El riego se consolida como una inversión que aporta seguridad productiva y rentabilidad, y así lo confirman las empresas que incursionan en esta tecnología. Es el caso del establecimiento Don Honorio, de la empresa Villa Blanca, ubicado próximo a la colonia Tomás Berreta, en el departamento de Río Negro. El campo de la familia Jourdan fue el escenario de la segunda jornada anual de Deltariego, que profundizó en aspectos agronómicos y en las novedades tecnológicas del riego.
En ese marco, Pablo Jourdan, director de Villa Blanca, comentó a VERDE que en esa empresa familiar “siempre apuntamos a crecer en los rubros que estamos”. Fue por eso, considerando que el río Negro está a unos 5 kilómetros del área que pretendían regar, se decidió invertir en un sistema de riego.
Detalló que en el predio se riegan unas 450 hectáreas, y que el sistema permite hacerlo de forma instantánea, algo que se considera “un plus”. Valoró que “lo principal es que no dependemos de la lluvia, tenemos toda el agua que necesitamos gracias a esta obra”.
A pesar de que el sistema está operativo desde hace dos años, Jourdan comentó que “seguimos aprendiendo mucho”. Señaló que cuentan con “mucho asesoramiento, de los ingenieros que trabajan en la empresa y también de Pro Nutrition para el manejo del cultivo y de los suelos”.
Consultado sobre los resultados productivos que se han obtenido con el riego en el establecimiento, Jourdan respondió que “en estos dos años el impacto fue impresionante”. Destacó especialmente la producción de maíz del año pasado, aunque aclaró que “no todos los años son así”. La diferencia de productividad entre el cultivo regado y el de secano fue de unos 11.000 kilos por hectárea.
“El promedio fue de 15.500 kilos por hectárea, con partes que dieron 20.000 kilos y otras que dieron 8.000 kilos. Ahí hay que apuntar a la ambientación de los campos y enfocar los recursos a donde realmente los necesitamos. La diferencia del riego es significativa en la producción y en los ingresos”, reconoció el empresario.
En Don Honorio también se regó soja. Jourdan recordó que el año pasado también fue muy bueno para la producción en secano. De todos modos, “tuvimos una diferencia de 600 o 700 kilos entre la producción con riego y la de secano”.
En este invierno no se regaron cultivos, pero en el anterior se regó colza, porque en el período crítico no había llovido. “Fueron riegos puntuales, de 15 milímetros, en la etapa de llenado de grano. Veníamos con los perfiles extremadamente secos. Todos sabemos que en invierno no precisamos mucha agua, pero veníamos muy mal y se regó”, comentó.
El empresario dijo estar “convencido de que hay que seguir creciendo con esta tecnología”. Señaló que “nos queda mucho por crecer adentro de los pivotes que tenemos”. Indicó que este año “comenzamos con los Aqua Trac, que nos miden la humedad dentro de cada pivot”.
También se refirió a las estaciones meteorológicas, para ver cuánto llueve realmente en el punto. Y destacó que “tenemos un equipo, que se está probando, que hay solo nueve en toda Latinoamérica y uno está acá, en Don Honorio, no hay otro en Uruguay”.
Se trata de un Machine Diagnostics, que “hace un monitoreo del equipo de riego, desde la presión del agua, hasta la presión de cada neumático en cada rueda del equipo.
EL PROYECTO DE DON HONORIO
Sobre el proyecto de riego de Don Honorio, el director de la empresa Deltariego, Raúl Batista, detalló que “tiene una toma directa sobre el río Negro, pero las áreas más próximas de riego están a 3 kilómetros, entonces se hizo un reservorio intermedio para poder regar las chacras”.
El equipo está más lejos, tiene capacidad para regar 140 hectáreas, está a 5 kilómetros de la toma de agua y tiene un desnivel de prácticamente 40 metros, “por lo que hubo que hacer un diseño hidráulico eficiente para que la inversión fuera rentable”, explicó.
“Eso nos llevó a diseñar con láminas de un promedio de entre 5 y 5,5 milímetros (mm) en 20 horas de trabajo (6 a 6,5 mm diarias). Si bien se puede entender que puede estar acotado, el año pasado se lograron rindes de 15 toneladas en el círculo grande de maíz, en 140 hectáreas”, informó.
