Tomás Friedman, corresponsal de Radio Carve en la Unión Europea, dijo en el programa Punto de Equilibrio que el nuevo acuerdo entre EEUU y la Unión Europea (UE) por el contingente 481 de carne de alta calidad “fue enviado para su aprobación al parlamento europeo”.
En el parlamento europeo asumieron nuevas autoridades y comenzará con sus actividades el 5 de enero de 2020, por tanto, el acuerdo “será ratificado en los primeros días del próximo año”.
Agregó que “la comisión de agricultura del parlamento europeo seguramente apruebe sin ningún tipo de reparos lo acordado con EEUU por la cuota 481”. Recordó que eso se alcanzó en Washington (EEUU), por representantes de ambas partes en agosto pasado.
Mediante el nuevo acuerdo, de la cuota actual de 45 mil toneladas unas 35 mil serán exclusivas para EEUU, en un proceso progresivo de siete años. Las 10 mil restantes se reparten entre el resto de los países que participan del contingente.
Friedman comentó que si bien Uruguay podría apelar esta decisión, “el país lo analizó y entendió que no sería conveniente” ya que “podría generar un parate en las exportaciones del cupo 481”. Además, “sería el único que apelaría” porque el resto de los países que utilizan la cuota no apelaran”.
Benjamín Bourse, director General de Control Union para Latinoamérica, destacó a VERDE el potencial de la carne uruguaya y oportunidades para el cannabis; y admitió que hay programas de sustentabilidad que son medidas paraarancelarias
Las certificaciones tienen una demanda creciente en el mundo, sobre todo para productos que se consumen en mercados de alto poder adquisitivo, como Estados Unidos y Europa. Las principales marcas del mundo tienen una clara política de certificaciones, que apuntan fundamentalmente a la sustentabilidad e involucran a sus proveedores de materia prima en los procesos de certificación.
En esta entrevista, Benjamin Bourse, director general de Control Union para Latinoamérica, aseguró que las certificaciones son consideradas por los consumidores un valor agregado, y hay quienes no solo pagan más, sino que consumen únicamente productos certificados.
Control Union es una compañía internacional privada, creada en Holanda en 1920. Tiene presencia en más de 70 países, con oficinas, operaciones y laboratorios y ofrece una red global de servicios de logística, control de calidad, gestión de garantías y certificaciones.
Dicha área fue creada en el año 2002, cuando Control Union adquirió la compañía holandesa Skal International, una rama de auditoría de la fundación Stichting Skal.
Lo que comenzó como una empresa conjunta, con el paso del tiempo pasó en su totalidad a Control Union y ha seguido expandiendo su ámbito de actividades. En la actualidad cuenta con más de 100 programas de certificación, que son demandados por diferentes empresas y países del mundo.
En esta entrevista con VERDE, Bourse señaló que el medioambiente, la no desforestación y aspectos sociales son los temas más relevantes en las certificaciones que realizan.
¿Cómo es la evolución de los procesos de certificación que hoy se están demandando a nivel global?
Estos procesos tienen una clara tendencia creciente. En mercados como el europeo o el estadounidense es algo palpable, allí los consumidores están demandando productos con diferentes certificaciones. De las unidades de negocios de Control Union, certificaciones es la que más crece. En las empresas privadas se observa nítidamente, sobre todo en las que tienen una marca con posicionamiento fuerte, como Coca-Cola, PepsiCo o Unilever. Estas empresas tienen una clara política de certificaciones, que apuntan al concepto de sustentabilidad, y además involucran a sus cadenas de suministro. Por otra parte, hay varios gobiernos con programas de sustentabilidad que terminan siendo barreras paraarancelarias. Si los productos a importar no están certificados no pueden ingresar. Control Union cuenta con acreditaciones gubernamentales y de organismos industriales de acreditación a nivel global. Hoy tenemos más de 100 programas de certificación, y operamos en varias industrias: bienestar animal, silvicultura, acuicultura y pesca, biocombustibles y biomasa, alimentación animal, seguridad alimentaria, buenas prácticas agrícolas, agricultura orgánica, sistema de gestión de calidad, cumplimiento y seguridad social, sostenibilidad, textil, agua, entre muchas otras. Todo eso va creciendo y complejizándose, porque el consumidor final busca conocer más detalles del proceso de producción del producto que va a consumir.
