El negocio agrícola se presenta “complejo”, los precios bajos exigen alta productividad, pero este escenario “ayuda a mejorar muchos aspectos de la gestión”, analizó el productor agrícola-ganadero Carlos Dalmás, director de Dalmás Agro. En esta entrevista con VERDE destacó las mejoras en genética, fertilización y agricultura por ambiente, así como ajustes a nivel de la gestión, sobre todo en logística y planificación.
Planteó el ejemplo de la soja, que si se siembra después del 20 de noviembre se estiman pérdidas del orden de “40 kilos por hectárea por día”. Y explicó que si se logra adelantar 10 días, significan “unos 400 kilos de soja por hectárea”.
En tal sentido, señaló que incluso “muchas veces conviene pagarle un poco más a alguien que pueda hacer el trabajo en menos tiempo”, porque “eso termina mejorando el resultado final del negocio”. Y también se refirió a aspectos de la gestión comercial y financiera de la empresa.
Dalmás Agro siembra “cerca de 10.000 hectáreas” y “alrededor del 70%” del área está en Colonia, el resto se distribuye entre Soriano, San José y Canelones, comentó. También señaló que aproximadamente el 70% del área donde siembra la empresa “se viene explotando desde hace más de ocho años”, ya que prioriza relaciones estables con los propietarios de los campos, lo que le permite hacer inversiones, como riego o recuperación de suelos.
Recordó que hace 10 años comenzó con la agricultura por ambientes, algo que “generó un escalón grande en rendimiento”. Y consideró que el segundo escalón tiene que ver con encalado y el uso de enmiendas de suelo.
Para Dalmás “hay que seguir preocupado por producir bien y al menor costo posible”, y estar preparado para “moverse y capturar” las oportunidades de precios cuando aparezcan en el mercado.
Dalmás Agro venía desarrollando su producción ganadera en rastrojos o en algunos campos en rotación, pero en los últimos años se asoció con un especialista en ese rubro, quien además se dedica a la compra y venta de ganado, e instalaron dos encierros, que comenzaron con una capacidad instantánea de 1.000 cabezas.
¿Cómo analiza el panorama del negocio agrícola tras el cierre de la zafra de invierno 2025-2026 y el arranque de la campaña de verano?
Estamos en un momento de la agricultura con números muy ajustados. Hay una dependencia enorme de los rendimientos, el resultado del negocio depende muchísimo de la productividad. En los cultivos de invierno, en muchos casos con altos rindes, apenas se logra empatar. En Uruguay, históricamente, los cultivos de verano son los que terminan haciendo la cuenta del año. Cuando los rendimientos acompañan, logran compensar las pérdidas o los márgenes ajustados del invierno. Es un momento complejo, que al mismo tiempo está ayudando a mejorar muchos aspectos de la gestión del negocio.
¿En qué aspectos concretos ve que está mejorando la gestión?
Hay mejoras dentro del campo y fuera del campo. Dentro del campo se sigue buscando permanentemente mejorar la productividad, mediante la innovación en genética, mejoras en manejo, fertilización, agricultura por ambientes, o sea todo lo que es tecnología aplicada al sistema productivo. Desde el punto de vista de la gestión se están generando cambios muy importantes fuera de la chacra. Vemos claramente que hay margen dentro del campo, pero también fuera del campo, en todo lo que es logística, planificación y organización del sistema.
¿De qué forma?
Principalmente en la logística, que hoy impacta muchísimo. En un país con costos de flete tan altos, decidir qué cultivo sembrar y a dónde va a ir ese grano tiene un impacto enorme en el resultado. También influye mucho la gestión de los tiempos de siembra y de cosecha, que permite hacer las labores de forma más eficiente y, en algunos casos, adelantar la cosecha. Hoy se piensa en sobredimensionar equipos de siembra o de cosecha para poder levantar o sembrar los cultivos en menos tiempo. En soja, por ejemplo, a partir del 20 de noviembre se estima una pérdida del orden de 40 kilos por hectárea por día por atraso en la fecha de siembra. Si lográs adelantar 10 días, estás hablando de unos 400 kilos de soja por hectárea, se tiene que analizar muy bien y puede resultar en un ingreso que puede justificar decisiones de gestión, incluso inversiones en maquinaria o acuerdos diferentes por servicios.
¿Ese tipo de decisiones forman parte de una lógica puramente empresarial?
Sí, claramente. Es una decisión empresarial. Incluso cuando se contratan servicios, muchas veces conviene pagarle un poco más a alguien que pueda hacer el trabajo en menos tiempo, con mayor concentración de equipos, porque eso termina mejorando el resultado final del negocio.
¿Esto ya lo están implementando?
En algunas labores sí, y estamos evaluando implementarlo con más fuerza hacia la próxima zafra. En los cultivos de invierno, por ejemplo, vemos que la cosecha se concentra cada vez más en pocos días y ahí se pierde mucho rendimiento. Ese es uno de los aspectos de gestión que queremos mejorar, junto con la logística, donde ya venimos trabajando bastante.
¿Qué otros aspectos de gestión están ganando relevancia?
Todo lo que tiene que ver con la gestión comercial y de ventas. No se trata solo de vender anticipado, sino de gestionar comercialmente toda la producción. Hoy usamos herramientas que permiten asegurar pisos de precio, porque el mercado tiene mucha volatilidad y precios relativamente bajos. En soja, por ejemplo, si estás por debajo de determinados niveles de precio el negocio se vuelve muy complicado. Hoy estamos en torno a los US$ 360 por tonelada, y por debajo de US$ 360 y US$ 350 por tonelada el negocio queda muy difícil. En ese contexto, pensar en poner pisos de precio cuando el mercado lo permite es clave. Otro tema que impacta en los números es la gestión financiera, si está ordenada se puede conseguir mejores condiciones para la compra de insumos, entre otras cosas.
¿Pudieron fijar precios cuando la soja estuvo por encima de US$ 380?
Sí, vendimos algo, pero al igual que el año pasado, los mejores niveles de precio se dieron en un momento en que los cultivos todavía no estaban implantados. Eso limita la posibilidad de vender grandes volúmenes. Además, la última gran sequía nos quitó un poco de audacia para vender muchos kilos por adelantado, en ese momento se vendieron más kilos de lo que finalmente se terminaron cosechando. En estos casos es donde funcionan bien las coberturas de precio de las que hablamos.
¿Cómo se planifica la rotación en este esquema de gestión?
La rotación, a grandes rasgos, ya está definida. No tenemos grandes cambios en cuanto a los cultivos que sembramos. Respetamos el cultivo a sembrar, luego lo que se puede ajustar son los ciclos, para ajustar las fechas de siembra. Solemos decir que el negocio lo pensamos en décadas, no en campañas; se piensa a largo plazo. Eso es clave. Después, dentro de cada campaña, sí se pueden tomar decisiones tácticas, como ajustar fechas de siembra para ordenar mejor la cosecha y el uso de las máquinas.
