Faena bovina repuntó en la tercera semana de diciembre; valores del ganado ajustan a la baja, según AGG

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En la semana del 14 al 20 de diciembre de 2025, Uruguay faenó 45.455 vacunos, según los datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC), lo que representa un aumento de 10% frente a la semana anterior, cuando se habían procesado 41.295 animales, marcando un repunte de la actividad tras dos semanas consecutivas de caída.

Por categorías, los novillos y las vacas explicaron cada uno el 41% del total faenado, mientras que las vaquillonas representaron el 16%, manteniéndose una estructura similar a la observada en semanas previas, aunque con una leve recomposición del volumen general de oferta.

Los frigoríficos con mayor actividad semanal fueron Tacuarembó (7.465 cabezas), Las Piedras (3.761), San Jacinto–Nirea (3.706), Canelones (3.609), Pul (3.440), Ontilcor (3.218), Inaler (3.176), Establecimientos Colonia (3.055), Chiadel (2.803) y BPU (2.720), concentrando en conjunto cerca del 75% de la faena semanal.

En el acumulado anual, al 20 de diciembre de 2025, se llevan procesados 2.344.241 vacunos, lo que implica un incremento de 5,9% frente al mismo período de 2024. Por categorías, los novillos representan el 49%, las vacas el 35% y las vaquillonas el 15% del total.

Los frigoríficos con mayor actividad en lo que va del año continúan siendo Tacuarembó (292.622 cabezas), Las Piedras (234.159), Ontilcor (194.177), San Jacinto–Nirea (188.643), Pulsa (171.486), Cledinor (137.356), Canelones (135.205), Establecimientos Colonia (123.935), Frigorífico Carrasco (122.583) e Inaler (121.430), explicando más del 70% de la faena nacional acumulada.

En el mercado del ganado gordo, la Asociación de Consignatarios de Ganado (ACG) señaló una moderada concreción de negocios propios de la época y una demanda que no presiona en la compra, se observa un ajuste de valores.

En este contexto, el novillo gordo promedió US$ 5,02 por kilo en cuarta balanza, con una baja de US$ 0,05 frente a la semana anterior. La vaca gorda se ubicó en US$ 4,66, con una corrección de US$ 0,04, mientras que la vaquillona promedió US$ 4,91, con una baja semanal de US$ 0,03.

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Sánchez: “para que el Uruguay crezca, los privados tienen que invertir, ganar dinero, generar trabajo”

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El secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, destacó el valor de la inversión privada y el rol del sistema político en generar condiciones para el desarrollo productivo del país. Más allá de las diferencias partidarias, “cuando se trata de que las cosas se concreten, de que el país se desarrolle y de que se generen oportunidades y trabajo, el sistema político responde con unidad nacional”.

El jerarca participo de la Inauguración de la planta de graneles líquidos de la empresa PTP, que se realizó el viernes 19 en Nueva Palmira, en el departamento de Colonia.

Allí destacó que el Estado acompañará a quienes apuesten al país, tanto desde el Gobierno nacional como desde los gobiernos departamentales, y fue explícito al remarcar la importancia de la rentabilidad privada como motor del desarrollo. “Para que el Uruguay crezca, los privados tienen que invertir, ganar dinero, generar trabajo y ayudarnos a desarrollar este lindo país. Si a los privados no les va bien, es muy difícil que el país se desarrolle”, concluyó.

Sánchez subrayó que invertir implica asumir riesgos y que hacerlo en Uruguay constituye un acto de confianza que es reconocido por el Gobierno y por el conjunto del sistema político. “Confiar en el país, invertir, pensar en nuevos proyectos y arriesgar es algo que se valora, porque el Uruguay es un país serio, un país de oportunidades, y tenemos que trabajar todos para mejorar el sistema productivo”, afirmó.

En ese sentido, alentó a los inversores a seguir apostando al país, remarcando que el desarrollo económico requiere de empresas que inviertan, crezcan y generen empleo.

El jerarca también puso en valor el rol de Nueva Palmira dentro del sistema portuario nacional, recordando que históricamente ha sido uno de los puertos más relevantes del país.

Planteó la necesidad de pensar la infraestructura portuaria en clave de sistema y con una mirada regional, señalando que Uruguay debe consolidarse como un nodo logístico que conecte a la región con el mundo.

“Tenemos que construir una cadena logística y un sistema portuario que vincule a la región y al mundo, porque el mundo demanda cada vez más alimentos y minerales, y por algún lado esa producción tiene que salir”, sostuvo.

En esa línea, afirmó que Uruguay está llamado a ser una de las principales puertas de salida de esa carga regional, y que el desarrollo de infraestructura logística tiene impactos directos sobre las matrices productivas. “Las infraestructuras generan cambios productivos relevantes en los territorios. Donde hay puertos y logística, se abren oportunidades para intensificar la producción, para sumar valor y para que nuevas actividades se desarrollen”.

Escuche a Alejandro Sánchez

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Brasil relanzó la licitación para el dragado de la hidrovía Laguna Merín–Canal San Gonzalo

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La Superintendencia Regional del Departamento Nacional de Infraestructura de Transportes (DNIT) en Rio Grande do Sul relanzó la licitación para la contratación de una empresa especializada que tendrá a su cargo la elaboración de los proyectos ejecutivos de dragado y señalización náutica, así como la ejecución de los trabajos en el canal navegable de la hidrovía de la Laguna Merín, en el marco de la Hidrovía Brasil–Uruguay.

El llamado incluye el dragado y la señalización náutica del canal navegable del San Gonzalo, el canal del Sangradouro y el canal navegable de la Laguna Merín, hasta el acceso al puerto de Santa Vitória do Palmar, en el estado de Rio Grande do Sul. El proceso se tramita bajo la modalidad de concurrencia, con un único ítem licitado.

Según el aviso publicado oficialmente, la entrega de propuestas comenzó el 23 de diciembre de 2025 y la apertura está prevista para el 3 de marzo de 2026, a las 10:00 horas, a través del portal de compras del gobierno brasileño. El pliego y sus anexos están disponibles en el Portal Nacional de Contrataciones Públicas (PNCP) y en el sitio del DNIT.

