Identificación precisa de ambientes, uso eficiente del nitrógeno, fertilización ajustada por ambiente, biológicos y agricultura de precisión con apoyo de drones definen el nuevo modelo de manejo del maíz que impulsa Agroterra. El ingeniero agrónomo Gonzalo Reynoso, gerente comercial de la empresa, detalló a VERDE cómo la integración tecnológica ya permite aumentos de rendimiento de entre 10% y 15%, sin incrementar el uso total de insumos.
El cultivo de maíz viene consolidando un nuevo perfil productivo en Uruguay, con un enfoque “cada vez más sistémico”, donde el rendimiento deja de depender únicamente del potencial genético y pasa a definirse por la correcta lectura del ambiente, el manejo de la nutrición y la integración de tecnologías de procesos. Desde Agroterra esa estrategia se apoya en tres pilares centrales: identificación de ambientes productivos, eficiencia en el uso de nutrientes, con foco en el nitrógeno, y desarrollo de herramientas biológicas complementarias al manejo tradicional.
“Para nosotros el maíz es un componente clave del sistema, pero siempre mirado dentro de la rotación. La importancia está en rotar, intensificar y agregar cultivos a los esquemas”, explicó Reynoso. En ese marco, el germoplasma y el manejo agronómico asociado aparecen como el motor principal para capturar el potencial productivo de cada chacra.
Uno de los conceptos que gana peso es el de ambiente productivo. Según Reynoso, “el ambiente explica entre el 45% y el 70% del rendimiento”, lo que vuelve clave su correcta identificación. En ese proceso la empresa viene trabajando con plataformas digitales para delimitar zonas de manejo diferenciadas dentro de cada chacra. A partir de esa caracterización se define la elección de híbridos y el manejo específico del cultivo.
“Hoy la propuesta de híbridos es muy diversificada, con materiales adaptados a cada tipo de ambiente y lanzamientos que cada año son superadores”, señaló. A ese ajuste genético se suman dos factores de alto impacto: la población de plantas y el manejo del nitrógeno. “De acuerdo al rendimiento que espero, defino la población que voy a buscar, y también el manejo del nitrógeno”, resume.
Justamente, el uso eficiente del nitrógeno se transformó en el principal foco de trabajo técnico, porque “fue quedando atrás”, con la aparición propuestas y herramientas de manejo, la problemática de malezas y la protección de cultivos. “Hoy las energías están puestas en cómo hacemos un uso más eficiente de los nutrientes, como nitrógeno y fósforo”, afirmó Reynoso.
En ese camino Agroterra viene profundizando el uso de ureas protegidas, incorporando polímeros que reducen las pérdidas de nitrógeno en el sistema.
Las pérdidas de este nutriente se producen principalmente por lixiviación, volatilización y desnitrificación. “Estamos atacando todas esas fuentes de pérdida con tecnologías que permiten tener disponibilidad inmediata de nitrógeno y, al mismo tiempo, mejorar su captura por parte de la planta”, explicó.
El impacto es doble: por un lado, mayor productividad; por otro, menor huella ambiental. “El maíz, como las gramíneas en general, demanda grandes cantidades de nitrógeno, y eso influye directamente sobre la huella de carbono. Lograr eficiencia en ese punto es clave para la sostenibilidad del sistema, tanto en secano como en riegos”, subrayó.
En paralelo al avance en insumos, también se fortalecen las tecnologías de proceso. Desde hace tres años Agroterra viene aplicando herramientas basadas en drones, para el diagnóstico nutricional del cultivo. A través de vuelos periódicos, es posible detectar deficiencias de nitrógeno y realizar correcciones tardías, ajustando la fertilización en función del potencial real de cada lote.
“Hoy el maíz se fertiliza en etapas tempranas, entre cinco y seis hojas, donde se coloca casi todo el nitrógeno. Pero cada vez más sabemos que hay respuesta al agregado tardío”, sostuvo Reynoso. Los requerimientos del cultivo se extienden hasta etapas posteriores a la floración (R2), lo que permite ajustar dosis incluso en estadios de 10 a 12 hojas con equipos terrestres. “Ahí estamos mucho más cerca de la definición real del rendimiento y podemos calibrar lo que el cultivo realmente necesita”, detalló.
Los índices obtenidos a partir de los vuelos permiten una toma de decisiones más precisa, especialmente en sistemas de secano, donde el manejo del agua no puede ser regulado. “Es un insumo extremadamente importante para ajustar la nutrición con mayor certeza”, destacó el ingeniero agrónomo.
Otro de los ejes estratégicos es el desarrollo de biológicos. El punto de partida fue la problemática de la chicharrita del maíz, que impulsó a la empresa a analizar experiencias provenientes de Brasil. “Vimos una oportunidad en productos biológicos que permitían controlar la plaga sin afectar a los enemigos naturales”, comentó Reynoso.
Con el tiempo, ese enfoque se fue ampliando. “Hoy los biológicos están a la altura de la propuesta química en cuanto al control, e incluso, en determinadas circunstancias, aportan mejoras de rendimiento”, sostuvo.