¿Ese ordenamiento tiene impacto real en el margen?
Sin duda. En soja el impacto es muy fuerte. Si considerás una pérdida teórica de 40 kilos por hectárea por día de atraso, estamos hablando de mejoras de margen que pueden llegar a US$ 80 por hectárea. Es una estimación teórica, pero sirve para dimensionar la importancia de la gestión de tiempos.
¿Cómo es el relacionamiento con los propietarios de los campos?
Tenemos una relación de largo plazo. Aproximadamente el 70% del área que trabajamos la venimos explotando desde hace más de ocho años, ese porcentaje no es más alto porque en los últimos dos años hemos crecido. Priorizamos relaciones estables, y eso nos permite hacer contratos más largos e incluso inversiones, como riego o recuperación de suelos, que solo se justifican en acuerdos de largo plazo. La idea no es solo pagar una renta, sino generar valor para el propietario, mejorar el campo y dejarlo en mejores condiciones. Eso requiere construir confianza, algo que se logra con el tiempo. Por eso arrancamos con contratos cortos y luego vamos apuntando a los acuerdos de largo plazo. Es muy sano para el sistema, para la sustentabilidad, para lograr mejores cultivos, porque la fertilización se puede pensar de otra manera, con esa lógica en algunos campos estamos encalando. Son puntos que ayudan a no desvalorizar un campo, hoy hay mucha demanda, pero entiendo que el agricultor empezará a elegir los campos que arrienda. Es muy caro mejorar un campo que viene erosionado, con malezas o bajo pH, eso te puede llevar el margen de dos años, por lo cual esos campos valdrán menos.
¿Ese enfoque también incluye inversiones como el riego?
Sí. Donde invertimos en riego fue porque el campo ya tenía una represa y posibilidad de ampliación. Se armó un proyecto, se negoció la renta del área regada y se estructuró la inversión para que se pagara en un plazo determinado. Una vez amortizada, el equipo queda para el propietario y se pasa a pagar una renta de riego. En este caso, al tener la represa, facilitó y abarató toda la inversión. Hay otros campos con acceso a cursos de agua importantes, donde también se puede pensar algo similar.
¿Qué superficie está regando?
Hoy tenemos unas 80 hectáreas bajo riego, lo empezamos también como una experiencia de aprendizaje, porque el riego tiene complejidades, pero la evaluación es muy positiva y la idea es replicarlo en otros campos donde haya relaciones de largo plazo. Ya tenemos proyectos concretos. El riego genera un escalón enorme de productividad, le pone un segundo piso al campo. Se ve clarísimo en maíz, donde el diferencial es muy grande. Además somos productores de semillas, y ahí el riego tiene un plus, porque da estabilidad y seguridad.
¿El riego seguirá creciendo en Uruguay?
Sin dudas. Uruguay tiene disponibilidad de agua y no es casualidad el crecimiento que está teniendo el riego. Creo que va a seguir creciendo y estaría muy bien que esté acompañado por políticas de promoción de este tipo de inversiones, como viene pasando. Eso animó mucho al sector a invertir y puede posicionar a Uruguay como un ejemplo. Mirás Google Earth y se nota claramente el cambio que ha registrado el país.
¿Cómo trabajan para sostener planteos de alta performance que son los que permiten sortear años complejos?
Hoy se habla mucho de tecnología, y la tecnología suma, mejora y ayuda a levantar rendimientos, sobre todo a los buenos productores que ya tienen bastante resuelto el tema de gestión y agronomía. Porque el timón del negocio sigue siendo el criterio agronómico y la gestión. Todo lo que aparece, en inteligencia artificial y otras herramientas, sumará mucho a quienes ya tienen bien encaminada la gestión y la agronomía. En nuestro caso, seguimos convencidos de que esos dos puntos seguirán siendo el timón del negocio.
¿Cuánto pesa la agronomía en el resultado de la empresa?
La agronomía incluye todas las decisiones técnicas. Muchas veces incluso se contraponen con la gestión, por ejemplo, uno puede querer sembrar determinado cultivo, algo para salir más rápido, por una cuestión de fechas de cosecha, pero esa no es necesariamente la mejor decisión agronómica. Ahí arranca el balance. Para mí, agronomía es sacar la mayor cantidad de kilos posible o lograr el menor costo por tonelada producida posible. Es producir mucho al mínimo costo posible, o producir muchísimo, aunque suba el costo, pero que la tonelada producida te quede lo más baja posible.
¿Qué tan determinante es el criterio técnico para lograr esos resultados?
Es determinante. Un buen agrónomo define muchísimo. En la empresa lo tengo comprobado: yo manejaba los cultivos y sacaba menos kilos que ahora, con la dirección de Alexis González. Eso lo tengo sumamente claro, porque lo veo en los resultados.
¿Qué tecnologías y prácticas permiten ser más productivos y eficientes?
Para nosotros, lo primordial es la atención al detalle. Arranca por hacer bien lo básico, elegir el mejor cultivo dentro del esquema, elegir la mejor variedad, sembrar a la profundidad adecuada y en la fecha adecuada. A eso yo le llamo el detalle agronómico. Después está la tecnología como tal, fertilización, variedades con un progreso genético enorme, sobre todo en cultivos de invierno, que van aumentando el rendimiento año a año. También lo que es tecnología dentro de los equipos, siembra y fertilización variable, corte de secciones. Hace 10 años arrancamos con la agricultura por ambientes y generó un escalón grande en rendimiento. Y ahora creo que viene un segundo escalón, que tiene que ver con encalado y el uso de enmiendas de suelo, algo que Uruguay no venía incorporando por un tema de costos.
¿Cómo imagina el negocio agrícola del futuro?
Hay que seguir preocupado por producir bien y al menor costo posible. Y como siempre pasó, van a aparecer oportunidades de precios en algún momento. Creo que va a seguir habiendo mucha volatilidad. Hay que estar preparado para moverse y capturar esas oportunidades cuando aparezcan, porque un precio que te hace bueno el negocio hay que agarrarlo. Al negocio lo veo bastante sano y en líneas generales con productores y empresas que saben lo que hacen. No es un momento de márgenes altos y el resultado está atado a la productividad.
Es gerente de Greising y Elizarzú y director de una empresa agrícola, ¿cómo ve hoy la calidad de la semilla?
Esa es una pata muy importante y se está ajustando cada vez más. Este año tenemos una calidad de semilla de soja excelente. Se nota y se está viendo lo importante que es. No tuvimos resiembras pese a que el arranque fue bastante seco, los nacimientos fueron perfectos y uniformes. Muchas veces uno está buscando qué ajustar en la sembradora, cómo regular, y en realidad la semilla impacta muchísimo más que otras variables que a veces uno trata de manejar.
