El meteorólogo Eduardo Sierra proyectó precipitaciones importantes en enero, más “tranquilas” en febrero y una “normalización” en marzo, pero con disparidad regional
El fenómeno de El Niño “ha venido luchando contra la herencia provocada por el proceso anterior, de tres años marcados por La Niña, que dejó invitados impropios que son los vientos polares”, comentó a VERDE el especialista en agroclimatología y asesor de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, Eduardo Sierra. Agregó que “a partir del año 2007 se activó mucho la circulación polar, dando un gran contraste entre invierno y verano”, con “veranos tórridos e inviernos gélidos”. Esto “se está dando en el hemisferio Norte”, donde después de un verano que “fue terrible” ahora está entrando un invierno muy marcado, y acá se da una situación parecida en sentido contrario, ya que “estamos entrando a un verano que viene muy perturbado”.
Comentó que a principios de diciembre, a tres semanas del ingreso del verano, se registraron temperaturas que “no son propias” de esta altura del año. Eso hace notar la presencia de vientos polares que provocan grandes distorsiones en las precipitaciones, porque los vientos polares no permiten que el aire húmedo que viene del trópico avance hacia el sur y lo concentran en el nordeste argentino, parte de Paraguay y Brasil. Por eso “las lluvias se concentran entre la provincia argentina de Misiones, la región Oriental de Paraguay y el Planalto brasileño”, que comprende los estados de Paraná, Santa Catarina y el norte de Rio Grande do Sul, “y a Uruguay van llegando por el norte, y ya se han producido tormentas fuertes que provocaron inundaciones y anegamientos”.
Indicó que El Niño alcanzará su plenitud en el verano, como lo señala la fuerte anomalía positiva de las aguas del Pacífico Ecuatorial, pero “desafortunadamente” sus efectos positivos sobre el Cono Sur son perturbados por una fuerte interferencia de los vientos polares, que impulsan hacia el norte las corrientes frías de Humboldt y Malvinas, a las que se suma la corriente marina fría de Benguela, de África, enfriando el litoral marítimo sudamericano.
En el verano 2023/24, cuando el fenómeno de El Niño alcance su plenitud, “se impondrá en mayor medida a los vientos polares, mejorando la llegada de humedad al área agrícola, activando las lluvias y moderando el régimen térmico. Eso determinará que en el centro del norte argentino, en el sur del Brasil, gran parte de Uruguay y el sur de la Mesopotamia podrían ser afectados por lluvias intensas, con riesgos de desbordes de ríos y arroyos. Las precipitaciones sobre las altas cuencas de los ríos Paraná y Uruguay se moderarán, atenuando las crecidas.
LAS PRECIPITACIONES
La serie de episodios de lluvias focalizados en los departamentos del norte y parte del sur uruguayo durante los primeros días de diciembre, no seguirá siendo “tan generosa para Uruguay en lo que queda de diciembre”, porque “toda la mitad sur y sudeste no sumaría más de 50 a 75 milímetros”, aunque durante ese mes “habrá una reposición de humedad en las zonas que venían con más dificultades”, pronosticó.
Para enero consideró que “hay posibilidades de tormentas fuertes, en febrero no tanto pero sigue lloviendo mucho, y marzo tendrá lluvias normales”. Al ver la anomalía estival de Uruguay da un 50% por arriba de lo normal en precipitaciones en la mayor parte del territorio, indicó.
Sierra también pronosticó que “en enero las lluvias más fuertes serán sobre el centro del territorio uruguayo, con tormentas de más de 200 milímetros” y algunas “hasta de 300 milímetros, pero toda la periferia hacia el sur, oeste y este registrarán entre 150 y 200 milímetros”, que también son valores “excesivos”.
Sobre la distribución, explicó que en enero es probable que se registren pocos episodios de lluvias, pero con grandes volúmenes, focalizados sobre los primeros y los últimos días de ese mes, mientras que las semanas centrales serán “más de playa”, aunque reconoció que en esa temporada la proyección es “muy hipotética”, porque “no tenemos una predictibilidad en detalle” y “no me atrevería a dar mucha precisión”.
Sostuvo que las lluvias “se tranquilizarán en febrero y se normalizarán en marzo, lo que implica que al momento de la cosecha de cultivos de verano no se darían esas situaciones extremas de lluvias. Para abril hay un panorama más suave con las lluvias, aunque la posibilidad de darse algunos registros importantes no está descartada del todo, porque el centro y norte del Uruguay podrían tener lluvias por encima de lo normal y en el sur “no tanto”.
En esa línea, consideró que hacia el otoño 2024 El Niño “comenzará su disipación, al tiempo que los vientos polares volverán a avanzar, incrementado las áreas con precipitaciones bajo la media en el centro y norte de Paraguay y zonas cercanas al “cerrado” de Brasil, el sur del Uruguay y gran parte del centro y el sur de la región Pampeana.
Además, proyecta “un incremento” de las temperaturas, aunque “no serán elevadas” como en temporadas anteriores, porque “el fenómeno de El Niño trae humedad a los suelos y no vamos a tener esa franja seca que hubo el año pasado y en los primeros meses de este año”. Si bien “es posible que la temperatura no levante tanto localmente, llegará el calor del norte”, pero al estar “todo el sur brasilero con buena humedad, al igual que Mesopotamia argentina, entonces es probable que no llegue el calor de años anteriores”, detalló.
En el informe de diciembre de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, Sierra concluyó que “se trata de una temporada en la que se notarán grandes contrastes regionales, con marcadas anomalías de signos contrarios, que hará necesaria una gran dosis de previsión y un cuidadoso uso inteligente de la tecnología para superar los desafíos que se presentan, aunque algunas zonas no lograrán una recuperación completa”.
PERSPECTIVAS DE MEDIANO PLAZO
Sierra recordó que en 2007 “se ingresó a una fase negativa, luego de una etapa positiva bastante larga, de unos 30 años, que había comenzado en la década de 1970 y que culminó de forma abrupta en 2007”. Desde entonces “los años La Niña son más frecuentes, vinieron tres en patota como pasó ahora”, remarcó. En tanto, los años El Niño “son más raros”, dijo. En definitiva, planteó que“probablemente la mitad de los próximos años sean La Niña y habrá un año El Niño cada cinco años”, mientras que los neutrales se presentarán en “uno de cada tres años”.
“Estamos en un escenario que recuerda mucho a los años 50”, dijo. Para Uruguay el cambio de fase “no sería tan grave”, pero durante la última temporada y hasta hace pocas semanas “se tuvo una sequía muy grande”, afirmó. Aunque aclaró que el país “no está en una zona tan sensible como el sudeste de la región pampeana”.
