La relación entre el Coneat y los altos rindes de maíz bajo riego, “es baja”, sostuvo Gastón Sebben de RUU

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La relación entre el índice Coneat y los altos rendimientos de maíz bajo riego, “es baja”, dijo el ingeniero agrónomo Gastón Sebben, coordinador técnico de Regadores Unidos del Uruguay (RUU), en el programa Punto de Equilibrio de Carve y verdenews.com.uy.

En el marco de la recorrida de campo que organizó Regadores, indicó que “si bien la calidad del suelo tiene impacto, la correlación entre Coneat y rendimiento bajo riego es baja”. Existen casos de “muy buenos rendimientos en campos con Coneat más bajos, siempre que se ajuste adecuadamente el manejo, en particular el riego”.

En suelos con menor índice, cambian algunas propiedades, como la capacidad de almacenamiento de agua, lo que obliga a adaptar la estrategia de riego. En ese sentido, concluyó que “los rendimientos de maíz bajo riego presentan una correlación mucho menor con el Coneat que los cultivos en secano”.

Escuche a Gastón Sebben

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China redefine el acceso a su mercado de carne vacuna: cómo queda cada proveedor tras las nuevas cuotas

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China avanzó con la implementación de medidas de salvaguardia a las importaciones de carne vacuna que regirán durante los próximos tres años y que redefinen el posicionamiento de los principales proveedores del mercado chino. El nuevo esquema fija contingentes arancelarios por país y establece un arancel del 55% para los volúmenes que superen esas cuotas, una carga considerada prohibitiva por la industria exportadora.

Para 2026, el Ministerio de Comercio de China definió una cuota total de importación de 2,7 millones de toneladas para los países alcanzados por la medida, un volumen similar al récord importado en 2024. Sin embargo, la distribución por origen muestra un tratamiento desigual entre proveedores.

Brasil, principal abastecedor del mercado chino, contará en 2026 con una cuota de 1,106 millones de toneladas, equivalente a cerca del 80% de sus envíos del último año. Dado que más de la mitad de las exportaciones brasileñas de carne vacuna tienen como destino China, el país queda altamente expuesto a la eventual activación del arancel, especialmente en la segunda mitad del año.

Australia aparece entre los más perjudicados. Su contingente de salvaguardia será de 205.000 toneladas en 2026 —alrededor del 75% de sus exportaciones de 2025—, lo que obligaría a desviar parte de los envíos hacia otros destinos para evitar el sobrearancel. La industria australiana estima que el impacto podría recortar hasta un tercio de sus ventas a China.

En contraste, los exportadores sudamericanos resultaron claramente favorecidos. Uruguay tendrá una cuota de 324.000 toneladas en 2026, muy por encima de sus embarques de 2025, que rondaron las 188.000 toneladas hasta noviembre. Esta holgura le permitiría crecer sin restricciones arancelarias en el corto plazo.

Una situación similar se observa en Argentina, que contará con una salvaguardia de 511.000 toneladas, frente a exportaciones cercanas a 435.000 toneladas el año pasado. El esquema le otorga margen adicional para sostener y eventualmente expandir su participación en el mercado chino.

Nueva Zelanda recibió una cuota de 206.000 toneladas, casi el doble de sus envíos de 2025, lo que reduce significativamente el riesgo de alcanzar el límite. En tanto, Estados Unidos tendrá un contingente de 164.000 toneladas, un volumen elevado en relación con sus exportaciones recientes, condicionadas tanto por la menor disponibilidad de hacienda como por restricciones administrativas de acceso a plantas frigoríficas.

El nuevo esquema deja en evidencia que, pese a que Brasil es el proveedor de mayor impacto sobre la industria doméstica china por volumen, los países sudamericanos en su conjunto quedaron mejor posicionados que Australia y Estados Unidos. En ese contexto, el mercado chino podría registrar en 2026 una reconfiguración de flujos, con mayor peso relativo de Sudamérica y una presión creciente sobre los exportadores que enfrenten límites más ajustados.

En base a Beef Central

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Australia anticipa un fuerte impacto por las salvaguardias de China a la carne vacuna importada

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China avanzó con la aplicación de medidas de salvaguardia a las importaciones de carne vacuna tras concluir una investigación de un año sobre el impacto de la carne importada en su industria doméstica. Las restricciones, que regirán por los próximos tres años y entraron en vigor esta semana, generan especial preocupación en Australia, uno de los principales exportadores globales de carne vacuna y uno de los países más afectados por el nuevo esquema.