¿Dónde ve las oportunidades de mejora?
En Uruguay, especialmente en semilla de cultivos de verano como soja, producir semilla es complejo, porque depende mucho del clima, sobre todo la calidad. Pero el punto clave es que, una vez que la semilla salió del campo, las posibilidades de mejora son muy limitadas. El partido se juega en la chacra, con la humedad de cosecha, en cómo cosecha la máquina, el daño mecánico, y también el manejo sanitario del cultivo. No se maneja igual un cultivo que va para industria que uno que va para semilla, y a veces en Uruguay tendemos a hacerlo todo medio parecido. Los productores de variedades, que es lo que se produce en Uruguay, debemos mejorar la producción de semillas en el campo para lograr una mejor calidad del producto final, porque eso tiene un impacto muy fuerte en rendimiento.
¿El riego puede cambiar la ecuación en la producción de semillas?
Sí, sin duda. Con el desarrollo del riego probablemente se logre más estabilidad en la producción de semillas. Desde mi punto de vista hay mucho por aprender, aunque en cebada, trigo o forrajeras, es relativamente sencillo. En soja la cosecha se vuelve compleja, porque todo el país está cosechando, puede haber lluvias o demoras, y eso termina afectando. Con riego, hay cosas para hacer que pueden impactar fuerte. En GyE venimos trabajando hace tiempo y vamos subiendo escalones, probando mucho en la parte sanitaria y en fungicidas para lograr una semilla que arranque más sana.
En los últimos años también se sumó la ganadería, ¿cómo se integra al negocio agrícola?
Me torcieron el brazo (risas). Venimos haciendo ganadería desde hace tiempo, en rastrojos o en algunos campos en rotación. Pero en los últimos años dimos un paso más fuerte a partir de asociarnos con una persona que sabe mucho de ganadería, de compra y venta de ganado, que está en el tema. Ahí se dio una sinergia muy interesante, de un lado conocimiento agrícola y del otro conocimiento ganadero. Eso permitió armar dos encierros que hoy están funcionando bien. Al principio fue un esfuerzo financiero importante, por el valor del ganado, pero hoy los negocios se están complementando muy bien y aportan estabilidad.
¿Piensa seguir creciendo en ganadería?
Arrancamos con una capacidad instantánea de 1.000 cabezas. Ahora la idea es tomarnos un tiempo para conocer bien los números, afinar el manejo y evaluar cómo seguir. Cuando un negocio funciona, entusiasma, pero queremos avanzar con cuidado.
¿En qué escala opera la empresa en agricultura y en qué zonas del país?
Estamos sembrando cerca de 10.000 hectáreas. La mayor parte del área, alrededor del 70%, está en Colonia. Después tenemos área en Soriano, en la zona de Cardona, también en San José, y una superficie más chica en Canelones.
¿Qué cultivos incluyen la rotación?
Le damos mucha importancia a los cultivos de invierno, sobre todo por la zona en la que estamos. Para nosotros el doble cultivo es fundamental. En invierno sembramos con colza primaveral e invernal, carinata, arveja forrajera, que se destina al corral con un gran aporte a la rotación, trigo y cebada. Algunos años también hacemos algún semillero de forrajeras, pero en un área chica. En verano, la base es soja y maíz, en ambos casos de primera y de segunda. La rotación está bastante armada, con aproximadamente 25% de maíz cada cuatro años, y manejamos cultivos de cobertura. Hoy estamos sustituyendo vicia por arveja, que además de fijar nitrógeno permite producir grano y deja un rastrojo interesante para el maíz. Ha funcionado mejor, es más fácil de sembrar y la residualidad de nitrógeno que deja es muy valiosa.
¿Qué rol juegan los recursos humanos en Dalmás Agro?
Uno de los mayores desafíos, y a la vez una de las oportunidades del negocio, es la gestión de las personas. En nuestro caso el logro de los objetivos es posible gracias al compromiso de cada integrante de la empresa. Esto implica, muchas veces, que el empresario deba pensar distinto y generar esquemas donde las personas puedan sentirse partícipes del negocio. Al mismo tiempo, es fundamental dedicar tiempo para transmitir los valores de la empresa, que en nuestro caso reflejan nuestros propios valores personales. Aquí el negocio no solo se trabaja, se siente y se vive. Y eso no solo nos permite cumplir objetivos, sino también disfrutar más de lo que hacemos.
TARJETA PERSONAL
Carlos Dalmás es ingeniero agrónomo con orientación agrícola-lechera. Cuenta con formación de posgrado en la Universidad de Buenos Aires (convenio FAUBA-ADP) y capacitación en gestión de empresas agropecuarias y formación ejecutiva internacional. Es propietario de Dalmás Agro, empresa dedicada a la producción agrícola-ganadera sobre campos arrendados, socio en Ganadera del Sur, y gerente general de Greising y Elizarzú.
Anteriormente se desempeñó durante casi diez años como gerente de Producción en Agronegocios del Plata, donde tuvo a su cargo el gerenciamiento de unas 70.000 hectáreas agrícolas y la coordinación de equipos de trabajo en distintas regiones del país.
Funcionarios de nivel secretario de los ministerios de Agricultura; Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios; y Relaciones Exteriores de Brasil mantuvieron el martes 13 de enero una reunión técnica con representantes del Ministerio de Comercio de China para analizar la implementación de las medidas de salvaguardia aplicadas por el país asiático a las importaciones de carne vacuna.
Durante el encuentro, Brasil planteó que los embarques de carne vacuna que ya se encuentran en tránsito o aguardando despacho aduanero en puertos chinos no sean computados dentro de las cuotas anuales de importación. Además, propuso que los cupos asignados a países que no logren cumplirlos por limitaciones productivas o comerciales puedan ser reasignados durante el año a frigoríficos y exportadores brasileños.
El presidente de la Asociación Brasileña de Industrias Exportadoras de Carne (Abiec), Roberto Perosa, señaló que Brasil ha sido el país más afectado por el actual ajuste de cuotas, con una reducción estimada en unas 600.000 toneladas, lo que representa un impacto significativo para la industria. Según explicó, algunos proveedores —en particular Estados Unidos— enfrentan restricciones derivadas de su ciclo ganadero, lo que limita sus envíos efectivos a China y deja parte de sus cuotas sin utilizar.
Perosa aclaró que Brasil no busca superar el volumen total de importaciones definido por China, sino mejorar la eficiencia en el uso de los cupos dentro del marco vigente. En ese sentido, subrayó que una reasignación más dinámica permitiría reducir distorsiones y dar mayor previsibilidad al comercio.