Al proyectar un análisis de cara al futuro y “haciendo de la madre María climatológica o el curandero (risas)”, indicó que la campaña 2024/25 “puede llegar a ser otro año El Niño, mejor que el actual”. A la vez, el ciclo 2025/26, 2026/27 y 2027/28 “serían neutros”, y “es muy probable” que más cerca del año 2030 “vuelva otra racha de tres fenómenos La Niña y si no estamos preparados nos volverá a revolcar”.
Por lo tanto, llamó a planificar una “ganadería con amplias reservas de forraje y una agricultura dispuesta a no arriesgarse a generar voladuras de campos en años secos”.
En un contexto de crecimiento de los bioinsumos, presentan la alianza entre ambas empresas para sumar bioproductos que aportan beneficios productivos y ambientales
Biotrop y Agroterra comenzaron hace dos años con el proceso de registros de productos biológicos y ahora se presentó Biotrio, producto para el tratamiento de semillas de soja que actúa como fungicida, nematicida y bioestimulante, comentó a VERDE Eduardo Pérez, director comercial de Biotrop para el Conosur, quien anunció que próximamente el producto también estará disponible para trigo, colza y cebada.
Los próximos lanzamientos en Uruguay incluyen un bioestimulante de hoja con protección ultravioleta, una tecnología patentada por Biotrop a nivel mundial, y también un producto para enfrentar sequías, que le permite a la raíz “defenderse mejor de la falta de agua” a través de “un efecto esponja”, explicó. La raíz absorbe el agua y “la va liberando a medida que la planta la necesita”, agregó. El producto se puede aplicar en semilla, en surco o en los primeros estadios del cultivo, por lo tanto, “si no hay sequía actúa como bioestimulante, el producto no pierde”, resaltó Pérez.
Gonzalo Reynoso, gerente comercial de Agroterra, aseguró que la alianza con Bitrop es un hito importante, que demuestra el compromiso de la empresa de “aportar innovación y nuevos productos al sistema”. Además de mejorar la productividad Agroterra “busca sumar la mirada ambiental”.
“Nuestra propuesta de valor tiene que ser sostenible en el tiempo”, siguiendo de cerca los requerimientos del consumidor final, “asegurando la inocuidad” de los alimentos, expresó. Destacó que “hemos encontrado en Biotrop una empresa muy potente, con un crecimiento enorme en Brasil, el principal país a nivel mundial en la utilización de herramientas biológicas”, con muchos productos registrados y otros en proceso de registro, indicó.
Sobre los aspectos normativos y regulatorios, Pérez sostuvo que salvo en Brasil y Paraguay, en el resto de los países del Conosur es “muy complejo sacar un registro”, porque se demanda “mucho tiempo, muchos años”, mientras que los biológicos “evolucionan muy rápido”. Afirmó que los suelos “necesitan con urgencia ir hacia los productos biológicos”.
El director comercial de Biotrop para el Conosur remarcó el papel que juegan los biológicos para frenar la resistencia existente a determinados activos, recordando que “tienen seis sitios de acción diferentes, lo que hace que sea muy difícil que generen resistencia”.
El desarrollo de una molécula para un fitosanitario de síntesis química requiere una inversión cercana a los US$ 300 millones. Por su parte, el desarrollo de un producto biológico demanda de US$ 4 a US$ 5 millones. Por eso, Pérez entiende que se trata de un mercado “donde vamos a encontrarnos con empresas que ofrecerán diferentes calidades”, y advirtió que “es fundamental mirar muy bien a la compañía que está atrás, dónde formula y si tiene registros, entre otros aspectos, porque vamos a ver compañías de mucha calidad y también de muy poca calidad”.
LA EVOLUCIÓN
El mercado de productos biológicos viene registrando un crecimiento del 12% a nivel mundial, mientras que “los químicos están estables”, con tasas de variaciones de 2% a 3%, “lo que responde a modificaciones en los precios y no a cantidades comercializadas”, explicó.
En países como Brasil, en los últimos cuatro años “se duplicó” la facturación relacionada con los biológicos, y para 2023 “se proyectan ventas por US$ 1.500 millones”, lo que representa “un 10% del mercado de agroquímicos”. La tendencia “es creciente” y se estima que en 2030 los biológicos alcanzarán en Brasil “una facturación de US$ 10.000 millones”, acotó.
A pesar de estar operativa en el país norteño desde hace solo cinco años, Biotrop ya es la tercera compañía del sector en facturación, estimándose que se ubicará en el segundo lugar, con una facturación de US$ 140 millones en 2023. “Empezamos a comercializar en 2018 y a partir de 2019 se observaron las primeras facturaciones importantes. Ese crecimiento se sustenta en la venta de productos muy específicos, como un solubilizador de nitrógeno y fósforo, además de bioestimulantes, bionematicidas, biofungicidas para enfermedades de fin de ciclo y bioinsecticidas”, detalló. Además, anunció que en 2023 comienzan los ensayos con un bioherbicida.
Brasil tiene una paleta “impresionante” de productos, evidenciando las ventajas que tiene ese país para su registro, lo que “debería ser ejemplo” para Uruguay y otros países de la región, porque “demoran menos de un año”, dijo. Brasil es líder en productos biológicos a nivel mundial, donde la utilización es superior a la de Estados Unidos y la Unión Europea.
Biotrop fue adquirida recientemente por el grupo multinacional de origen belga Biobest, que es “muy fuerte” en Europa y en Estados Unidos, con negocios en Asia y África. A través de Biotrop, que se está expandiendo en Latinoamérica, busca incrementar su presencia global. “Somos muy fuertes en América, nos ensamblamos perfectamente, pasando a ser la compañía de biológicos más grande del mundo”, destacó. El monto de la operación fue de US$ 578 millones, lo que demuestra “la evolución” que viene teniendo en el mercado de biológicos, destacó.
Al analizar los procesos de fusiones y adquisiciones de las compañías en los últimos 40 años, señaló que en los últimos siete años “la mayoría ha ido hacia el lado de los biológicos, lo que da la pauta que la próxima revolución agrícola es la de los productos biológicos”.
BIOTRIO
Juan Klapenbach, responsable de Desarrollo de Biotrop para el Cono Sur, explicó a VERDE que Biotrio es un consorcio de tres especies de bacillus para el tratamiento de semillas de soja.
“Los bacillus tienen varias acciones, por un lado está la acción funguicida, que es la que no podemos dejar de lado”; suma la acción bioestimulante, promoviendo el crecimiento de la planta; y también la acción nematicida, que si bien no es un problema en cultivo de soja en Uruguay, hay productores que sí lo tienen”, detalló.
Explicó que los bacillus tienen una gran ventaja respecto a otros productos biológicos formados por otros géneros: tiene formulación 100% endosporas, una estructura de resistencia que facilita el manejo y no requiere de cuidados especiales en cuanto a temperatura y rayos ultravioletas, porque la formulación garantiza la viabilidad de los microorganismos.
A su vez, destacó que “no tenemos el problema de aplicar el producto e inmediatamente tener que salir a sembrar, ya que pueden pasar días y Biotrio permanece en perfecto estado”.
