La soja cerró el jueves pasado con leves bajas en el mercado de Chicago, en una rueda marcada por alta volatilidad. La posición julio finalizó en US$ 435,24 por tonelada, aunque en el balance semanal logró un leve saldo positivo de 0,41%, sostenido principalmente por la firmeza del aceite.
El subproducto volvió a ser el principal sostén del mercado. La posición mayo del aceite subió US$ 40,12, con un ajuste de US$ 1.519,62 por tonelada, acumulando una mejora semanal del 2,25% frente a los US$ 1.486,11 del viernes anterior. Detrás de esta suba se ubicó la escalada del petróleo, impulsada por la incertidumbre geopolítica y declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo que refuerza la demanda de biodiésel en el mercado interno.
Sin ese respaldo, la soja mostró señales más débiles. El informe semanal de exportaciones de Estados Unidos resultó negativo para los precios, al confirmar el atraso interanual en los negocios. El USDA reportó ventas 2025/2026 por 353.300 toneladas, por debajo de las 668.900 toneladas de la semana previa y cerca del mínimo esperado por el mercado.
El organismo señaló que las ventas cayeron 49% respecto de la semana anterior y 18% frente al promedio de las últimas cuatro semanas. En el acumulado, las exportaciones alcanzan 37,61 millones de toneladas, un 18,20% menos que un año atrás, y representan el 87,75% del objetivo anual, el más bajo desde la campaña 2012/2013.
En ese contexto, China continúa lejos de los volúmenes proyectados por la Casa Blanca. Al 26 de marzo, acumuló compras por 11,38 millones de toneladas (Mt), por debajo de los 12 millones previstos inicialmente y muy lejos de los 20 millones sugeridos por Trump.
Otro factor que comienza a ganar peso en el mercado es el clima en Estados Unidos. El USDA elevó del 42% al 44% la proporción del área sojera afectada por algún grado de sequía, por encima del 33% registrado en igual momento de 2025, en la antesala del inicio de la siembra en las principales zonas productoras.
En la jornada del miércoles, la soja también había cerrado con leves bajas, presionada por una toma de ganancias tras las subas previas. Ese día, el aceite retrocedió US$ 39,02, ajustando en US$ 1.479,49 por tonelada.
En cuanto a los fundamentos, el USDA aportó un dato alcista al proyectar una superficie de 34,28 millones de hectáreas para la próxima campaña, por debajo de lo esperado por el mercado. Sin embargo, persisten dudas entre los operadores, dado que el aumento de los costos podría impulsar un cambio de área desde maíz hacia soja.
A nivel global, la presión viene dada por Brasil. La consultora StoneX elevó su estimación de cosecha de 177,80 a 179,70 Mt, consolidando un volumen récord. La mejora se explica por mejores rendimientos en regiones del Norte, Noreste y Centro-Oeste, que compensaron las pérdidas registradas en Rio Grande del Sur (Brasil).
Estados Unidos e Irán recibieron una propuesta para avanzar hacia un acuerdo que ponga fin a las hostilidades, en un contexto de creciente presión internacional por el impacto del conflicto en el mercado energético global. Sin embargo, Teherán rechazó reabrir de inmediato el estrecho de Ormuz, un punto clave por donde transita cerca de 20% del suministro mundial de petróleo y gas.
El esquema en discusión contempla un enfoque en dos etapas: un alto el fuego inmediato y luego un acuerdo integral que podría cerrarse en un plazo de entre 15 y 20 días. En paralelo, se manejó la posibilidad de una tregua de 45 días como parte de la negociación.
Desde Irán, un alto funcionario señaló que el país no aceptará plazos mientras evalúa la propuesta y confirmó que el cierre del estrecho no se revertirá en una primera fase del acuerdo. Del lado estadounidense, el presidente Donald Trump fijó un ultimátum para alcanzar un entendimiento y advirtió con nuevos ataques sobre infraestructura energética si no hay avances concretos.
En ese marco, Trump volvió a escalar el tono el domingo al amenazar con desatar “el infierno” sobre Irán si no se reabre el estrecho. En su red Truth Social escribió: “Abrid el puto estrecho, malditos locos, o viviréis en el infierno”, al tiempo que advirtió sobre posibles ataques a la infraestructura eléctrica iraní.
El mandatario también dejó abierta la posibilidad de extender el ultimátum por 24 horas, fijando como nueva referencia las 20:00 del martes en Washington (21:00 en Uruguay). En entrevistas con Fox News y The Wall Street Journal, aseguró que confía en alcanzar un acuerdo, pero advirtió que, de no lograrlo, evalúa “volarlo todo por los aires” y atacar infraestructura clave del país.
