Agricultura

Alfonso Romero de Cofco: “Sudamérica se consolida como una región estratégica en el comercio agrícola”

27 de mayo de 2026

En un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas, cambios en la matriz energética y una demanda global de alimentos cada vez más exigente, “Sudamérica se consolida como una región estratégica en el comercio agrícola”, dijo en entrevista con VERDE el director de Cofco International para el Cono Sur, Alfonso Romero.

El ejecutivo consideró que “hay una sinergia enorme entre nuestra región y China como consumidor”. De todos modos, “se está viendo una diversificación de la demanda”, y una relación entre agricultura y energía, que “es mucho más estrecha que en el pasado”, afirmó.

Agregó que la compañía está “priorizando inversiones” en áreas “donde entendemos que podemos aportar valor” concreto al productor y a la cadena productiva. En esa línea, destacó la inversión en una planta de acopio en Nueva Palmira (Colonia) e infraestructura para fertilizantes en Mercedes (Soriano).

Romero resaltó la “previsibilidad” de Uruguay en “seguridad jurídica”, con un marco “muy sólido” para las inversiones.

A la vez, sostuvo que a mediano y largo plazo, el acuerdo Unión Europea-Mercosur “puede generar oportunidades” para los cereales y las oleaginosas, en función de la competitividad que tiene Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay respecto a la agricultura europea.

¿Hacia dónde está yendo Cofco International en la región?

La compañía continúa consolidando su posicionamiento en Sudamérica, que es una de las regiones productivas más relevantes del mundo. Cuando uno analiza el mapa global de commodities agrícolas, queda claro que esta región tiene un rol cada vez más determinante, no solo por volumen, sino también por su capacidad de crecimiento. Nuestra estrategia está basada en el crecimiento orgánico, pero con un foco muy claro en eficiencia. Buscamos optimizar toda la cadena, desde el origen hasta el destino final.

En Uruguay, por ejemplo, tras el proceso de fusión de Noble Agri y Nidera, realizado entre 2014 y 2017, Cofco se reformuló el modelo de negocios, priorizando inversiones en áreas donde entendemos que podemos aportar valor concreto al productor y a la cadena productiva. Eso incluye infraestructura de acopio, procesamiento de granos, fertilizantes, logística y también la importación de productos para abastecer el consumo.

En Uruguay se está realizando una planta de acopio en Nueva Palmira y nueva infraestructura para fertilizantes en Mercedes. El objetivo es construir una cadena más eficiente, algo que hoy es clave, en un mercado global cada vez más competitivo.

¿Qué lugar ocupa Uruguay dentro de esa estrategia regional?

Uruguay tiene un diferencial muy claro dentro de la región: la estabilidad. Es un país que ofrece previsibilidad en términos de reglas de juego, seguridad jurídica y un marco de inversiones muy sólido. Eso ha permitido desarrollar proyectos de largo plazo y generar condiciones competitivas para la producción. Esa estabilidad no es algo menor; es un activo que se ha construido durante décadas, y que hoy se traduce en confianza para invertir. Cuando se compara con otros países, Uruguay no compite en escala, pero sí en previsibilidad, y eso en el negocio agrícola tiene un valor enorme.

Este año se da una situación particular con el maíz en Uruguay. ¿Se está importando?

Efectivamente, este año se registra un faltante importante de oferta de maíz en Uruguay, estimado en torno a 1 millón de toneladas (Mt), por las condiciones climáticas. Esa situación obliga a complementar con importaciones, y ahí es donde la integración regional juega un rol clave. Hoy estamos importando maíz desde Argentina, utilizando el puerto de Lima, que por cercanía con Nueva Palmira permite optimizar la logística y asegurar precios muy competitivos. Esto no solo impacta en el comercio, sino también en las cadenas productivas que dependen del maíz, como la ganadería intensiva, la lechería y la avicultura. Por eso, contar con mecanismos ágiles de importación es fundamental para sostener la competitividad de esos sectores.

Si miramos la región en su conjunto, ¿cómo ve a cada país?

Son realidades distintas, pero muy complementarias. Uruguay se destaca por su estabilidad y previsibilidad. Argentina está atravesando un proceso de transformación, donde el gobierno está avanzando en mejorar la competitividad mediante reducción de retenciones, eliminación de regulaciones, privatizaciones de áreas críticas para la competitividad, como la logística terrestre, ferroviaria y fluvial.

¿Cuánto tiene por crecer Argentina?

Si este proceso se consolida, el potencial de crecimiento es muy significativo. Hoy Argentina produce entre 130 y 140 Mt de granos, pero podría alcanzar los 200 Mt en el mediano plazo. Con una soja en 70 Mt, maíz en 80 Mt, con un trigo que el año pasado ya produjo 27 Mt, más otros granos, el margen de crecimiento es muy importante.

¿Y en Brasil?

Brasil, por su parte, sigue siendo el motor de la región. Es la economía más grande, allí la compañía está con inversiones relevantes en plantas de acopio, de crushing, en el puerto de Santos se construyó una terminal con una capacidad de 15 Mt, hay inversión en ingenios azucareros, en café, en algodón. Pero también Argentina y Uruguay tienen una relación muy importante con China, desde donde se exporta cebada, sorgo, trigo, este año se exportó maíz por primera vez desde Argentina. Hay una sinergia enorme entre nuestra región y China como consumidor.

¿Qué tan relevante es Sudamérica en el contexto geopolítico actual?

Es cada vez más relevante. La volatilidad global, las tensiones comerciales y los conflictos geopolíticos están llevando a muchos países a replantear sus estrategias de abastecimiento. En ese contexto, Sudamérica aparece como una región confiable, con capacidad de producción y costos competitivos. Eso la posiciona como un proveedor estratégico de alimentos para el mundo, y estamos capitalizando esta convulsión mundial.

