Si bien por las condiciones climáticas que hubo durante este verano, “estamos frente a una zafra de cultivos que en el caso de la soja podría alcanzar niveles históricos, preocupan al sector los problemas logísticos que se pueden dar y el futuro de la agricultura en el país”.
En entrevista con VERDE, el Director de Fadisol, Carlos Foderé, dijo que “no es sostenible que la soja banque a las empresas agrícolas y a toda la cadena”. A su entender, “si bien el país no puede incidir en la mejora de los valores de los otros cultivos que permitirían tener una agricultura sostenible, se pueden bajar los costos, no aumentar el gasto público y el Estado debería dar señales de austeridad”.
– ¿Cómo está el negocio agrícola hoy?
– Yo creo que la agricultura está mal, y soy benevolente cuando lo digo así. Hagamos un paréntesis con la soja 2017 por clima y por mercados porque no lo manejamos nosotros. Siendo optimistas y suponiendo que va a salir todo bien, la soja va a tener un buen año y una rentabilidad aceptable. Pero no es sostenible que la soja banque las empresas agrícolas y a toda la cadena. Se necesitan hacer rotaciones por el cuidado del suelo y es necesario amortizar todo, en al menos dos zafras, es decir cultivos de invierno y de verano. Pero tenemos un trigo planchado en su precio, la cebada esta topeada y por más que la canola crezca, no tiene incidencia. No tenemos otro cultivo que deje algo de rentabilidad en un año excelente como este. En prácticamente todos los cultivos, se pierde dinero. Esto lo venimos arrastrando desde hace por lo menos tres años, con números negativos en la gran mayoría de las empresas, con un creciente endeudamiento en las mismas, con una cadena de pagos que está bastante golpeada, y sin ver claro el futuro. Lo que si vemos día a día, es que no solamente se enfrenta el aumento del costo el país, sino que se aumenta. También tenemos un tipo de cambio frenado, que es un tema internacional, por lo cual no quiero culpar al gobierno, pero todo esto arma un combo que es la tormenta perfecta.
– ¿Los costos son la principal preocupación?
– Creo que los precios internacionales tienen un gran efecto, pero no lo dominamos nosotros. Yo voy a los deberes que debemos hacer y no esperar a que hagan los demás. Nosotros no podemos modificar el precio del trigo, la cebada, el maíz o la soja. Lo que sí podemos hacer es ser más eficientes a nivel país. La cadena agrícola sigue pasando por una etapa de ajuste severo. Se han ido los grandes grupos agrícolas. Todas las empresas estamos tratando de ser más eficientes. El problema es que la señal del gobierno es gastar más y poner más impuestos. No veo una señal de austeridad por parte de ellos. El Uruguay vive de la agropecuaria, pero hay un millón y pico de personas en Montevideo que no lo sabe y que piensan que el país vive del Estado. No hay conciencia de la importancia que tiene la agropecuaria en la economía del país. Miremos las exportaciones: carne, celulosa, soja, leche y arroz son los principales productos. Hay que tener dos dedos de frente para darse cuenta de qué vive el país. Deberíamos tener una política nacional orientada hacia la agropecuaria y es todo lo contrario, acá se privilegia a los empleados públicos. ¿Cómo pude ser que haya 60.000 empleados público más? ¿Cómo puede ser que haya pasado lo que pasó con ANCAP y sigamos pagando un combustible, que es un insumo muy importante, a los precios que lo pagamos? Es claro que hay que cerrar ANCAP, abrir la importación de combustible refinado y cerrar la refinería. Yo sé que son medidas radicales y que no son fáciles de hacer, pero es una medida que tiene que tomar un país en serio para privilegiar a los 3 millones de habitantes. Hagamos una política agropecuaria que incentive a que la gente se vaya al interior a trabajar en donde hace falta mano de obra.
– ¿Cómo ven el hecho de que se vaya a hacer una inversión millonaria en infraestructura si prospera una tercera planta de UPM?