El Ministerio de Comercio de China fijó para 2026 una cuota total de importación de carne vacuna de 2,7 millones de toneladas, en línea con los niveles récord recientes. Dentro de ese esquema, Australia tendrá un contingente arancelario de 205.000 toneladas en 2026, volumen que equivale a cerca del 75% de sus exportaciones de carne vacuna a China en 2025. Superado ese umbral, las ventas quedarán alcanzadas por un arancel del 55%, considerado prohibitivo por la industria exportadora.

Según operadores del sector, el nivel de activación del arancel se alcanzaría hacia agosto o setiembre, lo que obligaría a redireccionar parte de los envíos a otros mercados para evitar el impacto del sobrearancel. En 2025, Australia exportó cerca de 250.000 toneladas de carne vacuna refrigerada y congelada a China y Hong Kong, por lo que el nuevo esquema implicaría desviar alrededor de 50.000 toneladas para no quedar fuera de cuota.

La reacción de la industria australiana fue inmediata. El Consejo Australiano de la Industria de la Carne, Australian Meat Industry Council, calificó la medida como “injusta e inapropiada” y advirtió que las nuevas restricciones podrían reducir las exportaciones australianas de carne vacuna a China en aproximadamente un tercio, con un impacto económico superior a los 1.000 millones de dólares australianos.

Desde Meat & Livestock Australia, su director ejecutivo Michael Crowley sostuvo que Australia “no es responsable de ningún daño a la industria china” y remarcó que el país ha sido un proveedor confiable y estable para el mercado chino. La entidad señaló además que la carne vacuna australiana representó apenas 8% de las importaciones totales de China en 2024, mientras que cerca del 80% provino de Sudamérica.

A nivel político, el primer ministro australiano Anthony Albanese confirmó que su gobierno ya inició gestiones diplomáticas con China, al tiempo que buscó relativizar la medida al señalar que se trata de una política amplia y no dirigida exclusivamente contra Australia. No obstante, referentes de la oposición advirtieron que la decisión podría tener consecuencias severas para la cadena ganadera australiana en 2026.

Las nuevas salvaguardias chinas reconfiguran el escenario del comercio mundial de carne vacuna y, en el caso de Australia, refuerzan la necesidad de diversificar destinos en un contexto en el que China sigue siendo un mercado clave, pero cada vez más condicionado por decisiones de política comercial.

En base a Beef Central

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La soja inició 2026 en US$ 378 por tonelada y cotiza US$ 11 por encima del arranque de 2025

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El mercado de la soja inició 2026 en Chicago con valores superiores a los del arranque de 2025, aunque en un contexto de presión bajista que se arrastra desde el cierre del año anterior. El jueves 2 de enero de 2026, en la primera rueda de negocios del nuevo año, la posición enero ajustó a US$ 378,28 por tonelada, mientras que el contrato julio 2026 cerró en US$ 393,90.

Estos precios se ubicaron apenas por debajo de los registrados en el cierre del 31 de diciembre de 2025, cuando la soja enero finalizó en US$ 378,65 y la posición julio en US$ 394,73 por tonelada. En esa última jornada del año, la oleaginosa completó la cuarta rueda bajista consecutiva en Chicago, afectada por un flojo reporte semanal de exportaciones de Estados Unidos y por la ausencia de señales firmes de demanda desde China.

La comparación interanual muestra, sin embargo, un saldo positivo. El 2 de enero de 2025, la soja enero había cerrado en US$ 367,26 por tonelada y el contrato julio en US$ 381,32, lo que implica una mejora cercana a US$ 11 por tonelada en ambas posiciones respecto al inicio de 2026, aun en un escenario comercial complejo y con una oferta sudamericana en expansión.

En el arranque del nuevo año, la soja sumó su quinta rueda bajista consecutiva en Chicago y completó una semana negativa para los precios. La falta de confirmaciones de nuevas ventas estadounidenses a China y un volumen general de exportaciones muy retrasado respecto del año anterior continúan pesando sobre el mercado. Las ventas externas de Estados Unidos para la campaña 2025/2026 se mantienen 32,16% por debajo del volumen registrado a igual momento de 2024, sin reportes de nuevas ventas “flash” al gigante asiático.