¿Solamente para China o también para otros mercados?

China sigue siendo un actor central, pero se está viendo una diversificación de la demanda. Países del sudeste asiático, como Vietnam, están aumentando significativamente sus compras, especialmente de maíz y harina de soja. En América Latina, mercados como Perú, Colombia y Chile continúan fortaleciendo su vínculo con la región.

¿Qué rol está jugando la energía en el mercado de granos?

Hoy la relación entre agricultura y energía es mucho más estrecha que en el pasado. El maíz está directamente vinculado con el etanol, y las oleaginosas, especialmente la soja, están muy impactadas por el mercado de los aceites, influenciadas por el aumento del petróleo, pero era algo que ya venía de antes, por el incremento de los mandatos de biodiesel en varios países, como Brasil y Estados Unidos. El aceite de soja y todos los aceites que se puedan convertir en biocombustibles han tenido una importante suba en los valores, y eso ayuda a que los productores puedan diversificar sus mercados. Hoy la soja no es solo un alimento, sino que es energía, lo mismo con el maíz y otros granos, por lo cual ya nos correlacionamos con dos variables, cosa que es muy importante, porque la suba de precios de la energía también se capitaliza en el agro, algo que antes no pasaba.

En ese contexto donde Estados Unidos apunta más al biodiesel, ¿el poroto de soja tiende a perder espacio en el comercio mundial?

Han encontrado la forma de promover su mercado interno, si bien la producción de Estados Unidos no ha crecido mucho, y ellos son muy eficientes produciendo maíz, el hecho de que tengan un mercado de biocombustibles tan grande, con mandatos tan fuertes, hace que la soja se mantenga, la molienda siga creciendo y que exporten los excedentes, como la harina de soja, compitiendo con Sudamérica. Es importante que cada país tenga su propio mandato de biocombustible, de modo de darle al productor esa ventaja competitiva que genera vincular los mercados de producción agraria con los energéticos.

¿Cómo impactan en el precio de la soja los componentes aceite y harina?

El aceite de soja ha ganado participación dentro del valor total del complejo sojero. Hace dos décadas representaba un poco más del 20%, y hoy está cerca del 40%. Esto refleja el impacto de la energía, donde el aceite ha subido de precio en términos relativos, mucho más que la proteína.

¿Qué perspectivas puede trazar para los precios?

Estamos en un contexto complejo. Uno de los factores clave es el mercado de fertilizantes. El aumento en los costos de insumos, especialmente vinculados al gas, al azufre y otros componentes, puede tener un impacto directo en el precio de los granos, sobre todo mirando a mediano plazo. De mantenerse esta situación bélica y si se confirman los daños estructurales en la capacidad productiva de fertilizantes en Medio Oriente, podríamos ver una menor producción agrícola a nivel global, lo que eventualmente podría sostener o impulsar los precios. Hemos visto cierta recuperación en soja. El mercado de Chicago pasó de algo más de US$ 350 a superar los US$ 400 por tonelada, también algo en el trigo nuevo y el maíz irá acompañando ese movimiento. Es importante seguir a los países que se autoabastecen de granos, algo que habitualmente no se ve en la oferta y demanda mundial, porque son cultivos que se producen y consumen en el mismo país, no se transportan por el mundo. Hay países, como India por ejemplo, que consumen 37 Mt de fertilizantes para su producción de arroz y de trigo. Si la producción de arroz y trigo de India es menor, por consecuencia de una menor cantidad de fertilizantes, puede ser que ese país finalmente salga a importar más trigo. Eso es algo que no lo sabemos, pero son potenciales variables que pueden impactar en los mercados.

¿Eso abre oportunidades para los cereales?

Sí, potencialmente. Pero es un proceso en desarrollo. Hay mucha incertidumbre, y la información disponible es limitada y poco precisa. Sin embargo, si se consolida un escenario de menor disponibilidad de fertilizantes, eso puede traducirse en menores rindes y, por lo tanto, en una oferta más ajustada, lo que favorecería a los precios en el mediano plazo.

¿Cómo juega la sostenibilidad en este contexto?

Es una tendencia clara en algunos países, pero en otros puede desacelerarse por toda esta situación. Hay mercados, como Europa, que siguen liderando la demanda de productos sustentables y trazables. Pero en escenarios de alta volatilidad, algunos países priorizan precio y disponibilidad. De todos modos, la sostenibilidad sigue siendo el camino a mediano y largo plazo. Tal vez se ralentice, pero no se detiene.

¿Qué oportunidades abre el acuerdo Unión Europea-Mercosur?

En el mediano plazo puede generar oportunidades. Europa enfrenta costos de producción muy altos y depende en gran medida de subsidios. Si esos subsidios se reducen, o se destinan a defensa, como parece estar ocurriendo, la competitividad europea se verá afectada, lo que podría generar una reducción en la producción. Eso abriría espacio para proveedores más eficientes, como los países de Sudamérica. Uruguay, Paraguay, Argentina y Brasil tienen condiciones muy competitivas para producir cereales y oleaginosas, y podrían capitalizar ese escenario.

TARJETA PERSONAL

Alfonso Romero es director de Cofco International para el Cono Sur. Es licenciado en Economía Agropecuaria, con estudios en alta dirección. Tiene más de 25 años de experiencia en comercio de granos. Inició su carrera en La Plata Cereal, en Argentina, y luego asumió responsabilidades comerciales en Suiza e Italia. En 2001 se incorporó a Noble Group, y en 2015 Cofco International adquirió el negocio de comercialización de granos.

Nota de Revista Verde N° 128

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