Las exportaciones de soja de Brasil hacia China enfrentan un “nuevo obstáculo”, luego de cambios en los sistemas de inspección sanitaria aplicados por el gobierno brasileño, lo que llevó a la empresa Cargill a “detener temporalmente” sus operaciones de embarque hacia el principal mercado mundial de la oleaginosa.
La situación surge en un momento particularmente “sensible” para el comercio global de granos, ya que Brasil atraviesa el período de mayor volumen de exportaciones de soja, mientras China concentra la mayor parte de la demanda internacional.
Según informó Reuters, el jefe de Cargill para América Latina, Paulo Sousa, explicó que el Ministerio de Agricultura de Brasil adoptó un sistema de evaluación sanitaria “más estricto” para los embarques de soja destinados a China, a pedido del propio gobierno chino, con el objetivo de detectar plagas y malezas.
El ejecutivo señaló que el nuevo procedimiento difiere del esquema habitual utilizado en el comercio de granos. “Tenemos un sistema de inspección estándar en el sector, con muestreos. El Ministerio de Agricultura de Brasil comenzó a realizar su propio tipo de análisis”, indicó Sousa, durante su participación en la conferencia Argentina Week 2026 organizada por Bank of America en Nueva York.
Los cambios en los procedimientos están generando resultados “diferentes” en las inspecciones sanitarias, lo que “en algunos casos impide la emisión de los certificados necesarios para exportar”, indicó Reuters.
Sin esos certificados sanitarios los barcos no pueden zarpar hacia destino, lo que llevó a Cargill a suspender temporalmente tanto los embarques de soja hacia China como las compras de granos a productores locales en Brasil.
El impacto ya comenzó a sentirse en el mercado interno brasileño. Algunas publicaciones realizadas por corredores de granos y productores en la red X señalaron que prácticamente no hubo ofertas de compra de soja por parte de los principales comerciantes durante la jornada del miércoles.
China es, por amplio margen, el principal destino de la soja brasileña y concentra cerca del 80% de las exportaciones del país sudamericano. Brasil, a su vez, es el mayor productor y exportador mundial de esta oleaginosa.
De acuerdo con Sousa, las nuevas inspecciones comenzaron a aplicarse a principios de la semana pasada. Si bien existen negociaciones en curso para resolver la situación, hasta el momento no se alcanzó un acuerdo que permita normalizar el flujo comercial.
La Asociación Nacional de Exportadores de Cereales de Brasil (ANEC) también manifestó “preocupación” entre los operadores del sector, especialmente considerando que el país se encuentra en pleno pico estacional de embarques de soja hacia los mercados internacionales, acotó Reuters.
El gobierno uruguayo inició una ronda de reuniones con gremiales del sector productivo para explicar el alcance del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea y recoger inquietudes de los distintos rubros. Así lo señaló la vicecanciller de la República, Valeria Csukasi, en Punto de Equilibrio, en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
La instancia reciente se realizó junto a representantes de la Asociación Nacional de Productores de Leche, en un encuentro que también contó con la participación del director de Política Económica del Ministerio de Economía, Juan Labraga.
Según Csukasi, el objetivo de estas reuniones es generar una agenda de trabajo con los sectores productivos para aprovechar las oportunidades comerciales que se abrirán con la entrada en vigor del acuerdo.
“Estamos acercándonos a las agrupaciones de productores y de la industria para explicar mejor el contenido del acuerdo y escuchar las dudas, los desafíos y las interrogantes que existen desde el sector productivo”, señaló.
La jerarca recordó que el acuerdo con la Unión Europea se implementará de forma gradual.
En el caso de la lechería, por ejemplo, la apertura se dará en un proceso de varios años.
“Para la lechería el proceso puede demorar hasta diez años, con cuotas como las 10.000 toneladas de leche en polvo y 30.000 toneladas de quesos, por lo que los resultados se verán de forma progresiva”, explicó.
En ese contexto, Csukasi sostuvo que el sector deberá atravesar un período de adaptación para aprovechar plenamente las oportunidades que puedan surgir en el mercado europeo.
Las inquietudes de los productores, indicó, no se concentraron exclusivamente en el acuerdo con Europa.
“Las preguntas también pasaron por entender qué otras oportunidades de acceso a mercados tiene Uruguay, más allá de la Unión Europea”, comentó.
