Tras la firma del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, el bloque regional mantiene abiertas y activas varias negociaciones externas que, según el análisis de Ignacio Bartesaghi, director de la Escuela de Negocios Internacionales de la Universidad Católica del Uruguay, no deberían quedar eclipsadas por el proceso europeo, hoy nuevamente bajo cuestionamiento institucional.
Bartesaghi señaló que una de las principales novedades es la inminente entrada en vigor del acuerdo entre el Mercosur y Singapur, que estuvo demorado por trámites internos. Paraguay ya completó el proceso y Uruguay lo hizo recientemente, lo que habilita su aplicación bilateral. En el caso uruguayo, el acuerdo comenzará a regir el 1º de marzo, mientras que para Paraguay lo hará el 1º de febrero. “Ahí ya tenés algo que entra en vigor”, subrayó.
En paralelo, el especialista indicó que siguen pendientes trámites vinculados a otros países europeos (EFTA) que no forman parte de la Unión Europea, así como la necesidad de avanzar “cuanto antes” en la presentación del acuerdo con la UE en el Parlamento uruguayo. Ese proceso cobra relevancia adicional luego de que el Parlamento Europeo resolviera enviar el tratado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, una decisión que en los hechos paraliza su ratificación mientras se evalúa su compatibilidad jurídica.
Bartesaghi destacó que el Mercosur mantiene negociaciones avanzadas con Emiratos Árabes Unidos, que “vienen bien”, y un relanzamiento del diálogo con Canadá, que volvió a activarse tras un período de menor dinamismo. También mencionó el interés en profundizar el acuerdo con India y los avances en Centroamérica, un proceso que ha sido impulsado especialmente por Argentina.
En cambio, fue más cauto respecto a las negociaciones que Brasil había anunciado con Indonesia y Vietnam. Según explicó, con Indonesia hubo algunos encuentros, pero sin avances sustantivos, mientras que con Vietnam “todavía no hay nada”.
En ese contexto, Bartesaghi advirtió sobre el riesgo de sobredimensionar el acuerdo con la Unión Europea y perder de vista una estrategia más amplia. “No hay que confundir el éxito del acuerdo con la Unión Europea con la necesidad de seguir peleando la flexibilización del Mercosur”, afirmó. En su visión, esa flexibilización es clave para que Uruguay pueda avanzar de forma efectiva en otros frentes comerciales.
El eje central de esa estrategia, según Bartesaghi, debería estar puesto en el Acuerdo Transpacífico. Uruguay ya fue aceptado para iniciar negociaciones con el CPTPP, pero aún resta poner en marcha los mecanismos formales para presentar las ofertas del país y someterlas a evaluación de los miembros del bloque. Se trata, recordó, de un proceso largo y complejo, como lo demuestran los casos de Costa Rica y del Reino Unido.
“El foco tiene que estar ahí”, sostuvo, al señalar que el acceso al Pacífico representa, por lejos, el mercado de mayor impacto potencial para las exportaciones uruguayas. En ese marco, mencionó además que la flexibilización del Mercosur ya se está dando “de hecho”, en un contexto donde Estados Unidos y Argentina avanzan hacia un acuerdo bilateral.
Bartesaghi agregó que Uruguay tampoco debería descartar la posibilidad de avanzar bilateralmente con China, especialmente en un escenario de visitas oficiales y oportunidades diplomáticas. “Uruguay siempre debe mostrarse abierto a la bilateralidad y eso hay que defenderlo en los discursos y en las declaraciones”, remarcó.
Finalmente, insistió en que el acuerdo con la Unión Europea no debe generar una falsa sensación de llegada. “Ojalá que no nos tiemble el pulso de que ahora, porque nos fue bien con la Unión Europea, nos olvidemos de la flexibilización, porque sin flexibilización no va a haber ingreso real hacia el Pacífico”, concluyó.
INIA advirtió que el déficit hídrico estival redujo drásticamente las tasas de crecimiento de las pasturas en el suroeste y recomendó no adelantar el picado de maíces, incluso en escenarios de estrés.
El suroeste de Uruguay atraviesa un escenario de déficit hídrico estival que, si bien se mantiene dentro de los valores esperables para esta época del año, ya está condicionando el manejo de pasturas y cultivos. Así lo explicó Fernando Lattanzi, investigador principal en pasturas del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), en el programa Punto de Equilibrio en Carve y verdenews.com.uy
De acuerdo con el técnico, en la estación experimental de INIA La Estanzuela el déficit hídrico acumulado alcanza actualmente 276 mm, un nivel que se repite en aproximadamente tres de cada cinco veranos, aunque ya cercano al límite superior de lo habitual. “Dos semanas más sin lluvias, con esta demanda atmosférica tan alta, nos llevarían a valores menos usuales”, advirtió.
El principal impacto del escenario actual no está dado por la muerte de las pasturas, sino por la fuerte caída en la tasa de crecimiento. Mientras que a comienzos de diciembre se registraban tasas del orden de 40 kg de materia seca por hectárea por día, en las últimas dos semanas los valores descendieron a un rango de 0 a 5 kg. Esto es consecuencia de que “el ambiente hoy demanda cerca de 7 mm de evapotranspiración diaria, pero en el suelo hay agua disponible solo para aportar alrededor de 2 mm”, indicó.
