Ante lo difícil de competir con Brasil, el camino puede ser “diferenciarse”

By Cristina Fumero,

Brasil “se despegó de todos, incluso de Estados Unidos”, ya que “hoy tiene más de 45 millones de hectáreas”, “produce 150 millones de toneladas”, tiene “zonas agrícolas muy buenas”, por lo que es un “jugador cada vez más importante en soja”, tiene “tecnología”, “buenos profesionales” y “ambientes” productivos. Así lo destacó el presidente del directorio del Grupo Don Mario (GDM), Gerardo Bartolomé, en una entrevista con VERDE, que se realizó en el marco de la jornada anual de Barraca Erro, a fines de julio en el edificio corporativo de la empresa uruguaya, en la ciudad de Dolores, departamento de Soriano.

En este diálogo el empresario argentino se refirió a varios temas de actualidad y de importancia para la producción de granos, como el rol que juega hoy Brasil en la agricultura regional y mundial, así como el relevo generacional en las empresas, considerando que actualmente su hijo Ignacio Bartolomé pasó a asumir la responsabilidad de ser el gerente general de GDM.

¿Qué está haciendo Brasil en agricultura?, y ¿qué puede hacer Uruguay para diferenciar la producción de soja? En respuesta a estas interrogantes, el presidente del directorio de GDM valoró que “la política (del país norteño) es mucho más estable con respecto al agro, a pesar de los cambios de gobiernos y un poco de la política”.

“A Brasil lo veo como un jugador importante en soja y también en maíz, porque tiene 20 millones de hectáreas”, mientras que “Argentina tiene 8 millones de hectáreas”, y “con trigo está haciendo un trabajo interesante de tropicalizar” el cultivo, para llevarlo a “los cerrados (sierras en portugués)”, resaltó.

Para Bartolomé hay “algo de desconocimiento” en la región sobre lo que pasa en el mercado brasileño, pero “no se lo subestima, porque los números de Brasil son muy impresionantes, en superficie, producción y rendimiento por hectárea”. “Brasil tuvo un crecimiento exponencial”, todos saben que es “el líder, no solo sudamericano sino mundial”, y “con superficie para crecer”, enfatizó.

Bartolomé recordó que GDM comenzó a trabajar en Brasil en 2003, con 0% de participación en el mercado de semillas de soja y hoy cuenta con el 80%. “Al igual que en Uruguay, en Brasil rompimos un paradigma”, al incorporar los materiales indeterminados, destacó. Explicó que a Brasil “fuimos con una genética ofensiva y allí se utilizaba una defensiva”. Afirmó que allí lo que “el agricultor quiere son kilos por hectárea, por eso nos eligió”. 

A la hora de pensar y planificar en estrategias para competir y diferenciarse de la producción brasileña, la alternativa pasa “por el lado de los costos”, considerando que “Brasil tiene un problema de suelos”, sobre todo en los cerrados, que requieren “muchos insumos”, comentó. Sin embargo, admitió que “será muy difícil competir” con ese país, ya que sus productores y empresarios “son muy eficientes”. Es un “desafío importante para Argentina, Paraguay y Uruguay”, planteó.

Sugirió que para Uruguay “un camino puede ser” el de apuntar a “nichos”, para diferenciar la soja en los mercados del mundo. “Al contar con menos superficie puede tener trazabilidad” y generar elementos que le permitan diferenciarse, como los vinculados con la huella de carbono o la agricultura regenerativa, opinó.

“Los nichos son para poca superficie, con lo cual esta alternativa no corre para Argentina, porque tiene 15 millones de hectáreas sembradas de soja y creo que tampoco para Paraguay, que tiene 3 millones de hectáreas”, consideró.

Advirtió que las retenciones a las exportaciones de soja en Argentina representan una “mochila importante”, y sin ellas y con un tipo de cambio “más competitivo”, podría ser un jugador relevante del mercado global, pero “nunca va a competir con Brasil”.

La tecnología y el relevo

En cuanto al recambio generacional en las empresas, específicamente en el caso de esta firma, Bartolomé aludió a conversaciones que mantenía con su hijo al respecto. Este asunto es “muy importante” en la actualidad, porque hoy hay “mucha tecnología novedosa”, como “lo digital” y otras herramientas, por lo que con más de 65 años de edad “no estaba preparado para eso”, “le hubiese hecho daño a la compañía”, así que “Ignacio (Bartolomé) tomó la posta y está haciendo un excelente trabajo, fruto de su capacidad y de que entiende mejor la tecnología”, reflexionó.

“A cierta edad lo mejor es que alguien más joven y adecuado a esta realidad asuma la responsabilidad del cambio”, dijo. No obstante, reconoció que fue una decisión que le “costó bastante después de 40 años” de fundar la empresa, tener la “adrenalina de todos los días” y que pasó por un período de “duelo”, que ya superó al ver el “buen trabajo de Ignacio y que la empresa se mantenga dentro de la familia”.

Igualmente, al ser el presidente del directorio, participa de algunas decisiones de carácter “macro” y cada dos meses se reúnen para analizar los proyectos, además de tratar el “camino” trazado a “mediano y largo plazo”, de manera más “estratégica” que “operativa”.

Don Mario comenzó en 1982, al mudarse de Buenos Aires capital al interior de esa provincia. “Desde el comienzo se trató de ser muy profesional”, recordó Bartolomé, quien había sido ayudante en la cátedra de cultivos industriales en la Universidad de Buenos Aires y eso “me motivó a tener contacto con la soja”. 

“Fruto de profundizar en conocimiento, formación, visitas técnicas, me seguí enganchando”, pero “nunca me hubiese imaginado el camino recorrido, los objetivos alcanzados y la realidad” actual de la compañía, admitió. “Lo hice con la ayuda de mi mujer, la pasión y el gusto profesional que me motivó la soja”, dijo. En la actualidad, GDM tiene 2.000 empleados y opera en 15 países de diferentes regiones del mundo, con sus respectivas propuestas comerciales.

“Me saco el sombrero”, dijo Jorge Erro

Respecto a la relevancia que tuvo Gerardo Bartolomé en el sector agrícola, especialmente en el desarrollo del cultivo de soja en Uruguay, resulta válido tener en cuenta los comentarios que hizo el director de Barraca Erro, Jorge Erro, en el marco de la Jornada Anual de Actualización Técnica de la empresa, cuando fue reconocido con el Tero de Bronce, símbolo de los ingenieros agrónomos.

Como empresario “tengo que sacarme el sombrero”, por tres factores: el “foco en la genética”; el “saber a dónde iba” y la apuesta que hizo al invertir a fines de los años noventa en un “semillero argentino de grupos largos”, dijo Erro. 

También destacó que “tuvo el coraje de cruzarlos con los de ciclo corto americanos”, luego “ponerle todo el dinero que había que invertir durante muchos años”, para generar los materiales 5 largos, 6 cortos indeterminados, que han sido un “éxito” y bastión para el crecimiento  de soja en la agricultura uruguaya. 

De hecho, el área de siembra pasó de unas 10.000 hectáreas en el inicio de los 2000 a superar 1 millón de hectáreas. Y se transformó en el principal cultivo agrícola, dijo Jorge Erro.

Por su parte, Bartolomé afirmó que “lo que disparó esto fueron las personas, los valores y el conocimiento”. 

El empresario argentino recordó que “vinimos (a Uruguay) con un modelo de soja diferente a lo que había”, tratando de “darle al productor uruguayo productos que le agreguen valor”. Y “después de 25 años vemos con satisfacción donde llegamos junto con Erro, en la porción del mercado”, pero “fundamentalmente” en “la profesionalidad y el conocimiento” del equipo, “lo que permite generar un círculo virtuoso entre GDM, Erro y el productor. 

Siempre nuestro foco está en colaborar con el productor para que pueda mejorar la productividad, porque es lo que permite incrementar la rentabilidad”, dijo.