En ese sentido, destacó avances recientes en materia de apertura comercial.
Uno de ellos es el mercado de Indonesia para productos lácteos.
“Se confirmó recientemente la habilitación sanitaria para exportar leche en polvo a Indonesia, y estamos esperando la firma del protocolo que permitirá comenzar a exportar desde las plantas habilitadas”, dijo.
Según la vicecanciller, se trata de un mercado con gran potencial de crecimiento.
Indonesia cuenta con una población numerosa y con políticas activas para fortalecer el consumo de leche.
“Es un mercado con alto consumo y crecimiento, y además existe una política pública que promueve un vaso de leche diario para los niños en las escuelas, lo que abre una oportunidad interesante para Uruguay”, señaló.
Además de ese mercado, Uruguay trabaja en ampliar su presencia comercial en otras regiones.
Entre las negociaciones en curso mencionó los avances vinculados al Acuerdo Transpacífico y la reciente solicitud de ingreso al RCEP, que reúne a varios países de Asia y Oceanía.
“La apertura hacia Asia puede ser muy importante para sectores como la lechería, porque permitiría competir en mejores condiciones con países como Nueva Zelanda o Australia”, indicó.
En paralelo, Uruguay también busca avanzar en la habilitación sanitaria de nuevos destinos.
“Estamos trabajando en Centroamérica, que es un mercado que aún tenemos pendiente, y también explorando oportunidades en África e India”, afirmó.
Respecto al acuerdo Mercosur-Unión Europea, Csukasi señaló que algunos impactos serán inmediatos.
Uno de los principales se dará en la carne vacuna de alta calidad exportada a Europa.
“Uno de los primeros efectos será la eliminación del arancel de la cuota Hilton, que actualmente paga alrededor de 20%”, destacó.
Esta cuota corresponde a 5.600 toneladas de carne vacuna de alta calidad, que en algunos casos ha alcanzado valores cercanos a US$ 20.000 por tonelada.
La eliminación del arancel representará una mejora directa en la competitividad de las exportaciones uruguayas.
A lo largo del tiempo también se incorporarán nuevas cuotas y reducciones arancelarias para distintos productos.
“Se irán incorporando cuotas para carne bovina, arroz y miel, además de la eliminación de aranceles para varios productos como frutas, derivados de frutas, cuero y pesca”, indicó.
Otro aspecto relevante del acuerdo será la distribución de las cuotas entre los países del Mercosur, un proceso que recién comenzó a discutirse.
“La discusión sobre el reparto de las cuotas ya empezó a nivel del Grupo Mercado Común, aunque todavía estamos en una etapa muy inicial”, explicó.
En el caso de la carne, existen antecedentes de propuestas de distribución dentro del bloque.
Según Csukasi, en discusiones anteriores se manejaba una distribución aproximada de 42,5% para Brasil, 29,5% para Argentina, 21% para Uruguay y 7% para Paraguay.
Sin embargo, las posiciones actuales de los países muestran diferencias importantes.
“Estamos todavía bastante lejos de un acuerdo, como era esperable, porque es uno de los puntos donde se concentran los mayores beneficios del acuerdo”, reconoció.
Además del frente europeo, Uruguay también enfrenta desafíos dentro del propio Mercosur.
Csukasi se refirió a la investigación antidumping impulsada por Brasil sobre productos lácteos.
“Creemos que no va en línea con el proceso de apertura que está impulsando el Mercosur, por lo que esperamos que esa investigación termine, como ocurrió anteriormente”, sostuvo.
Más allá de las negociaciones en curso, la vicecanciller destacó que la estrategia de inserción internacional del país seguirá enfocada en ampliar mercados.
“Para Uruguay el mercado interno no es suficiente, por lo que necesitamos seguir trabajando para abrir nuevos destinos para nuestros productos”, concluyó.
La ganadería de Estados Unidos atraviesa uno de los ciclos de menor stock bovino de las últimas décadas, producto de varios años de sequía y cambios estructurales en el uso de la tierra. Así lo señaló Pablo Loza, ingeniero agrónomo, asesor privado e investigador, durante la gira técnica organizada por Nutex y Teknal en Estados Unidos, en diálogo con Punto de Equilibrio, en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Explicó que el rodeo estadounidense se ubica actualmente en torno a 87 millones de cabezas, cuando históricamente se manejaban niveles “significativamente más altos”.
