El proyecto Costos de Producción Agropecuaria de Mato Grosso (CPA-MT) divulgó la primera estimación de gastos para la soja 2026/27 y mostró un costo directo proyectado de aproximadamente US$ 780 por hectárea, una caída de 0,54% respecto a la campaña 2025/26. La reducción está impulsada por menores costos de insumos, con destaque para semillas (–9,04%) y el paquete de fertilizantes (–6,98%), especialmente los macronutrientes.
A pesar de ese alivio parcial, el Costo Operacional Efectivo (COE) aumentó a alrededor de US$ 1.096 por hectárea, el Costo Operacional Total (COT) se ubicó en torno a US$ 1.224, y el Costo Total (CT) llegó a unos US$ 1.508 por hectárea, lo que representa un incremento anual de 4,74%. Ante insumos más baratos que el año pasado, ya se registran compras anticipadas de productores en el estado, según informó el IMEA.
En el sistema de costos utilizado por el IMEA, el COE corresponde al gasto que realmente desembolsa el productor durante el ciclo —insumos, combustible, mano de obra contratada, servicios y operaciones directas—. El COT incorpora además depreciación, mantenimiento de maquinaria, intereses e infraestructura operativa. En tanto, el Costo Total (CT) es el indicador más completo e incluye el costo de oportunidad de la tierra y del capital propio, junto con impuestos y la estructura general del negocio. Es el parámetro que refleja si la actividad es rentable en términos económicos, más allá del flujo financiero anual.
En el campo, el retorno de las lluvias permitió que la siembra de soja 2025/26 en Mato Grosso alcanzara 96,36% del área prevista, un avance semanal de 10,68 puntos porcentuales. El progreso vuelve a ubicar al estado entre los ritmos más rápidos de los últimos años, reduciendo riesgos productivos y permitiendo mantener el potencial del ciclo en niveles elevados, de acuerdo con datos del IMEA.
En la semana del 9 al 15 de noviembre de 2025, Uruguay faenó 53.779 vacunos, según los datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC). La actividad mostró una leve baja semanal (–2,6%), luego de las 55.267 cabezas procesadas en la semana previa. Los novillos representaron el 50% del total, con 26.878 cabezas (–3,7%), mientras que las vacas aportaron 17.275 (32%) y las vaquillonas 8.752 (16%).
Los frigoríficos con mayor volumen de procesamiento fueron Tacuarembó (6.704 cabezas), Las Piedras (5.985), Ontilcor (4.170), Canelones (4.056), San Jacinto-Nirea (4.015), Breeders Packers Uruguay (3.951), Pulsa (3.774), Inaler (3.338), Cledinor (3.112) y Establecimientos Colonia (3.037). Estas diez plantas concentraron el 72% de la faena nacional, manteniendo una distribución similar a la observada en las últimas semanas.
En el acumulado anual, al 15 de noviembre se llevan procesados 2.105.758 vacunos, un 6,2% más que en igual período de 2024. La composición por categoría se mantiene estable, con 1.035.263 novillos (49%), 728.220 vacas (35%) y 307.035 vaquillonas (15%).
Los frigoríficos de mayor actividad en lo que va del año continúan siendo Tacuarembó (256.097 cabezas), Las Piedras (210.360), San Jacinto-Nirea (176.760), Ontilcor (175.366), Pulsa (153.422), Cledinor (125.730), Carrasco (122.583), Canelones (116.462), Inaler (107.036) y Establecimientos Colonia (109.246), que en conjunto explican el 73% de la faena anual del país.
En cuanto al mercado del ganado gordo, la Asociación de Consignatarios de Ganado (ACG) señaló que la demanda mostró mayor interés de compra, con entradas más cortas y un escenario influido por la recta final de la ventana de cuota, lo que atenuó el ajuste de precios observado en semanas anteriores.