El conflicto, que lleva más de cinco semanas, ya generó miles de muertos y un fuerte impacto en los precios del petróleo, además de alterar el flujo comercial global. La respuesta iraní incluyó ataques a instalaciones energéticas y rutas marítimas en el Golfo, lo que redujo significativamente el tránsito por el estrecho.
En este escenario, desde Emiratos Árabes Unidos advirtieron que cualquier acuerdo deberá garantizar la libre navegación en Ormuz. El asesor presidencial Anwar Gargash señaló que esa vía “no puede convertirse en un arma” y remarcó que su funcionamiento es un “imperativo económico global”.
Además, sostuvo que un alto el fuego que no aborde temas estructurales —como el programa nuclear iraní, los misiles y los drones— podría derivar en un escenario “más peligroso y volátil” en Medio Oriente.
El conflicto sigue escalando mientras continúan los ataques en distintos puntos de la región, lo que mantiene en vilo a los mercados energéticos y a las cadenas de suministro globales.
El USDA publicó este martes dos informes clave para el mercado de granos: los stocks trimestrales al 1º de marzo y la perspectiva de siembras 2026/2027 en Estados Unidos, con señales que, en conjunto, fueron interpretadas como alcistas en el corto plazo.
Los datos oficiales mostraron un ajuste entre oferta disponible y decisiones de siembra que, según el cultivo, reconfigura el balance esperado y da sustento a los precios en el arranque de la campaña.
En soja, el mercado encontró el principal impulso. El USDA estimó un área de 34,28 millones de hectáreas, por debajo tanto del promedio de los privados (34,62 millones) como de su propia proyección del Foro Anual (34,40 millones). Este recorte en la superficie compensó un dato de stocks algo superior a lo esperado.
Las existencias de soja al 1º de marzo se ubicaron en 57,28 millones de toneladas (Mt), por encima de los 56,26 Mt previstos por los operadores, pero igualmente por debajo del nivel de diciembre (89,46 Mt) y por encima del registro de igual fecha de 2025 (52,01 Mt). La lectura del mercado priorizó el ajuste en área, lo que sostiene expectativas de menor oferta futura.
Para el maíz, el informe dejó señales mixtas. El USDA proyectó una superficie de 38,58 millones de hectáreas, por encima de los privados (38,19 millones) y del cálculo de febrero en el Foro Anual (38,04 millones), lo que en principio presiona sobre los precios.
Sin embargo, el dato de stocks aportó un contrapeso relevante: las existencias al 1º de marzo fueron estimadas en 229,23 Mt, por debajo de las 231,25 Mt esperadas por el mercado. El volumen también se redujo frente a diciembre (337,98 Mt) y se ubicó por encima del nivel de un año atrás (206,95 Mt). Este ajuste en la disponibilidad inmediata ayudó a amortiguar el impacto bajista del mayor nivel de siembra proyectado.
En trigo, ambos reportes convergieron en una señal favorable. El USDA estimó un área de 17,72 millones de hectáreas, por debajo del promedio privado (18,12 millones), del Foro Anual (18,22 millones) y de la campaña anterior (18,33 millones).
A su vez, los stocks al 1º de marzo se ubicaron en 35,39 Mt, levemente por debajo de las 35,65 Mt previstas por los operadores. El volumen cayó frente a diciembre (45,64 Mt) y superó el nivel de igual fecha de 2025 (33,65 Mt). La combinación de menor superficie y existencias ajustadas refuerza el sesgo positivo para el cereal.
En síntesis, los informes del USDA dejaron un balance que el mercado interpretó como constructivo para los precios en el corto plazo: la soja lidera por la menor área proyectada, el trigo acompaña con fundamentos similares y el maíz, pese a una mayor intención de siembra, encuentra soporte en una oferta disponible más ajustada de lo esperado.
El Poder Ejecutivo resolvió aplicar a partir del 1º de abril un ajuste de 7% en las tarifas de los combustibles —nafta, gasoil y supergás—, en un contexto de fuerte suba del petróleo a nivel internacional por el conflicto en Medio Oriente. La decisión apunta a contener el impacto sobre la economía y evitar aumentos significativamente mayores que surgirían si se trasladara plenamente el precio de paridad de importación (PPI).
El anuncio fue realizado en Torre Ejecutiva por la ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona, y el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, quienes destacaron el carácter excepcional del contexto internacional.
