Apuntan a que los nuevos materiales sean más productivos que los que actualmente están en el mercado, y que se adapten a los suelos uruguayos de menor potencial
Barenbrug y el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), firmaron un acuerdo para desarrollar y comercializar nuevas variedades de alfalfa en Uruguay, que sean más productivas a las que actualmente están disponibles en el mercado, y que se adapten a los suelos de menor potencial.
Juan Bologna, gerente de Semillas de Barenbrug, destacó a VERDE que este acuerdo “es un hito importante”, tanto para la empresa como para el proceso de reconversión de la base forrajera en Uruguay, porque “implica el mejoramiento genético de una especie que ha sido relegada en los últimos años y que tiene muchísimo potencial de producción de leche, carne y lana”.
Anunció que este fue “el comienzo de una relación con INIA”, y que próximamente realizarán el “lanzamiento de varias otras líneas de trabajo, no solo en el mejoramiento de forrajeras sino también en validación y difusión de tecnologías novedosas de manejo de pasturas”.
Comentó que desde Barenbrug es un “reconocimiento a la capacidad de INIA como equipo de mejoramiento genético y de Uruguay como una plataforma regional para la creación y lanzamiento de nuevos productos para los sectores de producción de carne y leche, como Argentina y Brasil, y también a nivel global”.
Enfatizó que “este es el único proyecto que hay en el país basado en alfalfa. Si bien INIA tiene vasta experiencia en el mejoramiento de algunas gramíneas perennes, como festucas o especies anuales como raigrás, lotus o trébol rojo, todavía no habíamos incursionado en alfalfa”.
Este año comienza la evaluación de líneas promisorias de alfalfas que aporta tanto Barenbrug como INIA. “Ese es un diferencial importante que tiene este proyecto, porque es colaborativo, con aporte de genética y tecnología de ambas partes”, valoró Bologna.
Para Barenbrug se trata, además, de un programa de interés estratégico global, para validar técnicas novedosas de mejoramiento genético, explicó. Este año se identificarán las alfalfas superiores y se organizarán los cruzamientos para obtener las primeras variedades.
“Si todo marcha de acuerdo al cronograma que se estableció en el análisis de factibilidad de este proyecto, tendríamos en 2026 los primeros cultivares prontos para su comercialización o registro”, detalló.
El gerente de Semillas de Barenbrug remarcó que se trata de una inversión “muy importante, realizada en partes iguales con INIA. Es un acuerdo colaborativo y participativo, porque apenas podamos, las líneas avanzadas que sean promisorias serán evaluadas a escala comercial”.
Con ese fin se seleccionarán productos en Uruguay, Argentina y otros mercados. “Vamos a estar muy atentos a lo que los productores requieren, siempre dentro del marco de mejoramiento genético que involucra a este proyecto”, comentó. Además, se refirió a una experiencia similar en Australia, con el instituto Sardi; y con el INRA en Francia.
Describió que este proyecto viene de dos años y medio de discusión técnica, análisis y proyección de mercado. “Lo que lo hace diferente, que es lo que más nos atrae, son los objetivos concretos de mejoramiento genético. Estamos apostando a tener variedades de alfalfa que tengan mejor adaptación, que produzcan 5% más que las mejores que hoy están en el país, como Crioula y Chaná. Y que además tengan mayor resistencia a enfermedades, mayor persistencia”, subrayó.
Agregó que se plantean una segunda línea de trabajo, que “apunta al valor nutritivo, a la calidad forrajera de la alfalfa, tendiendo a producir cultivares que tengan, por ejemplo, 15% más energía metabolizable y más 20% proteína. Y aparece un proceso muy interesante del desarrollo de esas líneas, que pueden terminar tanto en la creación como en el descubrimiento de líneas adaptadas al pastoreo, como de otras adaptadas a pastoreo de mezclas con gramíneas. Líneas que se especialicen por ciclo y tipo de plantas. Por ejemplo: para la producción de heno de alta calidad, para un sector chico, pero con buen potencial de exportación de ese producto”.
Bologna concluyó que “es un desafío importante, porque como todo el programa se basa en la selección de alfalfa por adaptación a suelos ácidos, apostamos a expandir el uso de la alfalfa fuera del sector lechero, que está en buenos suelos, para que contribuya a estabilizar la oferta de los verdeos de invierno, complemente a la producción de campo natural, y que al productor le sirva por implicar nuevas tecnologías de manejo de pasturas y nuevos diseños de sistemas de producción de carne, leche y lana, como está sucediendo en Nueva Zelanda”.
El rol de INIA
José Bonica, presidente del INIA, destacó el “largo historial” del instituto en relacionarse con empresas privadas. “Entendemos que trabajando en equipo se generan situaciones ganar-ganar. En este caso lo distinto es que llegamos a una alianza temprana. Antes de tener el producto desarrollado ya estamos pactando con la empresa”, explicó.
Valoró que “esto nos genera ventajas y fortalezas; asegura obtener antes los nuevos productos, pero además genera nuevas y mejores vías de comercialización. Estamos apostando al paquete integrado. Buscamos lograr nuevas variedades de alfalfa, que muevan la frontera de la zona tradicional; queremos llegar a otros suelos, con nuevas variedades que se adapten a esas realidades”, enfatizó.