La reactivación del proceso fue destacada por el exembajador uruguayo en Brasil, Guillermo Valles, quien valoró la decisión como un paso clave para el desarrollo regional. “Está sí es una buena noticia. Se acaba de relanzar la licitación para el dragado Laguna Merín–Canal de San Gonzalo, suspendida por la catástrofe climática de mayo de 2024. Este es el progreso esperado desde 1961 para el Este y Norte del país. Gran alegría”, escribió en su cuenta de X.

El dragado y la adecuación del sistema navegable de la Laguna Merín y el canal San Gonzalo han sido históricamente señalados como una infraestructura estratégica para mejorar la logística, reducir costos de transporte y potenciar la integración productiva y comercial entre Uruguay y Brasil, en particular para las regiones del Este y el Norte del país.

Foto: Archivo.

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Jorge Jourdan: “el riego es la única opción, sino van a ir quedando productores por el camino”

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Pensando en el mediano y largo plazo el riego “es la única opción”, de lo contrario habrá productores que “van a ir quedando por el camino”, sostuvo el empresario Jorge Jourdan. El contador, que fue presidente de banco Santander en Uruguay, relató su experiencia en las producciones agrícola y ganadera, que hoy lleva adelante junto a sus hijos, aplicando todo el conocimiento y la experiencia de su trayectoria en el mundo financiero.

En esta entrevista con VERDE analizó el momento del sector y del país, y analizó las oportunidades que se abren de cara al futuro. Uno de sus cuatro establecimientos, ubicado en Río Negro, fue el lugar donde se desarrolló recientemente una jornada de la empresa Deltariego.

Jourdan sostuvo que esa tecnología “es un antes y un después” en la productividad agrícola de la empresa. Y más adelante agregó que “lo que necesita el campo uruguayo es incrementar la productividad”

¿Desde cuándo está vinculado con la actividad agropecuaria?

Desde la década de los años 90. Empecé como un hobby, con dos amigos. Arrendamos un campito por la zona de Rincón del Bonete, cuando yo estaba en la actividad financiera. Y después arrendamos un campo en Río Negro, frente a Cololó. Por distintas razones, ellos se fueron, y yo me quedé. Nunca pensé en la jubilación, siempre lo pensé como una caja de ahorros mientras estaba en la otra actividad, y como un plan B de mi vida. Y se fue transformando en algo muy interesante. 

¿Cómo es el esquema productivo?

Es un esquema mixto, de agricultura y ganadería. Tenemos cuatro establecimientos. Uno en Río Negro, otro en la zona de Palmitas (Soriano), otro en San José y otro en Flores. En el campo de Río Negro nos fuimos concentrando más en la agricultura. En el campo de Palmitas también hacemos solo agricultura. Y hacemos ganadería y forestación en Flores y en San José. En ganadería hacemos cría, recría y engorde a campo. 

¿Piensan incorporar un corral?

No lo tenemos previsto en el plan que está definido para los próximos tres años, pero uno nunca debe decir que no, porque todo va a evolucionando y tal vez en algún momento se presente la oportunidad. Pero hemos priorizado el riego, mejorar la producción agrícola, y las mejoras han sido sensibles, con todas las inversiones que hemos realizado. En ganadería hemos invertido en genética, un 65% del rodeo es Angus y 35% Hereford. Estoy muy contento con el ganado que tenemos. Y también tenemos forestación, en las partes donde ameritaba. Nos complementa el círculo del negocio. 

Y la actividad productiva pasó a ser un negocio familiar. ¿Cómo se dio eso?

Todos los negocios que tenemos tienen el componente familiar y están bajo el paraguas de Villa Blanca Group (VBG). El negocio del transporte, el de la fintech, el de los servicios agropecuarios, el inmobiliario. Cada uno dirige una parte. Pablo dirige la producción agrícola-ganadera, Gonzalo el transporte, Gabriela la parte de fintech. Después todos integramos el directorio de todo.   

¿Cómo es trabajar con la familia?

Es buenísimo, de las cosas más lindas que te pueden pasar en la vida. Hay que aprender a soltar. Toda la vida me tocó mandar y tuve que aprender a ceder espacios. Tuve mucha suerte, tengo tres hijos maravillosos. Este es un negocio muy interesante, porque en realidad uno siempre está construyendo para el futuro. Ya están mis nietos, que disfrutan. También es muy estresante, porque es muy difícil como socio ser padre, y como padre ser socio.      

¿Es desafiante llevar adelante una empresa familiar?

Tengo que agradecer mi experiencia en banco Santander, todo lo que me enseñó. Porque en la empresa familiar aplicamos muchas políticas corporativas, de manejo, de gestión, de seguimiento del negocio, de planificación estratégica, de control de gestión. 

¿No hay aspectos antagónicos entre una corporación y una empresa familiar?

No. Posiblemente si desarrollas desde la base una empresa familiar, sin esa experiencia corporativa que te educa muchísimo, debe ser un poco más complejo. Porque capaz que la parte financiera la manejas desde el bolsillo y no tenés la planificación de años. Entonces, todo eso que lo aprendí mucho en mi otra actividad lo aplico acá, y la verdad que también mis hijos están muy formados en eso. No sé si hay algo más lindo que tener una empresa familiar. 

¿Cómo ve al negocio agropecuario?

Estamos en uno de los mejores momentos que recuerde. Los precios de la ganadería son muy buenos y están un poco complicados los precios de la agricultura. Pero creo que el sector agropecuario está muy bien. Está sólido, tiene un endeudamiento muy aceptable, no existen los endeudamientos enfermizos que se dieron en otra época, cuando la gente hipotecaba los bienes para que el negocio funcionara, y ponía plata en el negocio. Hoy la rentabilidad del agro, si consideras los precios de los campos, siempre va a ser baja. Pero es una rentabilidad segura. Creo que este es un buen momento del negocio agropecuario global, con un déficit en la agricultura y con superávit en ganadería.  

¿Ese déficit en agricultura se corrige con gestión y productividad? 

Ni que hablar. Uno siembra un maíz de primera y sueña con sacar 10.000 kilos por hectárea y termina sacando 8.000 kilos, pero el año pasado sacamos 16.000 kilos por hectárea con riego. Entonces, mejorando, con gestión, con infraestructura, con apoyo, con buena logística, se obtiene una rentabilidad mejor. No se apunta exclusivamente a que los commodities tengan un muy buen precio y eso te sostenga, porque eso no depende de la gestión, depende del mercado mundial. Por lo tanto, con todas esas cosas colaboras muchísimo para estabilizar tus números. Capaz que algún año no salís con el beneficio que esperas, pero cuando tenés la inversión y una mejor gestión, lográs tener mayor estabilidad en tus resultados. 