“En otros momentos se hablaba de un stock entre 100 y 120 millones de cabezas, por lo que hoy estamos ante uno de los niveles más bajos de las últimas décadas”, indicó.
Esta situación es consecuencia principalmente de una sucesión de años climáticamente adversos. “Han sido muchos años de sequía, con eventos recurrentes que no permitieron recuperar el stock, y eso terminó generando una caída muy fuerte del rodeo”, explicó.
A ese factor se suman otros cambios estructurales vinculados al uso de la tierra y a determinadas restricciones productivas.
Según Loza, si bien se empieza a observar una leve señal de reversión del ciclo, la recuperación del rodeo será lenta.
“La tasa de retención de hembras sigue siendo baja, por lo que probablemente este proceso de recomposición del stock sea más largo que en ciclos anteriores”, sostuvo.
Históricamente, la ganadería estadounidense ha funcionado con ciclos relativamente previsibles.
Comentó que “durante muchos años los ciclos ganaderos se estimaban en torno a diez años, con cinco años de liquidación y cinco de retención”.
Sin embargo, las condiciones actuales parecen haber modificado esa dinámica. “Hoy se habla de ciclos que pueden extenderse entre 12 y 14 años, lo que refleja la profundidad del proceso de liquidación que ocurrió recientemente”, señaló.
Frente a la menor disponibilidad de animales, el sistema productivo estadounidense ha respondido con cambios en la forma de producir carne.
“La respuesta ha sido poner más kilos sobre cada animal, alargando los períodos de recría y también el tiempo de terminación en feedlot”, dijo.
En ese contexto, el peso de los animales terminados ha aumentado de forma significativa. “Hace unos 15 años los animales se terminaban con 550 o 600 kilos, mientras que hoy es común ver novillos terminados con 700 o incluso 750 kilos”, indicó.
Esta estrategia permite compensar parcialmente la caída en el número de animales. “Aunque hay menos cabezas, la producción total de carne no cayó en la misma magnitud, porque cada animal aporta más kilos”, señaló.
El comportamiento del consumidor también ha sido clave para sostener el sistema. “La demanda se ha mantenido firme y el consumidor estadounidense sigue dispuesto a pagar más por carne vacuna, incluso cuando su precio es mucho mayor que el de otras proteínas”, explicó.
Actualmente, el precio de la carne vacuna en el mercado minorista estadounidense presenta diferencias muy marcadas respecto a otras carnes.
“En la góndola la carne vacuna puede valer cinco veces más que la carne de cerdo y hasta diez veces más que algunos cortes de pollo”, destacó.
En términos productivos, el negocio sigue mostrando señales favorables para los engordadores.
“El costo de producir una libra de carne está entre US$ 1 y US$ 1,20, mientras que el precio de venta ronda los US$ 3 por libra, lo que incentiva a seguir agregando kilos a los animales”, explicó.
Actualmente, el precio del ganado terminado se ubica en niveles históricamente elevados. “Hoy la libra de novillo terminado ronda los US$ 3,5, lo que equivale aproximadamente a US$ 8 por kilo”, indicó.
Otro fenómeno que viene ganando peso dentro del sistema productivo estadounidense es el denominado beef on dairy, el cruzamiento entre vacas lecheras y toros de razas carniceras.
“Es un desarrollo relativamente reciente, de unos cinco años, que ha tenido un impacto muy fuerte en el sistema”, señaló.
El crecimiento de este modelo fue posible gracias al avance del uso de semen sexado en los tambos.
“Hoy el segmento superior de las vacas se insemina con genética lechera para reposición, mientras que el resto se cruza con toros de carne”, explicó.
En la mayoría de los casos se utilizan toros Angus.
“El Angus aporta mejor conformación del ojo de bife, buena eficiencia de conversión y además permite ingresar a programas de carne Angus certificada”, comentó.
El valor económico de estos terneros también ha cambiado drásticamente. “Un ternero macho de tambo que hace cinco años valía alrededor de US$ 200 al nacer, hoy puede venderse cerca de US$ 1.500”, explicó.
Actualmente, el beef on dairy representa una proporción significativa de la producción de carne.
“De los 24 millones de animales que se faenan al año en Estados Unidos, entre 2 y 2,5 millones provienen de este sistema, lo que equivale aproximadamente a un 10% de la faena total”, indicó.