Los valores de referencia marcaron una nueva corrección: el novillo gordo bajó de US$ 5,14 a US$ 5,12 por kilo en cuarta balanza, la vaca gorda de US$ 4,80 a US$ 4,77, mientras que la vaquillona se mantuvo en US$ 5,00, sin cambios frente a la semana previa.
En el acuerdo bilateral entre Estados Unidos (EEUU) y de Argentina, que supone una mejora de las condiciones de acceso para la carne vacuna, ocupa una “pequeña parte” de un conjunto “muy grande” de asuntos, dijo el analista ganadero Víctor Tonelli, en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en verdenews.com.uy.
Señaló: “estamos entre sorprendidos y con una alegría desbordante porque esperábamos alguna cuestión vinculada a la cuota” de exportación de carne, “pero no imaginamos un acuerdo de esta magnitud”.
Todo indica que la nueva cuota de carne vacuna en EEUU llegaría a las 80.000 toneladas, aunque todavía “no hay dato específico” y se está “trabajando en la letra chica”, afirmó.
Para Tonelli, “después de la creación del Mercosur, no he visto un acuerdo de esta magnitud” y es una “señal”, considerando que el gobierno estadounidense avanzó en otros acuerdos bilaterales, con Suiza, Reino Unido.
En cuanto a la política de China para la importación de carne, el analista argentino dijo que el país asiático “parecería que va por el camino de la cuota y de mayores controles en la aduana” para proteger a la industria y a la producción local.
Uruguay avanza en un paso clave para concretar la apertura del mercado lácteo de Indonesia, uno de los destinos de mayor población y demanda creciente en Asia. Entre el 15 y el 24 de noviembre, auditores del Ministerio de Agricultura de Indonesia visitarán el país para realizar inspecciones en plantas industriales y laboratorios oficiales, como parte del proceso de habilitación sanitaria para exportar productos lácteos.
Se trata de una misión definitoria, ya que Indonesia ya aprobó la habilitación religiosa, requisito indispensable para el ingreso de alimentos de origen animal, y ahora avanza en la evaluación sanitaria e industrial de los establecimientos uruguayos.
La misión recorrerá: laboratorios de referencia (DILAVE ), tres plantas de Conaprole, la planta de Alimentos Fray Bentos y la de Bonprole Industrias Lácteas.
Indonesia, con más de 280 millones de habitantes, importa la gran mayoría de sus productos lácteos. Para Uruguay, la habilitación sanitaria implicaría acceso a un mercado diversificado, con demanda de leche en polvo, quesos y otros productos de alto valor.
El proceso ha venido avanzando de forma sostenida durante 2024 y 2025. Primero se cumplió con los requisitos relacionados con la certificación religiosa, y ahora el país se encuentra ante la etapa final: la evaluación integral de los sistemas de producción, control y procesamiento industrial.
En el acuerdo comercial y de inversiones entre Estados Unidos (EEUU) y de Argentina, “nos pone en una situación para estar atentos”, además “puede ser una ventaja” porque Uruguay “puede subirse también” al mismo, señaló el presidente Yamandú Orsi, en el marco de la inauguración de la cosecha de cebada.
“Uruguay está en una posición para aprovechar”, y también de “escuchar y negociar con todos”, dijo el mandatario, según consignó en el programa Punto de Equilibrio en Carve y en verdenews.com.uy.
Orsi destacó que el foco de Uruguay está puesto en Mercosur, la Unión Europea (UE), China, EEUU y también se abren otros mercados. “Hoy no te podés cerrar, en un mundo que se cierra, nosotros nos tenemos que abrir”, acotó.
En tanto que el ministro de Ganadería, Alfredo Fratti, dijo que el gobierno uruguayo es “multilateralista” y “en lo personal” este tipo de acuerdo bilateral entre EEUU y Argentina “no nos hace bien, ni como Mercosur, ni para el Tratado entre Mercosur y la UE”.
“El empresario te pide certezas y estamos en un mundo de incertezas, por lo tanto no es bueno para los empresarios y no es bueno para el país”, sostuvo.