¿Hay una mirada más empresarial de los productores del sector agropecuario?

No lo dudo. El cambio es trascendente. Quienes vienen a invertir en el campo ya llegan con un espíritu de negocio. Muchas veces los campos se fueron heredando y las generaciones siguientes no tenían interés y la gestión era otra. Pero creo que hoy el que invierte en el campo, con lo que hay que poner acá, lo hace con una visión empresarial mucho más sana, de mediano y largo alcance, pensando en rentabilidades y negocios sostenibles. 

Ramón Erro siempre decía que hay que invertir en el negocio. ¿Se invierte más?

En esas palabras de Ramón creo que hay muy buena parte de lo que está pasando. Se invierte mucho más. Basta mirar maquinaria, equipos, riego, mejoramiento de suelos, encalado. Pero no solo a mejoras puntuales, sino a mejoras en sostenibilidad del negocio. La rotación de los campos, la mejora sistemática de los procesos productivos. Lo que uno ve en ganadería, en lechería, con el bienestar animal. Creo que se está invirtiendo mucho, más de lo que se sabe. 

¿Qué puede aportarle el riego al país?

Hoy tiene un aporte muy importante en el resultado de las cosechas. Y pensando en el mediano y largo plazo es la única opción. Sino unos van a ir quedando por el camino. Este es un tema que vino para quedarse. El tema climático no es algo que nuestra generación lo verá revertirse. Habrá que ver qué pasa en la humanidad en los próximos 150 o 200 años. Pero en el corto plazo el riego es lo que está marcando la diferencia. Invito a que los productores se lo planteen, que analicen los números. Nosotros lo hemos hecho, sufrimos muchísimo, pero es un antes y un después. 

¿A Uruguay cómo lo está viendo?

Uruguay es un país que ha tenido avances significativos, a pesar de todas las discusiones del día a día. Ha avanzado de forma constante. No solo en términos de democracia, hablo de los temas económicos, de proyecciones de mediano y largo plazo, los controles de la inflación, los manejos de tasas, los manejos profesionales de los temas financieros, que tantos dolores de cabeza nos dieron en este país, la forma en que pensamos el negocio. No en traer ciudadanos no residentes de Argentina para ver cómo le sacábamos una tasa diferencial colocando los fondos en Estados Unidos, sino invirtiendo acá, haciendo que eso rente. Sin dudas que algunos uruguayos quisiéramos ir más rápido, y posiblemente se pueda. Pero también es cierto que somos 3,5 millones de habitantes, que tenemos que sostener la educación, la justicia, la salud, la seguridad social, que son costosos, y somos pocos para pagar todo esto. Pero, sin embargo, tenemos servicios que en la globalidad son de primer mundo. Comunicaciones, electrificación, infraestructura. Podemos estar mejor, pero la evolución es positiva y constante. 

¿Qué oportunidades le ve a Uruguay en el mediano y largo plazo?

Tenemos que seguir pensando en que lo nuestro es la apertura. Creo que ya nadie, ni el más iluso, piensa en un Uruguay cerrado, con proteccionismo de su industria. Hoy en día ocurren muchas cosas, uno se levanta y piensa: ¿qué se le habrá ocurrido hoy a (Donald) Trump? Uno nunca sabe qué va a decidir. Pero tenemos que seguir constantes con la apertura, porque necesitamos de los mercados internacionales. Producimos muchísimo más de lo que podemos demandar, por eso necesitamos de todos los mercados. Así vamos a conseguir mejores precios, nos vamos a esforzar más por los nichos de calidad. Son cosas a las que Uruguay tiene que apostar. Tengo una empresa familiar, soy muy optimista, creo que tenemos un futuro venturoso y ojalá que todos estos matices políticos que hay nos sigan manteniendo en una brecha de constante crecimiento y desarrollo. Y con algunas cosas que nos marquen el rumbo. O sea, no podemos estar cambiando las políticas de inversiones o los impuestos. Esas cosas descolocan a las empresas. Las grandes empresas proyectan hacia adelante por muchos años. A veces toman la decisión, y cuando hacen la inversión ya pasaron muchas cosas. Muchas veces se tienen en cuenta las cosas que se oyen para decidir sobre una inversión, por eso hay que tener cuidado con los planteos. 

¿Ese impuesto al 1% más rico qué puede generar? ¿Preocupa esa señal?

No entremos a discutir cuánto se va a recaudar, ni dónde se va a invertir. Creo que lo más complejo es la inestabilidad que transmiten las marchas y contramarchas sobre ciertos temas. No tengo fundamentos ni para derribar la propuesta, ni para apoyarla. En los dos sentidos pueden haber buenas y malas, pero no es una buena señal que se esté todo el tiempo toqueteando el tema impositivo. Creo que esos temas hay que mantenerlos como política de largo plazo. Estar permanentemente incitando a cambios es complejo. A veces se dice que ya se hizo y las inversiones siguieron viniendo. Pero esas empresas vinieron con una enorme cantidad de beneficios y negociaciones puntuales. Otra cosa es que un inversor de Japón esté pensando en invertir en Uruguay y escuche estas propuestas de sumar impuestos. Creo que tendríamos que estar abiertos a que venga la mayor cantidad posible de inversiones y de negocios sanos, y que nos sirvan para proyectar al Uruguay hacia el futuro. Fundamentalmente en tecnología, pero también en agro, en servicios. Pongámonos de acuerdo con el puerto, tengamos un puerto que funcione. Si hay que cargar un barco en un día, que se cargue en medio día. Tenemos que ser más eficientes.   

¿Ahí no hay un tema cultural también?

Sí, tenemos temas culturales y de rencillas internas, entre corporativismos, de uno y de otro lado. Se han asentado actitudes que no son sanas. Ese es un tema que tenemos que buscar corregir. 

¿Todo esto puede afectar la estabilidad que ofrece Uruguay?

