productividades de hasta 8.000 kg/ha, mientras que en los años buenos se puede llegar a 9.000 kg/ha. El productor señaló que “le hemos encontrado un mejor nicho al maíz de segunda que al de primera, ya que en enero siempre se dan olas de calor y los maíces de segunda o los tardíos toleran mejor” esas situaciones. Recordó que el año pasado “también sufrieron la seca”, por lo extremo que fue ese fenómeno en Uruguay.
Consultado sobre la presente zafra de soja, respondió que “hasta el momento (principios de mayo) se viene logrando una productividad de entre 2.800 y 2.900 kg/ha”, y estimó que ese será el promedio de esta campaña.
Gugelmeier sostuvo que ese rendimiento se encuentra en “la media del establecimiento”, puntualizando que en la zafra pasada prácticamente “no se pudo cosechar”, por la sequía, mientras que en la campaña 2021/22 la productividad “había sido récord”, con 4.000 kg/ha. “Normalmente, cuando se plantea hacer un cultivo de soja en nuestra zona, se espera un rendimiento promedio de 2.800 a 3.000 kg/ha”, comentó.
En el caso del trigo resaltó la mejora genética, al igual que en los otros cultivos, así como los avances en el manejo de la fertilización y la aplicación de fungicidas que “han permitido un salto productivo”.
En la zafra anterior “se logró un rendimiento de 6.000 kg/ha. Fue de los niveles más altos que hemos tenido en los últimos años”, destacó. De todos modos, admitió que “no fue un año fácil”, por los excesos de lluvias en la cosecha de invierno, pero “gracias a la diversificación de materiales” y “marcar prioridades a la hora de cosechar”, se alcanzaron muy buenos rendimientos promedio y con buena calidad.
También destacó los avances en cebada, cultivo que, pese a las dificultades del año pasado, “nos permitió lograr rendimientos de entre 6.000 y 7.000 kg/ha”.
LOS CULTIVOS Y EL MANEJO
Gugelmeier comentó que su empresa apunta a la utilización de tecnología, pero siempre “con cabeza y cintura”. Señaló que en esta zafra de verano “el maíz se sembró más tarde, por lo cual se ajustó la fertilización nitrogenada, entendiendo que se iban a sacrificar kilos”.
Planteó que este año los cultivos de invierno “no se darán en las mismas condiciones” del año pasado, por lo que “sembraremos las chacras que estén mejor”.
También sostuvo que “hay tecnologías que no se pueden dejar de aplicar para obtener un cultivo de calidad. Sabemos que son necesarios los fungicidas, cierta cantidad de fertilizantes y el manejo de malezas”.
Dijo que en años normales “apuntamos a la productividad”, comenzando con la fecha de siembra óptima, que “para nosotros es un factor relevante” para lograr buenos rendimientos. Explicó que los cultivos que no están tan bien implantados pero que fueron sembrados en fecha óptima tienen iguales o mejores resultados que los que se hacen con buena siembra pero fuera de fecha. “Son datos que te demuestran los cultivos con el paso de los años”, porque “un año te puede salir bien, pero no pasa siempre”, afirmó.
Por ese motivo, Gugelmeier explicó que este año no sembrará colza, porque “se pasó la fecha óptima de siembra” y, por lo tanto, optó por sembrar trigo y algo de cebada. Si bien reconoció que se había registrado una mejora del precio y los márgenes, “no están dadas las condiciones para el cultivo”, dijo.
Comentó que siembra colza, entre otros motivos, “porque libera la chacra antes” que otros cultivos, “para entrar al verano con una soja de segunda en fecha de primera”, y por esa razón “el 15 de mayo es la fecha límite para sembrar”.
Al analizar los márgenes, afirmó que el mercado “está muy inestable”, con situaciones internacionales como las guerras, que provocan variaciones importantes en los precios de los granos y también en los insumos.
Destacó que el trigo tuvo una recuperación de precios en el mercado de Chicago, marcando a su vez el precio de la cebada en Uruguay. En el arranque de mayo superó los US$ 250 por tonelada, “un precio bastante mejor al que recibimos en la zafra anterior y, con los costos actuales brindaría un mejor margen del que tuvimos en la zafra pasada”.
La soja, con un precio de algo más de US$ 400 por tonelada y rendimientos cercanos a los 3.000 kg/ha, “deja un buen resultado”. Por lo tanto, afirmó que “si el clima nos permite cosechar y podemos implantar algún cultivo de invierno, vamos a tener márgenes aceptables este año”.
GANADERÍA
La producción ganadera del establecimiento consiste en recría e invernada. Se compra el ternero y en el correr de un año a 15 meses se saca el novillo gordo dentro de un sistema pastoril con suplementación. En años complejos, como este, por las intensas lluvias, se encierra “como fusible” algún lote de animales a los que se les da reservas, como silo de maíz, para evitar el pisoteo. El encierro puede ser por algunos días o incluso puede llegar hasta completar la terminación, describió Gugelmeier.
Señaló que el establecimiento tiene unas 200 hectáreas que están sobre el río Rosario, que son inundables. “En marzo y abril de este año creció el río y tapó esas 200 hectáreas, por lo que quedaron inutilizadas por bastante tiempo, y se perdió parte de los verdeos sembrados. Ahora no tenemos casi piso para el pastoreo, por lo que apelamos a las reservas, encerrando ganado”.
Gugelmeier analizó que este es un año “complejo” para el negocio ganadero, por el alto valor de la reposición. A su entender el ganado gordo tiene un precio “razonable”, y reconoció que en años anteriores registró “valores especiales”. Indicó que el negocio se trata de comprar dos terneros y medio por cada novillo gordo vendido, y este año “apenas llegamos a dos terneros”, situación que “acorta mucho los márgenes”, graficó.
Dijo que una forma de contrarrestar esta situación es con eficiencia, y “eso no implica necesariamente ganar más kilos”, pero con más tiempo de engorde esa ganancia de peso se podría perder con una baja de precios.
Recordó que eso sucedió el año pasado. A fines de agosto comenzó a bajar el precio del novillo, y en diciembre, cuando se vendió el ganado, “lo que habíamos ganado en kilos lo perdimos en precio”.