Según Loza, además de aportar volumen, estos animales presentan niveles de calidad de carne muy competitivos.
“Los novillos provenientes de vacas lecheras tienen un marmoleo excelente, y con el cruzamiento se ha logrado mejorar aspectos como la forma del ojo de bife que antes afectaban su valor comercial”, concluyó.
Si bien falta el dato oficial del último trimestre de 2025 de Cuentas Nacionales del Banco Central, respecto al desempeño económico de Uruguay, hay “algunos índices” oficiales y privados que “anticipan” posiblemente una caída por lo que hay tener dos trimestres acumulados de caídas, la economía uruguaya está en “recesión técnica”, dijo el socio de la consultora Civils Soto, Marcos Soto, en Punto de Equilibrio, en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
En ese sentido, Soto aludió al Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) y al índice líder CERES, que apuntan a ese diagnóstico mencionado sobre la economía local.
Y advirtió que es “notorio” que el desempeño económico en Uruguay está siendo “muy magro”, lo que lleva quizás a “moderar las expectativas de crecimiento económico para este año que pueden estar en el entorno del 1% o el 2%.
“Que Uruguay crezca 1% o 2% en este contexto quizás sea hasta una buena noticia”, porque hay un “escenario más crítico que se profundice esta recesión”, aunque es “improbable”, sostuvo.
Soto planteó que se trata de “un escenario donde el desempeño económico efectivamente está siendo lento y está ralentizada la actividad”, lo cual “genera múltiples desafíos para todos, para todos, para el conjunto de los actores y agentes económicos”.
Respecto al impacto de la guerra entre Estados Unidos (EEUU) e Israel con Irán en la economía mundial, este consultor analizó que el aumento del precio del petróleo por encima de los US$ 100 por barril en días pasados, que luego se redujo a unos US$ 88, generaría un “shock de precios en la oferta muy grande” que a su vez provocaría un “rebrote inflacionario” en “muchas economías y en particular Uruguay”, porque derivaría en “incrementos en los costos”.
Al no saber “qué acción va a tomar Estados Unidos, qué va a pasar en Medio Oriente, eso genera volatilidad e incertidumbre” y cuando se dan este tipo de situaciones se genera una “parálisis en los agentes económicos”, advirtió.
Soto valoró que “Uruguay venía ya con inflación muy baja, de hecho el gobierno estaba preocupado porque era extraordinariamente baja la inflación y eso generaba otros problemas”, entonces “una cosa es que te agarre un shock petrolero, un shock de energía y un shock de precios de insumos con una inflación del 7%, 8% o el 9% como en Uruguay”, y “otra cosa que te agarre con una inflación anual del 3%, que es lo que tenemos hoy”.
Además, “estamos empezando a visualizar un posible fortalecimiento del dólar”, si bien “hay fundamentos para creer que la moneda estadounidense va a seguir con síntomas de debilitamiento”, considerando que EEUU tiene una “deuda extraordinariamente alta, una emisión monetaria que creció de forma “exponencial”, es decir que hay una “superabundancia de dólares, un déficit que no baja”, destacó.
La falta de lluvias continúa afectando el crecimiento de pasturas y verdeos en varias zonas del país, con impactos directos en los sistemas ganaderos y lecheros. En este contexto, el manejo del pastoreo resulta clave para atravesar el período de estrés hídrico, sin afectar la capacidad de recuperación. Además, en zonas muy afectadas, comienza a ser algo a considerar el reemplazo (o intersiembra) de praderas que quedarán “muy afectadas. A mediano plazo, una vez más, esta situación “nos obliga a pensar en la planificación de reservas forrajeras”, señaló el investigador del Área de Pasturas y Forrajes del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Fernando Lattanzi, en el programa Punto de Equilibrio, en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
Advirtió que la situación es “muy heterogénea”, según la región. El litoral sudoeste es dónde se observan los “mayores” problemas asociados al déficit de precipitaciones, con niveles de déficit hídrico acumulado que ya supera los 550 mm.
“El panorama depende mucho del lugar de Uruguay donde estés. En el litoral sudoeste la situación es más complicada, mientras que en el norte —Salto, Tacuarembó o Rivera— han tenido lluvias y vienen mejor. El este está en una situación intermedia y por suerte, recibió algo de lluvia recientemente”, dijo.