No ha pasado, pero genera dudas. Salimos a vender la estabilidad jurídica, la democracia sostenible, y son cosas que hay que cuidar muchísimo. Esto es como la reputación, estás 100 años regándola para que crezca, y un día cometés un error y la reputación se cae. Por eso hay que ser muy cauteloso. 

¿Cómo se imagina al campo uruguayo en los próximos años?

Creo que el campo necesita incentivar todos los temas de tecnificación. Mejoras y ambientación de suelos, mejores políticas, cambiar los sistemas de fumigación y mejorarlos, que cada vez se afecte menos al campo. No es lo mismo pasar un pulverizador que un dron. Hay que apuntar a que esa tecnología vaya mejorando. El campo uruguayo lo que necesita es incrementar la productividad. En eso hemos mejorado muchísimo. Nuestros vecinos argentinos nos hicieron un enorme favor, porque gracias a ellos hemos mejorado significativamente en siembra de cultivos, pero todavía nos queda mejorar mucho en varias cosas. En los sistemas de riego, de siembra, en control de cultivos, en seguimiento, en variedades. En la productividad ganadera hemos mejorado. Recuerdo cuando impulsamos Ganadería Tres Millones, el objetivo era producir 3 millones de terneros, y el año pasado, 10 años después, se alcanzó. Pero hoy el mundo va a otro ritmo. Todavía tenemos un recorrido importante por hacer ahí, en cría, recría. No nos sirve ir en el pelotón, en estas cosas tenemos que ser líderes, ir adelante. Si sos el número uno siendo un país chico, todos te van a elegir en ese nicho. Eso es a lo que aspiro para Uruguay en los próximos años. Estoy convencido de que hay un gran potencial en el campo, y que eso se va a lograr. Hay mucha gente muy alineada con estos objetivos y seguramente se van a alcanzar.

Tarjeta Personal

Jorge Jourdan es contador y realizó estudios en Business Management, en Columbia Berkeley. En 1977 se incorporó a la actividad bancaria. Ingresó al Banco Santander en 1982, donde se desempeñó en los más altos cargos en Uruguay. Fue fundador y presidente en dos períodos de Bevsa y Urutec, fundador y director de Bancomat (actual Banred) e incorporó al grupo los negocios de Afap, seguros y fondos de inversión. Gestionó la compra de Plata Card, Credisol y Creditel, y lideró la compra y fusión de ABN, transformando al banco en el privado más grande de Uruguay. Fue fundador y dos veces presidente de la Asociación de Bancos Privados, integra el directorio de la Fundación Teletón y es director de VBG Group.

Nota de Revista Verde N° 125

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Tres años de dificultades financieras en la agricultura de EEUU evocan la crisis de 1980

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Los productores agrícolas estadounidenses están atravesando un período que muchos describen como uno de los más difíciles de las últimas décadas. Tras dos años marcados por márgenes ajustados, caída de los precios de los commodities y un incremento persistente en los costos de producción, 2025 se perfila como el tercer año consecutivo de dificultades financieras, un escenario que inevitablemente ha despertado comparaciones con la crisis agrícola de la década de 1980, considerada la más grave en la historia reciente del agro de Estados Unidos.

Quienes vivieron aquel período señalan diferencias importantes, pero también advierten similitudes que vuelven a instalar una preocupación generalizada. Como apunta un artículo de Kim Chipman publicado el 30 de octubre en Successful Farming, cuanto más se prolonguen los precios deprimidos, los costos elevados y la debilidad del comercio mundial, mayor será el riesgo de caer en la peor situación económica para la agricultura estadounidense en 45 años.

Las señales de alerta son varias y cada una aporta una pieza del rompecabezas. Una de las más visibles es la caída en picada de las ventas de maquinaria agrícola, un indicador que históricamente refleja la pérdida de rentabilidad, la falta de liquidez y la dificultad de los productores para comprometerse con inversiones de largo plazo.

A esto se suma una reducción cercana al 90% en las exportaciones agrícolas y ganaderas a China en 10 estados clave del cinturón agrícola, un impacto directo del prolongado conflicto comercial entre Washington y Beijing. El problema se agravó por el cierre del gobierno estadounidense, consecuencia de disputas partidistas en el Congreso, que ha retrasado la implementación de un plan de ayuda de la administración Trump que prevé entre US$ 12.000 millones y US$ 13.000 millones en asistencia federal para los agricultores.

Las expectativas estaban puestas en la reunión entre los presidente de Estados Unidos y China, Donald Trump y Xi Jinping, que abria la puerta a una posible reanudación de compras chinas de soja, un flujo comercial fundamental para estados del Medio Oeste.

Jim Schultz, inversor y productor de Illinois, cuya familia lleva cinco generaciones dedicadas al maíz y la soja, advirtió que, si las tensiones comerciales continúan, Estados Unidos corre el riesgo real de perder a China como comprador estructural, algo que no tendría un sustituto real en el corto plazo.

Schultz señaló que los problemas derivados de la política comercial se han vuelto “mucho más agudos” y que, sin una solución rápida, las consecuencias podrían ser extremas. Aun así, sostiene que la situación actual no es una “catástrofe” como la de los años 80, aunque sí reconoce que los agricultores con balances más débiles serán los primeros en caer si no se toman medidas urgentes.

Las posibles salidas del negocio por parte de pequeños y medianos productores preocupan especialmente a las comunidades rurales, donde la agricultura sostiene a escuelas, comercios, iglesias y a una red de actividades que dependen del dinamismo del sector primario.

Esta preocupación coincide con otro paralelismo con los años 80: la tensión entre una oferta que crece impulsada por la tecnología y una demanda que no logra acompañar.

Ed Prosser, vicepresidente senior de Scoular, empresa de procesamiento de cultivos con 133 años de historia, destacó que la productividad continúa aumentando, pero la demanda no crece con la misma velocidad, un problema intensificado por la pérdida de clientes externos debido a los conflictos comerciales.

A pesar de estos puntos de coincidencia, Prosser aclara que existen diferencias fundamentales respecto a la década de 1980. Los balances de los agricultores son, en promedio, más sólidos, y las tasas de interés se encuentran muy lejos de los niveles que en aquella época provocaron una ola masiva de ejecuciones hipotecarias. Muchos productores recuerdan, como ejemplo, cómo préstamos agrícolas con tasas del 4% escalaron hasta 18% en meses, presionando fuertemente a familias que tenían deudas por millones de dólares.