Sobre este acuerdo, el doctor en relaciones internacionales Ignacio Bartesaghi, declaró en el programa Valor Agregado de radio Carve que “se ve con cierta preocupación para Uruguay, porque tiene la dificultad de quedar en desventaja con Argentina en tema de preferenciales” arancelarias.
Además, Bartesaghi sostuvo que no se observa en el corto plazo “la posibilidad de que Uruguay equipare sus preferencias a las que va obtener Argentina”.
Escuche a Yamandú Orsi, Alfredo Fratti e Ignacio Bartesaghi
El economista Pablo Rosselli, director de Exante, señaló que la industria frigorífica uruguaya es una de las ramas más dinámicas y determinantes dentro del sector manufacturero nacional. En 2024 representó 11% del valor agregado industrial, sin contemplar encadenamientos, ubicándose como la cuarta actividad más relevante después de la producción de celulosa y papel (12%), el concentrado de bebidas y alimentos diversos (12%) y el conjunto del resto de las manufacturas (38%).
Por detrás quedaron ramas históricas como la refinería de petróleo (9%), la panificación (7%), la farmacéutica (6%) y la láctea (5%), lo que reafirma el peso estratégico del negocio cárnico en la economía del país.
Ese protagonismo se sostiene en una red de 32 plantas de faena habilitadas y en actividad, distribuidas a lo largo del territorio. Canelones es el departamento con mayor concentración de plantas (seis), seguido por Montevideo (cuatro), Durazno (tres) y una serie de departamentos con dos plantas cada uno (Paysandú, Tacuarembó, Rivera, Cerro Largo, Lavalleja, San José y Soriano). Otros como Rocha, Colonia, Río Negro, Flores, Florida y Treinta y Tres cuentan con una planta cada uno.
En conjunto, estas instalaciones procesaron en 2024 alrededor de 2,2 millones de cabezas bovinas y 970.000 ovinas, lo que derivó en unas 460.000 toneladas de carne que fueron exportadas, y 108.000 toneladas se destinaron al consumo interno.
En el marco de la presentación del estudio “Impacto económico de la industria frigorífica en el Uruguay”, realizado por la consultora Exante, Rosselli sostuvo que la faena bovina aumentó 45% en los últimos 45 años, al pasar de promedios de 1,5 millones de cabezas en la década de los años 80 a unos 2,2 millones anuales en las últimas décadas, con picos que superaron los 2,5 millones en 2006 y 2021. Este crecimiento estuvo apalancado por una mayor tasa de extracción en relación al stock total, que pasó de promedios del 15% entre 1980 y 2000, a valores sostenidos de 18% a 20% en los últimos 20 años, con picos superiores a 22%.
El stock bovino nacional se mantuvo relativamente estable en torno a 11 millones de cabezas, con momentos de expansión por encima de los 12 millones a partir del 2000, y una estabilización reciente entre 11 millones y 11,5 millones. Sin embargo, con un mayor peso promedio por animal, el crecimiento de la faena medida en toneladas fue aún más marcado: pasó de promedios de 650.000 toneladas en pie en los años 80 a más de 1,050 millones de toneladas (Mt) entre 2010 y 2024, lo que implica un salto del 60%. En años puntuales, como 2022, se superó 1,2 Mt de toneladas.
Acotó que el rubro ovino mostró una trayectoria muy distinta. La faena tuvo fuertes oscilaciones, con picos de más de 2 millones de cabezas en la segunda mitad de los años 90 y en 2009, pero también desplomes por debajo de 800.000 cabezas a comienzos de los 2000, y mínimos cercanos a 1 millón en 2015 y 2024.
Esto estuvo asociado a la drástica caída del stock ovino, que pasó de más de 25 millones en 1991 a apenas 5,5 millones en 2024, es decir, sufrió una reducción de casi 80% en tres décadas. Pese a esa contracción, la tasa de extracción se duplicó, al pasar de un promedio de 9% en los 90 a cerca de 17% en los últimos 20 años, con picos de más del 25% en años de liquidación.