La inversión total rondó los US$ 4.000, incluyendo la media tensión. “No hay que olvidar que tiene un levante sobre el río y un punto de toma donde está la estación de bombeo para los equipos de riego”, señaló. Además, “tiene mucha conducción por tuberías”. Por lo tanto, “si a este sistema lo hacíamos con láminas más altas, nos íbamos a una inversión de prácticamente US$ 5.000 por hectárea, que lo inviabilizaba económicamente”, detalló Batista.
Además, informó que el costo del milímetro “ronda US$ 0,80 por hectárea”. Señaló que normalmente los sistemas que no tienen levante están en torno a US$ 0,50 por hectárea. Por lo tanto, esos US$ 0,30 de diferencia corresponden al levante desde el río. “Ese levante implica anualmente unos US$ 25.000 de costo de energía”, indicó.
Durante el diseño del proyecto también “se evaluó hacer una represa como alternativa, pero la ventaja principal del pozo de bombeo es el agua ilimitada, mientras que una represa puede llegar a fallar en algún año, y adicionalmente se inundaba chacra –se perderían unas 25 hectáreas–, con el lucro cesante correspondiente”.
Por lo tanto, “se puso en la balanza tener agua ilimitada y ese costo anual de US$ 25.000 versus algún año de falla y área de chacra inundada, y se llegó a la conclusión de que este proyecto que se ejecutó es el mejor”, resaltó.
“El pozo de bombeo tiene 8 metros de profundidad. Se hizo un estudio exhaustivo de los niveles del río, considerando mínimos y máximos históricos, para definir esa profundidad, a los efectos que la toma que está a nivel mínimo pueda garantizar que siempre haya agua. A su vez, se puso una bomba sumergible, porque el río crece. Entonces, tiene una fluctuación de nivel de prácticamente 10 metros. Y la sala de tableros está elevada, para salvaguardar la posible crecida del río”, detalló.
El proyecto se evaluó y desarrolló durante la sequía de 2023, en verano, cuando el río estaba en niveles mínimos históricos, lo que simplificó la obra civil. “Fue interesante, porque requirió un movimiento de suelos importante para enterrar la tubería, que es de 500 milímetros; y construir el pozo de bombeo de 8 metros también implicó un desafío”, reconoció el director de Deltariego.
JORNADA ANUAL DE DELTARIEGO
El director de Deltariego resaltó el marco de público que concurrió a la jornada, “a pesar de que estamos en un momento de labores agrícolas, de siembra y cosecha”. Señaló que en esta oportunidad “quisimos hablar un poco más del manejo, de la agronomía, de ajustar los costos de hacer una siembra variable, una fertilización variable, trabajar en el suelo”.
Y “mostrar tecnología para manejar el riego, la lámina del riego, hacer el balance hídrico, tener la estación meteorológica, tener la sonda de humedad. Tecnologías que permitan tomar decisiones de riego, para ser eficientes en el costo operativo del sistema”, agregó.
Batista destacó que Valley “está apostando mucho a la tecnología”. Señaló que en el proyecto de Don Honorio “incorporamos en un círculo de riego toda la tecnología disponible que tiene la marca”. A propósito, indicó que “instalamos un sistema que hace un monitoreo integral del sistema, que es el primero que se instala en Uruguay y solo hay nueve instalados en Latinoamérica”. Y admitió que para Deltariego “también es un desafío”, porque permite ver y evaluar los resultados y concluir si la tecnología es aplicable al país.
LA TECNOLOGÍA
Roberto Carlos Reyes y José María Carreño presentaron la tecnología AgSense 365, una solución integral de monitoreo y control remoto que permite a los productores mantenerse conectados con sus campos las 24 horas del día, los siete días de la semana.
A través de esa plataforma es posible gestionar de forma precisa todo el sistema de riego, desde pivotes y bombas hasta tanques y sensores, optimizando el uso del agua y mejorando la toma de decisiones.
La herramienta permite controlar con exactitud la aplicación de las láminas de riego, optimizar el caudal de las bombas de manera remota y realizar un seguimiento permanente de los niveles de humedad del suelo y de las condiciones climáticas.
Además, ofrece el control del caudal y los niveles de los tanques, la visualización de datos históricos del uso del agua por ángulo y el análisis detallado de esa información mediante informes personalizados, orientados a mejorar la eficiencia productiva.
Dentro del módulo de previsión y planificación, la programación del riego contribuye a una aplicación más eficiente del agua, con impacto directo en el ahorro de costos y en el aumento de la productividad. En tanto, la función de optimización y aplicación incorpora el riego de tasa variable (VRI) de Valley, que permite aplicar agua únicamente donde se necesita y en la cantidad adecuada, maximizando el potencial de rendimiento de cada ambiente.
