Los agricultores plantean contratos a más largo plazo por sustentabilidad

By Cristina Fumero,

Rentabilidad, normativas internas de uso y cuidado de suelos, exigencias de mercados de destino y malezas, entre otros factores, ejercen presión sobre los productores

Ruben Silvera
ruben@infoagro.com.uy

Agricultores manifestaron la necesidad de ampliar los plazos de los contratos de arrendamiento de campos para poder planificar las rotaciones y realizar manejos agronómicos de largo plazo, en búsqueda de mayor sostenibilidad. Así lo planteó el empresario agrícola-ganadero de Soriano, Ricardo Echezarreta, en la reciente jornada anual de Barraca Erro, en Dolores. “Tendría que ser ley” que el arrendamiento se contrate por “más de seis años, para poder mejorar los campos”, señaló Echezarreta al analizar la actualidad del sistema agrícola y el ajuste de las pautas de manejo en la búsqueda de planteos sostenibles.

De esa instancia también participaron el productor Gonzalo Charbonnier (hijo); el responsable de operaciones de Agropecuaria del Litoral, Federico Frick; el director general de de Unicampo Uruguay, Esteban Hoffman; y los integrantes de Barraca Erro, Marcelo Ferreira y Germán Bremermann.

Echezarreta agregó que un arrendamiento a dos o tres años “es muy poco plazo” para poder “hacer ciertas cosas” para mejorarlo, pero los dueños “no ven eso”. Los que “lo ven te acompañan en el sistema”, pero mayoritariamente “se mira a corto plazo y esos serán los campos que tendrán más problemas”, porque “lo dejo y lo agarra otro productor, que también tendrá un problema cerquita, ya sea de malezas o pH”, y luego “él también lo dejará, y así sucesivamente”, ejemplificó. 

Insistió en que “hay que convencer al dueño del campo para tener contratos con más plazo, porque si se acaba el campo se acaba la agricultura”. Además consideró que “se ajustará el manejo para controlar malezas y aparecerán más tecnologías”. A propósito, mencionó el caso de Enlist, que “ha mejorado sensiblemente el control de malezas en soja y también en el resto de los cultivos de la secuencia, porque se aplican menos herbicidas; pero si matamos al campo nos quedamos sin actividad”.

Afirmó que “mi prioridad es cuidar el campo”. Comentó que cuando su empresa ingresa a un campo nuevo “lo primero que hacemos son terrazas”. “Hoy tenemos terrazas en el 90% de los campos, sean propios o arrendados. Nos complica para sembrar y otras operaciones, pero se terminaron los arrastres y los anegamientos. Se mejoró el potencial del campo y responde con más productividad. Requiere mucha inversión, y para eso precisamos los campos con más plazos para amortizar” esas inversiones, sostuvo. 

Charbonnier indicó que las rotaciones con pasturas precisan plazos más largos y las que incluyan 30% de maíz “demandan un plazo mínimo de tres años para hacer la secuencia de cultivos completa”. Destacó que “nos estamos animando a incluir el maíz en campos donde antes era impensado, apostando a siembras de segunda y con baja densidad”.

En los campos propios “rotamos con pasturas” y en campos arrendados, depende de la “complicidad” del dueño, que en algunos casos hace la ganadería o reconoce que se debe cuidar el suelo, porque está cerca de la producción. Pero hay situaciones donde “no se puede hacer, porque el dueño no está cerca y desconoce los problemas de no rotar”.

Charbonnier consideró que el principal problema “pasa por el plazo” de los arrendamientos y luego “por los costos”, pero eso está asociado a la oferta y demanda. “Cuando hacemos ganadería no podemos competir por una renta agrícola vinculada a kilos de soja, tampoco creo que sea sano hacer ganadería y pagar en kilos de soja. Nuestra ganadería no compite con la agricultura”, afirmó.

Frick recordó que hace algunos años estaba instalado el concepto de que “rotar el campo implicaba una resignación económica”, pero hoy “hay evidencia que los sistemas mejor rotados y manejados son los que producen mayores ingresos, porque crecen en producción frente a los que vienen en agricultura continua, con contratos de corto plazo y con poca rotación. En estos casos la productividad no crece y requieren manejos más costosos por la problemática de malezas, compactación o falta de nutrientes”.

Explicó que en los años secos “los sistemas bien conservados no se caen tanto, y en los años buenos dan mucho más a un menor costo por hectárea”. Señaló que de esa forma “apareció la pata económica de la sustentabilidad, que hace ocho o 10 años no estaba y había que apostar para que apareciera. Hoy las tres patas están bien equilibradas”.

El responsable de operaciones de Agropecuaria del Litoral entiende que esto “es difícil hacerlo en todos los campos arrendados”, y que las empresas que cuentan con un área importante bajo esa modalidad “en algunos campos lo pueden hacer y en otros no”. Por eso, consideró que “se debe entrar un sistema diferente, para poder seguir haciendo las cosas bien”.

El director de Barraca Erro, Jorge Erro, dijo en el marco de la actividad, que este “es un tema que se debe empezar a poner arriba de la mesa”, y describió la experiencia en algunas zonas de Brasil con el “encalado” de suelos, que derivó en establecer plazos “de cinco y hasta 10 años”, porque la inversión demanda de tres a cuatro años de amortización, dependiendo del costo del fertilizante.

A modo de ejemplo, aludió a los contratos de rentas para la instalación de bosques forestales, donde a nadie se le ocurre que “a los cuatro o cinco años” se tenga que “devolver” el campo con el árbol a mitad de camino.

Pensando en la “presión de los compradores” de los granos, como Europa y otros mercados, el “estiramiento” de los plazos permitiría avanzar con más recaudos hacia la “sustentabilidad” de los suelos y también del negocio. Por eso es importante hablar de este tema, para mejorar el sistema agrícola uruguayo, y me alegra que la propuesta surja de los productores”, acotó.

El manejo de malezas

Esteban Hoffman señaló que se atraviesa una “crisis” de conocimiento, porque “el problema nos pasa por arriba”. El ingeniero agrónomo consideró que “se deben pensar y diseñar sistemas para cambiar las cosas que nos vienen dadas”. En ese contexto, “los arrendamientos de dos o tres años son una locura, porque no se puede hacer nada”. 

Además se suma la particularidad de que Uruguay “tiene cinco cultivos por año”, de los cuales “tres son de invierno (trigo, cebada, colza), algo que solo pasa acá”. Esto incrementa la complejidad del sistema, por los recaudos que se deben tomar, asociados al tipo de suelos que tiene el país y las rotaciones. Y ahora con el manejo de malezas, porque “si se utilizan algunos herbicidas en soja, no se puede hacer canola (colza) o si se utiliza el que permite la colza debo tener cuidado con el híbrido de maíz que voy a sembrar después, y a la vez se tiene que poder usar con los cultivos de cobertura. El carry over de herbicidas condiciona al sistema”, ejemplificó.

Señaló que las malezas resistentes a determinados herbicidas “atentan” contra la sostenibilidad actual y futura del sistema. El manejo “debe atacarse desde diferentes puntos de vista”, porque “no se soluciona” a” machetazo limpio y herbicidas”, de esa forma “termina mal”.

Hoffman recalcó que ocurren muchas situaciones en el cultivo de colza, donde “se convive con la pérdida de rendimiento por fitotoxicidad subclínica (que no se puede ver), generada por graminicidas aplicados para el control de raigrás. Hoy se sabe que no se pueden aplicar esos herbicidas en cultivos de colza y carinata porque se pierde rinde”. También señaló que “hay activos que provocan pérdidas subclínicas en trigo y cebada”.  