El investigador indicó que los pronósticos para el centro y sudoeste del país no muestran lluvias “importantes” en el corto plazo, lo que “prolongará el estrés hídrico” sobre las pasturas y los cultivos destinados a reservas forrajeras.
Desde el punto de vista del manejo, Lattanzi sostuvo que, fuera del riego, hay pocas herramientas para revertir el impacto de la sequía sobre el crecimiento del pasto. “No podés convencer a la planta de que crezca cuando no tiene agua disponible en el suelo. La principal recomendación es no sumarle más estrés a la pastura”, afirmó.
En ese sentido, este investigador recomendó evitar el sobrepastoreo y mantener remanentes más altos de lo habitual. “Si hay pasto disponible se puede pastorear, pero dejando un remanente un poco más alto para que la planta no sufra tanto estrés y pueda rebrotar rápidamente cuando vuelvan las lluvias”.
Lattanzi informó que en algunas zonas ya comienzan a observarse pérdidas de plantas en praderas, particularmente en especies como festuca. “El estrés hídrico que acumulamos ya está alcanzando niveles que no solo detienen el crecimiento a valores prácticamente nulos, sino que comienzan a aparecer situaciones donde algunas plantas empiezan a morir, incluso cuando se las cuidó durante el verano”, indicó.
Esto puede generar praderas que van a quedar “muy parcheadas”, es decir, con áreas sin vegetación. Esto obliga a ir evaluando la posibilidad de hacer resiembras, o nuevas implantaciones, una vez que se den las condiciones de humedad adecuadas, acotó.
Para determinar si una pastura ya está perdiendo plantas debido a estrés hídrico, el técnico recomendó una evaluación simple, a campo. “A veces la planta se ve completamente seca, pero está viva. Si tirás de la planta y se desprende fácilmente, está muerta; si ofrece resistencia, probablemente rebrote cuando llueva”, explicó.
Consideró que “si más de un 30% de las plantas se desprenden fácilmente, es muy posible que la mejor solución sea intersembrar”. Raigrás anual es una de las especies con la que “más consistentemente” se pueden logran buenas implantaciones en praderas intersembradas.
En paralelo, es “importante” tener todo preparado para aprovechar las primeras ventanas de siembra del otoño, sugirió. La sequía aún no ha comprometido la ventana óptima de siembra de la mayoría de las forrajeras (excepto avenas).
Sin embargo, es usual que “cuando empiezan las lluvias otoñales post-sequía, comienza a haber períodos con excesos hídricos que acortan la ventana de tiempo con buen piso para sembrar. Por eso es clave tener la semilla, el fertilizante y la maquinaria listos para no desaprovechar esas oportunidades”, sostuvo.
Respecto a avenas ya implantadas, el investigador señaló que en “muchos casos” lograron emerger gracias a lluvias aisladas, aunque su desarrollo quedó detenido a la espera de nuevas precipitaciones. “Una vez que la avena tiene dos o tres hojas es bastante resistente y puede aguantar un tiempo sin lluvia, pero necesita agua en los próximas días para consolidarse”, indicó.
Mientras que la productividad de la base forrajera es muy baja (o cero), la alimentación del ganado depende en gran medida de las reservas disponibles. “En una sequía no queda mucho más que suplementar o utilizar reservas”, afirmó, especialmente en sistemas lecheros.
A mediano plazo, Lattanzi consideró que este tipo de eventos refuerza la necesidad de diversificar tanto la base forrajera como las reservas en los sistemas productivos, especialmente en los tambos.
“Así como diversificamos las pasturas con distintas especies, también conviene diversificar las reservas. El maíz es una reserva espectacular, pero puede fallar en años secos, por lo que es recomendable combinar distintas fechas de siembra, y usar genética con alta tolerancia al estrés, y ajustar el manejo de la densidad, y -además- sumar reservas de invierno como silos de cebada o verdeos, que son algo más costosas pero mucho más estables entre años”, comentó.
El investigador comparó la situación actual con la sequía de 2022/23. En la zona de La Estanzuela, el déficit hídrico acumulado ronda los 560 milímetros, frente a una mediana histórica cercana a 300 milímetros. Sin embargo, aclaró que la sequía anterior fue “muchísimo más severa”.
