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Agricultura

Los suelos agrícolas deberían estar siempre sembrados con un cultivo

26 de enero de 2021

El empresario agropecuario Alfonso Cortabarría defendió la producción de granos en invierno, y destacó el crecimiento del área de colza y de maíz en las rotaciones

Si el suelo es agrícola siempre tiene que tener un cultivo, y trato de que sea un cultivo y no un puente verde”, comentó el empresario agropecuario, ingeniero agrónomo Alfonso Cortabarría. En diálogo con VERDE insistió en que “si el campo es agrícola hay que hacer agricultura, y por eso es alto el peso del doble cultivo en las áreas agrícolas de la empresa”.

Detalló que “el maíz ingresa luego de un trigo o cebada forrajera. Después del maíz de segunda que se cosecha en junio, que al no permitir un cultivo de invierno, hace que vayamos a soja o maíz de primera”.

Previo a esta situación de diversidad de cultivos y planteos, se vivió el quiebre de precios de la zafra 2014/15, para el que “no estábamos preparados”, dijo Cortabarría. Recordó que el año siguiente a ese fue el más complejo, “hubo un desánimo importante y, por un año o dos pasamos el 50% del área a ganadería. Nos acomodamos y vimos que la agricultura en los campos óptimos siempre gana”.

Para eso, “renovamos la rotación, que hasta ese momento era soja, puente verde, soja y poco invierno, y apuntamos al doble cultivo, incorporando el maíz y otros cultivos. Vamos aprendiendo violentamente a medida que la realidad nos marca el camino”, comentó.

Con casi 20 años vinculado a la agricultura, el productor señaló que “hay que estar preparados para los cambios, tener la cabeza abierta, ser muy dinámico, porque los cambios serán permanentes”.  Sostuvo que “la idea es crear una rotación agrícola a partir de la calidad de los suelos, pero sin estar estructurados, porque todos los años vamos a tener algún ajuste”.

Además, dijo que “debemos estar abiertos a enfrentar un cambio de precios o tecnológico, y si ocurre ajustamos algo”.

Para el ejercicio 2021/22 “teníamos previsto que determinados campos ingresaran a la fase de pasturas y si el plan de uso lo permite, con estos precios de la soja, voy a estirar un año más ese pasaje a la ganadería. Aunque en otros suelos no puedo hacer eso”.

Recordó que el comienzo con la actividad agrícola se dio luego de la aftosa, en el año 2001 cuando decidió con su familia ir a vivir al campo. En ese entonces “comenzó el avance agrícola, sustentado en un cambio tecnológico de siembra directa, soja resistente a glifosato y la llegada de productores argentinos”.

En ese contexto, adquirió maquinaria para brindar servicios y luego comenzar su propio desarrollo agrícola.

El inicio de su historia con la agricultura se dio con un planteo productivo que incluía a la soja-cultivos de invierno o soja-puente verde-soja. “Eso cambió cuando primero subieron los costos, cayeron los precios del trigo y luego los de la soja, que pasaron de casi US$ 500 a US$ 350, para luego acercarse más a los US$ 300. A partir de ese momento se han registrado cambios importantes”.

Agregó que así, hace cinco años, comenzó con la rotación con pasturas y la inclusión del maíz. “No me animaba a sembrarlo y no lo tenía en consideración”, reconoció.

Cortabarría dirige una empresa familiar integrada por cinco hermanos, ubicada al Norte de Florida, cerca de Goñi, donde realiza agricultura, ganadería y forestación. Además, está vinculado a otras empresas ubicadas en Cololó (Soriano) y Soca (Canelones), que realizan agricultura, y en Salto hace la cría. También administra un establecimiento ganadero en Batlle y Ordoñez (Lavalleja).

Si bien en Goñi y en la zona centro al maíz le ha costado entrar,  “en nuestro caso hace tres años empezamos a incorporar mucho maíz a la rotación y, en la actualidad, ocupa el 30% del área de verano. La colza también viene entrando fuerte”, agregó.