El director de Unicampo Uruguay dijo que el costo para controlar malezas “crece tanto en cultivos de invierno como de verano”. Un trigo “sin problemas de malezas resistentes demanda unos US$ 100 por hectárea”, y “si hay problemas de malezas el costo se incrementa un 50%”, señaló. El escenario es “similar para soja” y para otros cultivos “la inversión puede ser mayor”, afirmó.

Echezarreta también señaló que se ha complejizado el manejo de algunas malezas, “por eso estamos con mucha rotación” de cultivos y “praderas” de corto plazo en los campos arrendados, y de largo plazo en los propios. “Eso nos ayudó muchísimo en el control de malezas”, valoró. 

En la secuencia de cultivos agrícolas en Uruguay “se ha incrementado la presencia de gramíneas de verano para cortar el ciclo de algunas malezas. Me gustaría hacer 50% de soja y 50% de maíz, pero se hace difícil la comercialización del maíz, porque no tiene la fluidez comercial de la soja”, señaló. A propósito, comentó que “hicimos un corral de engorde para darle un destino” al cereal.

Remarcó que hay una “apuesta fuerte” a las praderas, con una producción ganadera intensiva, porque “el costo del arrendamiento está en kilos de soja, por lo cual la eficiencia y la productividad son claves”. En ese planteo “se hace la recría, donde se producen 800 kilos de carne por hectárea, y luego se pasa al corral”, acotó Echezarreta.  

Charbonnier sostuvo que la utilización de herbicidas preemergentes para el control de malezas “ha ido creciendo”, aunque “un sistema de producción con rotación estira la aparición de la problemática, hay campos donde se puede hacer la rotación que uno quiere, pero en otros casos –ya sea por el tipo de tenencia o el costo del arrendamiento– se dificulta. Se conocen chacras con 15 años en agricultura continua que no han tenido maíz, como deberían”.

Frick agregó que la situación de malezas es el síntoma de una falla que tuvo el sistema en el diseño o en el manejo, que evidencia la falta de rotaciones, ya sea con pasturas o cultivos. “Nos encontramos con esa situación, pero el origen ya tiene su tiempo, y esa problemática ha generado que la agricultura se haya vuelto mucho más compleja, por la cantidad de elementos que tiene que manejar”, que se suman a los riesgos intrínsecos de la actividad, el clima y los precios, describió.

“Hay que aprender a convivir con las malezas, porque si bien la vamos corriendo de atrás, la problemática tiene solución. Es costosa, habrá que cambiar la forma de hacer las cosas, pero tiene solución”, resaltó Frick.

Al referirse al momento de definición de un plan de siembra, Frick consideró que la soja “debe incluir variedades confiables, estables y con buen potencial de rendimiento”. Advirtió que “suena bien, pero no es fácil encontrarlas. Las variedades con sus tecnologías para cada ambiente o situación tienen que rendir”. 

En el caso de la empresa, un reflejo de la intensidad del sistema es que la soja de segunda sembrada luego de un cultivo de invierno “hoy ocupa el 80% del área”, indicó. A la vez, “hemos bajado la cantidad de variedades utilizadas de ocho o 10 a cuatro o cinco materiales, donde dos ocupan el grueso de la siembra”, comentó.

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Seguro de rinde aún no contempla las necesidades de los agricultores, advirtió el corredor Jorge Eluén

By Cristina Fumero,

El corredor Jorge Eluén sostuvo que “a los productores de punta hay que darles muchos kilos para que el seguro por rendimiento les sirva” y por eso se ajusta más al proveedor

Desde el sector asegurador se reconoce la importancia de que todos los actores del rubro trabajen en conjunto, con el fin de lograr seguros que sean más acordes a las necesidades de los productores agrícolas, y que, en definitiva, le permitan seguir produciendo, amortiguando el impacto de eventos adversos. Desde hace varios años los seguros agrícolas pasaron a ser una herramienta fundamental en los distintos sistemas de producción, incluyéndose en la estructura de costos de las empresas. 

“No existen recetas universales, sino que es fundamental determinar qué cobertura se adapta mejor a las necesidades de cada sistema, por lo cual el trabajo de los corredores es fundamental”, indicó a VERDE Jorge Eluén, director de Eluén Seguros. 

Además remarcó la importancia de seguir trabajando para lograr un seguro de rendimiento que contemple las necesidades del productor, cubriéndolo en cantidad de kilos y a un costo que permita que “valga la pena” su contratación. 

Considerando que cada empresa y cada productor son “un mundo diferente”, Eluén entiende que el papel del asesoramiento es fundamental, ya que existe un menú muy variado de coberturas para adecuar a las necesidades de cada cliente.  “Hoy es común encontrar seguros con muy poco asesoramiento, lo cual es malo para el mercado, porque el día que el productor se enfrenta a un siniestro no tiene claro con qué cobertura cuenta”, puntualizó. De todas formas, consideró que el mercado uruguayo “es sano”, que cuenta con “seguros que funcionan bien” y “compañías que pagan por los siniestros, cumpliendo su cometido”. 

Eluén entiende que la cultura del seguro en el sector agrícola ha ido creciendo. “Hace unos años el productor no quería saber nada con los seguros, pero hoy ve que funcionan”, destacó. Por otra parte, agregó que los montos que se pagan por siniestros son importantes y “mueven la aguja del productor”, que ya es consciente de que los seguros son una herramienta necesaria en su sistema de producción, por lo que hay que considerar ese costo. 

Consultado sobre cuáles son las coberturas más solicitadas, señaló que en cultivos de secano las coberturas de granizo y resiembra “son básicas”. Es de destacar que si bien los cultivos cuentan con cobertura de incendio para cubrir por completo los riesgos, es necesario que las máquinas también estén aseguradas. En cuanto al granizo, explicó que hay diferentes coberturas, ya sea con deducible o sin deducible. Y destacó que“hay un montón de opciones diferentes, que se evalúan con el productor”.

El corredor sostuvo que la resiembra “es otro aspecto importante”. Advirtió que “este año puede llover mucho en las fechas de siembra, y en ese contexto el seguro para resiembra tiene su lugar”. 

En el caso del arroz se destacan los seguros contra granizo y viento. “La cobertura de baja temperatura en la etapa de floración, por ejemplo, es un seguro que tiene condiciones que a veces no son tan atractivas para el productor, por lo que son pocos los que lo toman”, agregó.

Sobre el seguro por rendimiento, Eluén señaló que “hay muchos factores en juego”. Explicó que en la zona este y noreste, a pesar de que los datos muestran que hay productores alcanzando buenas producciones por hectárea, “los kilos que se otorgan son muy bajos”. 

Opinó que el seguro de rendimiento aún no está adaptado a la necesidad del productor. “El tema es que a los productores de punta hay que darles muchos kilos para que el seguro por rendimiento les sirva. Con toda la inversión que realizan, si el seguro les da muy pocos kilos, no les vale la pena contratarlo”. 

Si bien Eluén reconoció que el plan piloto impulsado por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca en 2021 buscó hacerse de información para mejorar la oferta de seguros de rendimiento, aún no se ha logrado diseñar un seguro acorde. “Fue un plan que se usó más políticamente que para el productor, además no tuvo en cuenta a los corredores, que son quienes realmente asesoran y están en contacto con el productor”, cuestionó.