Más carne, con menos horas de trabajo
La industria frigorífica logró un notable aumento de productividad en los últimos 35 años. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el índice de volumen físico de la producción se multiplicó por 2,5 veces desde fines de los año 80 (+145%), a una tasa anual de 2%. En paralelo, las horas trabajadas cayeron 10%, lo que derivó en un incremento del 175% en el índice de productividad, equivalente a un crecimiento anual del 2,8%.
Es decir: hoy se produce mucho más, con menos horas de trabajo, gracias a mejoras tecnológicas, organizativas y de eficiencia, informó el director de Exante.
Exportaciones
Agregó que el motor de esa expansión fue el comercio exterior. Entre 1994 y 2024 el volumen exportado se multiplicó por 4,4 veces, al pasar de 104.000 toneladas a 458.000 toneladas. En ese período el crecimiento anual promedio fue de 5% en volumen y de 8% en dólares corrientes, lo que permitió que desde 2021 las exportaciones superaran consistentemente los US$ 2.000 millones anuales –en dólares constantes de 2024– por tonelada carcasa. A la vez, desde el año 2000 al 2024 el precio promedio de la tonelada exportada subió 22%, para llegar a los US$ 5.300.
La composición también cambió. En 1994, el grueso correspondía a carne bovina congelada (64%) y enfriada (21%), con un 11% de carne ovina y apenas 4% de despojos. Tres décadas después la carne bovina congelada representa 67%, los despojos 21%, con una menor participación de la carne enfriada (10%) y una virtual marginalidad de la carne ovina (3%).
En 2024 las exportaciones frigoríficas representaron casi 20% del total de bienes del país, apenas por debajo de la celulosa (20%) y muy por encima de la soja (9%), lácteos (6%), bebidas concentradas (6%) y arroz (4%). En conjunto, el rubro aportó US$ 2.250 millones, dentro de los US$ 13.000 millones que exportó Uruguay en bienes.
China es volumen, EEUU y UE precio
El estatus sanitario y la alta reputación de la industria cárnica uruguaya han representado un diferencial clave para el sector, asegurando acceso fluido a los principales mercados internacionales. En los últimos años el ingreso de la demanda china dio un impulso extraordinario a las exportaciones, cambiando de manera estructural la inserción comercial del país, consideró.
En el año 2000 el país asiático no figuraba como destino y en 2024 absorbió 233.000 toneladas, equivalente al 51% del volumen total. Estados Unidos aumentó de 16.000 toneladas en 2000 a 96.000 toneladas en 2024 (21% más), la Unión Europea pasó de 24.000 a 37.000 toneladas (8% más), y el Mercosur mostró la tendencia inversa, al descender de 50.000 toneladas a 14.000 toneladas (3% menos), mientras que el resto del mundo demandó 17% en 2024, explicó Rosselli, basándose en los datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC).
Sin embargo, al mirar los ingresos la foto cambia. De los US$ 2.250 millones generados en 2024, China representó 34%, Estados Unidos 26%, la Unión Europea 17%, el Mercosur 5% y el resto del mundo 18%. Esto se explica por la brecha de precios. Mientras China paga US$ 3.600 por tonelada en promedio, con una caída de 8% en dos décadas, Estados Unidos llega a US$ 6.000 por tonelada (+56%) y la Unión Europea a US$ 10.000 por tonelada (+37%), gracias a las cuotas Hilton y 481, que demandan cortes de máxima calidad.
Más kilos, menos edad
Las mejoras de productividad en el campo se tradujeron en más carne por hectárea. La dotación de ganado subió 25% entre 1996 y 2024, pasando de 0,55 a 0,70 unidades ganaderas por hectárea (UG/ha), mientras que la producción por hectárea se duplicó desde 1984, al pasar de 45 kilos a más de 90 kilos, sostuvo.