El responsable de desarrollo de Biotrop agregó que se trata de un producto de fácil aplicación, compatible con el rhizobium y agroquímicos. “Al tener un bioestimulante, la planta nace más rápido, al tiempo que al proteger la microflora benéfica del suelo, el cultivo la aprovecha. La dosis de aplicación recomendada es de 300 centímetros cúbicos para 100 kilos de semilla de soja”, informó.
Además, remarcó que los ensayos de tres años están mostrando resultados productivos 5% por encima de un fungicida químico de punta en rendimiento. “Estamos trabajando para que pueda estar disponible para otras especies”, adelantó.
Por otro lado, Klapenbach señaló que la compañía en Uruguay está en proceso de registro de un bioestimulante que es “un extracto de fermentación de microorganismos con aminoácidos, metabolitos y una garantía de 3% de ácido indolacético. Se trata de un producto con una formulación nueva, patentada por Biotrop el año pasado, que protege ese ácido indolacético de los rayos ultravioletas”.
El gigante asiático procesó 133 millones de toneladas de granos y además compró 12,69 millones de toneladas de productos procesados en el exterior para atender su demanda
China cuenta con una gran industria de crushing para abastecer su mercado doméstico de aceites y harinas, con una molienda anual de oleaginosas de 133 millones de toneladas (Mt), y una perspectiva de alcanzar un récord de 136 Mt en el ciclo 2023/24. A la vez, en 2022/23 las importaciones de aceite totalizaron 12,69 Mt y se mantiene una continuidad en el crecimiento de la demanda de harinas, señala un análisis de Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
Agrega que el gigante asiático ha concentrado sus esfuerzos en incrementar su molienda de soja, y en esa línea registró una participación creciente entre la campaña 2009/10 y 2016/17, pasando del 56% al 72% respectivamente. A partir de ese momento se observa como la participación de la molienda de soja comenzó a mantenerse relativamente estable, al igual que los volúmenes absolutos de oleaginosas destinados al crushing para obtener harinas y aceites.
Considerando el abastecimiento de la industria de crushing en China, entre las principales oleaginosas la mayor dependencia de importaciones es en el caso de la soja. En la campaña 2022/23 la producción de soja en China fue de 20 Mt y las importaciones alcanzaron los 100 Mt. Es decir, el 83% de la oferta (sin incluir stocks iniciales) se obtuvo del fruto de las importaciones, teniendo como principales oferentes y competidores de este producto a Estados Unidos y Brasil, acota el informe.
En las otras oleaginosas, la BCR marca que la necesidad relativa de importaciones es mucho menor. En la campaña 2022/23 se realizaron compras externas por 5,1 Mt de colza, que representaron 25% de la oferta, contemplando una producción doméstica de 15,5 Mt, nuevamente sin incluir los stocks iniciales.
En girasol, las importaciones 2022/23 conformaron 12% de la oferta, dada una producción que fue baja el último año, de 1,9 Mt. Mientras que en algodón y maní la producción doméstica prácticamente cubrió 95% de las necesidades locales.
En cuanto al crecimiento en las importaciones de oleaginosas en la campaña 2022/23 por parte de China, el trabajo de la BCR –elaborado por Bruno Ferrari y Emilce Terré– destaca una fuerte recuperación en las compras de soja, ya que se importaron 10 Mt adicionales respecto al ciclo 2021/22.
La producción récord de Brasil, con una oferta barata y negociando su soja con primas históricamente negativas fue el principal factor que impulsó las compras de China. En el caso de la colza las importaciones aumentaron 3,4 Mt, pasando de 1,6 Mt hasta 5,1 Mt, por lo que el incremento relativo fue muy importante y supera el 200%. En los otros casos también se incrementó el volumen importado, pero con magnitudes inferiores al de los dos productos citados.
Por otro lado, si se analizan los volúmenes de producción doméstica de oleaginosas y los totales de crush en China, en soja y colza “es donde existe una necesidad clara de importaciones, dado que el total procesado excede con creces la producción local.
Por su parte, en girasol y algodón la producción local podría ser suficiente, pero muy ajustada, mientras que en el caso de maní la relación es holgada, dado que las fábricas de molienda demandan solo la mitad de la producción local.
En el caso específico del mercado de aceites y grasas en China, el artículo de la BCR marca que en la campaña 2022/23 la producción fue de 31,24 Mt, de las cuales 17 Mt fueron aceite de soja y 4,3 Mt aceite de colza. Es decir, el 70% de la producción de aceites y grasas se concentra en esos dos productos.
Las importaciones totalizaron 12,69 Mt, aumentando 55% respecto al ciclo comercial previo. Esto se explica por la reapertura de la economía desde octubre de 2022 y la reducción de precios en los mercados de aceites tras las subas iniciadas a finales de febrero de 2022, cuando inició la invasión de Rusia a Ucrania.
En general se estima que el consumo total fue de 41,53 Mt en 2022/23, equivalente a un uso de 29,1 kilogramos per cápita. Esto aún está levemente por debajo del uso de hace dos años, pero significa una recuperación de los 28 kilogramos per cápita obtenidos en la campaña 2021/22. Al mismo tiempo, se debe destacar que una parte importante del crecimiento del consumo se debe a la mayor producción de biodiesel, con exportaciones que alcanzaron 2,08 Mt en la última campaña, equivalentes a casi 100% de incremento en dos años, y que tuvo como principal destino la Unión Europea, sostiene la BCR.
Del total de importaciones de aceites y grasas en 2022/23, se vislumbra una recuperación importante en los arribos de aceite de palma, que sumaron 6,9 Mt, mostrando un incremento de 2,09 Mt. En aceite de colza se alcanzaron compras externas por 1,9 Mt, con un incremento de 1 Mt respecto al año previo, pero aún por debajo de las 2,3 Mt obtenidas dos años antes.
Por su parte, las importaciones de aceite de girasol fueron de 1,55 Mt. También tuvieron un aumento de 1 Mt respecto a la campaña 2021/22. Mientras que las importaciones de aceite de soja también aumentaron de 0,29 Mt hasta 0,4 Mt, pero estuvieron muy lejos de las 1,2 Mt compradas en el ciclo 2020/21.
En el caso del mercado de harinas, a diferencia del caso de los aceites, en la campaña 2021/22 no hubo una caída abrupta de las importaciones. Más aún, se mantiene una firme demanda importadora que creció 1,3 Mt o un 18% hasta 8,4 Mt en el último ciclo comercial. El principal factor es el crecimiento de la industria cárnica por demanda de forraje. No obstante, lo destacable es el aumento en las importaciones a pesar del gran crecimiento que hubo en el crush doméstico de soja y colza.