Explicó que este tipo de seguro de rendimiento “le sirve más al proveedor que al productor”. A modo de ejemplo planteó que “con un costo de producción de US$ 800 por hectárea, si la financiación es de US$ 300 por hectárea, a los proveedores les interesaría cubrir esa cifra, pero claramente al productor no le sirve. No le arregla nada, con esos números no puede cubrirse para seguir produciendo”, admitió el corredor.

Para Eluén sería fundamental contar primero con el reaseguro, y para eso se precisa información y negociación. “Si el Estado apoyara en una negociación con el reaseguro, de repente se conseguiría algo más de lo que logran las empresas negociando por separado”, sostuvo. 

A su vez, remarcó que si el seguro maneja una muy baja cantidad de kilos, quienes usarían la cobertura serían los productores marginales, porque al de punta no le sirve. “También hay que ver hasta cuánto está dispuesto a pagar el productor, porque son seguros más costosos”, planteó. Teniendo en cuenta que es muy difícil predecir qué va a suceder con el clima, las compañías fijan sus primas y “son cifras realmente importantes”, dijo. 

Agregó que “mientras un seguro tradicional no tiene incidencia fundamental en el presupuesto, un seguro por rendimiento tiene otros costos”. A su vez, remarcó que “es un tema de volumen, porque si hubiese demanda bajarían los costos”. 

Sobre la posibilidad de establecer un SOA agrícola, Eluén recordó que, si bien este seguro obligatorio para vehículos fue muy útil, “hoy no lo controla nadie. Al no controlarse, no se paga, es decir que se está pagando por un siniestro que no tiene ninguna prima de contrapartida”.

Sostuvo que cuando se habla de un seguro obligatorio hay que ser muy específico, explicando qué es lo que se cubre y, a su vez, tener capacidad de reaseguro. En ese sentido destacó que los seguros comerciales con los que cuenta están es su mayoría reasegurados. “Por más que haya una catástrofe, tenemos el respaldo de la empresa que cumple con toda la normativa y el respaldo de la empresa de reaseguro”, valoró. 

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Pronostican que El Niño se afianzará en los primeros meses de 2024

By Cristina Fumero,

El comportamiento de las precipitaciones comenzará a cambiar a partir de setiembre y octubre, dependiendo de cada región; la situación será opuesta a la de años anteriores

El panorama climático para los próximos meses muestra un “gran cambio” de condiciones respecto a lo que ocurrió en los últimos tres años por el fenómeno de La Niña, que si bien tuvo altibajos, el año pasado fue “muy complicado”, dijo a VERDE el meteorólogo argentino Leonardo de Benedictis. Planteó que ahora se va a una situación “opuesta”, con un año Niño, que brinda un “aporte de humedad más significativo” y con “la posibilidad de un mayor nivel de precipitaciones” en gran parte Uruguay, del litoral argentino, sur de Brasil y de Paraguay.

En el marco de la jornada de lanzamiento de la zafra de maíz de Procampo Semillas y KWS, el especialista pronosticó para los últimos meses de este año un “nivel de lluvias superior al normal y de manera más generalizada”. Dijo que las lluvias registradas durante agosto y setiembre en algunas zonas de Uruguay ya representan una señal en ese sentido, pero el incremento de las precipitaciones ya se empezará a notar entre setiembre y octubre, en los meses de transición. 

Señaló que a partir de ese período lloverá con mayor frecuencia, volumen y distribución,  y que las lluvias “no serán tan puntuales” como las de los últimos meses. Indicó que la consolidación del fenómeno Niño se irá incrementando en la recta final de este año, y se afianzará en los primeros meses de 2024, “con ciertas variaciones, ya que no será todo parejo”, comentó.

El meteorólogo recomendó considerar los pronósticos de corto plazo, y “aprovechar las ventanas” para siembras y cosechas, de verano y de invierno, que en este último caso “pueden tener problemas de enfermedades” por exceso de humedad. También se refirió a los desafíos logísticos en la cosecha y en la siembra de cultivos de verano, de primera y de segunda.

“Se espera que tengamos un verano lluvioso, por encima de lo normal, pero en enero y febrero nos acercaremos a los niveles normales, y a partir de marzo nuevamente se incrementarán las lluvias”, acotó. 

De Benedictis vaticinó un verano caluroso “pero no al extremo, como el que tuvimos el año pasado”, fundamentalmente por el nivel de humedad, ya que al tener “mayor frecuencia de lluvias y cobertura de humedad” hará que “la variabilidad térmica sea un poco más moderada”, aunque habrá “olas de calor”, confirmó.

También marcó la posibilidad de transitar momentos de déficit hídrico “en casos puntuales”, que estarán influenciados por lluvias “no tan generales” pero que serán momentáneos, y “en principio no podrían perjudicar el potencial rendimiento de los cultivos en un año como el que se proyecta”.

Para marzo, a priori, el especialista marcó la presencia de lluvias importantes, “por encima de lo normal”, lo que aportará desafíos logísticos para las cosechas y siembras tempranas. A la vez, para abril se proyecta un mes con una reducción de lluvias frente al mes precedente, “sobre todo en la segunda quincena”, mientras que en mayo, “por su propia estacionalidad lloverá menos”. En definitiva, dijo que “en abril y mayo no esperamos situaciones problemáticas por exceso de lluvias”.

Nuevos híbridos de KWS y Procampo

“La gran novedad es el cambio en las tendencias de precipitaciones”, resaltó a VERDE el coordinador de servicios agronómicos de KWS para Argentina y Uruguay, ingeniero agrónomo Santiago Vacca. “Genética más agronomía, pensando en un buen año desde el punto de vista climático”, en esa línea “pesa la decisión del híbrido a sembrar y el manejo a utilizar, ambos deben ser ideales para el año”, acotó.

KWS pone el foco en el potencial, la estabilidad y la sanidad de los materiales, aspectos relevantes para siembras tardías. Destacó que todo el portafolio disponible en Uruguay “cuenta con nuevos estándares” de control sanitario. Señaló que desde el punto de vista de la estabilidad “se está presentando el híbrido KWS 19-120 Vip 3; que viene acompañar a KM 4216 Vip 3, “que ya estaba dentro de los materiales que apuntan a la estabilidad”, dijo. Ambos materiales están orientados a siembras tardías. Además, KWS 19-120 Vip 3 “suma muy buen comportamiento sanitario”, incorporando versatilidad de uso, porque se trata de un híbrido granífero, con aptitud silera, por lo que puede estar destinado a ambientes de estabilidad en grano y para picar”.

Este nuevo híbrido surge dentro del programa de selección de híbridos de grano con alto perfil sanitario del norte de Córdoba (Argentina). “A medida que los trabajos de desarrollo fueron creciendo a nivel país, vimos que tenía muy buena aptitud silera”, porque “expresa muy buen volumen y calidad, es muy versátil para llevarlo a cosecha, pero también para picado, con buenos rendimientos de materia seca digestible y alta calidad”, describió. 

Sobre los materiales para ambientes de alta productividad en siembras de primera o sistemas bajo riego, Vacca destacó a KM 3916 Vip 3, que “está consolidado y responde muy bien a la tecnología, al manejo de densidad variable y al agregado de insumos. Es un híbrido para buscar techos de rendimientos, para planteos que exploran los 14.000, 15.000 kilos o más”. 

Indicó que KWS 13-160 Vip 3 es un híbrido posicionado para siembras de primera, “con excelente estabilidad”. Además, en el portafolio de maíces sileros para la zafra 2023/24 se destaca KWS 60-050 VIP3 Full, “el de mayor potencial y producción de materia seca digestible”; y KWS 60-950 VIP3, “un material con excelente estabilidad y calidad en producción de silo en siembras tempranas y tardías”, señaló. 