A este escenario se suma el avance de la cosecha en Brasil bajo condiciones climáticas mayormente favorables. Más allá de una reciente ola de calor y de algunas lluvias irregulares, las proyecciones privadas continúan ubicando la producción brasileña de soja de la campaña 2025/2026 entre 177 y 180 millones de toneladas (Mt), con trillas ya iniciadas en zonas puntuales de Paraná y de Mato Grosso, lo que refuerza la expectativa de una oferta abundante a nivel global.

En contraste, algunos factores aportaron sostén parcial a los precios. La entrada en vigor de incentivos financieros y fiscales para los productores de biocombustibles en Estados Unidos, como los créditos fiscales 45Z, impulsó con fuerza los valores del aceite de soja, mientras que la harina continuó bajo presión ante la perspectiva de un aumento de las existencias si crece la molienda destinada a biodiésel. A su vez, la apreciación del real frente al dólar, cercana al 1% al cierre de Chicago, restó competitividad a las exportaciones brasileñas y moderó el ritmo vendedor de los productores.

En términos anuales, el hecho de que la soja haya iniciado 2026 con precios superiores a los de comienzos de 2025 se explica, en buena medida, por una cosecha estadounidense menor a la prevista originalmente y por existencias finales más ajustadas. No obstante, las tensiones comerciales y la menor fluidez del comercio internacional, en particular entre Estados Unidos y China, limitaron el potencial alcista del mercado durante 2025, dejando al inicio de 2026 con un escenario de equilibrio frágil entre fundamentos bajistas y factores de sostén.

En base a Granar.

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La carne vacuna explicó 20% de las exportaciones uruguayas y marcó un récord histórico en 2025

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La carne vacuna volvió a posicionarse como el principal producto de exportación de Uruguay en 2025 y alcanzó un máximo histórico en valor, consolidándose como el principal motor del comercio exterior del país. Según el Informe Anual de Comercio Exterior 2025 elaborado por Uruguay XXI, las ventas externas de carne bovina totalizaron US$ 2.680 millones, lo que implicó un crecimiento interanual de 33% y explicó cerca del 20% del total de exportaciones de bienes del país.

El fuerte desempeño del sector estuvo impulsado por una combinación de mayor demanda internacional y precios más firmes. El precio promedio de exportación de la carne uruguaya registró una suba cercana al 19% respecto a 2024, en un contexto global caracterizado por una oferta ajustada y elevados niveles de consumo en los principales mercados importadores. A este factor se sumó un aumento del volumen exportado, que alcanzó aproximadamente 390.000 toneladas (peso embarque), con una expansión interanual de 11%.

Estados Unidos se consolidó como el principal destino en valor para la carne vacuna uruguaya durante 2025, con compras por US$ 878 millones, lo que representó un incremento de 48% frente al año anterior y una participación del 33% sobre el total exportado del producto.

China se mantuvo como el principal mercado en volumen y el segundo en valor. Si bien las cantidades embarcadas se mantuvieron prácticamente estables, el valor exportado aumentó 16% interanual, reflejando una mejora en los precios de colocación.

En tanto, la Unión Europea mostró el mayor dinamismo relativo, con un incremento de 60% en el valor importado de carne vacuna uruguaya, concentrando el 22% de las ventas del producto, en un contexto de fuerte recuperación de la demanda del bloque.

El buen desempeño exportador se dio además en un año de elevada actividad industrial. La faena bovina se ubicó en torno a 2,32 millones de cabezas en 2025 y, de acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Carnes (INAC), la capacidad productiva del sector permitiría alcanzar en el futuro niveles cercanos a los tres millones de animales, acompañando el crecimiento del comercio exterior.

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Conocimiento: las experiencias de dos uruguayas que se especializaron en el exterior

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La agrónoma Victoria Perdomo y la politóloga Lucía Zapata obtuvieron sus maestrías en Países Bajos y España; contaron cómo ven al agro en Europa y qué debería hacer Uruguay

¿Cuál es la relación entre el que produce y el que fabrica en Uruguay? ¿Cómo se evalúa la calidad de lo que hacemos? ¿Qué se está haciendo en política pública agropecuaria a nivel macro? ¿Qué políticas de Estado necesitamos?. Estas y otras preguntas se hacen dos mujeres uruguayas que salieron al exterior para aprender más sobre el sector. 

