“Cuando los precios de los commodities están deprimidos y los números se aprietan, aplicar esas tecnologías que nos permiten mejorar el rendimiento, tiene que ser estratégico”, consideró el gerente comercial de Erro, Germán Bremermann, en la XXIX Jornada Anual de Actualización Técnica, realizada por la empresa en Dolores, Soriano.
Bremermann destacó que “se está cerrando una zafra de verano con rendimientos muy interesantes”, con una producción “muy cercana a los 4 millones de toneladas de soja” y “lo mismo el maíz”.
Pero a pesar de esa gran producción, “estamos convencidos de que podemos seguir mejorando, que hay mucho para aplicar en genética, nuevas tecnologías, diferentes manejos”, sostuvo el ingeniero agrónomo. Admitió que en algunos de esos aspectos quizás haya que hacer una inversión importante, “hay que ver cómo se implementan, pero también hay tecnologías que son de muy bajo costo, de gran impacto en la productividad y muy fáciles de implementar”, señaló.
Destacó que en Uruguay la intensidad agrícola es de 1,5 o 1,6 cultivos por hectárea y por año. “Es una intensidad agrícola muy alta, la más alta de la región, incluso está dentro de las más altas del mundo”, subrayó. Por lo tanto, “si sumamos esa intensidad agrícola a la productividad que estamos logrando, realmente el desafío es muy interesante”, dijo el integrante de Erro.
Bremermann indicó que al cerrar el ejercicio agrícola 2024-2025 en la mayoría de las situaciones de doble cultivo “estamos con producciones que superaran las 10 toneladas por hectárea”. Y señaló que “existen situaciones donde se lograron rendimientos altos, con 12, 13, 14 y hasta 15 toneladas por hectárea; esa es una muy buena noticia y también genera desafíos”, afirmó.
Acidificación de los suelos
Una mesa intercambio buscó analizar dos temas que emergen con fuerza en la agricultura uruguaya: la acidificación de los suelos y el rol del zinc y la tecnología en la nutrición. Allí, el director de Unicampo Uruguay, Esteban Hoffman, dijo que “la gran cantidad de cultivos por hectárea y por año, y la altísima productividad en muchos de los cultivos nos genera problemáticas emergentes, que no se ven de forma clínica, y generan pérdidas silentes de hasta 20% o 25% de la productividad”.
El ingeniero agrónomo agregó que esas pérdidas “suceden porque estamos trabajando bien y produciendo bien desde hace mucho tiempo”. Explicó que “los suelos se nos están acidificando y el límite técnico para considerar un suelo ácido es un pH de 5,4”. A propósito, indicó que según la información del Laboratorio Analítico Agro Industrial (LAAI), Unicampo Uruguay y de la Red Agrícola Uruguay, “una de cada cuatro hectáreas en Uruguay, el 27% del área, está en un ambiente que se puede considerar ácido”. Esa situación impacta en la disponibilidad de los nutrientes en suelo y “lleva a que se tengan que subir las dosis de fertilizantes”, acotó.
Además de las tecnologías conocidas, y que forman parte del proyecto Encalado, de la Asociación Agropecuaria de Dolores, Unicampo Uruguay está evaluando diferentes tecnologías de empresas que pueden ayudar a enfrentar la problemática de acidez, según los niveles de pH. “Hay productos novedosos, que no requieren mover el suelo, se pueden utilizar con un pH de 5,6 o 5,7 para evitar el ingreso a la zona ácida, porque ya tengo problemas nutricionales con esa situación”, describió. Y agregó: “le vamos a encontrar la vuelta, en Uruguay nos hemos especializado en encontrar la solución a las problemáticas agrícolas”.
A su vez, Edwin Borgi asesor técnico en Paysandú y Soriano y productor agrícola en el este de Río Negro, indicó que en Sarandí de Navarro, Río Negro, los valores PH “están bajos”, entre 5,2 y 5,4. Al tiempo que en Soriano “estamos entre 5,8 y 6,2”. En Sarandí de Navarro “estamos sobre campos arrendados, y no digo que sea imposible, pero es más difícil apuntar a la tecnología del encalado, básicamente por los números”, explicó.
También dijo que “estamos a la expectativa de ver resultados de otras tecnologías que puedan llegar a ser más sencillas, de cultivo a cultivo, y que genere resultados a corto plazo”.
Además, señaló que, “con algunos dueños de campo estamos conversando para arrancar una rotación con praderas, no solo por el pH”. La tenencia de la tierra es un factor que influye en la toma de decisiones, “porque si además de la renta hay que invertir US$ 500 o US$ 600 por hectárea para encalar, no se torna una decisión sencilla”, sostuvo. En tal sentido, dijo que en un contexto donde “el negocio agrícola está apretado, con los actuales precios y costos, el rinde de equilibrio de una soja de primera con renta incluida está por arriba de los 2.650 kilos por hectárea”.
El asesor técnico y productor en Paso de la Horqueta, Colonia, Santiago Barolín, dijo que “se toman en cuenta todos los indicadores y la información nacional que se está generando sobre la posible problemática”. En ese sentido, indicó que “tenemos todos los campos ambientados, muestreamos previo a cada cultivo cada uno de los ambientes”. Y “tenemos una base de datos bastante robusta, que nos permite diagnosticar si estamos o no ante una posible problemática; hoy no estamos haciendo correcciones de pH”, dijo, aunque “sí lo tenemos en cuenta y lo estamos empezando a evaluar”.
Barolin señaló que al momento de tomar la fuente de los fertilizantes, y si bien no son medidas correctivas, “usamos mucho Super Simple, que aporta calcio”.
Agregó que “tenemos cierta reposición por ese lado, y después también tenemos en cuenta la selección de la fuente nitrogenada, porque no todas influyen de la misma forma en la acidificación”.
Indicó que el valor promedio de pH está en torno a 5,5. “Hemos hecho algunos ensayos, porque nos gusta tener nuestros propios datos, y creo que es una es una práctica que se puede llevar a cabo incluso en campos arrendados, siempre y cuando tenga el impacto que se está empezando difundir, para que permita recuperar la inversión en el corto plazo”, señaló.
Barolin mencionó que “se tiene prácticamente toda el área bajo siembra directa, pero si la problemática está, el encalado es una práctica que se podría llevar a cabo tomando sus precauciones una vez cada cinco o seis años”. “No lo considero algo fuera de lo óptimo”, opinó.
En tanto, Martín da Costa asesor técnico en una empresa agrícola-ganadera, con riego desde hace 11 años, ubicada en el paraje el Tala, Soriano e integrante de la directiva de Regadores Unidos del Uruguay (RUU), manifestó que hoy “tenemos clara” esas dos problemáticas (acidez de los suelos y desnutrición con zinc). Señaló que en la empresa debido al tipo de suelo, las rotaciones y los altos niveles de materia orgánica “el pH no cambia tanto”. De todos modos, señaló que “se hizo un trabajo con Unicampo y en el 50% del área agrícola no hay problemas; hay un 25% del área en alerta y otro 25% con un pH por debajo de 5,4”.