“En la seca de 2022/23 ya teníamos un déficit de 750 a 800 milímetros a esta altura del año. La diferencia es que aquella comenzó mucho antes, mientras que esta campaña venía bien hasta comienzos de diciembre”, explicó.
Ahora, el principal desafío es la demora en la llegada de las lluvias de otoño. “Lo que nos empieza a complicar es que las lluvias que normalmente aparecen hacia fines de febrero o principios de marzo se vienen corriendo en el pronóstico”.
El cultivo de girasol vuelve a ganar espacio en la agricultura uruguaya y comienza a plantear nuevas oportunidades comerciales, especialmente vinculadas a la exportación. Así lo señaló el director de Agrosud, Fernando Villamil, al analizar el escenario del cultivo en el marco de la Inauguración de la Cosecha de Verano – Edición Girasol.
El ejecutivo indicó que el área del cultivo se ha recuperado en los últimos años, lo que abre un escenario “diferente” para la cadena agrícola.
“Se ha ido recuperando el área en los últimos dos o tres años y estamos en un momento donde los próximos crecimientos de área van a implicar saldos exportables”, señaló Villamil.
Dijo que un mayor desarrollo del cultivo podría generar “impactos positivos” no solo en la agricultura, sino también en la logística y en la industria vinculada.
“En la medida que haya una coyuntura de precios favorable, esto es beneficioso para el sector agrícola, para la logística y también para la industria nacional”, sostuvo.
Villamil recordó que Uruguay ya tuvo una etapa exportadora relevante con el girasol, especialmente en los primeros años de la década del 2000. “Uruguay tuvo protagonismo exportador entre el 2000 y el 2008, también los años 90 y esa experiencia es relativamente reciente”, comentó.
Además, el director de Agrosud destacó que la actual estructura exportadora del país facilita retomar ese camino, ya que los operadores del sector tienen mayor experiencia logística y comercial por el crecimiento de las exportaciones de soja, trigo y otros granos.
“Hoy los exportadores tienen una gimnasia exportadora mucho mayor que en aquella época”, afirmó.
Para aprovechar esa oportunidad, Villamil sostuvo que el crecimiento del área debería concentrarse principalmente en girasol de primera, lo que permitiría optimizar la logística portuaria.
“La apuesta debería ser al girasol de primera, con cosecha entre febrero y marzo y embarques entre marzo y abril”, explicó.
De esa forma, el cultivo podría ocupar una ventana logística previa al fuerte movimiento de exportaciones de soja. “La idea es que no se superponga con la carga de soja, que se concentra principalmente en mayo”, señaló.
Villamil también advirtió que el mercado internacional del girasol presenta características diferentes a las de otros granos, con menor liquidez y menos referencias de precios. “Una de las características del girasol es la poca liquidez del mercado”, dijo.
A diferencia de la soja o el maíz, el cultivo no cuenta con mercados de futuros ni con referencias internacionales claras. “No hay una pizarra internacional ni un mercado de futuros que permita arbitrar precios, por lo que los negocios se realizan directamente en el mercado físico”, consideró.
Eso implica que las oportunidades comerciales aparecen de forma puntual y no de manera permanente, a la vez mencionó que los precios pasan a tener paridad de exportación.
A modo de ejemplo, Villamil mencionó que Argentina, con una cosecha cercana a 5,5 millones de toneladas, exporta apenas unas 300.000 toneladas por año, lo que refleja el tamaño relativamente reducido de este mercado.
En materia logística, Uruguay podría aprovechar la integración regional para colocar su producción. “Las cargas de girasol pueden complementarse con embarques que salen desde Argentina, completando bodegas o integrándose a otros embarques de granos”, explicó.
Este tipo de operaciones es habitual en el comercio internacional de granos y facilitaría la salida del producto desde los puertos de la región.
En cuanto a los destinos potenciales, Villamil señaló que Europa aparece como el principal mercado, tal como ocurrió en etapas anteriores. Entre los destinos históricos mencionó España, Portugal, Italia y Francia, además de países del norte europeo donde la mercadería ingresaba a través del puerto de Rotterdam.
“También Turquía ha sido un comprador importante de semilla de girasol”, agregó.
La industria frigorífica observa con “fuerte preocupación” el registro de residuos de garrapaticidas en animales enviados a faena, una situación que podría “comprometer” el acceso de Uruguay a mercados internacionales si no se corrige rápidamente. Así lo señaló la directora del Frigorífico Las Moras, Elizabeth Misa, en Punto de Equilibrio, en Oriental Agropecuaria AM 770 y verdenews.com.uy.