El impacto ya no se limita al control de insectos, sino que se extiende al manejo de patógenos en tratamiento de semillas y al fortalecimiento del desarrollo vegetal. “Es un campo enorme para seguir creciendo en distintos cultivos”, agregó.
La incorporación de agricultura de precisión completa el nuevo modelo de manejo. Cada vez más productores invierten en maquinaria y servicios para implementar manejos diferenciados por ambiente. “El productor ha hecho una fuerte inversión en tecnología, porque sin maquinaria adecuada es imposible aplicar estos conceptos”, afirmó el ejecutivo.
En el caso de Agroterra, este enfoque se integra como valor agregado a la propuesta genética y al asesoramiento. “Todo el equipo está formado para poder dar soluciones en agricultura de precisión”, señaló. Los resultados ya son medibles: “estamos viendo aumentos de rendimiento de entre 10% y 15%, sin aumentar la cantidad total de insumos, sino redistribuyéndolos dentro del campo de forma más eficiente”, aseguró Reynoso.
Ese cambio permite mejorar el margen económico del cultivo y, al mismo tiempo, avanzar en trazabilidad y reducción de impacto ambiental. “Es más eficiencia productiva, con menor huella, que es hacia donde creemos que debe avanzar el sistema”, resaltó.
A ese enfoque sistémico del maíz se suma el área bajo riego, y además un proceso creciente de integración vertical con la ganadería, particularmente a través de los corrales de engorde, que refuerzan la viabilidad económica del cultivo respecto a otras alternativas.
El gerente comercial de Agroterra consideró que cada vez son menos los sistemas “puros” de agricultura. “Hoy hay muchos agricultores que también están haciendo ganadería, sobre todo corral, y eso abre una oportunidad muy interesante para el maíz”, señaló.
Uno de los factores clave en esa integración es la reducción de los costos logísticos. El maíz es un cultivo de alto volumen por hectárea y el flete tiene un peso determinante en la estructura de costos. “Poder utilizar el grano dentro del propio sistema, con fletes cortos y sin largos traslados, cambia completamente la ecuación”, explicó. A eso se suma la casi inexistencia de costos comerciales y de acondicionamiento cuando el destino es el corral propio o cercano, lo que mejora de forma directa el margen del productor.
Desde Agroterra observan un crecimiento sostenido de este modelo de integración, con un desarrollo importante de nuevos corrales en distintas zonas del país, especialmente en el litoral-centro. “Ese vínculo entre agricultura y ganadería hace al sistema mucho más eficiente, tanto desde el punto de vista productivo como económico”, resumió.
Reynoso enfatizó en la estrategia de Agroterra de acompañar al productor, no solo en la genética y los servicios asociados, sino también en la comercialización de su cosecha para darle más valor agregado al cultivo.
“Es importante ver el cultivo en su conjunto y desde hace varios años se trabajan diferentes soluciones locales, por el impacto del flete, para darle fluidez a la comercialización del maíz”, acotó.
Cofco Uruguay proyecta invertir US$ 16 millones en el país, confirmó a VERDE su gerente general, Christian Nolte. Por un lado la compañía de origen chino invertirá US$ 14 millones en la construcción de una planta de acopio de granos en Nueva Palmira (Colonia), y US$ 2 millones en una planta de fertilizantes en Mercedes (Soriano).
Consultado por las características que tendrá la planta en Nueva Palmira, Note respondió que “es un acopio sencillo”. Agregó que “la idea es que sea eficiente en descargas”. Sostuvo que “todo esto que se está haciendo es para estar cerca de los productores, brindando un buen servicio”.
Explicó que “no sobresale tanto la capacidad de la planta, porque va a ser para unas 30.000 toneladas en el inicio, pero tendrá muy buena capacidad de descarga; además del acondicionamiento y todo lo que ofrece una planta de acopio”.
Inversión en Sudamérica
Estas inversiones en Uruguay se enmarcan en una estrategia de expansión en Sudamérica, que supera los US$ 500 millones y refleja el fuerte interés de China por la producción de alimentos de esta región del mundo.
“Es bueno entender que no es solo Cofco Uruguay, sino que esta es una empresa internacional, que tiene su matriz en China. Somos una empresa joven, creada en 2017, que fuimos adaptándonos, con muchos cambios, reestructuras y demás. Por ejemplo, en negocios como el de los fertilizantes. Este es el tercer año de esta nueva etapa”, describió.
Cofco es una compañía global que estudió el mercado en los últimos años, y al ser bastante joven está decidiendo estratégicamente dónde invertir. “Esa inversión estratégica se define por Sudamérica, que es donde está la producción más importante y de mayor crecimiento en los últimos años”, confirmó Nolte.
La empresa está invirtiendo más de US$ 300 millones en un nuevo puerto en Brasil; además de US$ 200 millones en el desarrollo de ferrocarril, locomotoras, vagones. Y en Argentina también está invirtiendo en acopios nuevos, que son considerados “estratégicos”, indicó.
El ejecutivo sostuvo que es una “ventaja” ser una compañía joven, a diferencia de otras que tienen que reestructurarse para rearmar su negocio, definiendo hacia dónde va. Ya que Cofco “puede decidir estratégicamente dónde poner su nueva inversión”, señaló.