Bonica explicó que, si bien ya se está trabajando, “hay que considerar que estos procesos llevan tiempo; por eso hay que empezar cuanto antes”. Agregó que “la expectativa es tener las nuevas variedades disponibles para el mercado en 2026. Esto es biología, los mejoradores tienen su trabajo para hacer, a veces se encuentra rápido lo que se busca y a veces no. Pero para 2026 falta muy poquito, y tenemos la expectativa de que van a estar para esa fecha”.
Describió que, una vez que están los productos, los privados comenzarán con la etapa comercial. “Están las regalías, que es algo muy reglamentado en Uruguay. Estamos acostumbrados a esto y desde afuera valoran la seriedad en este sistema. No hemos tenido problemas de demanda de propiedad intelectual, como robo de variedades”, valoró.
Planteó el ejemplo de la producción de variedades de soja a contraestación, “que no están habilitadas en Uruguay pero vienen, se multiplican, se cosechan y se van en avión rápidamente para ser utilizadas en otro lado. Y nunca nadie robó nada para después registrarla en el país con otro nombre. Así que Uruguay ofrece una seriedad que llega al ámbito de los negocios. Es un acervo que la empresa Barenbrug valora para estar en Uruguay”.
Destacó que en estos casos “lo público y lo privado se potencian, generando mejores opciones para los productores agropecuarios y para todo el país”.
Uruguay: referente mundial en pasturas
Alberto Goñi, gerente general de Barenbrug, destacó que Uruguay es “el referente en producción de pasturas en Latinoamérica. Lo hacen muy bien desde hace muchos años. Varios de nuestros técnicos son uruguayos, y siempre estamos viendo lo que pasa en Uruguay para tratar de copiarlo en otros países”.
Dijo que para la empresa “es importantísimo firmar un acuerdo con INIA, por su seriedad, trayectoria y por este desarrollo de nuevas variedades 8 y 9, que se hará para suelos de Uruguay que no son tan buenos”.
El acuerdo prevé que Barenbrug tiene derechos de primera opción sobre los productos que se desarrollen, y está abierta la opción de licenciar a través del INIA para terceros.
En Uruguay Barenbrug es representada por Calvase. La marca tuvo un incremento en las ventas y buenas expectativas comerciales para este año en el país. A nivel global la compañía tuvo récord de ventas en los últimos dos años. “Creemos que este año será igual o mejor al pasado. Las causas son muchas, los precios de los commodities han subido, lo que incentiva al productor a tener buenas pasturas, para tener buenos rendimientos lecheros y carniceros”, comentó el gerente de la multinacional.
Goñi detalló que “la región representa entre 10% y 15% de la facturación global de Barenbrug, y proyectamos crecer entre 5% y 10% en los próximos dos años. Pero Argentina tracciona mucho, así que dependerá de las políticas del gobierno si lo podremos plasmar o no”.
Durante las últimas dos décadas el fuerte avance tecnológico le aporto más profesionalización a todos los rubros. La compañía apuntó a diversificar marcas, productos y orígenes
Al cumplir 20 años de actividad, la empresa Simagro, especializada en la importación de maquinaria, repuestos y accesorios para la producción, sigue apostando “muy fuerte” a la agropecuaria uruguaya, dijo a VERDE su director Diego Wibmer. Recordó que en 2002 cuando se fundó la firma era un momento “muy complicado”, en alusión a la crisis financiera y la epidemia de fiebre aftosa que afectaron al país, entre otros factores.
Comentó que luego de esos años todo fue funcionando “muy bien”, el sector agrícola “tuvo una revolución” y eso repercutió también en otras actividades, lo que motivó un “crecimiento de la demanda por diferentes tecnologías”. A nivel de empresa “fuimos incorporando nuevas representaciones y sumando líneas”. Al tiempo que resaltó que luego de la caída de los precios agrícolas en 2014, también hubo algunas complicaciones en el sector, “pero el agricultor apostó a la diversificación productiva”, acotó.
Destacó el avance tecnológico y la profesionalización de todos los rubros del agro, durante las últimas dos décadas. “Hoy toda la maquinaria cuenta con muchísima tecnología y los operarios están muy capacitados, porque requieren de mayor conocimiento técnico. Cuando comenzamos en la maquinaria predominaba la mecánica hoy predomina la electrónica y la tecnología”, señaló.
Simagro actualmente cuenta con una importante diversificación de marcas, productos, orígenes y en esa línea, Wibmer indicó que la empresa se fue transformando en multi producto y en multi marca a través de los años. “No hay muchas compañías con este perfil en Uruguay. Para nosotros fue algo que se fue dando de forma natural y hoy tenemos un equilibrio entre la venta de maquinaria y la de repuestos más accesorios, lo que era un objetivo”.
Además, recalcó que fueron incorporando nuevos integrantes a la organización y se invirtió en infraestructura lo que permite exhibir mejor los productos y mejorar la experiencia para los clientes. “Han sido cambios importantes pensando en la satisfacción del cliente. La apuesta continua por ese camino siempre pensando en desafiarnos a nosotros mismos en busca de ofrecer mejores productos y servicios”.