A nivel operativo, la delegación brasileña también manifestó preocupación por la falta de claridad en aspectos clave de la normativa, como el tratamiento de los embarques en tránsito, la transferibilidad de cuotas y los mecanismos de emisión de licencias de importación. Desde Brasil advirtieron que estas indefiniciones generan incertidumbre para la industria y remarcaron la necesidad de lineamientos más precisos para asegurar la estabilidad del mercado.
Finalmente, Perosa destacó el rol de Brasil como uno de los principales proveedores de carne vacuna de China y su aporte a la seguridad alimentaria del país asiático. En ese contexto, sostuvo que, como socios comerciales estratégicos, las medidas adoptadas deberían evaluar plenamente su impacto sobre una industria cárnica amplia y altamente descentralizada, y que las diferencias deberían canalizarse a través de un diálogo continuo entre ambas partes.
La intensificación permitió aumentar el rendimiento y la eficiencia en uso de recursos, con menor huella de carbono y riesgo de contaminación por agroquímicos, resaltó INIA.
El arroz en Uruguay ocupa alrededor de 170.000 hectáreas bajo riego y constituye uno de los principales rubros agrícolas de exportación del país. Con una producción anual cercana a 1,4 millones de toneladas de arroz cáscara, de las cuales más del 90% se destina a mercados externos, Uruguay se ubica entre los 10 principales exportadores de arroz del mundo. El sector se caracteriza por un fuerte grado de articulación entre productores e industria, conformando una cadena de valor integrada, que ha permitido sostener altos estándares de calidad y acceder a nichos de exportación de alto valor, señala un artículo de Ignacio Macedo, Álvaro Roel, José Terra y Jesús Castillo, investigadores del Sistema Arroz-Ganadería del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), que fue la base de la presentación de Macedo en el séptimo Simposio de Agricultura, realizado en Paysandú.
Allí marcó que una de las particularidades del sistema arrocero uruguayo es su integración mayoritaria con la ganadería, a través de rotaciones con pasturas perennes. Este sistema de producción fue la base del crecimiento sostenido de la productividad y de la conservación de los recursos naturales durante décadas, con un bajo uso relativo de insumos en el cultivo. Si bien la rotación arroz-pasturas continúa predominando en gran parte del área arrocera, el artículo señala una tendencia a la intensificación de los sistemas, ya sea por el aumento en la frecuencia del cultivo de arroz, la inclusión de otros cultivos –principalmente soja– y/o la incorporación de pasturas de menor duración.
Productividad, potencial y brecha de rinde
La evolución de los rendimientos del arroz en Uruguay muestra un crecimiento sostenido a lo largo del tiempo, aunque no lineal. En la década de 1930 los rendimientos se ubicaban en torno a 3.000 kilos por hectárea (kg/ha), mientras que hacia fines de los años 80 alcanzaban aproximadamente 5.000 kg/ha. En las últimas décadas los rendimientos promedio nacionales superaron los 9.000 kg/ha, posicionando a Uruguay entre los países con mayor productividad arrocera a nivel mundial.
Este proceso estuvo marcado por hitos tecnológicos y varietales. El artículo destaca la introducción de la variedad Bluebelle, en la década de 1970, como uno de los primeros grandes saltos productivos.
Posteriormente, la investigación y desarrollo de cultivares nacionales por parte de INIA tuvo un rol central, con la liberación de El Paso L144 (en 1986), INIA Tacuarí (1992), INIA Olimar (2003) y, más recientemente, INIA Merín (2016), junto con avances en el manejo agronómico vinculados al control de malezas y enfermedades, riego, nutrición y diseño de sistemas de producción.
El análisis de una serie temporal, entre 1990 y 2020, mostró que hasta 2013 los rendimientos crecieron a una tasa promedio de 159 kg/ha/año, pero entre 2013 y 2020 se observó un estancamiento, con rendimientos promedio cercanos a 8.200 y 8.300 kg/ha.
En ese mismo estudio se estimó un rendimiento potencial (Yp) de 13.900 kg/ha, por lo que el promedio nacional representaba aproximadamente el 60% del potencial.
La brecha explotable de rendimiento –definida como la diferencia entre el 80% del Yp y el rendimiento promedio– se estimó en 2.800 kg/ha, confirmando que aún existe margen para incrementar la productividad.
A partir de registros de manejo y rendimiento a nivel de chacra, provenientes de productores vinculados a la empresa Saman, se observó que la brecha entre los productores de mayor desempeño (decil superior) y el promedio nacional se ubicó entre 16% y 22%. Entre los factores de mayor impacto para reducir esa brecha se identificaron la fecha de siembra y la fertilización nitrogenada, entre otros, lo que refuerza la importancia del manejo agronómico.
Fuentes de información y bases de datos
Los resultados del trabajo se basan en dos fuentes principales. Por un lado, un experimento de largo plazo de rotaciones arroceras, establecido en 2012 en la Estación Experimental del INIA Treinta y Tres, sobre un suelo clasificado como Argialbol típico, con parcelas de 1.200 metros cuadrados, bajo un diseño en bloques completos al azar, con tres repeticiones.
El experimento se implantó sobre un campo con más de tres décadas de rotación arroz-pastura y evalúa seis rotaciones que difieren en la frecuencia del cultivo de arroz, la inclusión de pasturas perennes y otros cultivos, con todas las fases presentes simultáneamente cada año.
La segunda fuente corresponde a una base de datos de productores de la empresa Saman, que abarca el período 2012-2021, e incluye información de entre 2.000 y 4.000 chacras por año, con más de 6.000 observaciones individuales, permitiendo analizar el desempeño productivo y la sostenibilidad en condiciones reales de producción.
Sostenibilidad y evaluación ex post
Utilizando datos de productores y promedios nacionales, se evaluaron indicadores de sostenibilidad entre 1993 y 2013, incluyendo huellas de energía, nitrógeno, agua y carbono, así como el riesgo de contaminación por agroquímicos. Durante ese período el rendimiento aumentó 38%, el rendimiento energético neto 50%, la productividad del agua 41% y la eficiencia en el uso de nitrógeno se mantuvo.
Al mismo tiempo, la huella de carbono por unidad de rendimiento se redujo 30% y el riesgo de contaminación por plaguicidas disminuyó, aunque las pérdidas potenciales de nitrógeno aumentaron 37%.
En el marco del proyecto titulado “Rompiendo el techo de rendimiento del cultivo de arroz”, se evaluaron alternativas de manejo orientadas a superar los rendimientos logrados por los productores de mayor desempeño. En este caso, los indicadores ambientales fueron evaluados de forma ex post.