La ejecutiva explicó que el sector viene trabajando desde el año pasado junto al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) para reforzar los controles sanitarios y garantizar la inocuidad de la carne.
“La industria lo ve con honda preocupación. Venimos trabajando desde el año pasado codo a codo con el Ministerio, para garantizar la inocuidad de nuestros productos”, afirmó.
Según indicó, el problema surge en muchos casos por la reiteración en la aplicación de productos para combatir la garrapata, lo que genera acumulación de residuos en los animales.
“En la desesperación por eliminar la garrapata a veces se aplican los productos dos o tres veces y eso va generando un residuo acumulativo dentro del animal”, explicó.
En los controles sanitarios realizados en plantas frigoríficas esos residuos pueden detectarse en niveles que obligan a eliminar el producto. “A veces los niveles son tan altos que directamente la carne tiene que ir a destrucción”, advirtió.
La situación se vuelve especialmente sensible para Uruguay debido a la reputación sanitaria que el país ha construido en los mercados internacionales.
“Uruguay hace ostentación de la inocuidad, de la calidad y de la trazabilidad de sus productos, por lo que este tipo de situaciones encienden alarmas en nuestros mercados”, señaló.
Misa subrayó que los controles permiten detectar estos casos antes de que el producto salga del país, pero advirtió que el riesgo existe.
“Si se escapa un control y aparece un caso en destino, el impacto para los mercados puede ser muy grande”, indicó. En particular, la empresaria recordó que algunos compradores ya han advertido sobre las consecuencias de nuevas detecciones.
“China ya advirtió que ante una nueva aparición podría suspender plantas frigoríficas por 90 días, y en casos posteriores la rehabilitación dependería de una inspección directa”, explicó.
En ese contexto, Misa sostuvo que la responsabilidad debe ser compartida por toda la cadena. “Esto es Uruguay contra el mundo o para el mundo, y tenemos que trabajar juntos espalda con espalda”, afirmó.
Uno de los puntos clave, según indicó, es el cumplimiento riguroso de la planilla sanitaria, donde los productores registran los tratamientos aplicados al ganado.
“La planilla sanitaria funciona como una declaración jurada de los baños y de los productos veterinarios aplicados, y es fundamental respetar los tiempos de espera”, señaló.
También, la ejecutiva subrayó la importancia de informar correctamente cuando los animales cambian de manos dentro del sistema productivo.
“Si se venden animales a otro productor o a un corral, hay que advertir qué producto se aplicó y cuál es el tiempo de espera, para evitar perjuicios posteriores”, explicó.
Misa consideró que la clave pasa por mejorar la información y la capacitación de los productores, además de reforzar la comunicación sobre la gravedad del problema. “Hay que entender realmente el impacto que esto puede generar en los mercados de exportación”, sostuvo.
Entre las medidas que se están analizando, mencionó la posibilidad de implementar tests rápidos en el campo antes del embarque de los animales, lo que permitiría detectar problemas antes de que lleguen a las plantas frigoríficas.
Además, la directora de Las Moras destacó que distintas organizaciones del sector están trabajando activamente en el tema, entre ellas el MGAP, la Federación Rural, la Asociación Rural del Uruguay, la CAF y la Cámara de la Industria Frigorífica. “Se nos va la vida en esto, porque estamos hablando de la credibilidad sanitaria del país”, afirmó.
La ejecutiva también se refirió al contexto internacional y al impacto que los conflictos geopolíticos pueden tener sobre la logística del comercio global de alimentos.
En particular, mencionó que la guerra en Medio Oriente está generando tensiones en el transporte marítimo y encareciendo los costos logísticos.
“Las navieras están aumentando los valores porque suben los costos de combustible y además, hay rutas que requieren seguros especiales o directamente dejan de operar”, explicó.
Según indicó, estos cambios pueden alterar los flujos comerciales internacionales y abrir nuevas dinámicas entre proveedores y mercados.
“Cuando algunos países no pueden llegar a determinados destinos, esos mercados empiezan a mirar hacia otros proveedores, y ahí es donde aparecen nuevas oportunidades o nuevas presiones comerciales”, concluyó.