Valoró el clima de negocios que tiene la producción agropecuaria, ya que en general todos los rubros están funcionando bien, “algo que hacía tiempo no sucedía”. A la vez, indicó que la pandemia y la alta demanda de equipos motivan algunas “demoras en la entrega, algo que es trasversal a todas las marcas”. También hubo una suba de precios de las maquinarias, lo que en algunos casos altera la concreción de los negocios”, indicó.
Además, el contexto de conflicto bélico entre Rusia y Ucrania motiva un “encarecimiento de la logística” e “incertidumbre”, siendo eventos de gran impacto a nivel global, dijo Wibmer.
Con ese marco, Wibmer consideró que la previsión es algo que incorporó cada vez más en los empresarios vinculados al agro y productores, “lo que les permite estar preparados para evitar inconvenientes en el abastecimiento y la disponibilidad de productos e insumos”.
LAS NOVEDADES
Jorge Albanell integrante de Simagro informó los nuevos lanzamientos de la empresa, junto a Genovese, en el área de laboreo y dentro de las rastras acondicionadoras de suelo, “estamos presentando el modelo GMAS L, que es una rastra más liviana y fue presentada en Expoactiva con muy buena aceptación”. Se suma al resto de los modelos GMAS de 5,5 metros, 6 metros y 7 metros. “Son ideales para enfrentar situaciones de compactación, infiltración de agua, malezas complicadas, con altos volúmenes de rastrojos, huellas por tránsito de maquinarias o pisoteo de animales”.
Agregó que en alimentación, se sumó la representación de Pirro, dicha marca ofrece equipos estaticos y de tiro para elaborar alimentos balanceados. “El JP 2.000 carga el grano seco, lo muele, lo mezcla, se le agrega el núcleo y por otro lado de la máquina sale la ración en el comedero de auto consumo”.
Albanell dijo que Khun está presentando una nueva línea de fumigación, de 24 metros, 3.000 litros con computadora, corte por sección. En sembradoras, con Khun, además la línea arroz, “incursionamos en las doble disco con el kit para fertilización y semilla fina, en modelos de 21, 25 y 29 líneas”.
A la vez, dentro de la marca Amazone se presentó la ZA-V un nuevo modelo de fertilizadora que mantiene “las prestaciones y tecnología de última generación que ofrece la marca”. La ZA-V “es un equipo de 2.000 hasta 3.200 litros, balanza, corte por sección, tasa variable e Isobus (permite trabajar con piloto automático de los tractores que tienen Isobus).
El productor Javier Figares comentó a VERDE su experiencia, además de explicar cuál es su estrategia empresarial en momentos de alta incertidumbre
El peor camino que se puede recorrer ante el actual escenario es el del ahorro de los insumos, dijo a VERDE el productor agrícola Javier Figares. “Lo discutimos con colegas en 2015, cuando pasamos de vender trigo -cultivo con alto requerimiento de insumos- a US$ 300 a venderlo a US$ 170 por tonelada”, recordó el ingeniero agrónomo.
Si bien sostuvo que “hay que hacer un uso inteligente de los insumos”, y en ese sentido se refirió a inversiones que planea hacer en maquinaria de alta tecnología, dijo que no se debe bajar costos aplicando menos insumos, “porque eso termina afectando al margen. Uno no puede arrancar jugando al empate porque termina aumentando el riesgo”, afirmó. [um_loggedin]
Agregó que, en la actualidad, los agricultores que pagan renta deben producir casi 4.000 kilos de trigo por hectárea para cubrir los costos. “Hay que presupuestar arriba de 300 kilos de urea, y si eso antes valía US$ 120 y ahora vale más de US$ 300, no por eso hay que decir que vamos a hacer trigo con 150 kilos de urea, porque no solo no vamos a sacar 4.000 kilos sino que vamos a estar comprometiendo más el margen; y eso más que riesgo sería pérdida segura”, sostuvo.
Javier Figares tiene 40 años y junto a su señora dirigen la empresa que está focalizada en la producción agrícola. “Vengo de familia ganadera, mi padre toda la vida fue productor ganadero en Florida. Empecé a estudiar agronomía y fui rumbeando para los cultivos, con un sesgo agrícola”, comentó al inicio de su charla con VERDE.
Agregó que en el cuarto año de la carrera, cuando tuvo que definir el camino en la profesión, “elegí agrícola-ganadero y ni bien arranqué a trabajar fue como asesor de cooperativas y empresas, en agricultura. Desde hace unos años me dedico casi exclusivamente a la empresa, y hago algo de asesoramiento de forma independiente”.
Señaló que, con el correr de los años, “fuimos adquiriendo esta característica agrícola en la empresa, donde la ganadería ha sido casi un subproducto”.
El arranque de su emprendimiento se da con la siembra de cultivos de invierno en la zafra 2005-06. “Hasta ese entonces trabajaba en la cooperativa San Pedro, en Colonia, seguí con trabajo en otras empresas y con relación de dependencia hasta 2011, cuando me empecé a dedicar casi en exclusividad a esto”, relató.
Actualmente opera chacras en los departamentos de Flores y San José, algo de área en Colonia, y asesora técnicamente a empresas que siembran en Soriano.
