Ajuste de jugadores en la rotación para subir rindes y bajar los costos

By Cristina Fumero,

El buen diseño de la secuencia de cultivos puede impactar favorablemente en la productividad, así como en el costo y la eficiencia en el manejo de las malezas.

Rediseño de secuencias de cultivos usando información validada a nivel comercial se denominó la charla del ingeniero agrónomo Sebastián Mazzilli, consultor privado y docente de la Facultad de Agronomía, en el marco del 7° ADP Zone. El profesional repasó las conclusiones que surgieron de los datos que ADP procesa año a año.

Mazzilli señaló que “hay herramientas para diseñar secuencias de cultivos que mejoren el potencial de rendimiento y eviten o mejoren las medidas de protección vegetal”. En esa línea, comentó que la colza ha permitido aumentar el rendimiento de la soja de primera, el trigo y “seguramente también lo haga en la cebada siguiente”. A su vez, el maíz permitió “tener más rinde en soja de primera”. 

Consideró que la diversidad de cultivos viabiliza el control de malezas problema, baja los costos y aumenta las eficiencias de control. “Todos estos son elementos que están en los libros, pero ADP los viene aplicando desde hace varios años, por eso es un caso interesante de uso, análisis y toma de decisiones, a partir de la información generada año a año”.

El rediseño de la secuencia de cultivos de ADP se registró en un contexto donde el  sistema de agricultura continua “ha perdido hectáreas con la forestación y con la rotación que incluye pasturas”. El enfoque de ADP ha seguido en la agricultura continua, “que no solo tiene cultivos de granos, sino que en algún caso también ingresa un forrajero”.

Recordó que el trabajo de análisis comenzó en la zafra 2014/15, con el objetivo de identificar las determinantes de rendimiento para cada cultivo. Para estar cerca de los rendimientos alcanzables en las condiciones de Uruguay “se debe partir de los factores del manejo agronómico mejorado”. 

Allí se contempla “la secuencia de cultivos, que ha venido sumando componentes; la mejora en el manejo de la fertilización para cada nutriente; la fecha de siembra, partiendo de que no hay una fecha de siembra óptima, sino que existe una fecha que maximiza el rendimiento, los cultivos de servicios, la agricultura por ambientes, la corrección de pH, el control en el uso de agroquímicos, entre otros elementos”. Con eso “se busca una actividad más eficiente y con más información”, sostuvo.

En ese proceso se fueron generando indicadores sobre la calidad de los campos, “algo que puede llevar a la decisión de abandonar o continuar en un campo, en función de la productividad alcanzada y del negocio logrado”, indicó Mazzilli.

EL CULTIVO ANTECESOR

Cada vez que en invierno hubo trigo sobre trigo “el rendimiento disminuyó hasta 15%”, informó el consultor; cuando el trigo se siembra luego de colza (en el invierno precedente), “el rendimiento sube 4%”; y el trigo sobre el barbecho o cebada “rinde 1% por debajo de la media”. 

Esa información determinó que en el invierno de 2020 ADP solo tuviera 2% de trigo sobre trigo. “El 51% del área de trigo se realizó sobre colza. Y ahora se está sumando más cebada, lo que motiva la búsqueda de nuevos ajustes en la secuencia, para que la pérdida de rinde del trigo sobre cebada, que está dentro de la media, pueda mejorar”, explicó Mazzilli. 

La soja de segunda sobre el antecesor colza, en ocho años “muestra 13% más de rinde, y cuando el antecesor es trigo ese rinde es 4% inferior a la media”.

Para soja de primera, “con maíz de primera y de segunda como antecesores, la productividad mejora entre 6% y 8% al compararlo con la media. Pero si se compara con el antecesor soja, el rendimiento aumenta 12%”. 

Un trabajo del argentino Guido Di Mauro marca que el efecto maíz en el rendimiento de la soja se ubica en torno del 15%. El impacto en los rindes de la soja ha llevado a ADP a incrementar el área de maíz y en el ejercicio pasado, “casi el 40% del área de soja de primera se hizo sobre maíz de segunda”.

Y según un trabajo elaborado por Gonzalo Rizzo, el rendimiento máximo de la soja de primera en Uruguay, sin ningún tipo de limitante, se ubica entre 6.000 y 7.000 kilos por hectárea, mientras que en soja de segunda ese rinde potencial estaría en torno de los 5.500 kilos por hectárea.

Según Rizzo, en una media de 25 años y con algunas limitantes de agua, el rinde de la soja de primera en Uruguay debería estar entre 3.300 y 3.800 kilos por hectárea; y el de segunda entre 3.200 kilos y 3.700 kilos, dependiendo del suelo.

Mazzilli señaló que para acercarnos a los 6.000 Kilos “habría que pensar en regar”, pero si el objetivo es acercarse a los potenciales de 3.800 kilos para soja de primera y 3.200 kilos de segunda, “teniendo al maíz como cultivo antecesor se mejora 12%; y en el caso de la soja de segunda, con la colza, se mejora 13%”. Con lo cual, “moviendo la secuencia de los cultivos nos acercamos a los potenciales planteados por Rizzo en secano”; y a la vez la colza “mejora 5% el rinde del trigo”.

También comentó que en soja, más allá de la fecha de siembra, “lo importante es la ubicación del periodo crítico (R3), que influye en el rendimiento. Debemos sembrar pensando en la ubicación de la floración, porque hoy existe información para tomar esas decisiones”.

FERTILIZACIÓN

La fertilización fue otro de los elementos resaltados por Sebastián Mazzilli, quién mencionó que el monitoreo de nutrientes “cobra más relevancia”. Para observar la evolución del sistema, “nunca es caro tomar una muestra de suelo y analizarla”, dijo. 

Agregó que en ADP se realiza la fertilización por respuesta esperada con el monitoreo del balance de nutrientes, “para no generar costos ocultos que impacten negativamente en el cultivo”. Al contar con la información de respuesta y balance “se pueden tomar decisiones empresariales como fertilizar más o menos en función del precio de los fertilizantes”.

Sobre la eficiencia aparente de nitrógeno en trigo, dijo que el objetivo “es avanzar sobre los 40 y 50 kilos de grano por kilo de nitrógeno aplicado, con menos pérdidas y una productividad cercana a los 6.000 kilos. Hay varias chacras que están en esos niveles. Vemos que hay incidencia del genotipo, fecha de siembra, momento y el fraccionamiento del nitrógeno”.

Consideró que “en el mediano plazo la relación entre ingreso y salida de nitrógeno será un problema, y por eso se evalúan medidas para anticiparse a esa situación. Actualmente se pierde cerca del 30% del nitrógeno que se agrega, a pesar del buen nivel de eficiencia. Además, hay años donde la salida de nitrógeno es bastante más alta de la que debería tener un sistema súper eficiente. Antes agregábamos 50 kilos de urea, hoy 200 o 300 kilos; con la misma eficiencia los kilos que se van son más”.

En ADP los datos muestran buenos niveles de ingreso y salida de nitrógeno y buena productividad. “Debemos poner el foco en las chacras que no tienen ese nivel, lo que puede estar asociado a fusarium o al mal manejo del nitrógeno”, puntualizó.

Indicó que, para mejorar la eficiencia, “un camino puede ser la ampliación de las fuentes de nitrógeno. Hay que abrir el abanico y no solo quedarnos con la urea y la urea azufrada, porque hay tecnologías accesibles”. 

Y cuando hay periodos sin cultivo, “hay que apuntar a la fijación biológica de nitrógeno. Después de un maíz de segunda y antes de la soja puede ingresar una leguminosa que fije nitrógeno; quizás no sea el mejor momento, pero es una ventana que se puede aprovechar”.

Mazzilli consideró que la fertilización con nitrógeno en colza “viene dos o tres escalones por detrás del trigo”. 

En un escenario creciente para el área de colza, advirtió que la siembra de Brassicas debe estar separada por “al menos dos años, o a lo sumo un año por medio”.

PROTECCIÓN VEGETAL

El diseño de  sistemas que eviten o disminuyan los problemas “fue fundamental para enfrentar el crecimiento del costo de herbicidas por hectárea”, motivado por malezas como el Amaranthus o gramíneas de invierno y de verano. 

“El análisis de todos los datos mostraba variabilidad influenciada por tipo de campo, cultivo antecesor, estrategias de manejo y la historia de la chacra”, explicó Mazzilli. 

Esa variabilidad en los costos era importante, pero de la zafra 2019 a la 2020 hubo una disminución de 30%, entre US$ 20 y US$ 30 por hectárea en los costos de herbicidas y sin problemas de malezas. Para eso se usó la información generada y se diseñó el sistema con ese objetivo y sin perder intensidad en la rotación. Se utilizaron los mismos productos pero de forma diferente, acotó

Más agronomía sin aumentar costos

El objetivo fue plantear “propuestas de valor y de cambios hacia adelante, usando información histórica de la empresa, que es cada vez más robusta”, dijo a VERDE el director de Agronegocios del Plata (ADP), Marcos Guigou, sobre el 7° ADP Zone.

La idea fue proponer decisiones que no necesariamente implican más costos, sino recurrir al manejo agronómico para encontrar soluciones a los desafíos de malezas, la productividad o la secuencia de cultivos.

Remarcó que la charla de Sebastián Mazzilli mostró que en el peor escenario se bajó un 30% el uso de herbicidas, “moviendo algunos jugadores y seleccionando mejores decisiones”. Había “de US$ 30 a US$ 100 de inversión por hectárea en herbicidas. Esas cosas se resuelven con el uso de la agronomía a fondo”, enfatizó.