– Primero que nada, me encantaría que se instale otra planta de celulosa porque es un producto 100% exportable que genera mucho trabajo. Además no compite con los rubros que ya tenemos. Bienvenidas ese tipo de inversiones que le hacen muy bien al país. Este gobierno ha hablado hasta el cansancio de muchos temas pero sin tener idea. Bienvenido que se reactive el ferrocarril, que se hagan carreteras, que mejoren el puerto, y que le den algún dulce a UPM con algunos años de exoneración impositiva. Lo que yo no entiendo es que le den todo a alguien que viene a producir algo que ya está (los árboles ya están plantados) y que va a exportar como exportamos los productores de soja, carne, leche o arroz. Hay una diferencia muy grande. La respuesta entonces es que debe presionar, porque el que presiona logra los resultados. Yo sé que hay que negociar, pero no hay que darles todo. Hay que ser más equitativo. ¿Por qué darle todo a una empresa y castigar al resto de los rubros que también somos productores de productos exportables? Hay una contradicción y eso pasa en el gobierno del Frente Amplio (FA). Eso que siempre escuché del FA, de criticar a las multinacionales y defender la producción local, es la antítesis de lo que está pasando. A nosotros nos dan servicios muy malos y caros, tenemos que subsidiar los desastres que hacen en las empresas públicas y todos los días aparece un nuevo impuesto cuando el Presidente Tabaré Vázquez y el Ministro (de Economía y Finanzas) Danilo Astori prometieron en campaña que no habría nuevos impuestos. Nos toman el pelo, crece la burocracia y nadie deja su silla. Estamos en una situación mucho peor de lo que estaba cuando estaban los gobiernos tradicionales.
– Teniendo en cuenta que la agricultura podrían ser demandante de servicios como el ferrocarril, ¿ha habido contactos con el sector por estas posibles mejoras en infraestructura?
– Si hubo, lo desconozco. Pero no creo que el ferrocarril sea competitivo en tramos de 200 o 300 km. Mirando de aquí a 10 años, es claro que un ferrocarril no compite con un camión.
-Una vez me dijo que al puerto de aguas profundas impulsado por José Mujica no lo iba a ver usted, ni sus hijos ni sus nietos, ¿Cómo observa la sucedido?
– Siempre estuve convencido de que eso no iba a salir. Siempre dije que no iban a verlo ni mis hijos, ni mis nietos, y ahora agrego a mis bis nietos. Lo que sí vamos a ver es la terminal Tacuarí porque son proyectos a la uruguaya, de muy baja inversión y alto impacto. Esto le cambiaría la vida al Noreste del país. Estamos trancados por todos los cambios políticos en Brasil. No podemos arrancar sin el dragado del canal de navegación del lado brasileño. Es el mejor emprendimiento que va a existir para esta zona. Es racional para Uruguay, lo opuesto al de Aguas Profundas.
– ¿Cómo ve el protocolo fitosanitario que Uruguay firmó con China y cómo puede influir en el tema logístico?
– Yo lo veo muy complicado. Cuestionarlo ahora no tiene sentido, y más con el peso que Uruguay tiene frente a China. No hay dudas de que va a complicar la logística. El acuerdo supone aumentar los controles de campo y de post cosecha por las malezas y hongos. Además existen cláusulas que establecen que China puede rechazar barcos enteros, suspender las compras de Uruguay, cerrar terminales portuarias, etc. Es muy difícil pensar que uno puede cumplir con el 100% del protocolo. Por más que se hagan controles en los camiones, la muestra es muy chica frente a los kilos que se transportan. Esto aumenta los costos de quienes recibimos, acondicionamos, hacemos la logística y cargamos los barcos. Demora más la operativa y aumenta los costos porque hay que poner más personas a trabajar. El hecho de no poder embarcar directo de chacra a puerto, como siempre se ha hecho, también complica. La logística uruguaya no da en un año normal, y menos en uno como este. Y si se aplican con rigor todas las normas que deberían aplicarse para cumplir con éxito el protocolo firmado, la logística va a colapsar.
El Ing. Néstor Leguísamo señaló que los productores dueños de campos, a diferencia de lo que pasaba el año pasado, piensan en disminuir la introducción de pasturas en sus predios, esto es motivada por los valores de la carne y la expectativa que genera la soja. Además, analizó la problemáticas de malezas, la agricultura continua y la intención de cara a la siembra de invierno.
– ¿Cómo viene el movimiento del área agrícola hacia pasturas en la zona núcleo?
– En los últimos dos años la rentabilidad de la soja cayó, por la caída de precios y por los problemas productivos. En ese escenario apareció, para los propietarios de buenos suelos agrícolas, con buenas perspectivas la producción de carne, ya que la soja no tenía el margen de otros años, se aprovechó a introducir una ganadería que otorgaba menos margen pero se aprovechó para descansar campos agrícolas que venían con muchos años de agricultura continua con siembra directa. Se empezó con praderas cortas de trébol rojo y cebadilla para volver en poco tiempo a la agricultura. Pero este año la soja se ve con mejores precios y expectativas de rinde. Al tiempo que los precios ganaderos han decaído. Esto lleva a los productores a bajar la introducción de pasturas. En esta zona, la agricultura, en los buenos campos, otorga mejores márgenes que la ganadería.