El productor considera que la decisión de esperar que la reposición baje o sumarle kilos a los ganados “es difícil”, y por lo tanto busca que “la eficiencia venga por el lado de la comida”, cuidando los costos, produciendo la mayor cantidad de forraje y de granos en el establecimiento. “Los mercados son un subibaja, lo que se pierde en un año capaz se gana en otro”, o viceversa, acotó.
Agregó que los novillos se embarcan a frigorífico con 500 o 520 kilos, aunque por temas de mercado “puede suceder que saquemos novillos más livianos, con 420 o 450 kilos”, buscando aprovechar las oportunidades de precios que puede brindar el abasto.
EL NEGOCIO
Sobre las perspectivas del negocio agrícola-ganadero, Gugelmeier sostuvo que “es difícil proyectar, considerando que es mejor hablar de ciclos”. A propósito, planteó que “tenemos años muy buenos desde lo climático y de los precios; otros en que los precios y el rendimiento están en el promedio, y años en que se juntan precios bajos y productividades negativas”. De todas formas, Gugelmeier consideró que “en el promedio de los años el negocio funciona”. Por lo tanto, afirmó que “es fundamental tener una visión a largo plazo, y más considerando la variabilidad de la agricultura y su dependencia con el clima”.
Por último, el productor agrícola-ganadero de Colonia afirmó que “la ganadería es un poco más segura, aunque en los últimos años también hemos tenido mucha variabilidad de precios”. Por eso, consideró que “hay que sobrellevar los años difíciles”, ya que en “el promedio de varios años, vemos que el negocio está bien”.
PGG Wrightson Seeds cumplió 25 años en Uruguay. La empresa de semillas se consolidó como una de las principales del mercado local de forrajeras, desarrollando genética propia y también a través de un acuerdo con el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), transformando a Uruguay en el núcleo de su operativa regional.
El grupo neozelandés llegó a Uruguay en 1999, cuando realizó un acuerdo con 14 productores, localizados básicamente al sur del río Negro. Su principal objetivo era encontrar aportes de la genética de pasturas neozelandesas en Uruguay.
El gerente general de PGG Wrightson Seeds, José García, recordó que “hemos pasado por distintas etapas, por distintas crisis, desde excesos hídricos hasta grandes secas, incluyendo crisis económicas como la de los años 2001 y 2002”, pero destacó que en general “fue un período de fuerte crecimiento para el grupo, dado el compromiso y las inversiones realizadas”.
Admitió que las diferencias culturales entre Uruguay y Nueva Zelanda son “algo en lo que aún hoy seguimos trabajando”. Comentó que los colaboradores de la empresa han tenido que aprender y entender qué significa el agregado de valor desde el punto de vista de las semillas forrajeras, la importancia de la producción de materia seca en los 12 meses, en qué momentos del año se ofrece ese forraje y qué tan crítico es para los sistemas productivos, además de su persistencia.
Los técnicos neozelandeses, que siguen visitando Uruguay, también se han tenido que adaptar a las particularidades del país, no solo del ambiente, suelo o el clima, sino también al ambiente de negocios, que es totalmente diferente al neozelandés. Y esto lo tuvieron que hacer también en la región, porque desde Uruguay la empresa maneja el mercado de semillas forrajeras en Argentina, Brasil y Chile.
García insistió en que “incluso más importante que el clima es el ambiente de negocios”. Recordó que en los primeros años Wrightson Pas tuvo gerenciamiento neozelandés y rápidamente decidió cambiar a un gerenciamiento local, porque “la política monetaria, cambiaria e incluso el modelo de negocios con los productores lecheros y ganaderos es totalmente distinto, así como los esquemas de pago, el financiamiento, el acompañamiento al productor, a los distribuidores. Hay que tener una sintonía muy fina para lograr seguir al mercado forrajero en esta parte del mundo”, sostuvo.
Posicionamiento
El grupo empresarial tiene en Uruguay “más del 50% del market share de especies forrajeras protegidas”, destacó García; además de “una posición importante y de liderazgo en Brasil y Argentina”, algo que “implica una responsabilidad”, declaró.
“El compromiso es estar a la altura, no solamente desde el punto de vista del soporte técnico de nuestros productos o de las cosas que la empresa hace, la inversión anual en mejoramiento genético, los convenios con INIA o con Embrapa, en Brasil”, destacó.
Este compromiso fue evidente, sobre todo en los últimos años, para asegurar el abastecimiento de semillas. “En Uruguay hay unas 35.000 hectáreas de superficie de multiplicación de semillas, no solamente para nuestra región. El 90% del área se hace pensando en los tres países”, informó.
Luego de los desafíos que impuso la sequía en años anteriores, la pasada primavera y verano se caracterizaron por las abundantes lluvias, que también fueron desafiantes para las cosechas y lograr semillas de alta calidad.
García destacó que “venimos creciendo cada año, no solamente acá sino también en Argentina, en áreas de multiplicación de semillas de leguminosas y de gramíneas bajo riego”. Valoró que “hay una apuesta y una inversión importante para obtener una producción que logre abastecer a los mercados”.
Exportación
A propósito de los mercados de exportación, García destacó los convenios con INIA, que permiten tener una “muy buena presencia en el mercado de las festucas con variedades propias en Australia, Francia, Chile, por mencionar algunos mercados”. También dijo que “tenemos un mercado interesantísimo con la cebadilla INIA Leona en Australia”, y para el trébol rojo Antares “tenemos un mercado en crecimiento en Francia”, informó.
Los dos años anteriores fueron duros para la exportación de semillas. “Pensamos que en 2024 tendremos un número bastante más interesante, pero venimos de dos años con muy poco excedente. Todo lo que estaba para exportación quedó comprometido para la lechería y nuestros convenios con Conaprole y Prolesa, y el sector ganadero”, comentó.
García calificó como “visionarios” a los representantes de la empresa que en 2007-2008 firmaron el convenio con INIA. Ello permitió que “hoy tengamos un programa totalmente consistente, con las mejores variedades de festucas, raigrases perennes y anuales en la región. No solo son los mejores en su performance a campo y de la producción forrajera, sino que lo más importante en este negocio es concretar, producir la semilla”, dijo.