“Comenzamos la producción en 2005 en Colonia, hasta 2011 o 2012. Después, debido al incremento del costo de las rentas, nos fuimos corriendo hacia San José y Flores. Llegamos hasta Florida, al campo de la familia, y también sembramos al norte de la ciudad de Salto. Últimamente nos fuimos concentrando en San José y Flores para atender todo de una mejor forma”, explicó. La empresa siembra unas 2.500 hectáreas de producción propia, en campos arrendados.
Aprendizajes de 2014/15
Figares recordó que el año 2014/15 “fue un mojón de aprendizaje para la empresa, porque en los años complicados es cuando más se aprende”. Si bien admitió que “estamos en un momento muy lindo, con auge de precios y de producción”, recordó que “en aquel momento también veníamos con auge de precios. Así que sabemos que en algún momento ocurrirá otra baja”.
“No olvido escuchar en el auge anterior a mucha gente que decía que era un cambio estructural, que no volvería atrás, y vimos caer el precio de la soja de US$ 500 a US$ 300 por tonelada, con costos muy parecidos a los de ahora, el fertilizante a más de US$ 1.000, el glifosato también con altos valores y rentas caras”, comentó.
Alertó que “cuando estas situaciones se dan vuelta hay que tratar de que a uno lo agarre lo menos descalzado posible. Son tiempos muy buenos, pero para la empresa implica un alto riesgo”.
Estrategia frente a la inestabilidad
Su recomendación es siempre tener un plan A, un plan B y un plan C. “Eso nos ha permitido mantener a la empresa sana y funcionando, así fue que seguimos después de 2014/15”, dijo.
Agregó que “la agricultura es un negocio de alto riesgo, vienen años con buenos márgenes y atrás vienen otros que no. Y uno tiene que tener a la empresa con buena sanidad financiera, con varias herramientas, vías de financiamiento abiertas, diversificar el riesgo productivo. Tenemos seis cultivos distintos en el año. Eso diversifica precios, períodos críticos. Tal vez no permita volverse súper rico en un año, pero permite bajar parte de los riesgos de la empresa”.
Pero Figares dijo que su filosofía no pretende trasladar todos los riesgos a un tercero, ya sea por vía de seguro de rendimiento o de precios, porque “si uno traslada todos los riesgos, a la larga termina trasladando todos los márgenes y trabaja para otro”.
Por lo tanto, planteó que la estrategia consiste en gestionar el riesgo. “En el inicio de estos períodos alcistas en cierta parte se vuelve un negocio financiero, donde uno puede comprar antes para que sea más barato y tratar de vender lo más tarde que pueda. Así hemos venido trabajando en el último año”, detalló.
Admitió que el actual momento “es muy desafiante”, porque “estamos permanentemente con el corazón en la boca, esperando que se dé vuelta la torta”. En ese sentido, explicó que cambiará la estrategia de comprar antes y vender después, por la de calzar un porcentaje de la producción, sin vender todo, para luego diversificar las ventas en el tiempo; lo mismo que al comprar los insumos, “tratando de estar bien informado, atento, para tomar las mejores decisiones”, comentó.
“No hay que ponerse muy nervioso. Hace un año compramos urea a US$ 400, ya tenemos algo comprado para la zafra que viene a US$ 800; ahora vale más de US$ 1.000, pero capaz que en dos meses vale US$ 700. Lo mejor en estos momentos volátiles es ir haciendo las compras y las ventas en distintos momentos”, planteó.
Rotaciones
Consultado sobre las rotaciones que tiene en la empresa, Figares respondió que “tenemos un esquema de rotaciones bastante preestablecido, con diversas lógicas agronómicas, de riesgo, considerando lo confortables que nos sentimos con los distintos cultivos y cómo calza todo eso con una rotación intensa como la que tenemos, con una alta proporción de doble cultivo”.
Agregó que ese esquema normalmente no se modifica por los aumentos de precios, sino que “tratamos de ser bastante coherentes y mantener una rotación estable año a año”.
Señaló que “al menos el 80% de la rotación corresponde a doble cultivo”. Comentó que los cultivos de invierno se reparten prácticamente en trigo y colza, que tienen el doble del área destinada a la cebada, que por distintos temas como el manejo de rastrojos en el doble cultivo, las complicaciones en los residuos y la independencia comercial, se siembra en menor proporción.
Detalló que “en la poca área que queda de primera le hemos dado una parte más importante al girasol, sobre todo el área que viene de maíz de segunda, que generalmente por cuestión de tiempo va a un cultivo de primera”.
Agregó que “este año ocupamos toda esa área de maíz de segunda con girasol de primera y muy poca soja de primera. Normalmente, cuando se toma un campo nuevo se empieza con soja de primera, sino no tiene lugar. Y luego seguimos, con invierno, soja de segunda y también algo de maíz de segunda, al que cada vez le estamos dando más de lugar”.
¿Crecer en área este año?
Consultado por VERDE sobre si este es un año apropiado para aumentar el área, el agricultor respondió que eso sumaría más riesgo al negocio, porque el aumento de costos “no es nada menor”. Agregó que “para una misma área implica un monto de inversión bastante más significativo que el de hace un año”.