Las encuestas mostraron que los productores de alto rendimiento obtuvieron 14% más de producción que el promedio regional, con riesgos de contaminación por agroquímicos entre 25% y 99% menores, y eficiencias en el uso de nitrógeno y huella de carbono similares. En ensayos de campo las prácticas que permitieron superar el rendimiento de los productores de punta incrementaron la producción en torno al 7%, pero evidenciaron una disminución de las eficiencias en el uso de recursos y un aumento de la huella de carbono.
Sinergias y análisis de rotación
A partir de aproximadamente 4.000 datos de chacras, se analizaron cinco indicadores de desempeño entre 2012 y 2017, abarcando cerca del 40% del área arrocera nacional. Los resultados mostraron que ningún productor se ubicó simultáneamente en el 10% superior en todos los indicadores, evidenciando la existencia de compromisos entre ellos.
Las mayores brechas entre el promedio y los productores de mejor desempeño se observaron en el riesgo de contaminación por agroquímicos (33%), mientras que las menores correspondieron al rendimiento (11%). Se identificaron sinergias entre rendimiento y eficiencia en el uso de recursos, aunque no con la huella de carbono ni con el riesgo de contaminación de agroquimicos.
El análisis a nivel de rotación mostró que el arroz antecedido por pasturas o soja alcanzó los mayores rendimientos, cercanos a 9.800 kg/ha, 14% mayor que sobre rastrojo de arroz.
El sistema arroz-pasturas compensó cerca del 50% de sus emisiones mediante el aumento del carbono orgánico del suelo, con menor variabilidad del margen bruto y menores costos.
En contraste, el arroz continuo presentó mayores ingresos, pero también los costos más altos y el menor margen bruto. El índice multicriterio fue mayor en el sistema arroz–soja, mientras que el arroz-pasturas mostró la mayor estabilidad de la sostenibilidad.
Mensajes del trabajo
Los autores señalan que la evolución de los rendimientos del arroz en Uruguay ha sido sostenida, alcanzando productividades cercanas a 9.000 kg/ha, aunque continuar cerrando brechas será cada vez más desafiante. Durante dos décadas, aumentó el rendimiento y, al mismo tiempo, la eficiencia en el uso de recursos, reduciendo la huella de carbono y el riesgo de contaminación por agroquímicos.
Si bien los productores de mayor desempeño lograron mejores resultados productivos y ambientales que el promedio, intentar superar esos niveles generó aumentos en algunos impactos ambientales. La intensificación de las rotaciones arroz-pastura con cultivos anuales mejoró ciertos indicadores productivos, pero redujo la estabilidad global de la sostenibilidad.
El desafío planteado es avanzar en sistemas productivos con mayores servicios ecosistémicos, fortaleciendo la integración agrícola-ganadera-arrocera mediante rotaciones diversificadas, apoyadas en indicadores y métricas alineadas con certificaciones globales y políticas públicas.
La planta de bioetanol de ALUR en Paysandú alcanzó en 2025 la mayor producción histórica desde el inicio de sus operaciones, con un volumen total de 69.500 m³ de bioetanol, de acuerdo con los datos difundidos por la empresa en el marco de sus 20 años de actividad.
Además del récord en bioetanol, la planta logró máximos históricos en otros subproductos clave del proceso industrial. La producción de AdBlue® totalizó 3.394 m³, mientras que el Aceite Técnico de Maíz (DCO) alcanzó 1.295 toneladas, ambos marcando los niveles más altos registrados hasta el momento.
Durante el año, la planta procesó 169.435 toneladas de grano, con una producción de 46.632 toneladas de DDGS, destinado a la alimentación animal. La actividad industrial se desarrolló a lo largo de 326 días de producción, reflejando un alto nivel de utilización de la capacidad instalada.
“Los productos sustitutos no lograron calar en el consumidor”, dijo a VERDE el director ejecutivo del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), Jorge Giraudo
Redacción Mauro Florentín
Este documento “ha sido titulado deliberadamente La larga sombra del ganado, buscando la manera de llamar la atención de los técnicos y del público en general sobre la gran responsabilidad que la producción animal tiene en el cambio climático, en la contaminación atmosférica, en la degradación de la tierra, del suelo y del agua, y en la reducción de la biodiversidad”.
Con ese mensaje arranca el informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés), publicado en 2006, que luego desató una serie de reacciones a favor y en contra a escala mundial.
Ese organismo, en este trabajo, argumentó que “el propósito no ha sido sencillamente culpar al rápido crecimiento y a la intensificación del sector pecuario a escala global por los daños producidos al medio ambiente, sino más bien el de alentar la toma de medidas decisivas en las esferas técnicas y políticas orientadas a la mitigación de estos daños”.
En un intento por contrarrestar las principales conclusiones de ese informe de FAO y la imagen negativa generada por el mismo, varios países productores de carne, como Uruguay, salieron a dar batalla ante los organismos internacionales y estratégicamente, ante los consumidores.
Pero a esta visión cuestionadora de la producción ganadera por su impacto ambiental, también se sumaron otros aspectos vinculados a la salud y al bienestar animal, que provocaron más golpes a la imagen de las carnes, de la leche y los lácteos.
Dos décadas después de esa publicación de la FAO, parecen encenderse ciertas luces que apuntan a proyectar claridad sobre dicha “sombra” de la ganadería y de alguna manera a “limpiar” la imagen de esta producción que estuvo en el centro del debate.
Es en ese sentido que algunos economistas y actores de los sectores involucrados expresaron públicamente que hay cambios en los mercados respecto a la idea que se tiene de la carne y los lácteos, atendiendo al incremento en el consumo de estos productos.
Esto hace suponer que los hábitos de consumo en ciertos países o regiones retomaron el interés por la compra de productos cárnicos y de leche y derivados, especialmente en países asiáticos, del norte de África y Medio Oriente.
Todos los golpes
Otro “fenómeno interesante” que registra el mercado de la carne es el regreso de la buena imagen” de la carne, luego de años en los que estuvo de alguna manera “demonizada” por temas de “impacto ambiental, bienestar animal, de efectos nocivos en la salud, de muchos papers de dudosa seriedad profesional”, en los que “la carne puso la cara y recibió todos los golpes”, dijo a VERDE el líder en mercados ganaderos de AZ Group, Diego Ponti, quien es licenciado en Ciencias Económicas.
Para este analista, en el mundo “hay un boom de consumo de proteína animal”, especialmente aquellos que son considerados alimentos “naturales”; al tiempo que se “destruyeron las acciones y las inversiones sobre empresas” que pretendían “sustituir a las proteínas de origen animal por proteínas construidas en laboratorios”.
“Hoy el consumidor no quiere ese tipo de productos, tanto es así que disparó el consumo de productos avícolas, como los huevos”, señaló.
Actualmente, según Ponti, hay interés de los consumidores de todas las edades y eslabones de la sociedad, como el comprendido por el “universo fitness”, y se ve “en las etiquetas” de productos que hay un mayor destaque al “contenido proteico entre los datos” de los productos por encima de las marcas incluso.