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MGAP avanza en el objetivo de crear el Plan Nacional de Bioinsumos

By Cristina Fumero,

Los bioinsumos “no son exclusivos de la producción orgánica, de la agroecología, ni de las transiciones agroecológicas”. Esto fue expresado por la directora general de Bioseguridad e Inocuidad Alimentaria (Digebia), Virginia Guardia. Su unidad es la encargada de coordinar y trabajar en conjunto con otras unidades del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) para la creación de un Plan Nacional de Bioinsumos, que consolide la implementación y uso eficaz de este tipo de fitosanitarios e insumos veterinarios en todo el sistema productivo uruguayo.

Guardia proporcionó a VERDE información sobre el crecimiento y la demanda de bioinsumos en Uruguay. Aunque el plan nacional aún está en elaboración, ya hay un número considerable de productos registrados. Estos incluyen vacunas, microorganismos promotores del crecimiento, productos de origen orgánico como fertilizantes, organominerales y estimulantes, probióticos, incoculantes para silos, extractos vegetales y agentes de control biológico. En los registros se encuentran productos de fabricación nacional e importados.

La antesala

Las direcciones de Desarrollo Rural (DGDR), de la Granja (Digegra), de Servicios Agrícolas (DGSA) y la Digebia recibían diversas demandas y consultas relacionadas con los bioinsumos. Estas llegaban desde diferentes lugares y eran transmitidas al ministro Fernando Mattos. A finales de 2022 se reconoció la importancia del tema y decidió abordarlo de manera integral, encomendando la creación de un grupo de trabajo. Hasta entonces cada dirección gestionaba estas consultas individualmente, hasta que se decidió consolidar un enfoque coordinado, recogiendo la demanda de productores y empresas. 

La directora de la Digebia explicó que observaron iniciativas en la región y vieron que la disponibilidad de bioinsumos para la producción había crecido de una forma “muy significativa en Brasil”, y Argentina también estaba trabajando en ese ámbito. En 2021 se formó una comisión de bioinsumos en el Mercosur, con participación del MGAP y las autoridades equivalentes de los países miembros.

El grupo de trabajo se centró primero en definir oficialmente qué son los bioinsumos, un paso esencial que se concretó en la ley de rendición de cuentas de noviembre de 2023. Esa definición fue el puntapié para “declarar de interés nacional el uso de bioinsumos en la producción animal, vegetal y fúngica, y para fomentar su producción, desarrollo, innovación y registro” explicó Guardia.

La ingeniera agrónoma también mencionó que se realizó un taller con la participación de 120 personas, incluidos productores, empresas e investigadores. Se llevó a cabo una consultoría previa para relevar preocupaciones y restricciones relacionadas con los bioinsumos. Y el taller ayudó a identificar intereses y desafíos claves, impulsando el desarrollo del plan nacional.

Restricciones para el desarrollo industrial

Innovar para traer estos productos es tarea difícil, donde se necesita tiempo y dinero para obtener resultados. Del taller y la consultoría se desprendieron visiones sobre las restricciones. Una de ellas es la desarticulación entre la investigación y el sector privado. 

Guardia mencionó la falta de “incentivos económicos y financiamiento específico” como obstáculos importantes, surgidos en la discusión. Las “pequeñas empresas” nacionales, que a menudo desarrollan enmiendas orgánicas o productos a base de hongos, enfrentan dificultades para sostenerse el “tiempo necesario” y “espalda financiera” para llegar al producto final y completar el proceso de registro. Para ello la jerarca indicó que falta “un marco normativo unificado”.

Otra de las principales restricciones es la falta de conocimiento. “El productor plantea que no sabe qué productos disponibles hay o cómo utilizarlos”, comentó. La variedad de categorías de bioinsumos, cada una con sus particularidades en la aplicación, contribuye a esta confusión.

La directora general también señaló que el proceso de registro de bioinsumos es percibido como complejo. “Muchas veces quienes trabajan en el desarrollo de estos productos son pequeñas empresas nacionales o desarrolladores que no tienen la gimnasia de lo que implica registrar un insumo”, lo que representa un gran desafío para ellos.

Importancia de bioinsumos según el MGAP

Guardia explicó que el interés del MGAP en los bioinsumos no se debe simplemente a una intención de estar a la par con la región, sino a una visión de sostenibilidad integral. “La producción tiene que seguir avanzando con un foco de sostenibilidad en todos sus aspectos: económica, social y ambiental”, afirmó. 

La implementación de bioinsumos en Uruguay, con un marco normativo adaptado a las necesidades locales, tiene varias aristas. Se busca aprovechar desarrollos de productos que contribuyan a la producción sostenible y a la independencia de “insumos externos” que el país se ve obligado a importar. 

Señaló que estos productos pueden minimizar el riesgo de “dejar residuos” en los alimentos, una exigencia “cada vez mayor de los mercados”, y por eso “esperamos la posibilidad de que esta herramienta se incorpore a los sistemas productivos de Uruguay”.

Una alternativa viable

Consultada por VERDE sobre si los bioinsumos se contraponen al uso de fitosanitarios convencionales en un mismo sistema productivo, Guardia respondió que “en algún caso sí puede ser la alternativa”, pero “los vemos más como herramientas complementarias”, señaló. La idea es reducir el uso de agroquímicos, sin necesariamente sustituirlos completamente; establecer eventuales sinergias.

El MGAP no proyecta cifras específicas de crecimiento esperado en el mercado. “Estamos trabajando en el plan, en definir las acciones, y según esas acciones será el impacto esperado”. El enfoque está en delinear cuatro ejes de acción.

El primero es la innovación e investigación, fomentando acciones concretas para avanzar en estos aspectos. El segundo eje se centra en la regulación y las capacidades para el registro, buscando fortalecer tanto las oficinas regulatorias del MGAP como las capacidades de las pequeñas empresas uruguayas que desean registrar bioinsumos. 

El tercer eje aborda la gestión de la información y el conocimiento, capacitando a técnicos para asesorar a los productores sobre el uso adecuado de bioinsumos y cómo combinarlos con otros de manera efectiva. Y el cuarto eje se enfoca en generar incentivos para promover la producción y aplicación de bioinsumos.

El impacto en la disponibilidad de bioinsumos dependerá de las acciones definidas y de los incentivos que se determinen. Actualmente están en la fase de detectar debilidades y planificar cómo abordarlas. Estos datos surgen del taller de trabajo junto a productores y empresas. Una vez que tengan una definición preliminar del MGAP volverán a hacer un intercambio con los participantes del taller y otros posibles socios para ejecutar estas acciones. “Este es un plan nacional, la ley determina que es de interés nacional el uso de los bioinsumos”, afirmó Guardia. 

El MGAP “tiene la responsabilidad de desarrollarlo y llevarlo adelante”, pero su carácter nacional “excede las capacidades del ministerio” y requiere colaboración con otros actores. Las debilidades identificadas están siendo abordadas a través de los cuatro ejes definidos, cada uno con actividades concretas para superar estas restricciones y promover el uso de bioinsumos en Uruguay. 

Política enfocada en la adopción

El plan de bioinsumos se enmarca “dentro de la estrategia de bioeconomía del MGAP”, un concepto más amplio que incluye los bioinsumos. Guardia mencionó que aunque el plan de tiene su propia importancia debido a la ley, es parte del enfoque del ministerio en la estrategia “para el mediano y largo plazo”. “Es una herramienta más para avanzar en esto de la producción sostenible y seguir demostrando que el gobierno puede hacerlo y mejorando todo lo que tengamos que mejorar”, declaró.

La ingeniera agrónoma explicó que se buscó identificar por qué los bioinsumos no son adoptados masivamente y cuáles son las principales restricciones.  Comparando con la cantidad de insumos químicos registrados, el porcentaje de bioinsumos es mucho menor “a los químicos”. La consultoría detectó varias limitaciones, como la falta de conocimiento sobre los bioinsumos y las complejidades del proceso de registro.