Destacó que integrar la colza en el sistema de cultivos favorece la sanidad del suelo y eso repercutió en la productividad de la soja de segunda y en el trigo siguiente. “Ahora nos está pasando algo similar con el maíz de segunda”, puntualizó.

Agregó que la soja sembrada luego de maíz de segunda “rinde más, en un año bueno pero también en los complejos”.

Valoró que el maíz se utilice cada vez más en la producción. “Podemos llegar a tener la mitad del área de segunda con maíz y toda la soja que venga después tendrá más rinde”, visualizó.

Con esas medidas de manejo, y otras como el encalado, que no dependen de insumos importados, “podemos mejorar la productividad de la soja, que está por debajo de los rindes de Estados Unidos o Brasil”, señaló.

Otro tema es el del uso de la genética. “Hoy hacemos una soja defensiva y no ponemos lo máximo de la genética en las áreas de alta productividad, que son muchas. Ese manejo con una rotación correcta nos permitiría levantar los promedios”, recalcó.

Planteó que en varios cultivos como cebada, trigo y maíz, “al ver el monitor de rendimiento en plena cosecha, se observan picos de rindes muy altos y despegados del promedio; pero eso en soja no se ve”.

En ADP Zone también participó Marcos Fava Neves, profesor de la Facultad de Administración de la Universidad de São Paulo, con la charla denominada Una visión de la agricultura de Brasil y mensajes a Uruguay. Desde Canadá, Gabriela Guigou, gerente de la Iniciativa de Salud Porcina del Canadian Pork Council, presentó: Producir en tiempo de cambios y (des) información. Y Transmitiendo información a través de la cadena de producción: a ganar o ganar, fue el título de la conferencia del consultor ganadero y docente de la Universidad de Buenos Aires, Darío Colombatto. Carlos Folle, docente de la Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo, disertó sobre Confianza en la empresa familiar.

Nota de Revista Verde N°97

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Uruguay pagó US$ 1.550 millones durante los últimos cinco años

By Cristina Fumero,

Un informe de Uruguay XXI y el MEF divulgado en noviembre establece por qué el país necesita mejorar el acceso a los mercados, sobre todo para sus productos agropecuarios

Mauro Florentín
maflorentin@gmail.com

Dos factores clave: Uruguay es un país exportador de productos, en su mayoría de origen agropecuario, y para potenciar esos negocios precisa mejorar el acceso a los diferentes mercados mundiales, no solamente para aumentar sus ingresos sino también para quedar en una posición más favorable a la hora de competir con otros países.

En 2020 Uruguay pagó US$ 322 millones por concepto de aranceles por sus exportaciones de bienes, según un informe del instituto Uruguay XXI y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), divulgado en noviembre.

El documento oficial aclara que “si bien los aranceles no son pagos directamente por el exportador, inciden en cada operación, ya que determinan el precio final de ingreso al mercado”.

E indica que “los mercados en los que se pagan mayores derechos arancelarios coinciden con los principales destinos de exportación, con la excepción de los socios del Mercosur”.

Entre 2016 y 2020 China, la Unión Europea y Estados Unidos representaron el 72% del total de aranceles pagos por Uruguay, y tuvieron en promedio una participación del 47% en el total exportado.

Calculando los datos del informe, se resume que en los últimos cinco años los negocios de exportación de productos uruguayos pagaron unos US$ 1.550 millones.

Allí también se menciona que Uruguay tiene acuerdos comerciales con 18 países que le permiten acceder a los mercados con condiciones arancelarias beneficiosas.

Las exportaciones uruguayas se benefician de contingentes arancelarios (cuotas) en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC), para productos específicos en algunos países, bajo los cuales ingresa con aranceles reducidos o nulos.

El gobierno uruguayo pretende avanzar en la generación y firma de acuerdos comerciales, lo que es una tendencia en ciertas regiones del mundo. Uno de los casos más destacados es el eventual tratado de libre comercio (TLC) entre Uruguay y China, que se encuentra en la etapa de estudio de prefactibilidad.

El informe precisa que el 31% de las exportaciones uruguayas de bienes (promedio) se realizan bajo alguno de los acuerdos comerciales que tiene el país.

Si a eso se le suma el ingreso de productos a través de cuotas, este porcentaje llega a 37%, y señala que 56% de los bienes exportados por Uruguay ingresa con arancel cero en destino.

Respecto a los principales productos exportados que pagan aranceles, prácticamente la totalidad corresponde al sector agropecuario. La carne bovina, lácteos, soja, subproductos cárnicos y arroz son algunos de los productos que pagan aranceles elevados.

Esos comentarios incluidos en el informe parecen obvios para productores del agro, economistas y otros profesionales, pero en la opinión pública no siempre están presentes.

En promedio, 31% de las exportaciones uruguayas de bienes se realizan bajo alguno de los acuerdos comerciales que tiene Uruguay, indica el análisis.

En ese sentido, según Uruguay XXI, el Mercosur explica cerca de 21% de las ventas al exterior del país, y eso supuso un ahorro cercano a US$ 2.335 millones promedio por concepto de aranceles en el período considerado.

Respecto a los productos que pagan aranceles, prácticamente la totalidad procede del sector agropecuario, que en el mercado mundial suele estar sujeto a medidas más proteccionistas en relación a otros rubros.

Rubros y destinos

La carne bovina, que fue el principal producto de exportación en el período estudiado (2016-2020), pagó más aranceles que el resto de los productos, representando en promedio 56% del total, según Uruguay XXI.

El informe detalla que la tasa promedio fue 11% en los últimos cinco años, con un pago de US$ 0,6 por kilo exportado; mientras que en 2020 el monto total pagado fue US$ 186 millones, que significó 57% de los aranceles totales.

Los lácteos ocuparon el segundo puesto en el ranking de pago de aranceles por exportación, con un promedio de 7%.

China no solamente es el principal destino de las exportaciones uruguayas desde 2013, sino que además tiene una participación determinante en los tres principales productos, según el reporte oficial.

En 2020, en plena pandemia Covid-19, el mercado chino fue el destino del 48% de la carne vacuna, del 42% de la celulosa y del 64% de la soja exportada desde los puertos uruguayos.

Esos tres rubros de origen agropecuario abarcaron cerca del 80% del total exportado al gigante asiático; y si se consideran los 10 principales productos exportados, ese mercado abarca el 97%.

El reporte de Uruguay XXI hace mención a la concentración de las exportaciones y de los rubros del agro en esos negocios.

La soja paga una tasa arancelaria de 3% en China y en 2020 eso significó unos US$ 14 millones. Además, considera que las exportaciones sojeras están “muy concentradas” en ese mercado, y que el 99% de los aranceles se pagaron en ese destino.

La exportación de subproductos cárnicos se incrementó 8% en los últimos cinco años, pero los aranceles aumentaron 10%.

Uno de los datos destacados es que China pasó a ser el principal mercado para la carne ovina uruguaya, al superar al que era el tradicional destino: Brasil. En 2020 las exportaciones de ese producto llegaron a US$ 47 millones, negocios que pagaron US$ 7 millones en concepto de aranceles aduaneros.

El tercer socio comercial de Uruguay en 2020 fue la Unión Europea (UE), y el pago de aranceles en ese mercado representó 20% del total considerado en el período de cinco años, según el informe.

Menciona que cerca del 15% de los aranceles pagos en 2020 correspondió al ingreso de productos uruguayos a la UE, con un monto total de US$ 49 millones.

“La tasa de arancel promedio pagado por Uruguay en ese mercado fue de 4% el año pasado, con promedios máximos para los lácteos, miel y carne vacuna, pero sin el pago de aranceles en algunos productos relevantes como la soja y la celulosa”, advierte.

Respecto a Estados Unidos, otro de los socios comerciales más importantes para el comercio uruguayo, el trabajo precisa que sólo en 2020 el pago de aranceles por concepto de exportaciones fue de US$ 44 millones, y el monto de esos negocios alcanzó unos US$ 526 millones. El arancel promedio pago por los productos uruguayos en el mercado estadounidense fue de 8,3%.

Otro punto interesante del informe es el que señala las condiciones de acceso de Uruguay a las principales subpartidas de exportación: carne bovina –congelada sin hueso y carne enfriada sin hueso–, comparando al mismo tiempo cómo acceden los principales competidores de Uruguay.

Para cada mercado de exportación de Uruguay, se ubican los proveedores/competidores según posicionamiento y su respectivo ranking como exportador mundial.

A modo de ejemplo, el reporte destaca que “Brasil fue el principal proveedor de carne bovina congelada sin hueso en China, donde ingresó con un arancel de 12% y se ubicó en el primer puesto del ranking de exportadores mundiales” de ese producto.

Brasil y Argentina son los principales proveedores de carne bovina congelada sin hueso en el mercado chino; Uruguay se ubica en el quinto lugar a pesar de enfrentar aranceles de 12%, condiciones arancelarias desfavorables frente a competidores como Australia y Nueva Zelanda.

Leche, arroz y soja

En cuanto al destino y los aranceles pagados por las exportaciones de productos lácteos uruguayos, el instituto Uruguay XXI señala que en 2020 ese rubro representó 8,1% de las exportaciones de bienes del país. Y el monto de aranceles pagados por esos negocios durante ese año ascendieron a un total de US$ 27 millones, monto que significó 8,4% del total de aranceles.

Ese es el segundo rubro que paga más impuestos aduaneros de las exportaciones uruguayas, afirma.

Un cultivo tradicional de la producción agrícola uruguaya es el arroz, que en 2020 exportó algo más de 1 millón de toneladas a 33 mercados, lo que representó el pago de US$ 14,7 millones en concepto de aranceles aduaneros, según el informe.