Destacó que el raigrás Winter Star 3 “es el raigrás tetraploide más vendido”, así como las festucas INIA Fortuna, INIA Aurora e INIA Rizar. En los últimos años “veníamos con muy buen nivel de ventas de un raigrás perenne 100% importado de Nueva Zelanda”, dijo, pero al mismo tiempo valoró que “hoy el raigrás perenne más vendido es Virazón”, que es producto del mejoramiento genético realizado entre PGG Wrightson Seeds e INIA, producido localmente.
Logística
García reconoció que en las semillas forrajeras la logística “es importantísima”, porque “tenemos que cosechar en noviembre y diciembre, y en enero el productor lechero ya está pidiendo la avena. Todo lo que podamos crecer en producción local será de mutuo beneficio”, afirmó.
El centro logístico se construyó en 2015, con una inversión de más de US$ 14 millones, y permitió acortar los plazos en la cosecha, procesamiento, limpieza, tratamiento, mezcla y envasado. “Ha sido fundamental para poder llegar con la semilla, no solo para nuestro país sino también tener oferta en febrero y marzo para el sur de Brasil”, señaló.
El futuro
“Cada año nos preguntamos hacia dónde va el mercado, y lo discutimos mucho. Los productores de carne y de leche cada año nos piden variedades más persistentes, que sean más resilientes frente a los excesos o déficit hídricos, pero que al mismo tiempo sean más eficientes en el uso de insumos”, planteó García.
El objetivo es que no sea necesario estar todos los días viendo las praderas, fertilizando o combatiendo malezas, además de poder bajar la carga de insumos en el campo.
“Se está trabajando mucho con INIA, con Nueva Zelanda y Europa, para generar variedades nuevas con ese foco, sin perder la producción de forraje físico ni calidad, logrando que sea más eficiente el uso de insumos”, explicó.
Agregó que “hay líneas de investigación con endófitos”, y que “en el corto y mediano plazo vamos a tener novedades en todos los temas biológicos y endófitos específicos para festuca, raigrás, alfalfa y tratamiento de semillas”.
Tratamiento de semillas
PGG Wrightson Seeds “apuesta al tratamiento de semillas, confía mucho en la información y la tecnología, intenta que no solo las plantas sino también los técnicos de campo cuenten con el mejor producto. Se ha generado mucha información y año a año las pruebas a nivel de campo nos dan respuesta”, destacó.
La empresa inició en 1960 la generación de tratamiento profesional de semillas para leguminosas y gramíneas en Oceanía. “En Uruguay estamos desde 2011, con nuestra primera planta, hoy ya tenemos dos. Es un área sensible y tenemos que generar la mayor cantidad de información a nivel de campo y de laboratorios, en cuanto a la calidad del tratamiento, y cuáles son los ingredientes y las recetas que se están llevando para cada una de las especies forrajeras”, remarcó.
Agregó que tanto en la cuenca lechera como en el sector ganadero “esta tendencia seguirá creciendo, porque cada vez los productores y el personal tienen más cosas para hacer, las ventanas son más cortas y tenemos que facilitarle la operativa”.
En PGG Wrightson Seeds Uruguay trabajan unas 165 personas, y cerca de 40 son agrónomos, veterinarios y técnicos. Su principal alianza comercial desde 2004 es con Prolesa-Conaprole. “Tenemos acuerdos de cooperación e investigación con INIA y con Fucrea”, y al mismo tiempo “se cuenta con una cadena de distribución muy buena y estable”, describió el gerente general de PGG Wrightson Seeds.
Visión de Uruguay desde Nueva Zelanda
“Percibíamos que nuestros productos posiblemente se aplicarían a esta región y aquella premisa resultó ser cierta”, comentó el CEO de PGG Wrightson Seeds para Oceanía, John Mckenzie.
Agregó que desde aquella región se ve a Sudamérica con similitudes a Nueva Zelanda y Australia, como la producción ganadera y lechera de base pastoril, con productos y sistemas que “son muy similares”.
“Hemos tenido una muy buena colaboración con INIA, creando buenos productos de raigrás anual y festuca, que están un paso adelante de los cultivares que trajimos de Nueva Zelanda. Siempre sentí que este negocio crecería enormemente en Uruguay a lo largo de los años, porque veo las oportunidades de desarrollo de la producción pastoril”, expresó.
Por su parte, Alan Stewart, gerente de Mejoramiento Genético de PGG Wrightson Seeds para Nueva Zelanda, recordó que “desarrollamos la alianza estratégica con INIA para el mejoramiento genético en raigrás y festuca, e instalamos un campo experimental para evaluar las variedades en Uruguay”.
Destacó que INIA “ha desarrollado un amplio programa de materiales”, y que “es muy valioso contar con un raigrás perenne para la lechería uruguaya. Ha sido uno de los proyectos más desafiantes tener un tetraploide para las condiciones de Uruguay”.
También señaló que “hemos desarrollado Virazón en el programa de mejoramiento conjunto con INIA”, y que “está siendo un producto muy valorado por la ganadería y lechería uruguaya”.
Los pioneros de Pas
Alfredo Castells y Antonio Bandeira son dos de los socios fundadores de Pas en Uruguay. Desde la década del 70, cuando se liberó el mercado de semillas –que anteriormente era manejado por el MGAP– hasta los años 90 –cuando se fundó Pas– se desarrolló el marco jurídico e institucional del sector. En aquel entonces Uruguay importaba el 90% de la semilla que se comercializaba en el mercado, describió Castells.
Luego señaló que “el contexto conceptual y tecnológico en el desarrollo de pasturas de Nueva Zelanda es de élite para nosotros y Wrightson nos iba a dar un respaldo enorme”.
Bandeira recordó que enseguida que se realizó el primer acuerdo con Wrightson “se empezaron a multiplicar dos variedades de raigrás en el país, que andaban muy bien”. Con los años “se fue agrandando la producción de especies y variedades, logrando conseguir más productores”, agregó.