En el marco del Día Internacional de las Mujeres, VERDE entrevistó a dos jóvenes que crecieron en el campo uruguayo, y buscaron nuevas perspectivas del sector agropecuario. Una es ingeniera agrónoma y la otra politóloga. Desde distintos ángulos y formaciones previas, pero con algo en común: un profundo amor por el Uruguay y muchas ganas de volver para aportar desde sus lugares.

María Victoria Perdomo Berton es ingeniera agrónoma, tiene 27 años y es flamante magíster en Gestión Innovadora de la Cadena Lechera por la Van Hall Larenstein University of Applied Sciences, de Países Bajos. Trabaja en una empresa en Wageningen como especialista en Nutrición Animal.

Fue criada en un tambo en Tarariras, Colonia, junto a sus padres (ambos ingenieros agrónomos) y hermano. Su madre fue asesora de grupos CREA en la zona. A pesar de las enormes referencias con las que creció, ella y su hermano siempre tuvieron total libertad de elegir sus caminos. Así y todo, descubrió que lo que se hereda no se roba: “Siempre me gustó ir al campo con mi padre. A medida que fui creciendo me di cuenta que me gustaba la lechería y la agricultura”, comentó. Luego de trabajar como agrónoma en Uruguay, sintió que a su formación le faltaba una conexión firme entre la producción, el impacto social y la organización del sector.

Desde su experiencia, la formación uruguaya es sólida y le permitió afrontar los desafíos del exterior sin sentirse en desventaja. “La amplia base teórica que tenemos es una ventaja a largo plazo”, opinó. Los graduados de la Universidad de la República “saben que las cosas no son tan simples” y logran enfrentar sólidamente cualquier currícula en el exterior. “Siempre me sentí segura, y eso es gracias al enfoque completo que traemos” afirmó. 

La ingeniera encontró interesante la perspectiva de “negocio” y “estrategia empresarial” que logró en su maestría en el exterior. Le permitió reflexionar sobre preguntas que deberían hacerse los productores más allá de “la gestión, lo económico y los números”. “¿Cuál es tu meta a corto y largo plazo? ¿Qué querés producir? ¿Para qué lado te gustaría crecer como productor? ¿Cuáles son tus intereses? ¿Cuál es la forma de hacer lo que querés tomar? Yo creo que es un planeamiento que estaría muy bueno empezar a hacer.” reflexionó.

Al recibirse, trabajó en monitoreo de chacras y calidad de cultivos hasta que decidió salir del país, junto a su pareja. A pesar de que le “encanta” Uruguay, sintió que “hay que experimentar y ver qué hay afuera”, comentó. 

La inquietud no solo respondía a un interés personal, sino también a una necesidad profesional. En su experiencia en el exterior analizó casos en otros continentes y detectó diferencias claves en la organización y el impacto del sector.

El contraste europeo en la lechería

Uno de los contrastes más marcados fue el nivel de regulación que tienen los sistemas bajo el control de la Unión Europea. Eso hace que estén más integrados en la cadena. María Victoria reflexionó que en Uruguay “nos falta integración”. Señaló que “el productor es solo un eslabón de la cadena, pero muchas veces los actores que vienen después son los que terminan tomando las decisiones”. Para ella, Uruguay podría beneficiarse de un mayor vínculo entre productores, reguladores e industria. 

En Países Bajos la lechería, estabulada y de altísima productividad, enfrenta severos problemas ambientales que han tenido que abordar. “La crisis del nitrógeno es un problema enorme”, sostuvo. Los productores “no saben qué hacer con la bosta”, porque las regulaciones les impiden desecharla libremente. “Tienen un marco normativo que determina cuánto podés aplicar por año”, explicó. 

Su tesis de maestría abordó el análisis de ciclo de vida para una tecnología para procesar heces en el tambo y convertirlas en fertilizante que pueda exportarse o reintroducirse en el sistema. Fue la restricción sobre las aplicaciones lo que hizo que apareciera el financiamiento para valorizar este subproducto e incorporarlo a la cadena logística. Victoria explicó que “el problema no es solo la tecnología, sino cómo el productor accede a ella”.

El contexto global también impone nuevas exigencias. “Como consumidores estamos demandando y poniendo una presión en el productor, que a veces es desmedida”, reflexionó. Y aseguró que, tarde o temprano, estas regulaciones llegarán a Uruguay. Para adelantarse, cree que el país debe fomentar espacios de diálogo entre productores y reguladores, en vez de esperar a que la presión externa imponga cambios abruptos y cada uno haga lo que pueda.