La plataforma se complementa con Machine Diagnostics, una tecnología basada en sensores que registra el tiempo de funcionamiento de cada torre y envía alertas en tiempo real ante desalineaciones, problemas de presión de neumáticos o fallas en la aplicación de agua. Esto permite anticipar mantenimientos y resolver inconvenientes rápidamente, sin necesidad de desplazarse hasta el pivote.
AgSense 365 integra, además, sistemas de telemetría, que posibilitan la medición remota de distintas magnitudes físicas y el envío automático de esa información al operador, facilitando la recopilación de datos desde ubicaciones remotas.
A esto se suma Aqua Trac, un sistema orientado al monitoreo de la humedad del suelo, que registra variables como lluvias y temperatura, es compatible con la mayoría de las sondas y sensores disponibles en el mercado y se ofrece en versiones Pro y Lite. La versión Pro permite la lectura de una sonda y hasta cuatro sensores individuales, mientras que la Lite está diseñada para la lectura de una sola sonda.
Canadá y China alcanzaron un acuerdo comercial inicial que contempla una reducción significativa de los aranceles aplicados a productos agroalimentarios canadienses, en particular a la canola, uno de los principales complejos exportadores del país norteamericano. El entendimiento fue anunciado en Pekín por el primer ministro canadiense Mark Carney, en el marco de su visita oficial a China, la primera de un jefe de gobierno canadiense desde 2017.
El nuevo esquema prevé que China reduzca los aranceles sobre la canola antes del 1º de marzo, hasta una tasa combinada cercana al 15%, lo que representa una fuerte baja frente al nivel actual del 84%, inidcó Carney.
El primer ministro destacó que China constituye un mercado para la canola valuado en alrededor de US$ 4.000 millones para Canadá, por lo que el alivio arancelario tiene un impacto directo sobre el sector agrícola y la cadena agroindustrial, según informó Reuters.
Además, Canadá espera que a partir del 1º de marzo se eliminen —al menos hasta fin de año— los aranceles considerados discriminatorios que pesan sobre otros productos agroalimentarios, como harina de canola, langostas, cangrejos y guisantes. Estas medidas habían sido impuestas por China en 2025 como represalia a decisiones comerciales adoptadas previamente por el gobierno canadiense.
Desde el gobierno canadiense señalaron que el nuevo entendimiento apunta a normalizar el comercio agroalimentario y a reconstruir un vínculo estratégico con China, clave para la colocación de commodities agrícolas y productos con mayor valor agregado.
En un plano más amplio, el acuerdo comercial también incluye compromisos vinculados al sector automotor. Canadá permitirá inicialmente la entrada de hasta 49.000 vehículos eléctricos de origen chino con un arancel del 6,1%, bajo condiciones de nación más favorecida.
Este esquema contrasta con el arancel del 100% impuesto en 2024 por el anterior gobierno canadiense, en línea con medidas similares adoptadas por Estados Unidos.
BASF Agricultural Solutions alcanzó un acuerdo con la firma de capital privado Paine Schwartz Partners y otros accionistas para adquirir el grupo de cartera AgBiTech, especializado en soluciones biológicas para el control de insectos. Con esta operación, BASF asumirá la plena propiedad de AgBiTech, incluyendo todos sus activos, la cartera de productos, los derechos de propiedad intelectual, las operaciones de fabricación, las instalaciones de investigación y desarrollo y el personal.
La transacción está prevista para cerrarse durante el primer semestre de 2026, sujeta a la aprobación de las autoridades regulatorias correspondientes. Las partes acordaron no divulgar los términos financieros ni comerciales del acuerdo.
Fundada en el año 2000 y con sede en Fort Worth, AgBiTech ha sido pionera en el uso de la tecnología de nucleopoliedrovirus (NPV) para el desarrollo de soluciones de control de insectos basadas en virus de origen natural. La compañía opera en Brasil, Estados Unidos y Australia, y brinda soluciones a productores de soja, maíz, algodón y cultivos especializados.
Livio Tedeschi, presidente de BASF Agricultural Solutions, señaló que AgBiTech cuenta con una sólida trayectoria en el desarrollo de herramientas que permiten a los agricultores gestionar de forma eficaz las plagas de insectos. En ese sentido, destacó que esta tecnología complementa la actual cartera de BioSolutions de BASF y refuerza el compromiso de la compañía con un enfoque agrícola más sostenible y holístico, alineado con su estrategia comercial.