Agregó que en esa parte “se están tomando acciones”, aunque “hay una restricción”, porque en el establecimiento “no se mueve el suelo hace más de 30 años, que está en siembra directa”.
Da Costa explicó que “es un foco de la empresa no mover el suelo”, así como tener “todo el campo sistematizado con terrazas”. Entonces, “lo que es trabajar con las enmiendas tradicionales, calcita, dolomita, que requieren incorporación, hoy está fuera de nuestro esquema. Estamos buscando alternativas tecnológicas para no mover el suelo, que sean aplicadas en superficie”, comentó.
Da Costa indicó que “hemos probado algunas cosas que son bastante alentadoras”, como derivados de piedra dolomítica, que tiene forma de fertilizante, aplicado en superficie. “No es súper contundente, pero es alentador, porque pasamos de un pH 5,1 a 5,6. Es una buena ayuda. Aunque la mantención de ese nivel no sería tan larga como con el encalado. Hoy aplicamos en superficie y estamos aguardando la aparición de nuevas tecnologías que nos permitan subir el pH sin mover el suelo”, dijo.
Otro de los participantes del panel fue el ingeniero agrónomo Nicolás Naredo, asesor y productor agrícola-ganadero en Durazno y Florida, donde trabaja en suelos clásicos de la región centro, en campos arrendados y con maquinaria propia.
Comentó que en la zona centro hay “un problema muy grande y no se están tomando medidas como el encalado, por el sistema de tenencia de tierra, campos 100% arrendados, contratos cortos y la presión en el barrio, que es cada vez más alta por campos”. “Todo eso impide una planificación de mediano a largo plazo”, afirmó.
“Hoy estamos con dos medidas de manejo que nos están dando resultado, por un lado, estamos viendo una variabilidad muy grande de las chacras donde producimos. Sabiendo esto hacemos una ambientación, independientemente de que ese mapa de suelo sea el mismo suelo Coneat, estamos viendo una dispersión muy grande en las chacras. Se muestrea a partir de los datos, generamos rangos de fertilización, buscando ser más eficientes con el uso de recursos”, explicó Naredo.
Agregó que en la ambientación entran todos los elementos, como fósforo, potasio, y se le pone más foco al pH. Hoy el pH promedio es de 5, con niveles de 4,6 o 4,7. “Ahí vas más al dato de pH pero mirando el fósforo también”, dijo.
“Si tengo que seguir produciendo, produzco mirando fuertemente el fertilizante, sino son las primeras chacras que salen a esa rotación corta de pasturas. Esa medida es de bajo costo, pero de alta respuesta productiva”, afirmó.
Por otro lado, Naredo indicó que está haciendo rotaciones cortas con praderas, en esquema asociativo con los dueños de los campos. “Nosotros somos agricultores 100%, entonces la fase pastoril la explota al dueño del campo”, dijo.
“Tenemos injerencia en el manejo de esas praderas, pero hasta ahí no más. Estamos tratando de poner el foco en los ambientes más marginales, en los más arenosos, que es donde esa caída de pH es mucho más abrupta”, comentó el productor.
Naredo consideró que el desafío que enfrenta como técnico asesor y como productor es “tratar de mantener el barco a flote, con estas situaciones de precio bajos y costos cada vez más altos”.
Fertilización con Zinc
El proceso productivo de alta intensidad y alta productividad también deja en evidencia otra situación: la desnutrición con zinc. “Es el primer micronutriente que muestra deficiencia y nos puede llevar entre 15% y 20% de la productividad», advirtió Hoffman.
Da Costa indico que al zinc “lo estamos teniendo en cuenta, empezamos a utilizarlo en 2017-2018”. “Hoy en día no se discute y va en todos los cultivos. El límite es 1 parte por millón (ppm), por debajo de ese nivel no se discute, aunque puede variar la dosis”, describió.
Destacó que la respuesta “es muy buena en rinde, con excelente relación costo-beneficio, aprendimos que productos se deben utilizar, al igual que el cómo y el cuándo”.
Naredo dijo que “el problema lo estamos teniendo y desde hace un par de años se fertiliza con zinc”. El promedio en la zona es de 0,5 ppm, pero con los costos y los números del negocio, “hay que verlo con los dos ojos”, comentó.
Borghi sostuvo que utiliza zinc desde hace más de cinco años y considera que no se fertiliza con ese nutriente a nivel general “porque no se ve” como otros, que generan reacción en el cultivo, pero afirmó que “sí repercute en el rendimiento”.
Agregó que lo utiliza en todos los cultivos y resaltó que “se debe romper una barrera: entrar solo a aplicar zinc, que no es fácil. Porque la aplicación foliar tiene que ser en el momento óptimo; no puede ser ni temprano ni tarde”, afirmó.
En tanto, el ingeniero agrónomo Marco Cristino, gerente de producto de la unidad Agroinsumos de Erro dijo a VERDE que “los temas analizados preocupan”, pero “nos tenemos que ocupar” con “el objetivo de aportar soluciones a las problemáticas emergentes creadas por la intensificación agrícola y el incremento de la productividad”.
Para enfrentar la acidificación de los suelos, Erro está apuntando productos que permitan bajar la aplicación a 150, 300 o 400 kilos por hectárea, frente a los 4.000 o 6.000 kilos que se demandan cuando se incorpora un enmienda calcárea. Y que generen un impacto “más rápido, más económico y que sea adaptable a la modalidad de trabajo del agricultor”.
“Hay que pensar en el sistema, pero sobre todo una respuesta rápida en el cultivo”, y el productor “no tenga que mover el suelo para incorporarlo,estamos trabajando con tecnologías innovadoras”, acotó Martino.
Informó que la investigación previa, “permite ser optimistas, pero debemos esperar la información de todos los análisis que se realizaron Unicampo y otras empresas”.
El objetivo “es llegar al mercado con un herramienta que cuente con información de respaldo. Todo eso se está procesando, al igual que los registros en el MGAP. Por lo cual puede haber algo de disponibilidad para algunas zonas del país en está zafra de verano, indicó.
Con respecto a la nutrición con Zinc, Cristino dijo que la empresa viene analizando la problemática desde la zafra 2017/2018, “se arrancó con análisis de suelos y calibrar las metodologías”. Actualmente “la información marca que gran parte del área agrícola del país tiene deficiencia de zinc”
“Estamos trabajando en fertilización foliar y de alto impacto, que debe hacerse cuando el área foliar sea la mayor posible”. Para suelos con niveles muy bajos de zinc, “se está apuntando a tecnologías de fertilizantes minigranulados al lado de la semilla, que cumplen el rol de arrancador. Hoy con esas dos estrategias se están logrando muy buenas respuestas en productividad, que promedian hasta un 20%”. Y resaltó que “si hay deficiencia la respuesta está, independientemente del ambiente y del año”.