Los bioinsumos en los sitios más sensibles

Existen áreas con mayor sensibilidad que otras respecto a los desafíos o la urgencia en la transformación de prácticas productivas. La elaboración del plan nacional contó con el aporte de todas las direcciones generales del MGAP, incluyendo a las direcciones de Recursos Acuáticos (Dinara), de Recursos Naturales (DGRN), la DGSA, Servicios Ganaderos (DGSG), Digegra, DGDR, Forestal (DGF), la Digebia, la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa) y el Plan Nacional de Agroecología (PNA). “Estamos todos juntos trabajando en esto”, remarcó Guardia. 

Algunas direcciones tienen “más a flor de piel” el uso de bioinsumos y con otra se requiere otro tipo de trabajo para mejorar su adopción. Los productores agroecológicos son “una herramienta necesaria”, sostuvo. Y señaló que el MGAP “está impulsando fuertemente las transiciones agroecológicas” y para eso “tienen que haber bioinsumos disponibles para los productores”.

Afirmó que el plan de bioinsumos se considera para todas las áreas con demandas actuales, aunque sean distintas. “En algún momento se planteó que no avanza la oferta porque la demanda no es tan fuerte”, dijo. Agregó que en el sector de la granja la demanda y la oferta están presentes, pero el objetivo del plan es sensibilizar, crear oportunidades y avanzar en la disponibilidad de productos para que los productores los puedan usar. “Que eso retroalimente otra vez y la demanda empiece a ser más ávida”, planteó.

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Ataque de la chicharrita permitió a los semilleros medir sus materiales

By Cristina Fumero,

La zafra 2023-2024 no fue buena para los productores, pero “fue excepcional para los mejoradores”, destacaron desde KWS; la empresa planteó pensar en el maíz del futuro

Este año “fue pésimo para los productores, pero para los mejoradores fue excepcional”, destacó a VERDE el gerente comercial de KWS, Gonzalo Bravo, al referirse a la zafra de maíz 2023-2024. Explicó que “fue tan intenso el ataque de la chicharrita, que permitió separar a los híbridos por su comportamiento”. Remarcó que “la buena noticia es que hay mucha variabilidad genética en la tolerancia de los híbridos a este complejo”. 

Recientemente KWS y Procampo Semillas realizó una serie de charlas en ciudades del litoral uruguayo. “Vinimos a proponer la agenda de más actualidad, que es el complejo del achaparramiento, producido por la chicharrita. Pero también fue una invitación a ver al maíz en un contexto de más largo plazo, considerando la importancia que tiene el cultivo en Uruguay”, comentó Bravo.

El gerente señaló que “hay híbridos que tienen distintos grados de resistencia, que se enferman más o menos, y a su vez, dentro de un mismo grado de la enfermedad, hay distintos niveles de afectación de rendimiento”. 

KWS recomiendan a los productores que van a diseñar un cultivo, “no mirar a la chicharrita como único factor, porque sino pondríamos un maíz tropical de buen comportamiento, pero de repente cuando no madura, se cae o no cumple el objetivo”, explicó el integrante de la compañía. Sin embargo, destacó que la marca tiene “un abanico de comportamientos” y “vamos a recomendar el híbrido para la situación que le toque a cada productor, el híbrido que le asegura un mejor resultado”.

Evaluaciones en Argentina

Informó que en las evaluaciones de KWS en Argentina el híbrido que mejor responde es un KWS tropical, que “solamente lo podemos recomendar muy en el norte, para silo, porque es un ciclo extremadamente largo; y solo si se llega a un nivel de infestación altísimo, porque si no se dan esas condiciones no se justifica sembrarlo”, explicó Bravo. 

Dentro de la genética templada, gracias a haber trabajado en Jesus María (localidad de la provincia de Córdoba) en los últimos cinco años, en el mismo ambiente, teniendo en cuenta achaparramiento, “nuestros (materiales) templados tienen comportamientos de buenos a muy buenos”, destacó. A tal punto que materiales como el KM 3916 (VIP3/RR2), que se lanzó en Uruguay hace varios años, tiene un “muy buen nivel de comportamiento para los niveles de infestación bajos y medios, y permite llegar perfectamente”, indicó. También mencionó al KWS 19-120 (VIP3), como otro material que ha mostrado esa cualidad. “Afortunadamente tenemos, entre los productos comerciales, híbridos que se van a poder usar”, valoró. 

KWS tiene dos programas separados en Argentina, uno en Chivilcoy, en el sur de la zona núcleo maicera, la región de más alto potencial; y en Jesús María, en el norte de Córdoba, un ambiente con muy buen potencial para producir maíz, pero con una presencia muy frecuente de enfermedades, denominado como “ambiente sanitario”, detalló.

El gerente de desarrollo de producto de KWS Argentina, Fernando Guerra, destacó que “afortunadamente la respuesta al problema del spiroplasma fue positivo y rápido”. En tal sentido, valoró que el programa de KWS “desde hace años viene trabajando en el tema, no con el mayor foco, porque ese no era el principal problema en Argentina ni en Uruguay, sino algo que podría suceder”. 

Agregó que “tenemos el indicio de que veníamos por líneas sanas, con híbridos o productos que respondían muy bien, y ante la contingencia siguieron respondiendo muy bien”. Afirmó que “el trabajo que veníamos haciendo fue positivo, vemos que podemos mejorarlo y darle más seguridad al maíz”. En tal sentido, la empresa se enfoca en la producción de materiales templados en Argentina y en Uruguay. 

Maíz en Uruguay 

El rendimiento de maíz en Uruguay viene creciendo. “Es un cultivo muy interesante, que está en una proporción muy baja, por el efecto que tiene en las rotaciones, su enorme plasticidad en los distintos usos. Por un montón de motivos creo que el maíz seguirá creciendo en Uruguay. Hay motivos técnicos de corto plazo, de flexibilidad de uso también, pero sobre todo hay mucho argumento de largo plazo para que esto siga siendo así”, planteó el gerente. 

Uno de esos argumentos es que el cultivo “entrega una cantidad de residuos al suelo, que le dan gran estabilidad, evitan la erosión eólica e hídrica, es uno de los cultivos que más repone carbono en el suelo, ayuda a evitar el deterioro de materia orgánica, es el que más recicla nutrientes en el sistema”, señaló.

Y agregó que “está comprobado por innumerables estudios que cuando el maíz participa en las rotaciones los cultivos siguientes rinden más”. Señaló que “una colza que se hace después de un maíz de primera rinde más que si se hiciera después de soja”; e incluso “la soja después del maíz rinde más”. Enfatizó que “300 kilos no es poco cuando hablamos de un promedio nacional de 2.500 kilos por hectárea”. Afirmó que “es un aporte económico fundamental, porque si ya tenemos pagados los costos con los 2.500 kilos, y sacamos 300 kilos más de soja, estamos agregando US$ 120 por hectárea al margen del cultivo”.

Recomendaciones para la chicharrita

Consultado sobre las principales recomendaciones para controlar la chicharrita, Bravo enumeró que hay que empezar por el monitoreo, hacer un seguimiento profesional del cultivo, usar híbridos con buena tolerancia, poner la fecha de siembra más segura según las situaciones, controlar al maíz guacho en barbecho. Y si se detecta alguna población de chicharrita cerca de la siembra, “se debe ir a híbridos que prioricen cada vez más su buen comportamiento para ese problema, eventualmente aplicar insecticidas si tenemos chicharrita en los primeros estadíos del cultivo”, dijo.

Por su parte, Guerra afirmó que “no hay ningún híbrido mágico, no hay balas de plata acá”; y planteó hablar del posicionamiento.  