Desde la perspectiva regional, Marko Grozdanovic, vicepresidente sénior de Marketing Estratégico Global y Sostenibilidad de BASF Agricultural Solutions, subrayó que Brasil es uno de los mercados de mayor crecimiento en protección biológica de cultivos. Según indicó, esta adquisición planificada representa un paso consistente en la ejecución de la estrategia de la compañía, fortaleciendo su presencia como proveedor de soluciones integrales en un segmento clave.
Por su parte, Sergi Vizoso-Sansano, vicepresidente sénior para Latinoamérica de BASF Agricultural Solutions, explicó que los insectos masticadores que reducen la producción, en particular las orugas lepidópteras, han sido históricamente una de las principales preocupaciones de los agricultores brasileños. En ese contexto, destacó que la tecnología desarrollada por AgBiTech ha sido reconocida como una herramienta adicional relevante para enfrentar estos desafíos.
El portafolio BioSolutions de BASF abarca una amplia gama de productos biológicos orientados a la protección de cultivos frente a enfermedades e insectos, la reducción de residuos, la gestión de resistencias, el aumento de la tolerancia al estrés y la ampliación de las ventanas de protección. Estas soluciones se integran como complemento de los tratamientos químicos dentro de los programas de Manejo Integrado de Plagas, un eje central de la estrategia de la compañía.
Corteva y bp anunciaron el lanzamiento de Etlas, una nueva empresa conjunta al 50% orientada a la producción de aceites vegetales a partir de cultivos agrícolas —como colza, mostaza y girasol— destinados a la elaboración de biocombustibles, en particular combustible sostenible de aviación (SAF, por sus siglas en inglés) y diésel renovable (RD).
La nueva compañía, denominada Etlas, combinará la experiencia de Corteva en tecnología de semillas y desarrollo genético con las capacidades integradas de bp en refinación, comercialización y suministro de combustibles para el transporte. El objetivo es desarrollar cultivos específicamente diseñados para abastecer la creciente demanda global de biocombustibles avanzados, en un esquema escalable y alineado con las necesidades de la transición energética.
Etlas apunta a alcanzar una producción de 1 millón de toneladas métricas (1 Mt) de materia prima al año hacia mediados de la década de 2030, lo que permitiría generar más de 800.000 toneladas de biocombustibles. El suministro inicial está previsto para comenzar en 2027, tanto para refinerías existentes como para plantas dedicadas exclusivamente a biocombustibles.
El lanzamiento de la empresa se da en un contexto de fuerte crecimiento esperado de la demanda. De acuerdo con las principales proyecciones del sector, el consumo mundial de combustible sostenible de aviación podría ubicarse en torno a 10 millones de toneladas (10 Mt) en 2030, frente a cerca de 1 Mt en 2024.
En paralelo, la demanda global de diésel renovable podría escalar hasta 35 Mt en 2030, desde unos 17 Mt en la actualidad. En este escenario, Etlas busca posicionarse como un proveedor de materias primas confiable y escalable, alineado con el crecimiento previsto del mercado.
Desde el punto de vista productivo, las materias primas utilizadas por Etlas procederán de cultivos implantados en tierras agrícolas ya existentes. Se trata, en muchos casos, de cultivos intermedios que pueden contribuir a mejorar la salud del suelo y generar una nueva fuente de ingresos para los agricultores.
Además, al aprovechar períodos tradicionalmente improductivos —como barbechos o cultivos de cobertura— el modelo no implica una expansión de la frontera agrícola ni una mayor presión sobre el uso del suelo.
Judd O’Connor, vicepresidente ejecutivo de la unidad de negocio de semillas de Corteva, señaló que con la creación de Etlas la compañía avanza en dos pilares centrales de su misión: contribuir tanto al abastecimiento de alimentos como de energía y apoyar a los agricultores en la generación de valor. En ese sentido, afirmó que la agricultura es parte de la solución y destacó la importancia de escalar este tipo de iniciativas.
Por su parte, Philipp Schoelzel, vicepresidente sénior de crecimiento en biocombustibles de bp, indicó que la joint venture representa una alternativa de bajo capital intensivo que aporta flexibilidad a la cadena de valor de biocombustibles, refuerza el posicionamiento de la compañía y contribuye a generar retornos atractivos, en línea con las demandas del mercado y de los clientes.
En cuanto a la gobernanza, Ignacio Conti, actual director global de Desarrollo de Negocio de Corteva, asumirá como CEO de Etlas, mientras que Gaurav Sonar, vicepresidente de Nuevas Materias Primas de bp, presidirá el Consejo de Administración.