En estas condiciones, las plantas activan mecanismos defensivos como el cierre de estomas, el enrollamiento de hojas y la pérdida de hojas basales. Lattanzi aclaró que este comportamiento no implica la muerte de la planta, sino una estrategia de supervivencia. Para comprometer la persistencia, “el déficit debería superar los 400-450 mm, muy por encima de los valores actuales y lejos aún de lo ocurrido durante la sequía de 2022–2023, cuando el déficit en La Estanzuela llegó a más 900 mm y sí hubo mortandad de pasturas”.
Uno de los conceptos centrales planteados por el investigador es: “evitar sumar estrés por sobrepastoreo al estrés hídrico”. Pastorear potreros que no alcanzaron su punto óptimo de rebrote “implica defoliar plantas ya estresadas, lo que enlentece de forma significativa la recuperación posterior cuando regresan las lluvias”, alertó.
En sistemas lecheros, la estrategia pasa por retirar animales del pastoreo y suplementar con reservas para, simultáneamente, proteger la plataforma forrajera y mantener la productividad de las vacas.
En el tambo experimental de INIA La Estanzuela, y en una cada vez más extensa red de tambos comerciales que aplican manejo 3R, el manejo se ajusta semanalmente en función del stock promedio de pasto, con un objetivo de mantenerse entre 900 y 1.100 kg de materia seca por hectárea (medidos por encima de 5 centímetros). Cuando ese promedio cae por debajo de 900 kg, se reducen los turnos de pastoreo y se incrementa el porte de silo, informó.
En sistemas ganaderos, Lattanzi reconoció que a veces las alternativas de manejo “son más limitadas”. En estos casos, recomendó hacer “daño controlado, e intentar implementar pastoreo horario o uso estratégico de reservas, para minimizar el impacto del sobrepastoreo y preservar la capacidad de respuesta del sistema”.
En el caso de los maíces tempranos con destino a silo, especialmente en la franja más afectada del suroeste, el investigador llamó a “resistir la tentación de adelantar el picado”. Aunque visualmente el cultivo muestra secado de hojas basales, durante el llenado de grano “esa pérdida no implica una merma significativa de biomasa ni de digestibilidad”. Aún bajo estrés, “la planta continúa destinando lo poco que produce a la espiga, acumulando almidón, que es el principal componente energético del silo”.
Explicó que picar con 28–30% de materia seca “no resulta conveniente; mejor es esperar 7 a 10 días más, hasta alcanzar 38–40% de materia seca, especialmente si se cuenta con buen cracker y silo bolsa”.
Lattanzi subrayó además que el déficit hídrico no es generalizado a nivel país. La situación más ajustada se concentró en el suroeste, con La Estanzuela entre los puntos más comprometidos y con peores perspectivas de lluvia en el corto plazo, mientras que hacia el norte del país las condiciones estivales han sido mucho más favorables.
Tras la realización de la entrevista, en esa zona del suroeste se registraron lluvias de entre 25 y 50 mm, un aporte que contribuye a aliviar parcialmente el déficit acumulado y que permitirá evaluar en los próximos días la respuesta de las pasturas y los cultivos, en función del manejo aplicado durante el período de mayor estrés.
Las perspectivas para la producción de carne intensiva en corrales de engorde en Uruguay muestran señales alentadoras para 2026, impulsadas por un contexto internacional favorable, una industria frigorífica demandante y un escenario interno que combina una relación grano–carne competitiva.
Así lo analizó Álvaro Ferrés, director ejecutivo de la Asociación Uruguaya de Productores de Carne Intensiva Natural (Aupcin), en el programa Punto de Equilibrio en Carve y verdenews.com.uy, donde destacó que 2025 fue “un año muy bueno” para el negocio del corral, tanto por la demanda como por los volúmenes faenados, los valores registrados y la complementación con la agricultura.
Sostuvo que el arranque del año presenta “señales muy alentadoras” con muy buenas expectativas en términos de colocación y valor, particularmente por el escenario de mercados. En ese sentido, señaló que en China la cuota habilitada para Uruguay es superior a lo que se venía colocando y al mismo tiempo, otros países recibieron menores volúmenes.
A esto se suma la expectativa generada por el acuerdo Unión Europea–Mercosur. Ferrés subrayó que el precio del ganado en Europa es elevado, lo que respalda los valores de exportación. Permanece la situación en Estados Unidos y se suma la eventual retención de stock en algunos países exportadores, factores que refuerzan un escenario internacional de precios firmes.
En este contexto, consideró que Uruguay está en condiciones de capitalizar estas oportunidades, en particular a través de sistemas intensivos. “La relación grano–carne se va a seguir manteniendo y acelerar los ciclos productivos es una consecuencia directa de que los corrales de engorde funcionen”, afirmó.