De todos modos admitió que siempre está atento a las oportunidades de crecer, pero comentó que “tampoco vemos una oferta de campos muy importante. Normalmente cuando están estos precios, quien no evaluaba hacer agricultura se lo empieza a plantear. Es un período completamente distinto al auge anterior, pero no hay disponibilidad de campos y el que tiene no los libera. Entonces, no es algo que esté muy dinámico hoy en día”.
Dijo que cuando realiza contratos de arrendamiento son de al menos tres años, hasta de cinco años, con relaciones de largo plazo con los propietarios. “Tratamos de tener una relación ganar-ganar”, señaló.
Maquinaria
En cuanto a la maquinaria, Figares comentó que cuando comenzó trabajaba con maquinaria contratada, pero hace algo más de 10 años ha incorporado equipos, “buscando verticalizar el negocio, para no solo crecer en área”.
“Hoy en día hacemos el 100% de los trabajos con maquinaria propia, tratando de invertir todos los años para mantener y mejorar la tecnología, aumentar la capacidad, para manejar de manera más eficiente los tiempos. Salvo la logística de camiones, todo el resto es con maquinaria propia”, explicó.
El productor sostuvo que “la tecnología es un mal necesario”. Señaló que “incorporarla tiene un costo muy alto”; y “cuanto más moderna es, más costosa es esa democratización de la tecnología”.
“Es muy distinto cuando una empresa trabaja con maquinaria contratada, porque levanta el teléfono y llama a uno u otro, ya sea un poco más caro o no el servicio. Es más accesible cuando uno contrata que cuando invierte; cuesta más pero es necesario estar constantemente invirtiendo en tecnología, primero para ser más eficiente, sobre todo en un país con alto costos de mano de obra, ni que hablar en insumos y energía, pero además la maquinaria más moderna también es la más eficiente y productiva”, afirmó.
Por último, comentó que este año “vamos a comenzar con fertilización variable, para definir ambientes. Vamos de a poquito, tal vez más lento de lo que quisiéramos o de lo que alguna otra empresa que trabaja con servicios contratados lo puede hacer, pero tratamos de ir por ese camino”. [/um_loggedin]
Las turbulencias políticas, sanitarias y económicas del mundo también afectan a la ganadería. Bernardo Mendiola, asesor de empresas ganaderas, analizó la situación actual, en la conferencia El nuevo punto de equilibrio del negocio agrícola-ganadero, realizada en Trinidad, Flores.
“Estamos frente a una oportunidad histórica para el negocio ganadero, pero el escenario global es de mucha incertidumbre. El desafío pasa por acortar ciclos y aumentar el procreo. Estamos bien posicionados como país para capitalizar la oportunidad. Tenemos acceso a mercados, tecnología para producir más, sistemas de producción con potencial para crecer y un stock vacuno estabilizado. El nuevo escenario demanda mayores capacidades para desarrollar los sistemas de producción y menor margen para errores”, sostuvo el asesor ganadero. [um_loggedin]
Señaló un “aumento importante de los cotos, las pasturas aumentaron entre 40% y 50%. También aumentaron los costos de los granos forrajeros y subproductos; y en menor medida los costos fijos como salarios y la tierra”.
Dijo que en este escenario cada vez más turbulento y cambiante, “es importante no descalzarse, porque el riesgo de cambios bruscos es alto”. En tal sentido, recomendó tener momentos de compra-venta lo más cercanos posible, y manejar la posibilidad de hacer acuerdos de precio con la industria.
También recomendó utilizar tecnología de precisión, la planificación de los sistemas, fijar objetivos, proyectar resultados, evaluar costos y analizar alternativas. Producir sobre pasturas, con un buen manejo de la fertilización, malezas y plagas. Además de plantear esquemas de suplementación, alimentos disponibles, categorías, respuestas esperables y costos.
“Venimos a una velocidad alta y tirando curvas. Hay aumentos de ganancias que están tironeados por los costos. El mercado alienta hacia adelante, promueve hacer más cosas, pero también hay costos que no deja que los márgenes exploten, y se necesita más capital. Los riesgos exigen más cautela o consideración”, comentó.
A propósito, mostró que en 2021 se necesitaban US$ 1.040 para encerrar un novillo, y en 2022 se necesitan US$ 1.361, considerando el costo de la reposición y de la alimentación.
Mendiola valoró la buena sintonía entre la industria frigorífica y los productores, porque “a todos les está yendo bien”. Destacó que el incremento de la demanda y de los precios internacionales contribuyeron a que aparezcan más objetivos en común y a que se desarrollen acuerdos de remisión de haciendas a faena, con precios y condiciones predefinidas, profesionalizando el abastecimiento de las industrias.
Señaló que los consumidores son cada vez más exigentes e informados, y además de calidad de producto exigen bienestar animal, productos más sofisticados, certificaciones como huella de carbono, libre de uso de antibióticos, carne a pasto o de corral.
Destacó el aumento de las exportaciones en un 23% en 2021 respecto al promedio de los últimos tres años, puntualizando que el 2020 no fue un año normal, por efecto de la pandemia. También subrayó que los precios están 23% por encima del promedio de los últimos tres años en la tonelada de carne bovina de exportación; que la faena aumentó 20%; y la exportación en pie 32% frente al promedio de los últimos tres años.