Explicó que ambos materiales surgen de la línea de selección específica de híbridos para silo y “vienen a sumar excelente sanidad, algo clave para las fechas de siembra más tardías”.

Para Vacca uno de los cambios de paradigmas que experimentó Uruguay, asociado al crecimiento del área de maíz, fue el manejo de la densidad, con lo cual se elevó el piso de producción “y no tanto los techos de rendimiento”. En ese sentido, dijo que “se comenzaron a desarrollar programas de siembras tardías, buscando mejores rendimientos en ciclos más cortos, estabilidad y salir del período crítico cuando llueve poco. Se está ajustando la nutrición, pero en toda Sudamérica aún falta la sintonía fina para achicar la brecha de rendimiento”. El desafío para la empresa “es seguir acompañando al productor para que disponga de la mejor opción posible, y con la vara cada vez más elevada”, planteó. 

En esa línea, señaló que las nuevas tecnologías juegan un rol clave para el control de malezas y de insectos. “Las empresas están entendiendo que a este nivel de latitud la tecnología Viptera 3 es totalmente necesaria”, y que “es muy importante realizar los programas de refugio”, valoró. En cuanto a malezas, señaló que “KWS cuenta con una paleta de productos con tecnologías que responden muy bien al control de las mismas”. 

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Luego de la seca el año Niño suma desafíos para el manejo de malezas

By Cristina Fumero,

INIA advierte por el mayor remanente de semillas del verano pasado, que se suman a las que ya estaban, además la humedad genera condiciones ideales para su desarrollo

En un escenario de mayor disponibilidad hídrica y luego de la última sequía, se vislumbra un año más complejo para el control de malezas de verano en función del gran banco de semillas presente en el suelo. El ingeniero agrónomo (PhD) Tiago Kaspary, del área Protección Vegetal (Malezas) de INIA La Estanzuela, comentó a VERDE que en la pasada zafra de verano la sequía fue muy importante e impactó en la performance de los herbicidas preemergentes, que “no anduvieron bien”. 

Agregó que al final del ciclo “quedaron muchas malezas produciendo semillas, que se sumaron a las semillas que ya estaban en esa chacra”. En el caso de Amaranthus (yuyo colorado) y Echinochloas (capines) “pueden producir muchas semillas, millares por planta, por más que sean plantas chicas”, advirtió. 

Por eso indicó que se debe tener en cuenta que “vamos hacia una primavera-verano con un poco más agua, más humedad, con lo cual la tendencia es que toda esa semilla que ya estaba del año anterior, más lo que se sumó en el último verano, estará en el suelo, germinando dentro de los cultivos”. 

Enfatizó que “hay que tener en cuenta esas situaciones y tomar las medidas necesarias para manejar preventivamente los herbicidas preemergentes. Como también, en función de la tecnología que el productor utilice, contar con alguna herramienta más para aplicar dentro de los cultivos de soja o maíz”.

Señaló que las malezas “problema” dependen del lugar donde “estamos parados” y marcó que, en la actualidad, en los cultivos de secano existen cinco grandes grupos de malezas, donde dos de ellos –raigrases y brassicas– tienen su mayor importancia en invierno; conyza o carnicera tiene actividad durante todo el año; al tiempo que los capines y yuyos colorados tienen presencia y generan pérdidas en cultivos de verano. 

Estos grupos de malezas son formados “por dos o más especies”, señaló. Al tiempo, detalló que los yuyos colorados que están presentes en Uruguay como problemas son el Amaranthus hybridus, el Amaranthus tuberculatus y el Amaranthus palmeri. Explicó que cada especie tiene problemas específicos de resistencia y otros que comparten todas. 

“Las poblaciones de palmeri y tuberculatus llegaron con todos los problemas de resistencia incorporados, una vez que fueron introducidas a Uruguay a través de cosechadoras usadas importadas de Estados Unidos”, recordó.

El otro grupo de malezas es el de las Echinocloas (colona y crus-galli). “Aún no tenemos la confirmación oficial de resistencia. Se trata de especies propias de nuestra agricultura y de los sistemas uruguayos. En esos lugares se está seleccionando resistencia”, comentó Kaspary.  

Afirmó que la problemática de los Amaranthus es más importante en el cultivo de soja, mientras que las Echinochloas afectan más al maíz, principalmente en función de las opciones de manejo, como los herbicidas selectivos, que podemos utilizar, indicó.

EL MANEJO

El investigador de INIA señaló que la presencia de malezas resistentes “ha generado un ajuste permanente” de manejo, y que la idea que promueve el instituto de investigación es el manejo integrado, sumando herramientas y acciones que no pasen exclusivamente por el uso de herbicidas. “Muchas veces logramos un manejo exitoso con ese tipo de acciones integradas, y en otros casos, la opción pasa más por el control químico; pero el uso exclusivo de herbicidas no es lo que se recomienda”, puntualizó.

El objetivo “pasa por sumar esfuerzos y distintas herramientas” para manejar la resistencia, “no importa si son raigrases, Echinochloas o Amaranthus”, indicó. Pero específicamente para las malezas resistentes del verano “estamos promoviendo la utilización de cultivos de cobertura durante el invierno, que se termina con la siembra de soja, cuando esta cobertura deja un rastrojo que queda sobre el suelo, ayudando a manejar las malezas de verano, reduciendo la infestación. No controla todo porque no impide que venga alguna maleza, pero suma esfuerzos a los químicos como estrategia de manejo”.

Explicó que el manejo químico de Amaranthus y Echinochloa que recomiendan está basado en la utilización de herbicidas preemergentes y posemergentes, siempre que sea posible. “Los preemergentes impiden la emergencia o desarrollo inicial de las malezas. Para esto promovemos la mezcla de principios activos con distintos mecanismos de acción. Las malezas no se logran establecer porque los herbicidas actúan en distintos puntos de su metabolismo”, explicó. 

En posemergencia “se han incorporado nuevas tecnologías que permiten la utilización de glufosinato de amonio y 2,4D sobre cultivos de soja con esa tolerancia. Estos herbicidas son alternativas a otros productos que ya se vienen utilizando en soja sin esta resistencia, como el fomesafen y fomesafen más benazolin, que son selectivo para soja, aunque su aplicación depende del tamaño de la maleza”, acotó. 

“La idea es integrar esfuerzos para manejar las malezas. Toda herramienta que se pueda sumar es bienvenida, debemos intentar no depender exclusivamente de los herbicidas y cuando los utilicemos los tenemos que hacer con distintos productos y activos, con diferentes modos de acción”, sostuvo.

Indicó que en maíz “hay tecnologías nuevas, que permiten utilizar un haloxifop que no es selectivo para ese cultivo, además de glifosato y glufosinato de amonio, ya presente por más tiempo en otros híbridos resistentes, que también son herramientas importantes porque aportan tres mecanismos de acción diferentes, principalmente para el manejo de Echinochloas de difícil control”. 

En ese caso “se recomienda la utilización de mezclas preemergentes, y para cultivares que no cuentan con ese evento transgénico está la posibilidad del uso en posemergentes de otros herbicidas, como por ejemplo el nicosulfuron y topramezone”, detalló. 

RESISTENCIA A HERBICIDAS EN URUGUAY

Kaspary agregó que en Uruguay hay cinco casos de resistencia reportados de forma oficial en la página web de la Weed Science, dirigida por el investigador Ian Heap, importante referente en la materia a nivel internacional. Allí se reúnen los casos de resistencia formalmente reportados globalmente. 