En las últimas seis zafras es “consistente la superioridad de la genética Don Mario” en soja, con “casi 300 kilos por hectárea” de incremento en rinde, lo que representa unos US$ 106 por hectárea, destacó a VERDE el responsable del área de investigación y desarrollo de Erro Semillas, Fernando Segú.
Sostuvo que desde 2019 cuando comenzó ese estudio hubo “variaciones entre un 8% a 18%” de incremento en esos resultados productivos del cultivo, dependiendo del año, pero la respuesta es mayor en los años desafiantes desde el punto de vista climático. Esa y otras conclusiones fueron divulgadas en la reciente jornada anual de Barraca Erro, realizada en Dolores.
La genética evaluada localmente, con datos propios, comprende “más de 300 variedades” por año, de las cuales unos 60 materiales están en fase pre comercial, lo que permitió seleccionar variedades específicas de soja adaptadas a cada ambiente del país, señaló Segú.
Dijo que “quedó demostrado” que los últimos lanzamientos del grupo 6 Enlist-Conkesta, además del beneficio de control de malezas, son variedades élite con “excelente” desempeño productivo.
De cara a la próxima siembra de soja, Erro presentó tres nuevas variedades de tecnología Enlist y el portafolio llega a 13 materiales. Dentro de las variables de manejo que “podemos controlar, la información de cada una de ellas nos permite tomar decisiones de gran impacto y de costo cero”, acotó Segú.
En la semana del 14 al 20 de setiembre de 2025 se faenaron 38.949 vacunos en Uruguay, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Carnes (INAC). Esto representó una caída de 3.013 cabezas (-7,2%) frente a los 41.962 animales procesados en la semana previa.
Los novillos fueron la categoría más faenada, con 18.203 cabezas (47% del total semanal), seguidos por las vacas con 13.687 (35%) y las vaquillonas con 6.519 (17%). Entre las plantas más activas se destacaron Tacuarembó con 6.825 cabezas, San Jacinto-Nirea con 3.873, Las Piedras con 3.823, Ontilcor con 3.430, Breeders Packers Uruguay con 3.385, Carrasco con 3.362 y Establecimientos Colonia con 3.029.
En el acumulado del año la faena asciende a 1.740.396 vacunos, un incremento de 6,6% frente al mismo período de 2024. Del total, se han procesado 863.471 novillos (50%), 597.467 vacas (34%) y 250.614 vaquillonas (14%).
Los frigoríficos con mayor actividad en 2025 son Tacuarembó con 200.207 cabezas, Las Piedras con 170.310, San Jacinto-Nirea con 145.809, Ontilcor con 145.386, Pulsa con 137.480, Cledinor con 101.446, Inaler con 100.384, Carrasco con 102.721, Canelones con 91.135 y Establecimientos Colonia con 88.455. Estas diez plantas concentran el 67,4% de la faena acumulada en el año.
El mercado del ganado gordo volvió a mostrar firmeza, de acuerdo con las referencias de la Asociación de Consignatarios de Ganado (ACG). El novillo gordo se ubicó en US$ 5,39 por kilo en cuarta balanza, lo que implica una suba de 8 centavos frente a la semana anterior. La vaca gorda promedió US$ 5,09, con una mejora de 7 centavos, y la vaquillona alcanzó US$ 5,22, con un incremento de 6 centavos respecto a la referencia previa.
La salvaguardia para la carne vacuna australiana en Corea del Sur se activó el pasado 12 de setiembre, elevando el arancel de importación de 8% a 24% para lo que resta de 2025. La medida se disparó seis semanas antes que en 2024, debido al fuerte ritmo de embarques de Australia hacia ese destino, que es el cuarto mayor mercado para su carne vacuna, según datos de Meat & Livestock Australia (MLA).
En el marco del Tratado de Libre Comercio entre ambos países, Australia tenía derecho a exportar 192.206 toneladas peso embarque (tpE) de carne vacuna con un arancel preferencial de 8% en 2025. Sin embargo, el cupo se redujo a 170.659 toneladas por el traslado de 21.547 toneladas excedentes de 2024, cuando la salvaguardia se activó en octubre.
Con el nuevo arancel de 24%, la carne australiana queda en desventaja frente a la de Estados Unidos, que paga un arancel de solo 2,6% gracias a su propio acuerdo de libre comercio con Corea.
Pese al incremento arancelario, MLA destacó que la demanda de carne vacuna australiana en Corea sigue resiliente, apoyada en tres factores: Menor oferta interna: la faena de Hanwoo se ha moderado, impulsando un crecimiento de 11% en volumen y 23% en valor de las exportaciones australianas hacia Corea. Reconocimiento de marca: el 77% de los consumidores coreanos identifican positivamente la carne australiana, muy por encima de otros mercados como Indonesia (66%) y Japón (64%). Y estímulo al consumo: las políticas de estímulo del gobierno coreano están favoreciendo el gasto en alimentos, en particular en el canal gastronómico.
En los restaurantes, opciones de valor agregado como el shabu shabu (olla caliente con carne en finas láminas) ganan popularidad entre los consumidores que buscan equilibrio entre precio y calidad. Cortes como el chuck roll y el brisket se destacan por su versatilidad.
Uruguay “da garantías de calidad” y es elegido por empresas regionales para producir semillas por “tener reglas claras”, destacó a VERDE el presidente del Instituto Nacional de Semillas (Inase), Guillermo Galván. El ingeniero agrónomo (PhD. MSc.) se refirió a la continuidad institucional, la regulación público-privada y el respaldo estatal, factores que explican la preferencia de las empresas.
Además, analizó el impacto de la eliminación del Inase argentino, a los desafíos de la inoculación de semillas y las nuevas biotecnologías, y destacó que la digitalización y la inteligencia artificial serán claves para facilitar el acceso a la información técnica y la toma de decisiones en el sector.
Rol institucional y estado de situación
La misión de Inase es impulsar la producción y el uso de semilla de calidad superior e identidad comprobada. Galván comentó que cuando llegó a Inase “mi percepción y la del sector es que el instituto cumple su rol según la ley: promueve el uso de semillas de calidad y garantiza al productor y al país en la regulación de semillas”. Agregó que el sector “es sensible”, porque la calidad de la semilla “define el éxito del cultivo y afecta tanto a cada productor como a la economía”.
Por eso, señaló que el Inase tomó modelos internacionales en su organización. “En estos meses confirmé que hay un equipo humano bien estructurado, y una junta directiva con todos los actores: productores, comerciantes y usuarios de semillas”, dijo. Valoró que ese modelo de trabajo no solo lo tiene Inase, sino varios institutos agropecuarios, que es “muy efectivo”, ya que, si hay que ajustar normas para el sector, se analizan en la junta, que trabaja en forma permanente.