Por otra parte, dijo que el stock ganadero, a pesar de la mayor faena y exportación, tiene “relativa estabilidad”. Señaló que el Plan Agropecuario prevé leves caída en el stock, sobre todo en vacas de invernada y novillos de más de 3 años, manteniéndose el stock de vacas de cría en 4,3 millones de cabezas. Además, se prevé una faena mayor a la de 2021.
Destacó que el precio del ganado en Uruguay es 25% superior al promedio de los últimos dos años, acercándose a los niveles de la Unión Europea y Estados Unidos.
Agregó que la tasa de extracción de los últimos tres años es de 20% y que se ha ido incrementando el peso medio de faena, que se ubica en un promedio de 254 kilos en los últimos tres ejercicios.
De todos modos, la tasa de extracción de Uruguay está muy por debajo de las de Australia y Estados Unidos, donde llegan al 30% o 35%. “Esto muestra que hay un potencial de crecimiento para lograr mayores volúmenes de producción y exportación de carne”, dijo.
Para lograrlo, “el primer punto es acortar ciclos de producción, recría y engorde más cortos, además del procreo, que es del 67%. La posibilidad de acortar ciclos consistiría en bajar la edad de faena, hubo una reacción en los últimos años en ese sentido. Y además está el porcentaje de corrales de engorde, que tienen la posibilidad de contribuir fuerte para intensificar la producción. Uruguay produce 15% de su ganado a corral; Australia entre 50% y 55%; y Estados Unidos entre 90% y 95%”.
En cuanto al procreo, comentó que “67% parece un porcentaje bajo frente a los países de referencia; incluso en Uruguay hay productores de punta que superan el 80% de procreo”. Planteó que si se sacan novillos de los campos puede haber más espacio para las vacas y así se pueden corregir estos indicadores. “Hay tecnología disponible y también hay muy buenos precios por los terneros”, destacó.
Mendiola sostuvo que “la intensificación pasa a ser una necesidad”. Recordó que entre 2000 y 2021 “los ganaderos perdieron 1 millón de hectáreas, frente a la agricultura y la forestación. Los campos para ganadería son cada vez más caros, y por eso es clave intensificar”. En este marco, “la interacción entre ganadería y agricultura se hace imprescindible”, sostuvo.
Valoró que las rotaciones de cultivos y pasturas, “aportan sustentabilidad y alta productividad a la ganadería”, y que la difusión de la agricultura generó la oportunidad de utilizar cultivos forrajeros como fuentes de alimentos para sistemas de engorde y recría, contribuyendo a cortar ciclos de producción.
Enfatizó que “la agricultura promueve la intensificación ganadera, diversifica los ingresos de las empresas y exige a los sistemas ganaderos con un alto costo de oportunidad”.
Por su parte, la forestación “aporta área de pastoreo de menor costo, genera el desafío de aprender a manejarlas y brinda la oportunidad de realizar certificaciones de carne carbono neutro”, señaló.
Afirmó que otro punto para capitalizar es el aumento de la producción acorral, que acorta ciclos de producción, permite hacer volumen de faena más rápidamente, brinda la posibilidad de negocios de recría a pasto, tener un mercado fluido para el novillo de 350 a 400 kilos y traslada la demanda por ganado gordo hacia la escalera de reposición.
Mendiola calculó si en una hectárea de pradera es más rentable invernar o recriar. “Con los números de hoy la recría es interesante, porque genera un valor del kilo producido similar al del engorde (US$ 2,06 por kilo frente a US$ 2,08)”, explicó.
También recordó que en las primeras etapas los corrales eran vistos como una amenaza que desplazaría al invernador tradicional.
Vea la conferencia
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Nota de Revista Verde N°100
Foto: Nicolás Udaquiola, Alberto González, Marcos Uranga, Nicolás Martínez y Bernardo Mendiola.
Un análisis de la consultora Cuatro Hojas señala que la suba de costos, donde sobre salen fertilizantes y glifosato, reduciría un 60% los márgenes esperados de la zafra que arranca
El ingeniero agrónomo Emiliano Uribe director de la consultora Cuatro Hojas dijo a VERDE que la zafra de invierno presenta un escenario “muy complejo”, porque “tenemos la dicotomía entre la buena zafra de verano que se avisora y el pasaje a una que será totalmente peligrosa y muy riesgosa”.
Agregó que los cultivos de invierno casi que duplicaron los costos, “todos están por encima de los US$ 1.000 por hectárea y los márgenes proyectados para todo el ciclo 2022-23 caen en torno del 60%” frente al ejercicio precedente (ver cuadros). Además, se suma “un panorama global que está muy complicado y no se sabe a ciencia cierta cuál será el precio final de venta que tendremos”. A medida que “vamos comprando los fertilizantes nos damos vuelta y vamos vendiendo colza, cebada o trigo”. [um_loggedin]
Consultado sobre si esa situación puede modificar la superficie de siembra del ciclo 2022-23, Uribe consideró que existen dos realidades, “hay dos perfiles de productores”. El que viene desde hace años “sacando números, cálculos”, ese es el que tiene claro el tema de los costos, por ende “mantiene o incrementa levemente el área”, pero luego “hay otro perfil de agricultor, que comenzará a sembrar en este momento”. Eso “arranca a complicar” el movimiento de las rentas, porque se pone “muy difícil” el mercado de los arrendamientos.