El peso medio de faena también aumentó, de unos 470 kilos por animal en los años 90 a más de 525 kilos en 2024 (+11%). Paralelamente, la edad de faena bajó de forma significativa. Los novillos de dos y cuatro dientes pasaron de representar 30% en 2001 a más del 65% en 2024, mientras que los de ocho dientes cayeron de 60% a 20%.
La terminación a grano, impulsada por la cuota 481, tuvo un crecimiento explosivo: de menos de 2% de la faena en 2012 a 16% en 2024, con más de 350.000 cabezas procesadas en ese sistema.
Rentabilidad y márgenes: negocio de riesgo
A pesar de los volúmenes y la relevancia exportadora, la industria frigorífica opera con márgenes de Ebitda muy reducidos y volátiles. En los últimos 20 años, entre los ejercicios contables 2005-2006 y 2023-2024, el margen promedio fue de 2,8%. En ese período hubo ejercicios con fuertes pérdidas (2012-2013 y 2019-2020), en torno de US$ 40 millones y de US$ 80 millones, respectivamente. Y otros con ganancias excepcionales (2013-2014 y 2020-2021), en torno a US$ 200 millones, con márgenes de 8% a 10%. En los últimos ejercicios, los márgenes se estabilizaron, aunque en niveles reducidos. En 3% en 2022-2023, y ceca de 5% en el ejercicio 2023-2024.
Impacto económico y social
En 2024 la industria frigorífica en Uruguay facturó US$ 3.300 millones, de los cuales US$ 730 millones correspondieron a valor agregado directo, y US$ 2.350 millones a valor agregado indirecto. Esto supone una contribución directa e indirecta del 4% del producto interno bruto (PIB). Si se suman los impactos inducidos (US$ 1.200 millones), el aporte total alcanza los US$ 4.300 millones, equivalentes al 5,3% del PIB.
La industria frigorífica pagó en 2024 de forma directa remuneraciones (líquidas, antes de IRPF) por un total de US$ 320 millones, y las contribuciones a la seguridad social (patronales y personales) suman unos US$ 130 millones adicionales. Los costos salariales equivalen a algo más del 60% del valor agregado directo en el sector, indicó Exante.
Considerando impactos directos, indirectos e inducidos, la industria genera remuneraciones brutas por más de US$ 1.900 millones en la economía: US$ 1.370 millones de remuneraciones líquidas (antes de IRPF) y US$ 565 millones de contribuciones a la seguridad social
El sector genera casi 98.000 empleos: 13.650 directos en nómina, 2.000 tercerizados en planta, 63.600 indirectos en la cadena (ganadería, transporte, proveedores) y 19.000 inducidos por el consumo derivado. Esto equivale al 6% del total de ocupados en el país. Además, el 95% de los más de 16.000 trabajadores frigoríficos formales se desempeñan en el interior, con particular concentración en Canelones (6.003), Durazno (1.422), Tacuarembó (1.523), Colonia (2.335) y Flores (392).
En Durazno la ocupación en la industria frigorífica representa el 6,3% del empleo privado, la incidencia relativa más alta del país. Lo siguen: Tacuarembó (4,3%), Colonia (4,1%), Flores (3,9%) y Canelones (2,3%).
En términos salariales, el rubro se posiciona por encima del promedio. En 2024 el ingreso líquido mensual en frigoríficos fue de $ 54.415, 20% más alto que el promedio nacional ($ 48.423) y casi 30% superior al de los privados ($ 45.238).
Un sector estratégico y competitivo
La industria frigorífica uruguaya combina tres atributos centrales: peso económico, impacto social y relevancia exportadora. Aporta más del 5% del PIB, genera casi 100.000 empleos, paga salarios por encima del promedio y sostiene a miles de familias en el interior del país, resaltó el director de Exante.
En un contexto donde la faena bovina creció de forma muy significativa en los últimos 45 años, alcanzando un promedio de 2,2 millones de cabezas anuales y picos superiores a 2,5 millones. Y en un proceso con más intensificación de la producción que genera mayor peso de faena, menor edad de los animales y más terminación a grano.