Cardona explicó que el mercado energético atraviesa una situación crítica, marcada por la guerra en Medio Oriente iniciada el 28 de febrero. En ese marco, señaló que el precio del petróleo pasó de US$ 70 en febrero a más de US$ 100 en marzo, lo que implica un aumento de 30% en un solo mes, el mayor salto desde 1990.
Además, citó a la Agencia Internacional de Energía Atómica, que calificó el escenario como la mayor interrupción de suministro de crudo desde 1973, lo que llevó a liberar cerca de 400 millones de barriles de reservas estratégicas para mitigar el impacto global.
En la región, los aumentos ya se trasladaron con mayor intensidad: Argentina registró subas de entre 20% y 25%, Paraguay entre 18% y 28%, Perú alcanzó el 40% y en Chile los incrementos fueron de 30% en nafta y hasta 40% en gasoil.
En Uruguay, el Gobierno optó por mantener la metodología vigente pero con un tope de ajuste, lo que permite amortiguar el impacto externo. Según indicó Cardona, si se trasladara plenamente el PPI, los aumentos serían significativamente mayores: alrededor de 35% en nafta, cerca de 60% en gasoil y 33% en supergás.
En ese escenario, el ajuste efectivo de 7% implica que el precio de la Nafta Súper pasará a $ 82,27 por litro y el del Gasoil 50S a $ 50,63 por litro desde abril.
“El objetivo es sostener el precio del boleto del transporte público y proteger sectores clave de la economía”, afirmó la ministra, quien también destacó el rol de la refinería de Ancap como herramienta para amortiguar los impactos internacionales.
Por su parte, Oddone subrayó que la decisión reafirma la regla definida en mayo de 2025, que establece ajustes bimensuales con un tope de 7%, aunque en este caso se resolvió adelantar el ajuste y aplicarlo de forma mensual debido a la magnitud del shock externo.
El ministro sostuvo que, sin este mecanismo, los incrementos hubieran sido “extraordinariamente más altos”, llegando a 13% en naftas y hasta 44% en gasoil en esta instancia.
Además, señaló que el Gobierno realiza un seguimiento permanente del mercado, tanto en la evolución del suministro como en la demanda, en un contexto de alta volatilidad internacional.
En este marco, volvió a plantear que la discusión sobre el uso del PPI como referencia sigue abierta, en la medida en que el Estado busca equilibrar la señal de precios con la necesidad de proteger la estabilidad económica en escenarios excepcionales.
El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) presentó los resultados del Censo Agropecuario 2024, que confirman una tendencia de largo plazo en el agro uruguayo: menos explotaciones, mayor escala productiva y una creciente concentración de la tierra.
Según los datos oficiales, en 2024 se registraron 41.918 explotaciones agropecuarias, lo que implica una caída de 6,4% respecto a 2011, cuando se contabilizaban 44.781 unidades productivas. La superficie total se mantuvo prácticamente estable en torno a 16,1 millones de hectáreas, pero el tamaño promedio de los establecimientos aumentó a 385 hectáreas, frente a las 365 hectáreas de 2011, consolidando una tendencia hacia sistemas de mayor escala.
Este proceso responde a una transformación estructural de largo plazo. En comparación con mediados del siglo pasado, el número de explotaciones se redujo prácticamente a la mitad, mientras que el tamaño promedio casi se duplicó, en un contexto donde la superficie agropecuaria total se ha mantenido relativamente estable. En términos productivos, la tierra no desaparece, sino que se concentra en menos unidades y de mayor tamaño.
En ese marco, crece el peso relativo de los establecimientos de mayor escala, especialmente aquellos de más de 5.000 hectáreas. En 2024, estos representan apenas 0,7% del total de explotaciones (328 establecimientos), pero concentran 25,3% de la superficie agropecuaria. El dato marca un cambio relevante frente a 2011, cuando ese mismo segmento explicaba alrededor de 16% del área.
A su vez, el ajuste no es homogéneo entre estratos. Las explotaciones de menor tamaño —menores a 50 hectáreas— representan 42,9% del total, pero ocupan apenas 2% de la superficie, lo que refleja un sistema productivo que pierde peso en su base y se consolida en unidades de mayor escala.
Ganadería y lechería: cambios en el stock y ajuste en la estructura
En el plano productivo, el asesor de la Federación Rural, Milton Ramallo, señaló que el stock bovino se ubica en 11,08 millones de cabezas, con un incremento de 3,2%, tomando como base los registros de Dicose.