Ese recuerdo sigue influyendo en las decisiones de inversión. Carla Schultz, productora de Michigan, cuenta que aunque su padre logró atravesar la crisis de los 80 y fue adquiriendo tierras de alto valor, desde hace un tiempo tiene una fuerte reticencia a comprar maquinaria nueva. La familia, que hoy opera un establecimiento diversificado, continúa incorporando ese aprendizaje como parte de su estrategia de manejo financiero. Después de aquella crisis, los esquemas crediticios cambiaron: los índices préstamo-valor se ajustaron de un máximo del 90% a una referencia cercana al 65%, limitando así el riesgo de endeudamiento excesivo.

Pero los problemas del presente tienen dinámica propia. Lee Strom, productor de Illinois y exdirector de la Administración de Crédito Agrícola durante las administraciones de George W. Bush y Barack Obama, señala que el costo por acre se ha multiplicado hasta cinco veces respecto a hace cuatro décadas, debido al aumento en fertilizantes, semillas y otros insumos esenciales. Este incremento, asegura, transforma por completo el perfil de riesgo de la inversión agrícola.

Strom también recuerda que durante la crisis financiera de 2008 el sector agrícola logró resistir mejor gracias al mandato nacional del etanol, que impulsó la demanda de maíz. Sin embargo, el panorama actual es más incierto: las políticas sobre combustibles renovables generan dudas y retrasan el desarrollo de nuevos mercados como el del combustible de aviación sostenible, cuya consolidación, incluso en el mejor escenario, llevará años.

Para Jim Schultz, la única salida estructural de la actual recesión es reactivar el comercio exterior estadounidense, especialmente con China. Propone incluso un acuerdo con metas de compras garantizadas durante una década, acompañado de sanciones automáticas en caso de incumplimiento. “Hay que usar zanahoria y palo”, dijo, “ahora solo se usa el palo”.

Mientras tanto, persiste el recuerdo de la última vez que el mercado encontró un equilibrio después de una crisis tan profunda: la devastadora sequía de 1988, que redujo la producción a la mitad y que coincidió con la expansión del Programa de Reserva de Conservación, que había sacado millones de acres de producción. Prosser advierte que la gravedad actual podría rivalizar con la de principios de los 80, aunque todavía no se han alcanzado las condiciones extremas de aquella época, cuando las tasas superaban el 15% y las existencias equivalían a la mitad del consumo.

Preocupación creciente para 2026

Los resultados del Estudio de Financiamiento Agrícola 2025 de la Asociación de Banqueros Estadounidenses (ABA) y Farmer Mac refuerzan estas señales. El informe muestra que solo el 52% de los productores será rentable este año, la proporción más baja desde antes de la pandemia. La caída de los precios internacionales, los costos elevados de los insumos y un endurecimiento del financiamiento explican este deterioro. Los sistemas de maíz, soja y algodón son los más afectados por la presión sobre los márgenes, mientras que la ganadería –favorecida por precios históricamente altos del ganado y una firme demanda doméstica– muestra un desempeño más estable.

La presión financiera también se refleja en el sistema bancario. El 93% de los bancos agrícolas espera un aumento del endeudamiento en los próximos 12 meses, un incremento respecto al 88% del año anterior. La liquidez se volvió una preocupación estructural y la mayor parte de los prestamistas anticipa menos rentabilidad en 2026, con menos de la mitad de los productores en números positivos.

El aumento de los costos familiares también incide. Según Pauline Van Nurden, del Centro de Gestión Financiera Agrícola de la Universidad de Minnesota, una familia rural de tres integrantes necesita aproximadamente US$ 110.000 anuales para cubrir gastos personales y compras básicas de capital. Ese aumento presiona aún más la liquidez en explotaciones que ya enfrentan márgenes ajustados.

El impacto social ya es visible. David Kohl, economista agrícola de Virginia Tech, advierte un aumento en las tensiones familiares, divorcios y ventas de tierras asociadas a la renegociación de créditos operativos. Ante este contexto, los productores recurren a compras colectivas de insumos, recortes selectivos en gastos y renegociaciones de deuda como estrategias de supervivencia financiera.

Aunque las encuestas anticipan un deterioro, los indicadores oficiales aún no reflejan plenamente la gravedad del escenario. Las quiebras agrícolas se duplicaron en el primer trimestre, pero siguen muy por debajo de los niveles de la década de 1980. Para Ed Elfman, vicepresidente sénior de la ABA, esto se debe a un rezago de entre tres y seis meses en los datos financieros. Sin embargo, las señales que llegan desde la Reserva Federal y desde los propios bancos apuntan a un ciclo agrícola que ingresa en una fase de estrés creciente, donde la rentabilidad limitada, los altos costos y la incertidumbre comercial configuran un panorama especialmente complejo para los próximos años.

Falta de ganado impacta en la industria

Tyson Foods cerrará una de sus principales plantas de carne vacuna en Estados Unidos debido a la fuerte caída en la disponibilidad de ganado, lo que confirma el escenario de escasez que enfrenta la industria y anticipa una presión adicional sobre los precios. La compañía anunció que la planta de Lexington, en Nebraska, que emplea a unas 3.200 personas, dejará de operar en enero, en un contexto donde las reservas de ganado del país se encuentran en su nivel más bajo en casi 75 años.

El cierre se produce en pleno corazón ganadero de Estados Unidos y refuerza la señal de que la oferta seguirá siendo limitada, obligando a los grandes empacadores a pagar valores elevados por la hacienda que luego se procesa en cortes y carne para hamburguesas. Además del cierre en Nebraska, Tyson reducirá a un solo turno las operaciones en su planta de Amarillo, Texas, decisión que afectará a unos 1.700 trabajadores, informó Reuters.

“Tyson Foods reconoce el impacto que estas decisiones tienen en los miembros de nuestro equipo y en las comunidades donde operamos”, señaló el comunicado oficial. La empresa espera que los ajustes se concreten hacia el 20 de enero y adelantó que compensará parte de la capacidad perdida, aumentando la producción en otras instalaciones.

