La comercialización de soja de la zafra 2024/25 en Mato Grosso alcanzó 88,72% de la producción total en julio de 2025, un aumento de 6,79% frente al mes anterior, impulsado por la valorización del grano y una mayor demanda. A pesar del avance, el ritmo se mantiene 3,63% por debajo del registrado en igual mes de 2024 y 1,66% inferior al promedio de los últimos cinco años.
El precio medio mensual cerró en US$ 357,36/t, un alza de 5,09% respecto a junio, sostenida por los premios portuarios, señala el informe semanal de Instituto de Economía Agrícola (Imea) de Mato Grosso (Brasil), publicado este lunes 11.
Para la zafra 2025/26, con la siembra próxima a comenzar, las ventas llegaron al 22,49% de la producción estimada, tras un incremento mensual de 4,99 puntos. El nivel sigue entre los más bajos de la serie histórica para esta etapa, afectado por precios menos atractivos. El valor medio negociado fue de US$ 330,97/t, un 2,33% más que en junio.
En el plano industrial, el procesamiento de soja en julio alcanzó 1,18 millones de toneladas (Mt), un récord para el mes y un aumento de 3,61% frente a junio y de 12,70% en comparación con julio de 2024. En los primeros siete meses del año, Mato Grosso procesó 7,90 Mt, 3,77% más que en igual período de 2024. El Imea proyecta que en 2025 se alcanzarán 12,99 Mt, lo que marcaría un nuevo máximo histórico.
Pese al volumen récord, el margen bruto de molienda cayó 14,93% en el mes, a US$ 78,87/t, afectada por la baja del precio del subproducto de soja y el encarecimiento de la materia prima.
En el mercado portuario, el premio en Santos se disparó 16,03% en la semana, a US$ 75,05 por tonelada, equivalente a ¢US$ 207,00 por bushel, apoyado en la mayor demanda externa.
Filipinas y el desafío del arroz: ciencia, innovación y sostenibilidad para alimentar a más de 110 millones de personas. La misión comercial de Tafirel por China y el sudeste asiático incluyó una etapa clave en Filipinas, donde el grupo de técnicos y empresarios pudo conocer de primera mano el funcionamiento del sistema arrocero de ese país, donde visitaron chacras, predios demostrativos y el Instituto Filipino de Investigación en Arroz (PhilRice).
Desde la conservación de germoplasma, hasta el uso de inteligencia artificial para reducir emisiones, Filipinas impulsa una estrategia nacional que combina investigación, producción y políticas públicas para asegurar el abastecimiento del cereal más consumido en aquel país.
Cultivo central en la seguridad alimentaria
El arroz no es solo un cultivo en Filipinas, es el eje de la seguridad alimentaria, la cultura y el sustento económico de millones de productores. Cada filipino consume entre 150 y 191 kilos de arroz por año, según distintas fuentes, lo que ubica al país entre los 10 de mayor consumo per cápita a nivel mundial.
Sin embargo, la producción nacional no alcanza para cubrir la demanda. En los últimos años Filipinas se ha consolidado como uno de los principales importadores mundiales de arroz, con un volumen proyectado de 4,75 millones de toneladas (Mt) en 2024. Esto obliga a una estrategia dual: por un lado, fortalecer el sistema productivo local y, por otro, mantener relaciones comerciales estables con países proveedores.
Producción nacional: récord y retroceso
En 2023 Filipinas alcanzó su mayor cosecha en cuatro décadas: 20,06 Mt de arroz en cáscara. No obstante, en 2024 la producción cayó a 19,09 Mt, registrando una baja de 4,8%, según la Autoridad de Estadísticas de Filipinas (PSA, por su sigla en inglés). El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por su sigla en inglés) manejó una cifra algo mayor (19,3 Mt), mientras que la FAO proyectó una cosecha de 19,7 Mt para el ciclo 2024-2025, apenas por encima del promedio de los últimos cinco años.