Parte de los cometidos institucionales de Inase consisten en fiscalizar la producción y comercialización de semillas y velar por el cumplimiento de las normas. Consultado por las mayores debilidades o riesgos en esos controles, el presidente del instituto respondió que “siempre buscamos ajustar”. Indicó que Inase controla el comercio y la calidad de toda semilla importada, que debe estar registrada en Uruguay.
Señaló que “hay riesgos, como la posible presencia de eventos transgénicos no autorizados para algunos cultivos y contrabando, porque Uruguay tiene muchas fronteras”. Agregó que en la producción nacional el objetivo es promover el uso de semilla legal en vez de bolsa blanca, y asegurar que los cultivares protegidos tengan los derechos habilitados por las empresas propietarias.
“Son desafíos presentes en el comercio. En cadenas como la papa hay problemas sanitarios específicos, por eso iniciamos la revisión de la producción de semilla de papa certificada para restablecer la confianza con el sector privado”, comentó. Además, señaló que “trabajamos junto a la Dirección General de Servicios Agrícolas (DGSA), del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en la vigilancia del HLV, una enfermedad que podría impactar al sector. Buscamos respuestas específicas para las cadenas con problemas particulares”.
Semillas de calidad superior
Sobre la definición “semillas de calidad”, el presidente del Inase explicó que “la calidad fisiológica es que la semilla germine”, por lo tanto está evaluada por el porcentaje de germinación. La calidad sanitaria, en tanto, significa que la semilla no porte enfermedades, indicó. Y la calidad genética se asegura siguiendo esquemas de certificación, como multiplicaciones controladas desde la semilla básica de quien mantiene la variedad, según el estándar específico de cada cultivo, detalló.
Galván destacó que la calidad termina en un certificado, y en el mercado interno la etiqueta de Inase garantiza que la semilla cumple todas las normas, especialmente para las certificadas. “Inase emite esta etiqueta. Esa garantía también cuenta con certificados internacionales en el caso de exportación, porque Uruguay exporta soja contraestación a Estados Unidos y forrajeras a Brasil, Europa y China”, subrayó.
En esos casos, se emite el certificado OSVCD, de la Organización de Comercio; o el ISTA, de la Asociación Internacional de Pruebas de Semillas, ya que INASE es un laboratorio reconocido por ISTA y sus certificados tienen validez internacional, exigidos por Europa.
“Cada semilla debe cumplir estándares definidos por cultivo, como un porcentaje mínimo de germinación, según la especie. Lo relevante es cómo se garantiza esa calidad con la etiqueta de Inase o certificados internacionales”, remarcó.
Cultivares nacionales
Galván valoró que Uruguay tiene genética nacional fuerte en ciertos cultivos, mientras que en otros predomina la importada, sobre todo híbridos y transgénicos como soja o maíz. En horticultura, tomate y morrón se usan mayormente variedades extranjeras, mientras que en trigo el programa del INIA lleva más de 100 años y sus cultivares nacionales ocupan “una parte importante del área”, describió.
En arroz más del 90% del área se siembra con cultivares desarrollados por INIA, gracias a una articulación efectiva entre los sectores privado y público, desde el desarrollo genético hasta la certificación. “Esto potencia la producción, la industria, la exportación y el rol regional, sobre todo en la frontera con Brasil”, valoró el presidente del Inase.
El citrus es otro sector “exitoso, en crecimiento, con articulación público-privada y nuevas plantaciones”, señaló. A propósito, comentó que INIA hizo un acuerdo con una empresa española para posicionar variedades nacionales en el hemisferio norte, apuntando a mercados durante todo el año.
En ese rubro hay grandes inversiones en tecnología de empaque y han surgido mercados como Estados Unidos. Para este éxito, “el desarrollo de variedades de INIA y el programa de producción y certificación de plantas saneadas con Inase han sido determinantes”, consideró.
Mientras que en horticultura, se destacan cebolla y boniato, ambos con variedades nacionales. “El boniato uruguayo se exporta y empresas argentinas ya producen en base a esa genética”, dijo el jerarca.
Evaluación Nacional de Cultivares
Galván destacó que ha existido continuidad en los lineamientos de Inase a través de los distintos gobiernos, y los planes estratégicos institucionales se mantienen cada cinco años con objetivos similares. Uno de los desafíos ha sido el acceso y la facilidad para que productores, técnicos y asesores accedan a la información de la Evaluación Nacional de Cultivares.
Señaló que el objetivo es digitalizar toda la información, con interfaces más accesibles para que los usuarios puedan buscar datos, comparar cultivares y obtener resultados fácilmente. Agregó que se está trabajando para que todo esté concentrado y se contemple la opción de comparar materiales usando incluso inteligencia artificial. Y explicó que el foco está en los últimos cinco años de información, ya que los cultivares van cambiando.
También valoró que la digitalización de procedimientos “ha avanzado: importaciones, certificación de cultivos y solicitudes de etiquetas, todo es cada vez más ágil y menos costoso para el usuario”.
Y otro rol de Inase es habilitar laboratorios privados en todo el país, donde hay unos 40, así como realizar auditorías y capacitaciones constantes para los encargados y analistas, asegurando que cumplan sus funciones.
También señaló que hay cooperación con Facultad de Agronomía, buscando formalizar un convenio que refuerce la formación en calidad, producción de semillas, certificación y otros aspectos, uniendo áreas técnicas de Inase y disciplinas generales de dicha facultad, como fisiología de semillas o manejo de cultivos.
Efervescencia de los insumos biológicos
El presidente del Inase publicó en Linkedin que hay una “efervescencia en el uso de insumos biológicos como la inoculación de semillas con promotores de crecimiento”. A propósito, destacó a VERDE que ese “es un tema apasionante, porque estamos al comienzo de una revolución biológica con el uso de microorganismos promotores de crecimiento, ahora inoculados directamente en la semilla”.
Admitió que desde lo normativo “es complejo”, ya que las semillas son competencia de Inase y el control de microorganismos está a cargo de la DGSA. Consideró que esto “va a requerir mucha coordinación. Por ejemplo, si una semilla importada no declara inoculación, hoy no hay controles sobre qué microorganismos contiene, y eso es un desafío que tendremos que afrontar con nuevas normativas”.
Agregó que se trata de “un campo nuevo, donde hay que avanzar, no solo para dar garantías al productor sobre la calidad de la semilla, sino porque es algo que el país debe impulsar”.
Además, señaló que el MGAP tiene un programa nacional de bioinsumos para estimular estos productos, que ayudan a una producción más natural y agroecológica, y “seguramente seguirán avanzando en los cultivos extensivos”. Planteó que “la meta es obtener mayores rendimientos a través de procesos biológicos positivos, promoviendo simbiosis entre cultivos y microorganismos”.