En esa línea, el analista de mercados ganaderos de AZ Group aludió al incremento significativo en las exportaciones de los principales jugadores del negocio cárnico internacional, como el caso de Brasil y Australia que en 2025 registraron niveles de “récord de ventas”, entre “15% y 20% más” que en el año anterior.
En la lechería también es advertida una situación parecida a la que ocurre con las carnes y la imagen en el mercado. El director ejecutivo del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), Jorge Giraudo, declaró a VERDE que si bien “sigue la onda y la negatividad de la información” en algunos mercados sobre la leche, “la gente es muy consciente de que todos los extremos son malos”.
Y en este momento puede decirse que “la imagen negativa de la producción de leche y los lácteos está subsanada”, consideró.
Sostuvo además que “los productos substitutos de la leche natural hicieron su papel pero no lograron calar en el consumidor”, como para provocar un cambio profundo en los hábitos.
Por lo que estos productos sustitutos se limitarán a “mantener una porción muy chica del mercado”, avizoró.
Giraudo también se refirió a la “cuestión dietaria” que apuntaba a ciertos productos lácteos, como “la manteca, que se decía que era un veneno”. Sin embargo, “hoy hace falta grasa para hacer manteca, porque hubo explosión del precio”, debido a la creciente demanda a nivel mundial y en algunos mercados en particular, argumentó.
Para el director ejecutivo de la OCLA el sector lechero “no tiene que estar preocupado con el producto que hace”, sino que debe “preocuparse en ser más eficiente y en cumplir las exigencias del gusto del consumidor”.
Esa fue la visión que planteó en la entrevista, en un contexto de dinamismo en los hábitos del consumo en diferentes regiones del mundo, lo que resulta clave para la proyección futura de las exportaciones de estos productos de Uruguay.
Otra mirada en la investigación
Sobre las variaciones que registran las características de los consumidores en los diferentes mercados, la investigadora uruguaya Carolina Realini, que trabaja en el instituto AgResearch de Nueva Zelanda, planteó a VERDE otro punto de vista vinculado a los jóvenes y las redes sociales, entre otros temas.
“Los jóvenes están más abiertos a la reducción del consumo de carne y más abiertos a incorporar cambios en su dieta”, dijo.
Afirmó que “la gente joven, y en particular las mujeres, también tienen una mayor preocupación por atributos como salud, bienestar animal y sostenibilidad”.
Además, hay diferencias “bastante grandes” en cuanto a las preferencias de los consumidores y a los renglones etarios en Europa, Oceanía y Sudamérica, puntualizó.
Realini señaló que “los principales cambios se dan en la población joven”, como puede ser en los hábitos de “flexitarianismo”, en cuanto al patrón alimentario de la “reducción del consumo de carne e incorporación de otras alternativas, como en las fuentes vegetales en el consumo”.
En este sentido, un grupo de investigadores de Corea del Sur publicó un estudio en 2024 en varias revistas especializadas de ciencias, en el que sostienen que “las alternativas vegetales a la carne y los productos cárnicos son cada vez más vitales para asegurar los recursos alimentarios futuros y abordar las preocupaciones ambientales”.
Sin embargo, la clasificación de estas alternativas como productos ultraprocesados podría “afectar negativamente” su desarrollo, advierten.
Y consideran que por este motivo “resulta crucial comprender las características nutricionales, sanitarias y ambientales” de estas alternativas. Esto es “particularmente importante” considerando el “uso de diversos aditivos y numerosos procesos” involucrados en la producción de “alternativas a la carne”, plantean.
Señalan que es “controvertido criticar simplemente todos los productos clasificados como ultra procesados que han sido sometidos a un extenso procesamiento industrial y pueden representar riesgos potenciales para la salud humana”.
“Es injustificado criticar las alternativas vegetales a la carne solo porque se clasifican de esa manera, ya que pueden desempeñar un papel vital para abordar futuras crisis alimentarias y climáticas”, y “ofrecen una rica fuente de proteínas”, argumentan los investigadores en su informe, que contó con apoyo del gobierno coreano.
La producción agrícola-ganadera en el este uruguayo se vuelve cada vez más parecida a la del litoral, por la diversificación, con rotaciones de cultivos, pasturas y un incremento de los corrales de engorde, sostiene el productor agrícola ganadero Gustavo Ferrari.
La diversificación de cultivos “impacta muy bien en la producción”, confirmó Ferrari a VERDE. “Hemos querido litoralizar esta zona, haciendo sorgo, maíz y soja”, además de arroz, dijo. Al tiempo que explicó que en esa región “no podemos hacer trigo y cebada”.
Este año la empresa de Ferrari realizó su 43a siembra de arroz, y el productor analizó que el cambio en la actividad arrocera “ha sido muy grande en estos años, pero nos venimos adaptando”.
Repasó que “después de muchos años de trabajar con Asinagro, arranqué con (Nicolás) Chebataroff, cuando estaba solo, después se incorporaron Hernán Zorrilla y Emiliano Ferreira. Empezamos a hacer rotaciones con sorgo, para ir limpiando los campos, cuando había otros productos disponibles también en el sorgo. Nos encontramos con una cosecha grande de sorgo y arrancamos a encerrar ganado. Se formó el grupo Giprocar del Este, con Álvaro Simeone e Ignacio Buffa, y empezamos a ver lo que pasó en el Uruguay, lo que cambió el paradigma del ganadero fue el grano”, recordó.
Agregó que alimentar el ganado con granos fue algo que “nos gustó”, y “hoy tenemos una ganadería bastante fuerte, con terminación a corral, y rotaciones con cultivos como sorgo, maíz, soja, y el arroz pasó a ser el tercer rubro de la empresa”.
Ganadería
Ferrari compra terneros que pesan entre 150 y 200 kilos, que se recrían en un corral hasta que alcanzan unos 230 kilos. Luego de haber aprendido a comer ración, continúan su recría en buenas pasturas. La empresa cuenta con dos campos propios, uno en Lavalleja y el otro en Treinta y Tres, y también tiene un campo arrendado en Vergara (Treinta y Tres).
La recría es intensa, se realiza sobre raigrases, en los laboreos de verano. “El mejor retorno económico de la ganadería está en la recría”, confirmó Ferrari. Cuando esos animales alcanzan 400 o 420 kilos vuelven a encerrarse en el corral, para su etapa de terminación. Todo el ganado que se vende, sea cuota 481 o no cuota, sale del corral con 27 meses de edad.
