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Agricultura

“Hay que buscar más interacción entre la producción agrícola y de proteína animal”, sostiene Marcos Guigou

26 de abril de 2021

La empresa agrícola-ganadera con sede en Dolores cumplió 18 años, y su líder analizó la evolución y el contexto productivo durante el período, además de proyectar el futuro

Agronegocios Del Plata (ADP) cumplió 18 años. Tras haber pasado por diversos períodos de precios, productivos, climáticos y políticos, entre otros, la empresa capitaliza toda esa experiencia y apunta a seguir adaptándose tácticamente a los cambios, en la firme decisión de “hacer andar las cosas en el interior”, como dijo su director, Marcos Guigou, en esta entrevista con VERDE. 

El empresario se refirió al actual momento de precios altos, impulsados por la demanda global, y a sus expectativas de que se mantenga durante al menos un año. También comentó la necesidad del desarrollo de los seguros para “capitalizar estos escenarios positivos”; a las razones que impiden el desarrollo de la agricultura en el Noreste; y al impulso de la producción ganadera en ADP, que permitió sobrellevar un largo período de bajos precios agrícolas. 

Guigou propuso “buscar mucho más la interacción entre la producción agrícola y la de proteína animal en Uruguay”, y dijo que, a pesar de los altos precios, no piensa tanto en crecer en área sino en aumentar la productividad por hectárea. 

Además, estimó que la fuerte expansión de área, que en su momento ocurrió con la soja, la vivirá el maíz; y destacó que se acortó la diferencia de algunos costos, como el gas oil, con los países de la región.  

¿Cómo observa el desarrollo de esta zafra?

Al panorama, en general, lo veo bien. Hay una suba de precios, dada por una demanda muy fuerte a nivel global. Se debe más a eso que a una escasez de oferta. No hubo grandes problemas productivos en ningún lugar. Este es un factor interesante, que hace esperar que al menos por algún año más los precios sigan entonados. Y los cultivos de invierno, cebada, trigo y canola, tienen niveles de precios bastante mejores que los del año pasado, y eso nos da optimismo. Después está la realidad de corto plazo. El verano estaba anunciado como muy seco, después pareció que se acomodaba, entre fines de enero y febrero llovió bien, pero quedaron zonas relegadas, como alrededor de Dolores y hacia el Norte,o Suroeste de Río Negro, que están muy mal. Ahí fue un año tremendamente seco. En el corto plazo siempre pega más, porque salís, recorres y ves que los cultivos están mal, es difícil que no te afecte el ánimo, pero si miramos las cosas con perspectiva de largo plazo es diferente. En ADP estamos festejando 18 años. Hemos tenido años de éxito y otros con muchos sinsabores. Al menos ahora pasamos de una fase de precios bajos a otra de precios entonados, y esperamos que se mantengan un tiempo y nos permitan tomar aire, que es lo que hace normalmente el sector agrícola. 

¿Cómo ve al sistema para capitalizar ese escenario de precios positivos?

Lo veo bien. Veo a mucha gente joven trabajando, mucha gente local que está buscando desarrollar sus emprendimientos, no solo en la agricultura sino también en la ganadería y en las conexiones entre los negocios. Pero también es cierto que si sos agricultor o ganadero y estás en una sola zona, y te agarra un período de seca como la de ahora, puede ser dramático. Para eso hay que tratar de mejorar los sistemas de seguros. La única forma de trabajar a cielo abierto, sin el riesgo de que un año cada cinco quedes en la ruta, es con los seguros. Son caros, pero son una herramienta de base, que nos da la seguridad de que vamos a continuar, más allá de que el año venga mal. Los seguros son cada vez más elaborados y protegen al negocio. Es lo único que se puede hacer. Tenemos bastante área de riego, aunque proporcionalmente no es importante. Sin dudas debería crecer. 

Desde las empresas aseguradoras sostienen que para que los seguros de rendimiento funcionen tiene que haber constancia en la demanda. ¿Cree que eso puede ocurrir?