¿Observan que el consumidor juega un rol preponderante?
Sin dudas, y le da un valor agregado. Las empresas quieren vender el producto con ese valor agregado, dado que aumenta la cantidad de consumidores que compran únicamente ese tipo de productos. Por ejemplo, ya se ven cadenas importantes en Estados Unidos que solo venden productos orgánicos, y otras cadenas que únicamente comercializan productos certificados. En el portafolio de clientes de Control Union tenemos a las principales compañías del mundo alimenticio, donde la certificación ha crecido mucho, pero también hay grandes cadenas de supermercados que buscan auditar y certificar a toda su cadena de abastecimiento y distribución.
¿Esto es demandando solamente por la industria alimenticia o se observa también en otras industrias?
No, abarca a todos los productos. Control Union, por ser una empresa muy ligada al agronegocio, ha crecido mucho en el sector agrícola, pero vemos que muchos productos buscan certificar procesos de sustentabilidad. Uno de nuestros clientes está en Uruguay y produce lana sustentable. Es un programa que a nivel mundial es dirigido por Piero Gelmini (gerente de Control Union Uruguay). Las lanas sustentables son comercializadas a las principales empresas de la moda mundial. La certificación no solo está en la industria alimenticia, sino que también crece en la cadena de commodities, en la industria energética, automotriz, textil y en muchas otras. Allí somos muy fuertes, sobre todo en Asia, donde está la mayoría de estas industrias. Ahora también aparece en los servicios, hay muchas instituciones financieras que tienen una política crediticia muy ligada con la certificación. Si el cliente de ese banco cumple con algunas certificaciones tiene un descuento en la tasa de interés, por ejemplo. Los procesos de certificación y sustentabilidad ya están ligados, no solo al agro o al consumo, sino a todas las actividades económicas.
¿Qué tipo de certificación se demanda?
Depende de las industrias y de los intereses, hay muchas. Cuando hablamos de países, ingresa el aspecto social y ambiental. Las grandes compañías conjugan la demanda de los clientes y la protección de marca, allí se apunta a prevenir el trabajo infantil, la esclavitud y los problemas ambientales. Los supermercados buscan estas instancias para evitar reclamos de sus clientes. Hoy los supermercados tienen sus propias marcas, que son muy importantes por la rentabilidad de esas empresas, entonces, la certificación ingresa como mecanismo de protección. Todo eso depende de lo que busque el interesado. A nivel general se puede decir que estos son los temas más relevantes: medioambiente, la no deforestación y todo lo vinculado con lo social.
¿Lo ambiental es lo que viene creciendo de forma más importante?
Vemos un equilibrio. Depende de la industria. Si apuntamos, por ejemplo, a certificar soja, el objetivo es lo ambiental y la no deforestación, por encima del trabajo social o la esclavitud. En cambio, en la industria textil, donde por ejemplo no hay deforestación, el foco está en lo social, trabajo infantil, esclavitud o en las condiciones aptas para trabajar. La demanda se va moviendo de acuerdo al producto, de acuerdo al commodity con el que se trabaja, es muy puntual, no hay un género específico. Pero sí hay protocolos, como el de Ecuador, que realmente marcan políticas de sustentabilidad que deben seguirse. Hay muchos indicadores, sobre esto a nivel mundial, y después hay muchos trabajos serios realizados por distintas ONG. Hay, por ejemplo, un ranking donde están las mayores empresas del mundo, con sus fortalezas y debilidades. Eso es bueno para realizar comparaciones entre empresas, y a partir de eso tomar acción para mejorar. Dentro de lo ambiental también van apareciendo nuevos procesos a certificar, como las huellas de dióxido de carbono (CO2), agua, energía, entre otros.
¿Qué pasa en otros mercados? Con el consumidor asiático, por ejemplo.