El maíz del futuro

Guerra planteó que más allá del problema circunstancial de la chicharrita, “hay que seguir pensando en maíz, trabajar en nutrición y en cómo tener un cultivo mejor y más sano”. En estas instancias de diálogo con productores y asesores, la empresa volvió a plantear “objetivos claros para el maíz, alcanzables, dando la seguridad de que hay productos que funcionan, no todos iguales, pero sí para el objetivo de la campaña que viene”, dijo el gerente de desarrollo de producto. 

El gerente de desarrollo de producto de KWS puntualizó que las expectativas “deberían estar alineadas con el ambiente”. Señaló que “si el ambiente es de 8.000 kilos (por hectárea) vamos a intentar sacar 10.000 kilos; si es de 4.000 kilos vamos a intentar sacar 6.000. Pero eso tiene que ser muy claro en estas campañas, porque quizás antes lo teníamos más como un pedido y después como un reclamo. Ahora necesitamos trabajar en conjunto para que esa expectativa no quede desalineada”. 

Analizó que el maíz “es un cultivo tecnológico, que nos permite estabilizar no solo el rendimiento y el bolsillo, sino también los sistemas”. Por lo tanto, “tiene que producir más” y para eso “es importante tener un plan”. “Si es bueno vamos a poder llegar a buen puerto, teniendo buena genética, un manejo lógico, una situación sostenible y el fruto va a ser positivo”, sostuvo.

“En primer lugar hay que ver cómo va a venir el clima, cuánta agua voy a tener y medir cuánto nutriente le tengo que poner. Además de mirar la red de monitoreo que INIA está lanzando, que es una gran herramienta, para saber que el vector, que es el factor importante más allá de los patógenos, puede atacar, tanto al maíz de primera como de segunda, y todos esos factores ponerlos sobre un plan”, detalló el ejecutivo.

Y consideró que “salir apurado a hacer maíz será, probablemente, hacer un mal maíz, porque estará más exigido”. 

Guerra consideró que para llegar al maíz del futuro “primero tenemos que proponernos una utopía, un maíz que probablemente no lo alcancemos pero que estemos muy cerca”. Ese maíz debería “rendir bien, estar muy buen encajado en el sistema, ser estable, tener un potencial alto y alcanzable, y que tenga una sanidad integral”.

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El contexto de precios ajustados obliga a optimizar los presupuestos

By Cristina Fumero,

En un contexto de precios ajustados, se apuesta a la optimización de los presupuestos, señaló a VERDE el ingeniero agrónomo Gonzalo Sciarra, director de la consultora Asiemagro. En esa línea, consideró que muchas empresas están buscando reducir costos mediante la maximización de todas las aristas del negocio. “Se está afinando en todos los detalles para estar arriba de los costos. Hay muchas empresas que tienen maquinaria propia, o parte de la maquinaria propia, que este año van a tratar de usarla al 100% para bajar costos”, dado que “se hace máxima la necesidad de eficiencia operativa en un entorno de precios ajustados”, comentó.

Consideró que los servicios de maquinaria “terminarán teniendo un ajuste, al igual que los fertilizantes, que se están ajustando en dosis y en precio; también los fletes tendrán que mejorar un poco”. En tal sentido, sostuvo que “hoy se están revisando todos los puntos de la cadena”, y por el lado de las rentas “está lo más difícil”, pero “hay casos donde se está negociando”.

También señaló que “este año se está haciendo un poco más de agronomía en algunos puntos”, y eso incluye “más análisis, tanto en invierno como en verano”. Los análisis en suelo y en planta se están implementando con el fin de ajustar el sistema y minimizar costos. Ahora, en los cultivos de trigo y cebada se está “probando un nuevo modelo de INIA (Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria) para el manejo de nitrógeno, pero sigue vigente el modelo de Facultad de Agronomía (Universidad de la República)”, comentó Sciarra.

Sciarra anticipó una zafra “con más soja de primera de lo habitual”, dado que varias chacras no pudieron sembrarse en invierno. A su vez, consideró que el maíz de primera “se va a reducir en área”, pero “mucho menos de lo que se esperaba dos meses atrás”. Dijo que eso ocurre “debido a la baja del precio de la soja, que tornó más competitivo al maíz y a las bajas poblaciones de chicharrita que se observan en los monitoreos, tanto públicos como privados en Uruguay y Argentina”.

Destacó la importancia de mantener el uso de “herbicidas preemergentes” en maíz y soja, a pesar de las “tentaciones” de reducir costos. “No es el camino ahorrar en ese punto”, advirtió. Y recordó los problemas de malezas, como Amaranthus y capines, que surgieron en zafras anteriores. No obstante, Sciarra afirmó que la inversión en preemergentes “es el factor determinante” si se quieren evitar problemas mayores en el manejo de los cultivos, y así “no terminar usando posemergentes, que son menos efectivos y más caros”.

Dijo que “se está pensando en hacer mucho menos maíz de segunda”, por la presencia de la chicharrita, pero “eso se definirá más adelante”. En noviembre “vamos a saber dónde estamos parados con esta plaga”, dijo. Y analizó que “sin chicharrita la siembra de maíz de segunda´puede ser muy atractiva”, luego de los trigos que se sembraron tarde.

Sciarra agregó que sin maíz de segunda “perdemos diversificación en el verano” y eso “también impactaría en la conservación de suelos” y los planes de uso y manejo, ya que “la reducción podría alterar los esquemas de rotaciones que han sido efectivas para mantener la salud del suelo”. Recordó que en algunas zonas “el maíz de segunda ha sido una solución al sistema, porque es arriesgado hacer maíz de primera, y ahora con la chicharrita esa estrategia estaría en riesgo”. 

Insistió en que “es importante seguir con el monitoreo de la población de la chicharrita y tomar las definiciones con información certera”. Dijo que “si en noviembre no tenemos chicharrita, esa idea de hacer menos maíz de segunda puede cambiar”. Explicó que en esta zafra “hay muchos campos donde el maíz de segunda calzaría muy bien, porque hay mucho trigo sembrado tarde”.

LA COYUNTURA

Sciarra informó que en el sur de San José y sur de Canelones “hay extensiones chicas, con muchas rentas en dólares fijos, que complican enormemente el negocio”. Comentó que “se está intentando” llevar esos arrendamientos a kilos de soja, pero “son muy pocos los casos” en que eso se logra, porque “sigue habiendo una alta demanda por campos” y “los productores no pueden dejar” esas chacras. “Para aprovechar los años buenos hay que estar en los años malos”, sino “después no se consiguen campos”, explicó.

Además, señaló que muchas empresas que trabajan en campos arrendados firman “el empate técnico” para el ciclo 2024-2025, y “vemos cómo se proyecta el 2025-2026”, debido a las dificultades que dejó la zafra anterior y la coyuntura del negocio, con precios bajos y rentas altas. También apuntó que la zafra anterior “dejó muchos campos rotos y eso demandó más gastos, algo que no estamos poniendo en el punto de equilibrio de los cultivos”. 

“Hay campos que tienen 180 kilómetros de flete, con un punto de equilibrio de 1.800 o 1.900 kilos de soja (por hectárea), sin renta, a los que se le tiene que sumar la reparación de los campos; en casi todas las empresas algo hay que reparar”, acotó.

Y en las zonas donde hay áreas menos productivas para la agricultura de secano, como  el este de Florida y el centro-este de Durazno, algunos productores están reconsiderando sus opciones. “Hay mucha gente que tiene ganadería incorporada, que empieza a pensar en cambiarse”, dijo el consultor. Allí las opciones pueden ser “un verdeo en febrero o después de esta próxima soja, pero con estos precios el negocio agrícola no resulta atractivo”, admitió.

Las rentas en esas zonas, ya sea en dólares fijos o en kilos, enfrentan la necesidad de ajustes. “En el este y en el noreste de Florida, así como en Durazno, no se puede sembrar soja con US$ 200 de renta. Si no se ajusta el sistema es posible que sea inviable continuar con la agricultura como negocio”, advirtió Sciarra.