Destaca que “el 52% de las exportaciones arroceras se registran bajo alguna preferencia arancelaria a nivel de comercio”, y que “el 53% del monto exportado no estuvo sometido al pago de ningún arancel”.

La soja, que es el principal producto agrícola uruguayo y ocupa una extensión cercana a 1 millón de hectáreas, “no tiene altos niveles arancelarios”, y “seis de los 10 importadores mundiales aplican una tasa cero” a las compras de porotos de esa oleaginosa, conforme al trabajo de Uruguay XXI.

Las exportaciones uruguayas de soja sumaron unos US$ 745 millones en 2020, y “se mantuvieron fuertemente concentradas en el mercado chino”, con una participación de 64% en el monto total exportado.

China cobra un arancel de 3% a ese grano, que lo pagan las exportaciones de Uruguay pero también las de sus principales competidores en ese rubro.

Ingresos de Uruguay por aranceles

Pero así como los embarques de productos uruguayos pagan impuestos aduaneros para ingresar a los diferentes mercados, en Uruguay la Dirección Nacional de Aduanas también registra ingresos por concepto de tasas cobradas a las importaciones, que en 2020 significaron la recaudación de US$ 2.415 millones, siendo “uno de los principales ingresos de fondos públicos del Estado”, según el informe oficial.

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La huella ambiental y reducción de metano implican una oportunidad

By Cristina Fumero,

El vicepresidente del INIA, Walter Baethgen, planteó la importancia de aumentar la eficiencia productiva como parte de la estrategia para disminuir las emisiones

En la reciente Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP26, 100 países asumieron el compromiso para detener la deforestación y 80 países acordaron reducir 30% las emisiones de metano para el año 2030. “Eso no significa que cada país deba llegar a ese objetivo”, sino que es necesario alcanzarlo “entre todos” en 10 años, explicó el vicepresidente del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) e investigador Senior de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), Walter Baethgen, quién se doctoró en Ciencias Ambientales en la Universidad de Virginia (Estados Unidos).

En el caso específico de la producción agropecuaria, Baethgen señaló que el 80% de las emisiones de efecto invernadero de Uruguay provienen del metano que generan los rumiantes, pero de acuerdo a los trabajos de la comunidad científica, “las vacas no están en la lista de las actividades que pueden impactar rápidamente en las emisiones de metano”, afirmó. Las oportunidades inmediatas “vuelven a marcar a los combustibles fósiles y en las minas de carbón”, señaló.

Baethgen planteó incluso que ese objetivo de bajar las emisiones de metano “ya se puede alcanzar” y con “ganancias para las industrias de gas natural y petróleo”, porque al capturar el metano que están perdiendo “lo pueden vender como gas natural”, por lo cual “no hay ninguna razón para no hacerlo”. 

Con una mirada más local sobre la responsabilidad que le toca a Uruguay en este asunto, el investigador afirmó que el país “está haciendo las cosas bien”, ya que “tiene una matriz energética que es un ejemplo para el mundo. Prácticamente el 100% de la electricidad es renovable y 50% de la energía total es renovable”. Por lo tanto, “Uruguay no tiene que asustarse” por este tema, sostuvo.

El vicepresidente del INIA analizó que lo importante es bajar la intensidad de las emisiones de metano, lo que implica reducir la cantidad emitida por cada kilo de carne o litro de leche producidos. 

Para concretar ese propósito, se requiere “aumentar la eficiencia” productiva. Por ejemplo, “si se incrementa el porcentaje de parición del rodeo uruguayo se estará produciendo más  carne y emitiendo menos metano por kilo de producto”, explicó.

En tal sentido, enfatizó: “voy a estar produciendo más terneros emitiendo menor cantidad de metano por cada ternero”.

Otro aspecto considerado a favor de la posición uruguaya en el mundo, según el científico, es que la producción ganadera local no supone la “destrucción de un bosque tropical”, sino la explotación en un “ecosistema natural que se mantuvo en equilibrio durante millones de años, porque siempre tuvo herbívoros pastando en ese lugar. Si saco esos animales que están pastando en ese campo natural, entonces la pastura se degrada”, sostuvo.

Sobre esa línea de razonamiento se refirió a la importancia de apuntar a un sistema más eficiente de producción pecuaria, lo que favorecería la menor emisión de metano.

En cuanto al rol del INIA en ese asunto, el jerarca de dicho instituto comentó que ese organismo está “estudiando si genéticamente hay animales que tienen mayor eficiencia en la conversión de pasto en carne”. El resultado es que “comiendo la misma cantidad de pasto producen más carne y emiten menos metano”, resumió.

Respecto a la capacidad de medir el impacto del agro en las emisiones de gases de efecto invernadero, Baethgen dijo que se está avanzando muy bien. “Hay que presentar la información correspondiente y asegurarse de que cuando hagamos los cálculos de nuestra huella, que sea con nuestros datos y no con una vaca lechera de Polonia”, enfatizó.

INIA, a través de distintos trabajos científicos, está midiendo las emisiones de los vacunos y, al mismo tiempo, realizando esos estudios de conversión de alimento en carne, entre otros puntos. 

Adelantó que “hay un avance grande y en muy poco tiempo habrá información disponible para todo el mundo. Uruguay sigue estando frente a una gran oportunidad como país productor de alimentos” de mostrar su huella ambiental. 

Señaló que la estrategia pasa por “aumentar la eficiencia a través del aumento de la productividad, bajando las emisiones” de gases de efecto invernadero.

Resaltó además otras políticas enfocadas en el cuidado de los recursos naturales en el sector agropecuario, como los planes de uso y manejo de suelos.

Al tiempo, explicó que una vez que se emite el metano, este permanece 10 años en la atmósfera, y “si logramos reducir las emisiones netas de metano inmediatamente tendremos un efecto sobre la temperatura del mundo”.

El cambio igual continúa

En relación a la cumbre, realizada entre el 31 de octubre y el 12 de noviembre en la ciudad de Glasgow (Escocia), Baethgen consideró que “dejó gusto a poco”, porque “estamos en un momento donde se deben asumir responsabilidades” por parte de los gobiernos de los distintos países del mundo, pero “principalmente de las grandes potencias, que son las mayores” emisoras de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono.

Previo a la COP 20 había “optimismo”, porque muchos países tenían alta expectativa respecto a la posibilidad concreta de “avanzar en compromisos que apunten a la causa del cambio climático, que son las emisiones de efecto invernadero”, recordó Baethgen.

A propósito, señaló que hubo varias reuniones de este tipo a nivel internacional, que fueron una “verdadera pérdida de tiempo”, porque nadie se comprometió a nada concreto, “esa es la triste verdad”.

Pero en la cumbre realizada en 2015 en París (Francia), sí se logró establecer un acuerdo con ciertos compromisos de los países para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, reconoció.

La responsabilidad de las emisiones “hasta hace dos décadas era proporcional a la evolución del producto interno bruto (PIB) de los países”. El modelo de desarrollo que arrancó en el siglo XVIII y que era normal hasta hace 30 años, “fue muy dañino y perjudicial para el ambiente”, afirmó. 

Destacó que hace 30 años se comenzó a tomar conciencia y algunos países actuaron en consecuencia, en Estados Unidos o Europa, por ejemplo, y “hubo cambios importantes” en la generación de energía. 

En ese marco, indicó que debido a las diferentes y fuertes inversiones concretadas para el desarrollo de energías renovables, actualmente “producir un megawatt con energía renovable cuesta menos que producir un megawatt de energía con combustibles fósiles”. 

Explicó que esa es la parte denominada “mitigación del cambio climático”, porque se toman acciones para reducir las emisiones netas. “Ahora falta la parte de la adaptación al cambio climático”, porque hay “gases como el dióxido de carbono, que una vez que se emiten permanecen en la atmósfera durante 1.000 años”. Entonces, “300 años después de la revolución industrial seguimos sintiendo sus efectos en el clima”, dijo.

Por eso, uno de los objetivos de la cumbre de Glasgow estaba en el planteo de los países en desarrollo sobre la necesidad de contar con apoyo financiero de los “países ricos”, que fueron los primeros responsables de los efectos en el clima por su impacto en los primeros siglos de la revolución industrial y otros períodos. 

Esa financiación es necesaria para que los países en desarrollo puedan “mejorar la capacidad de adaptarse” al cambio climático. “Lo que nos sirve es asumir responsabilidades proporcionales a nuestra historia, a nuestras actividades anteriores”, dijo el científico.

Pero lamentó que en ese punto “tampoco hubo grandes avances y no es claro que los países desarrollados vayan a contribuir con los US$ 100.000 millones prometidos a los países en desarrollo”.

Baetghen planteó que “por más que hoy se corten todas las emisiones de gases, el clima igual seguirá cambiando” en los próximos años. “Tendremos un clima más variable y con más eventos extremos, como sequías, inundaciones u olas de calor. Los países más vulnerables son los que más sufren esa situación, y por eso ahora hay que inyectar recursos para ayudar a esos países a la adaptación al cambio climático”, concluyó.

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Un sistema lechero simple, eficaz y de alta productividad por hectárea

By Cristina Fumero,

En el tambo Montegrande, de Juan José Torterolo, se logran 15.000 litros de leche por hectárea al año, con 8,10% de sólidos; se trata de un planteo de alta carga y bajo costo

El productor lechero Juan José Torterolo comenzó su actividad en el predio familiar, en 1976, ordeñando 20 vacas. Luego de 45 años de trabajo, junto con su equipo, actualmente lidera el establecimiento Montegrande. Allí administra 180 hectáreas,donde se producen más de 15.000 litros de leche por hectárea al año, con un planteo sencillo y sustentable. 