En contraste, otras producciones muestran caídas significativas. Los ovinos pasan de 7,379 a 5,305 millones de cabezas (-28,1%), mientras que los porcinos registran una baja de 41,6% en la última década.
En lechería, el ajuste se da principalmente en la cantidad de productores. Las explotaciones lecheras se reducen cerca de 30% en diez años, pasando de 4.474 a 3.130 establecimientos, mientras que el rodeo lechero cae solo 8%, desde 744.909 a 687.829 animales. Esto refleja un proceso claro de concentración y aumento de escala dentro del sector.
En términos productivos, el 16,5% de los tambos de mayor tamaño genera el 72,4% de la producción total de leche, lo que evidencia el creciente peso de los sistemas más intensivos.
Menos población rural y cambios en el empleo
El censo también confirma una transformación profunda en el componente social del agro. En 2024 se registran 109.979 trabajadores permanentes, lo que equivale a 2,6 por explotación, consolidando una tendencia descendente.
En comparación con 1980, la cantidad de trabajadores cae 31%, mientras que las hectáreas por trabajador aumentan de 100 a 147, lo que refleja una mayor incorporación de tecnología y capital en los sistemas productivos.
La caída es aún más marcada en la población residente en los predios. El número de personas viviendo en establecimientos agropecuarios baja de 264.216 en 1980 a 96.069 en 2024, una reducción de 63%. En promedio, se pasa de 4 a 2,3 personas por explotación, confirmando un proceso sostenido de despoblamiento rural.
Uso del suelo: más agricultura y cambios en los recursos naturales
En términos de uso del suelo, la superficie censada en 2024 equivale al 99% de la registrada en 2011, lo que confirma la estabilidad del área agropecuaria.
Se destaca el crecimiento de la agricultura: el área de cultivos cerealeros e industriales alcanza 1,684 millones de hectáreas, mostrando una expansión respecto al censo anterior.
También se registran cambios en los recursos naturales. Aumenta la superficie de bosque natural, que totaliza 776.117 hectáreas, los bosques artificiales totalizan 1.075.713 hectáreas, mientras que el campo natural se reduce a 9,19 millones de hectáreas (56,93% del área explotada), aunque parte de esta variación responde a mejoras metodológicas en la medición.
Dentro del campo natural, crecen las áreas mejoradas: el campo sembrado en cobertura aumenta 31% (574.682 hectáreas) y el fertilizado 12% (271.972 hectáreas), lo que refleja una mayor intensificación productiva.
Por su parte, las pasturas artificiales alcanzan 1,07 millones de hectáreas, mientras que las tierras clasificadas como rastrojo o campo bruto aumentan significativamente, en parte por cambios en los criterios de medición.
En contraste, actividades intensivas como la horticultura, fruticultura, cítricos y viñedos reducen su superficie entre 10% y 15%, consolidando una reconfiguración del uso del suelo en el país.
Un agro más concentrado, empresarial y con menor densidad social
Los datos del Censo Agropecuario 2024 muestran con claridad que el cambio va más allá de la caída en el número de explotaciones. No se trata únicamente de menos establecimientos, sino de un nuevo esquema productivo: más concentración —y además acelerada—, mayor escala, una lógica cada vez más empresarial, menor diversidad de sistemas y una menor presencia de población en el medio rural.
En esa línea, el agro uruguayo también muestra una mayor estructuración empresarial. Las explotaciones comerciales alcanzan 38.200 (91% del total) y concentran prácticamente toda la superficie productiva. A su vez, a medida que aumenta la diversificación de fuentes de ingreso dentro de los establecimientos, también crece su tamaño, reforzando un modelo basado en integración productiva y escala.
Australia firmó un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, pero la reacción del sector agropecuario y de la industria cárnica fue mayoritariamente negativa, al considerar que el resultado no mejora de forma significativa el acceso a uno de los mercados más valiosos del mundo.
Tras el anuncio realizado por el primer ministro Anthony Albanese junto a autoridades europeas, las principales entidades del sector coincidieron en que el acuerdo quedó muy por debajo de las expectativas, especialmente en carne vacuna, ovina y caprina.
Uno de los principales puntos de cuestionamiento son las cuotas. El acuerdo prevé un acceso para carne vacuna de 30.600 toneladas peso canal, aunque limitado a unas 10.200 toneladas en los primeros años, cifras consideradas insuficientes frente a las 50.000 toneladas que aspiraba la industria y por debajo de lo otorgado a competidores.