Claramente el consumidor europeo o norteamericano está mucho más maduro, y exige un producto sustentable, diferente al de otros países. Además, si bien existen mercados más avanzados, cuando las empresas multinacionales marcan sus compromisos socioambientales, estos rigen para todos los países en los que actúan, ya sea en Asia, América, África o Europa. Unilever, por ejemplo, compra de una forma sustentable en todo el mundo, y ha elegido a Control Union para que lo ayude a cumplir ese objetivo. El que mueve a Asia es China, y en ese país muchos de los habitantes que tenían condiciones de vida muy básicas, en los últimos años cambiaron, producto del crecimiento de la economía china. Ha crecido y seguirá incrementándose la clase media china, y eso motiva cambios en el patrón de consumo. Les llevará un tiempo la adopción de productos orgánicos, pero desde hace varios años se observa una preocupación por la inocuidad alimentaria y el medio ambiente. Por otro lado, las principales marcas textiles de moda, de producción de alimentos y de productos electrónicos, están en Asia exigiendo muchas certificaciones, de todo tipo. Eso da la pauta de que las condiciones de trabajo en Asia están cambiando. Y ese es el proceso inicial de los cambios en la exigencia del consumidor.
¿Qué exigen las certificaciones de un producto orgánico?
Es un producto que no lleva contaminantes y que es producido orgánicamente. Hay diferentes normativas sobre los orgánicos, cada país tiene la suya. Hay algunas para la Unión Europea, para Japón o Estados Unidos, donde se determina qué productos están habilitados para utilizarse en el ciclo productivo, qué fertilizantes, qué herbicidas se pueden usar y cuáles no. Para poder plantar, cosechar y certificar ese producto, el suelo tiene que estar limpio por más de tres años. No puedo, por ejemplo, producir un orgánico en un campo que haya tenido un cultivo que haya utilizado fertilizantes o herbicidas no aprobados para la producción orgánica.
¿Qué pasa con las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA)?
Se está trabajando muy fuerte. Hay diferentes programas y productos para certificar buenas prácticas agrícolas, como: Global Gap, RTRS, FSA-SAI, ISCC, entre otros. De acuerdo a las necesidades de cada una de las empresas se eligen diferentes tipos de programas de certificación, pero eso se enfoca plenamente a los productos agrícolas. En esta entrevista hablamos de la parte textil, que es sumamente industrial, o del rubro electrodomésticos, donde entra otro tipo de certificaciones para atender a mercados que no van alineados con el agronegocio. En la actualidad la producción de cannabis, por ejemplo, certifica buenas prácticas agrícolas.
¿Cómo ve el futuro de la carne orgánica, la carne natural?
Si hay una marca diferenciada, como puede ser una carne natural o un auto de elite, hay un mercado que lo paga y cada vez lo pagará más. Los clientes siguen buscando ese tipo de diferenciación en carnes, sobre todo en el mercado europeo y norteamericano. Realmente pagan un diferencial por carne certificada, pero no olvidemos que Uruguay es un ejemplo en el posicionamiento de su carne, tiene un sello de calidad y un marketing espectacular, asociado a la marca Uruguay Natural. La carne uruguaya está en un escalón diferente y el consumidor mundial la quiere. Hemos participado en algunas ferias y veo con alegría el posicionamiento de la oferta uruguaya, lo hablo como argentino, que sufrimos la pérdida de ese estatus. Argentina siempre fue un país con un nombre muy fuerte en carnes, pero por diferentes cuestiones políticas eso se ha perdido. Los uruguayos hicieron un trabajo excepcional y han posicionado la marca en un escalón muy alto.
Comentó sobre la certificación de BPA en la producción de cannabis, ¿Uruguay tiene potencial en ese segmento?
Entendemos que para Uruguay la producción de cannabis tiene un potencial enorme. Control Union también está teniendo un rol importante a nivel mundial en la certificación de ese producto, a través del estándar CUMCS (Control Union Medical Cannabis Standard). Uruguay tiene una legislación vigente sobre cannabis, que debería aprovecharla muy bien en el mercado internacional. Sobre todo pensando en la exportación hacia países donde lo pagan muy bien, como Alemania; tanto en su uso medicinal, como en el recreativo. Uruguay, desde mi punto de vista, tiene una oportunidad para abastecer a ese mercado. Además, Uruguay tiene seguridad jurídica, una buena imagen internacional, exporta productos de calidad, esos elementos también le juegan a favor para posicionarse en el mercado internacional del cannabis medicinal. Vemos que es una industria que viene creciendo muchísimo, que se viene desarrollando muy fuerte en todo el mundo, a la que los principales países y empresas están apostando. Ya se comienza a hablar de los beneficios médicos del cannabis, y ahí Uruguay tiene para crecer y mucho, y todo ese proceso que atraviesa el cannabis puede certificarse.