Respecto a la participación del ganado de corral en la faena, Ferrés señaló que existen condiciones para que aumente respecto a 2025. “Hay capacidad instalada disponible, nuevos corrales en proceso de armado y una base de animales jóvenes que pueden ser transformados en faena a través de sistemas intensivos”.
En ese marco, sostuvo que la faena total del país puede crecer como consecuencia de una mayor actividad de los corrales de engorde y del uso de concentrados en la terminación.
Si bien recordó que la faena de corral ronda el 18% según datos del INAC, aclaró que al considerar también los animales que reciben concentrados en su terminación “el número es significativamente mayor”. Desde Aupcin estiman que entre 700.000 y 800.000 vacunos se terminan actualmente con corral o reciben concentrados, un volumen que podría ubicarse perfectamente entre 900.000 y un millón de cabezas, dado que hay tecnología disponible, acceso a granos y capacidad operativa.
En materia de reposición, Ferrés afirmó que la demanda seguirá firme, impulsada por los corrales, la recría y la exportación en pie. “Salvo cambios bruscos” en el contexto, “los valores de la hacienda tenderían a mantenerse elevados en todas las categorías”, lo que genera incentivos para mejorar la eficiencia de los sistemas de cría y acelerar decisiones productivas.
Agregó que la industria frigorífica juega hoy un rol central, está activa en la demanda de ganado de corral y genera señales claras hacia adelante, incluso con contratos y precios a futuro. En ese sentido, afirmó que no hay marcha atrás posible: “si los corrales de engorde no funcionan, la industria frigorífica pierde viabilidad”.
Consultado por los números del negocio, Ferrés ubicó el punto de equilibrio del corral, bajo supuestos actuales, en un rango de entre US$ 5,40 y US$ 5,50 por kilo, considerando un novillo de reposición de US$ 3 y un precio del maíz de entre US$ 250 y US$ 260 por tonelada.
A la vez, Ferrés valoró positivamente los cambios introducidos por el Decreto 329/025, que reglamenta el nuevo régimen de promoción de inversiones. Señaló que el sector recibe la medida con satisfacción y destacó especialmente el estímulo a inversiones vinculadas a manejos ambientales, que suelen ser costosos y no generan un retorno directo inmediato.
Para los sistemas de engorde a corral, explicó que el decreto contempla un marco amplio que incluye inversiones en manejo de efluentes y residuos, entre otros aspectos ambientales. Indicó que el diseño del proyecto y el puntaje que se obtenga en la evaluación serán claves, pero remarcó que existe una clara señal del gobierno para que este tipo de inversiones sean promovidas. A su juicio, se trata de una señal positiva que el sector buscará aprovechar.
La firma del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, concretada el sábado, abre un escenario con oportunidades para el sector arrocero, aunque también plantea desafíos relevantes en la negociación interna del bloque, especialmente en lo que refiere a la distribución de la cuota arancelaria acordada para el producto.
Así lo analizó Guillermo O’Brien, presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA), en el programa Punto de Equilibrio, en Carve y verdenews.com.uy, donde señaló que el acuerdo “claramente va a sumar” para el sector, aunque advirtió que el impacto concreto dependerá de cómo se instrumenten las cuotas y de la capacidad de Uruguay para capturar una porción significativa del volumen habilitado.
Las cuotas para fueron acordadas en 2019, cuando se asignaron 60.000 toneladas de arroz elaborado para todo el Mercosur, un volumen que consideró reducido si se lo analiza en relación con la magnitud del sector arrocero regional. “Cuando uno mira ese volumen y mira el arroz del Mercosur, es claramente un número chico a repartir entre los actores del bloque”, afirmó O’Brien.
“Hoy no va nada de ese arroz a Europa desde ningún lado del Mercosur, porque es donde está la tasa más alta de aranceles. Hay momentos y años en que llega al 90%, o sea, es inviable”, señaló.
En ese contexto, el arroz que Uruguay exporta actualmente a la Unión Europea es fundamentalmente arroz cargo, con mínima industrialización, que se utiliza como insumo para molinos europeos, además de un nicho específico para el arroz parboiled.
El acuerdo plantea un horizonte distinto, ya que “todos los productos que hoy se exportan también bajan su tasa arancelaria gradualmente a cero”, lo que mejora las condiciones de acceso al mercado, destacó O’Brien.
La clave estará en cómo se negocie la distribución interna de la cuota dentro del Mercosur. “Y ver cuánto logramos negociar en la interna del Mercosur de esas 60.000 toneladas”, indicó O’Brien, al tiempo que destacó el rol que deberá jugar la ACA en ese proceso.
Consultado sobre el planteo realizado en su momento por la vicecanciller Valeria Csukasi —quien integró el equipo negociador uruguayo en 2019 y señaló que la cuota de arroz fue una conquista impulsada por Uruguay a partir del trabajo de la ACA y de la gremial de molinos arroceros, lo que refuerza la expectativa de que el país pueda acceder a una porción más relevante del cupo—, O’Brien coincidió y valoró su participación. “Ella particularmente es un jugador clave, por suerte está en el cuadro y conoce toda la historia de esto”, afirmó.