– ¿Cómo son esos números?
– Hay empresas que en el ejercicio 2015/2016 tuvieron rindes en soja de 3.000 kilos porque esos campos volvían de las pasturas. Y en los campos que estaban en agricultura se obtuvieron unos 2.400 kilos. Siempre hablando de campos propios, porque si son arrendados hay que pensar en un arrendamiento de entre 800 y 1.000 kilos de soja, con lo cual hacer una pradera es prácticamente imposible. Pero esos 2.400 kilos de soja, obtenidos en campo propio arrojan un margen de unos US$ 300, que supera al que deja la ganadería. En este contexto hay dos tipos de empresas, las que están solidas económicamente seguramente algunas piensen en rotación con pasturas, aunque en una menor magnitud frente a lo que se pensaba hace un tiempo atrás. En tanto, a las que les comienzan a aparecer algunos pequeños inconvenientes financieros, seguirán en agricultura para recomponer la situación.
– ¿Por lo tanto, en ambos casos el perfil agrícola será el más importante?
– Si. Seguirán apareciendo praderas pero mucho menos de lo que se pensaba. Este año hubo un exceso de forraje y una muy buena producción de las praderas. Pero, al invernador se le hizo muy difícil conseguir la reposición, porque estaba con altos valores y escaseaba oferta. Entonces las praderas se pasaron, en enero estábamos con exceso de forraje y sin poderlo aprovechar, se podría cosechar o enfardar pero eso implicaba más costos. Y por ejemplo, en frente una chacra de soja en buenas condiciones y con un clima que si sigue acompañando, seguramente rinda unos 3.000 kilos. Si se comparan los números de una situación y la otra, no queda mucho margen de maniobra.
– ¿Cómo viene la definición de los planes de siembra?
– Como está el escenario, somos dependientes de la soja, porque el maíz terminará rindiendo muy bien, hay casos de 8.000 y hasta 10.000 kilos en secano, pero el área es muy limitada. Fundamentalmente la realizan productores con campo propio, que tienen encierro o tambo. Las expectativas para los cultivos de invierno son complejas, en campos propios con buenos rindes y precios como los actuales, el margen es muy exiguo y el riesgo es alto, dado que hasta que no se coseche no se sabe que puede pasar. La tendencia indica un achique del área de invierno, donde hoy no se habla de trigo, veremos qué pasa con la cebada, para esto son claves los planes de las malterías, la colza no incide hoy en el área global.
– ¿Qué alternativas hay para el invierno: puentes verdes y pastoreo?
– En esta zona, la agricultura casi no ha perdido área, la soja prácticamente domina toda la superficie, fue muy poca la que destinó a pasturas. Pero lo que pasaba hace algunos años, era que toda el área de soja de primera se destinaba a los cultivos de invierno, actualmente de esa superficie solo se destina un 20% aproximadamente para la siembra de invierno. Se eligen muy bien los campos para trigo, cebada y colza. En tanto en el resto se siembran cultivos de coberturas que en la gran mayoría se pastorean.
– ¿Cómo es el número para pastorear una cobertura, se cubren los costos de la misma?
– No hemos sacado números, pero por lo general son en campos propios donde todo está interrelacionado, donde además de los puentes verdes, hay praderas, y desperdicios que son pastoreados. Algunos cultivos cobertura se siembran y se llevan 50 kilos de urea, otros se realizan al voleo. La mayoría de las veces, no se mira tanto el margen, sino lo que deja al sistema. Por ejemplo, un caso particular de un productor en un campo arrendado, se le puso mucho ganado, afortunadamente llovió y la soja se implantó bien, pero deja la enseñanza, y para el año que viene la cantidad de ganado será bastante menor. Porque si no los campos quedan muy pisoteados y se llega muy sobre la fecha a la siembra y ese no es un elemento menor. Además, el margen de esa ganadería fue bajo, frente al riesgo de perder potencial en la soja.
– La problemática de las malezas, ¿cómo se ve?