El cultivo cuenta con dos temporadas anuales, la primera de junio a noviembre, y la segunda de diciembre a mayo.
Productividad regional
El rendimiento promedio nacional se ubicó en 4,17 toneladas por hectárea, pero con fuertes variaciones regionales. Las estaciones experimentales de PhilRice, el instituto nacional de investigación del arroz, muestran mejoras relevantes en muchas zonas: Nueva Ecija (Región 3), de 3,24 toneladas por hectárea (t/ha) en 1990 a 6,28 t/ha en 2023; Ilocos Norte (Región 1), de 2,83 a 5,20 t/ha; Isabela (Región 2), de 3,83 a 5,04 t/ha; Los Baños y Laguna (Región 4-A), de 3,42 a 4,77 t/ha; Bicol (Región 5), de 3,33 a 3,79 t/ha; en Albay subió a 4,31 t/ha; y en Bangsamoro (Región autónoma), de 2,18 a 3,47 t/ha. Otras regiones como Midsayap, Negros, Cotabato, Agusan, Davao y Zamboanga también registraron mejoras sostenidas.
Estas mejoras responden, en gran parte, al trabajo de PhilRice en genética, mecanización, extensión y manejo agronómico.
PhilRice: Un instituto estratégico
El PhilRice es una entidad estatal financiada por el gobierno filipino, que depende del Departamento de Agricultura de ese país. Fue creado en 1985, con el objetivo de desarrollar tecnologías que mejoren la productividad, rentabilidad y sostenibilidad de las comunidades arroceras, con base científica, enfoque social y adaptación al cambio climático.
PhilRice articula sus acciones bajo el enfoque R4DE (Investigación para el Desarrollo y Extensión del Arroz), y su lema es “mejores comunidades arroceras”. Su estructura incluye estaciones en todo el país, equipos técnicos regionales, sistemas de información, y una red de programas que abarcan desde semillas hasta sostenibilidad ambiental.
Como parte de su identidad institucional, PhilRice promueve los valores fundamentales agrupados en el acrónimo RICE. La R hace referencia a la relevancia, capacidad de respuesta y resiliencia. La I a la integridad, innovación e inclusividad. La C al espíritu colectivo, convergencia y enfoque en el cliente. Y la E a la excelencia, equidad y empatía. Estos principios orientan el trabajo del instituto en ciencia, extensión y compromiso con los productores.
Producción de semillas y nuevas variedades
Uno de los logros más visibles de PhilRice es el desarrollo de 121 variedades de arroz: 58 variedades irrigadas en tierras bajas, 13 híbridos, nueve mejoradas para tierras secas, dos de tierras altas, cuatro tolerantes al frío, 21 a la salinidad, dos al anegamiento y dos al calor extremo, entre otras.
A través del programa RCEF (2019-2025), se distribuyeron más de 19,8 millones de bolsas de semillas certificadas a 2 millones de agricultores en 77 provincias. Estas semillas, acompañadas de capacitación y asistencia técnica, son claves para mejorar rendimientos y estabilidad productiva.
Maquinaria, herramientas y formación
Para mejorar la eficiencia en sistemas de predios pequeños (de una a cinco hectáreas) aunque algunos pueden llegar hasta 80 hectáreas, PhilRice desarrolló y adaptó maquinaria específica: sembradoras manuales, motocultores, trilladoras móviles, minicosechadoras y secadoras como la Maligaya flatbed dryer. También se incorporaron tecnologías poscosecha, clasificadores de grano y molinos husker.
Además, se diseñaron herramientas de diagnóstico y aplicaciones móviles, como el Leaf Color Chart (para manejo de nitrógeno), Minus-One-Element Technique, eDamuhan (para control de malezas), y Binhing Palay (base de datos de variedades).
En paralelo, se realizaron más de 5.300 eventos de capacitación entre 2019 y 2024, con más de 125.000 productores participantes.