El riego “tiene lugar para seguir creciendo” 

“Si bien es algo muy lindo explorar los techos de rendimiento, el desafío es levantar los pisos”, planteó el director de la consultora Asiemagro, al referirse a la disparidad en los resultados obtenidos en las chacras bajo riego, “una tecnología que tiene lugar para seguir creciendo”.

Recordó que el ciclo 2023-2024 estuvo muy marcado por la falta de agua para riego al momento de tomar la decisión de sembrar el maíz, pero a diferencia del año anterior ahora “las represas están llenas”, valoró. De todos modos, en la zafra anterior hubo chacras que alcanzaron promedios de “casi 17.000 kilos de maíz seco por hectárea, lo que marca que hubo zonas de 20.000 kilos por hectáreas”. 

Además, señaló que “sigue habiendo chacras bajo riego en niveles de 9.000 o 10.000 kilos” de maíz por hectárea. En estas últimas “se encuentra el mayor desafío”, asociado con problemas de suelo, compactación, rotación de cultivos, manejo de coberturas y drenajes. 

Comentó que “en algunos de esos campos estamos pasando subsolador, drenando las partes donde hay encharcamientos y ajustando la rotación, porque tenemos chacras cansadas de tantos años de agricultura”.

Sciarra indicó que en las empresas que asesora la rotación establecida en los planteos bajo riego tiene “50% maíz de primera y 50% soja de segunda”. Destacó que el maíz bajo riego “responde” y que “funciona con toda la tecnología” que se le aplica, como la siembra o la fertilización variable, y de esa forma “los objetivos se cumplen”.

En el mismo sentido, el ingeniero agrónomo afirmó que “el maíz sigue siendo el cultivo más rentable bajo riego”, ya que responde a las expectativas, a la adopción de tecnología y año a año van mejorando los rendimientos. “Hace varios años que venimos trabajando con campos ambientados, con siembra y fertilización variable, por ese lado el maíz está respondiendo bien a la adopción de tecnología; y se suma el fertirriego, que vino para quedarse, lo encontramos muy práctico y fácil de usar”, remarcó, porque “nos permite fertilizar cuando no podíamos hacerlo”.

A partir de la ambientación, en las zonas de mayor potencial “usamos poblaciones y fertilizaciones más altas”, lo opuesto en zonas de menor potencial, explicó. Agregó que allí “vemos que el cultivo responde bien a estos manejos, y cuando nos equivocamos con la población lo manifiesta con pérdida de rendimiento”. Hoy, con toda la tecnología disponible, “se puede hacer un análisis de la zafra y ver las respuestas obtenidas” en cada decisión de manejo, acotó.

Sobre la fertilización, señaló que se plantean objetivos de rendimiento y, a partir de allí, se definen dosis para cada momento de aplicación. A la vez, en diciembre, al final de la fertilización “se revisan los potenciales de rendimiento para decidir si vale la pena continuar con lo planificado”. Con el fertirriego “podemos hacer algunas fertilizaciones extra, si todo viene bien”, resaltó. Explicó que “si los análisis demuestran que amerita una fertilización extra, se alcanzan rendimientos excepcionales”.

A la vez, reconoció las dificultades que presenta la soja de segunda bajo riego, particularmente en los sistemas de pivot móvil, que se utilizan hasta el 20 de enero para el maíz. “Nos está costando mucho la soja de segunda bajo riego, si el año no acompaña es difícil llevarla a los 4.000 o 5.000 kilos (por hectárea)”, admitió. Aunque señaló que en soja de primera, con las condiciones adecuadas y regando bien, “no es difícil superar los 4.000 kilos” por hectárea.

Además, la siembra de segunda bajo riego viene de un cultivo de invierno y “después de un trigo o una cebada nos cuesta mucho tener una soja de segunda con rendimientos altos; pasamos los 3.000 kilos por hectárea, pero no mucho más”, confirmó.

En esa línea, dijo que este sistema muestra su mayor eficiencia en años secos, cuando se observa una diferencia significativa en los rendimientos comparados con los cultivos en secano. “La soja en secano no llega a 2.000 kilos, mientras que bajo riego sí se alcanza los 3.000 kilos”, afirmó. En esos casos “se nota la diferencia” entre los distintos sistemas de producción y la eficacia del riego, y “ocurre lo mismo en maíz”, apuntó el consultor.

Comentó que “estamos evaluando y presupuestando el riego por goteo en chacras de secano, en zonas donde no se pueden incluir los pivots y sobra el agua, por tener represas sobredimensionadas o tomas en ríos o arroyos”, y se refirió a experiencias en Argentina y España. Agregó que el costo en infraestructura “es mucho más alto que el del pivot, con costos operativos similares, pero con una mayor eficiencia del agua”. “Aún no nos animamos a implementarlo, pero vemos que es el riego que se adaptaría mejor a esas zonas”, opinó.

El riego como clave para adquirir campos

El director de Asiemagro, Gonzalo Sciarra, compartió sus observaciones sobre la búsqueda de tierras agrícolas y las dinámicas actuales en el mercado de campos en Uruguay. “Quienes buscan campos (para comprar), una de las primeras cosas que miran, a veces antes que la calidad del suelo, es el potencial para incorporar riego”, afirmó. Los inversores que proyectan a largo plazo, hasta 20 años, “priorizan predios con capacidad de riego”, y encuentran que “en casi cualquier campo de 1.000 hectáreas se puede implementar, ya sea en 200 o en 400 hectáreas”.

Sciarra comentó que los campos agrícolas puros, en el litoral, que históricamente han sido dedicados a la agricultura y continuarán en ese rubro, a pesar de las fluctuaciones de precios, han alcanzado precios elevados, pero “desde hace un año y medio están estabilizados”. Comentó que “hay campos que están en venta hace un año y medio, y no se venden ni suben los precios; llegaron a un techo”, explicó. Añadió que precios de hasta “US$ 10.000 por hectárea” son comunes hoy en día, pero “no se convalidan más subas”. Esos campos son adquiridos principalmente “por extranjeros”, que buscan “diversificar sus inversiones” en Uruguay, a quienes “hay que seguir dando garantías”, comentó.

Otro factor marcado en el mercado de tierras es la competencia creciente de la forestación, que avanza rápidamente en departamentos como Florida y Durazno, donde la agricultura marginal “enfrenta complicaciones”. Sciarra dijo que “hay campos agrícolas que se están vendiendo, en las peores zonas se achica el área y pasa a la forestación, al igual que la parte ganadera”.

La presión de la forestación sobre “la agricultura marginal es evidente”, con campos que reducen su área agrícola “en un 30% o 40%” en las zonas menos productivas para pasarlas a forestación, dijo. Y recordó que algo similar ocurrió entre 2015 y 2019.

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La cebada permite “contar lo que hace el agro” a través de una marca

By Cristina Fumero,

La fortaleza de la cebada es que puede contar “lo que hace el agro a través de una marca”, es un cultivo que “te puede contar una historia de forma directa”, expresó el gerente de Agro de Ambev (Maltería Uruguay y Maltería Paysandú), Juan González. Y agregó que esto “permite conectar al consumidor con el agro uruguayo”. 

La empresa se encuentra desarrollando distintos planes para la implementación de prácticas agrícolas sustentables en la elaboración de cerveza nacional, desde porteras adentro hasta la industria. 

La mayor apuesta de Ambev se encuentra en un proyecto sobre agricultura regenerativa, desarrollado a cinco años, con el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), que busca crear un protocolo de producción sostenible. González explicó que en ese proyecto participan productores con un vínculo de larga data con la maltería: 2.200 hectáreas en manos de 27 productores y distribuidores. Planes análogos se aplican en toda la región.

El proyecto implica la cuantificación de indicadores de sostenibilidad, que dejan las prácticas de manejo de cada productor. A partir de ello se pretende “sugerir prácticas mejoradoras, que ayuden a regenerar el suelo y aumentar el contenido de carbono orgánico”. Estas incluyen la rotación de cultivos, la utilización de mejores fuentes de fertilizantes, dosis variables, uso de cultivos de servicio, entre otras. Esto implica la evaluación de impacto. Puntualizó que el protocolo de producción regenerativa “no incluye solo a la cebada”, sino a todo el sistema de rotación.