Sustentabilidad

Sin embargo, señaló que la sustentabilidad es un concepto que se está cuestionando cada vez más. “Todo el mundo dice que es sustentable, pero ¿qué significa eso realmente? ¿En lo ambiental? ¿En lo social? ¿En lo económico?”, se preguntó. En su visión, las empresas que quieran posicionarse en el mercado global tendrán que demostrarlo con datos.

Su maestría, a pesar de ser sobre lechería, incluía conocer de primera mano –en el laboratorio– la elaboración de ultraprocesados veganos. En particular, las imitaciones de productos lácteos. “No puedo simplemente cerrarme y decir no, eso está mal”, dijo. 

Sin embargo, reconoció que algunas veces el discurso que se opone a la producción animal “se torna violento”. “La variedad de leches vegetales en particular, y comida vegana en general, es mayor que la oferta de productos animales reales”, observó.  “Me pregunto hasta qué punto los que promueven estas marcas tienen un respaldo científico o si verdaderamente creen que hacen el bien”, cuestionó. 

La ingeniera cree que muchos de estos casos “simplemente siguen una moda o aprovechan un nicho comercial”. Y considera que Uruguay debe prepararse para responder a estos cambios en el consumo, con herramientas que permitan demostrar la sustentabilidad de su producción.

María Victoria reflexionó sobre algunos prejuicios que pueden recaer sobre sistemas productivos como los de Uruguay. “Si la gente de acá no conoce nuestro sistema productivo, si ve una foto de una vaca enterrada en el barro en invierno puede decir que no va”, advirtió. Por eso, dijo que sería “genial” que el país “pueda demostrar y probar”, y “contar con herramientas para justificar por qué hacemos lo que hacemos, estén de acuerdo o no”. En Países Bajos, por ejemplo, tienen que “regular la cantidad de días que la vaca pasa en el pasto” para reducir la estabulación lechera, comentó.

A Uruguay está llegando “de a poco” el consumo de productos vegetales greenwashed, que promueven ser sustentables aunque no lo son totalmente. Por lo general, estos productos están basados en monocultivos, aceites, aditivos y saborizantes que podrían terminar siendo menos sustentables que la típica carne uruguaya, alimentada a pasto. Por eso, la producción animal “tiene que estar preparada” para “probar y trackear que es buena y sustentable con el ambiente”, sostuvo. “Ser sustentable no es solo una palabra, hay que probarlo” agregó.

Desafíos de Uruguay y consejo para jóvenes

Para Victoria un desafío fundamental de la lechería son los efluentes. Consideró que “falta control” para saber “qué está pasando”, y que a su vez “falta formación técnica” para lograr “mano de obra calificada” en las tareas de campo. El siguiente desafío es “la conexión con la industria y la academia”. 

Planteó que cada vez que hay un conflicto es necesario “ver cómo afecta al sector”. “Necesitamos evaluar, rastrear y decidir dónde implementar las mejoras. Muchas veces se trata de cada uno haciendo lo suyo”, analizó. Para ello “es imprescindible trabajar en más y mejor marco regulatorio”, sostuvo.

A los jóvenes que ingresan al agro María Victoria les recomienda mantener la mente abierta. “La agronomía da un abanico enorme, hay que aprovecharlo. Si tienen la curiosidad de hacer algo diferente, explórenlo. La formación que tenemos es un respaldo, y las oportunidades están para el que las busca”, enfatizó. 

Del basalto a la península ibérica

Lucía Zapata también heredó de sus padres la pasión por el campo, ellos son veterinarios y se dedican a la cría de ovinos en el paraje Toro Negro, en el departamento de Salto. Ella creció entre ese lugar y la ciudad de Tacuarembó. Sus padres, luego del sacrificio de toda una vida en el basalto y los coletazos de la crisis del 2002, preferían que se dedicara a otra cosa. Por eso hizo la carrera de Ciencia Política, mientras militaba activamente en política partidaria (en el Partido Socialista) local e internacional. Al final, terminó perfilando todo su bagaje hacia el mundo agropecuario, especialmente a las políticas públicas en ganadería. 