Creo que la cultura del seguro es mejor que la que teníamos antes, también porque el seguro está cubriendo más cosas. Pero no es un proceso sencillo, porque los seguros también son caros. Por ejemplo: los precios de los cultivos de invierno ahora son más altos, pero la unidad de fósforo cuesta 75% más respecto al precio existente previo a la siembra de soja. Las rentas si están en kilos también subieron, y para negociar es difícil. Hay varios factores que van a hacer subir los costos y US$ 50 mas por ha es relevante en cualquier presupuesto. Por otra parte, en los cultivos de invierno no tenés un seguro de rendimiento o de inversión, o hay pocos. Lo que hay, en general, son de tipo climático, contra granizo, viento o incendio, que también ayudan. Pero, sin dudas, si todo el mundo asegurara debería ser más barato. No sé si se traducirá inmediatamente en una baja del costo, pero me imagino que es una de las herramientas que más impacto tendría, para sacar los pozos de producción. 

Si los diferentes actores que financian, exigen un seguro de rendimiento, ¿podría ser una catalizador para que vayan ganando área?

Me parece que debería ser algo más general, en la medida que la percepción del costo-beneficio sea más positiva. Espero que los seguros sigan evolucionando como hasta ahora, porque son mejores, las coberturas son más amplias, son distintos los enfoques, y me parece que el productor asegura más que antes, pero no tengo una cifra a nivel general de lo que se utiliza con cada tipo de seguro.

Durante la expansión agrícola, los grandes grupos señalaban que, entre otros aspectos, buscaban la diversidad climática. Muchos sostienen que eso no pesa en Uruguay, ¿usted que piensa?

Sí, en estos últimos años lo vimos. Hace dos cultivos de invierno atrás fue tremendamente excesiva la lluvia en el Litoral-Norte y en el Noreste, mientras que en el Sur fue al contrario. Y el año pasado fue a la inversa. Ahora los cultivos de verano están correctos al Norte de Paysandú y cada vez peores en el Sur. De 170 a 200 kilómetros en el litoral hay unos contrastes enormes. Eso lo mitiga mucho el manejo por profundidad de suelos. Nos cuesta imaginar que una planta esté sacando agua desde 1,20 metros hasta 2,50 metros de profundidad del suelo, pero sucede. Uno ve una soja de 70 centímetros o 1 metro de alto y le cuesta pensar que tiene una raíz a casi 2 metros de profundidad. Habrá quien diga que esos suelos en Uruguay no existen, pero sí existen y hay bastantes zonas que lo tienen. Y hay muchos suelos que tienen profundidades de 1,20 metros. Tal vez no sea en todo el campo, y haya una parte que es suelo y roca madre, pero también almacenan humedad y las raíces están. Si tenés un suelo profundo, tu estabilidad productiva va a ser mucho mayor, acá y en la China. Si no tenés profundidad de suelo, tu negocio dependerá de la lluvia, y cuanto más intensa sea la rotación y menos potencial le pidas a cada cultivo, es más probable que te vaya mejor.Por eso es tan importante separarlos y ajustar el manejo. Considero que la diferencia climática entre zonas, incluso la temperatura, existe y es relevante. En estos sistemas que nos permiten mirar el clima todo el tiempo, y uno pone la posición de su establecimiento, es llamativa la diferencia de temperatura entre Dolores y Cerro Largo. Hay 5°C de diferencia en los días de más calor. Teníamos 33°C en Dolores y 28°C en Cerro Largo. Es una diferencia abismal. Una semana seca con esa diferencia de temperatura en las seis horas de más calor en el día es de gran impacto. Y si miras los promedios de lluvias en Uruguay en los últimos 30 años, ves curvas de precipitaciones de 1.500 milímetros por año, que entran como una lengua por el Norte, por Rivera, mientras que en la franja de la zona agrícola, como en Soriano, llueven 1.200 milímetros. Pero la temperatura se mueve en paralelo al océano. Eso se nota en los veranos. Los arroceros lo saben, por lo nublado y más fresco en Rocha y lo que pasa en Artigas. Pero si estás haciendo cultivos de secano en Salto o Paysandú tenés un clima muchísimo más extremo que si estás en el Noreste. Pero la agricultura se ha mantenido mucho más en Paysandú que en el Noreste porque ahí pesan temas culturales, distancia a puertos, oferta de contratistas y otros factores. 