¿Lo están haciendo en otros mercados?
Sí, hicimos el programa de certificación para Israel; también hemos hechos programas de certificación para otros países, adecuándonos a las diferentes demandas. Para poder exportar cannabis desde Uruguay el mercado exige una certificación como CUMCS, que garantice la calidad y buenas prácticas agrícolas. Lo estamos haciendo para varias empresas y varios países en el mundo. Estamos muy fuertes en Estados Unidos, Canadá, ahora tenemos un equipo recibiendo un entrenamiento y certificando un laboratorio medicinal canadiense en Colombia, que está haciendo su primer desembarco en Latinoamérica. Entendemos que Uruguay será el próximo destino de varias empresas. En los próximos días participaremos de la feria más grande de cannabis del mundo, que se realiza en Las Vegas, Estados Unidos.
¿Cómo proyectan a mediano plazo al área de certificación de procesos en Control Union?
Entendemos que será el área con más crecimiento dentro de Control Union, habrá más demanda por los diferentes programas de certificación, por la exigencia o demanda de los consumidores, que buscan cada vez más datos sobre lo que consumen, ya sea un alimento, un automóvil, un cosmético o un abrigo. Además, se van abriendo en diferentes abanicos y son muchos programas. En Argentina certificamos un volumen importante de soja y en Perú lo hacemos con quinoa, que son productos totalmente diferentes, pero están englobados dentro del proceso de certificación, que también puede ser puntual para cada uno de los países.
TARJETA PERSONAL
Benjamín Bourse es argentino, desde febrero de 2014 es el director general de Control Union para Latinoamérica. Trabaja en la compañía desde mayo de 1990, fue gerente comercial en Argentina y gerente general de la empresa en Brasil. Es licenciado en Comercio Exterior, por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires; y tiene un MBA en Gerenciamiento y Administración de Empresas del IAE Business School.
Alexis González, gerente de producción de la empresa Dalmás Agro, señaló que en el sur del país la cosecha de cultivos de invierno “avanza rápido”. En trigo y cebada “se ha cosechado entre 40-50%”. Los datos responden a la zona sur del país (Colonia, San José, Soriano y Canelones).
González dijo que hasta el momento los rendimientos promedio para trigo y cebada están en 4.200 y 4000 kg/ha respectivamente. Sostuvo que estos rendimientos están “algo por debajo a lo que se esperaba para los cultivos tempranos”.
Explicó que hubo “problemas de implantación que fueron más graves de lo estimado, sumado a las lluvias de octubre”. Esto terminó generando “impactos en el rendimiento”. Pero destacó que “hasta el momento no han tenido problemas de calidad ni en trigo ni en cebada”.
Recordó que “en un fin de semana de octubre llovieron 200 mm y eso fue bastante complicado”. Además “luego de esas precipitaciones hubo días con lluvias intermitentes y días feos que no permitieron ingresar a las chacras para hacer las aplicaciones indicadas”.
Dalmás Agro siembra en campos alquilados y apunta a planteos de alta tecnología, para este esquema “el rendimiento de equilibrio en cebada se ubica en 4.300 kg/ha y 4.500 kg/ha en trigo”. González indicó que ese punto de equilibrio incluye el 50% del arrendamiento y la fertilización de la rotación.
Agregó que este año la empresa sembró unas 600 hectáreas de carinata, “de las que llevamos cosechadas el 30% con un rendimiento promedio de 1.900 kg/ha”. La colza aún no se ha cosechado “porque se sembró tarde”.
Carlos Molina, integrante del Plan Agropecuario, dijo que el comienzo del ejercicio 2019/20 “ha sido favorable” y que “parecería que las variables siguen comportándose positivamente”.
Explicó que “casi sin darnos cuenta llevamos la mitad del ejercicio 2019/20 jugado” y que “para los productores ganaderos han sido cinco meses de un comportamiento favorable de las variables que determinan los resultados”.
Recordó que el ejercicio pasado las empresas ganaderas mostraron una mejora en sus ingresos producto de la mejora de algunas variables como el tipo de cambio, el precio de las haciendas, la inflación y el clima.
No obstante, Molina advirtió que “esto no quiere decir que este ejercicio va a tener buenos resultados”, ya que “todavía falta y habrá que ver en qué medida los productores pueden capturar ese ambiente favorable que estamos viendo”.