Con todo, se trata de un negocio de márgenes bajos y muy expuesto a la volatilidad internacional, lo que obliga a las empresas a invertir en eficiencia, integración y diferenciación.
El estatus sanitario y la reputación internacional de Uruguay han permitido acceso fluido a los principales mercados. La cadena cárnica tiene una marcada orientación exportadora, con China, Estados Unidos y la Unión Europea como destinos claves, concluyó.
Agustín Pagani explicó en ADP Zone que su equipo adoptó un modelo de trabajo “muy intensivo” para entender cómo varían los lotes de producción en cada establecimiento.
¿Puede la agricultura de precisión mejorar el negocio agrícola? Esta pregunta fue respondida por el productor agropecuario, docente e investigador independiente en dos universidades argentinas, el doctor Agustín Pagani, en ADP Zone.
Pagani, quien además es director de Clarion, empresa que brinda asesoramiento en Argentina y Uruguay, sostuvo que las tecnologías de precisión pueden ser aliadas clave para “hacer mejor las cosas” dentro del negocio agrícola, incluso “en contextos de márgenes ajustados”.
A partir de su experiencia académica en Estados Unidos, explicó que su equipo adoptó un modelo de trabajo “muy intensivo” para entender cómo varían los lotes de producción dentro de cada establecimiento.
“Hay que hacer un esfuerzo más grande y es más costoso, pero hacerlo bien la primera vez nos ha demostrado que es una buena forma de empezar a implementar un planteo de agricultura de precisión”, señaló.
Uno de los pilares de ese enfoque es el muestreo de suelos en grilla, bien intenso, práctica en la que Pagani pone especial énfasis. En un escenario de márgenes bajos los productores tienden a recortar costos que consideran secundarios, y en ese contexto invertir en caracterización ambiental, como prefiere llamarlo, “puede sonar contradictorio”.
Sin embargo, aseguró que “justamente cuando la relación insumo-producto es más desfavorable, es cuando más se paga conocer qué parte del campo no requiere, por ejemplo, fósforo o potasio, y ahí se puede ahorrar, pero hay que estar muy seguros para eso”.
Remarcó que la actualidad exige ser extremadamente eficiente en el manejo de insumos, especialmente en fertilizantes –fósforo, nitrógeno y potasio– y en la semilla, en el caso del maíz.
Afirmó que una caracterización ambiental detallada de los lotes, con variabilidad, permite ahorrar significativamente en insumos innecesarios, en comparación con un planteo tradicional, sin diagnóstico intensivo. “También nos permite delinear con mayor precisión las áreas más productivas, que a veces necesitan más insumos, y donde una agricultura uniforme puede sacrificar rendimiento”, agregó.
La tecnología de dosificación variable juega un papel decisivo en esa estrategia, al permitir maximizar las áreas de mayor potencial.
En maíz, ejemplificó, la cantidad de semilla debe acompañar el potencial productivo. “Hay que poner más plantas donde el cultivo tiene más recursos para expresar una buena espiga”, enfatizó el ingeniero agrónomo.
Sin embargo, advirtió que los indicadores de potencial productivo no siempre se asocian a los niveles de fósforo o potasio del suelo, sino a la disponibilidad efectiva de esos nutrientes.
En Uruguay, luego de haber realizado unas 3.000 hectáreas de muestreos en grilla, Pagani asegura que la variabilidad espacial de fósforo, potasio y otros nutrientes –incluso el pH, para determinar requerimientos de encalado– “es muy alta”.
Por eso, considera que “vale la pena invertir, aunque sea una sola vez, en un muestreo denso, porque se paga en el corto y mediano plazo, a través de una fertilización más eficiente”.
Sobre la frecuencia recomendada, sugiere una relación costo-beneficio equilibrada. “No hace falta repetirlo todos los años. Lo ideal es invertir bien la primera vez y luego, cada cuatro o cinco años, hacer chequeos más laxos en zonas representativas de los lotes, para validar el comportamiento del balance de nutrientes”, explicó.