Para Uruguay “hay dos casos de Echinochloa resistentes a quinclorac y a la mezcla de imazapyr más imazapic en los sistemas arroceros del este del país”, señaló. A la vez, “en los sistemas agrícolas de secano hay tres casos nuevos de resistencia a glifosato en las tres especies de Amaranthus, que fueron confirmados por el equipo de INIA La Estanzuela en 2022”, informó. 

Por otra parte, el investigador comentó que “tenemos datos publicados de raigrases con resistencias múltiples al glifosato, iodosulfuron más mesosulfuron y clethodim”. Además, para el caso de los Amaranthus “se están realizando varios trabajos para confirmar oficialmente resistencia a otros herbicidas como clorimuron, diclosulam, fomesafen, entre otros”. Para las carniceras (Conyzas spp.) se está trabajando en casos de resistencias múltiples a por lo menos tres herbicidas, casos que serán registrados formalmente en breve.

Kaspary indicó que se están realizando trabajos sobre sospechas de resistencia a glifosato e inhibidores de la ALS en las Echinochloas y brásicas, a lo que suma también “la sospecha de resistencia de las brásicas a hormonales, como 2,4-D y MCPA”.

Explicó que los trabajos para la confirmación de resistencia llevan “por lo menos” dos generaciones de plantas, “se necesita traer esa planta del campo, multiplicarla, hacer los ensayos, esperar que se multiplique, volver a realizar los ensayos encima de las hijas de las plantas con las que se comenzó la investigación. La resistencia en esta segunda generación necesita ser confirmada, para que así se pueda, reportar la resistencia a herbicidas de forma oficial. Esto es necesario, porque para ser considerado resistencia, la misma tiene que pasar de generación en generación. Por esa razón los trabajos se realizan en dos generaciones. No es tan sencillo afirmar que hay resistencia, por eso demanda tiempo”.

En los cultivos de invierno las brásicas vienen ganando mucha importancia, “hay algunas que son bastante comunes en Uruguay, como el Raphanus sativus y Raphanus raphanistrum, los comúnmente llamados rábanos o nabos. No se ha confirmado la resistencia, pero hay sospechas desde hace bastante tiempo”, señaló.

Agregó que “en los últimos años detectamos la presencia de un híbrido llamado popularmente nabolza, que es una mezcla de colza que habitualmente se siembra (Brassica napus), con otras especies nativas (Brassica spp.)”. A partir de allí se generó un híbrido con “varios reportes con sospecha de resistencia a glifosato y a herbicidas inhibidores de la ALS”, como metsulfuron. “La evolución a la resistencia es constante y el manejo integrado es una de las formas de reducir la presión de selección y atrasar la ocurrencia de más y más casos de malezas resistentes en nuestros sistemas productivos”, concluyó.

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Manejo sanitario integrado es clave para el control de enfermedades

By Cristina Fumero,

Las mayores precipitaciones en este invierno afectaron a los cultivos; la cebada sufrió la epidemia de mancha en red y cuando hay anegamiento “la ramularia es importante”

El manejo sanitario integrado es clave para el control de enfermedades, destacándose a su vez la importancia del correcto uso de los fungicidas para frenar enfrentar las distintas problemáticas. La temática fue abordada en el  marco de la jornada anual de Proquimur sobre enfermedades de invierno, denominada Decidiendo con conocimiento, donde participaron los ingenieros agrónomos: M. Sc. Silvana González de INIA La Estanzuela; PhD. Carlos Pérez, de Clínica Vegetal; PhD. Marcelo Carmona, de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires; y la PhD. Silvia Pereyra, de INIA La Estanzuela.

Carmona aseguró a VERDE que cuando surgieron los fungicidas “fueron vendidos como una solución casi mágica”, sin embargo “se han empezado a ver sus debilidades y crecen las preguntas sobre la utilización de otras moléculas para mejorar su eficacia de control”. 

Sostuvo que “su uso está cuestionado”, por lo que incluso en Europa hay un proyecto para suspender los fungicidas en un 50% de la superficie de la tierra. A su entender “es necesario profundizar en su conocimiento, para saber mejor cuándo aplicarlo, en qué dosis hacerlo y cómo rotarlos para no generar resistencia”. 

En este sentido remarcó la importancia de rotar los principios activos de los fungicidas, pero además “hacerlos con otros mecanismos de acción que sean igualmente eficientes” para el control del patógeno en cuestión. 

Carmona destacó que la resistencia viene creciendo a nivel mundial, siendo “el principal desafío que tenemos los investigadores, las empresas, los productores y la sociedad en su conjunto”, ya que entiende que usar fungicidas que no funcionen implica contaminar el ambiente y no lograr el objetivo buscado. 

Consideró que desarrollar una nueva molécula tiene un costo de entre US$ 200 y US$ 300 millones. “No se pueden lanzar moléculas como antes, por los problemas de resistencia”, enfatizó. Por lo tanto, señaló que las compañías están teniendo que invertir más en investigación para poder enfrentar el problema de las cepas resistentes. A su vez, destacó la importancia de la extensión para un correcto manejo de estos productos y que perduren en el tiempo. “Hay que lidiar con una situación de equilibrio racional y no caer en el fanatismo directo de no usar productos químicos, ni fitosanitarios, hay que usarlos respetando el ambiente”, sostuvo. 

Otro aspecto importante del manejo es el momento de su aplicación. “No podemos aplicar por las dudas o porque los precios son buenos. Hay que hacerlo cuando sea necesario, lo que requiere de un monitoreo constante y tener los umbrales en la cabeza”. 

Sobre las principales enfermedades que hoy están afectando a los cultivos de invierno, enfatizó que en cebada “la mancha en red es la protagonista, y cuando hay anegamiento por agua la ramularia pasa a ser importante”. Al tiempo que en trigo las principales son las royas –amarilla o naranja– y la mancha. 

Carmona consideró que se está transitando un cambio de paradigma en el manejo sanitario de los cultivos de invierno. Recordó que “antes era casi un paquete con llave en mano, siembra directa, un tratamiento de semilla sin mucho análisis y sembrar un cultivar que te lo compraba la maltería, el molino o el exportador”, sin embargo “hoy se observa resistencia a fungicidas, problemas de control, mal curado, cultivares que cada vez se hacen más susceptibles. A esto se suma el cambio climático y la presencia de micotoxinas”. 

También advirtió que la inocuidad de los productos es cada vez más exigida. “Sabemos que las micotoxinas producidas por especies de Fusarium pueden ser cancerígenas, por lo cual tenemos que estar muy comprometidos”, dijo. Además resaltó la importancia de que no haya residuos del fitosanitario en granos. “El tiempo de carencia es fundamental”, dijo, y aseguró que cada vez habrá más seguimiento y trazabilidad sobre este punto. 

Por otra parte, opinó que el sistema productivo aún no está “suficientemente” preparado para enfrentar todos estos desafíos que tiene por delante, pero entiende que sí tiene la capacidad de hacerlo. “Tenemos que ser proactivos y adelantarnos al problema de la gestión de enfermedades”, planteó. 

UN AÑO MOVIDO CON LAS ENFERMEDADES

El profesor titular de Fitopatología –de Facultad de Agronomía– y director de la Clínica Vegetal, Carlos Pérez, dijo a VERDE que este ha sido “un año movido en materia sanitaria”. Informó que la cebada comenzó temprano con una epidemia de mancha en red, que generó muchos “dolores de cabeza”. Esto llevó a la necesidad de aplicaciones foliares de manera temprana, con repeticiones. 