Entre materias optativas en Facultad de Agronomía (FAgro) durante el grado y posteriormente una maestría en esa facultad, vivió tratando de juntar ambos mundos. “Me metí en Agronomía desde las ciencias sociales, convenciendo a los politólogos de por qué quería ir para ahí y a los agrónomos de que nos necesitaban”, comentó. El programa de maestría de FAgro en Ciencias Sociales normalmente se enfoca en la producción familiar, pero ella quería ir un poco más allá y entender cómo funciona la institucionalidad del agro en Uruguay.

Lucía trabajó en la Agencia Nacional de Investigación e Innovación varios años antes de decidir que quería formarse en el exterior. Hizo la maestría en Desarrollo Internacional en el Institut Barcelona d’Estudis Internacionals, en España, con perfil en Sustentabilidad y enfocando su trabajo final de grado en la ganadería uruguaya. Actualmente reside en Uruguay y es asistente en el Instituto Sudamericano de Estudios en Resiliencia y  Sustentabilidad (Saras, por su sigla en inglés).

Demonización de la ganadería

Uno de sus principales intereses es el discurso sobre la ganadería y su “demonización”. Desde el informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), titulado La larga sombra del ganado, “el sector quedó bajo un escrutinio global, pero muchas de esas críticas no aplican a Uruguay”, sostuvo. Si bien su rol como politóloga no es “aportar argumentos técnicos” para desarmar esa narrativa, sí le interesa “cómo se construyen esos discursos” y “cuál es el rol del Estado”, así como “la existencia de políticas públicas en ganadería sustentable”, explicó.

El desafío planteado era sumamente difícil. Los antecedentes escasean. Las investigaciones que existen refieren más a “perspectivas históricas”. Los cientistas sociales tienden a “juntar rubros” del sector agropecuario sin analizar particularidades, y Lucía afirma que el caso de la ganadería uruguaya “tiene muchas particularidades” que es necesario abordar.

Falta investigar en política agropecuaria

Zapata opinó que falta un respaldo académico que sirva para posicionar a Uruguay en estas discusiones internacionales. Reflexionó que la sociología rural uruguaya está más centrada “en el desarrollo rural” y en “la agricultura familiar”, y si se habla de “producción empresarial” el foco es en “agricultura y forestación”. Pero esta disciplina raramente logra abordar la “política pública”, especialmente en ganadería. 

Y lamentó que “si un diplomático uruguayo tuviera que defender nuestra ganadería no tendría un respaldo teórico robusto”, desde el punto de vista político, aunque “hay mucho material desde lo técnico”.

Lucía está convencida de que si no se insiste en esto, el debate sobre ganadería a nivel internacional “queda supeditado a lo técnico, agronómico, o a lo sumo puramente económico”, donde “discuten los actores de la cadena como industria, gremiales y empresarios”, pero no la sociedad en su conjunto. 

La politóloga se preguntó: ¿Dónde se pueden realizar consensos? ¿Y dónde no? ¿Qué trayectorias de larga duración hubo? ¿Dónde hay que profundizar?, como disparadores base para definir una estrategia.

“Todos dicen que necesitamos políticas de Estado, pero ¿cuáles? Por ejemplo, ve que está “aparentemente saldado” que debemos “apuntar a la carne de nicho”, pero sin embargo dependemos altamente del volumen exportado a China. “¿Qué pasa si un día China deja de comprarnos carne?”, se preguntó. Consideró que Uruguay tiene fortalezas para posicionarse mejor, pero falta un plan claro para minimizar dependencias y establecer una estrategia de largo plazo.

La pelea contra molinos de viento 

Lucía enfrentó varios desafíos en su maestría. Mientras los altos niveles de consumo se encuentran “en el norte global”, son “ellos” los que “nos juzgan” por tener gandería “en el sur”, dijo. Le interesaba “mapear la producción de carne” y encontrar particularidades. En una instancia curricular se midió la huella personal de carbono en base a coeficientes preestablecidos. Por haber indicado que “consumía carne”, su “huella de carbono era la más alta de la clase, y a diferencia de mis compañeros, yo no tenía auto ni viajaba tanto en avión”, comentó. En su opinión, las discusiones sobre sustentabilidad suelen estar sesgadas y centradas en el norte global, sin considerar realidades productivas de países como Uruguay.