No obstante, advirtió que la negociación interna tendrá complejidades, dado que varias de las principales empresas arroceras que operan en Uruguay son multinacionales con presencia en más de un país del Mercosur. “Ahí nosotros, como representantes del sector productivo, debemos velar para que la cuota sea defendida por la empresa de esa multinacional que está en Uruguay, no en otro país”, explicó.
En ese sentido, sostuvo que Uruguay cuenta con argumentos sólidos para aspirar a una porción relevante del cupo. “La historia del arroz del Mercosur en Europa ha sido construida por Uruguay. Es el país que tiene más historia y más volumen. A pesar de los problemas arancelarios, la calidad del producto es reconocida por el consumidor europeo y Uruguay ha sido el principal exportador dentro del bloque”, afirmó.
O’Brien reconoció que se trata de “un frente de negociación difícil, pero estimulante por lo que se puede cosechar”, y adelantó que, tras la firma formal del acuerdo, comenzará la etapa operativa. “Nos pidieron, con cierta lógica, pasar la instancia de la firma para después empezar a trabajar. Estamos en contacto permanente con la vicecanciller y estimo que en febrero empezaremos a trabajar en cómo será esa distribución”, concluyó.
El negocio agrícola se presenta “complejo”, los precios bajos exigen alta productividad, pero este escenario “ayuda a mejorar muchos aspectos de la gestión”, analizó el productor agrícola-ganadero Carlos Dalmás, director de Dalmás Agro. En esta entrevista con VERDE destacó las mejoras en genética, fertilización y agricultura por ambiente, así como ajustes a nivel de la gestión, sobre todo en logística y planificación.
Planteó el ejemplo de la soja, que si se siembra después del 20 de noviembre se estiman pérdidas del orden de “40 kilos por hectárea por día”. Y explicó que si se logra adelantar 10 días, significan “unos 400 kilos de soja por hectárea”.
En tal sentido, señaló que incluso “muchas veces conviene pagarle un poco más a alguien que pueda hacer el trabajo en menos tiempo”, porque “eso termina mejorando el resultado final del negocio”. Y también se refirió a aspectos de la gestión comercial y financiera de la empresa.
Dalmás Agro siembra “cerca de 10.000 hectáreas” y “alrededor del 70%” del área está en Colonia, el resto se distribuye entre Soriano, San José y Canelones, comentó. También señaló que aproximadamente el 70% del área donde siembra la empresa “se viene explotando desde hace más de ocho años”, ya que prioriza relaciones estables con los propietarios de los campos, lo que le permite hacer inversiones, como riego o recuperación de suelos.
Recordó que hace 10 años comenzó con la agricultura por ambientes, algo que “generó un escalón grande en rendimiento”. Y consideró que el segundo escalón tiene que ver con encalado y el uso de enmiendas de suelo.
Para Dalmás “hay que seguir preocupado por producir bien y al menor costo posible”, y estar preparado para “moverse y capturar” las oportunidades de precios cuando aparezcan en el mercado.
Dalmás Agro venía desarrollando su producción ganadera en rastrojos o en algunos campos en rotación, pero en los últimos años se asoció con un especialista en ese rubro, quien además se dedica a la compra y venta de ganado, e instalaron dos encierros, que comenzaron con una capacidad instantánea de 1.000 cabezas.
¿Cómo analiza el panorama del negocio agrícola tras el cierre de la zafra de invierno 2025-2026 y el arranque de la campaña de verano?
Estamos en un momento de la agricultura con números muy ajustados. Hay una dependencia enorme de los rendimientos, el resultado del negocio depende muchísimo de la productividad. En los cultivos de invierno, en muchos casos con altos rindes, apenas se logra empatar. En Uruguay, históricamente, los cultivos de verano son los que terminan haciendo la cuenta del año. Cuando los rendimientos acompañan, logran compensar las pérdidas o los márgenes ajustados del invierno. Es un momento complejo, que al mismo tiempo está ayudando a mejorar muchos aspectos de la gestión del negocio.
¿En qué aspectos concretos ve que está mejorando la gestión?
Hay mejoras dentro del campo y fuera del campo. Dentro del campo se sigue buscando permanentemente mejorar la productividad, mediante la innovación en genética, mejoras en manejo, fertilización, agricultura por ambientes, o sea todo lo que es tecnología aplicada al sistema productivo. Desde el punto de vista de la gestión se están generando cambios muy importantes fuera de la chacra. Vemos claramente que hay margen dentro del campo, pero también fuera del campo, en todo lo que es logística, planificación y organización del sistema.
¿De qué forma?
Principalmente en la logística, que hoy impacta muchísimo. En un país con costos de flete tan altos, decidir qué cultivo sembrar y a dónde va a ir ese grano tiene un impacto enorme en el resultado. También influye mucho la gestión de los tiempos de siembra y de cosecha, que permite hacer las labores de forma más eficiente y, en algunos casos, adelantar la cosecha. Hoy se piensa en sobredimensionar equipos de siembra o de cosecha para poder levantar o sembrar los cultivos en menos tiempo. En soja, por ejemplo, a partir del 20 de noviembre se estima una pérdida del orden de 40 kilos por hectárea por día por atraso en la fecha de siembra. Si lográs adelantar 10 días, estás hablando de unos 400 kilos de soja por hectárea, se tiene que analizar muy bien y puede resultar en un ingreso que puede justificar decisiones de gestión, incluso inversiones en maquinaria o acuerdos diferentes por servicios.