Un banco de genes para el futuro
PhilRice también lidera la conservación de los recursos genéticos del arroz filipino a través de su División de Recursos Genéticos (GRD). Allí se preservan más de 20.000 variedades, que representan la diversidad de cultivos nativos y adaptados del país.
El proceso incluye: recolección y documentación (sitio, agricultor, condiciones de siembra y fecha de cosecha); limpieza, secado y pruebas de viabilidad; regeneración bajo condiciones controladas; caracterización agromorfológica (25 rasgos cualitativos y 16 cuantitativos); evaluación fenotípica en ambientes específicos; y almacenamiento a mediano y largo plazo (hasta 25 años) en cámaras a -20 °C.
Toda la información se gestiona mediante el sistema GEMS (Germplasm Management System), que permite planificar duplicaciones, regeneración y uso de variedades.
Importaciones crecientes y orígenes
A pesar de los avances productivos, Filipinas depende del arroz importado para abastecer su mercado interno, y es el primer importador mundial. En 2024 el 75% del arroz importado provino de Vietnam (3,56 Mt), seguido por Tailandia (598.000 t) y Pakistán (284.000 t). También se importaron volúmenes menores desde Myanmar, India, China, Camboya y Japón.
En valor, Vietnam aportó US$ 1.810 millones en arroz, lo que consolida su papel estratégico como proveedor. La estructura de importaciones refuerza la necesidad de una política nacional de diversificación de orígenes y mejora de la producción interna.
Cambio climático y créditos de carbono
Uno de los proyectos más innovadores de PhilRice es la implementación del riego alternado (AWD), como alternativa al riego continuo tradicional. Esta técnica permite reducir las emisiones de metano (GEI) entre 30% y 50%, disminuyendo el uso de agua en igual proporción.
El proyecto, desarrollado con la empresa japonesa Sagri Co., Ltd. y la Autoridad Nacional de Irrigación (NIA), utiliza sensores, satélites, inteligencia artificial y aprendizaje automático para validar resultados y permitir que los productores accedan al mercado de créditos de carbono bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio (CDM).
Según explicó la investigadora de PhilRice, Dra. Kristine Pascual, el objetivo es “medir la reducción de gases de efecto invernadero y vincular a los agricultores con nuevas fuentes de ingreso sostenible”.
Comunicación, cultura y campañas públicas
PhilRice también trabaja en el plano cultural y comunicacional. Desde museos del arroz hasta ferias técnicas, organiza actividades de divulgación y concientización. Campañas como “Be RICEponsible”, el Año Nacional del Arroz y programas educativos como Infomediary buscan revalorizar el arroz filipino, reducir el desperdicio y promover prácticas sostenibles.
Además, el instituto cuenta con plataformas tecnológicas como Rice Knowledge Bank, RiceYields, PhilRice Text Center y Bininhi e-Padala para facilitar el acceso a información técnica y operativa en todo el país.
Filipinas encara su estrategia arrocera como una política de Estado, donde convergen tecnología, inclusión social, sostenibilidad ambiental y gobernanza institucional. El papel de PhilRice ha sido central para sostener y renovar el sistema, en un país con fuerte presión demográfica, fragmentación de la tierra y alta dependencia del arroz.
La visita de la misión comercial de Tafirel permitió conocer los desafíos productivos del sudeste asiático, y particularmente en Filipinas , el arroz es sinónimo de alimento, cultura y soberanía.
La fertilización ya no se trata de aplicar por aplicar: los productores –especialmente quienes trabajan campos propios– ajustan dosis y mezclas con precisión, atentos a variables como fósforo, nitrógeno, potasio, azufre, materia orgánica (MO) y pH, que definen “nichos específicos de lo que el cultivo necesita”.
Esa lógica se basa en usar bien la información disponible y acompañarse de técnicos con datos objetivos, por medio de análisis de suelo –por ejemplo–, que ayuden a tomar decisiones, explicó a VERDE el director de Agrosiembra, ingeniero agrónomo Gonzalo López.