Por otra parte, existe la cebada orgánica, que es otro concepto, donde no se usan productos de origen sintético. Allí el esquema “es mucho más estricto” e incluye certificaciones, para una marca de Fábricas Nacionales de Cerveza (FNC). Su alcance es limitado dadas las “dificultades de escalar a más área en un proyecto de tales características” y su condición de “producto nicho”. 

La visión de Ambev

En este marco, se hace crucial la trazabilidad de todos los componentes del producto. Los planes de la empresa, desde 2017 hasta la fecha, se han enfocado en facilitar a los productores y distribuidores protocolos técnicos de producción, así como en el manejo que se aplica a cada una de las variedades, densidad de siembra y demás aspectos, “para todos los productores que quieran sembrar nuestras variedades”, indicó el ingeniero agrónomo. También incluye el acceso a fuentes de financiamiento, datos del sitio donde se produce y su geolocalización, agregó.

El gerente señaló que se escuchan distintos conceptos, como cebada agroecológica y cebada con agricultura regenerativa. Todas incluyen una serie de prácticas que básicamente buscan priorizar la salud del suelo, manteniendo en principio la productividad a mediano y largo plazo, con un enfoque asociativo entre las distintas partes de la cadena de valor. 

El agro como fijador de carbono

La compañía está buscando asociarse con distintas empresas que están muy ávidas de este tipo de proyectos. Esto requiere una inversión, dado que implica una curva de aprendizaje, sin retorno inmediato. “La empresa está posicionada en promover las prácticas y ayuda a que los productores puedan transicionar a modos de producción más sostenibles”, expresó González. El ejecutivo sostuvo que las prácticas sustentables “se volverán una exigencia más restrictiva para acceder a los distintos mercados” de destino.

Por otro lado están las certificaciones, que garantizan que en todo el sistema se está haciendo agricultura regenerativa, no solo en la cebada. Esto permitirá vender el producto de mejor forma, con un diferencial de precio o la capacidad de acceso a los mercados más exigentes, afirmó. Para el ingeniero agrónomo “es evidente” que la demostración de una producción con prácticas sustentables requiere mancomunar la información sobre trazabilidad productiva y centralizarla. 

González consideró que “toda la cadena del agro va a promover algún tipo de práctica regenerativa”. Planteó que el sector, mediante la fotosíntesis de los cultivos, y gracias a las prácticas que incrementan el carbono orgánico a nivel de suelo, “es el único que tiene la posibilidad de lograr secuestrar las emisiones que están causando otras empresas a lo largo de la cadena productiva”. Y explicó que la forma de lograrlo es a través de distintas prácticas que mejoren la salud del suelo a largo plazo”.

La evaluación del plan de Ambev

González explicó los distintos pasos para la evaluación del plan de Ambev. “Los interesados en el proyecto de la compañía son aquellos que buscan mejorar la reputación de sus empresas, más allá de la consiguiente mejora de los suelos y demás”, comentó. También destacó la importancia de la rotación de cultivos y mencionó que se evalúa el peso de la agricultura intensiva en relación a la ganadería. “Esta caracterización macro del sistema ayuda a entender mejor el impacto ambiental”, dijo.

En primera instancia se midió la conservación del suelo, su contenido de carbono orgánico y el potencial de desmineralización de nitrógeno. Además se evaluó el balance de nutrientes, tanto macro como micro, y su disponibilidad en el suelo. Y también se midió la huella de carbono y agua, eficiencia de utilización de agroquímicos y la diversidad de rotaciones.

Además de la cebada, se recopila información de todos los cultivos involucrados en la rotación de los últimos cinco años, incluyendo además soja, maíz y trigo, para medir la huella de carbono base. “Se hizo una línea base de impacto en carbono y ahora se están implementando prácticas mejoradoras”, comentó el ingeniero agrónomo.

Indicó que el desarrollo de cultivares con mayor eficiencia en el uso de insumos tiene tres aspectos principales. El primero es el rendimiento, ya que a medida que se vayan lanzando cultivares con mayor potencial de rendimiento, todos los indicadores medidos por hectárea, van a mejorar. Señaló que un sistema más productivo diluye el impacto por la cantidad de toneladas producidas. “Si tenés un sistema más productivo, tu impacto es menor, por más que produzcas más kilos”, enfatizó. 

Otro aspecto es la eficiencia en el uso del agua. “Para producir un kilo de cebada se necesita mucha agua”, afirmó González. Por ello, se está trabajando en el desarrollo de mejoras varietales, que rindan más y sean más eficientes en la utilización de nitrógeno y agua, a campo y en las malterías. Una de las últimas variedades que incorporó la compañía a su cartilla fue Olimpia, que es más eficiente en estos aspectos.

El gerente señaló que otro enfoque es el manejo defensivo y la protección vegetal. “Estamos tratando de lanzar cultivares con buena producción y genética europea, pero también tolerantes a enfermedades, sobre todo a mancha en red”, que es un problema en la agricultura local. 

Ambev realiza ensayos en distintas zonas, como en La Estanzuela, Young y Mercedes para determinar las mejores prácticas de manejo para cada variedad.

Sobre la inocuidad alimentaria, González explicó que en la maltería tienen una guía que define los límites mínimos, máximos y tolerancias para cada ítem, incluyendo residuos de agroquímicos. Se miden residuos de aproximadamente 40 agroquímicos. Las muestras se toman de los silos, no de cada camión individual, y la legislación que siguen es la de Brasil, donde los límites son más exigentes que en Uruguay. Esto se debe a que el 95% de la malta que se produce en esta industria se exporta al país vecino.

La integración de soluciones diversas

“Hoy no existe una solución única para todo”, afirmó González. “Hasta ahora alcanzaba con producir más para alimentar a una población creciente, pero precisamos una nueva dinámica de producción”, expresó. 

Agregó que “este cambio de paradigma implica entender que la agricultura 2.0 incorpora soluciones complementarias, para una población creciente, que necesita productos con cero emisiones netas, toma de riesgos calculados y altas tasas de innovación”.

Sostuvo que, en este contexto, “se hace crucial la asociación con otras empresas e instituciones, especialmente para la recolección de datos, para que no redunde en un trabajo extra y permita un progreso general”. Porque “el productor está cansado de compartir información y que eso no le vuelva”, dijo. 

También comentó que se están haciendo esfuerzos en otras partes de la cadena, que deben integrarse, como la logística y el transporte. “La compañía ve todo como un sistema. El agro es responsable de un 13% o 14% de las emisiones totales de la compañía, un porcentaje significativo, donde están las mayores oportunidades de mejora”, concluyó.

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Las tensiones entre la libertad de los productores y el control estatal

By Cristina Fumero,

Ambiente afirma que su intención no es prohibir, pero exige el cuidado de los recursos naturales; algunos productores reclaman por imposiciones y otros ven oportunidades

Las tensiones entre la producción y el cuidado ambiental son tema de discusión en distintos ámbitos. Autoridades, instituciones y actores de relevancia no se quedan afuera del debate; e incluso entre las mismas instituciones se marcan diferencias. Esto último fue reconocido por el ministro de ambiente, Robert Bouvier, quién dijo a VERDE que “hay muchísimas tensiones que son naturales”. Por su parte, el subsecretario de la cartera, Gerardo Amarilla, sostuvo que a los productores “no les vamos a prohibir”, pero advirtió que “los recursos naturales son finitos, y si no los cuidamos se acaban”. 

Durante el ciclo AgroNegocios, organizado por Búsqueda en Magnolio Sala, el asunto ambiental fue motivo de polémica entre las autoridades y los productores. El presidente de la Asociación Cultivadores de Arroz (ACA), Alfredo Lago, y el representante de Regadores Unidos del Uruguay, Daniel Rubio. 