La rotación incluye: soja de primera, colza, soja, trigo, algo de cebada forrajera y maíz. Por lo general después del trigo va maíz, “para evitar las complicaciones con la colza en la siembra de invierno posterior, si se hace con Altina”. Con la inclusión del maíz, “hemos notado más estabilidad en los rindes, más allá del efecto año que siempre incide”.

Admitió que el avance tecnológico en maíz también fue importante, “llegaron y llegarán nuevos eventos biotecnológicos y uno tiene que estar preparado para aceptarlos, acompañado de un manejo de alta tecnología”.

Cortabarría consideró que el maíz es el cultivo que más avance ha tenido. “El conocimiento que tenemos del maíz es impresionante si lo comparamos con el que había hace cinco o 10 años. Se metió muy bien en las siembras de segunda, por la estabilidad que otorga, hay mucha información que nos permite tener un manejo correcto”.

En Goñi, del área total de maíz, el 90% lo hacemos de segunda”, y la producción se comercializa en la zona, lo que consideró como “un elemento importante”.

La colza

En colza “pasamos de 0 a 700 hectáreas en la última zafra y nos ha dejado muchas enseñanzas. La siembra la hicimos con la tecnología Altina y con sembradora, a partir de allí surgieron algunas conclusiones para ir mejorando el manejo”, comentó.

En la última zafra este cultivo ocupó unas 100.000 hectáreas en Uruguay, y cada vez son más los productores que la incluyen en sus sistemas. “Pero hasta hace poco tiempo no era considerado un cultivo de invierno por los propios planes de uso y manejo de suelos”, acotó Cortabarría.

Agregó que la colza “es una excelente herramienta para el sistema por varios motivos: nos corta las enfermedades de trigo o cebada, nos da una mano con el raigrás resistente a glifosato, entre otros. Tuvimos rindes que fueron desde 800 a 1.800 kilos (por hectárea); hubo una helada en octubre que la afectó”.

Al marcar los aspectos de manejo, indicó que la siembra de abril puede ser muy peligrosa por las heladas, y que “apuntaría a sembrarla en mayo”. Sostuvo que la colza sembrada como cobertura, con Altina, previo a la cosecha de soja, al mes sufre mucho el pisoteo de la maquinaria y eso se lleva muchos kilos. Por más que tenga un costo muy bajo y la cosecha dependa de su evolución durante el ciclo, eso es una trampa al solitario, porque si la siembro quiero tener un cultivo. Por lo tanto, la siembra con sembradora aparece con ventaja”.

También señaló que sembró materiales viejos, pero entiende que “los híbridos pueden ser muy interesantes y realizar un gran aporte. Para la zafra que viene vamos a incluirlos en el plan de siembra”. Además admitió que “debemos ajustar el manejo de herbicidas en los cultivos antecesores, para evitar inconvenientes, y un año antes tenemos que tener claro la chacra a dónde irá la colza”.

La productividad

Cortabarría dijo que en el establecimiento de Goñi se definió que en los suelos agrícolas se hace agricultura y en algunos casos se incluyen pasturas; en los suelos forestales se hace forestación; y en el resto ganadería.

En la rotación agrícola-ganadera la empresa utiliza 1.500 hectáreas, 450 en forestación con Montes del Plata y hay 1.000 hectáreas de bajos. “La ganadería va a los bajos o a las pasturas, el ganado no entra a las chacras. Aquí se hace recría e invernada”, acotó. El plan de siembra en Goñi consiste en unas 800 hectáreas de soja y 400 de maíz; mientras que en Soriano se realizan 650 hectáreas de soja y 350 de maíz.

En cuanto a los rindes, dijo que “en soja venimos con el efecto serrucho. Después de la seca grande tuvimos un año excepcional, de 3.300 kilos (por hectárea). La zafra pasada, que tuvo mejor precio, fue buena. Alcanzamos 2.800 kilos (por hectárea) en Goñi. En otras regiones la falta de lluvias impactó. En Soca, donde fue nuestra primera siembra, llovieron apenas 50 milímetros entre el 1° de noviembre y el 1° de marzo. La soja no se cosechó, y luego se sembró una colza temprana”.