Señaló que hubo cebadas que sobre fines de agosto ya tenían tres aplicaciones, algo muy atípico para las condiciones de Uruguay”. En trigo el desarrollo de enfermedades fue “más tranquilo”, se observaron epidemias de royas, además de verse casos de mancha amarilla y septoria. De todas formas, consideró que fue una situación “bastante más parecida a la de los años promedio”. 

Pérez sostuvo que hubo varios factores que incidieron en la expansión de la mancha en red en cebada, remarcando “la presencia de inóculo, probablemente también en semilla son una alta eficiencia de transmisión a plántula”. Describió que este fue “un año muy favorable, con eventos de lluvias prolongadas que favorecieron el contagio”. También señaló que “se utilizaron muchos cultivares con comportamiento de resistencia media a débil frente a esta enfermedad”. 

“Nos sorprendió la rapidez del desarrollo de la epidemia. Cuando llueve poco la explosión de la enfermedad es menor, pero en las últimas tres campañas su incidencia había sido baja. Sin embargo, este año su desarrollo fue mayor y no estuvimos preparados”, consideró.  

Para Pérez, en los casos que el productor necesitó tres aplicaciones para controlar la enfermedad se llegó tarde en la primera aplicación, o se hicieron malas aplicaciones con problemas de llegada al blanco, provocando un control parcial. “Con un clima favorable para la mancha en red, si la aplicación no es buena, a los pocos días la planta pide nuevamente una intervención para frenar la epidemia”, indicó.

El especialista en fitopatología enfatizó sobre la importancia del manejo integrado para el control de las enfermedades en cultivos de invierno. “Tenemos que estar con las riendas más cortas”, dijo. Para Pérez el pronóstico de un invierno más lluvioso y no seco como los anteriores “debió provocar que se estuviera más atento y preparado de lo que se estuvo”. 

Sobre los problemas de resistencia aseguró que “es innegable que estamos alterando la sensibilidad de la población de hongos a los fungicidas, con una frecuencia e intensidad de uso que cambió mucho en los últimos años”. 

Remarcó que en invierno se hacen dos o tres aplicaciones de fungicidas, y en verano se hace una o dos. Recordó que cuando se aplica en verano el fungicida atraviesa la canopia y cae en el rastrojo, donde está el mismo patógeno al que ya se le había aplicado fungicida en el invierno, ejerciendo “alta presión de selección sobre la población”. Y afirmó que el problema de sensibilidad de los fungicidas es global. 

Para contrarrestar esta problemática, el manejo integrado, potenciar todas las medidas y no llegar tarde en las aplicaciones “es fundamental”, dijo. Remarcó que “aplicar un fungicida con alta población de patógenos brinda más chances de que haya algún individuo poco sensible y que lo seleccionemos”.

RESISTENCIA A LOS FUNGICIDAS

Silvia Pereyra, investigadora referente de INIA en el Área de Protección Vegetal del Programa de Cultivos de Secano, destacó que ese instituto viene trabajando con Facultad de Química en el comportamiento del Fusarium. “Hemos analizado distintas zafras, observando la sensibilidad de la población frente a los triazoles que se utilizan para el control de esta enfermedad”, comentó. Recordó que para Fusarium el grupo químico que se recomienda es el de los triazoles y no las estrobirulinas. A su vez, remarcó que en la actualidad todavía no hay carboxamidas que se utilizan para su control, como ocurre en Canadá o Estados Unidos. 

“Hemos visto que hay sensibilidad diferencial con algunos individuos que se adaptaron al uso del tebubuconazol y ahora se están adaptando también a los otros triazoles que estamos utilizando”, comentó. 

Además, señaló que este año comenzaron estudios específicos en dos planteos, uno en cebada y otro en trigo. En el caso de la cebada la preocupación es lo que ocurre con mancha en red. “Nuestros sistemas de producción tienen algunas particularidades, por lo que tenemos que generar información propia”, dijo. En el caso del trigo “se va a trabajar analizando sensibilidad y resistencia de fungicida para roya estriada, que es una enfermedad reemergente, y se necesita saber cuáles son los fungicidas más efectivos”, planteó. 

LA SEMILLA COMO VECTOR

Silvana González, técnica de laboratorio de la Unidad de Semillas en INIA La Estanzuela, habló sobre la importancia que tuvo la semilla como transmisora de enfermedades en esta campaña de invierno. “Para el control de las enfermedades es importante combinar varias estrategias. El hecho de haber incorporado a la semilla, dándole un valor y el peso que tiene en la transmisión de enfermedades, es importante”, valoró. 

Agregó que hay varios aspectos del sistema integrado en los que hay que trabajar para un correcto manejo de las enfermedades. Es importante el diagnóstico para mejorar la sensibilidad y ser conscientes de que el curasemillas “no hace magia”, sino que tiene una eficiencia de 40% a 50%. A su vez, cuando el ambiente no ayuda y el cultivar es susceptible, se dan todas las condiciones para “la explosión” de enfermedades.  

Remarcó que la mayoría de las enfermedades en trigo y cebada se transmiten por la semilla, por lo que en aquellos casos donde no haya un diagnóstico es importante saber la trazabilidad de los lotes. Afirmó que, de darse la primavera que se prevé, el problema a futuro va a ser el Fusarium, hongo que requiere de un manejo diferente a la mancha en red.

DINASTÍA: UN NUEVO CURASEMILLA

La responsable de Investigación y Desarrollo de Proquimur, Lorena Caamaño, informó que la compañía está trabajando en un nuevo curasemilla denominado Dinastía, que está terminando el proceso de registro. “Tenemos expectativas de que esté disponible para la próxima zafra”, puntualizó. A su entender es un producto que “levanta la vara” con respecto a las eficiencias de control de curasemillas, comentó. 

También destacó que “se trata de una herramienta innovadora, que incluye una carboxamida que todavía no se utilizaba en nuestro sistema de producción como curasemilla y tampoco a nivel foliar en cultivos extensivos. Es avanzar en la evolución de los productos ya que es una herramienta innovadora que apunta a la eficiencia y al manejo de resistencia de manchas foliares para trigo y cebada”. 

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El 50% del área de soja se sembró en Soriano, Río Negro y Colonia

By Cristina Fumero,

La superficie total del cultivo de verano en Uruguay fue de 1.234.088 hectáreas, según un estudio de Urupov, la cifra reflejó un incremento de 8,5% en relación al ciclo anterior

El área total de soja en la zafra 2022-23 fue de 1.234.088 hectáreas y el 50% de la superficie se ubicó en tres departamentos: Soriano, Río Negro y Colonia. El 62% del área de la oleaginosa en Uruguay se sembró en el litoral, según las conclusiones de un trabajo realizado por Urupov, una asociación sin fines de lucro, conformada por empresas e instituciones dedicadas a la investigación, desarrollo, producción y comercialización de nuevas variedades vegetales, cuyo objetivo es defender los derechos de los obtentores vegetales. 

El área de soja en la campaña 2022-23 tuvo un crecimiento de 8,5% respecto a la zafra anterior, retomando los niveles de área sembrada en el ciclo 2017-18, cuando llegó a 1,218 millones de hectáreas. En las zafras 2018-19, 2019-20, 2020-21 la superficie mostró una estabilidad en torno de 1,08 millones de hectáreas. En la zafra 2021-22, en tanto, el área creció hasta 1,165 millones de hectáreas. 