Lago aludió a las buenas prácticas de sus antepasados y expresó que “ningún ambientalista me va a decir cómo tengo que hacer esas cosas», que «seguramente sé mucho mejor que ellos”, en alusión a cómo hacer un uso sustentable del recurso suelo. 

Por su parte, Rubio criticó el decreto que elaboró el Ministerio de Ambiente para fijar caudales ambientales y sostuvo que “no es cierto lo que dijo el subsecretario (en su disertación previa) de que no se ponen palos en la rueda” a la producción. 

VERDE consultó al ministro de Ambiente sobre su visión respecto de estas tensiones, y respondió que “hay sectores productivos que quieren aumentar su productividad, que tienen al alcance algunos elementos que mejoran esa productividad, pero que a su vez son perjudiciales para el ambiente”. Sin embargo, aseguró que estas tensiones no impiden la colaboración. “Lo importante es que estamos trabajando juntos. Esas tensiones no inhabilitan el trabajo conjunto, poder sentarnos a discutir sanamente los temas, buscar las posiciones, y sobre todo buscar puntos de acuerdo, que es lo importante», afirmó.

El jerarca mencionó que, a pesar de las diferencias, se han logrado acuerdos “significativos” con el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). “Vamos a firmar un documento sobre fitosanitarios. Me parece que estamos trabajando muy bien, lo que no implica que no tengamos tensiones y que no tengamos en algunas cosas opiniones diferentes”, comentó.

El subsecretario, por su parte, destacó a VERDE que “se han derribado algunas barreras”, demostrando la sinergia entre la producción y el cuidado ambiental, como el reciente acuerdo del plan piloto para la preservación de polinizadores con Syngenta. “No quiero decir que estemos de acuerdo en todo, pero nos sentamos a una mesa de diálogo, con un intercambio fluido de información” indicó. 

A su vez, dijo que “es fundamental medir el valor de los servicios ecosistémicos, que nos permiten producir, porque no se puede cuidar lo que uno no conoce”, opinó.

También resulta de interés observar cómo las visiones dentro del sector productivo pueden variar. Para Álvaro Méndez, productor ganadero en Salto, integrante de Fucrea, “sin duda hay una contradicción entre la producción y el ambiente”. Planteó que para poder sobrellavarla “el Estado tiene que, de alguna forma, empezar a mirar cómo usamos los recursos para no generar problemas graves”. Eso conlleva, según el productor, “una contradicción entre el Ministerio de Ambiente y el MGAP. 

El productor opinó que “lo mejor para los productores” es buscar la manera de “disminuir el uso de insumos”, y que si bien eso podría implicar resignar rendimiento, también es una oportunidad de “bajar los costos” e “igualar el retorno económico”.

Del mito al agregado de valor

La falta de información o la estrategia política del discurso de los países desarrollados instala “mitos” sobre el impacto de la ganadería en el cambio climático, consideró el ganadero. “Estamos lejos de ser los culpables”, afirmó, y en ese sentido se refirió a “los datos del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, por sus siglas en inglés)”. 

De todas formas, Méndez dijo que se debe apuntar “a producir menos metano” por kilos de carne mediante mejoramiento genético y acortamiento de los ciclos productivos. El problema es que para eso “hay que intensificar la producción”, y entonces “hay mayores impactos, sobre todo en la biodiversidad”, lo que sitúa la producción en una disyuntiva.

Señaló que la mayor parte de la ganadería en Uruguay se realiza en sistemas de campo natural. Si bien hoy en día este sistema productivo “no es neutro, está bastante cerca de una neutralidad, sobre todo en comparación con sistemas foráneos”. Y destacó que es “una fortaleza” que esa forma de producir “todavía es rentable”. 

El productor planteó que la primera etapa es “validar que producimos de forma amigable” para poder pasar al sello que lo compruebe. Consideró que para el productor es necesario poder certificar los modos de producir “en una segunda etapa”, para agregar valor a la producción. “No es solo decirlo, hay que salir a mostrarlo”, afirmó.

Sin embargo, opinó que esto “no puede ser a cualquier costo”. En la visión de Méndez, los bonos de carbono “permiten que grandes industrias contaminen” y “sigan emitiendo gases de efecto invernadero”, por lo que el beneficio social no redunda, ni se cumplen los objetivos “de un tipo de producción que nos permita seguir existiendo como civilización”.

Productores organizados miden el impacto

No obstante, hay voces dentro de la producción que reconocen las tensiones como un punto de partida necesario para lograr tres puntos principales: proteger la biodiversidad, sustentabilizar de forma integral la producción en el tiempo y dar respuestas a la sociedad. 

Esto es explorado por Méndez, quien desde hace dos años integra una comisión de ambiente con otros productores de Fucrea. Opinó que “el desafío más grande es tener respuesta a los posibles cuestionamientos que se nos hagan como productores”. 

Sobre el impacto de la producción en la biodiversidad afirmó: “no vi trabajos científicos importantes que nos demuestren cuál es el potencial problema que tendremos en el futuro por afectar la biodiversidad”. La comisión de ambiente de Fucrea trabaja desde hace dos años con el objetivo de mejorar el relacionamiento de los productores con el medio y la generación de impacto positivo en el territorio. El trabajo consiste en generar información, ya que en Uruguay “no teníamos datos de la incidencia de la producción en el ambiente”, señaló. 

Amarilla enfatizó sobre la importancia del cuidado del ambiente en la producción agropecuaria. El subsecretario subrayó que, al producir en un espacio natural, “es esencial prestarle atención al cuidado del agua, del suelo y del aire, que son los escenarios de la vida”. Además de proteger los ecosistemas en lugar de eliminarlos.

Méndez reconoció la responsabilidad de la producción en problemas de alarma social, como las cianobacterias. A su vez, como productor que trabaja en un sistema de medianería con la producción de arroz en su predio, reconoce que esa actividad “modifica la estructura del suelo”. De todos modos, dijo que abandonarlo sería “barrer para bajo de la alfombra”. Consideró que “el tema es cómo trabajar para que afecte cada vez menos” y “para eso hay que medirlo”.

La comisión de ambiente de Fucrea trabaja en un Fondo de Promoción de Tecnología Agropecuaria (FPTA) con el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), para lograr el monitoreo de datos prediales y “hacer una guía para la producción”. Parte de lo que se desarrolla junto a INIA es el Índice de Integridad Ecosistémica (IIE), creado por INIA bajo la dirección del investigador Óscar Blumetto, y difundido ampliamente con clases abiertas. 

El IIE es una herramienta local que permite identificar los principales focos de riesgo ambiental en un predio. “A cada uno de los potreros se le pone un índice, de acuerdo a lo que se valora como más ambientalmente querido. Un mayor valor sería más sano en el punto de vista ambiental y un menor valor sería un sistema mucho más erosionado, más débil, más complejo desde el punto de vista ambiental”, explicó.

Aceitar los engranajes

Bouvier se refirió a la importancia de las certificaciones de producción sostenible de los commodities. El ministro de ambiente destacó que el mercado global está orientado a la sostenibilidad, y que cualquier proceso productivo que incorpore medidas ambientales y de sostenibilidad agrega un “valor significativo”. Sostuvo que “el mundo va hacia ahí. Hoy todo lo que sea un proceso productivo, que comprenda medidas ambientales, que tenga sostenibilidad y demás, agrega valor”. 

Subrayó la importancia de impulsar procesos productivos que incluyan medidas ambientales, ya que ignorar ese enfoque sería contraproducente. “Sería pan para hoy y hambre para mañana”, expresó. 

Amarilla indicó en Magnolio Sala que el Ministerio de Ambiente “quiere lograr sinergias que permitan certificar lo que hacemos bien, corregir lo que no hacemos tan bien y darle a nuestra producción un sello que perfectamente pueda ser auditable a nivel internacional, que nos permita ingresar a mejores mercados y con mejores precios”. 