Nolte comentó que “a veces nos encerramos y tenemos una mirada muy cortoplacista”, y “ni siquiera podemos ver lo bien que nos fue el año pasado, o el cierre de este año, que ya estamos hundiéndonos en la situación de precios bajos, aunque ahora mejoraron un poco”.
Agregó que el mercado “da señales” y que “los precios son una señal”, pero también afirmó que “hay que mirar todo el contexto”.
Destacó el hecho de que una empresa china –sabiendo que China es el principal demandante de soja y de alimentos a nivel mundial– esté decidiendo invertir más de US$ 500 millones en Sudamérica, “no es porque piense que estos precios van a acabar con la producción en esta región, sino todo lo contrario”, enfatizó. Afirmó que el gigante asiático “necesita esta producción” y señaló que esa “es una lectura para hacer”.
Fertilizantes
A propósito del negocio de fertilizantes, Nolte dijo que “lo medimos comparando con dónde estábamos”. “No es que vinimos a copar el mercado, pero cuando creces de cero a uno, ese crecimiento es infinito. Pasamos de no estar haciendo nada en fertilizantes, a trabajar con un volumen importante en los últimos tres años, y ese crecimiento de participación en el mercado llama mucho la atención”, describió el ejecutivo.
Pero sostuvo que se trata de un crecimiento “orgánico, que está muy acorde al Cono Sur”. “Tenemos una participación muy importante en Argentina, en Paraguay y queremos estar al mismo nivel en Uruguay”, agregó.
Por eso, indicó también que “estamos desarrollando algunos prestadores de servicios, innovando en ese sistema, para llegar a estar al nivel de Argentina y Paraguay”.
En cuanto a la relación de la compañía con los productores, analizó que “en general se mantiene”, y agregó que la idea es “crecer con nuestros productores”. Afirmó que la idea es “brindarles más servicios, que a ellos les vaya bien y podamos crecer nosotros también”.
Observó que el mercado uruguayo “viene cambiando”, que muchas empresas están creciendo y se están consolidando en un sistema productivo. “Muchas de esas empresas son nuestros clientes y es bueno que eso suceda”, comentó.
El negocio agrícola en Uruguay
El gerente general de Cofco Uruguay analizó que el país “se viene consolidando en los últimos años” y “esto nos ha permitido superar situaciones bastante complejas, climáticas y de precios”. Destacó que esa consolidación en la diversificación “es lo que le está dando sustentabilidad al negocio”.
“De alguna manera, con este nivel de precios, el mercado nos está diciendo que tiene que salir de la producción aquel que no sea eficiente. Si la sustentabilidad solo dependiera de los cereales de invierno en Uruguay, por ejemplo, estaríamos afuera de un año para el otro. Pero tenemos un sistema de producción que no es algo que pueda cambiar de la noche a la mañana, sino que es un trabajo que se viene haciendo en el transcurso de los años”, valoró.
A propósito, agregó que en momentos cuando valen poco los cereales de invierno y la carne vale bien, Uruguay tiene a la ganadería para consumir esa producción como forraje.
Por lo tanto, sostuvo que “parte de esa integración o diversificación te aporta una sustentabilidad que no la tendrías si solo fueras productor de trigo”.
Además, consideró que estos sistemas también “le dan cierta sustentabilidad al área de cada cultivo a nivel país, que no cambia tanto, porque los productores están respetando las rotaciones, porque están dentro de un sistema de producción, y necesitan sembrar una proporción de cereales, otra proporción de oleaginosas y otra de maíz”. “Todo eso te da una sustentabilidad, que en otro contexto sería muy difícil poder sortear”, subrayó.
Valoró que esa es una ventaja del sistema de producción que tiene Uruguay en agricultura, y consideró que los precios “pueden darle un empujón, por ejemplo, a la Pampa Húmeda de Argentina, o si el gobierno le saca las retenciones; pero armar un sistema agrícola-ganadero, integrado, como el que fue formando Uruguay, no se da del día a la noche”.
Afirmó que “si en este contexto en Uruguay somos eficientes, con esta ecuación de precios, imaginate si los valores fueran un poquito mejores. Estamos preparados”.
“A veces nos quejamos, y sufrimos, porque Uruguay es caro, pero de alguna manera esa situación nos obliga a ser eficientes. No estoy diciendo que es bueno que Uruguay sea caro, pero para sobrevivir a eso tenemos que ser eficientes”, señaló.
Siembra de verano y mercado
A propósito de la siembra de cultivos de verano, Nolte respondió que “viene bien” y que no espera “mucha variación de superficie con respecto al año pasado”. Además, valoró que los pronósticos “son bastante alentadores”.
Recordó que el año pasado “arrancamos con precios bajos y enfrentando un año Niña; la situación era mucho más compleja”. “Si bien hoy los precios no son una locura, tendrían que estar un poquito mejores, la implantación de los cultivos se está dando muy bien. Y los pronósticos del tiempo indican que tendremos algo de seca en enero, pero en febrero empezará a llover. Si eso se confirma, nos generará una paz tremenda. Por lo tanto, las perspectivas son buenas”, resumió.