Castells recordó que un paso siguiente fue plantear que “no solo queríamos sus variedades sino su respaldo técnico para desarrollar las mejores variedades para Uruguay, pero nos respondieron que para eso necesitaban manejar la empresa y así compraron el 51% de las acciones”.
Nuevo Surco cumplió 20 años y festejó con actividades en Nueva Helvecia (Colonia) y Paysandú. El director de la empresa, Pablo Engelhardt, dijo a VERDE que 20 años pueden ser considerados un período de tiempo relativamente corto, pero “para una empresa es bastante largo”.
El empresario analizó que durante este período “hubo muchos cambios” en la agricultura uruguaya, que pasó de 12.000 o 15.000 hectáreas de soja a principios de los años 2000 a 1,3 millones de hectáreas, con picos de más 1,5 millones de hectáreas. También señaló que el trigo pasó de rendimientos de 3.000 kilos por hectárea (kg/ha) a más de 5.000 kg/ha. “Los cambios que hubo en la parte productiva, en el manejo y en los insumos han sido sustanciales”, remarcó.
Nuevo Surco comenzó sus operaciones hace 20 años en Tarariras (Colonia), con Pablo Engelhard y su esposa –socios y propietarios de la firma– y otra persona que se encargaba de la facturación. Actualmente cuenta con un equipo de 47 personas y tiene presencia en San José, Paysandú y Tarariras.
“Se generaron otros servicios, se crearon sociedades que nos han permitido tener una planta de silos, y se incorporó una empresa de camiones. Fueron cambios necesarios para adaptarnos a las necesidades de los productores”, dijo Engelhardt.
La empresa cuenta con una pequeña área productiva junto a productores, otra arista es el asesoramiento técnico, “uno de los pilares del negocio”, y luego todo lo vinculado a la venta de insumos y la comercialización de granos, con un fuerte foco en la logística, “para que el productor no pare mientras siembra o cosecha”, dijo.
El empresario también señaló que “buscamos alternativas en las coberturas de precio para bajar el riesgo de los productores”. En síntesis, sostuvo que el objetivo de la compañía es “brindar facilidades, con dinamismo y agilidad al negocio”.
En el área de insumos destacó el avance con representaciones propias, donde sobresale la alianza con laboratorios Nova –de Argentina–, así como los acuerdos con los semilleros ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas) y el de Jerónimo Leaniz –de trigo uruguayo–. Nuevo Surco también está impulsando un acuerdo con una empresa canadiense, para sumar genética en cebada, avena y trigo.
Al analizar los cambios que registró el productor uruguayo, Engelhardt ejemplificó que hace 20 años la preocupación era lo que demoraba un camión con una capacidad de 16.000 kilos para cargar en la chacra, mientras que actualmente los productores están sacando más de un camión de 30.000 kilos por hora. “Los camiones no dan abasto con el ritmo de las cosechadoras”, subrayó.
Además, destacó que el productor es cada vez más profesional, con conocimientos en genética y fertilización, necesitando no solo el asesoramiento de un ingeniero agrónomo o de un veterinario, sino de un contador, de un abogado y de un escribano. “Esos cambios nos empujan a ser más profesionales y que nuestras recomendaciones se sustenten en investigación y en gerenciamiento”.
NOVEDADES EN TRIGO
En trigo Nuevo Surco apunta a potencial de rendimiento, con altos niveles de calidad y buen comportamiento sanitario, dijo a VERDE Sofía Quintela, integrante de la empresa. La firma trabaja con el programa de trigo de ACA y con el programa uruguayo fundado por el Dr. Alberto Artola, que actualmente lidera Jerónimo Leaniz, que comparte la genética de dos trigos que fueron referencia en el mercado: Berretín y Malevo; y ahora está lanzando Batacazo.
“Se trata de un material de ciclo intermedio-corto” y la fecha de siembra “se posiciona entre fines de mayo y hasta mediados de julio”, describió Quintela.
Sobre el material ACA 605, informó que se trata del “primer trigo que surge con la tecnología doble haploide, que aporta varias ventajas, entre ellas acortar el proceso de mejoramiento genético”. Es un material que aporta rendimiento, calidad y sanidad. También tiene un ciclo intermedio-corto, pero la recomendación es sembrarlo desde mediados de junio y hasta fines de julio.
Quintela señaló que Batacazo promedió 7.600 kg/ha en la Evaluación Nacional de Cultivares, mientras que ACA 605 promedió 7.200 kg/ha, “son cultivares de punta”, sostuvo.
MANEJO DE MALEZAS
En la actividad de celebración de los 20 años de Nuevo Surco, Compañía Cibeles presentó Zupremo, un nuevo herbicida preemergente para trigo, soja y maíz. Hernán Pucurull, integrante de esa empresa, explicó a VERDE que el producto es una mezcla de piroxasulfona, un activo nuevo y flumioxazina, para evitar resistencias en chacras.
Remarcó que las malezas resistentes “han crecido mucho”, con dificultades generadas por raigrás y rábanos en invierno, mientras que en verano la problemática surge con el Amaranthus, capines, gramíneas y echinochloas, entre otras. “Zupremo nos ha dado en todos los ensayos muy buenos resultados para el control de malezas complicadas”, valoró.
Agregó que se trata de un producto con muy buena selectividad y residualidad. “Buscamos controlar las malezas previo a la siembra y tener el mayor tiempo posible del cultivo libre de malezas. Zupremo “aporta entre 35 y 40 días de residualidad, mientras que la siembra de trigo se puede realizar a partir del séptimo día posterior a la aplicación”, dijo.
En verano la soja no muestra dificultades, mientras que para el maíz “la recomendación es aplicar de 10 a 15 días antes de la siembra”, indicó.
Compañía Cibeles cuenta con un complejo industrial con nueve plantas de formulación. La empresa comenzó en el año 2000 con 2,5 plantas de productos para el agro. Con el pasar de los años “se ha ido reinvirtiendo, hasta llegar a la actual infraestructura, donde se pueden formular concentrados emulsionales, suspensiones concentradas, curasemillas, separar fungicidas, insecticidas y herbicidas”.