A nivel específico, la BCR sostiene que “las importaciones de harina de girasol se incrementaron en 1 Mt hasta 2,96 Mt en 2022/23, de las cuales 2,1 Mt tuvieron origen en Ucrania, 0,3 Mt en Rusia y 0,5 Mt en Bulgaria. Por otro lado, se destacó el gran incremento en las importaciones de harina de palma, que alcanzaron 1,4 Mt, lo que significó una suba de 68% respecto al año comercial previo.
La BCR también indicó que las importaciones de harina de soja y maní, si bien fueron muy escasas, se consolidaron a la baja en 40.000 y 87.000 toneladas, respectivamente. En este sentido, se destaca que China no es un comprador habitual en el mercado de harina y aceite de soja, dado que se enfoca exclusivamente en las compras de soja sin procesar, para luego abastecer a su gigantesca industria doméstica y agregar valor internamente.
La familia Stolovas proyecta llegar a 220 kilos de carne por hectárea en 10 años, en su establecimiento en Paso del León, Artigas, donde se realizó la jornada Pasturas 2023
Dentro de 10 años, en el establecimiento La Querencia “proyectamos tener más de 220 kilos de carne por hectárea (kg/ha)”, sobre la base del 57% del campo natural mejorado, 8% de pasturas y verdeos, 5% de cultivos y 30% de campo natural, dijo Martín Weiszman Stolovas, integrante de la empresa de la familia Stolovas, en el marco de la actividad anual Pasturas 2023, organizada por PGG Wrightson Seeds. Desde 2018 la producción de carne del establecimiento tiene un promedio de 160 kg/ha, en los cinco años previos a 2018 estaba en 116 kilos. “La tendencia es ir en aumento y hacerlo mediante el mejoramiento del campo natural, manteniendo las praderas y verdeos, partiendo de la base que cualquier campo es mejorable”, acotó.
Actualmente las praderas y verdeos representan un 8% del área, que generan el 27% de la carne producida; el mejoramiento del campo natural representa el 13% del área y produce el 11%; mientras que el campo natural representa el 73% del área y responde por 62% de la producción de carne producida.
Weiszman señaló que “el objetivo es mantener la superficie de praderas y verdeos, porque si pensamos en crecer necesitamos más área agrícola y estamos limitados, además de incrementar el mejoramiento del campo natural, porque la valoración del costo-beneficio es más favorable, aunque son opciones distintas”. A la vez, “se piensa seguir invirtiendo en aguadas y sombra, en pastoreo”, dijo.
El establecimiento La Querencia está ubicado en Paso del León, en el departamento de Artigas. En la jornada de PGG Wrightson Seeds se observó un sistema donde las pasturas tienen como objetivo lograr altas cargas, con buenas ganancias de peso de los animales durante el invierno, y nivelar la oferta de forraje a lo largo del año.
Hasta 2013 la base forrajera era el campo natural, en ese momento surgió la opción del arroz (en medianería) y luego pasturas, “pensando en la rotación para tener comida para la ganadería, tener buenas praderas, porque si no teníamos buenas praderas no servía la rotación”, describió Weiszman. Recordó que comenzaron con la clásica rotación a base de raigrás, (trébol) blanco y lotus durante cuatro años, para luego volver al arroz. Esto se hizo durante cinco años, pero “no lográbamos buenas praderas, no nos convenció”, reconoció. Por eso, a partir de 2018 comenzaron a probar nuevas opciones forrajeras, y el año pasado otras opciones de cultivos dentro del sistema, señaló.
Recordó que se introdujeron praderas perennes, en base a festuca, y que se tuvo que nivelar el terreno para sembrarla. “Se hizo el arroz, un raigrás al voleo el primer año y festuca de tres años. No buscábamos una festuca de siete años de duración porque el arroz nos empuja. Con tres años la festuca sirve”, dijo.
A partir del año pasado “hicimos una prueba –en acuerdo con el agricultor–, y en parte del área agrícola además de arroz se introdujo maíz con riego por surcos. Tenemos las praderas y el maíz para la alimentación del ganado. Esta rotación nos cierra más y este año se vuelve a sembrar maíz. Al arrocero le sirve porque diversifica rubros”.
La festuca
“Las praderas de base festuca tiene varias ventajas, calidad, producción, estabilidad; se arrancan a comer más temprano y es más segura frente a los problemas de meteorismo. Hace unos años comenzamos a probar variedades nuevas de festuca, de mejor calidad y mejor producción”, indicó.
Sobre el rendimiento, Weiszman marcó que de la “festuca de primer año se está sacando entre 350 y 500 kilos de peso vivo de producción por hectárea (KgPV/ha). En las de segundo o tercer año el nivel se ubica entre 500 y 600 KgPV/ha. Esto, considerando un uso de ocho meses, desde abril hasta el 15 de noviembre, donde la pradera se cierra, salvo que siga lloviendo. En caso de que “podamos suplementar, se hace con granos energéticos, maíz, sorgo o arroz; para darle otro escalón a la producción y hemos llegado a 600 y 700 KgPV/ha”, destacó.
Mejoramiento de campo natural
“Desde hace un par de años el mejoramiento del campo natural es otra opción forrajera que estamos realizando”, comentó Weiszman. Dijo que en 2018 “descubrimos el Inia Basalto y dos variedades de lotus (Inia E-tanin e Inia Gemma), que aportan varias ventajas”. Comentó que en el caso del lotus basalto “no se busca sustituir la pastura natural y hay mediciones que establecen que logra duplicar la producción de un campo natural, y en suelos profundos y medios el incremento puede llegar a 60% o 70%.
“No hay cuenta que pueda derrotar producir el doble con una inversión de US$ 100 por año”, afirmó. “Es como comprar media hectárea más de campo por US$ 100. Eso hay que aprovecharlo. La idea es que en un campo de 100 hectáreas se puedan poner entre 120 y 150 vacas, con la inversión de US$ 100 por año”, señaló.
La evolución
Weiszman recordó que en el año 2000, “cuando comenzamos a trabajar, teníamos 12 potreros de casi 300 hectáreas de promedio”, pero en la actualidad el establecimiento cuenta con 50 potreros de 60 hectáreas, además de parcelas, cuatro pozos de agua y 50 bebederos. Se han realizado muchas inversiones en electrificaciones y aguadas”, destacó el productor, que forma parte de la cuarta generación que está trabajando en la empresa.
El establecimiento La Querencia cuenta con 3.021 hectáreas y un Índice Coneat (IC) promedio de 122. En el establecimiento se realiza recría, invernada de vacas y recría de lanares. El predio forma parte de un sistema integrado por ocho establecimientos, ubicados en Salto y Artigas, que totalizan unas 22.000 hectáreas, con un IC promedio de 75 –desde un IC 38 a un IC 122–.