Conti subrayó que, a medida que el sector de la aviación busca fuentes de SAF fiables, sostenibles y competitivas en costos, el rol de los agricultores resulta clave. En ese sentido, afirmó que Etlas reúne a líderes globales en innovación agrícola y producción energética para escalar la producción, reforzar el suministro y generar nuevas oportunidades de ingresos para el sector agropecuario.
En 50 años, los sistemas agrícolas de Uruguay se transformaron de manera “tan profunda” que resulta difícil comprender el presente sin reconstruir esa trayectoria. Los ingenieros agrónomos e investigadores Sebastián Mazzilli y Oswaldo Ernst, con el ingeniero agrónomo y estudiante de maestría, Juan Ahunchain, analizan este proceso desde una perspectiva histórica y agronómica, señalando que los cambios no fueron lineales ni homogéneos, sino que respondieron a ciclos económicos, avances tecnológicos, transformaciones del marco regulatorio y variaciones en los modelos de negocio.
La agricultura de los años 70 es casi irreconocible en comparación con la actual. En ese primer hito el país operaba bajo un esquema que alternaba períodos de cultivos –principalmente trigo y girasol– con tres o cuatro años de pasturas perennes. La labranza continua, típica del período, producía pérdidas de fertilidad, erosión hídrica, degradación física del suelo y limitantes productivas que comenzarían a manifestarse con claridad hacia finales de esa década.
El segundo hito llegó en los años 90, con la adopción masiva de la siembra directa. Esta innovación representó un quiebre conceptual: pasó de verse como una técnica experimental a convertirse en el eje de una nueva lógica de manejo. La eliminación progresiva del laboreo permitió estabilizar el suelo, reducir la erosión, conservar humedad y disminuir costos de operación, abriendo la puerta a una intensificación del uso del recurso que sería determinante en las décadas siguientes.
Sin embargo, el tercer hito pondría a prueba los límites de este modelo. A partir de comienzos de los años 2000, la agricultura uruguaya consolidó sistemas de cultivos continuos bajo siembra directa, pero con una profunda simplificación productiva marcada por la creciente dominancia de la soja. Esta etapa fue económicamente expansiva y técnicamente desafiante, y reactivó procesos de degradación que se creían superados.
La simplificación extrema tensionó los balances de nutrientes, redujo la diversidad funcional de los sistemas y aumentó su vulnerabilidad frente a eventos climáticos.
El cuarto hito, visible a partir de 2015, corresponde a un proceso de rediversificación. Este cambio estuvo fuertemente influido por la reglamentación obligatoria de los Planes de uso y manejo de suelos, que fijaron límites claros al riesgo de erosión y establecieron un marco para ordenar el uso del suelo.
Esta etapa reflejó una búsqueda de mayor equilibrio entre productividad y sostenibilidad, a través de la incorporación de nuevos cultivos estivales e invernales, y en algunos casos del retorno de las pasturas de corta duración.
El sistema y las evidencias
Los experimentos de largo plazo muestran que cada uno de estos hitos estuvo asociado a procesos específicos de degradación o recuperación del suelo. La labranza continua de los años 70 derivó en pérdidas acumuladas que condicionaron los rendimientos. La siembra directa contribuyó a recuperar estabilidad, pero la simplificación productiva de los 2000 reactivó fenómenos que parecían controlados. La respuesta institucional fue decisiva. La reglamentación plena de la Ley de Conservación de Suelos y la implantación obligatoria de los Planes de uso marcaron un antes y un después. Estos instrumentos introdujeron criterios técnicos, basados en modelación para habilitar o prohibir secuencias de cultivos según su riesgo de erosión.
Sin embargo, Mazzilli y Ernst advierten que la erosión hídrica, aun siendo un parámetro crítico, es solo una pieza del rompecabezas. La sostenibilidad real es multidimensional. No basta con controlar la erosión si los sistemas son inestables en sus rendimientos, ineficientes en el uso de los recursos, desbalanceados en su nutrición, vulnerables a malezas resistentes o generadores de impactos ambientales fuera del predio.
Para comprender esta complejidad los autores destacan el valor de los registros de gestión de predios comerciales como una herramienta clave, que permite analizar trayectorias productivas bajo condiciones reales. La aplicación de técnicas multivariadas abre la posibilidad de evaluar cómo interactúan en el tiempo diversidad, intensidad de uso, balances de nutrientes, estabilidad de rendimiento y desempeño ambiental.