A su vez, Pucurull dijo que también se puede separar los herbicidas hormonales de los otros, lo cual “es una gran tranquilidad y nos ha aumentado la capacidad productiva”. Esto “le ha permitido a la empresa un gran desempeño a nivel nacional” y “hoy estamos buscando más mercados en el exterior”.
Por su parte, Felipe Foglino de AM Agro, aseguró a VERDE que es importante entender a la maleza como parte de un sistema integral y de la rotación. “Cada vez se pierden más modos de acción, hace unos años teníamos 10 modos de acción para enfrentar a la zafra de invierno y hoy tenemos tres o cuatro vigentes, con muchos problemas de resistencia y tolerancia”, advirtió.
Por lo tanto, consideró que el desafío pasa a ser la rotación, lo que implica elegir los cultivos, “no solo la especie a sembrar sino la variedad que tolere más o menos a determinados activos”. A su vez, destacó la importancia de saber cuál es la persistencia de ese activo en el suelo, para que no limite el potencial de rendimiento.
“Antes se hablaba de rendimientos en invierno en torno a 3.000 o 4.000 kilos y no se veía el efecto que generaban algunos herbicidas en el suelo. Hoy, para cubrir los costos y para que la actividad sea rentable, necesitamos rendimientos muy altos, con lo cual debemos conocer todo al máximo detalle”, acotó.
Dijo que al contar con precios más bajos por los commodities, y dificultades por la seca o el exceso de lluvias, “se deben volcar todas las herramientas para maximizar esos rendimientos”.
Para Foglino los principales problemas en invierno pasan por el raigrás resistente a múltiples modos de acción, imposibilita la acción herbicida adentro del cultivo, “lo que provoca menor rendimiento por competencia”.
A la vez, las malezas de hoja ancha, como rábanos o nabolza, vienen surgiendo como consecuencia de la rotación utilizada, que desde hace varios incluyó a cultivos como colza y carinata.
Dentro de las estrategias de control, Foglino resaltó los resultados que viene obteniendo AM Agro con el herbicida preemergente Zupremo, de Cibeles, que cuenta con dos activos piroxasulfona y flumioxazina, “logrando una suspensión concentrada de dos modos acción, que permite cuidar al piroxasulfona, que es una muy buena herramienta para el control preemergente de raigrás en invierno, así como para echinochloa y Amaranthus en verano”.
“Se trata de una herramienta contundente y eficiente, y por esa variabilidad de tener dos modos de acción perdura en el tiempo como herramienta”, destacó.
Se presentará un nuevo esquema de manejo de la fertilización para los cultivos de trigo, donde “lo novedoso pasará por la forma de diagnosticar y estimar las necesidades de nitrógeno”, comunicó a VERDE el ingeniero agrónomo Andrés Berger, investigador de la estación experimental La Estanzuela, del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).
No solo se hace énfasis en “utilizar las herramientas que ya existen para manejar el nitrógeno y recomendar dosis en el momento de la siembra y en el macollaje, sino también en aplicar entre Z30 y Z50, es decir, entre el inicio de la encañazón y prácticamente la espigazón”, señaló el investigador de INIA La Estanzuela. El nuevo sistema apunta a que las dosis que se deben aplicar en el momento de la encañazón sean más grandes que las que se aplicaban antes de esa etapa.
Berger agregó que con el nuevo esquema se cambia la fertilización nitrogenada porque “se pasa de usar indicadores basados en evaluar el estrés, a realizar una descripción sobre la necesidad basada en la capacidad de crecimiento futuro del cultivo”. Apunta a “poder recomendar dosis más altas cuando se necesita y dosis más bajas si el cultivo no las necesita”, indicó.
Explicó que el esquema se aplica en función de los datos de experimentos de casi 10 años. “Vemos que es posible concretar rendimientos altos y mantener un contenido de proteína elevado”, dijo el ingeniero agrónomo.
Señaló que al ver los datos de las últimas zafras “se observa que el rendimiento ha aumentado y que el contenido de proteína se ha mantenido a través del tiempo”. Eso, en buena medida, “se ha explicado por un ajuste de la fertilización al alza y también por dosis aplicadas en momentos más tardíos del cultivo”.
En la IVa edición de la Jornada de Cultivos de Invierno, organizada por Fucrea e INIA, se presentaron los fundamentos de uso del nuevo sistema del manejo de nitrógeno y la información de fertilización estará disponible en la página web de INIA. “Allí el productor podrá ingresar los datos, lo que permitirá generar una recomendación de la dosis a aplicar”, acotó.
Berger entiende que este esquema “permite hacer algo que era muy demandado, que es aplicar en Z30, en el inicio de la encañazón, pudiéndose luego volver a tomar una muestra más adelante y aplicar nuevamente si se considera necesario”.
Las herramientas que están ahora disponibles “son basadas en estimar el índice de nutrición nitrogenada, que implica estimar el nivel de estrés que tiene el cultivo, es decir, la deficiencia que tiene y corregirla”.
Sin embargo, este sistema apunta a proyectar cuál será la posible demanda futura del cultivo. “Es un esquema diferente, que aporta una visión distinta de cómo estimar las necesidades”, comentó.
El nuevo planteo para definir la fertilización “se basa en un muestreo de biomasa, donde se analiza el contenido de nitrógeno”, señaló. El proceso comienza con la carga de la información de la chacra, cultivar, fecha de siembra para estimar la fecha de floración, la fecha de muestreo y también los datos del ciclo del cultivo y de las fertilizaciones previas.
En función de la cantidad de biomasa que tiene en ese momento se proyecta el crecimiento futuro y “se hace un balance de la necesidad adicional a lo que ya está agregado o disponible en el suelo”.
El investigador resaltó que el sistema es “realmente novedoso”, ya que “si bien aplicar nitrógeno de forma tardía es algo que se hace en todo el mundo, la forma de diagnosticarlo y de estimar la necesidad es diferente”.