Consideró que el área de invierno se incrementará de la mano de empresas y productores que no venían sembrando cultivos de invierno y en muchos casos empresas que no estaban en el negocio agrícola. “Hay productores que tenían un área muy baja en invierno y ahora sembraran más y después se suman a la agricultura agentes que no estaban en el sector, “gente de afuera que saca dos números y piensa que la agricultura es un negocio fácil. Entran con la ola, el tema es cuando la ola caiga, seguramente perderán mucha plata”.
Indicó que dicho movimiento comenzó la soja de la zafra 2021-22 y ahora se está incrementando por el precio que tienen los cultivos de invierno. Por esa situación, “se viene dando un encarecimiento de los arrendamientos y se escuchan rentas de 1000 o 1200 kilos de soja, pero el productor y las empresas que están desde hace varios años en agricultura, no los convalida, porque sabemos que no podemos pagarlos”.
Uribe recordó que en el último año los arrendamientos se han incrementado “desde 200 hasta 400 kilos por hectárea”. Un campo que estaba en los 600 kilos de soja, “hoy llega a los 800 o incluso 900 kilos de soja”. En tanto, un campo de 800 u 850 kilos, llegó a 1.200 kilos de soja por hectárea”. Por eso “es muy difícil competir por un campo. Al ponerle los números reales, se observa que los márgenes no compensan el riesgo”.
Cuatro Hojas es una consultora que trabaja con agricultores y ganaderos, pero también realiza agricultura propia, “en ambos casos tratamos de trabajar con alquileres largos”. En “nuestro caso entendemos que no se pueden pagar más kilos, esto es cíclico y sabemos lo que terminará pasando”, aunque nos determina “la perdida de algún campo”.
En Cuatro Hojas “buscamos contratos de cuatro años o más, ese es un lineamiento de trabajo que tenemos para la agricultura propia y la asesorada, sin eso no podemos armar una estrategia empresarial, el año a año, te mata”.
El área productiva de la consultora “no crece” y “estamos viendo que nuestros productores asesorados tampoco lo harán”. El objetivo es esperar un par de años para que las rentas bajen y allí en la medida que exista un margen interesante, volveremos a crecer. No podemos enloquecernos por crecer porque el golpe puede ser muy grande”.
A la vez, con los insumos “buscamos aprovechar los precios que tienen los granos, cuando consideramos que hay una ventana de precios interesante por algunos insumos, tratamos de comprar para el área propia y la de los productores que asesoramos. La urea se compró a principios de febrero, prácticamente al 50% de lo que cuesta hoy (12 de abril), con el fósforo hicimos algo parecido y lo calzamos con el precio de los granos de invierno para bajar el riesgo”. Con el glifosato “quisimos hacer algo parecido y nos comentaron que Ucrania había cancelado muchas compras que en un par de meses iba a llegar a precios más bajos que los actuales, por eso no compramos”.
Ese mecanismo “lo tenemos para la compra de fertilizantes y glifosato, que representa el 40% de los costos, pero es clave seguirlo de cerca”. La zafra de invierno comenzó con US$ 340 por la cebada, más de US$ 700 por la colza y US$ 300 por el trigo, “son valores muy interesantes que permiten ir calzando algún insumo que también cuentan con precios muy altos. Si te caes, caes de un décimo piso”, acotó.
En trigo y cebada “nos animamos a comprometer hasta 2.000 kilos por hectárea” pero hay algunos productores que no les gusta vender tanto. Mientras que en colza llegamos hasta los 1.000 kilos sin problemas”.
Sobre el manejo, Uribe resaltó que se debe apuntar a planteos de alta tecnología, “eso no está a discusión”. El debate debe ser: “siembro o no siembro”, pero “nunca puede pasar por el paquete tecnológico”. “Es mucho peor sembrar un cultivo y machetearle, que sembrarlo e invertirle lo que demanda, siempre será mucho más rentable para el propio cultivo, pero también para la rotación”.
Uribe dijo que la planificación productiva marca una rotación “bastante fija, eso le cuesta a muchos productores”. Con lo cual “sabemos que cultivo va en cada lugar de aquí a 10 años, entonces no se discuten las áreas”. En invierno la colza, el trigo, la cebada y las coberturas “ocupan aproximadamente un 25% del total”. En tanto, “en verano un 50% del área es soja de segunda, un 25% de maíz o sorgo segunda y un 25% de cultivos de primera, fundamentalmente soja”. Ese programa “es muy estable en el tiempo, es una estrategia empresarial definida y se realiza en el 95% del área que está distribuida en Soriano, Colonia, Río Negro, San José y Flores. Hay algunos cambios en zonas como Durazno, Canelones, Treinta y Tres o Maldonado, donde hay menos invierno y más cultivos de cobertura. [/um_loggedin]
En ocasión de la 25º edición de la Expoactiva Nacional, realizada en Soriano, Santa Rosa presentó el nuevo utilitario JMC Touring Cargo Box Eléctrico, que cuenta con una autonomía de 280 kilómetros de uso urbano, dependiendo del tipo de manejo y uso, y una carga rápida de hasta el 80% de su batería en 48 minutos.