¿Ese tipo de decisiones forman parte de una lógica puramente empresarial?
Sí, claramente. Es una decisión empresarial. Incluso cuando se contratan servicios, muchas veces conviene pagarle un poco más a alguien que pueda hacer el trabajo en menos tiempo, con mayor concentración de equipos, porque eso termina mejorando el resultado final del negocio.
¿Esto ya lo están implementando?
En algunas labores sí, y estamos evaluando implementarlo con más fuerza hacia la próxima zafra. En los cultivos de invierno, por ejemplo, vemos que la cosecha se concentra cada vez más en pocos días y ahí se pierde mucho rendimiento. Ese es uno de los aspectos de gestión que queremos mejorar, junto con la logística, donde ya venimos trabajando bastante.
¿Qué otros aspectos de gestión están ganando relevancia?
Todo lo que tiene que ver con la gestión comercial y de ventas. No se trata solo de vender anticipado, sino de gestionar comercialmente toda la producción. Hoy usamos herramientas que permiten asegurar pisos de precio, porque el mercado tiene mucha volatilidad y precios relativamente bajos. En soja, por ejemplo, si estás por debajo de determinados niveles de precio el negocio se vuelve muy complicado. Hoy estamos en torno a los US$ 360 por tonelada, y por debajo de US$ 360 y US$ 350 por tonelada el negocio queda muy difícil. En ese contexto, pensar en poner pisos de precio cuando el mercado lo permite es clave. Otro tema que impacta en los números es la gestión financiera, si está ordenada se puede conseguir mejores condiciones para la compra de insumos, entre otras cosas.
¿Pudieron fijar precios cuando la soja estuvo por encima de US$ 380?
Sí, vendimos algo, pero al igual que el año pasado, los mejores niveles de precio se dieron en un momento en que los cultivos todavía no estaban implantados. Eso limita la posibilidad de vender grandes volúmenes. Además, la última gran sequía nos quitó un poco de audacia para vender muchos kilos por adelantado, en ese momento se vendieron más kilos de lo que finalmente se terminaron cosechando. En estos casos es donde funcionan bien las coberturas de precio de las que hablamos.
¿Cómo se planifica la rotación en este esquema de gestión?
La rotación, a grandes rasgos, ya está definida. No tenemos grandes cambios en cuanto a los cultivos que sembramos. Respetamos el cultivo a sembrar, luego lo que se puede ajustar son los ciclos, para ajustar las fechas de siembra. Solemos decir que el negocio lo pensamos en décadas, no en campañas; se piensa a largo plazo. Eso es clave. Después, dentro de cada campaña, sí se pueden tomar decisiones tácticas, como ajustar fechas de siembra para ordenar mejor la cosecha y el uso de las máquinas.
¿Ese ordenamiento tiene impacto real en el margen?
Sin duda. En soja el impacto es muy fuerte. Si considerás una pérdida teórica de 40 kilos por hectárea por día de atraso, estamos hablando de mejoras de margen que pueden llegar a US$ 80 por hectárea. Es una estimación teórica, pero sirve para dimensionar la importancia de la gestión de tiempos.
¿Cómo es el relacionamiento con los propietarios de los campos?
Tenemos una relación de largo plazo. Aproximadamente el 70% del área que trabajamos la venimos explotando desde hace más de ocho años, ese porcentaje no es más alto porque en los últimos dos años hemos crecido. Priorizamos relaciones estables, y eso nos permite hacer contratos más largos e incluso inversiones, como riego o recuperación de suelos, que solo se justifican en acuerdos de largo plazo. La idea no es solo pagar una renta, sino generar valor para el propietario, mejorar el campo y dejarlo en mejores condiciones. Eso requiere construir confianza, algo que se logra con el tiempo. Por eso arrancamos con contratos cortos y luego vamos apuntando a los acuerdos de largo plazo. Es muy sano para el sistema, para la sustentabilidad, para lograr mejores cultivos, porque la fertilización se puede pensar de otra manera, con esa lógica en algunos campos estamos encalando. Son puntos que ayudan a no desvalorizar un campo, hoy hay mucha demanda, pero entiendo que el agricultor empezará a elegir los campos que arrienda. Es muy caro mejorar un campo que viene erosionado, con malezas o bajo pH, eso te puede llevar el margen de dos años, por lo cual esos campos valdrán menos.
¿Ese enfoque también incluye inversiones como el riego?
Sí. Donde invertimos en riego fue porque el campo ya tenía una represa y posibilidad de ampliación. Se armó un proyecto, se negoció la renta del área regada y se estructuró la inversión para que se pagara en un plazo determinado. Una vez amortizada, el equipo queda para el propietario y se pasa a pagar una renta de riego. En este caso, al tener la represa, facilitó y abarató toda la inversión. Hay otros campos con acceso a cursos de agua importantes, donde también se puede pensar algo similar.