“La empresa es muy diversa y tiene muchas aristas. Manejamos cuatro predios criadores, dos predios donde se realiza recría de hembras y dos predios más donde se realiza recría e invernada de machos. Todos los predios están relacionados. La empresa se maneja teniendo en cuenta su totalidad, porque muchas veces las decisiones que se toman sobre un predio surgen por necesidades u oportunidades de otro, nunca en las situaciones puntuales”, dijo.
En todos los establecimientos de la familia Stolovas se producen vacunos y ovinos. Más del 32% de las ventas de la empresa corresponden al rubro ovino. Weiszman destacó que se comercializan “más de 20 productos, desde la producción de vacunos, ovinos y equinos, que incluye cabañas de las tres especies. La idea es diversificar riesgos y no estar atado a un solo producto”, expresó.
Sobre los recursos humanos dijo que “es un tema muy importante para nosotros, porque sin la gente el manejo y lo que queremos hacer es inviable”. En la empresa trabaja una plantilla de 60 personas, entre empleados fijos y técnicos, informó.
Weiszman comentó que La Querencia, fue uno de los primeros predios que adquirió su abuelo (Juan Stolovas) en 1957. “Era un campo donde se invernaban novillos de 4 o 5 años, con poca infraestructura y ciclos largos. De a poco se fue intensificando, se hicieron subdivisiones, se bajó la edad de faena y se ajustaron las cargas de vacunos. Se mejoró la recría, veíamos que era un debe, y se empezó a recriar más hembras, que vienen de otro predio, luego se hace el entore y vuelven al predio criador”, detalló.
También comentó que en la recría “se empezó a trabajar a campo natural, con suplementaciones, y para levantar ese escalón y bajar costos era necesario la inclusión de pasturas”.
La mayoría del área del establecimiento está destinada a campo natural, pero se han implementado mejoras estratégicas, como sistemas de riego y cultivos de verano, para aumentar la producción y asegurar la persistencia de las praderas. “Como dijo el investigador australiano Mc Meekan, que estuvo acá: pasturas de pedigrí para ganado de pedigrí. Tenemos un ganado que tiene muchos años de selección genética y apuntamos a pasturas de alto potencial para impulsar sus virtudes. Invertir en genética animal, pero también en genética vegetal”, concluyó.
El origen
Juan Stolovas llegó desde Europa en 1932 y comenzó en la actividad comercial (ramos generales) y agropecuaria, en Artigas. En 1969 se creó la sociedad Alberto y Elena Stolovas Hnos, que fue dirigida por Alberto Stolovas hasta principios de los 2000. En ese año se generó una redistribución de la organización empresarial, e ingresaron Arie y Yoel Stolovas, junto a Martín Weiszman Stolovas.
En el marco de la jornada Pasturas, Alberto Stolovas valoró la importancia de enfocarse en el retorno económico de la producción, pero “también en el retorno desde el punto de vista humano”, para “proyectarse hacia el futuro”, bajo la premisa de “no tener razón, sino ganar con la razón”, comentó.
La festuca bien al norte
Federico Nolla, gerente de Desarrollo de PGG Wrightson Seeds, destacó el rol de las pasturas en La Querencia, donde son claves para mejorar la productividad del campo natural. Festucas y verdeos “tienen que producir mucha materia seca” durante el invierno, dijo. Además, valoró que “se aprovecha toda la infraestructura del cultivo de arroz” en riego, los “canales y sistemas para regar pasturas”, que tienen un “potencial muy grande” en este tipo de esquemas, por la seguridad que brinda en la producción de materia seca.
“Hace varios años que venimos trabajando con festuca en el norte, antes se pensaba que esa especie llegaba solamente hasta el río Negro y después no podía sobrevivir, pero desde 2012 estamos trabajando y capacitando en el manejo, lo que derivó en una expansión del área, porque se ha transformado en una excelente opción para el norte, por los niveles de producción de carne que se logran”, valoró.
La búsqueda de alimentos más seguros y más productividad, le abrió la puerta a la microbiología, que también tiene un rol en la mitigación del cambio climático
La agricultura enfrenta un nuevo cambio de paradigma con la introducción de la microbiología, que permite determinar qué cantidad de nutrientes pueden estar disponibles para las plantas, aumentar los niveles de producción interviniendo los sistemas con microorganismos inoculantes y reducir los impactos negativos del estrés biótico y abiótico. Estos fueron algunos de los conceptos que expresó el doctor Gustavo González de Anta, docente de la Unnova (Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires) y UBA (Universidad de Buenos Aires), y director científico de Indrasa Bioecnología, en la presentación de la alianza comercial para Uruguay entre Agroterra y la brasileña Biotrop.
“Estamos transitando un camino interesante para construir el nuevo paradigma de una agricultura más productiva y más amigable” con el ambiente dijo. Agergó que “nadie discute” en el mundo científico “la problemática del cambio climático”, y que estas herramientas microbiológicas “vienen no solo a mitigar sus efectos sino también a mejorar los niveles de productividad”.
González presentó los tres grandes grupos de herramientas biológicas presentes en el mercado, donde están los biofertilizantes, bioestimulantes o solubilizadores de nutrientes, que son capaces de fijar nitrógeno, solubilizar fósforo y “hacer que la planta pueda absorber más y mejor determinados nutrientes”.
Luego aparecen herramientas cuyo objetivo es el biocontrol a través de biofungicidas y bioinsecticidas que permitan reducir la carga de plagas y enfermedades de los lotes en producción. Y el tercer grupo “está estrechamente relacionado con la mitigación de distintos tipos de estrés, donde se cuenta con microorganismos y productos microbianos que no pueden ayudar para enfrentar esas situaciones, sobre todo en una región que está fuertemente impactada por los problemas de falta de agua y altas temperaturas”.
Consideró que este cambio de paradigma está liderado por los productores que tienen bien presente al consumidor final y las grandes empresas internacionales que “están empujando una nueva forma de hacer agricultura”. En ese sentido, la preocupación en ofrecer un producto más seguro “es claramente un cambio de percepción que se puede ver entre los productores de los grandes países proveedores de alimentos”, comentó.
Argumentó que el mundo “no solo requiere alimentos en cantidad y calidad”, sino también “ambientalmente seguros”, por lo que “la trazabilidad se transforma en algo muy importante”. A partir de la utilización de herramientas microbiológicas se pueden alcanzar resultados sobre los lotes del productor, “similares y en muchos casos superiores a los que tiene con algunos productos químicos”. Al tiempo que existen muchas situaciones donde “se pueden complementar químicos con biológicos” para potenciar aún más la productividad, “no es un camino o el otro”, dijo.
Al ser consultado sobre cómo impactaría la incorporación de las nuevas tecnologías y el avance de la inteligencia artificial (IA) en la investigación y el desarrollo, aseveró que hoy los biológicos están a la vanguardia en el desarrollo científico. Y señaló que uno de los proyectos que lleva adelante el laboratorio que dirige pasa por articular las herramientas de IA con las que hoy propone el manejo de biología molecular y el uso de microorganismos, lo que ya permite desarrollar modelos predictivos y desplegar algoritmos para focalizarnos en la planta en función de los diferentes ambientes, “para maximizar su productividad”.