EL BALANCE DEL TRIGO 2023/24
En su presentación titulada Aprendizajes de un año récord y nuevas herramientas de decisión para asegurar el crecimiento, Berger explicó que luego del análisis de la última campaña de invierno se concluyó que “el clima no fue la principal causa que explicó los resultados récord del trigo, sino la gran disponibilidad de nitrógeno que había acumulado en el suelo desde el verano”.
En esa línea, recordó que “no hubo eventos que promovieran que ese nitrógeno se perdiera y el cultivo de trigo lo pudo utilizar de manera eficiente”.
Para el investigador esos factores, sumados a otros elementos de manejo –como poder realizar las tareas en tiempo y forma, ya que no hubo grandes eventos extremos–, y la utilización de cultivares de mayor potencial, “permitieron alcanzar ese rendimiento récord”.
Además, indicó que la fertilización “es clave para concretar rendimientos altos”. En la medida en que el potencial de rendimiento en trigo aumenta, “es fundamental que la fertilización acompañe, ya que de lo contrario no se concretaría ese crecimiento productivo”, dijo.
A propósito, agregó que en los últimos años “ha venido aumentando el nivel de fertilización y eso ha posibilitado que se concrete un rendimiento más alto”.
LA EVOLUCIÓN
Sobre la evolución de la demanda de nitrógeno que ha tenido el cultivo de trigo en Uruguay, el investigador del INIA sostuvo que al analizar los datos de Fucrea “se observa que se han reducido los extremos”.
Afirmó que actualmente “casi nadie se plantea sembrar un cultivo sin aplicar nitrógeno, o incluso aplicar dosis bajas, porque se sabe que eso no es posible”. En tal sentido destacó que “ha bajado el número de chacras que aplican dosis bajas” de nitrógeno.
Por otra parte, también valoró que “se redujo el número de chacras que llevan dosis muy altas”, que “en muchos casos no son necesarias”.
Berger señaló que la fertilización se ha concentrado en un punto medio, y que a su vez ese punto medio “se ha corregido” a través de los años y “hoy se ubica entre 130 kilos y 140 kilos de nitrógeno total agregado por hectárea, frente a los 100 kilos que teníamos hace cuatro o cinco años”.
De todas formas, puntualizó que “la zafra pasada fue una excepción, por la disponibilidad de nitrógeno en el suelo, lo que llevó a aplicar menos por hectárea”.
LA NUEVA ZAFRA
Berger advirtió que la zafra de trigo 2024/25 “será diferente”, porque comenzará con suelos muy lavados por la lluvia, con poco nitrógeno, y que además en el verano no hubo cultivos fallados”. Por lo tanto, “creemos que este año será muy importante ajustar la fertilización en la siembra y usar la recomendación basada en muestras de suelo”, puntualizó.
El especialista de INIA La Estanzuela consideró que “si hay menos de 10 partes por millón (ppm) de nitratos en el suelo, que es algo muy frecuente en estas situaciones, la recomendación es aplicar entre 40 y 50 kilos de nitrógeno a la siembra”.
Berger advirtió que “probablemente con los fertilizantes binarios no sea suficiente, por lo que será necesaria una aplicación de urea inmediatamente postsiembra o en torno a la siembra. Este dato es muy importante, porque se trata de una zafra muy particular”.
Ager Agro apuesta a su portafolio integral de insumos para la agricultura en un momento en que el mercado de productos biológicos está en primera plana y creciendo
Las empresas biotecnológicas ven un futuro promisorio para los productos biológicos en la región. Julián Etchegoyen, director de Ager Agro, dijo a VERDE que el mercado de los productos biológicos crece de forma “sostenida” desde hace unos años, y tanto la industria como el mercado vienen poniendo este asunto “en primera plana”, lo que obliga a “repensar” algunas cuestiones asociadas con las tecnologías de producción.
“El productor lo está empezando a considerar en forma más masiva”, porque “antes solamente los biológicos se nombraban para el tratamiento de semillas o como inoculantes”, pero ahora ya se ven “biocontroladores”, como son los biofungicidas en semillas, entre otros temas de interés para la agricultura.
“El partido se está empezando a jugar y falta mucho tiempo para que las tecnologías biológicas tengan un porcentaje grande del mercado, pero vamos hacia eso, estamos preparados, trabajamos con empresas biotecnológicas muy grandes, que están viendo un futuro muy promisorio en la región”, advirtió. Consideró que la empresa podrá colocar en los distintos mercados las “tecnologías biológicas”, que “van a agregar valor” e ir en ese sentido, acotó.
A modo de ejemplo, Etchegoyen comentó que hoy en materia de biológicas Ager Agro tiene una proteína que está patentada por la firma Plant Health Care y que tiene un concepto “muy interesante” al generar un “efecto de hipersensibilidad” en el cultivo y hace que “la planta esté fisiológicamente en óptimas condiciones”, lo que evita a su vez la aparición de enfermedades y mejora su desarrollo. El producto está registrado en Argentina y en vías de registro en el mercado uruguayo.
La evolución de Ager Agro
El “foco” está puesto “en desarrollar diferentes alianzas estratégicas” en Latinoamérica. Por ahora cuenta con presencia en Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay, pero la proyección apunta a ampliar su trabajo en otros mercados.
Destacó que la empresa uruguaya lleva cuatro años de operativa, en el área especializada de la distribución de tecnologías e insumos para la producción agropecuaria, y tiene la estrategia de “asociarse con partners locales”, porque le permite “identificar las necesidades de los agricultores”, “ofrecer tecnologías con valor agregado” y así mejorar sus resultados productivos.
La “línea madre” es la de coadyuvantes, que se complementa con productos de otras líneas como fertilizantes, bioestimulantes y biológicos, comentó. Acotó que la firma “siempre trabaja sobre especialidades y productos de valor agregado”, con “tecnologías que tienen desarrollos comprobados” a nivel mundial y que están comercialmente disponibles en otros mercados.
Ager Agro concentra su portafolio principalmente con fertilizantes de base, como los microgranulados, fósforo y nitrógeno con micronutrientes, pero trabaja también con potasio en el mercado de Uruguay, además de ofrecer productos a base de zinc, boro, de “uso más bien foliar”, y un bioestimulante con aminoácidos nutrientes y extractos de alga, detalló el ejecutivo.