El negocio de carne vacuna de Tyson atraviesa un período crítico. En los últimos 12 meses, la unidad registró pérdidas ajustadas por US$ 426 millones y una caída de US$ 291 millones respecto al ejercicio anterior. Para el año fiscal 2026, la compañía proyecta pérdidas de entre US$ 400 y US$ 600 millones, reflejando el fuerte deterioro de los márgenes en un mercado marcado por el encarecimiento del ganado y la menor disponibilidad de animales terminados, indicó Reuters.

La planta de Lexington, una de las más importantes del sistema, tenía capacidad para procesar cerca de 5.000 cabezas por día, equivalente a aproximadamente el 5% del sacrificio total de Estados Unidos. Sin embargo, ya venía operando por debajo de ese nivel, según explicó Matt Wiegand, corredor de FuturesOne en Nebraska. Su cierre afectará directamente a la ciudad de unos 10.000 habitantes y golpeará a los corrales de engorde de la región, que perderán un destino clave para su producción.

“La decisión de Tyson tendrá un impacto devastador”, advirtió la senadora Deb Fischer, de Nebraska. “Hace solo unos años, frigoríficos como Tyson obtenían ganancias extraordinarias, mientras el resto de la industria mantenía números rojos”, recordó, en referencia a los fuertes márgenes obtenidos en el período de menor faena impulsado por la pandemia.

En Amarillo, la planta de Tyson tiene capacidad para faenar cerca de 6.000 cabezas por día, según estimaciones de la industria, por lo que la reducción a un solo turno también recortará significativamente la oferta procesada. La empresa señaló que buscará redistribuir la producción para cumplir con la demanda de sus clientes, pero el sector espera que el ajuste contribuya a mantener un mercado firme para el ganado en el corto plazo, en un ciclo ganadero estadounidense marcado por la liquidación prolongada y la caída del stock nacional.

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Maíz: la integración tecnológica permite aumentar el rinde entre 10% y 15%

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Identificación precisa de ambientes, uso eficiente del nitrógeno, fertilización ajustada por ambiente, biológicos y agricultura de precisión con apoyo de drones definen el nuevo modelo de manejo del maíz que impulsa Agroterra. El ingeniero agrónomo Gonzalo Reynoso, gerente comercial de la empresa, detalló a VERDE cómo la integración tecnológica ya permite aumentos de rendimiento de entre 10% y 15%, sin incrementar el uso total de insumos.

El cultivo de maíz viene consolidando un nuevo perfil productivo en Uruguay, con un enfoque “cada vez más sistémico”, donde el rendimiento deja de depender únicamente del potencial genético y pasa a definirse por la correcta lectura del ambiente, el manejo de la nutrición y la integración de tecnologías de procesos. Desde Agroterra esa estrategia se apoya en tres pilares centrales: identificación de ambientes productivos, eficiencia en el uso de nutrientes, con foco en el nitrógeno, y desarrollo de herramientas biológicas complementarias al manejo tradicional.

“Para nosotros el maíz es un componente clave del sistema, pero siempre mirado dentro de la rotación. La importancia está en rotar, intensificar y agregar cultivos a los esquemas”, explicó Reynoso. En ese marco, el germoplasma y el manejo agronómico asociado aparecen como el motor principal para capturar el potencial productivo de cada chacra.

Uno de los conceptos que gana peso es el de ambiente productivo. Según Reynoso, “el ambiente explica entre el 45% y el 70% del rendimiento”, lo que vuelve clave su correcta identificación. En ese proceso la empresa viene trabajando con plataformas digitales para delimitar zonas de manejo diferenciadas dentro de cada chacra. A partir de esa caracterización se define la elección de híbridos y el manejo específico del cultivo.

“Hoy la propuesta de híbridos es muy diversificada, con materiales adaptados a cada tipo de ambiente y lanzamientos que cada año son superadores”, señaló. A ese ajuste genético se suman dos factores de alto impacto: la población de plantas y el manejo del nitrógeno. “De acuerdo al rendimiento que espero, defino la población que voy a buscar, y también el manejo del nitrógeno”, resume.

Justamente, el uso eficiente del nitrógeno se transformó en el principal foco de trabajo técnico, porque “fue quedando atrás”, con la aparición propuestas y herramientas de manejo, la problemática de malezas y la protección de cultivos. “Hoy las energías están puestas en cómo hacemos un uso más eficiente de los nutrientes, como nitrógeno y fósforo”, afirmó Reynoso.

En ese camino Agroterra viene profundizando el uso de ureas protegidas, incorporando polímeros que reducen las pérdidas de nitrógeno en el sistema.

Las pérdidas de este nutriente se producen principalmente por lixiviación, volatilización y desnitrificación. “Estamos atacando todas esas fuentes de pérdida con tecnologías que permiten tener disponibilidad inmediata de nitrógeno y, al mismo tiempo, mejorar su captura por parte de la planta”, explicó.

El impacto es doble: por un lado, mayor productividad; por otro, menor huella ambiental. “El maíz, como las gramíneas en general, demanda grandes cantidades de nitrógeno, y eso influye directamente sobre la huella de carbono. Lograr eficiencia en ese punto es clave para la sostenibilidad del sistema, tanto en secano como en riegos”, subrayó.

En paralelo al avance en insumos, también se fortalecen las tecnologías de proceso. Desde hace tres años Agroterra viene aplicando herramientas basadas en drones, para el diagnóstico nutricional del cultivo. A través de vuelos periódicos, es posible detectar deficiencias de nitrógeno y realizar correcciones tardías, ajustando la fertilización en función del potencial real de cada lote.

“Hoy el maíz se fertiliza en etapas tempranas, entre cinco y seis hojas, donde se coloca casi todo el nitrógeno. Pero cada vez más sabemos que hay respuesta al agregado tardío”, sostuvo Reynoso. Los requerimientos del cultivo se extienden hasta etapas posteriores a la floración (R2), lo que permite ajustar dosis incluso en estadios de 10 a 12 hojas con equipos terrestres. “Ahí estamos mucho más cerca de la definición real del rendimiento y podemos calibrar lo que el cultivo realmente necesita”, detalló.

Los índices obtenidos a partir de los vuelos permiten una toma de decisiones más precisa, especialmente en sistemas de secano, donde el manejo del agua no puede ser regulado. “Es un insumo extremadamente importante para ajustar la nutrición con mayor certeza”, destacó el ingeniero agrónomo.