El integrante del Poder Ejecutivo también se refirió a la huella ambiental de la carne y el trabajo junto a Prenader para lograr una guía de buenas prácticas en cultivo de arroz, llevado a cabo en áreas protegidas Ramsar.

Méndez aseveró que el Ministerio de Ambiente “ha hecho aportes interesantes” para el trabajo de los temas con los productores, aunque “no existe un vínculo orgánico”. Opinó que “a veces se confunden los roles” con el MGAP, pero “es más que necesario coordinar los trabajos como país”, algo en lo que Uruguay “tiene bastante experiencia en determinados rubros”.

El productor también analizó que, aunque el Ministerio de Ambiente “es reciente y la gente que trabaja allí puede estar capacitada, no tiene recursos económicos para afrontar todos los problemas”. Señaló que el ministerio no solo enfrenta cuestiones productivas, sino también conflictos ambientales que abarcan aspectos como el ordenamiento territorial y otros temas ajenos a la producción agropecuaria. “El ministerio tiene muchos frentes, cada vez va a tener más”, y cuenta con “pocos recursos”, afirmó. Para mejorar la situación, Méndez sugirió que el gobierno “aumente el financiamiento o, al menos, incremente el presupuesto” destinado a los temas ambientales. 

Y resaltó la importancia de “medir con información propia” lo que “se está haciendo bien”, para “poderlo demostrar”. Dijo que las condiciones productivas se “van a marcar” desde el consumidor final, y que habrá “cuestionamientos grandes a los sistemas productivos. Tenemos que tener respuesta”, advirtió.

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Falta de información robusta es “el gran debe” para desarrollar seguros

By Cristina Fumero,

El director de la empresa Vigía Seguros, Santiago Ibáñez, consideró que la continuidad en la contratación de seguros de rendimiento “es otro aspecto crucial” en el rubro

El “gran debe” de los seguros de inversión y rendimiento es la falta de “información robusta”, dijo a VERDE el director de Vigía Seguros, Santiago Ibáñez. La última década estuvo marcada por varios años en que “la indemnización fue superior a lo que se cobró por primas en el historial de seguros de rendimiento”, informó. 

Este escenario ha obligado a las aseguradoras a ajustar las garantías para cubrir entre un 60% y un 70% del promedio histórico de los productores. El ajuste busca mitigar el impacto financiero en un contexto donde los seguros de rendimiento han visto una creciente demanda por parte de los agricultores.

Vigía Seguros es una empresa con sede en Dolores, que tiene una clara especialización en el sector agropecuario, ya que dedica el 85% de su cartera a este rubro y el resto a seguros patrimoniales. “Año a año viene creciendo el área asegurada”, afirmó Juan Ibáñez, socio de la empresa. El 90% de los seguros agropecuarios se cubren con el Banco de Seguros del Estado (BSE) y el restante con aseguradoras privadas.

El cambio climático obliga a complejizar los paquetes de seguros. Eventos como las sequías de 2017-2018 y 2022-2023, han provocado un cambio en la demanda de seguros, impulsando a los productores a buscar coberturas más complejas. “Esas secas, que pegaron fuerte en el rendimiento y en la economía del productor, han hecho que se busque cada vez más un seguro más complejo, que abarque más fenómenos climáticos”, confirmó.

El seguro de rendimiento ha cobrado especial relevancia en este contexto, aunque enfrenta importantes limitaciones. La alta siniestralidad, sumada a la capacidad de reaseguro en el exterior, ha reducido la oferta disponible. “La demanda supera a la oferta, y la oferta es finita, hay un cierto cupo de hectáreas para vender”, puntualizó Santiago Ibáñez.

El operador del mercado de seguros detalló que la cobertura básica incluye granizo e incendio, resiembra, heladas, viento y falta de piso. Algunas causas son más comunes en el invierno, como la resiembra (por el anegamiento) y las heladas tardías, mientras que otras son más frecuentes en el verano, como el granizo o la sequía.

El director de Vigía Seguros consideró que la continuidad en la contratación de seguros de rendimiento “es otro aspecto crucial”. Señaló que los productores que han mantenido una relación constante con este tipo de seguros “tienen más posibilidades” de continuar asegurando sus cultivos. “El productor que no viene contratando seguro de rendimiento hoy en día tiene muy pocas probabilidades de acceder a él”, señaló. 

Mencionó que la estabilidad en la contratación “se vuelve esencial” en un entorno donde la oferta es limitada y las compañías “priorizan a los clientes con un historial sólido”. También destacó la importancia de contar con “datos históricos sólidos y precisos” para mejorar la efectividad de los seguros agropecuarios. 

Indicó que “lo que necesitamos es tener más fortaleza en los datos históricos de rendimiento”. Agregó que las últimas sequías fueron “de las más grandes de la historia”, y contribuyeron a la alta siniestralidad que afecta al sector. Actualmente se cubre “entre 60% y 70% del promedio histórico que tiene el productor de soja”, comentó.

Lo que la aseguradora busca es “un producto sostenible en el tiempo”, indicó. En ese marco, el BSE clasifica a los productores basándose en su historial de contratación de seguros, entre otros factores. “Si dejás la silla por un verano probablemente retrocedes en el listado y te quedas para atrás”, advirtió. Esa jerarquización “busca garantizar la estabilidad del producto, favoreciendo a quienes lo contratan de manera constante”, explicó.

Esta continuidad “es crucial” para evitar la especulación, consideró Ibáñez. Recordó que algunos productores contratan el seguro solo en años con pronósticos adversos, y luego dejan de hacerlo, lo que podría poner en riesgo su capacidad de acceder a la cobertura en el futuro. “Lo que busca la compañía, y el producto en sí, es que el productor tienda a ser más empresario, tomando el seguro como una herramienta a largo plazo”, explicó.

Juan Ibáñez agregó que “la idea es que el seguro de rendimiento se integre dentro del esquema de costos de producción, como un componente más del negocio agrícola”, que ya esté dentro del esquema de costos y así se pueda “buscar entre todos los agentes la sostenibilidad del producto para que siempre pueda existir”. 

Consultado por la superficie total cubierta por los seguros de rendimiento, mencionó que hubo un leve aumento en los últimos años, con cifras que rondan entre las 250.000 a 260.000 hectáreas. Lo que varió en mayor medida fue la participación de mercado de cada compañía. Aunque no se prevén cambios significativos, “la sostenibilidad a largo plazo sigue siendo una prioridad para el sector”.

Actualmente, el enfoque principal se basa en el promedio de rendimiento del productor. Sin embargo, Santiago Ibáñez sugirió que disponer de datos detallados de cada chacra proporcionaría beneficios adicionales. “Cuanto más específica y clara es la información, mejor”, comentó el director de Vigía Seguros. 

Al referirse a la expansión de la superficie asegurada, el director de Vigía Seguros consideró que “la clave no radica únicamente en conseguir reaseguro en el extranjero, sino también en fortalecer la información interna. “Hay bastantes deberes por hacer acá”, admitió. A propósito, sostuvo que “se necesitan datos actuales de cada zafra”, discriminada por zona del país. 

En cuanto a la posibilidad de ampliar los seguros de rendimiento a los cultivos de invierno, Ibáñez se mostró optimista. Aunque actualmente la contratación de seguros en invierno “es puntual”, y suele estar vinculada a exigencias de proveedores, “un seguro de rendimiento más robusto para cultivos como trigo o cebada podría ofrecer estabilidad adicional; sería positivo”, opinó.

Por su parte, Juan Ibáñez reiteró que la esencia del seguro de rendimiento es proteger el patrimonio del productor ante un siniestro, asegurando que este pueda continuar operando sin riesgo de quiebra. “La esencia del seguro es que el patrimonio del productor quede indemne frente a un siniestro”, insistió el socio de la compañía con sede en Dolores.

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