La empresa fue presentada en Pasturas 2021, la jornada que organiza PGG Wrightson Seeds, que volvió al campo luego de la reunión virtual realizada en 2020. El tambo de Torterolo está ubicado cerca de la ciudad Rodríguez, en el departamento de San José. El objetivo del encuentro fue mostrar un planteo lechero competitivo y rentable, sobre la base de pasturas.

El tambo tiene más de 40 años de actividad, y se fue “ajustando a los requerimientos técnicos”, dijo el titular del establecimiento. Torterolo comentó que la productividad del predio se ubica entre 15.000 y 16.000 litros de leche por hectárea, tras haber logrado un “crecimiento constante” en el manejo del pasto y de los animales, algo que requirió “muchos años para afinar” el sistema. Aunque “todavía se puede superar un poco más” ese nivel de producción, afirmó.

El productor se refirió a la importancia de “acompañar el proceso de parición con la producción de pasto”, y en años secos tener la menor cantidad de vacas en ordeñe. “Hay que tener un manejo financiero como plan de contingencia” para comprar alimentación para las vacas, explicó.

Además, indicó que el 60% de la dieta de las vacas que integran el rodeo lechero es pasto en cosecha directa, otro 15% son reservas y se suma un 25% de concentrados. En el momento de la jornada (28 de octubre), dijo que “se están consumiendo 9.000 kilos de pasto directo con la vaca, lo que nos marca que estamos produciendo 12.000 kilos de pasto”, acotó.

El slogan de la jornada fue: El pasto adelante de la vaca. Significa que “hay que brindarle todas las condiciones para que pueda expresar el potencial, porque no podemos tirar una semilla sino está todo ajustado para que produzca lo que tiene que producir. Sino es como comprar una Ferrari y echarle queroseno”.

El ingeniero agrónomo Clever Machin, asesor, dijo que “José Torterolo tiene muy definidos los objetivos de su empresa y los lleva adelante con rigurosidad”. 

En su definición de las principales características de su planteo productivo, dijo que “las metas iniciales fueron trabajar con un sistema de alta carga pero de bajo costo, apalancado en el consumo eficiente del forraje producido. A partir de esos objetivos, con un proyecto llevado adelante con Conaprole, en la empresa se aumentó la carga animal original y se cambió el biotipo de vaca”.

La implementación de este sistema mostró alentadores índices de productividad. En Montegrande se logra 8,10% de sólidos por litro de leche producida, mientras que el promedio de Conaprole se ubica en 7,30%; y ese porcentaje le asegura un muy buen precio al tambo. 

La producción de materia seca por hectárea (MS/ha) alcanza valores de 8,3 toneladas, que se acercan a 12 cuando se considera el coeficiente de utilización. 

La carga animal es alta: 2,35 vacas por hectárea; y la superficie de la plataforma en ordeñe son 147 hectáreas. Allí se alimentan 345 vacas como promedio anual, aunque en el período setiembre-noviembre, de máxima producción estacional, se incrementa hasta 440 vacas, que configuran el 100% del rodeo en ordeñe. 

La recría se instrumenta fuera de la empresa, con un sistema intensivo, desarrollado por la Sociedad de Productores de Leche de Florida. Las terneras se van del campo a los tres o cuatro meses de nacidas y vuelven a parir desde principios de marzo.

El costo del litro de leche, considerando solo los gastos de alimentación de las vacas con el sistema de Torterolo, se ubica en US$ 0,14. El margen en plataforma de ordeñe es de US$ 3.500 por hectárea, ubicándose en US$ 0,20 o US$ 0,22 por litro de leche. No obstante, hay que aclarar que ese dado no es el resultado de la empresa, porque luego hay que pagar renta y el resto de los costos operativos, como salarios, impuestos, entre otros, para determinar la real utilidad de la empresa.

“Un sistema de alta carga y elevada producción enfrenta dos riesgos principales: la variabilidad climática y las variaciones en la relación de precios entre el litro de leche y el del kilo de alimento concentrado. Hay que estar atentos a estas variables y, si corresponde, implementar el plan B de la empresa”, advirtió Machin.

Para enfrentar la variabilidad climática es imprescindible contar con suficientes reservas forrajeras hechas a tiempo. Además, si el año viene complicado y esas reservas se gastan antes de lo pensado, hay que salir a comprar para reponerlas. “Este criterio le otorga gran estabilidad al sistema de Montegrande”, explicó. 

Por otro lado, la relación entre el litro de leche y el kilo de concentrado es un indicador clave en un sistema intensivo que maneja altos niveles de suplementación. “Cuando la relación de precios no es buena, se reduce rápidamente el suministro de concentrados, lo que disminuye en alguna medida la producción individual, pero eso no influye demasiado en el ingreso de capital final”, indicó.

Manejo simple

El sistema de producción de Montegrande está “meticulosamente estudiado para funcionar con un manejo simple”, describió Mateo Carrere, integrante del área de Investigación y Desarrollo de PGG Wrightson Seeds. 

Durante la jornada dijo que “los pilares para este planteo son buenas pasturas que duren cuatro años produciendo mucho forraje. También es necesaria una cosecha eficiente y su transformación en litros de leche con alto porcentaje de sólidos, para que dé un resultado económico rentable”. 

Agregó que “Montegrande es una empresa que está trabajando con siembra directa desde hace 20 años y rota cuatro años de pasturas de festuca con trébol blanco y cuatro años de alfalfa pura”.

Para asegurar una elevada producción de forraje, Torterolo estableció protocolos estrictos: la tierra se comienza a preparar 90 días antes de la siembra; también respeta rígidamente la fecha de siembra –los primeros 10 días de abril– para escapar a las altas temperaturas estivales y alcanzar altos logros de plantas; la implantación se realiza en líneas cruzadas, con 30 kilos de festuca por hectárea y dos de trébol blanco, para ocupar bien el espacio disponible y combatir las malezas.

La operación está acompañada por un paquete de fertilización basal muy fuerte y refertilizaciones químicas luego de cada pastoreo. 

En el establecimiento también se distribuye el 100% de los efluentes sólidos y líquidos del tambo en los lotes. Este reciclado de nutrientes es muy positivo desde el punto de vista ambiental y económico, disminuyendo los costos por nutriente aplicado, acotó Carrere.

Resaltó que “se le da un uso muy intensivo a la pastura desde sus primeras etapas y se consigue alta productividad. Las festucas logran un promedio de 11,4 toneladas de MS/ha en los cuatro años de rotación. Y las alfalfas puras alcanzan hasta 13 toneladas de MS/ha y las intersembradas con raigrases (italianos y/o perennes) logran hasta 15 toneladas de  MS/ha”.

Carrere destacó que “para consumir altas cantidades de forraje, éste tiene que ser de calidad”. Para asegurar este último atributo, “Torterolo utiliza cultivares de festuca INIA Fortuna y realiza cortes previos al pastoreo de la alfalfa”, detalló.

Dos importantes herramientas de manejo son la pasada de la rotativa, para conseguir que la pastura tenga rebrote parejo, y de la rastra de dientes para dispersar las bostas, factores que contribuyen a producir pasto de gran calidad nutricional, explicó Carrere.

José García, gerente de PGG Wrightson Seeds, destacó que “lo más importante de esta jornada fue ver un sistema capaz de transformar forraje en leche, con muy buena cosecha, y constituir un planteo competitivo, que superó sequías y diferentes crisis durante muchos años”. 

También remarcó que la empresa de Torterolo “tiene un resultado económico tal que compite con la agricultura de altos precios y es una alternativa válida para los productores de leche”.

Recalcó que el manejo de las pasturas y la gestión del pasto “es todo”, para lograr buenos márgenes económicos, “más allá de tener excelentes alfalfas o festucas, como se pudo ver en las diferentes paradas”.

Mercado sostenido en semillas forrajeras 

El año 2021 ha sido “muy bueno, con buenas ventas al subir la demanda de los productores, pero con cambios en la multiplicación de semillas forrajeras”, informó a VERDE José García, gerente de PGG Wrightson Seeds.

La multiplicación de semillas forrajeras en Uruguay compite con el área de cebada maltera, trigo y colza, y el crecimiento de la agricultura de invierno atenta contra la superficie que los semilleros les plantean a las empresas de pasturas”, distinguió el ejecutivo de la compañía semillerista.

Agregó que “se puede expandir la multiplicación de semilla en el este y en el norte de Uruguay, pero no se alcanza la misma escala que en la región agrícola tradicional. Se precisan más hectáreas para producir el mismo volumen, porque se pierden las zonas más productivas”.

De cara a la próxima campaña de siembra de pasturas, en el otoño de 2022, dijo que “se están definiendo los rendimientos de las gramíneas forrajeras anuales”. Mencionó, por ejemplo, al raigrás de ciclo corto y avena, mientras que diciembre y enero son momentos clave para las leguminosas. “Esperemos que se alcancen buenas cosechas, para tener disponibilidad suficiente y así satisfacer la fuerte demanda de semilla forrajera que se prevé para 2022, fogoneada por los muy buenos precios de la hacienda de carne y leche”, proyectó.

Nota de Revista Verde N°97

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De contratistas a agricultores en las regiones centro y este de Uruguay

By Cristina Fumero,

Federico y Rafael Sosa formaron una empresa de servicios agrícolas previo a la llegada de capitales argentinos, aprovecharon el momento, y hoy siembran 23.000 hectáreas 

Federico y Rafael Sosa son primos y amigos. Federico es técnico en Maquinaria Agrícola; y Rafael es técnico en Gestión Agropecuaria. En el año 2001 comenzaron a vincularse a la actividad agrícola, sembrando cada uno por su lado, y en marzo de 2005 crearon Austrey, una empresa dedicada a la producción agrícola y ganadera, pero fundamentalmente a los servicios agrícolas. El ingeniero agrónomo Julio Nin es amigo de ambos, integró Austrey entre 2005 y 2008, y hoy los asesora.