Indicadores para medir sostenibilidad
El trabajo se apoya en un antecedente relevante: el proyecto “Sustentabilidad ambiental y económica en predios agrícola-ganaderos” (FPTA 327), ejecutado por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) entre 2011 y 2013. Allí se evaluaron 11 indicadores que mostraron una fotografía preocupante del sistema previo a los Planes de uso.
Según los datos del estudio, 60% de los predios superaba los niveles tolerables de erosión; solo un tercio tenía ingresos suficientes de carbono para sostener el carbono orgánico del suelo; la captura de agua de lluvia era baja; el balance de potasio era negativo; el balance de fósforo variaba entre neutro y muy positivo; y los ingresos excesivos de nitrógeno generaban riesgos ambientales y productivos.
Este diagnóstico fue previo a la regulación obligatoria y constituye una línea de base para medir qué tan lejos ha llegado el sistema en los últimos años.
De las 30 empresas analizadas originalmente, 20 mantienen registros actualizados, lo que permite evaluar la evolución bajo un marco regulatorio exigente y en un contexto de mayor intensificación.
Cuatro trayectorias después de una década
A partir de los registros entre 2011 y 2023, los autores identificaron cuatro trayectorias representativas de los sistemas agrícolas del país. La agricultura continua simple, en intensificación, se caracteriza por un uso altamente intensivo del suelo, con baja diversidad, un modelo que tiende a generar vulnerabilidades agronómicas y ambientales.
Los sistemas agricultura-pastura en intensificación logran mantener diversidad funcional y estabilidad, gracias a la inclusión de pasturas dentro del ciclo agrícola. Los sistemas en transición, que pasaron de agricultura continua a agricultura-pastura, muestran un movimiento hacia estructuras más equilibradas. Y finalmente, la agricultura continua diversificada surge como una evolución de sistemas originalmente intensivos, que incorporaron mayor diversidad de cultivos como forma de mejorar estabilidad y reducir riesgos.
Estos grupos fueron analizados nuevamente utilizando los indicadores del FPTA 327 y nuevas métricas vinculadas al nitrógeno y a la estabilidad de rendimientos. Este enfoque permitió comprender cómo evolucionaron los sistemas ante los cambios regulatorios, tecnológicos y climáticos de la última década.
Mejoras evidentes y señales de alerta
Los resultados muestran avances importantes. Los ingresos de carbono al suelo aumentaron, aunque aún se ubican por debajo del umbral de referencia de 4.000 kg/ha/año necesario para sostener niveles de carbono orgánico.
La captura y el uso del agua de lluvia mejoraron, lo que refleja avances en estructura y cobertura del suelo. El balance de potasio mostró señales de recuperación, aunque permanece en valores negativos, mientras que el balance de fósforo se estabilizó en niveles cercanos a la neutralidad. La erosión hídrica, gracias a los planes de uso, se mantuvo por debajo de los límites de tolerancia en todos los sistemas analizados.
Pero los indicadores asociados al nitrógeno revelan el aspecto más crítico: la eficiencia de uso del nitrógeno cayó de 0,93 a 0,80, el excedente de nitrógeno aumentó de 24 a 40 kg/ha/año y la Productividad Parcial del Nitrógeno se redujo de 44 a 34 kilos de grano por kilo de nitrógeno aplicado. El deterioro del manejo del nitrógeno no solo implica un impacto ambiental, sino también un problema económico, ya que reduce la eficiencia del sistema y aumenta los costos por unidad de producto.
La estabilidad de los rendimientos es otro indicador clave. Todos los sistemas perdieron estabilidad, aunque con diferencias marcadas. Los sistemas con pasturas son los que mejor conservan la estabilidad interanual, seguidos por los sistemas diversificados.
En cambio, la agricultura continua simple en intensificación muestra los niveles más bajos de estabilidad, lo que confirma que la presencia de pasturas sigue siendo un factor determinante para amortiguar variaciones climáticas y productivas.
Los “nuevos viejos problemas”
Los autores señalan que los problemas intraprediales no han desaparecido, sino que solo mutaron. La degradación del suelo se manifiesta de formas más sutiles y difíciles de detectar, especialmente en sistemas de alta intensidad, donde los rendimientos pueden ocultar por años síntomas de deterioro hasta que un evento climático adverso los expone.
La mejora genética y tecnológica permite mantener niveles productivos elevados, pero no evita la degradación estructural del recurso si no existe un manejo integrado.