La demanda por mezclas a medida crece, y con ella, el interés por micronutrientes. Zinc, magnesio, boro, cobalto y molibdeno entran en escena, aunque López aclara que primero “hay que tener muy claro el marco general antes de afinar”.
Zinc, magnesio y boro, que aparecen cada vez con más frecuencia en consultas y ensayos. Afinar los micros sin haber balanceado los macros es, para López, saltear un paso fundamental. La prioridad sigue siendo definir bien los nutrientes base y trabajar sobre su equilibrio.
En ese camino, la aplicación también cambió. En Agrosiembra promueven que el fertilizante se comercialice aplicado, con servicios que combinan mezclas balanceadas a demanda y equipos de última generación.
Para el ingeniero agrónomo no se trata solo de entregar un producto, sino de sumar valor desde el servicio, optimizando tiempos y evitando desajustes logísticos. “Nos facilita la logística”, dice López, pero también permite responder con más agilidad cuando las ventanas se achican. Por eso sumaron un tercer equipo de fertilización y reforzaron la atención en zonas estratégicas, como Durazno y Florida, y estaremos en Cardona próximamente. Nunca le dijimos que no (por falta de disponibilidad) a un productor” sostuvo.
Agrosiembra acompaña esta transición desde un modelo “centrado en el servicio integral y ágil”, asegura el director de la empresa que cuenta con seis puntos de venta (Canelones, Progreso, Mercedes, Dolores, Durazno, Florida y próximamente en Cardona) y un equipo de 10 agrónomos en campo.
Con más de 10 años en el rubro, López asegura que el mayor cambio en la comercialización de insumos fue la necesidad de estar más cerca del productor. “Los tiempos son muy cambiantes y cada vez hay que tomar decisiones más rápido”, explicó. A propósito, señaló que las condiciones del clima, la rotación ajustada de labores y la incorporación constante de tecnología hacen que el trabajo técnico tenga que ser fluido”, dijo.
El ingeniero agrónomo remarcó que “esa cercanía no se traduce solo en presencia territorial”, sino que implica “conocer el sistema, entender la coyuntura y estar ahí cuando hay que decidir”. Y enfatizó que “cada sistema es distinto al del vecino”.
En paralelo, el porfolio de insumos de Agrosiembra abarca desde agroquímicos –herbicidas, fungicidas, insecticidas, glifosato, raciones– hasta semillas de colza, carinata, forrajeras, trigo, cebada, maíz y soja, según la campaña. La clave, según López, es “estar preparados para ofrecer lo que el productor precisa, en el momento en que lo precisa”. Y señaló que eso implica una logística ajustada, con una red que garantice disponibilidad en cada punto de venta.
Entre las novedades del portafolio se destaca la incorporación de una línea de sulfato de calcio, comercializada con el nombre Sulfast, de la firma Recuperar. Se trata de un producto con 19% de azufre, en forma de sulfato, que “viene siendo muy demandado en sistemas forrajeros y cultivos extensivos, por su capacidad para mejorar la MO, corregir pH y aportar azufre disponible con curvas de dilución prometedoras”.
“Contamos con información muy buena y objetiva sobre este producto, con datos validados por la empresa Unicampo, lo que nos da mucha tranquilidad a la hora de ofrecer y recomendar el producto”, señaló. Además, anticipó que es una herramienta “con alto potencial para ambientes que requieren recuperar estructura y eficiencia del suelo”.
El cultivo de soja ha sido el verdadero motor de la agricultura de secano en las últimas dos décadas, y estamos terminando una zafra que tendrá rendimientos que se espera sean récord, posiblemente superando la zafra 2018-2019. Sin embargo, la sensación general es de cierta insatisfacción, porque los ingresos logrados estarán por debajo de las expectativas debido a los precios históricamente bajos de los granos.