A propósito del mercado, confirmó que se movió “algo” el mercado luego de la suba del precio de la soja, “pero no mucho”, porque “todos sabemos la variabilidad que tenemos en rendimientos”.
El gerente general de Cofco Uruguay estimó que “es difícil apuntar a tener el mismo rendimiento que el año pasado”. “Cuando hacemos los números con un rendimiento promedio histórico, o con un rendimiento base, ponés los valores que tiene la soja hoy y ves que necesitas más rinde”, dijo.
Opinó que en la medida que los cultivos avancen y haya más certezas de productividad, “veremos que estos números son bastante buenos, pero tendríamos que tener rendimientos como los del año pasado”.
“Si puedo cerrar ventas de soja a US$ 385 por tonelada, con la producción del año pasado, voy a tener un buen número. El tema es que hoy nadie tiene certeza de eso. Esta situación es la que explica la cautela de los productores”, analizó.
Agregó que eso no solo pasa en Uruguay, sino a nivel mundial. “Si acá los precios no cierran, en Brasil tampoco. Aunque el real está mucho más valuado que en 2024, la inflación es bastante más alta que la de Uruguay. Eso hace que los números del productor brasileño sean incluso más ajustados de lo que vemos acá”, describió.
Además, señaló que el costo del financiamiento en Brasil también es más caro que en Uruguay, “por la inflación que tienen”. El costo del financiamiento “es por lo menos el doble del que tenemos en Uruguay”, y “eso hace que los números de los productores brasileños sean muy justos”, concluyó.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) revela los contrastes entre países desarrollados y exportadores del sur. Mientras Europa y China sostienen con fondos públicos buena parte de los ingresos agrícolas, potencias agroexportadoras como Brasil o Australia compiten con subsidios mínimos y mayor inversión en innovación, infraestructura y eficiencia productiva.
El Seguimiento y evaluación de la política agrícola 2025, publicado por la OCDE, analiza las políticas de apoyo a la agricultura en 54 países que representan más del 90% del valor mundial de la producción agropecuaria.
El estudio llega en un momento simbólico: el 30º aniversario del Acuerdo sobre la Agricultura de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que se originó en el Acuerdo de Marrakech de 1994 y estableció el Acuerdo sobre la Agricultura (AsA) en 1995, que buscó limitar las distorsiones comerciales generadas por los subsidios agrícolas y los aranceles de los países desarrollados.
Después de 30 años los números muestran que el apoyo público a la agricultura no solo persiste, sino que sigue creciendo. El valor total del apoyo –sumando transferencias a productores, inversiones públicas y políticas de precios– alcanzó en promedio US$ 842.000 millones anuales entre 2022 y 2024, un aumento de 20% respecto del quinquenio anterior a la pandemia (2015-2019).
Sin embargo, el estudio también evidencia un cambio de enfoque: las políticas agrícolas actuales tienden a separar los subsidios del volumen producido o del precio de mercado, y a concentrarlos en ingresos, sostenibilidad y gestión de riesgos.
Aun así, la OCDE advierte que la mitad del apoyo total todavía adopta formas potencialmente distorsivas del comercio, como precios mínimos, ayudas por tonelada o pagos vinculados a la producción.
UE: el sistema más costoso y verde
La Unión Europea (UE) continúa siendo el bloque con mayor nivel de apoyo al agro. Según la OCDE, el apoyo al productor (PSE, por sus siglas en inglés) equivale en promedio a 18% del ingreso agrícola bruto, lo que representa 55.000 millones de euros anuales, canalizados a través de la Política Agrícola Común (PAC).
La PAC, que absorbe cerca de un tercio del presupuesto comunitario, mantiene su estructura tradicional de dos pilares. El Pilar I, financiado por el Fondo Europeo Agrícola de Garantía (EAGF), incluye pagos directos y medidas de mercado por unos 40.000 millones de euros anuales.
El Pilar II, financiado por el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (Eafrd), abarca programas de desarrollo rural, inversiones sostenibles e innovación por otros 15.000 millones de euros.
En conjunto, el gasto equivale al 0,4% del Producto Interno Bruto (PIB) de la UE, con un valor bruto de producción agrícola de 420.000 millones de euros por año. Esto significa que por cada euro generado en el campo europeo, 18 centavos provienen del presupuesto público.
El sistema evolucionó desde un modelo de precios mínimos y compras públicas –vigente hasta los años 90– hacia un enfoque basado en ingresos y sostenibilidad. Las reformas de 2003, 2013 y 2021 introdujeron los pagos desacoplados, que no dependen del nivel de producción, y la condicionalidad ambiental, que vincula las transferencias al cumplimiento de normas de manejo sostenible.
La PAC vigente desde 2023 se implementa mediante Planes Estratégicos Nacionales, adaptados a cada Estado miembro bajo supervisión de la Comisión Europea. Dentro de ellos destacan los ecoesquemas, que remuneran prácticas con beneficios ambientales: rotación de cultivos, cobertura vegetal, reducción del uso de fertilizantes y conservación de biodiversidad. Estos ecoesquemas representan ya entre 20% y 25% de los pagos directos.