En carne ovina y caprina, el acceso se ubicó en 25.000 toneladas, lejos también de las 67.000 toneladas planteadas como objetivo por el sector.
Desde Cattle Australia, su presidente Garry Edwards calificó el resultado como “espantoso”, mientras que el Consejo de la Industria Cárnica Australiana (AMIC) advirtió que el acuerdo “limita en lugar de promover el comercio”, consolidando una desventaja frente a otros proveedores internacionales.
Otro aspecto crítico es el tratamiento de la carne alimentada a grano. Bajo el nuevo esquema, estos envíos pasarán a pagar un arancel del 7,5% dentro de la cuota del acuerdo, cuando previamente podían ingresar libres de aranceles bajo otros sistemas.
Las críticas también apuntan a la falta de reciprocidad. Mientras Australia otorga acceso amplio a productos europeos, el acuerdo mantiene restricciones de volumen para la carne roja australiana, lo que, según la industria, afecta la competitividad en un mercado de alto valor como la UE.
Desde la Federación Nacional de Agricultores (NFF) señalaron que el acuerdo no representa avances sustanciales en acceso agrícola y advirtieron que los productores podrían enfrentar las consecuencias durante décadas, en un contexto ya complejo por mayores costos, tensiones comerciales y disrupciones logísticas globales.
En conjunto, el TLC con la UE aparece como una oportunidad desaprovechada para el sector agroexportador australiano, en momentos donde el acceso a mercados y la competitividad internacional son factores clave para la sostenibilidad de la producción.
Un grupo bipartidista de senadores en Estados Unidos presentó un proyecto de ley para exigir mayor transparencia en el mercado de fertilizantes, en un contexto marcado por fuertes subas de precios y creciente incertidumbre en el suministro global.
Según informó Bloomberg, la iniciativa busca obligar a reportar precios de fertilizantes con mayor frecuencia, con el objetivo de mejorar la información disponible para productores y actores del mercado. La propuesta surge en un escenario donde el conflicto en Medio Oriente ha impulsado uno de los mayores aumentos en los costos de nutrientes en los últimos años.
“En un momento en que el aumento de los costos de los fertilizantes y los bajos precios de las materias primas siguen erosionando la rentabilidad de los agricultores, deberíamos aumentar la transparencia de precios”, señaló la senadora Amy Klobuchar.
El proyecto, que cuenta con apoyo de legisladores demócratas y republicanos, plantea que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) recopile y publique datos semanales sobre precios de fertilizantes, en contraste con el sistema actual, basado en encuestas voluntarias anuales.
Desde el sector político y productivo advierten que los productores enfrentan una situación cada vez más compleja, con costos elevados de insumos y menores ingresos en los últimos años, lo que ya se refleja en un aumento de quiebras agrícolas en estados clave como Iowa, Arkansas y Nebraska.
En paralelo, los precios de los fertilizantes continúan en ascenso. Datos relevados por DTN muestran que los ocho principales fertilizantes registraron subas en marzo de 2026, con aumentos significativos en varios productos clave.
Entre ellos, se destaca el UAN28, con un incremento mensual del 13% hasta US$ 464 por tonelada, seguido por la urea, que subió 12% hasta US$ 674 por tonelada, y el amoníaco anhidro, con un alza del 7% hasta US$ 924 por tonelada, superando los US$ 900 por tonelada por primera vez desde 2023.
También se registraron aumentos en otros nutrientes como el DAP (US$ 851/t), MAP (US$ 889/t), potasa (US$ 488/t) y el 10-34-0 (US$ 670/t), consolidando una tendencia generalizada de suba frente al año anterior.
Más allá de los nitrogenados, crece la preocupación por el mercado de fosfatados. Analistas advierten que podría generarse una escasez de estos productos, fundamentales para cultivos como la soja, debido a las disrupciones en la cadena de suministro.
El foco está puesto en el azufre, insumo clave para la producción de fertilizantes fosfatados, ya que casi la mitad del suministro mundial proviene de países de Medio Oriente, región afectada por restricciones logísticas en el estrecho de Ormuz.
De prolongarse el conflicto, el impacto podría amplificarse a medida que se agoten los stocks disponibles, lo que pondría presión adicional sobre la producción agrícola global.
En este escenario, la combinación de menor disponibilidad, mayores costos y riesgos logísticos vuelve a colocar a los fertilizantes en el centro de la ecuación productiva, con implicancias directas sobre la rentabilidad de los productores y el abastecimiento de alimentos a nivel mundial.