Agregó que en Inase también se está trabajando con las semillas recubiertas, asunto que está en tratamiento en la junta directiva del organismo. Galván explicó que son semillas recubiertas para facilitar la siembra, modificar su forma, o incorporar fitosanitarios, fungicidas y también microorganismos promotores de crecimiento o de control de enfermedades.
“Hoy se está analizando si es necesario tener una normativa específica para semillas recubiertas, porque es más difícil controlar pureza o presencia de malezas. El análisis de calidad debe adaptarse a este tipo de semilla, que ya está presente en el mercado, especialmente en forrajeras y leguminosas”, indicó.
Eventos transgénicos
Uruguay ya aprobó 52 eventos transgénicos de soja y maíz entre 1996 y 2025, y en marzo de 2024 se creó un grupo técnico mixto entre el MGAP, el Ministerio de Ambiente, INIA e Inase para definir si organismos obtenidos con nuevas técnicas como Crispr deben considerarse organismos genéticamente modificados (OGM).
Galván comentó que en Uruguay existe un mecanismo para aprobar transgénicos que “funciona y, por lo general, cumple los plazos para las solicitudes de las empresas”. Agregó que para la edición génica, que es algo nuevo, “se abrió una discusión y hoy ya hay una regulación: hay un decreto que establece que cada caso se analizará igual que los transgénicos, con comisiones técnicas interinstitucionales que definirán si estos productos de nuevas tecnologías de edición génica deben seguir ese mecanismo de aprobación”.
En la práctica, si bien Uruguay cuenta con soja y maíz transgénicos aprobados bajo un sistema regulatorio acordado, en otros cultivos como trigo o arroz existe cierta resistencia, incluso desde el propio sector productivo, a incorporar transgénicos.
“Esto se debe a lo que implicaría la segregación de la producción: habría que mantener una cadena diferenciada para el trigo o el arroz transgénico desde la cosecha, acopio y venta, separada de la no transgénica. Esas son decisiones que se deben tomar a nivel país, porque van más allá del mecanismo de bioseguridad”, afirmó el representante del Poder Ejecutivo en la junta directiva del Inase.
Pero también se da la situación inversa, según analizó. Ya que para producir soja no transgénica y abastecer mercados en Europa, Uruguay se encuentra limitado por la predominancia de la soja transgénica, ya que una producción a gran escala de soja no transgénica requeriría segregar toda la cadena productiva, lo que implica costos muy altos. Y también señaló que hay una metodología para tratar los productos de nuevas técnicas de mejoramiento biotecnológico.
Acceso, sostenibilidad y recursos genéticos
El acceso a semilla certificada suele mencionarse como un desafío, especialmente para productores pequeños o medianos, por cuestiones de costo u otras limitantes. A propósito, Galván sostuvo que “la semilla legal predomina en Uruguay”. Afirmó que la semilla certificada o comercial, controlada por Inase o importada legalmente, “es la principal en la mayoría de los cultivos”. Reconoció que “siempre existe un margen de semilla ilegal, pero es mínimo y se procura mantener el control”.
Señaló que Inase cumple un rol de control, pero no solo como fiscalizador. “En muchos cultivos es una garantía importante para proteger la producción, evitando el ingreso de problemas sanitarios o malezas prohibidas que podrían volverse invasoras”, destacó.
Conservación de la biodiversidad
Uruguay adhirió al Tratado Internacional sobre Recursos Fitogenéticos, ratificó el Protocolo de Nagoya en 2014 y cuenta con bancos de germoplasma gestionados por INIA y la Universidad de la República para conservar la biodiversidad local. Consultado sobre las propuestas de Inase para trabajar con esas instituciones para proteger la soberanía de recursos genéticos y evitar que materiales estratégicos queden en manos exclusivas de empresas extranjeras, el presidente del instituto opinó que “tienen que haber mecanismos regulatorios para el acceso a los recursos genéticos, pero también para el acceso a todos los recursos en general”.
“Como país tenemos que darnos marcos normativos”, dijo. Señaló que así como en Uruguay existen normativas para el cuidado del suelo, “también tiene que haber un marco normativo y límites para la deforestación en lugares como el Amazonas o el Chaco”. Sostuvo que “no se puede, por producir más o porque sea negocio vender granos a China, perder o atentar contra los ecosistemas naturales”. “Son cosas donde, como humanidad, necesitamos marcos normativos”, reclamó.
Enfatizó que para los recursos genéticos de las especies cultivadas y de las especies alimenticias en general, que son el sustento para la humanidad y para las generaciones futuras, “tiene que existir un acceso regulado”. “No sé si necesariamente tiene que estar en manos de los estados, las compañías privadas también cumplen un rol importante en el avance genético en el sector semillas. Pero es un tema que debe estar arriba de la mesa, como discusión. Hay que darnos formas de ordenamiento y organización que aseguren el avance en el mejoramiento genético, el desarrollo de variedades, y que permitan el avance en la producción de alimentos a nivel mundial”, opinó.
“Veo que las semillas son un factor clave en la producción agrícola. No es lo único: también hay que cuidar los suelos, el ambiente en general y las condiciones de los trabajadores. Todo tiene que llevar a que sea un proceso virtuoso”, planteó.
Contexto regional y político
Argentina eliminó su Inase y reestructuró el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), subordinándolo en la Secretaría de Agricultura. Galván opinó que “en eso hay un retroceso, desde el punto de vista organizativo”. Consideró que en ese sentido “el modelo uruguayo es adecuado para cumplir las funciones, porque es un instituto independiente, pero con una fuerte organización público-privada”.
Agregó que en la junta directiva del Inase uruguayo están representados los directamente involucrados, como productores semilleristas, comerciantes y usuarios de semillas, lo que da la oportunidad de ir ajustando las normativas de producción de semillas, las exigencias de calidad, la protección de los cultivadores, de forma permanente.
“Uruguay tiene un modelo que da garantías, y eso nos lo han hecho saber algunas empresas de forrajera –uno de los sectores más importantes en Uruguay–, que están presentes en Argentina y Brasil, y sin embargo prefieren producir semillas en Uruguay y exportarlas a los otros mercados, porque aquí hay reglas claras en cuanto y se dan garantías de calidad para acceder a esos mercados”, expresó.
En su columna en La Diaria Galván cuestionó que el ministro argentino de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, comparara semillas con alfajores o teléfonos celulares, y dijera que la semilla “es un insumo más”.
“Creo que la semilla es un insumo muy sensible para los productores y, en el fondo, para el país. El productor que compra una semilla, si no es de buena calidad y no nace después, no le alcanza con que la empresa le devuelva el dinero. El productor ya hizo todo el esfuerzo en plantar y puede perder el año agrícola, todo el negocio que tenía pensado”, sostuvo.
Y agregó: “Por eso es un insumo muy sensible, y por eso interviene el Estado como tercera parte en la regulación del comercio de semillas entre quien vende y quien compra. Todos nos hemos puesto de acuerdo en que deben haber garantías mínimas de calidad en las semillas”.