A pesar del giro ambiental, la UE conserva mecanismos de intervención pública en productos sensibles, como lácteos, carne vacuna y azúcar, mediante compras de intervención o ayudas al almacenamiento privado. También mantiene una reserva de crisis de 450 millones de euros anuales, destinada a compensar pérdidas por conflictos o eventos sanitarios. Durante la última década, más de 2.500 millones de euros fueron destinados a medidas excepcionales frente a la pandemia o a la guerra en Ucrania.
La PAC se convirtió en el sistema de subsidios agrícolas más grande del mundo: la estructura mezcla estabilidad de ingresos, protección comercial –con aranceles agrícolas promedio de 10,8% frente al 4% de los bienes industriales– y objetivos ambientales de largo plazo.
China: autosuficiencia y control de precios
El caso de China es distinto, pero de magnitud similar. En 2024 el apoyo al productor alcanzó US$ 267.000 millones, equivalentes al 13,5% del ingreso agrícola bruto nacional. Aunque ese porcentaje es menor al de la UE, en valores absolutos coloca al país asiático como el mayor otorgante de subsidios agrícolas del planeta.
La política agrícola china se basa en tres grandes mecanismos. El primero es el Apoyo de Precios de Mercado (MPS, por sus siglas en inglés): el gobierno fija precios mínimos oficiales para trigo y arroz, y ordena a las empresas estatales –principalmente Sinograin– a comprar el grano cuando los precios caen por debajo del nivel de intervención. Los cupos anuales rondan las 37 millones de toneladas de trigo y 50 millones de toneladas de arroz, lo que otorga al Estado un rol determinante en la formación de precios.
El segundo mecanismo son los subsidios presupuestales y compensaciones regionales, que otorgan pagos directos a los productores de algodón, soja y maíz para cubrir parte de la brecha entre precios internos e internacionales. Además, los productores reciben ayudas complementarias para insumos, semillas y mecanización.
El tercer componente es la inversión en infraestructura, riego y modernización tecnológica, con fuertes incentivos a la consolidación de tierras y la adquisición de maquinaria.
Desde 2014 Pekín viene reduciendo gradualmente los precios mínimos y reemplazando los programas de almacenamiento estatal por pagos compensatorios, pero la autosuficiencia alimentaria sigue siendo un objetivo estratégico.
El giro más reciente, reflejado en el “Documento Central N.º 1” de 2024, incorpora el concepto de “agricultura verde”, con medidas para reducir el uso de fertilizantes, reciclar nutrientes, controlar la contaminación de suelos y limitar antibióticos en ganadería. El país mantiene además el Plan Nacional de Desarrollo Agrícola Sostenible 2015-2030, orientado a disminuir las emisiones del agro y mejorar la trazabilidad.
Estados Unidos: el Estado como asegurador
El modelo de Estados Unidos combina una larga tradición de apoyo público con una estructura moderna, centrada en la gestión de riesgos y la sostenibilidad ambiental. En total, el gasto agrícola estadounidense ronda los US$ 40.000 millones a US$ 45.000 millones anuales, equivalentes al 7% del ingreso agrícola.
El principal instrumento es el seguro federal de cultivos, administrado por el Departamento de Agricultura (USDA, por sus siglas en inglés). El gobierno subsidia entre 60% y 65% del valor de las primas y cubre parte de los costos administrativos de las aseguradoras privadas, con un gasto de US$ 11.000 millones a US$ 13.000 millones al año.
A esto se suman los programas Cobertura de pérdida de precio (PLC) y Cobertura de Riesgos Agrícolas (ARC, por sus siglas en inglés), que compensan al productor cuando los precios o los ingresos caen por debajo de niveles de referencia. En conjunto movilizan entre US$ 5.000 millones y US$ 6.000 millones anuales.
El tercer componente son los programas ambientales y de conservación, como el Programa de Reserva de Conservación (CRP), que paga por retirar tierras frágiles de la producción, y el Programa de Incentivos a la Calidad Ambiental (EQIP), que financia mejoras en manejo de suelos y agua. Ambos suponen entre US$ 4.000 millones y US$ 5.000 millones por año.
Además, cuando ocurren desastres naturales o emergencias sanitarias, el Congreso aprueba asignaciones extraordinarias: la American Relief Act (Ley de ayuda estadounidense, en inglés) de 2025 destinó más de US$ 30.000 millones en compensaciones.
La OCDE subraya que Estados Unidos ya no subsidia precios, salvo excepciones como el azúcar. Pero subsidia el riesgo, asegurando ingresos mínimos y estabilidad del sistema productivo. Esta orientación, menos distorsiva para el comercio, explica por qué el agro estadounidense mantiene alta competitividad pese a un apoyo moderado en términos relativos.
Brasil: crédito rural y ciencia aplicada
El agro brasileño, motor de exportaciones y crecimiento, opera con un nivel de apoyo de 5% del ingreso agrícola bruto, entre US$ 8.000 millones y US$ 10.000 millones anuales. La OCDE considera que Brasil combina un bajo nivel de subsidios directos con una fuerte presencia del Estado en crédito, innovación y sanidad.