¿Puede crecer la agricultura en el Noreste?

Siempre pensé que sí, pero quedamos siendo casi los únicos que hacen agricultura en aquella zona, y no ha sido sencillo. Es difícil estar solo, porque los ecosistemas agrícolas necesitan mucha interacción con la logística de insumos y de granos, contratistas y todo lo demás. Todo eso se nutre de la actividad y no de la lejanía.

La distancia a puerto le pegó a esa zona cuando subieron los costos y luego bajaron los precios, ¿hoy cómo se observa?

Ahora está el proyecto de hacer la ruta 6. Eso puede ayudar bastante porque la distancia desde Caraguatá a Nueva Palmira son 540 kilómetros, pero a Montevideo por esa ruta son 380 kilómetros. 

¿Cuánto juega la diversidad productiva y de manejo en la agricultura?

Es fundamental. Es importante ir aprendiendo y simplificando, lo hemos ido demostrando durante años. El manejo no es perfecto todos los años, pero se ve que los cultivos antecesores son un tema muy fuerte, porque tienen diferentes raíces, enfermedades, implantación. Por ejemplo: la colza después de la soja de primera es relativamente fácil de implantar, así como es difícil una colza después de un rastrojo grosero de cebada, maíz o soja de ciclo largo. Hay muchas cosas que tienen que ver con las rotaciones, que simplifican y ayudan. Y también con los costos, como la resistencia de malezas. Hay que intentar bajar las aplicaciones y eliminar las malezas problema con la rotación y no tanto por el uso de herbicidas selectivos dentro de los cultivos, que tienen costos altos y siempre algo de rinde se llevan. Y después, si te animas a diversificar entre zonas hay una compensación de renta más fertilización en las diferentes zonas. Fue algo que demoró bastante en acomodarse después del auge agrícola, pero ya se acomodó. El precio de la renta, en la medida que estás lejos del puerto es más bajo, y la necesidad de fertilizante es más alta; pero hay un balance que es positivo para la ecuación agrícola. Si te vas más lejos vas a encontrar un clima distinto. Después hay que aprender una serie de cosas, los cultivos se comportan algo diferente, los ciclos no son exactamente iguales. Se puede pensar que no debería cambiar tanto, pero cambia. Hay que ver el mapa de Uruguay, con las temperaturas y lluvias en promedios de largo plazo, e impacta ver lo distinto que es al Norte de Salto o al Oeste de Cerro Largo.

¿Qué cosas han pasado en estos 18 años de ADP?

Para nosotros la apertura de cabeza que te da el poder trabajar con más personas, más opciones, es algo muy importante. El hecho de haber empezado la empresa con un socio argentino nos generó un choque. No digo que es mejor ni peor, pero hacen un montón de cosas diferentes, las ven diferentes, piensan diferente. Y juntarse con gente que piensa distinto siempre te agrega mucho valor. Esa apertura, la búsqueda de innovar, ha sido lo más interesante. Me gusta innovar, pero hay que tener un envase para hacerlo, y ADP ha brindado una escala suficiente para innovar. La agricultura por ambientes y el uso de drones está dado gracias al envase que teníamos para hacer esas cosas, por la expectativa y el impacto que podías tener. Con la escala de un productor habría sido imposible hacer esas cosas en 2008. Lo demás tiene mucho que ver con la realidad cambiante, la búsqueda de mantener negocios activos o formas de vida que nos gustan, en hacer cosas en el interior. Siempre estuvimos muy decididos a hacer las cosas en el interior. Hoy eso se ve totalmente potenciado por algo externo, como el Covid. Y las herramientas de comunicación existentes refuerzan nuestra idea de trabajar y hacer cosas en el interior. 