¿Qué superficie está regando?
Hoy tenemos unas 80 hectáreas bajo riego, lo empezamos también como una experiencia de aprendizaje, porque el riego tiene complejidades, pero la evaluación es muy positiva y la idea es replicarlo en otros campos donde haya relaciones de largo plazo. Ya tenemos proyectos concretos. El riego genera un escalón enorme de productividad, le pone un segundo piso al campo. Se ve clarísimo en maíz, donde el diferencial es muy grande. Además somos productores de semillas, y ahí el riego tiene un plus, porque da estabilidad y seguridad.
¿El riego seguirá creciendo en Uruguay?
Sin dudas. Uruguay tiene disponibilidad de agua y no es casualidad el crecimiento que está teniendo el riego. Creo que va a seguir creciendo y estaría muy bien que esté acompañado por políticas de promoción de este tipo de inversiones, como viene pasando. Eso animó mucho al sector a invertir y puede posicionar a Uruguay como un ejemplo. Mirás Google Earth y se nota claramente el cambio que ha registrado el país.
¿Cómo trabajan para sostener planteos de alta performance que son los que permiten sortear años complejos?
Hoy se habla mucho de tecnología, y la tecnología suma, mejora y ayuda a levantar rendimientos, sobre todo a los buenos productores que ya tienen bastante resuelto el tema de gestión y agronomía. Porque el timón del negocio sigue siendo el criterio agronómico y la gestión. Todo lo que aparece, en inteligencia artificial y otras herramientas, sumará mucho a quienes ya tienen bien encaminada la gestión y la agronomía. En nuestro caso, seguimos convencidos de que esos dos puntos seguirán siendo el timón del negocio.
¿Cuánto pesa la agronomía en el resultado de la empresa?
La agronomía incluye todas las decisiones técnicas. Muchas veces incluso se contraponen con la gestión, por ejemplo, uno puede querer sembrar determinado cultivo, algo para salir más rápido, por una cuestión de fechas de cosecha, pero esa no es necesariamente la mejor decisión agronómica. Ahí arranca el balance. Para mí, agronomía es sacar la mayor cantidad de kilos posible o lograr el menor costo por tonelada producida posible. Es producir mucho al mínimo costo posible, o producir muchísimo, aunque suba el costo, pero que la tonelada producida te quede lo más baja posible.
¿Qué tan determinante es el criterio técnico para lograr esos resultados?
Es determinante. Un buen agrónomo define muchísimo. En la empresa lo tengo comprobado: yo manejaba los cultivos y sacaba menos kilos que ahora, con la dirección de Alexis González. Eso lo tengo sumamente claro, porque lo veo en los resultados.
¿Qué tecnologías y prácticas permiten ser más productivos y eficientes?
Para nosotros, lo primordial es la atención al detalle. Arranca por hacer bien lo básico, elegir el mejor cultivo dentro del esquema, elegir la mejor variedad, sembrar a la profundidad adecuada y en la fecha adecuada. A eso yo le llamo el detalle agronómico. Después está la tecnología como tal, fertilización, variedades con un progreso genético enorme, sobre todo en cultivos de invierno, que van aumentando el rendimiento año a año. También lo que es tecnología dentro de los equipos, siembra y fertilización variable, corte de secciones. Hace 10 años arrancamos con la agricultura por ambientes y generó un escalón grande en rendimiento. Y ahora creo que viene un segundo escalón, que tiene que ver con encalado y el uso de enmiendas de suelo, algo que Uruguay no venía incorporando por un tema de costos.
¿Cómo imagina el negocio agrícola del futuro?
Hay que seguir preocupado por producir bien y al menor costo posible. Y como siempre pasó, van a aparecer oportunidades de precios en algún momento. Creo que va a seguir habiendo mucha volatilidad. Hay que estar preparado para moverse y capturar esas oportunidades cuando aparezcan, porque un precio que te hace bueno el negocio hay que agarrarlo. Al negocio lo veo bastante sano y en líneas generales con productores y empresas que saben lo que hacen. No es un momento de márgenes altos y el resultado está atado a la productividad.
Es gerente de Greising y Elizarzú y director de una empresa agrícola, ¿cómo ve hoy la calidad de la semilla?
Esa es una pata muy importante y se está ajustando cada vez más. Este año tenemos una calidad de semilla de soja excelente. Se nota y se está viendo lo importante que es. No tuvimos resiembras pese a que el arranque fue bastante seco, los nacimientos fueron perfectos y uniformes. Muchas veces uno está buscando qué ajustar en la sembradora, cómo regular, y en realidad la semilla impacta muchísimo más que otras variables que a veces uno trata de manejar.
¿Dónde ve las oportunidades de mejora?