El notable rendimiento obtenido se debe a una combinación de factores favorables. Se sembraron las sojas en la primera quincena de noviembre, logrando excelentes implantaciones. Posteriormente, el clima permitió tener buenas condiciones para la cosecha de cultivos de invierno y sembrar de inmediato los cultivos de segunda. Comenzó con un óptimo stand de plantas y con la siembra finalizada antes del 15 de diciembre. Durante la floración y el llenado de granos mantuvimos buenas condiciones hídricas, gracias a las lluvias, que comenzaron a fines de enero.
Si bien los números después de renta serán positivos, se debe tener en cuenta que el sector viene aún golpeado por la sequía de 2022-2023, en donde muchos productores debieron endeudarse para seguir en el ruedo, y es poco probable que esto se pueda solucionar con los actuales precios de la soja, a pesar de la excelente producción.
Esto explica por qué hay un gran porcentaje del grano sin vender, muchos productores necesitan defender al máximo el precio de esta zafra para poder aliviar el peso del pasivo acumulado tras la última sequía, que si bien no los detiene, baja mucho la dinámica del sector.
Zafra 2025-2026: Un horizonte incierto
Al analizar la próxima zafra nos encontramos ante un año que se presenta ante un importante desafío: precios que no muestran señales de recuperación, y rendimientos que difícilmente se repitan.
Sin embargo, si bien es fundamental proyectar el resultado de los diferentes cultivos, la historia nos ha enseñado que las proyecciones sobre el clima y precios raramente se cumplen. Por ello, se debe poner esta variabilidad en consideración, y en base a esto podemos decir que la planificación estratégica, la diversificación, la mayor intensidad agrícola y una sólida base agronómica se convierten en nuestras mejores herramientas para enfrentar estas aguas turbulentas.
Estamos ante una zafra que exige un enfoque estratégico y una gestión precisa de los recursos. El éxito dependerá de ser cuidadosos con los costos, implementar buenas prácticas agronómicas y realizar un monitoreo continuo para optimizar el uso de insumos. Además, es esencial estar atentos a los mercados, ya que captar las oportunidades de precios que surjan puede marcar la diferencia. En este contexto, cada decisión cuenta, y cada paso puede ser el que nos lleve del desafío a la oportunidad.
Es vital dejar atrás la práctica de decidir los cultivos en función de las fluctuaciones temporales de precios, y adoptar una planificación estratégica basada en rotaciones intensas y diversificadas, pensadas a largo plazo.
Las empresas agrícolas que diseñen su producción con visión de años y no de meses, estableciendo ciclos sostenibles y resilientes, serán las que realmente prosperen. La adecuada planificación y gestión de los recursos nos permitirá construir un futuro agrícola estable y rentable.
El 12 de agosto de 2025, la Comisión del Arancel de Aduanas del Consejo de Estado de China emitió el Anuncio N° 8 [2025], mediante el cual resolvió extender por 90 días la suspensión del arancel adicional de 24% aplicado a las importaciones originarias de Estados Unidos.
La medida, que entró en vigor a las 12:01 horas del mismo día, mantiene vigente la tasa adicional de 10%. Según el comunicado oficial, la decisión busca implementar el consenso alcanzado en las recientes consultas económicas y comerciales entre China y Estados Unidos, y fue aprobada por el Consejo de Estado.
En paralelo, el presidente de EEUU, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que frena hasta el 10 de noviembre la suba de aranceles a las importaciones chinas, manteniendo una tasa del 30% en lugar del 145% previsto. El Ministerio de Comercio de China también prorrogó la suspensión de sus propias medidas, evitando que sus tarifas a los bienes estadounidenses trepen al 125%, según informó Reuters.
La prórroga, que coincide con la temporada de compras navideñas, da margen a importadores y minoristas para incrementar inventarios con aranceles más bajos. Para el agro estadounidense, el acuerdo mantiene abierto un canal comercial clave para soja, maíz, carne vacuna, porcina y aviar, aunque fuentes consultadas señalan que China no ha concretado compras significativas de soja a EEUU en las últimas horas, pese a que Trump llegó a exigir que se cuadruplicaran los volúmenes.