El instrumento principal es el Plan Zafra, que define cada año las líneas de crédito subsidiado para siembra, comercialización e inversión. En la zafra 2024-2025 movilizó 435.000 millones de reales (US$ 85.000 millones), aunque solo 10% corresponde a bonificaciones de tasa cubiertas por el Tesoro.
El seguro rural recibe apoyo público por US$ 400 millones a US$ 600 millones anuales, pero aún cubre menos del 20% del área agrícola. A su vez, el gasto en servicios generales al sector alcanza 14% del apoyo total, uno de los niveles más altos entre los países analizados. En ese rubro se incluyen la investigación e innovación de Embrapa, la infraestructura logística, los programas de sanidad y la extensión técnica.
Los programas de precios mínimos (PGPM) y las compras de la Conab (Compañía Nacional de Abastecimiento) hoy representan menos del 1% del valor de la producción, reflejando una transición hacia mecanismos de mercado.
Para la OCDE este modelo de bajo subsidio directo y alto gasto en conocimiento y logística explica gran parte de la productividad brasileña y su liderazgo exportador. Aun así, el organismo recomienda fortalecer la política de seguros y focalizar los subsidios en pequeños y medianos productores.
Australia: libre mercado y resiliencia
El agro australiano funciona con uno de los niveles de apoyo más bajos del mundo: menos del 3% del ingreso agrícola, equivalentes a US$ 1.500 millones anuales sobre una producción total superior a US$ 60.000 millones.
Tras las reformas liberalizadoras de los años 80, Australia eliminó aranceles, precios mínimos y juntas estatales de comercialización. Desde entonces, su política se enfoca en competitividad, ciencia aplicada y adaptación al cambio climático.
La Política Nacional de Sequías, vigente desde 1992, marcó un cambio estructural: el riesgo climático es responsabilidad del productor, y el Estado actúa solo ante eventos extremos. Los apoyos consisten en subsidios a inversiones hídricas, reposición de ganado o reconstrucción de infraestructura, sin alterar los precios del mercado.
El gasto público se concentra en programas de investigación, manejo del agua, mitigación de sequías y extensión técnica. La OCDE destaca que el país redujo el uso de nitrógeno y fósforo por hectárea y bajó la participación del agro en las emisiones nacionales, de 17,5% en 2000 a 14,9% en 2023.
Australia mantiene, además, un alto nivel de eficiencia hídrica: aunque el agro utiliza 67% del agua del país, logró estabilizar sus extracciones y aumentar la productividad por unidad utilizada.
Con 3% de apoyo y ausencia total de distorsiones de precios, Australia figura, junto con Nueva Zelanda, entre los sistemas agropecuarios más competitivos y ambientalmente orientados del mundo.
Argentina: Potencial desaprovechado
En el extremo opuesto, Argentina es el único país de la OCDE con apoyo negativo al productor. Según el informe Estimación de soporte al productor fue en promedio de menos US$ 9.500 millones anuales, equivalentes a –11% del ingreso agrícola bruto.
El motivo es la incidencia de los derechos de exportación (retenciones), que reducen los precios internos de granos, carne y lácteos entre 15% y 20% frente a los valores internacionales. En términos prácticos, el productor transfiere recursos al Estado en lugar de recibirlos.
Los subsidios directos son escasos y se concentran en crédito rural, emergencias y el Fondo del Tabaco, que canaliza parte de un impuesto sobre cigarrillos a las provincias productoras.
El 60% del gasto público agrícola se destina a servicios generales, como sanidad e investigación, pero la OCDE advierte un deterioro de la inversión pública en innovación y de la capacidad operativa de organismos como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).
A pesar de ello, el país mantiene un fuerte superávit comercial agroalimentario, con exportaciones de granos, carnes y alimentos procesados, que superan los US$ 30.000 millones anuales.
Dos modelos en tensión
El panorama global muestra un mundo agrícola dividido. Por un lado, Europa, Estados Unidos y China sostienen sistemas amplios de apoyo público, orientados a ingresos, sostenibilidad o seguridad alimentaria.
Por otro, Brasil, Australia y Nueva Zelanda apuestan a la competitividad estructural, la innovación y el libre mercado, con niveles de subsidios mucho menores.
Finalmente, Argentina mantiene un esquema fiscal regresivo, donde el agro financia al Estado mediante impuestos a la exportación.
La OCDE concluye que, aunque el nivel global de subsidios creció en términos absolutos, los países avanzan –a ritmos distintos– hacia formas de apoyo menos distorsivas y con mayor atención a la sostenibilidad. Pero también recuerda que la competencia internacional en alimentos sigue marcada por enormes asimetrías: mientras algunos productores reciben pagos por cumplir metas ambientales, otros enfrentan impuestos que reducen su precio de venta.
Después de 30 años del Acuerdo sobre la Agricultura, el comercio mundial de alimentos sigue lejos de jugar en igualdad de condiciones.
El maíz de segunda vuelve a posicionarse como una alternativa estratégica dentro de los sistemas agrícolas uruguayos, no solo por su aporte agronómico a la rotación, sino también por un contexto de precios que lo favorece frente a la carne, la leche y la soja. Así lo planteó Andrés Contatore, director de 4 Hojas, durante la jornada “Maíz de segunda: ¿cómo capitalizar la oportunidad?”, organizada por Procampo Semillas y Supra, en Nueva Helvecia.