Los tres son amigos desde niños, fueron compañeros en la escuela y el liceo, en Durazno. Comentaron a VERDE que a los 15 años sus padres les plantearon viajar a Bariloche, pero ellos prefirieron usar ese dinero para comprar ovejas, que empezaron a criar en el campo de su abuelo. “Así arrancamos la sociedad”, recordaron entre risas.

En el año 2000, cuando debieron salir al campo laboral, veían que el momento era complicado en el sector productivo. En la agricultura no existía la figura del contratista, eran pocos los productores de granos, porque el negocio era muy riesgoso. En ese entonces Federico era quien tenía más maquinaria, y en 2004 y 2005 empezaron a llegar las empresas agrícolas argentinas a Durazno. 

En ese momento decidieron poner todo su capital en “una bolsa, que más bien era una bolsita”, porque en el arranque lo que había aportado cada uno era muy modesto, y así formaron la sociedad empresarial. 

La poca experiencia que tenían en agricultura la habían hecho con el girasol. Comenzaron en el campo de un vecino de sus padres, con una aparcería del 12%, que en el caso de ese cultivo era una renta de unos US$ 35 por hectárea. “Las rentas ganaderas valían US$ 13 por hectárea al año, y no podíamos creer cómo las empresas argentinas llegaron pagando rentas de US$ 60 o US$ 70 por hectárea en campos para la agricultura”, comentó Nin. 

“Antes de formar Austrey, Rafael plantaba en el campo de su padre; yo plantaba girasol, trigo y cebada en el campo de mi padre y algo en un campo de la vuelta, íbamos aumentando de a poquito”, recordó Federico. 

Los empresarios señalaron que durante esos años aprovecharon mucho la presencia de las empresas argentinas, que tuvieron un desarrollo rápido, y allí la referencia de servicios era Austrey. Durazno era una zona ganadera, y ellos eran casi los únicos que hacían agricultura. 

Al inicio de Austrey plantaron 1.000 hectáreas de girasol, y la Intendencia de Durazno les hizo un reconocimiento. “Era una locura. Cuando compramos una máquina la gente de la zona decía: ¿Qué van a hacer con esa máquina? ¡Es demasiado grande!”, recordaron.

Luego Austrey pasó a tener muchísimo trabajo en el área de servicios agrícolas. “Con esa edad le hacíamos frente a todo. Hacíamos cosas que la gente que hoy trabaja con nosotros no lo puede creer. Los horarios, el régimen que teníamos, era la única manera de cumplir, porque la oferta laboral era muy grande y rentable”, explicó Rafael. 

También destacaron que eso les sirvió para capitalizarse mucho en maquinaria. Se plantearon mantener su nivel de vida e invertir en equipos, lo que les permitió crecer exponencialmente. 

Federico recordó que la actividad de siembra comenzaba en agosto, con el maíz de Cosechas del Uruguay, seguían sembrando soja hasta enero, después los verdeos y praderas, luego trigo y cebada, para después volver al maíz. Las sembradoras paraban solo dos meses en el año.

Cosechas del Uruguay fue el primer gran cliente de Austrey; después llegaron, Adeco Agro, Dos Ceibos, Calix Agro, entre otras empresas agrícolas.

Comentaron que en ese entonces siguieron creciendo como prestadores de servicios, mientras que la agricultura propia fue quedando relegada. Con aquellas 1.000 hectáreas de girasol que plantaron en 2005 les fue mal. “Teníamos una zona muy buena en Durazno, arrendada para agricultura, pero vinieron los argentinos a pagar más y por adelantado, y quedamos afuera”, explicaron. 

En 2008 Nin vendió su parte de la sociedad a los hermanos de Federico y Rafael, y así quedaron cuatro socios. 

Entre los años 2006 y 2010 se importó mucha maquinaria usada y nueva. Las máquinas que estaban en actividad todo el año ya trabajaban muchísimo menos, entre el dólar, los costos y la mano de obra, la rentabilidad bajó. Además, de casi no haber puestos laborales en Durazno se pasó a tener una gran demanda. Conseguir un operario fue más complicado, y eso motivó un cambio en el negocio que se profundizó entre 2009 y 2012. 

“En ese interín me dijeron si los podía asesorar como ingeniero agrónomo en el área agrícola, tenían unas 500 hectáreas de soja, y después empezaron a crecer”, señaló Nin. 

Los empresarios destacaron que supieron aprovechar las oportunidades que tuvieron en ese momento. “Lo aprovechamos de una manera poco creíble. No gastábamos nada, todo lo que se generaba se reinvertía en la empresa y mucha gente había empezado a confiar en nosotros y nos daba crédito para comprar maquinaria. Ese fue nuestro mayor beneficio en los años siguientes, pudimos crear un nombre en la actividad”, remarcaron. 

Esos vínculos de confianza también les permitieron refinanciar el pago de deudas cuando ocurrieron desastres climáticos que generaron grandes pérdidas a ambas empresas. 

La gestión de la separación

En 2011 decidieron separarse. Federico creó Enfos y Rafael continuó con Austrey. “Nos separamos por algunas diferencias, pero terminó siendo una virtud, que no muchas veces se da. Vivimos regímenes tan severos que empezaban a haber roces. Pero no podemos perder de vista que somos amigos, familiares directos, hay niños, cumpleaños. Todo eso se respetó. Cuando vimos que las relaciones laborales ponían en riesgo el otro vínculo supimos tomar la decisión. Es lógico que haya momentos tensos, porque en la empresa uno tiene todo lo que pudo hacer en su vida”, explicaron.

En la separación también se dividieron las máquinas y cada empresa empezó a crecer. Austrey apostó más a la agricultura, mientras que Enfos se dedicó más a los servicios, hasta el año 2014. “Empecé a ver que el precio de la soja bajaba, que los números no eran buenos, ni en los servicios ni en la agricultura. Empresas importantes comenzaron a retirarse y tomé la decisión de dejar los servicios de un año a otro y empezar a hacer agricultura. Eso fue en 2015/16”, comentó Federico. 

Agregó que en ese año quedó con algunos clientes, pero pasó de no plantar nada a plantar 2.500 hectáreas. 

Austrey tuvo un proceso más paulatino. “Miramos la competencia que había por los servicios, la rentabilidad y veíamos que alguna empresa de las grandes venía achicándose. Teníamos la posibilidad de empezar a meternos como productores; ya habíamos adquirido muchísimo conocimiento”, reconoció Rafael. 

A propósito, señaló que “como contratistas vimos los aciertos más grandes y también las barbaridades más grandes en agricultura. En 2011 comenzamos un proceso paulatino para transformarnos de una empresa de servicios a una empresa agrícola”. 

Admitió que ese proceso “nos costó muchísimo, porque pasamos de tener grandes ingresos semanales por servicios a tener un ingreso anual por venta de soja. Las empresas grandes empezaban a dejar área. En 2012 corríamos atrás de 100 hectáreas para sembrar, pero en 2015 o 2016 ya nos llegaban ofertas”. 

Recordaron que en ese momento “se empezaron a dar vuelta los argumentos de los propietarios”, que pasaron a desconfiar de que las empresas extranjeras se irían y preferían arrendarles sus campos a los productores locales, a quienes conocían de toda la vida.  

“En 2015 empezó a cambiar el negocio agrícola. La manera de reconvertirnos era sembrar para nosotros y capitalizar nuestros servicios a través de la agricultura. Arriesgamos más, y nos cobrábamos el servicio. Esto lo hicimos durante cuatro años, de 2015 a 2019. Cuando hacías la cuenta de la agricultura los márgenes eran muy chicos, y también tuvimos años de pérdidas”, admitió Federico.

La lluvia de 2016 y la seca de 2018

Uno de los golpes duros de estos agricultores fue la pérdida de calidad en la cosecha del año 2016, cuando llovieron 500 milímetros en un mes. “En esa zafra habíamos sembrado en conjunto unas 4.000 hectáreas. Era el segundo año de Federico”, señaló Rafael. 

En 2014/15 Austrey ya tenía unas 4.500 hectáreas y había crecido mucho en ganadería, tratando de diversificar. “Esa zafra 2016 me llevó casi todo lo que había hecho en cinco años de ganadería”, admitió. 

El empresario explicó que, “para una empresa como la nuestra, con muchos fierros pero con muy poca espalda, cuando no valen nada los granos y no hay mercado los fierros tampoco valen. Era muy difícil afrontar aquella situación”.

En ese momento se decidió seguir con la agricultura en detrimento de la ganadería, analizando el nicho que dejaban las grandes empresas, que se seguían yendo de Durazno y aumentaban los campos en arrendamiento.

Pero después de esa zafra también se plantearon “ser más profesionales” porque, “de lo contrario nos iríamos al tacho”, puntualizaron. Así fue que se apostó a la calidad de campo, a separar la ganadería y la agricultura, y esos cambios en la forma de trabajo generaron buenos resultados. “En ese momento hicimos el clic”, dijo Rafael. 

Esa zafra “nos generó muchas pérdidas, pero el año siguiente fue muy bueno y logramos armarnos de nuevo”, destacó Federico. 