De 1,234 millones de hectáreas sembradas en el ciclo 2022-23, el 61% se ubicó en los departamentos de Colonia, Soriano, Río Negro y Paysandú. Allí hay una estabilidad, ya que esos cuatro departamentos representan el 60% del área sembrada del cultivo en los últimos siete años, desde que se realiza teledetección, resalta Urupov. 

La zafra tuvo la particularidad de la sequía extrema, que motivó un rinde país de 641 kilos por hectárea, lo que marca una caída de 2.158 kilos frente a la zafra precedente, cuando se lograron 2.799 kilos, según los datos oficiales.

Del total de las chacras sembradas en la zafra anterior, en casi el 60% se plantó soja, pero el 40% restante no tuvo soja en el ciclo previo. “Estos valores coinciden con el promedio estimado desde el año 2019 a la fecha”, acota el trabajo.  

A la vez, agrega que se sembraron 226.500 hectáreas en chacras que tuvieron colza en el invierno 2022, y en 42.300 hectáreas se sembró arroz en el verano anterior. En tanto, el 26% del área identificada como soja durante la campaña 2023, fue sembrada con soja durante cuatro años consecutivos.  

En Uruguay “se ha destinado una superficie de 2,9 millones de hectáreas para la producción de soja, donde al menos una vez se sembró este cultivo en los últimos siete años. La soja utilizó aproximadamente 170 suelos con índice Coneat diferente, sin embargo el 50% del área se ubica en 12 tipos de suelos, que además coinciden año a año.

Urupov lleva el Sistema de Valor Tecnológico (SVT), a través del cual el productor reconoce con el pago de regalías el valor de la genética y la biotecnología. Por eso para el sector semillerista la información es un activo relevante, y en el caso de soja Urupov elabora anualmente un informe para sus socios. 

Origen de las semillas

El informe de Urupov marca que el 50% del área cultivada con soja en la zafra pasada se sembró con semilla comprada por los productores, tanto categorías comerciales como certificada, lo que se conoce como semilla etiquetada, mientras que el 39% se sembró con semilla de uso propio dentro del SVT que lleva adelante la institución. 

Si bien “es alentador saber que se logró bajar 1% el área ilegal, casi 136.000 hectáreas se sembraron con semilla de origen ilegal y uso propio, que no se declaró ni se registró bajo el SVT”, advierte el trabajo.

Allí destaca que Uruguay “sigue siendo referencia a nivel internacional en lo que respecta al reconocimiento de la propiedad intelectual y el valor de la genética”. Ese aspecto siempre es mencionado por las principales compañías del sector, y remarcan que es la clave que le ha permitido al país acceder a tecnologías de vanguardia, dado que no tiene el mercado de otros países de la región.  

Para Urupov la situación actual “plantea un gran desafío a nivel nacional, ya que un 11% de ilegalidad y subdeclaración de la semilla utilizada funciona como un desestímulo al desarrollo y lanzamiento de variedades y sus tecnologías asociadas”. El promedio de los últimos siete años muestra que los orígenes de semilla de soja han sido: 44% comprada, 41% de uso propio y 15% ilegal o no registrado bajo el SVT.

Otro elemento observado en dicho trabajo es que la tecnología Intacta, que brinda control de insectos al cultivo de soja, llegó a ocupar 256.000 hectáreas, 24% del total. 

El análisis de URUPOV marca que, a nivel nacional, el número total de productores que siembran soja se ha mantenido estable en los últimos años, con un promedio cercano a las 3.200 razones sociales.

Este trabajo tiene como objetivo describir los resultados de la teledetección de soja en Uruguay durante la campaña 2022/23. Para esta zafra en particular “los valores de NDVI (índice de vegetación de diferencia normalizada, por sus siglas en inglés) fueron sensiblemente inferiores a los esperados para ese cultivo, siendo las zonas sur y centro las que mostraron los niveles más bajos, según detalla el informe. 

Las condiciones extremas de sequía afectaron la precisión del proyecto, debido a la imposibilidad de registrar las chacras que no pudieron desarrollarse. Por esa razón la precisión en este año fue de 87,4%. El análisis se realiza a través del uso de imágenes satelitales provenientes del sensor Sentinel, junto a otros insumos como un software manejador de sistemas de información geográfica, Google Earth, Google Earth Engine Code Editor, polígonos y puntos de control GPS de soja, maíz, sorgo y otros cultivos. La metodología consiste en clasificaciones (supervisadas y no supervisadas), segmentación e interpretación visual. Se digitalizaron en una primera instancia todas las chacras con presencia de cultivo de verano. 

Luego, mediante la aplicación de nuevos algoritmos y control visual sobre las zonas identificadas, se diferenciaron las chacras de soja de las de otros cultivos. Para el entrenamiento visual y el sistema de clasificación se utilizaron puntos de control GPS en todo el país, proporcionados por Urupov.

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El maíz afianza su lugar y transita a paso firme hacia 300.000 hectáreas

By Cristina Fumero,

La tendencia marca que las siembras de primera crecerán al ritmo del riego; en secano se fortalecen las tardías, que predominan en la superficie total del cultivo en Uruguay

El área de siembra de maíz en los próximos años puede llegar a 300.000 hectáreas en Uruguay. “En todos lados el maíz está cambiando como cultivo”, porque “los niveles de productividad son llamativos respecto a lo que pasaba hace unos 10 años”, cuando “era un cultivo de alto riesgo y de rendimientos no tan buenos para las condiciones uruguayas”, comentó a VERDE el director de Unicampo Uruguay, Esteban Hoffman. 

Agregó que “ahora tenemos cultivos bajo riego, que pueden ser comparables con los de Estados Unidos”, ya que “hay productores que sacan de 14.000 a 16.000 kilos”, por hectárea, “algo no esperable”, dijo en el XI Simposio de Maíz, organizado por Yalfín y NK Semillas en el hotel Sheraton de Colonia.

Comentó que se va a “siembras más tardías”, lo que es “más seguro y de menor costo”, entonces “en los últimos años el maíz no solamente crece, sino que baja su dependencia climática, la variación de rendimiento entre años se reduce y eso baja el riesgo a un cultivo caro”, porque es el que demanda la mayor inversión del sistema agrícola de secano. 

Indicó que “el año pasado se sembraron casi 190.000 hectáreas de maíz”. Y si se pone en perspectiva al área de soja –que es un poco más de 1,2 millones, según Urupov–, sumada a la superficie de maíz, de sorgo y algún área mínima que no se siembra en verano, “estamos en cerca de 1,5 millones de hectáreas en agricultura, donde las gramíneas de verano ocupan entre un 12% y 14%”, planteó.

Hoffman destacó la evolución del maíz y “la necesidad que tiene el sistema” por ese cereal. Señaló que influye “la velocidad con que cambia el cultivo en la región, donde se ha transformado en un maíz de estación corta, porque gran parte del cultivo en secano se siembra tarde”. Más allá de lo que pueda pasar este año por la coyuntura climática, Hoffman sostuvo que “pensar nada más que en 20% del área agrícola de verano de Uruguay con maíz es pensar en 300.000 hectáreas”.

Afirmó que, en general, “la mayoría de los operadores está de acuerdo. Si hacemos bien los deberes y tenemos un poco de suerte, porque siempre hay que tenerla, el país está preparado perfectamente bien para alcanzar ese objetivo”.

La tendencia de los últimos años en la región, sin contemplar a Bolivia, está mostrando un aumento del área sembrada de maíz y una migración a siembras tardías, porque “en proporción crecen más los maíces tardíos, ya sean de primera o de segunda, porque hay maíz de primera que se siembra tarde”, acotó.