Contatore destacó que el cultivo “tiene todavía mucho para avanzar en adopción de tecnología”, y que aporta beneficios claros a la diversificación productiva, al manejo del riesgo y a la estabilidad del sistema.
Subrayó que el maíz como antecesor de soja genera un plus productivo relevante: “cuando la soja va detrás de un maíz, se obtiene alrededor de un 13% más de rendimiento que cuando va detrás de otro cultivo”.
Desde el punto de vista de la rotación, señaló que los esquemas que incluyen maíz muestran márgenes más altos y menor volatilidad.
En cuanto al perfil de riesgo, diferenció entre maíz de primera y de segunda. El de segunda, si bien tiene algo menos de potencial de rinde, presenta una menor variabilidad productiva. A esto se suman los avances en genética, mejoras en la maquinaria, un manejo más fino de densidades y una gestión más eficiente del nitrógeno, factores que han elevado la competitividad del cultivo.
Desde el punto de vista económico, indicó que los costos directos del maíz de segunda para la zafra 2025-2026 se ubican en torno a “US$ 600 por hectárea”, lo que equivale a un punto de equilibrio cercano a “3.000 kilos” por hectárea, sin considerar renta ni estructura.
Acotó que el contexto actual de relaciones de precios aparece como uno de los grandes estímulos. En carne, la relación histórica es de nueve kilos de maíz por kilo de carne, mientras que en la actualidad la carne carne puede comprar 12 kilos de maíz. “Si un corral tiene una eficiencia de conversión de ocho a uno, le está ganando 4 kilos de maíz por cada kilo de carne producida”, señaló.
En leche, la relación pasó de 650 litros por tonelada de maíz a unos 530 litros, lo que también mejora el escenario para los sistemas lecheros.
Contatore comparó que, con un maíz en torno a US$ 220 por tonelada y una soja cerca de US$ 380 por tonelada, las relaciones también resultan favorables al cereal.
Influencia de Clima y nitrógeno en el rinde
La formación del rendimiento del maíz está fuertemente condicionada por un conjunto de factores agronómicos, pero “el clima y la fertilización nitrogenada son los que más inciden”, con un peso del 27%, cada uno, en el resultado final, señaló a VERDE, Emiliano Acosta, integrante del área de desarrollo de Supra Semillas.
El técnico explicó que, por detrás de esos factores, la elección del híbrido adecuado para cada ambiente productivo representa otro componente central, con una incidencia del 19% en la formación del rendimiento.
Agregó que la densidad de siembra y la población –en línea con el híbrido elegido– también influyen de forma relevante, al igual que la rotación de cultivos, con un impacto del 10% en cada caso.
Acosta indicó que en la parte superior de la pirámide se ubican factores como la sanidad y el manejo de malezas, entre otros, que explican entre 4% y 5% del rendimiento final.
Aunque su incidencia es menor, forman parte de las decisiones agronómicas que terminan definiendo la performance del cultivo en cada zafra.
Explicó que en planteos de “alta productividad”, en los mejores lotes “se posiciona KWS 16-607 y KM 3916, ambos Viptera 3”. A la vez, en los sistemas “donde es necesario aumentar pisos de rinde, en chacras más heterogéneas, ingresa KWS 19-120 Vip 3”. Y acotó que “todos cuentan con una versatilidad en la densidad de siembra, acorde al planteo que debemos enfrentar y a la expectativa de rinde”.
A la vez, agregó KWS 16-607 VIP 3, “un material granífero de alto potencial y excelente sanidad, con alta tasa de secado, que permite una densidad de hasta 50.000 plantas logradas”. En tanto, KWS 19-120 VIP 3, “es un doble propósito para cosechar grano y/o hacer silo, con excelente perfil sanitario, y permite una densidad de 55.000 plantas logradas”.
La productividad vacuna mostró una mejora significativa durante el ejercicio 2024/2025, con un aumento promedio de 12%, según los resultados del Monitoreo de Empresas Ganaderas del Plan Agropecuario.
También se registró un incremento de 8% en la productividad total, medida como carne equivalente, confirmando una recuperación sostenida tras el impacto de la sequía.
A este desempeño productivo se sumó un escenario de precios altamente favorable. El precio promedio del novillo gordo fue 23% superior al del ejercicio anterior, mientras que el ternero alcanzó un récord histórico en moneda corriente, en un contexto de relaciones de precios más favorables para la compra de insumos clave.
La combinación de más kilos producidos y mejores precios se tradujo en resultados económicos claramente superiores, pese a que los costos de producción por hectárea registraron un leve incremento.
El Ingreso de Capital alcanzó un promedio de 107 US$/ha, lo que representa una suba interanual del 45% y el segundo mejor resultado de la serie histórica en valores corrientes.
El buen desempeño económico estuvo respaldado por un marco productivo favorable. Durante el ejercicio 2024/2025 se consolidó la recuperación del campo natural, con tasas de crecimiento cercanas al promedio histórico y una continuidad positiva en el inicio del ciclo 2025/2026.