Los novillos gordos se terminan con un peso de carcasa de 260 o 270 kilos. “Para nosotros es mejor que llevarlos a 280 kilos. Son unos 530 o 540 kilos en pie a los 27 meses”, explicó. El corral de terneros tiene capacidad para 800 cabezas, y el de novillos para 1.200. La empresa integra el grupo Vaquería del Este, y le vende todo el ganado gordo a Marfrig, casi en exclusividad.
El objetivo es ampliar la producción ganadera, con otros tres o cuatro corrales este año, confirmó, lo que le daría la posibilidad de llegar a 1.600 o 1.700 cabezas encerradas de forma simultánea. Con esa meta plantó maíz y sorgo, y además compra granos en la zona. Y considerando el precio del arroz, se evalúa volver a utilizar ese grano en la dieta del feedlot.
Interacción agrícola-ganadera
A modo de ejemplo de la interacción agrícola-ganadera, Ferrari comentó que en uno de los campos de recría, donde había raigrás, se realizará geonivelación y el año que viene se volverá a plantar raigrás de otoño, después se va a pastorear, y luego se plantará arroz.
La carga animal allí es de 2,5 o 3 terneros por hectárea, que tienen una ganancia diaria de 800 gramos. “Ese margen de la recría en los laboreos de verano hoy es mejor que el del arroz y que el de la soja”, confirmó el empresario.
En el campo arrendado, en Vergara, Ferrari hace una recría intensa. Las praderas están sobre rastrojo de soja. Además, explicó que al no llenarse las represas este año, a esos raigrases se le volvió a incorporar urea, y se siguieron pastoreando. A los 23 meses los animales vuelven al corral, donde se terminan con un encierro de 100 días.
“Vendemos todo a través de Vaquería del Este y cuando encerramos ya marcamos el precio al que se va a vender el ganado, hacemos un convenio. Nunca encerramos sin tener un negocio previo”, señaló.
Crecimiento de los corrales en el este
Ferrari cree que en el este se puede dar un proceso similar al que ocurrió en el litoral, donde los agricultores adoptaron corrales de engorde. “Tengo un amigo que ya lo está haciendo y otro lo tiene planificado. El tema del productor arrocero es la tenencia del campo. Si sos productor medianero no podés hacer ganadería, pero si tenés un arrendamiento de largo plazo o sos propietario, el feedlot llegó para quedarse”, consideró.
Comentó que en su caso tiene planificado hacer tres o cuatro corrales más. Y señaló que si el arroz vale en US$ 10 o menos (por bolsa de 50 kilos), “pensamos hacer un área arrocera con algún arroz híbrido de alto rendimiento, de mala calidad industrial, para asignarlo al feedlot”.
También comentó que la Asociación Cultivadores de Arroz (ACA) está trabajando con el ingeniero agrónomo Álvaro Simeone, especialista en nutrición animal y docente de Facultad de Agronomía, en la investigación y validación del arroz en la dieta del corral. Ferrari destacó que ese cereal es muy rico en almidón y “si el precio del arroz llega al 85% del precio del maíz o menos” se puede utilizar perfectamente en ganadería”.
Señaló que el uso del grano en los corrales es una solución similar a la que han tenido el trigo y la cebada, que no logran calidad industrial.
Rotaciones agrícolas
“En estos campos la colza, el trigo y la cebada no andan, pero venimos haciendo una rotación de varios cultivos, con el sorgo, el maíz, la soja y el arroz, y eso es muy bueno para los campos”, confirmó Ferrari.
Detalló que uno de los sistemas de rotaciones consiste en: arroz-soja, arroz-soja y después pasturas. El otro es: arroz-sorgo, arroz-sorgo y después pasturas de tres años. “Hace 37 años que estamos en este campo, mantenemos buenos niveles de producción y sin problemas de malezas”, destacó.
Comentó que eso fue lo que le permitió incorporar “una ganadería fuerte”. Reconoció que “soy muy agricultor, nunca anduve a caballo, no me gustaba la ganadería, pero hoy la ganadería es nuestro rubro principal en el campo”.
Por otra parte, comentó que el área de sorgo viene disminuyendo, “porque apareció el pulgón, se dejó de usar la atrazina, se repite mucho sorgo CL, y algún sorgo CL también es complicado, por eso estamos aumentando el área de maíz”.
Además, comentó que si el precio del arroz se mantiene bajo, “es probable que dejemos algún cupo de agua para regar maíz”. Puntualizó que prefiere regar maíz y no soja, porque “la poca agua que tenemos para regar la vamos a aprovechar más con el maíz”.
Productividad y costos de sorgo y maíz
El primer año que sembró maíz logró 6.000 kilos por hectárea. “No lo conocíamos, lo cosechamos con plataforma arrocera, después compramos un cabezal maicero. El año pasado ya sacamos 8.000 kilos. No es un maíz con toda la música, como el del litoral, pero nos viene dejando un margen y anda muy bien en el feedlot y en la fábrica de ración”, comentó.
También señaló que es más rentable sembrar maíz a un costo de US$ 1.100 por hectárea, que un sorgo a US$ 800 o US$ 900 por hectárea.
La diversificación agrícola y la empresa
Consultado sobre los aportes de la diversificación agrícola a la empresa, respondió, a modo de ejemplo, que “un campo sembrado con sorgo ya aporta un laboreo de verano para sembrar arroz al año siguiente. O sea, el campo está pronto, y además le sacamos una cosecha de sorgo”. Lo mismo en el caso de la soja. “Donde está la soja va arroz, ya está el laboreo pronto. Por lo tanto, la sinergia de los cultivos te va bajando los costos de producción”, agregó.
Pero sostuvo que “para eso hay que tener el campo, ya sea propio o arrendado a largo plazo”, para que el productor “pueda disponer de los campos y de los rastrojos”.
Además, señaló que en los rastrojos se siembran praderas, “tratamos de cosechar en seco, de hacer un mini laboreo al rastrojo de arroz, y sembrar las praderas con sembradoras en línea; eso nos viene dando muy buen resultado”.
Por otra parte, comentó que en el caso de los productores medianeros, “el rastrojo es del dueño del campo”. A propósito comentó que la ACA “ha trabajado formando grupos de productores ganaderos con productores arroceros, porque al arrocero también le sirve que el dueño del campo haga pradera”, sin embargo, “el arrocero no puede disfrutar de una pradera barata, que es la que se hace arriba del rastrojo de arroz, la disfruta el ganadero”.
Y apuntó que “siempre que el arroz tiene una baja importante de precio, los primeros que se ven perjudicados son los productores medianeros”.
Más adelante Ferrari también se refirió a sistemas arroceros de Brasil, que se pueden adoptar en Uruguay. Mencionó que el ping pong, como se le llama a la rotación arroz-soja “vino de Brasil”, así como el riego de maíz.