En Uruguay, especialmente en semilla de cultivos de verano como soja, producir semilla es complejo, porque depende mucho del clima, sobre todo la calidad. Pero el punto clave es que, una vez que la semilla salió del campo, las posibilidades de mejora son muy limitadas. El partido se juega en la chacra, con la humedad de cosecha, en cómo cosecha la máquina, el daño mecánico, y también el manejo sanitario del cultivo. No se maneja igual un cultivo que va para industria que uno que va para semilla, y a veces en Uruguay tendemos a hacerlo todo medio parecido. Los productores de variedades, que es lo que se produce en Uruguay, debemos mejorar la producción de semillas en el campo para lograr una mejor calidad del producto final, porque eso tiene un impacto muy fuerte en rendimiento.
¿El riego puede cambiar la ecuación en la producción de semillas?
Sí, sin duda. Con el desarrollo del riego probablemente se logre más estabilidad en la producción de semillas. Desde mi punto de vista hay mucho por aprender, aunque en cebada, trigo o forrajeras, es relativamente sencillo. En soja la cosecha se vuelve compleja, porque todo el país está cosechando, puede haber lluvias o demoras, y eso termina afectando. Con riego, hay cosas para hacer que pueden impactar fuerte. En GyE venimos trabajando hace tiempo y vamos subiendo escalones, probando mucho en la parte sanitaria y en fungicidas para lograr una semilla que arranque más sana.
En los últimos años también se sumó la ganadería, ¿cómo se integra al negocio agrícola?
Me torcieron el brazo (risas). Venimos haciendo ganadería desde hace tiempo, en rastrojos o en algunos campos en rotación. Pero en los últimos años dimos un paso más fuerte a partir de asociarnos con una persona que sabe mucho de ganadería, de compra y venta de ganado, que está en el tema. Ahí se dio una sinergia muy interesante, de un lado conocimiento agrícola y del otro conocimiento ganadero. Eso permitió armar dos encierros que hoy están funcionando bien. Al principio fue un esfuerzo financiero importante, por el valor del ganado, pero hoy los negocios se están complementando muy bien y aportan estabilidad.
¿Piensa seguir creciendo en ganadería?
Arrancamos con una capacidad instantánea de 1.000 cabezas. Ahora la idea es tomarnos un tiempo para conocer bien los números, afinar el manejo y evaluar cómo seguir. Cuando un negocio funciona, entusiasma, pero queremos avanzar con cuidado.
¿En qué escala opera la empresa en agricultura y en qué zonas del país?
Estamos sembrando cerca de 10.000 hectáreas. La mayor parte del área, alrededor del 70%, está en Colonia. Después tenemos área en Soriano, en la zona de Cardona, también en San José, y una superficie más chica en Canelones.
¿Qué cultivos incluyen la rotación?
Le damos mucha importancia a los cultivos de invierno, sobre todo por la zona en la que estamos. Para nosotros el doble cultivo es fundamental. En invierno sembramos con colza primaveral e invernal, carinata, arveja forrajera, que se destina al corral con un gran aporte a la rotación, trigo y cebada. Algunos años también hacemos algún semillero de forrajeras, pero en un área chica. En verano, la base es soja y maíz, en ambos casos de primera y de segunda. La rotación está bastante armada, con aproximadamente 25% de maíz cada cuatro años, y manejamos cultivos de cobertura. Hoy estamos sustituyendo vicia por arveja, que además de fijar nitrógeno permite producir grano y deja un rastrojo interesante para el maíz. Ha funcionado mejor, es más fácil de sembrar y la residualidad de nitrógeno que deja es muy valiosa.
¿Qué rol juegan los recursos humanos en Dalmás Agro?
Uno de los mayores desafíos, y a la vez una de las oportunidades del negocio, es la gestión de las personas. En nuestro caso el logro de los objetivos es posible gracias al compromiso de cada integrante de la empresa. Esto implica, muchas veces, que el empresario deba pensar distinto y generar esquemas donde las personas puedan sentirse partícipes del negocio. Al mismo tiempo, es fundamental dedicar tiempo para transmitir los valores de la empresa, que en nuestro caso reflejan nuestros propios valores personales. Aquí el negocio no solo se trabaja, se siente y se vive. Y eso no solo nos permite cumplir objetivos, sino también disfrutar más de lo que hacemos.
TARJETA PERSONAL
Carlos Dalmás es ingeniero agrónomo con orientación agrícola-lechera. Cuenta con formación de posgrado en la Universidad de Buenos Aires (convenio FAUBA-ADP) y capacitación en gestión de empresas agropecuarias y formación ejecutiva internacional. Es propietario de Dalmás Agro, empresa dedicada a la producción agrícola-ganadera sobre campos arrendados, socio en Ganadera del Sur, y gerente general de Greising y Elizarzú.
Anteriormente se desempeñó durante casi diez años como gerente de Producción en Agronegocios del Plata, donde tuvo a su cargo el gerenciamiento de unas 70.000 hectáreas agrícolas y la coordinación de equipos de trabajo en distintas regiones del país.
Funcionarios de nivel secretario de los ministerios de Agricultura; Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios; y Relaciones Exteriores de Brasil mantuvieron el martes 13 de enero una reunión técnica con representantes del Ministerio de Comercio de China para analizar la implementación de las medidas de salvaguardia aplicadas por el país asiático a las importaciones de carne vacuna.