A su vez, la encuesta de la Red de Información Ganadera (RING) confirmó una muy buena primavera, con alta disponibilidad de pasto y una mejora en la condición corporal de las vacas de cría.
Estos resultados fueron presentados en una nueva edición de la presentación de Carpetas Verdes, el programa de seguimiento de empresas ganaderas que acumula 24 años ininterrumpidos de información productiva, económica y financiera.
La Asociación de Combustibles Renovables (RFA) y el Consejo Americano de Biogás (ABC) están liderando la conformación de una coalición destinada a impulsar el uso de biocombustibles en el transporte marítimo comercial, un sector clave en la agenda energética y ambiental a nivel global.
La iniciativa, denominada Iniciativa Marítima Estadounidense de Biocombustibles (ABMI, por sus siglas en inglés), tiene como objetivo trabajar con la administración Trump y el Congreso de Estados Unidos para establecer políticas que aceleren la adopción de energía y biocombustibles de producción estadounidense en el sector marítimo internacional.
Según un comunicado oficial, la propuesta apunta a “establecer el dominio estadounidense en el futuro del transporte marítimo mundial”.
Entre los biocombustibles marítimos contemplados se incluyen etanol, biometano, bioGNL, biodiésel y diésel renovable, alternativas que podrían desempeñar un papel relevante en la reducción de emisiones del transporte oceánico.
La creación de la ABMI se produce en un contexto de incertidumbre regulatoria, tras el aplazamiento de un año en la votación de un plan de la Organización Marítima Internacional (OMI) orientado a reducir las emisiones de carbono de los buques oceánicos. La postergación respondió a la presión ejercida por la administración Trump sobre la iniciativa.
“Cada día, Estados Unidos genera residuos orgánicos que deberían transformarse en energía limpia y de origen nacional. El respaldo al mercado de combustibles marítimos impulsará el crecimiento del comercio interno, generando nuevos ingresos para los agricultores y fortaleciendo las economías rurales”, afirmó Patrick Serfass, director ejecutivo del ABC y copresidente de la iniciativa.
Según señaló, la ABMI buscará visibilizar este potencial a medida que los responsables políticos definan el futuro de la producción estadounidense de combustibles marítimos.
En la misma línea, Geoff Cooper, presidente y director ejecutivo de la RFA y también copresidente de la ABMI, destacó que “el sector marítimo representa una enorme oportunidad de mercado para los combustibles renovables fabricados en Estados Unidos a partir de cultivos producidos en el corazón del país”.
La iniciativa, de acuerdo a lo publicado por Agri-Pulse, apunta así a posicionar a los biocombustibles estadounidenses como una alternativa estratégica en la transición energética del transporte marítimo, combinando objetivos ambientales con el fortalecimiento del entramado productivo y rural del país.
La soja volvió a retroceder en el mercado de Chicago, en una rueda que profundizó el sesgo bajista observado a lo largo de diciembre. La estadística del mes muestra cierres negativos en 11 de las 14 ruedas operadas, con una caída acumulada de 7,51% para la primera posición negociada, que pasó de US$ 418,05 a US$ 386,64 por tonelada.
En la jornada más reciente, el contrato julio cerró en US$ 398,68 por tonelada, perforando nuevamente el umbral de los US$ 400, un nivel psicológico que el mercado no logra sostener en el actual contexto.
Entre los fundamentos bajistas, se mantiene como factor central la evolución favorable de los cultivos en Sudamérica, con buenas lluvias registradas en lo que va del mes tanto en Brasil como en Argentina, lo que refuerza las expectativas de una oferta abundante. A esto se suma la confirmación gradual y limitada de compras chinas en Estados Unidos, un elemento que sigue pesando sobre el ánimo del mercado. Cabe destacar que la lentitud en las ventas externas estadounidenses no se limita únicamente a China.
En ese marco, y dentro del cronograma de actualización de los informes semanales de exportaciones de Estados Unidos, cuyas cifras completas recién quedarán actualizadas el 2 de enero, el USDA relevó ventas de soja 2025/2026 correspondientes al período del 21 al 27 de noviembre por 1,106 millones de toneladas (Mt), un volumen que se ubicó dentro del rango esperado por los operadores, que manejaban estimaciones de entre 0,6 y 2,0 Mt.
Con estas operaciones, Estados Unidos acumula compromisos de exportación por 21,83 Mt, lo que representa una caída de 39,31% frente a los 35,97 Mt comercializados a igual altura del año pasado. Con el foco puesto en los movimientos de China, el reporte mostró ventas al gigante asiático por 509.000 toneladas, elevando el acumulado hacia ese destino a 3,015 Mt.
Además, en sus partes diarios, el USDA confirmó una nueva venta de soja estadounidense 2025/2026 a destinos no especificados, por 114.000 toneladas, que aportó algo de sostén puntual al mercado, aunque sin modificar la tendencia general.
En el plano productivo, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) informó que la siembra de soja en Argentina avanzó sobre el 67,3% de los 17,6 millones de hectáreas previstas, tras un progreso semanal de 8,7 puntos porcentuales, favorecido por la mejora de las condiciones climáticas.