Los desbalances nutricionales siguen siendo frecuentes. La aplicación excesiva de algunos nutrientes y la omisión de otros generan acumulaciones, pérdidas potenciales y riesgos ambientales. La acidificación del suelo es uno de los procesos más extendidos y está vinculada al uso reiterado de fertilizantes amoniacales y a la extracción continua de cationes, un fenómeno que obliga al encalado. Esta práctica tiene costos significativos y también impactos ambientales propios, derivados de la extracción, transporte e incorporación del material.
El manejo de malezas resistentes se transformó en otro de los grandes desafíos. Las estrategias actuales, basadas en mezclas de herbicidas, cultivos genéticamente modificados y un mayor uso de preemergentes, mejoraron el control, pero incrementaron la carga química aplicada.
La expansión de las sojas Enlist, que en los últimos dos años representaron cerca del 35% del área nacional, refleja tanto la necesidad de nuevas herramientas como la complejidad adicional que genera la residualidad de algunos herbicidas. Esta residualidad condiciona rotaciones y decisiones agronómicas con efectos que trascienden el ciclo inmediato.
Tensiones socioambientales y el agro
Mazzilli y Ernst destacaron que los problemas extraprediales –aquellos que trascienden el predio y afectan bienes públicos o percepciones sociales– pasaron a ocupar un rol central en la discusión agrícola contemporánea. La sociedad observa con creciente inquietud las pérdidas de nutrientes hacia cuerpos de agua, la deriva de agroquímicos, la disminución de la diversidad biológica en el paisaje y la contribución del sector agropecuario a las emisiones de gases de efecto invernadero.
Uruguay, además, emitió instrumentos financieros cuya valorización está vinculada al cumplimiento de metas ambientales, lo que introduce un nuevo nivel de responsabilidad para el sector.
Este escenario se combina con una desconexión creciente entre productores y consumidores. En un contexto de urbanización acelerada, la mayoría de la población desconoce cómo se producen los alimentos y cuáles son las condiciones reales bajo las cuales opera la agricultura. Esta brecha dificulta la construcción de políticas públicas basadas en evidencia y favorece la circulación de percepciones erróneas, que pueden influir en decisiones regulatorias o en patrones de consumo.
A esto se suma un condicionante estructural determinante: entre 60% y 70% del área agrícola se trabaja bajo arrendamiento, lo que limita la adopción de prácticas cuyo retorno económico aparece recién en el mediano o largo plazo. Los autores advierten que sin rentabilidad sostenida, ninguna estrategia ambiental será viable.
Tres líneas estratégicas para el futuro
El trabajo concluye con tres líneas de acción que, según los autores, deben orientar la evolución del sistema. La primera es mejorar el desempeño del sistema actual, con más eficiencia por unidad de producto, manejo basado en resultados verificables en suelo, agua y biodiversidad, y más transparencia de la información.
La segunda es diseñar sistemas alternativos, capaces de permitir transiciones ordenadas hacia modelos más diversos, con mayor presencia de especies perennes, mosaicos de diversidad adaptados al paisaje y menor dependencia de insumos externos. Incluso plantean que en el futuro las métricas ambientales podrían incorporarse como condición en contratos de arrendamiento y financiamiento.
Y la tercera es reconstruir la relación entre producción y sociedad, reduciendo fricciones ambientales y asegurando la licencia social que permita proyectar un modelo sostenible.
Ambev entregó reconocimientos basados en una herramienta desarrollada en Uruguay, que evalúa el desempeño de los acopios en tres aspectos: agro, calidad y logística.
El programa BWO (Barley Warehouse Operations) comenzó en 2020. “Empezamos con un manual operativo y terminó siendo un programa de gestión que conecta a los acopiadores con las malterías, con lo que requieren las malterías, con las oportunidades que tienen las plantas de acopio y con un proceso de aprendizaje continuo”, comentó a VERDE el gerente de Logística de Ambev, Ricardo Long.
Destacó que el programa se revisa todos los años, incorporando ajustes a partir de los aprendizajes y del intercambio con los propios acopiadores.
BWO se estructura sobre el pilar agronómico. Se analizan aspectos vinculados a la originación y el recibo de la cebada, el control durante la zafra y las condiciones de conservación. En el eje de calidad el foco está puesto en la preservación de la germinación, la calidad física del grano y las condiciones en las que la mercadería se entrega al momento del despacho. Finalmente, el pilar logístico evalúa el desempeño operativo, incluyendo despacho, tiempos de respuesta y cumplimiento de los planes de expedición a lo largo del año.