Otro de los ejes estratégicos es el desarrollo de biológicos. El punto de partida fue la problemática de la chicharrita del maíz, que impulsó a la empresa a analizar experiencias provenientes de Brasil. “Vimos una oportunidad en productos biológicos que permitían controlar la plaga sin afectar a los enemigos naturales”, comentó Reynoso.

Con el tiempo, ese enfoque se fue ampliando. “Hoy los biológicos están a la altura de la propuesta química en cuanto al control, e incluso, en determinadas circunstancias, aportan mejoras de rendimiento”, sostuvo.

El impacto ya no se limita al control de insectos, sino que se extiende al manejo de patógenos en tratamiento de semillas y al fortalecimiento del desarrollo vegetal. “Es un campo enorme para seguir creciendo en distintos cultivos”, agregó.

La incorporación de agricultura de precisión completa el nuevo modelo de manejo. Cada vez más productores invierten en maquinaria y servicios para implementar manejos diferenciados por ambiente. “El productor ha hecho una fuerte inversión en tecnología, porque sin maquinaria adecuada es imposible aplicar estos conceptos”, afirmó el ejecutivo.

En el caso de Agroterra, este enfoque se integra como valor agregado a la propuesta genética y al asesoramiento. “Todo el equipo está formado para poder dar soluciones en agricultura de precisión”, señaló. Los resultados ya son medibles: “estamos viendo aumentos de rendimiento de entre 10% y 15%, sin aumentar la cantidad total de insumos, sino redistribuyéndolos dentro del campo de forma más eficiente”, aseguró Reynoso.

Ese cambio permite mejorar el margen económico del cultivo y, al mismo tiempo, avanzar en trazabilidad y reducción de impacto ambiental. “Es más eficiencia productiva, con menor huella, que es hacia donde creemos que debe avanzar el sistema”, resaltó.

A ese enfoque sistémico del maíz se suma el área bajo riego, y además un proceso creciente de integración vertical con la ganadería, particularmente a través de los corrales de engorde, que refuerzan la viabilidad económica del cultivo respecto a otras alternativas.

El gerente comercial de Agroterra consideró que cada vez son menos los sistemas “puros” de agricultura. “Hoy hay muchos agricultores que también están haciendo ganadería, sobre todo corral, y eso abre una oportunidad muy interesante para el maíz”, señaló.

Uno de los factores clave en esa integración es la reducción de los costos logísticos. El maíz es un cultivo de alto volumen por hectárea y el flete tiene un peso determinante en la estructura de costos. “Poder utilizar el grano dentro del propio sistema, con fletes cortos y sin largos traslados, cambia completamente la ecuación”, explicó. A eso se suma la casi inexistencia de costos comerciales y de acondicionamiento cuando el destino es el corral propio o cercano, lo que mejora de forma directa el margen del productor.

Desde Agroterra observan un crecimiento sostenido de este modelo de integración, con un desarrollo importante de nuevos corrales en distintas zonas del país, especialmente en el litoral-centro. “Ese vínculo entre agricultura y ganadería hace al sistema mucho más eficiente, tanto desde el punto de vista productivo como económico”, resumió.

Reynoso enfatizó en la estrategia de Agroterra de acompañar al productor, no solo en la genética y los servicios asociados, sino también en la comercialización de su cosecha para darle más valor agregado al cultivo.

“Es importante ver el cultivo en su conjunto y desde hace varios años se trabajan diferentes soluciones locales, por el impacto del flete, para darle fluidez a la comercialización del maíz”, acotó.

Nota de Revista Verde N° 125

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Con foco en acopios y fertilizantes, Cofco Uruguay proyecta invertir US$ 16 millones

By ruben-adm,

Cofco Uruguay proyecta invertir US$ 16 millones en el país, confirmó a VERDE su gerente general, Christian Nolte. Por un lado la compañía de origen chino invertirá US$ 14 millones en la construcción de una planta de acopio de granos en Nueva Palmira (Colonia), y US$ 2 millones en una planta de fertilizantes en Mercedes (Soriano).

Consultado por las características que tendrá la planta en Nueva Palmira, Note respondió que “es un acopio sencillo”. Agregó que “la idea es que sea eficiente en descargas”. Sostuvo que “todo esto que se está haciendo es para estar cerca de los productores, brindando un buen servicio”. 

Explicó que “no sobresale tanto la capacidad de la planta, porque va a ser para unas 30.000 toneladas en el inicio, pero tendrá muy buena capacidad de descarga; además del acondicionamiento y todo lo que ofrece una planta de acopio”. 

Inversión en Sudamérica

Estas inversiones en Uruguay se enmarcan en una estrategia de expansión en Sudamérica, que supera los US$ 500 millones y refleja el fuerte interés de China por la producción de alimentos de esta región del mundo.

“Es bueno entender que no es solo Cofco Uruguay, sino que esta es una empresa internacional, que tiene su matriz en China. Somos una empresa joven, creada en 2017, que fuimos adaptándonos, con muchos cambios, reestructuras y demás. Por ejemplo, en negocios como el de los fertilizantes. Este es el tercer año de esta nueva etapa”, describió. 

Cofco es una compañía global que estudió el mercado en los últimos años, y al ser bastante joven está decidiendo estratégicamente dónde invertir. “Esa inversión estratégica se define por Sudamérica, que es donde está la producción más importante y de mayor crecimiento en los últimos años”, confirmó Nolte.

La empresa está invirtiendo más de US$ 300 millones en un nuevo puerto en Brasil; además de US$ 200 millones en el desarrollo de ferrocarril, locomotoras, vagones. Y en Argentina también está invirtiendo en acopios nuevos, que son considerados “estratégicos”, indicó. 

El ejecutivo sostuvo que es una “ventaja” ser una compañía joven, a diferencia de otras que tienen que reestructurarse para rearmar su negocio, definiendo hacia dónde va. Ya que Cofco “puede decidir estratégicamente dónde poner su nueva inversión”, señaló.       

Nolte comentó que “a veces nos encerramos y tenemos una mirada muy cortoplacista”, y “ni siquiera podemos ver lo bien que nos fue el año pasado, o el cierre de este año, que ya estamos hundiéndonos en la situación de precios bajos, aunque ahora mejoraron un poco”. 

Agregó que el mercado “da señales” y que “los precios son una señal”, pero también afirmó que “hay que mirar todo el contexto”. 