Competencia por la tierra
Ferrari explicó que, con los actuales precios del arroz, la ganadería está en condiciones de competir por la tierra. Detalló que una renta de 12 bolsas de arroz a US$ 10, son US$ 120 por hectárea al año, y “eso hoy es una renta ganadera de 45 o 46 kilos de carne”.
Por otra parte, dijo que la soja “no está en condiciones de competir, porque su precio está estancado”.
Sin embargo, se impone el ping pong, que al productor medianero le da la posibilidad de sembrar la oleaginosa y dejar el laboreo pronto para el arroz y viceversa.
Crecimiento del arroz en Paraguay
Para Ferrari “la competencia más grande” que tiene por delante la producción arrocera uruguaya es el crecimiento del cultivo en Paraguay. “Fuimos tres veces este año a visitar productores arroceros. El país va creciendo de a 50.000 y 60.000 hectáreas por año. Veremos qué ocurre este año con el precio bajo”, comentó.
Analizó que al tener “energía barata y costos que son de US$ 600 menos por hectárea que en Uruguay, Paraguay va a llegar rápidamente a 250.000 o 300.000 hectáreas de arroz”, dijo. Además de la posibilidad de llegar a San Pablo, el gran mercado, que lo tiene a unos 1.000 kilómetros de la frontera Paraguay-Brasil.
Apuntó que Uruguay tiene el problema del costo país. “Son muy caros los fletes. Ahora aparentemente está la posibilidad de que el tren llegue a José Pedro Varela (Lavalleja). Pero llevar 1,2 millones de toneladas de arroz y 600.000 toneladas de soja en camiones de 28 toneladas a Montevideo es cada vez más caro”, sostuvo.
Perspectivas del negocio arrocero
La empresa de Ferrari logra altas productividades de arroz, con promedios que se ubican entre 10.000 y 10.500 kilos por hectárea, superando el promedio nacional, que ronda los 9.000 kilos por hectárea.
“Al negocio lo veo complicado, porque el mundo está con sobrestock”, dijo, y agregó que esta situación se extenderá “por tres o cuatro años”. Aunque también reconoció que la situación internacional es incierta, y recordó que cuando el precio del arroz llegó a US$ 17 por bolsa “nadie lo esperaba”.
Comentó que el 30% del arroz uruguayo se estaba vendiendo por fuera del convenio con los molinos arroceros, y que incluso la propia industria molinera estaba vendiendo arroz en cáscara para evitar el alto costo que tiene procesar el grano en el país.
“Industrializar en Uruguay es caro. Exportar arroz en cáscara es como vender ganado en pie. Ahora el precio del arroz cáscara también bajó, se habla de precios que no llegan a US$ 11, y con un costo de US$ 2.200 por hectárea contra U$S 1.500 o US$ 1.600 en Paraguay, se nos va a hacer muy difícil producir arroz en Uruguay”, advirtió.
Comentó que su estrategia para enfrentar esta situación es bajar el área de arroz e intensificar la ganadería, sin dejar la actividad arrocera. Pero reconoció que el productor medianero, si baja el área, es probable que pierda ese campo y después no la pueda recuperar.
Recordó que hace unos seis o siete años Uruguay tocó un piso en el área de arroz, y la industria “se empezó a mover, formado a productores, e integrado a productores arroceros con ganaderos para mantener el área”.
“El tema es que si ese precio no le da al productor, el negocio se complica. Se está volviendo a hablar de una financiación externa, para que el sector productivo no caiga, una especie de fondo arrocero. Pero el asunto es la rentabilidad del negocio. A US$ 2.200 de costo, con un rendimiento de 9.000 kilos por hectárea, se pierden U$S 600 por hectárea”, subrayó.
Costos altos
Ferrari enfatizó que el precio del combustible tiene una incidencia fuerte en el costo del flete, y señaló que “lo reconoció la propia ministra Fernanda Cardona”, del Ministerio de Transporte y Obras Públicas.
Agregó que “hace unos días se festejaron los 70 años de la terminal de Ancap en Treinta y Tres, pero no funciona el tren, el combustible viene en camión desde Montevideo”.
Insistió que “en este país es caro producir”. “No le vamos a echar la culpa a la mano de obra, pero el dólar a $ 38 es insoportable. Si le sumamos la falta de competitividad del flete, el alto costo del combustible, se junta todo, y los costos son imposibles”, lamentó.
A propósito de la posibilidad de utilizar bitrenes y tritrenes para el transporte de la producción del este, el empresario admitió que “pueden generar un aporte”, pero planteó el problema del “cruce de la ciudad de Minas”. Dijo que a un camión “le lleva una hora cruzar por Minas, donde hay 14 semáforos; hasta que no se solucione eso no creo que se habiliten los bitrenes”.
Indicó que “en zafra transportar una tonelada de soja o de arroz” desde el este hasta Montevideo “cuesta US$ 50”, mientras que “fuera de zafra vale US$ 25 o U$S 28”. Por eso, “el costo de flete incide muchísimo” en el negocio, afirmó.
Las entidades que integran el Foro Mercosur de la Carne (FMC) celebraron la aprobación por parte del Consejo de la Unión Europea para avanzar en la firma del Acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, al que calificaron como un hecho histórico tras más de 25 años de negociaciones entre ambos bloques.
Desde el FMC destacaron que se trata del acuerdo de libre comercio más relevante para el Mercosur y el segundo de mayor alcance firmado por la Unión Europea, lo que permitirá acceder a un mercado de más de 450 millones de habitantes, con alto poder adquisitivo y que representa alrededor del 15% del Producto Bruto Interno (PBI) mundial.
En relación con la carne vacuna, el comunicado señaló que entre 2020 y 2024 el Mercosur exportó a la Unión Europea, en promedio, entre US$ 1.200 y US$ 1.350 millones anuales, explicando entre 70% y 75% de las importaciones totales de carne bovina realizadas por la UE a proveedores extracomunitarios. Estas ventas se concentran mayoritariamente en cortes de alto valor, lo que confirma una relación comercial sólida y estructural, con amplio potencial para profundizar el vínculo comercial.
El Foro subrayó además la importancia de que el acuerdo contemple un ámbito institucional específico para el tratamiento de normativas y reglamentaciones sanitarias, consideradas centrales para el comercio de carnes. En ese marco, se destacó la necesidad de establecer procedimientos claros, evitar la aplicación de medidas arbitrarias no basadas en evidencia científica y contar con mecanismos formales para la resolución de eventuales controversias sanitarias.
Finalmente, el FMC sostuvo que el acuerdo contribuirá a fortalecer la inserción internacional del Mercosur, generando un marco de previsibilidad de largo plazo para la inversión y la planificación productiva. En ese sentido, las entidades reafirmaron su compromiso con una producción e industrialización sostenibles y manifestaron su disposición a seguir trabajando para avanzar hacia la puesta en vigor definitiva del acuerdo.