Usted siempre dijo que lo más importante es saber cambiar y cambiar rápido. ¿Un ejemplo de eso es la irrupción y el volumen del negocio ganadero en ADP?

Puede ser. Ese fue un cambio muy fuerte, que nos permitió adaptarnos a la época de precios bajos, que duró bastante más de lo que podíamos pensar. Hubo una caída de precios en 2008,  pero subieron rápido y tuvimos varios años con precios altos. En 2014 cayeron y pasamos seis años con precios bajos. El éxito tal vez no se deba medir tanto en el resultado sino en la actitud, en encontrar la forma de hacer lo que a uno y a la gente del equipo le gusta. Muchas personas trabajaron en ADP, se sienten parte, y hoy están aplicando la experiencia vivida. Ese espíritu de emprender y afrontar los cambios con decisión también ha calado en un montón de gente que trabajó con nosotros, con la que mantenemos muy buena relación y que se animó a emprender por su lado. Esas cosas las tomo como un éxito. Después, el cambio hacia la producción ganadera probablemente haya sido de los de mayor impacto, pero de cualquier manera creo que tenemos que buscar mucho más la interacción entre la producción agrícola y la de proteína animal en Uruguay.

¿Cómo se hace eso?

Hace años hicimos cosas con la industria frigorífica, por ejemplo, de plantar sorgo en los campos de los productores, para cubrir los baches de producción de pasto. No pensábamos en su momento en la adaptación que eso le daba a los animales para una posterior terminación a corral. Buscábamos el impacto que se podía generar con un plus de energía, con los granos, que se podían llevar de manera relativamente económica a los campos, para que el sistema pudiera trabajar con más carga, con más terneros por vaca. Por ese lado hay un mundo de cosas por hacer. También está la posibilidad del desarrollo de otras carnes. Hace poco acá en Soriano se hablaba de un empuje de la piscicultura, inversiones en la producción de cerdos, de aves. No solo serían un destino para los productos de la agricultura, sino que serían dinamizadores de todo el sistema. A medida que haya más gente, habrá más creatividad, se genera una ola positiva. Cuando la gente se junta, se combina, el balance siempre es positivo. Veo que nuestra capacidad de producir agricultura todavía tiene un escalón muy lindo en esa combinación con la proteína animal. 

¿Cómo está ADP hoy?

Estamos en la reorganización de todas nuestras actividades, que ha sido muy fuerte en los últimos años, y ahora con muchas expectativas en base a este período que se está viniendo. Tenemos alguna expectativa en crecimiento de área, pero no muy acelerada, porque estamos viendo mucho margen en la productividad por hectárea, basados en toda esta tecnología que hemos aplicado. Nos entusiasma mucho el crecimiento a través de la producción de más kilos, pero no por tener más área.

¿Cuáles son los grandes puntos del trabajo de ADP como proveedor de genética?

Estamos siempre en el campo, comprendemos muy bien la situación, e incorporamos soluciones para las diferentes realidades. Encontramos que el grano más importante que hay en el mundo es el maíz. Así como pasó en su momento con la soja, veíamos que en Brasil, Paraguay y Argentina seguía creciendo el área y en Uruguay decíamos que era diferente. Pero después vimos que no era muy diferente, porque el cultivo también tuvo su proceso expansivo y se transformó en un producto muy importante de la economía. Lo mismo va a pasar con el maíz. En la medida que haya más riego, más uso de las zonas especiales, más uso del agua en tiempo real, buscando buenos potenciales con materiales más adaptados. Así como lo hicimos en trigo y colza, donde tenemos una participación muy fuerte en el mercado, creemos que en genética de maíz y soja con el aporte de Stine, tendremos muchas soluciones. Lo vemos con mucha expectativa. Hace un tiempo comentaba que me había gustado mucho esa idea de las dos P: proteger el corazón del negocio y pivotear alrededor de eso. Así que proponer genética de maíz, de soja, trigo, canola y avena, es pivotear, entender dónde estamos, dónde está nuestro corazón, y qué podemos hacer alrededor de él. En genética hay un desafío enorme, el potencial de maíz en Uruguay es mucho mayor al que el país tiene hoy. Seguramente el maíz va a crecer, acompañado por la soja. Ahí queremos estar, y nos entusiasma mucho ser un jugador importante. La genética por ambiente es lo que hace la diferencia. En este tema hay empresas preparadas, pero en ADP tenemos mucha experiencia local en trabajar, separar y entender los ambientes, buscando soluciones nutricionales, respuestas al pH de los suelos y demás. Son cosas que hace años venimos haciendo y es un territorio que conocemos, y ahora a eso se le agrega una oferta de genética como la de Stine para acompañarnos en maíz y soja. En soja, Stine tiene una experiencia increíble. En Argentina, en dos años pasó de cero a 149.804 parcelas de nuevos materiales. Se junta nuestra vocación agrícola, la pasión por entender los datos, los ambientes, y la oferta genética, claramente tenemos mucho para aportar.