Respecto al ahorro en insumos, Pagani evitó las generalizaciones. “La respuesta es sitio-específica. Hay chacras muy homogéneas, donde no se justifica la dosificación variable. Un manejo uniforme bien diagnosticado puede ser la mejor opción. Pero cuando hay variaciones en elevación del terreno, la profundidad del suelo, la textura o la disponibilidad de nutrientes, ahí sí hay que actuar sobre esa variabilidad”, sostuvo.
En esos casos, detalló que se van sumando pequeños aportes. “Un poco de ahorro por fósforo, otro por potasio, un aumento por manejar mejor las densidades y, si ajustamos dinámicamente el nitrógeno, también ganamos eficiencia”, afirmó.
En Uruguay se observaron mejoras de entre US$ 30 y US$ 50 por hectárea, sin mayores dificultades, pero insistió que no se deben extrapolar resultados sin un diagnóstico preciso.
Pagani destacó, además, que el parque de maquinaria en Uruguay es “impresionante”, con un nivel tecnológico “superior al de Argentina”. Valoró que “la mayoría de los productores tiene sembradoras capaces de hacer dosificación variable y los prestadores de servicios también pueden hacerlo”. También destacó que “hay monitores de rendimiento bien calibrados y en buen estado”. Comentó que la capacidad “está instalada” y “solo falta convencerse de que las ventajas superan a las desventajas”.
Pero, al mismo tiempo, reconoció que iniciar el proceso no es sencillo. “El que diga que es fácil no entiende la complejidad de los sistemas. Si uno aplica insumos cada 10 metros cuadrados, necesita herramientas que respalden esas decisiones”, dijo. De lo contrario, “una dosis variable mal sustentada puede ser peor que aplicar una dosis promedio”, advirtió.
Por eso, destacó el rol de la investigación aplicada y la colaboración entre productores y técnicos. “INIA (Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria) está generando cosas muy buenas en Uruguay, pero también hay mucho que deben validar los propios productores. Hoy una cosechadora con monitor de rendimiento puede medir con un error menor al 5%, lo que permite instalar ensayos y pruebas dentro de los campos productivos”, señaló.
Según Pagani, aún hace falta más capacitación en manejo de datos, aunque subrayó que “cada vez hay más agrónomos involucrados en la ciencia de los datos, y los softwares son cada vez más amigables para analizar bases complejas”.
Durante su presentación, Pagani mencionó que para avanzar con estas tecnologías se requiere la utilización de herramientas específicas, que permiten conocer en detalle la variabilidad del suelo y del cultivo.
El profesional describió que el proceso comienza con un relevamiento topográfico realizado con un GPS de alta precisión (un equipo RTK de doble frecuencia), que permite obtener información altimétrica con exactitud centimétrica.
A esto se suma la elaboración de un mapa de conductividad eléctrica aparente, fundamental para identificar diferencias en textura, profundidad efectiva y contenido de humedad del suelo.
Posteriormente, se realiza un muestreo de suelo en grilla, que posibilita analizar los principales nutrientes y propiedades edáficas. Por ejemplo: una muestra compuesta por 10 submuestras cada hectárea.
A la vez, el análisis de productividad agrícola se completa mediante el estudio de múltiples mapas de rendimiento y de índices de vegetación obtenidos a partir de imágenes satelitales de varias zafras, lo que permite interpretar cómo responde el cultivo en distintas condiciones y ambientes dentro de la misma chacra.
Finalmente, Pagani planteó una reflexión ambiental: “a medida que aumentamos la eficiencia en el uso de los insumos, especialmente del nitrógeno, reducimos las pérdidas que pueden contaminar agua o aire”.
La inversión “en tiempo y recursos para entender y manejar la variabilidad espacial y temporal de los cultivos nos ha demostrado ser muy conveniente para el Manejo Sitio Específico de la Nutrición (MSEN)”, concluyó.