EEUU atraviesa uno de los ciclos de menor stock bovino en décadas

Ruben Silvera
Amarillo, Texas, Estados Unidos
La ganadería de Estados Unidos atraviesa uno de los ciclos de menor stock bovino de las últimas décadas, producto de varios años de sequía y cambios estructurales en el uso de la tierra, señaló a VERDE el ingeniero agrónomo Pablo Loza, , asesor privado e investigador, durante la gira técnica por Estados Unidos, organizada por Nutex y Teknal Argentina.
Loza explicó que el rodeo estadounidense se ubica en torno a 87 millones de cabezas, cuando históricamente se manejaban niveles “significativamente más altos”. Recordó que “en otros momentos se hablaba de un stock de entre 100 y 120 millones de cabezas, por lo que hoy estamos ante uno de los niveles más bajos de las últimas décadas”.
Esta situación es consecuencia principalmente de una sucesión de años climáticamente adversos. “Han sido muchos años de sequía, con eventos recurrentes, que no permitieron recuperar el stock, y eso terminó generando una caída muy fuerte del rodeo”, explicó.
A ese factor se suman otros cambios estructurales vinculados con el uso de la tierra, así como a determinadas restricciones productivas. Según Loza, si bien se empieza a observar una leve señal de reversión del ciclo, la recuperación del rodeo será lenta.
“La tasa de retención de hembras sigue siendo baja, por lo que probablemente este proceso de recomposición del stock sea más largo que en ciclos anteriores”, sostuvo.
Históricamente la ganadería estadounidense ha funcionado con ciclos relativamente previsibles. Comentó que “durante muchos años los ciclos ganaderos se estimaban en torno a 10 años, con cinco años de liquidación y cinco de retención”.
Sin embargo, las condiciones actuales parecen haber modificado esa dinámica. “Hoy se habla de ciclos que pueden extenderse entre 12 y 14 años, lo que refleja la profundidad del proceso de liquidación que ocurrió recientemente”, señaló.
Frente a la menor disponibilidad de animales, el sistema productivo estadounidense ha respondido con cambios en la forma de producir carne. “La respuesta ha sido sumarle kilos a cada animal, alargando los períodos de recría y el tiempo de terminación en feedlot”, dijo.
En ese contexto el peso de los animales terminados ha aumentado de forma significativa. “Hace unos 15 años los animales se terminaban con 550 o 600 kilos, mientras que hoy es común ver novillos terminados, con 700 o incluso 750 kilos”, indicó.
Esta estrategia permite compensar parcialmente la caída en el número de animales. “Aunque hay menos cabezas, la producción total de carne no cayó en la misma magnitud, porque cada animal aporta más kilos”, señaló el ingeniero agrónomo.
El comportamiento del consumidor también ha sido clave para sostener el sistema. “La demanda se ha mantenido firme y el consumidor estadounidense sigue dispuesto a pagar más por carne vacuna, incluso cuando su precio es mucho mayor que el de otras proteínas”, explicó.
El precio de la carne vacuna en el mercado minorista estadounidense presenta diferencias muy marcadas respecto a otras carnes. “En la góndola la carne vacuna puede valer cinco veces más que la carne de cerdo, y hasta 10 veces más que algunos cortes de pollo”, señaló.
En términos productivos el negocio sigue mostrando señales favorables para los engordadores. “El costo de producir una libra de carne está entre US$ 1 y US$ 1,20, mientras que el precio de venta ronda los US$ 3 por libra, lo que incentiva a seguir agregándole kilos a los animales”, explicó.
El precio del ganado terminado se ubica en niveles históricamente elevados. “Hoy la libra de novillo terminado ronda los US$ 3,5, lo que equivale a aproximadamente US$ 8 por kilo”, indicó.
Otro fenómeno que viene ganando peso en el sistema productivo estadounidense es beef on dairy, el cruzamiento entre vacas lecheras y toros de razas carniceras. “Es un desarrollo relativamente reciente, de unos cinco años, que ha tenido un impacto muy fuerte en el sistema”, comentó Loza.
El crecimiento de este modelo fue posible gracias al avance del uso de semen sexado en los tambos. “Hoy el segmento superior de las vacas se insemina con genética lechera, para reposición, mientras que el resto se cruza con toros de carne”, explicó.
En la mayoría de los casos se utilizan toros Angus, que “aporta mejor conformación del ojo de bife, buena eficiencia de conversión y, además, permite ingresar a programas de carne Angus certificada”, comentó.
El valor económico de estos terneros también ha cambiado drásticamente. “Un ternero de tambo, que hace cinco años valía alrededor de US$ 200 al nacer, hoy puede venderse a cerca de US$ 1.500”, explicó.
Actualmente beef on dairy representa una proporción significativa de la producción de carne. “De los 24 millones de animales que se faenan al año en Estados Unidos, entre 2 millones y 2,5 millones provienen de este sistema, lo que equivale a aproximadamente 10% de la faena total”, indicó.
Según Loza, además de aportar volumen, estos animales presentan niveles de calidad de carne muy competitivos. “Los novillos provenientes de vacas lecheras tienen un marmoleo excelente, y con el cruzamiento se han logrado mejorar aspectos como la forma del ojo de bife, que antes afectaban su valor comercial”, concluyó.
Fuerte demanda por carne de feedlot
El directivo de la Cámara Argentina del Feedlot, Rafael Mortaroti, comentó a VERDE que “hay una expectativa muy grande del negocio de la carne a nivel mundial, porque la demanda sigue creciendo”.
En particular, mencionó el dinamismo en mercados como China, y en las principales ferias internacionales del sector. “En ferias como Anuga o Sial se observa claramente una demanda muy fuerte por carne terminada a grano, que es justamente la que produce el sistema de feedlot”, sostuvo.
Otro factor que alimenta las expectativas del sector es la ampliación de la cuota de exportación de carne hacia Estados Unidos. “La cuota estadounidense para Argentina pasó de 20.000 a 80.000 toneladas, y eso abre una oportunidad importante para el sector exportador”, indicó.
Según Mortaroti, el crecimiento de la demanda internacional también está vinculado con la situación productiva en Estados Unidos, ya que el país norteamericano enfrenta un ciclo de menor disponibilidad de ganado, lo que mantiene “firmes” los precios de la carne y genera oportunidades para los exportadores.
“Estados Unidos hoy tiene un mercado muy tonificado y precios altos de la carne, y eso explica en parte la necesidad de importar más”, señaló el productor argentino.
Además, sostuvo que la carne que llega desde Sudamérica cumple un rol específico dentro del mercado estadounidense. “Nosotros enviamos principalmente cortes delanteros magros, que se utilizan para mezclar con carne que contiene más grasa, producida en Estados Unidos, con el fin de elaborar hamburguesas”, describió.
Durante la gira técnica por Estados Unidos Mortaroti dijo que también se observa cómo el sistema productivo estadounidense intenta compensar la menor disponibilidad de ganado.
Uno de los cambios más visibles es el aumento del peso de faena. “Se ve claramente que los pesos de faena son cada vez más altos, como forma de compensar la menor cantidad de animales”, explicó.
Sin embargo, esa estrategia no alcanza para resolver completamente el problema estructural de oferta. “Estados Unidos no va a crecer en la cantidad de vacas madres, por lo que la oferta de terneros seguirá siendo limitada”, indicó.
Esta situación genera una mayor necesidad de abastecimiento desde el exterior. “Hay una avidez importante del mercado americano por carne, y eso es lo que explica muchas de las decisiones comerciales que se están tomando”, afirmó el ganadero argentino.
Nota de Revista Verde N° 128