¿Hay condiciones para regar más de lo que se riega en Uruguay?

Nos falta cultura y ajuste de costos de servicios claves como la energía eléctrica. Nebraska sin riego es un área productivamente muy pobre, pero hacen el pozo y tienen agua. En Uruguay hay muchas fuentes de agua superficiales, pero como ejemplo a 10 kilómetros de Dolores tengo los sistemas de riego con diesel, porque llevar la energía eléctrica es casi inviable por los costos fijos. También hay temas de calidad en el suministro de energía. Entonces es mejor tener riego a diesel, que tiene un costo mayor pero al menos lo manejas vos. No parece lógico que en un país que está muy electrificado cueste acceder a la energía eléctrica para riego, pero debe entenderse que el riego es algo totalmente zafral. Es un problema que, por más que pasan los años, no se resuelve. Y después, no tenemos mucha cultura, eso es lógico aquí llueve bastante y el riego es complementario. Seguramente muchas de estas cosas cambien con la mayor incidencia de hectáreas regadas y equipos en funcionamiento. Además, también se va a generar una mayor adaptación de cultivos como la soja a esas situaciones de mayor potencial con ciclos cortos. El camino tendría que ir hacia un mayor uso del riego, más que nada porque es estratégico. Así como el seguro te da una base para no caer en un pozo en un año muy malo, el riego asegura la producción, elemento fundamental para los sistemas productivos. Si estás integrado con ganadería en base a granos, tenés un piso de granos de tal valor. Sabes que vas a tener por año 10, 12 o 15 toneladas de maíz por hectárea, algo que te estabiliza enormemente el sistema.

¿Qué área se podría aspirar a regar en Uruguay?

En las zonas Este, Norte, Noreste hay un montón de represas, con muy buen diseño y una capacidad enorme de almacenar agua. Muchas se usan con arroz, que consume mucho, pero hay mucho para hacer. Se puede usar para riego de pivot y se puede hacer un uso más eficiente de parte de esa agua. En algunas zonas, como el litoral, la capacidad de abastecerse de ríos y arroyos está colmada. Pero aún hay mucho por hacer. Hay zonas con menor aptitud agrícola que pueden ser muy buenas para reservar agua y eso mejoraría la oferta de agua para riego. También están los temas ambientales. Hay gente que no está de acuerdo con los embalses para riego. No tengo un número, pero sí creo que hay mucho espacio para crecer con el riego. 

¿Cómo observa el clima de negocios en este momento en el país?

La situación del país caro no cambia de un día para el otro, pero se tomaron decisiones que van en camino de corregir ese problema. El gasoil es muy relevante para la producción y la cadena agrícola y si bien seguimos teniendo el más caro de la región, ahora estamos relativamente cerca de Brasil, Argentina y Paraguay. Eso es muy importante. Después, hay promoción a la inversión de energías limpias, desarrollo sustentable. Son cosas que están bien encaminadas, y lo que hay que tener es un plan de largo plazo, en el que haya un acompañamiento de los sectores privados, con sus desafíos, y que después cada uno se arriesgue y tome decisiones.

Nota: Revista Verde N° 92

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