Agricultura

Manejo integrado y foco en vector: claves para combatir la chicharrita

7 de junio de 2024

El fitopatólogo Marcelo Carmona planteó utilizar insecticidas en el tratamiento de semillas y foliares, además de trampas y un monitoreo permanente de la plaga

El manejo integrado, con foco en el vector, utilizando insecticidas en el tratamiento de semillas y foliares, además de trampas y un monitoreo permanente, son las claves para combatir a la chicharrita. Así lo resumió el fitopatólogo Marcelo Carmona, de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en el marco de una actividad organizada por ADP.

La presencia de esta plaga (Dalbulus maidis), que afecta al cultivo de maíz, ha crecido de forma importante en Argentina y está presente en Uruguay, fundamentalmente en la región litoral-norte. Carmona advirtió que los inviernos más cálidos “son ideales” para la chicharrita, porque “es un insecto que no soporta tanto frío, por lo general hasta 4° C o 5° C, más o menos, aunque si las hembras están infectadas es probable que soporten algo más”. 

Una hembra puede poner hasta 600 huevos, y los pone solo en el maíz, por eso remarcó que “es clave eliminar al maíz guacho”. “Es increíble, pero hay que eliminarlo, hay que manejarlo y hacer un sistema de alerta poblacional. Saber si en tu zona está la chicharrita, si está refugiada o no, y en los primeros maíces que se van sembrando, colocando estas trampas monocromáticas amarillas, pegajosas, para saber cómo va entrando a los cultivos”, dijo. 

El fitopatólogo comentó que los productores deben comprender que en este caso “hay que manejar el vector”, porque una vez que está instalada la enfermedad, al tratarse de bacterias sin pared o de virus, “es imposible tomar decisiones posteriores”. 

Si bien la chicharrita genera problemas productivos, “no es un tema como para dejar de sembrar maíz”, dijo Carmona, de todos modos consideró que “es un tema del que hay que ocuparse”. 

En tal sentido, enumeró varias recomendaciones: “En primer lugar hay que tener cuidado con las pérdidas de cosecha de maíz. En segundo lugar se debe evitar dejar maíces guachos, que son claves porque el vector sobrevive, se nutre y se multiplica en maíces. El tercer punto es elegir los híbridos que mejor se han comportado”, a pesar de “la poca información que tenemos”. 

En relación al tratamiento de semillas dijo que, de acuerdo con las investigaciones de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres de Tucumán (Argentina), los insecticidas que usan los semilleros para maíz, si bien pueden manejar algunos otros insectos, para chicharrita “no alcanzan”. 

Planteó que “hay que generar investigación y permisos para que se utilicen mayores dosis en el tratamiento de semilla o incluso a nivel foliar”. También se refirió a trampas de monitoreo, monocromáticas, amarillas, pegajosas, para hacer el seguimiento, incluso antes de la siembra. 

También dijo que “es muy importante la coordinación de la región, de varios lotes, ponerse en contacto con los vecinos para saber qué híbrido siembran, en qué fecha, si tienen maíces guachos o no y cuáles son sus estrategias”. Afirmó que “de esta situación se sale con una estrategia colaborativa”, no con una estrategia unilateral de cada lote, y “eso es lo que lo hace difícil a esto”, consideró. 

Carmona confirmó que en el norte argentino este problema “es endémico”, ya que “todos los años hay chicharrita y achaparramiento del maíz”. También lamentó que en Argentina no hubiera insecticidas inscriptos para esta plaga. “En la desesperación el productor hizo un recurado de las semillas y eso también impactó en el manejo, fue interesante el impacto de esa desición”, comentó. 

Insistió en que el monitoreo “es fundamental”, porque “todo está en la vida del vector. Hay que saber si tengo población del vector refugiada”. El fitopatólogo explicó que cuando no hay más maíz el vector “se va a los montes, a los cultivos de servicio, a las gramíneas, al sorgo de Alepo”, donde no se multiplica ni se nutre, sino que se refugia. “Pero lo podemos detectar a través de trampas o del propio monitoreo”, remarcó.

Los daños

Los daños que genera la chicharrita en los cultivos de maíz “son muy variados”, comentó Carmona. Explicó que hay daños que causa el vector, porque “pica y succiona”, y de esa forma le saca sabia al maíz. El segundo daño es que “el adulto hembra pone los huevos en el envés, en el mesófilo, tiene que raspar, dañar a la hoja y poner ahí los huevos”, señaló. 

El tercero es que “excreta cosas azucaradas, y ahí también puede haber un hongo que se llama Fumagina, que no interviene en la vida del maíz, pero sí le tapa la hoja e impide la fotosíntesis”. Y el daño “más importante” que genera el Dalbulus maidis,  es la “incorporación de estos cuatro agentes del complejo de achaparramiento en la planta de maíz” ya que “puede incorporar uno, dos o todos, porque puede transmitir dos bacterias sin pared y dos virus”. 

Explicó que, al igual que todo daño de virosis o de bacterias sin pared, “provoca acortamiento entre nudos, a veces exceso de espigas, amarilleo, pérdida de cloroplastos, los márgenes que se ponen púrpura hacia adentro, y por supuesto un menor número de granos, y especialmente menor peso y tamaño de granos”. 

Carmona consideró que la genética “influye mucho”, pero al mismo tiempo lamentó la “falta de conocimiento”, porque “no hubo un programa de mejoramiento sostenido en el tiempo por parte de los semilleros, por eso se están viendo todas estas campañas con ataques”. También dijo que “se empieza a ver que hay híbridos que se comportan mejor que otros, al menos en rendimiento”. 

Dijo que “muchas veces hay plantas, cultivos o híbridos que parece que están con muchos síntomas, y finalmente el híbrido no cae tanto”. En cambio, señaló que “hay otros que tienen hasta pocos síntomas y el rinde cae mucho”. Entonces, “hay que tratar de buscar los mejores híbridos”, sostuvo. 

Principios activos

En general hay varios principios activos que se pueden usar, como Tiametoxam o Imidacloprid, informó Carmona. Agregó que en Obispo Colombres se probó llevar las dosis a los niveles que se usan en Brasil, que son el doble de las que se utilizan en Argentina para combatir la chicharrita. Esas experiencias con Tiametoxam demostraron que “no hubo problemas de fitotoxicidad, pero usando una proporción mayor de Imidacloprid algunos híbridos podrían verse  afectados”, comentó. Por lo tanto, dijo que “hay que conocer bien eso previamente, hacer un test fisiológico de semilla antes de aumentar las dosis”.

Consultado sobre los insecticidas foliares, respondió: “cuando uno monitorea y encuentra una o dos chicharritas por planta, todavía está en condiciones de pensar en insecticidas foliares, pero cuando encontramos por ejemplo cinco o más –se han encontrado hasta 200 o 300 por planta– ya no tiene mucho sentido aplicar porque no tendrá éxito”. 

Agregó que “ya de por sí son insecticidas pocos móviles”. Informó que el adulto se esconde en el cogollo y las ninfas en el envés, entonces el insecticida “no tiene alcance”. Además “van saliendo hojas de maíz que no están con insecticida y se van refugiando allí”. 

Adelantó que algunas empresas “están pensando en incorporar activos en tratamiento de semilla y de aplicación foliar” inscriptos en Paraguay y Brasil”. En Argentina hace pocas semanas se autorizaron insecticidas para chicharrita, “Brasil tiene más de 50 para utilizar como curasemilla o foliar”, señaló.

Nota de Revista Verde N°114

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