Y destacó que “hubo una respuesta fenomenal” del producto con la marca Nutrition Grow, que lo comercializa 3 Agro en Uruguay.
En cuanto a la fertilización foliar, Etchegoyen señaló que hay países que avanzaron “más que otros”, como el caso de Brasil, que tiene un nivel “altísimo” de adopción de la tecnología, mientras que otros países como Argentina y Uruguay todavía están “en una etapa anterior” en la adopción y desarrollo, por lo que es necesario “trabajar más” en los requerimientos de los diferentes lotes y cultivos para elaborar un “plan nutricional”.
Calidad y eficiencia
La empresa hace varios años que trabaja en la línea de coadyuvantes y “la calidad y eficiencia de aplicación hoy es una necesidad imperiosa para el productor, porque la sociedad nos exige ser más eficientes y el nivel de inversión en protección de cultivos es muy elevado”, dijo, planteando que “es necesario ver reflejada esa apuesta del productor”. Además, afirmó que este es un tema que “al productor le preocupa y le ocupa”, ahora “sentimos que empezamos a estar en auge en el tema”, y contamos con “tecnologías más que interesantes para proponer”.
Los potenciales compradores prefieren predios agrícolas y forestales; la estabilidad y seguridad jurídica de Uruguay son aspectos claves para definir los planes de inversión
Mauro Florentín Redacción
Hoy en día el negocio de invertir en el agro, principalmente en la compra o arrendamientos de campos, parece dejar de estar atado a factores coyunturales vinculados con el clima o con los precios de los alimentos, sino que están más bien ligados a una visión de mediano y largo plazo.
Eso tiene que ver con el perfil de los inversionistas y con las mismas transformaciones de la producción rural, entre otros tantos aspectos que juegan a la hora de tomar decisiones de este tipo.
Sobre estos temas, VERDE habló con uno de los directores de la empresa Gorlero & Cía, Federico Hareau, quien destacó que hay “dos tipos de inversiones”, los grupos económicos de gran escala y los particulares de menor escala.
En ambos casos uno de los puntos clave se vincula con la “estabilidad” y la “seguridad” que ofrece Uruguay como elementos a considerar para definir sus planes de inversiones, advirtió.
Tras un año “muy golpeado” por la seca en el agro uruguayo, hubo un freno en el interés de productores locales, pero luego empezaron las consultas de “afuera”, que no pararon en cuanto a la intención de acceder a un campo agrícola o para forestación, dijo.
Y vaticinó que 2024 será un año “movido” en la operativa del mercado de inmuebles rurales, especialmente de los inversores con una visión más globalizada.
Más familiar y dinero de vuelta
Hay “mucho interés de europeos” en dos tipos de inversiones “muy firmes”, que comprenden lo que son los family office, que “invierten en muchas partes del mundo”, que sin valorar tanto la cantidad de superficie piensa en el margen y la rentabilidad, por lo cual es clave que cierren los números en el excel, comentó.
Planteó que en esos casos se trata de un negocio de ocasión, que por lo general compran un campo y lo arriendan para buscar esa renta esperada.
Pero también está el inversor europeo “más familiar”, que “tiene su negocio afuera” del campo, que “quiere meter una pata” en la producción de agroalimentos y que “quiere realmente explotar” el campo, para lo cual establece un sistema de gestión en Uruguay. Este tipo de actores sí se ven en el mercado, dijo.
Respecto al papel que juega el inversor local en el negocio, Hareau señaló que hubo “mucho movimiento” de inversionistas uruguayos, principalmente en la época de la pandemia, cuando “muchos empresarios que tenían dinero colocado afuera del país vieron que el mundo se alborotó, rápidamente trajeron el capital de vuelta a Uruguay y el destino fueron los negocios agropecuarios y la compra de campos.
Sobre el perfil de inversores que no estaban vinculados con el negocio agropecuario, gente que tenía sus empresas uruguayas, que les fue muy bien y decidieron destinar sus ahorros al rubro, el director de Gorlero & Cía señaló que “esos actores estuvieron muy fuertes, se hicieron muchas compras de muchas familias uruguayas, de muchos empresarios uruguayos”. Y “sigue habiendo, pero siempre en superficies menores”.
Después, algo que favoreció el negocio fueron las tasas de interés que cobran los bancos por los préstamos, enfatizó.
El operador del mercado de campos destacó el rol que juegan las empresas como Gorlero en cuanto a la administración y gestión de los establecimientos rurales que adquieren los inversores, tanto locales como extranjeros, para brindarle los resultados esperados y la tranquilidad de saber que su propiedad está en buenas manos.
Hay gente que al principio quiere una administración, pensando en que el día de mañana, al jubilarse, se dedicará al campo. Entonces la empresa trabaja un tiempo con ellos y luego queda a cargo el inversor, comentó. Dijo que hay gente que arranca en forma gradual en el negocio y van interiorizándose, pero siempre delegan la administración.
Alianza y gestión
Hareau abordó uno de los asuntos en los que coincide la mayoría de los operadores del mercado de campos local: la dificultad para lograr que se junten las dos puntas del negocio, por un lado el propietario del campo, que mantiene sus pretensiones de ingresos a obtener por su predio; y por otro el potencial comprador o arrendador, que por lo general advierte que los precios superan sus posibilidades y las expectativas de rentabilidad. En ese tire y afloje es que se pasan meses de tratativas, que a veces desalientan a los actores del negocio o finalmente se consigue ceder en algún aspecto puntual.
Uruguay ofrece “seguridad” jurídica y “estabilidad” para los capitales, lo que juega su papel a la hora de definir nuevos proyectos de inversión, que en los últimos meses se caracterizan por el origen europeo, valoró.
Respecto a los inversionistas uruguayos que no provienen del agro, Hareau dijo que en esos casos operan con empresas encargadas de la administración y la gestión de los predios, como Golero & Cía y otras, que pasan a desempeñar un rol directo en la producción.
Esta compañía estableció un acuerdo con la firma belga Soil Capital Farming, que opera en el mismo rubro en el mercado europeo donde hay otras características en cuanto al tamaño de los campos y la manera de explotarlos, entre otros tantos aspectos.