Durante el encuentro, Brasil planteó que los embarques de carne vacuna que ya se encuentran en tránsito o aguardando despacho aduanero en puertos chinos no sean computados dentro de las cuotas anuales de importación. Además, propuso que los cupos asignados a países que no logren cumplirlos por limitaciones productivas o comerciales puedan ser reasignados durante el año a frigoríficos y exportadores brasileños.
El presidente de la Asociación Brasileña de Industrias Exportadoras de Carne (Abiec), Roberto Perosa, señaló que Brasil ha sido el país más afectado por el actual ajuste de cuotas, con una reducción estimada en unas 600.000 toneladas, lo que representa un impacto significativo para la industria. Según explicó, algunos proveedores —en particular Estados Unidos— enfrentan restricciones derivadas de su ciclo ganadero, lo que limita sus envíos efectivos a China y deja parte de sus cuotas sin utilizar.
Perosa aclaró que Brasil no busca superar el volumen total de importaciones definido por China, sino mejorar la eficiencia en el uso de los cupos dentro del marco vigente. En ese sentido, subrayó que una reasignación más dinámica permitiría reducir distorsiones y dar mayor previsibilidad al comercio.
A nivel operativo, la delegación brasileña también manifestó preocupación por la falta de claridad en aspectos clave de la normativa, como el tratamiento de los embarques en tránsito, la transferibilidad de cuotas y los mecanismos de emisión de licencias de importación. Desde Brasil advirtieron que estas indefiniciones generan incertidumbre para la industria y remarcaron la necesidad de lineamientos más precisos para asegurar la estabilidad del mercado.
Finalmente, Perosa destacó el rol de Brasil como uno de los principales proveedores de carne vacuna de China y su aporte a la seguridad alimentaria del país asiático. En ese contexto, sostuvo que, como socios comerciales estratégicos, las medidas adoptadas deberían evaluar plenamente su impacto sobre una industria cárnica amplia y altamente descentralizada, y que las diferencias deberían canalizarse a través de un diálogo continuo entre ambas partes.
El presidente de la Federación Rural, Rafael Normey, analizó el nuevo decreto del Régimen General de Promoción de Inversiones y señaló que “si bien se trata de una herramienta necesaria en el actual contexto económico, deja en evidencia fuertes desequilibrios entre el estímulo a las grandes inversiones y la situación de las empresas medianas y chicas del país”.
Normey sostuvo que el régimen tiene como contracara la falta de competitividad estructural que enfrenta Uruguay, lo que obliga a recurrir a incentivos especiales para atraer inversiones. El análisis fue realizado en el programa Punto de Equilibrio en Carve y verdenews.com.uy.
En ese marco, cuestionó que los grandes proyectos —generalmente de capital extranjero y con montos superiores a US$ 30 millones— accedan a exoneraciones del 100% del IRAE, mientras que el resto del entramado productivo nacional continúa enfrentando una alta presión fiscal que limita su capacidad de invertir. “Eso genera una sensación de injusticia y de desequilibrio”, afirmó.
Dentro del capítulo de competitividad, el dirigente puso el foco en el comportamiento del precio del gasoil durante 2025, al que calificó como una de las principales preocupaciones del sector productivo.
Durante 2025, el precio internacional del petróleo cayó 22%, mientras que el precio de paridad de importación del gasoil bajó 23%, en línea con esa evolución. Sin embargo, el precio del gasoil en Uruguay apenas descendió 2% en todo el año, puntualizó.
Para Normey, esta diferencia evidencia un desacople que termina trasladándose como un sobrecosto al sector productivo. “Empezamos otra vez con una situación en la que el productor paga un sobreprecio que no corresponde, asociado a ineficiencias que terminan siendo un lastre directo para la competitividad”, señaló.
Por último, el presidente de la Federación Rural se refirió a la situación del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y recordó que el espíritu original del instituto establecía un esquema de financiamiento: 50% productores y 50% Estado, que comenzó a desvirtuarse a partir de 2012.
Explicó que actualmente los productores aportan entre 60% y 70% de los recursos, mientras que la contribución estatal queda claramente por debajo del 50%. “Con el agregado que en la Ley de Presupuesto se plasma que durante este periodo de gobierno, INIA recibirá en torno al 30% del Estado y en torno a 70% de los productores”.
En ese contexto, Normey planteó que si no se restablece el equilibrio original en los aportes, debería avanzarse en un cambio en la gobernanza del INIA, otorgando doble voto a los representantes de los productores en la Junta Directiva. “Cuando los productores aportan cerca del 70% de los recursos, es lógico que tengan mayor peso en las decisiones”, sostuvo, y aclaró que esta modificación requeriría un cambio legal y un acuerdo parlamentario.
Desde la Federación Rural afirmó que seguirán impulsando estas discusiones. “Si hay aunque sea un 1% de chances, la vamos a pelear, porque estamos para defender a los productores”, concluyó.