Cada vez que se tocaba un tema relacionado con la ganadería consultaba a docentes, pero la respuesta era siempre la misma: “no sé mucho de este tema”. “Y cuando hablaba de Uruguay, me miraban como si estuviera hablando en chino”, dijo. “Muchos docentes tenían a la ganadería absolutamente demonizada, mientras otros estaban un poco más actualizados respecto a aquel informe de FAO y habían leído los siguientes”, comentó. Sin embargo, el objetivo de Lucía siempre fue saber si realmente en Uruguay “se hacen las cosas distinto”. 

La innovación no cruza porteras adentro

El instituto Saras combina sustentabilidad y gobernanza. “Es uno de los pocos espacios donde las ciencias biológicas y sociales se integran”, valoró. Sin embargo, reconoció que hay mucho por hacer. “Nos falta un sistema nacional de extensión más fuerte para que los productores adopten innovaciones”, donde “técnicos y productores sean vistos como iguales en el intercambio” y no a los primeros “un escalón arriba”, apuntó. 

Consideró que el espacio para la política pública es una herramienta para reducir “la brecha” entre “toda la investigación que se produce” y “la realidad de los productores”, que “no adoptan la tecnología” para aumentar la resiliencia y productividad de los sistemas de ganadería. Reflexionó que esto podría deberse a “una falta de visión integral de los técnicos” y que quizá “no se estén generando las medidas que precisan”, donde la política pública juega un rol fundamental.

El futuro del paisito

Zapata cree que Uruguay debe fortalecer su posición en mercados internacionales sin perder de vista la sustentabilidad. “Hay que diversificar mercados y fortalecer la trazabilidad para demostrar que nuestra producción es sustentable de verdad”, dijo. 

La politóloga ve sumamente prometedor el acuerdo con la Unión Europea y considera que ese es el tipo de cosas a las “que tenemos que apuntar”. Para ella, el agro uruguayo tiene ventajas comparativas y logros excelentes como “sustentabilidad y trazabilidad”, que hacen que esté “sumamente bien posicionado”, pero debe prepararse mejor para que “los coletazos no le peguen tanto”.

“No es fácil convencer a la gente de que necesita politólogos en su vida, pero el agro también es política, y hay que entenderlo desde ahí”, concluyó.

Nota de Revista Verde N° 120

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China definió nuevas cuotas de importación de carne vacuna; Uruguay contará con 324.000 toneladas

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China estableció un nuevo esquema de cuotas de importación de carne vacuna para el período 2026–2028, con volúmenes diferenciados por país y una vigencia anual que va del 1º de enero al 31 de diciembre de cada año. El sistema mantiene un arancel adicional del 55% para las importaciones que superen los cupos asignados.

De acuerdo con la tabla oficial, Brasil concentrará ampliamente el mayor volumen habilitado dentro del esquema de cuotas, con 1,10 millones de toneladas (Mt) en 2026, que aumentarán a 1,12 Mt en 2027 y 1,15 Mt en 2028, consolidando su posición dominante como principal proveedor de carne vacuna del mercado chino.

En el caso de Argentina, la cuota asignada será de 511.000 toneladas en 2026, con incrementos graduales a 521.000 toneladas en 2027 y 532.000 toneladas en 2028.

Para Uruguay, China fijó una cuota de 324.000 toneladas en 2026, que crecerá a 331.000 toneladas en 2027 y 337.000 toneladas en 2028. El aumento es moderado pero sostenido, y mantiene a Uruguay como uno de los principales abastecedores del mercado chino dentro del grupo de países con cupos específicos.

Nueva Zelanda contará con una cuota de 206.000 toneladas en 2026, que se incrementará a 210.000 toneladas en 2027 y 214.000 toneladas en 2028, mientras que Australia tendrá asignadas 205.000 toneladas en 2026, 209.000 toneladas en 2027 y 213.000 toneladas en 2028.

En tanto, los países de América —excluidos Brasil, Argentina y Uruguay— dispondrán de una cuota de 164.000 toneladas en 2026, 168.000 toneladas en 2027 y 171.000 toneladas en 2028, mientras que el grupo de otros países y regiones contará con 172.000 toneladas en 2026, 175.000 toneladas en 2027 y 179.000 toneladas en 2028.

El volumen total de las cuotas asciende a 2,688 Mt en 2026, 2,742 Mt en 2027 y 2,797 Mt en 2028, reflejando una expansión gradual del cupo global autorizado por China. El esquema mantiene un arancel adicional del 55% para las importaciones que superen las cuotas establecidas.

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