Tras la combinación del conocimiento microbiológico, la biología molecular y las nuevas tecnologías disponibles “podemos obtener un conjunto de propuestas sumamente razonables para enfrentar las situaciones actuales”, pero sobre todo “para especular sobre problemáticas futuras”, dijo González de Anta.
UN SECTOR QUE ATRAE INVERSIONES
Como “el mundo quiere comer más y mejor”, este sector continúa su senda de crecimiento atrayendo cada vez más inversión. El impacto ambiental “está poniendo en peligro a países enteros” con inundaciones, cambios climáticos muy drásticos o problemas de contaminación muy marcados, también de eutrofización, como por ejemplo en la cuenca del río Misisipi”. Por lo tanto, “la utilización de herramientas que permitan mitigar los efectos no deseados de las problemáticas bióticas y abióticas, sumado a que “no dejen residuos que mejoren la productividad y que puedan ser fácilmente degradadas” son un “combo muy apreciado”, no solo por el consumidor sino también por el productor, dado que le permite mantener los estándares y promedios de calidad y los niveles de productividad.
“Ambas cosas van de la mano, lo ambiental y lo productivo, porque gracias a los microorganismos y la formulación utilizada se logra un nivel de productividad similar o mayor al que se obtiene con el paradigma convencional”, indicó el profesor.
Para González es clave que el productor logre acceder a información generada por las instituciones oficiales y los técnicos independientes, que “permitan aseverar el comportamiento positivo de estas tecnologías a nivel de lotes de producción”. Y tener la certeza que las empresas que producen estas tecnologías “no solamente ofrecen un buen producto, sino que tienen consistencia a lo largo de los años”.
En esa misma línea, sostuvo que ese nivel de confianza entre el productor y la empresa proveedora de biológicos “tiene mucho que ver con el conocimiento o los antecedentes y tecnologías con las que trabaja”.
Subrayó que ambos aspectos refieren tanto a empresas grandes como de menor porte, porque “tener mayor estructura no significa que necesariamente tenga un producto de mejor calidad”, afirmó.
A propósito, destacó “el excelente nivel de los sistemas de extensión y las tecnologías que tiene Uruguay, con técnicos de primera calidad, que pueden brindar a los productores información necesaria para definir alternativas”.
El profesional cumplió 35 años de actividad combinando este “fructífero camino entre la industria y la academia”, comentó. Agregó que su “primer foco fue trabajar con microorganismos como Bradyrhizobium, cuando se introducía por la soja en la región”. Desde entonces trabajó en diferentes proyectos relacionados con el crecimiento de las plantas, que hoy se pueden ver en cultivos como maíz y arroz. Luego fueron los biocontroladores y actualmente con la biología molecular, “una nueva barrera que la ciencia busca modificar y generar, a partir de pequeñas fábricas como son las células; biomoléculas que mejoren los niveles de productividad”, declaró.
El pico de precios que tuvo el ganado en 2020 y 2021 generó más inversión y retención de vientres, que repercute en un aumento en la cantidad de ganado faenado en ese país
En Brasil bajó el volumen de faena de vacunos en 2020 y 2021, en 2022 se estabilizó y “ahora volvió a crecer”, por el ciclo productivo de la ganadería, comentó a VERDE la socia fundadora de la consultora brasileña Agrifatto, Lygia Pimentel. Recordó que “faltaron” cabezas para faenar 2020 y 2021, y por eso “los precios subieron mucho”. Como consecuencia de esa situación el productor brasileño “incrementó la inversión y mantuvo las hembras” dentro de los establecimientos, indicó.
Pimentel evaluó que “ahora se siente el impacto de ese cambio que tuvo la inversión” dentro de la ganadería, porque ha provocado una “producción mayor” y está “creciendo la faena”. La proyección para 2023 es alcanzar los 39 millones de cabezas, y en 2024 llegaría a 40,5 millones de bovinos bovinos faenados, aunque “después volverá a bajar, porque se están faenando muchas hembras”, advirtió. Actualmente las hembras representan el 43% del total de la faena en Brasil.
La consultora enfatizó: “estamos liquidando la capacidad de producir terneros”, que “nos van a hacer falta en algunos meses, eso significa una baja de producción”. Si bien reconoció que esto “es una cuestión cíclica, no forma parte de una estrategia de largo plazo”. Considerando ese comportamiento de los ciclos dijo que “se puede proyectar que para 2026 habrá una menor oferta de ganado para faena”. Y agregó que “algo similar se puede proyectar para Estados Unidos, donde también hay un proceso de liquidación de hembras”.
Pimentel consideró que Brasil está viviendo “un período de incremento tecnológico muy grande, que si bien se registra en todas partes, en el caso de Brasil impacta más por tener un gran potencial productivo, que lo brinda su tamaño, su geografía y su clima”. Destacó que la ganadería brasileña “viene teniendo un desarrollo muy grande” en productividad” y ha logrado “aumentar la producción” de carne “en un área más pequeña”.
Resaltó que eso “significa eficiencia y desarrollo para la cadena de la carne vacuna” del país norteño, que en años recientes se volvió protagonista en el mercado internacional del sector, principalmente en destinos relevantes como China.
En ese contexto el rodeo vacuno brasileño alcanzó “unas 195 millones de cabezas”, pero “hay diferentes fuentes de información que indican diferentes rebaños”, dijo la socia de Agrifatto. Planteó como ejemplo una investigación brasileña que estimó en “225 millones de cabezas” el stock bovino del país, pero dijo que “en Agrifatto ajustamos ese número a la baja, porque entendemos que hay muchos errores en esa metodología”.
La analista brasileña sostuvo que la evolución del rodeo vacuno está “estable”, y que llegó a ser “más alto”, ya que “estuvo en 217 millones de cabezas”; por eso, valoró que “hoy estamos produciendo más con menos”.
Además, destacó que “tenemos una faena más eficiente. Hoy estamos faenando cerca 37 millones de cabezas (al año)”, considerando los números oficiales y la faena predial.
LAS EXPORTACIONES
Al analizar las exportaciones cárnicas brasileñas, la socia de Agrifatto recordó que en 2015 se aprobó el comercio bilateral de carne vacuna con China, y que desde 2019 –después de la peste porcina africana que mató casi la mitad del stock de cerdos de China– el gigante asiático “empezó a comprarle mucho a Brasil”.
Explicó que la producción de carne brasileña tenía “buen precio y cantidad”, entonces el mercado chino se convirtió en el “principal socio comercial” en estos últimos años. Desde 2019 hasta 2022 las exportaciones a China “crecieron mucho”, pero “en 2023 parece que se llegó a un punto de equilibrio”, afirmó.