Argumentó que “el Estado interviene a través de la ley: no necesariamente tiene que emitir un certificado de Inase, pero sí dar garantías mínimas, porque sino, todo el proceso productivo está en riesgo. Eso es lo que tenemos hasta ahora”.
Consideró que “no sería bueno tener un mercado de semillas sin reglas claras, con semillas de alfalfa que se vendan a distintos precios, según la calidad, y que cada productor pueda elegir comprar una mala semilla”. Aseguró que “eso pone en riesgo la producción del predio y genera riesgos sanitarios, enfermedades en los cultivos y problemas de malezas”.
Afirmó que esa situación “distorsiona el mercado y los procesos productivos subsiguientes”, y por eso destacó la importancia del rol de Inase, “que está marcado por la ley, en la defensa de las semillas de calidad”.
Perspectivas y desafíos estratégicos
Galván fue consultado sobre los tres grandes desafíos que tiene Inase en su futuro inmediato. Respondió que “una de las líneas de acción es dar respuesta a cadenas específicas, como la papa o los citrus, y también en el tema de variedades criollas, que los productores cultivan para uso propio, y que en general quedan fuera del ámbito de acción del Inase, ya que el instituto está más centrado en semillas destinadas a la comercialización”. Afirmó que en todas esas cadenas se busca avanzar con normativas específicas en este período.
Por otro lado, Inase tiene entre sus cometidos el apoyo a la exportación de semillas. “El rol principal del instituto es dar garantías de calidad en los procesos, pero también seguir adecuándose a lo que exigen los mercados del exterior en materia de certificaciones y calidad, y acompañar todos los procesos productivos para que eso sea posible”, dijo.
A modo de ejemplo, planteó que “ahora estamos con este convenio con la Facultad de Agronomía, pero la idea es ponerlo en un marco de cooperación interinstitucional más general”. Agregó que “buscamos profundizar la innovación de procesos internos, tanto en laboratorio como en certificación y evaluación de variedades, y avanzar en la cooperación dentro del Estado, y también con el sector privado, incluyendo empresas que tienen sus propias evaluaciones de cultivares”. Concluyó que “el objetivo es tener cada vez mayor capacidad y apuntar a un crecimiento del Inase en todos los sentidos”.
Sobre el presidente de Inase
Guillermo Galván es ingeniero agrónomo (Universidad de la República), doctor en mejoramiento genético vegetal (Universidad Wageningen) e investigador Nivel II (Sistema Nacional de Investigación). Profesor Grado 5 en producción de hortalizas y mejoramiento vegetal (Facultad de Agronomía), dirigió la sede Centro Regional Sur y fue integrante titular del Consejo de Facultad de Agronomía. Participó en más de cuarenta publicaciones sobre mejoramiento, recursos genéticos y producción hortícola, siempre vinculado al sector a través del desarrollo y difusión de nuevas variedades y semillas certificadas.
Nota de Revista Verde N° 123 – Redacción: Sofia de León
En un contexto en el que la ecuación económica de la producción agrícola se presenta ajustada, la posibilidad de achicar la brecha entre los kilos cosechados y el potencial de cada cultivo es un asunto clave.
Con ese objetivo que se creó Brechas, un programa global de Corteva y Pioneer que “mide las diferencias entre los potenciales máximos que puede tener un cultivo en un país y lo que realmente ese país obtiene”, y “viene a juntar dos mundos: el público y privado”, para “mejorar los rendimientos” en una región, dijo a VERDE el líder del área de semillas de Corteva para el Cono Sur, Hugo Minnucci.
A modo de ejemplo, el ejecutivo señaló que un cultivo de maíz puede tener un potencial de rinde de 10.000 kilos por hectárea, pero se logran 5.000 kilos. Esto se explica por el hecho de que las tecnologías disponibles pueden lograr esos 10.000 kilos por hectárea y, sin embargo, eso no se logra, porque no se fertiliza o no se utiliza la densidad como corresponde.
En cuanto a la operativa del programa, estas empresas organizaron un concurso con el armado de equipos con los “mejores técnicos de cada región”, que deben lograr tres módulos: uno sobre el “manejo del productor”, que es el rendimiento que logra en determinada región, otro módulo de “alto potencial” de rinde y un tercero vinculado a que el grupo logre “reducir la brecha entre el techo y el piso, pero que económicamente sea mejor que el cultivo base”, comentó.
Acotó: “el juego está en que el ganador tiene que lograr más kilos, pero haciendo ganar más plata al productor”. “Esto lo lanzamos el año pasado en Argentina, en ocho regiones diferentes”, además “hay un proyecto similar en Estados Unidos, y este año se lanzó en Uruguay”, con “tres equipos diferentes que van a competir entre sí para achicar las brechas”, sostuvo.
Desafíos y barreras
Respecto al funcionamiento del programa Brechas, Juan Diego Cano, de Rutilan, representante de Corteva en Uruguay, dijo a VERDE que se conformarán tres grupos que trabajarán en cultivos de maíz y soja, de primera y segunda, en secano y bajo riego, con “desafíos y barreras distintas a superar”. Luego habrá un comité evaluador, integrado por las instituciones y empresas que forman parte del programa y analizará los resultados.
El investigador del Comité de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), de Argentina, y docente de la Universidad de Buenos Aires, José Andrade, resaltó que “la brecha de rendimiento es la diferencia entre el rendimiento potencial que se puede lograr en un ambiente productivo y el rendimiento que realmente logran los productores”.
“Uno como investigador aspira a que los productores levanten este desafío de cerrar las brechas, es decir, de acercarse al potencial de una manera que sea costo efectiva y ambientalmente amigable”, planteó.
Consideró que es “una movida muy interesante, que en esta oportunidad el sector privado ha levantado el guante a tomar este tema, que surgió ya hace muchos años”. Las empresas que lideran este programa “vieron la oportunidad de llegar a sus clientes, a los productores y a los asesores, de una manera muy efectiva, que es desafiarlos a que cierren las brechas”, valoró.
Es una “oportunidad única en la cual vamos a ver interactuando el sector público, el sector privado, no solo desde las instituciones, desde las empresas, sino también desde los productores, que son los que van a interactuar entre ellos en busca de alternativas para cerrar esa brecha y aumentar los rendimientos”, sostuvo.
Andrade comentó que “generalmente las brechas más amplias se encuentran en los cereales, dado que las dosis de fertilizante muchas veces no llegan a suplir la demanda”.
En el caso de las oleaginosas, como la soja, por el hecho de “fijar su propio nitrógeno en una gran proporción, generalmente tiene brechas más cortas”, indicó.
Enfatizó que “las brechas son más amplias en los cereales y también en ambientes que son, en cierta manera, impredecibles”.
Y “el productor tiende a protegerse con prácticas de manejo defensivas, en ambientes donde sabe que puede haber algún déficit hídrico o el suelo puede generar algún tipo de limitación”, dijo.