– Se está complicando, este año se vio más la presencia del yuyo colorado, si la carnicera nos ha complicado, sin dudas esto es mucho peor. Si entra a los sistemas de producción, demandará más costos para su control y el mismo tampoco es seguro. Se está distribuyendo mucho, hay yuyo colorado autóctono, más el Amaranthus Palmeri que ingresó desde el exterior, en alguna cosechadora y además los pájaros que lo están desparramando. A eso hay que sumarle, que el raigrás resistente se está incrementando cada vez más, y la yerba carnicera que cuesta controlarla, porque otros grupos de herbicidas están teniendo dificultades para su control. La problemática de las malezas se va complicando cada vez más. Las malezas se están llevando una cifra importante en dólares. Por ejemplo pensando en una soja de primera, hay que tratar una o dos veces la hoja ancha en las coberturas de invierno, se suman los graminicidas, más los desecantes como el Paraquat, después las aplicaciones sobre los raigrases que no mueren. Con lo cual, el control de malezas puede llegar a demandar hasta US$ 40-50 más por hectárea (con los hormonales, graminicidas, desecantes y pre-emergentes), frente a lo que se demandaba cuando el glifosato controlaba todo. Además, si el yuyo colorado se complica, demandará entre US$ 50 y US$ 100 adicionales por hectárea.
Aproximadamente un 10% de la superficie sojera explotada frente al pico de área de hace 3 años, el departamento de Cerro Largo se ha visto obligado a reconvertir sus sistemas productivos y buscar el mix adecuado para mejorar la ecuación del productor.
El Director de Nitrobacter y Semillería El Rincón, Ing. Agr. Rosendo García, dijo que si bien, las rentas han tenido una corrección a la baja, los altos costos de los fletes, entre otros, imprimen problemas de competitividad en la producción agrícola, que impiden a la región Noreste, expresar todo su potencial.
El desarrollo sojero en el departamento estuvo de la mano de los grandes grupos agrícolas que desembarcaron en el país cuando el valor de la oleaginosa comenzó a trepar en el mercado internacional. Cuando el precio cayó “Cerro Largo fue uno de los bastiones que se replegó”, lo que impactó en el área de soja significativamente. “La soja actualmente, queda confinada a aquellas empresas ganaderas o a agricultores locales que con la dotación de maquinaria que tenían y la disminución en el valor de las rentas, encuentran algunos nichos para seguir perseverando con el cultivo, aunque no se sabe por cuánto tiempo más”, explicó.
En cuanto al área de soja, el Director de Nitrobacter y Semillería El Rincón, sostuvo que hoy solamente se está explotando entre un 10% y un 20% del área que se explotó en “la época dorada. La soja está confinada a pequeños sistemas, en chacras más chicas, mejor controladas y vinculadas a productores locales. Ese es el perfil predominante”.
García recordó que hoy el costo del flete tiene una fuerte incidencia en la ecuación del productor ya que “poner una tonelada de soja en el puerto a nosotros nos cuesta entre US$ 50 y US$ 70. Los negocios agrícolas se terminan en la ruta, no porque falte potencial agrícola físico, sino porque los números no dan”. El empresario entiende que el país no ha sido capaz de darle al departamento condiciones de competitividad para que se pueda volcar al PBI agropecuario todo el potencial que Cerro Largo tiene. “Los recursos humanos y naturales están, lo que no están son las condiciones para que ese sistema se exprese y derrame su productividad y sus excedentes al resto del país”.
El impacto que ha tenido la disminución del área sojera repercute en la economía de todo el departamento. “Sin dudas todo esto nos dejó algunas cosas buenas y otras que hay que replantearse. De la mano de la soja, los sistemas pastoriles vinculados a este cultivo estaban asociados únicamente a los verdeos, esa es la herencia. Esas áreas de soja pasan a ser avena y raigrás y nos olvidamos un poco de lo que hacíamos antes, mezclando las leguminosas forrajeras. Creo que éstas tienen un lugar insustituible en los sistemas, fundamentalmente para la ganadería que es lo principal que tenemos en el departamento y en el país”.
García explicó que hoy los acuerdos son más flexibles intentando armonizar la ganadería con la agricultura. “Hoy pesa más el flete que la renta. La cuenta agrícola se viabiliza con un puerto en la Laguna Merín. Eso permitiría bajar el flete de US$ 70 a US$ 10”. Por último, García sostuvo que con mejoras en la infraestructura y en la competitividad “se podría viabilizar esta zona del país, contribuyendo a los números macro que le interesan al gobierno. Como país, no podemos darnos el lujo de prescindir de esta cuenca, pero para eso se necesita un sentido y conocimiento nacional más amplio, más inclusivo territorialmente hablando y que a la postre se traduzca en voluntad política para intentar cambiar la realidad”, sentenció.