Con una potencia de 65,17 KWH y un voltaje de 376 voltios, el vehículo cuenta entre sus principales características con un motor síncrono de imanes permanentes, un sistema de dirección hidráulica mecánica, una potencia nominal de 60 KW y una máxima de 120 KW.
Por otra parte, se destaca su capacidad de carga de 1.225 kilogramos. Su carrocería es completamente cerrada, clásica y suave, con suspensión delantera independiente que garantiza el confort de la conducción.
En cuanto al equipamiento, incluye bloqueo de control central, control remoto, interruptor de alarma de puerta lateral y trasera, foco de niebla frontal, vidrios eléctricos y sensor marcha atrás, entre otras funciones.
La garantía del vehículo es de tres años o 100.000 kilómetros, mientras que la de la batería es de 5 años o 150.000 kilómetros, respaldadas por la confianza y seguridad que brinda Santa Rosa.
En línea con su compromiso con el cuidado del medio ambiente y la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero, Santa Rosa busca expandirse en los vehículos eléctricos en todas las marcas representadas, algo que también es demandado por los clientes de la firma.
En esta edición de la Expoactiva Nacional, además de participar con cinco marcas (Nissan, Renault, Changan, JMC, e Iveco), Santa Rosa estuvo presente con un sector exclusivo para vehículos 100% eléctricos, donde se presentaron los modelos Nissan Leaf, Renault Zoe, Renault Kangoo ZE, Changan E-Star y JMC Touring Eléctrico.
Los vehículos JMC están disponibles en el centro de ventas de la marca, ubicado en Piedras 709, esquina Juncal, y en toda la red de concesionarios.
En la foto institucional están presentes: Fernando Mena, gerente Comercial de JMC y Pablo Ramos, director de Operaciones de Santa Rosa (representantes de la marca JMC)
Elejecutivo asume el liderazgo comercial en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, con el objetivo de desarrollar una plataforma de soluciones integradas
Nutrien sigue formando un equipo diferenciado, con profesionales reconocidos en el mercado, con diversos perfiles y experiencias, para incentivar un ambiente creativo e innovador que redundará en un nuevo modelo de retail agrícola, según informó la compañía.
Con el objetivo de desarrollar una plataforma regional de soluciones integradas, enfocada en atender al productor, Carlos Brito, actual director de operaciones de retail Brasil, ha sido nombrado director de operaciones de retail Latinoamérica, con responsabilidades por todas las operaciones comerciales de Nutrien en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. Brito continuará reportando al presidente de Nutrien en Latinoamérica, André Dias.
“Este es un paso importante en nuestro modelo de gestión, que nos permitirá lograr una mayor integración entre los países donde estamos presentes en América Latina. Durante los últimos 12 meses, hemos evolucionado en nuestro trabajo para analizar las oportunidades que tenemos más allá de las fronteras, como una sola región. Esto nos permitirá crecer y generar sinergias para el negocio, desarrollar nuestro equipo de profesionales y, al mismo tiempo, crear oportunidades para atender mejor a los agricultores de toda la región”, señala Brito.
Con el desafío de impulsar enfoques comunes en toda la región, como la efectividad de las ventas, la planificación comercial, la asociación con áreas funcionales y el desarrollo de personas, Brito permanecerá en San Pablo, Brasil, y viajará permanentemente por los países que conforman la región Latam de Nutrien. El ejecutivo se unió a la empresa a principios de 2020, luego de una carrera muy exitosa en Monsanto/Bayer, donde ocupó roles de creciente responsabilidad en ventas, marketing, RR.HH. y también con alcance regional. Tiene una amplia experiencia en liderazgo, más de 25 años en la industria agrícola y una pasión por el desarrollo de las personas.
Sobre Nutrien Latam
Nutrien “es el mayor proveedor minorista de insumos, tecnologías y servicios para los agricultores a nivel mundial. La empresa cuenta con operaciones de retail en Argentina, Estados Unidos, Canadá, Australia, Brasil, Chile y Uruguay. En América Latina está presente desde hace más de 27 años y tiene como objetivo formar una plataforma de soluciones integradas, enfocada al servicio del cliente para la producción sostenible de alimentos. Cuenta con una red de 89 puntos de ventas, cuatro plantas industriales, cuatro mezcladoras, 11 Centros de Experiencia y más de 2.200 colaboradores que operan en más de 870 localidades para brindar recomendaciones personalizadas que mejor se adapten a las necesidades y desafíos de los agricultores en diferentes regiones”, señaló la compañía.
A la vez, indicó que “el equipo de profesionales altamente capacitado, a la vanguardia en el uso de tecnologías propias, prioriza la seguridad de las personas y el cuidado del medio ambiente, cumpliendo con los más altos estándares mundiales. Apoyada en herramientas tecnológicas pioneras para la agricultura en la región, inversiones y constante expansión, la empresa contribuye a alimentar el futuro de las comunidades donde opera de manera responsable y segura”.