Confirmó que ahora hay “más carne disponible en Brasil” y se registra una reducción de las ventas al exterior, que “no es grande” y se podría considerar “casi normal”. Estimó que “tal vez el año próximo vuelva a recuperarse” la exportación, pero “por ahora estamos en un período de maduración de ese comercio bilateral, después de un desarrollo increíble y extraordinario”.
Indicó que China representa el 60% del total de las exportaciones de carne vacuna de Brasil, aunque se observa una reducción cercana al 7% frente al comportamiento de 2022. Actualmente Brasil abarca entre 22% y 25% del comercio mundial de carne vacuna. El volumen total de las exportaciones cárnicas brasileñas previstas para el cierre de 2023 es de 1,97 millones de toneladas, lo que representa una “consolidación”, porque “nada crece” a tasas importantes “para siempre”, planteó.
Pimentel analizó que “crecimos mucho y nos estamos equilibrando, estamos madurando esa relación en los números actuales”, por lo que “estamos proyectando una baja de 5% en las exportaciones totales de Brasil en 2023, frente al récord exportado en 2022”. Graficó que la evolución de la producción cárnica de ese país “llegó a un techo”, porque “nada crece para siempre”.
Los principales destinos de exportaciones de carne vacuna brasileña son: China, Medio Oriente y Chile, “que es un mercado importante al igual que Estados Unidos”, apuntó Pimentel. Cabe recordar que Brasil logró reingresar al mercado estadounidense luego de varios años.
Además, señaló que “Australia tiene precios muy competitivos” en el mercado chino, debido a la liquidación del stock de vacunos en un contexto climático de El Niño, lo que afectará la producción de ese país. “Tiene más oferta para colocar en el mercado internacional, entonces genera una presión a la baja en los precios de la carne, que están un 30% por debajo del año pasado. Australia está generando una distorsión que puede estar por unos 12 meses”, advirtió.
La producción de carne vacuna en 2022 fue de 10,35 millones de toneladas, en 2023 se proyectan 10,56 millones de toneladas y para 2024 se llegaría a 10,84 millones de toneladas, acotó.
EL MERCADO INTERNO DE BRASIL
El mercado interno brasileño para la carne “pesa mucho”, porque representa entre “el 60% y el 70%” de la producción total, atendiendo a la dimensión geográfica y poblacional del país, y a la tradición del consumo de carne vacuna entre las prioridades, confirmó Pimentel.
Sin embargo, detalló que “el 78% de la población de Brasil está endeudada”, por lo que “el consumidor no está utilizando mucha carne vacuna” y la demanda está “débil”. En ese marco los precios están bajando y acomodándose a la situación económica de los consumidores. La tasa de desempleo hasta 2022 fue “muy alta, como resultado de la pandemia de Covid, lo que provocó el endeudamiento de las personas”.
LOS NÚMEROS DEL GANADERO
De acuerdo al análisis del Agrifatto, en 2022 los números del productor eran “más difíciles”, porque “los insumos estaban muy caros”. Ahora, con la caída del precio de los granos y el movimiento del dólar, “hay una mejora en los márgenes”.
De todos modos, reconoció que la situación “está difícil”, porque al haber muchos productores también existe un “alto nivel de ineficiencia”, que siente “mucho” la caída del precio del ganado.
Pimentel valoró que en el promedio del año y de los productores “hay una mejora respecto a 2022”, pero a su vez reconoció que “aún no tenemos una situación de las mejores”. Señaló que “los momentos destacados para los márgenes ganaderos se registraron en 2020 y 2021”, y que después “se ingresó a un escenario más desafiante para la rentabilidad del pecuarista”.
Hasta octubre el precio del ganado gordo en Brasil cayó cerca del 20% frente al mismo período de 2022. Pero en algunos momentos del año esa reducción llegó hasta el 30%. El ternero en Brasil muestra una reducción de casi 17% en ese período de 2023 versus 2022.
APRENDER A CONVIVIR
La analista brasileña también aludió a las políticas implementadas en ciertos mercados del mundo, debido al impacto de la producción de carne en el medio ambiente y en la sustentabilidad de los ecosistemas –entre otros factores–, que a veces representan acusaciones “injustas” pero que repercuten en una disminución de la oferta de carne vacuna de esos países, fundamentalmente europeos.
“Todo eso genera una oportunidad para que la carne brasileña siga creciendo, ganando espacios en el mercado internacional. Brasil apunta a posicionarse como un país sostenible, que hace los deberes”, acotó.
Sobre el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, dijo que “es más abierto y lucha mucho más” por esa agenda ESG (factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo), que tiene un foco en el cuidado del ambiente y el cambio climático, mediante la apuesta a producciones de carne con un resultado de carbono neutro.
Reconoció que la ganadería “emite”, pero también “secuestra carbono” a través del crecimiento de las plantas, y que ese secuestro “no está siendo considerado” en los discursos internacionales.
Señaló que en Brasil hay varios trabajos de instituciones reconocidas que marcan que la producción ganadera brasileña “es sostenible”, porque se basa en sistemas pastoriles. Además “estamos produciendo más en menos superficie”, una estrategia que responde a la “presión económica y no a la presión ambiental”, sostuvo.
Agregó que el ganadero brasileño “tiene que producir más y ser más eficiente”, y que “eso se logra generando más pasto en menos área, y a la vez secuestra más carbono. Hay que salir a explicar mejor esos aspectos al mundo”, dijo.
Sobre el vínculo del gobierno brasileño con el sector agropecuario, Pimentel reconoció que “no es el mejor”, porque “hay un sector muy conservador y de derecha” y ahora el gobierno brasileño es de izquierda. “Hoy no se hablan muy bien”, pero “van a tener que aprender a convivir” en ese escenario, atendiendo a los intereses de cada una de las partes, ya que “uno no puede vivir sin el otro”, aseguró.
Otro tema de atención en Brasil es la situación sanitaria de la producción cárnica, ya que en los últimos años el país debió afrontar una serie de complicaciones por casos específicos de enfermedades que significaron la suspensión temporal de las exportaciones.
El tamaño y la diversidad de características geográficas y productivas de su territorio representan un riesgo en cuanto a la efectividad de las campañas sanitarias para atacar ciertos problemas que se generan en el rodeo vacuno.Otro aspecto que también es importante considerar que el estatus sanitario de los diferentes estados brasileños varía, y eso hace que en algunos mercados tengan diferentes condiciones de acceso.
No es sostenible bajar revoluciones y tener un sistema que produce menos e invierte poco, porque genera oportunidades para muy pocas personas, sostuvo Marcos Guigou
La sostenibilidad de los procesos de producción es uno de los grandes temas que está sobre la mesa. Marcos Guigou, director de ADP, dijo a VERDE que “sin dudas hay que apuntar a cosas sostenibles”, pero puntualizó que a veces, “desde mi punto de vista, se confunde porque se marca que ir por la productividad es ir contra la sostenibilidad”.
