Ganadería

USA Feedyard, un corral que creció de 28.000 a 75.000 cabezas; “no me gusta ver corrales vacíos”, dijo su director

28 de mayo de 2026

El corral USA Feedyard, en el Panhandle de Texas, una de las regiones con mayor concentración de hacienda del mundo, refleja la escala y la dinámica del negocio ganadero estadounidense.

El establecimiento, ubicado en Gruver, fue adquirido a Cargill cuando tenía una capacidad de 28.000 cabezas, y en la actualidad alcanza unas 75.000, según explicó su propietario, Jeff Purvines, a la delegación de Nutex y Teknal Argentina durante la visita al establecimiento.

El modelo de operación está basado principalmente en un sistema de hotelería ganadera, donde el feedlot presta servicios de engorde para terceros. Entre los clientes hay productores ganaderos, tambos e incluso jubilados que buscan participar en el negocio a través de inversiones en ganado.

Una parte importante de los animales corresponde a programas beef on dairy, basados en cruzamientos entre hembras Holando y padres Angus. “En el corral no se diferencian del ganado de carne”, explicó Purvines. Estos animales permanecen aproximadamente 300 días en el feedlot antes de ser enviados a faena.

El establecimiento vende ganado a cuatro frigoríficos, utilizando distintos esquemas comerciales, que van desde la venta en pie hasta sistemas de pago basados en grillas de calidad de carcasa.

Actualmente el establecimiento emplea a unas 100 personas, aunque solo siete son de origen estadounidense. “Pagamos muy bien y la gente trabaja muy bien; prácticamente no tenemos rotación de personal”, comentó el propietario.

El servicio de hotelería tiene un costo base de US$ 0,10 por animal por día, al que se suman los costos de alimentación y otros insumos. El objetivo del negocio es alcanzar un margen de aproximadamente US$ 0,60 por animal por día antes de impuestos. El costo de la ración puesta en el corral se ubica cerca de US$ 278 por tonelada, mientras que la mortalidad promedio se sitúa entre 2% y 3%, dependiendo del origen de la hacienda.

Los corrales cuentan con estructuras de sombra y protección, indispensables en la región, por los fuertes vientos y el clima extremo característico del Panhandle. El espacio promedio disponible es de 67 metros cuadrados por animal, aunque esa referencia puede variar, según las condiciones climáticas.

La ocupación de los corrales se mantiene elevada durante todo el año y se limpia con a los animales adentro. “No me gusta ver corrales vacíos”, comentó Purvines.

El establecimiento dispone, además, de cuatro corrales de recuperación de 100 animales cada uno, que son destinados al manejo sanitario.

En los programas beef on dairy se utiliza un sistema de implantes hormonales. El primero se realiza a los 100 días, y el segundo entre 90 y 100 días después.

El empresario recordó, además, un episodio que marcó cambios en la infraestructura del establecimiento: una tormenta de nieve (blizzard), que años atrás provocó la muerte de 3.000 animales, lo que llevó a reforzar las estructuras de protección en los corrales.

En cuanto al mercado, Purvines señaló que anteriormente la industria pagaba cerca de US$ 1,10 por libra (US$ 2,44 por kilo) por animales que no utilizaban determinados productos en los implantes, carne que se destinaba principalmente al mercado chino, pero ese negocio ya no está disponible.

También mencionó que está prohibida la importación de ganado desde México, novillos que históricamente abastecían en gran medida a corrales como el suyo.

Gran cambio estructural del negocio

El sistema beef on dairy se ha convertido en uno de los cambios estructurales más importantes de la ganadería estadounidense en los últimos años.

El modelo consiste en inseminar vacas lecheras, principalmente de la raza Holando, con toros de razas carniceras como Angus, Hereford, Limousin o Simmental, destinando esos terneros exclusivamente a la producción de carne.

Históricamente los machos lecheros tenían poco valor para la producción de carne, y con estos cruzamientos se logra una mejor eficiencia de conversión en los feedlot, mejor conformación de carcasa y mayor valor comercial de la res, además de buena calidad de carne.

Un ejemplo de estos sistemas es un lote de 280 animales, terminado a corral con un peso vivo promedio de 687 kilos, con un rendimiento de 62,25% en cuarta balanza, que resultó en un peso de carcasa promedio de 427 kilos.

El precio final fue US$ 399,88 por cwt (100 libras de carcasa), generando un valor total del lote de US$ 1.054.586, equivalente a aproximadamente US$ 3.766 por animal.

En términos de calidad de carne, los resultados fueron muy destacados: 67,7% Choice –del cual 65,3% Certified Angus Beef (CAB)– y 26,8% Prime. Estos resultados explican por qué el beef on dairy se está expandiendo rápidamente en estados como Texas, Kansas, California e Idaho.

El ciclo ganadero favorece al productor

En el análisis del negocio ganadero estadounidense, los operadores coinciden en que la actualidad del ciclo favorece claramente al productor. Desde el punto de vista del consumo, Purvines considera que la carne vacuna mantiene un lugar central en la dieta estadounidense. “A los americanos les gusta mucho la carne”, señaló. “Es una proteína muy popular y no veo que eso cambie”, agregó.

Incluso con precios elevados, el consumo se mantiene firme. Aunque el pollo y el cerdo tienen valores mucho más bajos, muchos consumidores siguen eligiendo carne vacuna.

Sin embargo, la situación dentro de la cadena no es homogénea. Mientras los criadores y algunos productores ganaderos están atravesando uno de los mejores momentos del ciclo, la industria frigorífica enfrenta mayores dificultades, debido a la escasez de hacienda. “Hoy el negocio está del lado del productor”, afirmó Purvines. Aun así, consideró que las grandes empresas frigoríficas seguirán adaptándose al ciclo. “Son siempre los mismos jugadores y van a sobrevivir”, consideró.

En los sistemas de engorde para terceros la rentabilidad puede variar significativamente entre lotes. En algunos casos los inversores lograron retornos cercanos al 100%, duplicando el capital invertido, aunque los operadores advierten que esos resultados extraordinarios no representan el promedio del negocio.

La rentabilidad depende de múltiples factores, como el precio de compra del ganado, el costo de alimentación, el comportamiento del mercado y el valor final de la carcasa.

En términos generales, dentro de la cadena ganadera estadounidense se estima que la rentabilidad del negocio se distribuye aproximadamente en 70% para el criador, 20% para la recría y cerca de 10% para el corral y la industria, aunque esa relación puede variar según la eficiencia de cada empresa y el momento del ciclo.

Nota de Revista Verde N° 128

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