Pero recordaron que al año siguiente hubo una seca “impresionante”, que los llevó a cosechar apenas 1.000 kilos de soja por hectárea en Durazno. “Perdimos lo que habíamos hecho en muchos años. Tuvimos que salir a hablar con los proveedores, a explicarles la situación. Antes de cosechar ya hablamos con todos”, dijo Federico. 

Ambos valoraron que estas crisis llegaron cuando ya eran productores conocidos y respetados en la zona, lo que les permitió plantearles la situación honestamente a los proveedores y financiar las deudas. 

Cultivos de invierno y rotaciones

Comentaron que en esos años empezaban con los cultivos de invierno, que antes no sembraban “porque no era rentable”. Durante algunos años los precios del trigo, la productividad y los fletes no justificaban la siembra, por las pérdidas que ocasionaban. Por lo tanto, la opción era soja-puente verde, indicó Federico. 

En 2018 comenzaron con algo de trigo, el resultado fue favorable y les permitió hacer caja. “Fue bienvenido porque en esa fecha no teníamos caja”, dijo el director de Austrey. 

Agregó que “en tres o cuatro años pasamos de hacer soja con puente verde a incorporar rotaciones, dándole oportunidades al maíz, que en esta zona no había mucho. Se sumó la colza y la cebada. El mercado y la demanda marcan una tendencia de cultivos. Los resultados son interesantes, pero además están las bondades de esos cultivos, por lo que aportan al sistema”.

Nin agregó que los granos forrajeros se colocan cerca y hay demanda. “Antes se vendía a algún tambo y al sector avícola”, pero luego “en los tambos se consolidó el pasaje de sorgo a maíz, lo que impulsó la demanda. También el ganadero empezó a usar más comida, y le abrió la puerta a la cebada”, describió. 

Admitieron que en la actualidad la colza “es la estrella”, porque llegó a valer US$ 700 por tonelada, pero “a un precio de US$ 480 por tonelada ya es muy interesante”, dijeron.

Además, señalaron que la soja sigue atrás de la colza, y aunque en los papeles es de segunda, “es hasta mejor que la de primera, por la rotación de cultivos”. 

Federico dijo que en Durazno hay zonas muy buenas, pero no son campos de tanta aptitud agrícola, algo que se ve en el transcurso de los años. “Cuando empezás a rotar en este tipo de campos se ve las bondades de esas rotaciones”, reconoció. 

Además, explicaron que en la zona cuesta hacer contratos de arrendamiento de largo plazo. “Te cuesta apostar al campo, transformarlo, invertir. En promedio los contratos son de dos a tres años, aunque hay excepciones de rentas de siete u ocho años, así como también siguen habiendo rentas anuales”, dijo Rafael. 

Hace varios años que contratan seguros de inversión, además de seguir con la producción ganadera, “que tiene otro dinamismo, otra rentabilidad y también otra seguridad. Hay que tratar de estabilizar los sistemas, no dejarlos expuestos ni abiertos, como lo hicimos durante 15 años”, consideró Rafael. 

Seguros y diversificación

Los productores destacaron la importancia de los seguros. Recordaron que cuando no estaba disponible esta herramienta hubo productores con mucho más capital que el que manejan ellos y se les fue de un año al otro. 

“El seguro fue un antes y un después de la agricultura para nosotros. Las compañías de seguros también han tenido mucha confianza en nosotros. Se han hecho muy bien las cosas para darle la claridad a las empresas aseguradoras, para que confíen en nosotros y apuesten a mantener esa relación. Hay que ser muy transparente. Sumado a la cantidad de cultivos y la diversificación de zonas, el esquema está bastante estabilizado”, subrayó Federico. 

“Hoy en día, con los seguros, con la rotación y la apuesta a la agricultura, un evento como la lluvia del 2016 o la seca de 2018 no lo mueven a Austrey. En eso hay que trabajar”, señaló Rafael Sosa. Austrey opera  20.000 hectáreas arrendadas, 14.000 agrícolas y 6.000 ganaderas, en Durazno y parte en Florida. 

También reconoció que las rotaciones han cambiado porque “todo vale”, en referencia a los precios de la colza, el trigo y la cebada, el maíz, la soja y el ganado. “Antes era un riesgo enorme hacer cultivos de invierno. Hoy es riesgoso pero con productividad hay rentabilidad. Antes si no tenías calidad no sabías qué hacer con el trigo o la cebada, hoy hay plan B para toda la agricultura”, valoró Federico. 

En ese sentido, Rafael destacó el avance genético de los cultivos, así como el conocimiento de la agricultura en Uruguay. Recordó que en 2008 un trigo rendía 2.500 o 2.800 kilos por hectárea, sin embargo, ahora un buen cultivo llega a 4.500 kilos. 

En maíz también queda marcado ese avance, sumado a la biotecnología, “Cosechas del Uruguay fertilizaba con potasio, 90 kilos al voleo, fue de las primeras veces que lo vi. En Facultad (de Agronomía) me decían que el potasio en Uruguay no era una limitante. Se aplicaba toda la tecnología, llegando a 80.000 plantas, casi como para riego. Tal vez ese fue uno de los problemas. Y en los años difíciles con suerte se cosechaban 2.000 kilos por hectárea, y con esos costos. Hoy si se aplica todo eso, un resultado malo son 4.000 kilos, y se coloca”, marcó Nin.

Enfos dedica unas 700 hectáreas a la ganadería y 9.000 hectáreas a la agricultura. Son 5.500 hectáreas en Durazno, 3.000 en Treinta y Tres y 1.000 en Lavalleja; empleando a 25 personas. 

Federico comentó que a Treinta y Tres llegaron hace dos años,  “a experimentar, porque es un sistema totalmente diferente y que nos gusta bastante. Diversificamos en zonas”.

En Treinta y Tres la soja se hace en rotación con arroz, pero la producción del cereal la hace un productor arrocero. “Es un negocio bastante interesante. La rotación arroz-soja es muy buena para el arrocero. Es algo totalmente distinto, la preparación del suelo, cómo sacar el agua, es otra agricultura, pero si se hace bien da muy buenos resultados”, afirmó.

Recordó que el año pasado faltó agua en enero y febrero en gran parte del país, pero en Treinta y Tres llovieron 400 milímetros en 30 días, lo que provocó que se perdiera 10% del área de soja por no poder sacar el agua. “Fue un exceso que hace años no se veía”, señaló.

Campos en Durazno

Consultados sobre si los campos de Durazno toleran la agricultura continua, los productores respondieron que “hay campos que sí”. Pero advirtieron que en el fondo los propietarios de los campos siguen siendo ganaderos y los contratos de arrendamiento se hacen solo por uno, dos o tres años, lo que no permite darle estabilidad al sistema”. 

“Cuando entras a un campo y a los dos años cambia de propietario, no hay tiempo de ponerle lo que hay que ponerle y rotarlo como hay que rotarlo. Esos propietarios, cuando reciben el campo, deberían hacer una pastura pero no se hace, sino se lo arriendan a otro agricultor. Muchos campos de Durazno deberían tener una rotación con praderas. Hacer de dos a cuatro años de pradera para después entrar en una fase agrícola de tres años”, dijeron.

Plantean que, considerando todos los años de agricultura que llevan algunos campos en Durazno, “habría que empezar seriamente a hacer pasturas, dejarlas descansar tres años y después volver. El tema es que hay dueños que estaban empezando a hacerlo, y como el precio de la soja volvió a subir quieren seguir plantando”. 

También sostuvieron que “la renta de un campo en ese estado debería valer mucho menos de lo que estamos pagando”, pero “la demanda es sorprendente todos los años y tenemos que pagar lo que exige el mercado”, admitieron.

 Aseguraron que desde 2004 hasta ahora “nunca paró de haber demanda. Se trancó un poco en 2015 o 2016, que fue cuando tuvimos lugar para crecer, pero después siempre hubo pelea por campos; incluso nosotros competimos por algún campo”, admitieron entre risas. 

Nin señaló que los precios de los arrendamientos se determinan fundamentalmente por Índice Coneat. “No importa, si es un suelo bueno, virgen o si tuvo 20 años de agricultura continua mal hecha”, ejemplificó. 

Las rentas se pagan en kilos de soja, en dólares y también hay negocios de aparcería. “Antes de 2014 las rentas eran en dólares, después se pasó a kilos, y hay negocios también en aparcería. Todavía permanecen rentas en dólares, pero cambió bastante, no son los US$ 300 por hectárea de aquel entonces. En Durazno hay campos que valen US$ 200, otros que valen US$ 100 y otros que no se pueden agarrar”, explicaron. 

También lamentaron que “cada vez cuesta más realizar acuerdos de aparcería o a porcentaje, porque el dueño del campo quiere saber con qué cuenta para su presupuesto. Intenta poner un piso, aunque sea un porcentaje, pero la gente se acostumbró a otro tipo de ingresos, lo necesita y eso nos obliga. Y si no nos sirve hay otros esperando atrás”. 

Nin dijo que hay muchos dueños de campos que no piensan en la sustentabilidad del sistema”, y que incluso “muchos no saben qué es un plan de uso y manejo del suelo, o creen que es responsabilidad del agricultor, cuando son ellos los responsables de que en su campo se haga determinada rotación o manejo”.  

Proyección del negocio

En cuanto a las perspectivas del negocio, Federico dijo que “esto es año a año. Siempre hay que pensar hacia adelante, proyectar, pero muchas veces tenemos una idea y luego cambia; dependerá de si hay seca o no”, planteó como ejemplo. De todos modos, comentó que la  intención es mantener la superficie agrícola. 

Agregó que mientras se mantengan los precios, los insumos no suban demasiado y sigan teniendo el seguro de inversión, “seguiremos apostando a la actividad”.