Agregó que “en maíz se estuvo cerca de 8.000 kilos base seca, y en Soriano nos rindió cerca de 9.000 kilos (por hectárea)”.

Al analizar los márgenes, señaló que el número ganadero no se compara con el que tiene la agricultura, pero destacó otras ventajas del rubro pecuario, que van más allá de la rentabilidad. “En ganadería uno proyecta de tres a cinco años, y en agricultura tenemos una historia diferente cada seis meses. En el último ejercicio cerrado, la actividad ganadera nos dejó un margen neto de unos US$ 85 por hectárea y la agricultura se acercó a los US$ 300 por hectárea”, comentó.

Cortabarría indicó que, así como no siguió el cultivo de soja en Soca por la falta de lluvias, también deberá parar el plan de siembra y no sembrar si se fue la fecha óptima sin la humedad necesaria. “Es preferible saltearse ese cultivo para no seguir sumando costos, porque vamos a perder más que dejando de sembrar. Es una decisión muy dura, porque tenemos todos los insumos, maquinaria, pero debemos tener mente fría”, sostuvo.

Muchas luces y la sombra de la seca

Sobre el panorama general de este año, el empresario agropecuario consideró que, “si no fuera por el panorama climático”, que ha sido muy dispar y que ha llevado al gobierno decretar nuevamente una emergencia agropecuaria, “seria espectacular”. A propósito, agregó que “hay ánimo, hay precios, la forestación está creciendo, la ganadería está empujando, pero tuvo que enfrentar la seca. En octubre la gente se dio cuenta de que estaba pasada de ganado y empezó a vender, y eso influyó en los precios”.

Agregó que en agricultura “venimos de una zafra de cultivos de invierno que fue histórica, y si el clima estuviera acompañando de forma más pareja a nivel país, estaríamos frente a la mejor zafra de verano en mucho tiempo. El tema ha sido el comportamiento de las lluvias”.

A nivel general, opinó que el cambio de gobierno y un mensaje diferente hacia el sector agropecuario “animó al productor, pero el freno lo pone el clima”. Sin embargo, destacó que “hay capacidad de inversión, el sector tiene financiación, hay seguros, se usa cada vez más tecnología y se le está sacando el jugo”.

El empresario consideró que el campo se separó de otros sectores en la pandemia, “porque no paró, y eso ha sido muy importante. Se pudo cosechar muy bien la zafra de verano pasada, y lo mismo ocurrió en invierno. Con la siembra fue similar. En líneas generales, en el campo se tomó conciencia de la pandemia. Pero, además, en el trabajo diario en la mayoría de los casos hay distancia entre las diferentes personas. Haber podido mantener la actividad fue muy importante”.

Los cambios de agricultores

Cortabarría confirmó que el cambio de agricultores en la zona centro de Uruguay ha sido muy dinámico. “Después del año 2002  empezó a sembrar mucha gente y diferentes empresas, pero luego del ajuste de precios se redujo la cantidad; y desde hace algunos años se mantiene el perfil y la cantidad de agricultores”.

En el auge agrícola se creó un mercado de arrendamientos de campos que no paraba de crecer. “Hoy, en los campos arrendados que operamos (50% del total aproximadamente), tenemos acuerdos a porcentaje variable en función del rendimiento obtenido. Es lo más justo para todas las partes, y es la forma de evitar macanas”, planteó.

En su momento, y por el nivel de precios, “el negocio tuvo un proceso inflacionario muy fuerte. Ahora veremos cómo evoluciona en función de los precios actuales. Pero los que estamos sembrando hoy ya sabemos quiénes somos”, comentó.

Sobre la evolución de los seguros de rendimiento, Cortabarría dijo que “es una demanda importante del sector. Desde la zafra pasada hay empresas proveedoras de insumos y aseguradoras que están ofreciendo seguros de rinde para el funcionamiento. Eso nos da una tranquilidad para trabajar”, concluyó.


Revista VERDE Nº 90
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