El director de Unicampo señaló que el año pasado el 65% de la superficie de maíz fue sembrada “tarde”, algo que también ya ocurrió en Argentina y está ocurriendo en Brasil. Explicó que las razones tienen que ver con que es un cultivo “más barato, sembrado tarde, con menos población y menos nitrógeno”. Pero por sobre todo está el momento crítico, ya que la primera etapa del llenado de grano se registra cuando “el riesgo hídrico es más bajo”, argumentó.

Hoffman consideró que en Uruguay “los maíces de primera y en condiciones de secano tienen su etapa crítica en un momento muy agresivo para un cultivo muy dependiente del agua, y nuestros suelos tienen un vaso muy chico”, y planteó que “con riego la situación es otra”.

La tendencia tecnológica “marca que hay menos maíz de secano sembrado en fecha temprana”, ya que en secano “el maíz se siembra tarde”. Con riego “es distinto, crece el área de primera, por más que hay situaciones de riego en maíces sembrados después de trigo o colza con muy buenos resultados”, confirmó. 

El ingeniero agrónomo describió que en la zafra 2021/22 “el 25% del área de maíz de primera se hizo bajo riego. Ese es un indicador muy fuerte. A medida que la superficie bajo riego crece, el maíz de primera acompaña ese proceso”. En tanto, el maíz en condiciones de secano va hacia las fechas de siembra tardías”.

Sobre el ajuste del manejo, sostuvo que en Uruguay “se está aprendiendo mucho”. Dijo que “se está apuntando a poblaciones mucho más bajas”, que se observan “siembras con 50.000 o 55.000 plantas” sembradas tarde, “cambiando la distancia entre hileras, ajustando la fertilización de ese cultivo”; pero también reconoció que “queda mucho por aprender”. 

A la vez, indicó que “hay híbridos que se adaptan muy bien a las fechas de siembra tardías”, pero aclaró que “no son todos”. 

LOS CULTIVOS BAJO RIEGO

“Los sistemas bajo riego son bastante particulares” y representan unas “35.000 hectáreas”, siendo un “3% del área total” de cultivos agrícolas, lo que es “poco”, consideró. De todas maneras, los rendimientos muestran “incrementos de 200% respecto al maíz de secano”, y que en años de sequía esa diferencia “puede multiplicarse por cuatro”, destacó a VERDE el asesor agropecuario y de la asociación Regadores Unidos del Uruguay (RUU), Santiago Arana.

El ingeniero agrónomo se refirió a estos temas en el XI Simposio de Maíz, donde hizo hincapié en la estabilidad de los sistemas agrícolas bajo riego y en la baja disponibilidad de agua por las tres sequías consecutivas que perjudicaron a la producción agropecuaria en Uruguay.

Destacó que los rindes de maíz bajo riego “solamente bajaron un 10%” en ese contexto, alcanzando un promedio de 11.500 kilos por hectárea, que fue “el más bajo de los últimos siete años”; mientras que los de secano llegaron a un promedio de 1.450 kilos. “Se derrumbaron a resultados ruinosos respecto a los rendimientos históricos de maíz”, comparó el asesor de RUU.

Arana dijo que todos los ensayos y la base de datos se hace a partir de los resultados de las chacras de productores, que en total abarcan unas 18.000 hectáreas de maíz y permiten hacer un contraste con las de secano. Informó que “el 10% de las chacras que más rinden promedian los 14.000 kilos” por hectárea, y que además hay chacras “puntuales” que llegan a 18.000 kilos por hectárea.

Señaló que el área de riego se divide en dos: el de los sistemas fijos, que están en una posición y riegan un cultivo por año; y los pivotes móviles, que riegan una posición temprana que por lo general es maíz, y luego se mueven para una posición tardía para regar otro cultivo, que es soja.

Con esa distribución, en RUU la relación maíz-soja total “tiende a emparejarse”, explicó. En la zafra anterior “el área de riego de maíz alcanzó las 18.000 hectáreas y de soja fueron unas 20.000 hectáreas”, detalló.

El cultivo de maíz bajo riego registra un “punto de equilibrio” que depende de ciertos factores vinculados con el manejo particular, que impactan en el costo, y también a las diferencias en su cálculo. Pero sostuvo que se puede estimar en unos “6.000 kilos” por hectárea.

De cara a la próxima siembra, advirtió que la “enorme mayoría de las represas ha tenido dificultades con el almacenamiento de agua”, debido al déficit hídrico de los últimos años. Y que eso ha motivado que en los casos donde no se pudo llegar al volumen óptimo, la superficie de maíz temprano con tecnología de riego tiende a bajar.

MÁS ÁREA Y NUEVOS HÍBRIDOS  

“En los últimos años viene creciendo la superficie de siembra de maíz en Uruguay”, y en estos años cambió la proporción de siembra “hacia las siembras de segunda”, señaló el responsable de Desarrollo de Yalfín, Pablo Leiva. Agregó que el año pasado el área del cultivo llegó a unas 200.000 hectáreas y que “este año se prevé un aumento en la intención de siembra, lo que dependerá de la evolución del clima y el impacto en las condiciones de siembra”.

Explicó que la superficie de siembra de la zafra pasada estimada por Yalfín surge de la declaración de ventas del Instituto Nacional de Semillas (Inase), el área que informó la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA) y el saldo estimado por las cámaras de comerciantes y galpones de los productores, porque “el año pasado quedó mucha área sin sembrar, por la seca”.

En el XI Simposio de Maíz, de Yalfín y NK Semillas, se realizó el lanzamiento de los híbridos NK 870 Vip 3 y NK 842 Vip 3, que ya se había presentado en 2022 pero con poca disponibilidad de semilla. Leiva sostuvo que ambos híbridos “acortan el ciclo” frente al resto del portafolio de NK y Yalfín. “Eso es muy importante porque se adelanta la cosecha y quedan en condiciones similares al resto de los competidores”, consideró. 

En cuanto a los rendimientos, dijo que “son muy buenos, tanto en ambientes restrictivos como medios”. Señaló que NK 842 Vip 3 está “mejor posicionado para ambientes de alto potencial, bajo riego” y que para el resto de los ambientes ambos “son muy similares”.

Sobre el manejo de esos híbridos, Leiva comentó que “hay una base de datos muy grande, donde se ajustan las poblaciones”, y que la población “siempre depende del híbrido en cuestión y del ambiente a donde lo vamos a sembrar”. Explicó que “en una misma situación NK 842 Vip 3 llevaría algo más de plantas que NK 870 Vip 3, que está más adaptado a bajas poblaciones”.

El responsable de Desarrollo de Yalfín hizo foco en el concepto “plasticidad reproductiva”, y marcó que NK 842 Vip 3 “es un híbrido prolífico”. Sobre NK 870 Vip 3 dijo que “cuenta con espiga flex, que permite bajar poblaciones para ambientes restrictivos”, pero si mejoran las condiciones de precipitaciones en el período crítico, “con estos dos híbridos podemos capitalizar esas mejoras ambientales”.

El portafolio de maíz de Yalfín para la próxima zafra está compuesto por: Syn 979 Vip 3, que es de ciclo medio largo y está posicionado para el segmento silero, con siembras de primera; Syn 840 Vip 3, el material con “mejor comportamiento de la caña frente a quebrado y vuelco, recomendado para siembras de segunda”; NK 842 Vip 3 y NK 870 Vip 3, recomendados tanto para siembras de primera como de segunda; y  para un planteo de silo planta entera la recomendación es utilizar NK 842 Vip 3.

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