Pekín calificó la extensión como “una medida para implementar el importante consenso alcanzado por los dos jefes de Estado” en su llamada del 5 de junio, mientras que Trump afirmó que ambas partes están cerca de un nuevo acuerdo y podría reunirse con Xi Jinping antes de fin de año, indicó Reuters.
Analistas como Wendy Cutler, ex alta funcionaria comercial estadounidense, ven la decisión como una señal de distensión que podría allanar el camino para un entendimiento más amplio en el otoño boreal.
Entre enero y julio de 2025, Uruguay importó un total de 57.782 toneladas de carne (bovina, porcina y aviar), por un valor de US$ 229,46 millones, según datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC). Esto representa un incremento de 13,0% en volumen y de 33,5% en facturación frente a igual período de 2024, cuando se registraron 51.117 toneladas por US$ 171,92 millones. Del total importado la carne porcina representó el 55%, el 42,5% fue carne bovina y el 2,5% fue carne aviar.
La carne bovina totalizó 24.518 toneladas importadas por US$ 130,3 millones, frente a las 21.102 toneladas por un monto de US$ 95,96 millones del mismo período de 2024. Esto implica un crecimiento de 16,2% en volumen y de 35,8% en facturación, con un precio promedio que pasó de US$ 4.547 a US$ 5.315 por tonelada.
La carne porcina fue la categoría más importada en volumen, con 31.871 toneladas y un valor total de US$ 95,95 millones, lo que significó incrementos de 15,0% en volumen y de 35,9% en valor respecto a las 27.714 toneladas y US$ 70,62 millones de un año atrás.
La carne aviar sumó 1.393 toneladas por US$ 3,21 millones entre enero y julio de 2025, por debajo de las 2.301 toneladas y los US$ 5,34 millones de igual período de 2024. Esto implica caídas de 39,5% en volumen y de 39,9% en facturación; el precio promedio pasó de US$ 2.321 por tonelada a US$ 2.304 (-0,7%).
Brasil se mantuvo como el principal proveedor, con 52.346 toneladas enviadas a Uruguay en el período, seguido por Paraguay con 3.827 toneladas. Argentina, que en los primeros siete meses de 2024 había exportado 3.715 toneladas, redujo su participación a 1.270 toneladas en igual período de 2025. También se registraron envíos menores desde Chile, España, Dinamarca y Estados Unidos, de acuerdo a la información de INAC.
La faena de vacunos totalizó 48.119 cabezas en la semana del 3 al 9 de agosto de 2025, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC). Esto representó un aumento de 1.085 cabezas (+2,3%) frente a las 47.034 registradas en la semana anterior. Los novillos representaron el 52% del total semanal, con 25.161 cabezas, seguidos por las vacas con 15.201 (32%) y las vaquillonas con 7.102 (15%).
Entre las plantas con mayor actividad se ubicaron Tacuarembó con 7.042 cabezas, Las Piedras con 6.192, Ontilcor con 4.336, Carrasco con 4.333, San Jacinto-Nirea con 4.215 y Pulsa con 3.753. En conjunto, las diez industrias más activas concentraron el 75,4% del total faenado en la semana.
En lo que va del año, la faena acumulada asciende a 1.487.292 cabezas, lo que implica un aumento de 6,4% respecto al mismo período de 2024. Del total anual, se llevan faenados 734.554 novillos (49%), 518.011 vacas (35%) y 209.766 vaquillonas (14%).
Los frigoríficos con mayor volumen de faena en lo que va de 2025 son Tacuarembó con 161.801 cabezas, Las Piedras con 140.528, Ontilcor con 123.546, San Jacinto-Nirea con 120.742, Pulsa con 120.425, Canelones con 90.482, Cledinor con 90.966, Inaler con 89.101, Carrasco con 85.387 y Establecimientos Colonia con 82.468. Estas diez plantas acumulan 1.105.066 animales, lo que representa el 74,3% de la faena total del año.