Rafael explicó que “es difícil salir del negocio”, porque todos los años se vencen muchos contratos, pero a su vez hay muchos otros que siguen vigentes, por muchas hectáreas más.

Rafael agregó que en Austrey trabajan 40 personas, “que te generan un compromiso. Hay muchachos que hace 15 o 20 años que están trabajando aquí. Con la forma de trabajo, cerrando los canales de producción, no vamos a salir ni el año que viene, ni dentro de tres ni de cinco años”. 

Admitió que “seguramente los vaivenes de los mercados lleven a bajar algo de área en algún año y a subir en otros”, pero también destacó que “ahora tenemos otras herramientas que antes no estaban, como los seguros, las ventas a futuro o las compras de insumos”. 

Federico explicó que también es importante diversificar el riesgo, comprar insumos por adelantado, hacer ventas a futuro y seguir asegurando, porque “asumimos un costo muy importante”.

Por su parte, Rafael señaló que la agricultura “es un rubro en el que hay que innovar permanentemente. Apostar mucho a la gente, al equipo de trabajo y hay que estar presente”. A propósito, Federico agregó que “no es llamar por teléfono, hay que estar”.

Fortalecimiento y posicionamiento

Los Sosa admitieron que construir sus empresas les ha costado mucho. “Nuestro origen fue esa bolsa donde todos pusimos y que era muy chiquita, pero hoy en día tenemos un posicionamiento importante en la zona”, reconoció Federico.

Rafael agregó que “hasta hace poco se comentaba que volvían los argentinos a sembrar, pero ya no nos van a sacar como en aquel momento, porque estamos a la par, instalados en el medio, estuvimos en los años difíciles, y la zona de Durazno no es fácil”.

Julio Nin dijo que no le gusta “la frase trillada: alimentamos al mundo. Esto lo hago por una cuestión económica, porque me gusta y porque es lo que sé hacer”. Pero también admitió que “es cierto que de acá salen alimentos y este es uno de los pocos lugares del mundo donde se producen. Por lo tanto, al negocio en el largo plazo lo veo bien”.

Consideró que si vuelven a bajar los precios de los productos y de la tierra será algo circunstancial, pero en definitiva “se volverá a salir adelante”, porque “la demanda de granos está, así que creo que el negocio tiene futuro”. 

Al repasar lo ocurrido con el mercado en los últimos años, señaló que de 2003 a 2013 “fue siempre hacia arriba. Siempre estuvimos esperando esa caída inminente; la esperábamos mucho antes, pero llegó en 2014 y se mantuvo hasta 2020. Ahora venimos con un año muy bueno para todos los productos, aunque no sé cuánto tiempo va a durar. Estoy de acuerdo con que el mundo va a necesitar comer, pero esto es cíclico. No sé si tendremos que volver a reconvertirnos a futuro”, planteó Federico. 

Más adelante, Rafael señaló que “estamos fuertes porque tenemos herramientas para mantenernos. Vender a futuro siempre se pudo, pero hoy además se puede fijar precios de lo que compras, y ya no te jugás en pleno a un solo cultivo. La diversificación de cultivos aporta estabilidad, que es lo que siempre buscamos”.

Relación insumo-producto

Durante la charla también se planteó la relación insumo-producto, que “hoy es peor que la del año pasado”. Los agricultores dijeron que “probablemente el año pasado haya sido el mejor de los últimos 15, porque en la zona de Durazno no fue complicada la seca”. 

Recordaron que ocurrió lo inverso de la zafra 2014/15, cuando se sembró con costos que contemplaban un precio de venta de la soja a US$ 500 por tonelada pero se vendió a US$ 350. Sin embargo, el año pasado la oleaginosa se sembró con costos presupuestados para una soja de US$ 300 por tonelada y la cosecha se vendió a US$ 450. 

Nin explicó que el año pasado la soja a US$ 320 tenía casi 2.000 kilos de costo, y actualmente, con el precio a US$ 440, son 2.100 kilos. Por lo tanto, “el riesgo del negocio es mayor”, advirtió Federico. 

Admitieron que este año tuvieron una muy buena rentabilidad con los cultivos de invierno, aunque “el clima sigue siendo preponderante. Pero seguro que alguien compró insumos antes de que subieran los precios, y así cubrió un porcentaje muy grande de los costos, y además vendió la soja a futuro a US$ 450 por tonelada”, plantearon. 

Nota de Revista Verde N°97

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Timac AGRO Uruguay tuvo demanda récord pese a los desafíos logísticos

By Cristina Fumero,

Los altos precios de los granos y de la carne en 2021 impulsan la demanda de productos fosforados, nitrogenados y combinados; fue el mejor año de operaciones de la compañía 

El año 2021 fue “récord” en operaciones para Timac AGRO Uruguay desde su llegada al país hace 18 años. “Fueron 30.000 toneladas de específicas entregadas a los productores”, destacó el gerente general de la compañía, Santiago Alonso. 

La demanda fue variada y se inclinó principalmente por los fertilizantes fosforados y nitrogenados, pero “también se vendieron bien los combinados, que incluyen nitrógeno, fósforo, potasio y micronutrientes en distintas proporciones”, indicó.

Alonso explicó que “prácticamente todos los productos vienen de la fábrica del grupo (Roullier)”, ubicada en Río Grande do Sul, Brasil. Pero “este concretamos una importación de 5.000 toneladas de Top Phos de Francia”. 

Y las nuevas exigencias oficiales exigieron actualizar los registros de todas las fórmulas que se comercializan en Uruguay. 

En 2021 hubo distintos fenómenos que provocaron distorsiones logísticas, restricciones en la oferta y movimientos en los precios de los principales fertilizantes utilizados en cultivos y pasturas. En esa línea, Alonso señaló que el mercado de fertilizantes “no ha sido ajeno a los inconvenientes que se viven con el abastecimiento de insumos de uso agrícola y ganadero, y hay problemas para satisfacer los requerimientos de los productores”. 

Recordó que desde fines de febrero Timac AGRO Uruguay comenzó a ver movimientos alcistas en los precios y problemas de disponibilidad de los fertilizantes en el mundo, y “concretamos grandes compras anticipadas, lo que resultó en un acierto en función de lo que ocurrió después”, sostuvo. 

De esa forma “se pudo cumplir con muchos pedidos tempranos de productores, pero luego bajó el ritmo de producción de la fábrica brasileña, lo que tornó muy lento el abastecimiento a Uruguay. Esa situación nos llevó a importar, por primera vez, Top Phos desde Francia”.

Alonso visualiza que el negocio agropecuario en Uruguay en 2022 tendrá un “fuerte dinamismo; muy prometedor”. Repasó que ya van dos años con la ganadería de carne “pisando firme”, por los precios y la demanda internacional. Agregó que “la lechería acompaña”; y que “las áreas de cultivos de invierno y verano están mostrando un incremento”. 

Consideró que los precios de los granos de invierno “llevan a pensar en un nuevo crecimiento del área para el ciclo 2022/23. Las expectativas son interesantes”.

Con una demanda firme, la disponibilidad de fertilizantes para 2022 es un aspecto de análisis. El gerente general de Timac AGRO considera que en la actualidad “hay varios problemas sin resolver”. 

Por un lado, se refirió a “la escasez y el encarecimiento del gas en Asia y Europa”. Además, señaló que “China interrumpió exportaciones de fertilizantes y la producción mundial tiene un ritmo muy lento” por la pandemia. 

Planteó que “todo esto repercute en Sudamérica” y que “el primer semestre de 2022 será desafiante en disponibilidad de productos”. 

Agregó que se están formulando los pedidos para el año que viene y “estamos esperando la agenda de entrega efectiva”. Más allá del caso particular de los fertilizantes, “en 2022 se prevé una demanda importante de insumos agrícolas y poca oferta disponible, principalmente por los retrasos en las entregas”. 

LOS PRODUCTOS

En el portafolio de Timac AGRO figuran 12 fórmulas dentro de las más demandadas para su utilización en agricultura, lechería y ganadería. El ejecutivo mencionó a Top Phos 280 HP, “un producto fosfatado de entrega gradual y alta disponibilidad, con tecnología que lo protege de la fijación en el suelo. Estimula el crecimiento radicular de la planta y la vida microbiana del suelo, proporcionando alta residualidad de fósforo para la próxima zafra. Su fórmula es: NPK 0-22/28-0 + S 5% + Ca 17%”.

Alonso resaltó a Top Phos 724, “un fertilizante fosfatado complejo, de alta disponibilidad de fósforo, con la misma tecnología que protege al nutriente de la fijación en el suelo”. Su fórmula es: NPK 7-24/24-0 + S 7% + Ca 11% + B 0,1% + Cu 0,1% + Mn 0,3% + Zn 0,3%. 

En nitrogenados señaló que “se vende muy bien Sulfammo Meta 29, un fertilizante que libera el nutriente gradualmente, lo que reduce las pérdidas durante el ciclo del cultivo”. Su fórmula es: NPK 29-0-0 + S 7% + Ca 5% + Mg 2%. En sinergia con el S, Ca y Mg, favorece la fotosíntesis y la formación de proteína en la planta y la productividad del cultivo”,

LA GANADERÍA TAMBIÉN EMPUJA

Un 60% de las ventas de Timac AGRO es para cultivos de verano y 40% para pasturas y cultivos de invierno. De ese volumen, 60% va a ganadería y lechería, y 40% a cultivos de invierno, “donde nuestro nitrógeno tiene una participación muy alta”, afirmó.