Andrade señaló que por eso el productor “no presiona tanto sobre el sistema, no va a una táctica ofensiva”. Eso hace que en los años muy buenos, cuando llueve más de lo esperado, se pierda margen de rendimiento, por quedarse a la defensiva, pensando que el año sería más seco.
Para la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, este programa implica una oportunidad “muy interesante” en cuanto contar con un “ámbito de interacción” entre la academia y el sector productivo, para hacer llegar resultados y poder “pasar de lo conceptual a lo técnico y práctico”, destacó a VERDE el docente de esa casa de estudios, Gonzalo Rizzo.
Las últimas estimaciones de brechas, de un proyecto iniciado en 2015 en Facultad de Agronomía, marcan que “en el cultivo de soja hay unos 1.000 kilos para ganar” en rendimiento, y en el caso del maíz la diferencia es de “3.000 kilos” por hectárea, al igual que en el trigo, que tiene espacio para crecer en productividad.
El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) también tiene participación en el programa Brechas, mediante apoyo técnico. “En maíz bajo riego los productores están llegando a bastante potencial”, por lo que hay “poco por achicar la brecha” y “el camino está bastante trazado”, señaló el director del Sistema Agrícola-Ganadero del INIA, Sebastián Mazzilli.
Agregó que sin riego “el tema pasa por el manejo defensivo del cultivo”. Hay que “acompañar” los nuevos materiales “con fertilización nitrogenada” y “el objetivo más grande es ser eficiente para dejar el menor impacto ambiental posible”.
Comparó que en el caso de la soja el potencial “es totalmente distinto”. Indicó que “existen los cultivares y hay una cantidad de problemas a nivel de campo para alcanzarlo”. Entre los factores que explican eso no se identifica a la genética, sostuvo.
El técnico de Regadores Unidos de Uruguay, Santiago Arana, destacó que Brechas está en línea con los objetivos de esta gremial, que en sus primeros años planteó la estrategia de “subir pisos” en los rindes de los cultivos, y luego de avanzar en esto pasó a apuntar a la “maximización” de los sistemas de riego, para crecer en productividad.
Para el director de Pronutrition, Pedro Rossini, lo significativo es que participan “empresas que ponen en práctica tecnologías y herramientas para tratar de mejorar los rendimientos y reducir las brechas” productivas y económicas, “sin descuidar cuánto estamos gastando y qué márgenes estamos teniendo”.
“Poner sobre la mesa la tecnología de la agricultura de precisión que presenta nuestra empresa, está alineada al objetivo”, señaló.
El productor Javier Figares, quién participa de Brechas, consideró que el programa es “interesante” para intercambiar entre técnicos y productores, que tienen el propósito de disminuir las brechas entre los potenciales y lo que se termina logrando productivamente en los cultivos agrícolas.
Su colega Santiago Barolin señaló que es una “muy buena iniciativa”, que tiene el desafío de generar “buena información y aporte a los agrónomos y al sector”. “Buscar maximizar la producción y el uso de los recursos es uno de los focos clave que debemos tener a nivel país”, por lo que “acortar las brechas es un buen puntapié” en ese sentido, sostuvo.
La “gran virtud” de la tecnología Pioneer
“Hemos crecido significativamente en la región, no solamente en maíz, también estamos con soja como cultivo muy importante”, destacó a VERDE el gerente de Semillas de Corteva para el Cono Sur, Hugo Minucci.
Dijo que esto “se debe a Rutilan, en Uruguay, y su capacidad técnica, tenemos un distribuidor que es clave, nuestra genética que permitió posicionar híbridos de maíz y variedades de soja tope de gama en rendimiento genético, y la biotecnología”.
“Hemos logrado el lanzamiento de maíces Enlist, maíces Utra Enlist, que tienen la mayor protección biotecnológica, tanto para malezas como para insectos”, señaló. Y agregó que “se ha lanzado soja Enlist, lo que también es algo revolucionario”.
Consultado sobre si pesa más la genética que la biotecnología en maíz, Minucci graficó: “si tenés buen motor, pero no tenés un buen chasis”, entonces “no va a funcionar; la combinación es lo mejor, pero la carrera siempre es genética”.
La “gran virtud” de Pioneer en el mundo es que “tiene todas las características agronómicas que tiene que tener un programa de breeding (mejoramiento genético) en la mano”, afirmó.
Sostuvo: “tenemos el banco de germoplasma más importante del mundo y programas que generen adaptación local a los ambientes”.
Por otra parte, el ejecutivo recordó que hace unos cuantos años Corteva decidió participar del cultivo de soja, sobre todo en Argentina, que “no tiene una ley de semillas, y manejar un cultivo sin ley de semillas podía ser un riesgo”.
“Hubo que diseñar un sistema de captura de valor y demás cuestiones”, y básicamente de la mano del Enlist, junto a productos genéticamente superiores, estamos generando un potencial enorme en el cultivo de soja. Hoy en Uruguay estamos con la marca Pioneer y con genética absolutamente competitiva”, enfatizó.
Nota de Revista Verde N° 123 – Redacción: Mauro Florentin
Se espera el lanzamiento de nuevos herbicidas, desarrollados con inteligencia artificial, pero serán para resistencias puntuales, adelantó el experto argentino Ramón Gijón
El uso intensivo de herbicidas, principalmente de glifosato, ha ido seleccionando biotipos resistentes de malezas. “Vamos agregando algunos otros productos, pero sigue apareciendo la resistencia. El herbicida sigue siendo la base, pero tenemos que pensar en alguna otra estrategia, de manejo integrado, donde pueden entrar alguna labranza, algún cultivo de cobertura, y sobre todo la rotación de los cultivos, que es la base del control”, dijo el especialista argentino Ramón Gijón.
El experto participó del lanzamiento de la zafra de maíz de Nidera Semillas y Agrocentro, realizado en Paso de los Toros (Tacuarembó), donde describió que está trabajando mucho con los herbicidas que existen desde hace mucho tiempo, combinándolos con otras herramientas de manejo integrado.
El ingeniero agrónomo observó que la tasa de aparición de biotipos resistentes en Argentina “no se frena”. También señaló que varios productores han vuelto a algunas herramientas tradicionales, mecánicas. Pero sostuvo que “solamente en la mecánica no está la solución, sino en buscar las integraciones entre lo mecánica, cultivo de cobertura y químico”, dijo.
Además, destacó que en planteos donde entra la ganadería “hay mucho menos avance de resistencia”. En tal sentido, llamó a “tratar de diversificar al máximo el sistema, con una rotación de varios cultivos”, algo que “hace que el avance de la resistencia lo podamos, al menos, retrasar”. Sostuvo que “los mayores problemas se dan con la agricultura continua, sobre todo sin rotar modos de acción de herbicidas”.