Las plantas son evaluadas con los mismos criterios y herramientas. El sistema clasifica a los acopios en tres categorías: A, con una adherencia igual o superior al 80%; B, con valores entre 69% y 80%; y C, con niveles entre 55% y 69%. Esta estandarización, remarcó Long, permite padronizar la forma de trabajar y generar comparabilidad entre plantas, independientemente de su ubicación o escala.
Cada año Ambev distingue a las cinco plantas con mejor desempeño global dentro del programa. Además, desde el año pasado se incorporó el reconocimiento al “embajador BWO”, que destaca la trayectoria y la consistencia en la adherencia al sistema a lo largo del tiempo.
En esta edición el reconocimiento como embajador BWO fue para Myrin, mientras que las plantas con mayor adherencia al programa fueron: Sergio Pastorini, Garmet, Myrin Paysandú, Calmer y Dufour Commodities – El Chajá del Litoral.
Mirada de maltería: calidad como eje
La gerente de planta de Maltería Uruguay, Mariángeles Antenucci, destacó que BWO es “vital” para el funcionamiento de la cadena. “Tener un sistema de gestión que deje las cosas claras, que se pueda compartir y retroalimentar entre lo que aprendimos como industria y lo que viven los acopiadores, es fundamental”, afirmó la ejecutiva.
Antenucci remarcó que el corazón de la industria maltera está en la correcta conservación de la cebada. “Necesitamos que llegue en óptimas condiciones cuando la necesitamos en la maltería, para poder producir la cerveza. Eso retroalimenta la exportación y la industria nacional”, señaló.
En ese sentido, subrayó que hoy las cervezas producidas por FNC se elaboran con malta 100% uruguaya, a partir de cebada también producida íntegramente en el país.
La ejecutiva indicó que con el correr de los años se observa una evolución clara en el desempeño de los acopios. “Cada vez son más los que están en categoría A, y eso va de la mano con un mejor servicio. Los propios acopiadores lo reconocen y llevan el programa como bandera”, afirmó.
En la misma línea, el gerente de planta de Maltería Paysandú, Wilson Ghuisoli, recordó que antes de la implementación del BWO la cebada se almacenaba en plantas de terceros, sin una guía clara para asegurar la calidad.
“Hoy el programa nos asegura un mayor cuidado y una calidad más homogénea en todas las plantas, algo clave porque la cebada tiene que entregarse viva para poder germinar”, describió.
Proyección regional: interés de Argentina
La experiencia uruguaya comienza a proyectarse a la región. Desde Argentina, el gerente de Logística Agronómica de Ambev, Lucas Casales, explicó a VERDE que el programa ya se utiliza en operaciones propias, pero que el desafío es extenderlo a acopiadores terceros, como ocurre en Uruguay.
Casales señaló que la herramienta resulta atractiva, tanto como sistema de gestión como por su capacidad de motivar a los proveedores a través de rankings y reconocimientos. “Nos interesa replicar el concepto de trabajar en conjunto: agro, calidad y logística; pero adaptándolo a la realidad argentina”, indicó.
“El desafío es convencer a los acopios de que esto es usable y que les trae beneficios. No es copiar y pegar el modelo, sino pensarlo como un plan a tres o cinco años, escalonado”, explicó Casales.
Las importaciones de soja de China alcanzaron un récord histórico en 2025, impulsadas por un fuerte aumento de las compras desde América del Sur, en un contexto marcado por la incertidumbre comercial con Estados Unidos.
De acuerdo con datos aduaneros oficiales, el mayor importador mundial de soja ingresó en 2025 un total de 111,83 millones de toneladas (Mt), lo que representó un crecimiento de 6,5% respecto al año anterior y marcó el volumen anual más alto registrado hasta el momento.
El récord fue impulsado por envíos concentrados de los principales países productores de la región, en particular Brasil y Argentina, que explicaron buena parte del aumento de las importaciones durante el primer semestre del año, según explicó a Reuters Liu Jinlu, investigador agrícola de Guoyuan Futures.
El analista señaló que la escalada de la guerra comercial entre China y Estados Unidos durante el segundo y tercer trimestre de 2025 elevó la incertidumbre sobre el abastecimiento, lo que llevó a los compradores chinos a adelantar compras de gran volumen de soja sudamericana para asegurar suministro.
En el cierre del año, las importaciones también se mantuvieron firmes. Durante diciembre, China recibió 8,04 Mt de soja, un incremento de 1,3% frente al mismo mes del año anterior.