Señaló que hay un aspecto “interesante”: que todo lo que capture más anhídrido carbónico vía fotosíntesis y de una manera correcta, con una fertilización balanceada y sin generar problemas nuevos, “está aportando un beneficio ambiental”. La mayor productividad de una hectárea en biomasa, ya sea de cultivos o pasturas, “también es muy bien vista desde el punto de vista ambiental y sobre todo en un país donde no hay problemas de deforestación”.
Agregó que hoy lo ambiental “se puede transformar en una palanca para apuntar a mayor productividad”. Y después también está la visión de la sustentabilidad, apuntando a lo social y a las personas. “Estamos en un sector donde generamos alimentos mediante la utilización de recursos, como la tierra y la lluvia, y si podemos producir más eso generará más impactos positivos para más personas. Para mí eso es más sostenible que bajar revoluciones y quedarnos con un sistema que produce menos, que invierte poco, porque seremos muy poquitos los que podremos vivir con esa clase de planteos”, consideró.
Guigou admitió que esa visión “no es algo común de escuchar”, ya que “por lo general se desconectan las cosas y creo que tiene mucho que ver también la sustentabilidad”.
Sostuvo que “por supuesto se tienen que hacer las cosas bien, evaluar, medir, para producir cada vez mejor, pero también es tratar de que sea sustentable para más personas y atractivo para las nuevas generaciones, porque si te quedas solo y el entorno queda vacío tampoco será sustentable”, indicó. En tal sentido, afirmó que “hay que tener sistemas productivos, pujantes, con más gente joven viviendo en el interior y no yéndose; para mí ese es un componente de la sustentabilidad”.
En el componente de la sustentabilidad se plantea, por ejemplo, cuidar y limitar el uso del campo natural, sobre ese punto Guigou dijo que “en todos los temas siempre hay distintos puntos de vista. Creo que se debe tener la mayor cantidad de libertades posibles y no generar estructuras o enyesar las situaciones. Lo más importante es la gente, las actividades, las motivaciones, y no tanto tal o cual especie de forraje. No veo bien generar leyes para cada cosa que nos parece. Me juego por la libertad del productor de hacer lo que le parezca mejor. Por supuesto puede estar el Estado controlando que no se hagan mal, pero no para decirte todo el tiempo qué es lo que se debe hacer”.
El empresario entiende que “hay un tremendo peligro de excedernos en un país que está lleno de regulaciones, porque cada cosa que se pone jamás se saca”. Lamentó que “nadie está dispuesto a trabajar para eliminar normativas que ya no tienen sentido, ni agregan valor. Sería tan bueno que durante un quinquenio el Parlamento se dedicara a estudiar cuáles son las leyes y regulaciones que agregan valor para eliminar todas las otras que no lo hacen, y simplificar, pero eso no pasará”.
Dijo que eso tampoco pasa con las instituciones, que “se están creando todo el tiempo y nunca se apagan. Muchas se tendrían que cerrar y simplificar, porque la realidad cambió. Por eso estoy totalmente en contra de encorsetar o poner ordenanzas nuevas de cosas que no tienen demasiada relevancia”.
Al ser consultado sobre si pueden existir premios para los productos que surgen de los sistemas de producción del Uruguay, indicó que hoy no lo tiene claro, pero “si eso llega o está la posibilidad, se desarrollará rápido porque se viene invirtiendo para construir cosas nuevas”. En el caso de ADP dijo que “estamos haciendo un análisis del balance ambiental de la empresa, no porque tengamos un premio, en absoluto, sino porque vemos que nos ayuda a entender e interpretar dónde hay oportunidades de mejora y dónde no las hay. Claramente vas conduciendo hacia lo que se va demandando”.
El empresario también analizó que “el mundo pega sacudones fuertes”. Recordó que durante la pandemia “un montón de temas se olvidaron, porque había otras prioridades. La guerra de Ucrania alteró la oferta de gas natural y los países ricos siguen usando carbón, volvieron a las minas porque surgen otras prioridades”.
Guigou valoró que Uruguay tenga lineamientos para el cuidado del ambiente, pero opinó que “tienen que ser cosas racionales, porque seguramente van a tener que ir cambiando, todos los años”, porque “todos los días se descubre algo nuevo, se aprende una cosa distinta, algo que antes nos parecía malo termina no siéndolo tanto y viceversa. Hay que tener mucho cuidado de no generar sobrecostos si no estás seguro de que hay valor, porque eso puede realmente jugar muy en contra”.
“Le vendemos alimentos al mundo, commodities, y ahí hay que ser muy competitivo. Si aparecen nichos y se puede salir de los commodities con premios, creo que en Uruguay será sencillo reordenar los sistemas y explotarlos, porque las cosas se están haciendo muy bien al compararnos con los más destacados, y esa es una gran base”, acotó.
EL NEGOCIO AGRÍCOLA GANADERO
Marcos Guigou analizó que “se transita un período donde no es por el lado de los precios exuberantes que tenemos que armar el negocio, sino por el lado de los sistemas que hemos ido desarrollando y la competitividad que hemos construido en la agricultura vía rotaciones, manejo de los nutrientes, tecnologías de precisión, en el financiamiento con tasas fijas a largo plazo cuando estaban bajas, el rol de las personas en la organización, entre otros aspectos”. En tal sentido, planteó: “tengo la impresión de que vamos a estar en un período más tirante, porque si los precios están más bajos el ingreso bruto también baja”.
Señaló que “hoy no tenemos competitividad en el tipo de cambio, en la inflación en dólares. Hay cosas que más vale aceptarlas a pensar que te las van a cambiar para vos. En Uruguay el tipo de cambio siempre le pega al exportador, o sea en la mayor parte del tiempo lo está desfavoreciendo. Por eso son importantes las inversiones realizadas en el negocio”.
Pero valoró que “existen cosas que nos ayudan, como la seguridad jurídica que brinda el país, créditos a largo plazo en dólares, el diseño de la política impositiva que permite invertir y descontar de las ganancias las inversiones realizadas. Son cosas que ayudan, y en cierta medida contrarrestan los problemas estructurales de costos y burocracia que tiene el país”.
De todas formas, analizó que “al escenario lo veo muy bien, probablemente más simple en agricultura que en ganadería, donde no solo hubo una baja de precios sino que se generó durante el último año una destrucción muy grande del activo”. De todas maneras sostuvo que “la ganadería está presente desde la época de Hernandarias, se va a reconstruir y seguirá estando, quizás el reacomodo lleve más tiempo”.
Sobre el modelo agrícola dijo que “está bien, con precios contenidos, aunque se han podido fijar valores futuros interesantes en soja, trigo y cebada. Ahora viene la etapa en la cual hay que construir el margen en base a lo que las empresas han invertido en competitividad genuina”.