Destacó el hecho de que una empresa china –sabiendo que China es el principal demandante de soja y de alimentos a nivel mundial– esté decidiendo invertir más de US$ 500 millones en Sudamérica, “no es porque piense que estos precios van a acabar con la producción en esta región, sino todo lo contrario”, enfatizó. Afirmó que el gigante asiático “necesita esta producción” y señaló que esa “es una lectura para hacer”. 

Fertilizantes

A propósito del negocio de fertilizantes, Nolte dijo que “lo medimos comparando con dónde estábamos”. “No es que vinimos a copar el mercado, pero cuando creces de cero a uno, ese crecimiento es infinito. Pasamos de no estar haciendo nada en fertilizantes, a trabajar con un volumen importante en los últimos tres años, y ese crecimiento de participación en el mercado llama mucho la atención”, describió el ejecutivo.

Pero sostuvo que se trata de un crecimiento “orgánico, que está muy acorde al Cono Sur”. “Tenemos una participación muy importante en Argentina, en Paraguay y queremos estar al mismo nivel en Uruguay”, agregó. 

Por eso, indicó también que “estamos desarrollando algunos prestadores de servicios, innovando en ese sistema, para llegar a estar al nivel de Argentina y Paraguay”. 

En cuanto a la relación de la compañía con los productores, analizó que “en general se mantiene”, y agregó que la idea es “crecer con nuestros productores”. Afirmó que la idea es “brindarles más servicios, que a ellos les vaya bien y podamos crecer nosotros también”. 

Observó que el mercado uruguayo “viene cambiando”, que muchas empresas están creciendo y se están consolidando en un sistema productivo. “Muchas de esas empresas son nuestros clientes y es bueno que eso suceda”, comentó.

El negocio agrícola en Uruguay 

El gerente general de Cofco Uruguay analizó que el país “se viene consolidando en los últimos años” y “esto nos ha permitido superar situaciones bastante complejas, climáticas y de precios”. Destacó que esa consolidación en la diversificación “es lo que le está dando sustentabilidad al negocio”. 

“De alguna manera, con este nivel de precios, el mercado nos está diciendo que tiene que salir de la producción aquel que no sea eficiente. Si la sustentabilidad solo dependiera de los cereales de invierno en Uruguay, por ejemplo, estaríamos afuera de un año para el otro. Pero tenemos un sistema de producción que no es algo que pueda cambiar de la noche a la mañana, sino que es un trabajo que se viene haciendo en el transcurso de los años”, valoró.

A propósito, agregó que en momentos cuando valen poco los cereales de invierno y la carne vale bien, Uruguay tiene a la ganadería para consumir esa producción como forraje. 

Por lo tanto, sostuvo que “parte de esa integración o diversificación te aporta una sustentabilidad que no la tendrías si solo fueras productor de trigo”. 

Además, consideró que estos sistemas también “le dan cierta sustentabilidad al área de cada cultivo a nivel país, que no cambia tanto, porque los productores están respetando las rotaciones, porque están dentro de un sistema de producción, y necesitan sembrar una proporción de cereales, otra proporción de oleaginosas y otra de maíz”. “Todo eso te da una sustentabilidad, que en otro contexto sería muy difícil poder sortear”, subrayó.  

Valoró que esa es una ventaja del sistema de producción que tiene Uruguay en agricultura, y consideró que los precios “pueden darle un empujón, por ejemplo, a la Pampa Húmeda de Argentina, o si el gobierno le saca las retenciones; pero armar un sistema agrícola-ganadero, integrado, como el que fue formando Uruguay, no se da del día a la noche”. 

Afirmó que “si en este contexto en Uruguay somos eficientes, con esta ecuación de precios, imaginate si los valores fueran un poquito mejores. Estamos preparados”. 

“A veces nos quejamos, y sufrimos, porque Uruguay es caro, pero de alguna manera esa situación nos obliga a ser eficientes. No estoy diciendo que es bueno que Uruguay sea caro, pero para sobrevivir a eso tenemos que ser eficientes”, señaló. 

Siembra de verano y mercado

A propósito de la siembra de cultivos de verano, Nolte respondió que “viene bien” y que no espera “mucha variación de superficie con respecto al año pasado”. Además, valoró que los pronósticos “son bastante alentadores”. 

Recordó que el año pasado “arrancamos con precios bajos y enfrentando un año Niña; la situación era mucho más compleja”. “Si bien hoy los precios no son una locura, tendrían que estar un poquito mejores, la implantación de los cultivos se está dando muy bien. Y los pronósticos del tiempo indican que tendremos algo de seca en enero, pero en febrero empezará a llover. Si eso se confirma, nos generará una paz tremenda. Por lo tanto, las perspectivas son buenas”, resumió.

A propósito del mercado, confirmó que se movió “algo” el mercado luego de la suba del precio de la soja, “pero no mucho”, porque “todos sabemos la variabilidad que tenemos en rendimientos”.

El gerente general de Cofco Uruguay estimó que “es difícil apuntar a tener el mismo rendimiento que el año pasado”. “Cuando hacemos los números con un rendimiento promedio histórico, o con un rendimiento base, ponés los valores que tiene la soja hoy y ves que necesitas más rinde”, dijo. 

Opinó que en la medida que los cultivos avancen y haya más certezas de productividad, “veremos que estos números son bastante buenos, pero tendríamos que tener rendimientos como los del año pasado”. 

“Si puedo cerrar ventas de soja a US$ 385 por tonelada, con la producción del año pasado, voy a tener un buen número. El tema es que hoy nadie tiene certeza de eso. Esta situación es la que explica la cautela de los productores”, analizó.

Agregó que eso no solo pasa en Uruguay, sino a nivel mundial. “Si acá los precios no cierran, en Brasil tampoco. Aunque el real está mucho más valuado que en 2024, la inflación es bastante más alta que la de Uruguay. Eso hace que los números del productor brasileño sean incluso más ajustados de lo que vemos acá”, describió. 

Además, señaló que el costo del financiamiento en Brasil también es más caro que en Uruguay, “por la inflación que tienen”. El costo del financiamiento “es por lo menos el doble del que tenemos en Uruguay”, y “eso hace que los números de los productores brasileños sean muy justos”, concluyó.

Nota de Revista Verde N° 125

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