Afirmó que “lo ideal es aprovechar la tecnología que tenemos a disposición”, como los materiales Enlist, Clearfield, glifosato y los preemergentes. “Creo que el productor debería usar un año uno, y al otro año otro, y no casarse con determinada tecnología, porque así se generan los problemas”, dijo. Aunque reconoció que esto “es muy difícil”, porque “es algo propio del ser humano, que cuando a uno le funciona bien una tecnología la quiere seguir usando”.
A propósito, comentó que un productor que está conforme con el desempeño de una tecnología la vuelve a usar al siguiente, y al otro año de nuevo, y “así se empieza a generar esa selección con el herbicida”.
“Lo ideal sería rotar las tecnologías, y además que hagan otro cultivo, donde se hizo cultivo de verano se debería hacer cultivo de invierno. Pero todas las tecnologías tienen su posicionamiento, y no hay que pasarse totalmente a una y abandonar las otras porque no le funcionan tan bien. Las tecnologías más antiguas siguen siendo herramientas válidas, y las podemos combinar e integrar con las nuevas, para confundir a las malezas y que no se genere resistencia”, recomendó.
Gijón consideró que de a poco los productores son más conscientes de esta realidad y ponen en práctica estas recomendaciones, sobre todo por parte de quienes son propietarios de la tierra.
Comentó que en Argentina “muchos productores o hijos de productores han vuelto al campo, y por ahí vienen con otra filosofía, de cuidar el suelo, de pensar a futuro”. Analizó que muchas veces los campos arrendados se manejan con una mirada cortoplacista, buscando soluciones momentáneas, sin pensar en el manejo de malezas a futuro.
“Las malezas están en el suelo y hay que pensar en ese banco de semillas, en cómo lo podemos ir agotando, y ese manejo integral es el que nos va a ayudar”, remarcó.
Otra de las razones que llevan a que el productor adopte cada vez más esta estrategia tiene que ver con los cotos, porque “el paquete tecnológico de herbicidas le sale muy caro, y los márgenes en la rentabilidad son muy finitos, y muchas veces no le queda otra que volver a esas estrategias más integradas”, indicó.
Experiencia en el sur de Buenos Aires
El especialista relató la experiencia en la zona sur de la provincia de Buenos Aires, donde los cultivos de trigo y cebada “son los más importantes, y los productores fueron aumentando el paquete tecnológico cada vez más, hasta que llegó un momento en que los números empezaron a ser muy finitos”. Explicó que en aquella región “hay muy poca rotación con (semilla) gruesa, y los mayores problemas son con raigrás con resistencia múltiple”.
Señaló que los productores seguían haciendo trigo sobre trigo, y “metiendo un paquete tecnológico cada vez más caro, hasta que la rentabilidad era muy escasa, y empezó a sembrar maíz, con cero tecnología, porque en esos lotes no había gramíneas ni malezas de hoja ancha, solo raigrás, usando baja densidad, porque es una zona semiárida; y así le fue buscando la vuelta con otro cultivo”.
Pero también señaló que luego de tres años seguidos de maíz, porque no pueden volver a (semilla) fina, “empiezan a tener problemas de malezas de verano, y tienen que empezar a gastar de vuelta, y el número se vuelve a hacer más finito”.
Por eso, insistió en la importancia de la rotación. “No hacer un solo cultivo es lo ideal, es la forma de no llegar a tener que usar esos paquetes tecnológicos de herbicidas tan caros”, dijo. Además, advirtió que “llega un momento en el que también estamos generando un impacto ambiental, que no lo estamos midiendo, así como a una rentabilidad muy finita”.
Las tecnologías que se vienen
El ingeniero agrónomo argentino adelantó que “lo interesante es que ahora empiezan a aparecer algunos herbicidas nuevos, como una luz en el camino”. De todos modos aclaró que “tampoco es algo mágico como lo era el glifosato, sino que son productos que van a funcionar para determinado nicho”. E insistió en que la sustentabilidad a futuro debería ser con rotación y manejo integral.
Comentó que “estamos trabajando con las grandes multinacionales, que empezaron a desarrollar nuevos herbicidas”. Detalló que tecnologías como la inteligencia artificial “están dando una mano muy grande, y de manera acelerada, en el diseño de moléculas”. Señaló que antes, se diseñaba un herbicida a prueba y error, “pero ahora ya hay tecnología que permite diseñar un herbicida que va a controlar una maleza, que tiene una mutación que ya se conoce”.
El experto confirmó que “vamos a tener nuevas moléculas, pero van a ser para malezas y resistencias puntuales”. Por lo tanto, el productor ya debería conocer qué tipo de resistencia tiene su maleza, para usar un herbicida específico y así controlar ese biotipo en particular. “En ese sentido habrá un avance grande”, valoró.
Además, destacó que la biotecnología “también sigue ayudando en cultivos resistentes a herbicidas que no estamos utilizando, como soja resistente a HPPD (Hidroxifenil Piruvato Dioxigenase), por ejemplo”.
Las fijaciones o ventas anticipadas de granos en la plaza local se mantienen muy por debajo de lo habitual para esta época del año, observó Davy Dufour, director de Dufour Commodities, en su análisis semanal que se publica en la web de la empresa.
En el caso de la cebada, con un precio en torno a US$ 192 por tonelada, la referencia no resulta atractiva para los productores y está por debajo de lo presupuestado. “Recordemos que el precio de la cebada es el 100% de la posición del trigo diciembre en Chicago, y las chances de cambio en el corto plazo son bajas, al igual que para la mayoría de los granos”, apuntó.
Respecto al trigo de la zafra 2025/26, la exportación muestra valores de US$ 195 por tonelada puesta en acopio Palmira/Montevideo, lo que “no da para apurarse más teniendo en cuenta todos los ítems de calidad”, señaló.
Por el lado de la colza, se observa algo más de actividad en las fijaciones: “cuando toca los US$ 500 por tonelada algún productor decide fijar algunos kilos”, comentó.
En cuanto a la soja nueva, aunque todavía no comenzó la siembra, algunos productores han concretado ventas en el rango de US$ 365-370 por tonelada (acopio Palmira/Montevideo), y “sobre todo muchos han fijado puntos aprovechando los precios sobre la posición julio 2026”.
Dufour destacó que la ganadería sigue traccionando y esto es un factor a valorar. “Los maíces de segunda se vendieron en un promedio de US$ 170/180 por tonelada a levantar de chacra sin acondicionamiento, y hoy la posición diciembre Chicago está en el orden de los US$ 167 por tonelada (seco, sano y limpio), lo que sería una referencia para la exportación nacional”.
En el mercado local, el maíz disponible seco, sano y limpio se negocia en torno a US$ 215-220 por tonelada a levantar de planta, con demanda estable. Además, está ingresando maíz paraguayo en contenedores a US$ 230 la tonelada puesto en destino, mientras que a granel llega en el eje de US$ 240 la tonelada.