De todas maneras confirmó que “las variables se están comportando de manera favorable para los productores ganaderos”.
El integrante del Plan Agropecuario destacó que en estos cinco meses hubo mejora de los factores que hacen la composición del ingreso de las empresas. Dijo que “el clima es favorable” y por ende hay pasto, “el dólar sigue aumentando respecto del peso uruguayo (15%), la inflación se mantiene (8,5%) y los precios de las haciendas son inéditos (valorización de 30% en dólares constantes)”. Por eso razonó que con buenos precios de los productos y un dólar alto versus una inflación estable, “los productores han podido licuar los costos de producción que están en pesos”.
Señaló que según el monitoreo de campos naturales del Plan, “la primavera está atrasada” y eso se observa porque “el crecimiento del campo natural está levemente inferior del promedio de los últimos 19 ejercicios”, aunque subrayó que “no quiere decir que no haya pasto”.
Carlos Molina agregó que desde el Plan Agropecuario hacen el análisis de empresas para conocer los resultados económicos pero “también para ver qué es lo que hacen los productores”. En ese sentido destacó la capacidad de adaptación de los sistemas, necesaria para “capturar buenos ingresos cuando hay años como el 2018/19”, o para “resiste mejor cuando no es tan favorable”.
Explicó que en el ejercicio 2018/19 “se repite que hay características vinculadas al productor como la capacidad de gestión de los procesos” que son “imprescindibles para llegar a un buen resultado”. Por eso subrayó que “hay que apostar a generar empresas con condiciones de adaptación”.
Dijo que “trabajar con pasto es la llave para empezar a tener éxito” a lo que sumó “tener una carga segura y manejar la condición corporal de las haciendas”, también “planificar y decidir con información para poder anticiparse”. Todos esos elementos “gestionados por un productor que está presente, hacen que ese productor pueda armar un sistema con gran capacidad de adaptación a un ambiente cambiante”, indicó.
En el ejercicio 2018/19 las empresas ganaderas que monitorea el Plan Agropecuario, registraron aumentos en sus ingresos de capital.
Las de Ciclo Completo del norte y litoral norte de tuvieron un ingreso promedio de US$/ha 122, las del noreste y centro de US$/ha 114.
Las empresas criadores del norte y litoral norte tuvieron un ingreso promedio de US$/ha 65 y las del noreste y centro de US$/ha 95.
Si desea ver el resultado económico de las empresas ganaderas en el ejercicio 2018/19, haga clic aquí.
Pablo Chapuis, productor lechero del departamento de Salto, mostró el sistema de cama caliente que implementó en su establecimiento. Dijo estar “convencido” del buen funcionamiento que tiene esa herramienta, pero reconoció que cada establecimiento y cada zona “son mundos distintos”.
Explicó que decidió realizar la inversión y pasar todo su rodeo al sistema de cama caliente porque “en la zona en la que estamos el calor es muy intenso”. Por eso, primero “comenzamos encerrando y generando sombra para el ganado”.
Indicó que mediante está forma, “el ganado tiene más eficiencia en la producción de leche y se cosecha más pasto”.
Actualmente son 1.050 vacas las que están en el sistema de encierre y comen en comederos. “La dieta es ensilaje y pasturas frescas”, indicó.
Chapuis dijo que “el encierro es todo el año y lo único que varía es la definición del pastoreo” que cambia dependiendo de la época del año, “pero nunca es más de ocho horas”.
Sostuvo que dependiendo el momento, “hacemos un pastoreo de seis horas en el que se da 80% de la comida en comederos y el resto fuera de ellos”, explicó.
La inversión en estos sistemas depende del objetivo buscado, Chapuis sostuvo que realizó una inversión de US$ 150 por vaca para, a lo que debe sumarse el mantenimiento. Para el próximo año proyecta encerrar entre 1.400 y 1.500 animales.
Afirmó que pasar a este sistema de cama caliente “permitió bajar costos” por la liberación de áreas que explotaba bajo el sistema de arrendamiento.
Además, señaló que “se gana mucho en la eficiencia por la recolección del pasto”, logrando más kilos de pasto por hectárea y por año. El promedio de producción del establecimiento está en 29 mil litros diarios.