Los responsables de esa empresa, que hace un tiempo está instalada en Argentina, están muy focalizados en el cuidado y preservación de los suelos, en las rotaciones de cultivos y producciones, con menos aplicaciones de pesticidas y herbicidas, señaló Hareau.
Dijo que en este caso existe una alianza “muy interesante” entre ambas empresas, pensando en los nuevos requerimientos de los mercados en cuanto a las condiciones de sostenibilidad ambiental y conservación. Por un lado, Soil Capital cuenta con el expertise necesario para el desarrollo de buenas prácticas de agricultura regenerativa. Por el otro, Gorlero tiene probada trayectoria en el medio uruguayo y conocimiento de las particularidades de cada región. Esta unión está orientada a un enfoque productivo sostenible, que permita al mismo tiempo maximizar la rentabilidad del negocio.
Gorlero & Cía participó en la reciente exposición internacional Agro en Punta, realizada entre fines de enero y primeros días de febrero, que congregó a profesionales, empresarios y productores del agro para el tratamiento de una amplia agenda de temas, que resultan cruciales para el presente y futuro de la producción de alimentos.
Aprovechando la vitrina global que representan este tipo de emprendimientos, esas y otras empresas apostaron al evento donde pudieron establecer nuevos contactos y fortalecer otros nexos.
Calvase y Megaagro realizaron una jornada en Artigas, donde se mostró que la inversión se paga en el primer año y deja márgenes “muy interesantes” desde el segundo año
Las pasturas en campos de basalto, sobre rastrojos de arroz y mejoramientos extensivos, mostraron “excelentes resultados”, según destacó Guillermo Rovira, integrante del departamento técnico de Calvase, en una jornada realizada por Calvase y Megaagro en Artigas. Afirmó que en ambos casos, manejándolas correctamente, las pasturas se pagan en el primer año de implantación, con márgenes muy interesantes desde el segundo año.
La zona de basalto comprende 4 millones de hectáreas, representa 21% del territorio nacional, con una variabilidad importante en el tipo de suelo. Actualmente se siembran pasturas sobre el 50% a 60% de los rastrojos de arroz que no vuelven al cultivo.
Una opción es sembrar la pradera por avión, inmediatamente después de la cosecha, y la otra es sembrar raigrás luego de la cosecha y al año siguiente o en el verano, tras laborear la chacra, sembrar por tierra una pradera. Las mezclas pueden ser: raigrás, trébol banco y lotus o festuca, trébol banco y lotus.
Rovira comentó que se compararon diferentes tipos de raigrases, poniéndole números a esas opciones. “La pradera más barata es con raigrás 284, la más cara es la que incluye la festuca, y la intermedia es una pradera con un raigrás de ciclo largo, como Jumbo”, señaló.
Afirmó que muchas veces el productor pone el foco en cuanto sale la pradera, pero “la más barata no necesariamente tiene que ser la que genera más ingreso o más margen”, indicó. Para analizar este punto se mostraron producciones de carne reales, medidas en años Niña, con mediciones de materia seca. Se demostró que la pradera más cara, que incluye festuca, es la que produce más carne y mayor margen.
La información muestra que a partir del segundo año la festuca tiene un margen US$ 380, son US$ 100 más que el raigrás 284. “Lo importante es que todas las praderas hechas sobre rastrojos de arroz se pagan en el primer año y sobra plata”, aseguró.
Además, remarcó la importancia de manejarlas correctamente, ya que si no se pastorea de manera adecuada, si no se fertiliza y no se cuidan en el verano, los resultados no son los mismos. “Hay un paquete de medidas o de recomendaciones que se deben cumplir para tener una pradera productiva y lograr esas producciones de carne y esos números”, dijo.
El otro punto abordado fueron los mejoramientos extensivos. Rovira explicó que “el mejoramiento del campo natural es otra opción, para otro tipo de suelos”, que tiene como objetivo aumentar la producción y mejorar la calidad y la distribución estacional del forraje.
El costo de los mejoramientos ronda los US$ 150 por hectárea, de los cuales US$ 80 corresponden a fertilizantes y el resto semilla y siembra. En el primer año el margen es más chico, a partir del segundo los márgenes son muy atractivos.Al igual que en las praderas sobre arroz, estas se pagan en el primer año.
Se destaca que en el primer año del mejoramiento, el valor mínimo del análisis mostró una producción de carne de 123 kg/ha, con un margen de US$ 34,5. En el segundo año el valor mínimo fue de 222 kg/ha y el margen llegó a US$ 253.
Portafolio con soluciones nutricionales
Calvase se diferencia por el portafolio que ofrece, señaló a VERDE el gerente general de la empresa, Ignacio Otegui. “Vendemos genética, y si bien es un commodity, para agregar valor buscamos tener un portafolio distinto”, dijo. Detalló que se busca contar con materiales que sean más nutritivos y que tengan mayor eficiencia de conversión, que en definitiva es lo que después otorga rentabilidad a los sistemas.
El otro pilar de la compañía es el tratamiento de semillas. “Calvase es la única empresa que tiene un tratamiento PowerSeed, con el foco en el suelo, donde incorporamos tres familias de bacterias y buscamos la sustentabilidad, disminuyendo el uso de los químicos y aumentando el uso de biológicos”, señaló.
Este año la empresa lanzó PowerSeed orgánica, “un tratamiento 100% natural; en eso estamos a la vanguardia”. Explicó que, con el tratamiento de semillas, buscan mejorar la cantidad de plantas por metro y, por ende, lograr más producción de materia seca.
Sostuvo que el tercer pilar es la posventa, que “implica el apoyo técnico, antes, durante y después de hacer una pastura”. Resumió que “en esas tres patas Calvase tiene un diferencial en este negocio. “No vendemos un commodity, vendemos una solución nutricional”, dijo. Agregó que la empresa siempre está buscando mejorar su portafolio de productos, pero aseguró que “hoy tenemos uno para atender toda la demanda ganadera, lechera, de cultivos de servicio y para distintos ambientes”.