Comentó que en fertilización de pasturas y campo natural “venimos trabajando desde hace cinco años, y se viene avanzando a buen ritmo. Con los ganaderos estamos viendo el efecto de distintas fórmulas de fertilizantes sobre la producción de materia seca y el contenido de proteína del forraje”. 

Además, remarcó que “hace dos años que estamos validando nuestros productos con empresas consultoras privadas. Todos estos procesos han provocado un salto de participación de la marca en el mercado de fertilizantes para pasturas”.

Alonso informó que se están realizando ensayos de nuevos productos, más allá de los fertilizantes químicos. El área de Investigación y Desarrollo de la empresa está trabajando en una gama importante de bioestimulantes para las pasturas, “que buscan favorecer la recuperación rápida tras el pastoreo y el corte”.

TIMAC AGRO 

Timac Agro cuenta en Uruguay con 83 colaboradores, en administración, industria, departamento técnico y comercial. En los dos últimos operan directamente 40 personas, que visitan diariamente a los productores para acercarles asesoramiento sobre el uso de los productos. 

“La recomendación es a medida de cada campo y planteo productivo. Los técnicos trabajan con análisis del suelo y consideran los objetivos del productor. Con esos datos pueden aconsejar productos estándar formulados, o proponer mezclas adaptadas a cada situación particular”, dijo Alonso. 

Sobre los planes futuros, el ejecutivo señaló que a nivel local estamos “pensando en seguir invirtiendo en capital humano y en infraestructura, sobre todo en instalaciones”. 

La compañía sigue expandiéndose en el mundo y buscando tecnologías innovadoras –como el desarrollo de los bioestimulantes–, “atentos a los requerimientos de los productores y las demandas de la sociedad por alimentos nutritivos, saludables y de costo accesible”.

En los últimos años se pone cada vez más el foco en la producción agropecuaria y su impacto sobre el ambiente. Alonso explicó que “en todos nuestros productos buscamos una simbiosis entre el ambiente y el sistema productivo, en un marco de sustentabilidad y cuidado de los recursos”. 

A modo de ejemplo, planteó que “mediante análisis de suelo se vigila que el nitrógeno o el fósforo que se aplica no se lixivien por exceso de dosis, sino que se utilicen las unidades justas y necesarias para alcanzar la mayor eficiencia en la producción”. 

Aseguró que “desde el origen todas las fórmulas apuntan a cuidar los recursos naturales (suelo, napas) y articularlas armónicamente con el sistema productivo”, concluyó.

Timac AGRO Uruguay es una empresa del grupo Roullier, fundada en 1959 en Francia. Cuenta con 96 unidades de producción en el mundo y emplea a 8.500 personas. El grupo llegó a la región en 1997, cuando adquirió una fábrica de fertilizantes en Río Grande do Sul, la que hoy en día es la mayor unidad de granulación de Roullier. El grupo llegó a Uruguay en 2003, con Timac AGRO.

Nota de Revista Verde N°97

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Se acelera el ritmo de aprobaciones de los nuevos eventos transgénicos; desde la CUS valoran el avance

By Cristina Fumero,

El Gabinete Nacional de Bioseguridad aprobó recientemente 19 solicitudes de uso de eventos transgénicos, que corresponden a 12 eventos distintos. Desde la Cámara Uruguaya de Semillas (CUS) valoran el avance porque de esta forma Uruguay se acerca a la situación de los demás países de la región.

La aprobación de nuevos eventos transgénicos es una de las cuestiones en las que la CUS ha trabajado desde las primeras habilitaciones en Uruguay. El gerente de la institución, Agustín Damboriarena, dijo a VERDE que es un tema que “nos interesa trabajar estrechamente con las autoridades, porque las autorizaciones implican poner sobre la mesa distintas herramientas tecnológicas que impactan en la competitividad de la agricultura uruguaya”.

Hace poco se aprobaron 19 solicitudes de uso de eventos transgénicos, de las cuales 10 están destinadas al uso comercial; siete son para maíz y tres para soja. En tanto, otras nueve solicitudes tienen como destino los ensayos y la investigación. 

“Estos nuevos desarrollos biotecnológicos posibilitarán sistemas productivos más eficientes y serán beneficiosos para toda la cadena y para las exportaciones del país”, aseguró Damboriarena. 

Agregó que “los eventos aprobados recientemente habían cumplido todas las etapas técnicas y quedaba sólo la instancia final del Gabinete Nacional de Bioseguridad (GNBio), que se realizó hace poco. Es un gran avance y estamos alineándonos con la región”. 

El gerente de la CUS valoró que “se achicó mucho la diferencia negativa de años anteriores. Ahora hay más herramientas tecnológicas para los productores y quedan pocos eventos pendientes de aprobación. Estamos viviendo una nueva realidad”.

Actualmente quedan 11 eventos pendientes de aprobación, algunos de los cuales ingresaron este año, orientados principalmente a soja (siete), maíz (dos) y algodón (dos). Dichos eventos están en la etapa dos, a mitad de camino para su posible aprobación. 

La etapa dos consiste en el análisis técnico-científico que realizan los expertos de los ministerios que integran el GNBio (Ganadería, Agricultura y Pesca; Salud Pública; Ambiente; Relaciones Exteriores; Economía y Finanzas; e Industria, Energía y Minería), y del Instituto Clemente Estable, del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), de la Universidad de la República, del Instituto Pasteur, del Instituto Nacional de Semillas (Inase) y del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU). 

“Una vez que concluya esa parte se pasará a la consulta pública y a la fase política, donde los ministros del GNBio analizarán los informes y decidirán la autorización”, dijo.

En la inauguración de la cosecha de trigo, organizada por Asociación Agropecuaria de Dolores (AAD), el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Fernando Mattos, destacó que, con la misma capacidad técnica y con los mismos equipos, se autorizaron 19 nuevos eventos, porque se aceleró el tratamiento político; y prometió que no habrá ideología a la hora de aprobar un nuevo evento biotecnológico. 

Sobre ese punto, Damboriarena admitió que “se ha notado el compromiso del ministro y del GNBio con el tema, para que el proceso de aprobación sea fluido y con sentido pragmático. Es bienvenido el hecho de que los factores ideológicos no intercedan, dándole relevancia a la evaluación técnica y a un proceso objetivo”. 

Mientras tanto, valoró que “las últimas aprobaciones limpiaron la cancha y se empezaría a trabajar con un sistema que pretende brindar las respuestas que las empresas desean tener al momento de iniciar el proceso de aprobación de un nuevo evento transgénico”.

Remarcó que el proceso de aprobación de nuevos eventos tecnológicos requiere previsibilidad, independientemente del resultado que se obtenga en esa evaluación. “Hay que considerar que a las empresas les llevó muchos años e inversión el desarrollo de nuevas tecnologías de aplicación comercial. Entonces, para estar alineados, es necesario tener conocimiento sobre el proceso de aprobación, cual es el tiempo límite para tener una respuesta, entre otros aspectos; y las autoridades han manifestado que están trabajando en esa dirección”.

Algunas empresas biotecnológicas optaron por solicitar la aprobación de eventos individuales, más allá de que dichos eventos puedan integrar un gen apilado. Al respecto, Damboriarena sostuvo que hay países que evalúan las interconexiones entre los eventos individuales cuando se trata de un material con genes apilados. Otros toman la actitud contraria, como por ejemplo China, que aprueba eventos individuales para las importaciones de maíz y soja.

El rol de la Cámara Uruguaya de Semillas

La CUS nuclea a 30 empresas semilleristas, y la institución trabaja “para promocionar la producción y el comercio de semillas, representando los intereses de los asociados, articulando y trabajando con organismos como el Inase y el MGAP las cuestiones referidas a normativas, regulaciones y oportunidades de mejora para el sector”, dijo su nuevo gerente, Agustín Damboriarena. 

También señaló que “brindamos asesoramiento e información técnica, comercial y legal vinculada con la semilla y el sector agrícola. Y somos los responsables del programa de refugio (IRM) en maíz. A su vez, trabajamos en la promoción comercial y posicionamiento sectorial y buscamos establecer alianzas estratégicas de cooperación que beneficien al sector. El espectro de objetivos y servicios que ofrece la CUS es amplio y siempre apunta a potenciar el sector semillerista como parte de la cadena agroindustrial”.

Dijo que representar a la CUS “es un gran desafío”, y que uno de los principales objetivos es “estar cerca de las empresas y de las instituciones vinculadas a la Cámara y al sector”. 

Puso como ejemplo que “hemos mantenido reuniones con autoridades del Ministerio de Relaciones Exteriores y con el MGAP. También estuvimos presentes en las jornadas organizadas por las empresas, para interactuar con sus técnicos y directores, y escuchar sus intereses e inquietudes, porque el acercamiento de la CUS con sus asociados debe ser permanente”.

Damboriarena señaló que la exportación de semilla es un negocio importante para algunas empresas. “Las perspectivas son alentadoras. Uruguay produce semillas de excelente calidad y se aspira a que haya mayor demanda desde el exterior”. Comentó que se está participando del estudio de prefactibilidad de un tratado de libre comercio con China y trabajando en estrategias para potenciar el comercio exterior”. 

Por otro lado, “se considera que si hay más demanda de alimentos y granos a nivel mundial, especialmente desde Asia, va a crecer la demanda de semillas para producirlos, tanto a nivel nacional como del exterior”. 

Asimismo, destacó que “el MGAP trabaja en la aprobación de normativas para la exportación de sorgo a China, y de forrajeras a Asia. Hay perspectivas de que los negocios agropecuarios y el sector de semillas crezcan, y la CUS está trabajando sinérgicamente y de forma constante con los distintos actores vinculados al sector para que ese proceso se materialice”.

 


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