Chapuis dijo que “el aumento de producción mediante este sistema dependerá de la inversión que se defina. Pero, es un sistema que permite lograr la producción de leche que el productor se plantee”.
Daniel de Mattos, gerente de BPU NH Foods, se refirió al acceso comercial restringido que Uruguay tiene por los aranceles que paga en comparación con sus competidores directos y dijo que el país “ha hecho poco y nada” para mejorar ese aspecto.
Recientemente EEUU y Japón firmaron un acuerdo por el cual de manera progresiva, la carne estadounidense dejará de pagar aranceles para ingresar a la isla asiática. La quita progresiva comienza en 2020 y se extenderá hasta 2033 cuando finalmente el arancel sea de 9%.
De Mattos dijo que “el arancel actual que paga EEUU es de 38,5% (el mismo que paga Uruguay para exportar carne a Japón)” y eso “hace muy difícil poder ingresar a ese mercado porque paga un volumen de impuestos enorme”.
Sostuvo que “la tendencia que existe en el mundo es hacer acuerdos comerciales y bajar los aranceles” y que eso se observa “especialmente en el comercio de alimentos, atendiendo a la salud de las economías de los países y a la sostenibilidad de los sistemas de producción”.
El acuerdo firmado entre EEUU y Japón es muy similar a lo que acordaron los países que integran el Acuerdo Transpacífico (Trans-Pacific Partnership – TPP).
De Mattos agregó que con un acuerdo de este tipo, que disminuye aranceles, “el impacto para la ganadería de esos países es brutal, hablamos de casi 30% de diferencia de precio que va a beneficiar a la ganadería de esos países”.
Dijo que si bien avanzar en acuerdos “está dentro de la agenda y de las posibilidades”, subrayó que “Uruguay ha hecho poco y nada por mejorar los accesos arancelarios, más allá del pre acuerdo que se firmó con la Unión Europea”.
Cuestionó que “no ha existido proactividad para buscar un mejor acceso a los mercados” y por lo tanto “no se ha logrado mucha cosa”.
De todas formas sostuvo que “hay que empezar lo antes posible” con acuerdos de este tipo. El industrial llamó a mirar a los mercados de Asia que “son los que están teniendo mayor actividad de demanda”, porque “esto no pasa solamente con Japón, sino que actualmente pasa también con China, donde Uruguay paga el doble de arancel de lo que paga Australia”, afirmó.
Coyuntura que vino para quedarse
Sobre el escenario ganadero que vivió Uruguay durante 2019, De Mattos señaló que “la demanda va a terminar superando a la oferta y estos precios que registramos ahora se mantendrán en los próximos años”.
Celebró lo que sucede porque consideró que “es una señal muy positiva para todo el sistema de producción uruguayo” y además “en especial para la cría”.
Sostuvo que el sector criador es el que tiene que tomar decisiones en el largo plazo y por eso “precisa señales fuertes que se vean continuadas en el tiempo para poder dar el salto productivo que hasta ahora no se ha dado”, aunque se mostró confiado que “ese salto productivo se puede dar” porque “no hay restricciones tecnológicas”.
Escuche la entrevista completa a Daniel de Mattos.
Gonzalo Ducós, director de Agrofocus y coordinador ganadero de Fucrea, habló de la mejora de los procesos productivos partiendo de la base que generan las relaciones de intercambio en el negocio ganadero.
Dijo que los precios actuales de la ganadería “brindan una oportunidad y mediante el camino tecnológico, si se logran manejar algunos factores, se transforma en certezas y logran mejorar el resultado de las empresas ganaderas”.
Los valores del ganado (novillo gordo o ternero), “hoy permiten, si se mantiene el precio de semillas y fertilizantes, realizar entre 20 y 30% más de praderas que hace un año atrás. El dinero que obtenemos por un novillo gordo o por una vaquillona, nos permite realizar más hectáreas de mejoramientos”, explica Ducós.
Cuando se estudia que “el resultado económico de las empresas reacciona a mejoras en la base forrajera”, quiere decir que “en campos naturales mejorados o en pasturas y verdeos, la producción de carne aumenta y en la mayoría de los casos el ingreso de capital para estas empresas también aumenta”.
Por eso señaló que las relaciones de intercambio, “están muy interesantes para pensar en desarrollar un poco más la base forrajera”.